Capítulo 6

Entró a su departamento muy tarde en la noche. No se daba cuenta que estaba apretando fuertemente el laptop entre sus manos.  No sabía que iba a encontrar en la copia que había hecho ni en la conexión oculta que había establecido.  Estaba cansado, hambriento, pero más que nada estaba intrigado. Se preparó algo rápido para comer y, con el plato en la mano, se sentó frente a su laptop…

Dos horas más tarde seguía mirando la pantalla…

Ahora entendía claramente de dónde provenía el dinero con que su jefe mantenía su negocio, pagaba sus sueldos y el lujoso auto que conducía…  prestaba servicios a empresas que negociaban ilegalmente grandes cantidades de dinero de impuestos estafados al gobierno… empresas fantasmas que solo existían en el papel…  como el negocio ficticio de AA… Adrian Araneda…  Estas eran estafas muy grandes… tenía que tener cuidado… se trataba de gente dispuesta a defender su negocio a costa de vidas humanas… la suya… o la de Juanfe…

Dejó el laptop antes que sus ojos se cerraran completamente. Se estiró poniéndose de pie y, aun vestido, se dejó caer sobre su cama. Su último pensamiento antes de dormirse fue para Juanfe… no lo había visto… lo echaba de menos…

Despertó tarde… no había puesto la alarma… se levantó de prisa y  corrió a clases. Llevaba el laptop en su bolso. De pronto se había vuelto una pieza muy valiosa.

Necesitaba hablar con Juanfe… esperaba que apareciera en la tarde…  ayer no lo había visto…

El día se le hizo largo y difícil… su mente constantemente volvía al computador en sus manos… a Juanfe…  a la información que tenía en su poder

A las 5 de la tarde volvió a su casa.  Estaba vacía… ¿Dónde diablos estaba Juanfe? Recordó el nombre en el celular… Enrique… ¿estaba con él?… Juanfe sonreía  cuando habló por teléfono con ese… ¿quién era?.. ¿Qué quería con Juanfe?… más aún… ¿por qué le molestaba tanto? Nunca antes había sentido celos… no supo reconocerlos…

JUANFE

Enrique le enseñaba sus tesoros de niño… en una caja de madera pintada por él mismo cuando era niño, conservaba algunas cosas ridículas de las que no podía deshacerse por el valor sentimental que tenían… una piedra de hermosos colores… una ticket de un partido de futbol al que lo llevó su papá… unas cuantas fotos… cosas que solo entendía él y que ahora compartía con Juanfe.

Se habían vuelto a juntar en la plaza pero esta vez Enrique quería llevar su naciente amistad a un plano más alto…  Había pensado en Juanfe toda la noche y el día siguiente… le encantaba… quería más de él y con él…

Subieron a un bus que los llevó hasta su casa en las afueras de la ciudad… una casa grande, con un jardín cuidado y lleno de flores. Enrique le presentó a su mamá. Una mujer aún joven que se veía triste y que desapareció luego de saludarlos. Se fueron al cuarto de Enrique… desordenado y agradable… tal como quien vivía dentro… Le mostró su música, los juegos de video y Juanfe preguntó por las fotos sobre el escritorio… le indicó a su padre… luego le mostró las fotos que tenía en su caja de los secretos… la cara siempre alegre de Enrique, se volvió triste… Había algo especial en su cara de pena que a Juanfe le fascinaba…  se quedó pegado mirándolo sin darse cuenta que lo hacía…

 Hey… si me miras así… no puedo

– Eh?… ¿qué cosa?-

Se sintió avergonzado de haberlo mirado tan fijamente… es que sus ojos tristes le llegaban al corazón… Le encantaba la personalidad alegre y atrevida de Enrique… pero cuando podía vislumbrar esa sombra de tristeza que a veces tenía, no podía resistirse… era más hermoso

A Enrique le había gustado verlo pegado mirando su rostro… se acercó un poco más…

– Si me miras de esa manera… estas en peligro –  demasiado cerca…

En un gesto que pretendía ser dulce y posesivo, Enrique cruzó su brazo por los hombros del chico, acercándolo… con calma y seguridad…

Juanfe sintió un latigazo frío recorrer su espalda al estar rodeado por el cuerpo de Enrique… algo parecido al pánico en su cerebro… recordó cuando Adrián lo había tocado… acorralado… abusado… Necesitaba aire y espacio… retrocedió bruscamente, manoteando y empujándolo… con un grito atorado en la garganta… sus ojos muy abiertos,  su respiración muy rápida… su cuerpo en tensión

