Miguel 2 Capítulo 58

CAPITULO 58

MIGUEL

-. No pienses en mis manos- murmuró Gonzalo despacio pegándose más a mí y moviéndose sinuosamente… su cuerpo duro y caliente… demonios!!!

Claro!… era fácil decirlo cuando no era él quien sostenía el arma y trataba de acertar en el centro del blanco mientras sus manos me sujetaban con firmeza de las caderas, hundiendo sus dedos en mis huesos y su pelvis se había unido a mi trasero. Le gusta jugar sucio…

Intenté concentrarme en el objetivo… separé un poco más mis piernas y mantuve el arma firmemente sujeta con ambas manos…  cerré uno de mis ojos para apuntar mejor… podía sentir el peso del arma en mis manos… sentí un brusco tirón… con fuerza bruta apretó mi trasero contra su sexo… mierda!!! estaba comenzando a sentir la erección de Gonzalo en mi culo… no.. no iba a dejar que me ganara… tenía que acertar… relajé mi respiración olvidándolo por un momento y disparé tres veces seguidas atravesando dos veces el centro del objetivo…

Bien!!!… lo había hecho. Relajé mis hombros y bajé los brazos algo temblorosos.

Escuché la risa suave de Gonzalo en mi oído

-. Bien hecho, mocoso

Se quedó en mi oreja… lamiendo despacio el lóbulo… sabe que eso me encanta… sus brazos cruzaron mi pecho y me empujó hacia su cuerpo.

-. ¿Por qué lo haces?- pregunté sin poder molestarme… había acertado a pesar de sus manos sobre mi y estaba eufórico… además, tenía su cuerpo excitado a mi lado y eso es suficiente para apaciguarme…

Lo había sentido acercarse a mí mientras practicaba, justo unos segundos antes de comenzar a disparar, Gonzalo se me había pegado con la clara intención de distraerme. Últimamente hacía muchas cosas por el estilo.

-. Porque eres irresistible

Seguía en mi oreja y bajaba despacio hacía mi cuello… aahhh sentía su aliento caliente…

-. ¿Porqué?- exigí tranquilo sabiendo que me estaba mintiendo

Aún con el arma en una de mis manos,  me giré despacio hacia él, y levanté mis brazos para cruzarlos tras su cuello, ladeé mi cara para invitarlo a seguir en mi cuello… una de mis zonas más sensibles y que él sabe muy bien cómo tratar y maltratar…  Gonzalo entendió la invitación pero se tomó un momento para mirarme a los ojos

-. Porque no quiero que nada tenga la capacidad de desconcentrarte y hacerte errar–

-. ¿No confías en mi habilidad?

No estaba molesto. No aún, al menos, pero no era agradable que pensara en mi de esa manera, que intentara sobreprotegerme. Conozco mi propia capacidad y sé que puedo defenderme bien.  Lo miré en espera de su respuesta

-. Confío en ti, Miguel… más que ninguna otra persona en este mundo

Su respuesta era sincera pero no totalmente satisfactoria. Yo sé muy bien lo que está haciendo. Soy su pareja y sé que confía en mí para muchas cosas pero, a veces, me hace sentir como si tuviera que ser protegido… ¿duda de mi capacidad?… ¿aún no confía en mí para defenderlo?

No pude seguir preguntando… me calló con un beso demandante. Quise separarme pero me mantenía inmovilizado entre su cuerpo y la pared… después de unos minutos ya ni me acordaba de lo que estábamos hablando… mi mundo se había reducido a sus labios, su lengua dentro de mi boca y su cuerpo rozándose contra mi…  había disparado tres veces, aún quedan balas en el arma… no podía dejarla caer de golpe al suelo pero quería usar mis manos para sostener su cabeza y enredar mis manos en su pelo… con cuidado, dejé el arma de vuelta sobre la mesa sin alejarme de él.

Viernes en la tarde… nos habíamos quedado solos en el campo de tiro.

Gonzalo sonrió de medio lado… esa bendita sonrisa

-. Estamos solos- sus manos se deslizaron bajo mi ropa

-. ¿Aquí?-  pregunté sonriendo… el olor a pólvora aún en el aire y la adrenalina aumentando

Aquí o donde fuera  que él quisiera. Gonzalo puede excitarme sin siquiera tocarme… a veces bastan sus ojos fijos sobre mí, en una sala llena de gente, para que mis hormonas se disparen… otras veces es todo lo contrario; su indiferencia me hace desear que me brinde toda su atención y me descubro haciendo cualquier cosa para que vuelva sus ojos sobre mi…

-. Soy tuyo… haz conmigo lo que quieras y donde quieras- dije sumamente dócil… totalmente entregado y deseando sentir más.  Dios!! si alguien me hubiera dicho que yo estaría alguna vez respondiendo así  de cursi me habría reído en su cara…

Mi respuesta le gustó y lo encendió un poco más…

¿Qué iba a ser hoy día?… ¿lento y tortuoso?… ¿rápido y brutal?… ¿tierno y cariñoso?… me quedé esperando a ver su siguiente movimiento…

-. ¿Lo que quiera?- repitió mis palabras alzando una ceja y pronunciando aún mas esa sonrisa misteriosa

Sentí que me estremecía en forma involuntaria… supe de inmediato lo que Gonzalo estaba pensando

-. Casi todo lo que quieras…- corregí manteniendo la sonrisa aunque un poco preocupado.   Se dio cuenta de lo que había cambiado… “casi todo” no es lo mismo que “todo”.

