Capítulo 20: Decisiones

DECISIONES

 

Alguien me dijo una vez, que en el momento en que te detienes a pensar si amas a alguien, ya has dejado de quererle para siempre.

 

SAMKO

 

Una vez que las clases concluyeron, Erika no me dejo ir hasta que todo el trabajo pendiente estuvo listo. No fue la gran cosa y se perfectamente que ella pudo haberlo hecho sola, porque de hecho, así fue. Tuve la mente ida durante esas casi tres horas. El mismo tiempo en el que ella leyó, releyó, hizo un resumen, diseñó las diapositivas para la presentación e inclusive, resaltó con marca textos la parte que yo debía estudiar, dobló las hojas y las acomodó en mi libreta, al mismo tiempo que guardaba todas mis cosas en la maleta y me la entregaba.

– ¡Bien! – Pronuncio algo exaltada, mientras azotaba la lata de su jugo contra la mesa. – ¿Vas a decirme que diablos te sucede? – Su rostro pequeño se había contraído en un gesto de genuina preocupación y molestia. Me sentí agradecido por ese pequeño ser de chocolate que era como una hermana-madre para mí. – ¡Desde qué volviste de buscar ese libro haz estado con la mente en quién sabe dónde! – Se quejó – Y me corto una oreja y me la pongo al revés, si todo esto no tiene que ver con “James”. – La forma tan desdeñosa en la que mencionó su nombre me hizo reír. – ¿Eso cierto? ¿O es que no planeas contarme?

– Erika…

– Erika nada… – Dijo molesta y tomando sus cosas, hizo el gesto de querer irse y abandonarme ahí. Por supuesto, la detuve.

– ¡Lo vi! – Confesé.

– Lo sabía…

– Es más que eso… – Le advertí y con una seña le pedí que volviera a sentarse, ella accedió de inmediato, pero evitaba mirarme, no es que estuviera enojada conmigo, solo que James jamás le agrado. – Se suponía que debía estar en la Universidad. – Expliqué. – Pero cuando llegué al departamento él estaba ahí.

– ¡Que conveniente! – Bufó. Y empuño las manos. A ella le había fascinado Gianmarco y en este preciso momento, no estaba siendo objetiva en sus juicios. – ¿Te dijo que te ama? – Preguntó sarcástica. – ¿Te dio un roma de rosas en una caja y te invito a cenar? ¿Te trajo de vuelta a la Universidad y te besó en medio de un pasillo repleto de estudiantes?

– No… no hizo nada de eso. – Acepté. – Pero si nos besamos…

– ¿QUÉ? ¿PERDISTE LA RAZÓN? – Gritó y de un salto se puso de pie. Imité su gesto y con otra seña le pedí que no gritara. – Samko… ¿Cómo pudiste?

– Simplemente paso… – Erika enfurecida por mi endeble respuesta, sujetó mi vaso de agua y me lo aventó a la cara. Sobra decir que ya habíamos llamado demasiado la atención y con esto, lo que antes eran miradas furtivas, se volvieron en una atención total de parte de la gente que también estaba en esa cafetería.

– ¡Escuchame muy bien Katzel! – Ordenó. – Cada que alguien venia y decía que eras una persona superficial y frívola, les desprendía la piel a arañazos. Porque te amo como a un hermano, pero si quieres arruinar a tu vida con ese imbécil, es tu problema… No seré parte de esto. Menos cuando hay un hombre que si vale la pena y que está dispuesto y deseoso por hacerte feliz.

– Erika…

– ¡No Samko! – Me obligó a callar mientras me aventaba su pañuelo. – Dejaste que te tocara y de esa manera le fuiste infiel a Gianmarco. Francamente te desconozco… Pero yo no tengo a personas desleales entre mis amigos.

– ¡Escuchame!

– ¡No lo vale! – Me rebatió sin darme oportunidad de explicarle. – El Samko que yo conozco siempre ha dicho que para que dar segundas oportunidades cuando hay otro esperando la primera.

– Estoy confundido…

– ¡No seas tonto! ¿Qué puede confundirte? Ni siquiera puedes compararlos… – Aseguró. – ¡En fin! Haz lo que consideres mejor…

– ¿Vas a darme la espalda ahora?

– Si para no tener que verte sufrir, tengo que darte la espalda… Entonces, sí… eso haré. – Sin decir más, ni darme a mí la oportunidad de explicar nada, se fue.

Ella siempre ha sido crudamente franca. En el fondo sabía que tenía razón, pero igualmente. No era una decisión sencilla.

Me entretuve limpiando el desastre que habíamos hecho, la caja donde venían las flores también se había salpicado. La coloqué frente a mí y después de limpiarla, volví a abrirla. Mis dedos razón los petalos como de terciopelo y al reverso de la tapa, releí la pequeña nota.

Aprecié su mala caligrafía y lo imposible que le era escribir derecho sobre espacios que no tenían rayas o cuadros para dirigirlo. Había sido un muy lindo detalle. Mi dedo índice abandonó las flores y recorrió las líneas del te amo, escrito hasta abajo.

