Capítulo 40: Cuando el Pasado Tienen Nombre

 

—Lirio de Tigre — Repetí en un susurro. Era increíble como dos flores tan distintas, pueden poseer el mismo olor. Y ambas llevar con tal altivez, su belleza única e irreprochable. Pero mi flor no era una mujer, sino un exuberante hombre joven. Su vestimenta gritaba en silencio la clase social a la que pertenecía.

Parado frete a mí, señaló su pecho… de manera lenta y vocalizando con exageración me dice su nombre. — Martín…

Extracto obtenido del crossover PERORATA SOBRE LA NIEVE.

TERCERA PERSONA

 

Eran las seis y media de la tarde, Ariel había llegado desde hace casi una hora y diez minutos después, había aparecido frente a él su maestro de ceremonia preguntándole si podría entregarle una copia de su discurso.

Se había enterado que debía dar uno… como a eso de las tres de la tarde, así que no hubo tiempo de hacerlo en “forma”, sin mencionar que internamente Ariel estaba hecho un manojo de nervios. No le gustaba hablar en público, según él, se volvía torpe y decía incoherencias — en el mejor de los casos — Porque también había sucedido que se quedaba en blanco y sin posibilidad de articular palabra. Había sido de ese modo en su otra escuela y eso que solo había tenido que decir las efemérides de la semana en una ocasión, y en quinto grado hizo vergüenza publica en las tres ocasiones en las que William lo había obligado a pasar a cantar con él, en los eventos del “día del amor y la amistad” que se realizaban cada año. No es que cantara discorde, por el contrario, se le daba muy bien el asunto, si bien, no tenía voz de tenor, su canto era armonioso y cuidado, contrario al de Will que estar desafinado era el menor de sus problemas.

Pero en esta ocasión era mil veces peor, habría muchas personas importantes. Sus profesores y también los que solventaban su beca. Patrocinadores de escuelas particulares de pintura y gente conocedora que podrían interesarse en él y comprar sus cuadros.

Si bien, ya no estaba en quiebra gracias al trabajo en la fundación. Algo de dinero extra no le caerían nada mal, aunque la idea de vender sus cuadros tampoco le agradaba.

— ¿Ariel…? — Insistió el joven con la mano aun extendida a la espera del discurso.

— ¿Sí…?

— Tu discurso… necesito una copia. — Explicó.

Avergonzado por la situación pero sobre todo por tener que enseñar la hoja de libreta llena de tachaduras y maltrecha que sacó de la bolsa de su pantalón, y que le extendió al chico, quien parecía que en cualquier momento se echaría a reír.

— ¡Lo siento! — Se disculpó mientras le entregaba la hoja. — No sabía que tenía que dar un discurso y yo…

— Esta bien…— Aseguró el chico interrumpiéndolo. — Eres pintor no catedrático… si tú le entiendes a esto… — Agregó mientras miraba el “intento” de discurso escrito. — Entonces no hay problema.

Ariel se limitó a asentir y el chico le regaló una sonrisa amable. — Por cierto… — Le dijo volviendo sobre sus pasos hasta quedar de nuevo frente a él. — ¡Tranquilo! Ninguno de los de allá afuera va a morderte… no, si tú no quieres. — La carcajada que soltó dejó descolocado a Ariel.

Pero lo dejó pasar.

Había otras cosas que también le preocupaban. Aún no llegaba ninguno de los Katzel o sus respectivas parejas. Y entre todos, Damian tampoco estaba ahí… después de la discusión que tuvieron en la mañana, él simplemente se había ido.

 No había sido propiamente una discusión de ellos dos, sino más bien, cuando Ariel se preparaba para venir a la universidad, Damian había aparecido en el pórtico de la casa preguntándole si podía acompañarlo. El menor asintió y ante la ausencia de la moto, caminaron hasta donde el trasporte hacía su parada. Habían pasados muchos días desde la última vez que caminaron ese tramo largo.  Al principio se limitaron a ir el uno al lado del otro en completo silencio, después Ariel intentó sujetar la mano de Damian, a lo que este se hizo un lado impidiéndoselo.

 Ariel le cuestionó el motivo, lo hizo en tono bajo porque Damian parecía muy agitado, casi asustado y no quería empeorar las cosas con él.  Damian se limitó a decir que el menor estaba limpio y él en cambio, no lo estaba. Lo que dijo que no tuvo sentido para Ariel, pero a lo que el mayor se refería cuando dijo que estaba sucio, era que anoche cuando lo dejó, había ido a cazar. No quería tocarlo porque — aunque no literalmente — sus manos estaban manchadas de sangre. Sin embargo, poco o nada le importó a Ariel lo que dijo, pues pese a la renuencia de Damian, lo tomó de la mano y entrelazo sus dedos entre los del moreno.

