Tanner.

CAPITULO 5 DE LA CONFISERIE.

TANNER

Mi nombre es Tanner. Soy uno más de la gran cantidad de inmigrante que han llegado a este país en busca de mejores oportunidades. Mi hermano y yo cruzamos la frontera  hace unos meses procedentes de Ecuador en un viaje inesperado y desesperado.

El recién cumplió 18 aunque parece un niño de 14. Mika es un  ángel no solo por la dulzura e inocencia de su personalidad sino también por la belleza que eclipsa. Yo sé bien lo bueno e inocente que es. Mika atrae la atención de la gente con solo pararse en una calle. No exagero. Me ha tocado ver como se queda parado en la vereda y la gente se detiene a mirarlo y se acercan a hablarle como si fuera la luz que atrae a las polillas. He tenido que correr a protegerlo cuando lo veo nervioso y asustado.  Tiene la piel muy clara,  los ojos enormes y del más hermoso azul que recuerda el cielo de verano. El pelo claro que enmarca el rostro es liso y largo. Si. Hay personas que lo confunden con una chica porque además es delgado y esbelto. Mi madre decía que se parece a su padre, un ingeniero extranjero, de pelo casi blanco y ojos de mar,  que estuvo de paso por el lugar donde vivíamos.

Yo, en cambio, tengo rasgos nativos muy marcados, pómulos altos, piel aceitunada, ojos oscuros como el carbón, pelo muy negro y liso, contextura recia y musculosa. No hay una gota de dulzura o suavidad en mi aspecto externo.  Nadie cree que Mika y yo somos hermanos ya que somos muy distintos. Compartimos la misma madre pero diferentes padres.

Desearía no haber conocido al mío como fue el caso de Mika.

El hombre que me dio la vida fue un animal desgraciado en todos los aspectos

Mi madre se llamaba Carmen. Era hija única y bastante bonita. Delgada, con suaves curvas de niña, pómulos altos, cejas delineadas, ojos soñadores y pelo oscuro largo y brillante. Siempre fue callada y retraída. Su vida transcurría en un pequeño poblado alejado de las ciudades, ubicado cerca del Amazona, rodeado de frondosa naturaleza y con escaso contacto con la civilización moderna.

En el lugar casi todos se conocían y llamaban por el nombre. Mi madre fue considerada  un bicho raro desde muy chica.   No tenía amigas ni le gustaba salir a juntarse con los demás adolescentes en la plaza de la aldea, como hacían todos los demás jóvenes.

A ella la asustaban los ruidos y rehuía a las personas. Le gustaba deambular en solitario por los alrededores del pueblo y del río, en lugares cargados de naturaleza y animales; se detenía frente a las plantas, las estudiaba y se las aprendía de memoria… recolectaba chontacuros, cangrejos y otros bichos de los cuales se alimentaba junto a algunas hierbas… parecía tener un extraño acercamiento con la naturaleza… como si se estuvieran comunicando.

En ese entonces, nadie entendía aún el porqué de su extraña personalidad.  Lo más que hacía la gente del pueblo era sentir pena por el matrimonio y lamentarse de la hija tan rara que les había tocado.

Asistía por obligación a la única escuela del pueblo dirigida por la maestra Zambrano. Fue allí donde mi padre se fijó en ella cuando aún era casi una niña. Como era la única escuela en decenas de kilómetros a la redonda, se juntaban allí todos los jóvenes, sin diferencias de casta social. Mi padre,  era hijo de uno de los hombres con más poder en aquel pueblo. Era dueño de más tierra, plantaciones y animales que nadie y se creía con autoridad suficiente para tomar decisiones que involucraban a los vecinos. Nada importante se hacía en el pueblo sin consultarle a él y a sus compadres. Era un pedante desagradable y sus hijos iban todos por el mismo camino.  Katari era uno de sus hijos, apenas unos cuantos años mayor que mi madre. A los 17 años se encaprichó con ella de manera obsesiva y mientras mayor era el rechazó de mi madre, él mas se empecinaba en perseguirla y entrometerse en su vida.

Al cabo de unos meses, el padre de Katari se presentó en casa de mis abuelos para hacerles saber que, debido al gran interés de su hijo y a la belleza de la muchacha, les concedía el gran honor de autorizar el matrimonio de ambos.

Los matrimonios arreglados eran costumbre en aquellos días. Mis abuelos vivían preocupados de esta hija solitaria y extraña. Katari era un buen partido y no había razón aparente para rechazar tan buena oferta… Excepto que mi madre tenía solo 14 años y ninguna intención de casarse con nadie. Menos con Katari… En los terribles espasmos eléctricos que se apoderaban de su mente, había visto la maldad del joven y por ningún motivo quería estar cerca de él.

Si.  Mi madre tenía un don especial en su mente y eso era la causa de su aislamiento y extraña conducta; vivía asustada y aislada porque no sabía cómo usar y mucho menos como controlar el don que poseía.  Le bastaba mirar a una persona detenidamente para ver claramente el aura de energía que la rodeaba y poder determinar qué clase de persona era, su estado de ánimo y salud. Entendía inmediatamente a esa persona y eso le daba mucho miedo. Pero eso lo vino a manejar más tarde. Hasta esa fecha, no le había dicho a nadie lo que le pasaba, ni siquiera a su madre. Ella solo sabía con certeza que no quería estar cerca de Katari con su pequeño campo de energía negativa en colores rojo oscuro y mucho menos de su padre, cuya gran aura verdosa y opresora le recordaba una serpiente mala que había visto en el patio de su casa. Ambas personas le producían rechazo visceral así es que cuando supo de las intenciones del hombre y escuchó a sus padres intentar convencerla, se asustó mucho y rechazó de plano cualquier unión.

Mis abuelos querían mucho a mi madre pero no entendían porque la negativa.  Era una excelente oferta… más aún si consideraban lo especial que era su hija.

Mi madre, Carmen, no cedió, pero la respuesta final era decisión de sus padres y ellos terminaron por aceptar. El matrimonio se realizaría en una semana y Katari vendría a vivir con ellos, como era la costumbre del pueblo. Arreglaría la casa y todo estaría mejor. Carmen terminaría por aceptarlo y apreciarlo como sucedía siempre.

Mis abuelos dejaron de enviar a la niña a clases puesto que ya tenía su futuro asegurado y se dedicaron con ahínco a preparar el matrimonio; se trajo chica de yuca y chonta para los invitados, se mataron animales y muchas mujeres trabajaban preparando el festín. Todo el poblado esperaba la fiesta con ansias.  Se casaba el hijo de una familia importante.

La maestra de la escuela, la señorita Zambrano, se presentó en casa de mis abuelos dos días antes de la boda. Ella era una mujer cercana a los 30 años, educada, soñadora, idealista y sacrificada. Deseaba cambiar el mundo, comenzando por la pequeña localidad donde dictaba clases.  Una rareza en el pueblo que solo era respetada por su condición de maestra, su piel blanca como marfil y una personalidad arrolladora en su metro ochenta de altura que la hacía reconocible y temible

Los abuelos la hicieron pasar pero le dijeron que mi mamá no estaba para recibir a nadie… la boda, los preparativos, los nervios… La verdad era que Carmen estaba encerrada en su cuarto desde el día en que todo se oficializó. No hablaba, apenas comía y se quedaba todo el día mirando el techo y llorando. Parecía muerta en vida.

Como la maestra era una pequeña autoridad en el pueblo, mi abuelo tuvo la decencia de ir a preguntarle a mamá, seguro de la negativa.

-. Hazla pasar – respondió ella sin mirar a su padre

La maestra era una de las pocas personas buenas que Carmen conocía. Su cuerpo estaba rodeado de una energía brillante y positiva que variaba desde el celeste intenso hasta el morado, incluyendo el rosado… Carmen no entendía cómo pero sabía que eso era bueno. Se sentó en la cama, débil como estaba, y ensayó una cara tranquila. Se despediría de la maestra antes de morir. Ya lo había decidido. El suicidio era mejor que compartir su cuerpo y energía con la de Katari

Pero entonces sucedió lo increíble. La mujer entró a su cuarto. En dos segundos se dio cuenta del estado de la niña. Cerró la puerta en las narices del abuelo y preguntó directamente

-. ¿Tú accediste a casarte con Katari?

-. No, maestra

-. Entonces te vienes conmigo y no habrá boda

Carmen se colgó de su cuello, lloró de agradecimiento y le relató los hechos. Una vez que empezó a hablar no pudo detenerse. Por primera en su vida compartió con alguien lo que le sucedía y como es que sabía con certeza que el chico que decía amarla y su padre eran malos.

La maestra la escuchó con asombro. Alguna vez había leído algo sobre el aura…  el don de la niña era casi un milagro. Entendió entonces el porqué del raro comportamiento de Carmen.

-. Tienes un don valioso, niña. Vamos a aprender a usarlo en tu beneficio.