No lo mencionábamos nunca. No habíamos vuelto a hablar del tema desde aquella última vez que me amenazó con usar las esposas conmigo en la cama. Pero es, quizás, uno de los temas más recurrentes en nuestras conversaciones íntimas. Los dos sabemos… y yo lo evito. Sus deseos de hacer las cosas que me hacía antes y de utilizar todo ese montón de juguetes que llevaban tiempo guardados.

No estaba listo… no sabía si alguna vez iba a volver a estarlo.

Fue un pequeño velo de desilusión que cubrió sus ojos por un instante fugaz…

-. Mocoso tramposo

Se abalanzó sobre mí con fuerza agarrando mi cuerpo con sus brazos y aplastándome contra la pared…

Ya sabía que sería… rápido y brutal.

Mis jeans caían en mis tobillos junto con mi ropa interior…  Abrió el cierre de su pantalón y su polla bailó completamente erecta… la tomé en un movimiento rápido qué él no esperaba y, con una sonrisa victoriosa, comencé a acariciarlo con mi pulgar… amo cada parte de Gonzalo pero su pene… lo amo doblemente. Cerró los ojos y me dejó acariciar el glande… mis movimientos se volvieron más intensos al ver la expresión de su rostro… sé bien lo que le gusta… me he vuelto un experto en estimular cada parte de su cuerpo de la manera que le resulta más placentera.

De pronto, tomó mis manos, deteniéndome, y me giró de cara a la pared.

-. No te muevas– ordenó con esa voz que es mejor obedecer… anticipé lo que vendría, totalmente excitado y deseoso.

Se tomó un segundo para buscar un protector…  y al instante siguiente lo sentí dentro de mí.

-. Animal!!…- grité

-. Tú animal favorito- su voz se había vuelto más ronca y sensual

Me sentía reducido con su cuerpo sobre mí, aprisionado por su fuerza y sus deseos, caliente, protegido, deseado, amado… feliz.

Sus besos y caricias eran brutas y salvajes, sentía su piel chocando contra mis nalgas, abriéndome… dolía casi tanto como me encantaba… Gonzalo sabe que el dolor me excita mucho y me lo proporciona de la única manera en que se lo permito…

Comenzábamos a encontrar nuestro ritmo perfecto cuando su teléfono comenzó a sonar… se detuvo solo un momento para apagarlo sin mirar quien era… Continuamos, demasiado entusiasmados como para prestar atención a nada más, cuando esta vez fue mi teléfono el que replicaba urgente en el bolsillo de mi pantalón, a mis pies.

-. No se te ocurra…

-. No… no quiero..

No quería que nada me interrumpiera mi momento con él… pueden ser muchas la veces que hacemos el amor pero es tan rico el placer de tenernos que sigue siendo lo más importante de nuestras vidas… ni el teléfono ni nada…

El timbre siguió repiqueteando sin que ninguno de los dos le prestara atención…. varios minutos, hasta que finalmente quedó en silencio. Los besos húmedos, caricias y embestidas tenían la preferencia. Gonzalo mordía mis labios y me penetraba con mucha potencia… se sentía tan bien, mi cuerpo completamente a su disposición… cada vez con más vigor, presionándome contra la pared…

El maldito teléfono sonaba de nuevo… pero mis gemidos y sus palabras eran lo único que podía escuchar…

-. Quiero… hacer… contigo… todo lo que… quiera…

Remarcó sus palabras con una estocada certera y profunda…

Lo sé… sé bien lo que quiere pero solo era capaz de gemir… la fuerza voraz del orgasmo se apoderaba de mi… lo escuché claramente pero no podía responderle… solo podía sentir como se abría camino y entraba y salía de mí, como su mano se había hecho cargo de mi pene y el placer se apoderaba de cada fibra de mi ser, acumulándose, enloqueciéndome y finalmente explotando en forma líquida a través de mi miembro…

-.  Gonzalo… Gon…zalo…-

Él estaba sintiendo lo mismo… un par de estocadas más y sentí su cuerpo estremecerse mientras me abrazaba y gemía despacio mi nombre… calor húmedo dentro de mí… sus dedos sujetando mis hombros y atrayéndome hacia él… su cuerpo húmedo… su olor, delicioso…

