Miguel Capítulo 19

GONZALO

Por puro instinto atrapo el brazo de mi hermano y lo acerco a mis ojos. Es una copia exacta del brazalete de Miguel

-. ¿Desde cuándo usas esto?

 Daniel tira de su brazo pero no lo suelto

– ¿es una nueva moda?

– NOQue modasuéltame!!

Me empuja fuerte con su otro brazo. Han sido solo segundos pero la fuerza con que lo he sujetado y con la que él me empujó no fueron ningún juego. Si estuviéramos en otro lugar habríamos terminado a golpes. Me mira directo a los ojos… ¿qué mierda lo enoja tanto?. Me doy cuenta que Daniel esta diferente… me mira con rabia.

– Es bonito… – señalo el brazalete – ¿Dónde lo compraste?

-¿Para qué quieres saber?

– Quiero uno para mi 

Me da el nombre de la joyería. La conozco. No es un lugar barato. Estos brazaletes no son una moda entonces… ¿Qué fue lo que dijo Miguel del suyo? Ah si! Lo compró él mismo

– ¿Cuánto te costó? – le pregunto a Daniel.

– ¿Te gusta de verdad?

Daniel me dice la cantidad y esta vez no tiene problemas en que vuelva a ver el brazalete. Me extiende su brazo. Es exactamente igual. ¿De dónde pudo sacar Miguel esa cantidad de dinero?. Estamos llegando a destino. Tengo que enfocarme en la cena y negociación por ahora.

Daniel no fue ningún problema durante la cena. Se mantuvo tranquilo observando y contestó brevemente lo que le preguntaron. La negociación quedo pendiente, aún no hemos terminado. Abandonamos el restaurant y volvemos al vehículo. Es tarde. Daniel tiene clases al día siguiente. Supuse que estaría muy cansado. Pero me equivoqué rotundamente. Papá, Andretti y yo discutíamos lo que había sucedido cuando de pronto Daniel nos sorprendió… empezó tímidamente para ir de a poco explicándonos su razonamiento y conclusiones. Tenía una capacidad increíble… la misma que usaba para armar sus aviones… podía tomar muchas cosas por separado, diversos antecedentes o información y unirla rápidamente en su cabeza para formar un todo. Unió todo lo que había aprendido con Andretti, lo que había escuchado en la cena, lo que esperábamos hacer, etc.  No tenía la solución exacta pero si nos hizo ver cómo podíamos obtenerla. Los tres lo miramos fijamente

– ¿Estoy equivocado?… ¿Qué pasa?

Se puso nervioso al sentirse tan observado. Fue mi padre quien contestó

– ¿Qué deberíamos ofrecer entonces?

Preguntó muy  serio. Daniel explicó un poco asustado lo que creía. Todos escuchamos atentos. Nuevamente su lógica era perfecta.   Papá y Andretti se miraron, no había necesidad de hablarlo… hasta yo pude leer la admiración que había en los ojos de papá y la confianza en los del otro.

– Bien hecho Daniel – le dije…

Mi hermano me había sorprendido. Daniel sonrió satisfecho. Hacía mucho tiempo que no me sonreía. Quedaban pocos rasgos del niño que me parecía que era hasta ayer. Mi hermano pequeño se estaba convirtiendo en un hombre.

Cuando llegamos a la casa me fui a mi departamento. Tuve la rara sensación de que se sentía solitario…  hasta ahora me gustaba mantener este lugar sólo para mi, muy ocasionalmente traía compañía a mi casa…  pensé en Miguel, en su risa juguetona y en su compañía en la cama, en sus ojos oscuros… el calor de su cuerpo… pero era demasiado tarde y estaba cansado… me habría gustado encontrarlo en el lugar, esperándome, aunque era una idea totalmente descabellada… supongo.  Me dirigí al baño sin dejar de pensar en…   ¿Vivir con el mocoso?!!!… ¿verlo todos los días? … ¿dormir y despertar juntos??! mierda! Me encanta verlo cuando se despierta… y observarlo dormir, sería magnífico tenerlo a mi lado… ¿Qué diablos estoy..!!!?…  me paro en el medio del dormitorio, asombrado. ¡¡lo estoy pensando en serio!!! Y lo peor es que me gusta la idea… yo podría hacerlo… en verdad podría vivir con Miguel!! . Es tan fuerte lo que acabo de pensar que me veo obligado a sentarme… mi boca se curva en una sonrisa que no puedo evitar… sacudo la cabeza. Es muy tarde, mejor me duermo.