El escándalo duró semanas. Mis abuelos la negaron como su hija y le cerraron las puertas del hogar y de su corazón. Varias personas pedían la cabeza de Carmen junto a la de la maestra. Algunas familias dejaron de enviar los niños a la escuela y otras retiraron su apoyo para materiales y útiles.

Pero la señorita Zambrano permaneció firme dando asilo a mi mamá en su propio hogar dentro de la escuela. Ahí, en Carmen, podía realizar todos sus sueños frustrados y convertirse en la heroína idealista que siempre había soñado ser; no podía con todos los niños del pueblo pero al menos a Carmen la protegería.

Llovía torrencialmente esa noche y fue por eso que no escucharon a los hombres entrar hasta que estuvieron encima de ellas. No había electricidad así es que la Srta. Zambrano nunca supo quienes fueron los desgraciados que las violaron y golpearon repetidas veces. Carmen, a pesar del terror, los golpes y el dolor del momento, podía decir con toda claridad el nombre de cada uno de ellos, en particular, el nombre de los dos hombres que la violaron y golpearon a ella: Katari y su padre. Conocía esas auras muy bien y si antes la asustaban ahora la aterraban.

Lloraron todo el resto de la noche. Golpeadas, violadas y abandonadas a su suerte.

La escuela permaneció cerrada más de una semana y todos pensaron que tendría que pasar un buen tiempo antes de encontrar otro maestro dispuesto a venirse a este pueblo perdido entre la vegetación y los pantanos.  Dieron por hecho que la maestra se iría. Pero se equivocaron.

Al décimo día, la señorita Zambrano abrió las puertas de la escuela y reanudó las clases con la frente en alto, erguida sobre su metro ochenta y desafiando con la mirada a quien se atreviera a mirarla feo. Ella y mamá habían pasado cinco días llorando y otros cinco días viajando de ida y vuelta a la ciudad, donde la Srta. Zambrano gastó sus ahorros en ser revisadas por un médico de verdad, comprar dos revólveres y una escopeta y visitar la biblioteca donde leyeron y adquirieron todo el material que encontraron sobre parasicología y el aura.

Los alumnos volvieron de a poco. Algunos nunca más aparecieron en las aulas. Carmen sabía bien porque no llegaban.

Nueve meses después, mi madre me dio a luz. Nunca dijo ni avisó a mi padre de su embarazo o del nacimiento.  Mi madrina fue la señorita Zambrano y el lazo de comadres entre ellas las volvió parientes, amigas y aliadas incondicionales de por vida.

Mi madre se mantenía alejada de la vista de las personas del pueblo. Generalmente estaba dentro de la casa y solo salía cuando las clases habían terminado y el recinto quedaba vacío. Pasaba horas admirando y cuidando  de mi. Ella pensaba que yo tenía el aura más pura, luminosa y hermosa que había visto. Era una energía diferente a todas lo que conocía, singular y asombrosa, que hacían de su hijo un ser único y diferente. Poseía varios tipos de colores aunque predominaban el turquesa y violeta con toques rojos y blancos; a veces asomaba intensamente un brillo rosado respaldado por suaves violetas.  Su hijo era perfecto y nunca se cansaría de mirarlo y amarlo.

Me llamó Tanner sin ninguna razón en particular.

-. Suena poderoso y fuerte – le explicó a la maestra.

La primera vez que mamá experimentó la fuerza que yo poseía lloró de la emoción.  Yo tenía unos 5 meses apenas y estaba colgado de su pecho; chupaba entusiasta y le sonreía con los ojos. Cuando ella hubo terminado de alimentarme intentó despegarme de su pecho pero mi pequeña mano se posó sobre su seno y ella sintió que no podía moverse…

-. Tanner…- murmuró asombrada.

Mi energía se extendía hacia ella a través de mi mano en su seno… no es que la hubiera inmovilizado y resultara aterrador… no… era más bien como si la estuviera sujetando dulcemente y llenando de alegría.  Ella supo que no era su imaginación. Su niño era capaz de comunicar energía a través de sus manitos. Me abrazó protectora. Era un gran regalo el que recibía en ese pequeño ser que era yo. Decidió en ese instante que me amaría y protegería por sobre todas las cosas.

A pesar de haber pasado poco menos de un año, poco quedaba en mi mamá de la niña tímida y silenciosa. Ahora era madre de un hijo, sabía cómo disparar un arma para matar, entendía  mejor lo que pasaba en su mente con su don y se había vuelto una fiera peligrosa para quien se atreviera a acercarse.

Yo crecí protegido y aislado; mi madre me enseñó sobre las hierbas y la naturaleza; la Srta. Zambrano me enseñó música y arte. Solo éramos los tres contra el mundo pero no necesitábamos nada más y estábamos bien.

Cuando tenía tres años descubrí más cosas que podía hacer con mis manos; estábamos terminando de cenar en la mesa de la cocina. Quise beber agua pero el vaso estaba demasiado lejos de mi alcance y ellas estaban ocupadas escuchando el programa de la radio… así es que simplemente estire mi mano expandiendo mi energía brillante para envolver el vaso y tirar de él hacia mi mano. El vaso se movió por la mesa unos quince centímetros. Sentí la mirada de las mujeres cuando me llevé el vaso a la boca.

-. ¿Lo sabías? – preguntó la señorita Zambrano mirando a mamá

-. Si

-. Habrá que enseñarle a manejarlo

-. Lo haremos

Volvieron su atención al programa de radio.

Cuando comencé a asistir a clases, mi mamá empezó a ayudar a su comadre con los niños más pequeños en la escuela. Eran todos almas luminosas y puras… se sentía bien entre aquellas corrientes de energía limpia y positiva.  Los chicos la amaban a ella también… aunque su hijo destacaba como diferente entre todos ellos…La luz que yo irradiaba tenía colores distintos a los demás niños, como si en mi se hubieran mezclado hombre y mujer, fortaleza y sensibilidad. Carmen sabía que tenía un hijo distinto y era un regalo especial que cuidaba mucho. Sin embargo, yo era tranquilo, callado y obediente y no le daba problemas. Ella mantenía en secreto lo que sabía y me enseñaba a ser sabio y prudente. No podía hacer volar lápices delante de los demás niños porque iban a asustarse. Lo entendía y no lo hacía.

Un día uno de los pequeños alumnos de mamá cambió notoriamente el color de su aura; ya no tenía una línea de energía continua rodeándolo sino que había parches vacios y oscuros alrededor del pequeño y aunque se veía sano, ella sabía que estaba enfermo y grave. Mamá se lo comunicó a la maestra Zambrano quien, a su vez, lo comunicó a la madre del pequeño.  Por supuesto nadie le creyó y solo acudieron a verla días después cuando el niño estaba muy enfermo y a punto de morir.

-. Debe tomar estas hierbas y cataplasmas de esta otra – dijo mamá interrumpiendo la conversación entre la maestra y la madre del chico- necesita el sol del amanecer y beber jugo de pitajaya… y  será mejor que me lo traiga.

La madre del niño enfermo estaba desesperada y siguió las indicaciones. Llegó con el chiquillo lánguido y afiebrado. Mi madre me llamó con la mirada y yo entendí nada más ver la energía rota alrededor del muchachito a pesar de mi corta edad. Sentí mucha pena pues imaginé que aquello debía doler. En la privacidad del cuarto de mi mamá, le pedí que abriera la ventana y fui captando, con paciencia, la mejor energía que mis manos podían mover para parchar los baches en el aura del chico y limpiar lo que se veía opaco y deslucido. Era una tarea cansadora y agotaba mi energía, pero fue satisfactorio ver el cambio casi de inmediato

El chico mejoró. La voz se corrió de prisa. Carmen sabía cómo vencer a la muerte.

Ese fue el primer “paciente” que mi mamá tuvo. A partir de ese momento, el don que poseía y que tan celosamente había ocultado, se convirtió en su forma de ganar dinero y hacerse un lugar importante en el pueblo. Todos querían su ayuda. No había medico en esa zona y acudían a ella para sanarse.

Al par de años de tratar enfermedades y recibir elogios y cariño, ella comenzó a sentirse segura y respetada, dejó de estar escondida y volvió a salir cerca del río y a aventurarse en la selva en busca de las plantas y hierbas que necesitaba para sus brebajes y cataplasmas. Yo la acompañaba y me sentía orgulloso de ayudarla y bajar con la energía de mis manos las ramas altas de los árboles para que mamá recolectara lo que necesitaba. Éramos un buen equipo. Ella me hablaba de luces y colores y yo entendía de inmediato. Había heredado su don y me explicaba cómo usarlo.

Una tarde de esas, mientras estábamos cerca del río, le pedí que me explicara por qué mis manos se sentían calientes y tenían más luz de lo normal. Mamá me observó atentamente, cerró los ojos y pudo ver la energía siendo canalizada a través de ellas.

-. Tienes manos poderosas que mueven energía. Puedes limpiar a las personas o puedes dañarlas. Debes tener cuidado siempre con lo que hagas con ellas.

Mucho tiempo después vine a entender qué había querido explicarme.

