Capítulo 1

Salí de mi oficina cerca de las 8, cansado y con frío. Normalmente termino a las 5 pero hoy teníamos un trabajo importante y mi socio y mejor amigo, Pablo, me pidió terminarlo. Estamos recién comenzando nuestra empresa y a toda costa queremos cumplir con nuestros clientes. Pablo a sus 25 años está casado hace apenas 1 mes y su adorable  mujer lo estaba esperando para celebrar. Yo, a diferencia de él, vivo solo, soy el eterno soltero que vive pegado a su trabajo. Accedí, por supuesto, y a pesar del horrible clima en el exterior, me quede sentado cuando todos se fueron y logré terminarlo a tiempo.

Cerré la oficina y me enfrenté al frío exterior corriendo bajo la lluvia hasta mi auto. Pronto llegue a mi casa… ubicada en uno de los mejores barrios de la ciudad… me pareció que, a pesar de lo hermosa, era una casa grande y fría, aislada de las demás por una gran extensión de terreno, lo que permitía mucha privacidad… pero sin nadie que me esperara dentro desde que mis padres fallecieron hace ya varios años… y él se había ido…

Cené algo liviano y, muy cansado, me acosté a dormir de inmediato.

Más tarde, me levanté de la cama dudando si en realidad había escuchado el sonido del timbre o si solo era producto del ruido causado por la ventolera y el aguacero que caía sobre la ciudad. Mire la hora al pasar y dude seriamente que el timbre sonara a la 1 de la mañana de un día miércoles cualquiera, pero  esta vez lo escuché muy claro cuando volvió a sonar.

Debería haberlo supuesto…

Ahí estaba él en mi puerta una vez más, cortándome la respiración con solo verlo.

Lo último que  esperaba encontrarme en esta fría y lluviosa noche de invierno era a él… después de un año, tres meses y unos cuantos días… temblé al verlo, reconozco que en verdad temblé al mirarlo y no era de frío… quizás debí haberlo supuesto… ¿quien más tocaría mi puerta a estas horas de la noche y con este clima maldito?.

Mi boca cae abierta y lo observo sorprendido como si no tuviera su hermosa cara grabada a fuego en mis ojos y en mi mente… como si no pensara  en él cada día de mi vida por los últimos 12 años…. ¿12 años ya?..

-. Hola Rodrigo, ¿puedo entrar?-

Sus palabras preguntan con una sonrisa pero su actitud me ordena moverme a un lado y dejarlo pasar.

Andrés no ha cambiado ni un poquito siquiera, pasa por mi lado y es el mismo de siempre, altivo, orgulloso, precioso…  a pesar de estar completamente mojado… con su caminar seguro y estilizado y la más hermosa de las sonrisas en su rostro angelical, rodeado por una espesa mata de pelo castaño que resalta sus alucinantes ojos claros… indefinidos, como solía decirme cuando éramos menores

– Algunos días son celestes o grises o verdes… depende de la luz del sol o de mi estado de ánimo- era su explicación favorita.

Me quedo temblando y sintiendo que mis piernas no me iban a sostener… Andrés acaba de pasar caminando por mi lado y la sorpresa  de su llegada me tiene mareado y alucinando…

– ¿Qué haces aquí a esta hora?

Cierro la puerta y me voy detrás de él como si tuviera un imán del que no me puedo despegar… lo miro por detrás y a duras penas soy capaz de contener la emoción… adoro todo de él… su cuerpo, su forma de caminar… hasta las gotas de lluvia que chorrean por su espalda…

Tuve un discusión con mi novia… me echó de su casa y bueno… me acordé de ti Rodri. Eres el único amigo que tengo

Por supuesto!! había una novia de por medio.

Allí estábamos una vez más, él llegando de improviso a mi vida cuando necesitaba refugio y comprensión y yo, estúpido, una vez más, dejándolo entrar como si fuera el regalo más esperado del mundo, sintiéndome afortunado de poder verlo e intentando calmar el loco zapateo de mi corazón idiota que saltaba de alegría en mi pecho.

