M&M CAPITULO 83

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CAPITULO 83

ADAMIR

Ver a Nazir bajar del helicóptero tuvo un efecto fulminante en Adamir. Toda la entereza y tensión que había estado aguantando se le vino abajo, barriendo la poca fortaleza que le quedaba.

-. ¿Cómo están? – Gritó Nazir acercándose aún bajo el ruido de las hélices.

Adamir no respondió ni se acordó que tras él estaba el piloto. Se aferró a su hermano en un estrecho abrazo, sin poder hablar.

Nazir detuvo su caminar, claramente impactado.

-. Cálmate – murmuró respondiendo al gesto con cariño y recordando el tiempo en que él, como hermano mayor, era responsable del más pequeño – ¿Están todos bien?

Adamir negó con la cabeza. El piloto tuvo el mismo gesto y Nazir confirmó que lo que había visto desde el aire era una tragedia de grandes proporciones

-. Hay dos muertos… desaparecidos y la señora Cellis… está… Dios!!

No podía hablar bien. Ahora que la ayuda había llegado y que veía a Nazir, su resistencia se esfumaba.

-. ¿Qué pasa con ella? ¿Hay muchos heridos?

Nazir, siempre lógico y sensato, estaba pensando por anticipado. Habían mencionado muertos y eso era preocupante.

-. La señora Cellis murió de madrugada. Hay tres heridos, señor – respondió el piloto – no tenemos medicinas y pocos alimentos.

Fueron revisando detenidamente los destrozos. Adamir se había repuesto y le contaba  lo que había sucedido y la situación actual de la isla.

Cuando se acercaban a la sala de esclavos, Nazir pidió que los dejaran solos

-. Dijiste que hay muertos y desaparecidos – comenzó Nazir de manera grave

-. Si. Cuatro en total.

-. ¿Cómo vas a manejar eso? – preguntó prudentemente, conteniéndose.

-. Nadie sabe que estaban aquí. Contrato solamente a personas sin lazos familiares. Nadie va a extrañarlos.

Nazir asintió en silencio. Al menos esa parte estaba algo resuelta.

-. ¿Esclavos?

-. Cinco. Recién llegados. Uno de ellos está herido.

– Vamos a ver – dijo Nazir encaminándose hacia la sala de esclavos y pensando en el problema que significaban esos cinco chicos en este momento

-. Espera. Hay algo más que es urgente.

Nazir esperó en tensión a que Adamir hablara. Con lo que había visto era más que suficiente. No quería nada más que fuera urgente.

-. Exequiel vendió a Max

Las cejas de Nazir se alzaron.

-. Sergei sabe quien lo tiene. Tengo que ir a buscarlo

Ahora había un medio de transporte y la urgencia crecía en Adamir

-. Un momento. ¿Dices que Exequiel vendió a Max?

-. Si. Se aprovechó el desgraciado. Lo había despedido y vender a Max fue su venganza

La confusión se pintaba más y más en el rostro de Nazir.

-. ¿Cómo que despediste a Exequiel? No puedes…

-. Eso no es importante ahora! Debo ir a la ciudad a recuperarlo

-. Max era un esclavo, no? – de la entonación de Nazir se deducía que venderlo era lo que correspondía

-. NO!!! – el grito le nació del alma y los ojos  dorados le brillaron con exasperación – Max no se puede vender. Max es mío!!

Nazir estaba estupefacto

-. Explícame desde el principio – dijo alzando un dedo y pidiendo calma

-. No tengo tiempo ahora. Te explicaré en el helicóptero. Necesito que salgamos ya mismo!

-. No. Espera. No vamos a ninguna parte en este momento. Tienes personas enfermas y…

-. Pero alguien tiene a Max y se cree su dueño!!! ¿No entiendes?!!!-

La impaciencia se hacía patente nuevamente en Adamir

Nazir respiró profundamente buscando calmarse antes de hablarle en voz grave.

-. ¿Qué te pasa? ¿No te das cuenta de la tragedia que tienes aquí entre manos? Hay muertos y heridos y los que están vivos necesitan asistencia.

-. Sí, pero Max…

-. Max fue vendido!!! – replicó Nazir autoritario y moviendo las manos en un gesto definitivo – Fue vendido junto con los otros chicos – recalcó ante el asombro de Adamir que movía la cabeza negando

-. No! No! Fue un error.  Max no podía ser vendido. Fue un engaño. Necesito el helicóptero.

Adamir se acercó sujetando a Nazir de los brazos y exigiendo su comprensión.

-. Tienes que ayudarme!!!

Nazir aprovechó el gesto y levantando bruscamente los brazos fue él quien sostuvo fuertemente a Adamir

-. Mira a tu alrededor!! Esto es una urgencia! Vida o muerte! – decretó

Adamir estaba muy agitado y se negaba a entender

-. Si. Yo sé. Pero solo serán unas horas – Adamir estaba irritado – el piloto y tu pueden encargarse. Solo unas horas para traerlo de vuelta

-. ¿Traerlo de vuelta aquí? – Nazir miró la destrucción que los rodeaba y luego se volvió hacia Adamir – Tú no estás comprendiendo nada…

Fue en ese momento  que Nazir se dio cuenta del verdadero estado emocional de Adamir

-. No puedes vivir aquí… ni tú ni nadie

-. Voy a reconstruirlo. No será un problema.

Nazir no sabía si reír o golpearlo

-. Limpiar esto tomará semanas y reconstruirlo mucho más tiempo.

-. Si. Entiendo eso, lo sé. Pero Max y yo viviremos en cualquier parte mientras…

-. ¿Max y tú? ¿Y qué hay del resto de la gente? ¿Qué vas a hacer con ellos? ¿Con los niños esclavos? Son cinco… uno herido. ¿Qué harás con todos ellos?!! – Nazir estaba peligrosamente alterado

Adamir no había tenido tiempo de pensar en ello… o tal vez si, lo había revisado en su mente pero lo descartó con rapidez dando prioridad a su única urgencia.

-. Me ocuparé de todo cuando tenga a Max… Yo… solo necesito traerlo y todo estará bien

Nazir comprendió que era imposible razonar con su hermano.  Había visto anteriormente la terquedad de Adamir cuando se empecinaba en algo y ahora estaba, además, ansioso.  A su mente vinieron las imágenes de él y Max juntos en la ciudad. Si. Él sabía porque Adamir estaba desesperado y que no habría forma de calmarlo, ¿Se daba cuenta Adamir de la realidad?

-. ¿Por qué ese chico es tan importante? – preguntó Nazir expectante ante la respuesta

Adamir lo miró como si la pregunta estuviera demás. Era obvio que Max era importante. Si incluso lo había llevado a su casa en la ciudad!!! Sostuvo la mirada de Nazir por varios segundos teniendo la seguridad de que había mil razones por las que Max era muy importante, sin embargo, ninguna se le venía a la mente en ese instante, no sabía cómo explicarlo… Max era más bien como  algo que lo abarcaba todo pero que no podía poner en palabras… recordó su risa, sus labios, sus rizos en movimiento, el aroma de su piel, la humedad de sus besos, el peso de su cuerpo sobre el suyo, sus abrazos cálidos y el sonido de sus gemidos… inconscientemente, la boca se le abrió sin palabras y los ojos se le nublaron mientras seguía mirando a su hermano

-. ¿Adamir? – murmuró Nazir

-. Tengo que ir a buscarlo. Me pertenece. Lo necesito conmigo

Esta vez no había gritos ni exaltación sino plena seguridad en la voz de Adamir. No admitía una negativa.

-. ¿Te pertenece? – repitió Adamir

-. Si! es mío!! – Adamir comenzaba a hastiarse de no ponerse ya en movimiento

-. Y Max, ¿está de acuerdo con eso de “pertenecerte”?

Nazir aguardó atentamente la reacción de su hermano. La pregunta descolocó a Adamir…

-. Max…  No tengo que preguntarle. Es mío– repitió autoritario recordando el estado de su relación cuando se vieron por última vez.

Nazir juntó las manos, pensativo. Dio unos cuantos pasos analizando sin quitar la vista de Adamir.

-. Bien. Veamos cómo están aquí dentro y luego iré contigo a buscarlo – Nazir había tomado una decisión-  El piloto vendrá con nosotros y volverá con la ayuda necesaria.

 

La muerte de la señora Cellis fue un alivio y una desgracia a la vez. No parecía posible que la mujer se salvara de esas graves heridas y era un alivio no tener que presenciar su sufrimiento.

-. No tenía parientes

La enterrarían en la isla junto a los otros fallecidos. No había a quien devolvérselos. Adamir pensó que sería muy difícil encontrar un reemplazo para la mujer, pero en la isla necesitaban de alguien que se encargara de las heridas y enfermedades.

-. El helicóptero regresará con ayuda en unas horas

Adamir hablaba con Joel. Era el más joven de los amos y había demostrado coraje extraordinario durante la tormenta. Ahora asumía el liderazgo.

Los rostros de los que se quedaban eran de pesimismo y preocupación. Nazir se encargó de calmarlos y asegurarles que volverían pronto mientras Adamir buscaba entre los restos de su casa, algunos objetos que necesitaría.

-. Vamos – dijo Adamir sosteniendo un bolso

En la nave, además de Nazir y Adamir, viajaban ambos pilotos, la mujer y el menor heridos.

Al llegar a la ciudad los pilotos partieron a abastecerse de lo necesario para luego regresar con la ayuda.

Nazir dictaminó que antes de comenzar la búsqueda de Max, debían llevar a los heridos a una clínica privada de confianza, propiedad de un médico, cliente de Adamir.

El doctor los recibió y procedió a examinar a los heridos.

-. ¿Dónde vas?

-. Necesito ir a tu casa – dijo Adamir que no aguantaba la ansiedad de estar quieto pensando en Max. La sala de espera lo estaba volviendo loco.

-. ¿A mí casa?

-. Si. Necesito un computador  – dijo Adamir mostrando un pendrive – Aquí tengo la dirección de Sergei y de todos los compradores.

-. No harás nada hasta que salgamos de aquí

-. Solo necesito la dirección de Sergei – protestó Adamir molesto

-. Pediré que te traigan un computador.

Nazir no estaba dispuesto a perder a Adamir de vista ni un segundo.

-. Y un teléfono celular!!!

-. Si. Un celular también – respondió Nazir resignándose a hacer uso de toda su paciencia

El médico les informó que la mujer debía permanecer internada pero el chico podía irse de alta

-. Tiene contusiones graves y requiere estricto reposo, pero es mejor que se lo lleven – dijo el médico hablándoles de manera reservada  – la mujer sabe mantenerse en silencio pero este chico podría comenzar a hablar. Hay mucho personal en la clínica, médicos, enfermeras, auxiliares… – indicó el doctor dando a entender que era un riesgo dejar al chico allí

-. Vendrá con nosotros – decretó Nazir antes de dar tiempo a que Adamir pensara donde lo llevarían

-. Bien. Ordenaré que lo preparen

Al salir de la consulta del médico los esperaba un rostro conocido, computador y celular en la mano.

-. Aquí está lo que pidió – dijo Santiago extendiendo los objetos hacia Nazir.

Fue un momento extraño para Adamir y Santiago cuando volvieron a mirarse. Nazir recibió los aparatos y Santiago, lentamente, extendió la misma mano hacia Adamir

-. ¿Cómo estás? – Dijo el ex amo aguantando la mirada sorprendida.

Adamir estrechó la mano en un gesto automático, antes de responder. No había pensado en volver a ver a Santiago pero ahora que lo tenía al frente se daba cuenta de que lo extrañaba y era bueno verlo. La tragedia recién vivida, la pérdida de Max, la traición de Exequiel y todo lo demás lo hicieron entender lo mucho que Santiago había representado para él. Tampoco olvidaba que la causa de todos los problemas había sido el encaprichamiento de Santiago con un chico, tal como le pasaba a él.

-. Santiago… te ves bien

-. Sobreviví – dijo Santiago algo tenso

-. Santiago va a ayudarnos – informó Nazir rompiendo la tirantez del momento

Adamir pensó que era lógico que Nazir hubiera pensado en Santiago. Ellos dos no serían capaces de hacer todo de prisa y menos aún si tenían que cuidar al chico herido.

Dejaron la clínica minutos después en el auto con chofer de Nazir.

-. El chico se quedará en mi casa por unos días – informó Nazir haciendo referencia al niño herido. Resultaba engorroso buscar otro lugar donde tenerlo y la ansiedad de Adamir los estaba poniendo nerviosos a todos.

 

Cuando llegaron, Nazir pidió que esperaran y se tomó el tiempo necesario para explicarle a Sergio lo que estaba sucediendo. Desde el vehículo, Santiago vio como Sergio negaba y parecía no estar de acuerdo pero bastaron un par de palabras firmes de Nazir para restablecer el orden y que Sergio bajara la cabeza y accediera. Fue Sergio mismo quien se acercó al vehículo y levantó en sus brazos al niño herido y asustado.

-. ¿Dónde está Adamir?!! – preguntó Nazir alterado

-. Dijo que tenía algo urgente que hacer – respondió Santiago mirando hacia el portón por donde Adamir había partido minutos antes.

-. Mierda! Quédate con el chico y no lo pierdas de vista – ordenó Nazir a Santiago mientras se preparaba para salir detrás de su hermano.

 

La casa de Sergei estaba en la playa, en las afueras de la ciudad en un sitio con acceso exclusivo.  Una casa enorme donde había fiesta, alcohol, drogas y sexo de manera permanente, todo financiado con el dinero de papá que prefería mantener a su pervertido hijo lejos de su círculo familiar y negocios, bajo estricta vigilancia.  Adamir bajó del taxi dando al chofer instrucciones de esperarlo. Esperó impacientemente mientras informaban a Sergei.

-. Adamir!! Mi amigo!!!

Sergei vestía solamente un pantaloncillo corto, bronceado permanente y evidentes señales de alcohol y sexo en el cuerpo

-. Sergei. Necesito un favor

-. Pasa, pasa. Lo que sea para ti.

Adamir siguió a Sergei dentro de la casa. Había música y personas que los observaban. Algunos rostros le resultaron conocidos pero Adamir los ignoró a todos

-. ¿Dónde vive el tipo que tiene a Max?

