Capítulo 9

Ha sido una semana totalmente diferente a cualquier otra que haya vivido en esta ciudad desde que llegué, pero no por ello menos entretenida. Las cosas no han salido exactamente como me gustaría pero tampoco ha ido tan mal. Roberto me ha ignorado por completo, en forma intencional, en forma especial… y eso me resulta secretamente agradable. Creo que si me hubiera tratado como a uno más de todos los que saluda y con quienes conversa cada día me habría sentido muy estúpido, pero no… ni siquiera me ha mirado durante esta semana, me ha evitado como si tuviera la plaga. Está bien, lo entiendo. Se que tiene miedo. A veces yo también me asusto un poco por lo que siento, no recuerdo si alguna vez antes dediqué tanto tiempo y sentimientos a una sola persona. Soy intenso, lo reconozco, pero también me aburro fácilmente. Sin embargo aquí me quedé toda esta semana a pesar de ser ignorado … mas bien dicho agradecido de ser ignorado y no ser tratado con indiferencia… me gusta este desafío. Me gusta verte pasar cada día directo a tu guarida sin mirarme, salir, conversar con algunos de los otros chicos y chicas pero jamás te dirige al grupo donde estoy yo. Sé que también te he afectado… lo tengo claro, pero me preocupa la forma en que tú me estas afectando a mí.

Es el último día antes de la feria y ya hemos terminado todo. Ángela nos ha invitado a comer pizza y cervezas. Esta chica no tiene problemas de dinero al parecer.

Me imagino que por fin tendrás que salir de tu agujero y compartir.

En algún minuto siento un poco de pena … sé que estas asustado y me gustaría acercarme a ti y pedirte que no lo estuvieras… tranquilizarte…¡mierda! ¿desde cuándo me preocupa lo que tú puedas sentir?.. no tiene sentido.

Sacudo la cabeza queriendo eliminar estos últimos pensamientos y me siento en el suelo en el rincón más alejado a su estúpida oficina, como un mocoso taimado.

Lo veo salir del brazo de Ángela… nunca antes los había visto juntos, ¿son pareja entonces?… no, no lo creo, creo más bien que estas buscando apoyo en ella.

En cosa de pocos minutos hay varios chicos y chicas alrededor mío.

-¡Todo el mundo a comer y beber! – grita Ángela en cuanto entran las cajas de pizzas y las latas de cerveza. No me muevo de mi rincón.

Al poco rato  alguien me pasa un  trozo de pizza, un pito de marihuana y una botella de cerveza.

Roberto ha conversado con casi todos pero no se molestó en venir hasta esta esquina.

Las pizzas y la cerveza no duraron mucho rato. Alguien sacó de pronto un par de botellas de algo más fuerte y el trago comenzó a circular como si fuera agua.

Reconozco que bebo bastante seguido pero la sensación de emborracharse me parece detestable así es que soy bastante controlado para beber.  Mi vista está pendiente de los movimientos de Roberto. Sigue sentado cerca de Ángela y esta le pasa, cada cierto rato, un trozo de pizza o una cerveza.

Él la toma sin siquiera mirarla a ella y se lo traga…

No hay amor entre esos dos. Me queda claro con su lenguaje corporal, tienen afinidad, se complementas pero pasión?, amor? No hay nada de eso entre ellos.

La noche cae y seguimos en esta sala, alguien ha puesto música y el licor ha hecho que se suelten las trabas, estamos reunidos en grupos y conversamos y nos reímos bastante.

Cerca de la medianoche algunos comienzan a marcharse. Roberto no da señales de moverse ni Ángela tampoco. Estoy algo cansado. Sin decirle nada a nadie camino hacia el estacionamiento, me subo a mi moto y me voy rumbo a mi departamento, desilusionado, algo decepcionado pero aún pensando en que sigue siendo un desafío muy interesante. Me pregunto cuánto tiempo me durará antes de que comience a aburrirme.

Cuando ya estoy cerca de llegar siento algo de frío y me doy cuenta que me olvidé en la sala mi chaqueta de cuero… ¡maldición!. Le tengo un cariño especial a esa chaqueta.

 

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