Nos quedamos en silencio muy juntos… solo nuestras respiraciones aceleradas y cansadas… me giré para mirarlo… amo ver su cara durante y después del orgasmo… saber que esa expresión de paz que cubre en sus ojos es por mi causa… que yo pongo en sus ojos ese brillo de felicidad…

-. Te amo, mocoso…- se había vuelto una costumbre… esa frase era lo primero que me decía luego de correrse, cuando su respiración se lo permitía…

-. Te amo también… – me acerqué a besarlo pero fuimos nuevamente interrumpidos por el repiquetear de mi teléfono… nos miramos preocupados… eran muchas veces las que estaba llamando. Tomé el celular de mis pantalones

-. Es María… 

Gonzalo había vuelto a encender el suyo y tenía un par de llamadas perdidas de María también. Le pasé mi teléfono para que atendiera

-. María. Buenas tardes…

Su saludo era formal, pero yo sabía que Gonzalo había cambiado su opinión sobre ella. Antes podía haber representado una amenaza para su felicidad, pero ahora, era una aliada importante y le gustaba esta mujer en envase pequeño y con tanta fortaleza.

-. ¿Cómo?-

Solo una palabra expresada en un tono de voz alterado… el rostro de Gonzalo empezó a cambiar para volverse serio. Comencé a vestirme de prisa. Algo malo estaba pasando.

-.¿Está bien?….  ¿Dónde está ahora?… Voy para allá

Cortó la comunicación y sus ojos buscaron los míos

-. Daniel está mal herido

 

 

En el camino se puso en contacto, primero con Andrei, y luego con Lidia. Ambos también se dirigían al puerto. Les repitió lo mismo que me había dicho unos minutos antes.

-. El auto de María fue atacado por pistoleros. Daniel y Coque iban en él. Daniel está mal herido en el hospital y Coque ha desaparecido

-. ¿Rojas?- pregunté sin dudarlo. Gonzalo era una máscara pétrea. Habían atacado y herido a su hermano. Su estado de ánimo estaba más allá de la furia.

-. Vamos

Subimos al vehículo y manejaba a una velocidad suicida pero no me atreví a decir nada. Iba en silencio. Sumido en sus pensamientos y el ceño fruncido. De vez en cuando recordaba mi presencia y tomaba mi mano para besarla en forma automática o me hacía un gesto cariñoso para indicarme que estaba conmigo aunque fuera tan ausente. Quería tranquilizarlo pero también estaba muriendo de angustia. Coque y Daniel… mi relación con Daniel es cercana y es lo más parecido que tengo a un buen amigo. Teníamos el corazón encogido.

Cuando llegamos al puerto había una hermosa puesta de sol… el cielo y el mar estaban teñidos de rojo…

 

 

TEDDY. 

El generoso Dios del cielo, quien sabe porque razón, había premiado a Teddy Rojas con 3 hijos inteligentes y uno fortachón y cruel. Solo crueldad y fuerza bruta existía en el segundo de sus hijos. Todo lo demás pasaba a segundo plano cuando se trataba de su hijo Domingo. Tenía 25 años, un temperamento de los mil demonios que lo volvía peligroso, sumado a su físico impresionante. Comenzaba a escapar del control de su padre. Más ahora, que se había vuelto inseparable con unos cuantos amigotes que lo seguían como líder. Aun obedecían sus órdenes. Teddy en persona se encargaba de que así fuera, pero sabía que el primero en cortar la cuerda que lo ataba a él iba a ser Domingo. Tenía problemas serios para seguir sus instrucciones y siempre deseaba hacer su cruel voluntad. Leonidas, el mayor (27 años) y el más fiel de sus hijos, le ayudaba a controlarlo pero también estaba consciente de lo mucho que significaba batallar contra el carácter infernal de Domingo.

Teddy y Leo estaban en lo que llamaban “oficinas”. Una construcción antigua instalada en medio de sitio eriazo, ubicado en las afueras de la ciudad vecina al puerto, 30 kilómetros de distancia. Este lugar, una vieja desarmaduría de autos, que se extendía como un manto rodeando por todos los costados el edificio central, era el lugar encubierto donde pasaban sus horas planeando sus fechorías. Por el contrario, la casa que Teddy ocupaba con su mujer y sus hijos, era una suntuosa mansión con muchas construcciones a su alrededor y un altísimo nivel de vigilancia ultramoderno. Rivalizaba con cualquiera otra de los grandes jefes. Pero su oficina dejaba mucho que desear.

Domingo estacionó su vehículo  muy cerca de la entrada a las oficinas. Otros dos vehículos estacionaron tras él y 4 jóvenes descendieron para unirse a su líder.