-. ¿Hervé? Tengo sus datos en alguna parte. Ah, un gran tipo, muy generoso.

No! Maldición, No!! No quería escuchar que era un buen tipo. Lo odiaba sin conocerlo y deseaba continuar detestándolo, sobre todo si se le había ocurrido tocar a Max. Pero se sintió intrigado. Sergei era un muchachote arrogante, malcriado y egoísta en el cuerpo de un hombre adulto y escuchar que halagaba a ese tal Hervé era extraño

-. ¿Por qué lo dices? – preguntó Adamir apurando la búsqueda de Sergei entre el desorden – ¿Lo conoces bien?

-. Oh si!! – río Sergei – La tiene enorme – respondió haciendo un gesto obsceno con las manos.

La mente de Adamir colapsó. ¿La tenía enorme??!! Y a quien  mierda le importaba eso??? Que no se le ocurriera acercarse a Max!!!

-. ¿Dónde vive? – preguntó tan furioso que la voz le salió como un susurro

-. Ya… ya… Espera… no sé donde metí su tarjeta.. – Sergei reía sin darse cuenta

-. ¿Su tarjeta?  Pero ¿No has estado en su casa?

-. NO!!! ya sabes que papá no me deja salir mucho por ahí, me tiene vigilado – murmuró como si eso le resultara muy gracioso – Nos conocimos en el club hace una semana y estuvo aquí varias veces. Hervé es todo mimoso con los chicos… no tiene mucha experiencia

Adamir escuchaba y sus alertas se iban disparando una a una. La rabia se transformó en intranquilidad.

-. ¿Dónde lo conociste? – ahora interrogaba

-. En el club. Fue una noche tremenda!!! Todos los chicos solo para nosotros dos!! Ni te imaginas! Hervé corrió con todos los gastos y…

-. ¿Y eso fue hace una semana atrás? – interrumpió bruscamente Adamir

-. Si… Ah! Aquí está!

Le arrebató el pedazo de papel que Sergei exhibía con una tonta sonrisa de triunfo. Adamir sintió que si no fuera por el dinero y poder de su padre este pedazo de imbécil estaría muerto hacía rato. Casi sentía lástima por los encargados de custodiarlo.

-. ¿Y cómo fue que llegaste con él a mi isla? – su curiosidad iba de la mano con las alertas

-. Conversamos y nos dimos cuenta que ambos íbamos a la subasta. Lo invité a que fuéramos juntos.  Él es un principiante, sabes? Tu chico es su primer esclavo.

IMBECIL!!! MI CHICO NO ES ESCLAVO DE NADIE!!!

-. ¿Tú lo invitaste a ir contigo a la isla? – necesitaba confirmar esa parte

-. Claro! Fuimos juntos y llevamos de lo mejor…

-. ¿Y llegaron juntos de vuelta a la ciudad?

Sergei dejó de reír y fanfarronear. Por fin notó el tono imperioso con que Adamir preguntaba.

-. ¿Cuál es el problema, Adamir? ¿Qué pasa con Hervé?

Adamir retrasó unos segundos su respuesta.

-. Tiene al chico equivocado.

 

 

Veinte minutos más tarde, el vehículo se detenía frente a la dirección que Adamir había leído en la tarjeta que le quitara a Sergei. Durante el trayecto la había estudiado:  “Hervé Billalde” en caligrafía oscura junto a la dirección. Nada más. Una tarjeta muy simple.

No había pensado qué haría cuando encontrara a Max. Le devolvería el dinero o le ofrecería otro chico, lo que fuera. No conocía a Hervé pero estaba dispuesto a salir con Max de allí aunque tuviera que usar la fuerza, amenazas o cualquier medio disponible.

-. Esta es la dirección, señor – dijo el taxista apuntando hacia una casa cerca de la playa, en el otro lado de la ciudad.

Adamir tiró el dinero y se bajó de prisa. No era una casa especial como la de Sergei o la de Nazir. En realidad solo alcanzaba a ver el techo porque una reja y un portón de madera ocultaban la casa. Golpeó.  Forcejeó con la puerta intentando abrir pero no tuvo éxito. La golpeó con el puño repetidas veces

-. Abre!!! Abre la puerta de una vez!!!

Pero solo había silencio. Demasiado silencio.

De hecho, Adamir observó lo que había pasado por alto; la calle entera estaba vacía y abandonada. Había mucho silencio en todas las casas del sector. Los ojos se le quedaron pegados en un gran letrero

“Ventas. Segunda etapa en construcción”

Giró como desesperado… estaba en un sitio con casas aún en construcción. Nadie habitaba esas casas!!  Pero… ¿Qué demonios??!!!

El chirrido de un vehículo capturó su atención. Nazir descendía del auto y no se veía contento

-. Esta es la dirección pero no hay nadie…- Adamir exhibía la tarjeta – tiene que ser en otra parte, otra calle con el mismo nombre.

-. Te pedí que me esperaras!!

-. Max no puede esperar!!! – gritó Adamir que ya no daba más

Nazir leyó la tarjeta y comprobó la dirección de la calle

-. No es un error. Estás en el lugar correcto solo que esto está vacío

-.- No puede ser

Adamir corrió con rapidez y de un puntapié derribo parte de la cerca de madera y siguió corriendo hacia el interior

Nazir elevó los ojos al cielo y luego de comprobar que no había nadie cerca, siguió a su hermano dentro de la casa.

Era una casa apenas terminada. Los vidrios de las ventanas exhibían cintas en forma de X y todo se notaba sin uso.

-. Max!!  MAX!!! MAAAAAX!!!

Las puertas y ventanas estaban cerradas pero sin que ello le importara, Adamir rompió una para ingresar.

-. ¿Qué haces??!!  – Nazir no podía creer el estado de urgencia de su hermano

Adamir recorrió corriendo el interior de la casa, gritando y buscando en cada recoveco posible. Allí, efectivamente, no había nadie. Estaba como loco

-. No hay nadie aquí!! – gritó  – Max no está aquí!!! – su expresión clamaba por ayuda pero Nazir no tenía respuestas

-. Tienes que calmarte. Vamos a pensar cómo encontrarlo, si es que se puede – sugirió Nazir

-. No tengo tiempo para pensar – gruñó Adamir subiendo al vehículo – Volvamos donde Sergei.

Volvieron y pidieron hablar con él, solo que Sergei, muy nervioso, no tenía más información, solo ofrecía disculpas

-. Lo conocí hace apenas una semana. No sé donde trabaja ni que hace pero tenía dinero. Te aseguro que pagó bien por ese chico – se excusó Sergei

Nazir sostuvo a Adamir por el brazo y lo sacó de la casa, casi por la fuerza.

-. Heinrich fue quien lo recomendó!!! – dijo Adamir en cuanto estuvieron de vuelta en el automóvil. Nazir miraba de soslayo, muy preocupado.

Adamir marcó el número en el teléfono. Heinrich respondió tras el tercer timbrazo y luego de rápidos saludos protocolares, Adamir exigió saber sobre Hervé y su ubicación.

Heinrich suspiró largamente antes de responder

-. Lo conozco hace años. Hicimos negocios en el pasado, pero es una persona muy reservada – informó

-. Dime dónde puedo encontrarlo ahora – exigió Adamir casi siendo descortés

-. No sé dónde pueda estar. Hervé viaja mucho.

-. Pero dices que lo conoces hace años!!! – protestó Adamir

-. Puedo garantizarte que él es una persona confiable

-. No se trata de eso – rechistó Adamir. le daba igual si era confiable y la tenia gigante. No quería saber mas de ese tipo, solo encontrarlo y con él, a Max  – Compró a un esclavo equivocado y lo quiero de vuelta!!!

-. Veré que puedo hacer – respondió Heinrich solemne – te llamaré más tarde

Heinrich colgó y Adamir se quedó con la mirada vacía, como si estuviera perdido en el mundo. Estaba desquiciado de enojo pero no tenía contra quien desquitarse. Estaba loco por recuperar a Max pero no sabía dónde buscarlo ni tenía a quien más acudir. Sergei y Heinrich parecían ser todas las conexiones posibles.

-. Quiero ir al club que frecuenta Sergei – ordenó a Nazir

Nazir no se movió

-. ¿Y qué planeas hacer cuando llegues al club?

-. Encontrar a Hervé

-. ¿Vas a preguntar a cada uno de los asistentes?

Adamir guardó silencio, enfurruñado y furioso. Por supuesto que no podía hacer eso. No sabía cómo lo haría… pero ya se le ocurriría algo.

-. Tengo que encontrarlo. Tú no entiendes…

-. Si. Yo si entiendo. Eres tú el que no entiende – Nazir estaba molesto y su voz era severa

-. ¿Qué es lo que no entiendo? – respondió Adamir desafiante

-. Todo lo que sabemos de Hervé es que tiene dinero, es confiable, muy reservado y tiene a Max. Él lo compró y ahora es su dueño.

-. NO! Yo no lo vendí!! – gritó enojado – Fue una…

-. Una venganza de Exequiel. Ya lo sé pero Hervé no lo sabe y cree que es suyo

Nazir hablaba con fría calma.

-. ¿Qué me estás diciendo? – preguntó Adamir sin mirarlo

Nazir se quedó callado y dejó que Adamir digiriera sus palabras y sacara conclusiones

-. Alguien tiene que saber dónde encontrarlo – Replicó Adamir negándose a aceptar lo que Nazir sugería con su silencio.

– No voy a dejar que se quede con él – insistió más agitado

-. NUNCA!!! – gritó como si fuera necesario convencer a alguien.

Nazir asintió despacio y finalmente encendió el coche.

-. Iremos al club en la noche – dijo poniéndose en marcha hacia su casa – preguntaré discretamente y tú te mantendrás en silencio. No vas a hacer ninguna tontería. – Nazir no estaba sugiriendo sino ordenando.

 

MAXIMILIAN.

Se negaba a probar la comida que le llegaba en la bandeja aunque se veía deliciosa. Dos veces más alguien había abierto la pequeña puerta y aunque se Max se movió rápido, no alcanzó a ver nada hacia el otro lado. Le gritó que quería saber dónde estaba y que harían con él, pero no obtuvo respuesta. Solo una bandeja que no tocaba.

A lo largo de las horas fue pasando por diferentes etapas: le gritó a la cámara, luego se enfurruñó y pateó las paredes y la puerta hasta que se cansó… entonces se sentó en el suelo y se sostuvo la cabeza entre las rodillas vencido por la  frustración. ¿Por qué todos querían hacer con él lo que se les daba la gana sin preguntarle?

-. No soy un esclavo. No soy un esclavo. No soy un esclavo.. no lo soy…

Lo repitió más de 100 veces, balanceándose hacia atrás y adelante. Solo se calló cuando se le secó la boca y sintió sed. Miró la botella intacta sobre la bandeja. Apretó los ojos y escondió la cara. No iba a beber ni comer nada.

Despertó más tarde con el ruido que hacía la persona misteriosa que cambiaba la bandeja. Se despabiló rápidamente. Una nueva bandeja descansaba sobre la saliente de la puerta pero la trampa estaba abierta. Max se levantó y se acercó. Del otro lado solo había oscuridad

-. Hola.. Hola!!!

Alguien esperaba del otro lado

-. Maximilian, el señor ordena que se alimente y beba.  

Voz de hombre, plana, lenta, mecánica, sin entonación particular.

-. ¿Cuál señor? ¿Por qué sabe mi nombre?

-. También dice que puede usted ver televisión. El control está sobre la repisa

-. ¿Cuál señor? ¿Dónde estoy?

Max se dio cuenta que quien fuera estaba del otro lado no iba a responder sus preguntas, así es que en un gesto atrevido cruzó su mano por la pequeña ranura de la puerta y manoteó tratando de agarrar a la persona. Pero no había nada. Su mano buscaba infructuosamente

-. ¿Dónde estoy? ¿Quién es el señor? Dígame!!!

-. Una cosa más, si desea ir al baño golpee tres veces la puerta

Entonces, alguien con mucha fuerza empujó su mano de vuelta hacia atrás y el pequeño pórtico se cerró de golpe

-. Espere!! ¿Quién es usted? ¿Por qué estoy aquí? Respóndame!!!

Pero ya no había con quien hablar. Max retrocedió hasta la cama y miró la cámara que parpadeaba en el techo. Seguramente por eso no había muebles en el cuarto. Los habría puesto uno sobre otro hasta alcanzar la cámara y destruirla.  Muy bien; la persona que le habló lo llamó por su nombre y en esas escasas frases le había pedido alimentarse, distraerse con la televisión y golpear la puerta para ir al baño ¿Por qué parecía como si nadie quisiera hacerle daño? Su mente lo traicionó y pensó en Adamir. Él amo no lo habría dejado tranquilo tantas horas. Quien lo había comprado parecía no tener prisa por tocarlo ¿sería eso cierto? Su estómago se quejó ruidosamente. El olor de la comida recién dejada era bueno… llevaba demasiadas horas sin comer… suspiró cansado, a punto de rendirse. Algo no seguía una lógica aquí. Estaba cautivo pero no lo trataban mal, al menos no hasta ahora. Tomó la bandeja y comenzó a comer mirando la cámara en el techo.

-. No está envenenada, ¿o sí?

Wow, eso sabía delicioso. Sintió más hambre luego de probar el primer bocado

-. Sería estúpido que me compraras para matarme con la comida

Se hubiera reído de su propio chiste pero estaba demasiado ocupado tragando

-. Nada mal tu comida – anunció a la cámara cuando terminó

Max dejó la bandeja de lado y fue hasta la puerta. Le dio tres sonoros golpes y esperó impaciente.  Minutos después la pequeña apertura se abrió

-. Deme sus manos, por favor

Max sonrió reticente a la cámara. Lo trataba bien pero no era tonto.  De mala gana estiró ambas manos y sintió las frías pulseras de las esposas metálicas.

-. Retroceda – ordenó la voz

La puerta se abrió. Estaba oscuro al otro lado pero había tres personas esperándolo, sin máscaras ni antifaces. Le tomaría unos segundos poder ver claramente sus rostros

-. Por aquí  – dijo el hombre más bajo de los tres. Eran adultos, de rostros comunes muy serios y vestían de oscuro.

