Capítulo 26: Travesuras de Familia (Extra)

Tener hermanos es llevar una vida sin secretos

DEVIANT

Estábamos casi por abrir cuando Damián llegó. El bullicio de los chicos fue menguando conforme él avanzaba por la entrada principal, hasta que finalmente, todo quedó en un incómodo silencio. A veces, me preguntaba si este tipo de acciones por parte de la gente, no le inquietaban.

Samko y yo bebíamos en la barra de Han, mientras él terminaba de limpiar las copas y vasos de cristal. Habíamos estado hablando de cosas sin sentido, hasta que notamos esa imponente presencia. Sam fue el primero en divisarlo y la expresión de sorpresa en su rostro fue la que me obligó a mirar.

De un brinco me puse de pie y caminé hacía él. Su ropa estaba empapada de sangre que comenzaba a secarse. Damián me miró con seriedad y rápidamente su vista se desvió a Samko, quien seguía demasiado asombrado como para reaccionar. Y vi como ligeramente se recargaba sobre la barra, ver sangre no estaba entre su lista de cosas favoritas. Después de uno segundos Damián volvió a posar su mirada sobre mí.

– ¿Qué sucede? – Preguntó.

– Eso es lo quisiera saber… ¿Qué fue lo que te paso? – Le dije preocupado, mientras ponía mi mano sobre estómago, en la parte donde una rajadura había casi deshecho su camiseta. – ¿Quién te hizo esto? – Quise saber, pero aparté la mirada de él al notar quien le seguía justo detrás. – ¿Lucio? ¿Por qué…? – Lucio se le adelantó a mi hermano y me beso en la mejilla, así nos saludabamos pero justo cuando iba a besarme la otra mejilla, Damián lo empujó alejándolo de mí.

– ¡No te le acerques tanto! – Le ordenó y Lucio por primera vez, cedió ante él.

Hasta atrás venía León, con el semblante completamente pálido y se sostenía el estómago. Esos tres, juntos y sin estar despedazándose entre ellos, era una verdadera novedad.

– ¿Van a decirme que es lo que pasó? – Exigí saber.

Damián se fue hasta donde Samko, por un momento pensé que huía con tal de no darme respuestas. Pero en cuanto llegó frente a él, le arrebató la copa de las manos y comenzó a regañarlo. El menor de mis hermanos se había puesto pálido y Damián tuvo que sostenerlo porque comenzaba a hiperventilar. Esa fue la primera vez que le escuché hablarle con dureza. Lo regañaba por estar bebiendo y también le dijo que no debía ser tan blando y marearse solo por ver sangre. Y tal como era de esperar, Sam no reaccionó bien ante su hostilidad. Sino que inclinó la mirada y como si estuviera desvalido, se abrazó a sí mismo.

Han también recibió parte del regaño, por, según Damián, haberle servido esa bebida. Y él en ningún momento se intentó defender, ni le aclaró que no fue quien le sirvió el vino a Samko.

– Yo se la di… – Intervine. – No quería beber solo.

No vi el momento en que Lucio y León desaparecieron del casino, pero ellos sí que habían evadido mi pregunta.

– ¿Pretendes enviciarlo?

– Solo fue una copa…

– Así se empieza… por una sola copa. – Me acusó.

– ¡Estas exagerando!

– No está en edad…

– Ya tiene diecinueve… – Le rebatí. – A esa edad tú llegabas a casa perdido de borracho. Y nadie te decía nada.

– Y me metí en muchos problemas por esa misma razón… – Se defendió pero no dudó en mostrarse ofendido por mis palabras. – Problemas que intentó ahorrarle. Samko no tiene que repetir los mismos errores.

– ¡Han! – Grité – Ayudame… – Han me miró como si yo intentara crear problemas entre él y mi hermano. Y se limitó a hundirse de hombros. – ¿No dices nada? – Insistí.

– ¡Lo siento! Pero esta vez Damián tiene casi toda la razón. – Reviré los ojos con molestia, eso era traición. – No le hará mal beber un poco, sobre todo si ustedes están para vigilarlo y decirle cuando ya haya sido suficiente. Pero no porque tenga diecinueve quiere decir que deba tomar, en la medida de lo posible debería evitarlo.