 Juanfe?…- Enrique notó la dura reacción –  no quise…

– No… no…

Juanfe entendía que había reaccionado como un estúpido… Dios!!! Que tonto!!!… no quería que Enrique se enojara con él… le gustaba mucho su amistad…. es solo que… lo había tomado por sorpresa… no estaba preparado… lo había tocado… no lo soportaba

– Lo siento…- repitió Enrique confundido intentando acercarse a él.  Juanfe estiro su mano para detenerlo…

Enrique frenó de golpe… no quería asustarlo… solo deseaba robarle un beso y ver a donde los llevaba…  quería algo más con él… nunca pensó que Juanfe respondería así… creyó que también le gustaba…   Volvió a mirarlo y a sonreírle con tristeza en esos ojos grandes…  ¿se había equivocado? ¿Había echado todo a perder?…

– Pensé que te gustaba… tu… me gustas mucho a mi… yo creí que… tú también…

Juanfe se sintió torpe… era Enrique… diciéndole que le gustaba…  no era ese otro tipo… lo miró pidiendo disculpas con sus ojos… quería decirle que lo sentía… que era un tonto… que estaba bien que lo besara… que también le gustaba… pero no pudo…… supo que si lo hacía tendría que dejar que tocara su cuerpo… que lo envolviera en un abrazo y quizás le diera un beso…  y no… no quería ser tocado…  pensar en que alguien lo tocara era más de lo que podía tolerar… por Dios!! ¿Qué le estaba pasando??!!… El odio negro que sentía por Adrián volvió a revivir en su pecho… no se había dado cuenta hasta ahora… ¿lo había dejado dañado de por vida?… nunca más soportaría ser tocado ni acariciado??… maldito., mil veces maldito

– Estoy mal….- dijo al aire, negando con la cabeza – estoy mal… tengo que irme 

No sabía qué hacer ni con Enrique ni con lo que había descubierto sobre sí mismo…

– No… espera… perdón…  no volveré a hacerlo!!!-

Había angustia en la voz de Enrique… en un gesto instintivo lo tomó del brazo para evitar que se fuera… Juanfe casi gritó al sentirlo… tuvo que soltarlo de inmediato al ver su brusca reacción y la ansiedad por verse libre del contacto…

Se quedaron mirando frente a frente… Enrique entendiendo que había algo más profundo… no era por él… era el contacto… no podía tocarlo…  el chico se angustiaba demasiado

Juanfe sorprendido y  de sus propias reacciones…  quiso llorar… de rabia, de pena… de impotencia… ni el mismo sabía la extensión del daño causado por Adrián…  Dios!! ¿Estaba estropeado para siempre?…

– No es tu culpa…  perdóname tu a mi… –  le dijo

De alguna manera tenía que calmar la confusión de Enrique… le gustaba y no quería que se sintiera culpable por su causa… iba a perderlo…  su amistad era importante… pero tampoco quería contarle… no podía hablar de eso…

Enrique tenía las palabras en la punta de la lengua… pero no estaba seguro de si podía preguntarle… ¿quien lo había dañado?… ¿Qué le habían hecho?… ¿era el tipo de la disco?.. ¿El del auto?… mil preguntas se arremolinaban en su mente… pena, dolor, indignación… Juanfe era casi un niño… ¿qué le habían hecho?  ¿quién?

Seguían mirándose… Juanfe vio como la expresión de Enrique cambiaba… se había dado cuenta… no, no… no quería explicar, ni escuchar sus preguntas ni nada… quería retroceder el tiempo y volver a donde estaban hace tan solo cinco minutos atrás… tal vez si se hubiera dado cuenta.. habría hecho un esfuerzo y habría podido… no… no podía… lo había mandado todo al tacho de la basura… ahora Enrique ya no sería querría ser su amigo…  sería como con los niños de la escuela… se volvería contra él… no.. no todo de nuevo no…

Alcanzó la puerta del dormitorio, la abrió y salió corriendo sin parar…

Enrique se demoró un segundo en responder…

 Juanfe!! Espera…. Juanfe!!