Había personas en el pueblo que nunca le perdonaron a Mamá lo que había hecho a Katari y a la familia.  El rencor que sentían fue aumentando a medida que ella se volvía importante y más gente acudía a verla y la respetaban.

Carmen lo sabía pero los ignoraba… de la misma manera en que ignoraba y se alejaba de todos quienes tuvieran un aura negativa o malvada.

La vida retomaba un curso calmado. A los 23 años, mi madre experimentaba estabilidad por primera vez. Su belleza estaba en pleno apogeo y los hombres del pueblo la admiraban y temían de igual manera. Nadie se acercaba a ella ya fuera por temor a represalias de Katari o a los dones de la mujer

El grupo de hombres venía de un país muy al norte y llegó al pueblo para ayudar en la construcción de una central hidroeléctrica.  La mayoría eran extranjeros, blancos, altos y rubios. Las mujeres jóvenes del pueblo rápidamente comenzaron a revolotear cerca de ellos provocando la molestia de los hombres locales.

Carmen conoció a Mikhael el día en que sus amigos llegaron cargándolo, desvanecido, deshidratado y con un horrible cuadro de disentería. Ella conocía la hierba exacta para sanarlo… pero no conocía la forma de curarse del impacto que conocerlo le provocó. Tenía un aura limpia y brillante y una apariencia de Dios escandinavo.  El extranjero, en medio del desvarío causado por la enfermedad creyó que Carmen era un ángel hermoso.  Mikhael volvió al día siguiente, y al siguiente y también al que vino después. Cada día traía una sonrisa casi tan luminosa como su aura que se unía a la sonrisa recuperada de mi madre.

Fue un nuevo escándalo y condena social cuando se supo que Carmen había aceptado al extranjero en su cama y peor aún cuando el hombre se fue de vuelta a su país y a ella comenzó a crecerle la barriga. Meses después, daba a luz a un hermoso bebé de cabellos casi blancos y piel pálida aterciopelada.

-. Es tu hermano. Se llama Miguel Ángel pero le diremos Mika

Era el nombre con que ella llamaba a Mikhael. Amé a mi hermano en cuanto lo vi. Era, ya entonces, la cosa más bonita que había visto en mi vida. Mi corazón se sintió conmovido al ver su aura pura y reluciente… pasaba horas admirándolo y calmaba cualquiera de sus llantos o molestias con solo acariciarlo con mis manos.

Mi vida no cambió con la llegada de Mika.

El cambio se produjo con la llegada de Luis.

Su familia se había mudado cerca del pueblo y él comenzó a asistir a la escuela cuando teníamos 10 años. Luis tenía la piel aceitunada y suave, los ojos achinados y sonrientes y una personalidad muy tranquila. Lo que más me llamó la atención al verlo sentado silencioso en un rincón del salón de clases, fue la exquisita composición de su aura…  nunca había visto a alguien tan hermoso… brillaba en todos los tonos de morado, rosado y fuscia y era fascinante… pero de vez en cuando, su aura parecía encenderse y crecer y mostraba un halo completamente blanco decorado apenas con unos discretos brochazos horizontales de color morado que no había visto nunca en nadie más… era como si una fuerza de pureza y amor le brotara directamente del centro de su ser… no sabía quién era ni porque estaba en el pueblo pero me  atraía de manera irresistible y tenía que conocerlo. Luis era pura bondad y sensibilidad. Vi de inmediato que él necesitaba ser protegido porque la dulzura y la gentileza eran parte de su naturaleza y jamás sería capaz de atacar a nadie ni siquiera para defender su vida.

Contra mi costumbre de mantenerme alejado de todos en general, fui derecho hacia Luis el mismo día que llegó. Lo hice con toda confianza, atraído por las emanaciones de luz blanca surcada de violeta y sabiendo que jamás me haría daño.   El sonrió y me recibió con una sonrisa.  Fue el inicio de una gran amistad. Nunca más volvimos a separarnos. Cuando mi madre nos vio juntos, se emocionó y le dio la bienvenida a Luis;  dijo que nuestras auras eran gemelas y que estaríamos bien juntos.  Nos dejó andar tranquilos por todas partes sin preocuparse demasiado. Mamá y yo teníamos una especie de línea de comunicación directa entre su energía y la mía. Ella siempre podía sentir cuando algo me pasaba y ahora sabía que yo estaba bien. Luis y yo nos acostumbramos rápido a la mutua compañía. Nunca había tenido un amigo pero él se integró a mi vida como si hubiera estado conmigo desde siempre.

Pasábamos las tardes cerca del río, cazando bichos, tejiendo canastos, recolectando frutos, hierbas y chontacuros para mamá, bañándonos y disfrutando del sol y la naturaleza. Nadábamos sin ropa en el rio y no nos incomodaba la desnudez de nuestros cuerpos… no al menos hasta que cumplimos catorce años

Yo me había desarrollado bastante, era musculoso y fuerte, el más alto de toda la clase y por eso los chicos no me molestaban; mi cuerpo, acompañado de la seriedad de mi rostro, los atemorizaba.  Luis no había crecido tanto en altura pero su cuerpo había adquirido formas nuevas y delicadas… sus ojos eran suaves, su pelo oscuro y largo como el mío y su sonrisa me conmovía por la alegría y bondad que reflejaba… a mis ojos era hermoso.

Durante breves meses del año el tiempo no nos permitía disfrutar del río debido a las lluvias y al descenso de las temperaturas. En esos días Luis y yo nos quedábamos en casa, cuidando de Mika, terminando los canastos o aprendiendo música en el piano de la señorita Zambrano. Cuando estábamos aburridos nos divertíamos viendo como la energía de mis manos me permitía inmovilizar moscas y otros bichos pequeños. A veces, por diversión, cambiaba los objetos de ubicación en la sala y me divertía esperando a que Luis y Mika adivinaran que había movido.

Ocasionalmente mamá me pedía que “viera” uno de sus pacientes. Yo sabía que eso significaba acomodar con mis manos las luces que rodeaban a la persona y que generalmente estaban opacas y deslucidas. Solo tenía que tomar energía buena del aire y ubicarla dentro del campo de energía de la persona enferma. El cambio se producía en forma casi instantánea y la persona se recuperaba con mayor rapidez. No me molestaba hacerlo porque ella me lo pedía y yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por mi madre pero quedaba extenuado y necesitaba descansar por horas para reponerme. Además, cada vez que usaba mis manos para equilibrar a una persona, mamá recibía muchísimas más personas en los días siguientes y muchos de ellos llegaban preguntando directamente por mi.  Mamá me negaba. Solo acudía a mi cuando el caso verdaderamente lo justificaba.

Cuando el buen tiempo llegó, Luis y yo volvimos al río a bañarnos. Habíamos descubierto un lugar favorito que sentíamos como nuestro; escondido entre la frondosa naturaleza había un pequeño claro rodeado de altos árboles, con troncos caídos cubiertos de musgo, arbustos aromáticos, helechos y, en primavera, flores amarillas y azulosas.

Me quité la ropa como siempre y, desnudo,  me giré hacia Luis esperando por él para ir a nadar. Se había quitado la parte superior pero estaba dudando respecto de sus pantalones… me causó risa y ternura ver como sus luces vibraban nerviosas cuando lo miré y el cintillo de color blanco y líneas violetas se ensanchaba. Le pasaba casi siempre cuando estaba conmigo.

-. No me mires – dijo muy despacio agachando la cabeza y escondiendo sus ojos

-. Por qué no? – indagué sorprendido. Luis y yo éramos como uno solo

–  Porque tú puedes ver todo – respondió aún más bajo

-. Y que es lo que no quieres que vea?

La vibración en su aura era maravillosa… cimbreaba alrededor de su cuerpo brillando con locura… estaba radiante y cálida… era una invitación… quería tocarla porque podía intuir como iba a sentirse de bien… así es que sin hacerle caso me acerqué, estiré mis manos y lo abracé uniendo mi tórax a su espalda. Su luz se extendió alcanzándome y uniéndose con la mía para formar una sola aura. Sentí como si alguien me hubiera quitado el aliento…sensaciones placenteras hormigueaban por mi cuerpo y Luis era la causa de ello. No quería soltarlo aunque él se veía incomodo

-. ¿Qué te pasa? –pregunté confundido

La luz vibro de nuevo como si respondiera al estímulo de mi voz…  Luis se giró despacio con los ojos casi llenos de lágrimas. Sus manos intentaban ocultar la erección que se adivinaba fácilmente y la vergüenza que eso le causaba. No solo mi luz se estremeció al verlo sino que todo mi cuerpo. Era tan bonito… como una de esas pinturas antiguas que había en el libro de la señorita Zambrano

-. ¿Por qué no quieres que vea esto? – pregunté posando mi mano sobre la dureza de su entrepierna y buscando sus ojos que seguían mirando al suelo. No sabía cómo entenderlo. No me alcanzaban mis conocimientos para imaginar que su erección pudiera significar algo malo. Al contrario, yo ya había sentido parte de mi despertar sexual y cuando mi miembro de ponía duro como ahora, pensaba en Luis, en su cuerpo y no me parecía malo sino hermoso. Forcé su desnudez quitando el pantalón. Quería sentir en mi mano la suavidad de su miembro. Sin dudarlo, comencé a acariciarlo sabiendo el placer que eso le ocasionaría… me sorprendió el cambio que se produjo en su aura…  la luz refulgía brillante como nunca y se extendía por sí sola para abarcarme… al principio pensé que Luis podía manejar su energía como hacía yo, pero más tarde aprendí que es un acto reflejo que le sucede a todas las personas durante el placer y el orgasmo… su luz se activa como si le aplicaran una carga extra de energía, envuelve a la persona con quien comparte su cuerpo y a veces, solo a veces, cuando hay amor, las energía se unen y se vuelven poderosas sanando cualquier imperfección en el aura.  Luis era un ser hermoso y luminoso durante el sexo. Su energía se unía con la mía… la luz blanca crecía de tamaño y las curiosas líneas violetas me envolvían causándome una increíble sensación de bienestar y felicidad…  Luis era maravilloso y yo deseaba conservarlo a mi lado toda la vida, cuidarlo y amarlo por siempre.  Estaba enamorado por primera vez.