 Después de eso Damian ya no insistió. Terminaron de recorrer el camino de esta manera y aun cuando ambos se subieron al camión Ariel no lo soltó. A esas horas no había mucha gente que abordara el trasporte, así que optaron por uno de los últimos asientos, Ariel había elegido el que estaba junto a la ventanilla y Damian tomó el otro a su lado.

 El menor estaba aferrado a mantenerse cerca de Damian y aunque no habían vuelto a cruzar palabras, se había recargado contra el costado del mayor, mientras que este le pasó el brazo por los hombros, como si lo abrazara. 

 El trasporte los dejaba a unas cuantas cuadras de la universidad, las caminaron de la misma manera, cogidos de las manos y en silencio. Hasta que unos sujetos, aparentes conocidos de Damian se les aparecieron de frente y comenzaron a provocarlos. Se burlaban porque Damian llevaba de la mano a Ariel. Pero el verdadero problema fue cuando uno de ellos intentó tocarlo. Entonces toda esa inusual pasividad que el moreno había demostrado hasta el momento, quedo reducida a cenizas.

 Damian puso a Ariel tras de su espalda y lo que empezó como sin palabras vulgares y de burla, el moreno lanzó golpes certeros contra los que no pudieron defenderse. Los estudiantes que transitaban por el lugar y los dueños de algunos comercios sobre la avenida, se detenían a mirar, pero nadie hacía nada por detener a Damian. Ariel se lo había pedido, pero al darse cuenta de que estaba siendo ignorado, decidió dejarlo. Que se hicieran pedazos si querían, pero él no planeaba quedarse a mirar.

 Se apresuró a llegar a la universidad y se sintió un poco más tranquilo cuando se reunió con los chicos del taller de pintura, Bianca saltó a sus brazos al verlo y Axel, quien estaba de vuelta después de casi una semana de ausencia debido a una severa tos, se les unió. Las cosas entre ellos estaban tensas aun, pero Axel se le acercó como si nada y también lo brazo. Ariel de inmediato rechazo su gesto, pero fue cuidadoso para que Bianca no se sintiera incluida en el rechazo. Hicieron un intercambio de palabras en las que Axel le dejaba en claro que estaba enterado de lo del video, Ariel lo miró con frialdad, pero la repentina presencia de Sedyey le complicó todo.

 Entendía y agradecía que Sedyey estuviera preocupado, pero ventilar sus problemas no era lo que Ariel pretendía. Así que le pidió que hablaran en privado, iban a alejarse del grupo cuando Damian llegó y Ariel terminó en medio de ambos. Debía tomar una decisión y no tuvo que pensarlo mucho, cuando Sedyey lo sujeto del brazo para alejarlo de Damian, este se deshizo del agarre, le dijo que hablarían después y fue a encontrarse con el que le miraba desde el enrejado.

 No pretendía cometer el mismo error, quería darle la seguridad a Damian de que sin importar que o quien, Ariel lo elegiría a él, solo a él.

 Se produjo entonces un dialogo incomodo, en el que Ariel le preguntaba si se encontraba bien y Damian lo mal miraba pero asentía. Entonces él le reprochaba el exceso de atención del que estaba siendo objeto. Y Ariel volvía a tomar su mano, mientras le decía que ninguno de ellos le importaba. Sus palabras lograron el efecto que quería, pues al instante Damian destenso el cuerpo e intentó ocultar una sonrisita traviesa.

 — ¿Me acompañaras en la noche? — Preguntó Ariel y Damian respondió un simple “tal vez”.

 Como no era la respuesta que esperaba, Ariel exigió una explicación que fuera validad, pero Damian solo dijo que no le gustaban los museos. — ¿Y no puedes hacer un esfuerzo por mí?

 — Lo voy a pensar… — Respondió el moreno, pero su actitud decía que en su negativa había algo más que desagrado por los Museos.

 En ese momento Ariel lo dijo sin pensar… pero a las horas, era tarde para arrepentirse, pues ya lo había hecho y también fue muy claro. Si Damian no llegaba a brindarle su apoyo, entonces, daría por finalizado lo que sea que tuvieran.

 No quería hacerlo, la vida entera era testigo que lo que menos deseaba era renunciar a Damian, pero las cosas habían tomado un rumbo difícil que sabía, no debía caminar a ciegas.

 

—  Amor… creo que te preocupaste en vano. — Dijo alguien detrás de él, haciendo que momentáneamente olvidara sus dilemas amorosos.

