Miguel 2 Capítulo 76

CAPITULO 76

 

ANDREI

Andrei entró muy temprano a la oficina de Gonzalo. No estaba de buen humor. Había dormido mal. Extrañaba a Lidia y le dolía que no lo hubiera llamado. Posiblemente le habría cortado. No quería hablar con ella.  Pero sí quería saber que se preocupaba de él… mierda!!. No sabía qué demonios quería. Una sola cosa tenía clara. Quería a Karina lejos de Lidia y Gonzalo, sutilmente, le había impedido hacerlo.

-. Buen día – saludo Gonzalo de un excelente humor matutino

Andrei respondió con un sonido sin sentido. Recibió una taza de café que le entregó Gonzalo. Necesitaba cafeína para despertar.

-. He estado pensando. Quiero hacer algunos cambios en el negocio

Gonzalo tenía ganas de preguntarle cómo estaba y si necesitaba de su ayuda. Lo veía mal. Quería ofrecerle su apoyo y  amistad. Pero no podía mencionar la conversación con Lidia. Dividido entre dos personas que amaba, Tendría que esperar a que Andrei quisiera hablar.

-. ¿Qué cambios?

-. Los negocios de la parte baja de la ciudad

-. ¿Qué hay con ellos?

-. Te vas a encargar de toda esa zona de ahora en adelante. Es tuya.

Andrei se confundió por un momento.

-. ¿Qué quieres decir?

-. Te estoy entregando la zona baja de la ciudad. Ingresarás los dineros donde siempre pero ahora su funcionamiento es tu responsabilidad

Andrei no pudo evitar que su boca se abriera. Lo que Gonzalo le estaba entregando era una gran cantidad de poder. Un regalo de ese tipo se hacía solamente entre padres e hijos de una misma familia. Podría llevar los negocios en forma independiente. Ganaría mucho dinero aunque gran parte de los ingresos seguiría siendo de la familia.

-. ¿Por qué?

No es que no lo quisiera. Por supuesto que lo aceptaba. Era la máxima expresión de gratitud y confianza que un jefe de familia le expresaba a alguien. Estaba feliz. Pero quería entender la razón. Tenía una pequeña sospecha dando vueltas en su mente

-. ¿Por qué? Porque no eres mi sangre pero como si lo fueras. Porque eres la persona más leal conmigo y porque quiero premiar tu cariño y afecto. Lo que hizo tu padre ya está en el olvido. Tú no eres él. No quiero que seas mi segundo. Quiero que seas mi amigo. Confió en ti plenamente, Andrei. Tienes independencia de ahora en adelante

Andrei se tomó un momento para asimilar las palabras antes de responder. Tragó el nudo en su garganta.

-. No te fallaré- respondió emocionado acercándose a estrechar su mano. Quizás Lidia estuviera de alguna manera involucrada. Pero todos sus años de conocimiento y amistad de Gonzalo le indicaron que estaba hablando en serio y que esas eran buenas razones – Gracias, Gonzalo-

El abrazo surgió lleno de emoción y cariño. Habían recorrido tanto camino juntos. En las buenas y en las malas habían estado apoyándose y seguirían haciéndolo.

-. ¿Lo sabe Lidia? – preguntó Andrei temeroso de la respuesta

-. No. Miguel es el único que sabe

-. ¿Estas enterado de lo que pasó entre… nosotros?

-. Si. Lidia me contó algo. ¿Quieres hablar de eso?

-. No –

Se había desvelado pensando. No tenía respuesta a las preguntas de Karina. Se había dado cuenta de errores que había cometido con Lidi. No aceptaba a esa Karina como competencia… No quería perder a Lidia… la extrañaba. Aún estaba demasiado enredado para hablar del tema.

-. ¿Quién va a secundarte ahora?

Gonzalo sonrió antes de responder…

-. Jorge

Andrei alzó las cejas mirándolo sorprendido y analizando la inesperada respuesta. Tendría bastante que enseñarle. Se calmó tras un momento. Si. Jorge era una elección sensata. Había que adecuarse a los tiempos actuales y usar la tecnología a mano. Estaba de acuerdo. Solo que…

-. Jorge… ehh… bueno… ¿Jorge?… ¿Miguel sabe?…-

-. Cállate y lárgate!!

-. Mmhh. ¿Así de complicado?

-. Largo!!!

Abandonó  la oficina sintiéndose liviano, agradecido y feliz. Todos sus años de dolor y angustia, la traición de su padre, todo quedaba atrás. Tendría su propia zona. Poder, dinero, liderazgo y la mayor confianza del Jefe de Familia, su mejor y único amigo. Era uno de los elegidos.  Quería correr a buscar a Lidia para contarle y abrazarla, pedirle perdón y decirle que todo cambiaría de ahora en adelante. La extrañaba y la amaba.