-. ¿Quién es el señor? – Preguntó Max avanzando por el pasillo oscuro rodeado de los tres hombres – Por favor, quiero saber quién es – repitió pero ellos permanecían impasibles. Se detuvieron y uno de ellos abrió una puerta y le indicó entrar.

-. El señor dice que puede tomar una ducha si lo desea. Hay ropa limpia dentro.

La puerta de cerró a sus espaldas. Lo habían dejado entrar solo. El baño, al igual que el cuarto donde estaba, se notaba nuevo y luminoso. Nuevamente la ventana alargada estaba en lo más alto, inaccesible. Revisó de un vistazo. Estaba bien equipado, ropa simple, accesorios de limpieza, cepillo, jabón y toallas,  pero no había nada que pudiera usar para escapar o cortar la larga cadena que unía sus muñecas.

-. ¿Dónde instalaste la cámara? – Preguntó en voz alta, buscando, pero no pudo encontrar ninguna aunque revisó por todos lados – La escondiste bien – dijo dándose por vencido y haciendo uso de las instalaciones.

La ducha era un espacio grande con puerta acrílica. Max, dejó que el agua corriera por su piel durante mucho rato. La sensación del agua tibia y el aroma del jabón y shampoo eran relajantes y le ayudaban a sanar el dolor de su torso, aunque constantemente miraba la puerta del baño para comprobar su seguridad.

Al terminar, tomó una de las toallas y la estiró para envolverse. Olían bien…

-. Estoy listo – dijo abriendo la puerta. Los tres hombres esperaban atentos. Nuevamente la oscuridad del pasillo no le permitía a Max ver más allá de la silueta de los hombres. Se detuvieron frente a la puerta del cuarto y entonces Max hizo algo inesperado. Sujetó al hombre que le hablaba por la solapa y le buscó los ojos

-. Dígame donde estoy y con quien, por favor – suplicó

Los ojos del hombre parpadearon y le devolvió a Max una mirada cargada de lástima y simpatía, como si quisiera decirle que nada malo le pasaría pero no podía hacerlo. El hombre no dijo ni una palabra pero la expresión de su mirada tuvo un efecto calmante sobre Max.

Unos segundos después, los otros hombres lo habían despegado del primero y estaba de vuelta en el cuarto del principio. Alguien había estado allí. La televisión estaba prendida y sobre la cama había una cesta acompañada de un nuevo sobre.

“La comida no está envenenada. Le dije al chef que te gustó su comida. Espero te agraden”

Max sonrió sorprendido. Sí lo había estado escuchando y le respondía. No sabía quién era pero se estaban comunicando.  Revisó con cuidado el contenido de la cesta: cajas y bolsas con chocolates y caramelos. Le gustaba mucho todo aquello pero se negó a permitir que lo supiera quien lo espiaba por la cámara.

-. Quiero saber dónde estoy y quien eres- dijo hacia la cámara fingiendo que ni la cesta ni la nota importaban.

Dejó la cesta en el suelo al lado de la cama y se tendió en ella. La televisión mostraba una película de acción… por supuesto que no era primera vez que veía televisión! Lo había hecho muchas veces… pero nunca tenía él la posibilidad de elegir que ver o hacerlo desde una situación tan cómoda. Se removió acomodándose en la cama y apretó los botones del control hasta descubrir donde subir el volumen. Veinte minutos después los vehículos escapaban veloces de la policía y Max estaba enfrascado en la película.  Quizás de la pura tensión estiró la mano y tomó una de las cajas de chocolates y la abrió de prisa, sin despegar los ojos de la tele. Sabían deliciosos. Se comió varios antes de que la película terminara, la oscuridad entrara por la ventana y Max cerrara los ojos, dormido.

Al otro extremo de la cámara alguien estaba relajando sus hombros y aliviando la tensión. Empezaba a sonreír con cada gesto de Max. Sabía que no era una tarea fácil. Estaba comenzando a conquistarlo aunque no podía cantar victoria. Un chico esclavo como Max era delicado y no quería ni podía estropearlo. Tenía solo una oportunidad de hacer las cosas bien. Le diría a Max donde y con quien estaba a su debido momento.

 

NAZIR

Se había encerrado en su oficina con instrucciones de no ser molestado por ningún motivo. Nazir estaba de pie, las manos unidas por detrás y la vista fija en la nada. Necesitaba pensar.  Adamir estaba muy mal y él lo sabía. El infortunio del huracán en la isla había empeorado aún más las cosas pero él notaba que las cosas iban mal con su hermano desde hacía bastante tiempo y eso lo preocupaba en distintos niveles: por un lado estaba la seguridad y el secreto que debía rodear al negocio y que se había roto peligrosamente con la detención de sus hombres y la información que había obtenido ese detective del computador rescatado. A Nazir le llamaba profundamente la atención y le chocaba la poca importancia que Adamir le había dado a remediar el tema, y no se trataba de que no entendiera el peligro, sino que parecía burlarse del riesgo. Quizás Adamir no comprendía del todo lo que significaba que se descubriera su negocio. Sería el fin de la vida que conocían. No quería ni pensarlo. Por eso, Nazir estaba dispuesto a hacer lo que fuera para no poner su nombre y sus negocios en peligro. Algo en la isla ya no funcionaba como antes; desde el accidente de Santiago todo iba cuesta abajo y la preocupación se acrecentaba sin ver una solución en el horizonte. Un hecho era claro: Adamir había cambiado y eso era parte del otro tema de preocupación de Nazir. La historia comenzaba años atrás cuando tuvo un momento de debilidad y llevó a su hermano pequeño al club BDSM. No olvidaba nunca que había sido él quien lo inició en ese mundo aunque jamás imaginó que aquella visita desencadenaría en un cambio total de vida para Adamir. A veces se preguntaba que habría sido de su hermano si no lo hubiera introducido en esta locura. Sabía bien que era inútil preguntárselo porque no había respuesta ni modo de volver el tiempo atrás. La interrogante resurgía ahora que había problemas y Nazir se daba cuenta de lo mucho que Adamir no había vivido ni experimentado en su vida por estar encerrado creyendo que todo funcionaba de maravillas. Adamir se vio contento con su estilo de vida durante muchos años, pero Nazir no podía dejar de preguntarse si esa supuesta felicidad alguna vez fue verdadera. Él conocía la intensa sensación de estar enamorado y ser correspondido. Nada en el mundo reemplazaba lo que Sergio significaba para él. Lo veía en su otro hermano, también enamorado de su mujer y en algunos de sus amigos y conocidos; nada es más poderoso que el amor. Entonces Nazir había llegado, sin mucho problema, a una simple conclusión: la explicación de todos los cambios y problemas de Adamir tenía nombre: Max.  Hasta el más ciego se daba cuenta de lo obvio excepto su obtuso hermano: estaba enamorado hasta los huesos de ese chiquillo pero era completamente incompetente en el tema del amor. Adamir no podía trazar una línea que dividiera sus sentimientos de corazón por Max separándolos de lo único que conocía: sumisos y esclavos. No sabía cómo amarlo, no tenía herramientas que le permitieran hacerlo así es que seguía recurriendo a lo conocido e insistía en catalogar a Max como su esclavo perfecto o favorito, sometiéndolo a la fuerza y de paso causándose su propia infelicidad. Lo había escuchado al teléfono días atrás y le sorprendía que Adamir todavía no entendiera que cada vez que el chico era infeliz, él también lo era.   Era lamentable que Max fuera tan joven y no tuviera experiencia en el tema. Recordaba que Sergio había sido su maestro en lo que a sentimientos se refería; le había enseñado como amar y expresar lo que sentía, pero en el caso de estos dos, estaban más que jodidos. Simplemente condenados al fracaso.  Nazir no tenía sentimientos especiales por Max; solo le preocupaba el papel que el chico representaba en la felicidad de Adamir. El rol de hermano mayor, protector y causante de la “perdición” de Adamir se había exacerbado luego de la muerte de su madre.  Adamir no tenía a nadie más que a él y tal vez a Santiago, razón por la cual él se había hecho cargo de él. El resto de personas que se relacionaban con Adamir solo eran conocidos, por lo tanto, Nazir sentía que estaba en sus manos ayudarlo a encontrar su verdadero bienestar. Su hermano ya no era el mismo, estaba confundido, en riesgo y no se daba cuenta.   Le había dado muchas vueltas al tema, preocupado profundamente tanto por la seguridad como por la felicidad de Adamir. Era un tema personal que se había propuesto resolver.

Primero, Sergio pensó que la gravedad del semblante con que andaba Nazir últimamente se debía a la muerte de su madre y lo dejó tranquilo, atendiéndolo con más cariño y sin inmiscuirse,  pero con el correr de los días se fue dando cuenta que algo más sucedía y él no estaba enterado

-. ¿De qué se trata? – exigió saber

Nazir no estaba obligado a hablarlo con Sergio, pero había llegado a un punto ciego en que no sabía cómo proceder y si había algo para lo que Sergio tenía mucha habilidad, era para entender sentimientos.

-. Siéntate. Voy a contarte

Nazir habló sin interrupciones durante largo rato; quizás nunca antes le había explicado tanto a Sergio sobre la relación con su hermano y lo mucho que le importaba que estuviera bien. Se sintió bien compartiendo el peso con su amado, tanto así que no omitió el problema que tenían en la ciudad ni ningún otro detalle.

Mientras Nazir hablaba, Sergio se limitaba a tomar notas mentales de las preguntas que haría al terminar y a hacer gestos con casi todas partes de su cuerpo cuando escuchaba algo que no sabía ni esperaba. Cuando Nazir casi había terminado de hablar y Sergio se preparaba para darle las mil ciento una soluciones que el fácilmente veía, escuchó una frase que lo hizo retroceder en el asiento y olvidar todo lo que había pensado

-. ¿Me estás diciendo que Adamir volvió a atar a Max y a tratarlo como esclavo cuando volvieron a la isla?

Después de tantos años de relación y de conocer bien todos y cada uno de los gestos y entonaciones de Sergio, Nazir supo de inmediato que había cometido un error al mencionar ese detalle y que ahora tenía un nuevo problema.

M&M CAPITULO 82

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CAPITULO 82

 

ADAMIR

Pasaron varios minutos en que el piloto no atinaba a moverse… no sabía que decir o hacer. Lo que sucedía era inaudito; simplemente miraba como Adamir se había desmoronado y su cuerpo se estremecía en llanto e impotencia.  El piloto era un hombre mayor y sabía que a veces el silencio era la mejor forma de comunicación. Sin embargo, esa misma experiencia lo hizo ponerse en alerta cuando en medio de la lluvia y el viento escuchó el crujido de troncos y paredes. Tenía conocimientos sobre el clima y esto no pintaba nada bien.

Su dormitorio, junto a los de los demás amos,  estaba en un edificio alargado, bonito y cómodo, rodeado de árboles añosos pero nada seguro  para estas condiciones

-. Señor, el viento sube de intensidad– dijo tocándole el hombro y lamentando interrumpir pero percatándose que el clima se volvía una emergencia

El roce detuvo el movimiento del cuerpo de Adamir. alzó el rostro para mirarlo pero solo duró breves segundos; las ampolletas pestañearon un par de veces y luego se apagaron, dejándolos en completa oscuridad y con el creciente rugido del temporal cada vez peor.

Adamir se levantó. Estaba aplastado por la falta de Max pero la amenazante realidad no podía ignorarse.

-. Hay que salir de aquí – dijo el amo recuperando la voz y activando su sentido de supervivencia.

El piloto, hombre preparado, encendió una linterna. Justo cuando iban saliendo se escuchó un ruido muy fuerte, como si algo muy grande hubiera caído sobre parte del edificio

-. Creo que debemos apurarnos – había alarma en la voz del piloto que intentaba alumbrar hacia donde habían escuchado el ruido  pero solo había oscuridad y lluvia

-. Hay que llegar al sótano de la sala de esclavos! – gritó Adamir pensando en el mejor lugar para protegerse.

Avanzaron con dificultad; el viento había aumentado de intensidad y hacía difícil caminar. Unas cuantas sombras que escapaban de la destrucción del árbol surgieron de la oscuridad atraídos por la linterna. Eran amos y guardias asustados.  Caminaron juntos los largos metros que los separaban del edificio de la sala de esclavos que era la construcción más firme de toda la isla. Peleando cada paso contra la inclemencia, lograron llegar. Una vez dentro, alguien activó las luces de emergencia y pudieron por fin verse las caras nerviosas y alterados.

-. Están cayendo los árboles!- gritó uno de los hombres.

-. Es un maldito huracán – dijo otro

-. ¿Dónde están los chicos?- preguntó uno de los amos alarmado, mirando a Adamir. Era Joel, el amo más joven de la isla. Había cinco niños en la isla, cada uno encerrado en una de las habitaciones de esclavos

Voy por ellos – decidió el joven amo, que corrió sin esperar respuesta ni autorización.

La situación era un verdadero caos, el sonido exterior se volvía terrorífico; ya no solo era el viento sino objetos que arrastraba y que golpeaban, chocando contra las paredes externa. Los vidrios de las ventanas vibraban muy fuerte amenazando con no resistir el embate del viento y, en medio de aquello, se escuchaban gritos cada vez que la puerta de la sala era golpeada con urgencia por otros amos, personal del comedor o guardias que buscaban refugio atraídos por las únicas luces en toda la isla; algunos de ellos habían sido alcanzados por ramas u otros elementos y tenían cortes y golpes menores. El personal de la cocina llegó llorando y  aterrado, exhibiendo heridas en diversas partes del cuerpo; contaron a gritos que el viento había destrozado las ventanas del comedor lanzando vidrios y escombros contra ellos; se habían salvado de milagro.

Había ya alrededor de quince personas en la sala, todos mojados y con señales de pánico; cada vez que la puerta se abría para dejar entrar o salir a alguien, el viento tronaba hacia el interior provocando nuevos gritos y aumentando el nerviosismo. Finalmente una de las ventanas de la sala de esclavos cedió y los vidrios estallaron hacia el interior.

