Capítulo 41: Quien Merece No Pide

 

Ariel

Como si se tratara de una película que se reproduce a cámara lenta, lo vi arrastrar la mano desde su pecho hacía mí, mientras sus labios se separaban pronunciando un frió y triste “se acabó”…

Sentí un golpe trasversal y sus palabras retumbaron en mi cuerpo e hicieron eco en mis oídos… ¿Había escuchado bien? ¿Ariel estaba terminándome? ¿Acaso no era esta “frase” mi parte en este guion?

Era yo quien tras cada enojo falsificado y como parte primordial de mis berrinches amenaza con terminar nuestra relación… ¿Por qué entonces me lo decía él? ¿Realmente quería que termináramos? Porque entonces debo confesar que yo no lo decía enserio.

 Entonces, como si estuviera respondiendo a mi pregunta muda se giró sobre sus pasos con tal delicadeza que sus cabellos se mecieron suspendiéndose en la nada para segundos después caer formando de nuevo sus mechones ondulados… Se alejaba de mí.

Inconscientemente recordé todas las noches en las que mis dedos se enredaron en ellos, dejándose envolver por esas hebras negras y sedosas que hoy huían de mi lado. Entonces puede comprender que hablaba enserio.

Y no se explicar lo que perdí en el preciso momento en el que le escuchaba decir que se acababa, no sé si fue mi fe o mis ganas de vivir. Pero impotente y sin saber qué hacer, lo vi marcharse como si nuestro lazo se hubiera desvanecido en la nada.

Peor aún, como si nunca hubiese existido…

Caminó con determinación y gallardía mientras me daba la espalda. El olor de todos en la sala se había intensificado, salvo el suyo… Estaba tan aturdido como lo estaba yo, solo por eso pudo avanzar con tal ligereza. Ariel nunca daba pasos largos, según él, era de mala educación y sin embargo, fue tanta su prisa que avanzó a zancadas mientras se limpiaba el llanto hasta que llegó junto a Taylor.

No volteó a mirar ni se echó a sus brazos, preso de un llanto inconsolable. Simplemente pasó de mí y se mostró tan propio que me dejó suspendido en la nada.

No pude moverme, a decir verdad, creo que ni siquiera respiraba… solamente lo vi desaparecer por el pasillo y aunque pretendí ir por él, mi cuerpo seguía sin responder. Poco a poco me fui llenando de un miedo absurdo que terminó por apoderarse por completo de mí.

Me quería… pero estaba dejándome. Él estaba dejándome…

 

TERCERA PERSONA

 

Samko fue el primero en moverse, tomó de la mano a su pareja y sin despedirse regresaron por el mismo lugar que caminaron al llegar. Contenía la furia que sentía y también el dolor. Él no comprender porque su hermano a quien tanto admiraba, actuaba de esta manera. Ariel era buen chico, todos los sabían, Damian mejor que ninguno de los ahí presentes, lo sabía… ¿Por qué entonces le hablaba con desprecio? ¿Acaso no lo quería?

Preguntas como esas rondaban su mente, mientras que, sosteniéndose con fuerza de la mano de Gianmarco luchaba por no mostrarse afectado. Él amaba a su Lusso, y estaba convencido de que bajo ninguna circunstancia le diría ese tipo de palabras. Para él… no había nadie más, lo cuidaba y se esmeraba por consentirlo porque eso hacen las personas que se aman.

Para entrar al edificio principal en el que se celebraba la reunión, había que rodear el patio frontal en una “C” invertida, hasta la entrada principal. Pero en cuanto bajaron los escalones, Samko se aventó a sus brazos y regando besos por su rostro se disculpó y le dijo que lo amaba.

— ¿Por qué te disculpas…? — Preguntó Gianmarco, mientras lo aprisionaba con sus brazos y correspondía a sus besos.

— Por todo y por nada a la vez… — Respondió pasándole los brazos alrededor del cuello. Gianmarco le sacaba varios centímetros de altura, pero se esforzó por salvar cualquier distancia. — No quiero que algo como lo de ellos nos suceda… me da miedo Lusso. — Confesó mientras lo miraba con aprensión. — Sí tú decidieras dejarme…

— No digas eso… — Le interrumpió él, poniendo su dedo índice sobre los labios de Samko. — No voy a dejarte… y tampoco iré a ningún lado sin ti.

— ¿Me lo prometes?

— ¡Te lo juro! — Confirmó en una promesa que fue sellada con un beso entregado. Exento de pasión pero rebosante de ternura.

James los había seguido a una corta distancia y Han con él, aunque este ultimó esperó en los primeros escalones por Deviant. James se sentía responsable por lo que había sucedido, por eso no se quedó a esperar, pero tampoco esperaba toparse con semejante escena. Es decir, entendía de qué iban los abrazos y el beso que su hermano compartía con Gianmarco. Pero no necesitaba que se lo restregaran en la cara, aunque bien sabía que tampoco era la intensión, por eso, avanzó rápidamente sin detenerse mirarlos y no se detuvo hasta que los dejó atrás.  Estaba triste y preocupado por Ariel, pero a diferencia de sus hermanos… él no tenía a quien contárselo.

Damian por su parte, podía sentir el peso de la mirada de su hermano y el reproche que con ella iba incluido. Sabía que Deviant estaba dispuesto a decirle toda sarta de cosas… lo que nadie más se atrevería decirle… La verdad.

Y aunque ahora mismo no se le antojaba, tampoco se lo impediría. Porque estaba consciente de que se lo merecía, sin embargo, aun cuando lo vio separar los labios mientras se le plantaba frente encarándolo… Deviant volvió a cerrarlos.

Bajó la mirada dejándose invadir por ese sentimiento de pérdida. A Damian no le sorprendió, Deviant era así… una persona muy solitaria, de pocos amigos que incluso se pueden contar con los dedos de las manos y sobran… pero cuando llega a encariñarse con alguien, entonces, esa persona simplemente no puede defenderse u ocultarse de su afecto. Quería a Ariel… Damián lo sabía, pero tampoco llegó a pensar fuera tanto así.

— ¿Qué es eso que intentas decir? — Atinó a preguntar Damian.

— Ve a buscarlo…

— ¿Y qué propones que le diga…?

— La verdad… — Dijo.

— ¿La verdad? — Repitió Damian y sonrió con ironía. — ¿Cuál de todas las verdades que debo decirle…Deviant? — Cuestionó — Deberías de saber que la verdad es subjetiva… Al menos, mis verdades lo son… — Deviant negó con la cabeza pero en el fondo Damian cría que le daba la razón. — Sabes perfectamente que no puedo ser honesto con él.

 — Solo dile… que con Mártin fue cosa de unos días. — Sugirió.

— Y puede que me disculpe… hasta la próxima vez que me atrapé… ¿Qué voy a hacer entonces? ¿Seguiré dándole excusas? ¿Cuánto tiempo más crees que se las va a tragar?

— Dile que con él… fue solo sexo…

— No estas escuchándome…

— Una cosa a la vez Damian… — Puntualizó — Resuelve esto y después arreglaremos lo demás.

— ¿Después cuándo? — Exigió saber — Ya no creé las mentiras que le digo. No le son suficientes mis explicaciones. Esta dudando, hay noches en las que tiene pesadillas y entre sueños habla de lo que paso esa noche en el bosque. — Se vio obligado a bajar más el tono de voz para Han no los escuchara. — Nuestro vinculo se está fortaleciendo mientras nosotros nos despedazamos mutuamente… no puedo controlarlo y me estoy llevando a James entre las patas… ¿Acaso no lo entiendes?

— Dile…

— No, Deviant… — Le interrumpió. — Mártin…

— ¡Maldita sea Damian! — Gritó Deviant con frustración — Sabes perfectamente que ese tipo nunca te quiso.

— No fue mi intensión que me quisiera… — Aclaró Damian, con desdén. — No era eso lo que buscaba en él.

— ¡Ya! — Respondió Deviant exasperado y levantando las manos señalándolo. — Todos supimos que solo te lo querías coger y que él estaba dispuesto.

— ¡Ya basta, Deviant! — Exigió Damian. — Mártin estaba solo y yo también, no le hicimos daño a nadie en ese entonces. Y si nos acostamos o no… eso a ti no te importa y a Ariel tampoco debería de importarle. No tiene nada que ver con nosotros ahora.

— ¿Entonces porque le dijiste todas esas cosas? ¿Si solo fue eso, por qué tenías que restregárselo en la cara, como si “ese” hubiera sido algo más que un simple acoston?

— Sé que nunca te agrado… — Le recriminó. — Pero no por eso te voy a permitir hablar así de él. — Damian se lo estaba exigiendo, el paso que dio al frente fue una clara advertencia de que no le soportaría más de lo mismo. Pero Deviant no se intimido. Han en cambio tuvo que volver, las cosas entre ellos estaban calentándose y él no permitiría que Damian dañara a su pareja.

— No vengas con eso ahora… y tampoco intentes defenderlo.  — Deviant también se le planto. Miraba con furia a Damian y empuñó las manos dispuesto a soltar el primer golpe si era necesario, ahora mismo, nada más le importaba.

— Muy problema mío si quiero defenderlo. — Otro paso hacia adelante por parte de Damian y sus frentes casi chocaban. Se sostenían las miradas retándose, Damian también había empuñado las manos, pero no planeaba golpear a Deviant.

— ¡Ya basta! — Intervino Han, halando a Deviant por la espalda de su abrigo para hacerlo retroceder. — No van a iniciar una pelea ahora… piensen un poco en Ariel. Él va a ser el único perjudicado si montan un espectáculo ahora.

Sus palabras no fueron suficientes y tuvo que meterse en medio de ambos para salvar algo de distancia, pero los otros dos estaban demasiado entrados en su discusión como para dejarlo pasar solo así. Sus miradas no se habían separado, ni planeaban hacerlo.

— No lo mereces… — Soltó Deviant, refiriéndose a Ariel y eso le crispó lo suficiente a Damian como para írsele encima. Pero Deviant avanzó al mismo paso que su hermano y aunque ambos quisieron dejar fuera a Han, terminaron aplastándolo. — Por primera vez tienes a alguien bueno en tu vida y lo arruinas.  — A esas alturas parecían un par de perros rabiosos esperando a que se les quitaran las cadenas para írsele a mordidas al otro. Han luchaba por cubrir a Deviant de los brazos de Damian que lo mantenían sujeto y los obligaban a forcejear. — Los que no valen la pena son ustedes. — Le gritó. — Mereces a alguien como ese tal Mártin, igual de frívolo y patán que tú.

— No fui yo quien metió a Mártin en todo esto… — Atajó. — Ni siquiera sé cómo diablos se enteró.

— Eso no responde mis preguntas…

— Pues no sé qué quieres que te diga. — De la nada Damian cedió. Han se sintió aliviado cuando lo vio soltar a Deviant y retroceder varios pasos. Había creído que esto terminaría muy mal, sobre todo para él… pero la verdad es que Damian no parecía deseoso de iniciar una pelea ahora, algo extraño en él.

— Que respuesta tan mediocre… — Acusó Deviant, pero cuando Han lo abrazó también dejó de pelear.

Por unos segundos ambos se quedaron silencio.

— Lo voy a resolver. — Prometió Damian.

— Jamás te voy a perdonar si no lo haces.

— Deberías apoyarme a mí. — Reprochó con aire resentido.

— No fui yo quien te pidió que lo trajeras a casa cada fin de semana. — Rebatió Deviant. — Ariel ahora es parte de mi familia y lo quiero de vuelta.

— Pues vas a tener que resignarte si no quiere volver… porque tampoco le voy a rogar. — Agregó con desdén.

— Deberías de cuidar tus palabras Damian, porque un día de estos te las vas a tener que tragar.

— ¡No le voy a rogar! — Aseguró.

— Entonces espero que seas capaz de soportar su ausencia. Porque no creo que Ariel lo haya dicho jugando. —Atajó — Tanto que te molestaba que estuviera cerca de ellos y mira adonde lo viniste a dejar.

 

TAYLOR

 

Caminó a mi lado en silencio, intentaba actuar normal pero no había necesidad de ser muy inteligente para saber que le estaba doliendo. Lo que hemos pasado por una situación similar, podemos comprenderlo. Sin embargo, cuando cruzamos el primer pasillo nos encontramos con Sedyey y Ariel tuvo que soportar aún más.

Por su expresión casi triunfal no dudé que lo había escuchado todo o por lo menos, muy buen parte. Y el que lo atacara desde el primer momento, lo confirmó.

Es verdad, no voy a negar que en parte, mi hermano tuviera algo razón. Pero también creía que en estos momentos Ariel no tenía cabeza para nada más. Y tampoco necesitaba que lo sermoneen.

— Debes ser un poco más egoísta… — Le exigió Sedyey. — Esto no tiene nada que ver con ellos, se trata de ti… es tu oportunidad.

— Dale un respiro… — Intervine, quitándoselo de enfrente.

Arrastré a Ariel hasta una silla y lo empujé con suavidad para que se sentara, fue suficiente. Se derrumbó en todos los sentidos.

Lo vimos cubrirse el rostro con ambas manos y juró por mi vida que no había visto llorar a nadie como lo hacía él… desde que la madre de Sedyey nos dejó. En ese entonces, tanto mi hermano como yo tuvimos razones de sobra para estar devastados y llorar.

— ¡No, Ariel…! — Intervino mi hermano, apartándome. — Este no es el momento para echarte a llorar. No le des ese gusto… Estas apunto de salir a dar tu discurso y…

— No quiero hacerlo… — Se atrevió a decir.

— ¡No puedes hacerte esto! No me lo puedes hacer a mí…— Por primera vez le escuché hablarle con dureza y resultó que no fui el único sorprendido. — Hice de todo con tal de que esta noche tuvieras un lugar. — Ariel le miró fijamente. — Sé que no tengo que recordarte que eres extranjero y que debía pasar mucho tiempo para que siquiera se pudiera considerar la posibilidad de dejarte exponer tus pinturas aquí. Pero tienes mucho talento… por eso fui con cada uno de los jueces y les hable de ti. Les dije que eras fuerte, innovador, que tenías un estilo fresco y que merecías una oportunidad. Di la cara por ti… no quiero que me falles.

— Lo estas presionando demasiado.

— No, Taylor… y si lo estoy haciendo tengo todo el derecho. — Aseguró. — Porque tal parece que aquí el único interesado en que Ariel pueda labrarse un camino en esto, soy yo.

— Pues sí, pero… — Intenté decir que debía darle un momento, de pérdida…no sé… permitirle que se desahogara a gusto, pero no me dejó continuar.

— Sabes que… debiste decírmelo desde el principio. — Le atacó de nuevo. — Que eras débil… un ser sin voluntad propia, que necesita de alguien más para incluso pensar.

— Sedyey… — Intervine.

— ¡Me decepcionas, Ariel! — Espetó ante la sorpresa del menor — Quizá el imbécil de Damian tiene razón después de todo, respecto a ti… no eres tan hombre como crees.

— Calmate… — Le regañé. — ¡Te estas pasando!

