Miguel Capítulo 2

Miguel

El yeso del brazo me delató de igual manera y mi mamá se enteró de todas maneras que nuevamente había estado metido en problemas. Es tan difícil explicarle que los problemas no los busco yo sino que me persiguen. Ese viejo pervertido quiere convertirme en su zorra personal, lo odio. Mi mamá nunca me entiende ni sabe en lo que ando metido por eso intento ocultárselos de todas las maneras posibles pero gracias al maldito yeso me llevé nuevamente unos buenos retos de su parte. Estoy harto de que no me entienda y pelee conmigo todo el tiempo.

Ella trabaja de auxiliar en el hospital general de la ciudad, siempre hace muchos turnos y horas extras para que podamos llegar a fin de mes con su sueldo.  Nunca quiero llegar al hospital, cada vez que me ha tocado ir mi mama arma un escándalo mayor que revoluciona toda la sala de emergencias. Mis pensamientos vuelan hacia el tipo que me ayudo la noche anterior… Gonzalo. Debería haberme mostrado más agradecido, se metió a ayudarme y me salvó de ir a parar donde ese maldito viejo desgraciado… sonrío  al recordar la cara de susto de los idiotas y los golpes que le dio a uno de ellos. Me sentí bien. Son muy pocas las veces en que alguien se ha mostrado amable conmigo sin esperar algo a cambio. Pero no sé como agradecer, apenas se como comunicarme con los demás. Ese Gonzalo es especial. Se nota un tipo tan seguro de sí mismo que me  pone nervioso. No estoy acostumbrado a la presencia de otros hombres cerca de mí.

En mi casa nunca ha habido un padre ni una figura paterna, tampoco la hemos necesitado, mi mamá tiene fortaleza suficiente para ella y varios padres, su carácter es de temer especialmente cuando se enoja conmigo, lo que sucede muy a menudo.  No sé quien es mi padre ni tampoco quien es el de mi hermana menor Analía; ni siquiera sé si compartimos el mismo padre… es un tema del cual no se habla en nuestra casa pero para efectos prácticos Nali y yo somos buenos hermanos.  Nali es preciosa a sus 13 años y vivo asustado pensando en el futuro que le espera en este maldito lugar. La constante ausencia de mi madre, debido a su trabajo, me impulsó desde niño a las calles. El barrio en el que hemos vivido siempre es de lo peor, delincuentes, drogadictos, pandilleros y toda clase de escoria humana, pero es barato y mi mamá tiene su red de amigas en las cuadras cercanas que rodean nuestra casa. Ellas se encargan de cuidar a Nalidurante el día. De noche el barrio es de temer.

Alrededor de los 10 años comencé  a realizar “mandados” para los mayores; trabajos fáciles y rápidos… solo tenia que entregar y recoger lo que me ordenaba, sin preguntar ni averiguar. Alrededor de esa misma edad me di cuenta de que no me atraían las chicas sino mis propios compañeros de clases o los chicos del barrio, especialmente los más fuertes y malos. Me asusté mucho de mis propios pensamientos y me guardé bien de no comentarlos con nadie.  Me alejé de los pocos amigos que tenía. Pero de alguna manera los chicos se dieron cuenta y comenzaron a burlarse y a dañarme cada vez que podían.  Me convertí en un chico solitario, arisco y peleador que reacciona a la primera provocación.  Nunca le confesé a nadie alguna atracción que pudiera sentir.

Me entrené en la calle con los chicos rudos del barrio, quienes me enseñaban al mismo tiempo que me golpeaban. Conseguí cada vez más trabajos en la calle y en el barrio. Hacía lo que fuera que me pidieran siempre que me pagaran.  Logré que me aceptaran en una academia de verdad donde me enseñaron artes marciales. Fue una de las pocas veces que conseguí la aprobación y el apoyo de mi mamá. El entrenador, Emilio, me tomó cariño, creo que fue de tanto verme golpeado una y otra vez, y es, hasta el día de hoy, el único amigo que tengo en el mundo. No me hace preguntas estúpidas y me acepta tal como soy. Emilio no me cobra y me entrena con especial interés, dice que tal como soy más vale que aprenda a defenderme bien si quiero llegar vivo a los 20. Él ya no enseña en el mismo barrio de antes. Hace poco se cambió a un lugar de mejor calidad y ahora practico con él rodeado de niñitos ricos que lo adoran.

