Miguel 2 Capítulo 83

MIGUEL LIBRO 2- CAPITULO 83

 

DANIEL

Cada día, temprano en la mañana, Daniel abandonaba la casa familiar rumbo del puerto en uno de los autos de la familia, con la debida protección. Le tomaba una hora llegar a casa de Coque y encontrarlo sentado, con la sonrisa cada día más animada, esperando por él, ansiosamente. Ni las caras de María ni los “peros” de Gonzalo pudieron detener a Daniel, sobre todo cuando Coque expresó a su hermana su deseo de verlo libremente luego de la primera visita.

-. Pero te estás recuperando! –objetó María

-. Daniel me ayuda a recuperarme más rápido

Dijo Coque, que tenía una mano abrazando la cintura de Daniel y un asomo de sonrisa en la cara. María no pudo resistirse; los ojos de Coque brillaban y había color en sus mejillas. Habían sido demasiadas semanas viéndolo enfermo y decaído. Si su hermano pedía ver a Daniel y este lograba que sonriera… entonces autorizaría que Daniel entrara y saliera de la casa cuando quisiera.

-. Tal parece que Esteban tenía razón – dijo María cuando ella y Daniel estuvieron solos, al despedirse, luego de la primera visita, admitiendo su derrota.

Daniel se detuvo frente a ella y le habló directamente.

-. María… tú desafiaste todo para estar con Esteban porque estaban enamorados. Yo estoy dispuesto a lo que sea por estar con Coque.

Las palabras de Daniel despertaron en María la memoria de la niña que había sido no tanto tiempo atrás… una niña asustada y enamorada, dispuesta a sacrificarse y renunciar al amor de Esteban por complacer a su padre… ¿qué habría sido de ella si Coque y los demás no la hubiera empujado a quedarse con Esteban?… ¿Cómo habría sido su vida casada con Gonzalo?... Tembló al pensarlo… Gonzalo era un gran tipo, un fiero rival… pero jamás habría resultado bien para ellos. Ambos estaban enamorados de otras personas. Se habrían terminado odiando y deseando la muerte. Había hecho una buena elección optando por la felicidad y el amor. Todo había funcionado bien sin contar lo que había sucedido con Coque y Rojas. Era una buena líder y se había ganado el respeto de sus hombres. Los jefes de las otras familias comenzaban a hablar con ella como una igual y se esparcía el rumor de su dureza y buen liderazgo. Esperaba entregarle a Coque una familia operativa y mejor que cuando la había recibido. Estaba haciendo todo lo posible por que así fuera. Le gustaba dirigir. Estaría al lado de su hermano en el futuro.  A veces, envuelta en los fuertes brazos de Esteban por las noches, pensaba en que tanta exigencia y violencia en su vida actual la estaban haciendo olvidar las cosas buenas de la vida, la razones por las que era importante vivir… Daniel, de pie frente a ella, desafiándola por el amor de Coque, le recordaba el significado del amor y la vida.  Suspiró accediendo a lo que planteaba Daniel.  Resultaba fácil olvidar que alguna vez estuvo en una situación muy parecida.

-. Puedes volver cuando quieras – dijo bajando la cabeza y suavizando la voz.

-. Gracias. – Había verdadero alivio en las palabras de Daniel – Te prometo que voy a cuidarlo. El es muy importante para mi.

María asintió y se despidió de él de manera diferente… por unos instantes Daniel creyó estar viendo de vuelta a María como la había conocido tiempo atrás.

Los criados cerraron la puerta cuando Daniel partió. María dio la vuelta y se encaminó hacia la oficina que tenía en casa. Siempre había cosas pendientes. El movimiento de sus negocios no se detenía de noche. A medio camino, en el pasillo, se detuvo completamente… levantó la cabeza y a través de la ventana, miró al hermoso parque interior, la pileta, la fuente de agua…los arbustos y los macizos de flores… permaneció absorta mirando todo sin moverse… luego sus ojos enfocaron más cerca… su propia imagen reflejada en el cristal de la ventana… pestañeó rápidamente…  su rostro era diferente. Ya nadie la confundiría con una niña. El tiempo pasaba de prisa. No podía permitir que se le fuera el tiempo sin darse permiso para ser feliz… ¿Qué sentido tenía esforzarse tanto si no había una recompensa? No podía olvidarse de la alegría de las cosas simples.  Sonrió… se alegró de ver la imagen de sí misma con una sonrisa… era el mejor adorno que podía tener en su cara… más valioso que cualquier joya o cosmético.  Olvidó el camino hacia la oficina. Tenía que buscar a Esteban de prisa y salir con él a caminar por el jardín… oler las flores y sentarse a mirar el atardecer… pensaría en las otras cosas  que harían para disfrutar de la vida y de su amor ahora que todo estaba nuevamente en calma.

