Miguel Capítulo 42

Capítulo 42

MIGUEL

Caminaba de prisa, con las manos en los bolsillos, mirando hacía todos lados… intentando concentrarme en lo que veía, las personas, las casas y edificios… lo autos que pasaban… cualquier cosa que distrajera mis pensamientos… no quería pensarlo… tenía mucho miedo de arrepentirme así es que seguía caminando a paso firme… hacía el departamento de Gonzalo… sabía lo que significaba… pero estaba seguro de lo que quería… solo que… ¿era un buen momento?.. ¿aún esperaba por mi?… Tenía miedo… iba inventando excusas…

El día había resultado ser tan extraño… no había tenido un minuto de tranquilidad para conversar ni con Andrei ni mucho menos con Gonzalo, que se lo había pasado encerrado en la oficina con Don Jaime o de puertas cerradas en la suya… de la cual me había echado sin miramientos… algo le sucedía… y yo no tenía idea de que era… me sentía excluido, fuera… Andrei tampoco me había hablado.  El día, que se había iniciado con amenazas de guerra, había terminado de forma totalmente diferente… misterioso… desconcertante. Andrei me había despachado temprano para mi casa… sin darme ninguna explicación.

Una vez que me quedé solo comencé a sentir un extraño hormigueo… no podía comer ni tampoco podía concentrarme en la televisión ni en nada… recordaba a Gonzalo enojado en el vehículo… preocupado… serio…  cómo me había dejado fuera de la conversación en su oficina y los extraños paseos y el pesado ambiente en la oficina… nadie parecía saber nada…  sabía cuál era la causa de mi extraña intranquilidad al encontrarme a solas… estaba preocupado… por él…  Entonces recordé lo que Gonzalo me había dicho… “no te demores mucho… estoy esperándote”… sin pensarlo me metí a la ducha… deje que el agua cayera mucho rato sobre mi… que me calmara un poco… al menos por fuera… Por dentro, ya sabía  lo que quería… el corazón latiendo aceleradamente… anticipando… era un nuevo cambio en mi vida… lo estaba eligiendo yo mismo esta vez… ¿sería un cambio definitivo?… posiblemente… Gonzalo no estaba para juegos… me lo había dejado claro.

Me vestí rápido y salí a la calle en dirección  a su departamento… en el camino lo pensé como 20 veces… estuve dos veces a punto de dar la vuelta… no porque no estuviera seguro sino que… tal vez Gonzalo seguía enojado por la razón que fuera… o quizás no estaba en su departamento sino con su familia.. o tal vez… mierda!!! solo estaba acobardándome…  ya me había decidido, lo quería, verdad?… estaba seguro… sentía estúpidas mariposas cosquillear en mi estómago… y unas ganas locas de correr o volar en vez de caminar… apuré el paso… decidido… lo quería ahora…  Finalmente… allí en la primera oscuridad de la noche… iluminado aún por los últimos rayos de sol estaba el edificio donde vivía Gonzalo… donde habíamos vivido juntos tanto tiempo sin tocarnos y apenas hablarnos.  Me tomé otro minuto para calmarse… creo que pocas veces me había sentido así de ansioso… intranquilo… okay, de acuerdo, asustado… asustado a morir… respiré profundamente mirando el edificio… ¿estaba seguro?… si… ¿podía perdonarlo?… tenía que ser muy idiota pero si, podía hacerlo… ese maldito… por muy maldito que fuera era el que yo quería… el que me hacía sentir lo que nadie más… ¿Qué sentía?… locura… era la palabra que mejor describía el sentimiento del momento, una completa y deliciosa locura.  La urgencia por verlo me ganó y reanudé la marcha. Casi corriendo entré al edificio, salude al portero quien me dejó entrar pues ya me conocía y tomé el ascensor… las mariposas parecían ahora culebras gigantes que subían y bajaban por mi estómago, mis piernas, brazos y daban también un par de vueltas en mi cerebro… el pasillo estaba bien iluminado… avancé más lento esta vez… como si tuviera miedo nuevamente… ¿lo tenía?… ¿tenía miedo de Gonzalo?… no… no era miedo… no sé… era la maldita locura y ansiedad… quería verlo, pararme en su puerta y decirle que estaba de vuelta… que hiciera conmigo lo que quisiera… que me amara como me había dicho… que yo… yo tenía urgencia de él… que ahora que sabía lo que sentía, que estaba seguro… lo quería todo con él… solo con él… mi corazón se había instalado en mi garganta… latía muy fuerte… ¿se alegraría de verme?.