Fue la primera vez que nos tocamos… el inicio de un cambio en nuestras vidas que nos abrió la puerta al mundo del placer sexual.  Tocarnos, deslizar mis manos por su cuerpo para sentirlo, masturbarnos, darnos placer con caricias… se convirtió en una obsesión que disfrutábamos a diario. Buscábamos nuestro lugar cerca de río y pasábamos horas contemplándonos, riendo y acariciándonos… nos acompañaba el constante sonido del agua deslizándose en el río, los animales y aves de la selva, la brisa, el sol… él y yo en medio de un paraíso de lujuria y alegría.

Después de varias semanas aprendimos que podíamos usar nuestras bocas para darnos más placer…  descubrimos como besarnos y fue hermoso… los besos bajaron de nuestras bocas a nuestros genitales… conocíamos una nueva forma de complacernos y perfeccionábamos el aprendizaje con mucha práctica…

No recuerdo una época de mi vida en que fuera más feliz que aquel tiempo en que aun éramos inocentes y pasábamos los días amándonos en el lugar que creíamos privado y nuestro.  Su cuerpo era mío y el mío era suyo.. nos entregábamos sin reservas.

Una tarde de aquellas, luego de habernos acariciado largo rato, iniciábamos el proceso de masturbarnos mutuamente para llegar al orgasmo… Luis brillaba con sus colores hermosos y yo sentía la caricia de su energía en mi piel… No sé que me impulsó a hacerlo pero tenía la seguridad de que resultaría bien. Puse mis manos a centímetros de su pene erecto y pase energía a través de ellas directamente sobre su miembro. Luis me miró asombrado ya que de inmediato sintió algo. No sabía qué estaba haciendo yo pero él podía sentir una descarga de placer diferente en su cuerpo y en su pene, más intensa y profunda, que lo llevó a arquear su cuerpo, liberar su semen en grandes chorros y derramar lágrimas en sus ojos. Me asusté pensando que lloraba porque lo había dañado pero cuando se calmó me explicó que lo que yo había hecho era lo mejor que había sentido en su vida… lo más hermoso y perfecto. Cerró su declaración abrazándose a mi y jurándome que era feliz conmigo y que nunca nos separaríamos.  Sonreí. Yo también era feliz con él.  La vida era bella. Mamá estaba bien, Mika era un niño hermoso y sano y hasta la Srta. Zambrano andaba feliz.

Fueron años apacibles que vivimos aislados en nuestro pequeño mundo selvatico, disfrutando de paz y alegría, cariño familiar y de pareja… pero de pronto todo comenzó a cambiar.

La primera vez que descubrí trazos oscuros en el aura de Luis no me preocupé porque eran solo un par de manchitas que desaparecieron cuando reparé el daño con mis manos. Le sucedía a cualquier persona con un resfriado o un malestar pasajero o mucho cansancio.

Días después volví a verlas y nuevamente hice lo mismo sin comentarle nada para no preocuparlo. El estaba sano y alegre como siempre. Su luz blanca y violeta me envolvía con más fuerza que nunca cuando nos amábamos

El día que todo cambió definitivamente se suponía sería un día feliz.

Esa tarde era especial. Mika cumplía 17 años y mamá siempre celebraba el aniversario de nuestro nacimiento.

Mika había crecido muy hermoso. A mi lado se veía delgado y más bajo pero su pelo claro, su bello rostro y sus ojos de cielo llamaban la atención mucho más. Era dulce, tímido y suave.  Mi hermano era un ser de luz. Su aura era limpia, brillante y más grande de lo normal. Las personas se doblegaban ante su belleza sin que él tuviera que hacer mucho más que mirarlos. A veces me preguntaba si no pasaba eso porque la energía que Mika irradiaba se extendía más de lo normal y alcanzaba a tocar a las personas. Sin darse cuenta, mi hermano “conectaba” con quienes estaban cerca y su luz tan cristalina, suavizaba los sentimientos de los demás. Todos tenían siempre una palabra amable para saludarlo y hablarle. Mika contestaba con timidez pero siempre respondía.  Mi nombre no lo recordaba nadie pero el de Mika se lo sabía todo el pueblo. Su timidez le impedía establecer relaciones cercanas con amigos de su edad pero a él no parecía importarle ya que pasaba horas enfrascado en los libros que la Srta. Zambrano conseguía para él.

Mamá, Luis y yo esperábamos en casa a que Mika y la maestra terminaran las clases para cenar juntos y celebrar cuando, de pronto, escuchamos un griterío inusual en el patio de la escuela. Corrimos afuera de inmediato y vimos a varios chicos del curso superior que habían comenzado una fuerte discusión a gritos. El resto de los estudiantes también salieron al patio a mirar. Mika estaba entre ellos y miraba asustado como los chicos habían comenzado a trenzarse a golpes. Las peleas eran habituales en el poblado pero no ese nivel de agresividad. Mamá corrió a detenerlos. Mas chicos se iban sumando a la pelea y algunos de ellos sacaron filosas navajas y otros tomaron piedras del patio y las usaron para golpear. En solo unos minutos la discusión de los adolescentes se transformó en una amenaza para la vida. Mamá gritó horrorizada cuando alguien la empujó y cayó al suelo. Mientras yo corría a ayudarla sentí un poderoso llamado de auxilio que no era una voz ni tampoco era de mi madre. Lo sentí vibrando en el aura… Me detuve bruscamente y me volví buscando su procedencia;  a un par de metros de distancia, dos chicos habían empujado a Mika a tierra y uno de ellos tenía la mano en alto con una piedra que planeaba descargar sobre la cabeza de mi hermano mientras el otro lo sujetaba contra el suelo. Sentí desesperación, furia y miedo en la misma medida. Grité, corrí, rugí… sentí que salía de mi cuerpo en mi apuro por salvarlo… mi pequeño hermano…  levanté los brazos y una energía que me quemaban pasó a través de las palmas de mis manos en dirección a los chicos… sentí se me iba en ellas es alma… como si estuviera arrojando una parte de mi ser. El chico que amenazaba a Mika con la piedra salió disparado en el aire como si  lo hubieran empujado con fuerza una fuerza invisible y chocó estrellándose contra la pared de la escuela unos metros más atrás. Su cabeza sonó como una fruta madura que se revienta y comenzó a emanar mucha sangre… cayó al suelo inconsciente. El chico que sujetaba a Mika cayó de espalda liberando a mi hermano.

Repentinamente todo era silencio y los ojos de todos estaban sobre mi.

-. Mika – balbucee llegando a su lado apenas

-. Estoy bien

Quise ayudarlo a levantarse pero no pude… Había usado hasta la última gota de mi energía y me sentía débil…  Luis llegó hasta nosotros y nos ayudó a ambos.

La voz de la señorita Zambrano, que había intentado inútilmente detener la pelea, irrumpió el silencio con que todos me seguían mirando… muchos de ellos con miedo

-. Lleva a Mika a la casa – me ordenó-   Carmen, ayúdame aquí –  Ella y mi madre atendieron al muchacho que mi energía había hecho volar – ustedes, a la sala de clases y en silencio

Todos se movieron dejándonos espacio para que pasáramos. Nadie quería tocarnos.  Llegué a mi cama a duras penas… perdí el conocimiento en cuanto toque la almohada con mi cabeza. Estuve durmiendo más de 24 horas seguidas y cuando despertaba, mamá me alimentaba como si fuera un bebé porque no tuve fuerza para hacerlo por mi cuenta en varios días.

Me recuperé totalmente al cabo de una semana. El enorme gasto de energía me había debilitado y pudo causarme la muerte, Mamá dijo que mi corazón apenas latía, que mi aura estuvo opaca y muy pequeña durante algunos días pero de a poco se fue recuperando. Era necesario que despertara y me repusiera. Teníamos problemas serios.