-. No todo es trabajo – dijo en voz alta como si recién lo hubiera descubierto, taconeando de prisa hacia su marido.

 

MIGUEL.

Gonzalo cerró lentamente la puerta del departamento. Con estudiada calma giró el cerrojo y pulsó el interruptor iluminando la sala del lugar que habían convertido en su casa. La media sonrisa maliciosa no había abandonado su rostro desde hacía mucho rato. No podía evitar sonreír e imaginar… Se volvió hacia la sala. Tenía la certeza de que Miguel estaba ahí… esperando.

En un costado de la sala Miguel lo esperaba… Sabía lo que estaba planeando Gonzalo… su cuerpo en tensión y su terco orgullo dispuesto a demostrar lo que había dicho en el vehículo

“No tengo miedo de nada”…

Gonzalo llevaba más de un año y medio esperando…

-. Así es que no tienes miedo, eh?

Se acercaba como fiera acechando a su presa… solo que la presa no estaba dispuesta a huir. Miguel, delgado, esbelto y arrogantemente orgulloso, permaneció firme, levantó el rostro y quitándose el pelo de los ojos

-. No. Ya no tengo miedo – insistió.  Se lo había venido repitiendo todo el resto del camino. Su intención al decir aquella frase nunca había tenido un tinte sexual, pero Gonzalo se había aprovechado de ello y lo había desafiado abiertamente. El orgullo de Miguel lo llevó a responder de inmediato al desafío y decir que no temía a nada.

Lo cierto era que no era tan cierto…

Gonzalo deseaba explorar sus límites…

Miguel se había negado… los recuerdos se lo impedían…

Gonzalo lo había estado deseando desde los primeros encuentros sexuales entre ellos, antes de ser pareja, cuando casualmente se dio cuenta que Miguel disfrutaba del dolor. Habían alcanzado a tener pinceladas de sexo con algo de agresividad y dominación y Miguel recordaba que, a pesar del miedo, le había gustado. Admitía en su interior que el dolor lo excitaba y eso lo asustaba un poco… pero todo eso había sucedido antes de que Gonzalo lo castigara y… NO!! no… no!!.. no iba a pensar en eso ahora. “Ese” Gonzalo ya no existía…

-. Eso está muy, muy bien – dijo Gonzalo atrapándolo de la cintura y clavando sus ojos oscuros en él… destilaban lujuria y dominio. Lo apretó estrechamente contra su cuerpo más ancho y alto que el de Miguel, su pelvis adelantada hacía el encuentro… sus manos subían y bajaban desde la nuca hasta el culo firme y primoroso…

– Entonces… ¿puedo hacer lo que quiera? – pregunto Gonzalo sin abandonar su media sonrisa. Lo estaba disfrutando en grande.

Miguel abrió la boca para responder… Gonzalo se la selló con un beso, lo sostuvo fuertemente de la nuca impidiéndole moverse… ansioso, efusivo…  con su cuerpo lo fue empujando hasta que Miguel quedo aprisionado entre Gonzalo y la pared

-. No fue lo que dije… pero si – admitió Miguel  jadeando cuando pudo hablar

Algo en la forma sincera de hablar y mirar de Miguel hizo que Gonzalo detuviera su ataque. Fue como si el orgullo de Miguel hubiera desaparecido dejando paso a la humildad y sinceridad.

-. Miguel?

Miguel respondió levantando los ojos. Se estaba mordiendo los labios insistentemente pero sostenía su mirada. Había algo enternecedor en él que muy rara vez mostraba. Miguel evitaba siempre ser vulnerable; le gustaba ser terco y decidido, no se permitía demostrar su lado suave y juguetón, mucho menos dar a conocer su suavidad y ternura… sin embargo en ese momento, los ojos de Miguel eran pozos de dulzura y mansedumbre…

Las manos de Miguel, que se habían mantenido quietas hasta ese momento, se posaron seguras en el torso de Gonzalo y comenzó a moverlas suavemente, en un gesto increíblemente dulce y extraño en Miguel

La media sonrisa lasciva de Gonzalo desapareció…

-. No tengo miedo de ti – repitió Miguel

Dios!!! Era una hermosa declaración…

Gonzalo la había esperado pacientemente por mucho tiempo y siempre tenía dudas de que alguna vez iba a llegar a escucharla. No tenía derecho a pedirla ni a exigirla. Sabía lo que le había hecho y como lo había dañado… Solo podía desear que ocurriera un milagro y alguna vez Miguel y él pudieran volver a ser como habían sido al principio… recibir nuevamente el amor de Miguel sin ninguna barrera, ningún miedo… La frase recién dicha tenía más poder del que Gonzalo había previsto. Los fuertes sentimientos de culpa y alegría se mezclaban en el produciéndole emociones en conflicto… algo intenso que no había anticipado y que le dejaba el alma desnuda frente a Miguel

-. Mocoso…

-. No tengo miedo de ti… ya no… – repitió Miguel con más firmeza.

