Miguel Capítulo 12

Miguel

Gonzalo me pasó a buscar temprano en su Jeep. Comencé el viaje bastante mal humorado, sin preguntar siquiera hacia dónde íbamos… pero mi ánimo cambió a curiosidad cuando me di cuenta que estábamos saliendo de la ciudad. Recién entonces me digné mirarlo… Gonzalo se ve muy bien hoy, aunque siempre viste ropa oscura y una camisa clara, hoy se ve… diferente. Su rostro es varonil y atractivo. Se da cuenta que por fin lo he mirado

– Buenos días

 

– ¿Dónde vamos?

 

– Al puerto, tengo que ver algo allá

 

El puerto es un lugar precioso a más de una hora de la ciudad. No he estado antes ahí. Gonzalo se demora una rato en conversar con algunas personas. Lo espero en el jeep. Me sorprendo mirándolo repetidas veces y dejándome impresionar por su forma autoritaria y segura de moverse y hablar con las otras personas… me gustaría ser así, me gustaría tener la personalidad y el carácter de Gonzalo, parece manejar todo con soltura y firmeza.  Una vez que termina conduce hasta un lugar que para mi resulta ser un sueño, es un museo que cuenta con exhibiciones de arte bastante famoso a nivel nacional… me entusiasmo sobremanera aunque , como siempre que estoy con él, trato de que no se me note lo mucho que me gusta.

– ¿Qué hacemos acá?- pregunto entrando y rogando que no se le ocurra dar media vuelta

– mmmhhh, necesito un par de cuadros

 

– ¿Vas a comprar?

No puedo evitar demostrar entusiasmo

– Si.. necesito tu asesoría

Me abraza y se ríe… es un abrazo casual… de amigos, de hermanos… de personas que se estiman… pero igual me pone nervioso.

Me demoro mucho en mirar todo… es inmenso y me gustaría quedarme aquí para siempre. Gonzalo no parece apurado, está más interesado en mirar mis reacciones que en lo que se exhibe.

– ¿Qué tipo de cuadro? ¿Para qué lugar lo quieres?

 

– Solo elige lo que te guste… es para mi departamento

 

Después de una hora he seleccionado 3 cuadros que me encantan, de pintores jóvenes pero ya conocidos y a un precio escandalosamente caro. Gonzalo no se desgasta mucho… los mira y elige dos. Paga sin problemas y salimos con los cuadros.  Estoy muy entusiasmado, me ha encantado la experiencia

– Algún día tus dibujos serán exhibidos en un lugar como este

 

– No lo creo… pero me gustaría

 

– Ten fé Miguel… cree en ti

 

Fuimos a almorzar a un precioso restauran frente a la playa, acogedor, cálido, nada de lugares elegantes y lujosos que me hacen sentir incómodo y fuera de lugar. La comida estaba deliciosa… Gonzalo estaba… agradable. Me sentí observado, estudiado. Tuve esa sensación desde que me subí al jeep en la mañana… Gonzalo está estudiándome y analizando mi comportamiento y reacciones, no sé con que propósito. Al terminar el almuerzo Gonzalo recibe una llamada y debe volver a reunirse con otras personas.

– Miguel… mantén la boca cerrada y no hagas nada estúpido

Esta vez lo acompaño. Es un hotel grande y elegante. Lo sigo hasta uno de los salones en que cinco hombres ya mayores lo esperan. Las miradas se dirigen interrogativas hacia mi.

– No hay problema – explica Gonzalo – es de mi confianza– dice refiriéndose a mi.

Se sientan y comienzan a discutir sobre precios y plazos de entrega de  mercaderías. No doy crédito a mis oídos cuando escucho las cifras de las que están hablando sin embargo permanezco mudo e impasible, tratando de no reflejar ninguna de las intensas emociones que esto me despierta. La reunión no dura más de 30 minutos y estamos de vuelta en el vehículo

– ¿Quiénes son? –  Gonzalo me mira serio, dudando y luego parece decidirse a responderme

– Los que controlan el puerto

 

–  la mercadería… ¿Qué es?

 

– No preguntes tanto Miguel

– Pero quiero saber…- me ha entrado la curiosidad…¿en serio estuve en la misma sala con los capos del puerto???!!! ¿en que mundo se mueve Gonzalo??!!

– Todavía no mocoso… todo a su tiempo

 

Su repuesta me desilusiona y lo reflejo en mi gesto……  le causa risa a Gonzalo

– ¿Qué te gusta Miguel?… además de dibujar

Está conduciendo por un camino distinto… no sé hacia dónde vamos. ¿me está preguntando en serio?

 

– No sé… ¿a qué te refieres?

 

– ¿Que te gusta hacer, comer, escuchar… todo?

