Capìtulo 47 ME CAMBIASTE LA VIDA

CAPÍTULO 47

 

ME CAMBIASTE LA VIDA

“Una verdad que es tan ruidosa que no puedes ignorar, no nos pertenecemos a nosotros mismos; somos el conjunto de las personas a las que amamos, las que no podemos dejar atrás”.

 

—¿No te quedarás? —preguntó Deviant detrás de mí.

—Mi abuela dijo que debía volver a casa —expliqué mientras terminaba de juntar mis cosas, no eran muchas, solo mi abrigo y el celular que no recordaba a donde lo había dejado—me hubiera gustado quedarme, pero me está esperando.

—¿Cenas con nosotros? Compré suficiente comida para los tres —insistió.

—¿Los tres? ¿Han no viene? —La expresión de Deviant cambio, negó lentamente y me dio la espalda. Mi intención no era entrometerme, pero se veía afligido así que no pude fingir que no lo había notado —¿Hablaron?

—Está molesto, pero se le va a pasar —su convicción fue pobre, se abrazó a sí mismo y se sentó en el sillón individual—¿No quieres que te lleve a casa? —ofreció.

—Pedí un taxi y ya viene en camino —le dije, aunque después me arrepentí, a lo mejor Deviant no quería estar en casa y yo le había rechazado o algo así. En un intento por hacerle sentir mi apoyo me senté frente a él. No sabía que decirle para reconfortarlo y tampoco pretendía regalarle el oído diciéndole que Han estaba exagerando o victimizándolo. Ambos habían sido responsables, debía ser una culpabilidad dividida.

—Vamos a darnos un tiempo…—susurró sin mirarme—no quiero que nadie más lo sepa, quedará entre nosotros dos. Ni siquiera Damian, sobre todo él ¿comprendes? —me miró fijamente, exigiendo mi silencio. La noticia me dejó apabullado, ¿iban a darse un tiempo? De donde vengo eso significa que la relación llegó al final y por primera vez desee con fervor que aquí significara literalmente darse un tiempo—¿Ari? —presionó.

—Sí.

—¡Gracias!

Se puso de pie y se perdió con rumbo a la cocina, no hubo lágrimas ni uno de esos dramas que Damian decía que Deviant era experto en montar. Solo una declaración formal de un hecho que parecía inevitable y del cual él intentaba aceptar con resignación.

¿Resignación? No, debía ser algo más, Deviant lo dejaba ir por otro motivo, uno mayor. Quizá tenía que ver con lo que Samko y James discutieron cuando estábamos en la sala. —La culpa la tiene Deviant, por prestarle demasiada atención a Damian, —eso había dicho James—Han está harto de ser el segundo en su vida. No puedes juzgarlo por eso.

—¿Demasiada atención? —balbuceé sin darme cuenta. Mi mente trabaja al mil por hora, ¿todo esto era por Damian? ¿A Deviant a un le interesaba? —El segundo en su vida.

Sentí una punzada en el pecho, el ardor de los celos aflorando en mi interior.

Durante los siguientes segundos no pude moverme; la angustia que me producían mis pensamientos era molesta, y aunque quizá no tenía la certeza de nada tampoco poco podía sacarme la idea de la cabeza.  Cuando logré ser consiente de mí, volví a la habitación para despedirme de Damian. Aun dormía, después de tanto hablar simplemente cerró los ojos y el cansancio de sus heridas lo atrapó en un sueño profundo. Me acerqué a la orilla de la cama y cuidando de no moverlo, me incliné sobre él y besé su frente.

—Vendré mañana… —susurré—pórtate bien mientras no estoy.

Me aseguré de arroparlo bien para que no pasara frío y solo después de echarle una última mirada, salí de la habitación cerrando la puerta tras de mí. Deviant estaba con la espalda contra la pared y al verme salir me sonrío. Los Katzel eran muy sigilosos, podías dejarlos en un lugar y de un segundo para otro ya estaban en otro, todo en completo silencio; tal y como ahora que no lo había escuchado volver de la cocina.

—Eres muy tierno.

—Para nada —negué—solo me preocupo por él.

—Pues gracias, Damian es muy complicado y me inquietaba lo que sería de él cuando yo no estuviera, pero desde que llegaste ya no tengo esa angustia, sé que, si está contigo, estará seguro.

—¿Cuándo no estés? ¿a dónde vas a ir?

—Por ahí… —me sonrío sombríamente, tanto que, aunque quise corresponder, no pude.

¿Le interesaba si o no? Quise preguntar, pero no me atreví. Existía una enorme posibilidad de que yo estuviera viendo cosas que no son, y me sentí mal de juzgarlo sin conocer sus verdaderas razones. Mentalmente me regañé porque yo no solía ser así.

—¿Estás seguro de que…?