Se giró para mirar y se encontró con la deslumbrante sonrisa de Gianmarco. Le fue imposible no corresponder a ese gesto, pero tampoco pudo evitar mirarlo con cierto embeleso. El mayor ensanchó la sonrisa y le dedicó una caricia rápida en el rostro con la espalda de sus dedos. Le había visto acariciar de esa manara a Samko, pero nunca pensó que también lo tocaría a él de ese modo.

— ¡Wooou! — Exclamó Samko llegando junto a ellos. — Así que en efecto… me preocupe en vano. — Frenó a toda su comitiva que iba justo detrás de él. — Chicos… ya nada de esto va a ser necesario.

Gianmarco apartó la mirada de Ariel para posarlo en Samko y sin realmente quererlo, él le imitó. Había unas seis o siete personas detrás de él, con diversas bolsas, mientras que Samko sostenía lo que parecía ser un traje.  — Juro que por un momento creí que vendrías con Jeans y sudadera… —    Comentó mientras se acercaba a él y también le acarició. — No es que este mal, pero ahora también eres un Katzel y debes lucir como uno…

— Pues creo que se ve muy bien… — Comentó Gianmarco y volvió a bajar la mirada hasta que sus ojos se encontraron con los de Ariel, quien de nuevo le miraba como si tuviera frente a él a algún tipo de ídolo profano.

— Me encanta cuando te mira de esa manera… — Agregó Samko divertido. — Me hace sentir que soy afortunado de tenerte…  Anda, regalale un beso antes de que se cuaje frente a ti.

Gianmarco se carcajeó y dando un paso hacia adelante hizo el gesto de querer acercarse y besarlo, pero Deviant, quien venía llegando, se movió más rápido y haló a Ariel por la espalda de su traje, haciéndolo retroceder hasta que casi lo echó a los brazos de James.

— Ya tienes a nuestro Sam y ahora… ¿también quieres a Ari…? — Cuestionó.

No lo había dicho en mal plan, pues al decir nuestro Sam… le hacía saber que reconocía su relación y la aceptaba. Pero también le dejó en claro, que en lo que se refiere a Ariel, debía mantener su distancia.

— También me da gusto verte Deviant…

Cuando iban a saludarse el mayor de los Katzel fue el primero en levantar la mano para estrecharla, pero Gianmarco tenía otras costumbres, así que lo atrajo hacía él de tal manera que sus estómagos quedaron juntos y beso su mejilla derecha, después la izquierda.

Han detrás de ellos carraspeó y le quitó de entre las manos a su Deviant. Pero Gianmarco de nuevo se movió rápido y atrapó en esta ocasión a Han y de la misma manera lo beso. — También a ti me da gusto verte…

James intentó huir de los mimos cariñosos del mayor, pero aunque con mucho más respeto que con los otros dos, también lo beso.  James prefirió centrar su atención en Ariel, quien le miraba fijamente. Estaba enterado de todo y le sonrió al notar su preocupación. Fue una sonrisa disimulada, solo para ellos dos.

Ariel se sentía en las nubes con los halagos que recibió de los Katzel, cuando miraba a Gianmarco — algo que sucedía con frecuencia — su mente quedaba en blanco. Hasta que Deviant lo notaba y tras cada vez, lo aventaba a los brazos de James.

Quien también había notado el efecto que Gianmarco tenía en Ariel. Internamente le molestaba, le ponía celoso, aunque no podía negar que Ariel también lo miraba a él de una manera especial. Pero mientras a Gianmarco únicamente lo miraba desde cierta distancia, como admirándolo. A él lo tocaba, aun sin motivo. Buscaba un contacto aunque fuese sutil. Y de cierta forma, algo así lo calmaba.

Para Ariel, mirar a James era pensar en Damian. Y hacerlo ahora era también ponerse triste.

— Vendrá… — Le dijo James, entendiendo su expresión. — ¿cierto? — Preguntó buscando el apoyo de los demás. Pero curiosa y tristemente los cuatro guardaron silencio. Se miraron entre ellos sin saber que decir.

Los ánimos de Ariel quedaron muertos y enterrados.

— Bueno… él no viene a estos lugares… — Comentó Deviant intentando disculparlo.

— No se siente cómodo en los lugares donde hay mucha gente. — Le hizo segunda Samko.

— ¡Es absurdo! — Bufó James sintiéndose enojado. — Si vino con esa persona porque no acompañarlo en este momento que es tan importante para él.

Eran muy contadas las veces en las que James perdía el control y hablaba de más, pero cuando Deviant y Samko lo traspasaron con la mirada, supo que había metido las cuatro patas. Han prefirió mirar hacia otro lado y Gianmarco le imitó.