Me detuve frente a la puerta del departamento…. Estiré mis manos dos o tres veces antes de decidirme a tocar el timbre… Había pasado por situaciones límites, pero lo que sentía ahora era también extremo… venía a entregarme… a dejar mi vida anterior para iniciar una junto a él… mierda! eso sonaba a película romántica… me reí… de nervios, creo que estaba temblando… que idiota!!  pero bueno…  temblaba…  pero se sentía bien esta agitación extrema de todo mi cuerpo y mi mente… al tocar esa puerta mi vida cambiaría para siempre…  Pasaron varios segundos… quizás minutos hasta que la puerta se abrió… Ahí estaba él… abriendo descuidadamente… Gonzalo me miraba fijamente… serio… extraño… como si yo fuera un ser de otro planeta parado frente a su puerta… sostenía una copa en una de sus manos… su pelo estaba desordenado… su camisa fuera del pantalón y su gesto era de completa incredulidad.

– Hola

Quise sonreír pero  apenas escuché mi propia voz… estaba muy nervioso… Gonzalo solo me seguía mirando fijamente… su rostro fue cambiando lentamente del asombro a una respiración más agitada… luego apareció una leve sonrisa… triste, extraña… soltó el vaso de su mano que se hizo añicos en el suelo… con sus manos libres, dio un par de pasos hacia mí y me abrazó cruzando sus brazos por mi espalda y hundiendo su cara en mi cuello, con muchísima fuerza… haciéndome sentir pequeño comparado con él… con su fuerza y su abrazo

– Mocoso… – suspiró en mí oído – volviste mocoso, mocoso…- su respiración en mi cuello, caliente…

Sentí un dolor tremendo en el pecho y la garganta… supe de inmediato lo que era… quería llorar… lo abracé de vuelta tan apretado como me lo permitieron mis fuerzas… pegue todo mi cuerpo al suyo… respire su olor… sentí el calor y la temperatura de su cuerpo… la tela de su camisa y sus músculos a través de la ropa… todo… Gonzalo… Nos quedamos así apretados fuertemente, el uno contra el otro, por unos cuantos minutos sin decir ni una palabra…  sobrepasados por lo que estábamos sintiendo…  yo estaba llorando y ni siquiera sabía porqué… solo no podía dejar de hacerlo ni de apretarlo con todo mi ser… pegado a él, tanto como podía. Entonces Gonzalo levantó mi cara con ambas manos, nuestros ojos se encontraron por un breve instante antes de que su boca buscara la mía para darme el mas delicioso de los besos que jamás había recibido… su boca se hizo dueña de la mía sin preguntarme ni pedir permiso… mientras sus manos fuerte, brutas y posesivas, me sostenían sujetando con fuerzas mi nuca… abrí mi boca con gusto para recibirlo… lo quería, lo deseaba… su lengua, profundamente dentro de la mía… quería ahogarme y morirme de gusto… necesitaba aire pero lo necesitaba más a él… sus labios presionaban contra los míos con fuerza… ambos nos movíamos buscando el mejor ángulo para besarnos… un poco de desesperación en nuestros movimientos… mis brazos también lo abrazaron y lo atraje aún más hacia mí… me sentí en casa… entre sus brazos sentí que ya había llegado a mi destino, no me había equivocado al venir…

 

GONZALO

Miguel estaba en mi puerta… tal como lo había soñado tantas veces… como había esperado que sucediera, todos y cada uno de los días… antes de este maldito día… por un segundo me paralicé al verlo… ¿honestidad?… ¿sinceridad?… ¿qué mierda debía hacer?… lo que sentía.. fue la respuesta que me llegó desde el centro de mi mente y corazón… sólo lo que sentía… ver a Miguel frente a mi… con sus ojos grandes mirándome en forma nerviosa… asustado… de solo mirarlo supe todo lo que le había costado llegar hasta mi puerta de vuelta. Sentí que algo dentro de mí se derretía…  mi corazón, mis sentimientos… que se yo que mierda era pero algo más fuerte que yo mismo… amaba a ese mocoso con todo mi ser y lo tenía ahí, frente a mí, dispuesto a amarme…  entregándose por sí solo…  lo abracé con todas mis fuerzas… me llené de su olor y de sus formas… de la urgencia de tenerlo… todo mi cuerpo lo reclamaba… mi boca estaba hambrienta de la suya… con desesperación lo besé al mismo tiempo que entrábamos al departamento. Cerré la puerta de un golpe seco… sin soltarlo ni dejar de besarlo y tocarlo… mis manos subían y bajaban por su cuerpo… mi corazón rebosaba de alegría… después tendría que explicarle, decirle… pero por ahora solo podía pensar en que Miguel estaba conmigo, había venido por su cuenta y esta vez si venía a entregarme su amor… estaba rebosante de sentimientos… no podía ni quería detenerme… ya encontraría la manera de arreglar todo esto… después.

