Capítulo 34: Luna Negra Visible

No hay luna esta noche, ¿verdad?

JAMES (Flash-Back)

Cuando al abrir la puerta, lo vi ahí, debajo de la lámpara de la entrada, más atractivo que siempre, y completamente esplendoroso con ese traje demasiado formal para su gusto y estilo, supe que lo que más había temido en esas últimas horas, se estaba volviendo realidad.

No fui capaz de decir nada tras su tímido ¡Hola!

Ni cuando tras haberme hecho a un lado para dejarlo pasar, dijo que no iba a tardar, que solo quería hablar conmigo.

Lo vi dudar una y otra vez, mientras escogía las palabras adecuadas para decirme que finalmente lo había elegido a él y que iba a dejarme. Jugaba con sus dedos y su mirada se paseaba por todo el rededor para evitar mirarme directamente a los ojos.

Si tienes que pensarlo tanto, entonces simplemente pasa y olvidate de él… nuestro programa va a empezar.

¡No es eso! – Me aclaró. Sí, yo también sabía que no era eso, solo intentaba acelerarlo todo. Estaba lastimándome lentamente, y yo prefería que lo hiciera de una vez por todas y se fuera. – James… ¡Te quiero!– Susurró y solo pude pensar que esa había sido una pésima elección de palabras.

¡No me quieres! ¡Me amas! – Le aclaré. – Y yo te amo a ti… Ha sido así desde que yo era solo un niño y tú un bebé. Nadie lo planeó, nos hemos amado desde entonces, solamente que ni tú ni yo lo sabíamos a ciencia cierta, hasta ahora…

Como hermanos…

Como dos personas que se aman… ¡Lo sabes Samko!– Él negó lentamente con la cabeza y yo sentí que la fuerza de mis rodillas me abandonarían.

Cada día que despierto lo he sabido…

¿Saber qué?

Aquello de lo nunca estuve completamente seguro contigo… ¡Lo siento James! Realmente creí…

¿Creíste?

Se cómo te sientes…

¡No, tú no sabes lo que estoy sintiendo! ¡No tienes la más mínima idea!– Recuerdo haberle dicho esas palabras con la voz rota, enojado con él, conmigo, con la vida misma.

Yo vivía bien, no era completamente feliz, pero… ¿Quién lo es en estos tiempos? Estaba seguro que iba a casarme con una mujer a la que decía amar, que al final resultó ser una persona vil, pero no es como si yo no lo fuera también. Quería una familia e hijos.

¡Quería…!

Realmente quería, pero ya no… Un solo beso vino aponer en duda a aquello de lo que nunca estuve completamente seguro. Estaba convencido que yo podía despojarme de cada cosa que tenía por él, pero no había pensado que fuese por un sentimiento como este, ni que el reconocerlo lo hiciera crecer tan rápido en mí. – ¿Realmente te haría feliz si te dejo ir?

Lagrimas… su llanto siempre sabe conmoverme. – ¿Sabes que es lo peor? Que llorar no cambia las cosas…

(Fin del Flash-Back)

– ¿James? James…

– ¡Diablos James! El abogado te está hablando… – Sentí a Han sacudirme con suavidad. – ¿Acaso escuchaste algo de lo que te dijo?

Lo miré detenidamente, comprendía lo que estaba sucediendo, pero era como si no entendiera una sola de las palabras que decía. Han se cubrió el rostro con las manos mientras suspiraba molesto y con cansancio. – ¡Por favor! Estamos intentando ayudarte… – ¿Ayudarme? ¿Cómo iba a ayudarme un abogado y él?

– ¿Acaso ustedes pueden convencer a Samko de que de dejé a Gianmarco y vuelva conmigo? – Le pregunté a duras penas. – ¿Pueden? – Han se sentó a mi lado y pude percibir la lastima en su mirada. No la quería, ni mucho menos la necesitaba. – ¡Responde!

– ¡No! – Finalmente reconoció él.

– Entonces… no quiero tú ayuda, ni la de él. – Como pude me puse en pie y me fui a mi habitación.

Me sentía cansado y dolorido.

