Capítulo 45 LOS HUMANOS LO LLAMAN AMOR

CAPÍTULO 45

 

LOS HUMANOS LO LLAMAN AMOR

 “Cuando miro tus ojos hay una amenaza dentro, hay un amor extraño que se está haciendo fuerte, hay un peligro que ya no puedo ocultar”.

TERCERA PERSONA

Volver a la ciudad se estaba convirtiendo en algo difícil de conseguir.  En más de una ocasión intentó trasmutar, pero las heridas en su cuerpo se lo impedían. El argento actuaba en su piel como un ácido que iba deshaciendo los bordes de los cortes volviendo las lesiones más profundas y dolorosas. Damian tenía que darse prisa, sus heridas no cerrarían por si solas como sucedía generalmente y estaba perdiendo sangre de manera alarmante.

Con las circunstancias en su contra había elegido el peor de los caminos; senderos empinados y rocosos que dificultaban su andar. Su cuerpo empapado de sudor y sangre permitía que las hojitas secas o raíces se adhirieran a su piel causándole picazón; respiraba con dificultad producto de la agitación y había comenzado a sufrir de vagidos que cada cierto tiempo le obligaban a recargarse contra árboles o piedras para no desplomarse.

Si lo anterior no era suficiente, la rapidez con la que sus lesiones estaban infectándose y el escozor que comenzaba a volverse punzante e insoportable, hacían lento su andar. El dolor que Damian estaba sintiendo podía compararse a lo que sufren los humanos al envenenarse y el escozor a brasas encendidas que le quemaban y consumían la piel.

Un vértigo repentino le cogió desprevenido, sin poder evitarlo perdió el equilibrio y se fue de espaldas al piso. Su cabeza dio contra la dureza del piso y tras el golpe pudo sentir como si todo le diera vueltas, pestañeó varias veces con la intención de hacer desaparecer los puntos suspendidos como letras musicales que flotaban sobre su cabeza, hasta que finalmente su visión se nubló por completo. Ante la falla de su visión sus demás sentidos se agudizaron. De un segundo para otro escuchó tal y como lo hacía cuando se encontraba en su forma de lobo.

Como humano tal nitidez de sonidos, olores y sensaciones resultaron abrumadoras. El ruido le ensordecía martillándole los oídos, escuchó el agua en deshielo que corría colina abajo, el viento que movía las ramas de los arboles desprendiendo las hojas más débiles, el trinar de las aves y las pisadas de los animales que lo asechaban en la distancia, inclusive su respiración errática, todo al mismo tiempo; la suma del bullicio proveniente de un bosque vivo le llegaron de golpe aturdiéndolo, trastornándolo.

El latir frenético de su corazón y el entumecimiento que comenzó a apoderarse de su cuerpo fueron el aviso de que estaba a punto de perder el conocimiento. No era la primera vez que se encontraba en una situación como esta. Ha razón de sus experiencias pasadas se esforzó por controlar su respiración. Damian comprendía que este no era el mejor momento para desfallecer, pues no solo estaba desangrándose, había algo más que sin importar lo vergonzoso que le resultara aceptarlo le exigía un poco más de aguante, estaba perdido. Su intención había sido volver a Sibiu, pero no estaba seguro de si realmente estaba haciéndolo.

La sensación de que el bosque entero se le venía encima le obligó a cubrirse el rostro con las manos. No intentó nada más, quizá porque en el fondo era consciente de que no podría levantarse por si mismo, sobre todo ahora que las fuerzas parecían haber abandonado su cuerpo.

Y en medio de su dolor e impotencia sonrió irónico; le resultaba estúpido rendirse en este preciso momento en el que había tanto por lo cual esforzarse, ahora que había alguien que podría calmar el frío que comenzaba a invadir sus extremidades envarándolas.

Debido a su naturaleza, Damian acumulaba una cantidad considerable de calor en su cuerpo a manera de mantener su sangre caliente y su corazón latiendo, con las heridas corroyendo su carne sentía la gélida corriente de aire colarse por entre sus cortadas, ¿iba a morir? Probablemente no, aunque el dolor que sentía le contaba una historia muy distinta y probablemente era lo mejor. Había comprobado en vivo y a todo color que él solo sabe causarle dolor a los que ama; ellos, incluyendo a Ariel. Todos estarían mejor sin su pesada sombra oscureciéndolos. Aunque era una verdad que le dolía reconocer.

Justo cuando la resignación comenzaba a venderle la idea de morir, y aun en medio de su aturdimiento, sintió un soplo cálido en su cuello seguido de una presión suave con algo húmedo, casi como un beso. Se descubrió el rostro y aunque borrosa, alcanzó a ver la imagen de uno de los suyos. Un lengüetazo en el rostro le ayudó a reconocerla, Nymeria.

La loba se acercó de nuevo y olisqueó su torso herido, detrás de ella tres figuras igual de borrosas, aunque más pequeñas aparecieron rodeándolo. Al advertirlo accesible, los lobeznos intentaron juguetear con Damian, tal y como hacían cuando estaban en la madriguera, pero tras una reprimenda de su madre se limitaron a echarse junto a él, aunque cada tanto y con total disimulo, se estiraban y lamian sus dedos o su cabello. Lo que tuvieran a su alcance.

