Capítulo 14: Cielo mío

CIELO MIO

 

Te he esperado por lo que parece ser demasiado tiempo, y ahora que finalmente te encontré sé que en mi recuerdo, grabado estará tu nombre toda la vida.

 

HAN

 

Hay cosas que pensé que jamás sucederían y aprendí a superarlo. En algún momento me resigné a vivir con el repudio gratuito de alguien a quien toda mi vida he considerado parte de mi familia. Sin serlo, y sin que él me tome siquiera en cuenta. Sino que por el contrario, pareciere como si mi existencia fuese una molestia o un problema que se esmera en resolver.

Entonces, el día menos pensado, llega a deshoras en la mañana y me arrastra fuera de mi departamento casi en bata de baño, sin dar la más mínima excusa ni explicación, salvo que me golpeará si no lo acompaño.

Como si necesitara algún motivo para molerme a golpes.

Pero heme aquí, después de haber recorrido toda la zona baja acompañándolo mientras él hacía unos cobros, había terminado sentado en un parque solitario, congelándome el trasero y la vida misma, con un café insípido y barato que apenas y se dignó a comprarme. Y solo porque le insistí mucho, poniendo en peligro mi propia existencia. Pero fue su culpa, porque ni siquiera me dejó tomar mi cartera. De traerla conmigo no le pido nada.

– ¡Tengo frio! – Me quejé como por veinteava ocasión. Damián reviró los ojos y después me miró con impaciencia. – ¿Qué? ¡De perdida debiste dejar que me ponga los zapatos! – Me abrazaba a mí mismo e intentaba darle un poco de calor a mis pies, frotándolos entre sí.

– ¡Que princesa! – Bufó.

– Pues tú de príncipe no tienes nada… – Reproché.

– ¡Ya te compre un café! – Rebatió – ¿Qué más quieres? ¡Tragátelo rápido y deja de quejarte! – Le dediqué la peor de mis miradas. Sin duda alguna, era un insensible.

– ¿Para qué me sacaste de mi casa? – Le cambié el tema.

Damián se removió inquieto en su asiento y me sentí poderoso, era la primera vez en todos estos años, que lograba incomodarlo. Para que sepa lo que sentimos los simples mortales cada vez que lo tenemos cerca.  – ¿Y bien? ¡No tengo toda la vida!

– ¡No me hables así idiota! – Me regañó y hasta ahí llegó mi valor.

– Bueno, ya… ¡Lo siento! – Me disculpé rindiéndome.  – ¿Necesitas que te ayude en algo, no? ¿De qué se trata?

Vi el momento justo y en primera fila en que el “Gran Damián Katzel” se avergonzaba hasta la medula. ¡Vamos! ¿Es enserio? La gente que le conoce sabe que es una máquina de dar golpes, que es violento y más frio que la nieve que me caía encima. Yo me sentía muy intimidado por él, desde que le conocí le tuve miedo y crecí con eso, él me mostraba una actitud tan hostil que en muchas ocasiones olvidaba que solo era un muchacho, algunos años menor que yo.

Pero jamás le había visto como ahora, y si alguien me hubiera dicho que Damián podía cohibirse y mirar con vergüenza a alguien, me hubiera reído en su cara. Sin embargo, ahora que comprobaba por mí mismo que si era posible, sentí mucha ternura. Ante mis ojos se mostró como un niño angustiado que no sabía cómo confesar alguna fechoría que hubiese hecho, por temor a ser castigado.  – No le diré ni una palabra a nadie… – Agregué, intentando alentarlo para que hablara. – ¡Lo juró por tus hermanos!

– Necesito que… me “ayudes”… – Cuanto le costó pronunciar esa simple palabra. – Lo que pasa es que… quiero escribir una nota pero no sé qué debería poner… porque no es una nota cualquiera… – Aunque empezó a buen tono, fue bajándolo hasta que lo último fue casi un murmullo que pesé a que me acerqué para escucharlo mejor, fue casi indescifrable.

Su petición me confundió muchísimo, es decir, terminó una carrera difícil con muy buenas notas, así que muy seguramente sabia como se debía escribir una nota. Incluso yo le había visto escribir muchas, siempre con un lenguaje bastante florido, pero al fin y al cabo, notas. Quizá el punto residía en lo último que dijo, eso que casi no escuché.

