Miguel Capítulo 55 – Fin Primera Parte.

Capítulo 55

El sol apenas comenzaba a calentar la fría mañana en el desierto. Miguel ya estaba afuera, disfrutando de las únicas horas placenteras en aquel aislado lugar… olvidado hasta de la benevolencia del clima… un calor abrazador durante el día, fácilmente sobre los 30 grados, para luego, al anochecer, descender vertiginosamente hasta llegar a marcar bajo cero… las horas del amanecer eran las únicas horas agradable en que la temperatura era adecuada.  Se lo había enseñado Karina. Se habían vuelto algo parecido a amigos en la extrema soledad de aquel paisaje. Al menos era alguien con quien conversar para evitar volverse loco sumido en sus propios pensamientos.

Miguel estaba sentado sobre las rocas altas que disimulaban la entrada a la “casa-refugio”; su espalda apoyada en lo que parecían paredes de rocas arenosas… sostenía un tazón de café pero no bebía… inmóvil, miraba fijamente lo que hacía Karina.

Se movía cautelosa… como un animal al acecho… agarrada de las rocas, casi en cuatro patas… levantó su brazo y en un movimiento extremadamente rápido de su mano, se desprendió del cuchillo que atravesó raudo, silbando en el aire…

Karina siguió el movimiento con los ojos… exactamente hacia donde ella lo había enviado.

La lagartija había salido a disfrutar de los rayos del sol sobre su grisáceo cuerpo entumecido. Posada sobre lo alto de las rocas. Comenzaba recién a adquirir unas hermosas tonalidades azul verdosas. Quieta… distraída… los rayos la adormecían.

El cuchillo se clavo de lleno en ella, atravesándola.

-. Te lo dije!!- exclamó Karina triunfante.

En un par de movimientos, recuperó su cuchillo, desechando el pequeño cadáver. Bajó de las rocas con una impresionante destreza y de un rápido salto, se sentó cerca de él. Todo en esta mujer era ágil y un tanto animal.

Tomó su tazón y comenzó a beber.

-. Ya me convenciste.

La había desafiado, solo por entretenerse… el aburrimiento de las horas muertas en el maldito desierto los llevaba a buscar entretención en cosas como lo que acababa de suceder.

Siguieron juntos en silencio, disfrutando calentarse bajo los primeros rayos del sol… ya dentro de unas horas se volvería insoportable.

Karina cerró los ojos y reposó su cabeza sobre la roca. Un extraño gesto de confianza en Miguel… esa mujer siempre estaba atenta y vigilante.

Miguel la observó de reojo. No terminaba de decidirse respecto de Karina… era muy delgada, todo fibra y músculos, entrenaba y se ejercitaba muchas horas en el día como forma de entretención. No había un gramo de coquetería en ella. Su pelo era oscuro y corto… sus ojos igualmente oscuros y grandes… a veces, en las raras ocasiones en que sonreía, parecía casi bonita… cuando lo miraba atenta, con sus grandes ojos fijos en él, Miguel sentía que quizás podía confiar en ella…  pero luego, muy de prisa,  volvía a ser una mujer dura y su encanto desaparecía junto a la sonrisa. Para el caso… no importaba mucho… era la única persona disponible. Podían hablar… compartir los pensamientos al menos. Tenían mucho en común.  Con cautela… lentamente, se fueron soltando trocitos de información sobre cada uno… era como un juego de equilibrios… Miguel contaba algo de su vida y Karina retribuía la confianza platicando algo sobre ella… balanceaban la información delicadamente… los dos desconfiados por naturaleza.

Fue así como Miguel se enteró de la soledad y el abandono en que había crecido. Fue una chica criada en la calle, sin padre conocido y una prostituta por madre… se volvió fuerte y aprendió a usar los cuchillos para defenderse de los ocasionales amantes de su madre que intentaban sobrepasarse con ella… olvidaban que la hija no estaba incluida en el precio. A Miguel le recordaba la historia de las chicas que había conocido en el barrio donde creció. Entendía muy bien su historia.  Hasta que finalmente, Karina hirió a uno en forma seria y tuvo que huir. Fue el mejor cambio de su vida. Reclutada por uno de los hombres de Don Jaime, creció a su alero y comenzó a trabajar para ellos a los 16 años. Ahora tenía 26, jamás había salido de la ciudad del norte o del desierto, nunca se había enamorado tampoco.. no creía en el amor.. Estaba lista para cosas mejores pero al parecer todos habían olvidado su existencia. Era tremendamente desconfiada. No tenía aspiraciones de familia… ni siquiera tenía amigos. Miguel era, tal vez, la primera persona con la que conversaba más que un par de saludos.

Él había aprendido a admirarla de a poco…  esas habilidades que tenía  la convertían en una asesina en potencia… peligrosa, sigilosa… Primero fue “Sombra” el tema que los unió… La mujer cambiaba su gesto brusco y rudo cuando el cachorro estaba cerca de ella… hasta parecía casi tierna… Nadie se atrevía a decirle nada ahora y ella desplegaba un instinto de protección y cariño hacia el animal, sin importarle la presencia de Miguel o Leandro.

El día que Miguel finalmente se quejó del encierro y el aburrimiento, el calor y la soledad, Karina no dijo nada pero a la mañana siguiente, muy temprano, aun estaba oscuro, entró a despertarlo con un tazón de café fresco y lo invitó a salir con ella afuera. Le enseñó a disfrutar de las mejores horas del día.

La rutina había cambiado en aquel lugar. Ahora era Leandro quien se quedaba siempre mientras ellos dos atendían las entregas cada noche. Habían aprendido a sentirse cómodos en presencia del otro y les gustaba salir juntos. Corrían incansablemente en sus motos por las arenas del desierto, al anochecer. Karina era una excelente competidora. Leandro veía todo con sospecha y molestia. Era un hombre algo grueso y de baja estatura aunque ágil e inteligente. Llevaba más de 12 años trabajando en el desierto y había pasado por mucho. Era el que mejor conocía los negocios de Don Jaime en la zona y estaba irritado por la presencia de Miguel. Don Jaime mismo lo había llamado para explicarle que Miguel sería el nuevo encargado. Debería haber sido él. le correspondía. Por eso no le gustaba Miguel.

Terminaban el café. “Sombra”  salió caminando lentamente del refugio y se acercó a ellos…  Karina lo llamó y comenzó a acariciarlo… Miguel la miraba y sonreía… le hablaba como si fuera un niño.

-. Estas muy solito, ¿no es así?… necesitas perritos amigos… pobrecito…

El cachorro se retorcía y se amoldaba a los cariños de la mujer

-. Todos estamos solos- sentenció de pronto Miguel con voz grave… recordando la razón por la cual había ido a parar donde estaba. Le esperaban años de soledad en este lugar… Pasaría mucho tiempo antes de que Don Jaime le permitiera regresar a la ciudad… además… ¿a qué diablos iba a regresar?… respiro sintiendo el aire, que ya se entibiaba, llenar sus pulmones… siempre estaría el riesgo de encontrarlo… ¿Qué estaría haciendo…? No!!. No.. no.. no iba a comenzar el día amargándose. No quería pensarlo… no quería recordarlo… necesitaba unos minutos de paz sin él en su memoria… a veces rogaba por alguien que abriera su cerebro y le removiera todos los pensamientos y sentimientos relacionados con… con él. Cada vez que lo recordaba era igual… los sentimientos subían a flor de piel y un candado se cerraba en su garganta, ahogándolo… impidiéndole respirar con normalidad y amenazando con mojar sus ojos… Mierda!!… como dolía Gonzalo en todo su cuerpo…

-. ¿Por qué estas solo Miguel?- interrumpió Karina.

Era primera vez que ella se atrevía a preguntar algo directamente… el rostro de Miguel expresaba tanto dolor que no había podido aguantarse… ¿Qué entristecía tanto a Miguel?

-. Es una historia muy larga…

No estaba seguro de tener ganas de contar la historia… significaba recordarlo… revivir el dolor. Se mantuvo en obstinado silencio, Karina no insistió. Era una ley entre ellos. Se entendían bien. Los minutos pasaron en silencio.

-. Miguel – Leandro salía del refugio –hay un mensaje importante

– ¿De qué se trata esta vez? – pensó en alguna entrega especial.

– El jefe viene de camino

Leandro lo miraba esperando alguna reacción especial… en los doce años que llevaba trabajando para Don Jaime jamás habían tenido una visita importante.

Miguel le devolvió una mirada tranquila…  ¿Qué importancia tendría la visita del jefe de la ciudad cercana?