El muchacho que intentó atacar a Mika llevaba varios días muy grave. Agonizaba a causa del golpe en su cabeza que se había hinchado muy grande. Mamá quiso ir a verlo y ayudar pero fue recibida con insultos y hasta recibió algunos golpes. Solo la intervención de quienes la conocían, porque los había ayudado, la salvó de ser linchada por los familiares y amigos del chico que estaban enfurecidos y me llamaban engendro del demonio. Decían que yo estaba poseído por fuerzas oscuras, que era pura maldad y peligroso, proferían amenazas contra mi y toda mi familia. De pronto los dones de mi madre eran diabólicos;¿ cómo era posible que una misma mujer diera a luz dos hijos tan diferentes?… seguro había intervención del diablo en persona  y eso que ella hacía para sanar tenía que ser muy malo…una bruja… una hechicera… El rumor circuló de prisa por el pueblo. Cuando Katari lo escuchó sonrió con malicia. Dijo que él siempre lo había sospechado y que por esa razón no se había casado con ella. Seguramente era la mujer de un demonio y yo era el engendro de ambos. Su declaración encontró acogida en la ignorancia de las personas del pueblo.  Me convertí en indeseable y peligroso. Una amenaza para todos.

Mientras yo permanecía dormido reponiéndome, la gente del pueblo había arrojado piedras a nuestra casa e intentaron entrar para sacarme. Mamá y la maestra Zambrano tuvieron que hacer uso de las armas que habían comprado años atrás para repeler a los atacantes. Los disparos al aire los ahuyentaron pero los dejaron más enojados aún. Mi mamá y la Srta. Zambrano se turnaban para dormir y una de ellas siempre permanecía despierta vigilando con un arma que nadie se acercara a la casa.

-. Por fin estas mejor. Tenemos que salir de aquí – dijo la Srta. Zambrano al verme despierto

-. Pero.. nos iremos nosotros, comadre. Usted tiene su escuela y.. –mi mamá no quería arruinarle la vida a la maestra.

-. Nadie viene a la escuela. Todos tienen miedo – respondió ella molesta y ocupada en llenar un bolso

-. Volverán cuando mis hijos y yo nos vayamos – dijo mamá decidida

-. Nadie se va sin mi!!! – gritó la mujer-  Somos una familia. No quiero quedarme entre estas personas. ¿Cómo crees que podría vivir lejos de mis niños?- reforzó la frase abrazando a  Mika que era su consentido – Nos iremos de aqui. Yo sé manejarme en la ciudad. Debemos partir cuanto antes, esta misma noche. Nadie nos va a llevar en micro asi es que tendremos que caminar. Es un viaje largo pero estaremos bien.

La Srta. Zambrano nos amaba a mi hermano y a mi como si en verdad nos hubiera parido ella misma. Mi mamá era su hermana de corazón y su amistad tenía bases sólidas como roca de granito.

Comenzaron a empacar las cosas más esenciales. Mika ayudaba a las mujeres. Yo apenas recuperaba mi energía pero sabía que no podía irme sin ver a Luis… tenía que convencerlo de que se fuera conmigo. No podía pensar en una vida sin él.

-. Debo ver a Luis – dije sentándome en la cama y sujetándome la cabeza… estaba débil

-. Ni se te ocurra. Le han prohibido verte. Es peligroso salir

-. Tengo que hablar con él, mamá. Por favor

Ella estaba totalmente cerrada pero yo no daba mi brazo a torcer. Tenía que verlo

-. Iremos cuando empiece a oscurecer – dijo ella finalmente – y ni me digas que vas a ir solo. Irás conmigo

Volví a caer en la cama… en la noche vería a Luis… mamá me acompañaría a su casa.. nos íbamos del poblado… la gente nos odiaba… todo cambiaba demasiado de prisa

Salimos por la parte de atrás y nos desviamos del camino principal de inmediato. Nos habíamos vestido con ropa que nos cubría casi completamente y caminábamos de prisa, con la cabeza gacha. No nos cruzamos con nadie camino a la casa de Luis en las afueras del pueblo. Mamá me repetía que su familia no quería que lo viera pero yo no quería creerlo. Sus padres siempre me habían hecho sentir querido. Ella fue conmigo hasta la puerta de la casa. La madre de Luis abrió y se largó a llorar en cuanto me vio

-. ¿Por qué le hiciste daño a mi Luis? – me preguntó muy triste – No que tú eras su amigo?

-. ¿Dónde está? Quiero verlo

-. No. Aléjate de él. Estás maldito. No vas a verlo nunca más – respondió el padre desde dentro de la casa. El hombre se paró delante de mi impidiéndome el paso.

Me asusté. Quería ver a Luis. Estaba dispuesto a entrar por la fuerza si era necesario pero Luis apareció en aquel instante…   De todo lo malo que había pasado en pocos días, ver a Luis en ese momento fue lo peor… caminaba afirmándose de las cosas como si fuera a caerse en cualquier momento, estaba muy delgado y ojeroso… había perdido el color, sus labios resecos y su voz muy bajita… el verdadero miedo me golpeó al ver su aura… era muy pequeño el círculo alrededor de su cuerpo, estaba completamente rota y llena de grandes manchones oscuros. Empujé a sus padres y me abrí camino hasta él

-. ¿Qué te pasa? – lo abracé. Su olor era diferente… Luis estaba muy enfermo y necesitaba de mi ayuda

-. No tengo claro que me pasa pero sé que no fuiste tú – me sonrió con tristeza

-. Claro que fue él – gritó su madre – ya viste que casi mata al hijo de doña Elvia

-. Pero si no lo tocó, mamá. Tanner no le hizo nada. Yo estaba ahí

-. Ya no lo defiendas. Este chico tiene tratos con el demonio. No necesita tocar para matar

Confieso que sus palabras me dolieron… no imaginé que el odio y la ignorancia llegaran a tal nivel en gente buena… me repuse de prisa. Entre tanta urgencia, ayudar a Luis era imperativo. Tenía que reponer la energía de su aura y buscar ayuda mayor. Yo solo no bastaba para arreglar lo malo que él tenía.  No quería hacerlo frente a sus padres. Ellos podían malinterpretar cualquier cosa que hiciera.

-. Necesito hablar con él. Será solo un segundo, señora

-. NO. NO puedes… – pero Luis y yo nos alejábamos hacia su dormitorio.

-. Mi hijo jamás dañaría a Luis – escuché a mi madre mientras nos alejábamos

-. Estas enfermo. Debes ver a un médico de verdad

-. Solo estoy cansado. Me asusté mucho al verte enfermo a ti

-. NO. No entiendes. Yo sé que estás enfermo. Prométeme que irás a la ciudad y veras a un doctor.

Luis abrió mucho los ojos. El creía todo lo que yo le decía y le estaba expresando mi preocupación con todo mi cuerpo y mi voz

Asintió finalmente

-. Iré a verlo.

No pude responderle. De pronto entendí que no podía pedirle a Luis que viniera con nosotros porque tenía que recuperarse. La Srta. Zambrano había dicho que iríamos a la ciudad por caminos poco transitados y bordeando el río. No sería un viaje rápido en bus ni tampoco sería fácil.

-. Luis. Voy a irme del pueblo pero volveré a buscarte cuando estés bien

Me miró como si nos estuviéramos despidiendo para siempre

-. No. No hagas eso. Dije que volveré a buscarte

-. ¿Me lo prometes?

-. Por mi vida, Luis. No quiero estar sin ti.

-. Te seguiré a donde sea. Podemos trabajar. Yo te ayudaré – súbitamente el miedo le confería más energía.

-. Si. Haremos muchas cosas juntos – lo tranquilicé- Ahora recuéstate que voy a ayudarte.

Luis se puso sobre su cama y cerró los ojos. Se veía tan bonito y dulce a pesar de la enfermedad que consumía su energía.  Nunca lo había besado sobre una cama de verdad… así es que me senté al lado y lo besé con ternura… pasaría un tiempo largo hasta que volviéramos a vernos… nos abrazamos largamente… le traspasé las pocas fuerzas que tenía… apenas si podía captar energía del aire para arreglar su aura… estaba agotado y mareado pero no dejaba de hacerlo porque Luis me necesitaba.

-. Ya me siento mejor… Tanner… Tanner… Tanner!!!

Respirar era un esfuerzo y apenas me mantenía de pie.  Mamá me sacó de la casa y me llevó de vuelta. Ya era de noche. En el camino nos detuvimos varias veces porque estaba demasiado cansado.

-. Duerme unas horas hijo. Tenemos un largo viaje en la madrugada.

Pero no alcanzamos a llegar a la madrugada en nuestra casa.    El muchacho que intentó atacar a Mika en la escuela murió esa misma noche. Era hijo único de uno de los compadres de mi padre, gente de poder dentro de nuestra pequeña comunidad. El poblado enloqueció con el llanto de su familia y amigos. Gritaban por venganza y sabían en donde buscarla.  Solo había tres policías en el lugar que a todas luces eran incapaces de controlar la situación de violencia.