Ya en la cama, a punto de dormir recuerdo el brazalete de Daniel…  y el de Miguel y la joyería.

Temprano al día siguiente me encuentro con Miguel para desayunar. Lo llamé. No me aguanté las ganas de verlo. Tengo todo el día ocupado hasta muy tarde y desperté pensando en él.

– Quédate conmigo esta noche- le digo de pronto, de la nada

– Claro

Me contesta sin pensarlo, apenas me mira y sigue comiendo. No es su respuesta sino su actitud la que me deja pensando… ni siquiera lo pensó, no se alegró… no reflejó ninguna emoción por lo que le pedí… yo tengo tantas ganas de estar con él. ¿Por qué me molesta eso?.

Cuando llegamos al instituto, antes de bajarse del vehículo, sujeto su brazo.

– Miguel… ¿quieres quedarte conmigo en la noche?

– Ya te dije que si- vuelve a intentar bajarse y vuelvo a sujetarlo

– No, no estás respondiendo a mi pregunta– suelto su brazo, ya tengo su atención –pregunté si QUIERES quedarte conmigo

Sus ojos se clavan en los míos, ahora si me entendió. Luego de unos segundos se encoge de hombros y sonríe con algo de tristeza

– Dijiste que mi tiempo era tuyo ¿no?

Mocoso de mierda… respiro profundo antes de insistir

– Sigues sin responder  

Mira por la ventana mientras piensa

– No sé qué quieres, Gonzalo

– Quiero que me digas si quieres quedarte…  conmigo

Se calla. Su respiración lentamente cambia tornándose más acelerada

– Te veo en la noche- rápido, se baja del jeep y se aleja rumbo al instituto

 MIGUEL

No es justo… no es justo que me pregunte lo que yo quiero… ¿por qué mierda me preguntó?… ¿Qué juego nuevo está planeando ahora? Saqué las gafas de mi mochila y me las puse, caminé rápido… no Gonzalo, no sé qué quieres pero en ninguna parte del acuerdo dice que tengo que decirte lo que quiero….o como me siento… dijiste que mi tiempo te pertenecía y mi cuerpo… quedo claro que lo que yo quisiera o sintiera no importaba. 

Empecé a correr sin detenerme. Pasé de largo por las puertas del instituto sin entrar…. Seguí y seguí hasta que no pude más. No sabía dónde estaba pero tampoco me importaba. Había una plazoleta y jardines. Me senté en el pasto.

¿Qué quería?… la pregunta de Gonzalo fue como un cortocircuito… un golpe de electricidad que me obligaba a aterrizar, a ubicarme donde debía estar, un golpe de vuelta a la realidad. ¿Esperaba en serio que le dijera lo que yo quería? … ¿para qué?… ¿Qué mierda le importa a Gonzalo lo que quiero?…igual hace conmigo lo que se le da la gana… Respiro profundo, ya no tengo ganas de llorar. Se me pasaron al correr.  Tengo claro lo que NO quiero… muy claro… no quiero sentir más que lujuria cuando me toca, no quiero alegrarme cuando lo veo, no quiero sentirme tan seguro cuando me duermo en sus brazos, no quiero que vuelva a meterte en mis sueños… es solo piel, cuerpo, sexo… y dinero, por supuesto…  en ninguna parte del acuerdo hablamos sobre sentimientos… no puedo olvidarme de eso… él es el comprador y yo soy la mercancía… me paga para que lo complazca…”hasta que me aburrar Miguel” fue lo que me dijo… soy desechable, descartable, en cualquier momento puedo desaparecer de su vida.