— ¿Qué otra persona? — Preguntó Ariel en voz baja. Lo preguntó al aire porque a juzgar por sus expresiones, entendió que todos ahí, estaban enterados del asunto. — ¿James…?  — Presionó dirigiéndose a quien lo había iniciado todo.

— No debí decir eso… disculpa. — Respondió con simpleza y se incorporó del asiento improvisado que usaba, Ariel estaba acostumbrado a que Damian evadiera ciertos temas y demostrara esta actitud esquiva, que ahora comprendía, era de familia. Y en la lucha por confrontarlo había ganado ligereza. Razón por la que James no pudo huir.

— ¿Vendrá sí o no? — Le preguntó con dureza.

— ¿Qué se yo? — Respondió con otra pregunta. — Ya debería estar aquí… ¿No tienes suficiente respuesta con eso?

— ¡James! — Por primera vez Han entró en escena reprendiéndolo por la forma tan punzante en la que le habló al menor.

Por acto-reflejo Ariel retrocedió apartándose de él. En los últimos días había comprobado que esta forma de hablar iba siempre acompañaba de algún empujón que lo haría terminar en el piso. A ninguno de los presentes les pasó desapercibido el miedo que de la nada inundó al menor, mismo que quiso ocultar, pero ya era tarde.

— Fue alguien de su pasado… — Atajó Deviant. — Damian y yo habíamos venido a ver la remodelación que se le había hecho al Museo, a él de por sí no le atraían estos lugares, pero acepto venir conmigo. Y bueno… — Dudó. — Aquí lo conoció.

— Pero ya es pasado… — Interrumpió Samko. — No debes preocuparte, ya no importa. Mártin se fue y jamás va a volver.

— ¿Conocen a todos los pasados de Damian por sus nombres…? — Quiso saber, los miró a cada uno y le bastó el silencio. — Eso creí… — Aseguró. — No volvió al museo después de esa vez… ¿cierto?

— ¿Ariel…? — Intervino Sedyey, apareciendo por entre las cortinas. — Ya vamos a empezar… — Anunció mientras terminaba de llegar a su lado.

— Sedyey… — Dijo Deviant con desdén.

— Deviant… — Le imitó el tonó de voz, pero hubo algo más. Lo miró de la cabeza a los pies como si fuera poca cosa.

— ¿Algún problema Fosket? — Intervino Han, él no iba a permitir que nadie sobajara a la razón de su existir. Pero Sedyey simplemente le ignoró y centró su atención en Ariel.

— Así que… casi todos están aquí… — La forma en la que lo dijo hizo que Ariel bajara la mirada. — Ya tienes su respuesta, espero que esta vez la entiendas…

— Lo mismo digo… — Desde las escaleras otra voz se unió a la conversación, no hacía falta voltear para saber de quien se trataba.

— Por supuesto… — Respondió Sedyey con ironía, se sentía un poco más seguro de que con tanta gente, él no se atrevería a armar un escándalo. — Damian Katzel está aquí… — Dijo esto último mientras se alejaba.

Damian terminó de llegar hasta donde su familia lo esperaba. Los saludó a unos con más efusividad que a otros, pero no hizo de menos a nadie. El único que no se acercó, fue precisamente por quien estaba ahí.

Se veía esplendoroso con ese traje completamente blanco que de seguro resaltaba sus ojos bonitos, Damian casi podía imaginarlo, pero quería constatarlo. Sin embargo, Ariel mantenía el semblante decaído y la mirada baja. Le pareció un poco extravagante la indumentaria, pensó que se encontraría con su bosque nevado de siempre, pero hoy no había ni la sudadera con los Jeans de color, ni las botitas que tanto le gustaban.

Contrario a eso, saltaba a relucir el cuidado que había puesto en cada aspecto de lo que esa tarde llevaba puesto. Le gustaba lo inmaculado que se veía, y se sintió satisfecho de saber que más de uno le envidiaría a su pequeña joya.

— Se me hizo un poco tarde… pero no es para que te pongas así. — Lo soltó más por decir algo que porque tuvieran sentido sus palabras. Se atribuyó el descontento de Ariel, quizá por la costumbre o porque en el fondo, sabía que había llegado tarde de manera intencional.

Ariel no se movía… pero internamente era otra cosa. Ardía de coraje, los celos le consumían el alma y el orgullo. Lo que le estaba sucediendo no era normal en él, estaba errático. Apretaba con fuerza sus dientes intentando disimular, pero se veía tenso, demasiado tenso… para alguien como él.

Estaba contando pero no recordaba cómo es que del número doce ya iba en el sesenta y dos… pero seguía igual de molesto. No… Estaba mucho más enojado que cuando empezó a contar. Sentía la mirada de los ahora, seis frente a él, pero eso ya no importaba.