Corrió tras él…  lo vio dudar… Juanfe no recordaba el camino por donde habían entrado… dudo un segundo y luego continuó hacia donde pensaba que estaba la salida.  Cuando estaba a punto de alcanzar la puerta de calle, la mano de Enrique golpeó fuerte la madera impidiéndole abrirla… lo había alcanzado pero se abstenía de tocarlo aunque estaba casi encima… solo sujetaba la puerta…

– No te vayas… por favor

Juanfe se quedó quieto… el ruego de Enrique era tan sincero…

– No volveré a hacerlo… por favor…

Silencio… Juanfe estaba dudando… decidiendo…  ambos confundidos…

– No quiero hablar de esto- dijo cediendo… le importaba mucho…

– Lo que tú quieras… está bien

Enrique quitó su mano de la puerta… aliviado de haber conseguido que se quedara… lleno de preguntas que no podía hacer…  de respuestas que necesitaba… pero esperaría… le gustaba Juanfe… lo suficiente como para esperar.

Pretendieron que nada había sucedido. Comieron y luego se quedaron jugando y viendo películas. Cuando llegó el momento de irse, Juanfe se despidió tranquilo y partió, sin dar tiempo de acordar un nuevo encuentro o de hacer preguntas.

Era casi de noche cuando llegó a su casa. Se encerró de prisa en su cuarto tras saludar a su madre.  Dejó la mochila y sus cosas en el suelo… se dejó caer al lado de su cama… se abrazo a sí mismo y, hecho un ovillo, comenzó a llorar…

CRISTIAN

El jefe de Cristián habló con él al día siguiente; le dijo que su situación ahora era diferente, lo había hecho bien y estaba conforme con su trabajo. Le preguntó nuevamente si sabía mantener la boca cerrada… esta vez tenía una mirada intensa y peligrosa mientras esperaba la respuesta de Cristián.

– No me meto en lo que no me importa- respondió con su habitual indiferencia

 Bien… entonces sigues conmigo

Le subió el sueldo, casi triplicando la cantidad de dinero que le pagaba y le dijo que de ahora en adelante lo necesitaría en cualquier horario de trabajo…  pasaba a ser  uno de ellos.

Cristián no sabía cómo sentirse al respecto…  necesitaba el dinero, su situación no era fácil, no tenía el apoyo de nadie en este mundo… su familia era más pobre que él mismo… solo tenía su inteligencia y sus manos para salir adelante y estaba decidido a hacerlo…  lo que le ofrecía era más dinero del que ganaría en un buen trabajo… pero era dinero sucio… ¿quería tomarlo?… ¿le importaba?…

Volvió temprano a su casa. Tenía mucho en que pensar… su principal preocupación era ver a Juanfe y hablar con él. Aún no tomaba una decisión sobre que hacer… no iba a decirle a Juanfe lo que tenía en su poder porque sabía cuál iba a ser su reacción… pero el chico no sabía lo riesgoso que resultaba involucrarlo en algo así… Juanfe iba a querer hacerlo de todas maneras…  Cristián quería una confirmación… algo que le indicara lo que tenía que hacer… ni siquiera él mismo estaba seguro de que era lo que quería… solo… necesitaba verlo.

Estaba en una encrucijada importante… el rumbo que llevaba su vida podría cambiar si se decidía a hacerlo… a ayudar a Juanfe…

Cristián había recorrido un largo camino desde la casa más pobre en una modesta población en la gran ciudad, hasta donde estaba ahora.  Lo que parecía un simple departamento era un lujo enorme comparado con la casa de sus orígenes.

Sus padres habían llegado desde un campo en el sur buscando una oportunidad que nunca encontraron. Se fueron quedando en este terreno solitario y construyendo su casa a partir de restos que encontraban en las calles… la miseria era total. Alguien le ofreció a su padre un trabajo por horas en la feria local… transportaba sacos de verduras hasta los puestos de venta. Fue creciendo de a poco y hoy se sentía orgulloso y poderoso… tenía su propio puesto de verduras en la misma feria y aunque seguía siendo pobre, su pobreza era diferente porque incluía un televisor que pagaba en cuotas y un viejo auto destartalado que manejaban sus hermanos mayores.

Cristián fue el último en llegar a la familia… siempre fue diferente al resto, más serio y observador, un solitario que resolvía puzles y leía libros prestados cuando todos los demás perseguían una pelota… nunca encajó ni con su familia ni con sus compañeros de escuela ni de barrio. Su inteligencia lo hacía diferente.

En la escuela se destacó como mejor alumno aunque siempre tuvo problemas por su personalidad fría y controlada; no tenía amigos y no le interesaban mucho. Le bastaba con sus tres hermanos en la casa; él era el menor y nadie le hacía mucho caso; heredaba la ropa y juguetes de sus hermanos.  Llegó a la escuela solo porque un día decidió seguirlos. Nadie se había acordado de matricularlo.  Todos en su familia trabajaban en el puesto de verduras y sus hermanos, arrancaban de la escuela lo antes posible para irse a trabajar en la feria… soñaban con la “independencia” que les brindaba ganar su propio miserable dinero y soñaban con ampliar el local familiar para incluir otro puesto más.