— Es la verdad… — Respondió él. — Es un cobarde… — Agregó señalándolo. En nuestra familia se nos había enseñado a no señalar, era una grosería, una total falta de respeto y el que él lo estuviera haciendo en este preciso momento me irritaba. — No tiene el valor de salir adelante por él mismo. Tiene todo para triunfar, pero le falta valía y las ganas. Necesita de un tipo violento para que lo manipule y le diga cómo actuar.

Las lágrimas en las mejillas de Ariel parecieron congelarse hasta crear escarchas cristalinas, Sedyey estaba haciendo malabares entre la delgada línea que el chico había puesto entre ellos. Le estaba picando algo más que el orgullo. Lo estaba retando, lo provocaba a tal punto que Ariel había comenzado a mirarlo con fiereza. — ¿Sabes que…? — Agregó mi hermano. — Olvídate del discurso. Voy a buscar a alguien más que si merezca la oportunidad que busqué para ti.

Si mi hermano pretendía que Ariel lo siguiera implorándole… no lo consiguió. Contrario a eso, lo observamos marcharse con todo el dramatismo del que fue capaz. Ariel se había quedado con la vista fija en el frente y completamente inmóvil.

— No tienes que estar aquí si no quieres… — Le dije. — A pesar de lo que Sedyey ha dicho, esta es tu decisión, de nadie más. —Dirigió su mirada hasta posarla sobre la mía. Era imposible no sentir ternura de él. Ahora que sabía que ya no representaba una amenaza para mi familia, podía verlo como lo que realmente era. Solo un chico que había tenido la mala fortuna de toparse con los Katzel. Entonces y de la nada, sonrió… — Ok, esto me asusta un poco… — Susurré.

— No recuerdo como empezaba ese discurso… — Dijo y en esta ocasión me dedicó una sonrisa que aunque fingida y rota, me hizo sentir que estaba listo para continuar.

— ¿Pero y…?

— Nací sin él… puedo vivir sin él. — Se adelantó a mi pregunta.

— ¿Lo dices enserio?

— No, por supuesto que no… — Respondió mientras se ponía de pie. — Pero mi abuelo me dice que siempre debo actuar como si fuera imposible que fracase. Tu hermano hizo algo por mí y le estoy agradecido. Solo quiero que no le quede duda… Amo pintar y eso ni siquiera Damian, puede cambiarlo.

Su fortaleza me resultó admirable y por lo que dura un pensamiento sentí que necesitaba alguien así en mi vida. Alguien que me enseñara a sobrellevar lo que en tantos años no he podido. Y pese a la diferencia de edades, quise que fuera mi amigo. Por lo menos, debía reconocerle que era mucho más maduro que yo.

Me pidió ayuda y se la di. No fue difícil, no hay chica en Sibiu que no lleve maquillaje en su bolsa de mano. Dos amigas se encargaron de asentar su tono y disimular la irritación de sus ojos y su nariz. Busqué al maestro de ceremonia y le exigí la copia de su discurso.

Aunque no fue muy útil, no sé si lo había escrito en otro idioma, porque fue el fragmento más ininteligible con el que había topado en toda mi vida. Sin embargo, él si parecía comprender lo que entre tachaduras y remarques estaba escrito. Tuvo tiempo de apenas darle una rápida mirada, entonces lo vi doblar la hoja y guardarla en la bolsa de su pantalón. Nos encaminamos hasta detrás del escenario y esperamos por su turno.

Fue entonces que James apareció.

No se suponía que debiera estar aquí y tampoco se suponía que su presencia me alegrara tanto.

— Ari… — Le nombró y con la desfachatez propia de un Katzel, fue sorteando e ignorando a todos los que intentaron detenerlo en su camino. A mi lado Ariel le observó en silencio, no parecía sorprendido. Pero si un poco aliviado.

Como si hubiera estado esperando su llegada.

— No puede estar aquí… — Dijo una de las chicas del staff que lo había seguido para obligarlo a salir. Él la evadió sin siquiera tomarse la molestia de mirarla y se detuvo justo frente a Ariel.

— ¡Está bien! — Le dije a la chica, me haré cargo. Y aunque no muy convencida, accedió y se marchó. Entonces James se acuclilló frente a Ariel para poder mirarlo directo a los ojos.

Sacó algo como una cadenita delgada de oro de la cual colgaba un dije de cuya forma no pude ver, la extendió a lo anchó y con destreza la enredó alrededor de la muñeca de Ariel de manera que quedara bien sujeta. El sobrante junto con el dije lo colocó sobre la palma abierta y envolviendo la mano de Ariel con la suya, le obligó a cerrarla.

— Hoy todo parece gris… ¿no? — Le preguntó en un tono casi confidencial. Ariel le observó a detalle pero asintió levemente. — Hay una leyenda Sibinense que dice que años antes que un niño nazca los espíritus del bosque le asigna un compañero… son unidos por la fuerza del destino y nadie puede separarlos jamás. Pero a veces, durante la trasportación al vientre de su madre, el compañero se cae o es sacudido muy fuerte y queda un poco defectuoso.

— ¿En serio? — Preguntó Ariel.

— No… — Intervine.

— ¡Claro que sí! — Me rebatió James — ¡Es verdad! — Aseguró mirándolo fijamente. — Eso fue lo que le paso a tu compañero… se cayó y se golpeó muy fuerte la cabeza, por eso quedó un poco mal. Pero eso no significa que no te quiera, ni que lo dijo fuera verdad. — Le aclaré — Deviant, Samko, Gianmarco, Han y yo llegamos a la conclusión de que debías saber la verdad.  — Agregué. — A Damian no le gusta hablar de eso, porque le da pena… pero antes de nacer se cayó y por eso es un…

— “Hijo de puta…” — Volví a intervenir y James me miró con reproche.

— Un poco severo. — Le dijo a Ariel, rectificando… ¿un poco? Pero si era el rey de los patanes.

En ese momento le nombraron para que se presentara en la plataforma y Ariel nervioso sacó la hoja arrugada que había guardado en su pantalón.

— No necesitas esto… — Dijo James quitándosela de entre las manos. Señalando la cadena le explicó que era de buena suerte y que le sería útil para controlar sus nervios, que él la utilizaba cada vez tenía que hablar en público y que nunca le había fallado. — Solo diles lo que nos cuentas a nosotros, sé que les encantaras.

Dicho esto lo empujó con suavidad dirigiéndolo hacia los escalones.

Observándolos a ambos pude comprobar que Sedyey había picado su orgullo y por eso Ariel había aceptado dar su discurso, pero que las palabras amables de James habían surtido mejor efecto que la presión de mi hermano. Ariel se acomodó el traje y caminó con seguridad hasta la plataforma.

Le aplaudieron al verlo salir… No era algo que se acostumbrara, pero una vez que los Katzel lo iniciaron todos los demás los imitaron. James sonrió mientras negaba lentamente con la cabeza, quizá se sentía aliviado de no estar en esa mesa o tal vez por el hecho de que a su familia no le importara romper los más antiquísimos protocolos, que en cuanto a exposiciones de pinturas se refiere. A nadie le extrañaba, los que los conocíamos sabíamos de antemano que ellos hacían lo que querían.

— ¿James Katzel tiene problemas para hablar en público?

— ¿Te parece que alguien como yo puede tener problemas de algún tipo? — Respondió con otra pregunta mientras se señalaba así mismo, en el más vil acto de soberbia que en mis veintiséis años había presenciado.

Reviré los ojos con fastidio y él sonrió.

— Pues no recuerdo que la leyenda fuera como la contaste… — Le dije parándome a su lado. Él observaba a Ariel sujetar el micrófono y después a sus cuadros que fueron develados.

— Ariel pertenece a mi familia… — Aseguró en voz baja. — Es un miembro importante. Distorsionar el sentido de las leyendas es lo más inocente que nos veras hacer con tal de conservarlo bajo el cobijo de nuestro apellido.

— No lo dudo…

— ¿Podrías también dejárselo claro a tu hermano? — Preguntó y para hacerlo se tomó la molestia de mirarme. Era apenas unos cuantos centímetros más bajo que yo, pero aun podía hacerlo sin tener que levantar el rostro y se mostró aliviado por ello. — Nos resultaría desagradable que él o cualquier otro creyera que este “tropiezo” en la relación que Ariel sostiene con mi hermano, sea una oportunidad que pueda aprovechar para acercársele.

— No estoy interesado en él… si es lo que te preocupa. — Aseguré. — Al menos, no de esa manera.

Ariel comenzó a hablar, se presentó y agradeció a la universidad y a mi familia. Al principio empezó un poco nervioso, pero en cuanto toco el tema del bosque en el que se había inspirado, de Sibiu, el taller de dibujo en la universidad, la familia que había encontrado aquí… refiriéndose a los Katzel y el cómo todo esto había influido en los cuadros que presentaba, creo, sin temor a equivocarme, que todos pudimos sentir su emoción y la pasión que derrochaba por lo que hacía. Supo venderse y mostrarse como una apuesta segura.

Al finalizar su discurso, sonreía de nuevo y fue ovacionado otra vez. Parecía que la emoción había sido compartida, porque los aplausos fueron altos y vivases. Volvía a ser el chico divertido que todos conocíamos. Y que por supuesto, logró la empatía del público, solo esperaba que también la de los jueces.  Eso sí, sus pinturas tuvieron muy buena acogida.

Cuando inició la subasta se retiró del escenario.

— Es bueno saberlo… — Dijo James antes de que Ariel volviera a nuestro lado.

— ¿Qué es bueno saber…? — Pregunté.

Él volvió sus ojos castaños a los míos y me miró con seriedad. Entonces sonrió…

Su mirada se volvió profunda, como si pudiera ver dentro de mí. Fue extraño porque normalmente me ignora… nada personal, creo yo. Después de todo James Katzel ignora a quien se le viene en gana. Supuse que tenía que ver con la rivalidad entre nuestras familias que en los últimos años había complicado todo. Él tenía prohibido acercarse a mí y mi padre insistía en que poner los ojos en él era una estupidez.

 

***

 

DAMIAN

YOU´RE NOT THERE

En cada paso que doy tu solías guiarme, ahora tengo pavor de tener que enfrentarme a todo… solo.

Salí apresurando el paso, quería alejarme de ese lugar como si con ello pudiera borrar lo sucedido. Rodeé la parte trasera del Museo y corrí hacía la zona amurallada, me fui internando entre los callejones empedrados de la ciudadela, el enladrillado rojo de las paredes posteriores se alzaba presuntuoso ante mis ojos. Y yo solo quería escapar de este lugar que comenzaba a asfixiarme. Hoy no nevaba pero el viento gélido me hacía tiritar. O quizá el frio venia de mi alma y no del aire.

No estaba lo suficientemente en mí como para asegurar nada.

Solo sabía que cada lugar por el que pasaba me contaba historias con él, historias que por mi estupidez quizá no tendrían continuación… Aceleré el paso.

De cierta forma estaba agradecido de que las calles que elegía estuvieran despejadas. Bajé por la zona industrial y en cuanto mis pies tocaron las primeras hiervas del bosque, dejé atrás mi piel de humano y el lobo resurgió haciéndome caer sobre mis cuatro extremidades.

No hubo la trasformación pomposa de siempre, mi lobo estaba casi tan aturdido como lo estaba yo, a tal punto que terminé chocando contra algunos árboles. Pero en ningún momento me detuve, aun cuando en más de una ocasión me fui de hocico contra el suelo. Estaba débil, cansado y atemorizado. Y fue lo último lo que me obligó a continuar.

Corría como si no supiera que el peor de mis enemigos — del cuan pretendía escapar — era yo mismo.

Me fui abriendo paso por entre la espesura del bosque y conforme más confianza iba ganando, aumentaba mi velocidad. Sentía las plantas de mis patas extenderse contra la tierra fría y mi ritmo cardíaco aumentar. Mis oídos parecieron destaparse y los sonidos del bosque me llegaron nítidos y de golpe. Mi sentido del olfato también se acrecentó y olor a tierra húmeda, las hierbas y algunas flores que aun sobrevivan a las inclemencias del clima se mezclaron impregnándome de ese olor a vida que tanto me gustaba. Aunque aún seguía prefiriendo el olor del cuello de Ariel… de todos los bosques que he recorrido su cuerpo era mi predilecto.

Pronto tuve el control total de mi cuerpo y mi cola se alzó sacudiéndose de un lado a otro.

Me hacía falta esto… correr libre en este que también era mi mundo, siendo solo yo… aceptando que ambas partes me pertenecen y que aun en mi cuerpo de lobo, él humano no estaba del todo ausente.

Corrí y corrí sin descanso… algo en mi interior me gritaba “cobarde”, me acusaba de estar huyendo de una situación que debía enfrentar. Que lo correcto ara volver y arreglar mi situación con Ariel, pero ahora mismo estaba demasiado cariacontecido para atreverme a enfrentarlo.

Crucé el límite de Sibiu hacía Cluj-Napoca y tomé la desviación hacía el piedemonte de los Cárpatos Orientales. En menos de un cuarto de hora entré a los somontanos, era una llanura Sandur, ondulada y rodeada por anillos montañosos y acantilados empicados que adornaban los límites del único camino que unía una colina con la otra y por el cual corría un cauce de agua en deshielo. Mis patas se hundieron en los sedimentos y mi pelaje se salpico un poco, pero lejos de molestarme, resultó una sensación reconfortante.

Tomé camino hacia el único inselberg que la erosión había creado en esta zona y que estaba recubierto de una fina capa de glacis. Lo escalé hasta cima para saltar hacia el primer desbloque de los Cárpatos Orientales.  Este era el lugar del último asentamiento de las tribus de los Dacios, y por alguna razón me sentía parte del todo esto. Aquí la nieve no era perpetua, pero el clima seguía siendo frío incluso para mí.

Comencé a sentir los primeros embates del cansancio después de casi tres horas de estar corriendo a más de sesenta y cinco kilómetros por hora. Mis días en la ciudad me habían robado la vitalidad y la condición física para soportar más, pero aun con todo, me obligué a ir un poco más lejos. Mis patas ya temblaban y mi hocico babeaba saliva seca, estaba sediento.

En uno de los último saltos en declive de aproximadamente cuatro metros, terminé enterrado en la tierra arenosa, pero logré arrastrarme hasta una superficie plana.

Por si estar asustado, cansado, sediento y adolorido no era suficiente, podía sumarle la penosa imagen que debía estar interpretando al terminar de panza al piso completamente agitado y lleno de arena. Pero poco me importo. Estaba muy lejos de la ciudad y sabiendo que aquí nadie me escucharía le aullé a la noche como no lo hacía desde que solo era un lobezno.

El eco me regresó y al mismo tiempo me hizo conocer cuan profundo era lo que sentía, entonces… solo entonces, me permití un poco de honestidad conmigo mismo.

No quería, pero estaba a punto de perder a quien vuelve mi vida maravillosa. Tenía que hacerlo… comprender lo que pasaba conmigo y reconocer que había demasiadas cosas que debía de cambiar. Porque Ariel se me estaba escurriendo como agua entre los dedos y pronto ya no quedaría nada de él, ni siquiera su rastro.

Tuve que reconocer que había cosas a las que creí que jamás me enfrentaría… ¿Por qué entonces debía preocuparme por ellas? Me había conformado, me confié que sería de ese modo y de cierta forma encontré resignación.