El doctor había dicho que necesitaba descansar, no moverme más de lo necesario para que los puntos de mis heridas no vayan a abrirse, bueno, tampoco era como si me preocupara, morir desangrado era una opción viable, o quizá solo estaba demasiado deprimido.

Pero ni siquiera yo, tengo tanta suerte.

Verlo de su brazo no fue bueno, seguirlos sin duda fue un error… ¿Qué se suponía que esperaba ver? ¿Acaso no era obvio?

Sam estaba feliz, le sonreía y miraba como solo una persona enamorada lo haría. Sus manos buscaban estar prendado a él en todo momento, como si fuese a perderse si se soltaba. Un “te amo” se le escapó de los labios.

Mientras mi mente se perdía en mil pensamientos suyos, entre ellos, lo tristes que iban a ser mis mañanas sin él. Ya no prepararíamos el desayuno. Ahora se lo llevarían a la cama. Ya no pelearíamos por un espacio frente al espejo del baño principal, aun cuando cada uno tenía el propio en su habitación. Ni él fingiría estar molesto y me reprocharia mientras conduzco a la universidad.

Ahora me doy cuenta que en algún momento di por sentando que él siempre estaría, que no me dejaría. Y que todo esto que ayer consideraba rutina, era nuestra vida y que amaba cada uno de estos aspectos por muy pequeños que fuesen.

Intentaba no ser egoísta, reconocer que le sentaba bien estar con él. Que no me dolía que ahora durmiera en su cama y despertara en sus brazos, como tantas veces lo hizo en los míos.

Pero tras cada pensamiento me llevó las manos a la cabeza y jaló mis cabellos con impotencia… diciendo uno y otra vez ¡Maldita sea mi suerte! ¡Maldita y mil veces maldita!

¡Cómo es que no me di cuenta antes! ¿Por qué no pude verlo?

No quiero seguir lamentándome aquí, a unas cuantas mesas de las suya. Porque me duele contemplarlo y saber que no puedo tenerlo, que ya no me pertenece.

Me giró en la cama y trato de borrar ese pensamiento.

Esta echó, nada cambiara el presente.

DAMIÁN

Cuando Ariel estuvo un poco más tranquilo, subimos.

Todo se estaba complicando, su padre iba a ser un estorbo, pero debía recordarme que no podía hacerle nada, por mucho que quisiera. Lo último que deseo es acrecentar el daño que todo esto le está causando al cacharro, que pese a todo, no voy a quitarle méritos. Es valiente y fuerte, eso me tranquiliza un poco.

Caminamos hasta el final del pasillo del cuarto piso. Y justo cuando iba a abrir la puerta, Han lo hizo desde dentro.

Creo que es un poco exagerada su reacción tras cada vez que me tiene de frente. Se vuelve torpe y en ocasiones tartamudea, o junto como ahora, se vuelve mudo. El hombre que iba a su lado, lo miró extrañado y después a mí.

– ¡Buenos días! – Saluda Ariel, al ya no soportar más el silencio.

Han finalmente parece reaccionar y baja la mirada… ¡Siempre tan débil!

– Él es Damián Katzel… – Le dice al hombre, quien asiente de inmediato. – Y este de aquí es Ariel. – Mi cachorro agita su mano frente ambos y les sonríe. Acto que parece relajar más a Han.

– ¡Mucho gusto! – Agrega con ese tono tan cordial y amable que ambos hombres terminan sonriéndole.

No me agrada. Y lo tomó de la mano para dejar en claro de quien es este niño.

– ¿Y bien? – Exijo saber, Han parece leer mi reacción y de inmediato aparta la mirada de Ariel, el abogado lo imita.

– No ha querido decir nada… – Responde el hombre y Han asiente.

– Sígame… – Le digo y me abro paso entre ellos.

– ¿Puedo esperar aquí…? – Pregunta Ariel, señalando uno de los muebles, asiento y espero a que se acomode para que seguir mi camino. El hombre me sigue a pocos pasos y ambos llegamos hasta la habitación de James, a la cual entro sin tocar.

Está acostado de espaldas a nosotros, una almohada cubre su rostro dejando a la vista el vendaje de su brazo. Avanzó hacía él sin hablarle.