Damian tenía un pasado que era especial. Y eso le ardía en cada poro de la piel. Detestaba la idea, porque ese hombre frente a él era suyo, y no quería que nadie más rondara su mente ni sus recuerdos.

— Está a punto de explotar… — Anunció James y en efecto. Ariel levantó la mirada y la centró en Damian, era una mirada distinta a las que solía dedicarle. Fría, dura… lo traspasaba como si fueran espadas. Estaba culpándolo y con los ojos le exigía borrar ese recuerdo. Olvidar para siempre a esa persona.

Damian pudo sentir en su cuerpo el enojo de Ariel como si fuera suyo, lo olía… incluso James lo tentó aunque en menor medida. No era normal, lo supo cuando su lobo se agitó a en su interior, como si el animal ya no tuviera voluntad y fuera Ariel el que lo controlara y le obligara a agitarse tanto.

— ¿Quién es Mártin? — Lo soltó de golpe y con la voz cargada.

Los cinco alrededor de Damian se abrieron como apartándose del asunto. Y sus miradas pasaron de estar sobre Ariel a posarse sobre el rostro del moreno. Quien no supo que responder.

Todo estaba sucedido tan rápido que en un primer momento le fue imposible seguir el hilo de esa conversación. — Te hice una pregunta… responde. — El tono de orden seguido de esa nueva postura deliberadamente impositiva, sorprendió a los presentes.

¿Quién era este nuevo Ariel que presa del más intenso sentimiento de celos casi gruñía de la furia mientras enfrentaba a Damian? ¿Qué había sido de esa mirada tierna que ahora se enmarcaba en un rojo intenso producto de tantas sensaciones?

Y mientras uno se removía en su bilis, el otro admiraba la trasformación del que siempre creyó, un chico dulce. Por la mente de Damian pasaron muchas cosas, desde que casi le aplaudía al menor… porque si el Ari que siempre le sonríe era adorable, habría que ver la pequeña fierecita que tenía frete a él en estos momentos. Hasta esa otra parte suya en la que estaba tan sorprendido como todos los demás. Porque Ariel estaba fuera de sí, completamente irascible hasta el punto de que los dientes le castañeaban del coraje. — ¡Responde!

— ¿Qué cosa…?

— ¿Quién es Mártin? — Ahora que por fin le escuchaba, la mención del nombre le trajo a la memoria un momento de su pasado que parecía haber olvidado a voluntad.

O quizá no…

Una cabellera negra y revuelta, ojos intensamente grises con vilos azules que se asemejaban a pequeñas arañitas que tejen hacía abajo. Un cuerpo estilizado, labios finos y exquisitos… de los que bebió de la dulce agua del placer. Un par de muslos firmes y torneados en los que se enterró menos veces de las que hubiera deseado. El olor de una flor ártica en un cuerpo sublime, tibio y joven.

Un efímero momento en su vida en el que fue feliz… alguien que entre mentiras y medias verdades le exigió ser paciente por uno solo de sus besos y le enseñó a que en la vida no todo se puede y debe hacer a su antojo. Que también le obligó a ser educado, a procurar el placer de la otra persona con la finalidad de que ambos lo disfrutasen.

Mártin había sido de lo más fino que se había dado el lujo de disfrutar, alguien especial que creía no recordar pero que ahora comprobaba que seguía muy vivo en sus recuerdos, aunque de su partida ya habían pasado varios años.

Inconscientemente dejó escapar un suspiró y esa fue la primera cachetada figurada que recibió Ariel, por parte de Mártin… Su primera victoria frente a él.

La primera vez que se sintió derrotado por alguien a quien ni siquiera conocía.

¿Quién viene, coquetea con su moreno en un museo, se acuesta con él y se queda aunque se haya ido? ¿Qué derecho tenía ese de ser un vivido recuerdo en la memoria de la persona que él más quiere? Y la respuesta no haciéndose esperar, saltó al aire… Todo.

Mártin tenía todo el derecho de ser alguien en la vida de quien el quisiera por el simple hecho de desearlo. Porque Martín Ámbrizh como realmente es su nombre — siempre mal pronunciado por los Katzel— era el tipo de persona al que nadie le dice “No”. Aun que seas un hombre gruñón que se convierte en lobo a voluntad. Si lo sabía Damian que lo atrapó desde el primer momento en que sus ojos lo miraron.

— ¿Te diviertes recordándolo…? — Ariel se había acercado más, su rostro completamente rojo de coraje parecía irreal. Las palabras le habían salido cargadas y lentas. Los ojos le brillaban furiosos y sin darse cuenta había apretado sus manos volviéndolas puños.

