CAPÍTULO 19No Todo Esta Perdido

CAPÍTULO 19

No Todo Esta Perdido

      Los últimos meses se me habían ido entre libros e indagaciones sin final. Cada vez que llegaba a un punto crucial en la investigación, me eran requeridos más y más detalles con los cuales no contaba. Era plenamente consciente de que existía una metodología con instrumentos legales aplicables en cada situación, pero ya no podía obviar el hecho de que cada uno de estos instrumentos, parecía haber sido diseñado con  el claro objetivo de esconder a los delincuentes de la justicia.

      Era necesario probar hasta la más mínima acusación contra ellos, porque habían sido hombres de fe y su “oficio” los volvía, ante el ojo crítico de una sociedad en donde el catolicismo es la religión dominante: inocentes. Bajarlos de esos pedestales tan altos en donde miles y miles de adeptos los habían colocado no ha sido tarea sencilla, yo era plenamente consciente de que encontraríamos muchas trabas en el camino. Aunque a decir verdad, no esperaba tanto odio contra nosotros, pues había quienes nos juzgaban por haber iniciado este movimiento, que se creía iba en contra de la iglesia católica.

      Me considero creyente, pese a todo… jamás dejé de creer. Mi devoción en ningún tiempo estuvo puesta en hombres, y mi lucha no era contra una religión en especial. Lo que deseaba era llevar a juicio a aquellos que osadamente y valídense de su poder, me habían hecho mal. A mí… pero también a muchos otros. Y sé que no iba a tener mejor momento que esté, ahora que, finalmente el clero les había quitado el derecho canónico a cuatro de ellos.

      Lo anhelaba. Me sentía temeroso pero había esperado por este día durante tantos años: nos veríamos nuevamente frente a frente. Y esta vez no habrían paredes altas que los protegieran, la policía no iba a defenderlos. Estaban tan solos que como lo estábamos nosotros cuando niños… ahora su iglesia no iba a justificarlos, pues había preferido entregarlos antes que muchos otros nombres salieran a la luz.

      Y de entre esos cuatro que irían a juicio, había uno en especial. Uno al que esta vez no tendría que llamarle padre ni besar sus manos: Josep Shapiro.

      Casi podía saborear lo agridulce de la venganza, estaba tan cerca de mi compensación que aún me pericia lejana. Y a las horas, me sentía exhausto y completamente desesperado.

Casi lo tenía en mis manos, pero sin más testigos que avalaran las declaraciones el hecho podía quedar en algo circunstancial. Tenía a Say, Nataniel y por supuesto a Shura. Él era mi testimonio más fuerte hasta el momento, pero seguía sin ser suficiente. Si tan solo los demás testigos que podían sernos útiles en el caso, aceptaran ir a juicio. Entonces todo sería más sencillo…

      Evadí el pensamiento como si lo abanicara lejos de mí. Un poco de ayuda sería lo ideal, pero la realidad me decía que después de todos estos años, no podía obligarlos a volver a ese instante en sus vidas en que fueron infelices.

      ¿Será que ya lo olvidaron? —Esa pregunta me causaba incertidumbre. Yo no había podido hacerlo, el pasado era como un velo oscuro y pesado con el que en ocasiones amanecía vestido. Entonces, lo odiaba todo y a todos… quería venganza, aunque el hacer justicia por mis propias manos no cambiara nada de mi vida pasada. Anhelaba la idea de ponerlos en prisión. Que sufrieran tan solo un poco de todo el dolor que me causaron.

      Tan solo un poco…

 

      En algún punto me di cuenta de que nuevamente estaba divagando. Tenía frente a mí un documento en el computador que se suponía, redactaba para la corte a la que asistiría en un par de días. Tal vez era todo esto del juicio y el leer declaraciones cada una más cruda que la anterior, a quizás se trataba de que últimamente recordaba mi niñez en el monasterio y había descubierto cuanta valentía se requería para crear momentos felices aun cuando en realidad no se está muy feliz. Quizás era un poco todo lo anterior o la incertidumbre de lo que estaba por venir. Lo que fuese, me obligué a concentrarme en el ahora. Me acomodé en mi silla y volví a leer mi escrito, esta vez, entregándole toda mi atención:

La Corte Penal Internacional debe interpretar y aplicar a hombres y mujeres por igual los crímenes de violación y de violencia sexual, tal como exige su propio Estatuto y como materia de derecho internacional de derechos humanos. La jurisprudencia de la Corte no contiene aún ninguna resolución sobre esta materia.

      A fin de incorporar las leyes y normas de derechos humanos en su práctica, la Corte ha de tener en cuenta en su interpretación de la definición de los crímenes la conducta y los actos del perpetrador y el modo en que estos afectan a la capacidad de la víctima para tomar una decisión libre y auténtica; es decir, para gozar sin discriminación de su derecho humano a la integridad física y mental, y a la autonomía sexual. La deliberación de la Corte no debe limitarse a abordar de forma aislada el supuesto “consentimiento” de la víctima…

 

      —Lo siento Terrel —dijo Kier, luego de unos breves toques en la puerta que interrumpieron mi lectura—, el detective Felim ha venido a verte.