– Si no es una nota cualquiera… ¿Qué tipo de nota quieres escribir? – Quise saber. Él de nuevo desvió la mirada y todo hizo clic en mi mente. Tal vez es estúpido, pero me sentí como un padre que con orgullo escucha a su hijo hablándole de su primer amor. – Es para él… ¿cierto? – Le pregunté en voz baja, como para no asustarlo. Como si eso fuese posible, en fin, tal vez si lo era.

Damián asintió sin mirarme.

– ¡Aja! – Dije y él me miró con recelo.

– ¿Vas a hacerme suplicar? – Preguntó molesto.

– Es solo una pequeña venganza por lo mal que me has tratado todos estos años… – Confesé.

Él de nuevo miró para otro lado y aunque el arrepentimiento jamás cruzó por su rostro, supe que de alguna manera su silencio era su manera de reconocer que había actuado mal. – ¿Por qué me lo pides a mí?

– ¡Porque quiero saber lo que no debo escribir! – Gritó sarcástico. – Eres un idiota… ¿Sabes?

– Me lo recuerdas cada que puedes…

– Me vas a ayudar… ¿sí o no?

– Escribámosla entonces… – Respondí.

Damián sacó unas cuantas hojas dobladas que llevaba en la cazadora y un bolígrafo. Y los dejó al centro de la mesa. Realmente se veía incomodo con esta situación, pero ese chico debía ser demasiado importante como para hacerlo pasar por esta situación. – ¿Cuál es el motivo?

– Una promesa…

– No es que quiera entrometerme… – Aseguré – Pero necesito más información. – Él resopló vencido.

– Dijo que estas notas nos servirían el día que sintamos que ya no podemos continuar… para recordar los motivos que nos llevaron a estar juntos.

– ¿Le vas a dar esta nota?

– Pues no le entendí muy bien, pero parece que las juntaremos en algo, él también va escribirlas…

– Una vez leí algo similar… – Agregué dubitativo y por primera vez, Damián me miró con cierto interés. – Se llama “la caja de recién casados”… Ignorá el título. Porque no le dices que quieres hacer unos ajustes en la dinámica.

– ¿Qué ajustes?

– Dile que las notas que tú le escribas, se las vas a dejar en un lugar donde fácilmente pueda verlas, así te evitas la incomodidad de tener que dársela personalmente y los silencios que suelen ocurrir tras esos momentos. Que él conserve las que tu escribas y a su vez, las que te escriba, también deberá dejártelas en algún que tengan en común. Y tú conserveras esas notas… Así ambos podrán leer los sentimientos del otro, cada que lo necesiten.

– ¡Eres tan cursi! – Exclamó y lejos de decirlo con fastidió o con asco, que era como siempre reaccionaba ante estas cosas. Lo dijo con preocupación.  Y no pude evitar reírme.

– ¡Les encanta! – Aseguré. – Ese tipo de detalles nunca falla, y si realmente te interesa deberías de hacer un esfuerzo. – Le regañé y él solo escuchó en silencio. – ¿Cuánto tiempo llevan?

– El tiempo es relativo… – Pesé a su respuesta, algo en mi interior me dijo que se sabía los días con todo y horas. Pero era demasiado orgulloso para admitirlo. Y si no le insistí es porque en efecto, para este tipo de cosas, el tiempo no existe.

– ¡De acuerdo! – Le dije y tomando las hojas y el bolígrafo me dispuse a iniciar. – Haremos un borrador, solo para que sepas los elementos que debe llevar, debido a que es algo muy personal, tu podrás escribirla posteriormente, sin que tengas testigos.

 

DAMIÁN

 

Fue detallista en cada cosa y me iba explicando lo que en su momento no entendía. Y resultó que era mucho más sencillo de lo que esperaba. Después que terminamos, en agradecimiento le compré otro café. Aunque no pareció encantado por mis atenciones.

