Capìtulo 51 – Las posibilidades.

LAS POSIBILIDADES

“Encontré una vida que vale la pena vivirla por alguien más.

     

      DAMIAN

It felt so sweet

It felt so strong

It made me feel, like I belonged

And all the sadness inside me

Melted away

Like I vas free.

      Su voz era apenas un susurro tenue que adormecía, una cancioncita que revoloteaba sobre nosotros llenándolo todo. Sé que ama escuchar música, pero nunca antes le había oído cantar. Y ni por mis más locos pensamientos hubiera imaginado que lo haría tan bien. Quizá ese era el motivo por el que me sorprendió tanto la dulzura de su tono. Armonioso, lento. Una letra sencilla pero que parecía significar demasiado para él. Si no fuera porque Ariel había despertado afiebrado y con la cara roja, feliz me hubiera ido a recostar a su lado y escucharla de principio a fin, una y otra vez.

      En cambio, tuve que interrumpirlo. Su salud me tenía preocupado. Apenas y si había aceptado beber un poco de agua. Pero se negó a probar bocado. Intenté moverlo, ayudarlo a levantarse. No logré nada, Ariel se quejó diciendo que se sentía mal, que tenía sueño y le dolía la cabeza.

      Dejarlo descansar era una propuesta tentadora, pero ¿y si su salud empeoraba más tarde? Estábamos lejos de la ciudad y dudo que él soportara volver en la motocicleta.

      —Ari… —le hablé, mientras me sentaba a su lado, en la orilla de la cama. Él mantenía los ojos cerrados, aunque obviamente no dormía. Se había hecho bolita sobre el colchón y pese a mi negativa, estaba envuelto con la sabana hasta el cuello —. Estoy preocupado por ti, creo que debería revisarte un médico. Quizá te resfriaste o puede que sea algo peor, no voy a estar tranquilo hasta saberlo.

      —Solo necesito dormir un poco —refutó, obligándose a abrir los ojos.

      Fue más como un parpadeo y de nuevo volvió a cerrarlos.

      —No creo que esto se te vaya a pasar con solo dormir. Además, has dormido toda la tarde.

      —Un poco más…

      — ¡No! —Rebatí—Nos vamos ahora mismo.

      Me puse de pie y fui directo a apagar el fuego. Vestirlo me tomó más tiempo del esperado, cada nuevo movimiento venía acompañado de quejidos y llanto. Sin embargo, Ariel no estaba exagerando. Fui yo el que no se había percatado de lo maltratado que había dejado su cuerpo, hasta este momento, mientras lo vestía.

      La herida de su hombro estaba hinchada y había morados que resaltaban en su piel. En algunas partes, la forma de mis manos era perfectamente visible: en sus brazos y piernas. Lo había sujetado con tanta fuerza que magullé su piel. En algún momento le explicaría que “sentirse mal” y “estar adolorido” eran cosas diferentes. Y que indudablemente esto no iba a quitársele durmiendo.

      —Quiero quedarme…

      —Vendremos otro día.

      —No, quiero quedarme ahora.

      —No.

      — ¡Por favor! —suplicó en cuanto me tuvo a su lado dispuesto a levantarlo de la cama. — No me siento bien como para caminar, tengo mucho frío.

      —Te voy a cargar.

      —Es que…

      —Es que, nada —le regañé —no me discutas, ya dije que nos vamos y nos vamos.

      Tal y como dije, lo cargué durante todo el descenso. Me lo acomodé de la misma manera en la que lo hacían cuando lo levantaba del piso para besarnos. Ariel se resguardó en mi pecho, con sus piernas alrededor de mi cintura. Le puse mi cazadora y con la sabana le cubrí la cabeza. No soy experto en enfermedades, pero sé que en caso de fiebre el enfermo no debe serenarse.

      — ¿Cómo seguía esa canción que estabas cantado en la cabaña? —pregunté, cuando ya casi íbamos a medio camino. Según él, estaba molesto porque no quise que nos quedáramos en la cabaña. Dijo que no hablaría conmigo, pero desde hace varios minutos de caminata lo sentí dibujar formas en mi pecho, con las yemas de sus dedos. Así que tan molesto, tampoco creo que lo estuviera.

      — ¿Te gustó?

      —No está mal…

      —Es de mis favoritas, porque cuando la escuchó me acuerdo de ti. — Explicó asomando el rostro por entre la sabana.

