Miguel Capítulo 26

ANDREI

Lealtad… lealtad… que caro le estaba costando el valor de esa palabra. Salió de la tienda de Lidia y volvió a su vehículo. Debería haber dado la vuelta y avisarle inmediatamente a Gonzalo… pero era Lidia, su Lidia quien tenía a Miguel… ¿Qué diablos hacía Lidia con Miguel?… ¿Qué había pasado entre estos hermanos durante el tiempo que él estuvo lejos?.Recordaba a Lidia y Gonzalo juntos… hermanables, casi cómplices… y Daniel?… mucho más pequeño… un niño dulce y algo tímido ¿Qué había pasado entre ellos?.

Se dirigió directo a su nuevo departamento. Agitado y algo molesto. Estaba poniendo en juego su lealtad… Lidia no lo iba a exponer pero él solo bastaba para sentirse mal. Gonzalo era su partner, Gonzalo confiaba en él como en nadie más en este mundo y él sabía lo desesperado que estaba por encontrar a Miguel… andaba como loco… nunca imaginó verlo así, Gonzalo que siempre manejaba bien todas las situaciones, que siempre salía triunfador y que si llegaba a perder lo sabía hacer tan bien que igual parecía el ganador… pero así como estaba ahora… pensó en él mismo…¿sería así como se sentía Gonzalo?. Él adoraba a Lidia… todo en ella le parecía perfecto… estaba tan consciente de sus faltas y debilidades y las adoraba tanto como sus cualidades y su belleza…

Cerró con llave la puerta del departamento…  más bien para evitar salir corriendo a buscarla que para evitar que alguien entrase. Le había gustado tanto verla, escucharla, tocarla, besarla… le había costado toda su fuerza de voluntad separarse de ella. Le había puesto un ultimátum… por el bien de ambos esperaba que Lidia cumpliera… que no se escapara con el chico… que no se lo llevara lejos… tenía que confiar en ella. Si, lo hacía, confiaba en Lidia. De no ser así ya podía darse por muerto. Le había dado un plazo a Lidia pero al mismo tiempo se había puesto una pistola apuntando directamente a su pecho en caso de que ella fallara.

Andrei no bebía alcohol… su padre solía beber mucho y a él nunca le había gustado la forma idiota en que se comportaba cuando estaba bebido. Por eso lo evitaba. Le habría gustado tomarse uno solo para poder tranquilizarse… ver a Lidia, hablarle lo había alterado mucho y ya no tenía sueño y el cansancio acumulado parecía haberse esfumado. Se duchó y se tiro en la cama a ver televisión con un poco de comida por delante… Lidia reaparecía una y otra vez en sus pensamientos.  Estoy haciendo lo que tengo que hacer… se repetía una y otra vez.. espero que no nos tome demasiado tiempo Lidi… ya me muero por ti.

LIDIA.

Despertó temprano al día siguiente sintiéndose muy ansiosa. Había dormido muy mal y descansado muy poco; preocupada por Miguel y desesperada por Andrei… a ratos se despertaba sonriendo pensando en que lo había vuelto a ver y a besar… él todavía la amaba… tenían esperanzas… luego recordaba el ultimátum con respecto a Miguel y se le apretujaba el estómago. Desayunó cualquier tontera, casi nada, y partió a la tienda totalmente concentrada en la difícil misión que tenía por delante… hablar con Miguel. Al menos le tenía que avisar. Ya sabía que la iba a odiar… no había forma de que aceptara otra cosa… Nunca… jamás imaginó que se iba a encariñar con el chico pero le había ganado el corazón y ahora ella iba a herirlo… Dios! Más de lo que ya estaba.  Andrei prometió que no lo dañarían… pero a ella le dolía algo dentro del cuerpo… el alma?, el corazón? No sabía qué, pero tenía una punzada fuerte que le impedía respirar tranquila. Estacionó en la parte posterior de la tienda y entró. Sabía que a esa hora era aún demasiado temprano para el personal. Abrió la puerta despacio… Miguel aún dormía.. el baño?, el sendante?… se sentó y lo observó con pena… ¿qué más podía hacer por él?, ¿había algo que pudiera hacer a estas alturas?

-. Hola – Miguel abrió los ojos- ¿Qué hora es?

