Capítulo 15: Para toda la vida

PARA TODA LA VIDA

 

–…Eres lo que más amo en esta vida…

– No es para tanto…

– No, no es para tanto… ¡Es para toda la vida!

 

 

HAN

 

 

– ¿Qué tan seguro estas de que quieres hacer esto? ¡Los compromisos son precisamente eso, compromisos! – Tras su poca acertada elección de palabras sonreí. Mi vista seguía paseándose entre las vitrinas, pero si le estaba escuchando. – Más si hay un gigantón violento de nombre Damián, de por medio… – Asentí, en eso tenía toda la razón. Damián iba a ser tanto como obtener de regalo de Navidad, la peor de tus fobias. – No crees que es demasiado pronto.

– Llevamos más de tres meses como pareja… – Le recordé y ella solo reviró los ojos.

– Tres meses no es nada…

– Entonces sumale los veintitrés años que llevó de conocerlo, y los casi dos últimos años que he estado tras de él, presionándolo sin descanso, los seis meses desde que dijo que yo también le gustaba y empezamos a salir, los dos meses de enamorados con citas clandestinas y nuestros tres como pareja… ¡Definitivamente, no es demasiado pronto! – Aseguré. – Dejame ver este.

– No está entre los de tu presupuesto… – Respondió con dureza.

– No te di un presupuesto… – Le aclaré con cierta reserva pero sin dejar de sonreírle.

La conocía de toda la vida, su madre trabajo mucho tiempo para los Katzel, y ella solía jugar con Deviant y conmigo cuando éramos niños. Nuestra amistad era muy estrecha, o por lo menos lo fue hasta antes de que Damián llegara a la familia. Después de ese día, ambos perdimos la atención de Deviant y ella perdió su amistad, porque nunca le agrado el chico que era en exceso violento, de mirada intensa y sombría que casi nunca hablaba o al menos, no en nuestro delante, y su cuerpo lleno de cicatrices la asustaba.

Damián mordía y aruñaba a todo el que se le acercara, excepto a Deviant. Y llegaron a tal punto que te gruñía y se te iba encima si querías apartarlo de su lado. A mí me correteó muchas veces y en todas terminé con heridas serias. En ese tiempo, Damián era como un pequeño salvaje y Deviant lo adoraba. Pero las cosas fueron cambiando, resistí cada uno de sus ataques y ahora, creo que más o menos me había aceptado. Aunque con Damián nunca se sabe.

– ¿Vas a mostrarme el pulso o debo pedirle a alguien más que me ayude? – Ella bufó molesta y sacó la pequeña cajita. Era una esclava de oro planchado y al final colgaban dos gotitas como de agua. – ¿Puedo cambiar los colores? – Ella rebusco en otra cajita y había gotitas de casi todos los colores. Escogí una en color tornasol y otra en color zafiro.

– ¡Que cursi! – Se burló.

– ¡Gracias! – Le respondí dedicándole la más deslumbrante de mis sonrisas. Enserio que hoy nada podía amargarme el día, era el hombre más feliz del mundo y punto. – ¡Por qué no lo llamas e intentan recuperar su amistad! – Propuse. – Te recuerda…

– ¡Lo pensaré! – Anunció mientras envolvía lo que había elegido. – Esta es tu nota, pasa a la caja a pagar y te entregaran esto en el estante de alado.

– ¡De acuerdo! Entonces… ¿Nos veremos después?

– ¡Vete Han, estoy trabajando así que no me interrumpas! – El paso de los años tampoco la habían cambiado a ella, seguía siendo la misma chica ruda que le gustaba atrapar sapos en el estanque de los Katzel. Le sonríe y me despedí con un gesto de mano, mientras me alejaba, ni pensar que me dejaría darle un beso en la mejilla. – Y Han… – Me llamó y me giré para mirarla. – ¡Felicidades! – Agregó sin muchos ánimos y con la misma desapareció por el pasillo.