Rememoré mis últimos días con él y lo sucedido anoche, y pese a lo estúpido que debí verme, terminé sonriendo. Lusso me había dado tanto, pero entre todas esas cosas estaba también James y el amor que ahora le tenía.

Mi mente decía que quedarme con Lusso era lo mejor. Pero mi corazón y mi cuerpo anhelaban estaban estar otra vez con James. Dejar atrás eso de ser hermanos y convertirnos en algo más, intentarlo… Luchar por esto y ver a hasta donde podíamos llegar. Ambos éramos jóvenes y nos conocíamos de toda la vida. Yo sería el primer hombre en su vida, y no el segundo que se esconde tras la sombra de un primer amor que ya no existe. Eso sería lo ideal, lo más fácil.

De repente, no tuve que pensarlo más. La decisión fue clara y supe que pese a todo, no hay nada más ideal que lo real. Me la juraría… Arriesgaría el todo por el todo.

 

HAN

 

Estábamos por irnos al casino, cuando Samko llegó al departamento. Me sorprendió verlo en la entrada, porque se supone que él no sabía dónde vivo.

– ¿Puedo pasar? – Preguntó incomodo, pues únicamente me le había quedado mirando.

– Sí, pasa… – Le dije y me hice a un lado.

– Antes de que lo preguntes, fue por el GPS, rastreé el teléfono de Deviant y así pude llegar. – Explicó. – Bueno… fue más o menos así. Quizá ayudo un poco el que mi hermano me explicara cómo llegar. – Reviré los ojos, ese chiquillo siempre se burlaba de mí.

Deviant salió en ese momento de la habitación, con Orión en los brazos. Mientras que Samko comenzaba a estornudar, por haberse dejado caer en el sillón donde nuestro hijo había estado jugando.

– Samko… – Cantó Deviant y depositó al gatito en el piso. El susodicho ya sentía la falta de aire por tanto estornudar. Y en cuanto vio a Orión se puso de pie y se alejó lo más que pudo de él. – Pensé que ya habías mejorado de eso…

Sam terminó por cubrirse la nariz y se salió del departamento. Y aun en el pesillo no dejaba de estornudar. Para cuando salimos a verlo, estaba sentado en el piso, completamente rojo. Fue así desde que era muy pequeño y es igual con casi todos los animales, pero los perros y gatos son los que más rápido lo alteran.

– ¿Tienes a la mano tu medicamento? – Le pregunté y él señaló su maleta de la escuela. Ya no solo era el estornudo, sino una reciente tos que se le había sumado.

Deviant trajo un poco agua y le pusimos dos tabletas, eran efervescentes, así que en cuanto se deshicieron, se lo dimos para beber. El efecto tardo poco más de diez minutos en comenzar a hacer efecto. Pero la irritación que comenzaba a salirle en el cuerpo, no pasaría tan pronto.

– ¿Quieres que te llevemos al doctor? – Pregunté, él negó de inmediato.

– Si necesitabas algo pudiste haberme llamado… – Agregó Deviant. – Orión acaba de llegar, no fue nuestra intención.

– ¡Estoy bien! – Aseguró Sam – Vine personalmente porque es algo importante…

– ¿De qué se trata? – Los tres terminamos sentados en el piso, pegados a la pared. Yo de frente a ellos, y Sam se tomó su tiempo para responder, como si estuviera escogiendo cuidadosamente cada una de las palabras que pronunciaría.

– ¿Recuerdas lo que te di a guardar? – Comenzó. – ¡Lo quiero de vuelta! Voy a usarlo…

No entendí a qué se refería, pero la expresión seria de Deviant me hizo creer que se trataba de algo grabe.

– ¿Con quién…? – Cuestionó un poco a la defensiva. – Eso no es juego Samko…

– ¡Lo sé! – Respondió, respondió Samko con una tranquilidad tan impropia en él, cuando le contradicen. – Pero estoy completamente seguro… – Agregó de la misma manera. – Deviant, nunca te he pedido nada, pero en esta ocasión, realmente necesito que me brindes un voto de confianza… ¡Esto es importante para mí!

– Solo quiero lo mejor para ti…

– Siempre le dices a todo el mundo que ya no soy un niño… ¡Bien! ¡Es verdad! – La mano izquierda de Sam, atrapo la derecha de Deviant y la apretó, como aferrándose a ella. Mi pareja pareció ablandarse tras ese gesto y su mirada viajó a mí. Yo no comprendía ni la mitad de lo que estaba sucediendo y sin embargo, asentí. – Intento ser y actuar como lo haría un hombre. Estoy convencido de que he tomado la decisión correcta. Por eso vine a verte, no te pediría que me lo des, si no estuviera seguro.

– No lo tengo aquí, está en el departamento…

– ¿Podemos ir a buscarlo? Voy a necesitarlo hoy mismo…

– ¿Buscar que…? – Interrumpí. – No comprendo de que hablan.

