Capítulo 10

Se había acostumbrado bien a su nuevo lugar. Ya no quedaban restos de ninguna caja ni nada que indicara que era nuevo en el departamento. Los cuadros estaban colgados, la loza guardada, la ropa en el closet y, como siempre, todo estaba prolijo y ordenado.

Era bastante tarde cuando Cristián volvió a su hogar. Dejó el bolso con sus cuadernos y laptop sobre el sillón, con un gesto cansado. Venía de su nuevo trabajo. Quedaba lejos y tenía que volar de clases al trabajo para llegar a tiempo. Era una empresa grande y moderna que permitía diversidad de horarios al tener servicio las 24 horas para sus clientes. Le gustaba su nuevo empleo. El lugar era limpio y sano. Nada de jugadas sucias como las de su antiguo jefe. Obviamente no ganaba lo mismo que el dinero contaminado que había alcanzado a recibir pero al menos se sentía bien, tenía su conciencia tranquila y le alcanzaba, incluso, para comenzar a ahorrar nuevamente. Lo único malo era llegar a casa pasada la medianoche. No importaba… no tenía más que hacer… ya se estaba acostumbrando como lo había hecho con todos y cada uno de los grandes cambios que había enfrentado en su vida.

Abrió el refrigerador… se detuvo mirando el contenido… más por costumbre que por verdaderas ganas de comer… había perdido un par de kilos en los 2 meses que habían transcurrido desde que se mudara… en realidad no tenía hambre… se olvidaba de comer entre la prisa por correr de los estudios al trabajo y viceversa… su vida se limitaba a estudiar y trabajar.

Cerró el refrigerador sin sacar nada. Bebió agua fría y decidió que estaba demasiado cansado para hacer cualquier otra cosa. Dormir… olvidarse de todo y solo dormir.

Al salir del baño, se quitó la ropa y se metió en la cama. Le gustaba la sensación de las sabanas limpias y frías en su piel. Apagó la luz, soltó todo el aire de sus pulmones y cerró los ojos agradeciendo la comodidad…

Oscuridad…

Silencio…

Solo dormir…

Juanfe…

Abrió los ojos bruscamente…

Ya iba a pasar… tenía que pasársele como todas las otras veces en que la imagen de Juanfe, excitado con sus besos y caricias, aparecía en su mente…

Se propuso pensar en algo diferente. Volvió a relajarse… su clase… sus compañeros… se vio a si mismo caminando en los patios de la facultad… apretó fuerte todos los músculos de su rostro…

¿Qué hacía Juanfe aún en sus pensamientos?…

Enojado consigo mismo, cerró fuerte los ojos… no… ahora no…  no quería pensar en él porque cada vez que lo hacía terminaba mal… cada una de las veces que se había dado la licencia para recordar su cara, sus conversaciones, su olor en la cama o los besos que habían alcanzado a compartir… terminaba con un dolor profundo en el centro del pecho… un hueco en el estómago… la urgente sensación de deseo en su bajo vientre… la necesidad de saber de él… no.. no.. NO!!

Encendió el televisor… daba lo mismo lo que estuvieran pasando… se concentró en mirar las últimas escenas de una película…

No estaba funcionando… se suponía que tenía que ir olvidándolo… dejando de pensar en él… apretó aún más fuerte los labios…

Fuera!!… fuera de mi mente!!!

Sus ojos enfocados en la pantalla… no estaba viendo…

Solo eran luces difusas…

Las imágenes que su mente se empecinaba en mostrarle una y otra vez eran mucho más poderosas…

Juanfe sentado frente a él en la mesa del viejo departamento… ponía esas caras y gestos que hacía cuando no entendía algo y trataba desesperadamente de comprender, sin preguntarle, porque sabía que él también estaba estudiando… podía ver con toda claridad los gestos de su boca, la mano apretando el lápiz… su piel pálida y delicada… el suave pelo cubriendo parte de su rostro… le producía ternura… ahora entendía que eso que había sentido cuando miraba a Juanfe era ternura…