– Es temprano aún. Te traje desayuno

Todas las mañanas se detenía a comprar una bandeja completa de desayuno para Miguel…Los primeros días él comía muy poco, generalmente Lidia se quedaba con él hasta que lo veía comer algo, pero ahora último estaba empezando a recuperar sus fuerzas y a comer mejor. Miguel se levantó y recibió la bandeja.

– ¿No trajiste tu café?

Siempre traía uno para acompañarlo.

– No… hoy no…

Lo miró  destapar el vaso de café con leche y comenzar a beberlo… comer un mordisco del sándwich… Miguel tenía mejor ánimo y algo le pasó muy dentro… no pudo aguantarse saber que ella iba a volver a echar todo a perder para el chico

– hoy tengo que trabajar mucho. Discúlpame. Te veo más tarde

Como un rayo y sin darle tiempo para preguntar se levantó y lo dejó solo… no puso llave a la puerta… desde hacía unos días dejaba abierta la puerta de la pieza de Miguel… pero aún mantenía con llave la salida de la tienda. Se encerró en su oficina. No podía con esto… tenía que terminarlo cuanto antes… no podía volver a mirar la cara de Miguel ni a mentirle más. Tenía que acabar con esto hoy mismo.  Esperó a que llegaran los pocos empleados que mantenía trabajando. Como siempre, cerró con llave la puerta hacia la parte posterior de la tienda. Pasó frente a la pieza… quiso seguir de largo hacia su vehículo pero no pudo. Golpeo la puerta y abrió lentamente. Miguel miraba una película en el computador. Lo cerró en cuanto la vio entrar.  Se miraron y ambos se dieron cuenta de que estaban diferentes.

– ¿Qué te pasa Lidia?

Era tan raro escucharlo a él preguntarle, preocupado por ella… siempre era al revés. Lidia se sentó y miro al suelo… tenía que partir con algo al menos

– Estoy triste Miguel… me pasó algo triste

– ¿Quieres contarme?

Se acercó a ella y con toda la confianza del mundo tomó su mano… un nudo apretó fuerte la garganta de Lidia… Miguel la consolaba a ella… pobre chico.. se sintió una rata.

– Voy a contarte una historia de amor…

Lidia se tomó su tiempo y poco a poco le contó de Andrei, le contó de cómo se conocieron de niños y compartieron tanto, de cómo se enamoraron y querían casarse pero finalmente tuvieron que separarse… de lo mucho que lo amaba todavía y lo triste y sola que se sentía cada miserable día de su existencia. Miguel la escuchó y sintió pena por ella; finalmente nada era lo que parecía … Lidia se veía tan firme y segura, pero en el fondo era una mujer enamorada y triste… separada de su amor por causas extrañas a ella.

– No lo había vuelto a ver en muchos años Miguel-

– ¡¿Cómo?!! … ¿lo volviste a encontrar ahora??!

Por primera vez desde que estaba con ella había algo de emoción en la voz de Miguel.

– Si… lo volví a encontrar – lo dijo con tanta pena

– Pero deberías estar feliz

– Debería… pero no puedo… no puedo estar feliz… no podemos vernos… él tiene prohibido acercarse a mi

– ¿Tu padre?

– Si, mi padre y Gonz….- se calló.

No lo nombraba,  nunca frente a Miguel, su cara cambió…

– Lo siento Lidia

Miguel hizo el intento de abrazarla pero eso fue más de lo que ella podía tolerar. Se paró rápidamente.

– Tengo que salir… – se detuvo al llegar a la puerta – ¿quieres que te traiga algo? 

Le pregunto sin mirarlo…  Miguel no le contestó… Lidia se giró, Él la miraba de manera extraña…

– En verdad lo siento Lidia.. Yo….. pensé que tú eras feliz…

 Salió dejándolo triste… salió de prisa, casi arrancando. Puso llave en la puerta y corrió a su vehículo. Una vez dentro del auto comenzó a llorar… no servía de nada llorar ahora… esto era lo que ella originalmente quería, no?. Volvió a recordar que Andrei le había prometido que no lo dañarían. Está bien. Vamos a jugar a ser niña grande ahora. Dejemos de lado las lágrimas y comportémonos como una de ellos. Revisó que estuviera lo que necesitaba y partió.