Mi único interés en este mundo, desde siempre, han sido los dibujos y la pintura. Ese es mi mundo privado, donde no dejo entrar a nadie, solo yo sé lo que el arte significa para mí. Fue mi profesor de arte en el colegio junto al director quienes gestionaron una beca especial para que pudiera seguir estudiando arte en un Instituto especializado. Dicen que tengo talento innato, y fue Emilio quien tuvo que respaldarme para poder hacerlo. Luego de la entrevista personal estaba seguro de que no me iban a aceptar, por pendenciero y antisocial. Pero Emilio dio la cara por mi y gracias a algunos contactos entre los padres de sus alumnos fui aceptado bajo un régimen terriblemente estricto de asistencia y cumplimiento.  Apenas llevo un par de semanas y no he podido cumplir con nada de lo exigido gracias al maldito yeso y los golpes recibidos.  No puedo perder esta beca. Es m única maldita oportunidad de salir de este barrio, de sacar a mi hermana del peligro y ayudar a mi mamá de una buena vez.  La noto cansada, mayor y su carga de trabajo nunca disminuye. Con 18 años ya debiera ser capaz de ayudarlas  más a ambas. Tal vez debería considerar otras opciones de trabajo y dejar de estudiar.  Hay muchas formas de hacer dinero fácil en este barrio pero todos implican peligro.

Gonzalo

Había vuelto a pensar en Miguel y el incidente un par de veces pero no me había preocupado mucho el tema. El trabajo y las clases me tenían ocupado casi todos los días. Pero no lo había olvidado. Solo lo estaba dejando pasar por el momento. Fue como dos semanas después que volví a encontrar a Miguel en el sitio menos esperado; El barrio universitario consta de varias cuadras donde diferentes universidades e institutos tienen sus sedes, son todas diferentes pero están todas conectadas por pequeños restaurante, cafés, librerías, gimnasios, bibliotecas y paseos. En uno de estos paseos  universitarios lo vi acercarse. Lo reconocí de inmediato por su brazo aún enyesado. Su rostro, ya recuperado se ve cansado y cabizbajo. El pelo castaño largo le cae sobre la cara. Nos cruzamos y él no me mira ni me reconoce. Lleva un maletín de dibujos inmenso bajo su único brazo movible y camina rápido,  cabeza gacha y concentrado.

– ¡Miguel! – me quedo mirándolo estupefacto. Se detiene y me observa. Sus cejas se alzan en señal de reconocimiento

– Ah!! … el ricachón –

– ¿Queee? – no puedo creer lo que estoy escuchando

– Nada.., ¿Qué pasa? – siempre arisco, al borde de la agresividad. Lo miro detenidamente. Miguel sin moretones ni golpes es tremendamente atractivo. Su cuerpo es elástico y sensual. Como si tuviera un imán me siento empujado hacia él.

– ¿Qué haces aquí? – en serio que no esperé jamás encontrarlo aquí. Me mira como si yo fuera retardado o algo así

– Estudio –

– ¿Estudias aquí?- Me indica el Instituto de Artes. No puedo salir del asombro. Miguel comienza a caminar nuevamente.

– Espera…¿Qué estudias?-

– Diseño Gráfico- me contesta sin detenerse. No me aguanto la molestia de su indiferencia. Me acerco a grandes pasos hasta él y lo sujeto fuertemente por el hombro. Se gira a la defensiva, sus ojos brillantes de rabia, listos a descargar su ira contra quien sea que lo haya tocado

– ¿Pero que mierda te pasa a ti?- le grito. No puedo creer lo lindo que se ve cuando esta enojado.

– ¿Qué quieres? – trata de soltarse, pero mi mano es una garra en su piel, tiene un brazo inmóvil y con el otro atesora la carpeta que sostiene…además, soy más alto y mucho más fuerte que él. Me acerco mucho a él, intencionalmente le hablo al oído.

– Un poco de tu atención – Miguel se da cuenta que esta en desventaja, no puede contra mí. Se queda quieto respirando agitado. Lo siento como un león enjaulado, en cuanto lo suelte sería capaz de morderme.

