Miguel Capítulo 27

MIGUEL

 No sé que sentí al verlo… pensé que iba a asustarme y si.. Reconozco que el primer golpe que sentí fue de algo como miedo… su presencia.. tan imponente … pero algo me pasó al verlo directamente a los ojos…  Gonzalo ya no tenía esa expresión de enojo ni vengativa de la última vez… había otros sentimientos en su expresión… preocupación?… ¿pensaría que había muerto?.. ¿estaba extrañado de verme vivo?. Mire a Lidia… me había traicionado, me dolió… pero me molestó más darme cuenta que no podía odiarla… ahí estaba, frente a mí, la peor de mis pesadillas y ella…  justo ella, en quien había confiado, me había entregado…¿por qué pensé que sería diferente?.. tal vez la necesidad de confiar en alguien y sentirme apoyado… pero que pedazo de idiota!!, finalmente son hermanos y son iguales… capaces de cualquier cosa con tal de conseguir lo que se proponen… vacío, eso es lo que en realidad siento… un inmenso vacío…  mi único pensamiento doloroso es cuando recuerdo a mi mamá y a mi hermana… las elimino rápidamente de mi mente… no quiero que me vean flaquear y sentirme débil frente a ellos nuevamente… me siento vacío… un agujero profundo negro y vacio dentro de mí.

– Miguel! 

Gonzalo se acerca… si lo hubiera pensado un poco tal vez habría corrido a perderme y me habría alejado de él… pero …¿qué más puede hacerme ya?.. ¿matarme?.. no, no va a matarme , ya tuvo la oportunidad de hacerlo pero Lidia me rescató antes que lo hiciera…  ahora ya no… supongo. Se detiene frente a mí, muy cerca y estira sus brazos… ¿por qué me está abrazando?… ¿Gonzalo me está abrazando?… frio, helado… no me importa, no me interesa… no lo quiero tan cerca mío

– Te busqué por todas partes 

Me dice al oído mientras me aprieta contra su cuerpo… no sé en qué parte me perdí… algo en este guión está equivocado… porque lo último que recuerdo es Gonzalo golpeándome y queriendo matarme con su rabia y su odio.…  ¿por qué me abraza ahora?… no entiendo… no soy capaz de moverme ni de reaccionar… vacío, completamente vacío es como me siento… creo que estoy tan choqueado que ni siquiera me alcanza para sentir miedo o rabia. Mi vida ha vuelto a dar un giro inesperado de 360 grados…

Gonzalo me suelta y me mira extrañado. No he movido un músculo ni de mi cuerpo ni de mi rostro… quiero llorar y gritar por dentro… gritar muy fuerte…  pero no voy a darle en el gusto de verme sufrir, débil y digno de lástima… ya no más. Con un esfuerzo supremo… en verdad hago un esfuerzo grande para levantar un poco mis ojos y enfocarlo

– Miguel?

Sonríe… Gonzalo sonríe y yo no soy capaz ni siquiera de hacer un solo gesto, no sé explicar que me produce ver su rostro nuevamente… sus ojos… sé que por dentro estoy gritando… por fuera parezco muerto – ven conmigo… por favor, ven conmigo – vuelve a abrazarme y me lleva con él. Siento que su mano en mi hombro es como una marca de fuego…

– Miguel la voz de Lidia me llama pero no me vuelvo a mirarla. Gonzalo se detiene y es él quien la mira – Miguel… perdón… si me necesitas, llámame… estoy aquí… perdón –

– No te necesita – le contesta él fríamente y vuelve a llevarme hacia fuera

– Espera!! – le grita Lidia. Camina de prisa hacia el que fuera el dormitorio y vuelve con las únicas medicinas que aún sigo tomando. Se las entrega a Gonzalo. El las recibe de un manotazo y finalmente cruzo la puerta de salida del negocio de Lidia… el aire frío es como un cuchillo cortante… sigo gritando por dentro.. me traicionaste!!! Confié en ti… que voy a hacer ahora??!! Que va a hacerme ahora??!!!… pero solo recuerdo respirar… nada más. 