Lo llevé de nuevo a su departamento y el caminó lo hicimos en silencio, pero no fue un silencio incomodo, yo pensaba en las cosas que escribiría y él, ahora en calor del interior del auto, parecía demasiado feliz y sumido en su propio mundo.

– ¡Llegamos! –Anuncié para hacerlo volver a la realidad.

Le tomó un par de segundos digerir el mensaje y sin más se dispuso a bajar. Por supuesto, me llevaría su auto, aunque eso, él no lo sabía.

– ¡Gracias! – Dijo y abrió la puerta. ¿Acaso no se lo olvida algo? Jalándolo por la ropa, le obligué a sentarse de nuevo y cerré la puerta del auto.

– ¿No tienes algo que decirme? – Pregunté con seriedad. Han me miró detenidamente y negó con la cabeza lentamente. – Vamos a mantener las cosas por separado… – Le dije – Aun si no estoy dispuesto a admitir hondamente mi agradecimiento por tu ayuda de hoy, lo estoy… – Aseguré y no pude evitar irme enojando conforme hablaba. – Pero eso es punto y aparte con lo referente a Deviant… ¿Acaso creíste que no lo iba a notar? ¿Qué podías cogerte a mi hermano solo así como si?

– Yo no… no sé qué decir…

– ¡Escuchame muy bien imbécil! – Bramé y sacando uno de mis juguetitos se lo puse a la altura de la sien. Sobra decir que Han se hizo chiquito en el asiento.

– Guardas “eso” en el mismo lugar donde guardas una nota especial… – Me reprochó. – ¿Se puede saber porque tienes una pistola? ¿Acaso no es ya, lo suficientemente peligroso que andes suelto por la vida? – Le quité el seguro y serví la primera bala, de inmediato él guardó silencio.

– ¡No estoy para bromas, Han! – Amenacé – Y si no quieres que Deviant se quede solo antes de tiempo, más vale que te comprometas enserio con él. Puede que sus padres ya no vivan, pero él se encuentra años luz de estar solo, yo le cuido y veló por su seguridad. Así que harás una comida o cena en el casino y anunciaras tu compromiso con él. Y de aquí en adelante pobre de ti que se te ocurra irte con otro amiguito, porque lo mato a él y te rompo las piernas a ti… ¿Quedo claro?

– ¡Más de lo que te imaginas! – Aseguró.

– ¡Eso espero! – Amenacé – Y que no pasen muchos días y mucho menos que se te vaya a ocurrir desaparecer. Porque te buscaría hasta debajo de las rocas con tal de devolverte a su lado…

– Mis intenciones con él siempre han sido las mejores…

– Más te vale… ¡Ahora, largo! Que tengo muchas cosas que hacer. – No tuve que repetírselo, pero aun así, antes de cerrar la puerta, volvió la mirada hacía mí.

– Si vas a la capital, que de seguro es así… ¡Por favor! No mates a nadie… – Suplicó con dramatismo. – Golpealos todo lo que quieras, pero no le dispares a nadie… De todos modos le llamaré al abogado por cualquier cosa…

– ¡Vete al diablo, Han!

Me reí de sus ocurrencias pero hasta que lo hube dejado atrás.

Tanto él como Deviant me tenían en un mal concepto. Me decían que me cuidara o que me portara bien como si no supieran que yo era casi un angelito desterrado del cielo. La pistola era solo por si acaso.

Pero antes que todo lo que estaba por venir, me interesaba escribir mi nota. Así que me detuve en una fondita de comida típica que estaba a la entrada de Sibiu. Después de ordenar algo de comida, me dispuse a escribirla:

 

No sé muy bien como iniciar estas líneas, así que comenzaré por un simple… ¡Hola!

Debo confesarte que no sabía con exactitud que debía escribir, no es porque no sintiera nada… al contrario. Pero nunca me había dado a la tarea de darle nombre a lo que siento y digamos que todo comienza aquí, contigo…

En el pasado he tenido compañías pasajeras… pero no miento, cuando digo, que eso era solo un fuego que calentaba y quemaba todo a su paso, y al cabo de un rato, se reducía a cenizas.

En cambio, ahora es distinto. Contigo lo es…

Nuestra llama es un fuego que funde nuestros cuerpos y que baila al ritmo de nuestras respiraciones, de las caricias, los susurros y nuestros juegos.