-. Debemos bajar! En las salas del sótano estaremos protegidos – Adamir hizo escuchar su voz

Varios comenzaron a bajar de inmediato

-. Donde está la señora Cellis?! – preguntó alguien a gritos viendo que una de las mujeres de la cocina tenía un feo corte en la frente y sangraba mucho.

Adamir hizo un gesto de preocupación; recordó que la mujer se había roto algo, no recordaba qué específicamente, pero no podía caminar. ¿Qué había pasado con el ayudante de la mujer? ¿Por qué no habían venido?

-. Hay que traerla. No puede caminar. Está herida – dijo en voz alta.

Se miraron entre ellos. ¿Quién sería el valiente que arriesgaría su vida para ayudarla?

-. Iré por ella – dijo Adamir sintiendo que todas las miradas convergían sobre su persona. Era el amo mayor. El responsable de todos ellos y aunque estuviera enojado con la mujer no podía negarle su ayuda.

-. Voy con usted – dijo el piloto tomando la linterna y preparándose para salir.

Solo un par de pasos fuera de la protección de la sala y ya no alcanzaban a ver nada. Se sujetaron de lo que encontraban a mano y que no había sido destruido. Cada paso era un desafío y el piloto se preocupaba de alumbrar bien hacia todos lados antes de moverse; no solo los pasillos que conectaban las construcciones estaban dañados sino que los objetos volando alrededor de ellos podían significar peligrosos proyectiles. Por el ruido podían deducir que el viento estaba llevándose los techos. No se habían alejado más de angustiosos treinta pasos cuando escucharon llantos y gritos histéricos. Joel intentaba sujetar a los cinco niños y avanzar con ellos. En sus brazos portaba a uno que estaba herido. Algo en el instinto más básico de Adamir lo obligó a acercarse y ayudarlo. Los chicos, semi desnudos, lloraban y chillaban aterrados intentando colgarse de Joel para no caer a causa del viento y era imposible calmarlos. Adamir tomó firme a dos de ellos por las manos. Intentó gritarles para ordenarles que se calmaran pero su voz se perdía en el viento y la lluvia. Todos estaban empapados y aterrados. Por medio de señas, los tres adultos emprendieron el regreso a la sala levantando a los chicos que caían debido al viento y a su propio miedo.

-. LLévalos abajo – ordenó Adamir gritando por sobre el llanterío cuando entraron a la sala.  Joel asintió y partió con los niños por la escalera

Adamir y el piloto se miraron apremiados y sin decir palabra, volvieron a emprender la peligrosa misión bajando por el camino hacia el edificio de la enfermería, ubicado en el extremo más bajo de las instalaciones, casi a nivel del mar. En condiciones normales,  tomaba tres o cuatro minutos caminar desde la sala de esclavos hasta allá.  Quince minutos después y varios metros antes de la enfermería, Adamir y el piloto dejaron de pisar sobre suelo firme. Se miraron alarmados. El nivel del agua crecía impulsado por el viento. Avanzaron unos cuantos pasos hasta que el  agua les llegó a las rodillas y seguía subiendo.

-. Debemos volver – gritó el piloto tomando a Adamir del brazo – Está subiendo muy rápido

El amo tuvo unos cuantos segundos de duda… el agua alcanzaba sus muslos

-. No podemos llegar hasta ellos!!

-. Volvamos – dijo Adamir pensando en todos quienes se habían refugiado confiados en la sala de esclavos. Si el agua llegaba hasta ese edificio, el sótano se convertiría en una trampa mortal.

Corrieron a ciegas, arriesgándose. No era posible orientarse así es que Adamir seguía el haz de luz que marcaba el piloto. La situación era grave pero él ponía atención a su seguridad. Si algo le pasaba ¿Qué sería de Max?.

Bajaron jadeando las escaleras

-. Debemos salir de aquí… el agua está subiendo, se va a inundar

Todas las miradas eran de miedo e iban directas hacia él.  Solo quedaba un lugar más alto y resistente; uno que estaba prohibido para todos ellos

-. Nos refugiaremos en mi casa! – gritó Adamir.

 

 

La tormenta azotó con furia durante horas.

En total, había veinte personas en total refugiadas en el cómodo sótano de la casa de Adamir. El piloto y Joel habían curado a los heridos y calmado a los más aterrados. Sin duda la enfermera era el caso más grave pero también estaba la mujer de la cocina con un corte que no paraba de sangrar en su cabeza  vendada y uno de los pequeños esclavos que había recibido un fuerte golpe al caer parte de una pared sobre él. Joel había buscado entre las ruinas hasta encontrarlo.

Cuando Adamir tuvo la certeza de que no había nada más que pudiera hacer, se deslizó despacio por la escalera hacia su casa. Torpemente, se dirigió al cuarto donde había estado Max. Con el alma encogida de angustia y la alarma por los vidrios que vibranban estrepitosamente, Adamir recolectó de prisa la mayoría de las cosas que eran de Max; sacó la ropa del closet y todos los objetos que el chico había dejado. Era importante para él resguardarlos del peligro.  A Max le gustaban tanto y sin duda iba a querer tenerlas cuando regresara. Se dirigió hacia su escritorio y abrió la enorme caja fuerte empotrada en la sólida pared. Acomodó todo dentro, de manera desordenada. Tenía que protegerlos. Solo en ese momento recordó el dinero que había recibido de los compradores y buscando los sobres, lo puso junto con los objetos de Max. Se movía con rapidez preocupado del momento en que su casa comenzara a sufrir el ataque de la naturaleza pero no podía evitar pensar… ¿Habría afectado también a la ciudad?… ¿Estaría bien Max? ¿Cuánto tiempo iba a durar? Dios! tenía que terminar pronto. Necesitaba ir a buscarlo…

-. Necesitamos agua y comida! – Joel lo sorprendió asustándolo – y ropa seca si tiene– agregó el joven

Adamir no tuvo ni tiempo para gastar en molestarse; más bien se recriminó mentalmente que no se le hubiera ocurrido todo eso antes a él mismo.

Las primeras ventanas cedieron antes que pudieran sacar todas las ridículas provisiones de la despensa; caros productos de cocktail, chocolates finos, bebidas y jugos de fantasía, licores, etc.

-. Son las ventanas del cuarto de Max!! – se angustió Adamir

-. No hay tiempo que perder. Debemos bajar ya

El viento se colaba hacia la cocina…

A desgana, pensando en que su casa quedaba a merced de la furia de la naturaleza, Adamir tomó las bolsas y siguió a Joel hacía su propio sótano.

 

Fueron horas de mucha angustia e incertidumbre para los habitantes de la isla mientras esperaban sin saber cuánto duraría la locura del clima.  Ninguno recordaba una situación igual con anterioridad.

Muchos de los que se encontraban en el sótano dormitaban luego del desgaste emocional.  Adamir estaba despierto pero con su mente muy lejos de la isla y todo lo que allí pasaba. Tal parecía que su caos interno superaba a la tormenta. El estrepitoso sonido de la destrucción externa se asemejaba a lo que sentía por dentro. ¿Dónde estaba Max? ¿Cómo había sido Exequiel capaz de venderlo? ¿A quién se lo había entregado? ¿Se había ido Max sin protestar? Recordaba perfectamente el día en que le había dicho a Exequiel que Max no se vendía ni se tocaba. Hervía de furia con tanta fuerza como el temporal. Lo encontraría… Primero a Max y luego a Exequiel y lo iba a matar con sus propias manos. Le había entregado a Max a otro hombre… apretó cada fibra nerviosa de su cuerpo… Más le valía a ese comprador no tocar a Max. El solo pensamiento le revolvía el estómago de coraje.  El maldito viento tenía que terminar pronto. Se mantenía en un rincón, con la mirada fija y la impaciencia volviéndolo loco.

-. Tiene que descansar, señor – le habló el piloto, única persona que entendía el verdadero estado de ánimo del amo

Adamir asintió sin responder. El hombre tenía razón. Necesitaría de todas sus fuerzas cuando el temporal cesara y pudiera ir en busca de Max.

Horas después, dormitaba a ratos y se despertaba exaltado con el fuerte ruido, buscando a su alrededor solo para darse cuenta que no había sido una pesadilla sino la cruda realidad. Max no estaba con él y volvía a doler y a enrabiarse.

Finalmente, al cabo de un tiempo que pareció eterno, el ruido exterior se calmó.

Adamir fue el primero en subir. Las nubes se despejaban viajando de prisa y el sol alumbraba en el cielo como si nada hubiera pasado y era factible verlo desde lo que había sido su oficina ya que faltaba gran parte del techo. Toda su casa era un caos. Avanzó aturdido entre los restos del desastre, poniendo atención a los objetos cortantes o peligrosos. La caja fuerte estaba donde mismo cubierta por restos de madera y escombros de lo que fueran sus muebles

-. Oh Por Dios!

Detrás de él habían subido Joel, el piloto y algunos otros de los hombres que miraban alrededor con igual estupefacción.

Solo quedaban partes de su casa… todas las paredes con ventanales habían desaparecido y lo que permanencia en pie había sido estropeado por el viento, la lluvia, las ramas y escombros. Torpemente, demasiado atontado por la increíble realidad, Adamir se dirigió a lo que había sido el cuarto de Max cuidando de no caer en los agujeros del piso. No había terraza ni ventanales, la pared había sido arrancada de cuajo por el viento y el resto estaba destrozado. Los muebles, en su mayor parte destruidos, se encontraban amontonados contra un costado formando una curiosa torre. Era imposible distinguir ahí lo que alguna vez fue el hermoso dormitorio blanco con azul de Max. Adamir sintió que le faltaba el aire, como si lo hubieran golpeado. Max no estaba ni tampoco el dormitorio. Abrió la boca pero no encontró palabras…

-. Debemos buscar a los que faltan – dijo Joel pensando en la enfermera, el ayudante, uno de los amos y dos guardias que no habían estado con ellos.

Al salir fuera de la casa lo primero que notaron fue que se habían salvado por poco; Las marcas de la inundación llegaban tan solo unos metros más abajo en que el agua había socavado la elevación sobre la que estaba su casa. El paisaje había cambiado dramáticamente. Destrucción hacia donde miraran.

Caminaron cautelosos.  El nivel del agua había retrocedido pero había dejado una estela de barro húmedo y pegajoso en todo el recinto.  Los corredores de madera que conectaban las construcciones se habían derrumbado como así mismo el comedor y gran parte de los dormitorios de esclavos. Buscarían entre lo que quedaba en pie de los dormitorios de amos y luego irían a la enfermería cuya silueta se veía dañada.

El primer cuerpo apareció enredado entre las ramas del árbol que primero cayó sobre los dormitorios. El amo faltante no había alcanzado a escapar. No era primera vez que Adamir veía una persona sin vida pero el impacto lo atrapó de manera diferente.

-. Oh Dios… Allí hay otro – gritó alguien más atrás

Apenas se lograba distinguir parte del cuerpo de un guardia que yacía de espaldas entre barro y escombro en el área socavada

Adamir sentía el peso de los acontecimientos caer sobre él… Cada paso le iba costando un poco más a medida que se materializaban las evidencias de lo sucedido.

-. Tenemos que sacarlos – dijo con la voz temblorosa

Entre los restos derrumbados de la enfermería encontraron a la señora Cellis. Cuando pudieron llegar a ella se dieron cuenta que estaba fría y cubierta de lodo pero aún respiraba.  Rescatarla se convirtió en la prioridad del momento. Sus piernas estaban parcialmente rotas y era una bendición que la mujer no estuviera consciente.

 

Establecieron el centro de operaciones en la parte alta de la sala de esclavos.  Hasta el momento no habían encontrado indicios del ayudante de la enfermera ni del guardia desaparecido

-. No tenemos forma de comunicarnos con tierra firme – dictaminó el piloto horas después. Ni la pista ni el avión estaban en condiciones operativas, la línea de teléfonos estaba muerta, el teléfono satelital se había dañado y eso agotaba sus recursos de comunicación

-. No sabemos qué pasó en el continente – murmuró bajo el piloto dando a entender su gran preocupación

-. Vendrán en nuestra ayuda – indicó Adamir tratando de recordar cuando correspondía la llegada del barco de provisiones.

-. El barco vendrá en cinco días – informó la encargada de la cocina

Adamir asintió comprendiendo. Cinco días era demasiad tiempo. Necesitaban atención médica urgente para la enfermera y los demás heridos; había pocas provisiones y agua para todos ellos y aunque el sol había vuelto a brillar en el cielo, su calor no alcanzaba a calentar el espíritu de quienes habían sobrevivido a la tragedia.  Y él… Dios no! Él no podía esperar cinco días para buscar y traer de vuelta a Max.

 

MAXIMILIAN

 

Max abrió los ojos de golpe, asustado por un sonido fuerte y cercano que era desconocido. Se sentó de golpe en la cama y sintió una tela extraña bajo sus manos… desconocía todo… ¿qué cama era? ¿Dónde estaba? Se quitó bruscamente el pelo de los ojos y entonces se dio cuenta… levantó las manos en el aire… no estaba esposado ni atado, podía moverse a gusto. Las vendas que lucía en las heridas de sus muñecas eran nuevas como también lo era la ropa que vestía; un chándal celeste muy claro… ¿cómo había llegado a su cuerpo? ¿Quién se lo había puesto?

Bajó los pies de la cama, único mueble de la habitación, y observó desconfiado alrededor. Era un cuarto de proporciones extrañas, largo y angosto, con un techo muy alto, una puerta cerrada y una única ventana alargada muy arriba en la pared por la que entraba algo de sol. En una de las paredes había una pequeña repisa y sobre ella un televisor y un control remoto. Dio unos cuantos pasos examinando.  Un gesto amargo se pintó en su cara al descubrir lo que buscaba, disimulado cerca de la lámpara en el techo.

-. ¿Dónde estoy? – Preguntó calmado a la cámara que pestañeaba indicando que estaba funcionando – Por favor, dígame dónde estoy – repitió mirándola directamente por varios segundos.

No hubo respuesta.