Ahí está su vehículo, el negro grande que tiene chofer y guarda espalda. Nos abre la puerta y sin soltarme, subimos.  No es real… estoy soñando??… el vehículo se mueve y avanza por las calles… no es un sueño… su mano en mi hombro me recuerda que es real… nuevamente estoy en manos de Gonzalo.

– Miguel dime algo… ¿cómo estás?… –  su voz es suave… gritando Gonzalo… estoy gritando por dentro aunque no te des cuenta… aunque parezco tranquilo… no lo estoy… quiero irme a mi casa, a la de antes, a la del barrio peligroso y pobre… igual aquello era mejor que tú… quiero alejarme de esta maldita familia para siempre…  quiero retroceder el tiempo y volver a ser el que era antes de conocerte, abrazar a mi hermana y escuchar todos los regañidos de mi mamá…  me arrepiento de haberte conocido… de haber aceptado ese estúpido acuerdo… de que me hayas tocado… de haber sentido algo por ti.

Girar mi cabeza… alejándome de él…. Girar hacia la ventana es lo único que puedo hacer… y respirar.  A Gonzalo no parece importarle. ¿Por qué parece feliz?… mantiene su brazo cruzado sobre mi espalda y su mano sujetando mi hombro todo el camino.  Recuerdo a Janet… los ejercicios que practiqué con Lidia para controlar los temblores., pero todo se me va al diablo cuando veo hacia donde se dirige el vehículo… su departamento. Un jadeo involuntario se me escapa al darme cuenta y muy claramente noto como empiezo a temblar. NO quiero… por favor no quiero entrar a  ese lugar.

-. Hey…¿estás bien? – me toma la barbilla y gira mi rostro hacia el suyo – ¿Estás bien?… háblame por favor– vuelve a preguntarme con notoria preocupación en su voz… pero no logra obtener una respuesta… ni siquiera logra que lo mire… ¿estoy bien?.. ¿alguna vez voy a volver a estarlo?… no sé adónde me he ido, solo sé que aunque mi cuerpo está aquí, en este vehículo con él, yo no lo estoy… respiro como me enseñaron y me calmo… me he refugiado en el fondo de mi cerebro.. de mi corazón… no sé exactamente en qué parte de mi cuerpo pero he encontrado un refugio, protegido y cálido…  y ahí quiero quedarme. Bajamos y nos dirigimos al ascensor. Sé que he usado este ascensor miles de veces pero todo me parece nuevo… sólo me dejo llevar por su firme agarre, dócil, manejable… no me importa nada… ¿cuánto más puede dañarme?…  Abre la puerta del departamento y entramos. Le da algunas instrucciones al guarda espaldas y luego cierra la puerta.  Estoy en mi refugio interno… estoy en un lugar donde él no puede llegar… pero este departamento tiene demasiados recuerdos, las imágenes, como postales, desfilan rápidas frente a mis ojos, desde los momentos intensos y bonitos hasta la locura de su castigo… escalofríos, cierro los ojos fuertemente y vuelvo a respirar profundamente… tiemblo a pesar de todo… incontrolablemente tiemblo, al punto que no puedo sostenerme de pie… siento que la cara se moja con mis lagrimas… maldición, no quiero llorar, no quiero temblar delante de él.

GONZALO.