—¡Sí! —me interrumpió.

—¿No crees que puede darse cuenta? —pregunté refiriéndome a Damian. Deviant suspiró mientras negaba lentamente.

—Pese a lo que mis hermanos creen, puedo llegar a ser realmente maduro si me lo propongo. Han quiere un tiempo, unos días, meses o años, que se yo, no puedo obligarlo a estar conmigo, aunque quiera.

—¿Solo así? ¿sin más?

—Quizá también yo quiero ese tiempo, solo que aún no lo sé.

—¿Y el compromiso? —negó lentamente.

—No lo sé.

—¿Quieres que hable con él?

—No, no.

—Pero Deviant… —no lo comprendía, ¿cómo simplemente iba a dejar las cosas así?

—Estaremos bien, —me interrumpió—aun si cada uno continua por la vida por caminos separado lo único que importa es que estemos bien. No vamos a morirnos por no estar juntos… eso no sucederá.

—No creo correcto sacrificar un amor por otro —lo dije sin pensar, y me sentí terrible cuando Deviant me miró taciturno, sin embargo; había determinación en su mirada — No estoy de acuerdo, pero si lo han decidido de esa manera, lo respeto.

—Ve a casa y trata de descansar.

Me llevó hasta la entrada del condominio, el taxi ya me esperaba.

—¡Hasta mañana! —se despidió con un movimiento de mano, antes de cerrar mi puerta.

Y aun cuando el auto se puso en marcha él continúo inmóvil en la acera. No importaba lo que había dicho, estaba seguro de que la estaba pasando muy mal.

 

TAYLOR

Bajé del auto y me encaminé a la entrada de la casa, llegué a la mitad del patio y di media vuelta para regresar a mi auto, odiaba ser ave de malas noticias. Ahora creía que debí insistirle a Sedyey con eso de que ya era muy tarde para avisarle a Ariel, que era mejor que habláramos con él, mañana temprano.

Abrí la portezuela, pero no me subí. Volví la mirada a la casa; la mayoría de las luces estaban apagadas y no era para menos, eran casi las once de la noche. Y francamente no tenía valor para despertarlo y darle malas noticias.

—¿Taylor? —literalmente sentí que una corriente eléctrica me traspaso el cuerpo y me sujeté con fuerza a la puerta de mi camioneta. Estaba distraído en mis pensamientos que la voz detrás de mí me causo escalofríos, aunque claramente pude reconocerla como suya.

—¡Diablos, Ariel! ¿acaso intentas matarme?

—No.

—¿De donde rayos saliste que no te escuché?

—Fui a dar un paseo.

—¿A medía noche? ¿En un bosque a oscuras? ¡Estás loco! —se río como si estuviera exagerando todo ¿pero a quien se le ocurre dar un paseo a esta hora? —No has visto esas películas en las que a los curiosos como tú les pasan cosas terribles por andar a media noche. Drácula está a unos kilómetros de aquí, —señalé al oeste refiriéndome al castillo de Bran—¿Qué vas a hacer si se te aparece de la nada?

—No creo en esas cosas y tú deberías hacer lo mismo.

—No dirás lo mismo cuando aparezca frente a ti uno de esos fantasmas que son famosos por aquí, y todo por andar en el bosque a mitad de la noche.

—Llegué a casa hace menos de una hora, pero no podía dormir así que salí a caminar. —explicó como si nada— ¿Qué sucede? —suspiré inquieto, si de por sí el pobre no podía dormir, con lo que iba a decirle, menos.

—¿Quieres dar otro paseo? Hay algo de lo que necesito hablarte.

Avanzamos en silencio sobre la avenida principal, ya que definitivamente no iba a meterme al bosque. Ariel iba a mi lado perdido en sus pensamientos y hasta ese momento me percaté de que no le había preguntado porque no podía dormir.

—Las cosas con Damian ¿siguen mal? —no respondió a la primera, pero la sonrisa discreta en sus labios delató que no.

—Estamos en eso —dijo.

—¿Están en eso…? ¿Qué significa “eso”?

—Me pidió que formalizáramos la relación —me detuve de golpe, pero Ariel siguió caminando con total normalidad, como si hubiera dicho que mañana lunes es de frutas y verduras en el supermercado, que, por cierto, lo era.

—¿Te pidió que…? —me apresuré y le di alcance—¿Qué le respondiste? ¿Aceptaste?

—Algo así.

—¿Cómo que “algo así”? Soy el mejor amigo que encontraras en Sibiu, exijo saber qué y cómo lo dijo —lo mal miré cuando se echó la carcajada. —¿No vas a contarme?

—No hay mucho que contar, Damian puede llegar a ser muy convincente cuando quiere. Hablamos mucho, pusimos reglas que no sé si él va a poder cumplir o no, por lo menos, va intentarlo y también yo… —se veía feliz mientras hablaba, más que nada ilusionado y me sentí dichoso por él.

