Capítulo 27: Un Hombre Debe Ser Fiel A Su Corazón

El amor es siempre paciente y amable, y nunca celoso. El amor nunca es jactancioso o presumido. Nunca es rudo o egoísta. Nunca se ofende ni es rencoroso. El amor no se deleita con los pecados de otros, sino que se deleita con la verdad. Siempre está dispuesto a disculpar, a confiar, a sentir esperanza y a soportar lo que sobrevenga.

TERCERA PERSONA

La reservación se había hecho en el restaurante Fattoria del Gusto, ubicado en el centro de Sibiu sobre la conocida calle Strada Ion Luca Caragiale. La hora del encuentro se había designado para las nueve y media de la noche.

Gianmarco había llegado desde la nueve en punto y ahora mismo revisaba los últimos detalles, aunque ya todo estaba en su sitio, pero los nervios le hacían ver defectos donde no los había. De momento se preguntaba si la cena en esa área privada no era demasiado extravagante, o si quizá había exagerado con el traje, incluso dudaba sobre si el anillo sería lo suficientemente adecuado para Samko.

Iba y venía de un lado a otro por el reducido espacio y cada que miraba el reloj sentía que el tiempo se volvía más lento y comenzaba a hacer demasiado calor y estaba sudando, lo cual era terrible porque no quería verse acalorado cuando Samko llegará. Y si todo lo anterior no era suficiente, como que los zapatos le quedaban demasiados juntos y las manos le temblaban al igual que la voz.

– ¡Esta todo listo! – Anunció Linda, mientras entraba apuraba mirando su reloj de mano. – Así que… – Se detuvo de golpe, al ver a Gianmarco recargado sobre una de las paredes. – ¿Qué sucede?

– N-no puedo respirar… – Susurró, mientras se abanicaba con las manos. – ¿Y si no viene? Peor aún… ¿Y si me dice que no? ¿Qué voy a hacer si me dice que no…? ¡Me va a estallar la cabeza! – Linda reviró los ojos con escepticismo. Y salió unos segundos, para después volver con un vaso con Wiski.

– ¡Tomate esto! – Ofreció.

– ¡No puedo! Yo… – Jadeaba como si hubiera estado corriendo durante horas.

– ¡Tomátelo! – Insistió y casi le puso el borde del vaso en los labios. – Te dará valor… – No muy convencido, Guianmarco bebió de golpe todo el contenido, para después devolverle el vaso, ahora vacío. – Ahora escuchame muy bien… ¡Vendrá! En menos de veinte minutos él entrara por esa puerta. – Señaló la entrada frente a ellos. – Y tú, vas a avanzar hacia él con toda la seguridad del mundo, alagaras su atuendo y le dirás lo atractivo que luce hoy, lo besaras y lo traerás hasta esta silla… Y todo, absolutamente todo, va a estar bien. Después solo debes sacar el anillo y proponérselo y ya, él te dirá que sí y ambos serán felices… ¿Entendido? – Guianmarco asintió solo porque ella se veía muy segura.

– ¿Cómo sabes que me va a decir que… si? – Quise saber.

– Porque sería un idiota si te dice que “no”…

Sin darle tiempo a nada más, le dejo un beso rápido en la mejilla y salió dejándolo solo con sus temores y su nerviosismo.

Al otro extremo de la ciudad, Samko era conducido hasta el restaurante, el chofer conducía lento por entre las callejas casi vacías, a petición del menor, quien parecía necesitarlo para tomar el valor de confesarle a Guianmarco, ciertas cosas que, no sabía cómo se las tomaría, pero que sinceramente esperaba, no le lastimaran.

Su mirada se perdió momentáneamente observando algún punto del otro lado de la ventana, eran tantas las emociones que luchaba por no derramar esas lágrimas que amontonadas en sus ojos, intentaban hacerlo sucumbir al llanto. Todo esto de aclarar sus sentimientos y aceptar que no podía engañarse, que debía hacerle caso a su corazón aun si eso significaba renunciar a alguien a quien amaba, lo estaba volviendo loco. Pero estaba seguro que había decido lo correcto, y pese a todo, se sentía feliz por eso.