Cristián soñaba diferente… quería mucho más… Tenía una mente brillante y gracias al cielo, un profesor fue lo bastante inteligente como para notarlo y animarlo a esperar más de la vida. Se portó bien con él desde que lo conoció y, cuando fue adolescente, le enseñó más que a los demás; se quedaban hasta tarde en la escuela y usaba el único computador en la oficina del director, para enseñarle, cuando todos los demás se habían ido.

Cristián deseaba aprender todo lo que el profesor le enseñaba… tanto de computadores, matemáticas y lógica… como de las caricias osadas y claramente sexuales que le prodigaba en esas horas solitarias…  Al principio, Cristian estaba muy asustado cuando lo abrazaba o tocaba, aunque nunca se sintió amenazado.  De a poco comenzó a buscarlo  y a sentirse a gusto… a esperar los momentos en que se tocaban…  sabía que este hombre representaba su única oportunidad de desarrollar su intelecto, expandir sus horizontes, una instancia para salir adelante y él la iba a tomar… no quería una vida como el resto de su familia… además, le gustaba su profesor, era un hombre inteligente y preparado, educado, cariñoso… tan diferente a los tontos de sus compañeros que ni siquiera sabían bien donde estaban parados y tenían aspiraciones tan limitadas.

Nunca supo a ciencia cierta si siempre fue homosexual o fue a causa de su profesor… pero no lo culpaba; no le molestaba ser lo que era y tenía claro que de no haber sido por él, hoy estaría trabajando en el puesto de verdura y odiando su existencia.

El hombre fue paciente y nunca lo presionó más allá de las caricias y besos que encendían al chico y lo dejaban temblando… esperó hasta que fue el mismo Cristian quien buscó pasar más allá de los besos y manoseos.

– Enséñame– le pidió Cristian a los 15 años

– Con gusto – respondió el hombre que ya no daba más encerrándolo en un fuerte abrazo y respirando aliviado… estaba loco por el chico…  con los años había aprendido a quererlo y lo deseaba con todas sus ganas.

Le enseñó todo lo que necesitaba saber… nunca fue violento ni desagradable… fue más bien como un padre sustituto, un amante mayor, un tutor… todo mezclado en la figura de este profesor solitario encaprichado con su mejor alumno.  Lo sacó del ambiente rancio en el que vivía peleándose con sus padres y su familia. Ellos no creían en la capacidad de Cristian y se rieron de sus aspiraciones. El hombre siguió adelante aun a riesgo de ser despedido por cobijarlo en su propia casa. Lo inscribió en la universidad donde estudiaba ahora y le consiguió la mejor beca posible… le hizo el amor una última vez y se despidió de él para siempre con un hondo dolor en su alma.

– Estudia mucho, consigue un trabajo, sal adelante… si no lo haces voy a estar muy decepcionado

– Lo haré… voy a darlo todo

– Es tu única meta Cris… no te desvíes hasta tener tu título y un buen trabajo… no te distraigas… con nada ni nadie

Cristian le había hecho caso en todo. Nunca lo volvió a ver.  Tampoco a sus padres o hermanos. Habían pasado ya varios años y le faltaba poco por terminar. Volvería donde ellos el día que pudiera mostrarles su título en una mano y las llaves de su casa y vehículo en la otra… no antes. Estudiaba y trabajaba con seriedad. Solo se desviaba ocasionalmente para irse de carrete por una noche de sexo y aventura, pero todo era casual y sin verdadera importancia. Nada lo había desviado… hasta que apareció Juanfe…

El timbre de la puerta lo sacó de sus recuerdos… se apresuró a abrir.

Juanfe entró alegre, sintiéndose más cómodo que en su propio hogar… la casa de Cristián seguía siendo el mejor lugar del mundo

– No viniste ayer – le reclamó Cristian como saludo en un arrebato de molestia tan extraño que hasta él mismo se preguntó porqué le había dicho eso

-. No… estuve ocupado

– ¿Con quién?-  los celos le mordían el alma…

Juanfe lo miró riendo…

Cris se sintió violentado… molesto…ahí estaba de nuevo esa risa tonta en la cara del chico

– Con Enrique… – respondió sin darse cuenta de lo que ocasionaba en Cristian.