 

– ¿Quieres saber de mi??!!

Me parece tan extraña coincidencia… llevo esta semana entera hablando con Daniel sobre nuestros gustos… jamás antes lo había hablado con nadie y tal parece que de pronto es lo único sobre lo que debo  hablar

– Pues…

Le cuento un poco sobre lo que me gusta y le pregunto de vuelta… las cosas que le gustan a Gonzalo son… normales. No sé por que esperaba algo extraño… no tengo claro qué, pero pensé que sus gustos por la comida, deportes y otros serían fuera de lo común… pero no, compartimos varios intereses… la música es lo único en lo que nos diferenciamos enormemente… Gonzalo dice que ama la opera entre otras… a mi me parece un montón de viejas gordas chillando y no puede gustarme.

– Te voy a enseñar sobre la opera Miguel… te va a gustar

 

No lo creo pero no discuto… está de muy buen ánimo y me ha contagiado.  Al cabo de un rato dobla por un camino lateral y solitario, se alcanza a ver el mar muy cerca y detiene el vehículo.

– Ven conmigo mocoso

Caminamos un par de minutos y nos detenemos frente a un acantilado, no es demasiado alto, 12 metros tal vez, pero suficientes para apreciar la extraordinaria belleza del paisaje. Gonzalo se sienta sobre una roca gigante en el borde del acantilado y enciende un cigarrillo. Fuma en silencio absorto en la contemplación del mar y todo el borde costero. Me siento lejos de él, en la misma roca.  Es extraño verlo así… tranquilo, soñador… me esta mostrando facetas suyas que ni siquiera imaginaba.

– ¿Quieres bajar?

Se pone de pie y comienza a caminar por el borde del acantilado. Lo sigo curioso. Un par de metros más allá veo un pequeño sendero que serpentea hacia abajo. Es apenas una huella extremadamente peligrosa que se desliza en zigzag hacia la playa. Gonzalo me mira desafiante. No quiero intentarlo… demasiado arriesgado. De pronto está a mi lado. Me abraza por la espalda, sujetando fuertemente mis manos.

– Es una prueba Miguel… una prueba de confianza…

 

– ¿Qué?

No sé de qué habla pero mi instinto me indica peligro… me guía hasta el inicio del camino.  Quiero retroceder. Una de sus manos me suelta pero la otra me mantiene atrapado.

– No te muevas

 

Aunque quisiera no podría… estoy entre su cuerpo y el borde del acantilado. En su mano sostiene una venda… noooo, ni de broma

– NO Gonzalo… no quiero

Se ríe… Me gira y pone la venda sobre mis ojos. Muevo mi cabeza, intento manotear pero me gana…

– ¿Confías en mi Miguel?

No… ¿por qué habría de confiar en él?… no me gusta este juego… no quiero continuar

– Gonzalo, por favor…en serio no… no quiero

Aprieta la venda fuertemente y me quedo sin ver absolutamente nada… solo oscuridad y de pronto los sonidos que me aturden momentáneamente… sus manos aun sujetan las mías.  Lo siento pasar delante de mí y comenzar a descender… tira suave pero firmemente de mi.

– Ven… no te voy a dejar caer Miguel

 

– ESTAS LOCO?!!… por favor nooo

Avanzo unos cuantos pasos tirado… forzado por sus manos… el camino desciende y esta algo resbaloso… me sujeto con fuerza de sus manos… es lo único que tengo. Gonzalo no se queda callado… su voz me sirve de guía

– despacio… camina… otro paso..

