Capítulo 3

-. Invité Pablo y su señora a comer con nosotros mañana- anuncié una tarde. Me miró nervioso

-. ¿Por qué? –

-. Es nuestro amigo… no necesito una razón especial para invitarlo, no?-

Se quedo en silencio mucho rato… pensando

-. ¿Sabe?… ¿le contaste de nosotros?-

-. No… ¿Quieres que le cuente?-

-. NO!!! No le digas nada!! prométeme que no le vas a decir!!-

– Andrés… tranquilo, no voy a decirle nada si tú no quieres-

– No quiero-

– Bien… asunto olvidado, no se hable más del tema-

Llegaron abrazados, destilando amor y felicidad por cada poro. Pablo y Andrés no se habían visto en mucho tiempo y el rato se nos fue recordando nuestras aventuras de adolescencia. Ya en la mesa, la cena fue deliciosa… íntegramente preparada por Andrés… me sentí orgulloso de él.

Pablo no se separaba nunca de ella… su lenguaje corporal expresaba claramente lo unidos que estaban… la trataba con dulzura y delicadeza… al amor hacia ella fluía por cada uno de sus poros… sus miradas eran encantadoras… estaban rodeados de un aura de amor que los hacía especiales… Sentí una sana envidia; yo también quería esa relación, pero con Andrés… quería que nos miráramos así y nos comunicáramos sin palabras. La cena fue entretenida y muy agradable. Cuando se fueron, Andrés cayó en un silencio del cual no podía sacarlo. Le hablaba y preguntaba pero solo me respondía con monosílabos mientras lavábamos y ordenábamos. Luego, quiso quedarse solo un rato… me pidió que lo dejara tranquilo, que subiría más tarde. Subí a acostarme preocupado, sin saber si mi intento de presión había resultado bien o mal… quería que Andrés viera la felicidad en una pareja, especialmente en alguien tan cercano como Pablo que nos quería mucho a ambos y entendería perfectamente si algún día le dijera que Andrés y yo nos amábamos… yo mismo sentí envidia al verlos tan felices… esperaba que hubiera pasado lo mismo con él… solo que Pablo tenía esposa… mujer… tal vez me había equivocado y era en eso en lo que estaba pensando.

Llegó un buen rato después. En silencio y sin encender muchas luces se desnudó y se acostó a mi lado.

-. ¿Estás despierto?- preguntó despacio

-. Si…- no podía dormir, estaba muy preocupado… ¿por qué tengo que ser tan inseguro?… solo lo soy con él… cada gesto suyo me preocupa… tengo siempre tanto miedo de perderlo…

-. Rodrigo… – lo escuché tragar saliva… cuando utilizaba mi nombre completo era algo importante… me quedé expectante… esperando

– Si?-

– Enséñame…-

Respiré aliviado… me sentí inundado de alegría… empapado de amor por él… me acerqué… solo entonces me di cuenta que estaba completamente desnudo… ¿debía ponerme a rezar y agradecer a los dioses?…

– ¿Qué quieres que te enseñe?- pregunté con mi boca en su cuello y mis manos en su piel

– Lo que tú me haces… quiero aprender-

– Se llama felación…-

– Ya lo sé… solo… no lo digas así..-

– ¿Así cómo?-

– Pues no sé… así… suena tan… pervertido, degenerado..-

Me calmé… eso no me había gustado. Encendí la luz. Necesitaba ver sus ojos para conversar.

-. Andrés… es un acto de amor y placer, no tiene nada de malo. Soy feliz cuando te lo hago-

– Lo siento… es que… me cuesta… entiéndeme… no te enojes-

– No estoy enojado- volví a cruzar mis brazos sobre él y a atraerlo hacia mi cuerpo- quiero que entiendas que esto, lo que hay entre nosotros, no es malo-

– Estoy aprendiendo… vas a tener que usar toda tu paciencia conmigo… soy un cabeza dura y me cuesta mucho…-

– Andrés… ¿puedo decirte algo sin que salgas corriendo?–  lo sentí ponerse tenso

– Dime…-

– Me juras que no te vas a asustar?

