Capítulo 46 SINÓNIMOS DE TI

CAPÍTULO 46

 

SINÓNIMOS DE TI

 “—Sí te pidiera que dejaras tu armadura y fueras mi príncipe, ¿te quedarías para siempre conmigo?

TERCERA PERSONA

Se dice que hace muchos, muchos años atrás; las cualidades puras fueron depositadas en humanos, como si se tratasen de recipientes que debían contenerlas y preservarlas. Por supuesto, había cualidades malas y también estaban esos caracteres nobles.

Y aunque en cada recipiente dominara una sola cualidad; todas las que fueran del mismo tipo también tendrían cabida —Eso, sí…— los recipientes que eran sorprendidos mezclando cualidades eran destruidos; estaba prohibido unir lo negativo y positivo en un mismo espacio pequeño como lo era el corazón de una persona.

Un día, dos humanos se conocieron por casualidad tras chocar en la entrada de una plaza pública. El primero, cuya cualidad dominante era la maldad; empujó con violencia al otro humano que al venir distraído había ocasionado este desafortunado suceso, gritándole de manera irascible le soltó toda suerte de cosas. Lo humilló delante de todas las otras cualidades que les miraban algunas con disimulo y otras no tanto. La bondad avergonzada intentó disculparse sin éxito pues la maldad ni siquiera le dejaba hablar. Entendía que había sido su culpa, pero no lo había hecho de manera intencional.

La maldad tomó por los hombros al recipiente humano que contenía a la bondad y lo sacudió con fuerza haciendo que este perdiera el equilibrio y se fuera de espaldas contra el piso. Al caer, el humano sufrió una ruptura y la bondad lloró al ver que su recipiente tenía los codos y las palmas de las manos raspadas; lo quería mucho y sentía dolor al verlo herido.  La piedad se acercó primero, pero fueron la ternura y la compasión las que ayudaron a la bondad para que pudiera levantarse. El rencor en cambio miraba de lejos; detrás suyo, el odio estaba listo para iniciar una temible guerra; él detestaba a su recipiente, no le basta poseer uno; los ambicionaba a todos y tras hacerle una seña a el egoísmo y la insensibilidad se acercaron los tres para agredir a las cualidades buenas.

Alguien más observaba desde un lugar especial, aquel que lo había creado todo y que no permitiría un enfrentamiento tan terrible como el que estaba por ocurrir; sabía que debía intervenir y rápidamente tomó un recipiente sin usar y depositó la cualidad más preciada, la que había conservado para sí, protegiéndola de todos. Fue difícil desprenderse de ella, y más al saber que la mandaría a un mundo hostil en que las cualidades negativas se reproducían a una velocidad alarmante, mientras que los caracteres buenos mermaban.

El amor despertó confundido, desde su creación había vivido libre y a sus anchas; pero ahora se encontraba en un pequeño humano que parecía tan asustado como él. Había escuchado sobre este mundo y los recipientes con formas tan curiosas, pero jamás se imaginó entre ellos.

El amor fue la primera cualidad pura que se creó, y tenía el poder de cambiar a los caracteres malvados o engrandecer a los buenos, pero debía ser muy cuidadoso porque sus características lo volvían vulnerable y frágil. El amor era asustadizo y pudo comprobarlo cuando una pequeña mariposa de ojos coquetos se posó sobre el brazo de su recipiente.

El bichito le provocó tremendo susto que sacudiendo el brazo de su recipiente salió corriendo, el humano aun no sabía caminar bien y mucho menos correr, pero el amor estaba demasiado alterado para escuchar razones. En medio de su torpe carrera tropezó con una piedra saliente y su recipiente perdió el equilibrio balanceándose de aquí para allá; intentó frenar cuando vio al grupo de las otras cualidades reunidas delante de él, pero terminó estrellándose contra ellos y como si se tratara de una un juego de boliche, derribó a todas las cualidades. El impacto fue tan fuerte que sin quererlo, sus recipientes se rompieron y las cualidades puras fusionaron una parte de sí mismas, creando lo que después los humanos llamarían destino.

Desde entonces, todas las cosas que por maldad o bondad se hacen son puestas en las manos del destino, pero solo el amor tiene el poder de designar en los humanos dulces finales o amargos desencuentros.

Ariel se acomodó mejor en su asiento sin apartar la mirada de Damian, había sido complicarlo llevarlo de nuevo a la cama, convencerlo de dejarse cambiar las vendas y obligarlo a dormir un rato. Sin embargo; había hecho uso de todos los conocimientos que había aprendido del propio Damian para chantajearlo y lograr que descansara.

—Me iré y no vendré a verte —había sido lo primero que le dijo —¡Me enojaré contigo! Como no te acuestes reconsideraré mi decisión. Si no dejas que Deviant te cambie las vendas lo haré yo mismo y sin el menor de los cuidados. Si no te comes esa sopa te la echaré encima. Duérmete o le diré a Han que te ponga una inyección.

Damian terminó cedió en medio de risas, sabía que Ariel odiaba las inyecciones mientras que a él le daba lo mismo un piquetito más. Pero la seriedad con la que el cachorro habló valió para que se metiera a la cama y fingiera que dormía hasta que el cansancio realmente lo venció.

El peso de todos los días de inquietud que paso al estar lejos de Ariel lo dejaron hundido en un sueño profundo y reparador. Ya no tenía miedo, ellos estaban juntos de nuevo.

Ariel suspiró bajito, quería meterse a su lado en la cama, pero prefería dejarlo descansar. La idea de que Damian se despertara y nuevamente no quisiera nada con él, le asustaba. Debía reconocer que se sentía inseguro. Después de todo lo que había pasado con el moreno, emocionalmente se sentía vulnerable y deprimido.

Tenía demasiadas dudas rondando su cabeza y unas intensas ganas de olvidarlo todo. Dejarlo en el pasado y vivir el presente… ¿tendría el valor? Pobremente no, Ariel necesitaba respuestas.

DEVIANT

—¿Qué sucede? —preguntó en voz baja, aunque notoriamente alarmado.

Después de lo que sucedió en mi departamento, Han se encerró en una de las habitaciones y no salió de ahí hasta que fue hora de irse al trabajo. Hoy era su día libre en el casino, pero le había tocado guardia en el hospital.

Cuando salió de la habitación tenía los ojos irritados y no necesitaba ser muy listo para adivinar la razón. Pasó a nuestra habitación para coger uno de sus uniformes, Ariel me dijo que iba a revisar a Damian, pero al verlo dormido prefirió dejarlo descansar. Después, cuando cruzó por donde Samko, James y yo estábamos solo dijo “me tengo que ir” y salió del departamento. De eso ya habían pasado varias horas.

—¿Estás muy ocupado? —indagué.

—Es mi descanso…—respondió. Lo sabía, por eso decidí esperar y venir a esta hora.

—¿Podemos hablar un momento afuera? —pedí, Han desvió la mirada y casi temí que dijera que no. —Solo será un momento.

Asintió y con una seña me indicó el camino, iba un par de pasos por delante de mí, pero eso no me importó. La bata de su uniforme se abría al compás de su caminar, su espalda ancha, los brazos ligeramente marcados que terminaban en sus manos ocultas en las bolsas de su bata, el olor de su perfume… ¡le había extrañado tanto!  Tenía el estetoscopio sobre los hombros, no lo sé, quizá es cosa de doctores andar con eso todo el tiempo.  Cruzamos el comedor y de ahí hasta el patio de la entrada; buscó un par de sillas desocupadas y sostuvo la mía mientras tomaba asiento para después acomodarse a mi lado.

Había una seriedad inusual en su semblante, se veía desanimado. Esperó, y aunque planeé venir no pensé llegar tan lejos, así que ahora que lo tenía frente a mí no sabía que decirle, quizá porque internamente esperaba que fuera él quien hablara.

—¡Hace frío! —comenté más por decir algo.