Pero estoy terriblemente asustado… ¿eso es lo que está buscando con este juego de horror?… ¿asustarme?, ¿verme suplicar?… mi orgullo entra en el juego. No vuelvo a hablarle. Me callo, me guardo mi miedo y mis ganas de llorar y patear y quedarme quieto y no moverme… me aterra pensar que dependo completamente de él….trato de pensar racionalmente que debo hacer… no puedo mas que confiar en que me llevará hasta abajo… si caigo yo, lo voy a arrastrar conmigo… ¿Qué mierda esta intentando probar?… de nuevo lo mismo.. en cuanto empiezo a sentirme tranquilo y confiado a su lado, me sale con alguna estupidez… me tomo aún más firme de sus manos, mis sentidos se agudizan… escucho el crujir de hojas, el sonido de sus pies y los míos al avanzar… el sonido del viento y de las olas al reventar en la playa… una vez más quiero matarlo… pero en serio matarlo. Seguimos avanzando por un tiempo que se me hace eterno y de pronto me suelta… me quedo inmóvil, momentáneamente aterrado… no me atrevo a moverme y me quito la venda… estamos en la playa, Gonzalo esta un par de pasos delante de mí dirigiéndose hacia el mar… no lo dudo pero ni un segundo y con toda la rabia hirviendo en mi, corro hasta estar lo suficientemente cerca y le aplico la mejor de mis patadas que lo hace doblarse y quedar de rodillas en la arena. Me alejo un paso y espero su reacción, listo para propinarle el siguiente golpe. Se levanta rápidamente y me mira sorprendido… quiero seguir… tengo la adrenalina a todo dar.. quiero golpearlo hasta cansarme… Gonzalo tira lejos sus zapatos y la chaqueta… sin quitarme los ojos de encima se prepara para pelear conmigo… sé que es mejor que yo, pero no puedo detenerme… confío en poder darle al menos un par de buenos golpes… el primer golpe me da de lleno en las costillas pero logro darle a él también… fuerte, en la cadera…lo obligo a retroceder y se enoja… el segundo golpe me da en el hombro y me tira fuerte hacia atrás… intento golpearlo en la cara pero fallo terriblemente y Gonzalo me derriba al suelo en un solo golpe certero… le toma un segundo ubicarse sobre mi pecho, ambas piernas a mis costados, apresándome y sus manos sostienen las mías, mi respiración esta a mil por hora.. él también esta agitado…  Me mira tratando de decidir que hacer conmigo y con movimientos absolutamente precisos baja su rostro hasta mi y me besa con fuerza… ¡Dios! no se qué hago pero respondo a su beso con el mismo entusiasmo…y más aún, muerde mis labios, su lengua es una intrusa que se mueve por toda mi cavidad hasta asfixiarme, suelta mis muñecas y automáticamente lo abrazo y lo atraigo hacia mi… no sé que estoy haciendo, creo que es producto de la adrenalina en mi… no quiero detenerme… quiero más de Gonzalo. Él responde de la misma manera, brutal, fuerte y algo cruel al herir mis labios y mi boca … pero me gusta.

– No te habría dejado caer

Le creo.. mierda, no se porque pero le creo. Miro sus ojos negros… su rostro me observa serio..

– Te creo… 

 

¿de eso se trataba?..¿ de dejarme rendido… vencido … de obligarme a dejar de desconfiar?…

Gonzalo se pone de pie mirando la hora en su reloj

– Me encantaría continuar Miguel… pero mi padre me espera dentro de una hora exacta en la ciudad… tenemos que irnos de prisa

Me extiende su mano para ayudarme a levantar… sin dudarlo la tomo e iniciamos el ascenso.

Ya en el jeep cierro los ojos y pretendo dormir… no puedo más de la confusión…¿Qué es lo que me ha pasado en estas horas?… todo, todo con Gonzalo es extremo.. o estoy al borde de un precipicio… literalmente..  o estamos en guerra… o me está besando con furia… nunca nada es tranquilo… suave, amable o gentil… todo es extremo… violento… excitante… mierda si es excitante!!! Pienso en Daniel, en sus ojos verdes tan dulces, en su exquisita sonrisa, en la expresión de su rostro cuando hacemos el amor…  Daniel me provoca sentimientos profundos, me apacigua, me hace sentir intensamente su cariño, quiero quedarme con él porque me hace sacar lo mejor de mi… en cambio Gonzalo parece despertar la bestia bruta que habita en mi ser…

Cuando llego a mi casa estoy rendido, emocionalmente agotado. El teléfono suena cerca de la medianoche… casi muero del susto al darme cuenta que no era Gonzalo

– Daniel!!.. me prometiste que…-

 

– Solo dime a qué hora nos vemos mañana

Está tratando de parecer firme pero reconozco un tinte de miedo en su voz…

– En el departamento Daniel… temprano 

Me da pena pensar que es nuestro último día juntos. Nos quedamos en silencio escuchándonos respirar

– Miguel… pensé en ti todo el día… ¿y tú?, ¿te acordaste de mi?-

 

– Mucho… quería estar contigo…

Es verdad, mil veces hubiera preferido pasar el día con Daniel

– ¿Qué… que hicieron?- 

Lo está incluyendo… quiere saber que hice con él… Sé perfectamente bien qué es lo que me está preguntando.

– No lo hice con él Daniel… – lo escucho suspirar aliviado

– Miguel… me sentí morir todo el maldito día… te imaginé…

 

– sshhhhh… no pienses más… mejor cuéntame otra cosa

 

– ¿Qué quieres que te cuente? – su voz está más tranquila

– No se… de tus aviones, de tu música… lo que quieras-

 

Daniel comienza a hablarme de la música que toca y de como lo inspira, escuchamos juntos su canción favorita, me cuenta de los aviones que ha armado… de sus compañeros de curso… de los problemas con su mamá… de su hermana… de su casa…. De las cosas que hacía cuando niño… Cuando nos venimos a dar cuenta hemos estado hablando casi una hora.