Al principio no me importó…  Gonzalo me resultaba atractivo,  me ponía nervioso pero nada más…  tenía claro en que me estaba metiendo… ¿Por qué mierda me duele ahora entonces?… noooo… no puedo ser tan tremendamente insensato …  lo último que puedo hacer es empezar a sentir algo por él.

Cerré mis ojos con mucha fuerza.  Empecé a recordar… hace unas semanas atrás…  yo tenía clases hasta tarde y había llegado sólo al departamento, sabía que Gonzalo estaba dentro, posiblemente cansado. Había estado fuera de la ciudad por un par de días, no nos habíamos visto ni hablado.  Toqué el timbre, y me abrió casi de inmediato… fue su cara… se iluminó,  la cara de Gonzalo se iluminó como un sol al mirarme. Tiro de mi brazo, cerró la puerta y me abrazó muy apretado.

– Ya llegaste

Besaba mi pelo, mi cuello, mi cara. Me quedé mudo. Era la primera vez que parecía como si… me extrañara…  a mi…  no a mi cuerpo, como si realmente me hubiera echado de menos.

Me hizo sentir muy bien toda la noche. Cenamos en el departamento… “comida de verdad”, como la llama Gonzalo… luego fuimos al dormitorio, me desnudó y me poseyó lentamente, sin apuro… sin juguetes, sin dolor. Lo disfruté en verdad, las caricias, las palabras dulces y sin sentido, su risa,  a veces me excitaban tanto como el dolor, pero sin miedo. Nos dormimos juntos. Antes de cerrar los ojos me volví hacia él y lo besé.  Fue un acto instintivo, estaba feliz y quería demostrárselo, estuve a punto de decir “gracias”… algo que me cuesta tanto trabajo expresar… y entonces pensé que nada de lo que había pasado era real…   no éramos una pareja, no éramos amigos, no era nuestro mundo privado ni era nuestra cama…  ¿gracias de qué?, supongo que por lo que deposita en mi tarjeta cada mes…  me sentí mal, muy mal, fue como un puñetazo en el estómago recordar la verdadera naturaleza de nuestra relación.  Me levanté de prisa y me fui al baño

-¿Miguel, estas bien?

– Si

Pero no, no estaba bien. Estaba adolorido… no sabía dónde me dolía, no podía relacionarlo con ninguna parte especifica de mi cuerpo… pero me dolía. Me senté en el suelo y observé el brazalete en mi muñeca. Me hizo sentir más adolorido aún.  Nunca más vería a Daniel, de seguro me odia ahora… mejor, mucho mejor… y Gonzalo… bueno él paga cada caricia… tal vez hasta debería estar agradecido porque el placer que siento es un extra… no está incluido en el acuerdo… tampoco los sentimientos.  Estoy dónde busque estar… ¿qué mas quiero?.   Lloré un rato. Volví a pensar en Emilio, era lo único que me quedaba en el mundo parecido a un amigo… pero Daniel estaban tan cerca en el gimnasio, era tan peligroso acercarme a Emilio.  Me lavé bien la cara y volví al dormitorio, a la cama. La atmosfera mágica se había roto.

– Buenas noches

Me di vuelta de espaldas a él y cerré los ojos. Me habría gustado dormirme sobre él… me sentía seguro y protegido cuando Gonzalo me acogía en su pecho, pero tampoco era real… sin embargo,  se sentía tan bien.

– ¿Qué pasó?..- se acercó todavía mimoso y juguetón.

– Nada. Tengo sueño

Pasó que soy un estúpido… que estoy confundiendo este arreglo con la vida real… pasó que me dolió… y NO debería dolerme… pero no le dije nada. Gonzalo suspiro, conocía  esos suspiros… estaba comenzando a molestarse con mi actitud. Pensé que iba a regañarme, sin embargo se movió hasta mi lado, me tomó y me subió sobre su pecho acomodándose para dormir. Sentí un nudo enorme en mi garganta… no es real.. no es real, es un negocio.