Jamás… ni siquiera de chiste Damian pensó que algún día se sentiría tan en peligro delante de Ariel, como lo sentía ahora. Sabía que era él… su bosque nevado, pero simplemente no podía reconocerlo.

— No sé de qué hablas… — James negó lentamente con la cabeza, ante la respuesta de su hermano.

Ha decir verdad, todos esperan un poco más de Damian. Negarlo con tanta ligereza a estas alturas estaba de más. Y tampoco se trataba de que hubiera puesto especial empeño en que Ariel no lo notara.

— Te lo preguntaré una vez más…

— Te escuché perfectamente… — Rebatió Damian, pero para sorpresa de los presentes, incluso para el propio Damian, Ariel ni siquiera pensó en intimidarse.

Estaba cabreado y si hoy iba a correr sangre no sería únicamente la suya.

— ¿Quién es…?

— Un conocido… — Respondió como si nada. Como no dándole importancia al asunto de Mártin.

— ¿Y por qué lo conociste? — Pero Ariel estaba muy lejos de simplemente quererlo dejar pasar.

— ¿Estas celoso? ¿Es eso…? — Lo preguntó con ironía mientras se reía. Pero internamente, también se estaba enojando.

— Es más que simples celos por un perfecto desconocido que poco o nada me interesa… — Hubo un odio irracional en cada una de sus palabras, era como si de un segundo para otro Ariel hubiera aprendido odiar y lo estuviera dejando salir sin poner límites.

— ¿Estás seguro que no te interesa? ¿Por qué entonces haces tanto drama?

— Porque tuve que sentirme miserable por un simple beso que me fue arrebatado a traición… me gritaste, me empujaste y me hiciste daño solo por eso… mientras que tú… te atreves a conservas recuerdos amorosos de quien sabe qué tipo… ¿Quién es peor? ¿Tú o yo?

— Si no estás a gusto porque no simplemente das la media vuelta y te largas… — Se lo gritó a la cara y en efecto, de nuevo lo empujó.

Ariel trastabilló pero logró mantener el equilibrio.

— Damian ya basta… — Intervino Deviant.

— No… no fui yo quien lo empezó. — Aclaró mientras que con una seña le ordenaba a su hermano que no se metiera. — ¿Quién te crees que eres para cuestionarme por mi vida?

— No es por mí que no tengo un título por el cual llamarme. — Su valor había menguado, pero el coraje seguía fresco y latente en su interior. Aun si de antemano sabía que con Damian siempre tenía las de perder, no por ello pensaba quedarse callado.

— No vales tanto como para decir que eres algo de mí…

— ¡Damian! — Fue en turno de James pero al igual que con Deviant, se le ordenó no interrumpir.

— ¿Y qué te hace pensar que tu vales más que yo…? ¿Por qué de nuevo me hablas de esta manera…? ¿Dónde están todas esas palabras amables que me decías anoche…? — Eso último logró desarmar al mayor. Ariel lo había dicho como si se burlara de sus palabras y por muy orgulloso que fuera, lo había herido. — ¿Qué es él sobre mí para que guardes en tu memoria un buen recuerdo suyo, mientras que a mí, que estoy aquí… contigo… me hablas como si significara nada?

— ¿Pero quien te dijo a ti que tu siquiera significas algo en mi vida…? — La sátira con la que habló logró herir a Ariel. — Estoy contigo porque no tengo nada mejor que hacer.

— Vete Ari… — Le pidió Han. — No lo escuches.

— No te metas… — Bufó Damian.

— Eres un cobarde… — Dijo Ariel, aunque con la voz rota y los ojos inundados prefirió enfrentarlo, si era verdad que esto iba a terminar, pues que sucediera de una vez por todas. — Y un mentiroso, un maldito mentiroso.

— Y tú eres un niño estúpido… ¿Creíste que te quería para algo serio? ¡Por favor! No seas ridículo. — Casi se lo escupió a la cara y Ariel se mantuvo firme aun si por dentro se desmoronaba. — Tú no puedes si quiera compararte con él…

— Eso no es verdad… — Negó James mirando fijamente al menor. — Vete… no tiene caso que escuches todo esto. — James casi lo tomó de la mano dispuesto a dirigirlo a cualquier otro lugar lejos de aquí y por alguna extraña razón, Ariel cedió ante él.

Intentó irse… pero aun cuando le dio la espalda Damian continuó hablando.