Lo he recuperado. Miguel está conmigo nuevamente. Ahora recién entiendo el verdadero significado de ese dicho popular “te vuelve el alma al cuerpo”. En verdad siento que he recuperado una parte que me faltaba, de alguna manera vuelvo a sentirme completo. No me habla, no me mira… supongo que está enojado, pero en algún minuto tendrá que reaccionar. Está poniendo a prueba mi paciencia pero me lo merezco… eso y mucho más. No importa… voy a tener que aguantarlo y ganármelo de nuevo. Tengo muchas sensaciones diferentes… no reaccionó como esperaba que lo hiciera… creí que se iba a abalanzar sobre mí a intentar golpearme o a recriminarme todo lo que le hice… estaba preparado para eso… para su rabia y sus ganas de vengarse… para sentir todo su enojo y dolor… pero no sé cómo  lidiar con esto… su silencio, su completa indiferencia, me dejan perplejo y me asusta y altera mucho más que su posible enojo o recriminación… de acuerdo, nadie dijo que iba a ser fácil. Sé que… mierda! sé que me equivoqué y por mucho… pero ya pasó… está bien y… y… no sé qué mierda hacer ahora… sólo quiero que vuelva a ser como antes…

Entramos al departamento. Aún tengo ropa y otras cosas de Miguel aquí. Lo dejo solo un momento para darle instrucciones a uno de mis hombres. Cuando cierro la puerta con seguro y me vuelvo hacia Miguel lo veo como, despacio… casi en cámara lenta, su cuerpo tiembla y tiene que sostenerse de un mueble para no caer. Corro hasta él pero cae al suelo antes que pueda sostenerlo. No grita, no se queja… no habla ni me mira… solo se queda ahí tranquilo… tiene lágrimas que ruedan de sus ojos, pero no parece notarlo… no parece estar consciente de ninguna cosa

-Miguel…- me agacho a sujetarlo pero eso parece incrementar su temblor … ¿qué pasa?, ¿Qué cresta le pasa a Miguel? Me quedo sentado sin tocarlo, a su lado… mirándolo y entonces me doy cuenta de su mirada… vacía… totalmente inexpresiva… Dios! Que te hice Miguel? Donde quedo tu sonrisa?… Donde dejaste al chico que me alegraba la vida??… dime por favor que aún está escondido en alguna parte dentro de ti… no importa si no es ahora.. pero necesito saber que aún existe en ti y tener la esperanza de volver a verte así otra vez.  Sentados en el suelo… apoyados ambos contra la pared, lado a lado, sin tocarnos…. Necesito hablar con él y que me escuche… pero no sé cómo hacerlo, no sé qué palabras usar para llegar a su corazón…

– Miguel… háblame por favor- le estoy suplicando… pero no me escucha… con mucho cuidado, con miedo de su reacción, tomo su mano… Miguel me deja, no se mueve… en realidad es como si no le importara… ha dejado de temblar tan fuerte y esta respirando con cuidado. Me llevo la mano a los labios… la beso… su mano, sus deditos… uno a uno. Quiero rogarle que me perdone… no sé cómo hacerlo, estoy tan feliz de que esté de vuelta conmigo… Nos quedamos un buen rato los dos juntos… no suelto su mano, hasta que su respiración se normaliza y deja de temblar.

– ¿Qué quieres Miguel?-  sé que me estoy arriesgando mucho al hacer esa pregunta… puede pedirme irse, alejarse para siempre… cualquier cosa de ese tipo que no voy a otorgarle, pero quiero que me hable… quiero que me grite su enojo y su rabia… que me golpeé… lo que sea, excepto esta indiferencia y silencio que no soporto. Me giro hacia él y ahí mismo en el suelo, me quedo frente a sus ojos. Levanto su cara de la barbilla hasta que logro que me mire

– Dime qué quieres- su mirada me traspasa… esta frente a mi… no sé cómo explicarlo pero no está en sus ojos. 

Me pongo de pie y estiro mi mano para ayudarlo a pararse. No la toma, se pone de pié solo. Nunca antes en mi vida me había enfrentado a nada parecido… estoy desconcertado, por primera vez recuerdo las palabras de Lidia “está vivo pero no está bien”… ¿se refería a esto?, a esta incapacidad para reaccionar y manifestar lo que siente?…. mierda!! no entiendo nada de esto.