En la siguiente imagen, Juanfe estaba sobre su cama con los audífonos puestos y el televisor prendido… ¿por qué hacía eso?… o escuchaba música o veía tele… siempre hacía las dos cosas… a veces lo desesperaba… lo encantaba…  era un pendejo chico… Cris sonreía en su cama al recordarlo…

No…  esas no… eran las imágenes que más temía…

Apretó los puños y se preparó anticipando el dolor que vendría…

Ahora Juanfe estaba pidiéndole que le enseñara… lo traía de vuelta del pasillo… lo sentaba frente a él… le tocaba los labios… su pulgar movía su labio inferior… era suave y caliente… esa textura húmeda… le abría un poco la boca y Juanfe, obediente, hacía todo lo que le pedía… su imagen grabada a fuego en sus recuerdos… tan lindo… los ojos grandes mirándolo directamente… desesperado por aprender… el chico no sabía besar… pero esos besos eran los mejores de toda su vida… recordaba…

Ya… ya estaba comenzando a molestarle… tenía que dormir y dejar de pensar…  ahora Cris… ya déjalo.

Tocarlo lento para no asustarlo… esa forma diferente de seducir… con calma y ternura… ver sus ojos abrirse asustados con cada nueva caricia atrevida para luego calmarse y entonces encenderse de excitación… recordaba el borde de su camiseta… El la había levantado para quitársela mientras Juanfe levantaba sus brazos… su respiración algo errática… era un niño… delicado…  delicioso… seguía teniendo ganas de besarlo y morderle sus hombros, su pecho y su cuello… de marcarlo intensamente, con sus dientes y su boca… explorar todo lo que le había faltado por conocer y tocar…

Ya está… ya lo hiciste idiota… ¿ahora estás satisfecho?… nuevamente todo lleno de angustia y dolor… ¿porqué sigues pensándolo?…. te gusta el sufrimiento…

Apagó la tele… el cuarto quedó a oscuras y en completo silencio… Cristián respiraba como si estuviera a punto de llorar…

Recordó la maldita noche en que lo conoció… un crío inexperto preparado para conquistar el mundo con su sonrisa confiada y tan llena de vida… no había alcanzado a dar ni un paso cuando la realidad del mundo lo noqueó y lo dejo sangrando y herido… ¿Qué habría sido de Juanfe si él nunca se hubiera cruzado en su camino?…

¿Qué haces ahora, Juanfe?…

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El Capitán de la brigada de Delitos Informáticos de la Policía de Investigaciones era un hueso duro de roer. No era conocido por ser el mejor en las artes marciales ni las armas… de hecho ni siquiera se destacaba por su agilidad física ya que era un poco gordito y no demasiado alto a sus 42 años… pero todo se le perdonaba… cuando alguien tenía un caso complicado y necesitaba de las habilidades de Ramírez, jamás salía decepcionado: el detective siempre veía bajo el agua y encontraba al culpable con tenacidad inquebrantable. Su inteligencia era sobresaliente y su habilidad frente a un computador era para todos sorprendente. Dirigía la unidad con mano de hierro y jamás, nunca jamás descansaba hasta encontrar lo que buscaba.

El caso de la estafa de impuestos había comenzado como una denuncia anónima recibida en su correo electrónico. Recibía muchas denuncias pero ésta en particular, le llamó la atención por la brevedad de la nota, la seguridad de las palabras y la cantidad de archivos que acompañaban al correo.  Luego de abrir el primero, tuvo la seguridad de que todo era verdadero y enorme. El caso estaba claro. Varias empresas de conocidos hombres de negocios que en este momento estaban detenidos en espera de una condena. Eso ya no lo preocupaba. Había logrado demostrar su culpabilidad… pero Ramírez no estaba tranquilo.