– ¡Han, ahora no! ¡Quiero estar solo! – Dice sin voltear a ver, cuando llegó hasta donde él, le arrebató la almohada.

– ¡Levantate! – Ordenó, mientras retiró el edredón que lo cubre de la cadera para abajo.

– Damián… – Su voz lo delata, no esperaba verme aquí y se escucha entre asustado y preocupado.

– No lo voy a repetir…

– ¡Siéntese! – Le señalo una silla que está detrás y el abogado la acerca un poco y tal como se lo he indicado, se sienta.

Cuando vuelvo la vista James ya está sentado en la orilla de la cama, tal y como se lo he mandado antes.

– ¡No tengo todo el día! – Le reprocho, pero el solo aparta su mirada de mí.

– ¡No lo recuerdo! – Me dice, pero evita mirarme.

– ¿Quieres que te ayude a recordar? – Le regañó y mientras lo jalo de su brazo bueno. Sabe a lo que me refiero, y por eso cierra los ojos con fuerza. – No soy generalmente paciente, así que no me obligues a que te regrese al hospital, y habla…

– No debería…

– ¡Usted no se meta! – Le advierto. Y haló más a James, quien se limita a dejarse hacer.

– ¡Va a lastimarlo!

– Voy a molerlo a golpes si es necesario… – Le digo en el tono más amenazante. – No me gusta que se metan a opinar en la forma en la que trato a mi familia, limítese a hacer su trabajo y déjeme a mí hacer el mío. – El hombre vuelve a sentarse y se limita a asentir. – Habla de una vez…

– No lo recuerdo… – James insiste en mantener su mentira y mi paciencia se acaba. Así como lo tengo le abofeteo ambas majillas. En la última le suelto y él termina contra el colchón.

– ¿Acaso soy estúpido? – Grito, James se cubre el rostro con ambas manos y él abogado intenta huir. – ¡Usted siéntese! – Le vuelvo a señalar la silla y muy a su pesar, obedece.

Vuelvo a sujetar a James y él no se me niega. Su rostro esta rojo, sus mejillas aún más. Finalmente se rinde y baja la mirada.

– Fui Covasna… – Dijo en voz baja, mientras se acomodaba de nuevo en la orilla de la cama. – No sabía que tú estabas ahí, a decir verdad, he ido con frecuencia en los últimos dos meses… – Me quedo callado, y mi mirada se aparta de él. – ¿No vas a preguntarme a que he ido? – Me cuestiona y cuando vuelvo la mirada a la suya, la encuentro húmeda y triste.

– ¿A que fuiste a Covasna? – Es el abogado el que interviene y le pregunta.

– Quería saber sobre mis padres… – Le respondió pero su mirada estaba fija sobre mí. – Mis verdaderos padres.

– ¿Tus verdaderos padres? – Intervengo. – ¿No ha sido Deviant más madre tuya que la que te toco y yo mejor padre que ese hombre? Y si yo no lo he sido, ¿no te busqué un verdadero padre que te amo mientras vivió? ¿No te di hermanos que te quieren? Quizá no son los mejores, pero ellos nos aceptan así, como somos… ¿No te di una familia? ¿Educación? ¿Mi confianza para que me hagas saber lo que te inquieta…? ¿Y si te hubieran…? – Las palabras se me atoraron en la garganta y no pude pronunciarlas, por muy enojado que estaba. Él es como una extensión de mí, y cualquier cosa que le pase me duele y me afecta de una manera que las palabras no pueden expresar. – ¿Qué iba a ser yo si algo malo te llegara a pasar…?

– ¡Lo siento! – Pocas veces puedes ver a James llorar, y esta era una de esas ocasiones. – Pero todo es distinto ahora. Deviant está con Han, y eso es bueno, pero yo no quiero interrumpirlos y Samko… no quiero hablar ahora de él… Tú últimamente ya no te apareces y me he sentido mal. Por eso fui… – Ariel poco a poco me iba enseñando nuevos sentimientos, entre ellos, la tristeza. Al mirar ahora a mi hermano, sentía eso… tristeza.