-. Esperen aquí

Los guardias de Teddy alrededor de la oficina miraron feo al grupo de jóvenes; eran hombres de la vieja escuela, vestían bien y tenía actitud, orgullosos de pertenecer a la familia de Teddy. Les molestaba ver a esos mamarrachos con los pelos en puntas y chaquetas de cuero, llenos de cadenas y colgajos con los que pretendían infundir respeto pero solo lograban causarles risa y desprecio.

Los amigos de Domingo se afirmaron sobre su vehículo. Parecía casual… nada intencional. Sin embargo había una clara intención en ello.

Domingo entró a la oficina de su padre exaltado y ansioso. Tenía algo importante que comunicar…

-. Papá…

Teddy y Leo le brindaron su atención al verlo entrar de golpe sin haber golpeado… parecía alterado y no cesaba de moverse

-. ¿Qué pasa?- el que preguntó fue Leo. Teddy odiaba que interrumpieran sin golpear.

-. Tengo una sorpresa… una muy buena… mejor de lo que esperaba

Leo se preocupó al instante. ¿Qué estupidez había hecho Domingo ahora?… sus sorpresas generalmente les costaban mucho dinero y había que mover muchas fuerzas para mitigar los daños

Domingo comenzó a pasearse nervioso…

Nadie le había pedido que hiciera nada… pero él sabía… escuchaba a su padre y hermanos cuando hablaban… odiaba que esa mujer se creyera con el derecho de negarle algo a su padre… se le había ocurrido seguir a María desde hacía unos meses. Había infiltrado a un chico nuevo para saber sus horarios y planeado con cuidado el golpe que ejecutaría… el resto había sido una beneficiosa oportunidad que él había aprovechado sin medir las consecuencias… no era esta su intención… él quería deshacerse de la molestosa mojigata esa… era ofensivo tener a una mujer negándoles su derecho al puerto… una mujer y un pequeño marica… enfrentándose a ellos!!!¿podría haber algo más ofensivo?

Cuando vio las puertas del vehículo abrirse en el aire y al pequeño marica salir disparado, pensó que el chico iba a morir al estrellarse en el suelo.. Solo ahí se dio cuenta del error… María no estaba en el auto que atacaban sino su hermano menor… primero se asustó pero luego sonrió abiertamente y envió a sus hombres a traerlo, si es que aun estaba vivo el chiquillo delicado.

El mocoso no solo estaba vivo sino que pataleaba y se resistía como si tuviera alguna oportunidad o a alguien le importara. Estaba herido y sangraba pero no era nada de gravedad. Lo amarraron con lo que tenían a mano y lo metieron en la cajuela del auto. Acabaron con la vida de todo el resto de los guardias, chofer y cualquiera que hubiera visto demasiado.  Se alejaron a toda velocidad.  Había resultado un golpe genial.

Ahora tenían un arma poderosa para negociar con María… Tenían nada menos que al heredero de la familia.  Si lo quería de vuelta, tendría que darles la entrada al puerto… Fácil, no es cierto?… ¿porque no se les había ocurrido antes?

Domingo estaba contento. Todo había resultado mejor de lo esperado. Se retiraban sin bajas, con un valioso tesoro y sin testigos que los pudieran identificar.

En el camino de vuelta estaba eufórico y no paraba de reír y gritar.  En el portamaletas tenía encerrado al mariquita. No hallaba las horas de contarle a su padre.

Sin embargo ahora, al observar el rostro serio de su padre y su hermano, se sintió algo cohibido… ¿se alegrarían? O sería como siempre que jamás entendían lo que él hacía por su familia.

Comenzó a molestarse y sentirse nervioso antes de decirles.

-. Vamos. Dinos que pasa Domingo. Papá y yo estamos ocupados

Ocupados?? Ja!! Cuando supieran lo que había hecho se les olvidaría todo lo que estaban haciendo…

-. Tengo al mariquita…- enroscaba sus dedos…

Teddy no entendió de qué hablaba Domingo pero tenía que ser algo importante por la forma en que sudaba y se retorcía frente a ellos…

Leo escuchó a su hermano y sintió una desconexión en su cerebro… creyó entender pero su mente se negaba a racionalizar lo que escuchaba… ¿no podía ser lo que estaba pensando?… no… ni siquiera Domingo sería capaz de eso…

Domingo los miraba con el rostro congestionado, como si estuviera a punto de llorar o reír como demente…

-. ¿Qué fue lo que hiciste?- Teddy se puso de pie.

Leo aún no se atrevía a moverse… los gestos erráticos de su hermano le indicaban que si… que se había atrevido y que el “mariquita” que decía tener era quien él sospechaba.

-. Domingo! Habla claro. ¿Qué hiciste?

 

Los amigos de Domingo se pusieron tensos en cuanto los vieron salir a los tres caminando a paso firme y dirigirse a toda prisa hacia la cajuela. Se hicieron a un lado para dejarles el camino libre. Domingo abrió la cajuela.