—Sí— Dijo. Otro silencio denso se hizo entre nosotros, era incómodo y lastimero. —Volveré a mi departamento…—soltó sin apartar la mirada de mis ojos. —Amenos que quieras decirme todo eso que me ocultas. No pienses que es un chantaje, pero es el precio que quiero a cambio de continuar contigo —¿El precio por continuar conmigo? Eso significaba que, si no le decía, íbamos a terminar… — Por supuesto, tienes de aquí hasta la boda, si es que aun quieres que haya boda… o ¿viniste a terminarme? —no pude responder, aunque definitivamente no, no había venido a terminarlo. —Sí es así…

—¡No! —le interrumpí. Sin importar la distancia que estaba poniendo entre nosotros, de alguna manera pareció relajarse ante mi negativa. —¿Estás diciendo que ya no quieres estar conmigo?

—Estoy diciendo que no puedo estar con alguien que no confía en mí.

—Han, confió en ti —expliqué, no era mi mejor momento, Han estaba diciendo que quería estar lejos y eso no podía tomármelo bien.

—No es suficiente.

—¿Estas dejándome de nuevo? ¡Prometiste que no lo harías otra vez! —le acusé, el llanto se acumuló en mis ojos, pero en los suyos vi que él pensaba que era un llanto de coraje, que era mi impotencia sudando orgullo. Nada más alejado de la realidad, estaba llorando porque me dolía que me alejara. Porque lo amaba y sin él perdería el poco equilibrio que he logrado en estas últimas semanas. —¿Cuánto tiempo va a ser esta vez? —pregunté dolido.

—Baja la voz, estas en mi trabajo y te pido que lo respetes.

—¿Por qué me hablas de ese modo?

—Porque ya no eres un niño para hacer berrinches, estar aquí me ha costado días enteros sin dormir, horas de estudio y muchas limitaciones —me regañó como si yo no estuviera al tanto de todo esto —. Para ti puede ser nada, pero no todos nadamos en dinero, así que no voy a permitir que armes un escándalo porque te juro que eso no va cambiar en nada mi decisión. Y deja de mirarme como si yo fuera el malo del cuento… te lo he dado todo Deviant, la mayor parte del tiempo incluso si tengo que quedarme sin nada, no me ha importado con tal de dártelo a ti. Y perdóname, pero tal parece que todo ha sido en vano; no valoras nada, solo te interesa tu bienestar y que los demás cumplamos tus caprichos. Esta vez no voy a quedarme a limpiarte las lágrimas. Pídeselo a Damian, te lo debe después de que has preferido arruinar tu relación conmigo por salvaguardar sus secretos.

Ah y disculpa si lo digo tan de la nada, pero ya no me esperes por el casino.

—¿Eso que significa?

—Renuncio —. Se puso de pie y volvió dentro.

TERCERA PERSONA

Damian despertó pasadas las nueve de la noche, en un principio le resultó extraño reconocerse en esa cama desconocida pero pronto pudo recordarlo todo; buscó a Ariel con la mirada, y aunque las luces de la habitación estaban apagadas lo encontró dormido en uno de los sillones frente a la cama.

Dormía chueco, tanto que de seguro después le dolería el cuello.

En un intento por salir de la cama el dolor de sus heridas le devolvió a ella mientras intentaba no quejarse, ¿qué pasaba con él? ¿era acaso que se estaba volviendo vidrioso y cualquier mal aire lo hacía temblar? En el pasado había soportado cosas peores y ahora; unas simples cortadas —que lo dejaron inconsciente por horas— le tenían impedido.

¿Era eso o lo que Damian realmente quería era la atención de cierta persona? Sabía que fingirse enfermo para obtener los cuidados de Ariel sería lo más vil que hubiera hecho en su vida, pero también podría traerles grandes y muy agradables ventajas. Después de todo sí le dolían las heridas, exagerar un poquito no podía considerarse como propiamente una mentira.

Damian estaba convencido de que Ariel no se separaría del pie de su cama si le hacía creer que estaba lo suficientemente grave. Lo meditó el mismo tiempo que le tomó estirar la mano hasta el vaso con agua que descansaba sobre el velador, mismo que propósito empujó hasta hacerlo caer.

El ruido tras la caída despertó a Ariel, quien sobresaltado brincó del asiento en el que descansaba y aturdido tanteó el interruptor de la pared para encender la luz.

—¿Qué sucede? —preguntó alarmado, al ver a Damian sentado en la orilla de la cama con la vista fija en el piso, fue entonces que se percató del charco de agua y las astillas de lo que segundos antes era un vaso de vidrio.

—¡Lo siento! —respondió Damian fingiendo pesar —Tenía sed, quise sujetarlo, pero no pude. No fue mi intención romperlo ni despertarte —mintió.

Sin saber realmente como lo logró, se mostró avergonzado y de alguna manera frágil. Tan frágil como alguien como Damian podía verse, lo que haya sido, logró que Ariel le creyera.

—¡Esta bien! —dijo acercándose con cuidado — No te preocupes, voy a recogerlo y te traeré más agua. Solo recuestaste y yo me encargaré del resto.

Si en algún momento Damian sintió remordimiento por su mentira, lo supo disimular. Ariel fue de aquí para haya en el cuarto mientras secaba la mayólica y recogía las astillas, después, tal y como prometió le trajo más agua a Damian y le ayudó a que la tomara. (Es decir; puso el borde del vaso en los labios del moreno y sostuvo el vaso mientras este bebía) Limpió con una servilleta los residuos de humedad en las comisuras de su boca y lo arropó como si fuera un niño pequeño.

—Deviant se fue al casino, Samko y James se marcharon hace como tres horas. — Comentó Ariel al pie de la cama —¿Necesitas algo más?

—Te quedaste a cuidarme.

—Bueno, Deviant tenía que irse y… —dejó la oración sin terminar, lo miró nervioso como si creyera que había hecho algo mal. —Quería quedarme hasta que estés bien.

—¿Solo hasta que esté bien? —jugueteó Damian, brindándole un poco más de confianza al menor —Entonces, tal vez no quiera reponerme nunca.

Tarde cayeron en la cuenta de que estaban solos después de tantos días separados. Ariel instintivamente retrocedió intentando alejarse de la cama, pero Damian lo retuvo sosteniéndolo de la mano. Se miraron en silencio, había tanto que decirse, pero ninguno de los dos se atrevía en ser el primero en hablar.

Damian se distrajo mirando la mano de Ariel, era extraño sentirla de nuevo, pero parecía como si finalmente estuviera en su sitio, como si encajara a la perfección con la suya porque ambas habían sido hechas para estar juntas. Tiró suavemente de ella, pero Ariel se negó a moverse.

—¿Y si prometo mantener mis manos quietas? —tanteó el terreno intentando convencer al cachorro —A veces también puedo ser un caballero —aseguró ganándose una sonrisa discreta por parte de Ariel —¡Lo prometo! —dijo con solemnidad mientras puntualizaba con su mano libre.

Ariel regreso sobre sus pasos y se sentó en la orilla de la cama; Damian se aferró a la mano que sostenía mientras se acomodaba para poder observar mejor al chico. La actitud tímida de Ariel le gustaba, sin embargo, también le resultaba alarmante. Seguía siendo su cachorrito de ojos grandes y azules; el que lo hacia reír y sabia robarle suspiros que cada vez lograba disimular menos. Por el único que se volvía un loco celoso incluso del aire que le alborotaba los cabellos a su ya no tan niño, aunque aún conservaba esa apariencia tan adorable que de verlo se le antojaba comérselo a besos.

—¿Por qué estás nervioso? —preguntó Damian.

—¿Por qué finges estar tan tranquilo? —reparó Ariel. Esa parte suya Damian casi la había olvidado, Ariel era el tipo de persona que siempre tiene algo que responder. Dulce pero feroz.

—¿Me das un beso?

—¡No!

—¿Por qué no?

—Porque antes de pedir primero deberías aprender a ganarte las cosas.

Damian meditó en la respuesta que Ariel le había dado, ¿por qué tenía que hacer méritos para obtener algo que él podía tomar si quería? Incluso podía obligarlo, pero estaba seguro de que un beso forzado de Ariel no le sabría igual.

—¿Y que tengo que hacer para ganarme uno de tus besos?

—¡Pídemelo! —contestó el menor con obviedad.

—Eso hice.

—“Me das un beso” es más una orden que una petición —aclaró con seriedad, Ariel.