-. ¿Qué jefe?- pregunto Karina sabiendo que nadie llagaba nunca hasta ellos

– Don Jaime – contestó Leandro

Entonces si reaccionó… su cuerpo se tensó y su mente se volvió alerta… miró a Leandro… esperaba que le confirmara que estaban hablando de la misma persona

-¿Don Jaime?- repitió sin darse cuenta

Leandro se encogió de hombros… no tenía más que decir que repetir lo que le habían informado

-. Solo me dijeron que el gran jefe venia de camino

-. ¿A qué viene?- preguntó rápido

– No dijeron… llegará dentro de poco.

Se miraron los tres. Miguel se puso de pie… Tomó a sombra entre sus brazos y cruzó por detrás de Leandro para entrar a la casa…

Don Jaime venía de camino… ¿a qué? ¿por qué?… Le había dicho que estaría aislado y solo… que no sabría de nadie en mucho tiempo… el negocio… las entregas, todo funcionaba bien!!!… no tenía nada que hacer aquí!!… ¿a qué diablos venía entonces?… ¿a reírse de él?… ¿a contarle como se veía de hermosa la novia?… ¿lo bien que estaba Gonzalo?… ¿los detalles de la magnífica boda?.

Cerró la puerta del dormitorio con fuerzas y se quedó quieto con Sombra entre sus manos… sintiendo… pensando… todo volvía… todo lo que quería eliminar y borrar… la sola presencia del padre de Gonzalo traía todo de vuelta, incluyendo el peso que oprimía nuevamente su cuerpo… ¿cuánto tiempo iba a estar sufriendo por él?… sabía que nunca iba a olvidarlo… era como una marca a fuego vivo en su piel, en su mente… en su alma… pero no esperaba que su ausencia fuera tan extremadamente dolorosa… como si le hubieran amputado una parte de su cuerpo… lo extrañaba… mucho.

Se dejó caer en el piso resbalando despacio… Sombra escapó de sus brazos… lo miraba con sus grandes ojos de cachorro… Miguel contenía las lágrimas…  Mierda!! ya había llorado demasiado. Comenzó a sentir rabia. Estaba cansado de que le doliera… Don Jaime… solo venía a demostrarle como lo había vencido… ¿a qué más podía venir?… ah si… también podría ser que quisiera deshacerse de él para siempre… ahora que Gonzalo ya tenía una nueva vida, quizás él no era necesario en ninguna parte de este mundo ni nadie lo protegía ni se acordaba de su existencia… solo su madre y su hermana lo extrañarían…

El dolor fue reemplazado por sentimientos de rabia.

-. No me va a ver derrotado… no

Aunque viniera a burlarse, iba a demostrarle que era un sobreviviente y que estaba bien.

– Estoy bien sombra… estoy bien-  habló con su perro, comunicándole su decisión.

Unos minutos después se escuchó en el aire el ruido lejano de un helicóptero que se acercaba.  Miguel estaba tenso… preparándose física y mentalmente para enfrentar al viejo.  Actuaría frío e indiferente. Cortante. Ya no tenía nada más que perder… lo había perdido todo…  solo tenía su orgullo para sostenerse… no le daría la satisfacción de verlo derrotado y sufriendo.

Se lavó la cara. Se detuvo frente al espejo y ensayó una cara de tranquilidad junto a una cínica sonrisa de bienvenida… la misma que se reserva para una alimaña ponzoñosa…

El sonido del helicóptero acercándose crecía. Ya debía estar a punto de aterrizar. Se miró una vez más al espejo confirmando su rostro en él y abandonó la seguridad de su refugio privado. Afuera de la casa, Leandro y Karina miraban el transporte con desconfianza y sorpresa.

-. Iré a recibirlo– Sentenció Miguel. Los otros dos quedaron esperando. Miguel bajaba por el camino entre las rocas mientras el helicóptero se posaba en tierra a una cuadra de distancia.

-. Aquí vamos, Don Jaime. Puede comenzar su fiesta si quieres… no le voy a dar en el gusto- masculló entre dientes para sí mismo, mientras comenzaba a caminar hacia el helicóptero.

 

GONZALO

Había viajado esa misma noche hasta la ciudad del norte. Llegué de madrugada y fui recibido por nuestro personal en la ciudad. En cuanto llegue di instrucciones de tener un helicóptero con piloto a mi disposición de inmediato.  Andrei quiso viajar conmigo pero lo necesitaba en la ciudad. Daniel y Lidia no tenían suficiente experiencia para mantener todo funcionando bajo control. Desconocían muchas cosas. Le hablé claro. Había mucho que hacer y yo era quien tenía que estar a la cabeza de todo… pero en mi mente primaba la urgencia de encontrar a Miguel. Su ausencia me estaba enloqueciendo. Para poder ocuparme de encontrarlo necesitaba la tranquilidad de saber que los negocios estaban en buenas manos y en las únicas manos que confiaba ahora, eran las suyas. Había muchas personas de confianza de mi padre… pero no de la mía. Andrei entendió.

Me llevó hasta el aeropuerto. Me sorprendió encontrar un par de nuestros hombres de confianza esperando junto al jet.

-. Viajaran contigo. Eres el jefe ahora. Necesitas protección permanente- dijo con un dejo de burla…

Sonreí aceptándolo. Ni siquiera lo había pensado… mi mente estaba solamente enfocada en Miguel.

-. Lidi y Daniel tienen su propia protección

Andrei estaba pensando en todo. Desde que le había contado que mi padre no volvería a ser el mismo ya nunca más, unas cuantas horas atrás, Andrei había tomado el control en sus manos, tomando decisiones y realizando movimientos estratégicos. En solo unas horas me pidió autorización para cambiar muchas cosas. Andrei estaba manteniendo la cabeza fría. La noticia de mi padre nos afectaba a todos… incluyendo a las demás familias. Cualquier cambio de jefe en una familia ocasionaba mucho revuelo y había que dar señales claras. Era lo que estaba haciendo Andrei.

Nos despedimos con un abrazo y un fuerte apretón de manos.

-. Tráelo de vuelta…

– Lo haré

Sonreí nervioso ante la perspectiva y comencé a subir al jet. Mis hombres subían tras de mí. Tendría que acostumbrarme a ellos.

-. Aunque tengas que amarrarlo…

Andrei río y se encaminó hacia el vehículo que esperaba para llevarlo de vuelta a la ciudad.

Despegamos. El avión se elevaba a la misma velocidad que crecía mi ansiedad. Amarrarlo?… ¿podría Miguel, tal vez, negarse?.. no. Esa perspectiva ni siquiera había pasado por mi mente. Solo quería encontrarlo y… decirle que lo amaba, que había dejado todo por él… que era lo más importante en mi vida… sentía la necesidad de hacerle saber lo importante que era… pedirle perdón por mi estupidez…  Mierda!!… Debería habérselo dicho tantas veces antes… cuando me miraba con sus ojos llenos de dolor suplicando sin palabras que no lo abandonara…  cada vez que le dije algo que lo hería… NO. Miguel estaba enamorado de mi… yo lo estaba de él… nos necesitábamos para poder seguir viviendo… todo iba a estar bien ahora.

Cerré los ojos imaginando… Moría de ganas de verlo y abrazarlo. Habían pasado tantas cosas en las últimas semanas… mi vida había cambiado… tenía el poder y el control… de ahora en adelante tendría la libertad para hacer lo que quisiera… y mi única prioridad mayor era él… sin el mocoso nada tenía sentido… me ocuparía de todo cuando volviera, pero ahora… necesitaba de él… más que del aire mismo.

El helicóptero despegó cuando el sol apenas comenzaba a nacer entre las montañas de Los Andes… El piloto conocía el camino. Era un hombre experimentado que trabajaba para mi padre desde hacía años… era el encargado de trasportar las entregas difíciles y eludir los controles aéreos.

El encargado en la ciudad me indicó que avisaría a los residentes de la casa para que me esperaran. Tenía que ser así para no ser recibido con balas. Le ordené que solo anunciara la visita del jefe. Sin dar ningún nombre. No quería poner a Miguel sobre aviso… quería ver su rostro de sorpresa… sentir de cerca su emoción, cuando se diera cuenta de lo que estaba pasando… ¿se sentiría igual a como me sentía yo en esos momentos? ¿Se alegraría? Los minutos pasaban…

Mantenía mi rostro serio frente al piloto y los guardaespaldas… por dentro… ansiedad… excitación… entusiasmo… anticipación…  todos los sentimientos revoloteaban en mi estómago y en mi mente… sonreí aún con los ojos cerrados… mira lo que has hecho de mi mocoso… pensé casi riendo…  me has convertido en un idiota enamorado que siente mariposas como una quinceañera ante la posibilidad cierta de reencontrarte.