Nymeria casi se colocó sobre Damian y lamió su rostro en repetidas ocasiones; quizá era idioma de lobos o su forma más noble de darle a entender que ya no tenía mucho de que preocuparse, que ella estaba ahí para ayudarlo. Damian hubiera esperado que Dayner estuviera haciendo esto por él y no se refería a los lengüetazos, pero le había brindado protección, una madriguera y comida a su manada, ¿acaso era mucho pedir un poco de consideración? Damian sabía que las cosas entre ellos últimamente iban de mal en peor. Nymeria en cambio era noble y desde que había llegado a su lado, lo trataba como a uno más de su manada.

Aceptando la ayuda, Damian se quitó la pulsera de cuero que Deviant le había regalado y se la entregó a la loba.

—Ve por él…—le dijo y como si el animal entendiese lo que Damian estaba diciéndole, recogió la pulsera del piso y le sostuvo la mirada. —Debe estar en casa de Ariel.

Al verla echar la carrera los lobeznos intentaron seguirla, pero otro gruñido de parte de su madre les detuvo; ahora, los tres pequeños lobos—Lluvia, Brisa y Joker—tenían una importantísima misión entre las patas: mantener a Damian a salvo hasta que ella volviera con ayuda.

En casa de Ariel

 

—¿Cuánto tiempo más planeas ignorarme? —preguntó Deviant pesaroso—No me gusta que estemos sin hablarnos y menos que estés molesto conmigo.

Han cerró el libro que leía, y lo abandonó sobre la mesita que servía de esquinero. Colocó el libro aun lado de la lampara que a las horas continuaba apagada. Los abuelos se habían ido a descansar tan pronto terminaron de comer y Samko estaba con James. Susan les había asignado la habitación contigua a la de Ariel; desde entonces, el menor de los Katzel había insistido en acompañarlo, aunque este ya se encontraba mucho mejor. No había palabras que expresaran adecuadamente lo aliviado que James se sentía, como si por primera vez en muchos años pudiera respirar con libertad.

Era una sensación extraña pero reparadora.

— En ningún momento dije que estaba molesto contigo —respondió Han en voz baja.

—Si no estás molesto, ¿por qué me ignoras?

—No te estoy ignorando.

—Por supuesto que sí — rebatió Deviant, él sí que estaba molesto y también un poco dolido. Llevaban casi dos horas en la sala y durante todo ese tiempo, Han había mantenido la vista fija en su libro, “ignorándolo”. Al menos, eso era lo que Deviant creía y no había poder humano que lo convenciera de abandonar esa creencia.  Intuía que se debía a la discusión que sostuvieron en el hospital cuando ordenó que le entregaran las altas tanto de James como de Ariel; aun cuando Han le había explicado en más de una ocasión que lo mejor era que permanecieran en observación. Pero Deviant se había hecho de oídos sordos y empeñado en lo suyo no descanso hasta que tuvo a los dos chicos en el auto y las altas en sus manos, tal y como Damian le había pedido.

—No discutiré contigo, no por esto —aclaró Han, frenando el berrinche que Deviant parecía estar dispuesto a comenzar. Se puso de pie y de paso recogió su abrigo—. Ya dije que no estoy molesto contigo y que tampoco te estoy ignorando. De hacerlo, no estaría hablándote ahora mismo —concluyó y se dirigió hacia la cocina mientras se metía en su abrigo. Deviant le escuchó abrir la puerta trasera, quiso seguirlo, pero todo se quedó en el mero pensamiento.

Ir tras él sería iniciar una verdadera pelea y todas las complicaciones que esta acarrearía. Pero tampoco podía permanecer un minuto más en esta quietud que lo martirizaba.

Fue hasta el perchero, tomó su gabardina y salió por la puerta principal. El aire frío le caló los huesos, obligándolo a ponerse su abrigo con prisa. Se sentía ansioso y preocupado. Había estado así desde que Damian se fue y de eso ya habían pasado poco más de cuatro horas. Esa era la verdadera razón por la que Deviant había estado detrás de Han tan insistentemente.

Han sabía calmarlo; de alguna manera encontraba siempre la forma de hacerlo sentirse bien, sin importar que el mundo estuviera colapsando sobre sus cabezas.

Cuando Han volvió al interior de la casa, traía unos trozos de madera entre los brazos, mismos que terminó echando a la lumbre para avivar el fuego de la chimenea. Le extrañó que Deviant no estuviera ahí y aunque pensó en volver a su libro, decidió que lo mejor era buscarlo. Lo conocía de toda su vida, Deviant era todo un especialista en hacer de una sola gota de agua, toda una tormenta.

Y si no le había hablado no era porque le estuviera ignorando, —como suponía—Han solo pretendía darle su espacio, sabía que estaba preocupado por Damian. La mayoría de las grandes preocupaciones de su prometido tenían que ver precisamente con el moreno. Y aunque se decía así mismo que no le molestaba, la verdad era que le producía cierto malestar. Un sentimiento muy parecido a los celos, aunque no se trataba de que desconfiara de ellos o que mantuviera sospechas. Esto tenía que ver con que Deviant le ofrecía demasiadas atenciones a su hermano, atenciones que Han también necesitaba y que su pareja no parecía querer tomar en consideración.

De inmediato se deshizo del pensamiento odiaría verse así mismo como un egoísta que codiciaba a Deviant solo para sí, pues nadie mejor que él sabía que el amarlo implicaba aceptar a sus tres hermanos.