Estar y sentirme solo, comenzó a ya no ser tan malo. Podía soportarlo, debía hacerlo… sin embargo, conforme más avanzaba el tiempo, también más inconforme me sentía, había un resquicio de terquedad en mi ser que se negaba a rendirse del todo y esa constante lucha me fue volviendo mezquino. Una persona superficial inclusive conmigo mismo.

Me fui haciendo poco receptivo con respecto a mis propias emociones hasta que casi llegué a insensibilizarme ante ellas. Acepté la errónea conclusión de que sentir sería un estorbo en mi vida, que me terminaría volviendo débil y por sobre todas las cosas, nunca quise serlo.

De las pocas personas que en algún momento intentaron enseñarme amar, Deviant fue el que más empeño puso y le pagué con mucho dolor. No supe que hacer… tal y como ahora… me asusté. Puse como excusa que vivíamos bajo el mismo techo, que éramos hermanos, que los menores no lo entenderían o que su padre podría enojarse… todo con tal de no aceptar que lo quise y mucho.

Pero tampoco amanecí de un día para otro siendo de esta manera, como si se tratara de un resfriado… No… me tomó años. Y en ese periodo todas las personas que se cruzaron en mi camino fueron simples títeres de cuyos hilos halé a voluntad. Mi estilo de vida se basaba en utilizarlos, tomar de todos ellos lo que necesitase, pero no más. No tuve necesidad de seguir reglas, no existió un código moral que me obligara a actuar de tal o cual manera y ninguna de mis parejas esporádicas, mujeres u hombres me lo exigieron tampoco. Siempre se hacía lo que yo decía y me acostumbré a que de esa forma debía ser.

Hasta que un día apareció uno que no estuvo dispuesto. Que me enseñó a pedir permiso y a dar las gracias. En un pueril acto de cobardía lo culparé a él de mi presente desdicha. Aunque se perfectamente que la responsabilidad es toda mía. Importa muy poco como es que Ariel se enteró de Mártin, el que habló de más fui yo.

Y ahora estamos así…

Ariel es una persona fuerte, mucho más de lo que incluso el mismo cree. Alguien que aun con lágrimas brotando de sus ojos se las puede arreglar para decir que está bien mientras sonríe. Él no me necesita, aunque a veces se convence a si mismo de que sí. Yo en cambio, pierdo el rumbo de inmediato si sus ojos no me alumbran el camino por el que debo andar. Y a pesar de mis sentimientos, una y otra vez, pago mal a su cariño.

Le obligué a reconocer que me quería aun cuando con cada una de sus acciones me decía que en efecto, me quería. Y lo hice de la peor de las maneras, con palabras duras… humillándolo, despreciándolo.

Lo lastimo porque no se hacer otra cosa… no es mi intensión pero estoy frente a una situación que desconozco… ¿Cuánto tiempo he estado solo? ¿Cuándo antes había tenido a alguien que fuese para mí? ¿A quién yo quisiera y me quiera también? ¿Alguien que se interesara no en lo que ve al mirarme ni en lo que pudiera ofrecer? Nunca… nunca antes, ni siquiera Deviant.

Y aunque me avergüenza reconocerlo tengo miedo… miedo de quererlo más de lo que ahora ya lo hago. Siento temor de amarlo, porque en mi naturaleza no existe la posibilidad de segundas oportunidades, si mi lobo lo elige a él jamás podré amar a nadie más. Y no es que te mal, tampoco tengo dudas de que Ariel sea esa persona especial para mí.

¿Pero y si cuando sepa la verdad me rechaza?

Él solo conoce al hombre de mal carácter, apático, frio y duro… ¿Acaso no ha tenido suficiente con eso? ¿No le he causado ya suficiente dolor? ¿Cómo voy a decirle…? ¿Qué explicación le voy a dar cuando en algunas noches tenga que dejarlo solo, porque cazar me sea necesario? ¿Y si un día cuando despierte ve a su lado un enorme lobo negro en vez de al hombre al que antes de dormir se entregó? ¿Cómo voy a aparecer frente a él de esta manera? Se va asustar, me va a tener miedo… y la sola idea de que sea de este modo me aterra.

Sé que él no tiene la culpa, le hablo con dureza para esconder mi frustración, para disimular que estoy a punto de caer de rodillas frente a él. Soy enérgico y en ocasiones violento porque no quiero verme blando… no quiero ceder el control que de todos modos él no me ofrece. Que perdí desde la primera vez que se cruzó en mi camino o quizá… que nunca tuve y no había querido reconocerlo.

Las cosas no salieron como esperaba… no planeé enamorarme de él. Iba a matarlo, esa fue la idea original, se suponía que al principio trataría de ganármelo, que lo volvería una más de mis conquistas para tener su cuerpo y después lo iba a llevar al bosque para quitarle la vida. Se veía débil, alguien fácil de manipular, juré que no tendría problema en controlarlo. Pero tal parece que escupí hacia arriba demasiado alto y ahora la saliva me ha caído a la cara.

Porque sucedió justamente lo contrario.

Primero se metió en mi mente, no podía sacarlo de ahí y me engañé diciendo que solo era ansiedad, que estaba demasiado anheloso por llevar a cabo mis planes. Pero la primera vez que me sonrió y dijo mi nombre… ese fue también el momento justo en el que ató un collar a mi cuello, con una placa que decía su nombre y desde entonces me volví su propiedad. La primera vez pude probar sus labios y sus brazos se enredaron alrededor de mi cuello dejándome sentir su peso y la tibieza de su cuerpo, abrochó la cadena. Ha tirado de ella desde entonces… lo segundo que hizo fue meterse en mi piel, no pude dejarlo después de esa ocasión, me ha mantenido a su lado sin siquiera tener la necesidad de pedírmelo. A veces dándome más libertad de la que realmente tengo y en otras tantas, halando de mi cadena para hacer que le obedezca. Siendo castigado con sus lágrimas cuando hago algo mal o premiado con sus besos y su cuerpo si soy obediente… fue así como me doméstico.

A mi… el que siempre se presumió libre… dueño de sí. El que dijo — A mí nunca…“yo jamás…” — y ahora estoy aquí, revolviéndome entre la culpabilidad y el remordimiento por mi estupidez. Yo que me reí en la cara de Deviant cuando dijo que algún día alguien me haría ver mi verdad y me haría sentir la debilidad de un humano.

Y ahora, una sola persona… en menos de siete meses puso en entredicho mis veintiséis años de vida y volvió a mi espíritu manso, necesitado de sus cariños y de sus cuidados

Ni siquiera pude meter las manos, no quise hacerlo. Cedí y lo peor o mejor de todo es que no puedo arrepentirme. Si en algún momento me he sentido pleno y completamente dichoso ha sido en sus brazos y en sus labios. Me volvió suyo y no objeté nada. Lo acepté porque no muy en el fondo de mi ser… era eso lo que realmente deseaba, ser de alguien importante… ser suyo.

Pero que también él fuera mío, que me perteneciera con la misma intensidad y apego. Con la misma necesidad.

Por eso… cuando alguien más se le acerca, me vuelvo receptivo… violento. Estoy celoso de todos y de todo lo que me roba su atención. Hombres y mujeres los veo como terribles rivales que quieren apartarlo de mí. No puedo permitirlo… no podría continuar sin él.

Esa es la verdad… pero ¿cómo reconocerla abiertamente?

¿Cómo demostrar que Damian Katzel es ahora propiedad de un niño de un metro sesenta y ocho, de intensos ojos azules y piel blanca? Todo lo que siempre he sido, lo que creí ser. Y ahora resulta que nunca tuve tanto valor, que no soy tan duro como creía, que soy más impulsivo que violento… No es fácil reconocer algo así. Y no se trata de una mera cuestión de orgullo.

Sino de mis cimientos. Me afecta y me perturba, hace que me sienta molesto con él por reducirme a un inseguro, temeroso de todo… ¿Qué hizo con mi desparpajo?

Ahora tengo que cuidar cada aspecto de lo que soy y también de lo que no soy… con tal de no herirlo. Y me rompe la calma, me llena de ansiedad. Me lleva a pasear por los inhóspitos caminos de la frustración. Paso de la ira a la culpa en segundos. De la violencia a una pasividad que me está volviendo loco.

Y no puedo más que reírme de mí… burlarme con ironía de todo esto que siento. Porque soy un estúpido, esa es la verdad. El miedo de perderlo me ciega y yo mismo le obligó a marcharse con mi actitud y mis palabras. En medio de mi desesperación no logró ver que mi único rival, soy yo mismo.

Pero ya no quiero seguir fingiendo que no lo quiero, porque es cansado y una total pérdida de tiempo. Lo que siento por él es más de lo que puedo controlar… — ¿Amor? Creo que es así como lo llaman—. Y ahora mismo estoy sufriendo por esto… porque por primera vez no puedo manejar siquiera mi vida, escapa de mis manos lo que me hace sentir cuando lo tengo cerca de mí.

Pero la vida y la realidad me han reclamado y a gritos me han dicho que él no es mío, que quizá hasta hoy iba a poder guardar las ilusiones que juntos estábamos construyendo. Que debo pagar una alta factura por que no he actuado con madurez con él, que he sido más como un adolescente dominado por la ira y la angustia. Indefenso ante sus demonios internos y que grita y se muestra violento, pero que solo está atemorizado.

Aterrado de que lo que más ha querido en su vida finalmente se aleje con la indiferencia marcada en su rostro. Porque no lo soportaría… no quiero ver en sus ojos la frialdad que solo el resentimiento puede causar en una alma tan frágil como la suya.

Sé que lo mejor que podría hacer por él es darle la libertad de que se aleje de mí, pero tampoco es lo que quiero… No lo haré.

Y con eso en menté, abandoné el piso… Ya era suficiente de excusas y lamentaciones, iría con él y se lo diría. Le confesaría que también lo quiero pero que hay algo en mí que debe saber antes.

 

***

 

JAMES

 

Aparté mis ojos de Taylor, cuando sentí a Ariel sujetarse de la manda de mi cazadora. Hubo una casi imperceptible mirada de reproche en él y sonreí por ello. Yo había tenido que soportar las miradas que le dedicaba a Gianmarco, él bien podía aguantar mi muy inocente coqueteo con Taylor.

Sin embargo, más serio de lo que hubiera deseado verlo me entregó la cadenita, seguido de un frío “gracias”.

— De nada…

— Me fue de mucha ayuda. — Agregó.

— Entonces… ¿A que debemos este notorio mal humor? — Indagué.

— A nada en particular… — Mintió. — Hylan… ¿sigue en pie esa oferta? — Taylor asintió de inmediato y Ariel le imitó. — ¡Vamos entonces…! Ya no quiero estar más tiempo aquí.

— ¿Qué oferta? — Ataqué, sujetando a Ariel por el brazo cuando quiso irse con él. Ellos se miraron y comprendí que iban a echarme alguna mentira. — ¿A dónde planeas llevarlo? Y no se atrevan a mentirme. — Aclaré. — Ariel… debes decirme la verdad. — Él pareció sopesar sus posibilidades y Taylor le dio la posibilidad de elegir que responder, tras unos segundos lo vi suspirar rendido.

— Una fiesta… — Respondió, mientras levantaba la miraba y la posaba sobre la mía. — Uno de sus amigos, está dando una fiesta y Hilan me invitó.

— ¿Una fiesta… ahora? — Refuté.

— ¡No soy tradicionalista! — Respondió tajante. — Discúlpeme si no planeo tirarme al piso a llorar mi desgracia… pero no soy ese tipo de persona.

— Después de lo que paso hace un momento, no deberías…

— ¿Por qué no, James? — Me cuestionó y la seriedad en su rosto me obligó a detenerme a meditar en lo que estaba haciendo, Damian le había dañado y yo no tenía derecho a exigirle nada. — Ni él es para tanto ni yo para tan poco… — Agregó. Tenía razón, no pude negárselo. — Ahora mismo no tengo ninguna responsabilidad con él ni con nadie. Así que iré a una fiesta, porque se me da la gana hacerlo.

— ¿Personalmente los conoces? — Indagué, Ariel negó de inmediato. — Pues debes saber que todas sus amistades… — Dije señalando a Taylor — son personas mayores que tú que gustan de alcoholizarse y hacer desmanes.

— Eso no es “tan” verdad… — Intervino él. — No todos somos así…

— No es un lugar apropiado para un chico de su edad. — Le rebatí.

— Ya soy mayor de edad… — Aclaró Ariel. — Iré con él, James. — Agregó con determinación.

— No lo creo conveniente… — Insistí — ¿Qué va a ser de ti si se emborracha y te deja olvidado por ahí?

— ¿Qué clase de persona crees que soy? — Intervino Taylor mostrándose ofendido — No le va a pasar nada malo.

— Eso no lo sabes… — Reparé.

— Si no le tienes confianza a Taylor ni a sus amigos, entonces… ven conmigo. — Ofreció Ariel.

La propuesta me sorprendió, Ariel y yo no nos teníamos aun la suficiente confianza como para hacernos invitaciones para ir a fiestas. Sin mencionar que Deviant me tenía prohibido cualquier tipo de acercamiento con los Fosket, en especial con Taylor. A pesar de que él me había ayudado ese día… y hasta cierto punto, el que hoy estuviera con vida, era también gracias a él.

— Yo…

— Ven conmigo. — Repitió Ariel. — ¿Puede acompañarnos…? — Miró a Taylor y por impulso también lo hice, él parecía casi tan sorprendido como yo, sin embargo, asintió de inmediato. — ¡Vamos! — Ariel se deshizo de mi agarré solo para sujetarse de nuevo pero ahora de la manga de mi cazadora.

 

¿En qué rayos estaba pensando cuando acepté?

En todo momento supe que esto estaba mal, que tanto Ariel como yo terminaríamos metiéndonos en serios problemas con Damian y con Deviant. Sin embargo, me dejé guiar cuando Taylor nos sacó por la puerta trasera del museo.  Recorrimos los pasillos oscuros en fila india. Taylor llevaba de la mano a Ariel y él a su vez me llevaba a mí de la misma manera.

Casi fuimos interceptados por Sedyey… pero Taylor logró esquivarlo, supongo que la habilidad se debía a la práctica. Llegamos hasta su camioneta y nos abrió la puerta del copiloto. Ariel iba a entrar primero pero se lo impedí. Taylor fingió no mirarnos y rodeó su auto tomando su lugar. Tenía motivos de sobra para no dejar que Ariel estuviera cerca de él, después de todo, si había aceptado venir había sido precisamente para cuidarlo.

 

TERCERA PERSONA

 

El viaje comenzó incomodo porque ninguno de los tres se atrevió a hablar. Taylor estaba demasiado nervioso con la repentina presencia de James. Habían pasado años desde la última vez que estuvo tan cerca de él y ahora sus brazos se rozaban cuando metía las velocidades al conducir.