—¿Vas a obligarme a pedirlo?

—¡Por supuesto que no! —respondió sarcástico —Solo no voy a besarte si no me lo pides como debe de ser, pero no lo veas como una obligación.

—¿Puedo besarte? —preguntó entonces.

—Puedes…— respondió en voz baja, Damian se incorporó despacio acercando su rostro al de Ariel, pero antes de que sus labios se unieran el menor se retiró —Cuando termines lo que sea que tengas con esas dos personas con las que saliste.

Damian entendía el punto y reconocía que Ariel estaba en su derecho de negarse, pero él no era el tipo de hombre al que se le puede decir que “no” y mucho menos dos veces en el mismo día. Quería besar al chico y no iba a detenerse hasta conseguirlo. Con eso en menté volvió a atraparlo y ahora; sin el menor de los cuidados haló de su camisa hasta que Ariel terminó con la espalda contra el colchón y Damian encima sometiéndolo.

—¡Terminado! —anunció —Ahora quiero mi beso.

Hubo rudeza y exigencia en su voz, con una sola de sus manos aprisionaba contra el colchón las dos de Ariel —¿Qué “pero” me vas a poner ahora?

Ariel cerró los ojos, si Damian quería una especie de permiso lo acaba de obtener. Sin embargo; no estaba satisfecho, de alguna sentía que lo había orillado a ceder, porque eso precisamente estaba haciendo el menor; no le había ofrecido sus labios, solo su rendición.

Dejar pasar la oportunidad le pareció lo más acertado, sentía que era mejor hablar; sin embargo, lo suyo no eran palabras, Damian sabía expresarse mejor con su cuerpo. Idioma que Ariel entendía muy poco. Cedió en el agarré que mantenía contra el niño, aprovechando su posición acarició con ambas manos el rostro pequeño y jugó con los mechones del cabello ondulado de Ariel. Primero besó su frente, sus parpados y la punta de su nariz. Cándidamente acarició las mejillas rosas con sus labios y después su mentón.  —Ariel… ¿me quieres? —preguntó sintiéndose estúpido, pero realmente necesitado de ese afecto que tan fríamente se le negaba. —¿Me quieres, cachorro?

El chico abrió los ojos y resaltaron en una mirada triste e inundada. Damian observó esos orbes como zafiros y sintió una opresión fuerte en el pecho cuando las primeras lágrimas bajaron. No iba a negar que la imagen de un Ariel destruido y herido le excitaba, pero los sentimientos eran mucho más fuertes y el dolor reflejado en esa mirada le hería más que cualquier cortada hecha con un filo de plata.

—Vería cada noche sin falta lluvia de estrellas contigo —respondió haciendo alusión a esa primera cita cuando recién se conocían. Había sido una noche especial en la que compartieron muchas cosas por primera vez —. De ser necesario y aunque estuviera congelándome recorrería a pie todo el bosque y volvería a mojarme en la lluvia a media noche. Lo haría porque te quiero, aunque no soy ni la mitad de inteligente de lo que lo son tus antiguas parejas, ni tampoco bien parecido o refinado, aunque te avergüences de mí y deba escuchar cómo me reprochas por mis carencias. Y desearía que quererte sea suficiente para ti como para que el hecho de mi inexperiencia en el sexo no sea motivo de discusión, así como el que no pueda obsequiarte costosos regalos y aun te deba la pintura por las ralladuras de tu motocicleta porque mi sueldo es bajo. Porque siendo solo yo, poco o nada… juro por mi vida que jamás antes había querido a nadie como te quiero a ti. Aunque quererte me cause tanto dolor.

Damian observó estupefacto las secuelas de todas esas veces que desquitándose con Ariel y totalmente dominado por su impulsividad había arremetido contra él destruyendo su confianza y lastimando su corazón, ese joven corazón que ahora latía errático producto de tantas emociones.

—Todos estos años había vivido en completa escases que no, no estaba listo para ti — confesó Damian mientras unía sus frentes. Ariel ya no intentó ocultar sus sentimientos, le pasó los brazos por el cuello y se refugió en su pecho dejando salir todo ese dolor que lo estaba consumiendo, la tristeza que verlo con alguien más le había provocado. El sentirse ignorado y el daño que la lejanía y rudeza de Damian le habían causado a lo largo de todos estos meses.

—Dije todas esas estupideces porque estaba molesto, nada de eso es verdad. Soy yo el que está mal de la cabeza, eres perfecto a tu manera Ariel, y no hubiera esperado más de ti, ni cambiaría nada de tu persona porque me encantas tal cual eres… Lo siento mucho, cachorrito ¡Por favor, perdóname! No me gusta verte llorar y saber que es por mi culpa, por favor… Lo que dije en la tarde es verdad, ¡Te amo! No soportaría perderte, ya no puedo estar lejos de ti —confesó.

El tiempo que transcurrió hasta que Ariel logró controlarse, fue largo. Había tantas cosas tristes por recordar y no escatimó en sus lágrimas; su cuerpo era pequeño en comparación a la inmensidad de sus emociones. Abrazado al cuello del moreno no se detuvo hasta que la última lagrima rodó por sus mejillas. Damian esperó paciente, acariciando sus costados y su cabello de manera alternativa, le decía palabras en su lengua madre, un idioma que si el joven hubiera podido comprender; o bien lo calmaban de una buena vez o lo hubieran puesto aún más sensible. Palabras dulces que el propio Damian se sorprendía de escucharse pronunciarlas. Las heridas en su cuerpo estaban doliendo de nuevo, pero no le importó. Solo quería estar ahí, en esa posición incómoda con los brazos entumidos y sintiendo que la espalda se le rompería en cualquier momento, todo con tal de mantener a su Erdely aferrado a él.

Lo había extrañado, el bosque era testigo de cuanta falta le había hecho. Ahora sabía que lo quería todo, que cada centímetro de este cuerpo tibio y pequeño lo necesitaba para ser feliz.

DAMIAN

La vida con él me asustaba, no propiamente por Ariel; estaba más relacionado con el tipo de persona en la que me convierto cuando estoy a su lado. No dejo de pensar en lo absurdo de la situación, pero es verdad y eso me desconcierta más; solo sé que mi voz se hace chillona y necesito tener mis manos sobre su cuerpo. Que me pierdo mirándolo y olvido lo que significa disimular. Todas mis alertas se disparan y quiero tener su completa atención; que me miré a mí, que me sonreía a mí, incluso que, si va a enojarse, se moleste solo conmigo. Que sea mío cuando duerme y también cuando despierta, que yo sea el motivo de sus suspiros y que no pueda sacarme de sus pensamientos.

Que también me extrañe cuando no estamos juntos y salga corriendo para aventarse a mis brazos cuando me vea llegar; que me necesite en su vida, aunque sea la mitad de lo que yo lo preciso en la mía. Y es que no lo planeé de esta manera, no se suponía que terminaría perdiendo la razón; aun si ahora suena poco creíble, tampoco era mi intención complicarme la vida como si no tuviera suficiente ya, pero heme aquí, envolviéndolo entre mis brazos mientras se adormece. Deseándolo con ansias desmedidas y conformándome con sentir su rostro contra mi pecho.

Este no soy yo y el no poder reconocerme me altera, quiero girarlo sobre la cama sin importarme si se asusta y tomar lo que siento me pertenece, pero por mucho que lo piense no me atrevo ¿Cómo voy a hacerle algo así? Simplemente no podría. Si en el pasado mate personas e hice cosas terribles hoy soy solo un mero recuerdo que se desvanece.

Inocentemente lo que único que pude hacer en un intento por calmarme fue estrecharlo con fuerza, pero me arrepentí porque terminé despertándolo.

—¿Te sientes mal? —su voz adormilada y sus ojos irritados por haber llorado tanto me buscaron aun entre la oscuridad. Lo vi removerse, se alejó de mi abrazo y finalmente pude recostarme cómodamente, Ariel se estiró para encender la luz de la lampara. Se lo permití y cerré los ojos solo para que no viera el brillo de los míos en la oscuridad.