 

JORGE

A Jorge le gustaba llegar temprano al edificio donde trabajaba, sobre todo desde que le habían hecho entrega de una oficina. Con mucho orgullo había recogido sus cosas delante de sus anteriores colegas y se había trasladado al piso donde trabajaba la gente de Gonzalo. No eran muchos. Pocos y muy bien seleccionados. Su oficina la compartía con otra persona pero era grande y con una hermosa vista sobre la ciudad. No era tan bonita como la de su nuevo jefe pero para él, era un sueño que se volvía realidad. Le había encantado ver la cara de envidia de sus colegas.

La idea del poder lo entusiasmaba.

Aportar con lo que sabía y demostrar de lo que era capaz lo hacía sentir vivo. Jorge conocía sus capacidades y su alto nivel de inteligencia pero tenía necesidad de aprobación y afecto.

Desde niño y, sobre todo durante la adolescencia, lo habían calificado de nerd y había sido objeto de burlas y desprecios de sus compañeros de clases…  y eso solo fue debido a su extrema afición a los números y pantallas y su falta de destreza social. Nadie sabía que le atraían los chicos. Habría sido peor.

Cuando creció y tuvo la seguridad de un trabajo y un lugar donde vivir, lejos de su familia y conocidos, reunió el valor suficiente para invitar a salir a un chico que le gustaba. No era un gran conversador, no tenía tema. Podría haber pasado la noche entera hablando de programas, software y conexiones. Solo se distraía para admirar la belleza del muchacho que tenía por delante pero sin atreverse a decírselo.

Tampoco sabía cómo agradar a las personas y quizás el ser ansioso le jugaba en contra.

Salió un par de veces con el chico aquel. Terminaron en la cama enredados en su primera relación sexual. No hubo una continuación. Todo acabó aquella noche. No resultó como esperaba pero no se dio por vencido.

Siguió intentándolo con otras personas, incluso con chicas, esperando que algo cambiara y se presentara la oportunidad de tener una persona importante en su vida. Pero todas sus citas terminaban al poco tiempo.

El tiempo pasaba de prisa y aún no aparecía quien cambiara las cosas. Deseaba entablar una relación verdadera con otra persona.

Posiblemente era su culpa. No sabía sociabilizar. Era experto en su campo profesional… pero las personas eran un misterio que no estaba seguro de saber cómo resolver. Los computadores eran más confiables y uno siempre sabía que podía esperar de ellos. Con las personas no.

Durante el tiempo que trabajó con Andretti vio a Gonzalo al menos una vez a la semana; a veces en el ascensor, otras veces pasaba cerca de su cubículo de trabajo o en el lobby del edificio.  Lo encontraba fascinante. Un personaje tan sólido, de quien nadie se atrevería jamás a burlarse o reírse por que le gustaban los chicos. Todos sabían que Miguel era su pareja pero eso no disminuía su valor.  Fue toda una revelación para Jorge entender que tal vez no se trataba de sus gustos por otros hombres sino de la manera como enfrentarlos. Gonzalo y Miguel eran la prueba de que se podía lograr.

Se notaba que Gonzalo se sentía a gusto con las personas. Es más, generalmente era él quien lideraba los grupos. La curiosidad lo había llevado a investigar su vida. Se sentía fascinado por el hijo del dueño. No había encontrado mucha información pero entre lo que vio y los comentarios que circulaban sobre él, entendió de que iba el negocio del piso superior. Nadie hablaba de ello en voz alta. Veía pasar hombres misteriosos con aspecto de duros. Todos se dirigían al piso superior. Intentó entrar una vez pretendiendo haberse equivocado pero fue despedido de vuelta apenas salió del ascensor. Eso solo añadió más interés.

Cuando Andretti le dijo que subiera a la oficina de Gonzalo  por primera vez, le temblaban las piernas y casi no podía hablar.  Bueno. No es que hubiera mejorado tanto tampoco. Aún se ponía nervioso cuando conversaban frente a frente. No podía evitar la admiración que Gonzalo le causaba. Sin embargo, Su personalidad cambiaba por arte de magia cuando Jorge se acomodaba las gafas en el puente de la nariz y se metía en los temas que entendía. El computador era una extensión de su cerebro y allí, se sentía el rey.

El día que Gonzalo le dijo que continuaría trabajando con ellos fue uno de los más felices de su vida. Ni siquiera preguntó cuánto dinero iba a ganar. El simple hecho de que lo aceptaran entre todas esas personas decididas y fuertes le parecía grandioso.