Pensó que debía ser su día de suerte, porque pese a sus problemas familiares James le agradaba, lo conocía desde que entró a la escuela elemental. Y es que colegios particulares para gente de su categoría solo había uno en Sibiu y ahí se impartía desde preescolar hasta el último grado de preparatoria. Era por eso que pese a la diferencia de edades, pudo conocerlo. Desde entonces le había parecido que James era muy diferente al resto de los Katzel, tenía una reputación más aceptable y un impecable historial académico. Sabía de su gusto por la fotografía y estaba al pendiente de su trabajo.

En muchas ocasiones había pensado en acercarse a él, hacerle plática, no con una mala intensión sino más bien, para conocerse mejor. No le hacían mal a nadie con platicar de vez en cuando. Pero su hermano menor siempre estaba con él y en su opinión, Samko era excesivamente posesivo con James.  Y de ese mismo modo eran los demás.

Así que dadas las circunstancias, agradeció mentalmente el no haber comprado la camioneta automática o la roja de cuatro puertas que también le había gustado. Pues aunque la parte delantera era algo reducida para dos hombres y medio — Sin hacer de menos a Ariel — daba posibilidades a muchos acercamientos.

— ¿Quieren que encienda la calefacción? — Se atrevió a preguntar al ver a James tiritar.

Pero casi al mismo tiempo en que lo preguntaba Ariel comenzó a deshacerse de la ropa que traía encima. El saco y el chaleco fueron lo primero que salió volando, después aflojó su corbata con desenfado. Para enseguida estirarse, sacarse la camisa de los pantalones y desabrochar los primeros tres botones.

Lo que sea de cada quien…

Taylor sintió que no podía apartar la mirada de Ariel, si bien, él ya había escuchado hablar a algunas personas sobre el encanto del menor, otra cosa muy distinta era el presenciarlo en vivo y a todo color. Y es que parecía que la tragedia de minutos atrás, lo había dotado de un aura de fragilidad que resultaba irresistible. Ariel parecía estar perdido, pero sobre todo… parecía necesitar ser encontrado.

Pero tampoco se trataba de que Ariel se desvistiera de una manera en particular, su encanto radicaba en esa chispa de sensualidad que no sabía que poseía pero que todos los demás si podían notar.

— ¿Qué tanto le miras…? — Atajó James enfrentando a Taylor y cubriendo a Ariel con la espalda. Dos cosas importantes pasaban por la mente de James, la primera era que Taylor no debía distraerse ni apartar la vista del frente, puesto que iban en una vía transitada y dos, nada tenía que verle al novio de su hermano.

— Nada… nada…

— Pues no es lo que parece.

— ¡Chicos! — Intervino Ariel, quien hasta segundos atrás estaba completamente ajeno a sus dos acompañantes. — No vamos a comenzar a pelear ahora…

— Te estaba mirando… — Acusó James.

— Y ahora te mira a ti. — Rebatió Ariel, haciendo una seña con la cabeza como una forma de señalar a Taylor. — Y aunque se supone que como está conduciendo no debería hacerlo, ni tú ni yo nos vamos a desvanecer por ser observados. Así que solo disfruta de la atención que tan amablemente nos está brindando.

James reviró los ojos y se abrazó a sí mismo.

— ¿Quieras que la encienda? — Repitió Taylor.

— ¿El que…?

— La calefacción…

— Sí, por favor.

Ariel escuchó en silencio el débil intercambio de palabras que hubo, tanto Taylor como James actuaban como si hubiesen sido regañados. Y Ariel reputó que no era para tanto.

O quizá se había excedido al hablarles de esa manera, aunque esa no fue su intensión. Sin embargo, de cierta forma le resultaba gracioso tener a esos dos por compañía…

¿Qué tanto conocía a Taylor? No mucho, al principio solo se veían en el centro comunitario y fue ahí donde Sedyey los presentó. Pero después se fue dando cuenta que Taylor o Hylan — como prefería llamarlo — aparecía por todos lados. No es que repentinamente hubieran comenzado a coincidir en los lugares que Ariel frecuentaba, sino que siempre estuvo ahí, pero no lo había notado. Hecho curioso porque Hylan era el tipo de persona a la que no puedes ignorar.

La relación desde el principio fue mala, sin embargo y pese a todo lo que Hylan le hacía. Ariel no podía decir que le desagradara. Al contrario, le parecía alguien muy divertido — A su modo— y físicamente muy atractivo. Mucho más que su hermano.

Con James las cosas no habían ido mejor. Los primeros días se había encargado personalmente y con esmero de hacerle la vida de cuadritos cuando Damian lo llevaba a visitar a Deviant. Entonces Ariel había comprobado en carne propia que el favorito de “Devi”… podía ser todo un verdadero dolor de cabeza si se lo proponía. Y sin embargo, hoy estaban aquí… ambos haciéndole compañía en este momento en que sentía que su alma se desquebrajaba.

Pero el que estuviera deseoso de aventarse al piso y llorar su desdicha, no significaba que fuera a hacerlo. Su abuela le había enseñado que se podía estar muerto por dentro, pero se debía continuar firme como una raíz. Y aun si la raíz era aniquilada, entonces él tendría que actuar como una semilla que siempre puede resurgir. Y eso era precisamente lo que pensaba hacer. Si Damian no lo quería, no iba a persuadirlo u obligarlo a hacerlo, él se quería solo y por el momento eso “casi” bastaba.

Ya mañana podría llorar si la necesidad de desahogar su alma, así se lo exigía… pero hoy estaba listo para ir a su primera fiesta desde que llegó a Sibiu y no podría hacerlo en compañía de mejores personas, el rey de los festejos Hylan y el casi siempre sensato James.

 

JAMES

 

No sé en qué mala hora se me ocurrió venir aquí. Sabía que lo había hecho por Ariel, pero si alguien me hubiera dicho que ciertas personas estarían presentes, le hubiera insistido hasta convencerlo de no venir.

— ¿Todo en orden? — Preguntó Ariel mientras me sujetaba de la mano y me daba un apretón suave. No sabría decir si yo era muy obvio o él estaba demasiado pendiente de mí. — ¿Te sientes mal?

Ante la mención de la pregunta, Taylor se giró para mirarme.

— ¿Qué le sucede?

— Dile que no es asunto suyo… — Murmuré de mala gana.

— ¡Hey! ¡Ya basta! — Reclamó Ariel — No soy el mandadero de nadie, estamos aquí los tres, así que si quieres saber qué le pasa… — Dijo señalando a Taylor — puedes preguntárselo personalmente. Y tú… — Agregó mirándome con seriedad — No seas grosero con él. Si tienen problemas, resuélvanlos de una vez por todas… porque no quiero pasarme la noche viéndolos pelear como niños chiquitos.

Sin decir más se dio la vuelta y avanzó entre los carros dejándonos a solas. Estábamos en el estacionamiento de una finca que era propiedad de un hombre de apellido Value al que nadie en Sibiu conocía, pero sus hijos eran una plasta de mierda que se creían intocable y en varias ocasiones había tenido que ponerlos en su lugar por molestar a Samko.

Sin embargo, cuando eso sucedía estábamos en el centro de la ciudad y esa parte es territorio de Damian, nadie con cerebro se metería con nosotros estando ahí, pero aquí… estoy a mitad de la nada y lo peor de todo es que yo solo me metí a la madriguera del lobo.

— ¿Qué sucede James? — Preguntó Taylor, mientras se recargaba contra la puerta de su camioneta, justo a mi lado. — Que nuestras familias tengan diferencias no significa que también nosotros debamos llevarnos mal… Ahora que si lo que pasa, es que te desagrado… pues… solo dímelo. — Había bajado el tono de su voz, pero sus ojos no se apartaban de mí. — Me alejaré y no volveré a molestarte.

— No se trata de eso… — Susurré. Odiaba hacer eso, pero parecía que hoy no podía evitarlo. No quería pensar que era por Taylor, simplemente no sé qué me pasaba.

— Entonces… ¿de qué se trata? — Lo sentí acercarse un poco más y su voz sonó calmada y suave.

— No dijiste que la fiesta seria en este lugar. — Respondí. — No tengo tratos con esta “gente”… ellos van a matarme y después asaran mis trocitos en sus fogatas. — No estaba bromeando, sin embargo, se carcajeó. — No le veo la gracia.

— James… no te van a hacer nada. — Aseguró.

— No es que les tenga miedo.

— En ningún momento pensé que se los tuvieras. — Aclaró. Esto era de familia, los Katzel eran orgullosos hasta la medula. — Pero vienes con Ariel… ¿Crees que él permitiría que alguno de ellos te tocara? Seguro lo verías transformarse en una terrible fiera antes de que si quiera se te acerquen. Y yo… ¿Crees que yo no les haría frente por ti? — Eso último me obligó a mirarlo. Sus ojos grises parecían estudiarme, como si pudieran ver más allá de mis murallas de protección. Temblé ante la mera idea y él lo malinterpretó. Lo vi quitarse su abrigo y me lo colocó en los hombros. Entonces, ocurrió lo que hacía mucho tiempo que no me sucedía, su mirada logró intimidarme.

 

TAYLOR

 

— No importa lo que yo crea… — Respondió apartando sus ojos de los míos. — ¿Lo harías? ¿Enfrentarías a tus amigos… por mí? — No sé si lo suyo era vanidad o una necesidad imperante por sentirse seguro ante mis palabras. Pero él pretendía dejarme expuesto y tampoco podía ceder así de fácil.

— ¿Tengo que volver a aventarme de un puente para demostrarte que haría eso y más por ti? — Respondí con otra pregunta.

James sonrió, mientras se colocaba de frente a mí.

— No, no tienes que hacerlo. — Respondió.

Los dedos de su mano derecha subieron por mi hombro en una caricia que me hizo estremecer y volvieron a bajar, pero ahora por mi pecho. Era más que obvio lo que estaba haciendo y sin embargo, no pude alegrarme tanto por ello. — Creo que no tuve la oportunidad de agradecerte como es debido por aquella ocasión. — Su voz se fue volviendo melosa, pero sin perder ese toque varonil, no me sostenía la mirada aunque en ningún momento la bajo ante mí. — ¡Gracias!

— De nada… — Alcancé a decir y por inercia hice una muy ligera reverencia con la cabeza.

— ¡Fuiste muy valiente! — James ensanchó la sonrisa como si ni él mismo se creyera lo que estaba diciendo. Y pese al hecho terminé imitándolo. Fue así hasta que su mano se detuvo con la palma abierta en el centro de mi pecho. Era una seña de dominio, él buscaba un control que no planeaba cederle.

— ¿Estas coqueteando conmigo, Katzel?

— ¿Qué es coquetear? — Preguntó como si nada.

— No deberías iniciar algo que no pretendes terminar. — Lo acusé. — No intentes jugar conmigo. — Le advertí.

— ¿Qué sabes tú de lo que pretendo?

— ¿Es enserio? — Cuestioné — ¿James Katzel…? — Él solo sonrió. Y yo ya no supe que pensar, porque él era conocido por su exquisito gusto por mujeres un poco mayores que él. Aunque una que otra chiquilla berrinchuda también podía colarse fácilmente en su lista y en su cama… ¿pero esto?

 

ARIEL

 

Estaba congelándome y ellos no venían, a lo lejos podía ver la luz de llamaradas que supuse eran fogatas. Me imaginé junto a alguna de ellas calentándome y comiendo malvaviscos. La idea era mucho más tentadora que estar aquí serenándome.

El viento arrastraba el sonido de la música. Estaba demasiado alto, incluso para mí gusto. Era un extraño tipo de Rap, no soy un experto en géneros musicales pero intentar cantar un Rap en rumano es toda una proeza.  El lugar al que Hylan nos había traído era una lujosa finca ubicada al límite sur de Sibiu, una enorme casa de tres pisos y terrazas salientes a dispar que estaban adornadas con arcos y mampostería fina se encontraba al centro de todo el terreno bardeado y reguardado con cintas eléctricas. Por fuera parecía una fortaleza, y ahora que podía observar desde el estacionamiento, estaba convencido de que era algún tipo de fortificación. Los patios eran amplios y decorados con jardines repletos de plantas… algunas con flores otras simplemente eran de hojas largas y gruesas.

Mi vista se recorrió los otros autos, unos veinte por lo menos. Todos eran lujosos y brillantes que de pararte junto a ellos podías claramente reflejarte. El único demasiado grande era la camioneta de Hylan. El lugar había sido dispuesto como un tipo de estacionamiento improvisado, y cada uno estaba aparcado de tal manera que los primeros no podrían salir si los últimos no se movían.

Más adelante, justo al lado de la casa había una construcción sin paredes. El garaje oficial cubría del sereno seis autos, todos de distinto color. Era un lugar muy ostentoso en el que no me sentí muy cómodo que digamos y eso que aún no entrabamos.

Regresé por el camino, no me había alegado mucho, pero si lo suficiente para darles su espacio y que pudieran charlar sin que les preocupara que yo escuchara. Pero al acercarme, vi que el único preocupado aquí era yo.

Hylan y James estaban de frente uno del otro recargados contra la camioneta del primero. James tenía en los hombros el abrigo de Hylan… ¿raro no? Hace unos minutos no se hablaban y ahora esto.

No quise sacar conclusiones apresuradas, pues aunque de Hylan no tenía dudas, de James no estaba muy seguro. El único hombre con el que le había visto comportarse de esta manera era con Samko y su historia no terminó del todo bien. La distancia entre ellos era mínima, apenas centímetros, unos diez o veinte cuando mucho. Sin embargo, contrario a lo esperado, James sonreía de oreja a oreja mientras la palma de su mano descansaba sobre el pecho de Hylan, quien también sonreía pero con cierta reserva.

Lamentablemente reconocí ese movimiento.

Había ocasiones en las que Damian también me sujetaba de esa manera, era más una presión ligera que hacía que me calmara y le escuchara con atención. Pero también era un gesto con el que lograba que me rindiera… todo dependía de con cuanta fuerza presionara contra mi pecho. Nunca para lastimar, pero sí, con la suficiente fuerza como para recordarme quien estaba al mando.

James lo estaba haciendo de la misma manera, pero Hylan más que sumiso o rendido se mostró preocupado. Saqué mi teléfono y aprovechando la luz de las lámparas que alumbraban todo el estacionamiento, quité el flash y les saqué varias fotos.

Iban a ser las primeras evidencias de mi recién adquirido proyecto de investigación. Ahora que lo pensaba, James tenía prohibido estar cerca de los Fosket, pero en especial de Hylan. — Nadie te prohíbe nada solo porque sí. — Menos Deviant. Mi curiosidad floreció como margaritas en primavera. Sería muy discreto pero investigaría.

— ¿Van a besarse? — Pregunté mientras guardaba de nuevo mi móvil.

Ambos me miraron casi al mismo tiempo. Pero fue Hylan el primero que avanzó hacía mí una vez que James retiró la mano de su pecho. Sabía que iba a reclamarme la intrusión, pero no me importó.

— No pudiste darme cinco minutos más… — Susurró cuando paso a mi lado. Le sonreí y él comprendió que lo había hecho apropósito. — Pequeño demonio. — Agregó mientras rodeaba su auto.

James venía detrás con más calma. La sonrisa en su rostro parecía imborrable, pese al pésimo intento de Hylan por susurrar, supe que él lo había escuchado.