La turba llegó a las puertas de la escuela pasada la medianoche. Escuché el griterío a pesar del pesado sueño y me desperté un poco repuesto. Al frente de todos estaba el hombre que me había dado la semilla de vida. Tenía un arma en la mano, un aura oscura de maldad y estaba enfermo de deseos de venganza contra mi madre. Nadie entendería explicaciones. Eran unas cuarenta personas aunque parecían muchos más. Una poderosa luz roja y siniestra los envolvía a todos. Se elevaba sobre sus cabezas, crecía y ondulaba entre ellos… despedía odio y rabia. Nunca había visto tal manifestación de poder como toda esa ira junta. Era imposible de contener.

Golpeaban el cercado de la escuela, gritaban y pedían mi cabeza.

-. Vamos.. de prisa.. apúrate!!! – la Srta. Zambrano me zamarreó para que me moviera. Mika reunía las cosas y mamá cargaba la escopeta y los revólveres.

-. Nadie va a tocar a mis hijos – parecía una guerrera. Su luz había aumentado de tamaño y se había vuelto verdosa. Estaba asustada pero decidida

-. Salgan de aquí – ordenó. Nos movimos siguiendo sus órdenes. Mamá tomó el brazo de la Srta. Zambrano y le hablo con fiereza

– Te encargas de ellos, comadre. Como si fueran tuyos

-. Con mi vida – respondió la maestra llevándose la mano al corazón y con lágrimas en los ojos. Se estrecharon en un abrazo cerrado.

-. Mamá, ven con nosotros – supliqué porque ya había entendido la decisión que había tomado

Justo en ese momento una bala rompió el vidrio de la ventana seguido de muchas piedras chocando contra la casa. Mamá nos besó de prisa.

-. Cuida de tu hermano. Jamás lo dejes solo. Tú eres fuerte y el necesita protección

-. Ven con nosotras mamá, por favor

-. No gastes tu energía en sufrir –me reprendió- Te di la vida para que fueras feliz. Prométeme que cuidaras de Mika y de ti mismo. Haz que sea un hombre de bien.

-. Si mamá. Lo prometo – respondí derrotado porque me di cuenta que su decisión era irrevocable. Me abracé a ella para unir nuestras auras por última vez

-. Tanner, no es tu culpa que estos locos estén aquí afuera ni que el chico ese haya muerto. Yo lo vi todo. Él iba a matar a Mika. Era su vida o la de tu hermano. Nunca te castigues a ti mismo por lo que va a suceder. Es mi deber de madre.

-. Pero…

-. Ya váyanse!!! – gritó mamá como un general, quitando el seguro de las armas y, acercándose a la ventana, comenzó a disparar. La turba se detuvo asustada por un momento y echaron a correr desordenándose en la oscuridad… Aprovechamos ese instante para salir de la casa por atrás y correr los metros que nos separaban del camino al río y a la selva… seguimos corriendo en la oscuridad… Mika tiraba de mi mano y la Srta. Zambrano cerraba el grupo. Ambos me ayudaban a avanzar.  Las ramas nos arañaban los brazos y la cara… los pájaros y animales se asustaban a nuestro paso.  Podía ver sus auras cambiar de intensidad… En la distancia seguíamos escuchamos muchos disparos… demasiados… Mika y yo llorábamos y yo gastaba mi energía al hacerlo pero no podía controlar mi pena… Rato después, ya estábamos lejos cuando los disparos cesaron, el silencio de la noche se volvió opresor…  me detuve de golpe y quise correr de vuelta a mi madre

-. NO – me detuvo la maestra

-. Pero mamá me puede necesitar… – protesté ahogado sabiendo bien que ya nunca más me necesitaría

-. Lo único que puedes hacer por ella ahora es seguir corriendo hacia la vida que ella te regaló – había convicción  en sus ojos y palabras – no malgastes su sacrificio volviendo atrás.

Mika se me acercó. Su dulce aura permanecía intacta. Sin decirme nada me tomó de la mano

-. Vamos, Tanner. Yo te ayudo

En sus ojos tristes leí que Mika entendía todo. Sabía que nuestra madre se había sacrificado por mi pero él estaba a mi lado. Agaché la cabeza, apreté su mano y acepté la energía  que él me ofrecía

-. Vamos…

 

Cinco días nos demoramos en llegar al primer pueblo grande donde nadie nos conocería y las noticias de nuestra pequeña aldea no alcanzaban a llegar. Mika y yo estábamos asustados de las calles, coches, ruido y gente pero la maestra Zambrano se encargó de conseguir habitaciones en un hospedaje y comida decente.

-. ¿Qué vamos a hacer ahora? – pregunté deseando tener algo concreto en que pensar. Mi vida era estable y segura hasta hacía una semana atrás… ahora no estaba mi madre y Luis había quedado atrás

La señorita Zambrano me miró muy seria

-. Por lo pronto descansaremos. Mañana iré al banco a buscar mi dinero y viajaremos a la capital. Allí tengo parientes que nos ayudaran.

-. La capital?… pero yo tengo que volver a saber… mi mamá y Luis. Se lo prometí.

Me miró con mucha lástima

-. No podrá ser ahora, Tanner. Tendrá que pasar un buen tiempo antes de que podamos volver a ese lugar.

-. Pero tengo que saber que  pasó con ella… aunque… lo que haya sido.

La Srta. Zambrano entendió mi preocupación. Ella también estaba muy inquieta.

-. Lo averiguaremos mañana.

La comodidad de una cama decente y el estómago lleno hizo que el sueño nos venciera a pesar del dolor y preocupación que veníamos arrastrando.  Tuve sueños extraños y pesadillas que me despertaron muchas veces… pero volvía a caer rendido a los pocos minutos.

Temprano en la mañana la Maestra salió dejándonos instrucciones de no abandonar el hospedaje. Mika y yo tomamos el desayuno en el comedor y luego nos sentamos a esperarla. Entraban y salían personas. Absolutamente todos miraban a Mika y sus rostros se suavizaban al verlo. Él se sentía incómodo con la gente que lo observaba pero no se quejaba.

-. ¿Crees que mamá este viva? – me preguntó con un hilo de voz.

Miré hacia el frente apretando los dientes y tensando la mandíbula. Yo sabía que no lo estaba. La conexión que siempre había sentido con su energía se había desvanecido… éramos huérfanos ahora.

La señorita Zambrano volvió horas después. Nos bastó mirar su cara para saber que las noticias eran malas. Había estado en el terminal de buses hablando con los choferes que hacían el recorrido hacia nuestro poblado. La mayoría de ellos la reconocieron y le contaron lo mismo; a escuela había sido atacada la noche que murió el muchacho y luego todo fue barrido por el fuego.  Lamentaban la muerte de la Sra. Carmen cuyos restos habían sido encontrados entre las cenizas. Había algunos heridos y un hombre había muerto durante el ataque a la escuela.  De la ciudad vecina habían enviado policías a investigar y la buscaban a ella y a nosotros. Teníamos que movernos. La influencia de todo un poblado acusándome no debía tomarse a la ligera.

Era la confirmación de que éramos huérfanos.

Mamá ya no estaba en este plano de la vida.

Esa noche partimos rumbo a la capital en un bus junto a muchas otras personas. La maestra nos pidió que no habláramos con nadie.  No pude cerrar los ojos preocupado de ver tantas energías distintas y extrañas mezclándose en el mismo aire viciado del vehículo.

A Mika y a mí nos desagradó la ciudad en cuanto llegamos. Seguíamos a la maestra como animalitos amaestrados asustados de los ruidos, los vehículos, el apuro, la forma rara de hablar, el griterío, la falta de vegetación y aire puro además de todo el cemento.  Nos subimos a otro vehículo más pequeños y pronto estábamos en casa de unos parientes de la maestra.  Estaban felices de verla a ella pero nos miraban raro a nosotros, especialmente a mi debido a mi aspecto selvático nativo, arisco y desafiante.  A Mika jamás nadie lo miraba raro.

-. Se quedan conmigo  – sentenció la maestra – será solo por un tiempo, tío Marcial, mientras buscó donde vivir.

-. Tú puedes quedarte con nosotros, sobrina – dijo el hombre.

Ella sonrió altanera…

-. Son mis hijos, tío. Tengo que velar por ellos.

El hombre asintió y nos quedamos en su casa mientras la maestra organizaba su vida y decidía que sería de nosotros. Mi energía se fue recuperando de a poco.

Mika tenía 17 años, lo lógico era que volviera al colegio.  Sin embargo, su educación era muy atrasada en comparación a los chicos de su edad en la capital. Tendría que asistir a una escuela especial, nos explicó la maestra.

-. Conseguí trabajo en una escuela donde podré llevar a Mika – anunció ella – Él  irá a conmigo. Yo me encargaré de cuidarlo

-. Y yo, madrina?

Ella sonrió después de la seriedad de muchos días.

-. Tengo algo especial para ti, Tanner.