Los números en su cuenta bancaría, recién abierta,  crecieron.

Su personalidad se fue volviendo más firme y segura, cuando no estaba frente a Gonzalo.

Se dio cuenta que amaba el poder.

Dar una orden, pedir algo y que lo obedecieran, sin cuestionar, era totalmente nuevo para él y el sentimiento era excitante.

Tener acceso a toda la información de los negocios de la  familia era un privilegio que pocos tenían. Había tanto que hacer allí. Se sentía especial y muy agradecido.   Dios!!Cómo le gustaría que cualquiera de esos estúpidos chicos que se reían de él en la escuela pudieran verlo ahora. Quizás algún día se daría el gusto de buscarlos y restregarles en la cara lo bien que estaba.

Era un hombre muy agradecido y su lealtad hacia Gonzalo era incuestionable.

Estaba contento con su departamento a pesar de que no lo había elegido él mismo. La mujer que trabajaba en el mismo piso que él era experta en conseguirlos. Poco después que se confirmara su permanencia en la familia, la mujer le hizo entrega de las llaves y le anunció que podía mudarse ese mismo día. Jorge, sorprendido, solo atinó a preguntar por la renta… la mujer lo miró extrañada y al darse cuenta que le preguntaba en serio se largó a reír

-. Es uno de los beneficios, No hay renta- se encogió de hombros y se marchó.

Le tomó poco tiempo averiguar que ese, al igual que muchos otros edificios, formaban parte del lavado de dinero de la familia. Se mudó al día siguiente. Feliz de poder dejar el agujero donde vivía y cambiarlo por un departamento moderno y luminoso en un barrio residencial de la ciudad.

Cualquier cosa que el jefe necesitara de él se convertía en prioridad para Jorge.

Es por eso que se había quedado trabajando hasta tarde en su departamento preparando lo que iba a mostrarle a Gonzalo. Tenía muchas ideas. Mejoraría el control de los negocios. Quería agradarle.

Se presentó en la oficina de Gonzalo a las 10 en punto. Pantalones grises, cinturón de fino cuero, camisa clara y sus inevitables gafas. El pelo un poco largo, siempre desordenado, por más que intentara dejarlo quieto tras las orejas.

-. Aquí tengo todo – dijo acomodando su laptop sobre la mesa para poder mostrarle a Gonzalo.

-. Déjalo un momento – suavemente, Gonzalo cerró el computador de Jorge – siéntate –

-. Pero…-

-. Estoy seguro de que me vas a sorprender con lo que me vas a enseñar. Pero antes, vamos a hablar –

Como siempre, Gonzalo vestía jeans oscuros y una impecable camisa blanca con un par de botones abiertos. La visión de la piel bajo la camisa era seductora y no ayudaba con sus nervios. Se sentaron frente a frente en los sillones

-. He decidido hacer algunos cambios y tú eres parte de ellos

La cara de Jorge reflejó el súbito temor que esa frase le produjo. ¿Ya no lo quería en su equipo?

Gonzalo sonrió…

-.Andrei tiene razón.  Vas a tener mucho que aprender

-. ¿Qué debo aprender? ¿Qué cambios?

-. Andrei Sigue con nosotros pero trabajará en forma independiente. Necesito alguien que ocupe su lugar

Gonzalo dejó que la frase hiciera efecto sobre Jorge. Pudo ver el momento exacto en que los ojos  soñadores de Jorge se abrieron grandes y el aire se inmovilizó en sus pulmones

-. Yo? – apenas un susurro

-. Tendrás ayuda al principio y mucho que aprender.

-. Yo?… – ahora parecía entenderlo de verdad

-. Lucio y Ghiotto te enseñaran a manejar armas

-. ¿Disparar…?

-. Y hay ciertas pruebas que tendrás que pasar

Jorge no podía hablar. Su mente estaba intentando procesar lo que sucedía. Era.. era.. Dios!!! era increíble!! Que alguien lo pellizcara con fuerzas por favor…

-. ¿Qué te parece?

-. Si… si, señor. Acepto. Aprenderé todo lo que sea necesario… ¿tengo que matar a alguien?

El sonido de la risa de Gonzalo era tranquilizador después de la tremenda noticia. ¿Cómo se digería un anuncio así?…

A Gonzalo le causaba gracia la inocencia y sinceridad de Jorge. Cualquier otro habría intentado disimular su asombro, pero Jorge se mostraba trasparente. Era triste pero tendría que aprender a no dejar traslucir sus sentimientos

-. Tal vez algún día tengas que matar pero no será ahora – respondió aun con la sonrisa burlona en la boca

Por la mente de Jorge desfilaron rápidamente las cosas que había visto hacer a Andrei… Ocupar el puesto de Andrei?? Por todos los cielos!! Demonios!!! Si que tenía mucho que aprender pero se sentía capaz de hacerlo. Le estaba costando mantenerse sentado…

-. ¿Por qué yo?