Tras un par de vueltas el auto finalmente se detuvo, fue un viaje corto, al menos, lo fue para Sam, pero en realidad, había durado, más de media hora, y sin embargo, había llegado puntual.

El chofer abrió la puerta y en cuanto estuvo desprotegido del calor del auto, el viento frio lo hizo tiritar. Pero fue hasta ese momento que se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer, y su corazón desbocado en su pecho, aceleró aún más su ritmo.

– ¡Bienvenido, señor! – Le saludo un hombre, al verlo aparecer por la puerta.

– ¡Buenas noches! – Alcanzó a decir. Estaba aturdido por la claridad del lugar, tan contrastante con la oscuridad de la que había disfrutado en el automóvil.

– ¿Me permite su abrigó, señor? – Él hombre se dispuso a retirar la gabardina de sus hombros, pero Samko se lo impidió mientras le explicaba que tenía frio.

– Hay calefacción en el interior… señor.

Con los motivos para negarse a entregar el abrigo, agotados. Samko se lo quitó por él mismo y se lo entregó al hombre, quien seguidamente lo condujo hasta donde esperaban por él.

– ¿P-puedo hacerle una pregunta? – Dijo Sam, deteniéndose de golpe.

– ¿A parte de la que acaba de hacerme? – Por primera vez, Samko miró al hombre que le había estado atendiendo, era algo mayor, pero con un tono de voz y gestos muy amables. Además, de esa sonrisa que trataba de trasmitirle confianza.

– ¡Sí!

– Hágala, señor… – Samko recorrió el lugar con la mirada, estaba medio lleno, pero no había gente a su alrededor. Después de unos segundos, la volvió hacia quien aguardaba por la pregunta.

– ¡Estoy un poco nervioso! – Agregó.

– ¡Se nota! – Dijo el hombre.

– ¿Me veo presentable? – Soltó de golpe mientras se señalaba. El hombre aguardo un momento, como procesando la información.

– Señor… se vería mejor si no estuviera tan ansioso. – Se limitó a decir. – Venga por aquí… – Cambió el rumbo que habían estado siguiendo, dirigiéndolo hasta el pequeño bar y ordenó por él. Cuando el vaso estuvo servido se lo ofreció. – Esto es la solución liquida a sus problemas, señor.

– ¿Q-qué es?

– ¿Realmente, importa?

– ¡No! – Respondió el menor y tomando el vaso, bebió de golpe el contenido, que le supo demasiado amargo y seco, pero que le entumió el cuerpo con rapidez, haciéndole sentir mejor. – ¡Gracias! – Le dijo mientras le devolvía el vaso – Y deja de llamarme señor, solo tengo diecinueve años.

– Es por protocolo…

– ¡No me importa! – Respondió – Realmente no sé qué haces aquí, haz trabajado durante años para mi familia, si él dinero no te alcanzaba debiste decirle a Deviant.

– Ya nadie vivía en la casa, no me necesitaban…

– Pues voy a mudarme… y necesitaré a alguien que ordené mi vida. – El hombre sonrió y asintió. – Iré solo, dime a donde…

– Siga por el pasillo hasta el fondo, de ahí a la izquierda. No hay pierde.

Samko le dio un apretón de hombro con calidez y avanzó alejándose de él.

Tal y como le indicaron, siguió todo el pasillo, apenas unos cuantos metros y después giró a la izquierda, justo enfrente estaba esa área privada, que a primera vista lucia realmente hermosa. Las pequeñas velas sobre la mesa, que se escondía entre los petalos rojos que habían sido colocados delicadamente a voluntad.

Pese a que parecía que estaba al aire libre, había cristales transparentes a todo el rededor y una pequeña cascada azul que le daba un toque relajante por el murmullo quedito del agua al caer, al otro extremo había una chimenea con brasas ardientes y Gianmarco estaba ahí, recargado contra el borde, con la vista perdida en el fuego y una copa en su mano, que lucía intacta.

Lo admiró largamente, hoy lucía despampanante con ese traje que nunca antes le había visto. Gianmarco era en todos los sentidos, un hombre sumamente atractivo, su madurez era exquisita y ese porte de niño rico le daba un aire encantador.