Pero comenzaré desde un poco más atrás, para ser exacto, desde esa primera vez que te vi y me viste.

Ahora mismo, siento que basto esos primeros segundos, para despertar esa llama que yacía dormida en mi interior. Tu primera caricia fue con la mirada, y la guardo recelosamente en mi memoria, como una posesión de gran valor.

Fue la primera vez que me tocaste sin rozarme la piel, y por cómo se dieron las cosas, creí que también sería la última. Estaba muy enojado y lo estuve aún más, cuando me di cuenta que no podía sacarte de mi cabeza. Pero pasaron los días y comencé a rondarte, no daré más detalles al respecto, así que no… ¡No insistas!

Después tuvimos ese poco acertado acercamiento y bueno, yo terminé con un lápiz enterrado en el brazo y tú te fuiste muy asustado… No sé si lo hice, pero por si no, me disculpo por esa ocasión. Posteriormente ocurrió lo de mi hermano, fue muy gracioso por cierto, y me sentí feliz de saber que podía provocar tus celos. No es necesario que lo niegues… sé que estabas celoso. Por suerte, ese día no paso a mayores, no hubo sangre de por medio y ese fue un gran paso.

Seguidamente acepto que busqué un segundo acercamiento, en este pude estrechar tu mano por primera vez, nos pusimos nombres, coqueteaste conmigo y yo contigo, te di un primer beso en la mejilla y aun si hubiera querido más, no me lo permitiste. La plática y las risas no se hicieron esperar, comenzamos a hacer planes y siento que fue un momento muy grato. Ese día también descubrí que eres bueno haciendo llaves inmovilizadoras y lo es que es un lindo rastro de sonrojo, en tus mejillas de niño. También conocí a tus abuelos y al imbécil de Axel. Pero para ese momento, noté que nos tocábamos cada vez más, lo buscábamos, lo necesitábamos.

Desde ese momento comencé a sentir lo inevitable y supe que esto que crecía entre nosotros, no podía quedarse inconcluso. El lugar, la luz y el ritmo cambiaron, aunque seguían siendo los mismos, pero para mis ojos, ya nada era igual.

¿Recuerdas esa primera cita? Juro por mi vida que yo no la he olvidado. Hacía tantos años que no experimentaba tal nerviosismo. Esa fue una noche mágica, recuerdo muchas cosas, pero en mi memoria está más claro cuando mis manos comenzaron a reconocer los surcos de tu piel. Tú sobre mi regazo y mis labios que comenzaron a explorar los tuyos por primera vez.

(Acabo de suspirar… ¿eso es normal?) ¡Lo dudo! Contigo he hecho muchas cosas por primera vez y eso me gusta.  Pero volviendo a tus labios (¡Oh, si…! ¡Cómo me gustaría estar en tus labios en estos momentos! ) Recuerdo su sabor… Pastel de Chocolate ¡Delicioso! Los ánimos agitados y nuestra respiración entrecortada. ¡Dudo que pueda haber algo mejor!

Perdí la cuenta de cuantas veces te bese, pero recuerdo que yo era como un lobo que marcaba su territorio en tus labios. La noche, la luna y todas esas estrellas, fueron testigos de cómo me perdí en la planicie de tu boca.

Vestirte, desvestirte, salir a pasear de tu mano, retozar en tu cama, con mi cabeza en tus piernas mientras tú me haces cariñitos, compartir con tu familia, acorralarte en cualquier esquina de tu casa, pasear con tu abuelos y que Susan me llame “su nieto”, volver a besarte, intentar embrujarte con una bebida de amor, buscar cualquier pretexto para tenerte entre mis brazos, mentirte para obtener una declaración comprometedora de tu parte, sentir celos incluso del mismo aire que despeina tus cabellos, discutir, ver tus lágrimas, beberlas intentando menguar mi culpabilidad, escucharte reclamarme, dormir a tu lado, besarte y tocarte como lo he hecho esta mañana, mientras tú me ignoras.