Más allá de la culpabilidad de los imputados, había algo que lo molestaba… y que quería resolver para estar tranquilo… ¿Quién era el denunciante anónimo?…

A Ramírez siempre le llamaba la atención la gente inteligente y sagaz. Veía un cerebro astuto, organizado, hábil y capaz tras esta denuncia… ¿Qué la había originado?… ¿Por qué esa persona quiso denunciarlos?… ¿qué había obtenido al denunciar?… le faltaba algo para completar el puzle… odiaba no saberlo todo.

Reconoció el sistema fácilmente… nada simple… complejo pero delicado, bien hecho… ¿era la huella de un experto?… Pocas veces alguien despertaba su admiración pero quien hubiera hecho esto lo había conseguido.

El denunciante se había infiltrado y logró tener acceso directo a la base de datos… le costó un muy breve esfuerzo darse cuenta de que el equipo estaba intervenido. El denunciante había dejado su huella en la forma de un pequeño dispositivo… pero ya no había un aparato receptor… seguramente lo había destruido… no quería ser encontrado… no quería el reconocimiento ni los créditos. Eso llamaba aún más su atención.

Ramírez había supuesto todo. Se imaginó que el acceso lo logró por medio de la empresa que prestaba mantención a los equipos… ¿era uno de los miembros del equipo en busca de venganza?… ¿por qué?… ¿qué más había detrás?… Las interrogantes sin respuestas no lo dejaba en paz… necesitaba saber.

Habían tomado declaración al dueño de la empresa de servicios computacionales que hoy se encontraba entre los detenidos… pero no había logrado obtener más información sobre quien pudiera ser… en medio del escándalo generado nadie se preocupó demasiado de revisar en busca del denunciante.

No… definitivamente no estaba tranquilo… no lo necesitaba para el caso pero quería identificarlo. Se había vuelto personal… quería conocerlo y Ramírez no se detendría hasta lograrlo.

Movió el mouse, abrió el caso y comenzó a investigar en su busca… toda la información estaba ahí… solo había que saber encontrarla.

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El fin del año escolar se acercaba y por primera vez Juanfe no estaba entre los más sobresalientes.  Ya no peleaba ni discutía con nadie… simplemente ignoraba y no escuchaba. Se sentaba callado en uno de los últimos asientos y miraba por la ventana o simplemente se quedaba como estatua esperando que pasaran las horas… algunos días ni siquiera iba al colegio…

Enrique lo había buscado e intentaba animarlo… pero estaba irremediablemente triste y nada lo hacía reaccionar y salir de la aparente apatía… Aún lo llamaba de vez en cuando…Juanfe no respondía al ver su número. No tenía nada contra Enrique… es solo que su amigo tenía demasiada energía y entusiasmo y él no quería hablar con nadie, mucho menos salir.

Está cayendo en depresión” había dicho el doctor y le había dado unas pastillas que tomaba cada día. Lo había citado para que volviera a conversar con él. Juanfe nunca fue… no iba a contarle su vida a un extraño… sabía que era un médico… pero él no estaba listo para hablar con nadie más.

Ni siquiera las noticias de la detención de Adrián le interesaban…

Su madre era la única que podía acercarse a él. A veces se pasaba la tarde entera hecho un ovillo en un mismo sillón… ella llegaba silenciosa y lo abrazaba… lo acunaba y le pasaba las manos por el pelo en gestos de cariño. Juanfe se quedaba quieto agradeciendo el contacto que le recordaba que estaba vivo…

¿Por qué nunca más le había hablado?… ¿Acaso no lo extrañaba como él?… ¿Cómo había podido olvidarlo tan rápido?…

Su madre y él lo habían buscado en muchas partes… el antiguo trabajo de Cris ya no existía… no estaba en la universidad… lo intentó buscar en otras partes pero nunca tuvo suerte… era como si la tierra se lo hubiera tragado… desapareció sin dejar ninguna pista…

Lo que más dolía era saber que Cris no lo extrañaba ni lo necesitaba como él…

– Es una etapa, hijo. Ya va a pasar

Deseaba que así fuera…

Ella lo acompañaba todos los momentos libres que tenía. Se habían vuelto muy unidos y agradecía mucho la fuerza de su madre y su capacidad para aguantar su ritmo… sin escándalos por lo sucedido, sin regañarlo por no moverse, sin gritarle ni presionarlo… solo su tranquila presencia a su lado… haciéndole sentir que estaba ahí para él… lista para actuar cuando lo necesitara.

