Capítulo 25: Palabras Mudas De Un Amor Que Ya No Esta

El tiempo no cura las heridas. Eres tú quien se cura a través del tiempo.

 

DYLAN

Mi amor…

En efecto, todo esto es muy difícil, pero con sinceridad, confieso que había esperado este día por muchos años. Al principio, con mucho miedo, temía que dejaras de amarme, pero sobre todo, que me olvidaras. Después comencé a esperarlo con resignación, como un mal necesario. Yo ahora soy un ser incorpóreo y eres tú, el único que me ata a este mundo, por ti es que aún estoy aquí. No es un reproche, al contrario, existir, aunque sea como una sombra o un recuerdo, me permitió verte crecer, convertirte en el hombre que ahora eres y comprobar por mí mismo, que en todos estos años, siempre pensaste en mí, me amaste y sufriste. Y fue precisamente por ese enorme dolor que te vi padecer, que comencé a aguardar este día con esperanza.

Sé de él… y también sé que te ama, mucho más de lo que crees. Así que no te sientas avergonzado. Estoy feliz por ambos, por ti.

Así que amalo, recuerda que nadie tiene prometido un mañana. Recuerda que en cualquier momento puedes perderlo, asegurate de aferrarlo a ti como si quisiera irse de tu lado. Jamás des por sentado que él solo de ti, porque el tiempo se agota en el momento menos indicado. Uno nunca sabe, así que asegurate de que no falte un día en el que le digas lo mucho que lo amas. Y se feliz, ya es tiempo.

Sobre nosotros…

Es un poco más complicado. Nuestro “Ya juntos, toda la vida” fue muy corto. Las cosas no estaban a nuestro favor, y lamento mucho haber dudado de ti, pero en mi defensa diré que nunca tuvo sentido que alguien tú me amara.

Cuando te fuiste, mi mundo se vino abajo, casi perdí la razón. Y el dolor era tan intenso como mi desilusión, mi padre me humillaba y no para decir lo avergonzado que estaba de mí. No me importaba, en mi mente solo estabas tú.

Te odié, lo hice por algunos días, después supe la verdad. Cada vez que te veía llorar intentaba hacerte saber que las cosas no eran como te las dijeron, que nada de lo que sucedió fue tu culpa. Y me desesperaba cuando te gritaba que no lloraras, que te detuvieras, que lo hicieras por mí porque no soporto verte sufrir.

Muchas veces he pensado que soy una idiota, tú ya no me ves y sin embargo, yo lo daría todo por la oportunidad de que si quiera, me sintieras, por poderte escribir aunque sea una nota. Me desespero porque es duro entender que aunque estoy tan cerca de ti, justo a tu lado, tú no me volverás a escuchar nunca.

Fue todo en un instante, en mi mente yo me reuniría contigo, iba a ir a buscarte, eso era lo único que me importaba. Se me paso un semáforo y al siguiente segundo, el dolor era muy intenso, me hacía gritar y me impedía respirar, mi propia sangre me ahogaba. Y aunque el cuerpo sufría, mi mente estaba en paz, porque tú estabas en ella, solo tú…

Lo que sucedió después me dejó anonadado. Podía verme en ese auto, gritando de dolor y todos los otros heridos, pero yo era un simple espectador desde la acera más próxima. Vi a mi padre acercarse y abrir la puerta, recuerdo su expresión de asombro al verme ahí, atrapado entre los fierros del auto.

Fue todo…

Desaparecí de ahí, no sabía que era lo que estaba pasando, ni donde estaba, era como si también hubiera olvidado quien soy, no tenía sombra ni reflejo, y en mi mente se repetían imágenes de las cosas que pasamos. Entonces aparecí frente a ti, y pude ver como reaccionaste tras recibir la noticia. Pero fue hasta que vi tu cara pálida, y como tu alma se desquebrajaba, tus ojos llorosos y las infinitas lagrimas que durante los siguientes días no dejaste de derramar. Fue hasta ese momento que entendí que había muerto, porque tú no dejabas de repetirlo. Abrazabas nuestras fotos y gritabas, besabas mi retrato y lo acariciabas tratando de curar tu corazón tan roto como el mío.

Sufría al verte en ese estado, en ese momento, tú eras el único dolor que conocía. Porque mi cuerpo ya no dolía, ni siquiera era necesario respirar. Entonces sucedió por primera vez, dijiste que me alcanzarías y pesé a todos mis intentos por detenerte, cortaste tus muñecas. Estuve ahí en todo momento, yendo y viniendo, gritando y tratando de tomar el teléfono para pedir ayuda, pero no podía. Salí del departamento y corrí por las calles suplicándoles que se detuvieran, que te ayudara. Pero ellos tampoco me veían.