– ¡Gracias, por nada Han! – Le dije y él volvió a hundirse de hombros y continuó con lo que hacía. Así que molesto, le arrebaté la copa a Damián y bebí de golpe el contenido y después también terminé con mi bebida. – Tomaré sólo entonces… – Me quejé. – ¿Vas a decirnos qué fue lo que pasó? – Volví a señalar su herida y él simplemente se dejó caer en una de las sillas.

– Tuve un desacuerdo con alguien… – Respondió y de la nada me sonrió con la maldad reflejada en el rostro. – ¿Y tú que has estado haciendo? – Me preguntó y claramente pude distinguir sus dobles intenciones.

– ¿Qué más voy a hacer? – Dije cortante.

– Es de mala educación contestar con otra pregunta…

– ¿Desde cuándo eres tan educado? – Damián me miró desafiante y fue mi turno de sonreírle. Ya sabía de qué iba esto, él no perdía la más mínima oportunidad de avergonzarme, pero esta vez, yo también tenía con qué defenderme. – ¡Quizá tu reciente compañía! – Solté y mi hermano fingió que mis suposiciones no eran ciertas.

– ¡Tal vez! – Respondió como si nada y Samko se puso de pie y se colocó del otro lado de la barra, justo detrás de Han, quien por cierto, también se había retirado un poco. Par de cobardes. – Al parecer, mientras algunos intentamos reformarnos, otros se degradan poniéndose de cuatro para ofrecer el…

– ¡Cuida tu boca, Katzel! – Le interrumpí colérico. Y sentí la furia recorrerme el cuerpo, pero también fingí que lo que había dicho no tenía nada que ver conmigo. – No querrás enseñarle malas palabras. – Señalé a Samko y Damián asintió, pero no había borrado su estúpida sonrisita.

– Es que no me expliqué bien… – Dijo – Mientras yo intento ser más educado, no sin mucho esfuerzo, arduo y constante… – Agregó con vil sarcasmo, escupiendo veneno en cada sílaba. – Se rumorea por ahí que el siempre propio y orgulloso Deviant Katzel se dejó coger por su “novio”. – Los que estaban cerca de nosotros, voltearon a vernos tras esa declaración que gritó con voz al cuello.

Sentí la sangre abandonar mi rostro, porque una cosa era asumir que en efecto, tal cosa había sucedido, como el resultado de mi amor por Han y otra muy distinta es que todo mundo se enterara. Pertenecía a mi intimidad, algo demasiado personal como para que él hiciera mofa de ello. – De repente… ¿ya no tienes nada que decir? – Mi vergüenza fue sustituida por la ira y si mi mirada fuera una espada, lo hubiera traspasado con ella. Mi incipiente instinto asesino se asomaba deseoso de acabar con mi hermano. – ¿Y te gusto? – Su sonrisa se ensanchó.

– ¿Quién lo dice? ¿El niño con el que duermes? – Se lo solté de golpe y por su expresión, puedo asegurar que no lo vio venir. – Mejor dicho… ¿En qué momento? ¿Antes o después de que leas su cuento para dormir? – Por fin se le borró la sonrisa del rostro y su cuerpo entero se tensó.

– No quería decirlo tan directamente… pero la verdad es que nadie me lo dijo, lo noté por como hueles y esa forma tan curiosa que tienes de caminar. – Empuñe las manos tratando de controlarme y no írmele a golpes. – Pero, no discutamos esto así, porque no te sientas… – Ofreció y de nuevo se reía. Samko no aguanto más y se carcajeó, incluso Han lo hizo y yo les dediqué la más fría de mis miradas. – ¿O es acaso que no puedes sentarte?

Sabía perfectamente lo que tenía que hacer, y estaba dispuesto a ceder un poco con tal de lograr mi cometido.