– No quiero cortar… quiero dormirme escuchando tu voz– me dice dulce

– Daniel…

No sé que decirle… no se que mierda hacer ahora… solo siento un nudo enorme en mi garganta y lágrimas que salen sin que pueda evitarlas

– Quiero dormirme contigo también

Esta última frase me sale entre llantos y él se da cuenta

 

– Miguel….

Daniel está llorando también… nos quedamos así… sin cortar

– Te veo en unas horas – me dice algo más tranquilo

– Si… buenas noches…- no quiero dejar de escuchar su voz

– Sueña conmigo Miguel…

 

– Y tu conmigo…

DANIEL

Hoy Salí más temprano que nunca de mi casa… el día domingo toda la casa se pone en funcionamiento más tarde de lo habitual. Sabía que Miguel también iba a estar esperándome temprano. Todos dormían en mi casa cuando me escabullí. Llegué al departamento y antes de tocar la puerta tuve que detenerme un momento a tratar de tranquilizarme… mis niveles de ansiedad y adrenalina están al máximo… este no puede ser el último día… no puedo creer que vayamos a dejarnos así como así nada más.  Toco el bolsillo de mis jeans y vuelvo a sentir la pequeña cajita en mi bolsillo. Ayer fue un día horrible; hice las cosas que normalmente hago pero no disfruté ni me pude concentrar en ninguna… todo lo que podía hacer era pensar que Miguel estaba con ese tipo e imaginar que estarían haciendo… me dolía el alma, el corazón se me estrujaba en el pecho de imaginar a otra persona tocándolo y haciéndole las cosas que solo yo quiero hacerle… no puedo soportar pensar que alguien más va a tocarlo,  a besarlo,  a tener sexo con el… ¿ese tipo va a hacer que Miguel gima y suspire como sólo yo he logrado que lo haga?… no… no es posible.  Los celos se apoderaron de mi y me hicieron sentir por primera vez unas ganas irracionales de hacer desaparecer de la faz de la tierra a esa persona que me va a quitar a Miguel…… siento que es mío… siento que Miguel quiere ser mío.

Al terminar mis clases de música me fui caminando hasta el mall… esta lejos pero necesitaba tiempo para pensar y organizar mi cabeza.  Al entrar el mall, una de las primera tiendas es un joyería… distraído en mis propios pensamiento me paré en la vitrina y contemplé, sin realmente ver, las joyas en exhibición hasta que mi vista se fijo en una pulsera doble de cuero trenzado con aplicaciones de oro y plata. Entré entusiasmado a verla y me encantó. Entre todas las aplicaciones, que parecen nudos y tachas, tiene una pequeña plaquita sobre la que se podía grabar lo que uno quisiera. Salí de la tienda y me senté en un café a dibujar en las servilletas, de forma lo más discreta posible, mis iniciales y las de Miguel entrelazadas. Una vez satisfecho con el diseño, volví a la tienda y pedí que me grabaran dos pulseras iguales, una para Miguel y una para mi. El grabado es pequeño y queda tan oculto entre todas las aplicaciones que hay que buscarlo para encontrarlo.

Miguel ya estaba esperándome en el departamento. Al vernos nos enredamos en besos y abrazos hasta que nos quedamos sin aliento, lo abrazo como sé que le gusta hasta que lo siento abandonarse en mi… pegado a mi, tranquilo

– Te extrañé- beso su pelo

– Y yo a ti- me abraza de vuelta.

– ¿Eres mío todo el día? – le pregunto y él se ríe

– Si… soy tuyo todo el día

 

– Ven conmigo entonces

 

Rápido, lo saco del departamento. Ya en la calle nos subimos a un taxi y le indico una dirección. Miguel muere de la curiosidad pero no le digo nada. Discretamente nos acercamos en el asiento y entrelazamos nuestras manos sin que el conductor lo note. Miguel se acerca a mi oído

– ¿Dónde vamos?

 

– No puedo decirte…

 

– Por favor….

Me suplica con voz lastimera y regalona. Lo miro a los ojos y veo su expresión de perrito perdido… pidiendo cariño… quiero besarlo ahí mismo, frente al taxista y al mundo entero… no me importa nada. Pero Miguel se da cuenta y retrocede con los ojos muy abiertos

– Daniel!!-  ahora es mi turno de hablarle al oído

– Te voy a besar

Le susurro y me quedo pegado a su cuello pero él retrocede más aún alejándose de mi alcance. Mi mano aún sostiene la suya y no pienso soltarla por lo que se vuelve a acercar pero continuamos el viaje en silencio. Cuando llegamos, el taxi se detiene y ambos descendemos

Miguel mira sorprendido hacia ambos lados del camino. Estamos frente a mi casa.

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