Max bajó los hombros resignándose al silencio. La cámara no iba a responderle. No quería alterarse, solo quería un poco de información, saber cómo había llegado a donde fuera que estuviera. Dio vueltas observando en espera de alguna indicación. Max era muy sensible al tacto por lo que se dio cuenta de que sus pies tocaban una alfombra suave y esponjosa. Se agachó para comprobarlo… indudablemente era nueva y se sentía agradable… era como la alfombra que Adamir tenía en el cuarto donde lo había.. OH!! ¿Estaba con Adamir??!! A él le gustaban las alfombras finas y…

El ruido que lo había despertado volvió a repetirse interrumpiendo sus pensamientos y esta vez pudo identificarlo. Saltó de prisa sobre la cama y miró hacia la ventana: ahí cerca alcanzaba a verlas revoloteando en el aire! Había gaviotas volando y graznando.  Muchas gaviotas… en la isla no había gaviotas…  ¿Dónde estaba?

El brusco salto hizo que su torso doliera y se dejó caer lentamente sobre la cama levantando su ropa para ver qué le dolía. Tenía una gruesa marca rojiza atravesándole el pecho… ¿cómo se la había hecho…?  OH! En un destello mental tuvo la imagen de Exequiel descargando su furia contra él con un cinturón… El desgraciado de Exequiel lo había golpeado, en el cuarto , con otra persona… sintió una nueva puntada en la cabeza y se llevó la mano a la frente…  Demonios… Recordaba cosas pero no estaba seguro de que era real y que no. ¿Exequiel lo había vendido? ¿Había un hombre bajo y callado en el cuarto?…  Dios no!!! ¿Otro loco se creía su dueño ahora? ¿Todo de nuevo?? Se llevó la otra mano a la frente para apaciguar las puntadas de dolor y acomodó la cabeza sobre la almohada. Era suave y fresca. Cerró los ojos. Necesitaba ordenar sus pensamientos.

No estaba en la isla…

Se detuvo a pensar cómo podía saberlo con tanta seguridad.

La respuesta le llegó en los sonidos que escuchaba y que lo hicieron abrir los ojos de golpe nuevamente: Por todos los santos!!! Eran vehículos, bocinas, calles, tránsito… era un sonido tenue, distante, pero lo reconocía. Estaba en una ciudad!! ¿Con quién? ¿Qué ciudad y qué país? Max se movió y fijó la vista en las nubes de la ventana durante varios minutos. Ya sabía otra cosa. No había movimiento ni balanceo. Estaba en tierra firme y no en un barco ¿De quién era esta casa?

Un sonido diferente lo alertó. Una ventana rectangular en el centro de la puerta del cuarto se abrió. Max se exaltó y olvidando su cabeza se puso de pie a la defensiva. No sabía que esperar.

Por el pequeño hueco alcanzaba a distinguir una silueta oscura que empujaba una bandeja que se sostenía sobre una saliente alargada de la puerta. Max miraba expectante

Tan de prisa como la habían abierto, la ventana en la puerta fue cerrada

-. No! NO! Espereeee, por favor

Corrió hacia la puerta pero ya era tarde.

-. Por favor ¿Dónde estoy?

Max golpeó la apertura e intentó volver a abrirla rasgando con las uñas pero estaba tan bien hecha que era casi imposible verla y mucho menos abrirla.

-. Solo quiero saber donde estoy… y con quien… – dijo despacio sintiendo que perdía fuerza.

Dejó escapar el aire desilusionado y prestó atención a lo que le habían dejado en la bandeja. Una primorosa bandeja con una botella, un sandwich y un pequeño sobre blanco.

Max miró hacia la cámara… todo parecía inofensivo… en verdad tenía hambre y sed… pero…

Levantó la bandeja y avanzó con ella hasta la cama. Tomó el sobre y lo abrió. Un papel doblado y un pequeño envase metálico de medicina cayeron en su mano. Contenía una pastilla blanca que Max miró intrigado. Leyó lo que estaba escrito con letras de impresora

“Esa pastilla te ayudará con el dolor”

Frunció las cejas y pestañeó varias veces mirando la pastilla y la cámara. O sea, había alguien observándolo y se había dado cuenta de que le dolía la cabeza y el torso. Ja! Estaba loco si pensaba que iba a tomársela. Si se iban a aprovechar de él quería al menos estar consciente para defenderse.  Devolvió la pastilla a la bandeja y aprovechó de revisar su contenido. Levantó una ceja al ver el envase sellado de coca cola y un sándwich de… mierda!!! Un sándwich de atún con frescas hojas verdes de lechuga, pepinillos y mayonesa…  se relamió los labios por instinto y tuvo que luchar para evitar la tentación de agarrarlo y morderlo.  Con el dolor de cabeza aumentado por las ansias de probar aquello y sintiéndose frustrado y enojado, Max levantó la bandeja en el aire para arrojarla pero se detuvo… iba a estropear la alfombra y era tan suave… todo el cuarto era limpio, nuevo y ordenado.  La devolvió a la saliente de la puerta y se dirigió hacia la cámara para gritarle de cerca

-. No voy a comer nada hasta que me diga donde estoy y porque. Tengo derecho a saber!!

Se dejo caer agotado sobre la cama haciéndose un ovillo. Le latía la frente y le dolían los ojos y el cuello. Sí tenía derecho aunque Adamir se lo negara. Era una persona y no un esclavo!!! Malditos todos los medicamentos que le había puesto esa vieja bruja y maldito ese sándwich que se veía delicioso y la coca cola y la puta hambre que tenía… Malditos todos!!!  El dolor de cabeza aumentaba.

-. Tengo derecho… – murmuró muy bajito y con la voz completamente quebrada

Se cubrió la cabeza con una de las almohadas. Nadie lo iba a ver llorar de nuevo.

 

 

MIKI

Heinrich no volvió a dirigirle la palabra a Miki hasta que llegaron a su casa casi al final del día, luego de un viaje en helicóptero hasta el yate, varias horas en el mar y finalmente, en un vehículo que los esperaba en el puerto para llevarlos a su casa.

Miki permanecía en el lugar que le indicaban, intentando hacerse invisible y se preguntaba si tal vez Heinrich estaba desilusionado de él puesto que no lo miraba ni le prestaba atención. Sin embrago, él si tenía ojos para observar a su nuevo amo: Le gustaba el porte regio e imponente de Heinrich; es verdad que era mayor pero bajo la ropa de buena clase se adivinaban músculos firmes y formas atractivas. Hablaba con seguridad y era obedecido de inmediato. Tenía una voz calmada y segura y sus movimientos eran acompasados. Tenía manos grandes y hombros amplios, un rostro muy diferente a los que acostumbraba ver en su país; no había nada de pálido o delicado en el rostro de Heinrich: Mandíbula cuadrada y fuerte, nariz recta, ojos azules intensos bajo cejas arqueadas, la piel levemente tostada y lisa. Miki se quedó pegado bastantes minutos en el brillo que emitían los botones del puño de su camisa blanca, la costura de los zapatos y el tenue brillo de la seda en su camisa. Le agradaba todo lo que veía mirando de reojo… le gustaba su nuevo dueño.

Solo en el momento en que llegaron a su casa, Heinrich le dirigió la palabra a Miki

-. Ve a ducharte y prepararte

Miki escuchó en silencio y sin entender qué exactamente se esperaba de él ni hacia dónde tenía que ir. Heinrich desapareció subiendo de prisa los escalones que conducían a una gran puerta doble, seguido de varios hombres. Él se quedó cerca del vehículo, en el centro de un gran patio rodeado por una enorme casa de estilo alemán con cuidados macizos de flores y arbustos, fuentes, faroles y estatuas. Todo era elegante y hermoso. Miki estaba muy nervioso pero no quería ser un problema ni desilusionar a su nuevo amo. Iba a preguntar respetuosamente al chofer cuando un hombre joven, vestido provocativamente y con un mechón de pelo rubio cubriéndole la mitad del rostro, bajó por la escalera y se acercó a él. Era delgado, elástico en sus movimientos y más alto que Miki. El recién llegado lo miró de arriba abajo con cierta altanería antes de decir

-. Ven conmigo

Miki se preguntó si había escuchado correctamente pero a través de los gestos entendió que debía seguir al joven. Caminaron por el patio, cruzaron pasillos y puertas. Finalmente descendieron una corta escalera

-. Este es tu cuarto, ahora – dijo el joven abriendo la puerta e indicándole que entrara. Un dormitorio cuadrado con amoblado muy simple.

-. Encontraras en el baño todo lo que necesitas

El joven lo había seguido dentro del cuarto y parecía no tener intenciones de salir

-. Disculpe señor ¿Qué debo hacer?

Miki mantuvo la cabeza baja y por eso no pudo ver cuando el joven rodó los ojos con un gesto de impaciencia

-. Ducharte, lavarte, limpiarte por todos lados, ¿entiendes?

Miki levantó los ojos para mirarlo y sintió caliente el rubor en sus mejillas

-. Si, señor

-. No me llames, señor. Solo tengo un par de años más que tú y aquí el único señor es el amo.

El joven tomó asiento sobre la única silla del cuarto, cruzó una pierna sobre la otra y se dispuso a esperar

-. ¿Cómo debo llamar usted?

-. Puedes decirme Lanz, aunque el amo me llama Lanzi

La boca de Miki se abrió sin querer

-. ¿Vienes de la isla? – preguntó Lanz acomodándose en la silla

-. ¿Conoce la isla?!!

Miki sabía que era mala educación responder con otra pregunta pero estaba tan sorprendido que no pudo contenerse

-. Si, claro. Estuve allá más de un año hasta que el amo me trajo a su casa.

Lanz alzó los hombros para restarle importancia al asunto, no era algo que quisiera recordar, pero Miki tenía mil preguntas que hacer… Era difícil creer que ese joven tan apuesto, seguro y bien vestido hubiera sido alguna vez un chico de la isla como él o los otros

-. Deberías apurarte. Al amo no le gusta esperar 

Lanz subió una ceja para reforzar su comentario

-. Dāngrán – respondió Miki yendo de prisa hacia el baño en el cuarto

-. Ay no! Yo que tú no haría eso – advirtió Lanz en tono dramático

MIki se detuvo inmediatamente y se dio vuelta a mirar al joven ¿Qué había hecho?

-. No hables en tu idioma raro. Al amo no le  va a gustar no entender lo que dices.

-. Oh! Me perdona, por favor. Yo no volveré a hacer. Gracias.

Miki agradeció la advertencia y acompañó sus palabras con una pequeña reverencia. No sabía porque había hablado en su idioma. Quizás porque estaba muy nervioso y su cerebro respondió en lo que le era más conocido.

-. ¿Qué haces?

Para Lanz fue extraña la reverencia del nuevo esclavo. Él era el más antiguo de los chicos de la casa y se había ganado la confianza del amo Heinrich quien le permitía ciertas libertades y le encargaba algunos deberes.  Le tocaba siempre recibir a los nuevos y enseñarles las costumbres y preferencias del amo. Lanz se había acostumbrado a ver chicos nerviosos y asustados en su primer día. Este chico de exquisita belleza y fina educación era diferente al resto y lo sacaba de su esquema.

-. Lo lamento, señ… Lanz. Iré al baño ahora.

MIki entró al cuarto de baño y de una mirada rápida se ubicó. Sobre el mesón estaba el equipo completo que necesitaba para limpiarse por dentro y por fuera. Juntó la puerta pero al instante la sintió abrirse y la voz de Lanz

-. Aha… nada de puertas cerradas

A Miki se le encogió el estómago… Lo había hecho muchas veces desde que el amo Exequiel le enseñara a limpiarse pero nunca frente a nadie más que no fuera él…

-. Vamos! ¿Qué esperas?

Lanz lo apuraba desde la puerta y Miki se había quedado como atorado, pegado al piso,  consumido por la creciente vergüenza. A pesar de todo lo vivido, era en extremo pudoroso.

Tragó fuerte y comenzó a quitarse la ropa. Estaba de espaldas pero sabía que Lanz estaba observándolo

-. Aséate bien. El amo es exigente

Era incómodo realizar una limpieza tan íntima con Lanz al lado de la puerta abierta pero Miki no se detuvo y repitió todos los pasos dos veces para estar doblemente seguro.

-. ¿Quién te preparó en la isla? – preguntó Lanz que había vuelto a la silla, sin importarle aumentar el nerviosismo de Miki

-. El amo Exequiel

-. No lo llames así! – protestó Lanz -. Ahora el único a quien puedes llamar amo es al amo Heinrich

Miki apretó los labios, las preguntas casi se le escapaba de la boca… ¿Cómo es el amo Heinrich? ¿Qué le gusta y le disgusta?… ¿Cómo debo ser con él para agradarle?   Pero la actitud de Lanz no era abierta ni amistosa. Honestamente, Lanz no parecía un esclavo sometido.

-. ¿Quién enseñó a usted? – preguntó Miki.

Lanz demoró la respuesta intencionalmente por dos razones: uno, no le gustaba recordar al maldito de Santiago y el horror de las agujas; Aún le producía terror ver una aguja cerca de él y agradecía mucho que el amo Heinrich no hubiera descubierto su temor hacia esos objetos afilados en los cuatro años que llevaba viviendo en esta casa. Estaba seguro que si lo supiera, el amo Heinrich lo usaría contra él sin dudarlo y  disfrutaría enormemente cada uno de sus gritos…  arrugó la nariz al recordar cómo había gozado Santiago de su miedo.  Así es que Lanz lo mantenía tan callado que no se lo confesaba ni a sí mismo. Y en segundo lugar… en maldito segundo lugar, Lanz había torcido la boca y afilado los ojos al ver a Miki desnudo. El mocoso tenía piel de seda y terciopelo y su cuerpo parecía haber sido esculpido a mano por algún artista maravilloso…  si hasta se movía con delicadeza para limpiarse. Era un deleite mirarlo… y eso era un peligro inminente para él. El amo nunca había traído a casa a un asiático y este espécimen era detestablemente hermoso y perfecto, tan suave y sumiso, diferente a todos los anteriores. Lanz decidió de inmediato que no le gustaba. No quería a nadie que amenazara su lugar.

-. Se llamaba Frank pero se fue el mismo año que yo me vine a esta casa

Lanz había inventado esa historia hacía tiempo, cuando el segundo de los chicos llegó de la isla y preguntó. Ninguno conocía a Frank porque no existía y su secreto estaba a salvo. A Santiago lo conocía todos ellos y por lo tanto sabían también de las agujas.