-. Allí es

El piloto señaló una serie de pequeños cerros donde no se distinguía nada especial. No sé que esperaba… solo sabía, que entre aquellas sombras rocosas estaba Miguel…

 

MIGUEL

El helicóptero se posó en tierra, a unos 100 metros de la casa. Esperé un momento, mientras las aspas dejaban de levantar arena y comencé a acercarme. La puerta se abrió pasados unos minutos. Caminaba con pasos ágiles y la cabeza en alto… si Don Jaime pensaba verme triste o agobiado, se iba a llevar una buena desilusión. Le daría mi mejor espectáculo. Un hombre bajó del helicóptero… Un guarda-espalda… lo reconocí por su actitud… miraba hacia todos lados buscando peligros inexistentes en esta latitud. Al mirarlo más detenidamente me sorprendió reconocerlo… lo había visto antes… no era uno de los hombres habituales de Don Jaime. Lo conocía… era uno de los hombres de Gonzalo… ¿Qué sucedía?… Él viejo jamás cambiaba a sus hombres cercanos.  Seguí caminando, ya estaba a mitad de distancia. Algunas alarmas disparadas en mi cabeza… Alguien más comenzaba a bajar… miré la nueva silueta que se dibujaba contra el helicóptero… … …

Mis pasos murieron enterrados en la arena…

Mi cuerpo se volvió de plomo y no pude dar un paso más…

Mi respiración perdió su ritmo al igual que los latidos de mi corazón…

Lento… muy lento, mi cerebro fue capaz de reconocer a la persona que acababa de descender y que fijaba sus ojos en mi, a unos 20 metros de distancia…

Gonzalo…

Escalofríos… incredulidad total… mis manos se volvieron un puño tan firme que llegaban a doler… todo dolía nuevamente… Gonzalo…  jeans oscuros, camisa blanca, actitud arrogante… como siempre… Me había quedado inmóvil… solo atinaba a mirarlo fijamente y a tratar de entender lo que mis ojos veían pero mi mente se negaba a reconocer como real… Gonzalo??… ¿por qué?… completamente aturdido y en blanco.

-. No…

El monosílabo escapó muy callado de mi boca junto al poco aire que aun quedaba en mis pulmones… mis piernas se negaban a moverse…  solo podía mirarlo, esperando despertar de un absurdo sueño… Dios!! No era sueño ni pesadilla… estaba aquí… Gonzalo estaba aquí!!!

– No…- mi voz sonaba como un quejido lastimero.

Me había escapado hasta el lugar más remoto y solitario… había soportado un infierno de mierda para no verlo más…  para eliminarlo de mi vida para siempre… olvidarlo… y aquí estaba nuevamente… enloqueciéndome… jugando con mi cordura… mis pensamientos se atropellaban en mi cerebro.. ¿Qué hace aquí?… ¿Qué hace aquí?…

 

ENCUENTRO

Gonzalo lo había visto antes de descender… el corazón le dio un vuelco en el pecho, emocionado… Miguel!!!… era Miguel el que avanzaba a su encuentro… reconoció su caminar… sus forma… se agitó entero… sonrió y lo siguió con los ojos… su mocoso… se movía orgulloso…  deseó estar ya a su lado…  avanzaba altivo y confiado hacia el helicóptero… ¿Cómo reaccionaría al verlo?.  Descendió ansioso, sus ojos aun clavados en él… se quedó un instante de pie… su cuerpo entero le pedía correr hasta Miguel con una emoción tan grande que amenazaba con derrumbarlo… se sostuvo del helicóptero un segundo… acostumbrándose a la temperatura y a la impresión de tenerlo allí tan cerca… sus ojos volvían a llenarse de él…  se miraron en la distancia.    Al reconocerse, lo vio perder todo su aplomo y, tal como en las leyendas, convertirse en una estatua de arena. Miguel frenó en seco y se quedó inmóvil.  Gonzalo sabía que lo había impactado… no lo esperaba. Tomó aire… tranquilizándose… ahí estaba… por fin Miguel estaba a su alcance nuevamente… su vida volvía a estar bien solo por verlo. Sentía alegría… inquietud. No lo sabía pero estaba sonriendo… Comenzó a caminar, sin dudar ni detenerse.  Ya no quería demorarse ni un segundo más…

Miguel no se movía… lo miraba expectante… con sus ojos oscuros clavados en él… el corazón martilleaba en su pecho. Gonzalo tampoco quitaba sus ojos de Miguel… la distancia se acortaba con cada paso que daba…. las emociones que los consumían se iban reflejando en sus miradas…

Gonzalo se detuvo cuando estuvo a un par de pasos de Miguel… sosteniendo su cuerpo firmemente plantado sobre la arena… ojos anclados en los otros ojos…  aguantándose las ganas de envolverlo en el más fuerte de los abrazos y comerle la boca a besos.

El silencio era tenso… angustiante

-. Hola, Miguel

Conseguía mantener el tono de voz calmado y firme, en cambio Miguel sentía que no podía hablar…

-. ¿Qué haces aquí?- lo taladraba con sus ojos, brasas brillantes…

Gonzalo desvió su mirada un instante. Miguel lo estaba mirando con rabia… herido

-. La verdad?…- lo pensó un segundo. ¿Iba a enojarse aun más?

-. ¿Cómo me encontraste?… – las preguntas se atropellaban en su mente… estaba asustado

-. No fue nada fácil-

… y esto tampoco lo es… pensó Gonzalo. Quería calmarlo… decirle que todo iba a estar bien. Su cuerpo le pedía a gritos estrechar a Miguel y protegerlo de él mismo

-. No debiste venir… – su rostro adquiría un rictus de dolor…

-. Miguel…

Su resistencia se agotaba… Miguel estaba sufriendo de nuevo y ya no quería causarle más daño… se sentía suficientemente culpable de todo lo que le había provocado. Dio un paso hacia adelante con la intención de abrazarlo, sin importarle nada más, pero entonces el cuerpo de Miguel reaccionó instintivamente dando uno más grande hacia atrás… lo miró con espanto… no quería que lo tocara.

-. Vine a buscarte Miguel…- confesó abrumado

-. Prometiste no hacerlo…

Su voz se estaba quebrando… su cuerpo entero, su mente… todo se estaba trizando y llenado de grietas… Gonzalo estaba frente a él… el hombre que amaba, a quien llevaba metido en lo profundo de su alma… había vuelto… “vine a buscarte…”…  No.. no.. no quería que lo buscara… quería que lo dejara tranquilo, que jamás hubiera aparecido..

– Tú prometiste esperarme

Gonzalo avanzó otro paso. Miguel no se movió pero endureció su postura, sus músculos se tensaron y su mandíbula se cerró firmemente. Desafiante… asustado… un animal herido a punto de atacar.

-. Te mentí– respondió cortante

Gonzalo recibió el golpe expresado en palabras. Lo conocía tan bien y podía leer claramente como estaba de asustado y nervioso… Dios!! Si solo pudiera gritarle la verdad aquí mismo…

-. Necesitamos hablar en privado

Miró hacia la casa donde Karina y Leandro destacaban contra muralla de arena

Los guardaespaldas se mantenían a prudente distancia pero lo suficientemente cerca como para escuchar lo que hablaban…

Miguel no dijo nada pero su cuerpo, por fin, atinó a moverse en forma normal. Caminó inseguro delante de Gonzalo, intentando aparentar una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir… todo se le atropellaba en la mente… Gonzalo caminaba detrás de él!!!… aquí!!Mierda!!!  Se había preparado para enfrentar a Don Jaime pero su fortaleza se había hecho añicos al darse cuenta de que era Gonzalo quien descendía del transporte.

Al llegar junto al resto de los habitantes del refugio, Gonzalo se detuvo un momento a saludarlos.

Miguel aprovechó el instante y siguió caminando directo hacia la privacidad de su dormitorio. No debía hacerlo…  pero necesitaba estar a solas un momento, tenía que ordenar sus pensamientos y el caos en que su mente y su corazón se habían convertido desde el momento mismo en que vio a Gonzalo … tranquilizar su mente y su cuerpo… dejar de temblar.

Cerró la puerta… se quedó de pie en el medio de la habitación… todo giraba… estaba confundido.