Revisó en las otras habitaciones de la planta baja y al no en controlarlo se dirigió a las escaleras. La casa de Ariel le gustaba; no solo era bonita, también apreciaba el cómo cada cosa estaba en su debido lugar. El segundo piso estaba igual de ordenado y aunque la habitación de Ariel le quedaba más cerca, se dirigió a la de James. Entró sin tocar sorprendiendo a los hermanos. Tan pronto puso pie dentro recorrió la habitación con la mirada y, por último, al no encontrar a quien buscaba, la posó en ellos.

—¿Qué sucede? —cuestionó Samko.

—Solo quería saber cómo estaban —explicó Han, sin contarles sobre sus verdaderos motivos.

—¿Cuántos años ha vivido Han con nosotros? —preguntó James en tono casual, sin apartar la mirada de lo que hacía tan recelosamente.

—Pues, no lo sé —respondió Samko, dejando sus cartas sobre la cama y fingiendo que sacaba cuentas con sus dedos —. Cuando nací él ya estaba con nosotros.

—Muchos años, entonces… —James también bajó sus cartas y tomó los billetes que estaban

aun lado.

—Sí, muchos —Sam juntó con destreza todas las cartas y comenzó a barajarlas, las ofreció a su hermano para que cortara el mazo y después repartió nueve cartas para cada uno.

—¿Crees que lo conocemos?

—Definitivamente, lo conocemos —aseguró Samko.

Han los miraba en silencio sin comprender a que se debía este dialogo que pese a tratarse de él, le hacía sentirse ignorado. Y aunque no sabía que, estaba seguro de que algo tramaban sus adorables cuñados. Quizá tomarle el pelo, ¿Qué otra cosa podría ser? Esperar algo bueno de ese par era mucho pedir, pues cuando estaban juntos tenía cierta fijación por jugarle bromas pesadas.  Hecho que creyó finalizaría cuando James y Samko crecieran, pero que contrario a lo esperado, se había perfeccionado y las bromas eran cada vez peores. Aunque siempre revestidas de una inocencia incuestionable.

—Contéstame algo, honestamente…—pidió James, a lo que Samko asintió sin más mientras acomodaba sus cartas —¿Crees que vino porque quería saber cómo estábamos? —el aludido negó enérgicamente y ambos lo miraron de manera acusadora — Sí, tampoco yo.

—Creo que tiene que ver con Deviant —agregó insinuante el menor.

—Sí, cualquier cosa que Han haga, tiene que ver con Deviant —le hizo segunda James.

—¿Terminaron de burlarse de mí? —intervino Han fingidamente molesto, mientras los miraba de manera alternativa.

—Apenas comenzamos —respondieron a la par los hermanos y se echaron a reír.

Han salió de la habitación con el mal humor clavado en la sien; por supuesto, no sin antes recordarles que tenían prohibido apostar. Deviant lo había dejado claro desde el principio. Que tuvieran un casino no les daba derecho a ser unos viciosos. Por supuesto, fue cruelmente ignorado, más los chicos se calmaron dejando de lado las bromas cuando notaron que Han estaba a punto de quitarse el cinturón dispuesto a darles la educación que buena falta les hacía. No era que realmente estuviera molesto, pero el tiempo le había enseñado que, si se mostraba molesto con ellos, entonces, le daban tregua y lo dejaban en paz por unos días. Además, no consideraba que fuera para tanto, en el pasado le habían hecho cosas peores e igualmente los había disculpado. Que ahora se burlaran por el amor que sentía por Deviant, era lo de menos. De hecho; a veces deseaba que el propio Deviant estuviera igual de seguro sobre sus sentimientos como lo estaba Samko y James, incluso Damian.

DEVIANT

—Estaba buscándote —dijo Han detrás de mí. Toda esta situación me tenía muy nervioso, tanto que al escucharlo me estremecí y casi dejo caer la botella.

—¡Lo siento! No fue mi intención asustarte.

Me giré para mirarlo, y aunque intentó disimularlo, su gesto de desagrado no me pasó desapercibido. Le molestaba verme beber, decía que lo mío ya era un problema serio y que, si no quería recibir ayuda de él, debería de buscarla en otra parte. Una completa y total exageración porque bebo cuando quiero y puedo dejarlo si lo deseo, aunque él lo dude.

Nos miramos fijamente durante un largo rato a la espera de que el otro dijera algo, pero Han no habló y yo ya no estaba tan seguro de querer hacerlo, así que rompí el contacto y apartando mi mirada de sus ojos le di un trago profundo a la botella de vino. No lo estaba retando, aunque tal vez sí.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó como quien se ha cansado de repetir vez tras vez la misma pregunta. Y no iba decirle que la traía escondida debajo de mi asiento o que había una más en la cajuela.

—¿Importa? —cuestioné tajante.

—¡Claro que importa Deviant! —elevó el tono en su voz, pero no se movió. Mentalmente me preparé para la catedra sobre el daño que me estaba haciendo debido a mi desmedida forma de beber.— Se supone que estabas intentando “seriamente” dejarlo —me acusó.

—Estaba…

Así como a veces la pasividad de Han me resultaba molesta, sus instantes de impulsividad solían sorprenderme. Me arrebató la botella de entre las manos y la rompió contra la defensa trasera de su auto, que fue lo único que tuvo a su alcance. La alarma se disparó y tuve que cubrirme los oídos.

—¡Apaga esa cosa! —ordené, el ruido me martilla provocándome nauseas.

—¿La resaca por todo lo que te bebiste anoche? —se burló.

—Apágalo, Han.

Lo hizo y aunque debí agradecerle el gesto, solo lo miré furioso. Ni si quiera había bebido tanto, me dolía la cabeza eso era todo.