Y al verlo tan ajeno a todo, perdido en sus propios pensamientos, no pudo evitar pensar lo difícil que sería su vida sin él a su lado y lo mucho que llegaría a extrañarlo.

En un movimiento lento, Gianmarco despertó de su ensueño y llevó el borde de la copa hasta sus labios, mojándolos a penas con la bebida.

– Según las más aceptadas normas sociales un hombre no debe beber sólo después de las nueve de la noche, a menos, que tenga una buen excusa. ¿Cuál es la tuya? – Dijo adentrándose en la salita. Gianmarco se giró para mirarlo, porque esa voz la reconocería aún en medio de un gentío.

Y bastó tenerlo frente a él, a unos escasos metros, para que cualquier síntoma de nerviosismo en el cuerpo del mayor desapareciera por completo. Abandonando su copa sobre el borde, avanzó hacía a Samko, mientras le sonreía de tal manera que el menor, se quedó perdido en ella.

En el primer segundo que tuvo de lucidez, Samko creyó que Gianmarco lo besaría, y la seguridad con la que lo vio venir, lo dejó sin aliento. El mayor se humedeció los labios, pasando su lengua sobre ellos con excesiva elegancia, pero el trayecto de esos labios cambió y terminarón cerrándose sobre la frente del menor. Y este no pudo evitar sentir cierta decepción.

– ¡Te esperaba! – Le dijo y seguidamente se apartó de él, no sin antes recorrerlo con la mirada. Samko vestía con demasiada formalidad, ese traje casi negro y todo lo demás perfectamente combinado. Lo hacía lucir, un poco mayor, pero resaltaba sus atributos. – Porque nunca me dijiste que eras tan hermoso…– Le susurró al oído mientras lo tomaba de la mano y lo dirigía a la mesa.

Gianmarco se salió del protocolo, y al decir aquellas palabras tan sinceras y espontáneas, logró avergonzar a Samko, quien no supo responder ante ellas. Por un lado, quería decirle que los hombres no se ven hermosos, quizá atractivos, pero ese apelativo, definitivamente no. Y por otra parte, simplemente quería agradecerle el halago y escuchar muchos más. Pero optó por sonrojarse hasta la médula, provocando la risa traviesa del mayor.

Gianmarco lo condujo hasta su asiento y le acomodó la silla, pero justo en ese momento Samko, se detuvo de golpe y poniéndose frente a él, lo abrazó, pasándole los brazos por el cuello y resguardando su rostro contra el cuello del mayor. – ¿Qué sucede? – Preguntó un poco descolocado por la tan repentina acción de Samko.

– ¡Gracias por las rosas!

– ¡De nada! – Le respondió mientras correspondía el abrazo. Permanecieron de esta manera unos segundos y después, Gianmarco intentó hacer un poco de espacio entre ellos, pero Sam, se rehusó a soltarlo. – ¿Qué sucede? – Volvió a preguntar.

– Solo un poco más… – Susurró como respuesta y se abrazó aún más al mayor. – Besame Gianmarco… ¡Por favor! – La inesperada petición lo dejó descolocado, pero para cuando reaccionó, primero dejó otro beso en su frente, después en sus mejillas, también beso sus ojos y el puente de su nariz. No pensaba darle más que eso. – ¡Están bien! – Aceptó. – Pero sabes que no es lo que pedí.

– ¿Dime por qué?

– Necesito algún motivo en particular…

– Hoy sí… – Samko asintió y lo medito unos segundos.

– Intento comprar mi redención… – Esa frase fue una luz roja para Gianmarco, quien pese a lo mucho que le inquietó escucharla, se mostró sereno.

– No está a la venta… ¡Lo lamento! – Respondió con tono bajo.

– Bueno. Me temo que voy a tener que irme al infierno… – Soltó y sin pedir permiso, atrapó esos labios que se le negaban.

Empezó como un beso palpitante, dejando pequeños piquitos sobre los labios ajenos, haciendo suaves presiones, pero abarcando desde las comisuras. Necesitando más de ese hombre que esta noche olía delicioso, buscó un mayor contacto, besando primero el labio superior de Gianmarco y después morder con suavidad el inferior.

