CAPÍTULO 17 Sentado En Tu Alma

CAPÍTULO 17

Sentado En Tu Alma

—Saber ¿qué…? — La miré sintiendo que el pánico inundaba cada fibra de mi cuerpo, ella comenzó a llorar compulsivamente y se aventó a mis brazos. Isobel era una mujer de cuerpo frágil y piel perfumada, tan ajena a mí que, al estrecharme, juro que en ese  momento sentí que la fuerza abandonaba mis rodillas. Me apretó con todas sus fuerza como si con ese abrazo intentara unir de nuevo mi cuerpo y mi alma. —  ¡T-te lo dijo…!—tartamudee y en ese momento extrañé mi elocuencia. Corregí mi voz y fingí haber recuperado el control. — ¿Blaster, te lo dijo?

Isobel era incapaz de hablar y pese a la situación; al miedo y vergüenza que me embargaba, no pude sentirme traicionado por él. La gente del servicio se sorprendió ante la escena. Ella solía mostrarse tan reservada respecto a mí, que no había forma de explicar por qué ahora se negaba a soltarme mientras lloraba. Singto, el mayordomo, le pidió al resto de las personas del servicio que abandonaran la cocina, quizá para brindarnos un poco de privacidad, pero me las arreglé para impedírselo. Si ellos salían, Yotam podría sospechar, vendría a buscarnos y no yo no sabría que explicación darle. Isobel pareció entender mis motivos y trató de disimular, o por lo menos, se contuvo durante algunos minutos.

Me soltó, aunque continuó observándome con la mirada inundada. De alguna manera estaba acostumbrado a que me miraran de esa manera, Yotam lo hacía con frecuencia, pero este gesto en ella, me hacía sentir débil. Representaba un problema terrible, pues la debilidad en mí, era un lujo que no podía darme. Así que, de la misma manera como solía hacerlo con Yotam cuando nos enfrentábamos a esta situación, la tomé de la mano para sosegarla. Nos escabullimos hasta el guarda-vinos de la casa; una pequeña bodega que se había instalado en el sótano. Hubiese querido llevarla a alguno de los jardines, cualquier lugar al aire libre, pues yo mismo sentía que me ahogaba, pero no iba a arriesgarme a que Yotam no vieran y nos siguiera.

— ¡Por favor, comprende la situación! No quiero que se lo digas… —le advertí en cuanto estuvimos en la seguridad del sótano. —No tienes idea de todo por lo que él ha tenido que pasar. Quizá en algún momento decida contártelo, pero mientras eso no suceda, solo podemos cuidar de él.

—Mis niños… —dijo mirándome con ternura y lloró de nuevo.

Quizá en el fondo, ella me quería un poco y aunque solo fuese en una mínima cantidad, Isobel no tuvo la menor idea de lo que sus palabras causaron en mis emociones. Aun al hablar con Blaster pude contenerme, pero ante ella, me sorprendí a mí mismo cuando caí de rodillas escondiendo mi rostro en su regazo. Me dejé llevar por mis sentimientos y el dolor que sentía. Lo necesitaba y no me atrevía a pedirlo. Durante tanto tiempo había deseado sentirme consolado, que ante ella, estaba mostrándome como un animalito herido. Le dejé ver lo asustado y conmovido que me sentía. Isobel me apretó contra su cuerpo y me consoló como se supone solo pueden hacerlo las madres. Su caricia incluso pudo traer a mi memoria las caricias que tantos años atrás me arrullaban antes de dormir, el olor de su ropa y el cuidado que recibí de mi madre cuando niño. Toques tan suaves y curativos que pese a mi edad, volví a sentirme un pequeñito. Y lloré más, porque todas mis carencias y necesidades parecían  venirse sobre mí como una avalancha: estaba cansado, no quería fingir y decir que me sentía fuerte, porque realmente estaba a punto de venirme abajo.

—Has sufrido tanto —dijo.

“Solo tengo miedo…”pensé.

—Y sin embargo, has sabido sacarlo adelante.

Él es todo cuanto me importa…”

—Lo siento tanto.

“Puedo olvidarlo todo, lo juro… nada de lo que ha pasado antes importa ya. Isobel, hay alguien, una persona que quiere apartarlo de nosotros, no podemos… no debemos permitirlo.”