-. ¿Puedo quedarme contigo unos días?…  sólo hasta que encuentre un lugar donde vivir

Quédate conmigo para siempre” contestó una voz interna en mi mente… “por favor, quédate para siempre”.

-. Si, claro que si-

Sé que está mal y que debería echarlo con un golpe hacia el frío de la calle. Su presencia en mi casa lo abarca todo, mi mundo se vuelve él cada vez que aparece por horas, días o semanas…  sé que nuevamente va a romperme el corazón y aunque no debo, otra vez voy a ilusionarme y a volver a creer que quizás algún día…

– ¿Quieres beber algo?  Pregunto sin poder evitar ser cortes y educado… como siempre, me desvivo por atenderlo y hacerlo sentir bien.

Andrés deja un bolso pequeño sobre el sillón y me mira sonriendo

Si… un whisky podría ayudarme

Siempre le ha gustado el whisky. Yo apenas bebo licor… pero tengo en mi despensa varias botellas del mejor whisky. Las tengo solo para él.

– Claro…- me encamino hacia la cocina y lo escucho caminar detrás de mi- ¿y qué pasó con tu novia?.. digo, si es que quieres contarme…- no la conozco, no sé nada de ella pero no me gusta pensar que existe.

Ah!, ya sabes cómo son las mujeres. Siempre buscando la forma de atraparte.  Claudia quiere casarse, dice que ya está en edad de ser madre y todo el rollo completo, pero yo aún no quiero

 ¿casarse???… ¿hijos?? sigo caminando por inercia, no sé quién controla mis movimientos porque mi alma abandono mi cuerpo al escuchar e imaginar la idea de Andrés casado y con hijos… es un dolor físico indefinido en todas partes de mi ser

– ¿Quieres comer algo? – curioso… mi voz suena casi normal cuando en realidad me siento morir… odio a esa tal Claudia con todo mi ser

– No gracias – por supuesto, que estúpido!, Andrés jamás come tarde…  controla su peso como si fuera un asunto de importancia vital. Siempre ha estado obsesionado con la idea de la hermosura y la perfección de su cuerpo… siempre tratando de alcanzarla. No tiene idea que, desde que lo conozco, ha sido el más hermoso y perfecto.

Preparo su bebida y se la entrego.

– ¿Y tú? ¿cómo estás?-

De vuelta en el salón, se sienta en el más cómodo de los sillones, el que prefiere desde niño y dónde siempre lo recuerdo.

Bien, Pablo y yo hemos comenzado una empresa hace ya casi un año – “el mismo  año en que no te he visto” pienso recordando cada uno de los días de su ausencia

– Que bien…  Pablo!!, hace mucho tiempo que no lo veo!-

Andrés y yo nos conocemos desde hace 12 años; yo era aún un adolescente… Pablo y yo estábamos en último año de primaria cuando nos encontramos a este chico, varios cursos más abajo que el nuestro, llorando solo en un rincón del patio de juegos. Nos sentimos apenados de verlo tan lindo y tan triste y nos acercamos a saber cuál era su problema. Fue entonces cuando sentí el primer golpe directamente en el corazón… sus ojitos claros húmedos y rojizos me provocaron la más profunda de las penas, a medida que lo miraba detenidamente, la pena de esa carita preciosa, surcada de lágrimas, me caló hondo en el corazón… era un niñito hermoso, de ojos intensos y mirada asustada… dulce… mi mente y mis sentidos quedaron totalmente prendados de él…

Andrés nos contó que había ingresado hacía solo una semana al curso y que sus compañeros se habían burlado de él durante la clase porque tartamudeaba y le costaba mucho hablar una frase de corrido. La rabia se apoderó de mí y a pesar de contar con solo 12 años quise golpear a todos esos niños que no sabían apreciarlo.  Como chicos mayores nos sentimos en la obligación de ayudarlo y hacerle ver lo estúpidos que eran sus compañeros de clases.  Andrés se quedó con nosotros ese recreo y todos los siguientes por el resto de la secundaria. Aunque sus clases y horarios eran diferentes a los nuestros, él siempre se las ingeniaba para estar con nosotros y nuestro grupo de amigos que muy pronto lo consideraron uno más, tanto así que la mayoría de los chicos y profesores del colegio estaban convencidos de que Andrés era nuestro compañero de curso.