Sus manos abandonaron el cuello ajeno y acunaron el rostro del mayor, mientras acariciaba sus mejillas y jugueteaba con la barba que comenzaba desde las patillas y se unía por esa barbilla partida, dándole ese aire aniñado pese a sus treinta y nueve años.

Su lengua se abrió paso entre los labios de Gianmarco y tuvo que ponerse de puntitas para besarlo desde arriba, pero pese a todos sus intentos, el mayor no correspondía, simplemente se dejaba hacer. – ¡Tocame Gianmarco! – Pidió – Lo necesito… – Agregó sin dejar de besarlo.

– ¿Por qué me llamas por mi nombre?

– Porque es tu nombre… – Se limitó a responder. Sin realmente quererlo, el mayor ladeó un poco el rostro, evitando el contacto de sus labios con los de Sam. Acción que no pasó desapercibida por el menor. – ¿No quieres que te bese? – Preguntó soltándolo por completo. – Me queda claro que no quieres besarme, pero… ¿tampoco yo puedo hacerlo?

Gianmarco retrocedió, las dudas atacaban nuevamente su cabeza y Samko no es una persona generalmente paciente. Así que sintió que lo estaba arruinando todo.

– Sam…

– ¿Para eso me invitaste…? – Dijo y con la misma giró sobre sus pasos, apresurándose a la salida.

El mayor lo alcanzó en el pasillo y olvidándose por un momento de la amabilidad y delicadeza con la que siempre le trataba, los sostuvo por los hombros, obligándolo a girar y lo besó.

Lo forzó a ir retrocediendo hasta donde cenarían, mientras prácticamente le comía la boca. Con un brazo sobre la cintura, manteniéndolo fijado a su cuerpo y con el otro por detrás de su nuca, no le dio la menor posibilidad de escapar.

Lo fui guiando, no sin antes cerrar la puerta una vez que estuvieron dentro y pese a las exigencias del menor, no dejó de besarlo hasta que lo hizo sentarse. – ¡Cenemos! – Ordenó y aunque jadeando, Samko asintió.

Por la parte trasera, justo de espaldas a Gianmarco, dos meseros salieron con la comida de cada uno.

Mientras servían las copas de vino, Samko jugueteó con su servilleta.

– ¡Me asustaste! – Confesó, con la vista clavada en su sopa. – Por un momento creí que estabas enojado conmigo…

– No lo estoy…

– Pero tampoco te comportas como en la mañana… – Exclamó con desánimo.

– ¡Mirame Samko! – Pidió el mayor, pero moderando su tono de voz, de manera que se escuchara más como una súplica que como una orden. – No estoy molesto. – Aseguró cuando esa mirada clara se topó con la suya. – Estaba nervioso, pero tú eres lo más importante en mi vida, sin importar lo que decidas, lo seguirás siendo…

Lo que siguió después, fue una cena acompañada de una charla tan amena, como las que solían sostener cada que estaban juntos. Samko volvía a reír y Gianmarco le miraba como siempre. El pequeño estuche ya estaba escondido detrás de unas copas sin usar y una botella vacía, ya solo esperaban el postre y su nerviosismo crecía al acercarse el momento.

– Y al final, Damián tuvo que aceptar que el niño es menor, pero debiste ver su cara, lucía tan incómodo. – Le contaba Sam.

– ¡Me imagino! Damián es tan reservado en sus asuntos… pero la verdad es que no me esperaba que estuviera saliendo con un chico como el que describes.

– Ha sido una sorpresa para todos… pero es verdad.

Su charla fue interrumpida, con el mesero que dejaba en el centro de la mesa, una especie de tarta de frutas que lucía deliciosa. Cortó dos rebanas y sirvió a cada uno, un pedazo. Era el momento, en cuanto el hombre se fuera iba a pedírselo.

Pero curiosamente, en cuanto volvieron a quedarse solos se hizo un silencio incomodo entre ambos, pese a lo mucho que le gustaban las cosas dulces a Sam, este solo se limitaba a mirar su rebanada de tarta.

– Hay algo que quiero decirte… – Dijeron al mismo tiempo. Y ambos terminaron sonriendo.