Así es que había estado con su nuevo amigo… Cristian no entendía su propia reacción… quería golpear y gritar…

– ¿Quién es?… ¿dónde lo conociste?… háblame de ese amigo tuyo

No parecía su voz la que ordenaba todo eso

Juanfe lo miró subiendo las cejas en señal de asombro… pero la seriedad de Cristian era rotunda. Esperaba que le contara. Le habló con entusiasmo diciéndole donde lo había conocido y resumió en pocas palabras lo que había hecho con Enrique desde que se conocieran hasta ahora.  Omitió hablarle del beso frustrado y lo que había descubierto de sí mismo… pero fue suficiente para que Cristian entendiera que Juanfe estaba muy interesado en su nuevo amigo… Solo en ese momento, mientras Juanfe hablaba,  Cristian fue capaz de ponerle nombre a los sentimientos que tenía… cuando se dio cuenta que odiaba a ese tal Enrique sin siquiera conocerlo y que quería a Juanfe para él solo… sin compartirlo con nadie… estaba celoso… enojado… y tan sorprendido que no podía creerlo…

– Me alegro que tengas un amigo. Así ya no me necesitaras tanto

Fue la frase que eligió Cristian para pronunciar cuando Juanfe termino de contarle.  Lo hizo esperando que el chico le dijera que requería de él de igual manera… que siempre iba a querer su amistad más que la de nadie, que lo necesitaba… aunque fuera para estudiar o combatir su soledad… llenar sus horas y estar cerca de él… lo quedó mirando… a la espera de su respuesta… hambriento de escuchar como lo necesitaba…

Juanfe enmudeció… desde hacía un tiempo pensaba que estaba abusando de Cristian, de sus cosas, su casa y su tiempo y lo que acababa de decirle confirmaba exactamente lo que había estado pensando… “ya no me necesitaras tanto”… era como decirle directamente que quería librarse de él… que lo dejara tranquilo, que ya no lo molestara más…

– No… supongo que no… – murmuró Juanfe muy despacio… se resquebrajaba por dentro… algo se rompía dentro de él… miedo… tuvo mucho miedo… su amistad con Cristian estaba cambiando… tal parecía que estaba terminando… que quería alejarlo… sus miedos e inseguridades volvían con más fuerza… Cristian era su refugio, era quien le daba fuerzas para seguir… era todo lo bueno que tenía…

Cristián no esperaba esa respuesta…  le dolió escucharla… su orgullo estaba herido… eso le pasaba por idiota!!!  Era  lo que obtenía por haberse interesado en alguien… sabía que no debía haberlo hecho… Juanfe solo le complicaba el camino que se había trazado…  era mucho más fácil seguir avanzando sin él… su profesor siempre tuvo la razón… no debía desviarse…

Sin decir nada más ambos tomaron distancia del otro…

El resto del tiempo que Juanfe se quedó en el departamento estuvo marcado por una tensa intranquilidad; Cristián volvió a su computador y a sus libros… Juanfe miraba televisión en el dormitorio de Cristian… pero por primera vez se sentía un extraño en ese lugar… un intruso… Cristian le había dicho que quería recuperar su paz y él molestaba… tal vez debería decirle lo mucho que significaba para él… cuanto lo necesitaba…  lo importante que era su amistad, su casa… todo lo que representaba…  pero tenía miedo de enfrentarlo directamente y escuchar una respuesta negativa…  sintió que estaba pasando las últimas horas en casa de Cristian… No solo tenía pena sino también una angustia muy grande… no le había dicho lo que había descubierto… quería su ayuda una vez más pero no sabía ahora como pedírselo… quizás no quisiera ayudarlo… Dios!!! Si hasta parecía que el problema con Enrique no era tan importante como lo que le estaba pasando con Cristian… no podía perderlo a él… eso si que no podía ser…

Cristián trataba de concentrarse pero estaba sintiéndose raro… sus ojos se iban una y otra vez a buscar al chico en su dormitorio… maldición… iba a dejar su olor en su cama… siempre que pasaba eso le costaba dormir… todo le molestaba… estaba demasiado ansioso e inquieto… no podía quitarse a ese tal Enrique de la mente…