— Me alegra saber que ya arreglaron sus diferencias… — Agregué y él casi se carcajeo. Era inusual ver a James así de contento, por lo general siempre está muy serio, pero también era interesante… Así que Hylan lo pone de buen humor. Mentalmente comencé a hacer mis anotaciones.

— Sí, sí algo de eso hay. — Respondió.

— ¿Necesitaban estar tan cerca el uno del otro para hablar?

— Ese no es asunto tuyo… — Respondió Hylan, volviendo hacía nosotros y tanto a James como a mí nos entregó una botella. James parecía conocer el ritual, yo la acepté solo porque sí.

— Se volverá mi asunto si intentas acercártele más. — Advertí. — James me pertenece… — Agregué con seguridad y solemnidad.

Él se burló de Hylan y este hizo pucheros de inconformidad.

— Ya veremos… — Me retó. — Ya veremos…

Me aventaron adelante, Hylan señaló el camino y tuve que encabezarlo, detrás de mí venia James y él. Era temprano cuando llegamos, apenas las nueve y doce, pero al entrar pude comprobar que James no había mentido. La mayoría de los que estaban ahí ya estaban muy bebidos. Sentí que mis pies quedaron sujetos al piso y no pude avanzar más.

Es un poco curiosa la naturaleza humana, le merluza los obligaba a agruparse. Pero también los desinhibía. No voy a pecar de santo… en el pasado había ido a una que otra fiesta con William, pero esto era otra cosa… Había gente por todos lados.

Algunos bailaban a un ritmo que nada tenía que ver con la música, otros bebían como si estuvieran sedientos después de una larga carrera, hacían competencias y mezclaban las bebidas tomando un poco de todo. Entonces comprendí cual era la finalidad de la botella que Hylan nos había dado. Había una mesa larga llena de botellas, tantas que creí que las nuestras no entrarían ahí.

Otros había optado por irse a las esquinas de la casa con sus parejas, se besaban o incluso iban un poco más haya. No parecía importarles el casi copular en público. Ni compartir a sus parejas con otros. Pero lo que más me sorprendió fue ver a la joven recostada sobre la mesa, estaba completamente desnuda, en su vientre bajo había algo blanco, lo mismo que en sus pechos, sus muslos y piernas. Otros chicos la rodeaban, hombres y mujeres. Algunos se acercaban ocasionalmente, otros parecían querer mantenerse pegados a ella. Regaban el polvo blanco con separadores de libros, tarjetas de presentación e incluso con lo que parecían ser tarjetas de crédito y aspiraban de su piel.

Ella no parecía estar en sí, pero no podría asegurarlo a ciencia cierta. También la tocaban como si fuera uno más de los adornos que decoraba la casa. Las amplias puertas de cristal dejaban ver parte del espectáculo de afuera y a decir verdad, no era muy distinto a lo que sucedía aquí. Me desanimo un poco el ver que en efecto, había fogatas… pero no estaban asando malvaviscos.

Sentí la mano James sujetar la mía e instintivamente lo miré.

— Será mejor que vayamos a otro lado. — Sugirió Hylan. — Esto se va a descontrolar en cualquier momento. — James asintió y lo siguió cuando reemprendimos la marcha a la salida. Pero cuando estábamos por abrir la puerta principal, al parecer, los dueños de la propiedad iban entrando con más gente y cervezas… ¿Quién toma cervezas con este frio?

— Pero miren quien está aquí… — Dijo uno de los tres pelirrojos que encabezaban la marcha, era casi tan alto como Hylan, de piel clara y delgado. Apestaba a licor y al caminar hacia Hylan se mecía de adelante hacia atrás. — Pensé que no vendrías… — Casi se tumbó a sus brazos y este tuvo que atraparlo para que no se fuera de boca al piso.

— Creo que ya fue suficiente licor por hoy para ti. — Sugirió Hylan y él chico se carcajeó.

— No, todavía puedo beber un poco más… — Rebatió, pero al mismo tiempo parecía solicitar su consentimiento. — Solo un poco más… — Pidió — Y después tú y yo vamos a ir a un rato a mi habitación… ¿Verdad?

— ¡Es posible!… pero debes dejar de tomar ahora.

— Solo un copa más…

— ¡Esta bien! — Aceptó Hylan y soltó al chico.

Quien sin más asintió y pasó de largo hasta la mesa repleta de botellas, chocó contra ella y tiró algunas. Pero a nadie pareció importarle.

— Llegas tarde Taylor… — Agregó el otro pelirrojo. Sus demás acompañantes también pasaron de nosotros y se regaron por la casa. — Estuvo preguntando todo el día por ti. — El reclamó en su voz me hizo querer mirarlo mejor, pero James estaba detrás de Hylan, pegado a su espalda como cubriéndose y no me lo permitió. No entendía que pasaba ni porque me sujetaba con tanta firmeza, obligándome a su vez a permanecer detrás de él.

— Tenía lo del Museo… Gerald, estuve ocupado… — Respondió con firmeza.

— ¿Y no pudiste siquiera llamarle…?

— ¿O contestar a sus llamadas? — Dijo el otro.

— No respondes nada Taylor… — Insistió ese de nombre Gerald.

— ¿Por qué no mejor nos explicas porque James Katzel está detrás de ti? ¿Es tu amante en turno? — Ante la mención de su nombre, James reviró los ojos. Entonces comprendí que algo andaba mal. — No sabía que también a él le gustaban las pollas duras. Creí que el único marica era Samko.

Vi a James transformarse ante la mención del nombre de Sam. Me soltó pero se aseguró de dejarme detrás de la espalda de Hylan, le miró a él y después en un movimiento tan rápido que me sorprendió, derribó de un puñetazo en la nariz al que había ofendido a su hermano.

Ni Hylan y mucho menos ellos, esperaron que reaccionaria así.

— ¿A quién llamaste “marica”? — Cuestionó mientras se le iba encima, pero Hylan alcanzó a sujetarlo. Cuando se movió pude ver como sangraba el que estaba en el piso.

— ¡Calmate James!

— No es quien para insultar a mi hermano… el suyo tampoco es muy heterosexual que digamos. Ninguno de los tres lo son.

— ¡Calmate!

— ¡Sueltame! — Exigió James, dándole la espalda a los demás para enfrentar a Hylan. El tal Gerald quiso aprovechar su distracción para agarrarlo a traición. Pero eso no es de hombres.

En mi defensa diré que no pensé en lo que hacía. Y que por tratarse de James no me arrepiento de haberle roto la cabeza con la botella que se me entregó cuando llegué a este lugar. Es solo que cuando fui consciente de sus intenciones, resultó que yo estaba más cerca de él que nadie y también estaba de frente, así que se me hizo fácil estrellársela.

El problema fue cuando tras el estruendo, los demás olvidaron lo que hacían y centraron su atención en nosotros. Dos de los anfitriones estaban en el piso y el tercero que al parecer no estaba tan borracho como creímos, me atrapó y me estampó contra una de las mesas.

Hylan y él se hicieron de palabras en un idioma que no entendí. James se les unió y pronto algunos otros. Me resultó muy injusto ser el único que no entendía ni media pinta de lo que se estaba diciendo. Todos hablaban al mismo tiempo levantando las manos y empujándose unos a otros. James me recogió del piso, justo después de que Hylan lo detuviera en su intento por estrangular al que me había empujado y nos llevó a la salida, pero se colocó adelante de nosotros cuando el gentío se nos vino encima.

Detrás de él lo vimos sacar la llave del auto y James la tomó.

— Adelántense… los alcanzo en un momento. — Ordenó.

— No te voy a dejar aquí. — Rebatió James.

— Sácalo de aquí. — Exigió Hylan, haciéndonos retroceder y cerró la puerta tras de sí dejándonos fuera.

James me tomó de la mano y casi me arrastró hasta la camioneta. Nos subimos y me dijo que debía poner seguro a mi puerta. Parecía estar preocupado por Hylan, pero la llamada de Deviant lo distrajo por un momento.

Lo escuché negar varias veces. Le dijo que no quiso quedarse por lo que había pasado con Damian — Mal momento para recordármelo — y que había decidido irse a su departamento porque tenía un proyecto pendiente que entregaría el miércoles. Me sorprendió que hablara con una tranquilidad que en realidad no sentía, su expresión lo evidenciaba y el que no apartaba la mirada de la casa, pero supuse que lo hizo para que Deviant no sospechara.

— ¿Ariel? No… no sé. — Dijo — Solo me quedé a escuchar el discurso, no volví a verlo. — Explicó y Deviant parecía preocupado, la verdad es que no lograba escuchar muy bien. — Pues no lo sé… quizá se fue con alguno de sus amigos… Deviant no sé… algún amigo debe tener ¿no? — Me miró fijamente y después negó de vuelta. — ¿Qué es lo peor que alguien como Ariel podría estar haciendo?  Debe estar en una pijamada librando una temible guerra de almohadazos… ¡No te preocupes! — Le mal miré pero no pareció importarle, su hermano agregó algo más que hizo que James sonriera y me mirara de forma acusadora. — ¿Ariel…? ¿Irse a beber o meterse en problemas? Por favor, él jamás… haría algo así. — Me avergoncé por ello. — Solo es un niño asustadizo, te repito que él no haría algo así… a lo mejor está escondido en su guardarropa. — Se estaba burlando de mí. — ¿Ya revisaste debajo de la cama? — Agregó riéndose. — Sí, ya sé que no es una broma, pero Samko se escondía debajo de la cama… ¿No se supone que todos los niños hacen lo mismo? Por cierto… ¿Cómo conseguiste la llave de su casa? — James escucho atentó y de la nada se puso serio. — No, no creo que este con él.

Aparté mi mirada de él. Estaban hablando de Damian y yo no quería pensar en él ahora.  — ¿A dónde se fue…? Bueno, ya volverá algún día…

Volví a mirarlo por lo que dijo, entendía que James estaba molesto con Damian… ¿pero se había ido? ¿A dónde? ¿Por qué se fue?

La puerta de la casa se abrió y Hylan apareció cerrándola tras de sí, caminó a zancadas largas, James intentó colgar, pero Deviant no dejaba de hablar. Algo malo había sucedido, la expresión de Hylan hablaba por si sola. James se corrió para dejarlo entrar pero le hizo una seña con la mano para que no hablara ni encendiera el auto.

— Bueno, si llegó enterarme de algo te voy a avisar… — Agregó. — Sí, es que estoy con este proyecto, quiero terminarlo de una vez. Sí… sí, está bien. — Hylan se burló de él y James le dio un puñetazo en el brazo que hizo que el mayor le sonriera de oreja a oreja y fue extraño verle corresponder a ese gesto de la misma manera.

La preocupación había desaparecido.

No sé… y tampoco quería adelantarme. Pero ellos se veían bien juntos. Uno siempre risueño y el otro por completo amargado, pero eso sí… ya enojados ambos con un carácter de temer. En efecto, hacen una buena pareja.

 

HYLAN TAYLOR

 

Ambos quisieron salto y seña de lo que sucedió dentro, pero me limité a decir que lo había resuelto. Abandonamos el lugar tan pronto como nos fue posible.

En esta ocasión James dijo que era su turno y que nos llevaría a una fiesta de verdad.

Entonces empezamos a discutir cuando Ariel pregunto porque tenía amistad con personas como los que acabamos de dejar atrás, me regañó diciendo que eran una mala influencia. James se le sumó, pero los callé a ambos, a uno por ser tan volátil y al otro por impulsivo.

— Írsele a golpes a alguien ante la más mínima de las provocaciones no es temerario, sino estúpido. — Le explique a James — Y tu jovencito… — Agregué buscando con la mirada a Ariel — Que tengas el corazón roto no te da derecho a querer matar a un cristiano.

— No fue mi intensión… — Rebatió.

— Y eso es precisamente lo que me preocupa… no quiero ni pensar de que eres capaz si te lo propones.

— Él quiso lastimar a James… no iba a permitirlo.

— Bueno, en eso tienes razón…

— ¡Hay que lindos los dos! — Se burló James.

Y se ganó una mirada de reproche por parte de ambos.

Ya no volvimos a hablar salvo en las ocasiones en las que James me daba instrucciones del camino que debía seguir. Y casi media horas después, llegamos.

La fiesta era en el tercer piso de una plaza que recientemente se había inaugurado. No puedo quejarme, quizá eran demasiado jóvenes para mi edad. Pero no voy a negar que el lugar estuviera de lujo. Había barra de bebidas y cocteles, también servicio a la mesa y mucha comida. Mesas de billar y también un área de videojuegos. Desde afuera parecía un lugar pequeño, por dentro era otra cosa. La música era la del momento y la entrada excesivamente cara.

Lo sentí mucho por los que tuvieron que pagar. James simplemente saludo a los guardias de la entrada, todos ellos parecían conocerle que incluso desde que lo divisaron le dijeron que se acercara y sin necesidad de hacer siquiera fila, nos dejaron pasar.

Ariel parecía entusiasmado por el lugar. Mientras que James iba saludando a varias personas a su paso y también nos presentaba, nuestro mesero nos condujo hasta una mesa frete a la pista, que estaba rodeada por sillones acojinales que formaban una “c”.

Me deslice primero y después lo hizo Ariel, James pidió que lo disculpáramos un momento, que no tardaría. Los seguí con la mirada hasta de desapareció por entre uno de los pasillos. Me desesperé porque no había dado más explicaciones al respecto.

— Dijo que no tardaba… no te preocupes. — Agregó Ariel sin mirarme. Su vista estaba clavada en la pista de baile, pero sonreía.

— No estoy preocupado… — Aseguré. — Solo quería saber a dónde iba.

— ¡Aja!

Su sonrisa se ensanchó y entendí que se estaba burlando de mí. Decidí pasar de él y también me dedique a observar el lugar, por fuera parecía ser muy pequeño, pero la verdad es que era todo lo contrario. Una botella de Martel llegó hasta nuestra mesa con tres vasos y mucho hielo en un recipiente de cristal. Y detrás del mesero estaba James con una cajita blanca entre las manos.

Debido a que el espacio era muy reducido, Ariel se puso de pie y salió para dejarlo pasar. James aceptó pero lo miró con el gesto severo ante la sonrisa del menor. Pero Ariel lo ignoró y volvió a sentarse clavando su vista en las personas que bailaban.

— ¿A dónde fuiste? — Alcancé a preguntar, pero debido al volumen alto de la música no pudo escucharme.

Con rapidez lo vi poner hielo en los tres vasos y destapar la botella. Entonces le explicó a Ariel que podía agregarle agua mineral, para que no lo sintiera tan fuerte o bien, podía tomarlo en las rocas, tal y como lo haríamos nosotros. Lo supe por como señalaba cada cosa de la que hablaba. Ariel por su parte, no parecía muy interesado en la bebida pero la aceptó igual.

Entonces James volvió la vista a mí y me entregó mi vaso.

El suyo apenas y lo probó. Se acercó más a mí, hasta que nuestras rodillas se toparon y puso entonces la cajita blanca en sus piernas y la destapó, era un botiquín de primeros auxilios. Sacó una gasa y la humedeció con agua oxigenada para después estirar la mano y la llevó hasta mi labio partido. No se lo impedí, a decir verdad, ni siquiera me moví.