-. Porque sabes lo que nadie más sabe – respondió señalando el laptop – necesito de tus conocimientos y porque me das confianza

Si Jorge hubiera podido, habría saltado a los brazos de Gonzalo y lo habría besado hasta el cansancio. Sentía una ola de euforia subirle por el cuerpo… Ni en su mejor sueño se habría imaginado lo que estaba pasándole… no era un sueño, ¿verdad?

-. Yo… no sé qué decir, señor – estaba abrumado, lleno de agradecimiento y con una urgente excitación que comenzaba a reptar por su vientre.

La mirada de deseo que dirigió hacia Gonzalo fue recibida con extraña frialdad.

-. Hay un par de cosas que debes demostrarme antes de que concluyamos este acuerdo

Gonzalo había vuelto a ser el hombre serio y dueño de sí mismo.

-. Si. Dígame. ¿Qué debo hacer? –

Movería montañas, escalaria el Everest, cazaría el ultimo tigre de Bengala… lo que fuera necesario

-. Estoy corriendo un riesgo al ofrecerte este cargo – Gonzalo se había puesto de pie y comenzaba a caminar

-. Lo entiendo. Sé que hay gente más preparada y mucho más cercana a usted… pero no voy a  defraudarlo, señor. Haré todo lo…

-. Miguel – pronunció Gonzalo en una sola palabra dicha con firmeza y autoridad.

El nombre descolocó a Jorge ¿Miguel? Miró a Gonzalo confundido…

-. ¿Qué pasa con Miguel?

-. Amo a Miguel y no deseo que comprometas mi relación con él. Es muy halagador sentir que te atraigo pero todo se va a la mierda cuando Miguel se pone celoso.  Estoy enamorado hasta la última gota de mi sangre de ese mocoso… y si te quedas trabajando a mi lado, jamás le darás un motivo de celos.

Jorge escuchó estupefacto… la vergüenza de lo que Gonzalo había dicho hizo que su cara ardiera y que se sintiera débil y herido. Bajó la mirada sin saber dónde meterse… nunca en su vida había deseado que un agujero gigante se lo tragara de prisa…  Ni siquiera era capaz de negarlo… de defenderse o mentir… Por supuesto que Gonzalo se había dado cuenta…  Respiraba entrecortado y jadeando.  Sin saber que más hacer se puso de pie de un salto y se alejó hasta la puerta… necesitaba escapar de la mirada de Gonzalo..

-. Jorge!

Jorge alcanzó a abrir la puerta y estaba a punto de salir corriendo cuando recordó todo lo que estaba en juego… era demasiado para abandonarlo… todavía seguía sin poder controlar su respiración… permaneció afirmado en la puerta abierta y levantó la cabeza de a poco… A solo milímetros de su cara estaba la de Ghiotto que entraba a la oficina justo en ese momento… la sorpresa de ver al hombre mirándolo lo hizo retroceder

Con su parquedad habitual, Ghiotto pasó por su lado, entró a la oficina y le entregó un sobre abultado Gonzalo.

-. Espérame afuera un momento – pidió Gonzalo dirigiéndose a Ghiotto – Jorge, no hemos terminado aún– era una orden.

Jorge giró despacio. Ghiotto pasó por su lado con una mirada intrigada.

-. ¿Dije algo que no sea verdad? – Gonzalo mantenía la voz calmada y fría

Jorge dudó antes de responder. Gonzalo lo había dejado desnudo y estaba mortificado. Si se daba media vuelta y corría desaparecería la humillación que apenas podía tolerar pero también se esfumaría la enorme oportunidad que le estaba ofreciendo Gonzalo. No volvería a tener una chance igual en su vida…  Bien. Si quería ese puesto habría que crecer y hacer sacrificios. Este era uno de ellos y si, maldición, si quería el cargo.

-. No, señor. No dijo nada que no sea real – era penoso admitirlo a la vez que liberador

-. ¿Entiendes lo que estoy pidiéndote?

-. Si. Entiendo bien.

-. Trabajaremos muy estrechamente, pero si vuelves a mirarme con los ojos lánguidos de deseo… te largas!