      — ¿De mí? 

      —Ni yo mismo lo sabía, pero antes de conocerte estaba muy solo y triste —explicó. — Ya no más, ahora soy muy feliz.

      —Quizá deberías enfermarte más amenudeo —bromeé —te pones tierno.

      — ¡Que pesado! Por eso no me gusta decirte nada.

      Pese al tono de reproche, sonreía. Las suyas podían ser frases no muy elaboradas, pero lograba hacerme sentir dichoso. Llenaba mi vida de un calorcito especial que con nada podía pagarle, lo amaba. Amaba lo infantil que era a veces, y esa pasión con la que me hacía hervir. Ariel es alguien muy sencillo, para hacerlo feliz basta muy poco. Y sin embargo, ahora sentía un mayor compromiso con él. Ya no éramos lo de días atrás, ahora él era mi pareja, su bienestar era mi total y completa responsabilidad.

      —Canta entonces… —pedí —me gustaría escucharla.

 

I found what I´ve been looking for in myself

Found a life worth living for someone else

Never thought that I could be

(I could be)

Happy

(Happy)

      — ¿Happy? —Me reí.

      —Creído. Deberías aprender a valorarme, ya es tiempo de que te des cuenta de lo afortunado que eres por tenerme. Mi amor no es algo que le dé a cualquiera.

      — ¿Quién es el creído ahora?

      —Solo digo lo que siento. Tengo una creciente lista de admiradores que pelean por una oportunidad conmigo y los dejé a todos por ti.

      — ¡No me digas!

      —Sí, si te digo.

      —Pues tal vez debería abandonarte aquí, haber si alguno de tus muchos admiradores viene a rescatarte y te carga hasta la ciudad, porque no estás tan liviano como crees. —Hice el gesto de bajarlo pero Ariel se abrazó con más fuerza a mí — ¿Cómo quedamos entonces?

      —Eres el único…—soltó riéndose—para mí no hay nadie más que tú.

      —Aja, solo cuando te conviene soy el único.

      —Es que… no quiero caminar.

      —Dices algo más y te juro que te bajo. Así tenga que arrastrarte, no te cargaré.

DEVIANT

      Soy nórdico, no deberías esperar que te llame de nuevo después de que decidiste no atender a mi primera llamada, ni respondiste al mensaje que te envié ayer. Tampoco que salga a buscarte a los lugares donde creo que puedes estar. Menos esperes que de la nada llegue a tu puerta y toque hasta suplicar que abras.

      Ni lo pienses… no voy a rogarte por una oportunidad, no soy ese tipo de hombre.

      Deviant Katzel… ¿rogando por un poco de amor? No me hagas reír, es ridículo de solo mencionarlo. Tengo tanto dinero como para avivar el fuego de mi chimenea. Siempre estoy rodeado de gente que me quiere. Personas que estarían felices de tener una oportunidad conmigo… ¿Ponerme triste porque te fuiste de mi lado? ¡Vamos! Que ni siquiera lo había notado. Estoy tan ocupado que no tengo tiempo para sentimentalismo. 

      ¿Llorar? Sí, a veces… pero solo de felicidad. Hay esas ocasiones en los que la vida te da tanto que no puedes más que derramar una que otra lagrima de agradecimiento. ¿Ya te lo dije? Por si acaso no lo he hecho, será mejor que te enteres de una vez por todas. No me acostumbro a nada ni a nadie. Y cuando dejo a alguien realmente lo hago. No vuelvo a mirar hacia atrás, lo olvido todo. Así que, no, definitivamente no te extraño. Soy así.

      Nórdico, ¿recuerdas?. Los hombres como yo somos emocionalmente medidos, no permito que nada me robe la paz. Y si estoy temblando ahora, es solo por el frío. No los pongas a cuenta de los nervios. Mi corazón no da vuelcos, ni golpetea acelerado en mi pecho por estar frente a tu puerta, tocando desde hace poco más de tres minutos esperando a que abras. La humedad en mis ojos no son lagrimas, no… ¿Por qué habría de llorar? Solo es polvo. Verás… ¿Cómo te explico? Creo que se me metió una basura en el corazón.

      ¿Era así el dicho? Bueno, no importa.