Nunca habíamos visto en la casa a la esposa del tío de la maestra, pero si veíamos ir y venir a unas señoritas de uniforme impecable que entraban y se perdían dentro de los recovecos de la casa

-. Mi tía está enferma desde hace años. Su cuerpo está sano pero su cabeza ya no razona. Estas enfermeras la cuidan día y noche.  Hable con mi tío Marcial y le conté sobre el don que tú tienes

No sabía si eso era bueno o malo. Tiempo atrás mamá me había dicho que era mejor mantenerlo en secreto

.- Quiero que veas a mi tía y me digas como está

Fuimos por uno de los pasillos largos de la casa acompañados del caballero. En una habitación del fondo vivía ella. Cuando entramos vi a una señora mayor, de piel arrugada en su rostro, pelo cano bien peinado, delgada y arreglada. Caminaba por el dormitorio como si buscara algo. Se detuvo frente a mi

-. ¿Tú sabes a qué hora va a venir? Ella no quiere decirme – señaló a la enfermera que lucía estricta y profesional pero nada de amable. Miré atentamente a la anciana. Su luz aun brillaba tenuemente pero estaba toda revuelta. Comprendí de inmediato que aquella mujer estaba en un plano diferente al nuestro… vivía en un mundo inventado en su mente donde era imposible alcanzarla

-. Más tarde – respondí automáticamente sabiendo que eso era lo que ella quería escuchar

Abrió mucho los ojos y sonrió

-. ¿Tu lo conoces? ¿has visto a mi niño?

-. Señora. No hay ningún niño – la enfermera se acercó e intentó llevarla de vuelta a su sillón pero la anciana se aferró a mis brazos

-. Si va a venir… tu lo viste, si lo viste…

Tenía ojos suaves llenos de locura… la tomé de las manos y la guié suavemente al sillón

-. Cuénteme de su niño – dije y ella empezó a hablar.  Tenía historias y ganas atoradas. Habló mucho rato y no me quitaba los ojos de encima. Pasaba de un tema a otro sin avisar de los cambios… no se daba cuenta en el apuro por hablar. No sabía quién era yo ni le importaba pero para ella era una esperanza. No recibió las medicinas de nadie que no fuera yo y no me quería dejar ir cuando la maestra y el tío quisieron sacarme del cuarto

-. Ella es mala – me dijo mirando a la enfermera

-. Señora, es hora de dormir. Debe ir al baño y luego acostarse

-. Ella no quiere dormir ahora– me atreví a decir. Su energía estaba inquieta, llena de luces titilando estimulada por mi compañía y la conversación. Si la ponían en una cama ahora solo iba a sufrir. La anciana tenía su propio ritmo de sueño y de energía que no era igual al nuestro

-. ¿Cómo lo sabes? – preguntó el esposo

Dudé antes de responder…

-. Su luz está inquieta

-. ¿En verdad puedes verla?

-. Si, señor

– ¿Qué mas ves?

-. Ella está bien pero no está con nosotros.  Vive en un plano diferente donde la vida tiene otro ritmo… le avisaré cuando su luz disminuya y esté lista para dormir –

La enfermera se molestó conmigo.  El hombre asintió porque hacia tiempo que no veía a su mujer tan calmada como lo había estado conmigo. La maestra habló con su tío sin que yo escuchara pero el hombre ya estaba convencido. De esa manera me convertí en el acompañante y luego, cuando el esposo vio los buenos resultados, fui el cuidador de la señora Amalia. Había cosas que no me permitían hacer como bañarla, acompañarla al baño o vigilar sus signos vitales por lo que igual requería de una enfermera pero de a poco  fui aprendiendo todo lo que las enfermeras hacían y me gustaba mucho. Ellas no tenían problema en enseñarme y me dejaban practicar.

No era un mal trabajo. Amalia era una mujer divertida y dulce. Solo había que saber seguir su ritmo y adentrarse en su mundo de fantasía adonde los tiempos no eran reales y todo estaba confuso. Lo que no hacía con nadie lo hacía conmigo y nos divertíamos juntos. Le agarré cariño a su espíritu vagabundo y gracioso encerrado en un cuerpo enfermo y triste.

Su enfermedad me recordaba a Luis. Lo extrañaba. Quería volver al poblado y a mi vida anterior. No era feliz en la ciudad. Mika se veía tranquilo y estudiaba todo el tiempo pero yo presentía que tampoco era feliz. Su aura se veía menos luminosa que antes. Nos acordábamos de mamá y el corazón se nos apretaba en el pecho. Teníamos una herida abierta que sangraba pena todos los días.

La ciudad era fea, hedionda y ruidosa. La gente poco amable y las energías andaban todas mezcladas e indefinidas. La gente era nerviosa, asustadiza, negativa y agresiva.

Preguntaba todos los días cuando podía volver a buscar a Luis pero la maestra siempre  respondía lo mismo

-. Aun no es tiempo

Las semanas pasaban una tras otra en una rutina desagradable.  Comencé a creer que nunca sería tiempo de volver para la señorita Zambrabo. Pero yo necesitaba volver y traerlo Conmigo. Quería oler el río y ver el verde de las plantas y árboles. De ser posible, habría preferido quedarme allá con él pero era improbable.

Con el paso de las semanas me fui volviendo inquieto y nervioso hasta que una tarde ya no aguanté más. Sentía que Luis me llamaba y necesitaba.

-. Ahora quiero ir a buscar a Luis – le dije una noche a la maestra muy decidido

Suspiró antes de responderme. Creo que supo que ya no podía esperar más.

-. Bien. Iremos el fin de semana

-. Puedo ir solo

-. No. Ni hablar de eso. Le prometí a tu madre cuidarte.

Mika no estaba contento de quedarse solo. La maestra le dejó muchos libros y le pedimos que no saliera de la casa. Nunca sabíamos cómo iba a reaccionar la gente con él pero casi siempre se acercaban y trataban de hablarle y agradarle. Mika era demasiado inocente. Era mejor evitar el peligro.

Subimos a un bus el viernes en la tarde. La Srta. Zambrano pensó que era mejor llegar de noche al pueblo así evitaríamos miradas curiosas y agresivas. Solo estaríamos unas horas y volveríamos en el primer bus de la mañana. Ella ya había comprado tres pasajes de vuelta

-. Duerme ahora. Necesitaras toda tu energía más tarde – me dijo al iniciar el viaje.  Estaba nervioso. Iba a buscar a Luis

Fuimos los últimos en bajarnos del bus. Respiré profundamente en cuanto me vi libre del encierro… el aire tenía un perfume conocido a limpieza y libertad…  a mi infancia y al río…a todo lo que me era conocido y amaba.  Las siluetas del paisaje me eran familiares.  Ella se subió el cuello de su chaquetón y yo me calcé el gorro sobre la cabeza escondiendo mi pelo largo.  Caminamos en silencio por las callejuelas menos transitadas pero ambos giramos al mismo tiempo cuando nos acercábamos a la escuela… queríamos verla.  Desde lejos no se distinguía nada… no había luz alumbrando y ya no estaba el cercado… no podíamos ver la  sombra de nuestra casa… al acercarnos más la maestra se detuvo de golpe y la sentí retener un gemido en la garganta… no quedaba nada de lo que había sido la escuela y nuestro hogar… solo unos cuadrados de cemento quemado en el suelo que indicaban donde habían estado las salas de clase y el piso…  Pensé en mamá y no pude evitar quebrarme de pena… imaginé el lugar ardiendo y pensé en lo que habría sufrido por nosotros… Mamá no tenía una tumba ni había un lugar físico donde recordarla… su cuerpo se había convertido en cenizas que se repartieron por el lugar y su energía se había apagado o volado a otro lugar donde yo no podía sentirla. Pasé mi brazo alrededor de mi madrina y la sostuve. Por primera vez la vi flaquear y sentirse abrumada. Sus ojos estaban llenos de lágrimas cuando me miró agradecida y triste

Nos despedimos en forma simbólica del lugar y de mamá. Seguimos caminando en silencio a la casa de Luis. A pesar de la pena iba notando todo lo que antes me parecía cotidiano y ahora apreciaba sobremanera… el ruido de mis pies en la blandura de la tierra, los sonidos de los animales, el canto lejano del río, la fragancia de la brisa…

La casa de Luis estaba iluminada cuando llegamos y eso era extraño. Nos abrió la puerta su madre. La mujer se veía triste y agotada. No le gustó verme y fue necesaria la intervención de la maestra para lograr que la mujer depusiera su agresividad y nos dejara entrar a su hogar. Había otras personas presentes y todos nos miraban sorprendidos y hostiles.

-. ¿Dónde está Luis? – pregunté. Ella se puso a llorar y señaló el dormitorio

-. Si en verdad tienes poderes sálvalo, haz tu pacto con el demonio o con quien sea pero sálvalo – me gritó estallando en llanto

La miré acongojado… ¿Qué estaba pasando? ¿De qué hablaba?