Juanfe esperaba…

Al principio había esperado cada minuto pegado al teléfono…  Cris tenía que llamarlo… se veían todos los días… por supuesto lo iba a echar de menos y lo llamaría… seguramente tenía algún problema que le impedía llamarlo… lo solucionaría en cualquier momento… Cris siempre solucionaba todo…

Cuando pasaron varias semanas se dio cuenta, con enorme tristeza, que Cris no lo echaba de menos, no lo necesitaba… no iba llamarlo. Su sentimiento no era compartido…

Se quebró como cuando una piedra se estrella contra un vidrio… nada suave ni progresivo… Juanfe se rompió totalmente, de un día para otro, al darse cuenta que Cris no iba a volver… lo había programado todo para desaparecer sin dejar huellas… comprendió no lo encontraría a menos que Cristián quisiera verlo…

Lo echaba de menos…

Cada día, cada minuto, lo echaba de menos y dolía mucho saber que, tal vez, no lo iba a ver nunca más…

Dos meses de enorme soledad… de sentir el corazón roto… de derramar millones de lágrimas… de intentar salir a flote…

Cristián…

Pensaba mucho en él…

Su nombre dolía… se sentía un vacío negro y hondo que el cariño de su madre no podía llenar.

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Cristián despertó asustado y se sentó de golpe en la cama… estiró la mano y rápidamente encendió la luz… respiraba agitado y su cuerpo esta bañado de sudor… aún sentía la angustia de la pesadilla…

¿Por qué lo atormentaba en sus sueños?…

Mientras dormía, su mente mezclaba las cosas… veía a Juanfe en la disco donde lo conoció, llegaba todo alegre y curioso… era un niño buscando aventuras… Adrián se le acercaba… él intentaba advertirle y arrancarlo de su lado pero Juanfe le gritaba que lo dejara en paz… que lo había abandonado y no era su amigo… que lo había dejado botado… se iba con Adrián a los baños… él sabía lo que iba a suceder y le gritaba desesperadamente que escaparan juntos… quería evitarle el sufrimiento…  Juanfe lloraba mientras era tironeado y le decía que no era su amigo… que lo había abandonado…

Dios!!! Que estúpida pesadilla… no era primera vez que soñaba lo mismo…  Saltó de la cama totalmente despierto. Buscó un vaso de agua fría y lo bebió hasta el fondo.

No había que ser muy listo para entender el significado del sueño…

¿Se sentía culpable de haberlo dejado solo?…

Excusas… solo estaba inventando excusas.

Juanfe no estaba solo. Tenía a su amigo…

Se dejó caer en el sillón…

¿Habría aprendido con Enrique todo lo que él no alcanzó a enseñarle?…  apretó fuerte el vaso entre sus dedos… Cuando se dio cuenta de que estaba a punto de romperlo, dejó el vaso sobre la mesita… se tomó unos instantes para no hacer nada más que mirar al vacío…

Tenía sus estudios, su trabajo, una vida tranquila… metas que cumplir… nadie lo molestaba ni lo interrumpía… no necesitaba a nadie… ni nada…

Nadie lo hacía sonreír…

Nadie lo necesitaba…

Nadie lo divertía con su conversación y sus ideas locas…

Nadie cenaba con él…

Nadie dejaba su olor en su cama…  su olor a niño…

Nadie gemía y le entregaba su cuerpo para que lo besara…

No. Se llevó las manos al rostro… necesitaba despejar su mente… esto estaba pasando todos los límites…

Dos meses sin saber ni una palabra de él…

Podía seguir aguantando…

En algún momento se iba a pasar…

Se levantó de prisa y se metió a la cama molesto… apagó la luz de un manotazo innecesariamente violento…

Dormir… trabajar y estudiar… nada más… esa era su vida y en eso tenía que enfocarse… metas que cumplir… sin distracciones.