Buscarlo?… ¿venía a buscarlo?… pero que mierda se creía que era??!!… un egoísta insufrible… lo quería todo!!! La esposa, el poder y el amante!!!… se le llenaron los ojos de lagrimas y el pecho de un dolor ciego… el amor dolía, físicamente… respirar… solo respirar, aguantando el dolor… con ambas manos se cubrió el rostro y entonces lo sintió… algo caliente y dulce que se formaba en su interior… una especie de bola de energía caliente que se extendía despacio por su cuerpo borrando y anulando el dolor… felicidad… amor… su parte ilógica disfrutaba saber que había venido a buscarlo… que también lo necesitaba… pero no… no podía… le había prometido dejarlo tranquilo pero no cumplía … ¿Qué iba a hacer ahora?… estaba escondido en el lugar más remoto del mundo y protegido por un hombre más poderoso que Gonzalo que le había jurado que jamás lo encontraría… ¿qué hacía ahora entonces??!!!…  ¿de qué valía todo el sufrimiento si estaba de vuelta?… la maldita bola seguía creciendo… amenazando con arrastrarlo… Gonzalo… tan hermoso como siempre… Dios!! Sacudió la cabeza… no quería sentirlo… porfiadamente seguía aumentando… Un instante… solo un instante para analizar lo que había visto… cerró los ojos húmedos… visualizó a Gonzalo caminando hacia él unos minutos atrás… y entonces rompió en un llanto que lo obligó a taparse la boca para no ser escuchado…  Cuanto amaba a ese hombre… lo adoraba… pero era imposible! Lo sabía… no podía ser tan idiota pero… una parte de su ser estaba feliz… era un imbécil, un débil, un mocoso de mierda enamorado y como tal sentía las rodillas flaquear y su cuerpo entero temblar… Gonzalo había venido por él…

Los golpes en la puerta lo hicieron saltar. Miró la puerta con rabia… con miedo. No estaba listo… nunca iba a estar preparado para hablar con él… Era el jefe… era Gonzalo… tenía que abrir antes de que se le ocurriera echar la puerta abajo y arrastrarlo… lo creía capaz… había visto la decisión en la mirada de Gonzalo cuando dijo que venía por él.

Reunió coraje… mierda… ¿Cómo era posible que se sintiera así?… frente a la puerta, aún cerrada, sabiendo quien estaba del otro lado, Miguel se secó los ojos y respiró varias veces hasta calmarse. Maldecía no haber tenido tiempo suficiente para pensar qué decirle… los nervios no lo dejaban razonar.

Abrió y se giró de inmediato, sin mirarlo…  tan cerca… tan afectado por su presencia en la habitación… no quería que viera su rostro ni leyera sus ojos… lo escuchó entrar en su habitación.

Gonzalo caminó hasta quedar de pie detrás de él.

-. ¿Podemos hablar?

Para qué preguntaba… estaba aquí, no?… invadía su refugio privado… le alteraba toda la vida… No sabía que tanto le temblaría la voz

-. ¿Por qué viniste?

Lo escuchó suspirar ampliamente antes de responder

– Ya te lo dije. Vine por ti.

– ¿Qué?… ¿no te basta con tu..?

-. No puedo vivir sin ti

Mierdaaaa!!! sus palabras eran un bálsamo para su intenso dolor… una caricia… una locura… se mordió los labios hasta que comenzó a doler mucho. No podía ceder… su orgullo era lo único que le quedaba… Gonzalo lo había despojado de todo lo demás pero su orgullo estaba vivo.

-. Entonces ya puedes largarte por donde mismo llegaste– había sonado frió, duro.

Gonzalo estaba más calmado de lo que esperaba. Ver a Miguel lo tranquilizaba… se disolvía la angustia de su ausencia. Lo observaba atentamente. Ante él… de espaldas… su Miguel… el mocoso que se había robado la tranquilidad…  se lo comía con la mirada… estaba hermoso… su piel tostada por el sol del desierto, sus brazos tensos… su pelo un poco más largo que antes… brillante… siempre.  Con sus ojos recorría las suaves curvas de su cuerpo… notaba la tensión, el cuello contraído, lo puños cerrados, la cabeza altiva… los músculos de las piernas duros, los brazos pegados al cuerpo… Miguel estaba sufriendo y aguantando. Ya estaba bueno… no había razón para seguir alargando esta tortura sin sentido.

-. No voy a irme sin ti- decidido, cubrió la corta distancia que los separaba. Supo que Miguel se daba cuenta porque la tensión crecía en su cuerpo

-. Miguel?…- llamó muy bajito…

Miguel no se dio vuelta…  no quería… su rostro era una masa de emociones incontrolables… estaba detrás suyo… lo escuchaba… su respiración cercana… el calor de su cuerpo…

Gonzalo no podía evitarlo. Miguel era un magnetismo que lo atraía… Sus manos se atrevieron a tocarlo con cuidado… lentamente en su cintura… tentativas… ligeras… la sensación en sus dedos, al volver a tocarlo, era pura magia.

Miguel temblaba entero… rabia?.. dolor?… miedo?… todo se juntaba en un remolino de emociones que lo sacudían sin control. Al sentir las manos de Gonzalo en su cuerpo algo estalló en su interior y la furia comenzó a salir por su boca… se giró bruscamente para enfrentarlo a gritos… quería abofetearlo… ¿Por qué no?… su cuerpo respondió más rápido que su mente y sin pensarlo siquiera, ejecutó un movimiento que llevó toda su fuerza en un golpe directo al rostro de Gonzalo… se sintió bien… descargar su odio directo en su rostro… ver sus ojos sorprendidos…  quería más… golpearlo hasta hacerlo desaparecer… se movía inquieto… las manos levantadas y lista para el siguiente golpe…

Gonzalo se tambaleó y retrocedió debido al impacto… su rostro se volvía rojo y adolorido… ¿golpes?… mierda!!!… tendría que  calmarlo.

Miguel estaba enloquecido… los ojos muy abiertos y atentos… el cuerpo en tensión… moviéndose inquieto…  toda la rabia, la humillación y el dolor acumulado, hervían en su interior provocándole nuevamente la sensación de abandono y traición… como se atrevía a decirle que venía a buscarlo??… cómo osaba??? Le había prometido dejarlo en paz…

Cuando Gonzalo estuvo firme nuevamente, Miguel descargó un nuevo golpe… rápido, silencioso… Gonzalo levanto sus manos instintivamente en un gesto de auto-protección… soportó el nuevo golpe cayendo hacia atrás… los muebles sonaban y caían, una silla se rompía con el peso de Gonzalo…

-. Miguel!!!- gritó intentando calmarlo

El sonido de su voz fue un nuevo detonante… todo la furia que sentía salió expresada en hirientes palabras… gritaba

-. ¿No vas a irte sin mi?!!!… ¿Qué pasa contigo?!!… no te basta con lo que ya tienes… eres un egoísta de mierda

Volvía a golpearlo… con los pies y las manos… le gritaba como un desquiciado… tanta su furia y descontrol que no se daba cuenta que Gonzalo no respondía… solo recibía los golpes poniendo sus manos como barrera, pero sin levantar una mano contra él

– Ya hiciste mierda mi vida.. ¿qué más quieres??!!!

El último golpe fue el más fuerte… en el hombro derecho de Gonzalo… lo empujó fuerte hacia atrás haciéndolo girar,  arrastrando a su paso algunos muebles y logró dejarlo sentado en el suelo. Miguel iba a la carga de nuevo cuando cometió el error de mirar sus ojos… Gonzalo respiraba agitado, su aspecto era terrible y su nariz sangraba… Dios!!! Gonzalo sangraba copiosamente… se detuvo en seco… asustado…  ¿Qué estaba haciendo??… revivió los últimos segundos en su mente… se dio cuenta que Gonzalo podría haberlo detenido… Se había dejado llevar por su rabia y sus miedos… lo había golpeado y ahora sangraba… su corazón sangraba con él. Tomó una toalla de su closet y se la arrojó a la cara.

– Prometiste dejarme en paz!!!

Mierda!!… ¿que había hecho?… las emociones se acumulaban y lo ahogaban… no quería llorar.. Gonzalo estaba en su cuarto… en el maldito desierto… sus brazos cayeron al costado de su cuerpo… la energía desapareció…

– Déjame tranquilo!!!… no te das cuenta de lo que me haces…?- ya no gritaba.

¿Qué le importaba a Gonzalo?..  ¿acaso alguna vez le había importado lo que él sentía??…

Gonzalo se limpió la sangre de la cara y sostuvo la tela apretada fuertemente contra su nariz para contener la hemorragia… esperaba que no estuviera rota… dolía pero no lo suficiente… dolía mucho mas  darse cuenta que entendía la reacción de Miguel… golpearlo..  mierda!.. debió haberlo previsto.. quizás se merecía unos buenos golpes… le había causado tanto daño.  Con cuidado, se puso de pie… su aspecto ya no era tan arreglado. Su camisa manchada sobresalía de un lado… su pelo desordenado y su rostro enrojecido y algo inflamado.