La vergüenza era casi insoportable. Se sentía humillado pero a la vez entendía… Al menos su jefe estaba siendo muy claro y dejándole saber desde un principio lo que esperaba de él y que terreno pisaban. Respondió de la única forma en que podía hacerlo

-. No volveré a hacerlo – reunió el valor suficiente para elevar sus ojos hasta encontrar los de Gonzalo.  No estaba enojado. Por curioso que pareciera, Gonzalo estaba tranquilo y lo miraba con simpatía

-. Estamos de acuerdo, entonces – Gonzalo extendió su mano para estrechar la de Jorge. El gesto tuvo la capacidad de calmarlo

-. Si… yo… lo siento mucho

-. No lo sientas. Era halagador pero no quiero problemas. Miguel es todo para mi

-. No. Yo… entiendo

Volvió a mirarlo pero esta vez de manera diferente, con una clase de admiración nueva… ¿Cuánto orgullo se necesitaba para defender así el amor por otra persona?… Miguel era un maldito afortunado. Quería alguien que lo amara así… alguien que defendiera su amor de esa manera… El nunca había sido especial para alguien… ¿Por qué algunos tenían tanta suerte?

-. Tienes una semana de plazo para que haya una persona metida en tu cama 

La voz de Gonzalo ordenando lo sacó de sus sueños. Creyó que había escuchado mal ¿Qué había dicho???!!!

 -. Qué?…. Cómo?

-. ¿Quieres poder? ¿Manejar gente? Empieza por demostrarme que puedes llevar a alguien a tu cama… no me interesa como lo hagas –

-. Pero!! ¿Es en serio?!! – casi gritó

-. Muy en serio. No  lo dudes. Una semana de plazo-

Gonzalo se giró dando por terminada la conversación y dejando a Jorge con la boca abierta y afirmado con ambas manos al respaldo de la silla. Comenzó a reír al ver lo que le había provocado pero su sonrisa se congeló en la cara al ver lo que estaba pasando en la puerta.

Su sorpresa fue mayor al ver al Ghiotto reclinado contra el marco de la puerta, con la boca abierta y los ojos desorbitados mirando fijamente a Jorge…  todo en la expresión de su cuerpo gritaba lujuria y deseo… Desde los ojos afiebrados hasta el bulto en su entrepierna… Nunca lo había visto así antes…  Si solo le faltaba comenzar a babear…

-. Ah no… mierda!!! tienes que estar de broma!!- gritó Gonzalo alzando los brazos en un brusco gesto de contrariedad revisando a Ghiotto de arriba abajo

Ghiotto reacomodó su postura mirando a su jefe con vergüenza y sin saber dónde meterse…

-. ¿En serio? – preguntó Gonzalo  directamente frente a él

-. ¿Qué… que cosa?- preguntó Jorge desde el interior de la oficina sin haberse percatado de lo que sucedía

Ghiotto se quedó con la boca abierta mirando a Gonzalo, no sabía que responder ni pensar de sí mismo… no entendía lo que le estaba sucediendo, lo que le pasaba a su cuerpo desde hacía unos minutos… él no era como su jefe… no… el era bien macho para sus cosas… no es que su jefe no lo fuera o si?.. ah! No importaba!!… el caso es que… ese Jorge… tan delgadito y bien  formado… parecía… bueno… es que…  Mierda!  Se asustaba de lo que había pensado y sentido

Gonzalo seguía frente a él lo miraba fijamente, empezando a dibujar una sonrisa de burla que muy pronto se convirtió en una sonora carcajada

-. Buena suerte. No es tan difícil – dijo en voz alta palmeándole un hombroLuego se acercó para hablarle al oído – tiene un culo increíble. Te va a encantar

Ghiotto aun no soltaba el aire que tenía retenido en sus pulmones desde hacía rato. Las palabras de Gonzalo le provocaron una subida estampida de calor en la parte media de su cuerpo…  jadeó como si hubiera estado corriendo mucho rato y comenzó a toser al soltar el aire…

-. Jefe, yo no…

-. No necesito de tus servicios. Quedas a disposición de Jorge. Llévalo conAndrei – había un claro aire de burla en el tono de voz de Gonzalo – una cosa másGhiotto…  El da las órdenes- dijo señalando a Jorge.

-. Jefe… no… es que… – se enredó con las palabras en su garganta y no supo ni que hablar – jefe, no me haga esto…- suplicó bajito acercándose a Gonzalo pero él ya no lo escuchaba. Seguía riendo por el pasillo camino del ascensor. Tenía cosas que hacer en la calle.

El hombre se quedó en la puerta sin atreverse a mirar al ocupante del interior…  no podía sacarse de la cabeza las palabras de Gonzalo ni la sensación de electricidad que sentía en el cuerpo…

Gonzalo subió al ascensor y se marchó dejándolos solos.

 

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