El dormitorio de Luis estaba en penumbras. Sobre la cama se distinguía su silueta… sentí un golpe de dolor recorrerme de arriba abajo

-. Luis?..- preguntó con miedo temiendo haber llegado muy tarde

Bajo las mantas, Luis apenas movió sus ojos al escuchar mi voz

-. Tanner?… viniste..- susurró tan despacio que temí que fuera mi imaginación. Corrí a su lado… moví las mantas intentando encontrar la luz que debería rodear su cuerpo pero no había nada… Luis apenas si tenía un pequeño halo de energía que lo mantenía con vida

-. ¿Qué pasó?… ¿qué pasó???!!! –

No.. no podía ser… ¿Qué le había ocurrido?.. ¿por qué se apagaba?

Respiraba cortito y muy rápido… estaba sumido en el dolor.  Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad vi su rostro esquelético y sus ojos salientes e inmensos. Estaba irreconocible. Busqué su mano y tuve que reprimir un grito cuando la sentí huesuda y reseca…

-. Viniste… – repitió haciendo un esfuerzo enorme por apretar mi mano y aguantar el dolor

-. Espera… espera, Luis

Esta vez yo estaba saludable y mi energía fluía enérgica Mis manos sobre él… captaba la energía vital y lo recargaba rodeándolo de luz. En pocos minutos su respiración se normalizó, el dolor se atenuó y estaba más relajado.

-. Tus manos mágicas – sonrió muy triste

-. Luis…

-. Quería verte. Te he echado de menos – hablaba con más ánimo. Con mi ayuda se acomodó en la cama y pudimos por fin abrazarnos. Sentí miedo de quebrar sus huesos. Su cuerpo estaba muy débil

-. ¿Qué pasó? ¿Por qué estas así? ¿No fuiste al médico?

Su mirada adolorida y desamparada me respondió sin palabras

-. Todos dijeron que era tu culpa y que mejoraría porque te habías ido… pero no fue así… además, no tenemos dinero…

NO.. no.. noooo…

-. Te llevaré a la Ciudad… iremos a un médico y vivirás conmigo – no sabía lo que hablaba… solo quería tener esperanzas

El solo sonrió… recargó su cuerpo huesudo contra mi pecho y cerró los ojos

-. Tanner…

Me quedé abrazándolo y acompañándolo toda la noche. Su madre quiso intervenir cuando yo me demoraba mucho en salir pero retrocedió al ver que Luis había recuperado algo de energía gracias a la que le había traspasado y se veía mejor. Ella nos dejó tranquilos. Me acosté  a su lado y lo abracé envolviéndolo con mi aura… le hable de lo que hacía en la ciudad, de lo mucho que lo quería y recordé las cientos de veces que nos amamos en la orilla del río.  Al amanecer sentí como su energía se escapaba de entre mis brazos y flotaba sobre él… se detuvo un momento sobre mí como si se estuviera despidiendo y luego estalló dispersándose en miles de pequeñas partículas… su cuerpo sin vida quedó atrapado a mi lado. Luis se había ido. Su energía vital ya no estaba.

Abandoné la pieza con lágrimas en los ojos. Mi madrina y su familia habían permanecido en la sala esperando.

Su mamá empezó a gritar cuando se dio cuenta que Luis había muerto

-. ¿Qué le hiciste a mi hijo?.. lo envenenaste desde que lo conociste.. le arrebataste la vida!!!

Me gritaba culpándome. Los amigos y familiares que los acompañaban me miraron con creciente hostilidad

-. Tú tienes la culpa de que se haya enfermado

-. Vamos, hijo – la maestra tiró de mi brazo y salimos de la casa. Seguíamos escuchando los llantos y gritos. Me culpaban a mi de otra muerte que no había causado

-. Camina de prisa – la maestra tiraba de mi mano. Yo estaba aturdido de pena y confusión.

Cruzamos de prisa el pueblo cuando amanecía. Nos encontramos con algunas personas que nos reconocieron y nos miraron con incredulidad. Subimos al bus justo antes de que el sol iluminara las calles. Mi madrina suspiró aliviada cuando el bus tomó el camino hacia la ciudad. Fue un viaje de vuelta silencioso. El asiento vacío a mi lado me pesaba en el corazón. Lloré casi todo el camino.

Pasó un mes antes de que llegaran los detectives a la casa preguntando por la maestra y por mi. Se me acusaba de causar la muerte del muchacho de la escuela y de contribuir a la muerte de Luis.  Era un proceso de investigación por ahora pero necesitaban hablar conmigo.  La maestra nos ordenó mantenernos ocultos y ella respondió que hacía tiempo no sabía de nosotros.   Cuando los detectives se fueron, ella caminó decidida hacia los dormitorios y comenzó a hacer nuestras maletas.

-. ¿Qué hace madrina?

-. No voy a esperar que lleguen a buscarte.

-. Pero yo no hice nada malo

-. No voy a arriesgarlos. Ni a ti ni a Mika. Esto puede volverse muy complicado. Todo un pueblo en tu contra. Se irán del país

-. Pero… como???

-. Déjamelo a mi. Yo lo resolveré. Los enviaré lejos donde la maldad y la ignorancia no pueda alcanzarlos

-. Pero… ¿y usted, madrina?

-. Estoy vieja y cansada, Tanner. Solo sería una molestia… además, ya casi no me queda dinero. Les daré todo lo que me queda y apelaré a la bondad de mi tío para vivir con él.

Tenía miedo. Por mi y por mi hermano. Ya no solo estaríamos lejos de nuestro poblado, la selva y el río. Ahora se trataba de un cambio radical de vida. Otro país, otras costumbres… personas desconocidas…

La maestra se informó y me dio muchas instrucciones que gravé en mi mente.

Dos días después salimos de la casa de su tío con un pequeño bolso donde cabían todas nuestras posesiones en este mundo.

La maestra me entregó un puñado de billetes que guardé celosamente entendiendo el sacrificio que hacía…  Con lágrimas y emoción, nos regaló una foto antigua en la que estábamos ella, nuestra madre y yo de pequeño frente a la escuela.

Era todo lo que quedaba de nuestra vida anterior.

Íbamos rumbo a otro país. Tenía que buscar un trabajo y aprender a sobrevivir. Ella dijo que usara mi don para acercarme solo a quienes fueran buenas personas y que confiara en mis instintos, que la vida no era tan difícil en ese país… o eso creía ella.

Mika me miraba preocupado y yo guardaba mis temores para hacerle sentir que todo estaba bien. Ahora más que nunca tendría que protegerlo y cumplir lo que le prometí a mamá..

Subimos al bus. La señorita Zambrano se quedó con los ojos llenos de lágrimas y una sensación de vacío en el corazón al vernos sentados y preparados para partir.  Sentí mucha pena. Ella había estado siempre a nuestro lado y ahora se quedaría sola…  Sabría de nosotros pero solo nos comunicaríamos por un teléfono que debía comprar al llegar a ese otro país. Mika también lloraba y temblaba. Yo no podía llorar. Alguien tenía que ser fuerte de ahora en adelante y ese era mi nuevo papel. Proteger a mi hermano y salir adelante.

El bus se puso en marcha. Miramos a la maestra por la ventana hasta que ya no pudimos verla más.

-. Vamos a estar bien – le dije a Mika y él me creyó.

“Vamos a estar bien” repetí en mi mente… deseaba creerlo… Anhelaba poder volver a tener fe en las personas y encontrar un lugar para mi hermano y para mi donde pudiéramos comenzar una buena nueva vida.

3 comentarios en “Tanner.

  1. Gracias por la actualización!! Están geniales todos los capítulos!!
    Qué capítulo más… intenso! Me he quedado con ganas de saber más sobre Tanner, y como llega a La Confiserie. Y también sobre Mika, tendrá un capítulo para él? Me encantó su descripción, y la de Tanner también, espero que ambos tengan un final feliz ❤, además, me he quedado un poco mal con lo de Luis, de verdad que lo ven mal y no lo llevan al médico…, desde luego lo que hace el desconocimiento y el miedo a las cosas diferentes…
    Me dieron mucha penita las dos mujeres que lo dieron todo por Tanner y Mika, da rabia cuando le pasan cosas malas a la gente buena 😡!
    Un beso

      • Hola Rous!!
        Algo raro pasa porque yo si respondí a tu comentario pero no me aparece aqui la respuesta. Vale. tengo que chequearlo.
        Te decía que Tanner pasa a ser un personaje muy importante dentro de las historias de la confiserie y es fácil suponer la razón, no? ese gran don que tiene le permite ver muchas cosas que el resto delas personas normales no vemos. Te prometo que vas a saber más de él y Mika tiene su propio capítulo más adelante. A mi tambén me causó tristeza la realidad de las dos mujeres en la historia.. y más aun pensar que lo que relato ahí sucede muchas veces en la vida real. Fueron mujeres valientes y apasionadas. Esperemos que los chicos sepan responder al gran sacrificio que ambas hicieron por su bienestar.
        El proximo cap de la confiserie muy pronto.
        Un beso y como siempre muy muy agradecida de tus comentarios.
        Cariños, Nani.

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