En la pantalla del computador tenía los datos que, de ser conocidos por las personas correspondientes, permitirían mandar a Adrián a la cárcel por un largo tiempo y desbaratar la red de estafadores… tenía todo listo… solo tenía que apretar una tecla y la información estaría en unos segundos en manos de las autoridades…  luego… tendría que cambiar completamente su vida… mudarse de departamento, buscar otro trabajo y posiblemente buscar otra universidad para terminar sus estudios… lo perseguirían, sabrían rápidamente que había sido él e intentarían cobrárselo… tendría que desaparecer… lo mejor sería irse a otra ciudad…  pero Adrían pagaría por el daño que le había hecho a Juanfe…  Su cabeza era una locura de pensamientos cruzados… ¿Qué debía hacer?… ¿Qué más había hecho Juanfe con Enrique?…

Sus ojos volvían al chico sobre la cama… sus pensamientos viajaban al recuerdo de su profesor y a la promesa de no dejar que nadie interfiriera en sus planes…  la tecla aguardaba… en el computador la ventana preguntaba una y otra vez si deseaba mandar el mensaje… pestañeaba… presionaba… lo miró otra vez… tan bonito… sobre su cama… que…??  ¿estaba llorando?

Como impulsado por un resorte, Cristian se puso de pie y corrió hasta su habitación olvidando todas sus intenciones… dejando todas sus preocupaciones de lado…  solo le importaban los ojos claros de Juanfe llenos de lágrimas

– ¿Por qué lloras?-  antes nunca le habría importado… ahora si

– No lloro- respondió sorbiendo las lágrimas saladas que llegaban hasta el borde de sus labios y quitando el resto de su cara, con brusquedad.

Cristian sonrió con pena, con impotencia… mierda!! le importaba tanto… era tan dulce…   se sentó en la cama, a su lado

– Dime qué te pasa… 

Juanfe no le había escuchado nunca la voz de Cristián tan llena de ternura… apretó los labios…

– Dime Juanfe

– Es que… descubrí algo…

– ¿Qué descubriste?

– Bueno… desde que pasó.. “eso”… yo.. no soporto que me toquen… no lo soporto

Las lágrimas habían vuelto a caer muy lentas de sus ojos… lo miraba pidiendo ayuda.

 Juanfe… es normal que pase eso después de lo que viviste… vas a tener que aprender a superarlo… no hay nada raro en ello

Cristian estaba muy cerca. Extendió una mano y la paso por su brazo recorriéndolo, acariciándolo… calmándolo.

– No… es que tú no entiendes…

– Explícame

Le miraba la boca… quería tocarla con la suya… ¿cómo se sentiría besarlo… Cristian se derretía… estaba a dos segundos de rendirse ante este niño precioso y declararle su amor… él le enseñaría a dejarse tocar… lo guiaría despacio y con paciencia como ese profesor había hecho con él… sería tan hermoso poder hacerlo… se estaba ilusionando…

-. No lo tolero…  tengo miedo… me da pánico sentir que me toquen

 Juanfe… te estoy tocando

Cristian sonrió con ternura señalándole su propio brazo… seguía pasando su mano muy suavemente, acariciándolo.

Juanfe abrió mucho los ojos… era verdad… lo estaba tocando y no se asustaba…  las manos de Cristián se sentían bien sobre sus brazos… lo mismo que la cercanía de su cuerpo… no tenía miedo con él

– Tú no me asustas… – exclamó sorprendido… De pronto una idea cruzó por su mente…

– Cristián… quiero pedirte algo… no quiero molestarte pero no tengo a quien más pedírselo- bajó la vista, avergonzado…  sufriendo al tener que pedirle un favor una vez más…

– ¿Qué quieres?- preguntó pero estaba más preocupado de otra cosa… no quitaba las manos de los brazos… una de ellas llegó al hombro de Juanfe… quería seguir… acariciarle el cuello, el rostro… se quedó quieto… dudando… deseando… luchando consigo mismo… lleno de emociones.

Juanfe tenía vergüenza… era una locura lo que le iba a decir… pero no sabía que más hacer… parecía una solución razonable.

– Enséñame… por favor- no lo miró al pedirlo…

La mente de Cristian viajó al momento en que él mismo le había dicho esas palabras a su profesor… ¿era algo así lo que le estaba pidiendo??

– ¿Enseñarte?… ¿Qué quieres que te enseñe?…

Tenía una idea de lo que Juanfe le pedía… era una locura… ¿estaban hablando de lo mismo? Su corazón se agitaba imaginando su cuerpo estaba en tensión esperando una respuesta…

– Tócame… enséñame como se hace… sin forzarme, sin dolor– por fin levantó los ojos y miró  a Cristián –solo en ti confío…-

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