—¿Tienes idea de lo costoso que es ese vino? —ataqué.

—¿Importa? —repitió mis palabras, el tono en su voz era desafiante y severo.

—Es costoso…

—Mi auto es mucho más costoso.

—Lo que digas —le saqué la vuelta.

Me eché a andar, no había un sitio en especial al cual quisiera ir, solo quería alejarme de él para evitar decirle todas esas cosas que no sentía pero que burbujeaban en mi garganta deseosas de salir y herir. Han no es de las personas que se enoja con facilidad, pero en las contadas ocasiones en las que ha sucedido me he quedado con recuerdos muy tristes que a veces aun duelen.  Preferí centrarme en lo que había frente a mí e ignorarlo.

La casa de Ariel estaba rodeada de árboles de copas altas y frondosas, algunos de los troncos eran delgados y bajos, aunque en su mayoría eran de por lo menos dos o tres metros de altura. Y aunque no era mi paisaje favorito; me traía ciertos recuerdos de mi niñez. Estar en este lugar era muy agradable, los abuelos de Ariel nos habían hecho sentir muy cómodos. Como en familia, la que nunca tuvimos o por lo menos, no de la manera en la que ellos nos la habían ofrecido con apenas conocernos.

—Es más fácil para ti darme la espalda que mirarme y dejar que te ayude —reprochó en un susurro detrás de mí, pero lo suficientemente alto como para que pudiera oírle —. Sé que estas triste y no he querido presionarte…

—¡No estoy triste! —lo interrumpí.

—Mírame, repítelo y quizá te crea.

—No es problema mío lo que decidas creer —respondí de mal modo, apresurando el paso. Mentalmente me regañaba, sabía que a él le disgustaba que le hablara de esa manera, pero estaba molesto y no podía controlarme.

—No quiero hablar mirándote la espalda ni ir detrás de ti por todo el bosque —me sujetó del brazo y me obligó a voltear. Me sostenía con fuerza, lo admito, me asustó —¡Mírame! Hablemos…

—¿Ahora si quieres hablar? —me quejé mientras lo empujaba.

—No se trata de nosotros… —aclaró, logrando captar mi atención —Aunque no lo creas o en este preciso momento no lo parezca, tu y yo estamos bien. Te amo y aunque ahora no estés dispuesto a reconocerlo, me amas, es suficiente… ¿no? —preguntó con voz neutra. Pensé en decirle que “no”, que para mí estaba muy lejos de ser suficiente, pero honestamente que continuara amándome era lo único que me importaba —. Quiero hablar de Damian —agregó. Tragué en seco.

No podía, había evitado esta conversación por demasiado tiempo. Mentalmente me debatí en alguna excusa lo suficientemente buena que pudiera usar, pero Han iba a millas enteras por delante de mí, sabía leerme y me descubría mientras aun planeaba como mentirle.

—Quiero tu completa honestidad Deviant —pidió, mientras me soltaba de brazo y se acercaba para rodearme con ambas manos por la cintura —. Somos pareja, vamos a casarnos. Me he comprometido contigo de todas las formas humanamente posibles porque te amo y soy feliz a tu lado; aun con tus berrinches y dramas. Quiero a Samko, James es como un hijo para mí, nuestro hijo porque lo crecimos juntos… Te he dado razones de sobra para que confíes en mí —aseguró y en efecto, de razones me había llenado. —Nada de lo que hice en el pasado ha sido para comprar tu cariño o tu confianza, lo hice porque te he amado desde ambos éramos solo niños. Es solo que creo merecer tu confianza y me duele que no quieras ofrecérmela —sus palabras permearon en mis sentimientos, pero no podía. Como iba a decirle lo que sucedía con Damian, no podía.

—Confió en ti —aseguré—. Todo lo que a mí respecta te lo he contado, sabes que tiendo a olvidar las cosas y por eso no puedo decir mentiras, porque después no recuerdo que las dije. No hay algo mío que te esté ocultando.

—Hay algo que no me estás diciendo —el agarre de sus brazos sobre mi cintura se hizo más fuerte. No es que yo fuera un tonto crédulo, pero sabía que podía seguir a Han incluso con los ojos cerrados porque él no me lastimaría. Sin embargo, su actitud me alarmó.

Intenté deshacerme de su abrazo, pero no me lo permitió.

—¡Lo siento! —me disculpé —Las cosas que tienen que ver con Damian no puedo decírtelas. Él me las ha confiado, no puedo defraudarlo.

—¡Entiendo! —respondió mientras me soltaba, fue un movimiento tan rápido que sentí que me caería —No puedes defraudarlo a él, pero sí me defraudas a mí.

—No, Han…

—¿Es tú última palabra? —retrocedió.

—Han… ¡Por favor! —intenté atraparlo, pero no me dejó alcanzarlo — Han.

TERCERA PERSONA

El ruido de pasos cortos los distrajo momentáneamente de la conversación que sostenían. Algo se movía entre la maleza y por muy decepcionado y dolido que Han estuviera de Deviant, hizo lo que solo un hombre enamorado es capaz: avanzó con paso firme y rodeando su cuerpo con ambas manos abrazó a Deviant protegiéndolo del lobo gris que apareció frente a ellos.

Contrario a lo esperado Deviant no entró en pánico ni quiso salir corriendo, aunque el animal frente a ellos tenía una apariencia intimidante. Era más grande de los lobos que comúnmente se encontraban en la región, su pelaje espeso no distraía del cuerpo fornido que había debajo.