– Tu primero… – Le ofreció Gianmarco, brindándole toda su atención.

– Bueno… – Samko suspiró larga y cansadamente, que hasta el menos cauto hubiera notado su nerviosismo y poca determinación. – Yo, no sé cómo decirlo…

– No te presiones… dilo como lo sientas. Trataré de entender… – Samko dudó una vez más y cerró los ojos fuerza durante unos segundos, haciendo que el mayor se preocupara.

– Después que recibí las flores, tuvimos unas cuantas horas libres, porque hubo una junta académica. – Gianmarco pensó, que como había iniciado con lo de las flores, no podía ser tan malo. – Erika seguía insistiendo con lo del trabajo, pero yo no tenía el libro y de todos modos iba a ocuparlo, junto con otros más… – Hablaba lento, bajo y no se atrevía a mirar directamente al mayor. – Así que… fui al departamento por ellos. – Gianmarco sintió que se iba formando un vacío en su estómago. – Se supone que él debería estar en clase a esa hora… pero cuando llegué al departamento, James estaba ahí. – Por unos instantes Gianmarco agradeció que Samko no le miraba, pues hubiera notado el momento justo en que su rostro se descompuso al intuir de qué venía todo esto.

Estaba tan sorprendido como yo de verme ahí, supongo que ninguno de los dos se lo esperaba, intentó calmarme y acercarse a mí, pero cada que lo hacía, yo retrocedía. Dijo que me había extrañado, que quería volviera a casa, con él…

– ¿Con… él? – Preguntó con pensar.

– Sí, dijo que todo esto era nuevo para él, pero quería intentarlo. – Gianmarco asintió y solo fue porque Samko levantó la mirada hacía él, mientras decía estas cosas. – Eso fue después, al principio quise irme pero él no me dejo, entonces le expliqué que solo había ido por unos libros y se hizo a un lado, dejándome pasar a mi habitación.

Estaba haciéndolo todo muy rápido, tomé los libros y los aventé a la maleta, también algo de ropa… estaba haciendo esto cuando él apareció en mi habitación, entró y cerró la puerta tras de sí. – Gianmarco tuvo que retirar las manos de la mesa, para que Sam no notara que las había empuñado. – Decía cosas que no le entendía, pero en menos de lo que esperaba lo tuve justo delante de mí y… – Le tomó tiempo pero volvió a levantar la mirada. – N-nos besamos, él me beso… – El piso se le movió a Gianmarco, y un dolor profundo se instauró en su pecho. Su Sam, su niño se había besado con alguien y seguramente ahora lo dejaría. Disimuladamente tomó el estuche que reposaba en la mesa y volvió a guardarlo en la bolsa de su traje. Todo esto había sido para nada. – Dijo que me quería, que se había dado cuenta que nuestra relación siempre fue algo más, que le hacía falta y que estaba dispuesto a probar, que lo intentaría porque no quería perderme. Me hablaba y besaba al mismo tiempo, yo no podía creer que esto realmente estuviera sucediendo…

Se detuvo y su vista volvió a perderse en quién sabe dónde… – Aún no puedo creerlo.

– ¿Y tú qué le dijiste? – Él realmente quería escucharlo de los propios labios de Samko, aunque casi podía imaginarlo.

– Muchas cosas… hablamos un buen rato después. Al final le dije que tenía que decírtelo, que tú lo entenderías…

Emocionalmente, Gianmarco estaba devastado, no pensó que esto pasaría y se arrepintió de haber planeado la cena y de haberle dicho que él comenzara. Quiso enojarse con Samko, lo deseaba con el alma, pero su amor para con él era mucho más grande, lástima que lo entendió muy tarde.

Podía sentir sus lágrimas acumularse en sus ojos y se exigió ser fuerte. No lloraría, no delante de él. Ya tendría tiempo después, para deshacerse en lamentos.

– E-entonces… – Se aclaró lo voz. – ¿Arreglaron sus diferencias?