—Es lo correcto —aseguré—. Cuando dos personas se aman deben estar juntas y estoy convencido que lo de ustedes es amor; el más loco e incoherente amor. Son tan diferentes que era imposible que no terminaran juntos.

—¡Gracias! —dijo —Ojalá James y tú puedan concretar pronto.

—¿Concretar pronto? —repetí desconcertado—Interesante elección de palabras. Aunque James y yo no vamos por ese camino.

—¿No? ¡Que raro! —agregó como quien no quiere la cosa —Pensé que esas miradas que se echan y el que todo el tiempo con motivo o no, estén tocándose. El que vaya a tu departamento a “dormir” y queden a citas a media noche era porque ustedes… ya sabes —me miró acusadoramente, como si supiera algo que creía también era mi de conocimiento, aunque obviamente yo no sabía nada.

—¿Si te das cuenta de lo raro del asunto? Los amigos no se tratan como lo hacen ustedes.

Dudé sobre decirle o no, pues no era información que me perteneciera solo a mí, pero al mismo tiempo sabía que Ariel es alguien en quien puedo confiar.

—Tiene sentimientos por su hermano —solté de mala de gana.

—Por supuesto que los tiene, es su hermano —respondió y de alguna manera me incomodo que estuviera enterado ¿será que James se lo había contado? Probablemente. Ellos también eran amigos así que no debería sentirme tan especial por las cosas que James me cuenta.

—No ese tipo de sentimientos.

—Samko tuvo un amor no confesado por James, ellos vivieron juntos muchos años y en todo ese tiempo James no lo notó, ¿sabes por qué? —lo miré inseguro, la luna en lo alto iluminaba, pero no lo suficiente para que pudiera apreciar a detalle los gestos que hacía — porque no sentía lo mismo por Samko. Lo quiere y mucho, para James era normal recibir todas esas atenciones por parte de Sam porque siempre las tuvo. Y cuando Samko se decidió por Gianmarco, James actuó por celos.

—¿Celos?

—¡Claro! Samko es el menor. —Explicó con total soltura—James se enfrentó a lo que significa vivir sin Sam a no recibir todas las atenciones que le eran regaladas y peor aún, a saber, que ahora se las daba a otro hombre. Y no a cualquier hombre, Gianmarco y James nunca se han llevado bien, indirectamente se han peleado por Samko toda la vida; aunque por razones muy diferentes. James estaba decidido a no perderlo, aunque tampoco le ofrecía lo que Sam necesitaba, por eso no están juntos y lo que ahora siente, es solo culpabilidad. Está empeñado en remediar el dolor que le causo, y lo hizo, pero no de manera intencional. Después de todo Samko no se lo confeso abiertamente.

Además, en varias ocasiones lo escuché quejarse de Samko, diciendo que lo obligaban a cuidarlo. No solo se levantó un día y se dio cuenta que lo amaba, está confundido y es justo ahí donde entras tú.

—¿Yo? —dudé—No lo creo, Ari. La otra vez me dijo que era la primera vez que sentía algo por un hombre y que después de Samko no volvería a caer en lo mismo. Que no se veía a si mismo como un homosexual.

—¡Aja! ¿De casualidad te lo dijo mientras estaba en tu cama, entre sus sabanas? —hubo una clara nota de sarcasmo en su voz. Ariel no solía hablarme con ironía así que no supe cómo interpretarlo — Solo piénsalo Taylor, se te acercó por gusto, nadie lo obligó como con Samko. A pesar de las amenazas de Deviant ha permanecido cerca de ti, demasiado cerca. Y hasta donde yo lo veo, está tentando seriamente a su heterosexualidad al ir a tu departamento… ¿hablar? ¿De que tanto platican? Peor aún… ¿Qué van a hacer cuando los temas de conversación se agoten? ¿Qué no te das cuenta de que todo esto es un pretexto de su parte para estar contigo?

No sabía que pensar, todo lo que Ariel decía tenía sentido, pero al mismo tiempo el que entre nosotros no haya pasado nada me causaba cierta inseguridad. No quería crear castillos en el aire, eso y sin mencionar que si su hermano se enteraba iba a despellejarme vivo y después estaba mi familia que tampoco lo iba a aceptar.  Aunque nadie tenía que enterarse… pero ¿realmente quería una relación de ese tipo? Nunca me he escondido y honestamente tampoco deseaba empezar ahora.

—Se lo que piensas… —repuso— En mi opinión, está esperando a que tu des el primer paso, pero no lo hagas —advirtió—. Si eres tú quien lo hace entonces él tendrá conque escudarse. Si en cambio, lo provocas lo suficiente como para que muestre lo que realmente desea contigo, entonces no podrá negarlo después. Aunque igual lo hará, pero ya no va a contar.