Intentaba tener cuidado con esto cuando estábamos a oscuras, o no sabría cómo explicarle él porque de la rareza de mi mirada.

—¡Estoy bien! —respondí en cuanto tuve su atención —Solo no puedo dormir.

—¿Y te molesta que yo sí pueda o porque me despertaste? —me reí por la forma tan tajante en que lo dijo, Ariel y sus cambios de humor eran toda una delicia. Su actitud me hizo sentir que por ratos se acordaba de todo lo malo que le he hecho y buscaba la manera de desquitarse.

—¿O sea que puedes ver lluvias de estrellas todas las noches y recorrer a pie todo el bosque, pero no puedes despertarte y hacerme compañía? —fingí tristeza por sus palabras, pero al parecer, no lo convencí. — ¡Ahora conozco la inmensidad de tus sentimientos! —reproché.

—Por eso no quería decírtelo, después te pones pesado.

—Pero soy el pesado que más has querido en toda tu vida —respondí de manera juguetona.

Volví a abrazarlo aún contra su aparente resistencia, rodeando su cintura mis manos buscaron un espacio justo por debajo de su sudadera y después por entre la pretina de su pantalón. La sutileza no era lo mío, solo esperaba un motivo y ahora que lo había obtenido, mi objetivo era su cuerpo. Mis labios intentaron distraerlo besando su cuello, lamiendo y succionando suavemente. Su olor a bosque, la suavidad de su piel; el como la mía reaccionaba ante su calor. Si no obtenía un poco más de él me volvería loco.

—Si bajas un poco más te cortó las manos —advirtió con solemnidad. La punta de mis dedos apenas y si había rozado su ropa interior. Pensé en lo peor que podría hacerme, porque definitivamente no podía rendirme ahora que estaba tan cerca de lo quería. Mis manos terminaron de adentrarse y con mis palmas contra sus nalgas apreté con fuerza. Ariel dio un respingó que me hizo reír. —¿Qué crees que haces?

—Se llama exploración del terreno.

—Pues ve a explorarle el terreno a alguien más… ¡Suéltame! —ordenó. Estaba de tan buen humor que lejos de preocuparme por su molestia me daba gracia. Ariel me empujaba, pero su determinación era poca. Sabía que podía convencerlo porque él lo quería tanto como yo. Me había dejado probar el sabor de sus ansias cuando estuvimos en el hospital.

—No lo dirás enserio… ¿o sí? —le pregunté sobre los labios. Besé todo lo que estuvo a mi alcancé, mientras esperaba por su respuesta.

—Dijiste que estarías calmado —reprochó.

—Y estoy tranquilo o tu no estarías hablando tan fluidamente.

—No lo hagas, no me gusta…

—¿No te gusta que? ¿Te refieres a que no te gusta que haga esto? —volví a presionar ahora con más fuerza y casi podía imaginar su piel enrojecida con la marca de mis dedos. Era una de las partes de su cuerpo que más me gustaban y había pecado de pensamiento más de una vez, ideando todo lo que le haría en cuanto me lo permitiera. —¿O a esto…? —mis dientes atraparon su labio inferior y tiré de el con cuidado —Ariel siseó y su rostro enrojeció —¿Te incomoda que te agarre el trasero, pero te avergüenza que te muerda los labios? Quizá deberías reordenar tus prioridades… —me burlé sin apartar la vista de su labio ahora claramente más rojo que el de arriba.

—No me provoques… —dijo— y quita tus manos de ahí.

Lo hice, no tuve opción. Pero que cediera en “esto” nada tenía que ver con dejarlo tranquilo. Lo arrastré al centro de la cama y literalmente me coloqué sobre él, sus manos sobre su cabeza fueron sujetadas por las mías. Iba a reprocharme, pero algo lo distrajo y me miró preocupado.

—¡Las vendas…! —dijo —Estás sangrando de nuevo.

—No importa.

—¿Cómo que no importa? ¿Acaso no te duele?

—Mi calentura es más fuerte que mi dolor… —me deslicé sobre su estómago para alcanzar sus labios, pero escondió su rostro de mí.

—¡No, Damian! Esto no es normal…

—¿Por qué no es normal? —cuestioné molesto —Hemos hecho mucho más que esto en el pasado y nunca dijiste que fuera anormal —Ariel resopló impaciente.

—Estoy hablando de tus heridas —aclaró. Luchó por liberar sus manos y tuve que permitírselo. Creí que se alejaría, pero sus dedos terminaron acariciando los bordes de mis vendajes. —Ya no deberían de sangrar… ¡me preocupa!

—¡Estoy bien!

—No quiero que sufras.

—Entonces déjame tocarte —volví a abalanzarme sobre él, pero salvó espacio al poner sus manos sobre mis hombros.

—¿Puedes dejar de pensar en sexo por lo menos un momento? —me regañó —Controla tus hormonas, hablo enserio.

—En ningún momento pensé en sexo —mentí. —Esa palabra jamás cruzó mi mente. Pero si es lo que deseas, yo encantado.

—¡Cállate! Y recuéstate. Han dijo que debes descansar —se hizo a un lado para dejarme la mayor parte de la cama. De mala gana me dejé caer, Ariel me cubrió con los edredones y se sentó a mi lado.

—Dime la verdad… ¿No quieres que te toque? ¿Es por lo que hice? —indagué rendido.

Me avergonzaba preguntarlo, sin embargo; era consciente de que no fue correcto salir corriendo a buscar sexo solo porque las cosas entre nosotros estaban mal y él tenía todo el derecho de no querer intimar conmigo. Ariel me miró largo rato y después suspiró dejando caer los brazos con resignación.

—Quizá este mal, pero no soy tan delicado. —dijo—No quiero que después de hoy volvamos a hablar sobre “lo que hiciste” porque te juro que me dan ganas de agarrarte a palos. Sin embargo, de lo que vivimos aprendí que quizá fui demasiado fácil. Lo digo en el mejor de los sentidos… eras la novedad en mi vida y no me importó irme de pique por el voladero —se había hecho chiquito, escondiéndose en sus hombros, su olor cambio y con tal de que no llorara de nuevo, me senté en la cama y lo abracé. —Dime la verdad… ¿Qué es exactamente lo que quieres de mí? —pidió.

—A ti… —respondí sin más. Tomé su mano y entrelacé nuestros dedos — Quiero una relación formal contigo, ponle el nombre que más te guste; novio, pareja o lo que desees, solo debes ser mío y déjame ser de ti.

—¿Lo dices enserio? —sus ojos me buscaron y aunque lo disimulaba había cierta emoción contenida. Era la primera vez que alguien se emocionaba por tener una relación conmigo, y yo me moría de los nervios. Estaba comprometiéndome con la persona que amaba y aun sí me sentía ansioso también estaba feliz.

—Si te preguntara ahora, si quieres ser el príncipe de este dragón malhumorado, viejo y feo que tiene muchos más defectos que virtudes, ¿dejarías tu armadura de guerrero y te quedarías para siempre conmigo? —sonrió, después de tantos meses de discusiones y tristezas, Ariel finalmente volvió a sonreír como aquella noche de nuestro primer beso cuando llovía estrellas —A cambio prometo cuidar tu torre y no dejar que nadie más entre a nuestro castillo. ¿Qué respondes bosquecito? ¿Te quedas conmigo?

CAPÍTULO 46

 

SINÓNIMOS DE TI

 “—Sí te pidiera que dejaras tu armadura y fueras mi príncipe, ¿te quedarías para siempre conmigo?

TERCERA PERSONA

Se dice que hace muchos, muchos años atrás; las cualidades puras fueron depositadas en humanos, como si se tratasen de recipientes que debían contenerlas y preservarlas. Por supuesto, había cualidades malas y también estaban esos caracteres nobles.

Y aunque en cada recipiente dominara una sola cualidad; todas las que fueran del mismo tipo también tendrían cabida —Eso, sí…— los recipientes que eran sorprendidos mezclando cualidades eran destruidos; estaba prohibido unir lo negativo y positivo en un mismo espacio pequeño como lo era el corazón de una persona.