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El teniente Ramírez también estaba despierto a la misma hora.  Miraba la pantalla en su oficina y sonreía…  Lo había descubierto, siempre lo hacía.

Existía alguien más, alguien que, por alguna razón desconocida, ni el tipo de la tienda de computación ni ninguno de los otros habían mencionado… ¿Por qué?… ¿reservado para venganza personal?… posiblemente… ¿qué era lo que había detrás de todo esto?… casi podía sentirlo… faltaba algo..

Ahora estaba aún más intrigado sobre este desconocido… pero aquí… al revisar los datos sobre su tienda, lo había descubierto. Tenía un nombre. Podía comenzar a investigarlo.

– Cristián… de seguro tienes mucho que contar- dijo mirando el nombre que había escrito en un papel…

Apagó el computador y se fue a su casa. Nadie lo esperaba. El trabajo era su vida. Era un solitario pero al menos estaba tranquilo.

Alrededor de las 3 de la tarde del día siguiente ya tenía una dirección, un rostro. La imagen que se había hecho en su mente no coincidía con este chico de mirada fría, ojos oscuros y pelo largo. Se había cambiado hace poco de universidad. La fecha coincidía con la denuncia. ¿Quién era este chico?

Ramírez se encontró haciendo algo que iba en contra de todos sus principios. No había causa alguna contra Cristián, no tenía motivo para perseguirlo pero quería saber sobre él… seguía intrigado… algo en las piezas del puzle seguían sin calzar.

Se tomó el tiempo para encontrarlo en la universidad. No fue difícil. Durante un par de días lo siguió. Era la imagen de otro solitario. Trabajaba, estudiaba y no tenía tiempo libre. No se juntaba con nadie y su teléfono apenas si recibía o hacía llamadas. Casi no sonreía.  No existían cuentas bancarias con dinero a su nombre excepto una normal, con una pequeña cantidad… no parecía ser miembro de una pandilla ni de la mafia… siempre tenía su laptop cerca y trabajaba en una empresa de servicios de computación donde hacía bien su trabajo..

Al cabo de varios días había llegado a un par de conclusiones: primero, tenía la absoluta seguridad de que Cristián era quien había enviado el mensaje. Ahora solo necesitaba descubrir la razón y segundo, quería conocerlo. Lo intrigaba la seriedad y el tipo de vida esforzada. Tenía una idea en su mente.

Lo esperó en la entrada de su edificio a que llegara en la tarde. Era el único día libre de Cristian en el trabajo. Lo vio acercarse con una par de bolsas de supermercado. Lo siguió de cerca. Ramírez tenía aspecto de buena persona. No intimidaba hasta que comenzaba a hablar.

Cuando Cris se detuvo a buscar la llave para abrir su departamento, Ramírez se acercó.

– Nadie te mencionó. Tu nombre no aparece en ninguna parte

Cris se volvió bruscamente a mirarlo, sorprendido de la conversación de un extraño

– Perdón… ¿me habla a mi?- respondió poniéndose a la defensiva

– Ni tu antiguo jefe ni los empresarios que denunciaste… ninguno de ellos te mencionó

Cris sintió una corriente fría recorrer su espalda. Soltó las bolsas listo para defenderse de este extraño… su respiración acelerada… sus puños apretados… pensó que ya estaba fuera de todo…

– No sé de qué habla. Me está confundiendo con otra persona

Trató de abrir rápido con la intención de cerrar pronto y dejarlo fuera… pero estaba nervioso y su mano temblaba

El extraño permaneció en silencio unos instantes. Luego, muy lentamente, se abrió la chaqueta y tomó una placa que le enseñó.