Pagué y recogí mi compra. Iba a volver al departamento, específicamente estaba esperando que algún taxi desocupado viniera a mi rescate, pues estaba helando, o quizá era que aunque había pasado toda mi vida en esta ciudad, nací siendo friolento, pero me el viento frio me calaba los huesos. En estos momentos era cuando más extrañaba mi auto, pero mi adorable cuñado se lo había llevado.

Mientras casi me hacía bolita en la acera, intentando darme calor, vi esa tienda y una idea loco cruzó mis pensamientos. Si él ya había cedido en algo tan importante como lo de anoche, yo también podía ceder respecto a esto. Sin más crucé y me adentré. Otra chica, solo que mucho más amable que nuestra ex mejor amiga, se me acercó preguntando si podía ayudarme algo.

– La verdad es que si… – Respondí. – ¿Es que no se cual escoger? ¡Todos son muy bonitos!

– ¡Lo son! – Dijo ella. – Pero si me permite, de este lado, reciente mente nos llegaron estos que son endémicos de Europa. Y no solo son bonitos, sino que soportan mejor los cambios drásticos del clima. Son conocidos como Bosque de Noruega y se dice que sus orígenes se remontan a cientos de años. – Llegamos hasta otra vitrina donde había aproximadamente unas ocho bolitas de pelo en diferentes colores. Pero de entre todos, el de color blanco me resulto más llamativo.

– Creo que va a ser este… – Anuncié, mientras lo señalaba.

Estaba en esto cuando sonó mi celular y al ver la pantalla supe que se trataba del dueño de mis quincenas.

– ¿En dónde estás…? – Fue lo primero que preguntó en cuanto atendí su llamada.

– ¡Hola, amor! – Le saludé intentando sonar casual, pero definitivamente sentí su angustia. – ¿Qué sucede? ¿Las cosas con Sam, han ido mal? – Tuve que alejarme y dejar temporalmente lo que hacía para atenderlo. Algo debía andar mal si había tenido que llamarme.

– ¡No! ¡Las cosas con Samko están bien ahora! – Respondió de inmediato.

– ¿Entonces qué sucede?  Te escucho preocupado… – Lo sentí dudar, y después suspiró con pesadez. – ¿Vas a decirme que es lo que pasa?

– E-es que no me habías llamado… – Soltó con voz turbia.

Cierto, suelo acosarlo por teléfono y él siempre había dicho que le disgustaba, pero tal parece que no era así.

– ¿Por eso estabas preocupado?

– E-es que… en la mañana ya no nos pudimos despedir y… después, ya no me llamaste… – Su voz desanimada me hizo reír y se enojó por eso. – ¿Te estas burlando de mí?

– ¡Jamás haría algo así! – Aclaré. – Vi algo gracioso…

– ¡Entonces no me estas poniendo atención! – Se quejó – Mientras yo me preocupo por ti, tú solo estás haciendo el vago quien sabe dónde…

– ¡Lo siento, mi amor! ¡Soy un maldito desconsiderado! – Le dije con fingida culpabilidad, fue más por darle por su lado, porque no estaba haciendo el vago.

– ¡No seas sarcástico! – Me regaño. – ¿Estas solo?

– ¡No! – Me limité a responder.

– ¿Con quién…?

– ¿Necesitas algo en particular? – Evadí su pregunta.

– ¡Que vengas a casa!

– ¿Tiene que ser ahora?

– ¡Sí!

– ¿Tu departamento o el mío?

– El tuyo…

– ¡De acuerdo! – Le dije – Dame una hora, cuando mucho hora y media y estaré ahí.

– ¿Y que se supone que voy a hacer mientras tanto? – Estaba comenzando a enojarse enserio.

– ¡No lo sé! ¿Qué es lo que generalmente haces cuando salgo en las mañanas…?

– Esperar a que vuelvas…

La respuesta me conmovió por completo, casi podía verlo hacer pucheros en este preciso momento. Se sentía solo y expuesto, suele ser así después de que hacemos el amor, y supuse que él al igual Damián, pensaban que yo iba a desaparecer.  Francamente no entendía de donde había sacado eso.