Las manos de Miguel habían agarrado confianza y se movían  por sus brazos…

Inesperadamente, Gonzalo le detuvo las manos  tomándolas entre las suyas y sosteniéndolas con cariño pegadas a sus labios… Estaba emocionado mas allá de lo que podía admitir… las besaba suavemente y se daba tiempo para calmarse antes de poder seguir hablando.

-. ¿Sabes lo que me estás diciendo?

La declaración de Miguel traspasaba la frontera del deseo y la excitación. Él, que era el dueño y señor de dos familias, el más poderoso entre los de su clase, se sintió conmovido y sensibilizado, devuelto a su condición de simple hombre enamorado a quien, finalmente, se le perdonaba el grave error cometido y se le devolvía la facultad de amar sin límites…

Miguel…

Solo él tenía ese poder… solo él poseía la llave que lograba tocar su alma.

Esas palabras habían sido capaces de llegar a su corazón y suavizar las aristas de la enorme culpa que cargaba… por mucho que intentara ocultarlo, Gonzalo llevaba siempre consigo el dolor de lo que le había hecho a la persona que más amaba en el mundo… los miedos de Miguel eran su culpa… y ahora ya no estaban. Se sorprendió al sentir que su garganta se cerraba y las lágrimas subían desbordándose de sus ojos… lo que Miguel le decía tenía un profundo significado…  promesas de amor y redención… de liberación, de felicidad.  Su propia reacción lo tomó por sorpresa.

Miguel puso atención. Sabía leerlo de memoria. En todo el tiempo que llevaban juntos, una de las principales misiones de Miguel era acompañarlo y observar el entorno en busca de señales o peligro. Indudablemente, sus ojos se desviaban y buscaba a Gonzalo en todo lugar y momento… por ello, a fuerza de observación, había aprendido a conocer todas sus reacciones mejor que nadie… y ahora, la quietud de sus brazos, el suave temblor de su pecho, la respiración entrecortada, el tono de voz, la mirada fija en espera de confirmación… Gonzalo estaba emocionado

Miguel nunca lo había visto así ni lo había imaginado tampoco…  vulnerable, emocionado al punto de las lágrimas y mirándolo como si él fuera lo más valioso del mundo

En una reacción instintiva cruzó sus brazos, abrazándolo, protegiéndolo… la imagen de Gonzalo en ese estado le provocaba ternura y amor.

-. Te amo… soy tuyo, sin miedo… todo tuyo, Gonzalo – le susurró cerca del oído – abrázame fuerte.

Gonzalo jamás iba a admitir que esas palabras le habían arrancado un par de lágrimas. Las limpió de su cara de un rápido manotazo

-. Aahh mocoso… mocoso…

Lo levantó en el aire movido por la fuerza de la felicidad…  lo estrechó fuertemente hasta que logró calmar el temblor de la emoción… Miguel… suyo, como antes, como siempre debió ser, sin culpas ni miedos.

Sin despegar sus labios de los de Miguel llegaron al dormitorio y cayeron sobre la cama quedando en una curiosa posición: Miguel estirado de espalda sobre la cama y Gonzalo en cuatro patas sobre el cuerpo de Miguel…

-. Te amo, Miguel.

Solo los ojos levemente enrojecidos eran un indicio de lo que sentía. Su vista se paseaba sobre el cuerpo de Miguel… todo ese mocoso era suyo… voluntaria y plenamente… Miguel se entregaba en plenitud y aunque ahora podía hacer lo que deseara… lo único que quería hacer era decirle cuanto lo amaba

-. Soy el hombre más feliz de la tierra…

-. Claro… como no! si ahora eres jefe de dos familias – respondió Miguel riendo y buscando aliviar la emoción

-. No. No es eso. Eres tú. Tú me haces feliz – aclaró Gonzalo. Sentía que era necesario dejarle claro a Miguel que, a pesar de la importancia de su poder recién adquirido y la vida fuera del departamento, nada tenía sentido si él no estaba a su lado.  Miguel había cambiado su vida, lo había vuelto más humano y sensible, le había mostrado el poder del amor y la increíble felicidad de ser amado y amar.

– Tú eres lo más importante en mi vida – declaró Gonzalo movido por la pasión. No eran frases comunes en él y Miguel entendió su importancia.