Deviant se limitó a observar al animal por varios segundos como si se tratara de alguien a quien ya conocía y no recordaba. El animal dejó en el piso la pulsera que Damian le había dado y la empujó con la punta de su nariz, acción a la que Deviant no prestó atención por intentar recordar su nombre.

—¿Nymeria? —dijo de pronto, como si se refiriera a una persona y no al animal.

—¡No te muevas Deviant! —intervino Han, frenándolo del paso que intentó dar —Puede atacarnos.

—¡No, Han! Ella es la… —dejó la frase sin terminar, no podía decirle que era una de las lobas de Damian. Ni que había más, era uno de los secretos que su hermano más protegía

—¿La que…?

—¿Eh? No, nada…

—¿Deviant?

Iban a meterse en otra acalorada discusión, pero Nymeria tenía prisa. Deviant la conocía desde hacía varios años, así que cuando se acercó hasta tirar de su pantalón y ante el total asombro de Han, Deviant no se inquieto.

Desde la primera vez que la tuvo de frente Deviant, sintió tentación de tocarla, pero al igual que en aquella ocasión, nuevamente no se atrevió. Nymeria le inspiraba cierto respeto que él estaba convencido de no querer faltarle.  La loba era especial porque Damian le había permitido que le escogiera un nombre, y había elegido “Nymeria” por su seria favorita, el caso era que ella solo aparecía cuando Damian se lo permitía… y como si todo engranara en su cabeza, cuando el animal volvió a empujar la pulsera con la nariz, Deviant comprendió el motivo de su repentina visita.

—¿Dónde está? —le preguntó al animal mirándola fijamente, después de recoger la pulsera y corroborar que, en efecto, era la misma que le había obsequiado a Damian. Nymeria desesperada parecía querer hablarle, pero solo podía tirar de su pantalón en esta ocasión dirigiendo hacía la carretera.

Todo sucedió en cuestión de segundos en los que Deviant se soltó definitivamente de Han y corrió de vuelta a su auto, le había gritado a la loba que lo guiara por la carretera ¿a quién se le ocurre? En ese momento de total confusión Han creyó que su pareja había perdido la razón, pero nuevamente se sorprendió cuando el animal echó a correr sobre la calle de terracería.

No iba a quedarse como si nada mientras Deviant seguía a un lobo al que solo le faltaba hablar.

—Iré contigo…

—No, Han.

—No voy a dejarte solo con ese animal—amenazó con firmeza. Con tal de no perder de vista a Nymeria quien ya iba varios metros por delante, a Deviant no le quedó más remedio que aceptar.

Resultó que Damian no estaba tan perdido después de todo, casi quince minutos en auto y unos cuantos más haciendo senderismo bastaron para dar con él. Deviant se detuvo de golpe en cuanto sus ojos miraron lo que quedaba de su hermano. Han por su parte iba a reparar en el hecho de que Damian estuviera rodeado de tres cachorros de lobo, pero le ganó su papel de médico y cuando las crías se escondieron entre la maleza se acercó para revisar sus signos vitales.

Notó algo raro al tocarlo, y nada tenía que ver con el hecho de haber sido guiados por una loba hasta ese lugar, ni con los tres cachorros que no muy seguros, pero con la suficiente curiosidad habían salido de su escondite y comenzaban a husmearlo. El asunto estaba directamente relacionado con el hecho de que Damian se encontraba apenas consciente, hundido en un charco de su propia sangre y, sin embargo, su pulso no era débil; todo lo contrario, latía desbocado en su pecho tal y como si estuviera corriendo a su máxima capacidad.

—Hay que sacarlo de aquí…—dijo, pero Deviant parecía incapaz de moverse. —¡Deviant! ¿Estás escuchándome? ¡Deviant! —al ver que no reaccionaba dejó a Damian y fue hacía él, envolvió su rostro con las manos y ante la caricia Deviant reaccionó —Debemos sacarlo de aquí, esto es grave.

Deviant asintió quedamente, la impresión había sido demasiado para él, que fuera Damian el que estuviera en el piso con la vista perdida y hundido en su propia sangre solo lo complicaba más, aun con todo se esforzó para concentrarse en lo más importante, y eso era sacarlo de este lugar.  No los escuchó, pero cuando Han volvió la vista a Damian ni los cachorros ni la loba estaba ahí. Esto era para volverse locos.

Entre los dos lograron ponerlo de pie, Damian balbuceaba cosas sin sentido, como si de manera alterna les estuviera susurrando secretos ininteligibles. Y de todos los reparos que Deviant pudo haber hecho, lo único que lo preocupó fue el sentir tan frío el cuerpo de su hermano, un cuerpo que generalmente está muy caliente, casi como si tuviera fiebre.

Tardaron un poco en llegar al auto, Damian se había dejado vencer a mitad del camino provocando la histeria de Deviant y el desconcierto de Han. Una vez en el interior del auto y con la calefacción al máximo, sus dos salvadores luchaban por regularle la temperatura.

—Hay que llevarlo al hospital.

—¡No! —se rehusó Deviant —Llevémoslo a mi departamento…

—Necesita atención médica.

—No.

—Deviant, no empecemos de nuevo con esto. No sé que rayos tienes encontrar de los médicos, pero estas comprometido con uno y me haces sentir terrible cada vez que haces esto.