Cuando creció, Andrés pasó de ser el chico dulce y tímido a ser uno de los más populares, canchero y muy sociable; se había desarrollado y vuelto hermoso. Las chicas se volvían locas por él y siempre tenía una muy atractiva colgada de su brazo… las cambiaba todas las semanas… siempre quería tener una nueva y más bonita para lucirla. Le gustaba mucho pavonearse frente a nosotros, los mayores, mostrándonos lo bonita que era su última conquista.  Mis amigos le tenían envidia y admiración… yo… nunca supe bien como sentirme respecto a eso… me molestaba, más que nada, aunque nunca se lo dije.

Alrededor de los 15 años comencé a sentirme inquieto cada vez que Andrés estaba cerca… y eso era casi todos los días y a toda hora; mi ánimo cambiaba cada vez que él aparecía, peleábamos mucho, me enojaba con él con mucha facilidad… pero eran muchas más las veces que lo pasábamos bien, reíamos y hacíamos tonteras juntos… solos los dos. De a poco comprendí que mis sentimientos hacia él no eran normales… Cuando me excitaba y masturbaba quería hacerlo recordando el cuerpo de una chica pero invariablemente terminaba pensando en él y sintiéndome sucio y culpable; cuando escuchaba una canción romántica asociaba la letra con él y sufría mucho cada vez que lo veía besarse o acariciarse con la última chica de la larga lista.

Finalmente, cuando estaba a punto de cumplir los 16 dejé de negarlo y de sentirme morir cada vez que lo hacía… era homosexual y estaba enamorado de Andrés, del más imposible de todos los imposibles.

Esta terrible verdad marcó mis años de adolescencia como una marca de fuego quemada en mi piel. De ser su protector pasé a convertirme en su seguidor y su mejor amigo, ese que lo llevaba y lo traía, el que le solucionaba los problemas, que hacía lo que él pidiera solo para estar cerca suyo; Andrés se daba cuenta de mi sumisión y se aprovechaba de mi… ha sido así desde entonces, Cada vez que tiene un problema serio de verdad aparece ante mi puerta pidiendo mi ayuda y comprensión y siempre, invariablemente, ha encontrado mi puerta abierta y la mejor de mis sonrisas. Me exprime, me estruja, se lleva lo mejor de mis energía y mi amor para, un día cualquiera, volver a desaparecer detrás de un sueño imaginario que nunca logra cumplir, dejándome con el corazón hecho mierda, las energías agotadas y las ganas eternas de haberle dicho aunque fuera una sola vez lo mucho que lo amo, haber tocado su boca con mis labios… una sola miserable caricia que me hubiera bastado para enloquecer… pero no… siempre entraba y salía de mi vida dejándome con las ganas de atreverme a decirle algo… de pedirle que se quedara…

– ¿Y qué estás haciendo con tu vida ahora, Andrés?-

– ¿No te conté?no, no me has contado, hace un año, tres meses y varios días que no nos vemos… pienso algo enojado, sin decírselo, pero me doy cuenta que eso él no lo sabe ni le importa tampoco. Para él, yo soy alguien que siempre está ahí, a su disposición, alguien con quien puede contar cada vez que tiene un problema… De algún modo, siempre se las ingenia para llegar a mi cuando estoy comenzando a olvidarlo y pensando en rehacer mi vida… pareciera que vuelve siempre a recordarme lo importante que es…

Estoy trabajando con mi novia, tiene una agencia de modelos

Otro de tus sueños imposibles, pienso, pero no le digo nada, totalmente embobado por su mirada y movimientos…  Andrés tiene solo 20 años y es un completo irresponsable. A los 17 termino la secundaria e ingresó  a estudiar ingeniería. Tal vez alcanzó a asistir a clases un par de meses y luego fingió seguir estudiando durante un año completo. Sus padres, personas de escasos recursos,  pagaron todos sus gastos hasta que algo les hizo sospechar y acercarse a preguntar para darse cuenta de la fea realidad. Andrés no se había aparecido por ahí en todo el año y tampoco había entregado los dineros que eran para su educación. Su padre reaccionó muy mal y lo corrió de la casa prohibiéndole volver a ella hasta que fuera “un hombre de bien”.