-. Y tú lo eres en la mía

Respondió Miguel dándose cuenta de que todo lo que había dicho era verdad…  No sabía en qué momento había pasado a ser así pero el temor había desaparecido, el temblor, las dudas, los restos de incertidumbre… no quedaba nada de eso en él. Confiaba en Gonzalo. Así de simple y de maravilloso. Durante el tiempo que llevaban juntos Gonzalo le había demostrado con creces lo mucho que lo amaba y lo importante que él era… la forma en que lo protegía, lo amaba, tenía detalles hermosos con él, lo hacía reír…  Miguel lo reconocía como el amor de su vida y a partir de ese momento, no había límites para lo que pudiera pasar entre ellos, estaba dispuesto a entregarle su cuerpo y su vida de manera incondicional. Con cariño, tesón y demostraciones verdaderas, Gonzalo se había ganado el derecho de ser el dueño de su corazón y su cuerpo.

Miguel cerró los ojos y sonrió abrazado de Gonzalo, mientras se quitaban la ropa… Se alegró de que un malentendido y una frase tan tonta como la que había dicho en el auto desembocaran en este extraordinario descubrimiento. Ya no tenía temor de Gonzalo… ninguno. Lo conocía de pie a cabezas, por dentro y por fuera. Amaba cada maldito pedazo retorcido de su personalidad y su magnífico cuerpo… su alma y su corazón… hasta amaba la maligna media sonrisa… y si… estaba más que dispuesto a volver a experimentar con él lo que apenas habían alcanzado a probar

-. Podemos hacer lo que queramos… – declaró Miguel complaciente cuando ambos ya estaban desnudos y enredados en ardientes besos y caricias

Gonzalo clavó en él sus ojos oscuros

-. Nunca imaginé que llegaría a amarte tanto.

Su intención original había sido aprovechar textualmente las palabras de Miguel y tener un encuentro sexual que hiciera al mocoso perder la cabeza… quería, con locura, despertar al pequeño demonio masoquista que habitaba en Miguel y conducirlo al éxtasis… ansiaba enseñarle y verlo retorcerse de placer en sus manos… que le entregara el control y lo dejara llevarlo hasta el límite.  Deseaba ser quien abriera la puerta a la deliciosa locura en Miguel.   Tendrían tiempo para ello. Por ahora, estaba estúpidamente sobrepasado de ternura y amor. Lo que había comenzado como un juego malinterpretando las palabras de Miguel, se había transformado en uno de los pasos más importantes de su relación de pareja… Miguel era suyo, mente, cuerpo y alma… todo suyo. Se sentía lleno de calidez y agradecimiento.  Por fin los recuerdos de aquella noche maldita comenzaban a esfumarse. Se sentía perdonado y libre de volver a amar a Miguel con todos los derechos. En ese momento, era incapaz de ser el macho dominante y con brotes sádicos que Miguel requería… solo deseaba besarlo y amarlo con locura, demostrarle sus sentimientos, envolverlo en la pasión que sentía.  Le buscó la boca en un beso profundo sin fin. No podía dejar de buscarlo con las manos y el cuerpo… las declaraciones recién expuestas los tenían a ambos en medio de una espiral de emociones intensas… se entregaban por completo el uno al otro. Los “te amo” se escuchaban entre suspiros y jadeos, el roce de sus cuerpos y la respiración agitada.  Miguel rodeó las caderas de Gonzalo con sus piernas, separándolas y haciéndole espacio entre ellas. Gonzalo aceptó la invitación pero ese día no era el momento de comenzar con rudeza… lubricado, sostuvo las piernas abiertas en alto recorriendo atentamente el cuerpo de Miguel… su Miguel. Fue entrando despacio y profundamente en él, escuchando con atención cada uno de sus gemidos, disfrutando con cada movimiento de sus músculos y expresiones de su rostro… era excitante verlo con tanta libertad… Ni Miguel ni él ocultaban algo hoy, Lo mantenía apretado… no quería soltarlo… se sentía más que seducido por la piel de Miguel… había algo más mágico y espiritual… lo embestía con suavidad y firmeza, sin quitar sus ojos de los de él. Lo volvía a besar bruscamente. Lo miraba con alegría y deseo.  Estaba tan feliz… Miguel era la persona que completaba y daba sentido a su vida y ahora era completamente suyo porque él así lo había decidido.  Nada era más poderoso que eso. El orgasmo fue creciendo desenfrenado en su interior ante el impetuoso roce con el cuerpo de su amado, sus exquisitos gimoteos en los que pronunciaba su nombre y su mirada enardecida de amor… A diferencia de otras veces, Gonzalo llegó al clímax no solamente con su cuerpo sino también con su mente… todo explotó en luces brillantes y coloridas… en deliciosos espasmos eléctricos que lo recorrían de pie a cabeza y reventaban en su pene… su mente libre de culpas… tenía ganas de reír y llorar… sus emociones satisfechas, su cuerpo en el punto máximo de placer… un gruñido largo y profundo brotó de su garganta… un genuino sonido de  placer. Hundió su rostro en el cuello de Miguel empapándose de su sudor, su olor y la calidez de su piel

-. Te amo, mocoso… te amo con locura

Todo estaba bien.