– ¿Y qué fue lo que paso?

– La persona que me está ayudando a investigar, me dijo todo sobre mi madre… Y me dio la dirección de donde se suponía que trabajaba. Era un burdel a las afueras de Covasna. No la conocía, salvo por una foto que él me dio.

Tuve que esperarla, porque a la hora que llegué, aun no entraba a trabajar. Empecé a tomar, no sé cuánto, pero fue mucho.

– ¿Y ella?

– La encontré, pero lo negó todo. Dijo que nunca tuvo un hijo y nos hicimos de palabras, no lo recuerdo bien… pero dos hombres se nos acercaron, la insultaron y me enoje. Comenzamos a destruir todo a nuestro alrededor. En eso uno de ellos saco un arma. Era él o yo, forcejeamos y el arma se detonó dos o tres veces la primera vez, fue cuando me hirió. Pero después se escucharon más detonaciones, no sé cuántas… solo que dejó de forcejear y cayó de rodillas al piso.

Hasta ese momento me di cuenta de lo que había pasado, me puse mal. – Se llevó ambas manos al rostro para cubrírselo. De nuevo estaba asustado, lo podía sentir en su olor y sus manos temblaban ligeramente. – Ella me sacó de ahí y me regreso a Sibiu en mi auto. Me dijo que no volviera, que yo no tengo a nadie ahí… y se fue.

Manejé hasta el departamento de Deviant, pero no pude subir. Eso es todo…

Con una seña el abogado me siguió y abandonamos la habitación.

– ¿Es suficiente?

– Lo es… – Me asegura. – Me haré cargo de cualquier cosa que surja.

Asiento sin mirarlo, mi atención esta sobre Ariel quien dormita con la cabeza recargada sobre su mano. Debí suponer que estaría cansado, pero a veces olvido que él no es como yo.

Dejo que Han se haga cargo de lo demás y lo veo acompañar al abogado a la puerta, yo voy hacía mi cachorro, para arrodillarme frente a él. Ahora lo necesito más que a nada, no sé qué hacer con James ni que decirle, pero espero que Ariel pueda ayudarme con eso.

– ¡Hey! – Le digo mientras acarició su cabello. Sonríe, pero sus ojos se van abriendo lentamente con pereza.

– ¿James está bien?

– Más o menos… – Respondo, Ariel se sienta derechito, retomando esa postura de niño con clase, pero su rostro demuestra preocupación. – Ha tenido días mejores, pero va a estar bien. – Le aclaró y él asiente.

Acaricio su rostro, sobre todo donde ha quedado esa marca roja, me acercó para besarlo y él me sonríe, como si hubiera estado esperando por esto.

– Damián… – Esa voz lo hace girar el rostro y mis labios terminan en su mejilla. Lo escuché venir y sabía que se trataba de James, pero fue el cambio en su olor lo que me hizo llevar la mirada a él. Estaba… ¿molesto? – ¿Quién es…? – Pregunta a secas, mientras nos traspasa a ambos con la mirada.

Ariel se intimida de inmediato debido al tono que James usa y baja la mirada.

– Su nombre es Ariel… – Le digo mientras me pongo de pie y tomándolo de la mano nos acercamos a mi hermano. – Ari él es James.

– ¡Hola! – Le saluda y le extiende la mano para un saludo formal, pero James únicamente la mira y después a él, y se rehúsa a estrecharla.

– James… – Le nombro con dureza.

– ¡Esta bien! – Interviene Ariel. – Si no quiere hacerlo, no tiene que…

– ¿Qué es de ti esta cosa? – La pregunta nos toma por sorpresa a ambos, y pude sentir el momento exacto en el que Ariel retrocede.

– Su nombre es Ariel…

– Como sea… – Responde James como si mi cachorro fuera cualquier cosa. – ¿Qué es de ti? ¿Otra de tus conquistas? Porque si es así, debo decir que tus gustos están descendiendo peligrosamente… – Ariel tiembla a mi lado, pero no es de temor, está enojándose. Y me hace comprender que si no intervengo rápido, estos dos van a hacerse pedazos. – Ni siquiera ha terminado de crecer… en la remota posibilidad de que lo haga. Siento pena por él…

– Pues no yo no siento nada por ti… Ni siquiera pena. – Respondió con toda la frialdad que una cosita de su tamaño puede poseer. – No sé qué cualidades puedas tener que compensen tu actitud.