Fue esa la primera vez que llegó hasta mi casa para quedarse. Por supuesto no me contó la verdad y quiso engatusarme con una de sus fantásticas mentiras… y yo, estúpido, fingí creerle, fingí aceptar la terrible situación que me contaba y hasta compadecerme de su suerte… todo, con tal de tenerlo cerca de mí. Poco más de dos meses duró mi suerte esa vez. Dos meses durante los cuales mi casa volvió a ser un hogar cálido y feliz. Andrés podía ser un mentiroso total y un maldito vago de mierda pero tenía una habilidad innata para cocinar cosas deliciosas y convertir una fría estancia en un verdadero hogar. Fueron dos meses de flores frescas y aromas deliciosos provenientes de mi cocina en la que pasaba horas preparando exquisitos platos.

– ¿Cómo sabes preparar todo esto?- preguntaba raspando hasta la última migaja del plato

– No sé… sólo lo veo en una revista o en la internet y puedo prepararlo – nunca le creí. Siempre pensé que su mamá le había enseñado o que tal vez había tomado un curso de cocina y no quería contarme. Pero no me cuestioné mucho su habilidad para cocinar, simplemente quería que siguiera ahí todo el resto de los días de mi vida… no me importaba pagar la cuantiosa cuenta del supermercado ni la florería ni ninguna de las otras locuras que se le ocurrían con tal de mantener mi casa viva y acogedora y a él, dueño de todo aquello, esperándome cada tarde.

Pero un día desapareció tan súbitamente como había llegado. Sin previo aviso ni despedida. Solo una nota en mi mesa de noche en la que me agradecía haberlo hospedado y me recalcaba lo importante de nuestra amistad.  Me costó meses recuperarme del profundo dolor de su partida… me había acostumbrado a su alegre presencia y compañía… hasta llegue a pensar que tal vez… con un poco más de tiempo, habría podido decirle lo que sentía y tal vez…  pero se fue tras una supervisora que había conocido en sus viajes casi diarios al supermercado. No me cabía duda alguna de ello. Andrés es tan atractivo que la mayoría de las mujeres se vuelve a mirarlo en la calle y muchas de ellas le coquetean descaradamente, algo que él no puede resistir.  Esa fue la primera de varias más, todas inesperadas, en todas me vuelvo a ilusionar y aunque la lógica me indica que nunca va a cambiar y que no debo volver a ilusionarme… no puedo evitarlo. Su personalidad me envuelve, su alegría de vivir me contagia y aunque sé que la mitad de lo que me cuenta solo existe en su imaginación, siempre quiero volver a creerle, siempre quiero que se quede conmigo para siempre.

– ¿Y qué haces en la agencia? – no me aguanto la curiosidad de saberlo

Bueno, le ayudo a conseguir las modelos y a manejar su negocio, ya sabes, representaciones y eso– bebe de su whisky

– Claro… claro- una vez más pretendo creerle y miro a sus ojos tratando de encontrar alguna verdad… Dios!! Por qué es tan hermoso?? Ante mis ojos no hay nadie que pueda siquiera comparar con este hombre que me robó la razón y la cordura cuando aún éramos niños y jamás se ha dado cuenta.

Hablamos un poco más y luego nos dirigimos a dormir. No necesito indicarle cual es la habitación que ocupará, es la misma de siempre, frente a la mía.

Una vez en mi cama me cuesta mucho volver a conciliar el sueño. Andrés está aquí, a unos cuantos pasos de mi cama… estoy feliz, estoy emocionado… ya me estoy comenzando a ilusionar con la idea de que vuelve a introducirse en mi vida… no sé por qué estoy llorando.

