Capítulo 32: Ariel

Cuando todo mi mundo se ahogaba en lo hondo, llegaste tú, justo antes de que yo tocara fondo. Entraste en mi vida en tiempo de blanco y negro a darle color.

DAMIÁN

Divagué entre mil pensamientos, mi cuerpo entero era un cumulo de emociones que no sabía cómo controlar. Me sentía débil e invencible al mismo tiempo.

Verlo dormir era un verdadero deleite, Ariel destilaba una paz que le envidiaba. Que he deseado para mi vida desde hace muchos años, y sin embargo, estando a su lado, podía sentir que ya no importaba cada noche que había pasado en ese estado devastador o literalmente vuelto una fiera, ya no importaba el dolor ni todo ese miedo que me era imposible reconocer, pero que me atormentaba constantemente.

Ya no importaba cada una de las calles por la que deambulé en soledad, porque ahora podía caminarlas de su mano, sintiéndolo piel con piel y a compasando mi respiración al ritmo de sus latidos.

Sintiéndome desarmado por sus miradas aprensivas o ante la excitación de su cuerpo.

Sabiendo que podía creer en él y con una fe solida de que con sus risas, alejaría a kilómetros mi dolor. Que él era mi guarida más segura y que en su presencia mis demonios lograban descansar.

Se abrazó a una de las almohadas en un intento por acomodarse y ese leve movimiento de su cuerpo me hizo volver a la realidad. Fue entonces que también recordé el sobre que me había dado cuando estábamos en el baño.

Poniéndome de pie, fui a buscarlo.

Sobra decir que de ahora en adelante, este iba a ser mi lugar favorito de la casa. Encendí la luz y busqué en el cesto de las toallas de mano, fue ahí a donde lo dejé.

Comencé a abrirlo mientras volvía a la recamara. Dentro había unas hojas de cuaderno a cuadros pequeños.

Sonreí, era su carta.

Me acomodé a su lado y empecé a leerla:

¡Hola!

¿Qué tal ha ido tu día? Espero que todo haya salido como lo planeabas. Para mí ha sido un día cansado y de una larga espera… Estoy ansioso por tu llegada…

Eso me hizo reír, pero no como burla, sino de un extraño nerviosismo.

¡No te vayas a burlar de mí!

Indudablemente me conocía, deje de reír.

…Pero te he extrañado lo suficiente como para saber que no quiero otro día como este…

No preguntes porque, la verdad, es que no lo sé.

Era tan tierno que me hace suspirar. Yo suspirando, ¡Diablos! Todo esto comienza a preocuparme.

He pensado mucho sobre lo que debería escribir, porque todo esto es tan reciente.

Eso si iba a rebatírselo, no se trataba de una cuestión de tiempo, sino de sentimientos.

Doblemente diablos, es decir…

¡Diablos! ¡Diablos! Ahora estoy hablando de sentimientos. Damián Katzel, estas en problemas.

No lo sé…Tal vez debí esperar a que hayan pasado tres meses y no tan solo tres días. Tal vez, hasta que conozca todas tus manías, tus gustos, o esos miedos que a veces parecen agobiarte. Tus sueños, la música que te gusta, o tus películas favoritas. Aunque esas cosas no parecen gustarte mucho. Aun así, me gustaría saber cuáles odias más y porque. Esa canción que no soportas escuchar o que se yo…

Quizá debí esperar a conocer esa frase cliché que dices tras cada pelea. Aunque, creo tener una idea de cuál es…

Sí, creo que yo también tenía una idea de cuál era. Aparté la mirada de mi carta y lo miré a él, cuidando de no despertarlo, me estiré y le dejo un beso rápido en el afrente. – ¡Lo siento mucho, Ari! – Me disculpe. – Enserio que lo siento. – Sin más volví a lo que hacía.

Posiblemente debí esperar hasta conocer tú comida favorita o por qué siempre vistes con Jeans desgastados y camisetas negras.

¡No me mal entiendas! ¡Me gusta, te sienta muy bien! Solo tengo curiosidad.

¿Siempre me visto así? No lo había notado, a decir verdad, no es que ponga tanto empeño en mi apariencia, no es algo que necesite, soy guapo y lo asumo.

Pero por él, intentaría vestirme de otra manera, o al menos, con otros colores.

Supongo que hubiera sido conveniente esperar a muchas cosas más. Pero no pude, tres meses, tres días, tres horas… ¿Cuál es la diferencia? Ahora mismo no puedo verla.