Dentro estaba Coque, amarrado, amordazado y vendado, golpeado y con algunos cortes menores y sangre reseca en el rostro… la ropa en jirones y su cara estaba surcada de lágrimas secas. Se movía serpenteando en el reducido espacio y sus gritos morían atrapados en la garganta. Parecía un niño pequeño

Domingo sonreía nervioso y los miraba con orgullo… respiraba agitado y esperaba impaciente… ¿lo había hecho bien esta vez, verdad?

Los rostros sorprendidos de Leo y su padre aún no manifestaban su aprobación.

Leo cerró la cajuela de golpe. Miró alrededor. Era un lugar seguro, pero aún así, había demasiada gente alrededor. Su propia gente… pero esto era en verdad peligroso. Mientras menos supieran, mejor. Domingo había perdido la razón…  Miró a los amigos.. sonreían nerviosos y levemente orgullosos del trabajo realizado.

-. Dame las llaves- pidió Leo a Domingo

-. Pero…

-. Ahora mismo!!!- no se contuvo más y le gritó.

Domingo le entregó las llaves de mala gana. A Leo no le había gustado…

-. Vengan conmigo

Domingo escuchó la voz fría de su padre invitándolos a él y a sus amigos a seguirlo dentro de la oficina. La sonrisa se borró en el rostro de todos ellos y caminaron despacio. A un gesto de Teddy, dos de sus hombres más antiguos se unieron a él.

Leo se alejó despacio pensando a toda velocidad…

Lo mataría.

Primero pensaría que hacer con el chico en el portamaletas y luego volvería y mataría al idiota de su hermano. Había comenzado una guerra y el imbécil ni siquiera se daba cuenta de ello.

 

 

Clemente tenía 23 años y además de inteligente tenía la gracia de ser el más atractivo de los hermanos. Su pelo negro, brillante, caía lacio sobre la mitad de su rostro, su porte y figura, delgado y musculoso, eran muy sugerentes y siempre iba bien vestido. Sus ojos eran almendrados y oscuro. Generalmente, miraban con alegría y dulzura.

Cuando recibió la llamada de Leo entendió el tono de urgencia y dejó todo de lado para dirigirse de prisa al lugar que le indicaba.

 

 -. ¿Y qué quieres que haga con él?-

Luego del impacto inicial entendió lo que Leo le pedía.

-. Te estoy dejando a cargo de él… ellos te ayudaran – le indicó los hombres de confianza de su padre- pero eres tú, en persona, quien me va a responder por la seguridad del muchacho

No encontró otra parte segura dónde llevarlo y que tuviera suficiente privacidad. En ese momento Coque reposaba, esposado y dormido, sobre una de las camas de las casas de visita que rodeaban la gran casa familiar. Estaba, por fuera, toda la protección y seguridad que custodiaba a su familia, pero no era suficiente… Leo no se fiaba mucho en la gente pero si confiaba en sus otros dos hermanos. Anselmo era el menor, solo 18 años y se involucraba muy poco aún debido a sus estudios, pero Clemente estaba bien, ya tenía un par de años de experiencia trabajando con ellos y había demostrado su inteligencia y buen tino.

Leo puso una pistola en manos de Clemente y luego de palmearle la espalda, abandonó el lugar de prisa. Se dirigía a las oficinas de su padre. Tenían que arreglar este embrollo gigantesco antes de que explotara en sus rostros. Lo primero era hacer picadillo a Domingo con sus propias manos.

 

DECLARACIÓN DE GUERRA.

El médico que atendía a Daniel le explicaba, a Gonzalo y a Lidia, las heridas que su hermano había sufrido, en una pequeña oficina del hospital; por el momento, estaba fuera de riesgo vital pero tenía múltiples fracturas y golpes serios. Tendrían que efectuarle más exámenes para saber qué efecto dejaron los golpes en su interior pero por ahora era imposible moverlo. Su estado era delicado y podía empeorar en cualquier momento. Lidia se sostenía de la mano firme de Gonzalo. Con cada palabra del médico le daban ganas de llorar y gritar de impotencia.

Al mirar a Daniel no parecía que fuera verdad ese diagnóstico casi positivo; su rostro estaba casi deforme y lleno de manchones rojos y morados, cortes y magulladuras; vendajes de todo tipo cubrían gran parte de su cuerpo y cuerdas especiales inmovilizaban su pierna y brazo. Respiraba por su cuenta pero hasta ese gesto vital parecía causarle dolor. Ni soñar con que pudiera hablar o siquiera fijar la mirada en alguien.

Miguel sostenía una de sus manos y no podía hacer más que mirarlo y dejar que las lágrimas le recorrieran el rostro.  Le había impactado mucho verlo así.  Gonzalo había visto a Daniel sin emitir un sonido. Solo apretó la mano de Miguel hasta dejarle los dedos montados y adoloridos. Lidia tampoco gritó pero se deshizo en lágrimas.