-. ¿Ya terminaste? – lo apuró

-. Si. Solo falta me visto ropa.

Lanz lo miró y alzó los ojos con impaciencia como si Miki hubiera dicho una estupidez. Le alcanzó una bata blanca que se cerraba con un cordón.

-. Jamás te presentas vestido con el amo.

Miki asintió. “Jamás vestido” Tenía que recordar eso.

Se puso la bata y ató el cordón mientras seguía a Lanz por una serie de pasillos y puertas cerradas.

 

SANTIAGO.

La lenta sucesión de días era gris e interminable. Santiago no tenía idea si llevaba una semana o un mes asistiendo diariamente a los astilleros ni tampoco le importaba.  El tiempo se había convertido en un accesorio obligatorio que debía cumplir para poder alejarse de todo, antes de comenzar otra vida en un nuevo país. Cada día era una rutina idéntica al anterior y al que vendría.  No se fijaba si llovía o el sol calentaba en lo alto. Nada le importaba. Cumplía con lo que le ordenaban de manera eficiente y solitaria, automático. No conversaba con nadie. Al principio, algunos de los operarios intentaron acercarse e incluirlo pero Santiago se mantenía frío y distante. No tenía nada en común con esos hombres ni buscaba divertirse o hacer amigos. En un resquicio de su mente se había hecho a la idea de que su sufrimiento era la única conexión que tenía con Matías y no estaba dispuesto a perderlo.

Nazir lo visitaba de vez en cuando y lo felicitaba por su progreso.

-. Si sigues aprendiendo así de rápido muy pronto voy a enviarte donde quieres.

Se suponía eran buenas noticias. Él mismo había impuesto esa condición y Nazir iba a cumplirla, pero Santiago no  respondía y aceptaba en silencio las nuevas responsabilidades que el supervisor le daba por órdenes directas de Nazir.

Al caer la tarde, en la soledad de su cuarto,   justo antes de caer aturdido por los medicamentos que lo ayudaban a dormir, se miraba las manos y sentía que por fin estaban aprendiendo a hacer algo que no fuera causar dolor…

Dolor…

La sola palabra evocaba en él sensaciones de vértigo y  electricidad.  Un calor violento lo sacudía de pies a cabeza y le dejaba el cuerpo en llamas recordándole que era hombre, que su cuerpo mejoraba y que tenía carencias que podía cumplir con solo salir a la calle y buscarlo.

No podía.

No debía.

No quería.

Era impensable hacerlo. El recuerdo de Mati lo abrumaba. Aun no se sentía suficientemente fuerte como para dedicarse a pensarlo con calma. Estaba consciente de que su sacrificio al renunciar a Matías era lo mejor para el chico… pero se derrumbaba cada vez que la dulce sonrisa de su niño aparecía en un  recuerdo… No era capaz de evocar sus gemidos o la maravillosa forma en que le había ofrecido su dolor, el sonido de su voz, la forma en que se movía.  Santiago se echó la pastilla a la boca y la tragó con un vaso de agua. Aún era demasiado temprano para dormirse pero no podía hacerse esto a sí mismo.  Pensar en Matías era una tortura. El sicólogo decía que debía aprender a vivir nuevamente con sus heridas y buscar otras formas de distracción… ¿Qué demonios podía saber ese payaso?!!! Nazir lo había enviado con alguien que entendía sobre el BDSM y trataba a diario con pacientes que presentaban problemas vinculados… pero Santiago estaba desilusionado. No quería hablar de Matías ni de nada relacionado con  su niño. Eso era suyo y de nadie más. Lo único que quería con urgencia era una píldora mágica que le permitiera dejar de extrañar a Mati y que ya no doliera como si le arrancaran la piel lentamente… Su niño precioso… su dulce masoquista… Estaba con Clara… ¿Qué estaría haciendo a esta hora el único amor de su vida?

Apretó los ojos con fuerza reteniendo las lágrimas que intentaban escurrir por los costados.  Bendita pastilla. Comenzaba a hacer efecto en solo minutos…

 

MATIAS.

Matías había encontrado un nuevo motivo para sufrir: era el chico más atrasado de su clase y eso lo avergonzaba fácilmente. Muchas veces le tomaba bastante tiempo y estudio, entender la materia que explicaba el profesor. No bastaba con las horas de enseñanza que Clara pacientemente le dedicaba ni con todas las veces que estudia con Tobías; Mati tenía años de retraso en la escuela respecto de los otros chicos. Lo bueno era que los profesores lo alentaban para que se pusiera al día y a veces, lo calificaban de manera especial. Clara había hablado con ellos y les había dado excusas justificables de su retraso.

Pero nada de eso era suficiente y Matías se lamentaba por su retraso y lo convertía en una causa visible para su sufrimiento, en la explicación fácil que resultaba creíble para todos los demás. No es que hubiera olvidado la causa real de todo su sufrir, pero al menos esta resultaba simple de entender para todos.

-. Matías, estudiamos juntos en la tarde. Las matemáticas son fáciles… son puros números nomás. Te vamos a explicar todo, si?

Tobías y su amigo Jairo lo habían adoptado y entre juegos de video, la tele, futbol en el patio, hamburguesas y bromas, le ayudaban a estudiar y lo trataban de poner al día en todas las carencias de conocimientos que Mati tenía en todo aspecto.   Solo una vez alguien en la clase se burló de él y no resultó nada bien para el infortunado alumno que no tuvo en consideración que los dos chicos más grandes y fuertes del curso eran amigos y protectores de Matías

-. Si vuelves a molestarlo te parto la cabeza – amenazó Tobías levantando al chico del cuello y aplastándolo contra la pared  durante el recreo

-. Te metes con él y te metes con nosotros – recalcó Jairo con una sonrisa de arrogancia de sus 13 años

Desde entonces nadie molestaba a Matías. Pero no era necesario tampoco. Él se sentía bastante mal sin necesidad de que los chicos se lo hicieran notar.

Santiago estaba en su pensamiento en todo momento, especialmente cuando vagaba por la playa y tocaba el agua del mar. Se quedaba con la mirada perdida en el horizonte hasta que la tarde se volvía noche y Clara llegaba a buscarlo.

Su relación con Clara estaba en un buen punto; Matías había vuelto a conversar con ella aunque solo de temas generales; Clara entendía que Santiago y todo lo relacionado era aún un asunto intocable y Matías se cerraba y alejaba cada vez que el tema se presentaba. Clara esperaba con paciencia. Respetaba la privacidad que Matías había impuesto

-. Yo me encargo de mi cuarto – le dijo el día que la vio escoba en mano queriendo limpiar su habitación.

-. Yo puedo hacerlo – ofreció ella sonriente

Matías la miró afligido

-. Prefiero hacerlo yo – pidió muy despacio pensando en que era muy cuidadoso al deshacerse de las agujas pero tal vez alguna podía quedar rezagada.

Clara lo miró sintiendo nuevamente que los secretos de Matías eran un peso enorme para que los cargara solo un adolescente tan chico… a veces lo veía tan triste y carente de algo impreciso… ¿qué quería su hijo? ¿cuándo por fin confiaría en ella? ¿Qué necesitaba para descargar en ella el dolor que portaba? Porque a Clara no le cabía duda que Matías sufría y ella quería ayudar.

-. Está bien. Tú te encargaras de ello, entonces.

Y desde entonces, cada día antes de desayunar, Matías dejaba su cuarto impecable. Cientos de veces Clara se había detenido en la puerta de entrada al dormitorio… Podía revisar los cajones, buscar entre la ropa, bajo el colchón o entre los libros… podía buscar en todas partes hasta encontrar alguna pista… pero no le serviría de nada porque con ello no conseguiría que Matías le contara y terminaría perdiendo la confianza que estaban construyendo. Así es que suspiraba con pesar, daba media vuelta y no tocaba nada. Ya llegaría el día en que su hijo le abriera el corazón. Esperaba con ansias.

 

-. Tenemos que estudiar en mi casa – dijo Jairo – Estoy castigado y no me dejan salir

-. ¿Y qué hiciste ahora? – preguntó Tobías riendo.

-. Mi papá se enoja por todo, ya sabes cómo es

Jairo era un buen chico. Al igual que Tobías sus notas no eran las mejores, pero sobresalía en los deportes y tenía buen corazón. Su familia, sin embargo, y en especial su padre, era muy exigente y en ocasiones había llegado a castigarlo con violencia por alguna mala nota o desobediencia.

-. Está bien. Nos iremos a tu casa después de comer –aceptaron los chicos.

A mitad de la tarde, Tobías pasó a buscar a Mati.

-. Buenas tardes, maestra – saludo Tobías que se había acostumbrado a la dulzura de clara y le gustaban las clases con ella – Hoy vamos a estudiar en la casa de Jairo.

La noticia había sido una novedad para Clara cuando Matías lo comentó mientras almorzaban. Se alegró de que conociera nuevos chicos y familias y su círculo de amistades se ampliara

-. Bien. No vuelvan muy tarde

-. No, maestra

Tobías y Mati emprendieron el camino cerro arriba. La casa de Jairo estaba un poco lejos de las de ellos.

-. Wow! ¿Esta es su casa? – dijo Matías evidentemente impresionado por el cuidado jardín y la casa grande rodeada de terrazas

-. El papá de Jairo es el agente del banco – Tobías repitió la explicación que siempre escuchaba. A decir verdad y a pesar de que eran amigos de muchos años, al padre de Jairo lo conocía poco y lo veía en raras ocasiones. Rara vez se encontraba en la casa y siempre tenía mucho trabajo. Le caía mejor su mamá que era una señora muy simple que cocinaba cosas deliciosas. Esperaba que hubiera hecho algo rico para ellos ahora.

-. Adelante chicos – dijo la mujer que abrió la puerta – le diré a Jairo que ya llegaron

Esperaron en la zona de entrada. Tobías conocía la casa por lo que el asombro de Matías le causaba risa

-. Es una casa enorme – murmuró Mati mirando a todos lados y con ganas de salir de allí. No se sentía cómodo.

-. Nah… he visto otras más grandes – se jactó Tobías

Una de las puertas cerca de ellos se abrió dando paso a un hombre adulto, vestido formalmente, pelo oscuro bien cortado y lentes delante de ojos castaños de mirada penetrante. Con el rostro grave los miró de arriba abajo hasta que reconoció.

-. Ah! Tobías ¿Cómo está tu familia?

Mati supuso que se encontraban frente al padre de Jairo. El hombre no impresionaba por su físico pues era de tamaño y contextura promedio sino por su gravedad y señorío. Mati lo vio acercarse, el hombre caminaba y se movía con seguridad, hablaba con confianza y hacía notar su presencia. Era de esas personas imponentes que no pueden ser ignoradas cuando entran a un lugar.

-. Todos bien señor. ¿Y usted?

Se notaba la sorpresa y el respeto en la voz de Tobías.

-. Muy bien, gracias.

Cuando el papá de Jairo estuvo cerca, prestó atención a Matías. El corto intercambio de miradas tuvo un efecto fulminante en el menor. Comenzó a sudar… Lo hizo sentir pequeño, ínfimo… una manchita temblorosa de nada en medio de su casa…

-. ¿Y tú eres…? – preguntó el hombre con repentino interés

Matías no era capaz de responder. Se le había secado la boca y sus labios estaban sellados. No podía hablar… estaba viendo en ese hombre el tipo de mirada y actitud que conocía bien… autoridad, dominación, control, poder.

-. Él es Matías. Es nuevo en la escuela. Ahora es nuestro amigo – aclaró Tobías con aire de sabelotodo – Venimos a estudiar

Matías sentía ondas eléctricas en su cuerpo… algo vibraba en su interior y no era capaz de sostener la mirada fija de aquel hombre. Parecía como si con una simple mirada él se hubiera internado en su mente y descubierto sus secretos más íntimos

-. Matías – El hombre se  detuvo frente a él y repitió su nombre con intencional lentitud… saboreando el efecto que sabía estaba produciendo en el menor… como si esperara algo…

-. Soy Santino, el papá de Jairo.

Los músculos de Mati respondieron sin darle tiempo a pensar, las rodillas le flaquearon y Matías quiso hacer lo único que sabía hacer muy bien

-. Mati!! ¿Qué te pasa??!

La voz de Jairo llegando lo despertó del momento hipnótico en el que había entrado. Se detuvo un segundo antes de caer arrodillado frente al adulto. Quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Aturdido, Mati levantó la vista y se encontró con los ojos de Santino. No había una gota de asombro en la mirada de aquel hombre… su mirar más bien sugería que estaba esperando a que Matías terminara de caer de rodillas frente a él.

Mati quedó a medio camino al suelo, sin saber qué hacer ni decir… El cerebro apagado y completamente en blanco.

-. Hey! ¿Te sientes bien? – Tobías lo tomó del brazo y lo ayudo a ponerse de pie

-. ¿Te duele algo? – preguntó Jairo ayudando también

-. Yo… Estoy bien – dijo Mati poniendo ambos pies firme sobre el suelo y deshaciéndose del contacto de sus amigos. Aun no soportaba bien ser tocado por otras personas

-. ¿Estás seguro? Casi te caes… – Tobías se sentía responsable de Matías por ser más alto y fuerte

-. Si. Estoy bien – repitió Mati en un susurro

-. Bien. Vamos a mi cuarto entonces

Los chicos avanzaron por el pasillo. Matías iba con ellos pero antes de desaparecer tenía que darse vuelta y mirar atrás… tenía que comprobar que no estaba demente

Santino lo esperaba sin haberse movido. No hubo sonrisa ni amabilidad en el gesto que le devolvió sino la actitud soberbia de quien entiende y se sabe dueño de la situación.

Matías bajo la vista y agacho la cabeza.  Era lo que sintió correspondía hacer. Dudó antes de girarse y caminar detrás de sus amigos… como si debiera pedir autorización…

Él sabe” – pensó Matías sintiéndose desnudo y examinado – “Él sabe” – se repitió temblando. No tenía ninguna confirmación más que su intuición y el corto intercambio de miradas, pero estaba seguro.