– ¿Es enserio Damián? ¿Por qué alguien como él? – Ariel estaba por decirle cosas que de seguro se merecía, pero no se lo permití.

– Esperaba algo así de Deviant, incluso de Sam… pero no de ti. – Le reprendí. – ¡Estoy saliendo con él! – Le aclaré y James quiso saltar y decir quién sabe qué, pero con una seña lo hice callar. – No te estoy pidiendo tu opinión y mucho menos tu permiso. Estoy saliendo con él… y punto. – James le dedicó una mirada amenazadora a Ariel, que de una u otra manera, lo hace sentir incomodo. – Vuelve a tu habitación que estás castigado…

– ¿Qué? ¿Por qué?

– ¿Enserio quieres que te recuerde porque? – Preguntó de manera amenazadora.

– ¡Pues sacalo de mi casa! ¡No quiero a esa cosa aquí!

– ¡Largo! – Le repetí.

Muy a su pesar, tuvo que obedecer y volvió a su habitación.

– No le hagas caso…

– ¡No Damián! Tal vez debería irme…

– ¡Si! ¡Que se largue! – Negué con la cabeza mientras iba hasta la habitación de James y cerraba la puerta.

– ¡Que infantil! – Le recriminé y él se hizo de hombros dándome a entender que le valía lo que le decía.

Para cuando volví, Ariel ya estaba junto a la puerta. Estaba un poco perturbado y no era para menos, pero aun así, también era gracioso.

– ¿Quieres dejarme? – Le pregunto, mientras me acercó a él.

– ¡No! ¡Claro que no! – Me dice con la mirada en el piso. – Pero es su casa y no me quiere aquí…

– Pero yo sí… – Le digo, mientras levantó un poco su rostro y le dejo un beso rápido. – Te lo he dicho muchas veces, pero creo que no lo has entendido… ¡No bajes la mirada ante nadie! – Susurro y él se muestra contrariado.

– No lo hago apropósito…

– ¡Lo sé! – Le digo y ahora me mira confundido. – Lo haces porque estás acostumbrado a ceder ante los demás, a estar bajo la autoridad de alguien, a anteponer a la gente antes que a ti. Ya te acostumbraste a asentir y callar con resignación. Pero cuando bajas la mirada demuestras tu debilidad. Te pones en evidencia y eso es malo para ti.

– ¿Por qué?

– Lo veras con James, el creció conmigo y si alguien entiende y domina lo de las miradas, es él… si vuelves a mostrarte sumiso, va a comerte vivo. No va a darte tu lugar ni a reconocer lo que tenemos. Te molestara cada que yo no esté presente y puede llegar a ser realmente molesto… ¿Es eso lo quieres?

– ¡No!

– ¿Quién se mete conmigo?

– Nadie…

– No es porque yo no tenga debilidades, las tengo. Pero eso no quiere decir que ante la menor provocación deba demostrarlas ante lo demás. – Él asintió y yo aproveche para dejarle un beso en la punta de su nariz. – A mí me gustas… mucho, demasiado. Tu apariencia, tú físico y tú tamaño… ¿no es suficiente?

No me respondió con palabras, pero se abrazó a mí y con él tan cerca pude cargarlo. Me encantaba sentirlo entre mis brazos, era reconfortante y agradable. Su olor me tranquilizaba y su ternura me robaba la razón.

Cuando me giré para ir de nuevo al mueble, Han observaba en silencio pero con esa media sonrisa que quise borrarle a golpes. Debo confesar que me había olvidado de él. Le miré de mala manera, pero él solo ensanchó su sonrisa.

HAN

“Irreconocible” es poco… era tanto como ver a otro hombre.

Alzó al niño en brazos y lo mantenía sobre su pecho, como si fuese algo demasiado valioso y frágil. Y si yo estaba así de sorprendido, no quería ni pensar como estaría Deviant o Samko.

