CAPÍTULO 1 – UN REY SIN CORONA

   Erase una vez, la historia de un rey que estaba triste.

      Ojalá fuera simplemente una historia, un mal sueño del que en algún mome

nto despertaré, pero tú y yo sabemos que no es así. Y ahora que la realidad nos golpea tan fuerte, hay algunas que desearía confesarte.

      En realidad, no soy El Rey de Pétalos de Rosa, lo era para nuestros juegos en el jardín y te aseguro que realmente me sentía de la realeza cuando estaba contigo, pero ya no soy más ese, desde que  tú no estás. Tampoco tengo un  descomunal castillo blanco rodeado de inmensos patios repletos de rosas de colores. De hecho, creo que exageré un poco al decir que todas ellas juntas asemejaban a un mar de arcoíris y es que, el viento del norte ya no las mese. Tampoco vivo en un país mágico, aunque ahora todo me parece fantasía.

      Sabes, nunca tuve súbditos, mucho menos un consejero real, ni cuantiosas riquezas. Y aunque reconozco que mentí para nuestros juegos, es verdad que te amo. También debo confesarte que he abandonado las peligrosas aventuras de los fines de semana, y ya no comando nuestro ejército de valientes soldados. El vecino está encantado con que finalmente hayamos abandonado la lucha, sobre todo hora que su barda luce más limpia desde que las marcas de nuestros balonazos han desaparecido y el césped de su entrada esta reverdeciendo. Se le ve contento, sin embargo, hace unos días me ha preguntado por ti, creo que también te extraña, así como yo.

      ¿Y cómo no hemos de extrañarte? Querido mío. Estoy tan triste, y tras cada segundo que pasas lejos de mí; te añoro y ansió más… ¿te sucede lo mismo?

      Han saqueado mi tesoro, me he quedado arruinado desde que te robaron de mi lado: mi cosa más bella, mi riqueza. La dicha y la felicidad se han ido contigo.

      Mi pequeño rey… ¿duermes bien? ¿Te consienten como lo hacía yo? ¿Quién te canta en las noches? ¿Quién te arrulla? Tengo tantas dudas, preguntas que exigen respuesta. Mis temores me roban constantemente la paz.

      ¿Pude haber hecho más? ¿Debí haber hecho más? Lo hacía cada día sin falta y aun así, ¿te dije que te amaba la suficiente cantidad de veces? ¿Existe una cantidad específica? ¿Me creías tras cada vez? ¿Te decepcioné? ¿Estás molesto? Se me va el sueño de pensar si quien te llevó de mí, finalmente comprendió que no te gusta dormir con las luces apagadas, que la oscuridad te incomoda—no, por supuesto que no es miedo, tú eres valiente —. Quisiera saber si te cuentan las historias que te gustan, si te dejan un vaso con agua alado de tu cama y la puerta entreabierta por si las pesadillas atacan durante la noche. Cosas simples, cosas sin importancia pero que pintaban sonrisas de caramelo en tu rostro… ¿y de que no soy capaz con tal de verte sonreír?

      La gente ha comenzado a hablar, dicen que jamás debí poner mis ojos en ti, ¿qué saben ellos del amor? ¿De nosotros? Me señalan y duele pero finjo que no. Soportó, aguardo, siempre a la espera de verte entrar por la puerta. Te buscó en nuestra casa, en tu olor que ha quedado en tu ropa en el armario. Y  aunque sé que no es real; cuando la nostalgia me apuntala el corazón te escucho hablar en la sala y oigo tus pasos por los pasillos. Te veo correr en el jardín con el perro tras de ti. Tu risa, tu voz, incluso tu llanto todo lo tuyo está guardado en mi memoria.

      El porqué estoy haciendo esto es algo que me pregunto desde que me levanto hasta que vuelvo a la cama, aun entre sueños me cuestiono si mi razón es lo suficientemente valida como para poner al descubierto la intimidad de nuestra vida juntos. Si el extrañarte demasiado o mí claro vacío existencial ha comenzado a nublarme la razón y para evitar llorar, he decidido derramar letras en estás paginas; como pequeñas migajas de pan que te permitan encontrar el camino de vuelta a casa.

      Sabes, este no es un punto final, jamás pondré un punto final para nosotros. Porqué es a ti, que me has dado tanto en tan poco tiempo que ahora ofrezco lo único perdurable en mí ser: las letras de mi corazón.

      Tan solo una prueba más de que mi amor por ti no tiene fronteras, ni conoce de distancias. No se rige por leyes, mucho menos entiende de razones o normas. Mi amor por ti es limpio y borbollea como un ojo de agua fresca y cristalina. Así que vuelve cuando quieras, cuando puedas. Cuando seas mayor o cuando me necesites. Vuelve cuando me recuerdes, cuando no me olvides. Vuelve que no necesitas un documento que diga que eres mío para que te ame. Vuelve, que mientras duré tu abrumadora ausencia seguiré escribiéndote tiernas canciones de cuna.

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Autoras. Con muchas historias por contar.

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