—Mi dolor no es importante ahora —me obligué a hacer audibles mis pensamientos y me alejé de ella sin desear realmente apartarme de entre sus brazos. Extrañé la protección que me ofrecían en cuanto los abandoné, pero había cosas importantes sobre las cuales hablar. — ¿Qué tanto te dijo Blaster?

—Todo cuanto Yotam  y tú le han contado…

— ¿Yotam habló con él? —pregunté sorprendido, pero ella simplemente se encogió de hombros. — ¿Sabes de las citaciones?

—Lo sé…

—Entonces debes ayudarme.

YOTAM

Blaster me encontró merodeando por la casa y me interceptó en el pasillo principal, justo cuando me dirigía hacia la cocina. Ordenó al servicio que nos trajeran té y me invitó a que nos acomodáramos en la sala. Lo seguí en silencio, y aun después de que me senté, continúe mirándolo. Él tenía esa actitud sospechosa que a veces adoptaba cuando intentaba ser un padre para mí y hablar de algo en específico. Instintivamente me reí, Blaster parecía sufrir cada vez que nos quedábamos a solas, como si tuviera que matarse mentalmente para hacerme plática, algo curioso pues, no parecía sentirse de esa manera cuando estaba con Alain.  Ellos conversaban de casi todo, de manera muy amena.

Anoche pude no haberme percatado de su incomodidad porque estaba muy triste y extrañaba a Alain, pero ahora que él estaba de vuelta, me resultaba gracioso que Blaster estuviera tan incómodo conmigo. Creía que yo era el único que se sentía de esa manera y por eso me reí.

— Lo que es la juventud, ¿no? —Dijo de la nada— Son casi las dos de la mañana y tú aun estas tan despierto y fresco, como si fuera mediodía —acepté el alago porque en el fondo entendía que se estaba esforzando mucho. Y todo con tal de acercarse a mí. —Parece que fue ayer que también tenía tu edad, pero en realidad, ya ha pasado el tiempo. Ustedes han crecido y yo ya voy de salida.

—Por favor, no digas eso… —le interrumpí, pues no me gustaba cuando hablaba de “ese suceso inevitable” y triste. No había posibilidad en Alain o en mí, de ver nuestra vida sin ellos y la sola idea de perderlos, me hacía sentir miedo. — También estas despierto, después de todo.

—No del todo, creo que la mitad de mi alma ya está en su quinto sueño.

— ¿Qué hay de tu otra mitad? —Pregunté curioso— ¿Está buscando a Isobel?

—No, no la busco, pero si estoy esperándola. Ella y Alain están hablando…—dijo y tan pronto como escuché esto, salté al frente, quise preguntar en donde estaban para ir con ellos, pero Blaster me tomó de la mano y me pidió que esperara con él. — ¿Por qué te angustia tanto que ellos pasen tiempo juntos? Me gustaría que su relación mejorara, que los cuatro pudiéramos unirnos más.

Asentí y aunque no muy convencido, volví a ocupar mi lugar, solo entonces Blaster me soltó. Quise aclararle que también deseaba que se llevaran mejor, pero no era tan sencillo.

— Alain ha tenido mucha presión últimamente, así que está un poco irritable e Isobel siempre encuentra la manera de enfadarlo, solo no quiero que discutan —aseguré. Y de alguna manera era verdad. Alain estaba molesto con ella y sé que Isobel no lo toleraba. Lo último que deseaba es que terminaran a gritos y que Alain me arrastre lejos, pidiéndome no volver en quien sabe cuánto tiempo.

Blaster se quedó pensativo un momento y después volvió a relajarse.

— ¿Te gusto la fiesta?

—Sí—respondí—, me gusto.

El cambio tan brusco en el tema de conversación, me hizo pensar en que Blaster estaba ocultándome algo; de la misma manera en la que lo estaba haciendo Alain. Era una sensación incomoda y que me lastimaba.

—Sabes, Isobel y yo hemos pensado en que tal vez deberían quedarse de manera permanente con nosotros. Comprendemos que quieran su intimidad, por lo que ella propuso que se instalaran en la cabañita. —Pese a la seguridad de sus palabras, Blaster no se atrevió a mirarme mientras decía estas cosas, logrando que mi incertidumbre se acrecentara. La cabañita era una habitación con vista a una cascada artificial y jardines de ornatos. La mayor parte de las paredes, así como la mitad del techo estaban hechas de estructura metálica y cristales… Alain la había diseñado hace un par de años atrás para ellos, fue un trabajo que ofreció como parte de sus tesis. La cabañita estaba al límite del terreno de Blaster, pero podía verse desde los jardines traseros de la casa principal.