– Estoy apurado – su voz suena irritada – tengo clases – al menos he conseguido que me mire directamente. Suelto mi mano de su hombro y le sonrío liberándolo. Le hago un gesto sarcástico indicándole que esta en libertad de largarse si quiere. Se da media vuelta y se aleja rápido, sin volverse a mirarme.  Me pego contra la pared mientras enciendo un cigarro y lo sigo con la vista. Miguel… me interesas Miguel, vaya que me interesas mucho.

No me toma mucho tiempo averiguar sobre la vida de Miguel, sólo un poco de dinero en las manos adecuadas.  Al par de días ya he conseguido una carpeta donde figuran todos los datos importantes de su vida. Me tomo mi tiempo para leerla detenidamente mientras escucho mi música favorita y bebo mi trago favorito… Miguel de a poco pasa a convertirse en uno de mis temas favoritos también. Cuando termino de leer mi interés por el chico raya en la obsesión y mi mente comienza a elaborar diversas formas de conseguirlo.  El desafío de saber que Miguel es un chico de origen humilde, arisco y acostumbrado a la calle lo hace aún más atractivo. Cuando leo que el chico tiene tendencias gay aunque no se le conoce pareja me despierta un potente deseo de rogar que así sea… quiero ser el primero, quiero enseñarle a esa pequeña rata.  Cierro la carpeta de golpe. Leer sobre él me ha dejado excitado. Sin dudarlo me subo al jeep y me voy al “Red Carmine”. No es un bar, no es una disco ni es un prostíbulo, pero se puede beber, se puede bailar y definitivamente puedo encontrar una pareja disponible para satisfacer las necesidades de mi cuerpo.

La carpeta comprada sobre Miguel incluye su horario de clases así es que se exactamente dónde encontrarlo cuando quiera verlo.  Tengo muchas ganas de verlo pero soy paciente y se que el tiempo puede ser mi mejor aliado. Una semana después lo espero fuera de su sala a la hora en que sé que terminan sus clases. Son alrededor de las 7 de la tarde. Varios chicos abandonan lentamente la sala, algunas chicas me miran provocativas, pero no veo a Miguel. Me asomo a la sala esperando encontrarla vacía pero me sorprendo al verlo en uno de los últimos banquillos totalmente concentrado en lo que esta dibujando, sospecho que ni siquiera se ha dado cuenta que la clase terminó. Su cuerpo esta girado hacia las ventanas por lo que no me ve entrar. Miguel sostiene lápices en el aire y sus manos danzan sobre el papel en un ritmo que solo él parece entender… siento como si tuviera música propias y su cuerpo y sus dedos se mueven al compás interno que el mismo marca. Me acerco hipnotizado procurando moverme despacio para no asustarlo.  El dibujo de Miguel esta a la altura de sus ojos… es… mi rostro se contrae en una mueca extraña… si no supiera que es totalmente imposible juraría que Miguel me esta dibujando a mi!!!. La sorpresa me hace chocar con una silla. Miguel sale de su trance y me mira asustado. Sus ojos se abren mucho por la sorpresa y sus manos automáticamente recogen el dibujo y cierran la carpeta. Sólo entonces me doy cuenta que el yeso ha desaparecido de su brazo.

– ¿Qué haces aquí? – me pregunta reuniendo apurado sus cosas en una clara intención de salir corriendo.

– Vine a conversar contigo – me acerco hasta quedar a su lado

– ¿De que? –

– Negocios – he logrado captar su interés. ¿Era yo el del dibujo?  Miguel me mira interesado. Estiro mi brazo y lo sujeto por la muñeca del brazo que supuestamente debería estar enyesado. Mi mano abarca por completo su muñeca. Rápidamente tironea para soltarse.

– ¿Y el yeso? – se encoge de hombros sin darle importancia.

– ¿Qué negocios? – ha dejado por fin de moverse y me presta toda su atención, Me fijo bien en ese detalle. Miguel se interesa por el dinero sino no me prestaría tanta atención

– Ven conmigo. Lo discutiremos en el camino – me giro y camino hacia la puerta. Miguel duda un instante pero la curiosidad es mayor

– ¿Camino a donde? – pregunta detrás de mí

– A cenar – lo siento detenerse, desconcertado. Luego reanuda sus pasos y me sigue.

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