Capítulo 1 CARTA DE YEVHEN KRESSMAN

  1. CARTA DE YEVHEN KRESSMAN

 

Kiev, 2 de Diciembre del 2018

Jean:

 

      ¿Qué es lo que sucede?

      He intentado comunicarme contigo por teléfono, incluso fui a tu casa ayer por la tarde, pero… tu mamá me ha echado y no comprendo el motivo. ¿Hice algo mal? ¿Dije algo que no debía? Les habías contado a nuestros amigos que éramos novios, y también me aseguraste que nuestra relación era oficial, no pensé que te molestaría que se lo dijera a mi papá.

      Ya sabes que él está muy ocupado y casi nunca viene a vernos. No sabía que estaría en casa a esa hora y tampoco comprendo porqué reaccionó de esa manera cuando te vio. Es decir; la última vez que  hablamos por teléfono, le conté que llevaba varios meses saliendo con alguien y me dijo que cuando viniera a casa me asegurara de presentárselo. Pero se enojó mucho y después de que te fuiste me prohibió que volviera a verte.

      Por favor, necesitamos hablar.

Yevhen.

 

P.D Te amo y espero que todo se solucione pronto.

 

 

  1. CARTA DE JEAN KRESSMAN

 

Kiev, 3 de Diciembre del 2018

Yevhen.

 

      ¿Recuerdas cómo comenzó todo…? Yo sí, creo que jamás podré olvidarlo. Fue para noviembre del año pasado y aún recuerdo esa primera carta que dejé en tu buzón. ¿Recuerdas que no tenía dirección, ni ningún otro dato más que tu nombre? “Para Yevhen”, eso decía. Pero nuestra historia no comenzó ahí, venía de varios meses atrás y de cosas malas que no me atrevo a decirte.

      Mi padre también me ha prohibido verte. Me quitó el teléfono y la laptop… dijo que lo que hice fue muy malo y que no quiere que me vuelva a acercar a ti. Me recordó, además, que en unos meses seré mayor edad, pero tú aun no y de ser necesario se valdrá de eso para que no volvamos a vernos. Sabes Yevhen, es posible que papá tenga razón… será mejor que ya no me escribas. Tampoco llames y por favor, no vengas a casa.

      Sé que todo esto es confuso para ti, pero te aseguro que el que no estés enterado, es tan solo por tu bien. Sigue siendo un buen chico y aléjate de los problemas.

 

Jean.

      P.D No te preocupes por mí.

 

 

III. CARTAS DE YEVHEN KRESSMAN

 

Kiev, 5 de Diciembre del 2018

 

Jean:

      ¿Por qué me hablas de esa manera tan indiferente? Y, ¿a qué cosas malas te refieres?

      No había podido salir de casa para traer la carta hasta tu buzón, porque mis papás no dejan de pelear. Mi mamá está muy afligida y casi no me dirige la palabra, ¿no sé qué fue lo que hice?

      Mi padre por su parte, ha dicho que me mandará a vivir a Suiza, con uno de sus hermanos. Pero no quiero irme, quiero estar contigo Jean. ¿Por qué no quieres que te llame o que vaya a verte? Me haces mucha falta. Por favor, ven a casa… dejaré la puerta trasera abierta y mi habitación sin cerrar. Necesitamos hablar, no me gusta sentir que estas distante de mí. Te quiero mucho y sin embargo, tú ya no dices que me quieres.

 

 

 

 

Kiev, 7 de Diciembre del 2018

 

      Jean:

      Estuve esperando todo el día, pero no viniste. Le robé la llave a mi madre, cuando estaba distraída y anoche fui a tu casa otra vez. Estabas con unos amigos, pero tu mamá me corrió de nuevo, me dijo muchas cosas feas y que tú no quieres saber nada más de mí. Dijo que les he causado demasiados problemas y que ojala jamás me hubiera aparecido en tu vida.

      Estaba muy triste por todo lo que nos está pasando. Pero al llegar a mi casa fue peor, mamá se dio cuenta que salí y llamó a mi padre. Cuando volví, él estaba esperándome y se puso furioso. Le dije que eras mi novio y que me quieres mucho y yo a ti. Que nos amábamos  y que él no iba a poder impedirlo. Ni él, ni tu papá. Entonces me golpeo por eso… ¡estoy bien!  Ya casi no me duele tanto, pero cuando se dio cuenta de que te defendía de cada uno de sus insultos, me dijo que tú no eras lo que yo creía y que solo te estabas burlando de mí. Que si no le creía, que te preguntara porque te acercaste a mí y que de seguro no ibas a ser capaz, siquiera, de mirarme.

      ¿Por dice esas cosas? Jean, ven a casa y hablemos con él. Después puedo ir a hablar con tu papá, sé que si me dejas explicarle, él lo va a entender. Se va a dar cuenta de que no soy una mala persona y que por esa razón, no debe preocuparse de que este contigo. Nosotros no estamos haciendo nada malo, ¿por qué entonces se oponen tanto?

      Ven, yo no puedo salir. Por favor Jean, te extraño mucho.

Yavhen.