Andrei acompañaba a Miguel a pesar de la oposición de las enfermeras; esperaba rígido en un costado de la habitación. Quien no lo conociera pensaría que estaba tranquilo, pero hervía de furia por dentro. No podía hablar de tanta rabia que sentía. Conocía a Daniel desde niño y le tenía mucho afecto; sabía el dolor que todo esto causaba en Lidi y Gonzalo.

Había sido una carnicería, la cantidad de municiones que habían usado daba cuenta de la ineptitud de quienes habían efectuado la matanza contra un par de mocosos… a plena luz del día… en una avenida con cámaras de seguridad… con cientos de testigos en las calles. Creyeron que no habían dejado ningún sobreviviente… Andrei había visto la cantidad de disparos en el cuerpo de esos hombres… un trabajo de aficionados.  Daniel se había salvado de milagro… el vehículo quedó tan aplastado y destrozado luego de elevarse por el aire y caer dando trompos para terminar chocando de frente con otro vehículo, que nadie se preocupó de pensar siquiera que alguien más iba dentro o podría haber sobrevivido.

El pasillo fuera de la habitación de Daniel estaba lleno de policías y hombres misteriosos de aspecto agresivo; la gente de María se mezclaba con la de Gonzalo… por esta vez se encontraban unidos. El enemigo era para ambos en común y provenía de otra fuente. Se podía cortar la tensión con un cuchillo.

El jefe de policía, amigo de la familia de María, intentaba contener la avalancha de periodistas, las exigencias del gobernador y del alcalde quienes le exigían respuestas sobre la extrema violencia en sus propias calles; pero lo que más le preocupaba era la conversación que había sostenido con María.

-. Mi hermano ha desaparecido. Es una declaración de guerra. Su ciudad se volverá un campo de batalla si no aparece pronto

-. Señora… estamos en eso. Buscaremos y encontraremos a los culpables… y a su hermano. Tengo a toda mi gente…

-. Quiero las grabaciones de seguridad. Ya envié a buscarlas

-. Señora… no puedo entregárselas… son evidencia y…

– Tiene poco tiempo, Jefe, antes que sus calles comiencen a  teñirse sangre

-. Eso es inaceptable. Debe dejarnos hacer nuestro trabajo…

– Hágalo. Usted hace lo suyo y nosotros lo nuestro. Espero que no nos estorbemos en el camino, Jefe

María cortó la comunicación. Había visto mil veces como su padre jugaba este juego y no le costaba nada hacerlo. Sabía de la lealtad comprada, a precio muy alto, del Jefe de Policía y el alcalde de la ciudad. Ahora era cuando tenía que cobrarse todos esos dineros invertidos y no iba a dudar en hacerlo.

Esteban ingresó a la oficina de María con las cintas de seguridad vial en sus manos, seguido de un par de hombres. Ya ni se molestaban en ocultar sus armas. Todos estaban a la defensiva y atentos.

-. ¿Y bien?- preguntó María.  Tuvo un minuto para pensar que si esto hubiera sucedido cuando su padre aún estaba vivo, ella se habría secado los ojos llorando de pena y aterrorizada al no saber de Coque… pero ahora era su responsabilidad dirigir todo esto y se sentía preparada, fría, calculadora y lista. Esperó la respuesta de su esposo sin desmoronarse ni desear que la abrazara o consolara. Quería acción. Quería saber.

-. Uno de los vehículos pertenece al hijo de Rojas– declaró Esteban. Las cámaras de seguridad vial habían captado todo y no había tenido problemas en obtenerlas luego de “sugerirlo con amabilidad” en las oficinas correspondientes.

María cerró los ojos… lo esperaba, pero la confirmación en boca de su marido significaba que no había vuelta atrás. Se había iniciado una guerra. Tenía miedo por su hermano… amaba a Coque con todo su ser… era a quien más amaba de toda su familia. No deseaba verlo muerto. Sentía algo oscuro y caliente desparramarse en su interior… estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para recuperarlo… sostendría una metralleta con sus manos y le dispararía a Rojas ella misma.

Esteban se adelantó a tomar su mano al verla frágil y dolida.

María entendió el gesto cariñoso de su marido pero ahora, y frente a su gente, no era el momento de mostrarse débil.

Con delicadeza retiró su mano.

-. Necesito hablar con Teddy Rojas- le pidió a Esteban con la voz más gélida que nunca

Fue en ese momento que Gonzalo, Miguel y Andrei entraron a la oficina de María seguidos de algunos de sus hombres

-. ¿Cómo esta Daniel?