—¡Han, por favor! Necesito que confíes en mí y me ayudes a llevarlo a mi departamento.

—¡Esta grave Deviant, debe revisarlo un médico!

—Estará bien, solo has lo que te pido —suplicó.

HAN

Al final, cedí, aunque no estaba de acuerdo con todo este asunto. Damian se veía muy mal, de sus heridas borboteaba sangre y muy seguramente necesitaría suturas. Por si no fuera suficiente Deviant se había empeñado en que hiciéramos lo que proponía y al negarme comenzamos a discutir, ambos queríamos hablar al mismo tiempo y terminamos gritándonos. Si no fuera porque Damian tan acertadamente se desmayó, quien sabe hasta donde hubiéramos llegado.

Cuando estuvimos en el estacionamiento, lo arrastramos por el elevador envuelto en nuestros abrigos. Fue suerte que nadie más quisiera usarlo en ese momento o los rastros de sangre que íbamos dejando les hubieran alarmado.

A diferencia de Deviant, no me encontraba tan optimista. Me preocupaba la forma en la que Damian sangraba, después del tiempo que había trascurrido era para que la lesiones hubieran comenzado a cerrar, pero no había coagulación, las heridas visibles estaban tan frescas como si se las acabaran de producir.

Deviant dijo que lo lleváramos a la cama y después casi me echó fuera de la habitación.

Estuvieron un buen rato ahí adentro, y yo como imbécil en la sala mordiéndome la dignidad y las ansias a la espera de que no saliera de repente llorando y diciendo que Damian había fallecido, porque juro por mi vida que no se lo iba a perdonar. Una cosa era que su hermano y yo no podamos llevarnos bien y otra muy distinta que no sienta nada o me dé igual si a Damian le llegara a pasar algo malo.

James y Samko llegaron al departamento un poco después, al parecer avisados por Deviant. Me vieron en la sala y en silencio se sentaron frente a mí, podía sentir sus miradas buscándome, pero estaba tan enojado que decidí ignorarlos. No era correcto, pero quizá era mejor que desquitarme con ellos de algo que claramente no era su culpa.

Perdí la noción del tiempo que tuvimos que esperar por noticias, cuando Deviant salió, Samko fue el primero en ponerse de pie e ir hacía él. Toda la habitación e incluso él, desprendían un olor extraño, no desagradable, pero si intenso que casi mareaba.

—¿Cómo está? —preguntó alarmado, James detrás de él intentó tranquilizarlo pasándole el brazo por los hombros.

También me puse de pie, pero no me acerqué.

—Acaba de dormirse, se encuentra mejor —anunció Deviant, noté que me buscaba con la mirada, pero fingí no me di cuenta—. Perdió mucha sangre así que está un poco débil, pero no se preocupen, él va a estar bien.

—Deberíamos llevarlo al hospital— sugirió James ¡por fin! alguien que pensaba con la cabeza.

—No es necesario, —intervino Samko —Deviant ya dijo que esta mejor.

—Pero si perdió mucha sangre…

—¡No! —lo interrumpió Deviant. —Hay que dejarlo descansar.

—Sí, pero…

—Ya dijimos que no, James —regañó Samko. —Damian no va a los hospitales, lo sabes.

James lo miró confundido, era claro que no, él no lo sabía. Al igual que yo era tan ignorante con lo referente a Damian, sin embargo, Deviant tampoco se esperaba que Samko dijera algo como eso, la sorpresa que hubo en su rostro al mirarlo, lo delató. Aunque rápidamente intentó disimularlo.

Estaban escondiéndonos algo importante y yo estaba cansándome de este jueguito.

—James ve a recostarte —ordenó Deviant intentando zafarse del asunto—el doctor dijo que te dejaba salir pero que necesitabas reposo absoluto.

—Ya me siento bien…

—No es un debate—aclaró cortante— ve a recostarte.

—He estado acostado todo el bendito día —rebatió James.

—¿Han…? —buscó mi apoyo, ahora si me necesitaba —¿No vas a decirle nada?

—¿Para qué? —respondí de mala gana —Tú lo estás haciendo muy bien.

Mi respuesta valió para obtener la atención de los tres. Deviant me miró molesto, pero no me importó, ¿quería discutir? ¡Adelante! Que yo estaba que me moría por decirle unas cuantas cosas.

—¿Qué te sucede? —y todavía tenía el descaro de preguntar.

—¡Nada!

—No me gusta que me mientas… —advirtió mientras se hacía paso entre sus hermanos y avanzaba hacia mí.

—Ni a mí que finjas que te importa lo que me sucede —Atajé.

—No estoy fingiendo.

—Lo que digas… —me di la vuelta con rumbo a la salida. Nada de esto tenía sentido, ahora que sabía que Damian se encontraba aparentemente estable, nada tenía que hacer aquí.

—¿A dónde crees que vas? —gritó. Nada peor para un Katzel que lo dejes hablando solo, no solo los enfurecía, sino que desataba su completa indignación. —¡Han! —y en honor a su estúpido orgullo era capaces de hacer muchas cosas, como ahora, que no esperaba que me siguiera. —Te estoy hablando.

Me encaminé al recibidor con la clara intención de irme, ya no quería escucharlo, pero en uno de sus arranques me empujó contra la pared. Fue una sorpresa, ha placer había decidido olvidar que él tenía la estatura y la fuerza para dejarme debajo, no por algo me había tenido de esa manera por meses, pero ya no. Lo empujé de vuelta, no iba a someterme a su voluntad, no esta vez.