– Detective Ramírez. Quiero hablar contigo

Sintió un alivio muy grande al saber que no tenía intenciones de dañarlo… no era un mafioso, era un detective, pero a la vez seguía intentando querer negarlo todo… maldición!!! Eso era el pasado y debería estar enterrado, olvidado.

– No tengo nada que hablar con usted

– Nada que hablar… entonces, solo escúchame.

Ramírez hablaba lento, confiado…

Cris quiso fulminarlo con la mirada… pero se equivocó rotundamente. Ramírez no era belicoso ni agresivo. Tenía un aire tranquilo, pausado, demasiado confiado… Supo que no tenía sentido intentar negar nada. El detective que tenía frente a él estaba seguro…

Tomó la chapa de identificación que le había mostrado con un movimiento brusco y la examinó para comprobar si era real. Se la devolvió con otro gesto poco amigable.

Abrió la puerta, tomó las bolsas y entró. No cerró la puerta… pero tampoco lo invitó a pasar.

Ramírez entró observando todo detalladamente. Era un buen observador y podía sacar muchas conclusiones, rápidamente, tan solo al mirar el ambiente que rodeaba a las personas.

Solitario… fue su primera conclusión. No había signos de compañía o una pareja, organizado, eficiente.

Cris dejó las bolsas en la cocina mientras se tomaba unos minutos para tranquilizarse. No le gustaba nada todo esto… absolutamente nada.  Casi lo había descartado de su cabeza. Pensó que estaba fuera de peligro…

– ¿Por qué lo hiciste? – preguntó Ramírez asomando en la puerta de la cocina

– ¿Acaso importa?

Cris se encogió de hombros

Bien. Cristián no se dejaba intimidar. Acababa de reconocer su participación aunque Ramírez ya  sabía eso. No iba a hablar… y él quería saber.

– Si. Importa

Volvieron a la sala. Aunque no lo habían invitado, Ramírez se sentó frente a Cris.

– Me molestan los ladrones

Ramírez sonrió incrédulo, seguro de que a Cristián los ladrones le importaban un rábano.

– ¿Sabes cuánto tiempo estarán en la cárcel?- pregunto Ramírez a quemarropa

La pregunta desconcertó a Cris. Mucho… esperaba que mucho tiempo…

– Las penas por delitos económicos son cortas. Por eso nadie te mencionó

Se miraron fijamente. Cris estaba comenzando a entender.

– Quieren encargarse de ti en persona-

No supo que decir… esto no estaba en sus planes… ¿encargase de él?… entonces… ¿sabían?… el silencio era peor que los gritos… por eso nadie lo buscó… esa era la razón…

– ¿Cuánto tiempo?

– 5 años, máximo

5 años… alcanzaba a terminar su carrera y luego a desaparecer… pero… cómo?… dónde?… tendría que buscar una nueva identidad… nunca podría llegar muy lejos… Dios!!Juanfe!!! … no podría verlo nunca más… llegarían a Juanfe a través de él y entonces Adrián entendería todo…

Pensaba a toda velocidad… confundido… enredado…

Ramírez observaba el caos que estaba causando en la mente de Cristián. Era lo que buscaba.

– Voy a confesarte algo, Cristián. Estoy aquí por mi cuenta. No es una misión oficial. Quería conocerte

– ¿Por qué?

– Tú me cuentas tus motivos y yo te ofrezco una solución

Sus motivos eran privados… además… ya no importaba… Juanfe estaba lejos… ya no quedaba nada más que los recuerdos dolorosos.

¿Solución?… ¿Qué solución podría ofrecerle?

– Tenía motivos personales para hacerlo

– Si. Sé que fue personal ¿Cuáles motivos?

Fue extraño. Cristián, que nunca hablaba con nadie más allá de lo necesario, sintió que podía confiar en este hombre mayor que le hablaba con franqueza. Había algo en la aplastante seguridad del hombre que lo inducía a confiar.

