CAPÍTULO 10 Te Protegeré

CAPÍTULO 10

Te Protegeré

ALAIN

Más que el cuerpo, era el alma lo que me dolía, pero Blaster pudo unir mis partes cuando me abrazó. Estaba tan poco acostumbrado a recibir afecto de alguien más que no fuera Yotam, que francamente me sentí incómodo al principio.

Claro que yo intentaba por sobre todo, el no pensar en estas cosas. Ni en el poco avance que había tenido en todos estos años, pero al sentirlo abrazarme, volví a experimentar ese árido sentimiento de repudio y temor. Aunque fue solo al principio, después me sentí mucho mejor, porque al hablar con Blaster fue como quitarme un terrible peso de los hombros, nada había cambiado… sin embargo; me sentía ligero y de alguna manera renovado.

Él no dijo nada al respecto, me escuchó todo el rato en silencio. Lloró conmigo y me reconfortó sin decir una sola palabra. Después, cuando finalmente pude sosegarme, le mostré las cartas de citación y le hablé de mis planes, nuevamente me escuchó hasta el final, en completo silencio.

—Iré para enfrentarlos y dejarles en claro que no vamos a presentarnos en ningún juicio —finalicé.

—Si así  has decidido hacerlo, está bien. La verdad es que nadie puede obligarlos a asistir. Ahora que la otra opción es mandar a un abogado, no debes preocuparte por eso, pondré a tu dispersión el de la empresa.

Quise decirle que no era necesario, que podía arreglármelas solo. Pero Blaster se empeñó, dijo que antes de negarme pensara un poco en Yotam. Así que le di las gracias y acepté su regaño con humildad. Me dijo además;  que ni Yotam ni yo estábamos solos, que Isobel y él, nos amaban como a verdaderos hijos.

Y sin embargo y pese a la dulzura de sus palabras iniciales, volvió a ser enérgico conmigo después.

—En lo que si voy a meterme, porque puedo y me da la gana de hacerlo, es en tu discusión con Yotam —al decirlo, volvió a ser el hombre imponente y serio con el que trabajaba. —Isobel y yo tenemos treinta y nueve años de casados… ¿sabes cómo se logra eso?

Llevaba quince años viviendo con Yotam, tan solo once como mi pareja y ya se me ocurrían varias respuestas a esa pregunta, sin embargo; preferí escuchar.

—Por muy terrible que discutamos—continuó Blaster—al llegar la noche, jamás llevamos nuestros problemas a la cama. Así que sin importar lo que él dijo o lo que dijiste tú, ve a buscar la paz. No hagas este problema más grande a sabiendas que la mitad de tu corazón está sufriendo solo en esa habitación. Nadie mejor que tú sabe lo dependiente que es Yotam de ti, habérselo echado en cara ha sido un terrible y cruel error.

—Lo sé.

—Ahora más que nunca, necesitan estar juntos.

Dicho esto, señaló la escalera. Estaba dando por terminada nuestra conversación y me estaba ordenando ir a donde Yotam. Así lo hice y él vino tras de mí. Al llegar hasta la habitación le pidió a Isobel que saliera. Ella le obedeció de inmediato, aunque pasó de mí sin más, no sin antes atreverse a cerrar la puerta de la habitación impidiéndome el paso. Era su manera de decirme que no me perdonaba por lo que había hecho. Sin embargo;  Blaster me pidió que no lo tomara en cuenta.

Asentí sin más, porque sabía que tenía frente a mí un tremendo lío o. Me sentía mal, culpable por lo que había dicho. Estaba arrepentido porque en medio de mi coraje, dije todo eso porque sabía que lograría herirlo. Mi intención desde el principio había sido lastimarlo, algo así, no podía tomármelo tan a la ligera.

Di unos golpes débiles sobre la puerta, pero  Yotam no respondió.

A decir verdad, me había dolido mucho su rechazo. El que me diera la espalda y se rehusara a mi caricia, no estaba listo para esto, pero reconocía que Blaster tenía razón, no podía permitir que nada nos separara, sobre todo ahora que lo necesitaba tanto y él a mí.

— ¡Por favor, Yotam! Abre la puerta —claro que yo podía abrirla y entrar. Pero estaba en mí ese sentimiento de no querer obligarlo a nada, a menos que se tratara de su seguridad. No, ni siquiera a soportar mí presencia si él no lo deseaba. —Yotam, deja que por lo menos me despida de ti.

Nuevamente, solo obtuve el silencio. No me gustaba hablarle mirando la puerta, así que decidí jugarme mi última carta.

—Será como desees, ¿no quieres verme hablar? Está bien. Solo quiero que sepas que te amo… así que por favor, cuídate y permanece con Isobel mientras no estoy.

Dicho esto me di la vuelta y caminé hacia las escaleras, no pensaba irme realmente, solo quería obligarlo a salir. Mi corazón se aceleró cuando escuché la puerta abrirse y él salió corriendo mientras decía mi nombre. Yotam se aventó a mis brazos llorando y yo le recibí de la misma manera. Escondí mi rostro en su cuello y lloré como realmente deseaba hacerlo. Dije una y otra vez “perdóname” “perdóname”. Solo a él le dejaba verme en ese estado, porque solo él sabía cuánto dolía cada una de esas lágrimas que derramaba.

Yotam era mi todo y por él yo era capaz de cualquier cosa.

Bookmark the permalink.

About Átame novelas

Autoras. Con muchas historias por contar.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.