– ¿Mejor, pequeño demonio temperamental? 

Pasaba sus dedos enredándolos en mi pelo. No pude contestarle… quería decirle que si pero si abría la boca iba a llorar. Lo abracé. Cerré los ojos y lo abracé… no me importó que fuera una farsa… yo al menos estaba sintiéndome bien, me estaba engañando a mi mismo pero no me importó. Me  quede dormido con la ilusión de que era real.

Me levanté del pasto y miré la hora. No era tan tarde pero ya no quería volver a clases, no tenía ganas de estar encerrado en una sala. Camine sin ningún rumbo fijo por las calles, no veía a las personas ni ponía atención a las vitrinas de las tiendas… tenía demasiadas cosas en mi mente… miles de pensamientos que ordenar. Hacía casi dos meses ya  que había comenzado mi “acuerdo” con Gonzalo. Mi vida y la de mi familia habían cambiado mucho, Nali se adaptaba bien al colegio aunque no todas las chicas la habían recibido bien tenía al menos unas cuantas amigas y le gustaba mucho su nuevo colegio… ¿Cuándo se aburriría Gonzalo de mi?... cuando eso sucediera no podía volver a  Nali a su antigua vida y a su anterior colegio. Dijo que por un año… ¿y después?…  Ahorrar… tenía que empezar a ahorrar aunque con la cantidad que me dejaba en la tarjeta cada mes, seguro no me resultaría difícil ahorrar… ¿por qué me dejaba tanto dinero?..nunca se lo he preguntado, pero sé que es bastante más de lo que debiera… en el barrio donde vivíamos había muchos chicos y chicas que se vendían por dinero, algunos por horas y otros casi de por vida, pero nadie manejaba esta suma de dinero. Otra razón más para sentirme agradecido de Gonzalo.

 Mi mamá había dejado de hacer turnos extra en el hospital.

– Sólo por un tiempo hijo

Pero yo esperaba que se acostumbrara a la comodidad del departamento y a dejarme pagar  los gastos. Ojalá no quisiera ya más pasar tantas horas en el hospital. Estas últimas semanas Nali y yo habíamos descubierto que mamá cocinaba delicioso… nos había sorprendido muchas veces preparándonos cosas ricas. Cuando estaba en la casa cenábamos siempre juntos y conversábamos sin parar… nunca antes habíamos estado tan cercanos, tan cómodos, tan alegres. Me gustaban esas pequeñas reuniones familiares. En más de una oportunidad fuimos interrumpidos por una llamada de Gonzalo. Me venía a buscar, me estaba esperando afuera.  El corazón me latía rápido. Tomaba mis cosas y salía volando. Mamá me miraba y no decía nada. Solo me daba un beso y me gritaba que me cuidara.  Nunca sabía cuando me iba a llamar. Últimamente me quedaba despierto hasta muy tarde, con el teléfono cerca esperando su llamado. Nunca lo había llamado yo. Cuando el llamado no llegaba me sentía desilusionado, nervioso, mal genio. Me acostaba molesto y apagaba el teléfono. Sé que es muy estúpido pero apagarlo era mi forma de rebelarme. Me había pedido que siempre lo tuviera prendido y aunque sabía que pasada cierta hora no iba a llamarme… lo apagaba para sentir que estaba contraviniendo sus ordenes… órdenes… Al principio eran solo órdenes, yo no importaba para nada, solo se trataba de lo que él quisiera…   fueron las semanas más difíciles, sabía que estaba para complacerlo, para dejarlo hacer conmigo lo que fuera que le produjera placer…  pero me costaba mucho confiar en él y siempre estaba esperando lo peor… sus malditos juguetes…  no puedo negar que el sexo era muy bueno, aunque usara en mi esos juguetes… pero me asustaba, me exigía todo…  me llevaba hasta el punto de perder totalmente el control…  me sentía un objeto en sus manos, él podía hacer y deshacer conmigo…  dolor y placer, iban de la mano durante el primer mes… hasta sentirme nervioso y asustado cuando llegaba la noche y me juntaba con él…  no sabía qué locura se le iba a ocurrir, solo sabía que terminaría gimiendo, pidiéndole más, llegando al cielo para luego sentirme una basura, todo mi orgullo y dignidad se habían ido a la mierda, no me quedaba nada cuando estaba con él… ninguna careta, ninguna protección, solo yo, tan pequeño e indefenso frente a lo que me hacía sentir.   Terminaba exhausto…  emocionalmente destrozado y odiosamente satisfecho. Me asustaba el placer provocado por el dolor… mucho, esa forma en que me perdía y le dejaba el control completamente en sus manos.