— ¿Te duele mucho…? — Preguntó totalmente concentrado en lo que hacía.

— Sí digo que sí… — Intenté jugar pero su mirada dura me detuvo.

— ¿Te duele sí o no? — Casi teníamos que gritar para escucharnos, pero James no perdió la firmeza en ningún momento.

— Sí… — Respondí. — Un poco pero sí.

— ¡Lo lamento! — Agregó y cambió la gaza por otra, en esta ocasión pudo alcohol etílico, mismo que al contacto con la herida me ardió, él hizo un mohín y fue mi turno de mirarlo con severidad. — Creo que tu chico se puso algo celoso… Debiste explicarle. — Sugirió — Seguro malinterpretó las cosas…

— En primera no es mi chico… — Le aclaré mientras le quitaba la gasita de entre las manos, ya estaba bien de curaciones, la vida me había dado peores golpes y aquí estaba… “Vivito y coleando”. — Y si quieras que sea honesto… — Agregué — no me molesta en lo absoluto la “confusión”… — James sonrió mientras levantaba la ceja en punta en señal de aprobación. — ¿Y a ti…?

— ¿A mí que…? — Se hizo el desentendido.

— ¿Qué tal te parece la idea?

— ¿Qué idea? — Me reí porque este era más difícil que novia de rancho. Él me imitó.

— ¡Vamos James! — Le dije — Sé que comprendes perfectamente a que me refiero.

— Eh… no… — Negó también con la cabeza mientras hablaba. —No tengo la menor idea de que estas hablando.

Cerré la cajita blanca y se la quité para dejarla sobre la mesa. Quise tocarlo no pero no me lo permitió. Era claro que estaba jugando conmigo, pero en este momento no me importó, le seguiría el juego hasta ver a donde llegábamos.

 

TERCERA PERSONA

 

Durante los siguientes minutos los tres se dedicaron a beber como si sus vidas dependieran de ello, cada uno atrapado en sus propios pensamientos, pero James estuvo siempre al pendiente de rellenar los vasos cada vez que fue necesario. A la primera botella le siguió otra, Ariel le hacía gestos al nuevo Wiski pero la cerveza le había desagradado desde que la probó.

Con tal de consentirlo, James había mandado traer distintas bebidas, incluso cocteles, pero Ariel era alguien difícil de complacer. Aun con todo, a la tercera botella ya ninguno estaba muy lúcido. Se habían aplastado contra el asiento y se recargaban sobre el hombro del otro. Pese a que el lugar era alegre, los tres parecían tener los ánimos bajos.

— A que soy más encantador que tu… Katzel… — Dijo Taylor de la nada. James lo miró desde su posición con el entrecejo fruncido.

— ¿Qué…?

— A que puedo conseguir más números de celular que tú. — James se echó la carcajada y eso llamó la atención de Ariel. James recorrió con detenimiento el lugar, como buscando una presa.

— ¿Ves a esa chica de allá…? — Señaló hacía la barra. — La de vestido amarillo… y cabello suelto. — Taylor asintió — Traé su número.

— ¿Por qué una mujer? — Reprochó. Causando la sorpresa tanto de James como de Ariel. — Si tengo que… hay que hacerlo más difícil para que sea divertido…

— Lo que pasa es que no eres bueno con las mujeres… — Soltó James picando el orgullo Taylor, quien de inmediato se acomodó la ropa y casi pasando por encima de los otros dos, salió dispuesto a conseguir ese número.

Ambos lo siguieron con la mirada mientras bajaba las pocas escaleras y caminaba hacia la barra. Ariel abandonó su postura desganada y se sentó derechito para poder observar a detalle lo que iba a suceder.

— ¿Crees que lo consiga…? — Le preguntó a James.

— Solo miralo… ¿crees que alguien le negaría algo?

Para Ariel un “si” o un “no” hubiera bastado. Pero la respuesta de James le obligó a apartar la mirada de ellos y centrarla en su excuñado.

— ¿Ni siquiera tú? — Preguntó sin más.

Pese a que todo lo que había bebido lo fue conduciendo a su alucinante paraíso etílico, comprendió que el permitirse un aire de espontaneidad delante de Ariel, era tanto como hablar de más.

Ariel aguardaba por su respuesta como si ya conociera verdad y solo estuviera probándolo. James le sonrió con suficiencia, dándole entender que no respondería a esa pregunta. — ¿Te gusta? — Presionó pero James se limitó a encogerse de hombros y volvió la vista hacía la barra, donde Taylor ya estaba hablando con la mujer de vestido amarillo. Ella la miraba sonriente y él le correspondía siendo atento. Hicieron el intercambió de números, mismo que Taylor aparentemente comprobó, seguidamente le invitó un trago y después se despidieron.

Tanto Ariel como James lo siguieron con la mirada hasta que llegó a la mesa y de la misma manera en la que salió, volvió a meterse, casi aplastándolos.

— El número… — Dijo en cuanto se sentó, mostrándoles la pantalla de su celular. — Te toca… — Agregó palmeando el hombro de James. — ¿A quién quieres que se lo pida? — Casi lo gritó para que Ariel lograra escucharlo. — Búscale una chica dulce… para que sea fácil. — Se burló.

— No es necesario… puedo conseguir el número de un hombre también. — Intervino James, mirando con suficiencia a Taylor.

— No tienes que… — Intervino Ariel.

Pero aquello ya se había vuelto personal.

— Elígelo y conseguiré su número. — Aseguró.

— No lo dudo… pero…

— Solo elígelo Fosket. — Ordenó James.

— No quiero verte haciendo eso…

— Elígelo… — Le ordenó a Ariel, dándole la espalda a Taylor.

Ariel tampoco quería hacerlo, sin embargo, James aguardaba. — El que está ahí… — Dijo señalando discretamente el lado izquierdo de la pista. Donde justo al pie de los escalones estaban una chica y dos hombres. — El de camisa azul celeste.

No quiso ahondar en detalles y tampoco fue necesario, pero Ariel llevaba rato mirándolo.

— ¡De acuerdo! — Aceptó.

Sin embargo, cuando quiso ponerse de pie, Taylor se lo impidió y adelantándose a él salió por el otro lado de la mesa.

— Te voy a traer ese número y de ahí en adelante dejaremos a los hombres fuera de esto. — Aclaró con seriedad.

— No necesito tu ayuda… — Rechazó James sujetándolo por la manga de su camisa para detenerlo.

— Ya lo sé… pero no quiero que lo hagas.

— Pues no mires…

— Iré yo… — Intervino Ariel.

— ¿Qué? — Preguntaron al mismo tiempo.

— De ninguna manera… — Objetó James.

— ¿Por qué no…? Lo elegí yo… ¿No?

— Sí, pero… — Quiso intervenir Taylor, pero se quedó en eso, un mero intento.

— También pude conseguir un simple número de teléfono. — Rebatió y sin darles tiempo a que le discutan nada, se levantó de la mesa. Bajó tan rápido como pudo y comenzó a luchar por abrirse paso entre la gente.

— ¿Deberíamos detenerlo? — Preguntó Taylor.

— No debimos dejarlo ir…

Ambos volvieron a sus lugares para mirar detenidamente la escena.

— No esta emocionalmente estable como para otro rechazo…

— Damian no lo rechazó. — Aclaró James.

— Como sea… ojalá se lo den.

— Es bonito… eso debe ayudar.

— ¿Te gusta…? — Preguntó curioso Taylor y al instante James sintió que estaba platica ya la había sostenía antes, pero desechó el pensamiento al instante.

Ariel llegó hasta donde los chicos y fingió que tropezó, la mujer fue la que salió en su ayuda. Sus dos acompañantes se acercaron y rodearon a Ariel. De la nada, los dos tipos se empezaron a reír, James se puso de pie dispuesto a partirles hasta el alma si se estaban burlando de Ariel, pero resultó que él también sonreía. Hicieron un intercambio de palabras y entonces el hombre de camisa azul celeste tomó el celular de Ariel y empezó a escribir algo, después se tomó una foto, tecleó un poco más y le pasó el celular al otro tipo, quien repitió la misma operación, mientras Ariel le hablaba al oído a la chica. Ella parecía estar encantada con él, pues no dejaba de reírse.

Cuando le entregaron el móvil a ella, fue entonces que comenzó a despedirse. Le ofreció la mano para un saludo respetuoso al que tenía más cerca, pero con el de camisa Azul celeste fue distinto, Ariel le sonreía incluso con los ojos.

— Odio cuando mira de esa manera a alguien más… — Espetó James, dejándose caer en el asiento. Taylor asintió, aunque no comprendió de qué iba a todo ese asuntó.

— ¿A quién más mira así…?

— A Gianmarco…

— ¿Gianmarco? ¿Quién es ese…?

James hizo una seña en la mano dando a entender que no importaba. La mujer le entregó el celular a Ariel y lo besó en la mejilla. Él le correspondió y después se alejó por el lado contrario al que llegó, así que tuvo que rodear todas las mesas hasta que llegó a la suya.

— ¿Y? ¿Fuiste por un número o a que te besaran? — Reprochó Taylor.

— Se llama Steve… ¡oh! — Exclamó — Puso su foto… Es guapo. — Ariel parecía muy emocionado con su resiente conquista y eso causó la molestia de los otros dos.

— Dame eso… — Dijo James quitándole el teléfono de la manos. — No necesitas el número de ese tipo ni de ningún otro.

— Es verdad… ¡Eliminalos! — Le hizo segunda Taylor.

— ¡No es justo! No los elimines…

Pese a lo dicho, James lo eliminó. Quiso hacer lo mismo con los otros dos pero solo encontró a la chica, a quien también borró de sus contactos.

Ariel se mostró enojado con ellos, pero al quinto trago se le olvido. Taylor fue a los sanitarios y cuando volvió su mesa estaba sola, comenzó a buscarlos con la mirada y los encontró entre el gentío, bailando en la pista, casi en el centro. Taylor no podía decir que lo estuvieran haciendo mal, pero estaban demasiados pegados, en realidad, todos estaban así, el espacio era muy reducido. Y si le sumaban todo el licor que traían encima… estaban demasiado… desinhibidos.

James le hizo señas con la mano para que se acercara y que trajera la botella. Al principio se negó, pero terminó cediendo. Acomodaron a Ariel en medio de ambos para que nadie lo aplastara. El calor en la pista era sofocante, sudaban pero no por eso se detenían.

A ratos bailaban entre ellos y en otras ocasiones con las chicas que estaban cerca, pero tal y como prometieron, dejaron a los hombres fuera del asunto. Ariel resultó tener su encanto activado y en más de una ocasión tuvieron que rescatarlo de alguna chica que planeaba llevárselo a otro sitio. Él estaba en ese punto al que a todos les decía que sí…

Incluso a ellos cuando lo arrastraron hasta la mesa.

Taylor estaba acostumbrado a beber, a las horas se veía bien y nadie diría que había bebido tanto.  Pero eran ya de madrugada y James decidió que también era hora de irse.

— Iré a pagar… — Dijo Taylor — Asegurate que no se duerma.

— Mi membresía cubre todos los gastos… — Le aclaró James.

— No voy a dejar que pagues tú…

— No seas orgulloso… la próxima nos invitas tú.

— ¿La próxima vez? — Reparó Taylor sonriéndole.

— Solo si quieres…

— Sí, sí quiero…

— Entonces… ya está. — Finalizó James.

— Se está durmiendo… — Taylor señaló a Ariel, quien ya se había hecho bolita sobre el asiento.

— Ari… aun no te duermas… Todavía iremos a otra fiesta. — Bromeó James. Ariel negó con la cabeza y se abrazó así mismo. — Bueno… creo que este soldado ya cayó.

— Acercaré el auto… ¿Me esperan aquí?

— Sí, porque no hay elevador y voy a necesitar que me ayudes a bajarlo.

Taylor salió lo más rápido que pudo, pero no era el único que quería irse, la gente estaba amontonada en la salida. Cuando por fin pudo cruzar esa parte, notó que los demás locales de la plaza estaban cerrados. La camioneta la habían dejado a una cuadra del lugar porque James había dicho que el estacionamiento era un lio y al parecer, no mintió.

Como cada mañana en Sibiu el frío era denso… Taylor casi tuvo que correr hasta la camioneta para cubrirse porque su abrigo se lo había quedado James. Volvió tan rápido como pudo, pero aunque logró ingresar a la plaza, no pudo dejar la camioneta justo en la entrada, de frente a las escaleras… sino que tuvo que ser a un par de locales atrás.

Como mucho se tardó unos quince minutos, pero cuando volvió… Ariel dormía entre los brazos de James, quien también podía considerarse, soldado caído.

 

TAYLOR

 

¿Cómo se supone que los voy a bajar?

— ¡James! ¡James, por favor! No sé a dónde viven… ¿Qué voy a hacer con ustedes? — Lo sacudí, le mojé el rostro… incluso le puse hielo en la frente y ni así se despertó.

Al final tuve que bajar a Ariel primero. Uno de los meseros que decía conocer a James, me ayudó cuando fue el turno de bajarlo a él. Resultó toda una proeza bajar todos esos escalones. Le hablábamos mientras descendíamos y aunque a ratos parecía querer reaccionar, no lo hizo. Meterlo al auto fue todo un rollo.

— Vas a tener que cargarlo… — Señaló el mesero.

— ¿Cómo se supone que lo voy a cargar si es de mi tamaño?

— Puedo llamar a su hermano si lo prefieres y él vendrá a buscarlo…

— No… no — Negué de inmediato. — Lo voy a cargar. Solo por favor, ayudame para que no se golpeé.

Después de un par de intentos finalmente logré acomodarlos a ambos. Le puse el cinturón de seguridad y también aseguré a la puerta.

— ¿Necesitas algo más? — Preguntó el chico detrás de mí.

— Solo una cosa más… — Le respondí mientras le entregaban un billete. — ¿Hace mucho que lo conoces…? — El chico se limitó a asentir.  — ¿James siempre termina así…?

— ¡No! — Respondió. — Lo conozco desde mucho antes de trabajar aquí, James era muy medido, quizá porque cuando salían Samko siempre estaba con él, pero últimamente a donde quiera que va, está solo. No habla de eso y le molesta que le pregunten, pero creemos que el últimamente este bebiendo mucho se debe a eso…

— Bien, eso es todo… ¡gracias!

El chico se limitó a asentir y volvió dentro.

Como no sabía a donde llevarlos, decidí que era ir a mi departamento. Al llegar, primero bajé a Ariel, casi tuve que arrastrarlo hasta mi habitación. Pegué la cama a la pared y lo recosté lo más pegado que pude, claro que coloque algunas almohadas frente a él para que no se enfriara. Entonces volví por James y repartí la operación.

El trabajo extra me dejó exhausto.

Pero estaban aquí… los dos en mi habitación, espalda contra espalda. Me daba gracia mirarlos y al mismo tiempo me causaban ternura. Me duché y después de asegurar todas las puertas y correr las cortinas, me uní a ellos posteriormente. Me tocó el lado de la orilla de la cama, pero era mejor eso a dormir en el mueble. La luz tenue que siempre dejaba encendida me permitió mirar a detalle el rostro sereno de James.