– Iré ahora mismo… ¡No te preocupes! – Le dije y él solo contesto un “no te tardes, por favor”… y después colgó. De cierta manera, una prisa enorme me invadió por estar con él.

– Entonces… ¿Lo envuelvo? – Preguntó la joven que me atendía.

– ¡Lo lamento! ¡Era urgente! – Le expliqué.

– ¡No hay problema! – Respondió con amabilidad. – ¿Lo envuelvo?

– ¿Esta segura que no se va a ahogar en el trayecto si lo envuelve? ¡Lo último que quiero es llevarle un cadáver bonito!

La joven se rio con ganas, y puso frente a mí una serie de cajas, que si bien tenían la pinta de ser de regalos, eran especiales para este tipo cosas.

– Le doy mi palabra que llegará vivo…

– En ese caso… quiero la blanca con las franjas rojas.

– Sobre sus demás accesorios…

– Prefiero que mi pareja los elija, así que le traeré más tarde y también aremos la placa.

Ella ya no pregunto nada y embolsó todo lo que compre. Salí de la tienda con un montón de bolsas y una caja de regalo grande. En menos de media hora, estuve en la puerta de mi departamento.

Y apenas y si alcancé a poner un pie dentro, cuando Deviant prácticamente se me aventó encima haciéndome retroceder hasta que choqué con la pared del pasillo y tuve que hacer malabares para sostenerlo a él sin soltar la caja, mientras todas las demás bolsas quedaron regadas por el piso.

Tras el impacto casi se me rompe la columna vertebral y tres costillas. Pero al parecer, iba a sobrevivir.

– ¿Vas a decirme que sucede? – Le exigí mientras me dejaba caer al piso con la espalda contra la pared y él a mi izquierda.

– ¿Estás enojado?

– No amor, pero no comprendo que sucede… ¡Casi traspasamos la pared como en esas películas de terror que tanto te gusta ver! – Deviant se carcajeo y me miró con cara de “hay que exagerado eres”.

– ¡Te extrañé! – Soltó y con eso me endulzó el día. Dejé la caja sobre el suelo y atrayéndolo a mí, lo senté sobre mis piernas.

– ¡Yo te extrañé más! – Aseguré mientras apresaba su rostro entre mis manos y lo besaba. Fue un beso corto y sin mucho énfasis, entre otras cosas, porque mis vecinos no dejaban de pasar por donde nosotros, les conocía a todos y nos llevábamos bien, pero eso no quitaba que estuviéramos dando un espectáculo. – ¿Entramos? – Sugerí. Deviant asintió y le ayudé a levantarse y después él a mí. – Las recojo yo… – Le dije cuando lo vi intentar juntar las cosas. – Toma esta, es para ti… – Le entregué la caja blanca.

– ¿Para mí? ¿Qué es? – Tuve que dejar caer todo nuevo, cuando vi como sacudía la caja, igual que esos niños ansiosos que se pegan los regalos al odio y los sacuden con violencia como si con eso pudieran saber que hay adentro.

– ¡No, no, no! – Le dije mientras se la quitaba de entre las manos. – Devi… No la sacudas así…

– ¿Tiene algo que se puede romper? – Cuestionó rebosante de interés, mientras le daba unos toques con los nudillos como lo haría con una puerta al llamar.

– Algo así…

– ¡De acuerdo! – Dijo y me la arrebató de las manos para adentrarse en el departamento.

Lo dejé hacerlo a su modo, la verdad es que todo esto me estaba estresando. Con la paciencia que ya no tenia, me incliné a recoger las cosas que se habían salido de las bolsas. Estaba en esto cuando lo escuché gritar desde dentro.

– ¡NO LO PUEDO CREER! ¡HAN, ES PRECIOSO! – Lo vi venir con la clara intención de aventarse de nuevo a mis brazos y aunque fue algo cruel, me aparté esquivándolo. Mi espalda no soportaría una segunda vez.

– Dame un segundo amor… llevaré esto adentro. – Pedí, ya un poco harto de todo este embrollo.