Miguel lo observaba, preocupado… Mierda!! … en su defensa tenía que decir que se lo había buscado!! ¿Por qué diablos aparecía sintiéndose su dueño??… ¿diciéndole tanta idiotez??!!…  corría el riesgo de que él aceptara lo que decía… daba miedo creerle… ¿no se daba cuenta???!! no había nada entre ellos… él se había casado… ya había elegido. Cerró los ojos solo un momento para detener la angustia que lo embargaba y eliminar la imagen que tenía al frente… Gonzalo sangrando… sintió que quería correr hacia él y curarle las heridas que él mismo le había provocado… besar cada golpe que le había dejado en el cuerpo… era un redomado estúpido… no tenía remedio… tan estúpido…

-. Miguel?…- quería acercarse… lo veía complicado y nervioso…  decirle…

La energía se fugaba del cuerpo de Miguel… agachó la cabeza… no sabía que mas hacer… sentía que su cerebro estallaba.

-. No tengo donde más ir… quise poner todo un mundo de distancia entre los dos… quiero olvidarte!!! Sacarte de aquí!!—se tocaba la frente golpeándola con su dedo – tu cumplías tus promesas… confié en que cumplirías!!!

Gonzalo se quedó un momento en silencio… el dolor de Miguel le estaba traspasando la piel y llegando al alma… ¿cómo mierda iba a reparar todo este daño?… verlo así le estaba rompiendo el corazón… todo era su culpa… ¿cómo pudo estar tan ciego?… quería, más que nada en este mundo, hacerlo feliz, verlo sonreír y ser el mismo mocoso alegre, orgulloso y desafiante del que se había enamorado perdidamente. El dolor de Miguel lo obligó a actuar. En un inesperado movimiento, pasó sus brazos por el cuerpo de Miguel, atrapándolo y dejándolo inmóvil… era una jugada arriesgada estando golpeado y adolorido, pero necesitaba hacerlo reaccionar y sacarlo de ese limbo de sufrimiento…

Miguel, luego de reponerse de la sorpresa, se movió bruscamente e intentaba soltarse, pero Gonzalo había anticipado sus movimientos… no lo soltaba… lo doblega con todo su cuerpo… se ubicaba en su cuello, a pesar del forcejeo, y le susurraba directamente al oído

-. Voy a prometerte algo Miguel… – sujetaba con fuerzas, hablaba calmado y muy marcado-  y voy a cumplirlo hasta el fin de mis días- sonaba a amenaza y locura

A pesar de los golpes, Gonzalo aún tenía más fuerza.

Miguel continuaba resistiendo… pero perdía solidez. Se calmó un poco al escucharlo hablar… era tan dulce sentir el calor de su cuerpo pegado al suyo… su fuerza… sus manos aprisionándolo y sus firmes brazos, como tenazas, aferrados a él… la adrenalina corría por su cuerpo… respiraba agitado, casi jadeando… por un breve momento se sintió el chico subyugado que Gonzalo manejaba a su antojo… era tan grato sentirse así… prisionero, sometido y… no… no… NO!!! Esto no estaba bien!!… se confundía,  tenía que enfrentar lo que le estaba pasando…

Entonces Gonzalo murmuró en su cuello… pegado a su oído…

-. Prometo que jamás voy a dejarte… que voy a amarte siempre, mocoso

Miguel lo escuchó y sintió escalofríos… amarlo siempre??...  la voz de Gonzalo en su cuello era un terciopelo suave que lo envolvía y lo arrullaba…  una caricia que lo quemaba…  su piel se erizaba al contacto… necesitaba controlar la agitación que lo estaba convirtiendo en una gelatina a punto de desmoronarse… Amarlo para siempre?… si tan solo fuera verdad… ¿estaba jugando con sus sentimientos? ... ¿por qué le decía cosas que lo ilusionaban?… ¿por qué le decía exactamente lo que quería escuchar?… de pronto se sintió cansado… prisionero entre sus brazos y agotado de luchar… era tanto el dolor… la angustia de saberse rechazado… tanto el amor que sentía… quiso poner su mente en blanco y solo recordar que estaba en sus brazos, sus cuerpos estaban pegados y escuchaba el latir de su corazón… toc… toc…. toc…. El corazón de Gonzalo… estaba apoyado sobre su pecho… la emoción se apoderó de él… todos sus sentidos anulados por el simple hecho de volver a estar sobre el pecho de Gonzalo…

-. No debiste venir…- repitió como un autómata… sentía como se resquebrajaba y se debilitaba…

-. Tenía que hacerlo Miguel…- lo sostenía firme… lo sentía cambiar entre sus brazos… volverse dócil y maleable… abandonar la lucha…

-. Estaba intentando olvidarte… lo habría logrado- entre lágrimas… entrecortado… una última barrera… pero todo estaba perdido ya y lo sabía… se quedó tan quieto… estático, sentía los dedos de Gonzalo en su torso… el roce con el cuerpo de su amado… las manos que lo tocaban se volvieron exigentes y los brazos que lo cruzaban lo estrechaban más y más… Gonzalo se hundía en el hueco de su cuello… besando… Miguel moría lentamente con cada caricia… arrastrado por lo que sentía… superado por sus propios sentimientos

-. Te necesito Miguel… te necesito– Gonzalo comenzaba a confesar la verdad de su corazón. Necesitaba de Miguel para seguir… estaba enamorado hasta la médula de sus huesos…

El cuerpo de Miguel se abandonaba sobre el suyo… la piel de su cuello en sus labios… besó despacio…  demorándose en la caricia… quitando el pelo y chupando con sus labios el trocito de piel expuesta… subió lentamente por la línea de su mandíbula… acariciando con los labios entreabiertos…

-. Gonzalo…- ¿Qué estaba rogando al llamarlo así?… casi gemía su nombre…

-. Miguel…- respondía con igual emoción

Giraba su cuerpo y de frente se miraban… el rostro de Miguel cubierto en lágrimas… sus ojos oscuros, ya mansos… rendidos.

Miguel se impactó al observar su rostro… lo había golpeado feo… pero no tuvo tiempo… de pronto, los labios de Gonzalo se cerraron fieramente sobre los de Miguel… el calor se extendía desde su boca hacia el resto de su cuerpo… tomaban la forma perfecta para besarlo y hacerse dueño de su boca…  con ambas manos  lo sujetaba firmemente… deseoso de este contacto con la intimidad de su boca…  Dios!! Cuanto había anhelado volver a besarlo…

Miguel lo dejaba…  no tenía fuerza alguna para rechazarlo… nuevamente estaba en brazos de Gonzalo y no había nada que pudiera hacer… su boca, húmeda y deliciosa, se apropiaba de la suya… su lengua exigía… ahí estaba el sabor que lo hacía único… el elixir que soñaba cada noche… la boca de su amor… era demasiado… No pudo seguir conteniéndose.  Con extraña vehemencia brotando de su interior, Miguel se aferró a Gonzalo y comenzó a responder, besándolo de vuelta… gruñía… se desesperaba… todas sus intenciones de odiarlo y rechazarlo resbalaban por su cuerpo y se diluían… eran reemplazadas por el deseo irrefrenable de volver a tener su boca… de dar rienda suelta al amor que lo consumía. Pasó uno de sus brazos por detrás de la nuca de Gonzalo, hundiendo los dedos en su pelo,   acercándolo  con fuerza y deseo… Se besaban sin hablar… sin haberse dicho nada aún… pero el deseo de tocarse, de unirse en un beso, era mayor y más urgente que cualquier palabra.

– Te eché tanto de menos, mocoso

Gonzalo lo abrazaba tan estrechamente… Dolía el hombro pero valía la pena… Tenía a Miguel muy apretado entre sus brazos… ya no peleaba… se quedaba apoyado en él… Gonzalo respiraba su olor llenando sus pulmones… sentía oleadas de espesa emoción envolver su cuerpo…  quería gritar de alegría… se sentía caliente… afiebrado… enloquecido

En ese preciso instante, cuando sus labios se separaron, Miguel lo supo… no podía ni quería vivir sin poder tocar esos labios… sin Gonzalo… sintió el peso de lo que hacía…

-. Tu ganas… – reconoció… estaba loco de amor por Gonzalo… se entregaba, se rendía…

Gonzalo entendió lo que Miguel estaba diciendo… lo abrazaba sin poder hablar aun… su ansiado cuerpo tan cerca que anulaba toda su lógica… caía preso de sus propios sentimientos… tenía que decirle de inmediato pero no podía hablar… reía y quería llorar al mismo tiempo… Miguel se reconocía suyo… de la misma forma en que él le pertenecía…

Volvieron a unir sus bocas… esta vez con más pasión en lo movimientos… entregados al placer de reconocerse y volver a tenerse… atropellándose en caricias y buscándose… juntando sus cuerpos y tocándose con impaciencia… un beso… otro… muchos.