      — ¿Vas a abrir la puerta cierto? Porque sé que estás ahí…

      ¿Acaso no sabes que es de mala educación dejar esperando a alguien? Para ser honesto, no me extraña de ti, eres tan básico. Sin embargo, hoy tengo ganas de perdonártelo todo, te daré una oportunidad. Solo tienes que abrir.

  • Vamos, Han… abre la maldita puerta.

      Estoy cansado de hablar conmigo mismo en mi mente, ¿verdad que no vas a dejarme en la calle como lo  has hecho los últimos tres días? ¿Verdad que no?

      TERCERA PERSONA

      Del otro lado de la puerta, sentado en el piso con la espalda contra el marco de la puerta, Han bebía un poco de té caliente. El golpeteo en la puerta era incesante, pero él no iba a abrir. Ni hoy, ni mañana, tampoco la semana próxima.

      Quizá lo que hacía no era correcto. Haber cambiado las chapas sin avisarle, recoger todas las cosas de Deviant y echarlas en cajas de cartón para ir a dejárselas en la puerta de su departamento. Aprovechando que no se encontraba en ese momento, entrar y llevarse al gato. Eso bien podría considerarse un robo, pero también era suyo. Había pagado por él y eso le daba todo el derecho de llevárselo.

      La situación parecía seria, cambió su número de teléfono, y sus horarios de trabajo. Lo había ignorado por completo cuando iba a buscarlo al hospital. Pasar de él si se lo encontraba en cualquiera de los sitios que frecuentaba.

      ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué quería herirlo?

      La respuesta era simple, aunque quizá no valida. Deviant lo lastimó primero. Lo hizo durante años, y aun cuando se volvieron pareja, no dejó de hacerlo. Siempre prefiriendo a Damian por encima de a él que le daba todo. El segundo en su vida, el último en quien pensaba si es que le quedaba tiempo. Deviant se desquitaba con él de las cosas que le pasaban.

      Con él. Aun cuando Han se desvivía por tratarlo bien, por comprender. Él, que prefería quedarse callado y darle por su lado, con tal de no empeorar la situación. Pero se había cansado de guardar silencio, de asentir y aceptar culpas que no era suyas.

      Se había cansado de la vida a medias que Deviant le ofrecía. Él merecía más, lo merecía todo. Merecía no tener que rogar  para recibir una caricia de vuelta. Ser el “mientras Damian no está”.

      ¿Dónde está su hermano ahora que Deviant tanto lo necesita? Probablemente con Ariel. Viviendo su vida tan lejos de él, como siempre. Su hermano jamás había sido la prioridad de Damian.

      Bueno, el karma estaba de su lado. Si Deviant estaba solo y padeciendo, pues se lo merecía. Merecía sufrir, humillarse de la misma manera en la que él, lo había hecho todo este tiempo. No lo buscaría, no lo perdonaría. Ya no quería explicaciones, nunca las quiso. Y al recibirlas jamás fueron suficientes.

      Era libre ahora, podía hacer y deshacer a su antojo, sin tener que ver por él. Sin preocuparse por los constantes problemas en los que se meten los Katzel. Le habían hecho una oferta para tomar una especialidad en Alemania, declinó porque Deviant estaba con él, pero hace dos días volvieron a ofrecérsela y fue genial decir que sí. Iban a pagarle todo, el hospital  se encargaría de su hospedaje. Se codearía con gente muy importante, los mejores doctores del país.

      El viaje sería por ocho meses, pero ¿qué más daba? Era joven y ya no tenía compromiso con nadie — ¿Compromiso? —Miró el anillo en su dedo, y sintió una punzada en el corazón. La boda estaba planeada para dentro de cinco meses. Iba ser un evento muy sencillo, ambos lo habían decidido de esa manera. Deviant había elegido la fecha, la mayoría de los preparativos estaban listos. Incluso sus trajes.

      La boda. Iban a casarse. Estuvieron tan cerca de lo que nunca más lo estarían. Sonrió dolido, mientras se quitaba el anillo. No iba a dejarse contaminar de nuevo, había sido difícil tomar la decisión, pero finalmente la había hecho. Iba a pensar en él a partir de ahora. Su futuro. Para que darle tantas vueltas al mismo asunto, viajaría a Alemania. En su itinerario no había espacio para ninguna boda. Miró el anillo por última vez y lo aventó a la mesita del recibidor, mientras se ponía de pie.