Un día, dos humanos se conocieron por casualidad tras chocar en la entrada de una plaza pública. El primero, cuya cualidad dominante era la maldad; empujó con violencia al otro humano que al venir distraído había ocasionado este desafortunado suceso, gritándole de manera irascible le soltó toda suerte de cosas. Lo humilló delante de todas las otras cualidades que les miraban algunas con disimulo y otras no tanto. La bondad avergonzada intentó disculparse sin éxito pues la maldad ni siquiera le dejaba hablar. Entendía que había sido su culpa, pero no lo había hecho de manera intencional.

La maldad tomó por los hombros al recipiente humano que contenía a la bondad y lo sacudió con fuerza haciendo que este perdiera el equilibrio y se fuera de espaldas contra el piso. Al caer, el humano sufrió una ruptura y la bondad lloró al ver que su recipiente tenía los codos y las palmas de las manos raspadas; lo quería mucho y sentía dolor al verlo herido.  La piedad se acercó primero, pero fueron la ternura y la compasión las que ayudaron a la bondad para que pudiera levantarse. El rencor en cambio miraba de lejos; detrás suyo, el odio estaba listo para iniciar una temible guerra; él detestaba a su recipiente, no le basta poseer uno; los ambicionaba a todos y tras hacerle una seña a el egoísmo y la insensibilidad se acercaron los tres para agredir a las cualidades buenas.

Alguien más observaba desde un lugar especial, aquel que lo había creado todo y que no permitiría un enfrentamiento tan terrible como el que estaba por ocurrir; sabía que debía intervenir y rápidamente tomó un recipiente sin usar y depositó la cualidad más preciada, la que había conservado para sí, protegiéndola de todos. Fue difícil desprenderse de ella, y más al saber que la mandaría a un mundo hostil en que las cualidades negativas se reproducían a una velocidad alarmante, mientras que los caracteres buenos mermaban.

El amor despertó confundido, desde su creación había vivido libre y a sus anchas; pero ahora se encontraba en un pequeño humano que parecía tan asustado como él. Había escuchado sobre este mundo y los recipientes con formas tan curiosas, pero jamás se imaginó entre ellos.

El amor fue la primera cualidad pura que se creó, y tenía el poder de cambiar a los caracteres malvados o engrandecer a los buenos, pero debía ser muy cuidadoso porque sus características lo volvían vulnerable y frágil. El amor era asustadizo y pudo comprobarlo cuando una pequeña mariposa de ojos coquetos se posó sobre el brazo de su recipiente.

El bichito le provocó tremendo susto que sacudiendo el brazo de su recipiente salió corriendo, el humano aun no sabía caminar bien y mucho menos correr, pero el amor estaba demasiado alterado para escuchar razones. En medio de su torpe carrera tropezó con una piedra saliente y su recipiente perdió el equilibrio balanceándose de aquí para allá; intentó frenar cuando vio al grupo de las otras cualidades reunidas delante de él, pero terminó estrellándose contra ellos y como si se tratara de una un juego de boliche, derribó a todas las cualidades. El impacto fue tan fuerte que sin quererlo, sus recipientes se rompieron y las cualidades puras fusionaron una parte de sí mismas, creando lo que después los humanos llamarían destino.

Desde entonces, todas las cosas que por maldad o bondad se hacen son puestas en las manos del destino, pero solo el amor tiene el poder de designar en los humanos dulces finales o amargos desencuentros.

Ariel se acomodó mejor en su asiento sin apartar la mirada de Damian, había sido complicarlo llevarlo de nuevo a la cama, convencerlo de dejarse cambiar las vendas y obligarlo a dormir un rato. Sin embargo; había hecho uso de todos los conocimientos que había aprendido del propio Damian para chantajearlo y lograr que descansara.

—Me iré y no vendré a verte —había sido lo primero que le dijo —¡Me enojaré contigo! Como no te acuestes reconsideraré mi decisión. Si no dejas que Deviant te cambie las vendas lo haré yo mismo y sin el menor de los cuidados. Si no te comes esa sopa te la echaré encima. Duérmete o le diré a Han que te ponga una inyección.

Damian terminó cedió en medio de risas, sabía que Ariel odiaba las inyecciones mientras que a él le daba lo mismo un piquetito más. Pero la seriedad con la que el cachorro habló valió para que se metiera a la cama y fingiera que dormía hasta que el cansancio realmente lo venció.

El peso de todos los días de inquietud que paso al estar lejos de Ariel lo dejaron hundido en un sueño profundo y reparador. Ya no tenía miedo, ellos estaban juntos de nuevo.

Ariel suspiró bajito, quería meterse a su lado en la cama, pero prefería dejarlo descansar. La idea de que Damian se despertara y nuevamente no quisiera nada con él, le asustaba. Debía reconocer que se sentía inseguro. Después de todo lo que había pasado con el moreno, emocionalmente se sentía vulnerable y deprimido.

Tenía demasiadas dudas rondando su cabeza y unas intensas ganas de olvidarlo todo. Dejarlo en el pasado y vivir el presente… ¿tendría el valor? Pobremente no, Ariel necesitaba respuestas.

DEVIANT

—¿Qué sucede? —preguntó en voz baja, aunque notoriamente alarmado.

Después de lo que sucedió en mi departamento, Han se encerró en una de las habitaciones y no salió de ahí hasta que fue hora de irse al trabajo. Hoy era su día libre en el casino, pero le había tocado guardia en el hospital.

Cuando salió de la habitación tenía los ojos irritados y no necesitaba ser muy listo para adivinar la razón. Pasó a nuestra habitación para coger uno de sus uniformes, Ariel me dijo que iba a revisar a Damian, pero al verlo dormido prefirió dejarlo descansar. Después, cuando cruzó por donde Samko, James y yo estábamos solo dijo “me tengo que ir” y salió del departamento. De eso ya habían pasado varias horas.

—¿Estás muy ocupado? —indagué.

—Es mi descanso…—respondió. Lo sabía, por eso decidí esperar y venir a esta hora.

—¿Podemos hablar un momento afuera? —pedí, Han desvió la mirada y casi temí que dijera que no. —Solo será un momento.

Asintió y con una seña me indicó el camino, iba un par de pasos por delante de mí, pero eso no me importó. La bata de su uniforme se abría al compás de su caminar, su espalda ancha, los brazos ligeramente marcados que terminaban en sus manos ocultas en las bolsas de su bata, el olor de su perfume… ¡le había extrañado tanto!  Tenía el estetoscopio sobre los hombros, no lo sé, quizá es cosa de doctores andar con eso todo el tiempo.  Cruzamos el comedor y de ahí hasta el patio de la entrada; buscó un par de sillas desocupadas y sostuvo la mía mientras tomaba asiento para después acomodarse a mi lado.

Había una seriedad inusual en su semblante, se veía desanimado. Esperó, y aunque planeé venir no pensé llegar tan lejos, así que ahora que lo tenía frente a mí no sabía que decirle, quizá porque internamente esperaba que fuera él quien hablara.

—¡Hace frío! —comenté más por decir algo.

—Sí— Dijo. Otro silencio denso se hizo entre nosotros, era incómodo y lastimero. —Volveré a mi departamento…—soltó sin apartar la mirada de mis ojos. —Amenos que quieras decirme todo eso que me ocultas. No pienses que es un chantaje, pero es el precio que quiero a cambio de continuar contigo —¿El precio por continuar conmigo? Eso significaba que, si no le decía, íbamos a terminar… — Por supuesto, tienes de aquí hasta la boda, si es que aun quieres que haya boda… o ¿viniste a terminarme? —no pude responder, aunque definitivamente no, no había venido a terminarlo. —Sí es así…

—¡No! —le interrumpí. Sin importar la distancia que estaba poniendo entre nosotros, de alguna manera pareció relajarse ante mi negativa. —¿Estás diciendo que ya no quieres estar conmigo?

—Estoy diciendo que no puedo estar con alguien que no confía en mí.

—Han, confió en ti —expliqué, no era mi mejor momento, Han estaba diciendo que quería estar lejos y eso no podía tomármelo bien.

—No es suficiente.