Porque aunque ignoro mucho de ti, también sé de algunas otras.

Por ejemplo: Conozco el sonido de tus pasos cuando entras a la habitación, el olor de tu cabello y tu risa tan escandalosa y que me resulta contagiosa a más no poder. Conozco el sonido de tu respiración cuando duermes, el calor intenso que emana de tu cuerpo y que es tan tuyo… que me encanta.

Puede sentir el momento exacto en mi sonrisa estúpida volvió a mi rostro. Al igual que ese calorcito que me abochornaba. Así que el calor intenso que emana de mi cuerpo le encanta.

También conozco tus miradas. La enigmática… esa que me dedicas cada vez que me escondes ciertas cosas y crees que no lo noto. – De nuevo me hacía comprender que no debía subestimarlo. – La seductora, cuando coqueteas conmigo intentando provocarme cosas que de ser un poco más observador, sabrías que no hay necesidad de tanto esfuerzo, porque las siento con tan solo tenerte cerca. – ¿Cómo puede ser tan tierno? – La escrupulosa, cuando intentas descifrarme, o sacarme algún tipo de información. La lasciva, últimamente me miras mucho de esa manera, no me molesta, pero no sé cómo debería reaccionar, porque antes no lo hacías. Esa mirada realmente me hace sentir como una oveja en peligro de ser devorado por un lobo guapo y vanidoso.

Tuve que cubrirme la boca para no hacer ruido, un lobo guapo y vanidoso. – ¡PRESENTE!

La tierna, la mirada compasiva, la molesta, la divertida, o tal vez, esa otra a la que aún no he podido ponerle nombre, porque únicamente me miras y no puedo ver ninguna otra expresión… Solo tus ojos en los míos y un silencio profundo y sin embargo, sé que es la más significativa. Y por ende, es de las que más me gustan, porque me haces sentir tuyo.

– ¡Mío! Eso es todo lo que deseo.

También conozco lo que es sentirse protegido entre tus brazos, lo que molesto, eres capaz de hacer, esos cambios drásticos en tu humor, que comienzo a descifrar. Conozco tu torso desnudo que cuenta historias triste que desearía poder hacerte olvidar, conozco tus manos y sus diferentes formas de tocarme, apenas estoy descubriendo esa nueva forma en la que te tomas libertades que quizá no deberías. Pero me gusta, aunque me esfuerzo mucho por no hacértelo saber, porque después te pones pesado. Y aprovechando, dejame aclararte que de la cintura para arriba lo que quieras, pero de la cadera para abajo… NI LO PIENSES.

Mi corazón se aceleró con esas palabras y lo último me hizo reír, creo que esa parte podíamos tacharla de una vez por todas.

Hasta antier, no tenía que cuidarme de ti, pero después de lo de la mañana… ¡Ya no sé qué pensar!

Y después de lo de hace rato, cuídate siempre, porque te asaltaré cuando menos te lo esperes.

El caso es que, no soy tan ignorante sobre ti.

Se también, que hay algo… me lo haces sentir. A pesar de esa aparente frialdad, de esa manera esporádica en la que sueles mostrarte un poco distante y dejas de decir palabras cariñosas o tiernas. Todas esas grandes o pequeñas cosas que a cualquier otro, pudieran hacerle pensar que entre nosotros no hay nada. Pero… ¡Está bien! ¡No quiero que te sientas presionado!

No todo tiene que ser miel entre nosotros. Incluso creo que sería aburrido si lo fuera. Y aun así, reconozco que te has esmerado por hacerme comprender “a tu manera” que te interesas por mí. Y que soy alguien importante en tu vida… no quiero presumir, es solo lo que me haces sentir, a tu estilo.

A veces con muchas palabras, otras con tu silencio mientras me tomas de la mano o aunque, me dé un poco de vergüenza admitirlo. También en esas veces en las que me empujas contra lo primero que encuentres y me besas de esa manera que tanto me gusta.

Tal vez la tuya sea una manera incomprendida por la mayoría, pero es honesta y real para mí.

Me siento realmente afortunado por tenerte en mi vida, lo digo enserio.

Así que respondiendo a tu pregunta de hoy en la madrugada. No, no me siento frustrado. Comprendo que es tu forma de ser, y no pienso pedirte que cambies solo porque de esa forma seria más fácil para mí. Sé que eres una persona muy reservada y aunque no la has dicho, he podido comprobar por mí mismo que te estas esforzando mucho para dejarme conocer y llegar a ese corazón duro, a esa boca antes muda, esas manos frías y esa mirada distante… que ya no lo son más, al menos, no conmigo.