      ¿Felim…?

      Fui a su encuentro. Kier me recibió con una sonrisa cariñosa… ¿puede alguien sonreír cariñosamente? Quizá es el conjunto de todo lo demás; la expresión de sus ojos, la suavidad de sus gestos, la calidez que caracteriza a las personas que son como Kier. Todo en él me decía: se lo terriblemente doloroso que está resultando esto para ti, pero estoy contigo y seguiré contigo aun después. Me resultó imposible no corresponderle y si Felim no hubiese estado justo detrás de Kier, con gusto le habría abrazado.

      Hoy era uno de “esos” días y sentía que lo necesitaba a mi lado más que siempre. Kier me entendía, no había necesidad de que yo dijese media palabra, pues él entendía aun mis pensamientos más ocultos.

      —Creí que nos veríamos hasta el día en la corte —dije y me apresuré a saludarlo. Felim no era el tipo de persona que llevaba el trabajo a casa, así que, debía tener una muy buena razón para haber venido.

      — ¿Qué tal va esa carpeta de investigación?

      —No me ha dado muchas opciones Felim, así que hago lo que puedo.

      Tuve una reacción instintiva. El detective sugirió que nos sentáramos…esta no era mi casa, mucho menos su casa, sino la de Kier, así que me sentí incomodo por su atrevimiento. En algún momento mientras nos dirigíamos a la sala tomé de la mano Kier y lo obligué a seguirnos. Claro que Felim no dijo nada respecto a mi acción, aunque fue obvio al mirar nuestras manos unidas. Él sabía que estábamos juntos, aunque nunca antes había tomado la mano de mi pareja en su delante.

      —Si estoy presionándote demasiado, tómate un descanso —sugirió.

      —Estoy bien.

      —Bueno, no vas a llevar a Kier ante la corte. Estarás solo, parado ante toda esa gente que no será amable contigo, me pregunto si podrás con eso.

      —Él puede…—se apresuró a responder Kier… pero la verdad, también yo me lo preguntaba—. Terrel ha hecho un trabajo magnifico, es joven pero está muy bien preparado.

      — ¿Lo dice como abogado o como su pareja?

      —Lo digo como un hombre que sabe de lo que habla, Felim.

      No lo voy a negar, me sentí alagado. Kier es un hombre extremadamente pacifico, nada parece alterarle… el trajo todo esto a mi vida y me dio calma. Sin embargo, estábamos aquí, con Kier mirando severamente a Felim por haber dudado de mí. Se le notaba molesto y listo para saltar sobre el detective.

      —Usted podrá haberlo conocido en su niñez, pero conmigo señor… conmigo terminó de crecer, es mi mejor amigo, fui su tutor, su profesor en la universidad, soy su pareja y principal defensor. Conozco a Terrel y estoy plenamente convencido de que podrá con este caso, porque soy yo quien está preparándolo para lograrlo.

      Felim no pudo contra eso. Tan solo se limitó a disculparse y nos contó sobre las “buenas noticias” que nos tenía. Había localizado a dos chicos que al igual que yo, estuvieron en el monasterio de Wicklow. No eran como nuestros otros testigos, según Felim ambos eran personas irrefutables, justamente un testimonio como el que necesitamos.

      Felim nos explicó que ellos habían cambiado sus identidades porque a diferencia de mí, que salí de Wicklow porque la hermana Kier me adoptó. Ellos habían escapado en medio de una situación complicada que involucraba a dos de nuestros cuatro acusados.  Me entregó sus expedientes y la poca información que había recopilado de ellos.

      Yotam era tan solo dos años menor que yo. Estudiaba y pese a su historial médico, se le podía considerar apto para testificar. Alain era mayor, se había recibido como arquitecto y trabaja para una firma importante en Edimburgo.

      — ¿Corroboraste su dirección? ¿Por qué comparten la misma? —Preguntó Kier, mientras revisaba a detalle los documentos.

      —Están juntos.

      La respuesta de Felim obtuvo toda mi atención… ¿juntos cómo?

      — ¿Han permanecido juntos todos estos años? —Quise saber.

      —Creo que es más que eso. —Felim se mostró inseguro y hasta cierto punto preocupado. —Alain fue siempre muy sobreprotector de Yotam, quizá no los recuerdes, aunque sus fotos de cuando eran niños vienen ahí, al igual que las actuales. Ellos estaban en un ala distinta a la tuya. Creo que han más hecho más que permanecer juntos. Por cómo se comportó Alain cuando vino a mi oficina, me atrevo a decir que son pareja.

      Háblame de ello… —le pedí.

     

 

 

 

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