—¿Por qué de repente pareces saber mucho del tema?

—James es muy predecible.

—¿Comparado con Damian? Porque a mí no me parece nada predecible.

—Es porque tú lo ves con otros ojos —me detuve.

—Entonces, ¿Qué se supone que debo hacer? —Ariel me imitó, se giró para mirarme y lo pensó unos segundos.

—Coquetéale sutilmente, pero no cedas cuando él haga lo mismo, porque te aseguro que lo hará. Es muy listo, y esa aparente serenidad… es pura pantalla. No bajes la guardia con él porque podrías sorprenderte.

Asentí, aunque no estaba convencido de nada aún. Lo que sí, es que ya no podía dejar seguir pasando el tiempo con respecto a lo que vine a decirle. Le ofrecí volver y él aceptó. Internamente buscaba mi valor, pero al no encontrarlo por ningún lado simplemente lo dejé salir.

—Te quitaron la beca —volví a detenerme y él solo pudo dar pasos más.

—¿Qué?

—Por favor, no me hagas repetirlo, —supliqué—Sedyey está haciendo todo lo posible, pero tu benefactor retiró el apoyo. Mañana te lo van a anunciar, por eso vine. Sedyey creía que era mejor que estuvieras enterado.

Lo vi inquietarse y sabía que no era para menos, pero me sorprendió cuando intentó disimular. Ariel era así, demasiado considerado con todo el mundo. Intentando sostenernos cuando él mismo ya no puede mantenerse en pie.

—Bueno… ya sabíamos que algo así podría pasar, —susurró—haré lo que habíamos planeado, volveré a Arizona y le pediré ayuda a mi abuelo, es la única esperanza que me queda.

—Ariel… quieren expulsarte. La universidad ya no representara tus pinturas y nos dijeron que nosotros tampoco podemos ser tus benefactores. Hay personas detrás de todo esto que no te quieren en la universidad y están haciendo uso de sus contactos para sacarte.

Se echó a andar, lo seguí, pero le di su espacio. Así recorrimos todo el trayecto de regreso a la casa, él con la vista fija en el piso y yo sintiéndome impotente. Cuando llegamos al vergel, se detuvo y me buscó con la mirada.

—Si no puedo estudiar aquí volveré a mi país.

—¿Volver?

—No puedo quedarme sin hacer nada y no quiero darles más molestia a mis abuelos. Creo que lo mejor es volver, ahí la educación es casi gratuita y mientras no tenga trabajo el gobierno me ofrece un subsidio mensual. Es mucho más de lo que aspiro a conseguir aquí.

—¿Pero y Damian? —lo que realmente quise preguntar, era que iba a ser mí sin él, quise decirle que me dolería que se fuera, pero no me atreví. No quería darle más preocupaciones ni complicarle las cosas.

—Me lo llevaré en la maleta —dijo e intentó sonreír, pero solo logró mostrarse mucho más afectado. Estaba seguro de que no se atrevería a hacerlo decidir entre su familia y él, así que eso significaba dejarlo —. Prométeme que no se lo dirás a nadie.

—No pensarás irte sin avisar; por lo menos, deja que vayamos a despedirte.

—¿Crees que podría irme con ustedes estando ahí? No, no quiero que nadie lo sepa. Si mañana me confirman mi expulsión el martes me voy a primera hora.

 

TERCERA PERSONA

—No sé cómo puedes ser tan descarado como para volver a poner un pie en esta casa —profirió Sedyey rebosante de indignación, la persona frente a él se acomodó el abrigo como sacudiéndose las palabras dichas y lo miró impaciente.

—Eres correspondido en cuanto al desprecio que sientes por mí, nunca me agradaste y seguirá sin suceder, solo dile que estoy aquí, así tu y yo nos evitamos esto.

—No está y de mi cuenta corre que no te le vuelvas a acercar —la amenaza implícita era algo que Sedyey estaba dispuesto a cumplir con tal de evitar que Wayne y Taylor se encontraran.

Había razones poderosas para no permitirlo, y es que Wayne representaba en la vida de Taylor un pasaje oscuro y turbio del cual había luchado durante años para dejarlo atrás.  Sedyey fue testigo de la decadencia en la que Taylor quedó hundido cuando Wayne se fue, la desesperación y el desconsuelo que lo llevaron a abandonar temporalmente la carrera y terminar en un anexo. Sin embargo y pese a los intentos desesperados de Sedyey, el destino parecía encaprichado en ponerlos de frente una vez, por lo menos, eso fue lo que Wayne creyó cuando la luz de las direccionales de un auto al entrar los alumbró distrayéndolos de la discusión que sostenían en la marquesina principal.