 

GONZALO

No puedo, por mucho que lo intento, concentrarme completamente en lo que están tratando en la reunión. Por suerte no me toca hablar ni negociar, sino solamente escuchar. Mi padre está a cargo de todo hoy día. Llevamos ya un poco más de media hora reunidos y solo quiero que termine pronto. Como si lo que estoy pensando fuera una orden, todos nos pusimos de pié, nos estrechamos las manos y se acabó la reunión.

– Gonzalo… ven conmigo–  Seguí a mi padre a su oficina – ¿Qué es lo que te pasa? 

Cerró la puerta y nos quedamos solos. ¿Mentir?… no puedo contarle la verdad… no todavía al menos

– Nada… Creo que tal vez estoy un poco sobrecargado de trabajo y los estudios.. 

Dejé la respuesta vagando en el aire… no podía enredarme solo. Si Miguel no aparecía dentro de 24 horas iba a pedir su ayuda… no sé cómo ni qué es lo que le diré pero nadie puede desaparecer sin dejar una maldita huella o una forma de encontrarlo… sólo se requieren más personas y más dinero.

– Te he notado distraído

Mi padre es más astuto que yo… también deja la frase suelta en el aire esperando a que yo la agarre y le dé más información. Supongo que para él también ha de ser extraño verme así…

– Estoy enseñándole a Andrei, eso me va a ayudar a tener un poco más de tiempo para estudiar

Dios!, nos estamos especializando en respuestas vagas. Me mira asintiendo. Lo he convencido, al menos por ahora.

– ¿Cómo esta Andrei?

Recuerdo que mi padre le tenía cariño. Aún no se han visto, es él quien tiene que decidir cuando quiere verlo

– Bien… está muy bien

– ¿Todo bajo control?

– Por supuesto – no estoy mintiendo tanto, al menos en los negocios, todo está bajo control. 

Salgo de su oficina y al llegar a la mía me encuentro con Lidia esperándome… no sé por qué pero no me extraña verla… esperaba que esta situación se demorara un poco más debe haberse enterado de la vuelta de Andrei. No tengo muchas ganas de lidiar con ella ahora pero supongo que es inevitable. No hemos vuelto a hablarnos desde lo sucedido con Daniel y sé que ella está enojada conmigo. Cierro la puerta. Esto no va a ser agradable y el personal no tiene por qué enterarse. Además, no quiero correr el riesgo de que Andrei llegase a entrar y la encontrase conmigo.

Lidia me sigue con la mirada.

-. Buenos días Gonzalo 

Su saludo ya parte en un tono desagradable e irónico. Pretendo revisar los sobres que he tomado del escritorio y le contesto sin mirarla

– Buenos días hermana… ¿a qué debo este honor?

– Vaya… ¿mi visita resulta ser un honor?, tengo que venir a verte más seguido entonces

Algo no está bien aquí, puedo sentirlo. Si Lidia viene a pedirme ver a Andrei su actitud debería ser mas sumisa y humilde… no hay una gota de ello… esta mirándome altiva y arrogante… aún algo irónica. De acuerdo. Me tiene intrigado. Dejo los sobres y le dedico toda mi atención.

– ¿Qué quieres Lidia?

Camina hasta quedar muy cerca de mí

– Quiero ver a Andrei 

Me lanza con voz muy tranquila.

Lo sabía… sabía que llegaríamos a eso

– Imposible- tajante, terminal

– Quiero verlo y tú vas a ayudarme

– No me estas escuchando Lidia. Te dije que es imposible

– Tú puedes hacerlo posible 

¿por qué diablos suena tan decidida y segura?… ¿por qué no hay suplica ni ruego en su voz?

– No, no depende de mí

– Ambos sabemos que puedes hacerlo posible. Quiero que me ayudes

Veo que esta conversación no tiene ni un sentido, Lidia no me está escuchando y sigue repitiéndose en lo mismo como buena mujer que es… solo entiende lo que ella quiere entender. Decido terminarla de una vez. Quiero mi tiempo para otra cosa más importante. Me alejo de ella y me ubico detrás de la mesa de mi escritorio, quedamos de frente, con el escritorio de por medio.

-¿Hay algo más que quieras hablar conmigo?

La veo enfurecerse… se da cuenta que la estoy despidiendo, pero solo por un segundo. Luego vuelve a verse confiada… demasiado confiada.