– Fue más que eso Gianmarco… – Aclaró Samko con seriedad. – Fue realmente darnos cuenta de nuestras diferencias, de todo eso en lo que tendremos que mojar cuando seamos pareja. – ¿Pareja? ¿Así que simplemente iba dejarlo y enfrascarse en una relación completa? – Por mi parte, tuve que medir mis sentimientos, compararlos con lo que tú y yo tenemos… y al final, no fue difícil tomar mi decisión. – Eso había sido demasiado, lo había comparado con James y resultó que él fue deficiente, él que se lo había dado todo. – Es por eso que… Le dije que hoy mismo te lo diría y le daría mi respuesta. Antes de venir aquí pase a verlo y hablé con él. – Aturdido como estaba, lo vio ponerse de pie y caminó hasta quedar a su lado. Samko sudaba y eso era algo que él no había notado. También respiraba agitado, tanto como él. – Me di cuenta de muchas cosas, Gianmarco. Y ya no quiero seguir engañándome. ¡Estoy enamorado! – Confesó y el mayor sintió que esas palabras que estaba por pronunciar, su corazón no las soportaría. – Quiero estar con el hombre que amo y que me hace feliz… Por eso… – Samko tragó aire y Gianmarco lo contuvo, todo pasó como en cámara lenta. El menor se arrodillo frente a él y sacando una caja de entre su ropa, la abrió y la colocó frente a Gianmarco. – Quiero que porfavor, me concedas el honor de pasar el resto de nuestros días juntos… No como mi novio, como mi pareja…

Gianmarco dejó salir el aire de sus pulmones como un jadeó. ¿Qué era lo que acababa de decir? ¿Había escuchado mal? ¿Realmente se lo estaba pidiendo a él? – Si aceptas, prometo ayudarte a amar la vida, te trataré siempre con ternura y me haré más responsable, voy a madurar… Y seré paciente, hablaré cuando sea necesario y guardaré silencio cuando no. No te causaré problemas y… – La voz se le empezaba a romper y los ojos se le estaban poniendo vidriosos a causa de las lágrimas. Pero se mantenía en su postura, Samko estaba decidido a tomar la iniciativa en esta ocasión, se había dado cuenta que amaba a Gianmarco, a su Lusso y que no quería perderlo, por eso le demostraría que ya no era un niño. – Si aceptas, cederé ante tus decisiones y si no, lo hablaremos como lo hacen los adultos y sobre todo, prometo que te amaré solo a ti y que viviré en la calidez de tu corazón, que justo después de que digas… “Sí” se convertirá en mi hogar. Porque te amo…

Gianmarco no podía hablar, todo su cuerpo temblaba y estaba estupefacto de como un simple niño lo había llevado a esto, conmoverlo hasta este grado, hacerlo tan inmensamente feliz, y sentirse tan dichoso y emocionado, halagado de verlo ahí, haciendo su promesa. Le sorprendía como en unas cuantas palabras lo había hecho descender a los pies del infierno para al siguiente segundo llevarlo a los cielos más altos.

– Esa era mi línea… – Le dijo colocándose en la misma posición en la que Samko estaba, sacó de nuevo su estuche, poniendo ante los ojos del menor, el anillo que le había comprado. – Te amo, en todas las formas posibles… – Agregó mientras sacaba el anillo del estuche, y tomando la mano derecha de Sam, le colocó el anillo. – Por un momento, juré que te perdería… no tienes idea de lo feliz que me has hecho.

– ¿Es un sí? – Preguntó Samko, entre lágrimas y confundido por el giro que había dado la conversación.

– Si, mi vida… Acepto. – Tuvo que oír esas palabras para que pudiera respirar con normalidad. Sacando su regalo de su estuche también tomó la mano derecha de Gianmarco y desabrochando la manga de su camisa, le colocó la esclava de oro.

En ese momento los regalos pasaron a segundo plano, Samko se aventó a los brazos de Gianmarco, quien lo recibió deseoso y lo estrechó con fuerza. Sin perder tiempo buscó los labios de su niño y bebió de ellos como nunca antes.

Se amaban, era lo único que importaba. A fuera el mundo podía caerse a pedazos, ellos se tenían el uno al otro y eso les bastaba.

– Llevame a casa Giamarco… – Dijo Samko en los labios del mayor, deseoso de continuar con esto en un lugar más privado y cómodo. – Quiero que me hagas el amor…

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