Al ver la camioneta dirigirse al pórtico Wayne sintió el nerviosismo de verlo, porque aun si no tenía forma de explicar los motivos por los que se fue ni los que le impidieron volver hasta ahora, Taylor había sido especial en su vida, continuaba siéndolo. Y hubo una sonrisa disimulada en su rostro al darse cuenta de que había aspectos en Taylor que ni el pasar de los años habían cambiado, ha decir, su gusto por los autos grandes.

Dejando a Sedyey con la palabra en la boca Wayne le dio la espalda y bajó las escaleras casi de dos en dos con rumbo al estacionamiento. Sedyey lo siguió, pero nada pudo hacer para esconderlo de la vista de su hermano. La expresión de Taylor al bajar de la camioneta lo dijo todo; no esperaba ni en sus sueños más locos volver a estar frente a Wayne y mucho menos que este casi corriera a su encuentro y se echara a sus brazos como si nada de todo lo que ocurrió tras su partida, hubiese sucedido. Ya no existía entre ellos esta familiaridad ni la cercanía, no después de que se fuera tan de la nada, no después de que le dijera que no perdiera de vista el calendario porque él volvería y, sobre todo, no después de que Taylor había cambiado los últimos diez calendarios sin tener noticias suyas. Taylor sintió el deseo de rechazarlo, de apartarlo de tajo de su lado. Los sentimientos removidos no eran gratos, al contrario, solo le causaban dolor. Ya no reconocía a esta persona como parte de él, ahora lo detestaba… tal vez, incluso lo odiaba.

Taylor miró a Sedyey como suplicando ayuda o peor aún, como pidiéndole que lo alejara antes de que él cometiera alguna estupidez. Su hermano se movió con seguridad y tomando a Wayne por los hombros lo empujó separándolo de su hermano.

—¡Déjame! —pidió Wayne —Vete, quiero hablar con él.

—Nadie me dice que hacer y menos en mi casa, —Sedyey se le plantó de frente interponiéndose entre él y su hermano —lárgate de una buena vez—ordenó furioso—. Nunca fuiste bienvenido en esta casa.

—Taylor, por favor… dile que pare —suplicó Wayne—. No dejes que nos haga esto—Taylor le dedicó una mirada fría y lúgubre ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿Por qué volvía después de tantos años? ¿Por qué justo ahora?

—¡Vete! —dijo—Tu y yo no tenemos nada de que hablar.

—Taylor, por favor.

—¡No!

Ya no quiso escuchar nada más de lo que Wayne tuviera que decir, ya no, ¿para que? ¿Qué caso tenía ahora? Dándole le espalda regresó sobre sus pasos hasta su camioneta, subió con prisa y se marchó sin mirar por el retrovisor, con la misma indiferencia con la que hace muchos años Wayne se fue. Sin importarle sus suplicas, solo quería estar lejos, y no pensar más en él.

 

El viaje hasta su departamento pareció durar segundos, Taylor recordaba haber salido de la casa de su padre, pero ahora subía hasta su piso, aturdido y sin saber cómo condujo hasta aquí, tanteó en las bolsas de su pantalón en busca de la llave de su camioneta, no la encontró— quizá porque las traía en la mano— y aunque pensó en volver al estacionamiento, no lo hizo.  En cuanto la puerta del elevador se abrió, prácticamente corrió hasta la entrada de su departamento.

Cuando llegó a la puerta se sujetó de la chapa, nuevamente el problema de la llave lo inquietó, como iba a entrar si no tenía con qué. Inconscientemente recargó la frente sobre la madera fría, mentalmente decidía si la echaba abajo a patadas o volvía al estacionamiento por las llaves. Distraído como estaba, no fue capaz de notar la presencia de James detrás de él, para ser exactos, sentado en las escaleras que daban de frente a su puerta.

 

JAMES

Pasaba de medía noche y él aun no llegaba a su departamento, sabía que dejaba una llave de repuesto en la entrada, pero no me atreví a usarla. Pensé en llamarle y exigirle que viniera, sin embargo, cada que estaba a punto de teclear su número, me arrepentía.

Llevaba poco más de hora y media esperando y todo un mar de posibilidades con respeto a los lugares en los que podría estar en compañía de quien sabe quién. Y cada nueva posibilidad me molestaba más que la anterior, porque no lo quería con nadie más.

Había dicho en más ocasiones de las que me gustaría reconocer que si Taylor no llegaba en diez minutos me iría, me encontraba en medio de una de esas veces, cuando me asomé después de escuchar la puerta del elevador abrirse y pude comprobar que era él; mi frustración menguó drásticamente pero no mi enojó. Iba a reclamarle, quería saber a dónde y con quien estaba. Más cuando lo vi recargarse contra su puerta intuí que algo andaba mal con él.