 

 

JORGE

-. ¿Todo fue despachado? – preguntó un sorprendido Gonzalo, alzando una ceja

-. La última entrega salió anoche. No hubo ningún problema – respondió Jorge deseando tener documentos escritos que confirmaran que era posible funcionar de manera más eficiente,  pero era estúpido suponerlo. Organizar todo le resultaba fácil pero seguía siendo mercancía ilegal. Los únicos registros estaban en su computador disfrazados de manera que solo unas pocas personas en la organización podían entenderlo

– Todo está registrado – dijo Jorge mostrando su laptop con la intención de abrirlo para enseñarle a Gonzalo

-. No es necesario – dijo Gonzalo interrumpiéndolo. – lo veré después – Confiaba en la palabra de Jorge. Revisaría los registros más tarde.

-. Lo has hecho bien – admitió Gonzalo moviendo la cabeza en señal de afirmación. Lo había interrogado sobre lo que había pasado durante su ausencia y no encontró nada que reprochar. Jorge mantenía todo en funcionamiento de buena manera. Definitivamente, había sido una buena elección.

Jorge atesoró la frase que acababa de escuchar. Un elogio de Gonzalo era difícil de conseguir. No pudo evitar sonreír, satisfecho.

-. Gracias

-. ¿Te ayudó Ghiotto? – preguntó Gonzalo mordaz, sabiendo que con ello le arruinaría la sonrisa a Jorge, pero estaba en su naturaleza el ser así. Molestar a Jorge y a las personas merecedoras de su confianza era una de sus entretenciones preferidas, en especial a Jorge que aun no sabía cómo defenderse de él ni era capaz de percibir la ironía del asunto.

Jorge reaccionó de inmediato sin darse cuenta que debería sentirse importante. Gonzalo solo molestaba a quienes estimaba.

-. Él… estuvo conmigo – admitió molesto, apretando el laptop hasta que sus nudillos blanquearon.

-. Bien

Gonzalo sonreía abiertamente. Se dirigió a su escritorio y sacó unos documentos que mostró a Jorge

-. Quiero que veas cómo llevar un registro de esto…

Pasaron los siguientes 30 minutos enfrascados en una conversación sobre el funcionamiento de los negocios. Gonzalo vio con grata sorpresa como Jorge cada día adquiría más seguridad para hablar de los negocios, entendía mejor y sus sugerencias se volvían más eficientes.

-. Vas a quedarte solo nuevamente a cargo de la ciudad – advirtió Gonzalo al terminar la reunión

-. ¿Van al puerto de nuevo?

-. Esta vez es más permanente. Miguel se harán cargo de los negocios en el puerto por unos cuantos meses. Andrei va a ayudarle.  Hay mucho que hacer.

-. ¿Miguel? – preguntó Jorge asombrado. Recibió una dura mirada de parte de Gonzalo.

-. Si. Ellos van a estar ausentes por un tiempo y a mi me veras poco por aquí. Las familias están inquietas. No les gusta mi nuevo status, los asusta. Debo hablar con cada uno de ellos. ¿Podrás manejar todo en mi ausencia?

Jorge infló el pecho lleno de orgullo

-. Claro que si

-. Bien. Andrei dividirá su tiempo entre las dos ciudades.  Será solo por un par de meses hasta que todo esté asegurado.

Jorge cerró la puerta de la oficina de Gonzalo y cruzó hacia la suya sintiéndose más importante que cuando había entrado. Caminó altivo el corto trecho hasta su escritorio. Una vez dentro se quedó de pie mirando los papeles que llevaba en la mano. Gonzalo le había dicho que lo estaba haciendo bien y le había encomendado nuevos trabajos importantes. Respiró de prisa… estaba contento y nervioso a la vez. Ahora ya era uno de ellos. Se sentía parte de la familia. Revisó lo que Gonzalo le había encargado. Podía hacerlo todo. Su mente era privilegiada y siempre encontraba la manera de llevar a cabo lo que se requería. Eso no era un problema… lo otro… tampoco lo era… ¿que importaba que fuera delgado y su cuerpo no estuviera preparado para puñetes y violencia?? Para hacer entender su voz por medio de la fuerza? Había hombres bajo sus órdenes que podían pelear por él… no tenía que ser un asesino para infundir respeto… la gente ya lo estaba conociendo y comenzaban a temerle…

-. Maldición

No era suficiente. ¿Y si tomaba clases de defensa?… No. No estaba dispuesto a hacer el ridículo. Nunca sería un macho agresivo como su guardaespaldas… mierda!  ¿Por qué Gonzalo le había preguntado por Ghiotto?.. ¿Qué importancia tenía él?… ninguna!! Podía ser cualquiera otro de los guardaespaldas, no?… no tenía que estar con Ghiotto cerca para que todo funcionara… no… o si?… NO!! para nada…  dejó los papeles sobre el escritorio y se dejó caer en la silla mirando al vacio…

Ghiotto…

Una y otra vez su mente volvía a pensarlo.