Todo lo que me has hecho sentir, está grabado en mi mente. A ti jamás podré superarte cachorro… No Ariel, yo no necesito escribir estas cosas para recordarlas… Porque jamás podré olvidarlas.

 

No lo revise, no hacía falta, cada palabra escrita era una verdad total y sincera. Doble las hojas y volví a guardarlas. Ya quería que anocheciera, que las horas pasaran volando para volver a él, perderme en ese cielo mío, tan mío como nunca antes había deseado poseer algo y esconderme en su cuerpo, mientras me embriago de sus labios.

 

 

SERÉ FELIZ POR TU FELICIDAD

 

Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.

 

JAMES

– ¿Por qué ahora que estas más cerca de mí de lo que te he tenido todos estos años, te siento más lejos y ajeno que nunca? – En un loco intentó de aferrarlo más a mí, lo estrujé contra mi pecho. Como si con eso pudiera cambiar en algo lo inminente.

– ¡James! ¡No puedo respirar! – Se quejó.

– ¡Lo siento! – Alcancé a responder y sin embargo, apenas y si, cedí un poco en mi agarre, pero no le solté en ningún momento.

Habíamos hablado de cosas sin sentido, era más una conversación casual en la que fingíamos ser hermanos de nuevo, y nos poníamos al tanto, de los últimos días que habíamos pasado lejos.

Samko evitaba a toda costa hablar de Gianmarco o cualquier cosa que tuviera que ver con él y yo fingía no saber que era precisamente con él con quien había pasado las últimas noches.

No tenía derecho a juzgarlo pues fui yo quien le orillo a ir en su búsqueda. Ni siquiera saqué a relucir, las marcas que pude encontrar en su cuerpo, cuando lo observé a detalle. Eso no quería decir que no me ardía el alma por ellas y tampoco voy a negar que en más de una ocasión quise decirle unas cuantas cosas. Pero de nuevo, lo más sensato que pude hacer, fue quedarme callado.

Yo había terminado con la espalda recargada sobre la pared, las piernas separadas y contraídas y él, sentado igual que yo sobre el colchón se había colocado entre ellas, sus manos reposaban en mis rodillas y su espalda estaba contra mi pecho. Me dejaba tocarlo, y acariciarlo a mis anchas. Su nuca, cuello y hombros estaban a mi disposición, pero no sus sentimientos.

Me dolía tanto.

Él estaba perdido en su mundo y yo un poco extraviado en el mío. No vi el momento en que ambos callamos y quedamos en medio de tanta nada.

– ¡Me tengo que ir! – Susurró, pero no fue como el chantaje al que siempre me sometía, diciéndome esto para que le pidiera que se quedara un rato más. En esta ocasión él, realmente hizo el intento de alejarse, pero fui yo quien se negó a dejarlo ir.

– ¡Quedate un rato más! – Supliqué, mientras lo rodeaba por la cintura.

– Estoy en proyectos finales… Debo ir a clases y tú también.

– ¡Por favor! ¡Solo un poco más!

Tampoco me hizo suplicar, volvió a acomodarse entre mis piernas y colocó sus manos sobre mi agarré. Se quedó quieto y el silencio reino en la habitación por segunda vez. Esto también era nuevo, y sin embargo desagradable, él callaba y yo estaba acostumbrado a todo su constante escándalo.

– Hoy fue Deviant a la escuela… – Comentó.

– ¿Enserio? – Dije más por contestar algo.

– ¡No, solo te lo dije porque ya me harté de tu excesivo parloteo! – Respondió sarcástico. Me reí por lo bajo y mis labios volvieron a repasar su cuello. Le iba dejando besos suaves por su piel blanca y él se erizaba a ratos.

– ¿Volvió a regañarte? – Le pregunté sin dejar de besarlo, mis manos ya le caminaban por el torso desnudo y necesitó un poco más del tiempo estimado por la buena educación, para responder.

– ¡N-no! – Dijo y al siguiente instante, un jadeo igual a suspirar por la boca se le escapó de lo más hondo de su ser. – ¡Hicimos las pases! – Agregó después de cuando mucho, un par de minutos en los que se dejó ir, disfrutando de mis caricias por sus costados. Le tocaba hasta donde alcanzaba, sin reparos ni la menor timidez. Conocía este cuerpo casi a la perfección, lo había visto crecer y desarrollarse, así que, me sentía con derecho.