Nos miramos de forma retadora, entonces de la nada volvimos a ser ese par de adolescentes que tantos años atrás se batieron a duelo y curiosamente por la misma razón; Damian. En mi defensa diré que tal y como en aquella ocasión, él me golpeó primero. Únicamente me defendí.

Le solté un puñetazo que lo mandó al piso.  James intervino poniéndose entre nosotros y sujetándome por los hombros, mientras Samko ayudaba a Deviant a levantarse. Entendí que hoy no habría lágrimas de tristeza cuando me aventó uno de los adornos de cerámica que habíamos comprado en Budapest. No alcancé a atraparlo y me golpeó en el pecho. Me enfurecí.

En la pared colgaba una foto nuestra en un marco de cristal, no quise detenerme a pensarlo porque entonces no me atrevería; me limité a descolgarlo y aunque James intentó quitármelo se lo aventé. Lamentablemente le di a Samko, no fue mi intensión. Deviant me culpó y mientras James revisaba a Sam, él y yo echamos a bajo el recibidor, empujándonos contra las paredes y después rodando en el piso nos debatimos en una pelea que ninguno de los dos quería perder, me golpeo y también le hice daño.

Fue Ariel quien al entrar tan de improvisto, nos separó. Aun no me explico como lo hizo, pero me quitó a Deviant de encima y lo arrastró a una distancia prudente de mí, mientras se colocaba entre los dos. Su apariencia delataba lo mucho que le desagradaba vernos haciendo esto, su rostro pálido refleja miedo e indignación.

—¿Qué les pasa? ¿Por qué hacen esto? —preguntó colérico. —Así que es de familia, ¿no? El pretender resolver las cosas a golpes. Si ustedes se comportan de esta manera, pese a su edad y su compromiso ¿que nos espera a nosotros? —no supe que responder, pero me sentí terriblemente apenado. —Te lo conté a ti Deviant, —agregó—te dije lo mal que me sentí cuando tu hermano me lastimó de la misma manera en la que tú estabas haciéndolo con Han cuando entré. Y tú Han, ¿es esta la forma correcta de tratar a la persona que juraste proteger, cuidar y amar cuando te comprometiste con él? Miren lo que le hicieron a la casa, y todos los decorados que rompieron, eran recuerdos que hicieron de sus viajes y ahora todo se ira a la basura.

La melancolía me invadió y no me opuse a ella, porque ahora que miraba todos nuestros adornos rotos en el piso me daba cuenta de que, si no deteníamos esto, un día Deviant y yo terminaríamos de la misma manera. Rotos y en la basura. No podíamos seguir así, o quizá simplemente él y yo… ya no estábamos funcionando.

— Debería darles vergüenza pelear delante de Samko y James…—continuó Ariel— ¿Eso van a enseñarles? ¿Qué Samko se deje golpear y James sea violento y maltrate a su pareja en el primer desacuerdo que surja?

—Disculpa Ariel… —intervino Samko — ¿Por qué tengo que ser yo el que se deje golpear? ¿Acaso no soy perfectamente capaz de maltratar a mi pareja?

—¿A Gianmarco? —reparó Ariel, haciendo un paréntesis en el regaño que les estaba dando. Lo pensó cuando Samko asintió —Lo siento, pero no funciona de esa manera.

Samko buscó el apoyo de James, pero este también negó.

—¿Por qué no?

—Se un buen pasivo y compórtate como debe de ser —respondió James.

—Como sea —intervino Ariel —nadie debe tratar mal a su pareja, más que las marcas que van a doler unos días y después desaparecerán, herimos sus corazones. No es correcto.

ARIEL

Sentía el coraje recorrer mis venas, pero todo mi maravilloso discurso se vino abajo cuando detrás de nosotros alguien más aplaudió. Casi en automático los cinco volteamos a ver, Damian estaba recargado contra la puerta de la habitación, envuelto en vendas que debido al esfuerzo que había hecho por levantarse; estaban manchadas de sangre.

Sentí que el piso enteró tembló bajo mis pies, ¿quién le había hecho esto? Todas esas heridas en su cuerpo y lo débil que se veía, Damian estaba irreconocible.

—Vaya… hasta que alguien se atreve a ponerlos en su lugar —. Su voz se escuchó ronca, cortada. El cabello le caía en la cara y aunque trataba de disimularlo, sabía que estaba sufriendo. No miento, podía sentir su dolor como si fuera mío.

Damian me sostuvo la mirada como esperando que dijera algo más, pero no podía. Estaba impresionado, preocupado por él y sintiéndome culpable, porque cuando Sam y James recibieron la llamada de Deviant yo estaba con ellos, pero me negué a venir; les había dicho que no quería verlo, que si se había ido a pelear con quien sabe quién, yo no se lo había pedido.

Y aun cuando Samko me reprochó diciendo que, en efecto, Damian se había peleado con el tipo que me lastimó y que en ese sentido era el responsable de que su hermano estuviera herido. Aun con todo le dije que no me importaba, que no vendría verlo, es más, que no quería saber nada más de él. Pero después de que ellos se marcharon me tomó muy poco tiempo tragarme mis palabras y ahora que veía lo mal que se encontraba, solo quería correr a él y abrazarlo, pero con que derecho.

—Ven aquí —pidió Damian extendiéndome su mano para que la tomara. Él me entendía, de alguna manera comprendía lo abrumado que estaba por toda esta situación.