-. Miguel… Miguel… te amo…

Lo soltaba solo un instante para poner en palabras todo lo que lo afligía y necesitaba decirle

Miguel quería gritarle que él también lo amaba… que se rendía a la locura… el amor que lo embargaba era más grande que él mismo…  se daba por vencido… era suyo… Gonzalo ganaba la guerra… las lágrimas resbalaban por su cara… se rendía… Gonzalo había venido a buscarlo, le confesaba que lo amaba, que no podía estar sin él… era enfermizo,  pero no podía rechazarlo ya mas… elegía el dolor de ser “el otro”… no quería dejarlo. Si no hubiera venido habría podido seguir… pero ahora… se dio cuenta, con total certeza, que ya no tenía control sobre lo que le pasaba

Gonzalo separó el rostro de Miguel del suyo. Quería mirar sus ojos… escucharlo…

Miguel se movió despacio… recorrió lentamente sus facciones con los ojos y luego, con una de sus manos… toco despacio la piel dañada… real… era real y maravilloso…  era tan hermoso… golpeado..  amoratado… inflamado… seguía siendo el que anhelaba tanto… ya había sufrido demasiado… no podía más. Su rostro seguía mojado de lágrimas aunque había dejado de llorar.

-. Te amo…- lo confesó despacio… casi con dolor reconocía que el amor le ganaba a su orgullo y cordura.

Gonzalo reía abrazándolo… su rostro se iluminaba de locura…  lo tomó entre sus fuertes brazos y lo levantó. Miguel se plegó a su cuerpo, ávido de su contacto… sufría al entregarse así pero era peor no tenerlo…

-. Tengo que decirte algo importante- depositó su preciosa carga en el suelo… sin soltarlo. Miguel lo miraba atentamente.

-. Después que te fuiste… te llamé… no me respondiste

Miguel recordó. El teléfono sonaba con una llamada de Gonzalo y él mismo lo destrozaba. Mantuvo silencio.

-. Te llamé porque necesitaba confesarte algo importante

Gonzalo le hablaba de una forma diferente… había en sus movimientos y en sus palabras una ternura especial… estaba dichoso con anticipación esperando la reacción de Miguel ante lo que iba a decirle…

-. ¿Qué era tan importante?

Gonzalo suspiró. Lo tomó de la mano y ambos se sentaron sobre la cama de la habitación… con la mano de Miguel entre las suyas… muy cerca uno del otro

-. Iba camino del puerto… pensando en lo que me esperaba…-

Lo sintió tensarse… todo el cuerpo y los sentidos de Miguel se ponían en alerta… sus ojos se endurecían… intensificó las caricias en su mano.

-. No quiero saber nada de… “eso”- pidió Miguel en voz baja pero con evidente molestia en la voz. Se daba por vencido… aceptaría lo que fuera pero no quería pasar por la humillación de saber ni ver a la esposa. La evitaría todo lo posible. Vio a Gonzalo sonreír y mirarlo con demasiada confianza… había algo en su expresión que lo volvía sospechoso… se quedó inmóvil, escuchando atentamente.

-. Ocho años sin ti… habrían equivalido a perderte para siempre…

La sonrisa desapareció del rostro de Gonzalo dando paso a la seriedad que correspondía

– No pude hacerlo, Mocoso-

Miguel escuchó sin entender… honestamente no supo que escuchaba y se lo dio a entender en su mirada. Gonzalo se acercó un poco más y miró dentro de sus ojos

-. No pude casarme Miguel… me di cuenta que tú eres más importante que todo

Primero fue un silencio total… luego, al entenderlo, una exclamación ahogada escapó de su garganta y sus manos volvieron a cubrir sus labios… ¿Qué estaba diciendo Gonzalo?… ¿era verdad?… examinó sus manos… no había ningún anillo… los ojos muy abiertos… comenzó a llorar… incontrolables sus sensaciones

-. ¿Qué?- su voz era un gemido sofocado

-. No me casé, Miguel… te pertenezco… me perteneces… no me casé

Sentía satisfacción al decírselo… vio como el rostro de Miguel cambiaba…

Miguel cerró los ojos ante la intensidad de lo que sentía… las palabras de Gonzalo repiqueteaban como un eco en su mente… no se casó… no había una esposa… lo había elegido a él… a él!!!… era más importante que todo… era suyo… Gonzalo era todo suyo. La emoción lo sobrecogía… el dolor se deslizaba de su cuerpo… desaparecía… se sentía desbordar de sentimientos hacía el hombre que tenía a su lado…

Se abrazó a su cuerpo con tanta fuerza que lo derribó sobre la cama…

-. ¿No te casaste??!!!… no te casaste.. – preguntaba, afirmaba, repetía… se convencía al escucharlo una y otra vez… era enloquecedor el efecto y la dulzura que producían el sonido de esas palabras.

Gonzalo sonreía mirándolo con una nueva intensidad… también se entregaba y reconocía la importancia que Miguel tenía en su vida…

-. Soy tuyo mocoso… y tú eres mío

Se besaban y se fundían en un abrazo estrecho, sus cuerpos se reconocían… se necesitaban… el calor del deseo surgía rugiendo poderoso para llevarse los impedimentos y dar rienda suelta al desenfreno de la pasión, tanto tiempo contenida…

-. Miguel… eres mío… te amo- su voz cambiaba y se volvía ronca… más profunda… intima – no quiero vivir sin ti

-. Tuyo… mío… – su corazón se sentía liviano… el mundo volvía a ser un lugar extraordinario… aun respiraba agitado pero la felicidad lo envolvía con un manto de dulzura… se atrevió a sonreír…

-Mierda Gonzalo!!!… no te casaste

Volvió a empujarlo hasta dejarlo completamente tendido sobre la cama… su hermoso Gonzalo… en su cama… suyo!!! Miguel quedo sentado sobre su vientre, una pierna doblada a cada lado… lo miraba con lujuria… El deseo irrumpía con inusitada violencia, sacudiendo su cuerpo y robándole el juicio… lo quería ahora… ambos se deseaban… lo leían en los ojos.

Perdían todo el control y se lanzaba con desesperación a asaltar y acariciar el cuerpo de su amado… nada les importó que hubiera más gente afuera… esto era lo más grande de sus vidas… Miguel necesitaba sentirlo…  empaparse de su esencia,  quería tener a Gonzalo en sus entrañas…  deseaba el placer que solo él sabía cómo entregarle… recuperarlo de esta manera trastornaba su sensatez, le robaba la cordura y el sentimiento se transformaba en lascivia. Me eligió a mí!!  repetía en su mente sin cansarse de sonreír… Quitaba los botones de la camisa con celeridad y tironeaba con impaciencia… Gonzalo hacía lo mismo… respiraban agitadísimos… se besaban… desvestían sus cuerpos y se dejaban caricias húmedas y ardientes en cada nueva parte de piel que quedaba al descubierto.

– Perdón Miguel… no supe ver… perdóname

-. Ssshhh… cállate.

Perdonaba… olvidaba… no se había casado y estaba con él…

-. Me estaba volviendo loco sin ti, mocoso… 

Miguel desnudo… ahora si enloquecía… apretaba su carne en sus manos…

-. Creí que te había perdido para siempre…

El más loco de sus sueños se volvía realidad… Gonzalo había venido por él… no se había casado… lo había elegido a él… y ahora estaban desnudos enredados en su cama en el maldito desierto

– Nunca Miguel… te necesito…

– Y yo a ti, Gonzalo…

Había desesperación en la forma en que se tocaban… urgencia en volver a poseerse y entregarse… unir sus cuerpos hasta ser uno solo… cerciorarse de que lo que estaban viviendo era real. Gonzalo invirtió los papeles en un movimiento algo brusco, dejando a Miguel debajo suyo en la cama… el mocoso se volvía maleable en sus manos… estiró sus dos brazos y entrelazó sus manos con las de él… se encontraba perdido en las poderosas sensaciones que lo envolvían… su cuerpo estaba extendido sobre el de Miguel… las rodillas levemente flexionadas le permitían controlar sus movimientos… sus cuerpos se movían sinuosos… muy juntos… sus erecciones se rozaban… sus bocas unidas… abiertas, golosas… abandonados al placer de tocarse uno al otro.

