Capitulo 18: Lo que significa ser pareja

LO QUE SIGNIFICA SER PAREJA

 

Es esa extraña mezcla entre que me mientes y que finjo que te creo, es hacer hasta lo imposible por verte sonreír y que tú te esmeres por cuidar de mí, es chantajearte y dejarme caer a placer en tus trampas. Es tenerte paciencia y saberte comprender, es escucharte y saber cuándo callar, es respetarte y tener el valor de sacarte de tu error, es sufrir contigo, reír contigo, llorar contigo… Es amarte y saber que me amas por igual.

 

 

– ¿Qué sucede? ¿Te sientes mal? – Le pregunté mientras me recargaba sobre mi antebrazo para poder observarlo. Se había removido inquieto en la cama durante un tiempo considerable, hasta que finalmente termino dándome la espalda. – ¿Amor? – Se había hecho bolita y su rostro estaba cubierto con una almohada. – Deviant…

– ¿Uh?

– ¿Te sientes mal?

– ¡No! – Respondió a secas, eso quería decir que si se sentía mal.

– ¡Entiendo! – Le dije y sin más me levanté, le cubrí bien con los edredones y me dirigí a la cocina. Le prepararía un té y algo ligero para comer, para después darle otra pastilla.

Afuera, nuestro recién adoptado hijo ya había acabado con el cargador de su celular y ahora estaba mordisqueando mi camisa.

– ¡Orión! – Le llamé – Deja eso o te voy a tener que castigar. – Aunque me paré frente a él e intenté parecer intimidante, ni siquiera se tomó la molestia de mirarme. Así que, ya podía agregarlo a mi larga lista de los que no me toman enserio.

Terminé jalándola y el rodó entre la camisa hasta que terminó en la alfombra. Pensó que jugaba con él y se agazapó o lo que sea que hacen los gatos. Y terminó restregándose contra mis pies. Era bonito, de eso no cabe duda.

Ambos llegamos en la cocina y él comió sus croquetas, mientras yo le preparaba un sándwich a su padre. Hubiera querido ofrecerle algo más, pero no había otra cosa que comida recalentada y cerveza.

– ¡Te portas bien! – Le pedí y sin más volví a nuestra habitación, con la comida y un té de manzanilla con canela. – Devi… te preparé algo de comer. – Le dije mientras me sentaba en la orilla de la cama.

Se descubrió el rostro, Deviant nunca le decía que “no” a la comida… Nunca.

– No tengo hambre… – Dijo mientras aceptaba el sándwich que le ofrecía. – Pero ya que te esforzaste tanto…

– ¿No vas a sentarte? – Pregunté cuando lo vi dispuesto a empezar a comer, así, tal cual lo había dejado.

– ¿Por qué no te largas a otra parte a hacer tus tontas preguntas? – Bufó molesto.

– ¿Por qué estás tan enojado? ¡Hace menos de dos horas me amabas…!

– ¿Cómo voy a sentarme, Han? ¿A caso crees que no me duele?

– ¡Oh! – Fue lo único que pude decirle, cuando comprendí de que iba su mal humor.

– Si, oh… – Agregó sarcástico.

– ¿Quieres que llamé a un doctor? – Sugerí.

– ¿Y que pretendes que le diga…? – Me miró con impaciencia y supe que era mejor que no lo hiciera enojar más. – Lo que sucede doctor, es que mi novio me lo metió por atrás, como la vil y bruta bestia que es y ahora me duele hasta respirar. Aun cuando él prometió que no me lastimaría… – Me lo imaginé diciéndole eso al doctor y me reí. – ¿Te estas burlando de mí?

– ¡Por supuesto que no! Pero no puedes negar que es un poco gracioso…

– ¿Mi dolor es gracioso es para ti? – Lo dijo dándole su tiempo a cada palabra y eso solo lo hizo sonar más amenazador.

– Solo digo que yo nunca me puse en ese plan después de que me hacías el amor… – Me quejé.

– ¡Yo “siempre” te cuide! Y “jamás” dejé que mi impulsivo salvajismo te dañara. – Procuró recalcar bien, su siempre y su jamás.

– ¡Me haces sentir mal!

– ¡Genial! – Dijo – Eso es lo que quiero… si a mí me duele, lo menos que puedes hacer tú, es sentirte mal.

Me quedé callado y desvié la mirada hacía la puerta. Debía de ser muy cuidadoso en la forma en la que iba a reaccionar, porque de esto dependía el que volviéramos a hacerlo o que yo regresara a mi rol. No me quejo, igual me gusta, pero no es igual.