– Si… lo juro…-

Me acerque a su oído y muy bajito susurre

-. Te amo…. Eres el amor de mi vida y te amo-

Se quedó callado… su cuerpo tampoco se movía… de pronto supe que estaba llorando muy callado

-. Estas tan seguro de lo que sientes… lo que me dices…-

– Si, sé que te amo-

– Quiero sentirlo… quiero amarte así…-

Me quitó el pijamas… fue un momento de fuerte tensión vernos desnudos por primera vez. Intenté calmarlo acercándome muy lentamente… con suaves caricias y muchas palabras dulces en sus oídos… finalmente se tranquilizó… yo también necesitaba un poco de calma… ver su cuerpo desnudo en mi cama, sentirlo a mi lado… estaba excitado y no podía disimular absolutamente nada… pero él también lo estaba… era normal sentirnos así… teníamos que aprender a aceptarnos.

-. Quiero tocarte…-

– Tócame… quiero sentirte- respondí en su boca desconociendo mi voz

Andrés me acarició como nunca antes lo había hecho… sus manos fueron firmes en mi piel por primera vez, tocándome con ganas y sintiendo mis emociones… esta vez todo su cuerpo buscaba el mío… su boca en mi pene era puro sabor a gloria… para ser su primera vez, técnicamente hablando, fue un desastre… pero lo disfruté como si hubiera sido la mejor de las felaciones que había recibido nunca… era Andrés y estaba intentando aprender conmigo… todo lo que faltó de experiencia fue sustituido por cariño y ternura entre los dos…

Me sentí más tranquilo de su amor… él quería quererme y esa era la mejor noticia que podía haber recibido. No me dijo que era lo que había estado pensando mientras estuvo solo pero en su mente muchas cosas debían estar pasando haciéndolo dudar, preguntarse… sentir… sin embargo, había vuelto a mí con más ganas e interés.  Estábamos bien

Nos dormimos desnudos… abrazados, ya sin importarme si mi cuerpo le demostraba con un flagrante erección lo mucho que lo deseaba.

Al pasar las semanas nuestra vida se fue normalizando y parecíamos cada vez más una pareja…

Andrés de a poco aceptó lo que al principio se negaba rotundamente; ahora podíamos salir al cine o a cenar… aun no me dejaba llevarlo a bailar o a un club entretenido, pero existía un acuerdo de no tocarnos mientras estuviéramos en público. Lo respetaba… pero no puedo negar que hubiera preferido tomar su mano y abrazarlo.

En las noches seguíamos durmiendo desnudos y proporcionándonos placer por medio del sexo oral y mucho cariño… a veces quería presionarlo un poco pero bastaba que Andrés sintiera mi miembro cerca de su entrada para que saltara y se alejara mirándome como si hubiera intentado violarlo…

-. No voy a forzarte… te lo dije mil veces-

– Lo siento, me pones nervioso-

Quiero hacerlo contigo, pero no quiero forzarte… quiero que sea cuando tú quieras…

Es que te acercas y pienso que…-

– De acuerdo… lo reconozco quiero tocarte… prometo que no voy a intentar penetrarte…-

Lo vi palidecer… era la primera vez que mencionábamos la palabra “penetración”. Desvió su mirada…

-. Andrés?…-

– No sé si alguna vez podré aceptarlo…-

El silencio se volvió espeso entre los dos… ¿Podría vivir con él y solamente sexo oral el resto de mi vida?... Dios!! Lo único que tenía claro era que no podía ni quería vivir sin él

-. Está bien… no es necesario que nos preocupemos de eso ahora…-

-. Si lo es!!!.. Quiero que lo discutamos, que lo conversemos Rodrigo… es importante- Se alejó de mi lado para quedar frente a mi.