– ¿Algo más que quiera hablar contigo?… mmmhhh… no sé…. déjame pensar

Pone los dedos sobre sus sienes como si en verdad estuviera haciendo un esfuerzo por pensar…¿qué diablos le pasa a Lidia hoy día? 

– Si… en realidad si quiero hablar algo más contigo

– Dime

Nuevamente avanza hacia mí, pero esta vez muy rápido. La miro curioso al verla tan decidida y no alcanzo a reaccionar cuando su mano me ha golpeado la cara en una feroz cachetada…

– Eso es por atreverte a tocar a Daniel 

Que mierda!!. La tomo de la muñeca y la miro con ganas de sacarle los ojos… cómo se atreve a  golpearme. Mujercita idiota!!

– ¿Daniel te mandó a defenderlo?

Me sigue mirando desafiante

– ¿Cómo pudiste Gonzalo?.  Es tu hermano.. es tu propia sangre… lo golpeaste!!

– Lidia… creo que es mejor que te vayas ahora mismo

La suelto, conteniendo la rabia, y me encamino a abrir la puerta de la oficina para despedirla pero ella camina más rápido y toma una bolsa que ha dejado al lado de su cartera. Se vuelve hacia la mesa del escritorio y vacía su contenido. Mi mano muere congelada en la manilla de la puerta. Sobre la mesa… el cubrecama que envolvía a Miguel??!!… ¿Qué es esto?!!. Lo miro con los ojos desorbitados, camino de vuelta, muy rápido, para comprobar que no estoy viendo alucinaciones… es el mismo cubrecama, aún tiene las manchas oscuras de sangre… Lidia me mira totalmente arrogante

– QUE… DE DONDE?

La sujeto de ambos brazos. Lidia sabe dónde está Miguel??.. aeso se debe su arrogancia y su aire de triunfo?  Si, lo sabe, lo leo en la seguridad con que sus ojos me devuelven la mirada

– ¿Dónde está, Lidia?

– Quiero ver a Andrei y quiero que me ayudes

Terca y obstinada. La presión de mis manos sobre sus brazos aumenta considerablemente. En serio voy a golpearla si no habla luego

– No juegues conmigo ahora Lidia… no sabes en lo que te estás metiendo

La amenazo con un toque de desesperación. Ella sonríe burlona

– Sé perfectamente en lo que estoy metida hermanito… si lo quieres, me vas a ayudar

– DIME DONDE MIERDA ESTA LIDIA O…

– O QUE??… TAMBIEN ME VAS A GOLPEAR COMO A DANIEL??!!

No retrocede sino al contrario, me desafía aún más. Vuelvo a mirar el cubrecama.. Miguel… Lidia sabe quien tiene a Miguel… Por qué tiene el cubrecama?… Lidia??..  LIDIA???!!! FUE LIDIA??? Nunca se me ocurrió…

– ¿Tú te lo llevaste? – pregunto en un susurro de voz. No necesito que me responda. El aire de victoria en su rostro me responde por si solo

– ¿Está bien? – es lo que más me preocupa en este momento

– ¿Vas a ayudarme?

La furia explota dentro de mi y tengo que hacer un serio esfuerzo para recordar que es mi hermana y que es mujer

– Voy a hacerte la vida imposible… voy a encargarme de que tengas una vida de mierda y no veas nunca más a Andrei en tu vida… – mi voz es fría y cortante – dime donde está… no sabes todo lo que soy capaz de hacerte 

Por primera vez la veo dudar, asustarse.

– Si… se perfectamente todo el daño que puedes hacer

Sus palabras tienen un serio efecto sobre mi. Recuerdo todo lo que le hice a Miguel.. ahora sé que Lidia sabe lo que le hice… la suelto. Tengo muchos sentimientos encontrados… alegría porque finalmente voy a saber donde esta… enojo inmenso contra mi hermana y una ansiedad tremenda por verlo…

– Lidia…- mi voz vuelve a salir tranquila, casi normal- dime dónde está y veré qué puedo hacer

La actitud de ella también es diferente. Sintió miedo, la asusté y ahora me mira diferente, me está estudiando y analizando…  está haciendo lo mismo que hago yo …mierda!! finalmente es mi hermana y hay similares genes dando vuelta

– Quiero una promesa Gonzalo… prométeme que vas a dejar que Andrei y yo nos veamos tranquilos

– No puedo Lidia. Son órdenes de nuestro Padre

– A la mierda las órdenes!! Tú eres quien se encarga de Andrei, ¿no es así? Si tú lo autorizas, nadie va a saberlo ni van a molestarnos

– No puedo ir en contra  de sus órdenes!! … dije que voy a intentarlo y es todo lo que puedo prometerte

No le gusta pero parece entender que no estoy mintiéndole.