La verdad es que a todos nos daba gusto saber de la existencia de Ariel y estábamos más que felices por este nuevo Damián. Que siempre ha sido tan bestia y ahora lo sostiene como si fuera una flor pequeña que no desea lastimar con sus espinas.

Y qué decir de Ariel, aun me pregunto cómo es que se ve tan cómodo al lado de él. Es decir, yo le conozco de años y me resulta muy incómodo estar en una misma habitación en la que estemos a solas. Y en cambio, el niño parece verlo como un refugio, alguien en quien confía plenamente.

– ¿Qué tanto nos ves? – Me preguntó de mala manera. Me reí porque se veía ofuscado.

– Creo que se ven muy bien juntos… – Les dije tomando asiento frente a ellos, Ariel recargó la cabeza en el hombro de Damián, mientras me sonreía.

Era una escena digna de ver, un amargado a lado de alguien tan risueño. Ari parecía ser un niño tan feliz, de esos a los que solo les suceden cosas buenas.

– ¡Deja de coquetear con él! – Le regañó Damián.

– ¡No estoy coqueteando!

– Pues no le sonrías…

– ¡Ya! Entonces le voy a poner mala cara… – La sonrisa fue sustituida por un entrecejo fruncido, el azul de su mirada contraído al haber entrecerrado los ojos, pero mirándome fijamente, los labios juntos y apretados en un puchero tierno y los brazos cruzados a la altura del pecho.

– Se ve realmente peligroso… – Le dije fingiendo temor. Damián lo miró y volvió a sorprenderme con una carcajada ruidosa, mientras se acomodaba a Ariel en las piernas y dejaba besos cortos por el rostro del menor, quien aún conservaba su gesto de “enojo”. – ¿Ya desayunaron? ¿Quieren que les pida algo?

– ¿Te vas a ir? – Preguntó Ariel, como si no quisiera quedarse solo con estos dos.

– Deviant me espera… – Le dije – Me gusta que desayunemos juntos.

– También comen, cenan y duermen juntos… – Dijo irónico Damián, como si la idea fuera ridícula, peor aún, como si él no estuviera haciendo lo mismo ya.

– ¡Ya te veré! – Me limito a decirle.

Al finalizar decidieron que cocinarían algo sencillo, y aunque me hubiera gustado quedarme un rato más, mirando a Damián cortando las verduras en pedacitos más pequeños, tal y como los prefería Ari, así como ceder ante lo demás. La verdad es que me moría de ganas de ver a Deviant y él no había dejado de enviar mensajes.

Quedamos de vernos a las cuatro en el casino, por supuesto, primero amenazó a toda la familia de Gianmarco, de que si no llevaban a Sam a esa hora al casino, iba a matar al heredero. A nadie le convenía ignorar las amenazas de Damián, así que no dudamos que se aparecerían por ahí.

TERCERA PERSONA

El desayuno trascurrió casi tranquilo. A excepción de algunos empujones cada que se cruzaban, golpes fingidamente accidentales, una pelea por la silla que estaba junto a la de Damián y un café que en vez de azúcar James le puso sal, y entregó a Ariel aprovechándose que el menor había comido por “accidente” demasiado picante, y que casi provoca que el niño devuelva todo lo que hasta ese momento había comido. Miradas asesinas por parte de ambos y el mayor intentando mediar. Lo demás si fue tranquilo.

Mientras Ari lavaba los platos, Damián habló con James en la sala.

Lo regañó por lo sucedido, pero también lo consoló cuando James le contó lo de Samko y el cómo se había sentido desde entonces. Fue comprensivo pero firme, al decirle que el menor de los Katzel era su hermano y que él debía verlo exclusivamente de esa manera.

Que pretender algo más no era correcto, porque aunque no compartían la misma sangre, la hermandad iba más allá de ella. Y aun cuando James intentó reprocharle por su relación con Deviant, Damián le dejó en claro que entre ellos nunca hubo algo más de besos y que si bien reconocía que era incorrecto, cedió y al final terminó lastimando a Deviant, y que no le gustaría que les sucediera a ellos lo mismo.