—¿Estas dejándome de nuevo? ¡Prometiste que no lo harías otra vez! —le acusé, el llanto se acumuló en mis ojos, pero en los suyos vi que él pensaba que era un llanto de coraje, que era mi impotencia sudando orgullo. Nada más alejado de la realidad, estaba llorando porque me dolía que me alejara. Porque lo amaba y sin él perdería el poco equilibrio que he logrado en estas últimas semanas. —¿Cuánto tiempo va a ser esta vez? —pregunté dolido.

—Baja la voz, estas en mi trabajo y te pido que lo respetes.

—¿Por qué me hablas de ese modo?

—Porque ya no eres un niño para hacer berrinches, estar aquí me ha costado días enteros sin dormir, horas de estudio y muchas limitaciones —me regañó como si yo no estuviera al tanto de todo esto —. Para ti puede ser nada, pero no todos nadamos en dinero, así que no voy a permitir que armes un escándalo porque te juro que eso no va cambiar en nada mi decisión. Y deja de mirarme como si yo fuera el malo del cuento… te lo he dado todo Deviant, la mayor parte del tiempo incluso si tengo que quedarme sin nada, no me ha importado con tal de dártelo a ti. Y perdóname, pero tal parece que todo ha sido en vano; no valoras nada, solo te interesa tu bienestar y que los demás cumplamos tus caprichos. Esta vez no voy a quedarme a limpiarte las lágrimas. Pídeselo a Damian, te lo debe después de que has preferido arruinar tu relación conmigo por salvaguardar sus secretos.

Ah y disculpa si lo digo tan de la nada, pero ya no me esperes por el casino.

—¿Eso que significa?

—Renuncio —. Se puso de pie y volvió dentro.

TERCERA PERSONA

Damian despertó pasadas las nueve de la noche, en un principio le resultó extraño reconocerse en esa cama desconocida pero pronto pudo recordarlo todo; buscó a Ariel con la mirada, y aunque las luces de la habitación estaban apagadas lo encontró dormido en uno de los sillones frente a la cama.

Dormía chueco, tanto que de seguro después le dolería el cuello.

En un intento por salir de la cama el dolor de sus heridas le devolvió a ella mientras intentaba no quejarse, ¿qué pasaba con él? ¿era acaso que se estaba volviendo vidrioso y cualquier mal aire lo hacía temblar? En el pasado había soportado cosas peores y ahora; unas simples cortadas —que lo dejaron inconsciente por horas— le tenían impedido.

¿Era eso o lo que Damian realmente quería era la atención de cierta persona? Sabía que fingirse enfermo para obtener los cuidados de Ariel sería lo más vil que hubiera hecho en su vida, pero también podría traerles grandes y muy agradables ventajas. Después de todo sí le dolían las heridas, exagerar un poquito no podía considerarse como propiamente una mentira.

Damian estaba convencido de que Ariel no se separaría del pie de su cama si le hacía creer que estaba lo suficientemente grave. Lo meditó el mismo tiempo que le tomó estirar la mano hasta el vaso con agua que descansaba sobre el velador, mismo que propósito empujó hasta hacerlo caer.

El ruido tras la caída despertó a Ariel, quien sobresaltado brincó del asiento en el que descansaba y aturdido tanteó el interruptor de la pared para encender la luz.

—¿Qué sucede? —preguntó alarmado, al ver a Damian sentado en la orilla de la cama con la vista fija en el piso, fue entonces que se percató del charco de agua y las astillas de lo que segundos antes era un vaso de vidrio.

—¡Lo siento! —respondió Damian fingiendo pesar —Tenía sed, quise sujetarlo, pero no pude. No fue mi intención romperlo ni despertarte —mintió.

Sin saber realmente como lo logró, se mostró avergonzado y de alguna manera frágil. Tan frágil como alguien como Damian podía verse, lo que haya sido, logró que Ariel le creyera.

—¡Esta bien! —dijo acercándose con cuidado — No te preocupes, voy a recogerlo y te traeré más agua. Solo recuestaste y yo me encargaré del resto.

Si en algún momento Damian sintió remordimiento por su mentira, lo supo disimular. Ariel fue de aquí para haya en el cuarto mientras secaba la mayólica y recogía las astillas, después, tal y como prometió le trajo más agua a Damian y le ayudó a que la tomara. (Es decir; puso el borde del vaso en los labios del moreno y sostuvo el vaso mientras este bebía) Limpió con una servilleta los residuos de humedad en las comisuras de su boca y lo arropó como si fuera un niño pequeño.

—Deviant se fue al casino, Samko y James se marcharon hace como tres horas. — Comentó Ariel al pie de la cama —¿Necesitas algo más?

—Te quedaste a cuidarme.

—Bueno, Deviant tenía que irse y… —dejó la oración sin terminar, lo miró nervioso como si creyera que había hecho algo mal. —Quería quedarme hasta que estés bien.

—¿Solo hasta que esté bien? —jugueteó Damian, brindándole un poco más de confianza al menor —Entonces, tal vez no quiera reponerme nunca.

Tarde cayeron en la cuenta de que estaban solos después de tantos días separados. Ariel instintivamente retrocedió intentando alejarse de la cama, pero Damian lo retuvo sosteniéndolo de la mano. Se miraron en silencio, había tanto que decirse, pero ninguno de los dos se atrevía en ser el primero en hablar.

Damian se distrajo mirando la mano de Ariel, era extraño sentirla de nuevo, pero parecía como si finalmente estuviera en su sitio, como si encajara a la perfección con la suya porque ambas habían sido hechas para estar juntas. Tiró suavemente de ella, pero Ariel se negó a moverse.

—¿Y si prometo mantener mis manos quietas? —tanteó el terreno intentando convencer al cachorro —A veces también puedo ser un caballero —aseguró ganándose una sonrisa discreta por parte de Ariel —¡Lo prometo! —dijo con solemnidad mientras puntualizaba con su mano libre.

Ariel regreso sobre sus pasos y se sentó en la orilla de la cama; Damian se aferró a la mano que sostenía mientras se acomodaba para poder observar mejor al chico. La actitud tímida de Ariel le gustaba, sin embargo, también le resultaba alarmante. Seguía siendo su cachorrito de ojos grandes y azules; el que lo hacia reír y sabia robarle suspiros que cada vez lograba disimular menos. Por el único que se volvía un loco celoso incluso del aire que le alborotaba los cabellos a su ya no tan niño, aunque aún conservaba esa apariencia tan adorable que de verlo se le antojaba comérselo a besos.

—¿Por qué estás nervioso? —preguntó Damian.

—¿Por qué finges estar tan tranquilo? —reparó Ariel. Esa parte suya Damian casi la había olvidado, Ariel era el tipo de persona que siempre tiene algo que responder. Dulce pero feroz.

—¿Me das un beso?

—¡No!

—¿Por qué no?

—Porque antes de pedir primero deberías aprender a ganarte las cosas.

Damian meditó en la respuesta que Ariel le había dado, ¿por qué tenía que hacer méritos para obtener algo que él podía tomar si quería? Incluso podía obligarlo, pero estaba seguro de que un beso forzado de Ariel no le sabría igual.

—¿Y que tengo que hacer para ganarme uno de tus besos?

—¡Pídemelo! —contestó el menor con obviedad.

—Eso hice.

—“Me das un beso” es más una orden que una petición —aclaró con seriedad, Ariel.

—¿Vas a obligarme a pedirlo?

—¡Por supuesto que no! —respondió sarcástico —Solo no voy a besarte si no me lo pides como debe de ser, pero no lo veas como una obligación.

—¿Puedo besarte? —preguntó entonces.

—Puedes…— respondió en voz baja, Damian se incorporó despacio acercando su rostro al de Ariel, pero antes de que sus labios se unieran el menor se retiró —Cuando termines lo que sea que tengas con esas dos personas con las que saliste.

Damian entendía el punto y reconocía que Ariel estaba en su derecho de negarse, pero él no era el tipo de hombre al que se le puede decir que “no” y mucho menos dos veces en el mismo día. Quería besar al chico y no iba a detenerse hasta conseguirlo. Con eso en menté volvió a atraparlo y ahora; sin el menor de los cuidados haló de su camisa hasta que Ariel terminó con la espalda contra el colchón y Damian encima sometiéndolo.