Todo volvió a ser perfecto. Cuando salí en la mañana Andrés dormía aún muy cansado. Abrí despacio la puerta y entré a su dormitorio sintiéndome un intruso en mi propia casa… necesitaba verlo. Me quedé en silencio mirándolo… absorto en la contemplación… seguía siendo el más hermoso de todos… ¿cómo no amarlo?… querer protegerlo?.. hacerlo feliz?…. Quise pasar mis dedos por su pelo desordenado… por sus hombros y sus brazos… quise verlo completo… su cuerpo desnudo…

Cerré despacio y me marché a trabajar… demasiado alborotado para continuar en mi propia casa.

A las 5:20 estaba de vuelta. Entre por la puerta de atrás con el corazón en la mano… volvíamos a lo de siempre… ya estaba comenzando a sufrir… ¿estaba aún en mi casa o ya había vuelto a desaparecer? Luego de caminar dos pasos en el interior de la sala supe que estaba ahí aunque no lo veía… Había un jarrón grande de flores amarillas en la mesa redonda, los muebles estaban en diferente sitio… las cortinas abiertas dejaban entrar un poco de la débil luz invernal… y el fuego de la chimenea hacia de la estancia un lugar más cálido y acogedor…  mi casa se veía mucho mejor y un delicioso aroma a postre casero inundaba mis sentidos. Respiré tranquilo… emocionado… agradecido de saber que estaba aun conmigo

-. Bienvenido Rodri…-

Se ve tan lindo, saliendo de la cocina, con un delantal antiguo que él mismo trajo alguna vez, un par de manchitas de harina y esa sonrisa que me derrite…

-. Hola Andrés..- me quedo de piedra… no sé cómo puedo responderle… ¿cómo es que nunca lo nota? Yo siento que el amor y el deseo se me escapan por todos los poros… soy transparente frente a él… pero no me ve.

– Deja tus cosas y ven a probar…-

Se vuelve a internar en la cocina y yo lo sigo de cerca… es el amor de mi vida, el ser que idealizo en todos mi sueños… lo seguiría a donde me quisiera llevar…

– Prueba– me extiende una cuchara y la sostiene esperando a que me acerque… siento que es Eva y yo soy Adán… mordería mil veces la manzana si viene de su mano…

– Delicioso… ¿qué es?-

– No sé… acabo de inventarlo, no hay muchos ingredientes en tu cocina

Como siempre… no estoy seguro de creerle… inventarlo recién??… y sabe así de bien??… no le doy más vueltas… no me importa… está en mi casa, en mi cocina, preparando un postre como si perteneciera a este lugar… lo estoy haciendo de nuevo…  estoy cayendo en el abismo nuevamente…  irremediablemente…

No hay mucho en mi cocina??? Escuchar eso de su boca equivale a una orden.

Pronto estamos de vuelta del supermercado llenos de paquetes. Andrés está entusiasmado en la cocina preparando la cena, me admira la habilidad que tiene con sus manos para cortar, pelar, revolver… su don para esto es innegable… lo miro preparar los alimentos, tocarlos con sus dedos y los imagino en mi… tocándome a mi… siento escalofríos.  Bebemos un vino delicioso mientras esperamos que todo se cocine, hablamos, le cuento de mi día y mis proyectos… mirándolo absorto… él está escuchándome y genuinamente interesado en lo que hago… todo es perfecto… deberíamos ser así siempre… se siente tan correcto en mi mente… debería atreverme y decirle… maldición!!! por una sola vez en mi vida debería atreverme a jugarme el todo por el todo… aunque… lo más probable es que después de decirle que lo amo no vuelva a verlo nunca más… soy un verdadero cobarde… jamás me voy a atrever… voy a morir amándolo y él nunca se va a enterar.

-. Qué crees Rodri… ¿llamo a Claudia o mejor espero?- pregunta después de la tercera copa de vino

Siento como me desangro gota a gota por dentro..

-. No sé Andrés… ¿la amas?- se me va la vida en esa pegunta. Andrés se ríe…

– No sé… si la amara tal vez querría casarme con ella, no crees?… pero…-

– Pero qué?..- Dios!! Por qué tengo que sentirme esperanzado por cada una de sus palabras… espero más que atento su respuesta…

– Naahhh… no me imagino el resto de mi vida con ella– ahora se ha vuelto serio… no la ama, no es importante… respiro tranquilo… me quedo sentado aunque quiero dar saltos de alegría.