No sé cuando exactamente comenzó a cambiar pero sí recuerdo cuál fue el primer cambio que noté. Estábamos en el dormitorio, desnudos, jugando a excitarnos y de pronto me miró y sonrió con esa sonrisa de arrogancia que no es compartida…  sonríe sólo para él. Me puse nervioso de inmediato, me pasa cada vez que veo esa sonrisa en su rostro. Cuando se paró y buscó algo en sus cajones supe de qué se trataba la sonrisa. Gonzalo sabe lo nervioso que me pongo pero le gusta usarlos en mi… solo que esta vez estuve a punto de echarme a correr… eso que sostenía en sus manos era inmenso, lleno de bolas de diferentes tamaños… y supuse inmediatamente lo que quería hacer con el…

– No, por favor

Le pedí despacio…  hubiera querido gritar pero no me salió más voz que esa. Como siempre, solo sonrió y no me hizo caso…  no fui capaz de volver a hablar, debatiéndome entre mi orgullo y las ganas de golpearlo y correr…  lo deje acercarse sin moverme pero me puse completamente rígido, sabía que no serviría de nada suplicarle… ya lo había hecho antes y eso sólo lo excitaba aún más. Yo ya no estaba jugando, estaba aterrorizado, incapaz de articular un pensamiento con el cuerpo completamente tenso sin poder apartar mi vista de esa cosa.

-¿Miguel?

Dejó el dildo de lado y me levantó de los hombros, mi cuerpo estaba completamente rígido 

 hey!.. Miguel… tranquilo– me abrazó y me meció como a un niño – en verdad te asustan, eh?

Me sostuvo así por un rato hasta que me tranquilice.

– No lo quiero, por favor, no quiero

No pude evitar que las palabras salieran de mi boca aunque supuse que sólo servirían para aumentar su interés

 Sssshhh.. de acuerdo… tranquilo

Me besó despacio… me volvió a acariciar hasta que comencé a reaccionar y de pronto estábamos comiéndonos los labios a mordiscos y buscándonos desesperadamente… el miedo me había dejado la adrenalina disparada y sentí la urgencia de distraerlo al punto que olvidara ese estúpido juguete… fue un encuentro diferente, sin necesidad de nada más que su cuerpo y el mío… Gonzalo nunca es suave pero me gusta que sea brusco. Fue fantástico y el primero de muchos otros, aunque todavía me sorprende de vez en cuando con alguno de sus trucos. Nunca puedo estar completamente seguro. Creo que a él le gustan tanto como a mi estos encuentros… no creo que lo haga por complacerme… no funciona así el acuerdo… soy yo quien debe complacer sus sentidos, no al revés, así es el acuerdo… así es que dime de una vez ¿Qué mierda te importa lo que yo quiera?… No es como si de verdad te importara… por favor, no me hagas creer que si…  no me hagas ilusionarme creyendo que si te importo.

Me estaba derrumbando y no sabía por qué. Me detuve y esta vez miré a mi alrededor, la calle me resultaba familiar… sólo unos cuantos metros más adelante estaba el gimnasio de Emilio. Quise dar vuelta y correr pero… era cerca del mediodía, Daniel está en clases a esta hora… no hay posibilidad alguna de que lo encuentre aquí adentro. Cruzo la puerta de entrada un poco asustado y me voy derecho a su oficina. Hay poca gente y no hay señales de Daniel.