 

ADAMIR

La enfermera Cellis volvió a perder la consciencia luego de unos  minutos de agudo dolor. Fue un alivio para todos ya que los gritos desgarrados de la mujer cuando recobraba el conocimiento los alteraban a todos. Nadie entendía cómo seguía con vida luego de que sus piernas hubieran quedado rotas y con parte de los huesos al aire. Se los habían amarrado con mucha fuerza, hasta volver la piel morada, para evitar el desangramiento, pero la muerte parecía inevitable. No había medicinas disponibles. Todo en la enfermería había quedado cubierto de lodo. La agonía ya duraba horas y todos se preguntaban cuando iba a terminar.

La segunda noche los encontró a todos agotados. Habían rescatado los cuerpos y revisado lo que quedaba en busca de alimentos y protección. El panorama era muy malo. Se acomodaron lo mejor posible para dormir en la sala que compartían. Los niños despertaban gritando y con pesadillas; la señora Cellis otro tanto. Algunos no aguantaban la tensión y se arriesgaron a salir al exterior.

Al amanecer, el piloto salió afuera y encendió un cigarrillo. No era su costumbre fumar pero bajo las circunstancias, un cigarro era un lujo que no podía despreciar.

-. No aguantaremos cuatro días más

Adamir también había abandonado la sala común para sentarse sobre los restos de una terraza a ver nacer un nuevo día

-. No sé qué podemos hacer – declaró con honestidad y un toque de desesperación.  Había pensado en todas las formas posibles de comunicación con tierra pero no dio con ninguna. Sus opciones no solo eran limitadas por la falta de medios en la isla sino también por quienes serían los posibles receptores de su mensaje. No era factible pedir ayuda a organismos oficiales como policía o bomberos… ¿cómo explicaba qué hacían allí y la responsabilidad de los muertos y desaparecidos? Adamir había dormido apenas. La falta de Max y pensar en lo que podía estar sucediendo con él lo estaba volviendo loco. No bastaba con la emergencia que tenía entre manos… Max seguía siendo una prioridad y enloquecía hasta desear golpearse contra una pared al tener las manos atadas y no poder correr en su busca. ¿Por qué nunca había pensado en tener radios de onda corta? ¿o una lancha rápida escondida? ¿o más teléfonos satelitales? ¿Por qué nunca pensó en una emergencia como esta?  Se recriminaba y enojaba por su falta de previsión… pero nunca antes habían tenido una emergencia tan grave. Esta lección le serviría para el futuro. Nunca volvería a permitirse estar tan aislados en la isla. Si tuviera una lancha rápida ya tendría a Max de vuelta… Dios!! no quería pensar en que alguien lo tocara… alguien que se creía su dueño y con derechos sobre él. Maldito Exequiel

-. Voy a matarlo

Solo después de escucharlas se dio cuenta que había hablado en voz alta. El piloto aspiró el cigarro y arrojo el humo el lentas exhalaciones

-. Usted quiere a ese chico

-. Es mío! El maldito de Exequiel sabía que no debía venderlo. Él no era un esclavo para la venta!!

Adamir sabía que el piloto no era la mejor persona con quien desahogar su frustración y rabia pero no podía contenerse. Estaba ahogándose en un mar de emociones.

-. Sí, pero usted está interesado en él, ¿no? Yo los vi juntos – declaró el hombre

Adamir escuchó las palabras y le sonaron extrañas. Max era su esclavo personal. Al fin había encontrado uno que solo fuera para él. Por supuesto que estaba interesado en quedárselo!!!… sin embargo, le cupo la duda de que la intención del piloto fuera indicar eso

-. ¿Nos viste juntos?

-. En la ciudad, en el avión – aclaró – Usted era diferente cuando estaba con él. Se veía alegre y mas…

-. ¿Más qué?

-. Más humano. Se veía tranquilo

Si. Eso era verdad y lo tenía claro. Max le proporcionaba tranquilidad y alegría… Max significaba muchas cosas y ahora que no estaba todo se volvía un caos… mira nada más lo que había pasado en la isla justo después que él se fuera!!! Lo necesitaba y tenía que traerlo!!!

Adamir iba a contestarle pero su atención se distrajo al escuchar un sonido en la distancia.

-. ¿Escuchas eso? – preguntó buscando la confirmación

en el cielo

No solo lo escuchaba él sino que el piloto también se movió buscando.  Sonaba como un… helicóptero…

-. Allí!! Allí está!!! – Adamir casi gritaba.

En la claridad del amanecer ambos vieron un pequeño punto de esperanza que se acercaba a la isla desde el mar.

M&M CAPÍTULO 81

10

CAPITULO 81

 

MIKI

En la sala de esclavos reinaba en nerviosismo y los chicos se movían inquietos, incapaces de permanecer tranquilos como en días anteriores. El aviso de Max los había alertado sobre lo que pasaría y obviamente se habían dado cuenta de los preparativos. Uno a  uno habían ido deduciendo que hoy era el día en que serían entregados a sus nuevos amos. Ninguno tenía claro si eso era mejor o peor que lo actual… No tenían forma de comparar ni saber.  Hoy los habían despertado más temprano y vestido de forma especial; se habían preocupado de que estuvieran mejor presentados  y además, había dos guardias dentro de la sala y todos estos cambios eran suficiente para inquietarlos.

Ming Kim también era parte de la ansiedad pero él, a diferencia de los otros chicos, se mantenía sentado y quieto en el lugar que ocupaba siempre en la sala. El único signo de su desasosiego era el suave movimiento de su dedo pulgar arrastrándose contra el costado de su dedo índice, ida y vuelta, insistentemente; algo que solo él podía notar.  Miki lucía magnífico hoy; su pelo negro liso, estaba peinado cuidadosamente y brillaba opacando a cualquiera de los otros chicos, su rostro no tenía ojeras ni signos de cansancio o nerviosismo; al contrario, sus pestañas se veían crespas y su mirada lúcida y tranquila. Lucía con elegancia un par de simples pantalones negros ajustados con un elástico a su pequeña cintura y una túnica en vibrantes colores rojos, negros y dorados, de mangas amplias y atada con un cordón negro de estilo oriental. Un pequeño príncipe oriental. Se sentía cómodo en esa ropa.  Miki había procurado dormirse temprano para que su piel estuviera descansada y lozana. Hoy era el día en que sería traspasado a una nueva persona de quien dependería su futuro. Él sabía que no había nada que pudiera hacer para evitarlo ni tampoco lo deseaba; quería salir de la isla y conocer a su nuevo dueño. Le preocupaba causar una buena impresión y agradarle. Su corazón latía con fuerzas imaginando y esperando, pero Miki se forzaba a permanecer calmado y controlar su agitación. Solo sus dedos rozándose delataban su nerviosismo.

A las 8:40 am los guardias abrieron la puerta luego de un par de discretos golpes. Los chicos enmudecieron y adoptaron de inmediato la posición de espera a la que estaban acostumbrados.

-. ¿Dónde está? – preguntó una voz potente y desconocida

-. Aquel es el tuyo – esa voz si la conocía. Era la del amo Adamir.

Miki no podía ver quiénes eran ni cuantos pues sus ojos permanecían bajos, sin embargo escuchaba los pasos que parecían acercarse directo se hacia él. El corazón le saltaba en la garganta. Tres pares de pies se detuvieron frente a él.

-. Levántate –  ordenó la voz desconocida.

Miki obedeció de inmediato pero sus ojos y actitud se mantuvo sumisa.  Podía distinguir más de la nueva persona; era alto, vestía elegante, tenía manos grandes. Sintió un escalofrío cuando Heinrich le levantó la barbilla. Ni aún así se atrevió a mirarlo aunque moría de la curiosidad.

Miki sintió que era examinado en cada centímetro visible de su cuerpo, pero había anticipado que algo así pasaría. Se obligaba a respirar pausado y controlar el movimiento involuntario de su pulgar.

De pronto Heinrich estaba muy cerca de él.

-. Desnúdate – ordenó fríamente provocando el silencio total en la sala.

Miki no se permitió pensar ni tampoco hacer el ruido que supondría tragar el nudo en su garganta… era una orden y tenía que obedecerla. No cerró los ojos ni frunció la boca. Se mantuvo impasible. Se obligó a actuar con calma; primero descalzó sus pies. Luego, desató el cordón de seda de la túnica, y se giró apenas para dejarlo ordenadamente sobre la silla.  Acto seguido deslizó las mangas por sus brazos dejando al descubierto su fino torso y su hermosa piel cremosa, levemente erizada a causa de los nervios. Dobló la pieza de ropa y la puso sobre el cordón. Una pierna del pantalón primero y luego la siguiente. Doblar y dejar sobre el montón. No llevaba ropa interior por lo que, completamente desnudo, se irguió quieto frente al hombre que le había dado la orden y a quien aun no le veía el rostro.  El aire frío sobre su piel pero Miki estaba en control de sus emociones.  Heinrich se movió alrededor suyo como un cazador acechando a la presa.  Miki podía sentir como sus formas eran estudiadas. Lo sintió respirar un poco más de prisa pero el nuevo amo no emitió ninguna opinión al terminar su escrutinio.

-. Es obediente y complaciente – dijo Exequiel quien lo había entrenado personalmente – nunca da problemas.

-. Eso es bueno – ahora Heinrich estaba más calmado y estrechaba la mano de Adamir

-. Me agrada que te guste – respondió Adamir que conocía bien a Heinrich y podía leer lo complacido que estaba –  Puedes llevártelo. Es tuyo ahora.

Con esas palabras sellaban el trato. El pago se había realizado en efectivo minutos antes.

-. Vístete – le ordenó Exequiel a Miki mientras Heinrich y Adamir se alejaban conversando sin volver a prestarle atención.

Miki obedeció de prisa y luego siguió a Exequiel más allá de la piscina hasta llegar a un lugar que le resultaba desconocido. Un helicóptero sobre una pista aérea y a unos cuantos metros, Heinrich y Adamir se despedían. Miki, desde detrás de Exequiel, se tomó la libertad de levantar un poco los ojos para conocer el rostro de su nuevo amo. Sus cejas se alzaron en señal de asombro. El hombre era hermoso, grande y tenía un aire de gran señor. Hablaba con voz pausada, ronca y controlada. Le agradaba lo que veía.

-. Buena suerte, chico – Exequiel se despidió de él

-. Gracias, amo

Miki caminó hasta ubicarse respetuosamente detrás de Heinrich sin más equipaje que la ropa que vestía. Estaba listo para emprender un nuevo rumbo incierto en su corta vida

-. Vamos – dijo Heinrich

Lo siguió en seguida y subió al helicóptero sin pensar en que nunca había volado o que se iba con un completo extraño que lo había comprado. Miki estaba emocionado, casi feliz.

 

ADAMIR

Uno a uno fueron entregados los chicos. Adamir se mostró atento y agradable con sus compradores. En ningún momento se notó su tristeza o preocupación. Exequiel estaba servicial a su lado.

Pasado el mediodía se retiró el penúltimo de los compradores. Solo quedaba un chico que sería retirado más tarde.

-. Dile al piloto que quiero partir en 10 minutos – le ordenó a Exequiel

-. Si. De inmediato.

-. No estoy seguro de si volveré hoy mismo o mañana

Adamir entraba a su casa con Exequiel detrás de él

-. Tómate tu tiempo. Yo puedo hacerme cargo de todo mientras estás fuera.

Adamir se detuvo como si algo en la frase de Exequiel estuviera errado.

-. Luego de atender a los últimos compradores sería conveniente que prepararas tus cosas

Exequiel lo miró sin comprender

-. No entiendo – Exequiel forzó una sonrisa

Adamir rodeó su mesa de trabajo y tomó uno de los abultados paquetes que le habían entregado los compradores.

-. Está claro, ¿no? Te dije que luego de la subasta tu trabajo en la isla ya no era necesario – Adamir contaba billetes

-. Pero… Yo… Pensé que…

-. ¿Pensante que había cambiado de opinión? No. No he cambiado. Desobedeciste una orden mía y no puedes continuar a mi servicio

-. Adamir… Yo nunca volvería a…

-. Ya lo hiciste una vez y con eso basta.

Adamir hablaba con calma y seguridad. Extendió la mano llena de billetes hacia Exequiel.

-. Te agradezco que me hayas apoyado durante la subasta. No habría podido hacerlo bien sin ti y aquí está tu recompensa. Pero debes marcharte.

Exequiel estaba aturdido… Miraba el dinero con ojos codiciosos pero sin atreverse a tomarlo porque hacerlo equivalía a aceptar la decisión de Adamir y él no quería irse.

-. Adamir, por favor, podemos conversarlo. Yo te he servido fielmente durante muchos años

-. Si. Y es por eso que te recompenso generosamente. Recíbelo porque no voy a cambiar de idea. 

-. Pero… ¿Quién te ayudará, entonces?

Los ojos de Adamir se movieron antes de que su cerebro pudiera razonar. Su vista se dirigió hacia el interior de la casa

El pequeño gesto fue una bofetada para Exequiel. Adamir pensaba reemplazarlo por el maldito esclavo que tenía atado en el cuarto.  Lentamente tomó el dinero y lo apretó con fuerza en la mano.

-. Con esa cantidad podrás vivir tranquilo bastante tiempo. ¿No vas a contarlo?

Exequiel no respondió. Tenía los músculos tensos y los labios apretados convertidos en una línea pálida

-. Cuando regrese puedes pedirle al piloto que te lleve donde desees. – continuó Adamir sin prestar atención al enojo de Exequiel

Adamir lo estaba despidiendo y Exequiel no podía creerlo

-. ¿Aún puedo contar contigo para atender a los últimos compradores? Si no vas a hacerlo puedo pedirle a la Sra. Cellis que entregue al chico

-. No. Lo haré yo  – respondió entre dientes

-. Bien. De todas maneras la señora Cellis te ayudará.

Esa era la estocada final de Adamir. Pondría a la mujer a vigilarlo para comprobar que hiciera bien el trabajo. Exequiel estaba enojado y ofendido. Que insulto más degradante!!!

-. Fue agradable trabajar contigo. Espero que tengas una buena vida en el futuro

Adamir le extendió nuevamente la mano pero esta vez era para dar la conversación por terminada.