– De acuerdo, hablemos entonces-

– Me da terror… estuve leyendo sobre el sexo entre dos hombres…  no sé si alguna vez voy a ser capaz de hacerlo-

– Andrés ¿qué te da tanto miedo?-

– Pues… todo-

– La penetración… va a ser dolorosa la primera vez… pero no será insoportable… te prometo que mejorará muy rápido-

– ¿Cómo lo sabes?-

– Lo sé… tienes que creerme, no quiero dañarte, te amo-

De todo lo que había leído e investigado eso me había quedado muy claro… la primera vez no iba a ser agradable para él, pero procuraría hacérselo lo menos doloroso y desagradable posible… además, quería brindarle seguridad… tampoco lo había hecho nunca, pero quería que confiara en mi y en que juntos podíamos lograrlo

-. Andrés… mira cómo estamos y dónde estamos-

Miró a su alrededor sin entender de qué estaba hablándole

-. Hasta hace unos meses atrás esto que tenemos ahora era una locura, un sueño irreal de mi mente… pero aquí estamos los dos, desnudos… sobre mi cama, dormimos juntos… puedo decirte que te amo y no te asustas… tú también sientes algo por mi… todo llega a su tiempo, no te estreses ahora con algo que no te estoy pidiendo todavía-

– Todavía?…

– lo siento… fue una forma de decir-

– No… no fue eso… sé que en algún momento me lo vas a pedir en serio y ese es el momento que me asusta… no sé si voy a ser capaz, te voy a defraudar y…-

Me acerque a callar sus protestas con un beso… no quería seguir escuchando sobre como creía que me iba a defraudar

-. Siempre te voy a querer, algún día lo haremos, cuando tú lo quieras-

– ¿Y si no quiero nunca?-

– Pues, entonces lo hablaremos y veremos que sucede, de acuerdo?

– de acuerdo…- respondió muy poco convencido.

Volvió a acostarse a mi lado y no volvimos a hablar del tema en varias semanas, tampoco intenté volver a tocar su zona delicada aunque me moría de ganas de hacerlo.

Nuestra vida juntos se volvía cada día más feliz… los besos espontáneos de Andrés eran ahora algo normal, dentro de las cuatro paredes de nuestro hogar éramos  una pareja normal, nos tocábamos, besábamos y hacíamos muchas cosas juntos; fuera de ella éramos los amigos de siempre, que no se tocaban pero que podían compartir una visita al cine o al bowling o a cualquier otra actividad que nos entretuviera.

El invierno había terminado hacia semanas y la primavera estaba en pleno apogeo, aprovechábamos la terraza para cenar con velas encendidas y los fines de semana vivíamos en el jardín. Andrés estaba entusiasmado cultivando su propio jardín de hierbas… me gustaba verlo  así, cuidando las plantas con amor y hablándoles como si fueran bebes. Nos reíamos juntos… a sus 20 años, bajo el sol, en mi jardín… no había nada más hermosos que su imagen… estaba completamente enamorado de él.

Procuraba estar el menor tiempo posible en la oficina, quería usar mi tiempo con Andrés, pero en esos días Pablo y yo teníamos un proyecto grande que entregar y nuestros clientes nos habían invitado a cenar; Pablo,  su señora y a mí.

-. Vuelvo temprano. Espérame despierto-  dije sonriendo y pensando en lo que podíamos hacer cuando volviera.  No me sonrió ni nada. Desde hacía rato la cara de Andrés era diferente, triste, desanimada y pensativa, pero no quería decirme qué le pasaba. Lo intenté por última vez

-. ¿Qué te pasa-

– Ya te dije que nada, deja de molestarme– su respuesta fue brusca y cortante.

-. Andrés… te conozco mejor que nadie, sé que te pasa algo-

– No quiero hablar, no tengo la obligación de decirte todo, o si?-

– No… no tienes ninguna obligación-

– Lo sé… Ninguna!!! – me grito y desapareció dentro de la casa. Tuve ganas de salir tras él y aclarar qué demonios estaba pasando pero se me estaba haciendo tarde y además, era mejor enfriar los ánimos un poco.