—No —dije mientras negaba con la cabeza reafirmando mi negativa. —Dije, que… —¿debía decírselo? ¿Confesarle lo que les había dicho a sus hermanos? No quería que se enojara conmigo, pero sentía que debía decirlo o no estaría siendo honesto con él — Dije que no iba a venir y… —me mordí los labios en un gesto de indecisión. Lo miraba fijamente y Damian me sostenía la mirada mientras casi sonreía. Volvió a ser esa mirada cálida de los primeros días, aquellos en los que él podía adivinar lo que yo pensaba o sentía —. No sabía que… había sido tan grave —hablé lento haciendo una pausa aún más larga entre cada palabra.

—Cuando estamos enojados decimos cosas que no sentimos y hacemos cosas que realmente no queremos —comentó, me limité a asentir agachando la mirada —No importa lo que hayas dicho, estás aquí y eso es suficiente para mí.

—¡Lo siento! —dijo.

—Lo sé, también yo siento muchas de las cosas que te dije y que hice. Como eso que has comentado; ese día estaba cejado por los celos, supuse que ibas a dejarme para irte con Sedyey y no pensé con claridad, de hecho, como podrás ver, casi nunca lo hago. Entiendo que gran parte del problema entre nosotros es culpa mía, y te pido que, por favor, me perdones.

Lo miré sorprendido, no solo se había disculpado conmigo, sino que lo había hecho delante de su familia. Samko y James estaban más cerca de mí y pude ver lo asombrados que estaban, Damian no se disculpaba, y sin embargo ahora lo había dicho así sin más —Quisiera ir por ti hasta donde estás y besarte, pero dadas mis actuales circunstancias preferiría que tu vinieras, solo eso… me encargaré del resto.

Dudé, ¿podía creerle? ¿Debía hacerlo? ¿Qué me aseguraba que esta vez si hablaba enserio? Tenía miedo de que estuviéramos bien unos días y después todo volviera a ser igual, ya no podría soportarlo.

—Dame una oportunidad más, y el tiempo para responder a todas esas dudas que he creado en ti —agregó —. No estoy mintiendo, puedo ser muy animal pero esta vez te juro que es verdad. No los estoy usando, pero los pongo a ellos por testigos—dijo mientras señalaba a sus hermanos— de que mis palabras son una promesa fiel. Lo que siento por ti no lo había sentido antes por nadie más, nadie. Y si alguna vez deseé sentir amor, fue solo después de conocerte.

El primer paso fue el más difícil, los siguientes ni siquiera los sentí; corrí hacia él y en vez de tomar su mano busqué su cuello para rodearlo con mis manos. Si después iba a arrepentirme, quería llevarme el mejor de los recuerdos. Pero cada uno de mis miedos fue silenciado cuando al corresponder a mi abrazo besó mi frente y dijo delante todos que me amaba.

Damian me amaba.

10 comentarios en “Capítulo 45 LOS HUMANOS LO LLAMAN AMOR

  1. Q gusto volver a ver a los lobitos! (^^)
    Es injusto q los demas no sepan sobre la naturaleza de Damian, ninguno de ellos lo traidionaria, Han tiene razon en enfadarse.
    De veras Damian le dijo q lo amaba? Era hora de q Ariel recibiera un poco de amor.

    • JA,JA,JA,JA tan mal he hecho quedar al pobre Ari?? Hola Auriel, que gusto volver a leerte. Los lobitos estarán mas presentes en la historia. En el capítulo de mañana veras que ya no es secreto solo de Deviant y Damian… y que te puedo decir, un secreto de muchos pronto deja de ser secreto.
      Sí, Damian dio una disculpa formal que era lo que Ariel tanto peleaba y una declaración de amor. Así que Ari recibirá más amor en los siguientes capítulos!!
      No te pierdas el capítulo de mañana. Saludos!!

  2. Primero que nada gracias por publicar y por el increíble maratón que nos traes.
    Sin duda alguna este ha sido unos de mis capítulos favoritos porque por fin Damian dejo su orgullo de lado y dijo las palabras adecuadas, hay que ver lo tercos que a veces somos que para poder doblegarnos un poco tenemos que pasa por una situación de riesgo o de muerte para poder darnos cuenta lo que de verdad importa y ser un poco mas humildes. Creo que lo mismo pasara con Deviant y Han, porque no se aprecian entre ellos, especialmente Deviant que tiene otras prioridades al parecer mas importantes que Han.
    Mientras que Ariel y Demian ha dado un paso importante en su relación y han avanzado; Deviant y Han han retrocedido mucho volviendo a lo que eran antes y es una pena porque es una de mis parejas favoritas.

    Gran capítulo
    Saludos…

    • Unrincnparaleer, antes que nada muchas gracias por leer el capítulo. Estoy completamente de acuerdo con lo que has mencionado, Deviant a tenido todo muy fácil hasta ahora, así que ha llegado el momento de que valore lo que Han es, o en su defecto pierda lo que dice amar.
      Damian esta listo, listo de verdad… ha aprendido de sus errores así que sin más dudas por delante veremos no otro Damian, seguirá siendo enojon e imposible pero con las personas adecuadas.
      Muchas gracias por tu comentario, me alienta cuando puedo leer sus opiniones y así mejorar.

  3. —Se un buen pasivo y compórtate como debe de ser. Amo a James xD
    en este capítulo pasaron tantas cosas que me limitaré a comentar solo lo que más risa me causó, porque si comento lo demás, hago un testamento larguísimo

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