      Era tarde. Ya no trabaja en el casino como para tener que desvelarse. En algún momento Deviant se cansaría de tocar y se marcharía, y si quería quedarse a dar lastima, que lo hiciera, ese ya no era su problema.

      Han se consideraba convencido. La impotencia, el coraje. El hecho de sentirse herido no le permitió recapacitar la situación. Tampoco se dio cuenta que su anillo de compromiso, rebotó en la mesita y cayó al piso, rodando hasta terminar debajo del sofá. Fue abandonado ahí, de la misma manera en la que esa noche olvidó a voluntad atender al llamado de la puerta.

      Errores que tarde o temprano le pasarían factura. Pues si bien, Deviant había tenido traspiés, las cosas tampoco habían sucedido como las creía Han. No estaba viendo con claridad, su dolor y frustración lo estaba orillando a reaccionar de esa manera drástica y herir a alguien que era demasiado deleznable como para enfrentar su rechazo.

      DAMIAN

      Volver a la casa de los abuelos fue difícil. Tanto como abandonar un pequeño paraíso en la tierra que era solo nuestro, para regresar a una realidad en la que tenía que compartir a Ariel con todos. Y no quería. Era mío.

      Si  dependiera de mí, no dejaría que nadie, nunca más, volviera a mirarlo.

      Pero no podía quitárselos, no a ellos. Susan estaba que daba saltos alrededor de nosotros, y durante un buen rato se la paso abrazando y besando a su nieto. Y David, ese hombre es mucho más listo de lo que imaginaba. No sé cómo, pero estoy seguro de que sabe lo que pasó entre nosotros.  Abrazó a Ariel con el cariño desmedido de siempre, mimándolo mientras a mí me hacía todo tipo de preguntas— ¿Dónde estuvieron? ¿Por qué tardaron tanto? ¿Por qué en la mañana vine a la ciudad y Ariel no me acompañó? ¿Por qué no llamamos para decir que estábamos bien? — Tantos “¿por qué?” a los que apenas y si respondí. Me acusó de habérselos robado por tres días, cuando solo fueron dos. En todo caso deberían acostumbrarse, ellos ya no eran los únicos con derecho sobre Ari.

      Y justo cuando pensaban en esto, David se lo llevó a su recamara para hablar a solas con él. A puerta cerrada y todo. Y por si eso no fuera suficiente, encendió el televisor a volumen alto para que no pudiera oírlos. Ni que yo fuera capaz de escuchar conversaciones ajenas.  

      TERCERA PERSONA

      — ¿No puedes dormir? —preguntó Ariel, saliendo de entre los edredones.

      Se incorporó hasta sentarse a su lado. En su voz se le notaba más animado, como si el dolor hubiera desaparecido. Antes de volver a la casa de los abuelos, Damian lo llevó al departamento de Samko. El médico de su hermano reviso a Ariel y le recetó algunos analgésicos para el dolor. Fue extraño que no hiciera preguntas aun cuando las lesiones en el cuerpo de Ari, eran tan visibles. Samko dijo que ya estaba acostumbrado y que el doctor no juzgaba a nadie por la manera en la que vivían sus relaciones. Damian reparó entonces, en si Gianmarco lo lastimaba como para que posteriormente tuviera que ser revisado por un médico. A lo que el doctor solo dijo que los revisaba a ambos y que iban muy empatados. A Damian aun le daba vueltas en la cabeza  esa respuesta.

      — ¿Damian? —insistió Ariel.

      Al no obtener respuesta, se inclinó para encender la luz de la lamparita en el buró. En cuantos sus ojos se encontraron, ambos se sostuvieron la mirada largo rato. La ansiedad en Ariel iba acumulándose, como si de un momento se fuera a echar a llorar. En cambio Damian, le miraba absorto, distraído en los lunares de su rostro.

      — ¿Estás molesto conmigo? —preguntó desanimado.

      — ¿Por qué ya no puedo quedarme a dormir? —Pregunté — ¿David está disgustado conmigo o por qué me regañó tanto?

      El abuelo había dicho que Damian no podía quedarse a dormir. Estaba prohibido. Además, solo iba a consentir que visitara a su nieto durante el día. Por primera vez Susan no lo defendió, ni intervino por él y Ariel tampoco rebatió nada. Según explico David, era un castigo por la forma en la que el moreno se había comportado con su nieto.