-. ¿Por qué no esperas a que te busque ella?quizás se demore toda una vida?… podría ser…

– No sabe donde estoy… no quiero responder sus llamadas– toma su teléfono y lo arroja lejos…  en ese momento me doy cuenta de que Andrés bebió un poco más de la cuenta… sonrío mirándolo con ternura… está un poco ebrio y me gusta verlo así.

– ¿Dónde tienes más vino? – pregunta mirando su copa vacía

Creo que ya bebiste suficiente…-  respondo dudando…

Tengo más… ¿debería dejar que se emborrache?… quizás… quizás si está borracho no recuerde nada mañana… la esperanza… la locura…

– Voy por la botella – digo poniéndome de pie… camino sintiendo mi corazón latir muy rápido… ¿qué estoy haciendo?

– Gracias Rodri… – estira su mano cuando paso por su lado y me toca sonriéndome tontamente como solo los borrachos saben hacerlo….  Me obligo a seguir caminando de prisa… un solo contacto de su mano es capaz de desatar una erupción en mi interior…

Dejó la botella abierta sobre la mesa, frente a él… supongo que es para tranquilizar mi conciencia; no voy a servirle el vino…

Media hora después, hemos terminado con la cena… y con la siguiente botella… Andrés está alegre y relajado…

-. Y… qué pasó con esa novia que tenías, Rodri?… esa del pelo largo…- su voz suena pastosa y poco clara

-. Eso fue hace mucho tiempo… terminamostermino con todas… solo son sustitutas… ninguna se parece a ti ni remotamente…

Andrés ríe… sin ningún motivo…

-. ¿Cuándo vas a buscarte una novia, eh??.. eh??-  sus movimientos y su hablar se han vuelto un poco torpes…¿estará suficientemente ebrio para no recordar mañana??…

-. No quiero una novia…- me atrevo a contestarle por primera vez, mirándolo fijamente, mi corazón late fuerte, asustado…  Andrés sigue riendo.

– ¿Cómo que no?… todo queremos una novia linda y sensual… hahajaa.. jaa

– Pues yo no– respondo serio… casi agresivo. Tengo miedo… mucho miedo de comenzar a hablar y no detenerme más… de decirle de una vez todo lo que siento… ¿se enojará?… ¿intentará golpearme?… pues… entonces se irá para siempre y no volverá a buscarme… podría entonces comenzar a olvidarlo e intentar vivir una vida diferente, sin su presencia… nunca lo había pensado así… siempre tenía un miedo irracional a que me dejara, a no verlo más… ahora pienso que si deja de buscarme quizás sea una bendición… no volver nunca más a sufrir cada vez que vuelve y abre mi herida, escarba en la llaga y me deja más sangrante… sufriente y enfermo de pena cuando vuelve a desaparecer…

Me está mirando fijamente aunque sus ojos enfocan a medias…

-. Y que quieres entonces, Rodri??… ya tienes de todo, no??… tienes una casa preciosa, tu trabajo…, eh?? Que quieres??-

Aprieto los labios con fuerza… quiero decirlo pero tal parece que no tengo fuerza… quiero gritárselo… mi mente ordena pero mi lengua se niega… respiro profundamente… relajándome… voy a decirle… voy a perder para siempre al amor de toda mi vida… pero prefiero eso a esta incertidumbre y dolor eterno e inútil… son ya tantos años… tan vacío…

-. Pues… yo.. yo quiero… quiero lo que he querido toda mi vida-  mi voz, al principio dudosa se afirma y habla con tranquilidad que estoy lejos de sentir

– ¿Qué… que has querido… siempre?- tiene la copa en su mano y bebe otro poco.  Dios!! Espero… confío en que no recuerde nada mañana

– Siempre he estado enamorado, Andrés… siempre he esperado que la persona que amo sienta también algo por mi-

– Enamorado?… nnaaaahhhh.. ¿Tú enamoradoooo??, de quien Rodri… de quien? Dime!!!- sonríe… está interesado y sorprendido

Me sirvo otra copa de vino y bebo de prisa… había pensado no beber más porque tengo que trabajar mañana, pero eso fue antes de decidirme a arruinar mi vida para siempre…

-. Llevo doce años enamorado de una persona, Andrés…-

-. DOCE???!!!- sus ojos se abren muy grandes y su voz es casi un grito… de pronto me parece que no está tan ebrio como yo creía… su mirada ahora parece casi normal

-. Sí, doce…- otro sorbo pasa rápido por mi garganta.