Emilio se puso feliz de verme. Se dio cuenta de mi estado de ánimo. Me preguntó solo una vez. Le dije que estaba cansado

– Miguel, ¿sabes que puedes contar conmigo?

– Si Emilio… lo tengo claro. Gracias

Entonces me di cuenta que tampoco podía confiar mis secretos y dudas con él… Hey, soy gay… tuve una relación intensa y me enamoré de un chico del gimnasio, pero luego me fui con otro y soy su juguete sexual… pero no importa porque me paga muy bien y he mejorado la vida de mi familia… simplemente no podía contarle eso… estaba solo, ahora si me di cuenta que estaba totalmente solo.  Entonces Emilio soltó una bomba

– ¿Te acuerdas de Daniel?, ¿el chico de los ojos verdes?- Lo miré con cuidado, un poco nervioso

– Si… – conteste dudando

– Estuvo hablándome, quería tu dirección y saber cuándo ibas a venir-  no dije nada, solo lo mire esperando que me diera más información – No se la di, pero te cuento porque parecía muy preocupado de hablar contigo, ¿sabes que quiere contigo? –

 Nooo… no sé… pero Gracias…

 

 ¿Cómo le grito que por favor no le diga nada de mi?. Emilio me mira esperando mi respuesta 

– No le digas nada de mi… ni que estuve aquí hoy día, por favor-

– ¿Pasa algo con Daniel?

Emilio sabe… se por la forma en que me mira que él sabe o sospecha

– Miguel, sabes que soy tu amigo, estoy de tu lado siempre

– No… no pasa nada…

No puedo contarle… me ahogo en mis propias palabras, en el recuerdo de Daniel y lo maravilloso que pudo haber sido. No debería haber venido.  Hago el intento de ponerme de pie, pero Emilio me sujeta muy serio

– Te he visto mil veces, desde niño, llegar golpeado y sangrando… nunca te cuestioné ni te obligué a hablarme… pero nunca te había visto así, derrotado y vencido Miguel… ¿Necesitas ayuda?

Tomo aire…  no puedo, simplemente no puedo contarle a la única persona que me ha ayudado desinteresadamente, a quien es mi amigo…  no puedo decirle lo que me pasa.

– No es nada… solo… nada, estoy bien

Emilio no insiste, pero tampoco me cree una palabra

– Cuando estés listo, puedes venir a contarme, mi puerta siempre está abierta para ti

Le di las gracias y salí rápido. Una vez en la calle no supe adonde ir, estaba a solo unas cuadras de mi casa así es que me fui caminando despacio… si hubiera habido piedras en el camino me habría ido pateando una hasta llegar. Había avanzado unos cuantos metros e iba tan concentrado en mis propios pensamientos cuando de pronto sentí que alguien me observaba… sentí la mirada fija de alguien sobre mí. Me giré desconcertado tratando de descubrir el origen de esa sensación. Había un vehículo frente al gimnasio del cual se estaba bajando alguien… lo supe antes de verlo. Me paralicé pero al instante empecé a correr sin detenerme. Daniel estaba bajando de ese vehículo. Lo escuché gritar mi nombre

– Miguel… Miguel!

No me detuve ni lo miré… corrí con más fuerzas que nunca… algo en mi interior me gritaba que corriera en sentido contrario, que corriera hacia él, pero seguí corriendo hacia adelante… salté entremedio de los vehículos en movimiento, serpentee mi camino entre las personas que circulaban por la vereda… unas diez cuadras después me detuve sin aliento y entré en una tienda de libros… me llegó de golpe el recuerdo de Daniel y de todo lo que había vivido con él, de la ternura  y extrema gentileza de su cariño… se me agotó la energía… fue aplastante sentir su recuerdo… ya nunca más.

– Miguel 

En medio de las repisas de libros, doblado tratando de recuperar la respiración… un escalofrío intenso me recorrió la espalda… me levante con calma… tratando de no caerme, de no entrar en estado de pánico…  Daniel y sus profundos ojos verdes frente a mi… me mira con angustia y dolor… alegría tal vez… cansado y jadeando igual que yo.

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