Y es que, aunque estaba contento con la llegada de Orión, convencerlo de que volviéramos a hacerlo no fue fácil. Y tampoco iba a regalarle un hijo cada que quiera intimar con él. Entonces, lo más sensato fue sopesar mis posibilidades. Si me enojaba, Deviant se enojaría aún más y en pleitos, él siempre me gana. Si no lo ignoró… él también lo hará. O tal vez no, pero lo mejor era no arriesgarme.

– ¿Estás enojado? – Me preguntó, una vez que se hubo terminado su comida.

– ¡No! – Susurré.

– Y si no estás enojado… ¿Por qué me respondes de esa manera? – Él si estaba volviéndose a enojar. Era un mal hábito que aprendió de Damián.

– ¡No lo dije de alguna manera en especial! – Le respondí haciendo de menos la situación.

– Si estás enojado solo tienes que admitirlo… – Me reprochó. Y entonces supe que iba por buen camino.

– ¡No estoy enojado, Devi! – Le dije con voz triste y al escucharme su coraje decayó notablemente y me dio toda su atención. Caminé hasta la mesita que estaba al otro extremo de la habitación, tomé las pastillas y volví a su lado, igual o incluso más decaído. – ¡Toma! – Le ofrecí dos. – Realmente espero que te hagan sentir mejor.

En cuanto las tomó, prácticamente hui de la habitación, lo escuché nombrarme un par de veces, pero ya no aguataba la risa, así que no me detuve y cerré la puerta tras de mí. Su expresión preocupada y lo arrepentido que se mostró por haberme dicho todo eso me causo mucha gracia.

Pero no pude disfrutar a mis anchas de mi travesura, porque la puerta se abrió unos segundos después y él apareció en bata, buscándome. Cosa que no fue difícil, pues me había acomodado en el mueble grande de la sala.

– ¡Han! – Tanteó el terreno y yo solamente disimulé y fingí no escucharlo.  – ¿Han…?

– ¡Sí! ¿Necesitas algo? – Pregunté sin mirarlo.

– ¿Por qué te saliste de la habitación?

– Solo no quería molestarte… Ya suficiente hice. – Me abracé a mí mismo en señal de desamparo y él se acercó hasta donde yo estaba y se arrodillo en la alfombra, recargando los brazos en mis piernas.

– Sobre lo que dije…

– ¡Esta bien, Devi! – Le interrumpí – Yo siempre terminó arruinando todo y lastimándote, aun si no es lo que quiero, porque yo te amo demasiado…

– Han… – Buscó una forma de estar más cerca de mí y se subió al sillón, obviamente no se sentó, si no que arrodilló sobre mí, con sus piernas a mis costados y deshizo el abrazo de mis manos sobre mi cuerpo, colocando cada una de mis manos a la altura de su cadera, para después, pasarme sus brazos por el cuello. – ¡Mirame! – Pidió y yo negué con la cabeza. – ¡Vamos, mirame! ¡Han! – Una de sus manos terminó en mi mejilla y me obligó a mirarlo. Sé que no debería de mentirle en este tipo de cosas pero, igual era emocionante. – También te amo… – Confeso.

– ¡No quise lastimarte!

– ¡Lo sé! ¡Lo sé…! Y también sé que encontraremos la manera de que sea menos doloroso.

– Si te relajaras…

– No empieces con eso… – Me calló con un beso ligero. – ¡Me pides imposibles! Era la segunda vez que el hombre que amo me tomaba, no puedo relajarme…

– ¿Te gusta? – Quise saber.

– ¡Qué te importa! – Respondió tajante. – A ti… ¿te gusta? – Sus ojos me miraron preocupados.

– ¡Me fascina! – Confesé. – ¡Es lo mejor!

– ¿En serio? – Sonrió y se mostró un poco más relajado.

– ¡Sí! ¡Me encanta!

– A mí también me encanta… – Dijo tímidamente y abrazándose a mí, resguardó su rostro en mi cuello.

Permanecimos así un bue tiempo, solamente sintiéndonos y disfrutando de nuestra cercanía. Me gustaba abrazarlo, saber que se sentía seguro a mi lado. Porque me siento capaz de hacer hasta lo imposible por defenderlo.

– Han…

– ¿Qué paso?

– ¿Qué crees…? – Cada que un Katzel inicia una conversación con un ¿Qué crees? Es porque algo malo hizo o están a punto de hacerlo.