—¡Terminado! —anunció —Ahora quiero mi beso.

Hubo rudeza y exigencia en su voz, con una sola de sus manos aprisionaba contra el colchón las dos de Ariel —¿Qué “pero” me vas a poner ahora?

Ariel cerró los ojos, si Damian quería una especie de permiso lo acaba de obtener. Sin embargo; no estaba satisfecho, de alguna sentía que lo había orillado a ceder, porque eso precisamente estaba haciendo el menor; no le había ofrecido sus labios, solo su rendición.

Dejar pasar la oportunidad le pareció lo más acertado, sentía que era mejor hablar; sin embargo, lo suyo no eran palabras, Damian sabía expresarse mejor con su cuerpo. Idioma que Ariel entendía muy poco. Cedió en el agarré que mantenía contra el niño, aprovechando su posición acarició con ambas manos el rostro pequeño y jugó con los mechones del cabello ondulado de Ariel. Primero besó su frente, sus parpados y la punta de su nariz. Cándidamente acarició las mejillas rosas con sus labios y después su mentón.  —Ariel… ¿me quieres? —preguntó sintiéndose estúpido, pero realmente necesitado de ese afecto que tan fríamente se le negaba. —¿Me quieres, cachorro?

El chico abrió los ojos y resaltaron en una mirada triste e inundada. Damian observó esos orbes como zafiros y sintió una opresión fuerte en el pecho cuando las primeras lágrimas bajaron. No iba a negar que la imagen de un Ariel destruido y herido le excitaba, pero los sentimientos eran mucho más fuertes y el dolor reflejado en esa mirada le hería más que cualquier cortada hecha con un filo de plata.

—Vería cada noche sin falta lluvia de estrellas contigo —respondió haciendo alusión a esa primera cita cuando recién se conocían. Había sido una noche especial en la que compartieron muchas cosas por primera vez —. De ser necesario y aunque estuviera congelándome recorrería a pie todo el bosque y volvería a mojarme en la lluvia a media noche. Lo haría porque te quiero, aunque no soy ni la mitad de inteligente de lo que lo son tus antiguas parejas, ni tampoco bien parecido o refinado, aunque te avergüences de mí y deba escuchar cómo me reprochas por mis carencias. Y desearía que quererte sea suficiente para ti como para que el hecho de mi inexperiencia en el sexo no sea motivo de discusión, así como el que no pueda obsequiarte costosos regalos y aun te deba la pintura por las ralladuras de tu motocicleta porque mi sueldo es bajo. Porque siendo solo yo, poco o nada… juro por mi vida que jamás antes había querido a nadie como te quiero a ti. Aunque quererte me cause tanto dolor.

Damian observó estupefacto las secuelas de todas esas veces que desquitándose con Ariel y totalmente dominado por su impulsividad había arremetido contra él destruyendo su confianza y lastimando su corazón, ese joven corazón que ahora latía errático producto de tantas emociones.

—Todos estos años había vivido en completa escases que no, no estaba listo para ti — confesó Damian mientras unía sus frentes. Ariel ya no intentó ocultar sus sentimientos, le pasó los brazos por el cuello y se refugió en su pecho dejando salir todo ese dolor que lo estaba consumiendo, la tristeza que verlo con alguien más le había provocado. El sentirse ignorado y el daño que la lejanía y rudeza de Damian le habían causado a lo largo de todos estos meses.

—Dije todas esas estupideces porque estaba molesto, nada de eso es verdad. Soy yo el que está mal de la cabeza, eres perfecto a tu manera Ariel, y no hubiera esperado más de ti, ni cambiaría nada de tu persona porque me encantas tal cual eres… Lo siento mucho, cachorrito ¡Por favor, perdóname! No me gusta verte llorar y saber que es por mi culpa, por favor… Lo que dije en la tarde es verdad, ¡Te amo! No soportaría perderte, ya no puedo estar lejos de ti —confesó.

El tiempo que transcurrió hasta que Ariel logró controlarse, fue largo. Había tantas cosas tristes por recordar y no escatimó en sus lágrimas; su cuerpo era pequeño en comparación a la inmensidad de sus emociones. Abrazado al cuello del moreno no se detuvo hasta que la última lagrima rodó por sus mejillas. Damian esperó paciente, acariciando sus costados y su cabello de manera alternativa, le decía palabras en su lengua madre, un idioma que si el joven hubiera podido comprender; o bien lo calmaban de una buena vez o lo hubieran puesto aún más sensible. Palabras dulces que el propio Damian se sorprendía de escucharse pronunciarlas. Las heridas en su cuerpo estaban doliendo de nuevo, pero no le importó. Solo quería estar ahí, en esa posición incómoda con los brazos entumidos y sintiendo que la espalda se le rompería en cualquier momento, todo con tal de mantener a su Erdely aferrado a él.

Lo había extrañado, el bosque era testigo de cuanta falta le había hecho. Ahora sabía que lo quería todo, que cada centímetro de este cuerpo tibio y pequeño lo necesitaba para ser feliz.

DAMIAN

La vida con él me asustaba, no propiamente por Ariel; estaba más relacionado con el tipo de persona en la que me convierto cuando estoy a su lado. No dejo de pensar en lo absurdo de la situación, pero es verdad y eso me desconcierta más; solo sé que mi voz se hace chillona y necesito tener mis manos sobre su cuerpo. Que me pierdo mirándolo y olvido lo que significa disimular. Todas mis alertas se disparan y quiero tener su completa atención; que me miré a mí, que me sonreía a mí, incluso que, si va a enojarse, se moleste solo conmigo. Que sea mío cuando duerme y también cuando despierta, que yo sea el motivo de sus suspiros y que no pueda sacarme de sus pensamientos.

Que también me extrañe cuando no estamos juntos y salga corriendo para aventarse a mis brazos cuando me vea llegar; que me necesite en su vida, aunque sea la mitad de lo que yo lo preciso en la mía. Y es que no lo planeé de esta manera, no se suponía que terminaría perdiendo la razón; aun si ahora suena poco creíble, tampoco era mi intención complicarme la vida como si no tuviera suficiente ya, pero heme aquí, envolviéndolo entre mis brazos mientras se adormece. Deseándolo con ansias desmedidas y conformándome con sentir su rostro contra mi pecho.

Este no soy yo y el no poder reconocerme me altera, quiero girarlo sobre la cama sin importarme si se asusta y tomar lo que siento me pertenece, pero por mucho que lo piense no me atrevo ¿Cómo voy a hacerle algo así? Simplemente no podría. Si en el pasado mate personas e hice cosas terribles hoy soy solo un mero recuerdo que se desvanece.

Inocentemente lo que único que pude hacer en un intento por calmarme fue estrecharlo con fuerza, pero me arrepentí porque terminé despertándolo.

—¿Te sientes mal? —su voz adormilada y sus ojos irritados por haber llorado tanto me buscaron aun entre la oscuridad. Lo vi removerse, se alejó de mi abrazo y finalmente pude recostarme cómodamente, Ariel se estiró para encender la luz de la lampara. Se lo permití y cerré los ojos solo para que no viera el brillo de los míos en la oscuridad.

Intentaba tener cuidado con esto cuando estábamos a oscuras, o no sabría cómo explicarle él porque de la rareza de mi mirada.

—¡Estoy bien! —respondí en cuanto tuve su atención —Solo no puedo dormir.

—¿Y te molesta que yo sí pueda o porque me despertaste? —me reí por la forma tan tajante en que lo dijo, Ariel y sus cambios de humor eran toda una delicia. Su actitud me hizo sentir que por ratos se acordaba de todo lo malo que le he hecho y buscaba la manera de desquitarse.

—¿O sea que puedes ver lluvias de estrellas todas las noches y recorrer a pie todo el bosque, pero no puedes despertarte y hacerme compañía? —fingí tristeza por sus palabras, pero al parecer, no lo convencí. — ¡Ahora conozco la inmensidad de tus sentimientos! —reproché.

—Por eso no quería decírtelo, después te pones pesado.

—Pero soy el pesado que más has querido en toda tu vida —respondí de manera juguetona.