      —Se supone que no te quedabas a dormir.

      —Ya, pero… ahora definitivamente no puedo hacerlo.

      —Damian, estás en mi habitación.

      De repente todo pareció una tontería. En efecto, David había dicho que Damian no podía quedarse, pero eso no lo detuvo al principio y Ariel estaba dándole a entender que tampoco debería ser un obstáculo ahora.

      —Lo siento cachorro, solo no quiero que nos separen.

      —Estoy aquí  —dijo Ariel, recostándose contra su pecho— ¿Cuál es el descontento? No voy a ir a ningún lado, no sin ti. Tienes mi palabra.

      —Quiero que te mudes conmigo.

      — ¿Y dejar a los abuelos?

      —Tu lugar ahora es a mi lado, Ariel —reafirmó Damian, sin estar realmente seguro de lo que estaba pidiéndole. — ¿No quieres que vivamos juntos?

      — ¿Quieres que deje a mis abuelos?

      Damian tuvo que analizar sus palabras, ¿era eso lo que realmente quería? ¿Qué Ariel se alejara de David y Susan?

      —No, por supuesto que no es lo que quiero —dejó un beso en la frente del chico, mientras lo envolvía con ambas manos —, creo que solo me puse celoso de David.

      —Bueno, mi abuelo también esta celoso de ti —confesó Ariel riendo— y lo peor de todo, es que a ninguno de los dos les he dado motivos para sentirse de esa manera. Los amo a ambos aunque de maneras muy distintas. En mi corazón hay lugar para ambos.

      —El saberlo no me tranquiliza —rebatió Damian—quiero que me ames de tal forma que no haya más espacio en ti, para nadie más.

     

.

      SAMKO

Estuve observándolo todo el rato. James solía ser muy predecible, pero ahora mostraba una serenidad que era nueva para mí. Estaba, como suele decir Lusso “en control”, algo de lo que se supone, carezco.

      —Entonces, ¿hay algo que quieras contarme? —indagué.

      Él se llevó la taza de té a los labios y le dio un gran sorbo. Tenía la pierna izquierda cruzada sobre la derecha y estaba perfectamente vestido. Un atuendo demasiado formal para alguien de su edad, parecía abogado. Centró su  mirada en mis ojos y apartó la tasa hasta abandonarla en el platito que sostenía. Desde que lo conozco ha tenido esos esporádicos ataques de refinamiento, pero últimamente es más frecuente.

      James tiene un porte irreprochable que va puliendo día con día como si no tuviera otra cosa mejor que hacer.

  • ¿Hay algo que quieras saber? —me respondió con otra pregunta.

      Su tono de voz medido y suave me regaló la impresión de que se esperaba esto. Nada de sorpresas, él sabía que en algún momento le raptaría para cuestionarle su ausencia. Nos sostuvimos la mirada el tiempo justo como para que me resultara incomodo. Sin embargo, no renuncié. Era claro que James ocultaba algo y yo descubriría que.

      —Ayer vi a Alan, tu amigo ese con el que vas a tomar fotos —inicié—fue casualidad topármelo por los pasillos de la universidad. Me comentó que últimamente no tienes tiempo de nada, ni siquiera de reunirte con ellos. Que ya no vas al taller de revelado tanto como acostumbrabas. Y has rechazado sus invitaciones a fiestas los fines de semana.

      — ¿Por qué fue casualidad? —reparó y casi sonrió. Casi, porque no lo hizo — ¿Acaso no todos asistimos a la misma universidad?

      —Ya, el punto es que te desapareces. No has ido al casino y tampoco visitas a Deviant… ¿Qué has estado haciendo que te tiene tan ocupado?

      —Cosas —respondió como si nada.

      Su atención se centró en la taza de té, pero no hizo el gesto de beberlo, solo lo miró.

      — ¿Qué cosas?

      —Trabajo en mi tesis.

      — ¿Enserio? —Mi hermano asintió sin mirarme— ¿Estas en la parte experimental de tu investigación o que fase de tu tesis incluye un romance? —Tener tacto para decir las cosas no es lo mío. —Olsen dijo que estás saliendo con alguien. Y que ella es todo un misterio para todos… ¿es verdad?

      — ¿También a Olsen te lo topaste por casualidad? —el sarcasmo en su respuesta encendió la chispa de mi mal carácter— ¿Sabe Gianmarco de él? No creo que le agrade saber que aun tienes tratos con uno de tus tantos amoríos.