Ghiotto había estado a su lado en cada una de las situaciones importantes que habían sucedido durante la ausencia de Gonzalo. Él no lo había llamado… simplemente Ghiotto estaba allí como si supiera cuando iba a necesitarlo… en las mañanas para llevarlo, durante el día en cada cosa importante y al atardecer para llevarlo de vuelta a casa, siempre en silencio…  él tampoco le había hablado… lo ignoraba, se ignoraban.  Jorge ladeó la cabeza como buscando entender… recién se daba cuenta… Se había estado estaba acostumbrando a la presencia de Ghiotto.  Ya no le molestaba… de hecho… se sentía más seguro cuando el guardaespaldas estaba cerca y podía confirmar con la vista lo que estaba correcto o no. Ghiotto y él se entendían por medio de miradas… ¿Cuándo había comenzado a pasar eso?… Jorge bajo los hombros en un pequeño gesto de rendición. Ghiotto lo había apoyado en cada paso que daba y solo ahora venía a darse cuenta.

De acuerdo. Ghiotto le hacía más fácil su trabajo.

Eso era todo. El guardaespaldas no era un tipo comunicativo ni romántico ni era lo que él necesitaba en su vida… solo significaba una ayuda en su trabajo.  Se levantó de golpe y sacudió la cabeza como si con ese gesto pudiera evitar los pensamientos inoportunos y borrar el recuerdo de las miradas lánguidas que sentía sobre él cuando Ghiotto creía que no lo veía.

 

COQUE

No era el mismo de antes y estaba seguro de que nunca volvería a serlo.  Ciertamente iba a recuperarse por completo del daño físico y sicológico que le había causado la familia Rojas… pero no estaba tan seguro de poder recuperarse del daño que su propio padre le había provocado durante toda su vida. Don Lino había sido un padre muy preocupado; se había encargado personalmente de enseñarle a manipular y manejar personas, le explicó la mejor forma de robar y amenazar, a exigir respeto por medio de la violencia y el abuso y, por sobre todo, le había enseñado que “el fin justificaba los medios”…

¿Cuántas veces le había repetido su padre esa frase?… cada vez que llegaba a casa con las manos manchadas de sangre “ese se lo merecía”… “se lo buscó”… “era un bueno para nada”… siempre había una justificación para la violencia que requería mantener los negocios funcionando.

Coque siempre tuvo miedo de su padre y guardó silencio ante cada una de esas declaraciones de abuso y poder… pero en el fondo de su corazón estaba el recuerdo de una noche hace muchos años atrás, en que acompañó a su padre ya que él iba a “mostrarle como se hacen los negocios”. Fue la noche en que habían golpeado y dado muerte a un chico de la calle que se había atrevido a desobedecer las instrucciones de uno de los tenientes de Lino. Solo un chico callejero sin importancia alguna… casi un juguete para aquellos hombres rudos. Había más hombres siendo castigados… pero el chico delgaducho de los ojos aterrados se quedo metido en la mente de Coque… como si hubiera podido oler y sentir su miedo… tenían más o menos la misma edad y contextura. Fue como si le estuviera pasando a él.

“Hay que corregirlos de inmediato”. “Si dejas que te pasen a llevar no te respetaran nunca”.. “hay que imponer respeto para funcionar”  le explicaba su padre justificando la paliza que los hombres le daban al chico… un crío de la calle no mayor de 15 años… había comenzado a sangrar por la nariz y luego la boca y finalmente por todas partes… Coque aun podía recordar el sonido de los huesos rotos y la carne del chico siendo aplastaba por las botas de los hombres. Lo vio morir en espectral silencio y sin quitar la vista ni hacer ni un gesto, aparentaba estar calmado, al lado de su padre. Por dentro estaba trabado de terror y tristeza. Esa fue la imagen que marcó su vida y que lo acompañó mientras crecía.  Los años en el internado habían sido los mejores de su vida hasta ahora, lejos de su padre y de la obligación de “aprender”. Por un tiempo había logrado hacer florecer su verdadera personalidad alegre y amigable. A él le gustaban las personas y compartir, amaba las reuniones con amigos, la música, ayudar a los demás, escuchar y aconsejar… todo lo que daba alegría a su corazón… Pero eso estaba tan lejano a los ideales de su padre. Cada vez que volvía a casa debía disimular su personalidad y soportar estoicamente la enseñanza a la que era sometido. La imagen del chico golpeado nunca lo abandonaba. Una imagen de terror que lo perseguía sin tregua… un par de ojos tristes pidiéndole ayuda… y él no había sabido que hacer.  Domingo Rojas había sido quien justificara todo el miedo… como si Coque siempre hubiera sabido que algo horrible le iba a pasar… porque alguien tenía que pagar por la muerte de aquel chico inocente… y de todos los inocentes que su padre y su gente habían castigado.