P.D Le he pedido a Lila que lleve mi carta hasta tu buzón,

¡Por favor, responde!

 

 

 

Kiev, 10 de Diciembre del 2018

 

Jean:

      Dime que no es verdad, que todo eso que le gritaste a mi padre, no es verdad. Me quieres, yo sé que es así… ¡estoy seguro! ¿Por qué entonces dices que no?

      Siento que por alguna razón, quieres lastimar a mi padre, pero ¿por qué dices todas esas cosas? Que no te das cuenta que también me haces daño a mí, y a mí mamá. Deja ya decir que no voy a entenderlo, cuando ni siquiera te has tomado el tiempo de explicármelo. Nadie me explica nada, solo se gritan para justo después ignorarme.

      Habla conmigo Jean, responde por favor.  

Yevhen.

 

  1. CARTAS DE JEAN KRESSMAN

 

Kiev, 11 de Diciembre del 2018

Yevhen.

 

      Parecía una buena idea. Después de verte aquel día… y sobre todo, después de que supe quien eras en realidad, comencé a escribirte. Jamás he confiado en los WhatsApp o las redes sociales, no. Quería hacerlo de una manera distinta, a como se hacía antes de que todas estas cosas iniciaran… o puede que lo que realidad quería, era una prueba palpable de lo que estaba por suceder. Al ver las cartas serian para mí como un trofeo. A decir verdad, no sé en qué estaba pensando ese día, ni que fue lo que me dio el valor de acercarme a ti y obligarte a que me dejaras entrar en tu vida.  Así que, simplemente me senté y escribí esa primera carta. No creí que fueras a responder, te pedí que si decidías hacerlo, dejaras tu contestación pegada con cinta debajo de tu buzón.

      Buscaba tu confianza, ser amigos… jamás pretendí conquistarte y mucho menos enamorarme de ti. Pero después de tu primera respuesta, ya no pude detenerme y durante mes y medio nos escribimos todos los días sin falta.

      Cuarenta y seis cartas tuvieron que pasar, antes de que finalmente pudiéramos vernos de frente. Y continuamos escribiéndonos… ya no con la misma frecuencia pero aún conservo tu última carta junto con las doscientas setenta  y siete restantes. Creo que debí notar desde el principio, el empeño que cada día ponía para escribirte y después, ir hasta tu casa para dejar mis cartas y recoger las tuyas. Debí notar que, cada vez me emocionaba más, el simple hecho de saber que me leerías y al tener tu carta en mis manos, las ansias me ganaban al solo de imaginarte escribiendo para mí.

      En algún párrafo entra la carta número sesenta y la setenta y tres, mis planes iniciales ya no existían. Quizá porque en el fondo, jamás desee hacerte daño… pero de la setenta y cuatro en adelante, te juro que fue verdad y de ahí, hasta el momento, también lo es. Mis sentimientos por ti, son reales. Te quiero, como nunca he querido a nadie más y lamento mucho todo el daño que esto está causándote.

      Despreocúpate, también a mí me amenazo con mandarme a Suiza, pero lejos de hacerte un mal, en realidad… veras que es mejor. Sin embargo; no volverá a sacarte el tema, es algo que me tomé la molestia de arreglar por ti. Tampoco volverá a golpearte.

      A cambio de estos favores, he de pedirte algo especial. Por favor, ya no sigas averiguando más. Si no quieres ir a Suiza, no tienes que… pero no me llames. Esta será la última carta que voy a escribirte y no tienes que tomarte la molestia de responder a algo que no voy a leer. Por primera vez en mi vida, quiero pensar en algo más que no sea mis propios intereses. Quiero pensar en ti, antes que en mí.

      Tu seguridad y bienestar es lo más importante. Por favor Yevhen, no me guardes rencor, aun si llegas  a saber más, no olvides que yo fui el imbécil que escupió muy alto y que ahora mismo, me ha caído en la cara mi vergüenza. Pero con cada gramo de mi estupidez, con cada pequeño milímetro… te he querido y te seguiré queriendo. Perdóname, por haber tomado de ti, más de lo que siempre merecí. 

      Debo confesarte que me sentí dichoso a tu lado. Aun ahora me siento muy orgulloso de quien eres, y del empeño que pones en cada una de las cosas que haces.

      Antes de ti, ya había salido con otras personas, pero lo nuestro lo llevaré siempre en mi mente y en mi corazón. Después de un año, no puedo negarte que me enamoré, estar contigo es tan fácil… tan sencillo. Amarte, tener tu cuerpo, hacerte el amor una y otra vez… realmente me sentí dichoso a tu lado. Hicimos tantos planes, también los hice yo, aunque en el fondo sabía que nuestro futuro era incierto, que tarde o temprano habríamos de terminar.

      Lamento que haya sido de esta manera. Pero tu bienestar lo vale para mí. Acepté dejarte con tal de que tú fueras feliz. Cuídate mucho y por favor, por favor… no me odies.

 

Jean.

      P.D No te preocupes por mí.