      — ¿Estás amenazándome James Katzel? —Estaba atónito. ¿Cómo se atreve? El de los chantajes aquí soy yo.

      —Me lo debes, por meterte con mi mejor amigo.

      —Eso fue hace tiempo.

      —Aun le gustas, tú lo sabes y sigues haciéndole la rosca… ¿Qué diría Gianmarco de todo esto? Sería muy malo que de la nada alguien le contara lo que hace su noviecito cuando él no está para vigilarlo.

      Me fui para atrás para recargar la espalda contra el respaldo de la silla. James me sonrió hasta que los hoyuelos de sus mejillas se hicieron profundos.

      —Creo que tenemos un trato, ¿no? —dejo el platito con la tasa en la mesita de centro y se puso de pie, ofreciéndome su mano.

      — ¿No es muy pronto para que te declares vencedor? —Atajé.

      —Tal vez, pero por fortuna tienes mucha cola que te pisen. Si te metes en mis asuntos, entonces me meteré en los tuyos hermanito. Y te aseguro que el único perjudicado aquí vas a ser tú.

      Me negué a estrechar su mano, así que retiró su ofrecimiento. Había algo más, nosotros en si no teníamos problemas. Sin embargo; James sentía la necesidad de ocultar su “asunto” de nosotros y sus mejores amigos. Que lo hiciera solo podía significar que estaba protegiendo a esa persona.

      — ¿Quién es James? —Insistí —sabes que de todos modos voy a averiguarlo.

      Rodeó la mesa hasta colocarse frente a mí. Cerca, demasiado cerca.

      —Suerte con eso.

      JAMES

      Casi estuve tentado a no venir. Samko no iba a dejarlo pasar y yo no debería tentar a mi suerte. Pero aquí estaba, casi a medianoche con un par de bolsas de comida para el desayuno que compré de camino a aquí. Tomé la llave que guardaba en la guantera del auto y bajé rápido. Crucé el estacionamiento sin detenerme hasta que tuve un pie en las escaleras. Las subí casi de dos en dos. Al llegar al cuarto piso, salí al pasillo y de ahí hasta el fondo. Sobre la puerta con el número doce, la lámpara esperaba encendida. Es un llamado silencioso al que últimamente no he podido resistirme. Tampoco lo he intentado, no quiero hacerlo.

      La luz encendida significa que tengo paso libre. La apago al entrar, y ese es un aviso para cualquier otro visitante, de que no hay nadie en casa. No es una burla. Nunca estamos en casa, aunque estemos dentro.

      Ahora siento los nervios propios de quien se siente observado. Instintivamente me detengo y miró rápido detrás de mí para asegurarme que de que Samko no va a aparecer de la nada. Espero unos segundos. Solo entonces abro la puerta y la cierro tras de mí.

      Apago la luz, dejó mi llave en el cenicero que está en la mesita del recibidor. Ya no se usa, a decir verdad nunca se usó. Fue comprado para mí y es ahí donde coloco mi llave cada vez que vengo. También es de ahí de donde la tomo cuando me voy.

      Dejo las bolsas sobre la mesa de la cocina mientras pretendo esquivar a ese cachorro del demonio. No veo la hora en que Ari venga por esa “cosa”. Nieve no es una mascota, es una pequeña maquina de destrucción. Para que dejara de perseguirme tuve que echarle una servilleta encima. Solo entonces puedo ir a la habitación. Entro sin encender la luz, me deshago de la ropa que traigo encima y la sustituyo por la que me fue dejada sobre el sillón pequeño.

      El lado derecho de la cama es mío, recojo los edredones y me meto entre los cobertores. Cuando me fui en la mañana solo pensaba en volver. Me acercó al extremo izquierdo de la cama hasta que siento la firmeza de su cuerpo. Le rodeó por la cintura mientras aspiro el olor de su loción.

      —Me alegro de que estés aquí —dice con voz adormilada, pero entusiasta. No puedo verlo en medio de toda esta oscuridad, pero sé que sonríe. Lo hace siempre. Taylor se gira lentamente hasta quedar de frente a mí. Recuesta su rostro contra mi pecho y mi mente se silencia.

      Es por él, es lo que causa en mí. Ya nada más importa, uno sabe cuando llega a donde pertenece.

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