María le tenía cariño a Daniel, sobre todo, porque su hermano amaba a ese muchacho. Era también su responsabilidad por haberles pedido que fueran en su nombre cuando los atacaron

-. Está muy dañado pero está vivo. Lidia está con él-  la voz de Gonzalo tenía también algo de esa frialdad al hablar – ¿Qué has averiguado?

Esteban se adelantó con las cintas grabadas

-. Uno de los vehículos pertenece al hijo de Rojas

-. ¿Leonidas?- preguntó sin un gesto en su cara

-. No. A Domingo.

Gonzalo y María se miraron en silencio. Eran quienes debían tomar las decisiones ahora. Estaban en terreno de María.

-. Quiero hablar con Rojas- dijo ella. Gonzalo asintió.

A un gesto suyo y otro de Esteban, todo el resto de los hombres desaparecieron de la sala.

El timbre del teléfono alcanzó a sonar 4 veces antes de escuchar la voz de Teddy Rojas en persona

-. Habla Rojas

-. Habla María. Quiero a mi hermano de vuelta ahora mismo- la exigencia era directa y glacial

Siguió un silencio.

-. Señora ¿Le gustaría que nos juntáramos a conversar en persona sobre este malentendido?

-. No hay ningún malentendido. Devuélvame a mi hermano ahora mismo o esto se volverá muy sangriento para usted

-. Una mujer tan hermosa como usted no debería proferir amenazas tan feas –  Rojas aun estaba bajo la estúpida creencia de que María, por ser mujer y joven, no se atrevería a confrontarlo – ¿Cree tener la fuerza suficiente para enfrentarme, María?

Todos escuchaban la conversación en altoparlante. Gonzalo se acercó, decidido, con la intención de continuar él la conversación ya que Rojas no parecía tomarse en serio las amenazas de María, pero se encontró con la mirada fiera en los ojos celeste de su dueña

-. Usted es verdaderamente estúpido, Rojas– María escupía veneno en su voz

Otro silencio en el que Rojas trataba de recomponerse…

-. Tengo el poder suficiente para aplastarlo yo sola a usted y toda su familia, pero no solo se está enfrentando a mí ¿Acaso no sabe que uno de los hijos de Don Jaime resultó herido y esta grave en estos momentos?-

Si antes creyeron que habían escuchado silencio se dieron cuenta que ahora todo si estaba petrificado en el otro lado del teléfono.

Gonzalo tomó con suavidad el teléfono de las manos de María.

-. Habla Gonzalo ¿Dónde está al muchacho, Rojas?

-. Gonzalo…- había notoria sorpresa en la voz

-. Devuélvelo sin daño y negociaremos el resto

¿Negociar?… en una fracción de segundo Teddy Rojas entendió cual sería su futuro si aceptaba lo que Gonzalo le proponía… Devolver al muchachito y negociar la perdida de los muertos que había dejado Domingo, significaría perder para siempre toda posibilidad de acceder al puerto y desembolsar grandes sumas de dinero y otros beneficios que tendría que ceder para compensar por los caídos…  Ya lo había hecho tiempo atrás, cuando perdió el acceso al puerto… no estaba dispuesto a repetir la experiencia… ahora contaba con sus hijos… eran muchos.. podían con todos ellos… una banda de maricas y mujeres.

-. No hay trato-  el silencio se produjo ahora al lado contrario – Las condiciones las impongo yo ahora. Me comunicaré más tarde

La línea murió al instante. Rojas había colgado. La guerra había sido declarada.

 

COQUE

Estaba asustado… no sabía dónde estaba ya que una venda cubría sus ojos… estaba sobre una cama pero su cuerpo había recibido suficientes golpes para mantenerlo adolorido, en especial uno sobre su sien derecha. Al menos habían quitado las cuerdas que amarraban sus pies y la mordaza de su boca. Solo tenía un cordel sujetando uno de sus brazos. Podía moverse pero no es como que fuera a intentar escapar. Tal como estaba no podría ni caminar, mucho menos correr.  La adrenalina había llegado a su punto más alto mientras lo arrastraban, viajaba en el coche en completa oscuridad, luego cuando lo habían trasladado y ahora recién comenzaba a tranquilizarse…

El accidente… recordó las frenadas y los gritos… los ruidos ensordecedores de los disparos y cuando la puerta se abrió y salió volando por el aire…

Daniel!!!…

No pudo evitar que un grito lastimero escapara de su boca.

Clemente Rojas estaba cerca y lo escuchó gritar.

Se había tomado muy en serio su papel de guardián. Quería que su hermano estuviera orgulloso de él. Ya todos sabían que Leo sería quien dirigiría todo dentro de poco y él quería demostrarle que sabría cumplirle.