– Miguel… volviste…

No lo solté, solo me alejé de su boca un segundo… hermoso… es la única palabra que se me ocurrió al ver sus labios ya rojos a causa del beso y levemente magullados… su cara intentaba mantenerse seria… pero también estaba demasiado feliz

– Si…

Logró responder antes que volviera a besarlo y morderlo logrando arrancar unos cuantos sonidos de su garganta… sus gemidos tenían conexión directa con mis genitales… sentí como no había sentido antes

– Volví…- sonrío…

Por Dios mocoso… te amo

Mis manos volaban sobre su ropa… quería verlo desnudo… es tan hermoso… recordar cómo era su cuerpo… quité rápido todo lo que me estorbaba mientras escuchaba su risa suave en mi oído… Miguel… mi Miguel, mi mocoso reía para mi nuevamente… sin miedo esta vez… sentí lo que significa amar y ser correspondido. Nuestras manos se cruzaban y se enredaban mientras nos quitábamos la ropa…

– Quédate quieto, mocoso

Lo reñí sonriendo.  Miguel intentó poner cara seria y quedarse tranquilo… estaba a medio desvestir… su pecho desnudo, su pantalón abierto… lo miré absorto en la contemplación… la emoción de amarlo me embargó hasta la última fibra de mi ser. Despacio pasé mi mano por su pecho… su piel que conocía tan bien… miré sus ojos que habían dejado de sonreír… puro deseo y excitación…

– Gonzalo…

– Sshhhh

Puse mis dedos sobre su boca… mío, completamente mío. Lo besé lamiendo sus labios y despacio resbalé bajando por su cuerpo… Me arrodillé frente a él… termine de bajar sus pantalones y su ropa interior… no lo había hecho antes… siempre había sido yo quien recibía pero esta vez se trataba de algo nuevo… era amor lo que sentía y por primera vez quería hacerlo… con muchas ganas quería tenerlo en mi boca. Con un poco de fuerza en mis manos separé sus piernas… quería libre acceso a cada parte de su cuerpo… acerque mi cara a sus genitales… su olor, sus pelillos en mi cara… todo era maravilloso

– Gonzalo…

Miguel estaba terriblemente agitado, al límite… y podía entender la razón… pero no podía detenerme…  sonreí, su pene estaba reaccionando rápidamente a mi cercanía… lo había visto tantas veces antes pero nunca me pareció más hermoso que ahora… Miguel… entero lindo… entero mío. Mis dedos sujetaron sus testículos, acariciándolo… lamí  su miembro… sus movimientos en mi boca… Miguel no se podía mantener tranquilo y yo me estaba sintiendo en la gloria…

– Gonzalo…- jadeó mi nombre…

Sonreí nuevamente… sabía lo que estaba sintiendo… se sentía extraño que fuera yo y le costaba aceptarlo… muy fuerte mocoso?… pues más vale que te vayas acostumbrando… absorbí su miembro completamente en mi boca, lo acaricié con mi lengua. Chupé con fuerzas… no podía detenerme… Miguel, mi Miguel… crecía y se endurecía en mi boca… de pronto fueron sus manos las que tiraron de mi pelo… de acuerdo… de acuerdo… me levanté… fue él quien buscó mis labios en un beso lleno de pasión. Sin separarnos caminamos a ciegas hasta el dormitorio… caímos lentamente sobre la cama sin poder soltarnos… desesperados por volver a tocarlos desnudos… la excitación al máximo.  Cuando terminó de salir mi ropa me tomé un momento para calmarme… necesitaba mirarlo… volver a aprenderme la imagen de su cuerpo sano, intacto, precioso, sin marcas… borrar esa otra imagen que tenía. Desnudo bajo mi cuerpo… yo sentado sobre sus muslos… tocando y sintiendo la piel sana y afiebrada de deseo, los dos completamente excitados y duros…