Cuando volví, estabas muriendo. Claro que quería que estuviéramos juntos, pero no de esta manera. Fui feliz cuando ese amigo tuyo llegó y te encontró desangrándote. Él llamó a la ambulancia, mientras te envolvía las manos y te obligaba a mantenerte despierto. Estuviste dos semanas en el hospital y no te abandoné en ningún momento.

En las siguientes veces comprobé que era un completo inútil, que no podía ayudarte, así que me sentaba a tu lado y te hacía compañía aguardando hasta que alguien te encontrara. Fue así hasta que ese hombre te obligo a jurar por mí que no volverías a hacerlo.

Existí muchos años con el miedo de que sucediera de nuevo, pero tu mantuviste tu promesa.

Sin embargo, de alguna manera me ataste a ti y este mundo, con el paso de los días, lejos de desvanecerme, me hiciste más fuerte, me permitiste vivir a través de ti y no pude irme. Al igual que tú, miraba al cielo, pero mis pies estaban encadenados al piso.

Y aquí el tiempo pasa muy lento, así que puedo rememorar a mis anchas el futuro que habíamos planeado para nosotros, y lo lejos que estamos de eso ahora. Hasta que se volvió difícil estar contigo y saber que jamás podrás volver a ser mío, ni yo de ti.

La gente y sobre todo mi familia, te culpaban. Tú te desasías en dolor y yo intentaba consolarte.

Cuando volviste a Sibiu, se te hizo costumbre visitarme muy seguido, hasta cinco veces a la semana. Te aislaste de todo y todos, te volviste alguien triste y yo quería hacerte comprender que aun si mi cuerpo estaba en esa tumba, yo iba siempre a tu lado y visitaba ese panteón solo en tu compañía.

Aunque agradezco lo que has hecho con ese lugar, las esculturas y el jardín son muy lindos y me gusta mucho… Pero amor, yo no estoy ahí.

Voy al trabajo y a casa contigo, reposaba en tu cama a tú lado, hasta que ese niño comenzó a quedarse. Contrario a todas tus otras parejas esporádicas, de él si sentí celos. Porque fui consiente desde el primer momento de lo que sentías por él. Fue así que comenzamos a estar los tres, hasta que tu relación con él cambió y tuve que apartarme.

Pero está bien.

Ahora que por fin te liberas de mi carga, es momento que también yo me vaya. Mi tiempo aquí ha finalizado. Y me voy feliz de saber que no te quedas solo.

Yo ya no sufro, así que ya basta de lamentos y perdones, lo digo en serio, no te preocupes.

Y aunque nuestras vidas tomaron rumbos distintos, ambos sabemos que nuestros corazones seguirán juntos. De mí siempre vas a tener los mejores deseos. Y jamás te voy a olvidar, para mi fuiste lo mejor de mi vida y también lo mejor de mi muerte.

Te queda una vida por delante y quiero que luches. Así que ya no me compres flores, me basta con que seas feliz.

Así que ve tras esa paz que ahora te hace libre. Dejame atrás…

No me lastimas… al contrario. Me diste todo de ti por poco más de veinticinco años. Te arriesgaste y aunque caíste, tras cada vez te levantaste por nosotros. Me amaste fielmente, y te mantuviste con la frente en alto, aunque por dentro llorabas, y te lo agradezco porque sé que lo hiciste por mí. Me diste tu corazón y he vivido gratis muchos años en el.

A partir de hoy, dormiré para siempre. No sé nada del lugar donde iré, no sé si podré volver a verte, pero me voy tranquilo, sabiendo que amas de nuevo. No voy a esperarte porque no deseo que vengas aun, hay muchas cosas que debes disfrutar aun.

Pero el estar solo ya no me da miedo, ahora soy fuerte, porque tú me lo enseñaste al dármelo todo lo que tenías y al compartir tu vida conmigo. Ahora por fin podre ir a casa y descansar. Y aun si este no es el final que deseo, estoy encantado de irme…

Mi amor…No voy a renunciar a este amor y jamás me arrepentí de haberte conocido y amarte. Así que dile eso a los que te juzgan, gritalo a los cuatro vientos y escríbelo en el horizonte. Diles que si fui feliz, fue solo contigo, que todo lo que teníamos era real. Que mi corazón no está roto, porque tú has sanado todas mis heridas. Escúpeles que tú eras más delo que yo esperaba, que siempre me sorprendiste, y que nunca he dejado de sentirme orgulloso de ti. Y sobre todo… diles que sí, sí y mil veces, sí. Que nosotros somos el claro ejemplo que se puede amar después de la muerte, incluso mucho más de lo que se amó en vida. Que si es posible porque nosotros lo hemos hecho.

Sigue tu camino y nunca bajes la mirada ante ellos. Siéntete orgulloso, disfruta de la vida y del amor, por ti, por mí y por él.

¡Hasta siempre mi amor!

Eternamente tuyo… Dylan.

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