Taylor es extraño, hace cosas raras casi todo el tiempo, pero en esta ocasión parecía afligido. Le dio un puñetazo a la puerta y tuve que intervenir para que no se hiciera daño, pues tuvo la clara intención de repetirlo.

—Oye… ¿Qué sucede? —le pregunté una vez que lo hube sujetado del hombro y le obligué a mirarme.

—¿James?

—¿Qué sucede? ¿Por qué haces esto? —repetí.

—¿Estabas aquí? —parecía aturdido, me miraba como si yo fuera una aparición.

—Respóndeme Taylor, ¿Qué te pasa? —apartó la mirada de mí y la clavó en la nada —¿Taylor? —me preocupé, él no era así y tampoco parecía estar ebrio. Mis manos fueron a su rostro envolviéndolo, me miró de nuevo y resultó que su mirada estaba cristalina y los bordes de sus parpados se pusieron rojos —¿Qué ocurre? —pregunté casi en un susurro.

—Creo que perdí mis llaves.

Miré su mano libre, las llaves colgaban de ella. Las tomé y abrí la puerta, la sostuve para conducirlo dentro y cerré poniendo el seguro.

—Perdí mis llaves…—repitió detrás de mí.

—Aquí están tus llaves —dije, poniéndolas frente a él.

Lo llevé hasta la sala y le pedí que se sentara, coloqué una manta sobre los hombros porque estaba haciendo un frío insoportable o quizá eran solo mis nervios. Las pupilas de sus ojos estaban dilatadas al máximo, su piel se había tornado pálida, pero no había heridas visibles, aunque las manos le temblaban ligeramente.

—Taylor, ¿te golpeaste con algo? —pregunté mientras le dejaba una taza de té caliente entre las manos —¿Quieres que llamé a un médico para que te revise?

Estábamos en esto cuando llamarón la puerta, Sedyey gritó desde el otro lado pidiéndole que le abriera. Bien, estábamos en problemas, su hermano no podía verme aquí y Taylor continuaba ido. No supe que más hacer que echarle el té encima. Siseó al sentir el agua hirviendo sobre su pecho, y aunque quizá no fue lo mejor, por lo menos, se veía más consiente.

—¿Por qué hiciste…? —le tapé la boca con mi mano para que no gritara.

—Tu hermano está en la puerta —dije.

Apenas y si alcanzó a llegar antes que de Sedyey terminara de abrirla, por supuesto, era su hermano y tenía una copia de la llave. Taylor se pegó a la puerta impidiéndole el paso y tuvo que dar muchas explicaciones con respecto a porque había tardado en responder, así como el motivo por el que su ropa estaba mojada.

—Me quedé preocupado y como no respondías a mis llamadas decidí venir… —explicó Sedyey.

—No sé dónde dejé mi celular… hoy estoy un poco torpe, pero no te preocupes, solo necesito dormir.

—Lamento mucho esto, esperaba que no tuvieras que toparte de nuevo con él. Recién estaba llegando a la casa cuando apareció en la puerta, quise avisarte para que no fueras, pero Wayne se empeñó en que lo dejara pasar —me quedé pegado a la pared escuchando, alcanzaba a ver el rostro de Taylor, el tema le incomodaba, pero no podía decírselo a Sedyey porque yo estaba presente.

—No es culpa tuya, —le interrumpió—solo dejémoslo pasar, estoy cansado. No quiero hablar más de esto —pidió.

—Puedo quedarme contigo si lo deseas…

—No, sabes… te lo agradezco, pero necesito un momento de soledad —explicó. —Ve a casa y no te preocupes, estoy bien.

—¿Seguro?

—Tanto que dejaré que mañana me invites a desayunar —agregó intentando sonar casual.

—¿A las ocho en el restaurant de siempre?

—No llegues tarde.

Se le notaba en la voz que Sedyey no estaba del todo convencido, pero optó por no presionar la situación. Taylor mantuvo la puerta abierta por algunos segundos más, supuse que esperó a que su hermano entrara al elevador. Hice un recuento de lo sucedido, Taylor se había puesto de ese modo por culpa de ese tal Wayne, alguien a quien aparentemente no quiere ver.

—¿Quién es Wayne? — pregunté, aun contra la pared. Taylor cerró la puerta, intentó huir a su habitación, pero lo sostuve de la mano deteniéndolo —Te hice una pregunta… ¿Quién es Wayne?

—Tengo frío, quiero cambiarme de ropa.

—Taylor… —lo sujeté con más fuerza cuando intentó zafarse de mi agarre, pero unos toques en la puerta nos distrajeron.