Volví a abrazarlo aún contra su aparente resistencia, rodeando su cintura mis manos buscaron un espacio justo por debajo de su sudadera y después por entre la pretina de su pantalón. La sutileza no era lo mío, solo esperaba un motivo y ahora que lo había obtenido, mi objetivo era su cuerpo. Mis labios intentaron distraerlo besando su cuello, lamiendo y succionando suavemente. Su olor a bosque, la suavidad de su piel; el como la mía reaccionaba ante su calor. Si no obtenía un poco más de él me volvería loco.

—Si bajas un poco más te cortó las manos —advirtió con solemnidad. La punta de mis dedos apenas y si había rozado su ropa interior. Pensé en lo peor que podría hacerme, porque definitivamente no podía rendirme ahora que estaba tan cerca de lo quería. Mis manos terminaron de adentrarse y con mis palmas contra sus nalgas apreté con fuerza. Ariel dio un respingó que me hizo reír. —¿Qué crees que haces?

—Se llama exploración del terreno.

—Pues ve a explorarle el terreno a alguien más… ¡Suéltame! —ordenó. Estaba de tan buen humor que lejos de preocuparme por su molestia me daba gracia. Ariel me empujaba, pero su determinación era poca. Sabía que podía convencerlo porque él lo quería tanto como yo. Me había dejado probar el sabor de sus ansias cuando estuvimos en el hospital.

—No lo dirás enserio… ¿o sí? —le pregunté sobre los labios. Besé todo lo que estuvo a mi alcancé, mientras esperaba por su respuesta.

—Dijiste que estarías calmado —reprochó.

—Y estoy tranquilo o tu no estarías hablando tan fluidamente.

—No lo hagas, no me gusta…

—¿No te gusta que? ¿Te refieres a que no te gusta que haga esto? —volví a presionar ahora con más fuerza y casi podía imaginar su piel enrojecida con la marca de mis dedos. Era una de las partes de su cuerpo que más me gustaban y había pecado de pensamiento más de una vez, ideando todo lo que le haría en cuanto me lo permitiera. —¿O a esto…? —mis dientes atraparon su labio inferior y tiré de el con cuidado —Ariel siseó y su rostro enrojeció —¿Te incomoda que te agarre el trasero, pero te avergüenza que te muerda los labios? Quizá deberías reordenar tus prioridades… —me burlé sin apartar la vista de su labio ahora claramente más rojo que el de arriba.

—No me provoques… —dijo— y quita tus manos de ahí.

Lo hice, no tuve opción. Pero que cediera en “esto” nada tenía que ver con dejarlo tranquilo. Lo arrastré al centro de la cama y literalmente me coloqué sobre él, sus manos sobre su cabeza fueron sujetadas por las mías. Iba a reprocharme, pero algo lo distrajo y me miró preocupado.

—¡Las vendas…! —dijo —Estás sangrando de nuevo.

—No importa.

—¿Cómo que no importa? ¿Acaso no te duele?

—Mi calentura es más fuerte que mi dolor… —me deslicé sobre su estómago para alcanzar sus labios, pero escondió su rostro de mí.

—¡No, Damian! Esto no es normal…

—¿Por qué no es normal? —cuestioné molesto —Hemos hecho mucho más que esto en el pasado y nunca dijiste que fuera anormal —Ariel resopló impaciente.

—Estoy hablando de tus heridas —aclaró. Luchó por liberar sus manos y tuve que permitírselo. Creí que se alejaría, pero sus dedos terminaron acariciando los bordes de mis vendajes. —Ya no deberían de sangrar… ¡me preocupa!

—¡Estoy bien!

—No quiero que sufras.

—Entonces déjame tocarte —volví a abalanzarme sobre él, pero salvó espacio al poner sus manos sobre mis hombros.

—¿Puedes dejar de pensar en sexo por lo menos un momento? —me regañó —Controla tus hormonas, hablo enserio.

—En ningún momento pensé en sexo —mentí. —Esa palabra jamás cruzó mi mente. Pero si es lo que deseas, yo encantado.

—¡Cállate! Y recuéstate. Han dijo que debes descansar —se hizo a un lado para dejarme la mayor parte de la cama. De mala gana me dejé caer, Ariel me cubrió con los edredones y se sentó a mi lado.

—Dime la verdad… ¿No quieres que te toque? ¿Es por lo que hice? —indagué rendido.

Me avergonzaba preguntarlo, sin embargo; era consciente de que no fue correcto salir corriendo a buscar sexo solo porque las cosas entre nosotros estaban mal y él tenía todo el derecho de no querer intimar conmigo. Ariel me miró largo rato y después suspiró dejando caer los brazos con resignación.

—Quizá este mal, pero no soy tan delicado. —dijo—No quiero que después de hoy volvamos a hablar sobre “lo que hiciste” porque te juro que me dan ganas de agarrarte a palos. Sin embargo, de lo que vivimos aprendí que quizá fui demasiado fácil. Lo digo en el mejor de los sentidos… eras la novedad en mi vida y no me importó irme de pique por el voladero —se había hecho chiquito, escondiéndose en sus hombros, su olor cambio y con tal de que no llorara de nuevo, me senté en la cama y lo abracé. —Dime la verdad… ¿Qué es exactamente lo que quieres de mí? —pidió.

—A ti… —respondí sin más. Tomé su mano y entrelacé nuestros dedos — Quiero una relación formal contigo, ponle el nombre que más te guste; novio, pareja o lo que desees, solo debes ser mío y déjame ser de ti.

—¿Lo dices enserio? —sus ojos me buscaron y aunque lo disimulaba había cierta emoción contenida. Era la primera vez que alguien se emocionaba por tener una relación conmigo, y yo me moría de los nervios. Estaba comprometiéndome con la persona que amaba y aun sí me sentía ansioso también estaba feliz.

—Si te preguntara ahora, si quieres ser el príncipe de este dragón malhumorado, viejo y feo que tiene muchos más defectos que virtudes, ¿dejarías tu armadura de guerrero y te quedarías para siempre conmigo? —sonrió, después de tantos meses de discusiones y tristezas, Ariel finalmente volvió a sonreír como aquella noche de nuestro primer beso cuando llovía estrellas —A cambio prometo cuidar tu torre y no dejar que nadie más entre a nuestro castillo. ¿Qué respondes bosquecito? ¿Te quedas conmigo?

Un comentario en “Capítulo 46 SINÓNIMOS DE TI

  1. primero que todo, muchísimas gracias, hoy ha sido el peor día que he tenido desde que volví a mi casa, es muy triste que esté pasando cuando ya falta tan poco para irme otra vez a la universidad, pero bueno, ese no es el punto, lo que quiero decir es que, aunque me duela lo de Han y Deviant, quiero darte las gracias por hacer que me distrajera por un rato de lo que pasa a mi alrededor.
    Bueno, bueno, bueno, vamos a dejar lo Shinji a un lado por un momento y vamos a comentar con mi estilo usual (sí, me estoy mentalizando para salir del modo zombie xD): A mi parecer, en todo lo que va de tu rastro sobre la nieve, la frase más bella de todas ha sido la de Damian preguntándole a Ariel si sería príncipe de ese dragón, me llegó al kokoro chama :’v me gustó que por una vez en mucho tiempo Damian tratara de dejar de ser rústico y darle a Ari espacio. Me causaron gracia las amenazas de Ariel para que se acostara, comiera, etc. xD disculpa si no te hago el testamento pero es que todo fue maravilloso, al menos de parte de Dam y Ari, pero (modo tsundere on) NO TE PERDONO LO DE HAN Y DEVIANT, tu me quieres matar a mi de una ruptura del corazón o qué fue? :’VVVVV quieres verme llorar al son del violín más pequeño del mundo? (nótese la referencia a bob esponja xD), no hay nada más triste que leer toda esa discusión escuchando jazz alegre, fue raro, irónico y triste a la vez :l solo espero que mañana algo muy bueno pase como compensación, porque jugar así con nuestros sentimientos está mal señorita, oyó? >:v
    PD: Gracias otra vez, escribir de esta forma me ayudó a liberar estrés y a reírme de las estupideces que yo misma escribo c: como siempre, Te odio <3 ;D

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