Desde el restaurant lo llamé un par de veces pero no me respondió. Me quedé preocupado. La cena terminó relativamente temprano. Solo quería llegar luego a casa.

No puedo explicar lo que sentí al entrar y no encontrarlo. Nuevamente era una casa oscura y sin vida… sin él.

Mi mundo se quebró en millones de pedacitos… me quedé sentado en el último peldaño de la escalera intentando frenéticamente ubicarlo en su celular… no me respondió. Llame mil veces pero no me respondió.  Se había ido… una vez más se había ido…

No fui a trabajar en varios días pretextando una enfermedad… Pablo era capaz de encargarse de todo… Lo busqué en los lugares que frecuentábamos, cerca de a casa… en su trabajo… pero también lo había dejado… nadie sabía nada de él ni lo habían visto. Andrés no quería ser encontrado.  Durante días fui solo una masa de dolor y tristeza… me olvidé de comer y casi de respirar… aún quedaban algunas de sus cosas en su dormitorio… el que nunca más había usado, pero la mayoría de ellas habían desaparecido. No sabía cuando era de día o de noche, todo me daba igual… esta vez su partida me había dejado completamente destrozado… apenas me alcanzabas las fuerzas para respirar y llorar…

Al cuarto día de dolor, tirado en mi cama sin haber abierto las cortinas en días ni duchado ni afeitado ni nada, lo escuché entrar al dormitorio… respiré de nuevo dejando por fin entrar suficiente aire en mis pulmones… se veía bien, limpio, precioso y tranquilo… casi sonriente

-. ¿Ya moriste?- me preguntó sentándose a mi lado en la cama

– Aún no idiota… pero puedo matarte– me senté de golpe impulsado por una tremenda energía y lo abracé con todo mi cuerpo… lloré en su hombro con verdaderos sollozos y lo sujeté sin intención alguna de dejarlo moverse de mi lado nunca más

– No llores… por favor ya no llores-

-. ¿Por qué te fuiste?… no podías habérmelo dicho… o llamado, o algo!!- quería insultarlo y besarlo con la misma intensidad. Estaba de vuelta… no podía dejar de llorar.

Me miró con sus preciosos ojos grises también emocionados… había una nueva luz en ellos, algo diferente y definitivo.

-. Rodri… ve a ducharte y arréglate. Tenemos que hablar-

Volví a abrazarlo… “tenemos que hablar”… ahora si se terminaba todo??

Me duché, afeite y en poco rato estuve decente. Andrés había preparado un par de tazas de café. Nos sentamos en la misma mesita donde pasaban las cosas importantes de nuestra vida

-. Tengo algo que decirte– me dijo… sonriendo. ¿no estaría sonriendo si fuese algo feo, ¿verdad?

– Dime– mi voz sonaba normal…

– ¿Cómo estuvo tu cena de negocios?- preguntó sin dejar de sonreír

– Que?!!-

– Sí… tu maldita cena de negocios… a la que fuiste sin mí!!-

– Por Dios Andrés… ¿eso es lo que te molestó tanto?!!-

– Si… y deberías agradecer que me haya molestado tanto–  había dejado de sonreír

– No entiendo… explícame por favor-

– Tus clientes… invitaron a Pablo y a su esposa… pero a mí no me invitaron… soy tu pareja Rodrigo… pero no me invitaron-

– Andrés es que tú…-

Si vuelves a interrumpirme no te cuento nada… ya me está costando bastante trabajo decirte lo que estoy diciendo…  así es que mantén silencio, por favor-

– Si.. de acuerdo. Lo siento-

– Me sentí excluido, fuera de tu vida… solo aquí dentro de estas 4 paredes eras mío… éramos pareja pero nadie más lo sabía. No sabes cómo me sentí… quería ser parte de toda tu vida… Rodrigo, tú eres mío, yo soy tuyo… no quiero que vuelvas a dejarme fuera nunca más-

Estaba llorando de nuevo… escucharlo hablar de ser suyo y mío era más de lo que podía aguantar sin emocionarme…  mi Andrés había vuelto y ahora estaba más seguro que nunca