Volví a mi escondite contra la pared y Taylor se dirigió a la puerta, supongo que ambos creímos que se trataba nuevamente de Sedyey, pero su expresión desencajada al abrirla, seguido de un rudo y descortés—¿Qué haces aquí? —me hizo comprender que era alguien más, alguien que podía hacer que Taylor se tensara de pies a cabeza mientras enterraba las uñas en la madera de la puerta, alguien que tenía el poder de lograr que su vos temblara y su rostro siempre sonriente se descompusiera en una mueca de dolor revestida de indiferencia. Y lo que sentí me hizo tragar en seco, fue una sensación extraña y desagradable: la furia creciendo desde lo más hondo de mi ser y que casi podía asegurar que se notaba en mis ojos. Mis manos temblaron de ansiedad, estaba celoso. Pero celoso de verdad, era un sentimiento que me superaba. Aun sin conocerlo ni siquiera haber visto su rostro, sentía que ya odiaba a esa persona como jamás antes había odiado a nadie en mi vida.

—Vete, no quiero verte —ordenó Taylor y su voz severa fue la que me saco de mi aturdimiento.

—Por favor, por favor… déjame explicarte.

—No, Wayne —respondió Taylor y creí que se refería a que no lo dejaría explicar nada, pero cuando volví la mirada a ellos, puede ver el brazo de ese tipo intentando tocarlo. —¡Vete! —lo rechazó, pero el otro no se rindió.

—Taylor, te amo… te juro que es verdad.

—¡Detente! Ya basta…

¿Qué? ¿Cómo se atrevía a decirle que lo amaba en mi delante? Taylor bajó la mirada y todas mis alertas se dispararon. Si no hacía algo pronto; iban a quitármelo y en mi propia cara.

—Amor… ¿Qué sucede? —dije, acercándome a él, lo rodeé por la cintura con mis brazos. Taylor se mostró casi tan sorprendido como lo estaba yo.

—¿Amor? —reparó el tal Wayne. Ya lo odiaba, pero pude hacerlo un poco más cuando lo vi, era tan alto como Taylor, quizá un par de años mayor que yo, tenía pinta de alemán, pálido, de cabello rubio casi blanco y ojos verdes, con esa estúpida postura de riquillo consentido.

—Sí, suelo llamarlo de esa manera, ¿algún problema? —espeté afirmando mi agarré sobre la cintura de Taylor. —Es un poco tarde para visitas ¿no crees?

—¿Sales con él? —indagó ignorándome —Le pregunté a nuestros amigos y nadie dijo que estuvieras en una relación con “alguien”.

Me reí sarcástico por la forma en la que resaltó la última palabra. No solo parecía, era un verdadero estúpido si creía que podía hablarme de esa manera.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó furioso Wayne.

—Creo que hemos sido muy discretos, Taylor —dije, ignorándolo de la misma forma en la que él lo había hecho conmigo anteriormente —Le gente necesita algo de que hablar… ¿Por qué no dejamos que Wayne les cuente sobre nosotros? —una de mis manos fue hasta la mejilla de Taylor, y contuvo el aliento cuando reduciendo toda distancia entre nosotros busqué sus labios para besarlos.

Presioné suavemente, apenas acariciándolos con los míos, sin embargo, se sintió mucho mejor de lo que había pensado. Era mi secreto los quiméricos momentos que he mantenido con sus labios. Muchas, muchas veces los había anhelado. Me retiré apenas unos milímetros, lo justo para poder mirar su rostro. Taylor mantenía los ojos cerrados y sus labios estaban entreabiertos, si eso no era una invitación para que volviera a besarlos entonces, quien sabe que sí podía serlo.

Olvidándome de la delicadeza inicial que todo primer beso requiere, empujé a Taylor contra el marco de la puerta, lamí sus labios antes de unirlos con los míos, lo besé con hambre, con unas ansias locas que no reconocía en mí, y me sentí invadido de una familiaridad extraña pero anhelante, como si finalmente descubriera lo que significa besar a alguien que es importante en mi vida. Cuando finalmente pudo corresponderme, fue todo mucho mejor. Sus manos se abrieron camino por entre mi cabello y aproveché su osadía para mostrar la mía; lo mordí cuidando de no hacerle daño y cuando sonrió, lo tomé como un permiso sobre cuya oportunidad no iba a desaprovechar. Invadí su boca y su lengua me recibió tímida, lo escuché jadear y juro que me perdí en sus sonidos. Fue muy distinto a lo que estaba acostumbrado, sus ruidos eran varoniles y ante nuestra cercanía el olor de su fragancia me llenó las fosas nasales. Olía fresco, una mezcla deliciosa entre Sándalo y Cardamomo. Lo mejor de todo es que lejos de decepcionarme por no encontrar el usual olor a flores o vainilla que usaban mis antiguas novias, me reí porque el olor de Taylor me parecía embriagador, delicioso.

Fui egoísta, quería un poco más de todo lo que pudiera darme, pero no delante de Wayne, así que me valí de que Taylor necesitaba respirar, para soltar sus labios momentáneamente y mirar al imbécil frente a nosotros.