Sé que tú no demuestras afecto como lo hacen los demás, pero aun así, me lo demuestras y me siento dichoso por ello. E incluso lo hace mucho más especial para mí.

Aunque no voy a negar que en esas ocasiones en las que a pesar de estar conmigo, necesitas tu espacio. Y pese a charlar con mi abuela, no quieres hacerlo conmigo, o teniéndote a mi lado con tú mano tendida contra el respaldo del sillón, no me abrazas. Me dan unas ganas tremendas de golpearte… – Reí por esa declaración, que a partir de ahora tomaría en cuenta, conociéndolo, uno de estos días realmente terminaría golpeándome. …porque bien he podido acostumbrarme muy rápido a tus atenciones y cuando no me las das, me haces sentir un poco mal.

Y entonces las dudas atacan de nuevo, no es la gran cosa, y tal vez a ti no te suceda pero a mí sí, y es un poco terrible. Porque aunque no me gusta hacer planes a futuro, es imposible no pensar en lo que sucederá y… En esos momentos todo se vuelve tan frágil… tú, yo, y esto que estamos construyendo juntos.

Y debo confesarte que la mitad de nuestra relación me he sentido muy inseguro, es decir, de ayer para hoy, las dudas me hacen pensar si realmente es esto lo que quieres… Si yo, realmente soy suficienteY me gustaría que me llamaras, o que nos viéramos en los medios tiempos, porque, simplemente necesito verte.

No es que quiera asegurarme que no estas con nadie más… Por qué no estas con nadie más ¿cierto? Bueno, mejor no pensaré en esto por ahora.

Fue un poco sorprendente el entrarme de que él tenía las mismas inquietudes e inseguridades que yo. Y me sentí mal por haberlas alimentados con mis acciones.

Pero es que… por lo general no luces interesado y quizá no lo has notado y peor aún, es probable que este cometiendo un error al decírtelo, pero la gente suele voltearte a ver muy seguido, son descarados y se muestran interesados por ti, hombres y mujeres y sí, me siento celoso, porque me doy cuenta que tu podrías estar con quien desees, y creo que eso me molesta un poco, porque no me gustaría verte con alguien más.

Pero después recapitulo todo lo que hemos pasado en estos días y tus atenciones y detalles y comprendo que eres diferente, y que no tengo porque sentirme así, porque estás aquí, conmigo… Bueno, justo ahora no, porque estas en el trabajo, pero de alguna manera me haces compañía.

Y es por eso que no quiero que te agobies mucho por lo que sucedió. Lo de anoche fue difícil pero creo que está bien si nos lo tomamos con calma. Los cambios no son ligeros, pero significan más porque los haces tú.

Quise estrellarme contra la pared que tuviera más cerca, como es que podía llegar a ser tan estúpido como para lastimarlo.

Así que, aunque soy joven, quiero que sepas que te valoro por quien eres, que comprendo que tu lenguaje emocional es distinto pero eso no quiere decir que el sentimiento sea menos valioso. Acepto que eres poco expresivo y reservado en temas específicos, y también soy consciente de que me estas enseñando a tener más seguridad en mismo y a ser una persona independiente. Agradezco tu compañía y tu tiempo, valoro mucho que me los ofrezcas de tan buena gana. Y sobre todo, que me hagas sentir que nuestros argumentos para continuar juntos son sólidos, y que no hay nada más importante que estar con alguien que te valore y te acepte, tal y como tú lo haces.

Es por eso, que quiero decirte… ¡Gracias!

Gracias por casi atropellarme ese día, gracias por cada beso y cada palabra, por los paseos y las estrellas que hemos contado juntos… Por todo.

Muchas gracias, Damián.

Estreché las hojas contra mi pecho y después sonreí porque había hecho justo lo mismo que él. Pero es que no sabía que más hacer. Sentía tantas cosas en i interior y unas terribles ganas de llorar, pero era yo… no podía hacerlo.

Y tampoco quería despertarlo y que me viera todo histérico de felicidad. Así que únicamente las doble y las guardé debajo de mi almohada. Mis brazos le quitaron la almohada a la que aún se abrazaba y lo cobije a mi lado.

Ya no tenía dudas, él era mi posesión personal más valiosa. Era mi joya, mi tesoro, y la única riqueza que necesitaba.

Y deseaba por encima de todo, que llegara a amarme, anhelaba escucharle decir esas palabras, entonces seria plenamente feliz.

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