-. Escucha… sé que yo mismo lo había pedido, pero si vamos a ser pareja, vamos a serlo en todos los sentidos… “todos”, Rodrigo– recalcó la palabra… supe de inmediato de qué estaba hablando, que era lo que ese “todo” incluía. Tomé sus manos por sobre la mesa… no podía estar un segundo más sin tocarlo

– Te amo… te amo con todo mi ser Andrés-

– Lo sé… por eso vamos a intentar todo, ¿quieres?-

De pie en la cocina nos volvimos a reunir en un abrazo de cuerpo y almas, en besos apasionados y desesperados…

-. No vuelvas a desaparecer nunca más… me muero si no estás conmigo– supliqué

– Rodrigo… volví para quedarme para siempre-

– Eres mío… te voy a tratar como mío, a cuidar y a querer… no te voy a dejar salir de esta casa nunca más en tu vida… mejor te acostumbras…-

Andrés rió abrazado a mi… entendía mis miedos mejor que nadie…

-. Ven- tomó mi mano y subimos al segundo piso; mi dormitorio era un desastre así es que entramos al suyo. Me dejó en la cama y desapareció unos instantes. Ya solo, pude dar rienda suelta a todas las emociones que sentía, reía solo y quería gritar… Andrés estaba de vuelta y ahora estaba seguro de querer quedarse conmigo… nada era más importante que eso, nada.

– Bien… ahora vamos a aprender cómo funciona esto- dejó frente a mí los condones y el lubricante que estaban en mi mesa de noche.  Lo miré y sonreí… enamorado y alucinando con lo que venía a continuación… lo que él quería ahora. Mi cuerpo respondía anticipándose.

Te dije que algún día tú mismo lo ibas a querer-

– Me pasé tres días pensando Rodri..-

– ¿Que pensaste?…-

– En todo… toda mi vida hasta antes de lo nuestro… nunca fue muy real, siempre vivía a medias… inventando y creyendo mis propias historias… una vida de mentiras… Tú eres lo más real que he tenido jamás…- ahí estaba nuevamente ese brillo de seguridad en sus ojos que lo volvía diferente… más hombre, más seguro- descubrí algo importante…-

– Que?

– Te amo…- dijo muy despacio mirando al suelo. Levanté su barbilla y miré sus ojos

– Dilo de nuevo-

Le tomó un minuto de silencio reunir el valor para decírmelo mirando mis ojos

– Te amo, Rodrigo-

– Te amo, Andrés-

Juntamos nuestros labios… hundí mi lengua buscando la suya, su exquisito sabor nuevamente mío, ahora para siempre y con seguridad. Sus manos quitaban mi ropa. Quité la suya. Reíamos como si fuéramos dos chiquillos.  Desnudos sobre la cama, enredados en besos y caricias.

-. Ahora Rodri, hazme el amor- me pidió con voz sería

Sus piernas atraparon mis caderas y me acercó a él… su rostro nunca fue tan bonito como en aquel momento.

Estaba nervioso pero decidido. Con el lubricante en mis manos busqué con cuidado y toqué por primera vez su ano, sabía lo que tenía que hacer… un dedo… dilatar con paciencia y procurando que fuera placentero

-. Andrés, si te duele tienes que decírmelo-

– Rodri… no juegues… los dos sabemos que me va a doler mucho pero… confío en ti y quiero hacerlo… solo ve con calma… puedes seguir haciendo eso que estás haciendo… se siente bien…- sonrió y movió sus caderas impulsando su ano hacia mis dedos que ahora eran dos.

– Andrés… te amo-

– Lo sé… yo te amo a ti… pero me va a doler igual…- sonreí ante su lógica… era muy probable que así fuera.