Dejó los brazos de Miguel extendidos y se dedicó a sus piernas… las recorrió con las manos… acariciando… luego con la boca… besaba a la vez que las empujaba y separaba…

-. Déjame hacerte olvidar todo lo malo, mocoso – pedía con cariño

– No lo recuerdes… – solo sentía felicidad

Miguel aceptó… sumiso y rendido… abrió el espacio entre sus piernas, ofreciéndole su cuerpo. Gonzalo se acomodó en medio… su reino… su sueño… su dueño… besaba su pecho y se extasiaba en succionar sus tetillas, hundirse en el exquisito espacio de su cuello… morder despacio la piel del vientre…  lamer el ombligo… toda la piel húmeda con su saliva… suyo… su Miguel… lo escuchaba gemir  deleitándose en la magia de esos sonidos… la excitación se manifestaba en su miembro completamente duro, erecto…

-. Tu tatuaje… –  Miguel deslizaba sus dedos sobre la letra “M” en la cadera de Gonzalo – estas marcado… – sonreía… sus dedos se aferraban posesivos sobre él, besó la cadera, mordiendo… Proclamaba orgulloso lo que hasta hace unas horas era un delirio…

– Solo tuyo…-

Miguel pasaba sus manos sobre esa delicada piel, enardeciéndolo. Continuaba y sostenía en sus manos los testículos… besaba su pene…  lo exploraba a su gusto… Gonzalo era suyo… creía morir del placer… pensó que ya nunca más y aquí estaban… juntos, haciéndose el amor… alucinaba en su propia felicidad.   Los dedos de Gonzalo buscaban la boca de Miguel… la abría y recibía gustoso los dedos para empaparlos en su propia saliva… sabía porque y lo anhelaba… arqueaba su pelvis hacia el cuerpo de Gonzalo…

-. Mío, Miguel– lo miraba serio… enamorado… le decía en sus palabras lo que su cuerpo sentía y deseaba.

Los dedos empapados en saliva encontraron su entrada… Gonzalo estaba consciente del gusto de Miguel por el dolor pero en este momento estaba tan feliz… sentía que un halo de ternura y amor los circundaba…  no quería pensar en dañarlo… lo dilató con paciencia… entrando de a un dedo a la vez… deleitándose en escuchar sus gemidos… Miguel lo buscaba con los movimientos de su cuerpo… lo apuraba… le pedía con la boca sobre la suya… besándolo, chupando…

-. Gonzalo… ahora… ahora mismo, por favor

-. Han pasado muchos días mocoso… voy a dañarte..

Miguel sonrió libidinoso… era lo que quería… su cuerpo ansiaba el amor de Gonzalo pero a la vez precisaba del dolor…

Gonzalo tenía experiencia…  estaba lleno de amor como nunca antes, y quería manifestarlo controlándose…  ternura y atención… pero Miguel apremiaba… le estaba costando mantener el dominio sobre sus actos… lo necesitaba tanto. Fue la mano de Miguel la que sostuvo su pene mientras lo penetraba… intentó hacerlo con cuidado… refrenarse, pero era imposible… Miguel lo presionaba y el gozo de estar nuevamente en su cuerpo era arrebatador…  sentir como su calidez lo envolvía… como sus piernas se cruzaban tras él y lo empujaba hacia su propio cuerpo.  Gonzalo endureció sus músculos en un intento de controlarse… pero era presa del más puro deseo… sucumbió a las exigencias de Miguel y lo penetro con fuerza entrando todo su miembro en una larga y deliciosa estocada… una inesperada corriente de placer lo azotó… Dios!! Miguel se abría para él… lo succionaba y lo reclamaba como suyo… sus piernas lo estrechaban y se fundían el uno en el otro, sintiéndose llenos de amor, se miraban en medio de la pasión… gemían ambos contemplándose… extasiados… Gonzalo lo cogía a un ritmo intenso y arrollador… tal como le gustaba.

-. ¿Cómo pensaste que podríamos vivir sin esto?- se sentía tan bien hacer el amor con él… tan correcto y perfecto

-. No pensé… estaba muriendo sin ti- confesó Miguel

Miguel estaba extasiado… lo sentía dentro… llenándolo, completándolo y volviendo todo magnífico… dolía y era maravilloso… contraía los  músculos internos y lo aprisionaba… el placer lo elevaba… gemía una y otra vez… gotas de sudor en su piel… su miembro era acariciado por los dedos de Gonzalo… de su único amor… tanto placer junto… insuperable… era embestido con estocadas largas y profundas que tocaba el centro mismo del gozo sexual… todo era perfecto… le buscaba la boca… su lengua se hundía en ella… húmeda.. caliente… amaba su sabor… su Gonzalo.

Gonzalo lo apretó contra su piel… sus manos lo sostenían con firmeza… lo amaba tanto… quería borrar todo el daño que le había causado, hacerle saber que nunca más volverían a separarse

-. Te amo… te amo…- repetía susurrando en su oído. El calor se acumulaba en su miembro… amenazaba con romper en una explosión de placer… desencadenar en un orgasmo intenso…

– Gonzalo, mi amor… mi dueño– Las palabras de Miguel musitadas en el medio de la pasión y con sus dedos y uñas aferrados en su piel, terminaron por liberarlos… estallaban en un placer líquido intenso… gemían sus nombres y se quedaban abrazados, derrumbándose el uno en el otro… sudados y cansados… gloriosamente satisfechos.

Los minutos pasaban y no se separaban… Desnudos sobre la cama se acariciaban despacio, mirándose a los ojos…

Miguel tocó las marcas que había dejado con sus golpes…las besó una a una… Gonzalo entendió… no necesitaban más palabras…

– Todas estas semanas sufriendo… creyendo que estabas casado– no era un reproche… estaba analizando lo que había pasado

-. No sabía dónde estabas… me costó mucho encontrarte

-. Pensé que estaba seguro aquí…

Entonces Miguel recordó cómo había llegado a ese lugar… un soplo de inquietud se instaló entre tanta felicidad… no debía olvidarlo… Don Jaime lo odiaba… tragó saliva recordando sus amenazas…

-. ¿Cómo me encontraste?– de una cosa estaba seguro… Don Jaime no había sido el que le indicó donde estaba.

-. Andrei- respondió

Miguel lo miró pidiendo más explicaciones. Gonzalo decidió que era momento de hablar claro. Levantó la cabeza apoyándola en su brazo doblado, y sin quitar su otra mano del cuerpo de Miguel comenzó a hablar seriamente

-. Te siguió cuando te reuniste con mi padre. Sé que él te envió a este lugar… –esperó la reacción de Miguel… le confirmaba lo que estaba diciendo – Quiero que me cuentes que pasó entre ustedes.

 

MIGUEL

Recordé las palabras de Don Jaime… “no quiero que nada interrumpa el matrimonio de Gonzalo”…“Gonzalo no debe saber nada”… “estarías muerto si no fueras de la familia”… “nadie debe saber dónde estás”…”no quiero saber más de ti”. Eran amenazas… mi expresión cambió… ¿sería peor ahora que no estaba casado y me había venido a buscar?… la respuesta me quedó clara de inmediato… sería mucho peor. Gonzalo se dio cuenta en el mismo momento por mi expresión… tenía que contarle, pero la voz de su padre amenazándome no era un juego.

-. Me mandó llamar. Hablamos. Me ofreció venirme a este lugar y dijo que jamás me encontrarías aquí.

-. ¿Qué más?- Gonzalo conocía a su padre…  no quería seguir hablando pero Gonzalo me urgía a que le contara, con su mirada.

-. Supongo que debo agradecer estar vivo… creo que no me quiere mucho y no le va a gustar nada saber que estas aquí – Sonreí con fastidio… Don Jaime iba a ser un problema serio entre los dos… ¿había tomado eso en cuenta al venir por mi?… ¿sabría Gonzalo que tenía registrada toda su vida?… ¿debería decírselo?…

-. ¿Te amenazó, verdad?-

No era una pregunta. Él mismo estaba afirmándolo.  Gonzalo volvió a tenderse a mi lado y su brazo me atraía hacia él. No esperaba lo que siguió a continuación.

– Tuvo un infarto Miguel. Fue mi culpa. Estaba furioso porque no me casé… desilusionado…

Primero fue la sorpresa inicial de enterarme… luego sentí una pena muy grande por Gonzalo… estaba triste y se sentía culpable… ¿estaba vivo Don Jaime?…

-. Gonzalo, lo siento… es tu padre-

-. Lo quiero mucho Miguel… entiendo que tu lo odies pero yo … es mi papá.. he estado con él en casi todo momento de mi vida… es un hombre increíble

Deduje que seguía con vida… pero estaba enfermo y Gonzalo muy triste.