– ¿A si?

– ¡Sí!

– ¡Me alegro por ambos!

– Me dijo que entre ustedes nunca hubo nada… – Me detuve en seco… ¿Qué había dicho? ¿Nada de qué? – ¿Es eso cierto? – Su rostro buscó el mío y cuando nuestras miradas se encontraron vi algo que no supe como descifrar. Me tomó varios segundos comprender a que se refería.

– ¡Dios, no! – Le dije de inmediato. – ¿Cómo pudiste pensar algo así?

– Eso parecía… – Fue su vaga respuesta.

– ¿Qué?

– A pesar de que conmigo siempre ponías limites, no tenías reparos para enrollarte en caricias y atenciones con él… – Pesé al tono casual ese sin duda había sido un reproche. – Incluso lo hacían en público… ¿Qué querían que pensáramos?

– Todo menos eso… – Respondí. – Deviant es mi hermano. – Le recordé.

– Tanto como lo soy yo… – Me rebatió. – Y casi tanto como lo es Damián y él… Y eso nunca ha sido un obstáculo para sus arrumacos. Y ahora nosotros…

– Es distinto Samko…

– ¿En qué…?

– Damián accedía porque no quería lastimar a Deviant y bueno, porque quien podría resistirse a ustedes. – Le dije como si fuera lo más obvio en el mundo. – Pero lo de ellos estaba destinado a no ser. Ahora Deviant esta con Han y Damián… Bueno, es Damián, no le podemos exigir demasiado.

– ¿No estas enterado?

– Nuestra relación no está en el mejor de los términos ahora…– Reconocí demasiado abatido para mi gusto, pero en el fondo, me dolía que estuviera molesto conmigo, aunque estaba consciente que me lo merecía.

– Pero sabes que te quiere… ¿No? – Intentó alentarme, poniendo una de sus manos sobre mi mejilla y fue reconfortante sentir su calidez. – Damián nos ama a su manera… a los tres. Él ha mencionado que está muy orgulloso de ti.

– ¿Enserio? ¿Él ha dicho eso? – Ahora me sentía como un niño al que le acaban de poner su primera estrella en la frente por su buena conducta.

– ¡Sí! Me lo dijo muchas veces… Nosotros hablamos de ustedes cuando estamos a solas y por eso sé que nos ama.  Aun si nunca lo dijo con todas las palabras. Te regaña porque quiere hacer de ti un hombre de bien. Dice que conmigo ya se rindió y Deviant ya lo es…

– Me hace feliz saberlo…

– Yo también te amo y estoy orgulloso de ti. Y Deviant también… – Mi corazón se estrujó tras esas palabras. – Así que ya deberías olvidar esas ideas locas que siempre te han atormentado. Tú perteneces a esta familia, fue así, desde el primer día que Damián te trajo.

– Los amo a ustedes también… – Alcancé a decir.

– ¿Seguiste investigando?

– Todo va muy lento… A veces pierdo las esperanzas.

– No lo sé James… ¡Tal vez deberías dejarlo por la paz! ¡Ya tienes una familia! ¿Por qué entonces quieres otra? ¡A veces no lo entiendo!

– No quiero otra familia… – Le aclaré. – Creo que ni yo mismo sé lo que quiero.

Samko acarició las vendas de mi mano. Mismas que él colocó después de regañarme y lavar mi herida.

– Vuelve a casa Sam… – Supliqué. – Me siento muy vacío sin ti.

Su respuesta fue un sofocante silencio.

– ¿No dices nada…? – Insistí.

– Lo estoy pensando…

– ¿Pensar que…? – Pregunté un poco irritado, él reaccionó y al instante se tensó completo de pies a cabeza. – ¡No te asustes! Me juré a mí mismo que primero me cortaría las manos antes de volver a hacerte lo mismo… – Pese a lo incomodo que era tocar el tema, lo dije con convicción. – Solo quiero que estés aquí…

– ¡Necesito un poco de tiempo!