Mantuve mis dedos en su interior hasta que sentí sus paredes más relajadas… ahora era yo el que estaba nervioso pero lo deseaba con todo mi ser. Quería ser uno solo con él… ansiaba estar unido con Andrés, reclamarlo y marcarlo como mío.  Me puse el protector, lo unté generosamente en lubricante. Andrés me miraba y sonreía… con una extraña ternura

-. ¿Estás nervioso?- me pregunto abriendo sus piernas para dejarme espacio entre ellas

– Si… pero sé lo que tengo que hacer, no te preocupes…- dije con una calma que estaba muy lejos de sentir… todo excitado y rogando por cada gota de auto control

– Rodrigo… te amo… cuando me di cuenta que te amaba supe que el dolor no era importante, ni tampoco el que yo estuviera abajo, ni que tú fueras quien me penetraría… quiero ser tu amante… te quiero dentro mío-

Entre sus piernas… con mi mano sujetando mi pene frente a su entrada… Andrés totalmente entregado a mi…

-. Ahora es cuando tú te relajas…-

– Seguro…- sonrió sabiendo que era casi imposible que lo hiciera.

Presioné despacio hasta sentir que la cabeza había entrado en él… su rostro, serio, era de mucha concentración controlando su respiración pero no había dolor reflejado… estiré mi torso para besarlo… Andrés me abrazó y me atrajo aún más hacia su cuerpo…

-. Sigue Rodri… sigue así-

Empujé despacio sintiendo la resistencia del cuerpo de Andrés a la intrusión… pero se sentía tan bien… estaba entrando en su cuerpo, estábamos más unidos que nunca. El dolor se manifestó muy pronto. Andrés respiraba agitado y supe que le estaba doliendo pero de alguna manera seguía pidiéndome continuar.

-. Entero Rodrigo… te quiero entero dentro de mi-

Empuje despacio el último trayecto… sintiéndome dueño del mundo… todo estimulado y deseando penetrarlo mil veces… Cuando sentí que ya no podía entrar nada más me detuve y lo miré… necesitaba besarlo… secar las lágrimas que habían asomado a sus ojos.

-. Te amo… eres lo más importante en mi vida Andrés… te amo tanto- lo mantuve apegado a mi cuerpo, estaba sudado y adolorido. No me dijo nada… concentrado en aguantar y no quejarse… solo sus brazos que me seguían apretando eran su forma de decirme que todo estaba bien.

– No me voy a mover…- quería hacerlo con muchas ganas pero podía aguantarlo por él… para no dañarlo

Rodrigo… hazme el amor… no me estoy aguantando el dolor por las puras… quiero aprender contigo… hazme el amor

Adoré su valentía. Sonreí besando toda su cara y la piel que estaba a mi alcance. Lo abracé aún más fuerte. Sentí su erección rozándome. Andrés, adolorido y todo, tenía una erección y estaba excitado a morir

-. Dime cuando te duela menos entonces… solo ahí voy a moverme– dije tomando su pene entre mis manos y acariciándolo… frotándolo para ayudarlo a sentir algo diferente al dolor… luego de unos minutos abrió sus preciosos ojos…

– Está bien… creo que… puedo aguantarlo- su expresión ya no era de intenso dolor

Me moví muy lentamente, atento a sus reacciones… Andrés se relajó un poco… mis movimientos se reflejaban en su rostro… cada vez que lo embestía, aunque fuera muy suavemente su rostro me hacía saber lo que estaba sintiendo… de a poco dejó de doler tanto para volverse soportable y en algún minuto la excitación y el placer estaban de la mano con el dolor… su boca abierta, jadeando… sus caderas que se acercaban hacia mí, sus dedos y uñas enterrándose fuerte en mi espalda… eran una señal de que sentía algo diferente.  No puedo decir que fue fácil, pero ambos conseguimos un orgasmo que nos dejo temblando, sudorosos y fascinados…

-. Andrés… Amor… ¿estás bien?-

– Si… – se abrazó a mi ocultando su cara en mi pecho… emocionado y aún adolorido – nunca había estado tan bien en mi vida Rodrigo… me duele todo, hasta para pestañear… pero no me arrepiento… te amo… quiero hacer el amor contigo siempre…-

– Gracias amor… gracias-

Nos quedamos sobre la cama muy juntos… sabía que tenía entre mis brazos a la persona más valiosa de mi vida… estaba agotado pero a la vez tan lleno de felicidad, una extraña mezcla que me mantenía semi-dormido sin dejarme descansar del todo.