– Que?- me pregunto

– Estoy aprendiéndome de nuevo tu cuerpo

Mis manos acariciaban la piel sobre el hueso de su cadera… el vientre… subí por su pecho… tome con los dedos de ambas manos sus tetillas… me acerque a besarlas y chuparlas… Miguel reaccionó con brusquedad… se movió hasta alcanzar mi boca y me besó con ansiedad, tomó mi pelo sujetando… la desesperación del deseo haciendo presa de ambos. Lo besé también con fuerzas, sabiendo que yo era el dueño de su boca… de su lengua… de su paladar y su saliva.

Miguel respondía con gemidos deliciosos que salían de su garganta sin que los pudiera controlar… nuestros ojos se buscaban a cada instante… no era necesario hablar… ambos sabíamos… nos conocíamos demasiado bien.

– Date vuelta mocoso

Miguel tendido sobre mi cama… su cuerpo completamente a mi merced para amarlo y enloquecerlo… creo que yo estaba un poco loco también… mi vista y mis manos recorrieron su preciosa figura… sus piernas largas, separadas para mi… sus nalgas redondeadas firmes… su espalda que invitaba a acariciarla… su pelo… siempre va a ser algo especial para mí, su pelo. Comencé desde arriba acariciándolo y mordiéndolo con intensidad… cada cierto rato buscaba mi boca y gemía mi nombre… mis manos en sus nalgas, firmes, duras… las abrí separándolas… escuchabas los cambios de intensidad en su respiración… sin dudarlo ni un segundo fueron mi boca y mi legua las que buscaron su entrada… pasé mi lengua confiado y completamente mojada en saliva por el espacio entre sus testículos y su ano…  saltó agitado al entender lo que estaba haciendo y su cuerpo intento escapar de mi lado. Lo sujeté…

– Tranquilo Miguel…déjame..

– Gonzalo… es que…

– ssshhh… déjame mocoso… eres mío, recuerdas?

Su rostro enrojeció y quise comérmelo vivo… era una visión tan hermosa… Miguel completamente excitado y avergonzado. Volví a lo que estaba haciendo… lamí despacio su anillo de músculos hasta que se relajó lo suficiente para dejar entrar mi lengua… mojarlo, me ayudé con los dedos… Miguel me recordó la primera vez que lo tuve… estaba tan apretado como entonces… necesitaba el lubricante… pero esta vez, nada de aparatos raros… me siguió con la mirada mientras buscaba el lubricante en la mesa del velador… le sonreí al mostrarle un tubo común y corriente… sonrió también… ambos recordábamos las experiencias anteriores. Con el lubricante en mis dedos, ingresé suavemente el primer dedo… mi Miguel… ya estoy dentro tuyo, aunque sea con mis dedos… no me demoré mucho en los siguientes… quería con mucha urgencia estar en él. Miguel se giró y su mano tomo la mía cuyos dedos estaban en su interior

– No

Me miraba fijamente. Tiró de mi mano hasta quitarla… entendí lo que me estaba pidiendo. Por fin estaba reconociéndolo y aceptándolo… el dolor era una fuente de excitación y placer para él. Me puse sobre su cuerpo, mi pene justo en la entrada de su recto… presioné apenas… me demoré intencionalmente mientras besaba su espalda, su pelo… su delicioso cuerpo que ahora sabía, era mío. Miguel esperaba… ansioso, anticipando

– Te va a doler- le dije despacio en su oído… ya lo sabía, ambos lo sabíamos… solo quería excitarlo un poco más. Me miró mordiendo sus labios…

– Ya lo sé

Empujé un poco… lo suficiente para que solo la cabeza de mi pene estuviera dentro de él… un leve gemido, y la contracción inmediata del anillo de músculos alrededor mío