Clemente había alcanzado a estudiar ingeniería automotriz, un par de años, en la universidad. Su pasión eran los autos y le habría gustado terminar la carrera pero su padre se opuso. Teddy Rojas le dijo que él tenía suficiente dinero como para que ninguno de sus hijos tuviera que trabajar jamás en otra cosa que no fuera el negocio familiar; se opuso a seguir pagando la universidad… ya había asistido dos años.. ¿Qué acaso no era suficiente con eso??… mejor que Clemente se dejara de tonteras y se pusiera a trabajar en serio con la familia… ¿Quería autos? Pues que los comprara, no?.. para eso estaba el dinero familiar.  Teddy era un hombre inculto y chapado a la antigua… jamás entendería la necesidad de su hijo de aprender y conocer. Clemente tenía solo 20 años cuando eso sucedió, no había trabajado nunca en su vida y no estaba dispuesto a pelearse con su familia ni a perder sus privilegios. Agachó la cabeza, le dijo a su padre que volvería a casa y desde entonces se encargaba de asuntos menores, Era la mano derecha de Leo, Se entendían bien. Clemente tenía un carácter agradable, muchos amigos, le gustaban las fiestas y las muchachas bonitas.

Nunca había asumido un trabajo de tanta responsabilidad… Se había quedado el mismo junto al prisionero. Los hombres, fuertemente armados por orden de Leo, vigilaban por fuera.

¿Qué hacía tirado en esa cama el heredero de Don Lino?   Lo conocía. Lo había visto varias veces y últimamente en la boda de María.  Si Leo le decía que lo cuidara, y vigilara para que no escape, eso haría. Pero tampoco se trataba de un ajuste de cuentas o una venganza… mierda!! era el heredero de otra familia…  lo miraba incrédulo. ¿cómo había llegado a esto?… Vigilarlo incluía evitar que muriera, no era cierto eso?… pues… se veía herido…

Coque no podía verlo. Cuando Clemente lo escucho gritar se acercó a él.

-. ¿Qué te pasa? – pregunto con brusquedad debido a los nervios

Coque no respondió… solo permaneció en silencio pensando en Daniel… ¿estaba vivo?… Oh por Dios!!! tenía que estarlo… ¿qué había pasado?… se asustó al sentir que alguien tocaba su hombro

-. ¿Estás bien muchacho?- La voz se escuchaba amigable

-. ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? Coque se asustó un poco más y preguntó sin cesar

-. Soy quien te vigila. Estas en un lugar seguro donde nadie te va a encontrar– Respondió Clemente con seguridad pero no tenía certeza alguna de que fuera realidad. Posiblemente esta casa sería el primer lugar donde buscarían a Coque.

-. Suéltame!! No sabes quién soy!!!

Clemente sonrió…

-. Claro que sé quién eres

Esas palabras tuvieron el efecto de acrecentar su miedo… si sabían quién era significaba que lo habían hecho a propósito.

-. ¿Qué quieres de mi?… tengo dinero, puedo darte mucho dinero

-. No me interesa tu dinero. Ahora dime si te duele algo y si no, cállate!

No querían dinero… lo querían a él, No tuvo que pensarlo mucho. Llegó rápidamente a la misma conclusión de todos

-. ¿Trabajas para Teddy Rojas?- la voz de Coque temblaba un poco

Clemente mantuvo silencio. No respondería nada sin antes consultarlo con Leo.  Miró detenidamente las marcas visibles de Coque… uufff.. eso tenía que dolerle al muchacho.

-. Dime!!… ¿Soy prisionero de Rojas??

-. Avísame si te duele demasiado,.. Puedo darte algo para el dolor-  respondió Clemente imperturbable.

-. ¿Quién eres?… puedo darte mucho más de lo que te da Rojas… déjame ir…

Clemente se alejó. Si tenía energías para luchar entonces no estaba tan mal.

 

 

Anochecía cuando los vehículos se detuvieron a cierta distancia del objetivo. Actuaron de prisa moviéndose sigilosos en la noche. Eran al menos 30 hombres armados.

Miguel bajó del vehículo, verificó por enésima vez sus armas y comenzó a avanzar junto al resto. Todos sabían  bien lo que cada uno tenía que hacer.

Gonzalo se contuvo justo un segundo antes de sujetarlo por el brazo… apretó fuertemente los puños al ver como Miguel avanzaba junto a los demás. No lo quería ahí. Lo prefería seguro en otra parte, lejos de las balas y el peligro pero no había manera alguna de que Miguel aceptara si se lo pedía. Con sutileza le había sugerido que acompañara a Lidia en el hospital pero Miguel se había reído. Lidia estaba con más de 10 hombres, con Karina en la habitación de Daniel y muchos policías en todo el recinto… no lo necesitaban a él.

Miguel se alejaba con el grupo. Gonzalo odió sentirse inseguro y preocupado. No lo dudó ni un momento. Tomó sus armas, camino de prisa y se situó a su lado. No permitiría que nada le pasara. Lo protegería con su vida si fuera necesario.

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