Deviant volvió su mirada a mí y casi me decía que esperara, que él me explicaría después. Sin decir más, aceptó y los tres nos dirigimos al departamento de Devi, él fue el único que se bajó del auto cuando llegamos, pues entre los dos habían quedado que Samko nos acompañaría al casino.

– ¿No vas a decirme que es lo que fue a buscar?

– No seas tan curioso Han… – Se limitó a responder y con la misma cerró los ojos y se acomodó mejor en el asiento.

– ¿Todavía te sientes mal? – Le pregunté mientras le miraba por el espejo retrovisor.

– Un poco… – Agregó sin mirarme. – Han…

– ¿Sí?

– ¿Cómo sabes que una persona es la indicada? – Esa pregunta me tomó por sorpresa. Y tuve que pensar un poco lo que iba a responder.

– No hay síntomas Sam… simplemente lo sabes. – Respondí.

– Pensaste tanto para decirme solo eso… – Se quejó.

– ¿Qué es exactamente lo que esperabas escuchar? ¡Es así! ¡Simplemente al mirarlo, sabes que es él! Mejor aún, sabes que no puedes ser nadie más…

– ¿Aunque parezca que tienes otra muy buena opción?

– No existen mejores opciones Samko… – Aseguré – Solo piénsalo, si esa otra persona fuera “realmente” una mejor opción, ¿porque no simplemente puedes decidirte por ella? – Él pareció sopesar mis palabras y está bien, sé que no necesariamente tenía que estar de acuerdo conmigo. – Cada quien elige la mentira que más le gusta para engañarse con ella.

– ¿Estas completamente seguro de que mi hermano es la mejor opción para ti? – Quiso saber. Yo sonreí sin poderlo evitar, Deviant era para mí, algo mucho más valioso que mi mejor opción.

– Deviant es como una droga para mí…

– ¡Que cursi! – Se burló pero igual sonreía.

– ¡No me malentiendas! – Pedí. – Es como una droga para mí… porque me sale excesivamente caro y está destruyendo mi vida. – Aclaré y por su expresión supe que esa no se la esperaba. – Pero es lo que más amo en esta vida… Estoy enamorado y no de como se ve los sábados en la noche, o de cuando su humor es fresco y dulce. Amo verlo despertar hecho un completo lio, amo que sea tan exasperante, chocante, exigente, manipulador, chantajista, quejumbroso, malhumorado, medio bipolar, grosero… Amo incluso, que sea poco o nada romántico, que siempre arruine mis detalles o les haga el feo. Amo que cada vez que habrá el closet, se me venga en avalancha todo su “no tengo nada que ponerme” y que deje la pasta de dientes destapada. Que no sepa ni siquiera, sacar la comida y de la nevera y ponerla a calentar, que sea tan desordenado y que todo quiera resolverlo gritando. La gente puede decir mil cosas sobre nosotros pero no me importa, yo sé quién es Deviant y estoy seguro de él. Y nos aceptamos cuales somos, así sin más. De eso se trata, de que puedas confiar plenamente en esa persona, si te hace sentir halagado, único, si se esmera en atenderte, en complacerte, si no duda en ceder ante ti para darte el gusto, pero al mismo tiempo también es capaz de corregirte cuando estas en un error. Si te hace sentir amado, no solo en el sexo, si no con esas pequeñas cosas… pequeños detalles, no sé… como despertarse en la madruga y ponerse a platicar, solo porque sí, sin importar si te vuelve a contar las mismas cosas que ya te había dicho horas antes, si te saca esas sonrisas espontaneas y escandalosas, o no pierde la oportunidad de tomarte fotos en las situaciones más desastrosas y te las muestra solo para hacerte reír o levantarte en ánimo.  Si te hace poemas de diez palabras que te sacan lágrimas, si te lee o se interesa por las cosas que a ti te gustan, solo para tener más en común y poder charlar de ellos mientras reposan en la cama, si te obsequia flores sin que sea una fecha especial, solo por alagarte, si te prepara el café en la mañanas así tal cual te gusta, aunque él lo deteste tan dulce o tan simple… – En algún momento las palabras fueron surgiendo y fueron más que una simple proyección. – Pueden parecer cosas vanas o sin mucha importancia, pero en algún momento comprendes que si las haces con alguien más, no tienen el mismo sabor a que si las haces con esa persona especial… No sé si me explicó.

– Más de lo que crees… – Dijo y su vista se perdió en algún punto de afuera. – Es solo que… – Deviant apareció tras las puertas del elevador que se abrían y Samko deje la frase sin concluir. – ¡Felicidades! – Agregó. – Y gracias por hacer feliz a mi hermano.

– Él y yo tenemos una frase… – Le dije mientras encendía el auto. – Define claramente los cimientos de nuestra relación: No pases tu vida con quien puedas vivir, pasa tu vida con la persona sin la que no puedes vivir. – Dije y no es por presumir pero algo en su mirada cambio y volviéndola hacía mí, me sonrió y volvió a decirme gracias, con el simple movimiento de los labios, pues en ese preciso momento, Deviant abría la portezuela del auto.

 

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