 

 

 

 

Debí suponer que después de esa carta tan alarmante, Yevhen no se quedaría de brazos cruzados. Con la prueba en las manos enfrentó a su padre y toda la verdad salió a la luz. Mi culpabilidad, todo lo que hice y dije con tal de acercarme a él. Mis verdaderas intenciones… que más daba si después todo cambio. En ese momento, terminé de destruir mi hogar, destruí a Yovhen y también a su familia. Le quite lo único que tenía…  y lo perdí por ello.

 

  1. DEL DIARIO DE JEAN KRESSMAN

 

Kiev, 18 de Diciembre. Supongo que en realidad, jamás creí llegar tan lejos. Es decir; estaba tan enojado, furioso… me sentía herido porque papá nos había mentido todos estos años. Los viajes de fin de semana, las salidas repentinas cada cierto tiempo porque algo había surgido en el trabajo, algo de último momento que requería de su atención.  Los días que no llegaba a comer o a cenar, incluso a dormir, aunque fuera muy esporádicos, sucedían… ¿cómo es que no pudimos darnos cuenta?

Quizá porque era tan amoroso con mamá y porque en casa no hacía falta nada. Es posible que no lo noté, porque nunca falto a ninguno de mis partidos de futbol, así llegara en los últimos minutos. Porque se esmeraba por darme buenos regalos y practicábamos mis tiros casi todas las tardes después de su trabajo. Porque pasábamos tiempo juntos como padre e hijo y porque siempre dijo sentirse orgullo de mí.

Jamás dudé de él, tampoco me dio motivos para hacerlo. Yo deseaba ser con mis hijos de la misma manera en la que mi padre lo era conmigo. Pero ya no…

 

Me siento mal por lo que cause, y sobre todo por lo que perdí. Por a quien perdí, porque puse en sus manos las balas con las que podía lastimarme y sin embargo, no lo hizo. No me hirió, aunque en su mirada podía ver que realmente deseaba hacerlo, y si de detuvo, fue tan solo porque aún me quería.

Traté de engañarlo para hacerlo sufrir y caí en mi propia mentira. Porque descubrí en él, una persona maravillosa y noble. Amable y tan sentimental. Una persona que me dio tanto en este último año, que se entregó sin reservas a mí… permitiéndome ver la intensidad de sus sentimientos y que sin embargo, al descubrir la verdad, herido se apartó con la firme determinación de no volverme a ver. Sé que nada me justifica, sin embargo; ya está hecho. De que me sirve decir ahora, cuanto lo lamento.

Supongo que pensé demasiado en mí y no lo noté. No pude darme cuenta del terrible daño que estaba por ocasionarle. No pensé que él lo tenía apenas unas horas por vez, que en su casa, mi padre era menos que una simple visita de entrada por salida. No pensé que por ir a mis partidos, no fue nunca a sus competencias de natación. Que por entrenar conmigo cada tarde, él estuvo solo, sin un padre que lo apoyara, que lo animara después de perder. No tuvo vacaciones en familia, como las he tenido yo. No hubo navidades “juntos” como las disfruté toda mi vida. Merecido me lo tengo ahora él estar solo en estas fechas, pero él no.

Porque Yevhen tenía tan poco y sin embargo, era feliz. Lo era hasta antes de mí, hasta antes de volverse el blanco de mi venganza. Quise herir a papá, que llorara inconsolablemente tal y como no había dejado de hacerlo mamá, desde que decidió irse de casa. Aunque de eso haya pasado ya, más de un año. Quería echar su treta abajo y grítale a la cara que era un mentiroso. Pero… me enamoré de mi enemigo y los últimos meses intente protegerlo de todo lo que yo mismo había causado, pero no pude. Y descubrí con dolor que todos somos un poco mentirosos y que entre mi padre y yo no había tanta diferencia. Ninguno de los dos era mejor… al menos, no después de haber herido ambos, a las personas que nos amaban y que confiaban en nosotros.

En mi caso es aún peor, pues mis acciones fueron siempre acompañadas de alevosía y ventaja. Fue tan fácil acercarme a él, ganarme su confianza. Dicen que en la familia, la sangre llama: tal vez esa fue la razón de que obtuviera su corazón mucho antes de lo esperado. Yevhen parecía tener tanta prisa por hacer que todo funcionara entre nosotros, se esmeraba tanto por darme, incluso lo que no tenía y lo que yo jamás necesité. Tanto que no me dio tiempo de advertir  que lo único que él realmente necesitaba y que me lo gritaba silenciosamente con todas sus atenciones, era sentirse protegido. Que alguien, quien sea… lo amara. Y que por primera vez en su vida, fuera él la prioridad en esa persona, su todo. Lo logró, lo es para mí pero, ¿cómo puedo convencerlo ahora de que realmente es así?

La última carta que recibí de él decía:

 

      “Hermanos…La prueba dice que tú y yo somos hermanos consanguíneos.

      Y mi padre… o mejor dicho tu padre, me ha dicho que estabas enterado y por venganza a él te acercaste a mí. ¿Eso es verdad? ¿Cómo pudiste? Yo no tenía la culpa, ni siquiera lo sabía. Confié en tí, yo te quería Jean. Te quería.”

 

 

 

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