Después de la charla y de que todo haya quedado reluciente en la cocina, James volvió a su habitación a continuar con su castigo, mientras que Ari se dormía en el sillón grande de la sala y Damián le observaba desde el mediano.

Cuando el mayor finalmente lograba quedarse dormido, escuchó los pasos de James junto a Ariel, pensó que intentaría hacerle algo, pero al entreabrir los ojos, vio que su hermano lo observaba detenidamente por algunos segundos para después arroparlo con una de sus mantas. Fue extraño, porque esas sabanas no las compartía con nadie más, ni con Samko.

– ¿No lo odiabas? – Preguntó bajito el mayor, logrando que su hermano se sobresaltara al saberse descubierto.

– Seria una molestia si se enfermara… ¡Hace frio! – Se defendió de inmediato, intentando sonar indiferente. Y con la misma hizo gesto de volver a su habitación, pero antes de perderse por el pasillo volteó a ver a Damián. – No le digas que fui yo…

– ¡Jamás!

FERKA

No todos los días tienes ante ti propuestas como estas, quizá hoy era mi día de suerte o en su defecto, estaba a punto de ser timado. Pero Damián tenía una baraja pendiente conmigo y yo ya había sido muy paciente en esperarlo.

– Entonces… ¿Dices que él tiene a un chico bajo su cuidado?

– Es su amante…– Asegura.

– Damián no tiene amantes fijos…– Intervine uno de mis escoltas. Le escuchó solo porque es el que más ha tratado con ese sujeto. – Tú eras uno de tantos, deberías saberlo… – La confesión me sorprende, y más que él no lo niegue.

– Emmeran… no seas tan descortés con nuestro invitado. – Le corrijo, mientras mi mirada se dirige al hombre frente a nosotros. Es joven y antes de que lo dejaran hecho mierda, indudablemente era bien parecido. – ¿Damián te hizo esto? – Mi mirada se va perdiendo entre las vendas con las que está envuelto su cuerpo mallugado, pero sin duda, las heridas más perturbadoras están sobre su rostro.

– Sí…

– ¿Por eso estas aquí…?

Él se mueve lentamente hasta sacar su móvil, parece buscar algo que finalmente pone frente a mí.

– Dicen que te gusta pasar el rato con chicos de cierto tipo… ¿Qué tal él? – No es como si fuera un secreto, pero no me gusta que lo mencione tan abiertamente. Aun así, bajo la mirada hacia la pantalla.

– ¡Demasiado joven! – Anunció sin mirar detenidamente.

– Tiene dieciocho años… estudia Artes en la Lucian Blaga. Y es extranjero.

– ¿Por qué debería creerte? Es solo un chiquillo…

– ¿Por qué vendría hasta aquí, en estas condiciones para mentirte?

– ¿Y qué es lo que el chico te hizo? – Le preguntó mientras tomo el teléfono y voy mirando las fotos que hay de él. Todas fueron tomadas desde lejos, pero aun así, me gusta lo que veo. Se las enseño a Emmeran pero él no parece muy convencido. – Entonces… ¿me lo estas vendiendo?

– Te lo estoy regalando… – Me aclara como si le perteneciera. – Me estorba, a ti te podría ser útil, arrebatalo de Damián y felices los dos. – Dice, ya no me queda duda que es un tipo sin escrúpulos, pero aun así, no me desagrada.

– Si realmente es su amante, entonces no será tan fácil… – Advierte Emmeran, le doy la razón, Damián es muy posesivo con sus cosas.

– Vale la pena el riesgo… ¿no? – Presiona mostrándonos de nuevo las fotos.

– Pues sí, pero igualmente no podría conservarlo… – Le digo.

– Pues cuando te canses de él lo matas y ya está… – Dice como si nada. – Es más, si no quieres matarlo, con gusto vengo yo y le meto un tiro en la cabeza.

– O puedes venderlo… Alguien con su apariencia no es difícil de colocar. – Por primera vez, mi escolta parece interesado en el asunto.

– ¿Cuál es el nombre de la criaturita?

– Ariel…

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