– Miguel – me paro frente a él, muy cerca – no voy a hacerte daño… te lo prometo, no voy a hacerte daño nunca más… ¿me estas escuchando? – Entonces, por fin, mis palabras lo hacen reaccionar. Levanta la vista y por si sólo enfoca mis ojos – Miguel… no voy a dañarte, te lo prometo- es tanta mi alegría al ver su pequeño gesto que lo abrazo muy fuerte, con ambos brazos, cruzados en su espalda, su pequeño cuerpo entre mis brazos.. me emociona sentirlo… Miguel… pero entonces nuevamente empieza a temblar… lo suelto algo asustado… mierda!! ¿soyyo la causa de que tiemble??… ¿me tiene miedo?… por supuesto que si, que idiota que soy!… levanto mis manos frente a él en un gesto que le indica que acabo de entender…

– De acuerdo… no te tocaré… no tiembles más por favor… no voy a tocarte–  Miguel ni se imagina lo mucho que me cuesta pronunciar esas palabras… lo único que quiero en este mundo es justamente lo contrario… volver a tocarlo, a abrazarlo y a sentir su cuerpo junto al mío, pero acabo de prometerle lo contrario y tengo la intención de cumplirlo… aunque me va a costar mucho. Miguel vuelve a mirarme, se está asegurando de que lo acabo de decirle es verdad…

– En serio Miguel… te doy mi palabra de que no voy a tocarte si no lo quieres – muy despacio y con un muy leve movimiento mueve su cabeza asintiendo… está de acuerdo, no quiere que lo toque… he logrado que interactúe conmigo, aunque sea para mantenerme a raya de su cuerpo. Pero al menos esta aquí, está conmigo. 

En ese momento suena el timbre de la puerta. Sé lo que es. Pizza especial con doble cantidad de queso. La recibo de uno de mis hombres y me vuelvo triunfante con mi trofeo en la mano. Miguel ya no está en la misma parte de antes. Se ha hecho un ovillo sobre el sofá de la sala. Me acerco hasta él y pongo la pizza en la mesa frente a sus ojos

-. Tu favorito Miguel – abro la caja… espero una reacción, pero nada… Miguel no mueve un músculo… de acuerdo, paciencia. Me siento a su lado y tomo un trozo de pizza… me lo como esperando que en algún momento quiera uno él también… pasan los minutos y podrían fácilmente pasar las horas…  Miguel no va a tomar nunca un trozo de pizza.

 Okay… ya entendí. – la pizza esta fría y yo estoy al borde de volver a enojarme y gritarle… quiero que de una maldita vez reacciones y me diga algo. Dejo los restos en la cocina. Algo violento vuelvo hasta donde esta él.

– Ya es hora de dormir… ven conmigo– Miguel no me mira ni se mueve… prometí no tocarlo, pero me gustaría arrastrarlo hasta el dormitorio – ven conmigo Miguel – mi voz algo más fuerte de lo normal… tampoco reacciona. Me voy al dormitorio y tomo algunas de sus cosas. El departamento tiene dos dormitorios y aunque el segundo no se ha usado jamás tiene una cama y su propio baño.  Con sus cosas en mis brazos me paro frente a él que sigue mirando el vacío.

– Aquí están tus cosas… puedes dormir en el otro dormitorio si quieres- dejo el montón de ropas y otros en la mesa frente a él. Ni siquiera las mira. Abro la puerta del otro dormitorio y se lo indico. Me doy media vuelta y me voy a mi dormitorio… esto va a requerir de mucha más paciencia y trabajo de lo que pensé… cierro la puerta de un fuerte portazo… me está llevando al límite de la paciencia… Dios!, quiero abrazarlo y besarlo, quiero tenerlo en mi cama y volver a tocarlo y que sus ojos me miren… ni siquiera espero tanto como hacerle el amor… solo quiero abrazarlo… no soporto esta indiferencia y esta actitud!!!. Entro al baño y, seguro de que no va a escucharme, golpeo la pared varias veces hasta que logro calmarme… Termino lo que tengo que hacer y vuelvo al dormitorio… ¿Cómo mierda se me ocurrió cerrar la puerta de mi dormitorio??… Miguel esta solo al otro lado… abro la puerta y de inmediato sé que algo no está bien… hay una enorme corriente de viento… Miguel!!!