 

Daniel y él se veían a diario desde hacía dos semanas. Habían recuperado lentamente el dialogo y la confianza. Podían conversar por horas, reír, escuchar música y hacer cualquier cosa que no significara contacto físico. Coque, de a poco, le abría las puertas de su corazón y se maravillaba de los cambios operados en Daniel; la seguridad de su actitud, la confianza y madurez que demostraba… cada día se parecía un poco más a Gonzalo, pero con una ternura y suavidad que el mayor de los hermanos jamás tendría. Toda su paciencia y sabiduría estaba puesta en acompañar a Coque y brindarle su tiempo y cariño.

Ese día estaban en la casa de la playa y habían salido a caminar por la arena, aparentemente solos. María había permitido las visitas de Daniel pero no transaba en la seguridad de Coque. Cada paso del menor fuera de su casa era de inmediato seguido por un fuerte contingente de seguridad.

-. Quiero irme de aquí – dijo Coque hablándole a Daniel.

-. ¿Dónde quieres ir? – preguntó Daniel, complaciente, sin entender el verdadero alcance de la frase de Coque.

El pelirrojo avanzó unos cuantos pasos y luego se detuvo. Miró a Daniel y luego su vista se volvió hacia el mar… hacia el horizonte

-. Quiero irme lejos

Atardecía… Daniel miró la silueta oscura de Coque dibujada contra las hermosas luces rosadas y anaranjadas del atardecer. Amaba la figura de Coque, amaba su cuerpo pequeño, su rostro pecoso y delicado… no se lo había dicho aún, estaba esperando el momento adecuado para declararle su amor incondicional. Al escuchar la frase, Daniel entendió todas las razones de Coque para querer alejarse sin tener que preguntar, pero supo que no podía dejar que se separara de él… eso no podía permitirlo. Decidido, se acercó y le tomó la mano, cuidando de no asustarlo. Ahora, eran dos siluetas unidas mirando de frente como el mar se hundía en el horizonte

-. ¿Dónde vamos a ir? – preguntó Daniel

Primero, Coque se sorprendió, pero rápidamente se calmó y esbozó una sonrisa. Daniel lo apoyaba y quería acompañarlo. Eso era bueno… muy, muy bueno.  Se acercó más a Daniel y descansó su cabeza sobre el torso contrario. Suspiró tranquilo. Había dado el primer paso para acercarse a Daniel

-. Lejos. Muy lejos de todo esto – respondió con voz firme

Daniel sintió el peso y el calor de Coque, lpasó su mano por el suave pelo colorín, contento… luego, levantó su rostro tomándolo de la barbilla con suavidad, en el primer contacto físico que surgía entre ellos. Preguntó con la mirada verde clavada en los ojos azules… y Coque accedió… Fue un beso dulce como ninguno… aleteos de mariposa… labios húmedos contra labios suaves… solo calor, ternura y cariño… el deseo estaba presente pero contenido porque no era el momento.

-. Iremos donde tú quieras – aseguró Daniel besándolo nuevamente y sosteniendo sus hombros.

Permanecieron mirando al horizonte hasta que la última luz anaranjada desapareció

-. Todos se van a enojar con nosotros. Imagina que dirá tu hermano y María. Mejor huyamos a escondidas – sugirió Coque seriamente.

Daniel pensó unos instantes en silencio.

No tanto tiempo atrás Daniel había sugerido algo parecido a Miguel cuando pensó que estaban enamorados.  Ahora entendía la locura de hacer un disparate de ese tamaño. Coque y él, lo quisieran o no, eran miembros de familias importantes y sus vidas tenían un precio en dinero y un peso mayor en la moral de las familias. Siempre serían miembros de las familias a las que pertenecían por derecho de sangre. Esta vez quería hacerlo todo correctamente. Si Coque quería alejarse y vivir en otro lugar, lo harían, pero no huirían como cobardes ni a escondidas; se lo dirían a María y a Gonzalo… Gritarían. Seguro! Se enojarían, se opondrían… pero Daniel sentía que no había ninguna fuerza que pudiera detenerlos. No sabía de dónde le nacía esa convicción pero si ellos lo deseaban iban a irse juntos.  No le importaba dejar todo atrás por un tiempo. Nunca había comulgado bien con los negocios ilegales de su familia ni con la violencia que implicaban. Coque era su horizonte por ahora. Su salud y su recuperación significaban todo.

-. Lo haremos de la manera correcta. Nos vamos a ir pero con la aprobación de todos ellos.