-. No lo odio… Es tu padre

Lo abracé pegando mi cuerpo a él. A pesar de las circunstancias y de su tristeza no pude evitar sentirme dichoso de estar como estábamos… Dios!! En serio había pensado que nunca más…

Nos quedamos en silencio mirando el techo… cada uno pensando en lo que nos esperaba

-. Miguel… no voy a permitir que nada ni nadie nos separe

Le creí. Había mucha seguridad en su voz. No puedo explicar qué sentí… tanto había deseado escuchar esas palabras… pleno de gozo…

-. Si. De acuerdo- tomé su mano y entrelacé nuestros dedos…

– No será solo mi padre… va a haber muchas personas que no te verán con buenos ojos… de seguro tendremos más de algún problema…- volvió a moverse de forma que nuestros ojos se encontraran – pero estoy dispuesto a enfrentarlo todo, si estas a mi lado, pase lo que pase

Lo miré y sonreí con ternura… algo tan raro en mi pero no pude contenerme… era tan lindo escucharlo decir esas cosas… Gonzalo estaba siendo romántico… posiblemente ni cuenta se daba de lo que estaba haciendo y diciendo… ¿dispuesto a enfrentarlo todo?… con garras y dientes… a todo el mundo. Acaricié su mejilla con esa extraña ternura que me estaba brotando… una vez más, estaba tan emocionado que me costaba hablar… sus ojos me miraban con tanto cariño… veía mi propio reflejo en ellos… era como saber que yo estaba dentro de él

-. Vuelve conmigo… nada tiene sentido sin ti

Me estaba preguntando… pidiendo… parecía un Gonzalo diferente pero era el mismo, solo que estaba lleno de amor y alegría… de seguridad y esperanza… el corazón se me hacía pequeño… no me cabía tanta felicidad.

Lo empujé, despacio, de vuelta hacia a la cama y con cuidado subí sobre su pecho y acomodé mi cuerpo… cálido… entrañable… perfecto…  mi lugar favorito en el mundo… era mi forma de decirle que  aceptaba… que caía rendido ante este amor tan grande

-. Si, Gonzalo…  

Gonzalo beso mi pelo y me cruzó el torso con su brazo…  traspasándome su emoción. Cerró los ojos y respiró a sus anchas.

Todo estaba bien ahora. Volvíamos a estar unidos y yo reposaba en el lugar al que pertenecía… sobre su pecho, desnudo, satisfecho y enamorado…

 

REGRESO

El jet aterrizó en la pista privada y en cuanto detuvo su camino, Andrei y Lidia hicieron avanzar el vehículo para recoger a los pasajeros.  Andrei no se había aguantado las ganas de contarle que ambos venían de vuelta. Lidia dejó todo y lo acompañó a esperarlos. Tenía razones para no querer estar en la oficina ese día.

Bajaron muy juntos del avión, no tenían sus manos entrelazadas pero la cercanía entre ellos y su lenguaje corporal los delataban… no les importaba quien estuviera cerca o pudiera verlos… los dos sentían que los días en que su amor era un secreto o necesitaban ocultarse, habían quedado atrás. Ahora iniciaban una nueva etapa.

Lidia se bajó a recibirlos, caminando lo más rápido que le permitían sus altos tacos. Quería abrazar a su hermano y a Miguel… ser la primera en desearles toda la felicidad del mundo.  El poder había obrado maravillas en Lidia, se veía más bonita que nunca con un vestido rojo oscuro ajustado a su cuerpo y su pelo oscuro ondeando en el viento… destilaba elegancia y clase. Extendió sus brazos en cuanto los tuvo al alcance de un abrazo y gritó entusiasmada… primero recibió a Miguel… ambos alegres y  a punto de lágrimas.

-. Estoy tan feliz por ustedes

Lidia lo besaba en la mejilla y lo estrechaba con cariño

-. Lidia… no se casó… me ama– explicaba como un niño pequeño

– Siempre te ha amado Miguel… solo se demoró en entenderlo. Es un cabezota

Reían ambos y volvían a abrazarse.

Luego se volvió hacia Gonzalo… sus ojos se abrieron… su mejilla lucía un moretón… sonrió y miró a Miguel

-. Si… fui yo-  respondió avergonzado pero sonriendo

Lidia rió comprendiendo… estaban juntos y eran brutos. Sus brazos envolvieron a su hermano… era otro. Su rostro estaba relajado y sus ojos volvían a brillar. Rezumaba energía y vitalidad. Gonzalo volvía a ser el mismo de siempre ahora que Miguel estaba a su lado. Poderoso e imparable. Totalmente recuperado.

Se saludaban entusiasmados y olvidaban, por un momento, la nueva carga que traían en el jet. Miguel la convenció de acompañarlos. Quería darle una oportunidad en la ciudad, con ellos.  Karina descendía despacio del avión… su rostro nervioso… jugaba con uno de sus cuchillos pequeños dentro del bolsillo de su chaqueta y en la otra mano sostenía a Sombra.  El tamaño de la ciudad, que vio desde el avión, la había impresionado mucho… pero nada se comparaba con la impresión que le estaba causando la maravillosa criatura vestida de rojo al final de la escalera… irreal… nunca había visto nada tan hermoso en toda su vida…

 

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– Don Lino murió de madrugada- Andrei anunció con voz grave.  Estaban en el vehículo acercándose a la ciudad

-. ¿Y Daniel?- preguntó Gonzalo de inmediato.

– Se fue al puerto anoche mismo- respondió Lidia

– Está con dos de nuestros hombres – lo tranquilizó Andrei.

La mente de Gonzalo funcionaba de prisa. María iba a necesitar del apoyo de su familia ahora… Habría que estar atentos, mantener el control sobre todas las familias.  Las cosas se complicarían para Daniel… Tendrían que asistir todos al funeral…

-. Eso no es todo…- continuó Andrei.

Por el pesado silencio que siguió, Gonzalo esperó que la noticia no fuera buena

– Papá está en las oficinas

Lidia lo miró temerosa. No quiso decir más.

Gonzalo suspiró profundamente. ¿Su padre había vuelto??? Su mano, instintivamente, buscó la de Miguel y la aprisionó entre la suya… miró sus ojos oscuros… se había alterado… estaba preocupado…

-. Todo está bien- cruzó su brazo por detrás de su espalda para abrazarlo y atraerlo hacia su cuerpo- nada nos va a separar, mocoso – dejó un beso en sus labios… no importaba quien o que se interpusiera en su camino… Miguel era lo más importante en su vida.

 

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Cruzaron el umbral del departamento tomados de la mano. Hoy recién comenzaba su nueva vida, la que habían decidido recorrer juntos. Hoy no habría oficina, ni familia, ni amistades, ni teléfono, ni nada… solo ellos dos para iniciar el primer día. Se miraban y sonreían… parecían un par de novios primerizos… se sentían diferentes.

-. Aquí estamos, de vuelta donde empezó todo- Gonzalo lo atrapaba y lo besaba. Miguel respondía a sus besos y buscaba más

-. Fue en el otro departamento… allá empezamos– corrigió Miguel.  La mención del antiguo departamento los hizo recordar todo lo que había sucedido allá… El rostro de Gonzalo expresaba el pesar que sentía al recordar lo que aquello había sido…

-. Miguel… ¿te quedarás conmigo para siempre?

La pregunta le provocó a Miguel un ligero temblor… ¿Dónde más podría estar sino al lado de Gonzalo?

-. Para siempre…  

Esta vez no había un contrato ni cadenas ni obligación… Miguel seguía lo que dictaminaba su corazón y su mente… la vida resultaba imposiblemente desoladora sin Gonzalo. Ahora quería, libre y voluntariamente, quedarse a su lado para siempre. Habían pasado por tanto… experiencias tan fuertes y dolorosas que podrían haberlos separado… pero el amor, porfiadamente, siguió brotando… sacudiéndolos una y otra vez… habían aprendido, en el camino, a valorarse y a respetarse… a superar todas las trabas que tuvieron que enfrentar… el amor creció, terco e inefable, entre ellos y les arrebató la sensatez, la tranquilidad… solo juntos podían sentirse completos ahora. Sabían que aún les quedaba mucho por enfrentar… pero estaban unidos y el amor los volvía poderosos.

-. Te amo… ¿lo sabes, no?- Gonzalo jugaba a seducirlo… Efectivo su juego… Miguel caía…

-. Te amo… también lo sabes, no?- Contestaba con picardía… los ojos brillantes y una media sonrisa en el rostro… una seguridad nueva en Miguel que lo volvía irresistible

Gonzalo lo llevo hasta el dormitorio. Un beso bien profundo e intenso dejó a Miguel tambaleando. Gonzalo se acomodó en el sillón, mirándolo fijamente, serio… la excitación escrita en sus ojos…

-. Quítate todo eso, mocoso…

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