– ¡Sí, lo hice! – Confesé. – Y en efecto, me gustó mucho… ¿Por qué no intentas probar lo mismo tú? – Le invite – ¡Ah, cierto! – Agregué como quien acaba de recibir la más grande revelación. –Tú no puedes porque él es un niño…

– No se dé que hablas… tanto vaivén y sexo rudo debió afectarte algo más que el trasero. – Dijo con ironía. – Pero con respecto a tu “invitación” diré: “No gracias”. Yo sí conservaré mi tarjeta de hombre.

Mis dientes crujieron de tanto que los apretaba, no había notado que de manera inconsciente mi mandíbula estaba tan tensa, hasta que comenzó a doler. Pero me ardía más que Damián estuviera humillándome, y algo así jamás se lo perdonaría.

– ¿También conservaras tu tarjeta de niñera? Y supongo que pronto también te darán la de castidad… – Damián volvió a ponerse serio, pero intentaba actuar normal. Lo más normal que alguien como él podía actuar. – Es curioso como cambiaste el sexo casual por pañales y mamilas… porque aun niño como él, lo más que puedes darle es leche… y no me refiero a la tuya.

– Sabes de lo que hablas… – Respondió filoso y por primera vez se mostró irritado. – Estás aceptando muy bien tu nueva posición. – Bufó. Y me reí imitándolo.

– Vi que a unas cuadras de aquí están dando un curso para padres primerizos… deberías darte una vuelta.

– ¿Es en el mismo lugar donde tomas tu curso en el que te enseñan a dilatarte bien el trasero y a gemir como zorra?

– Ahí mismo… Aunque a decir verdad, de eso se encarga Han. – Le respondí haciendo de oídos sordos de sus humillaciones. – Tienen desde maternal hasta primeros pasos.

– ¿Y en realidad te gusta que te la meta?

– ¡Me encanta! – Mascullé – Y bueno… por lo menos yo “SI” tengo sexo. – Recalqué la última parte y por cómo reaccionó, supe que con eso lo acabé. Damián estaba muy orgulloso de su vida promiscua. Y sacar a relucir el tema de su reciente abstinencia, no le hacía nada de gracia. – Ahora entiendo porque has estado tan estresado últimamente…

– ¡Cállate! – Ordenó, poniéndose a la defensiva, y me reí porque el que reaccionara así, quería decir que realmente ellos no habían tenido sexo… ¡Oh, sorpresa! Tal parece que esa relación va más en serio de lo que Damián está dispuesto a admitir.

– ¡Oh, vamos! – Exclamé. – No te lo tomes así… va a crecer… algún día. – Samko volvió reírse, pero se escondió detrás de Han, quien no sabía dónde guardar el rostro porque también estaba a punto de reírse. – No te sientas mal si todos tus intentos de casanova erótico no te funcionan con él, aunque debe ser muy frustrante para ti… pero es normal. – Dije con toda la naturalidad. – A esa edad solo les interesan las caricaturas. – Aseguré – ¡Pero sigue esforzándote!

– ¡Lo mismo digo! – Me escupió. – Zorra…

– ¡Pedófilo! – Respondí a su agresión y me distraje un poco porque Sam se deshacía en carcajadas. Damián por su parte se me vino encima, parándose a unos centímetros de mi rostro, pero si creía que con esa pose y esa mirada fiera iba a intimidarme, estaba más que equivocado.

– ¿Cómo me llamaste?

– ¡P.E.D.O.F.I.L.O! – Le respondí separando cada letra la una de la otra. – Así se le dice a las personas que intentan tener algún tipo de relación insana con un menor.

– No es… – Se mordió la lengua para no continuar, cuando se dio cuenta de que estaba por aceptar mi acusación.

– ¿No es…? – Resalté. Por su puesto que su metida de pata no la iba a dejarlo pasar. – ¿No es menor de edad? ¿Es eso lo que querías decir? – Damián retrocedió unos cuantos pasos, pero seguía asesinándome con la mirada. – Lamento decirte que a los dieciocho aún se les considera menores…

– Legalmente hoy cumple diecinueve… – Intervino Samko. Y todos le dimos nuestra completa atención, pero obviamente el más interesado fue Damián.