Tomados de la mano iniciaron el camino de vuelta hacia la casa… sin prisa, simplemente                                                                  disfrutando de la mutua compañía y de los dedos de ambos entrecruzados como prueba de cercanía física

-. No quiero ser el Jefe de la Familia – murmuró Coque muy despacio, como si tuviera temor de que sus palabras fueran escuchadas por los hombres que se mantenían cerca.

Daniel no dejó de caminar ni le soltó la mano. Esperaba esa reacción de Coque desde hacía tiempo, desde cuando Coque hablaba con “Ray” en la clínica.

-. Todo en su momento, Coque. Aún falta mucho tiempo para eso. Puedes cambiar de opinión más adelante

-. No. No voy a cambiar. No quiero dirigir una familia.

Se detuvieron en los peldaños de la entrada a la terraza. Coque un peldaño más arriba que Daniel por lo que sus ojos quedaban a la misma altura

-. No te quedes conmigo si esperas que sea el Jefe de la Familia. No voy a serlo. Nunca.

-. Me interesas tú… seas o no seas el Jefe de algo. Te amo por lo que eres… no tiene nada que ver si eres o no el jefe… ¿qué?… ¿Qué pasa?

Coque lo miraba con los ojos grandes y sorprendidos

-. ¿Escuchaste lo que me dijiste?

Había brillos de alegría en los ojos de Coque que hicieron que Daniel se preguntara la razón… repasó las palabras recién dichas y el “te amo” saltó a la vista. Daniel agachó la cabeza y sonrió…

-. Te amo – repitió con simpleza. Día tras día había esperado el momento adecuado para decirlo pero nunca llegaba… ahora simplemente había salido y  el momento perfecto se había creado solo.

El rostro de Coque resplandecía… se parecía mucho al del chico que conoció en el internado… antes de todo lo malo

-. ¿Me amas? – preguntó sabiendo la respuesta de antemano pero deseando volver a escucharlo

Daniel cabeceó suavemente contra él costado de Coque… empujándolo con cariño, jugando… buscándolo…

-. Te amo, pecosito

Los brazos de Coque se abrieron y Daniel se cobijó en ellos, midiendo su fuerza al abrazarlo para evitar asustarlo… sus cuerpos completamente unidos… no eran uno, eran dos personas diferentes pero juntos formaban un todo importante. Daniel suspiró de satisfacción. Era tan bueno volver a estar así…

-. Quería decírtelo hace días pero…

-. Yo también – interrumpió Coque apurado. De pronto era importante que Daniel supiera. – Yo también te amo, Daniel – se colgó de su cuello

-. Nos iremos juntos. Te seguiré donde sea que vayas

Coque cerró los ojos apretándolos y se abrazó aun más fuerte a Daniel. Sí lo amaba… desde mucho antes que Daniel lo amara a él… pensó que todo estaba muerto y Domingo Rojas le había echado a perder su vida… No era así. Ellos eran más resistentes, sus padres y su crianza los había enseñado a vencer los obstáculos. El amor que se tenían lo haría recuperarse. Daniel a su lado lo ayudaría a volverse fuerte y recobrar todo lo perdido… Coque sonrió abiertamente al darse cuenta de que todo mejoraría. Su sonrisa, lentamente, se fue transformando en risa… en risa cristalina y musical que había creído no volvería a brotar de su boca…  Daniel se echó hacia atrás al escucharlo… deseaba mirarlo reír…  fue un instante especial… reían y lloraban al mismo tiempo… Cerraban la puerta oscura de un pasado doloroso y abrían otra puerta a un futuro lleno de promesas que comenzaban con aquella risa llena de lágrimas y abrazos de amor.

4 comentarios en “Miguel 2 Capítulo 83

  1. oh por dios, me hiciste lagrimear, de verdadddd, que hermosos momentos, primero Miguel y Gonzalo, y la de Coque y de Daniel, fue como estar presenciando tan hermosas declaraciones, espero y no sea tan difícil que todos acepten que coque y Daniel se vayan, que coque pueda mejorar mucho mas y mas porque estará al lado de Daniel :’3
    Me encanto el capitulo

    • Hola Leti!.
      También creo que es hermoso lo que está pasando con ellos. por fin todo comienza a encajar y a mejorar. Gonzalo tenía perversas intenciones pero sin darse cuenta, la absoluta honestidad del amor de Miguel lo desarmó por completo y le llegó al corazón, emocionándolo y haciéndole ver que por mucho que sea importante lo que hace, nada tiene más valor que el mocoso con el que comenzó jugando pero terminó amando con todo su ser.
      Daniel y Coque me producen mucha ternura; están en un momento especial y muy decisivo. Yo también deseo que no tengan muchos problemas.
      Gracias por tus palabras, me alegras!!!

      Saludos cariñosos, Nani.

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