—Ya lo he dicho, es tarde para visitas… porque no vas con tus amigos y les dices que Taylor ya está con… “alguien”.

13 comentarios en “Capìtulo 47 ME CAMBIASTE LA VIDA

  1. SE PRENDIÓ ESTA MIERDA, OYÓ? :VVVVVVVVVV en un principio, mi corazón estaba en el piso, más cuando Taylor soltó que le quitarían la beca a Ari y que pedían su expulsión :’l malditos amarillistas que solo les importa la imagen pública. A ese tal Wayne lo odié desde el principio, pero sirvió para que James se dejara de tonterías y defendiera lo suyo *Inner James* “CON MI MACHO NO TE METAS PERRA!” >:0 (los pensamientos de James según yo, claro xD) ahora sí se va a venir la sabrosura entre estos dos ( ͡° ͜ʖ ͡°) por cierto, siempre he tenido la duda de cómo se pronuncia el primer nombre de Taylor, Hylan se pronuncia jailan o jilan? espero que no te pases de sádica en el siguiente capítulo, porque este dolor en mi corazón me tiene mal, por tu culpa la herida que siempre llevo en el alma no cicatriza~ (nótese que la referencia esta vez fue al ballenato, Diosito perdóname por pasarme de guebona xD), que capítulo más emo Jesucristo! al menos la zukulemciha valió el sufrimiento, besitos sabrositos pa’ ti~
    PD: Ya todo aquí se solucionó, gracias por tu preocupación <3

    • Vero!!
      Jajajajaja como siempre me matas con tus comentarios jajajaja y las referencias que pones… 😂😂 “CON MI MACHO NO TE METAS PERRA” JAJAJAJA no lo supero.
      Ari se nos va…
      Se pronuncia Jilan… amo ese nombre Hylan Taylor.
      No, ya no habrá más dolor, puras cosas bellas de aquí en adelante.

      Me alegra saber que las cosas van mejor, cualquier cosa nos comunicamos por Facebook, saludos Vero!! 😘

      • por cierto, se me olvidó ponerlo en el comentario anterior, no sé por qué tengo la manía de que cuando veo algo en otro idioma y no sé como se pronuncia, termino leyéndolo como en inglés, llevo desde la primera aparición de Taylor llamándolo jailan :’v viví engañada todo este tiempo

  2. Y yo q pensaba q el romance de James tenia para rato (^^) hace linda pareja con Taylor. Va a ser bueno ver como lo llevan.
    Quien sera el q esta detras de los problemas de Ariel? Justo ahora q Damian esta tirado piensa fugarse a USA? Q feo q huele todo esto!.

  3. Me encaaaantooooo me encantooooo!!! Ahhhhh ahhhhh James por fin *.* quisiera ver mas momentos con James celosooo ajajajaj
    Arieeeeeeel otro problema mas!? Ojala no lo expulsen u u

  4. Hola, la verdad apenas ahora leo los tres capítulos seguidos y me encantó, aunque me preocupa de que Ariel se tenga que ir por la universidad, bueno dos puntos… El primero es que la reacción de han con el hermano de Damián cada vez está peor, a todo momento mantienen de problema en problema, no se ojalá termine bien.

    Te acuerdas de ese comentario que te hice respecto al muchacho que se parece a Ariel y me dijiste a qué esperara una sorpresa? Pues apenas en el segundo capítulo medio lo mensionas, pero no hablas de que paso con Damián ni nada, osea al parecer si tuvieron sexo, pero quiero saber cómo se encontraron y cómo fue ese sexo, y que pensó Damián , no se… Me parece que falta que relates esa parte “lo admito quiero leer Lenin de ellos dos” quiero saber todos los detallles, ¿será que puedes complacer este lector? Por favor…. En serio me gustaría mucha

    Saludos y que estés bien.

  5. Hola, la verdad apenas ahora leo los tres capítulos seguidos y me encantó, aunque me preocupa de que Ariel se tenga que ir por la universidad, bueno dos puntos… El primero es que la reacción de han con el hermano de Damián cada vez está peor, a todo momento mantienen de problema en problema, no se ojalá termine bien.

    Te acuerdas de ese comentario que te hice respecto al muchacho que se parece a Ariel y me dijiste a qué esperara una sorpresa? Pues apenas en el segundo capítulo medio lo mensionas, pero no hablas de que paso con Damián ni nada, osea al parecer si tuvieron sexo, pero quiero saber cómo se encontraron y cómo fue ese sexo, y que pensó Damián , no se… Me parece que falta que relates esa parte “lo admito quiero leer Lenin de ellos dos” quiero saber todos los detallles, ¿será que puedes complacer este lector? Por favor…. En serio me gustaría mucha

    Saludos y que estés bien

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