– ¿Era hoy…? – Pregunté mientras sacaba una de las credenciales del chico y la miraba, como si en verdad no supiera que hoy era su cumpleaños. – ¡Cierto! ¡Veintiséis de agosto!

– ¿Cómo… obtuviste… eso…? – Fue extraña la manera en la que dividió la oración. Era como si no pudiera respirar y se estuviera ahogando. Pero aun así, se acercó de nuevo y la arrebató.

– Puedes quedártela… – Le ofrecí como si nada. – Tengo todas estas… – Saqué las demás tarjetas y las mantuve en alto. – Se ve muy bien en la foto de su licencia de conducir.

– ¿Por qué las tienes tú? ¿Qué le hiciste? ¿En dónde está? – Avanzó a pasos peligrosos y uno tiene que aprender a reconocer cuando su vida corre peligro, así que retrocedí cuanto pude y terminé del otro lado de barra, justo detrás de Samko, lo cual dejaba a Han hasta adelante. Los tres terminamos contra una esquina, mientras Damián nos traspasaba con la mirada. – ¡Se los advierto! – Gritó – No se les ocurra dañarlo… y tú… – Dijo mirándome directamente. – Entregame esas tarjetas. – Ordenó y no dude ni tantito en obedecer, se veía muy molesto y estaba comenzando a preocuparme.

Obviamente, tendría que estar loco para estirarle mi bracito, así que se las di a Samko y este al tampoco atreverse, se las aventó a Han. Mi pareja se hizo chiquito ante Damián y temí por su seguridad.

– ¿Qué tienes que ver en esto? – Le preguntó y creí que Han se liberaría del asunto diciéndole la verdad, pues él en realidad no había tenido nada que ver.

– ¡F-fue mi idea! – Soltó luchando por escucharse convincente. – Yo lo planee todo, es mi culpa.

– Siempre has sido pésimo para mentir… – Lo sostuvo del cuello de la camisa y lo empujó hacía el otro extremo de la barra. Dejándonos contra la esquina a Samko y a mí. – De Deviant puedo esperar lo que sea, pero tú…

– ¿Cómo que de mí puedes esperar lo que sea…? Para tu información fue “su” idea… – Me defendí en un intento por salvar mi honor.

– ¡Eso no es verdad!

– ¡Claro que sí! – Le rebatí. – Tu dijiste que le sacáramos la cartera y…

– ¿Qué le sacaron qué…? – Exigió saber Damián.

– Yo solo dije que las tarjetas estaban en la cartera, no que le robaras… – Agregó Samko, mientras me enfrentaba.

– Pero tú se la sacaste…

– Porque tú me dijiste que lo hiciera…

– Y si te digo que te tires a un poso… ¿también lo vas a hacer?

– ¡No! Pero tú lo distrajiste…

– Solo lo hice para que no diera cuenta que le habías robado.

– ¡Yo no lo robe!

– ¿Quién sacó la cartera de su pantalón? ¿Tú o yo? – Mi hermano guardó silencio mientras me miraba con impotencia.

– Pero tú le coqueteaste… – Soltó y resultó que ya no solo era una mirada pesada la que se sentía, sino dos.

– ¿Cómo que le coqueteaste? – Exigió saber Han, metiéndose de nuevo en la conversación.

– Y-yo no…solo fui amable. – Le expliqué.

– ¿Y quién es ese fulano para que tengas que ser amable con él?

– Mucho cuidado con la manera en la que hablas de él… – Le regaño Damián.

Y fue así como los cuatro nos metimos en una acalorada discusión… Samko, fue el primero en huir, afirmando que su participación había sido mínima y que en realidad, casi fue obligado por mí.

Han y Damián casi se agarran a golpes, cuando mi hermano me gritaba y por supuesto, mi pareja se metió a defenderme. Pero al final, no pude conservar mi trofeo, y tuve que entregar la cartera, el dinero, y todas las tarjetas, así como jurar por todos los Katzel del mundo que no volvería a meterme con él.

Damián se fue enfurecido a su bodega, empujando a cuanta persona se le cruzaba por el camino. Y Han me regañó un poco, pero no fue nada que un par de besos no solucionara.

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