– Miguel!! le grito buscándolo en la sala.. el ventanal está abierto y Miguel está de pie frente ael… me quedo congelado, estamos en un piso bastante alto… no, por favor no… así no… siento el miedo recorrerme

– Miguel.. le hablo despacio.. y me acerco lento para no asustarlo – Miguel!..-  lo llamo mas fuerte… entonces me doy cuenta de lo que está haciendo… una a una está arrojando por la ventana las prendas de ropa que le dejé sobre la mesa… toda esa ropa nueva, cara, que le encantaba usar…  no las quiere… no quiere nada que le recuerde lo que vivió conmigo, ¿es eso?…

– Ya basta!! quiero cerrar rápido esa ventana… no quiero ni imaginar lo que puede estar pasando por su mente. Termina de arrojar todo y con mucha calma cierra la ventana. Me paro a su lado pero él, sin volverse a mirarme, se va nuevamente al sofá y se hace un ovillo… no va a usar el dormitorio, se quiere quedar ahí. Ahora si he terminado de asustarme en serio… ¿va a estar aquí mismo cuando despierte mañana?… ¿¿o se va a arrojar por la maldita ventana mientras yo esté durmiendo???  Se me ocurren mil formas fáciles en las que podría dañarse si quisiera…. Me paseo un rato por la sala… enciendo un cigarrillo. Su figura está completamente tranquila en el sofá. Si no hubiese prometido no tocarlo lo llevaría a la rastra hasta el dormitorio… mierda!, tengo que olvidarme de usar cualquier tipo de violencia con Miguel… tengo que aprender a relacionarme con él de otra manera… no sé cómo y odio no saberlo.  Voy a aprender… me importas demasiado mocoso… tengo demasiados sentimientos por ti… anhelo volver a ver tu sonrisa y escuchar tu voz… en este momento eres lo que más deseo en la vida… a ti… voy a aprender… voy a hacerlo. Bien. Me decido. Si no quieres acompañarme al dormitorio nos quedaremos en la sala entonces.  No voy  dejarte solo ni a perderte de vista. Traigo un par de cobertores y los dejo a sus pies. Apago las luces pero las cortinas abiertas dejan entrar suficiente luz como para velo. Me envuelvo en una de las mantas y me acomodo en un sillón cerca de Miguel.  No se ha movido. Sé que no está durmiendo. Tengo algo de temor de dormirme… tal vez debería llamar a uno de mis hombres… pero no… si quiero ganármelo de nuevo voy a tener que hacerlo todo yo… si él no duerme, entonces yo tampoco voy a dormir… el silencio es casi total… solo los ruidos de la calle, distantes y muy bajitos. De a poco la respiración de Miguel se vuelve regular y tranquila. Se ha quedado dormido. Me levanto despacio y con el mayor cuidado lo cubro con uno de los cobertores. Me agacho frente a su rostro… eres tan lindo Miguel… no sé cómo pero voy a lograr que me perdones y me vuelvas a querer. Quiero estirar mi mano para acariciarlo pero entonces recuerdo lo que le prometí… me muerdo la maldita lengua… en que minuto estuve que le di mi palabra… Me vuelvo al sillón malhumorado… lo observo fijamente… me duele tu indiferencia y tu silencio… aunque supongo que cualquier dolor que yo sienta debe ser nada comparado con lo que tú debes sentir por mi… Recuerdo lo que le hice.. ¿Cómo mierda pude estar tan cegado por la rabia?… me doy cuenta que va a ser un largo y difícil trabajo recuperarte pero por dios que estoy dispuesto a hacerlo… estoy feliz de verte, aunque tú no lo estés… yo estoy dichoso. Te quiero mocoso de mierda y voy a ganarte de vuelta… no importa todo lo que me hagas y lo que tenga que aguantar para que me perdones… voy a volver a conquistarte mocoso.

Deja un comentario