Algo me decía que la estaba pensando mal y eso de cierta forma me entristecía. Ya después averiguaría lo que sucedió con su hermano como para se hayan distanciado. Me alarmaba la sola idea de que últimamente estuviera bebiendo de esta manera tan descontrolada. Quizá yo no era quien para hablar sobre el tema, pero aun así…

Me estiré sobre él para asegurarme que Ariel estuviera bien arropado. Ese era otro que me tenía preocupado… quien sabe por cuánto tiempo más intentaría evadir su situación, pero esperaba que me dejara estar cerca cuando eso sucediera. Por iba a pasar… en algún momento todas las palabras que Damian dijo, volverían a él y lo harían sufrir.

Y por si preocuparme por ellos no había sido suficiente para perder el sueño, estaban mis propios problemas, ese correo electrónico había logrado robarme la paz desde que lo leí, y de eso ya había pasado casi dos semanas.

Este no era el momento para pensar en eso, lo mejor era que intentara descansar un rato. Porque lo dé más tarde iba a ser un difícil despertar para los tres después de todo lo que bebimos.

 

DAMIAN

 

El ruido del reloj estaba a punto de volverme loco. Había llegado a su casa a eso de las tres de la madruga y esperaba encontrarlo dormido. Pero cuando entré me llevé la sorpresa de que su cama aún estaba hecha y no había rastros resientes de él.

Llamé a Deviant y después a Samko, pero no estaba con ellos y Deviant me dijo que le había preguntado a James y él le dijo que no lo había visto. Nadie sabía nada de Ariel… ni volvieron a verlo después de que dio su discurso. Sedyey me colgó el teléfono cuando le llamé, y también llamé a todos los otros números que estaban en su agenda de mano. Pero respondieron lo mismo, no lo habían visto.

Era mi culpa… no dejaba de pensar que quizá le había ocurrido algo malo.

Pero también había llamado a los hospitales y nadie supo darme razón. Cuando dejé su casa eran casi las siete de la mañana. Primero volví al museo. Busqué en los alrededores y pregunté por él, la sala en la que había sido la reunión estaba libre, me dijeron que comenzaron a desmontar justo después de que terminó el evento.

Fui a la universidad pero no se presentó a clases. Hablé con Bianca y ella me dijo que intentó llamarlo justo después de que yo le había marcado en la madrugada, pero que su teléfono estaba apagado y continuaba de esa manera. También busqué a Sedyey, tenía que comprobar por mí mismo que no estaba escondiéndolo de mí.

Casi lo saqué a rastras de su clase, pero por lo que pude ver. No mentía… no había visto a Ariel desde que terminó su discurso.

Estaba desesperado cuando fui a ver a Deviant. Pero él no estaba mejor, así que no permanecí más que unos cuantos minutos en su departamento, porque sentía que me desesperaba más. No vi el momento en que llegué a la cabaña, el cansancio de mis horas corriendo de ida y vuelta, la desvelada y el ajetreo de toda la mañana… me dejé caer a la entrada de mi casa y casi al instante me quedé dormido.

 

JAMES

 

Cuando desperté sentí que todo daba vueltas, la cabeza me iba a estallar y las náuseas revolvieron mi estómago. No quería siquiera intentar respirar, mucho menos moverme.

Quise estirar mi mano para tomar el reloj que descansaba sobre mi velador, para saber a qué hora eran, pero no pude moverme, fue entonces que comprendí que había alguien más a mi lado. Me esforcé por abrir los ojos, pero justo al siguiente segundo deseé no haberlo hecho.

¿Qué diablos había hecho…?

Su espalda desnuda estaba contra mi pecho, mi brazo izquierdo le servía como soporte para su cabeza, mientras que con la derecha lo mantenía cerca de mí. Sus piernas estaban enredadas entre los mías y mi rostro reposaba contra el dorso de su cuello.

Contuve el aliento… esta habitación no era mía. Y la persona que dormía entre mis brazos era Taylor Fosket.

Quise liberarme, pero para hacerlo tenía que moverlo y no quería que se despertara y nos viera de esta manera. Me desesperé… mentalmente intentaba recordar que era lo que había pasado. Estábamos en ese bar y después… él fue por el auto… entonces yo debía…

¿Qué era lo que tenía que hacer?

Debía…

¿Ariel…?

Me paré de golpe que hasta de no despertar a Taylor me olvidé. Él se quejó por el movimiento brusco… y quise disculparme, pero la manera en la que me levanté tan rápido, me mareo.

— ¿Qué pasa…? — Preguntó con voz somnolienta.

— Ariel… ¡Lo perdí…!

— ¿Qué…? — Taylor se sentó de golpe, lo vi rebuscar entre los edredones y después me aventó una almohada. — No vuelvas a asustarme de esa manera, Katzel. — Dicho eso, me dio la espalda y volvió a costarse, enrollándose con los edredones.

Jalé la sabanas donde él había buscado y resultó que sepultado entre un mar de almohadas estaba Ariel. Parecía ser el único que dormía plácidamente… — Creí que te dejé olvidado. — Le dije a modo de disculpa aunque no me escuchaba. Taylor se río y aunque me molestó un poco, también me dio gracia.

— Vuelve a la cama James… — Agregó Taylor y fue tal mi inconformidad que lo miré detenidamente. Lo había dicho de una manera tan extrañamente familiar… que sentí algo removerse en mi interior, no en un mal sentido, sino todo lo contrario. Aun así, no creía que estaba bien que me sintiera tan cómodo a su lado. Ayer a estas horas ni siquiera nos hablábamos y ahora me pedía que volviera a recostarme a su lado.

Pero aun si mi cabeza era mar profundo de pensamientos lo hice… volví a la cama y centré mi vista en el techo de la habitación, Taylor se giró en ese momento y volvió a recargarse contra mí, pero ahora de frente. Su brazo izquierdo me cruzaba por la cintura, como si estuviera abrazándome.

— ¿Qué estás haciendo…?

— Intento dormir… ¡Callate!

— ¡Ve a tu lado de la cama! — Ordené pero él se negó a soltarme. — ¿Tienes que hacer esto?

— Eres mejor que todas mis almohadas… que te cuesta cooperar un poco. — Me reprochó. — Me duele la espalda y las piernas por tener que cargarte.

— ¿Qué hiciste que…?

— No lo recuerdas… ¿cierto? — Se río y yo enmudecí por completo. — Eres un maldito desconsiderado…

Le dolían la espalda y las piernas… me cargo… no quiere hablar del tema… Eso siempre era una terrible señal. Y me había llamado maldito desconsiderado… pero si hubiéramos hecho algo… lo recordaría.

¿No?

— No sé de qué hablas…

— ¡Aja!

— Explicame…

— Callate…

— Taylor… — Insistí. — ¿Qué es lo que se supone que debo recordar? — Ya no me respondió.

 

TAYLOR

 

Eran casi las dos de la tarde cuando desperté, intenté arrastrarme fuera de la cama pero literalmente sentía que la cabeza me iba a estallar. Y la promesa de siempre — Jamás en mi vida vuelvo a beber —. Era la más terrible de mis mentiras, pero al menos, por ahora, estaba convencido de no volver a hacerlo.

Como pude me senté a la orilla de la cama, James y Ari seguían durmiendo. Me preocupe por el segundo y me obligué a ir a su lado y revisar que estuviera respirando. Bien podría tratarse de que era muy tranquilo al dormir… contrario a James que no dejaba de moverse. Esperaba que se tratara de eso.

Le fui quitando las almohadas de encima y lo busqué entré los edredones. Me recordó a esos gusanitos que se entierran para dormir, quizá era mala comparación, pero fue lo que me recordó cuando lo encontré en posición fetal en la esquina superior de la cama. Una vez leí que los duermen de esa manera es porque extrañan a sus madres… sentí ternura y decidí que lo mejor era volver a sepultarlo entre los edredones y las almohadas.

Cerré la puerta con cuidado al salir para no despertarlos.

Necesitaba mi antídoto para este malestar. Después de mi agua gasificada con tres efervescentes, empecé a preparar el desayuno.

Estaba en eso cuando James apareció en el comedor.

— ¿Qué estás haciendo? — Preguntó.

— Aquí nada más… — Respondí sarcástico. — No vayas a pensar que estoy preparando el desayuno… para nada. Solo vine a pararme aquí, a esperar que alguien poco astuto venga a preguntar que estoy haciendo. — Me burle.

— Eres insoportable en las mañanas…

— Igualmente… — Respondí.

James se dejó caer en la primera silla que encontró y se sujetó la cabeza con ambas manos. — ¿Estas llorando? — Le pregunté solo por molestar. Ya le estaba preparando mi antídoto, pero dudé sobre si se lo merecía o no, cuando me hizo una seña obscena con su dedo grosero.

Aunque al final, no pude ignorar su sufrimiento. La comida estaba lista y el café en su punto.

— Tomate esto… — Agregué mientras dejaba el vaso burbujeante frente a él y me senté a su lado. — Ta va a ayudar…

— ¿Qué brujería es esa?

— No es brujería… — Rebatí.

— ¿Y porque tiene tantas burbujas…?

— Mira… si no quieres tomártelo, sigue con tu dolor de cabeza…

— ¡No! — Me detuvo cuando quise alejarle el vaso. — Me lo voy a tomar.

Lo bebió con desconfianza y no apartó la mirada de mí en ningún momento.

— No voy a envenenarte…— Aseguré. Él asintió y dejó el vaso sobre la mesa.

— Vamos un rato a la sala… — Ofrecí — Después desayunaremos.

Quise tomarlo de la mano para dirigirlo, pero se rehusó a mi agarre. Estaba rechazándome otra vez.

— Puedo ir solo.

— Como quieras, Katzel. — Respondí — Ni siquiera tienes que venir si no quieres. — Le di la espalda y me fui a mi sala. Eso era lo que me gana por intentar ser amable.

Me acomodé en mi sillón amplio, me tapé con uno de los edredones que siempre dejaba para mis siestas cortas y encendí el televisor. No miraba ningún canal en especial, estaba enojado.

James apareció al poco rato y se sentó a mi lado… ¿A que venía? Ya ni siquiera quería que fuera mi amigo. Lo sentí mirarme, pero decidí ignorarlo. Seguía cambiando de canal, cualquier cosa con tal de no centrar mi atención en él.

— ¡Lo siento! — Dijo en un susurró, pero hice como que no lo escuché. — Taylor, te estoy hablando… — Ni siquiera pestañee. — Oye… hazme caso… lo siento, enserio. — Me quitó el control de la televisión y fue entonces que lo miré.

— ¿Qué haces…? Devuélvemelo…

— No… — Se negó — Te estoy hablando… y ni siquiera estás viendo nada en particular.

— Estoy viendo todos los canales a la vez…

— ¡Eso es imposible!

— No me importa, así miró la televisión… ahora dame mi control. — Extendí la mano y lo miré con seriedad.

— Eres muy infantil… — Me regañó y apagó la televisión. Escondió el control en la esquina del mueble y se sentó ahí para impedir que lo sacara. — No voy a darte nada, porque debemos hablar.

— No quiero hablar contigo…

— Ya dije que lo siento.

— No me importa.

— Imbécil — Me acusó.

— Pretencioso…

— Inmaduro…

— Amargado…

— ¡Idiota!

— ¡Chocante!

— ¡Tonto!

— Doblemente tonto… — Respondí.

— Dios los hace y ellos se juntan… — Intervino Ariel. Tuvimos que olvidarnos de nuestra taxativa discusión para mirarlo. Se veía fresco como una lechuga recién acabada de regar. Tenía los brazos cruzados a la altura del pecho y nos miraba con reprobación. — ¿Se puede saber porque están peleando?

— El empezó… — Acusé.

— Pero ya me disculpe… — Rebatió James. Ariel reviró los ojos y se empezó a reír. — ¿Estás bien? — Le preguntó mientras abandonaba el mueble y se acercaba a él.

— ¡Sí!

— ¿No te duele la cabeza? ¿No tienes nauseas…?

— ¡No!

— ¿En serio…? — Indagué — ¿Ningún malestar?

— No… ¿Por qué lo preguntan? ¿Ustedes se sienten mal?

— James estaba a punto de hacer su testamento hace unos minutos… — Confesé mientras me acercaba a ellos.

— Eso no es verdad…

— No empiecen de nuevo… que tengo evidencia en mi celular de que anoche se estaban llevando muy bien.

— Yo también… — Confesé. Ariel me sonrió y chocamos cinco. — A partir de ahora eres mi nuevo mejor amigo, es más… siéntate a mi lado. — Agregué mientras lo conducía de nuevo al comedor.

— James también… — Dijo Ariel. — Vamos… olviden sus rencillas y dense la mano. Los tres somos amigos ahora. — Casi estábamos de frente, pero James no parecía querer estirar la mano para hacer las paces, así que yo también me negué. — No sean orgullosos… ser así no sirve de nada. — James… — Le presionó.

— Porque yo… él es mayor, debería de poner el ejemplo.

— La edad es solo un número… — Le rebatí.

— Sí, ya vi que en ti es solo un número.

 

ARIEL

 

Después del desayuno que más bien fue comida — por la hora— Hylan nos llevó al centro. Se había ofrecido a repartirnos en nuestras pero curiosamente James respondió lo mismo que yo. Que no era seguro.

Hylan dijo que parecía que formábamos parte de una secta muy estricta y quizá no estaba lejos de ser verdad. No esperaba encontrarme con… él, al llegar a casa, pero si fuera el caso, estaría en problemas. Y el caso de James, Deviant se entera de todo lo que hace, así que nuestras situaciones no eran tan distintas.

Fingí que no escuchaba lo que se decían, intentaban disimular entre murmullos pero la verdad es que eran muy obvios.

— ¿Semillas de romance floreciendo entre la nieve…? — Me burlé de James cuando finalmente abordamos el taxi. Y es que bastaba ver las sonrisas de ambos para notar que aunque se peleaban con frecuencia, era solo para disimular.

Sin embargo, durante todo el trayecto hasta su casa, lo negó. Dijo que él no era así… que solo había descubierto que no le desagradaba tanto, inclusive reconoció que Hylan era divertido, pero nada más. Que yo estaba viendo monos con trinchetes y quien sabe cuanta cosa… Pero lo que él no sabía, era que yo tenía pruebas contundentes de que había algo más.

Sucede que durante las primeras horas de la mañana, sentí sed y me desperté. La luz que entraba por entre las cortinas era poca, pero había una lamparita encendida en el velador. Lo que vi era muy distinto a lo que James decía. Y tomé fotos de ellos hasta que mi batería murió y el teléfono se apagó.

— ¿Estás seguro de que no quieres quedarte un rato? — Me preguntó una vez que el auto se estacionó a la entrada de su condominio.

— ¿Te preocupa que Deviant este arriba?

— No es eso… — Aseguró. — Sí él hubiese querido encontrarme durante la madrugada lo hubiera hecho. Ha decir verdad, no es Deviant quien me preocupa… tanto — Sintió que era necesario hacer la aclaración. — No vas a poder ignorar lo que paso para siempre.

— No hablaré de eso ahora…

— Ariel…

— No, James… — Le rebatí — Lo enfrentaré cuando esté listo, y este no es el momento. Pero gracias por preocuparte… ahora debo irme, se me hace tarde para ir a trabajar.