Andrés quiso ir al baño en algún minuto, supe que estaba muy adolorido por su forma de moverse. Me levanté de un salto para ayudarlo pero me encontré con su mano extendida, rechazándome

-. Puedo solo– me dijo gastando sus energías en una sonrisa avergonzada. El líquido blanco chorreaba por sus piernas, mi semen…

-. Lo sé… sé que puedes solo pero no quiero dejarte solo-  Me acerqué decidido a ayudarlo, sin importarme ni su mano extendida ni su terquedad. Necesitaba y quería estar para él siempre de ahora en adelante –no voy a dejarte solo nunca más- sonrió vencido ante mi insistencia y se apoyó en mi para dejarme ayudarlo.

– Rodrigo… no voy a ducharme contigo-

– ssshhh… deja ya de ser tan terco… tengo la mitad de la responsabilidad…- dije acariciando su rostro con infinita ternura… sonriendo, confiado, sintiendo una nueva seguridad que me gustaba mucho sentir. Me clavó una mirada que pretendía ser  enojada, pero hice como que no lo veía y lo apreté contra mi. Entramos juntos al baño… abrí el agua y preparé la ducha…

– Rodri… déjame solo, por favor…-

– Okay… de acuerdo… espero afuera-

Algo había cambiado en mi… quería cuidar de Andrés como si la vida se me fuera en ello… Me había entregado tanto… no era solo su virginidad, su sufrimiento… era toda su vida que la había cambiado para estar conmigo, para aprender a amarme… Sonreí alegre pegado a la pared mientras lo esperaba… todo era diferente ahora… no más incertidumbre, no más miedo… Andrés estaba conmigo para quedarse… un Andrés nuevo y diferente, hermosos como siempre, pero enamorado y fuerte… dispuesto a sufrir por hacerme feliz… él que siempre había sido tan egoísta y egocéntrico… ahora había dejado todo eso por mi… Nunca me había sentido  tan grande y poderoso en mi vida… era el mejor momento de mi existencia y lo supe reconocer… el momento donde su camino y el mío se unían para seguir uno solo, juntos. La sensación de poder y felicidad era embriagadora.

Salió del baño envuelto en una toalla y me buscó en un pequeño gesto que me emocionó. Adolorido y todo se veía hermoso. Caminamos juntos de vuelta a la cama. De mi dormitorio traje analgésicos y de la cocina subí café y otros alimentos en una bandeja que puse frente a él con mi mejor sonrisa. Me sonrió de vuelta… mitad alegría, mitad vergüenza

-. No soy de cristal sabes… no me rompo, puedo aguantarte-

– Lo sé amor… pero quiero cuidarte-

– Rodrigo… no me digas “amor”… nos conocemos desde niños!!!-

– Pero solo nos amamos ahora Andrés… vas a tener que acostumbrarte y dejarme porque pienso cuidarte y malcriarte, consentirte y mimarte…- de seguro la sonrisa en mi cara era la del más estúpido enamorado… pero nada importaba porque me sentía rebosante de felicidad… la podía sentir saliendo por cada poro de mi piel…

-. Amor… amor.. mi amor…- le repetí besándo su boca, sus ojos cerrados y bajando por su mejilla. Andrés estaba ahí para besarlo cuanto quisiera…

Andrés volvió a sonreír… esta vez mirando mis ojos, en una mirada llena de amor

-. Bien. Creo que puedo aprender a vivir con eso… – su mano atrapó mi barbilla acercándome hacia su boca… fue un beso dulce y enamorado… la ternura estaba comenzando a brotar entre los dos… aprendíamos a estar satisfechos y felices… todo estaba bien… no había más mentiras en nuestras vidas.

 

 

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