— Mártin si era un hombre de verdad, no el intento de ser humano que eres tú. Su apariencia era irreprochable, era fino, culto… no un niño mimado que ni siquiera sabe lo que quiere de su vida. En el sexo… — Hizo un sonido lascivo con los labios que hizo que Ariel se frenara y soltó de James. — Sabía lo que hacía. Supo llenarme, complacerme… Se movía con fiereza. El mejor sexo de mi vida lo tuve con él…Tú ni siquiera en la cama eres bueno.

Por delante de Ariel, apareció Taylor. Había ido a buscarlo porque en poco tiempo le tocaría dar su discurso. Vio el rostro inundado de Ariel y escuchó gran parte de lo que Damian le decía.

— Eres todo un fracaso, no me sirves para nada. — Agregó. — Lamento tanto que Mártin se haya ido… él sí valía la pena en todos los sentidos, no que tú… me arrepiento de ti, me das vergüenza…

Más que todas las cosas que habían sucedido en los días anteriores, esto le dolió. Por primera vez en sus diecinueve años de vida, Ariel sintió lo que es tener un corazón roto. Vio lo inútil que eran sus sentimientos hacia Damian, él no lo valoraba ni le interesaban.

Su orgullo y su dignidad terminaron pisoteados y heridos. Sin embargo, se volvió sobre sus pasos y sin importarle que los demás lo vieran llorar se acercó hasta Damian, quien al mirarlo en ese estado, se detuvo de lo que decía…

— Contéstame una sola cosa… — Pidió. — ¿Y él… él que es tan perfecto, también te quiso si quiera la mitad de lo que este fracasado te ha querido? — Damian contuvo el aliento sin poder ocultar su sorpresa… ahí estaban. Las palabras que tanto había querido escuchar. — Espero que sí… — Agregó Ariel, mientras se quitaba las lágrimas de los ojos con más fuerza de la necesaria. — De corazón Damián, espero que sí… porque conmigo se acabó.

 

 

 

NOTA:

Martín Ámbrizh es propiedad de la autora Angélica Morillo y es el protagonista de su novela PERORATA DE UN MALCRIADO ENAMORADO.

De la relación que Martín sostuvo con Damian próximamente podrán leerla a través del Crossover PERORATA SOBRE LA NIEVE. El cual ha sido escrito en colaboración con la autora. Extendiendo una invitación abierta a que se tomen el tiempo de conocer a Martín, no dudo que el igual que yo, terminaran amándolo.

16 comentarios en “Capítulo 40: Cuando el Pasado Tienen Nombre

  1. Owwwww nunca me espere esto… sobre todo de parte damian, ariel tiene que hacerce valorar ahora, no puede caer de nuevo antes las excusas de damian, y al parecer como me contestastes el otro comentario el se a acostar con otro, espere ariel se de cuenta y lo haga sufrir como damian lo ha hecho, espero de verdad que lo haga sufrir mucho, y que llegue alguien que en verdad ariel le guste y piense que con el pueda olvidar a damian, sabes algo? Me gustaria que fuera william, aunque al parecer es hetero no? Pero me gustaria que william apareciera al parecer el si hace que ariel se valore mas y es apoyo incondicional y quiero que damian sufra jajaja y enserio vas hacer otra escena de esas? Aunque solo quisiera que damian se de cuenta que con otra persona no se puede acostar solo con eso me gustaria, pero si tiene sexo, por favor de detelles jajaj hay autoras que hacen esas escenas de engaño pero no cuentan mucho al respecto.

    • Hola CLG!!
      Tienes toda la razón Ariel debe ponerse firme esta vez. Sobre el capitulo 41 es más o menos sorpresa así que aun no te daré tantos detalles 😋
      Sobre Will te seré honesta, si… en efecto. Will es heterosexual y la relación que sostiene con Ariel es meramente de hermanos. No dudes que lo quiere mucho, y que se entera de esto que sucedió y le da buenos consejos a Ariel. Él ira a Sibiu cuando en la historia sea diciembre y ahí si… que se cuide Damian porque Will es muy sobreprotector con Ariel.
      Muchas gracias por tu comentario y espero nos leamos en el próximo capítulo.

  2. !!!Amé cada palabra!!! Cómo se atreve el pérfido Damian a utilizar a alguien de su pasado (Mi bebé) para lastimar al dulece Ari. Que manera más crual de obtener una declaración de amor.
    Disfruté mucho de este capítulo, le diré a Mártin que lo lea también, seguro lo amará tanto como yo.
    Angye.