– ¿No me estas engañando?

– No… es la verdad

Se demora en pensarlo…  los segundos me parecen interminables, las ansias al máximo

– Está bien. Voy a creer que vas a intentarlo… tú sabes que… Yo… necesito verlo Gonzalo

Está apelando a los sentimientos. Recuerdo cuanto se amaban… pensé que iba a ser tan fácil controlar esta situación… pero sólo porque pensé en Andrei, nunca contemplé la situación de Lidia. Casi me alcanza para sentir un poco de pena… pero solo es casi

– Ahora dime donde está Miguel

Lidia se aleja un par de pasos.

– Voy a entregártelo Gonzalo, pero no vuelvas a dañarlo… ni te imaginas por todo lo que ha pasado. Está recién recuperándose y…

– ¿Está bien entonces?

Un soplo de tranquilidad me recorre. El sólo hecho de escuchar la palabra “recuperación” parece quitarme un tremendo peso de encima

– No, no está bien. Esta vivo, pero no está bien

Su mirada es acusatoria… ella sabe todo el daño que le causé. Sostengo mis ojos en los suyos por unos instantes pero finalmente me veo forzado a bajar la vista…

– Lidia… por última vez, ¿Dónde lo tienes?

Estoy rogándole por última vez antes de golpearla o arrojarla por la ventana, estoy al límite de la contención.

– Esta noche te lo voy a entregar. Te llamó para indicarte donde recogerlo 

Toma su bolso y camina hacia la salida. Se detiene

– Es un buen chico Gonzalo… no lo vuelvas a tocar, ni a él ni a Daniel

Su voz me suena a amenaza. Abre la puerta y sale.

Me quedo sin moverme por varios minutos… mi mente trabajando a toda velocidad. Esta noche… ¿debería seguirla?.. podría averiguar en tan solo unos instantes dónde lo tiene… no. Voy a esperar. Esta noche… Miguel… se me confunden en la mente las imágenes de Miguel… el chico feliz de antes y el golpeado y maltratado… me dejo caer en la silla. No puedo contener la explosión de emociones que circulan por mi cuerpo, pero reconozco en particular la sensación y el sabor que me llega a la garganta… miedo??… Voy a ver a Miguel en unas cuantas horas y tengo miedo.

LIDIA

A las 7 de la tarde Lidia estacionó en el patio posterior de la tienda. Bajó las bolsas que contenían la comida que había pasado a comprar. Dejó todo cerca del cuarto de Miguel y se fue hacia la tienda. Terminó de atender a los últimos clientes, despidió a los empleados un poco más temprano que lo habitual y cerró la tienda. Llamó por teléfono a Gonzalo. Acordaron el lugar y la hora. Aún le quedaba bastante rato con Miguel.

Golpeó la puerta y entró. Miguel dormitaba pero abrió los ojos al verla

– Hola- saludó ella, cariñosa.

Miguel respondió con un gesto adormilado y se sentó inmediatamente. Se veía bien, apenas si quedaban rastros del daño físico. Sólo estaba muchísimo más delgado y apagado que antes, no quedaban chispas en sus ojos.

-¿Tienes hambre?

Nunca tenía hambre últimamente. Comía porque sabía que tenía que hacerlo para sobrevivir.

– Un poco – mintió.

Lidia ubico la cena sobre la mesa y ambos comenzaron a comer, ninguno de los dos con mucho entusiasmo. Lidia, con esfuerzo, le contó algunas trivialidades de la tienda y alguna que otra conversación sin importancia. Cuando terminaron, se armó de valor. Los minutos pasaban y ya no podía posponerlo más. Respiro muy profundamente y se sentó junto a Miguel. Le tomó la mano, igual que lo había hecho él en la mañana,  y le sonrió triste.