Lo miró largamente… analizándolo, antes de decir…

– Venganza personal

Ramírez sonrió. Estaba comenzando a despejarse la interrogante.

– Dime más

– Uno de ellos le hizo daño a una persona que me importa… importaba- se corrigió a sí mismo. Ya no debería importarle – quiero que se pudra en la cárcel

Diablos!!! Se sentía bien decirlo…admitir que había sido él. Pero no diría nada más. Lo que callaba involucraba a Juanfe.

Ramírez suspiro aliviado.

– ¿Qué tipo de daño?

– Del peor de todos

Ramírez comprendió que Cristián no hablaba de dineros ni de impuestos. También supo que esto era lo más que podría presionar por ahora.

– Está bien. Ya me contarás todo más adelante

Cris no supo si reír o enojarse. Ramírez hablaba con tanta soltura y confianza… como si creyera que todo lo que decía fuera a suceder… ¿Cuándo esperaba que le contara?… estaba loco… no le diría nada más…

Iba a pedirle que se fuera pero el detective empezó a hablar.

– Te investigué. Sé todo sobre ti y te voy a dar una oportunidad

Cris alzó las cejas… ¿Oportunidad?…

Esto era lo máximo… los equipos y lo que podía lograr con ellos era realmente el sueño de toda su vida… se sentía un niño frente al mejor juguete del mundo… todas las horas que pasaba ahí le parecían segundos… nunca tenía suficiente ni nunca se cansaría de esto…

Había pasado apenas una semana desde la conversación con el detective Ramírez.

Quizás por mera curiosidad o por sentirse halagado, Cris aceptó lo que Ramírez le ofreció y fue al día siguiente a las oficinas del detective… tímido y receloso… aún pensando que podía ser una trampa…

Ramírez lo esperaba. Lo recibió bien y le mostró el lugar, le explicó lo que hacían y los equipos que tenían.  Cris deseó no moverse de ahí nunca más.

Le había ofrecido la oportunidad de entrar a la Brigada de Delitos Informáticos. Al principio solo sería un aprendiz… tenía muchos cursos que tomar y demasiado que aprender, pero sería tratado en forma especial si demostraba tener habilidad…

Ramírez lo puso a prueba: le dio una semana de plazo para descubrir algo nuevo del caso en el que trabajaban. Le sobraron días. Cada hora libre que tenía se sentó frente a los computadores del lugar. Al tercer día Cris llegó con la respuesta.  Ramírez apenas sonrió aunque se sentía orgulloso. Su instinto no fallaba. Había visto en Cris su propia imagen de cuando era niño

– Te tienes que cortar el pelo y vestir decente si quieres seguir aquí

Fue todo lo que Ramírez comentó.

Cris sonrió. Entendió que esa era la manera del detective de decirle que lo había hecho bien y la oferta seguía en pie. Estaba aprendiendo a conocerlo. Era más frío que él y su mente analítica era admirable.

– Mi pelo no está en discusión, señor

por primera vez en su vida, Cris sentía que alguien se merecía su respeto. Le gustaba este hombre que lo trataba bien sin más interés que sus habilidades. Lo hacía sentir importante y le estaba ofreciendo la mejor posibilidad de su vida. Todos comentaban que Ramírez era frío y duro… pero él tenía otra opinión. Lo sentía cercano. Lo entendía.

Salió del edificio de Investigaciones sintiéndose bien… como hacía mucho tiempo no se sentía. Dios!!! sí le gustaba la idea de trabajar en esto… era como tener licencia para  hackear e investigar a medio mundo… descubrir los crímenes y castigarlos… era una imagen romántica del trabajo… lo sabía… pero era muy entretenido… lo quería.

Caminaba ágil y liviano… el viento jugó con su pelo dejándoselo sobre los ojos… ¿cortárselo?.. nop… no pensaba hacerlo…  Juanfe le había dicho tiempo atrás que le gustaba su pelo largo…

Juanfe…

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