En cualquier otro momento le hubiera molestado el que me apartara, pero estaba demasiado feliz con su cachorro de gato que no dijo nada.

– ¡Oh! ¡Es tan bonito! Es una bola de pelos blanca…– Canturreó mientras casi me pisaba los talones de seguirme tan de cerca.

– ¡Lo mismo pensé cuando lo vi! – Respondí, mientras finalmente dejaba todo sobre la mesa.

– ¡Gracias! – Me dijo con los ojos rojos, pero por supuesto, se contuvo.

– ¡Gracias a ti, amor! – Y acercándome al gatito que sostenía entre sus manos, le quité el pulso de oro que le había colocado mientras venia en el taxi y que colgaba de su cuello y se lo abroché a su muñeca. Era una joya sencilla pero significaba mucho para mí. – Con esto quiero pedirte que seas formalmente mi pareja…

– Pero ya soy tu pareja… – Aseguró con el entrecejo fruncido. A veces, Deviant no tenía una pisca de romanticismo y arruinaba por completo el mío. Sin embargo; algo que me ha enseñado la vida es que… ¡Jamás debes llevarle la contraria a un Katzel!

– ¡Si, amor!… ¡Ya lo somos! – Aseguré. – Pero tal vez es momento de decirles a tus hermanos y a nuestros amigos…

– ¡Pero si ya lo saben! – Dios, dame paciencia porque si me das fuerza lo mato. Supliqué internamente.

– ¡Bien, me atrapaste! – Le dije con tono de falsa derrota. – Solo quiero anunciarlo para presumirles que tengo al mejor novio del mundo, o sea tú, y que te amo como a nunca nadie… ¿Puedo hacerlo? ¡Quiero que todos ellos se mueran de la envidia!

– Me alegra que por fin, estés reconociendo lo afortunado que eres… – Sin más me dio la espalda y estuve tentando ahorcarlo, pero me contuve y mejor me abracé a mí mismo. Deviant dejó al gatito en uno de los muebles de la sala y se giró para mirarme. Me sonreía y entendí que todo esto lo había hecho apropósito. Quería hacerme rabiar de coraje.

– ¡Idiota!

– Te lo mereces por lo que me hiciste anoche… – Confesó y volvió a acercarse lentamente, su mirada no se apartaba de la mía, no dejaba de sonreírme. – Mereces que te haga sufrir mucho… – También me reí tras esa declaración. Y justo cuando más preocupado me estaba poniendo, se abrazó a mí y se puso a llorar.

Quien crea que las mujeres son complicadas, es solo porque no conocen a Deviant.

– Devi… amor… ¿Qué pasa? – Le pregunté mientras lo abrazaba y le dejaba besos suaves por el rostro.

– ¡Estoy muy feliz! – Anunció con la voz entrecortada y gotas gruesas se escurrían por sus mejillas. – ¡Me haces muy feliz!

– ¡También me haces muy feliz! – Le dije – Pero no llores, nuestro hijo se va a asustar…

– ¿Es nuestro hijo? – Preguntó juguetón, mientras se separaba tantito y lo miraba. El gatito se había escondido entre la camisa que había dejado sobre el mueble. – ¿A cuál de sus papas se parece más? ¿A ti o a mí?

– Es muy bonito, así que se parece más a ti. – Le dije y Deviant sonrió. Acto que aproveché para limpiar su rostro. – Debemos buscarle un nombre bonito… ¿Te gusta nuestro bebé?

– ¡Me encanta!

– ¡También me encantas! – Eso duraban las lágrimas con él, sus cambios afectivos sobrepasaban mi nivel de comprensión, pero lo amaba, amaba a este hombre con verdadera locura y seguro estoy que haría lo que fuese necesario con tal de conservar esa sonrisa en sus labios.

– ¡Te amo! – Me dijo.

– Y yo a ti amor… Eres lo que más amo en esta vida…

– No es para tanto…

– No, no es para tanto… ¡Es para toda la vida!

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