– Rodri… ¿Quién es ella?.. ¿la conozco?…¿cómo se llama?… ¿por qué no te has casado con ella?… tú eres un excelente partido… por qué??-

Este es posiblemente la última inhalación que hago utilizando algo de cordura…

-. No es una “ella”, Andrés…-

Silencio…

Me mira fijamente… no entiende pero está haciendo el esfuerzo de intentarlo.

Sé perfectamente cuando ha llegado a una deducción lógica… la expresión de su rostro me lo dice todo.

– Rodri… ¿eres gay?-

¿Lo soy???… nunca he tenido sexo con otro hombre… sí con mujeres, pero no podría pensar en tocar a otro que no fuera Andrés.

-. No sé… supongo que sí- me encojo de hombros- pero…-

– ¿pero qué…?-

– Es solo él… no me interesa ningún otro hombre-

– Dime quien es Rodrigo- Repentinamente está más sobrio de lo que estaba hace unos minutos atrás

Frente a frente en la mesa de la cocina… solo la botella de vino entre nosotros…

-. Tú- 

Ya!!!… lo dije… se siente bien… oh Dios!! Se siente maravillosamente bien… no sé porque entonces me estoy ahogando y no puedo respirar… me tranquilizo… no soy capaz de mirarlo

– Eres tú, Andrés- refuerzo como si no bastara con lo que ya dije

Me mira como si estuviera loco… no está sobrio, está completamente en shock y confundido… asqueado, quizás??… creo que ni siquiera se ha acordado de respirar…  estira la mano y la copa vuelve a sus labios… escucho como el vino pasa por su garganta… me mira… inconscientemente su cuerpo retrocede, alejándose hacia el respaldo de la silla… poniendo más distancia entre los dos… maldición!!, me duele ese pequeño gesto…

– No te preocupes…- intento reír – no voy a lanzarme encima de ti ni a violarte…-

– Rodrigo… … no sé qué decir… ¿es en serio?-

Rodrigo?… y que pasó con Rodri??… ha comenzado a alejarse… duele.

– Ya mejor olvídalo

Quiero alejarme… quiero irme a mi dormitorio y desahogarme, llorar, gritar, darme de cabezazos contra la pared… … comenzar a olvidar de una vez… morir… supongo que mañana Andrés habrá desaparecido para siempre. La garganta me arde… quiero llorar… no frente a él…

Diablos!!!… Me pongo de pié para dirigirme al dormitorio… ya me ha comenzado a doler. Al pasar por su lado, sujeta fuertemente mi muñeca con su mano… es un gesto inconsciente…

– Rodri… no te vayas… no puedes irte así nada más-

No quiero mirarlo… sé que voy a ver asco, repulsión o rechazo en su cara…

– Suéltame Andrés… estoy cansado-

Sin soltarme se pone de pié…   tambalea al tratar de mantenerse erguido, empuja la mesa… la botella se da vuelta pero ya no queda nada…  el instinto me hace sujetarlo para evitar que se caiga… una mano en su hombro y la otra en su cintura… muy cerca… nos quedamos anclados mirándonos… son sus mismos ojos claros de siempre… no hay nada extraño en ellos… solo son tan bellos… respiro para intentar tranquilizarme y al hacerlo toda su esencia … el olor de Andrés, entra a mis fosas nasales aturdiendo mis sentidos… vuelvo a respirar aún con más ganas… sus ojos… en mi…  control Rodrigo… me consumo por un beso… un roce con su piel… lo necesito… de pronto veo miedo en sus ojos…. no puede ser más incómodo que esto. Lo suelto como si su piel quemara mis dedos y a trancos firmes y grandes subo casi corriendo a encerrarme en mi dormitorio.

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