Desde que Alain la diseñó y supervisó la construcción, solo había estado en ese lugar en dos ocasiones; la primera vez fue cuando la casita estaba terminada y la segunda ocasión fue el día de su graduación. Blaster había organizado una cena y se celebró en ese lugar.

— ¿Isobel quiere eso? —Me costaba creerlo, pero Blaster asintió y él no tenía motivos para mentirme.

— ¿No te gustaría? —De nuevo esa mirada esquiva—. Aquí estarían mejor y cerca de nosotros. Además, Alain podrá pasar más tiempo en la casa y contigo, pues debido a la cercanía del trabajo, no tendrá que conducir tanto… y tu facultad está a menos de diez minutos de aquí, incluso podrías ir caminando. —La oferta en sí, era muy buena, pero aun alguien tan básico como yo, podía notar que escondía algo más. Para empezar, por qué me lo proponía a mí, si Blaster estaba enterado de que las decisiones importantes las tomaba Alain. ¿Y nuestra casa…? Me gustaba vivir ahí, Alain la había comprado para mí y aunque quizá no era tan lujosa como la cabañita. Sí era bonita y cómoda, en ese lugar habíamos pasado tantas cosas: alegrías y tristezas, que francamente, no estaba seguro de querer cambiarla por nada más. — ¿Qué opinas?

—Bueno, gracias por querer ayudarnos, pero no lo sé… no puedo decidirlo. Deberías preguntárselo a Alain.

—Hablaré con él mañana, pero primero quiero saber si a ti te gustaría vivir aquí, pues sé que si se lo pides, él va a aceptar.

—No es así, Alain escucha todo cuanto digo, pero quien toma las decisiones es él.

— ¿Y estas bien con eso?

—Sí.

Blaster asintió, pude notar que mi respuesta le incomodó, pues no volvió a dirigirme la palabra hasta que, afortunadamente Isobel apareció al poco rato y Alain tras de ella. No sé si fui el único en sentirse de esa manera, pero notaba un aire tenso se instauró alrededor de nosotros. Ambos vinieron a hacernos compañía, entonces Blaster se corrió un poco en el sofá para darle espacio a Isobel. Alain por su parte, ocupó el sillón individual.

Hubo un discreto intercambio de miradas entre los tres que terminó de irritarme. No sé qué me pasaba hoy, pero me sentía voluble. Podía intuir que estaban ocultándome algo y no me molestaba tanto de Isobel y Blaster, pero definitivamente me hería de Alain. Y casi como si hubiese podido leer mis pensamientos, me miró y me sonrió. Sus ojos estaban irritados y su nariz roja. Isobel también había llorado, aunque de ella no me extrañaba, pero ¿él…?

— ¿Qué pasa? —Quise saber. Los miré fijamente a los tres de manera alternativa, pero al preguntar me centré en Alain. —Y por favor, no vayas a decirme que nada, porque es obvio que algo está pasando. —Me sorprendía mi voz al escucharla, realmente se escuchaba furiosa. Y aun cuando los demás se mostraron preocupados, Alain mantuvo la calma. No me extrañaba, él me conocía mejor que nadie, incluso que yo mismo, y solo por eso, me enojé más.

—Isobel y yo hablamos sobre lo que sucedió con Pieter, eso es todo —finalizó. Su respuesta y seriedad al hablar no permitían lugar a más cuestionamientos, pero vamos, estaba enojado y eso me daba derecho a ser tan irracional como quisiera. Esta noche en particular, tenía muchas ganas de ser caprichoso. Alain debió ver algo en mí que delató mis intenciones y anticipándose a eso, se acercó, tomó mi mano y me dijo suave y firmemente — ¡No, lo hagas!

Pero lo hice.

— ¿No han hablado demasiado sobre eso, ya? —En todos nuestros años juntos, pocas habían sido las ocasiones en las que me había atrevido a desobedecerle. — ¿Qué es exactamente lo que quieres saber sobre él?

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atamebl@gmail.com
Autoras. Con muchas historias por contar.

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