– ¿Para qué necesitas tiempo? – Exigí saber y en un movimiento inadvertido le dejé con la espalda sobre el colchón y mi cuerpo sobre el suyo. – ¿Para decir entre él y yo? – No lo lastimaba, ni le gritaba, pero mi voz no dejaba de escucharse impotente ante esta situación, quería asegurar un sitio a su lado a como diera lugar. Tomé sus manos y las aprisione con las mías a la altura de su cabeza. – No quiero… para nada es lo que deseo, pero si no queda de otra, aceptaría ser el segundo… pero no voy a perderte.

– No nos hagamos esto James…

– No… no me hagas esto tú… – Le exigí. – Me seguiste, me acosaste hasta el cansancio, ahora lo entiendo todo… me coqueteabas, me seducías hasta el punto de que me quitabas la paz y todo este tiempo yo luché en silencio contra todo esto,. intentando ignorarlo, pensando que era tu naturaleza juguetona, que no era por nada en particular. Pero no era así… Tú me metiste en esto y es justo que me devuelvas la paz que me robaste. Paz que nunca existió porque me gustaste desde sabrá dios cuando…pero por lo menos, hazme sentir seguro…

– ¿Cómo hago eso…? – Preguntó.

– ¡Vuelve a casa! – Respondí.

– ¿Me quieres de vuelta o solo no quieres que este con él?

– ¡Que frio! – Me quejé y lo solté. Pero no me quité de encima de su cuerpo.

– ¡Te amo! – Dijo.

– Pero también lo amas a él… ¿no?

– No me hagas quedar como el malo del cuento…

– Pero lo eres…

– James…

– Me amas… pero no vas a dejarlo. Lo amas a él, pero también sientes “lo mismo” por mí… ¿Tiene algún sentido todo esto?

– Jamás dije que sintiera lo mismo por ambos… – Rebatió.

– ¿Entonces lo amas más a él? ¿Es eso…?

– ¡No, no es eso!

– ¿Entonces que es…? – Pregunté alzando la voz, y definitivamente me aparté de su lado porque estaba perdiendo los estribos. Samko aprovechó mi lejanía para tomar su ropa y comenzar a vestirse. Lo observé sin recato. Era hermoso en todos los sentidos.

Cuando estuvo completamente vestido, tomó únicamente sus libros, y dejó la ropa.

– Hoy mismo tendrás mi decisión. – Anunció. – ¡Te amo como hombre y como hermano! Odiaría perderte de alguna manera. No tienes idea de todo por lo que he pasado en estos años… lo que he sufrido desde que acepté mis sentimientos hacía a ti. No me arrepiento James, tú eres de lo mejor que me ha pasado en la vida y de sobra sabes que hay muy pocas cosas buenas en mi vida. Pero comprende una sola cosa… – Dijo mientras se acercaba de nuevo a mí. – Esta vez… se trata de mí y de mi felicidad. Viví durante años para ti, amándote en silencio. Y también viví durante años para él, amándolo sin poder ser más que la sombra de alguien que ya no respira. Ahora intento vivir para mí y seré todo lo egoísta que pueda… de la misma manera en la que ustedes lo fueron conmigo. Y no es justo… porque si te elijo a ti, pierdo lo más parecido a un padre que he tenido en la vida. Y si lo elijo a él, pierdo al más preciado de mis hermanos. – Los ojos se le llenaron de lágrimas y de nuevo me sentí culpable… – ¿Por qué siempre tengo que perder yo? ¿Por qué?

Mis manos subieron a su rostro y acaricié sus mejillas. Limpiando el rastro húmedo que sus lágrimas habían dejado al descender.

– Va a ser muy difícil para mí si lo eliges a él…– Confesé – Pero no por eso dejaré de quererte, ni mucho menos dejaras de ser mi hermano… ¡Lo juro por Deviant y Damián!

Samko se aventó a mis brazos y lloró como el niño que aún era. Sabía perfectamente lo que había hecho. Y sin embargo, no me arrepentía. Él tenía tanto derecho como cualquier otro a ser feliz y si de mi dependía asegurar su felicidad, lo haría, aunque la vida misma y el corazón se me fuera en ello.

Deja un comentario