– Tengo que confesarte algo

Miguel la miró con la misma tristeza y falta de emociones que había tenido desde que lo encontrara… no dijo nada solo la miró indicándole que continuara. A Lidia se le hacía tan difícil, quizás  esto era lo más difícil que había hecho en su vida pero tenía que hacerlo.

– Cuando te traje aquí, te dije que era porque Daniel me lo había pedido… y es verdad, me lo pidió… pero no era la única razón por la que te traje – tenía su mano entre las de ella y lo sintió tensar los músculos – Miguel… todo esto fue antes de que te conociera y me encariñara contigo – no podía ponerse a llorar como una nena tonta aunque tenía ganas de hacerlo, abrazarlo y llorar juntos

– Quiero que sepas que en verdad te tengo mucho cariño y si hubiera podido te habría evitado esto

Miguel retiró su mano presintiendo que algo malo iba a pasar. Su presentimiento fue confirmado por el hecho de que ella no intentó tomarle la mano nuevamente sino que se quedo tranquila a su lado, con la vista baja y en actitud de culpabilidad

– ¿De qué estás hablando Lidia? 

Lidia tenía los ojos llenos de lágrimas, pero siguió hablando lo mejor que pudo

– Te dije que había vuelto a ver a Andrei… anoche

 Miguel la observaba tan quieto que ni siquiera respiraba…  intentando advertir que sucedía y para donde iba esta conversación que definitivamente no le gustaba… había algo malo en la actitud de Lidia

Andrei trabaja para Gonzalo

Miguel sintió de a poco como su cuerpo comenzaba a temblar… muy lento al principio… un suave temblor en el interior de sus músculos que se expandía sin control

– Te traje aquí porque mi intención original era intercambiarte…  te devolvería a Gonzalo para que él me permitiera ver a Andrei 

Miguel se puso de pie de un salto… el temblor se agudizó… sintió que hasta el aire temblaba a su alrededor y sus piernas tenían dificultades para sostenerlo. Lágrimas gruesas rodaban por las mejillas de Lidia. Se paró frente a él e intentó acercarse pero él retrocedió hasta chocar con la pared

– Si pudiera no lo haría Miguel… pero ahora tengo que hacerlo

Quería hablar, gritarle, preguntarle qué diablos era lo que tenía que hacer pero no encontraba la voz… tragó mucho aire

– ¿Vas a entregarme.. a…  a…. a  Gonzalo? 

La voz también temblaba… Ella cerró fuertemente los ojos, el llanto escapaba por los costados… movió la cabeza despacio, afirmando…  Miguel la movió en sentido contrario… negando.

De pronto su cuerpo adquirió movimiento y pasó corriendo por el lado de ella hacia la puerta… Lidia pensó que tal vez quería escapar… Ya lo había previsto y todo estaba cerrado con llave, pero no, Miguel entro derecho al baño y sin poder evitarlo devolvió todo el contenido de su pequeño estómago…  se quedó sentado en el suelo, helado, hecho un ovillo, temblando. Lidia entró con algo de miedo. Entendería perfectamente si la rechazaba y hasta si la empujaba lejos. Pero no hizo nada de eso.  Lo levantó despacio y le ayudó a lavarse y componerse. Miguel no decía nada… pero la miraba con tanto dolor.

-. Perdóname por favor… yo no…

Sus palabras fueron interrumpidas por fuertes golpes en la puerta cerca de ellos.

– Lidia!, abre la maldita puerta!!!

La voz de Gonzalo sonó fuerte y clara. Miguel cerró los ojos. Lidia creyó que iba a desmayarse o algo parecido pero no… Miguel solo cerró los ojos y los mantuvo apretados,  inconscientemente la buscó y apretó su mano. Ella quiso abrazarlo pero no se atrevió. Se quedo a su lado apretando su mano y sintiendo como el corazón se le partía en trocitos.

– Miguel… no va a volver a dañarte… te lo prometo

Él abrió los ojos bruscamente y la miró tras escuchar esas palabras. Quería dejar de temblar.

– No te va a dañar- le aseguró

La puerta volvió a sonar y Lidia lo dejó un momento para ir a abrirla.  No supo como sus piernas lo sostuvieron firme. La puerta se abrió y lo vio entrar, ansioso, mirando hacia todos lados, buscándolo. Sus miradas se cruzaron. Gonzalo detuvo su carrera y se quedo inmóvil, tal como estaba él

–     Miguel!!

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