— ¡De acuerdo! — Aceptó — Igual tienes mi número y puedes llamarme si necesitas algo.

— Sí, lo tengo…

— Confió en que me llamaras. — Dijo asomándose por la ventanilla, justo después de haber cerrado la puerta.

— Lo haré.

Lo dije más por para que dejara de insistir, soy de los que prefieren sufrir sin público. Pero agradecía sus buenas intenciones.

Solamente no quería pensar ni en el pasado, ni el futuro. Sé que terminaría perdiendo en el laberinto de mis malas decisiones y sentimientos negativos. Y no quería, no quería preocupar a mis abuelos ni dejar que él me vea así.

Yo valía… aunque estaba a años luz de ser perfecto. Tampoco me consideraba una mala persona o alguien que merezca ser humillado.  Estaba también un poco harto de que la gente que más quería era también los que terminaban hiriéndome, como si estuviera estacionado en los fracasos. Como si no pudiera encontrar a alguien que de forma recíproca me quisiera.

El viaje hasta la casa se me pasó rápido. Cuando entré la casa, cada paso que daba dolía un poco más. Todo esto estaba lleno de él… pero me obligué a tragar el nudo en mi garganta y subí con decisión a mi habitación.

Aun si tuve que correr directo al baño…

Aun si tuve que dejarme caer debajo de la regadera…

Aun si me empapé con la ropa puesta para que el agua escondiera mí llanto…

Aun si tuve que morderme los labios con fuerza para no gritar… de dolor, de impotencia… de coraje. También de orgullo. De ese que me hizo falta para mandarlo todo a la basura cuando las cosas con él comenzaron a ponerse violentas. Me llamé estúpido una y diez veces más… intenté convencerme que llorar era lo peor que podía hacer, porque me lo habían advertido. Porque no solo una, sino muchas personas pronosticaron que algo así sucedería. Pero quise comprobarlo por mí mismo.

¿A quién culpar? Por supuesto, no a él. La culpa es mía, toda mía.

— Contrólate Ariel — Me grité con coraje — No se está acabando el mundo… no.

Me lo repetí tantas veces como fue necesario y cuando me sentí listo, me puse de píe, me deshice de mi ropa y lave rostro y mis heridas. Iba a salir con la frente en alto, porque no había nada de lo que debiera avergonzarme. Habré sido muy estúpido por creerle, pero al menos, tuve más valor y entregué todo lo que poseía.

Salí de la ducha con determinación, me cambie rápido e ignoré el hecho de en cada rincón de mi habitación había algo suyo. Desde su ropa, hasta cosas más profundas, como su recuerdo.

Eché todo lo que necesitaba en mi mochila y bajé.

Estaba nevando, así que no podría caminar. Mis abuelos me permitían usar el auto, así que tomé las llaves… apenas y si me aseguré de cerrar la puerta con seguro. Tenía prisa de alejarme de este lugar.  Crucé la terraza y bajé hasta la galera, la camioneta esta ahí.

— Ariel… — La voz que me nombró me obligó a ir más rápido. — Ariel… ¡Espera! — la poca distancia que quedaba casi la corrí, siendo tan torpe como siempre dejé caer las llaves. Me arrodillé y rebusqué tanteando hasta que mis dedos las tocaron.

Las sujeté con fuerza como si vida dependiera de ella y me puse de pie. — Te estoy hablando. — Le escuché decir a mi lado, pero no hice caso. — Metí la lleve en la cerradura, fue entonces que me detuvo.

Me jaló de la manga de mi abrigo y me enojé… reaccioné mal.

— ¿Qué quieres…? — Casi se lo grité mientras de mala manera me apartaba de él obligándolo a que me soltara.

— Te estaba hablando… — Damian se mostró sorprendido por mi reacción, pero lo disimuló.

— Ya, pues… habla de una vez que no tengo todo tu tiempo.

— ¿Qué sucede contigo? ¿Por qué me hablas así? — Preguntó ofendido.

— Disculpe su majestad imperial mi falta de respeto… ¿En qué puedo servirle? — Él se quedó en silencio y la verdad es que no quería escucharle. — ¿Nada…? — Presioné — Genial, ahora si me disculpas.

Le di la espalda y volví a mis llaves que habían quedados pegadas a la cerradura de la portezuela.

— ¡Espera! — Volvió a detenerme y en esta ocasión me arrebató la llave de las manos. — ¿A dónde vas?

— No es asunto tuyo… ahora dame mis llaves.

— Ariel… yo…

— Tú… tú… tú… — Le rebatí lentamente y con sorna. — Ya va siendo hora de que comprendas que no todo en esta vida se trata de ti… Se me hace tarde para el trabajo, así que entregame mis llaves.

— ¿A dónde diablos pasaste la noche? — Me cambió el tema — ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba por ti?

— Pero Damian… no hay nada por lo que debas preocuparte. — Respondí punzante y con fingida tranquilidad. — He logrado sobrevivir durante diecinueve años, no creas que te necesito ahora.

— Pues no fue lo que dijiste anoche.

— ¿Anoche? Dije demasiadas cosas…

— ¡Dijiste que me querías! — Me lo hecho a la cara.

— Y también dije que se acabó.

— No lo dijiste enserio. — Aseguró y dio un paso al frente para reafirmarlo. — Porque no es lo que deseas… me quieres. Y eso no cambia de un día para otro. — Su seguridad me hirió. Pero si creía que con eso iba a lograr que doblegara las manos y cediera tan estúpidamente como lo había hecho hasta ahora, estaba muy equivocado. — Estás herido… por eso te compartas así.

— Puedo estar herido pero igual sigo vivo. — Le rebatí. — No te creas que eres el único hombre que me ha dolido.

— ¿De qué hablas…? No ha habido ningún otro antes de mí. — Aclaró. — ¡Lo sé!

— Sí, creo que aun podrás presumir que fuiste el primero. — Respondí dolido — Mientas tú haces eso yo iré a buscar al último… al único. Porque ya entendí que no vas a ser tú.

— Ni tú te crees eso… ¿Quién? ¿Sedyey o su hermano? ¿Axel? ¿Alguno de los estúpidos con los que estudias?

— ¿Por qué no…? — Lo desafié — Si me atreví a intentarlo contigo porque no hacerlo también con ellos, con todos ellos.

— ¡Cállate! — Me gritó.

— No lo haré… no voy a volver a callarme solo porque tú lo dices.

— Ya basta, Ariel…

— Tienes razón… ya basta. — Acepté — No tenemos por qué hacernos esto. Después de todo tú y yo ya no somos nada, según tú… nunca lo fuimos. Yo no valgo la pena para ti, jamás me quisiste para algo serio… solo estabas conmigo porque no tenías nada mejor que hacer. — Repetí cada una de sus palabras y mientras las decía sentía que mi corazón se partía, pero no lloré ni perdí la calma. — Pues te tengo una noticia… Ya no tienes que seguir estando a mi lado por lastima, no la quiero ni necesito. No quiero seguirte causando vergüenza… que tengas que bajar la cara o sentirte incomodo por llevar de tu mano a alguien como yo. Ahora que lo sé… ya no lo soportaría.

Así que por favor, disculpame… Perdoname por haberte hecho tanto mal con mi cariño, te juro por vida que nunca fue esa mi intensión. Al final, creo que yo también me equivoque contigo.

— Ariel…

— Necesitas a alguien que no sepa quererte… y sabes que… esa persona no puedo ser yo.

— Ariel… — Por primera vez lo vi bajar la mirada, pero era tarde para crear esperanzas sin fundamentos. — Lo que dije anoche…

— Quiero que saques todas tus cosas de mi habitación.

— ¿Qué…?

— Llevate tus cosas…

— No…

— Se acabó Damian… — Aseguré. — Aprovecha ahora que no voy a estar para llevarte todo. Porque si al volver tus cosas siguen ahí, las echaré todas en una bolsa y las arrojaré a la basura.

— No puedes hacerme esto…

— Por supuesto que puedo…

— No, no puedes decidirlo todo tu solo…

— Ya no tengo nada más que darte… y tampoco voy a soportar una humillación más de tu parte.

— Ariel… también te quiero… — Lo dijo en medio de su desesperación y lo odie un poco por haberlo hecho, porque me hizo flaquear. — Te lo juro, te quiero… es verdad.

— No te creo… — Respondí. — Dame mis llaves, tengo que irme.

— En el fondo sabes que es verdad… todos nuestros momentos. Los días que pasamos juntos…

— ¿Cuáles días…? — Cuestioné con ironía — ¿Esos en los que no dejabas de gritarme y regañarme…? O ¿Acaso te refieres a los días en los que me jaloneabas, los días en los que me ignorabas o simplemente pasabas de mí? ¡Claro que fueron reales! Tristemente lo fueron… ahora solo me gustaría saber… cuanto de todo eso realmente me lo merecía.

— Vamos a hablar…

— Creo que tú y yo ya nos dijimos todo.

— Ariel… — Intentó acercárseme, pero retrocedí. — No puede terminar así, tuvimos malos ratos, es verdad, pero también hubo muy buenos días. Lo que dije anoche no fue verdad… él y yo no sostuvimos una relación como la que tú y yo tenemos.

— Pues la próxima vez que tengas una relación con alguien… no lo arruines diciendo cosas que no sientes. — Le dije — Quedate con las lleves si quieres, me iré caminando.

Lo rodeé, no pensaba seguir un minuto más aquí.

Pero creer que me dejaría ir solo así fue una vil muestra de ingenuidad de mi parte. Me sujetó y me hizo volver sobre mis pasos hasta que me empujó contra el auto. Sus manos me rodearon y mis pies abandonaron el piso cuando me levantó.

Sus labios dijeron que yo era suyo justo antes de besarme.

Terminó de romperme con ese beso, sentirlo tan urgido y necesitado me desmoronó… me hizo probar de su amargura y de algo tan intenso… algo muy parecido al dolor y la desesperanza. Sus manos apretándome con fuerza pero son lastimarme, trajeron a mi mente esos momentos del que él hablaba y me hicieron llorar. No correspondí, no pude hacerlo. Simplemente me aseguré de alcanzar las llaves y quitárselas. Sus labios me tocaban como si realmente fuera importante para él, pero… ¿Acaso no eran labios mentirosos? ¿No me habían engañado antes ya?

— Ariel, te quiero… te juro que es verdad. — Agregó cuando se separó de mí.

— ¿Terminaste…? — Le cuestioné, mientras me bajaba de sus brazos — Porque igual quiero que saques tus cosas de mi habitación.

8 comentarios en “Capítulo 41: Quien Merece No Pide

  1. Oh dios !!! No se que decir. Me alegra que Ariel no se desmoronara y que tomo sabiamente esta ruptura, aunque lloró y todo, pero… esta bien. Esta comenzado a comprender que su relacion con Demian no era buena… esta comenzado a valorarse. Pero …. No puedo ver a Damian sufriendo ¡lo siento! Pero es que estoy divida, porque quiero que Ariel le de su lección y le muestre a Demian todo lo mal que hizo y se muestre difícil, pero, tambien quiero verlos bien, juntos y felices; por lo menos estoy conforme que Demian esta empezando a crecer y a reconocer sus sentimientos y todas las cosas que hizo mal. ¡No puedo espera por el próximo capitulo! ¡Me tienes en vela! Por cierto me gusta la parejita de James y Taylor, aunque preciento que no tendrá mucho futuro… no se. Espero que sean supocisiones mías, porque de verdad me gustan.
    Saludos

    • Hola Unrincnparaleer!!
      Sabes, creo que mas que no desmoronarse, Ari esta intentando hacer como que no pasó nada. En unos de los primeros capítulos él habla de su poder de autosanacion. Que no es otra cosa, que enfrentar una situación hasta que este listo.
      El Ariel interior se muere por volver con Demian. Pero ambos deben aprender cosas, uno a ser humilde y el otro a ser mas fuerte.
      También los quiero juntos, no sabes cuanto me entristece que estén distanciados y quisiera dejar el trabajo y por fin sentarme a escribir a mis anchas, pero no es posible. Sin embargo, ya trabajo en la actualización. Y los comentarios de ustedes me motivan en gran manera. Asi que muchas gracias por leer la historia y por comentar. En serio, de corazón… muchas gracias!! 😘

  2. *SE PRENDIÓ ESTA MIERDAAAAAAAAAAAAAAAA* AVE MARÍA PURÍSIMA! no me esperaba lo de James y Taylor, pero me encantó! mi corazón retomó fuerzas con esos dos *-* me encantó como se coqueteaban, vale, vas a matarme, te perdono por lo del capítulo anterior. Cuando vi que había salído el capítulo tuve una crisis existencial y me debatía si leerlo o no, porque quería saber si las cosas se resolvían, pero a la vez tenía miedo de lo que ocurriría, por el momento estoy satisfecha con lo acontecido c:

    • Vero!!
      Disculpa la tardanza al contestar, no sabes las risas que me sacan tus mensajes… siempre en el buen sentido. Me emocionan mucho y me alegra saber que tuve un acierto con James y Hylan. Admito que ya lo tenia planeado pero no estaba segura de si la idea gustaría.

    • Se envio mi comentario antes de que pudiera terminar de escribir… 😔 como te decía. Tengo algunos planes para ellos y ya veremos. Es bueno saber que estas satisfecha, espero que la próxima actualización te guste, saludos!!

  3. Por Dios.
    Sé que soy amante del drama, de las nubes negras y toda la cuestión, pero ya era momento para que Ariel sacara las garras y se diera su lugar. Por ese lado, me alegra que haya aparecido el recuerdo de Mártin (Espero que no me odien a mi muchachito jiji)
    No voy a negar que me sorprende bastante el giro de la historia, la desaparición de personajes y la llegada de otros, que lo hacen con fuerza. Pensé que Axel sería un problema mayor, pero todo esto quizá le da mucha más fuerza y realismo. Lo inesperado es bueno.
    Me gusta mucho ver esta nueva faceta en Damian. La parte desesperada y en cierta forma vulnerable, eso lo hace ver más “humano” y accesible. Creo que así se acerca mucho más al lector. No puede ser un cabrón solo porque sí.
    En fin, como siempre, estoy más que satisfecha y feliz. Que bella forma de escribir.
    Con cariño, Angye “Bosque de Chocolate” Morillo

    • Mi Bosque de Chocolate Morillo 😂😂😂😂😂
      Aaaaaw angye nadie a tu bebé… todo lo contrario. Uff si, la verdad… sin Martín, Ari hubiera seguido por el mismo rumbo. Sobre Damian… que te puedo decir, el amooooooor es asi jajajajaja.
      Por muy hijo de ya sabes… que sea, pues también tiene su corazoncito. Empieza a doblegar el orgullo porque ya es justo y necesario.
      Axel no estuvo planeado para ser un personaje trascendente, pero es una piedrita en el zapato de Ari, seguirá jodiendo jajajaja.
      Me gusta mucho como lo resumes, justamente deseaba darle a Demian una apariencia mas humana.
      Sabes que te quiero, y habrá mas nubes negras en el proximo capitulo. Saludos Bosque de Chocolate!!

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