– ¿Qué hiciste, Devi?

– ¿Yo? ¡No hice nada malo! – Se defendió casi mostrándose ofendido, incluso se separó un poco para mirarme. Ellos dicen que si no hay contacto visual, entonces, no significa nada. – Fue una casualidad… – Agregó. Y me reí porque solo a ellos les ocurren ese tipo de “casualidades”. – ¿Te acuerdas que te conté que a Damián le gusta un chico? – Le brillaban los ojos de la emoción y supe que íbamos a terminar metidos en problemas.

– Dijiste que le gustaba alguien… No que le gustaba un chico.

– ¿Podrías fingir si quiera que estas sorprendido? – Se quejó.

– ¡De acuerdo!… Empecemos de nuevo. – Sugerí.

– ¡Va! Pero cuando te diga el “qué crees”… te sorprendes.

– ¡Si, está bien! – Ambos nos preparamos, y aunque parezca absurdo, en algún momento me acostumbre a fingir emoción, alegría, resentimiento o apatía, o cualquier otro sentimiento, según lo que él necesitase, con tal de hacerlo feliz.

– ¡Han! ¿Qué crees…?

– ¿Qué? – Con los ojos bien abiertos y él gesto de más genuino interés lo observé asentir satisfecho por mi reacción, a lo que le guiñe mi ojo para que prosiguiera. Era nuestro secreto. – ¿Te acuerdas que te conté que a Damián le gustaba alguien?

– ¡Sí, lo recuerdo!

– No me lo vas a creer… Pero hoy lo me lo topé por casualidad en la Universidad. – ¡Hay no! Definitivamente estamos en problemas. – Es un niño…

– ¿Un niño? – Pregunté realmente interesado, no solo por el mote que había utilizado, sino también por la forma en la que lo dijo.

– Sí, es un niño. – Repitió – ¿Puedes creerlo? En su identificación dice que tiene 18 años, pero se ve mucho menor.

– ¿Qué tan menor?

– Quince… o ya con coraje, diría que dieciséis. – Vaya, eso sí que era una verdadera sorpresa. – Es de Arizona y en apariencia es muy bonito.

– ¿BONITO?

– ¡Sí, es bonito! Mide como hasta aquí. – Señaló una altura considerablemente baja con parada con la de Damián, es blanquito, de cabello oscuro y lo lleva largo, ya sabes no es un corte bajo. Tiene ojos traviesos… – Se rio y también lo hice yo. ¿Qué significaba tener ojos traviesos, después de todo? Son azules y grandes en comparación de su cara infantil. Aún no ha tramitado su credencia de aquí y usa dólares… – Eso último hizo ruido en mi interior. – Debería de cambiarlo a Rones, así le alcanzaría para más cosas… ¿No crees? – Me tallé los ojos como deseando que esto fuera una pesadilla y no una sórdida verdad.

– ¿Cómo sabes que usa dólares?

– ¿Yo dije eso…? – Habló de más, eso era obvio, pero ya lo había escuchado, para que negarlo.

– ¿Qué hiciste Deviant?

– Accidentalmente choqué con él… – Explicó y por supuesto que no le creí ni media palabra. – Y se le cayó la cartera, entonces, Samko y yo la recogimos, por supuesto que quisimos devolvérsela, pero ya no lo encontramos.

– ¡Por supuesto…! No te basta inmiscuirte en los asuntos de Damián, sino que también, involucras al menor de tus hermanos… – Le regañé.

– Por si no lo sabes… fue su idea. – Refutó. – Intenté impedirlo, pero ya sabes cómo es Samko. Así que, si de todos modos iba a hacerlo, pues preferí ayudarle.

– Tu hermano se va a enojar… – Le avisé.

– Pero si Damián nació enojado. – Me discutió. – Ese es su estado natural. Además, no usaré la información que obtuvimos si él se porta bien conmigo.

– No quiero ser parte de esto.

– ¡Lo sé! Por eso te lo conté… Lo quieras o no, ahora eres mi complicó.

– Ni lo sueñes…

– Ocultar información también es mentir… Si Damián se entera, le diré que lo planeamos los tres juntos… – Después de amenazarme, se quitó se me quito de encima y se fue tras el gatito. – ¿A quién crees que le va a creer? ¿A ti o a mí? – Le escuché decir desde el otro cuarto.

Así de rápido te meten en problemas.

Deja un comentario