– Gonzalo…- suspiró en un jadeo profundo…

Lo quería todo… me estaba apurando… pero yo quería alargar su placer… su dolor… sentí sus músculos estirarse y comprimirme en suaves espasmos… deliciosos… frené la urgencia de hundirme en él de una buena vez recordando que era primera vez que volvíamos a estar juntos… empujé otro poco sujetando su cuerpo con mis brazos… se dejaba… tranquilo… no peleaba conmigo sino que aceptaba la forma de amor que le estaba entregando… la que solo nosotros dos entendíamos y compartíamos… solo nuestra… abrazos… besos, jadeos… palabras suaves en su oído… lágrimas en su rostro… las recolecté con mi lengua, saladas… totalmente de Miguel…  en mi boca… finalmente estuve entero dentro de él… busqué sus ojos… llenos de lágrimas pero felices… me sentí extasiado.. Miguel era mío y solo yo puedo hacerlo sentir así y él… él tiene la capacidad de transformarme en pura felicidad a su lado, de hacerme sentir el idiota más feliz del planeta. Nos buscamos en un beso profundo, lento, saboreando con calma cada movimiento de sus labios… el sabor único de su saliva y el inmenso placer de volver a tenerlo así. Comencé a moverme, entrando y saliendo de él, al principio lento y profundo, llegando cada vez al máximo solo para estimularlo aún más… nuestras bocas seguían juntas y sentí todos sus jadeos y sonidos en mis labios… enloqueciendo un poco más…  Envolví su pene en una de mis manos y comencé a frotarlo, acariciarlo…  quise volver a sentirlo en mi boca pero no podía por la posición en que estábamos… lo que sentía era intenso, fuerte… más grande que yo… Muchas veces había tenido sexo técnicamente perfecto, pero el sentimiento que me embargaba ahora lo hacía único y maravilloso… simplemente lo mejor que me había sucedido. Comencé a penetrarlo más de prisa…

– Miguel…  te amo– jadee aún en su boca… juntas, abiertas, buscando aire… sin separarnos, lamiéndonos… imposible separarnos… necesidad imperiosa del uno por el otro

El blanco chorro de semen dejó su pene con fuerza y un delicioso gemido que escuché y sentí vibrar en mis labios aún unidos a los suyos… el mío solo segundos después… en su cuerpo… sin querer dejarlo aún… me conmovió entero… sentí que las emociones me quedaban a flor de piel y podría, con muy poco esfuerzo, llegar a las lágrimas por este mocoso de mierda que me tenía enloquecido de placer y alegría… de amor.  No lo solté… no iba a soltarlo nunca más… Miguel se acomodó en mi cuerpo, envuelto en mis brazos… nos quedamos así… solo sintiéndonos…

– ¿Es en serio?- me miró con sus ojos oscuros llenos de una calidez nueva… dulce… preciosa.

– ¿Qué cosa?

Jugaba son su pelo en mis dedos y dejaba besos en su cara… su cuello, sus hombros…

– ¿Me amas?

Dejé mis manos tranquilas… lo miré con toda la seriedad que requería la situación

– Te amo… eres la primera persona a quien le digo esto y espero que seas la última Miguel… mi mocoso

Lo abrace apretándolo hasta que comenzó a quejarse… sonreímos… me sentía alegre…  feliz…  como niño…  quería estar así con él por el resto de mi vida… sin pensar en ninguno de los problemas que tendría que enfrentar… luego, muy luego

– Gonzalo… – levanto su rostro para mirarme de frente…- yooo… creo… es… que…-

Mierda!… incapaz de decírmelo??…

– Dime que no es verdad- lo interrumpí serio

– ¿Qué cosa?-

– ¿Quieres decirme que me amas y no puedes??… dime que no es cierto…

– Eres un idiota- me golpeo el brazo con su puño

– ¿Tengo razón? – se quedó en silencio…

– Mírame a los ojos y dímelo… quiero escucharlo

Necesitaba escucharlo… ahora más que nunca necesitaba la seguridad de su amor. Levantó la vista despacio…  le costaba…  su estúpido orgullo…

– Te amo…- lento… despacio… magnífico…

El aire abandonó despacio mis pulmones… tuve que volver a tomarlo en gran cantidad… me sentía pleno, más feliz de lo que nunca había sido… esas simples palabras habían transformado mi mundo… Con un beso sellamos lo ya dicho.

Nuestra respiración se normalizó… Miguel se fue al baño y volvió limpio, oliendo delicioso. Sin pensarlo, se acomodó en la cama, acurrucado a mi lado… tocándome con todo el derecho que amarnos le otorgaba… sus manos en mi cuerpo… sonreí…  no podía dejar de acariciarlo… subí su cuerpo  sobre mi pecho… sabía que eso le gustaba mucho… crucé mis brazos sobre él, medio abrazándolo, medio sujetándolo. No lo iba a dejar…

– Miguel… tenemos que hablar

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