  3. Duras palabras de Damian, pero es bueno porque toda su vida Ariel ha creído que no vale nada y ya es hora que se de su valor como persona, de verdad espero que salga de esa relación tan tóxica con Damian, porque no es bueno para él. Espero que actualices pronto.
    Saludos

    • Hola Unrincnparaleer!!
      Lamento la demora en responder… y en efecto, esta vez Demian se excedió. Y todas esas duras palabras se las va a tener que tragar. Y con respecto a Ari, te doy la razón. La actualización estará lista pronto!!
      Muchas gracias por tu comentario y muuuuchos saludos!! 😚

  4. Ainsss pero qué orgulloso es Damián…! Con lo que quiere a Ariel y se pone a decir tantas tonterías hirientes 😭 Coincido con que Ariel tiene que darle un poco de su propia medicina a Damián, para que lo valore más, delante de quien sea, y también para sentirse más valorado.
    Gracias por el capítulo!!😍

  5. NOOO!!! *se escucha en el fondo: todo se derrumbó, dentro de mi, dentro de mi* sé que me gustaría que ari y dam sigan juntos, pero Damian se pasó de la raya, ya no sé qué pensar, me duele mucho Ariel porque yo también pasé por una relación parecida (nunca caigan ante la malota de la clase, los hará sufrir), fueron meses intensos, pero todo acabo catastróficamente, por eso se que esto no terminará bien, pero tengo la ligera esperanza de que ellos sí tengan un final feliz, o en su defecto que Ariel y James estén juntos, no quiero que Ariel salga de la familia Katzel. Por otra parte, autora, te amo pero te odio, pero TE AMO! no nos hagas sufrir más por favor :’c

      • Hola Verito!!
        Que genial que recuperaste tu cuenta, hace unos días también recupere una que tenia en el olvido. Ya estas lista para la actualizacion de TU RASTRO SOBRE LA NIEVE??
        Saludos linda!! 😚

    • Vero me hiciste reír… idiamas. Si, eso intento, no te creas llore mucho mientras escribía el capitulo y cada palabra dicha por Damian también me dolió escribirla porque en el fondo, Damian adora a su bosque nevado.
      Creo que esto es un mal momento para ellos, pero que les ayudara a decidir que hacer con sus vidas. Damian no puede seguir siendo tan caprichoso y mala leche y Ari debe ser fuerte y poner en su lugar a ese lobito bobito. Tampo quiero que Ari deje a los Katzel, pero seria raro verlo con James… no crees?
      Por otra parte lamento que hayas pasado por esa mala experiencia. Hay gente de ese tipo.
      Vero muchas gracias por leernos y dejarnos tus bonitos comentarios.

  6. Ya casi llegó a la actualización (-.-)/ , me sonaba Martín de la lista de F.Fics pero no creí que se tratara del mismo, ¡rayos!,ahora me muero de ganas por conocerlo<3, creo que Arrasare con todos los F.Fics de aquí (*-*) , confieso que llegue por Nani a quien tengo leída, reeleida y esperando actualizaciones de todos sus F.Fics :D, Martín voy a por ello!!!! . Saludos Ángeles Guzmán creo que ya te había dejado comentarios, pero por si ves primero este, Adoro tú historia y personajes gracias por compartirlo,Se que Nani es de Chile pero desconozco la nacionalidad de ti y la otra autora, igual y estamos cerca saludos desde GDL México.
    Psd.el crosover está aquí ?*.*

    • Hola Brenda!!
      Disculpa que responda hasta ahora. Me hace muy feliz saber que la historia te agrada. Y me honra que aunque venias a este sitio por las historias de Nanita te pases un rato por TU RASTRO SOBRE LA NIEVE.
      En efecto… Martín… nuestro chico consentido, es propiedad de Angye en PERORATA DE UN MALCRIADO ENAMORADO.
      Si aun no la lees, te la recomiendo ampliamente, mira que yo quede enamorada de él, hasta el punto de fusionar el mundo de Martín con la magia de Sibiu.
      El crossover se esta terminando de cocinar… mira que Angye y yo en colaboración con Taiga, creímos que seria un simple relato corto, pero esto se nos ha salido de control y ya tenemos varios capítulos. Y que conste que eres la primera a la cuento, es información que ni la NASA puede conocer. Jajajajajaja
      Pronto lo publicaremos en su respectiva sección. Si me pasas tu link de Facebook o un correo, te aviso cuando lo publiquemos, aunque también se avisara en la pagina de Atame.
      Bueno, Angye es colombiana. Una bella persona a quien admiro, sabras de lo que hablo cuando la leas, su estilo esta tan lleno de ella que seguro te va a encantar. Y yo, pues estamos más cerca de lo crees… también soy Mexicana, vivo en Cancún. Pero casi todas mis historias se desarrollan en alguna ciudad esplendorosa del continente Europeo.
      Saludos Brenda, espero seguirte leyendo tus lindos comentarios.

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