Exequiel miró la mano y se preguntó si era verdad que de esta manera terminaba su estadía de tantos años en la isla y todas las ilusiones que se había forjado. La mano de Adamir continúa en espera.  Sin decir palabra, atontado por lo que sucedía, estrechó la mano de Adamir y se dio media vuelta para salir. En su otra mano aun sostenía el grueso fajo de billetes.

Cuando Adamir quedo solo levantó el auricular y llamó a la enfermera

-. Necesito pedirle algo inusual. Venga a mi casa por favor

Había más personas en la isla, sobre todo guardias u otros amos, pero de todos ellos, Adamir confiaba más en la mujer que repetidas veces le había probado su lealtad.

-. Tengo que viajar a la ciudad. Mi madre falleció y debo asistir a su funeral

-. Cuanto lo siento, señor.

-. Gracias. Necesito de su ayuda Sra. Cellis. Quiero que mantenga a Max tranquilo y vigilado en todo momento. Dos hombres en mi casa

-. Si, por supuesto – la mujer estaba gratamente sorprendida por el repentino “ascenso“ que significaba lo que le estaba pidiendo.

-. Y quiero pedirle que acompañe a Exequiel a recibir y cerrar el negocio con los últimos compradores que llegarán dentro de unas horas. Yo sé que usted no lo ha hecho nunca pero sabe lo que hay que hacer. Es una situación especial y cuento con su ayuda.

-. Vaya tranquilo. Yo le ayudaré a Exequiel.

-. Es importante que los compradores sean bien atendidos y se vayan satisfechos.

-. Si.  Lo haremos bien

-. Confió en usted – dijo Adamir recalcando el “usted” en un intento de dejarle claro a la mujer el papel que debía desempeñar

Adamir salió de su casa atrasado. Solo tuvo tiempo de mirar a Max brevemente desde la puerta antes de partir. Ya en el avión se concentró en lo que le esperaba al llegar y muy a su pesar se entristeció profundamente. Cerró los ojos para descansar. Había dormido muy poco la noche anterior y el despertar había sido brusco. Una tonta sonrisa le curvó los labios. Max lo había pateado de la cama y él estaba riéndose en vez de pensar en castigarlo. Estaba loco. SI. Completamente loco por ese chico rebelde y atado en su casa.. Dios!! Olía tan bien y era tan cálido cuando quería… el sexo con Max no podía compararse con nada… era sublime!!! Suspiro. Tenía por delante un trabajo importante para convencer a Max pero se sentía confiado de poder hacerlo.

 

Sergio fue el primer rostro conocido que Adamir encontró al entrar a la iglesia donde velaban a su madre. La catedral le pareció antigua, oscura y fría. Había un constante movimiento de personas que habían venido a presentar sus respetos a la prominente familia, todos vestidos formales y murmurando en voz baja. Entre el gentío podía ver al frente unos velones grandes que rodeaban un ataúd de madera oscura y brillante. Adamir desvió la vista perturbado al imaginar a su madre dentro de esa caja. Poco antes de bajar del avión, se había puesto un terno oscuro y atado su pelo largo en una cola discreta.  Sergio lo miró dos veces para reconocerlo. Se veía muy diferente al hombre jovial y enérgico de siempre

-. Te llevaré con Nazir – dijo Sergio después de saludarlo – Toda tu familia está reunida al frente.

-. ¿Por qué no estás con ellos? – la pregunta se le escapó antes de poder pensarlo. Adamir había llegado a aceptar a Sergio de manera tan total que se le había olvidado lo diferente que era su relación con Nazir

Sergio, con su inteligencia y calidez habitual, esbozó una sonrisa triste

-. Nazir sabe que estoy aquí y eso basta.

-. Disculpa. No fue mi intención molestarte

Sergio  lo miró con los ojos muy abiertos y el rostro ladeado. ¿Adamir le había pedido disculpas?

-. No te preocupes. La ex mujer de Nazir y sus hijos están aquí además de tus tíos, sobrinos y un montón de gente. Es mejor que yo me mantenga en segundo plano.

Caminaban hacia el frente de la iglesia con Sergio abriéndole el paso. Algunas personas, cuyos rostros le parecían conocidos, le dedicaban miradas sorprendidas a Adamir pero él no tenía ojos para mirar más que al grupo de personas que eran sus familiares cercanos… habían muchos… no recordaba quienes eran la mitad de ellos.

-. Allí está tu padre – dijo Sergio deteniendo su avance, indicándole que hasta ese punto llegaba él y animándolo a continuar solo.

Su padre… ese montoncito de persona disminuida en el asiento delantero de la iglesia y rodeado de varias personas mayores. Se veía tan triste.  De pronto sintió la necesidad de abrazarlo y estar con él.

-. Papá

Todos quienes estaban cerca se volvieron a mirarlo; gestos de sorpresa, reprobación, estupor, asombro

-. Hijo

Su padre se levantó y sin decir palabra se abrazaron. Adamir cerró los ojos.

-. Tu madre hablaba mucho de ti… ella te extrañaba

Y yo a ella…

-. Lo siento, papá-

Adamir bajó el rostro avergonzado. ¿Qué explicación podía dar? ¿Qué estaba vendiendo chicos para hacer negocios y por eso no había venido antes? ¿Qué estaba intentando dominar a su fiera salvaje para que volviera a complacerlo como antes?… Ay Max… Dios!! Todo sería más fácil si Max estuviera con él

Saludó al resto de sus familiares y aguantó estoicamente las miradas de todo tipo y los murmullos en voz baja.

-. La misa comenzará dentro de poco – le informó Nazir

Adamir asintió. Estaba aturdido por el torbellino de emociones y sin ganas de discutir. Volverían de noche a la isla, luego de despedir a su madre

-. ¿Cuál es el tema urgente? – le preguntó Nazir sigilosamente

Demonios!! El tema a discutir… Ya no podía posponerlo más. Era prioritario.

-. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar en privado?

-. Sígueme

Se levantaron cuidadosamente y abandonaron el recinto del velatorio. Nazir lo guió fuera de la iglesia hasta un estacionamiento vacío en la parte posterior. Había comenzado a llover y se refugiaron bajo techo

-. Se trata de los hombres detenidos – comenzó Adamir  notando de inmediato como su hermano se ponía tenso

-. ¿Hay algún problema?

-. El contacto en esa ciudad me informó que hay un detective asignado especialmente a este caso

Nazir no le despegaba los ojos de encima, esperando a que continuara hablando

-. Le pedí a Gonzalo que destruyera toda evidencia y lo hizo… pero…

-. Pero?

-. Recuperaron un computador que había en el vehículo. Estaba encriptado pero lograron descifrarlo

-. Que qué?? – Nazir se acercó a Adamir peligrosamente – ¿qué información?

Adamir retrocedió un paso

-. El detective tiene una lista de los puertos en que ancló el yate los últimos meses…

-. ¿Cómo…. como demonios portan información de ese tipo??!! – Nazir respiraba agitado

-. Eso no es todo – admitió Adamir en voz baja sacando una copia en papel de la lista que Gonzalo le había enviado. Nazir clavó sus ojos en él y recibió el papel. Lo desdobló para leerlo

-. El nombre de los astilleros encabeza la lista

Nazir miraba el documento con la boca abierta… Desviaba su mirada a Adamir y luego volvía al documento

-. Este papel… ¿Te das cuenta de…? ¿Entiendes lo que significa!!! – Nazir iba alterándose y subiendo el tono de voz con cada pregunta – Es el nombre de la familia, Adamir! ¿Qué va a hacer Gonzalo con esto?

El silencio de Adamir fue incómodo. La lluvia subía de intensidad. Nazir se quedó inmóvil intentando comprender la mirada flemática de su hermano

-. Ya no va a ayudarnos. El detective estuvo a punto de descubrirlo y dijo que no se involucraría más.

Nazir parecía haber perdido la calma… Lo miraba como si él fuera el único que entendiera la gravedad del asunto… Su familia era sagrada y ahora estaba en una lista en manos de un detective… Diablos!!! ¿En qué momento había dejado que Adamir se encargara de esto?  Eran sus empleados… Pero maldito lo que sabía Adamir de diplomacia y buenas relaciones!!! Cómo diablos iban a resolver esto ahora?

-. ¿Qué vamos a hacer?

La pregunta descolocó a Nazir. Tenía ganas de gritarle y golpearlo… Temía que todo esto se saliera de control, pero estaban en el patio de una iglesia donde se velaba a su madre. Respiró profundamente sin quitar sus ojos de Adamir

-. Nada. No vamos a hacer nada.

-. Pero el detective… El nombre de los astilleros

Nazir se demoró en responder. Cuando lo hizo sonaba diferente

-. Se supone que no sabemos nada. No podemos anticiparnos a los hechos. Quizás el asunto nunca llegue a mayores

-. Gonzalo me advirtió que el detective estaba decidido a llegar al fondo del asunto

Nazir se preguntó si debería hablar él mismo con Gonzalo. No quería intervenir mezclándose más en el tema de la isla, pero Adamir no se veía bien… Algo le sucedía.

-. ¿Sabes cuantas naves reparamos a diario en los astilleros? Muchas. Y nunca averiguamos de donde vienen, adonde van o que es lo que hacen. Nuestro trabajo es reparar los desperfectos.

Adamir frunció el entrecejo

-. Entonces…

-. Esa nave no está registrada bajo ningún nombre conocido ¿no es así?

-. Así es. Navega bajo un nombre falso, imposible de rastrear

-. ¿Estás seguro que nada la liga contigo o conmigo?

-. Nada

-. Correcto. Entonces, no sé a quién le pertenece. Me aseguraré de que los documentos indiquen que nuestro trabajo solo fue repararla.

Adamir lo miraba estupefacto…

-. Nadie sabe sobre la isla ¿No es así? – continuó Nazir

-. Solo los compradores que están tan comprometidos como nosotros.

-. Entonces esperaremos tranquilos. Eso es lo que vamos a hacer.

-. El servicio va a comenzar – anunció Sergio apareciendo en el patio

Los tres se encaminaron de vuelta a la iglesia.

Cuando Sergio se fue a separar para volver a la parte posterior de la iglesia, Nazir le sostuvo la mano y lo obligó a caminar a su lado hasta los asientos delanteros.

 

EXEQUIEL

Exequiel junto a la señora Cellis se presentaron a recibir a los compradores en el muelle. El yate del cual descendieron dos hombres era impresionante por su tamaño y lujo.

-. Exequiel! Buenas tardes

-. Sergei. Un gusto volver a verlo. Adamir tuvo que ausentarse por una urgencia familiar pero yo lo atenderé

Sergei era un cliente antiguo; un hombre joven y alocado del este de Europa con mucho dinero y gustos excéntricos.  La persona que venía con él fue presentada como Hervé,  un hombre bajo y callado. Exequiel los saludo y presentó a ambos con la enfermera.

-. Vamos a ver  lo que ha comprado

Exequiel guió a los hombres  hacia el complejo de edificios. El camino era un entablado de maderas que serpenteaba ascendiendo por el roquerío. La enfermera Cellis hacía un esfuerzo por seguir el ritmo de los tres hombres; ella no estaba acostumbrada a caminar ni moverse, su trabajo era normalmente muy sedentario. Hoy ya había visitado a Max temprano para volver a sedarlo y que se mantuviera tranquilo mientras entregaban a los chicos y luego ayudó en la preparación de los que se iban. Bajar hasta el muelle había sido fácil pero subir el camino de vuelta era un desafío que la estaba haciendo jadear. Casi estaban llegando a destino cuando  su tobillo se dobló con un suave sonido de huesos y un agudo dolor

-. Aaahhhggg – cayó sentada en el camino en el más absurdo de los ridículos.

Exequiel se apresuró a ayudarla y al ver que no podía afirmar el pie para caminar, entre los tres la asistieron trasladándola hasta el edificio donde funcionaba la enfermería

-. Déjenme sola, por favor. Continúen con lo suyo. Yo sé lo que debo hacer

El hombre de negro que siempre trabajaba con ella ya le prestaba su auxilio

-. Volveré más tarde – dijo Exequiel

-. Si. si. Por favor discúlpenme

Que papelón había hecho. Estaba humillada a más no poder y solo quería que se retiraran para que concluyeran el negocio y la dejaran en paz para inyectarse un calmante y revisarse el tobillo que seguramente se había fracturado.

 

-. Lamento el incidente. Por favor vengan conmigo – Exequiel se dirigió a los compradores.

Los hombres le restaron importancia a lo sucedido y siguieron a Exequiel hasta la sala de esclavos. El único ocupante estaba en posición de espera dentro del cuarto.  Sergei se adelantó a mirarlo con una marcada sonrisa en el rostro.

-. Es bello, no? te dije que Adamir solo tiene chicos hermosos

Sergei parecía un niño con un juguete nuevo; le hablaba a su amigo pero Hervé tenía más interés en hablar con Exequiel

-. Estoy muy interesado en llevarme un chico – dijo el hombre demostrando que no era ni tan tímido ni callado como había parecido a primera vista.

-. Lo lamento pero este es el último que nos queda. No hay más chicos entrenados por ahora – respondió Exequiel educadamente haciendo un gesto de lástima

-. No me importa si no está completamente entrenado – insistió el hombre

-. Si. Lo entiendo pero, como le dije, no tenemos…

-. Tampoco me importa el precio – interrumpió decidido el cliente nuevo volviéndose hacia Exequiel y taladrándolo con sus ojos pequeños y profundos – puedo pagarle extra por las molestias pero odiaría haber viajado hasta acá y volver con las manos vacías.

Exequiel escuchó en silencio… Asustado de lo que estaba pensando.

-. Sergei me ha convencido de lo agradable que puede ser tener un esclavo permanente. Estoy ansioso de probarlo. ¿Es posible que me venda alguno?

Un comprador nuevo… Y nadie que pudiera detenerlo en su último día en la isla.

Exequiel pensó en el dinero… En Adamir que lo había despedido cruelmente sin considerar todo lo que había hecho por él… En la enfermera Cellis que estaba tirada en una camilla sin posibilidad de verlo.

Pensó que en ese momento él era el único amo y dueño de la isla por unas horas, hasta que se fuera y nunca más volvería.

Pensó en que no todos los chicos habían sido vendidos…

Comenzó a sudar… ¿Se atrevía a hacerlo?

Los minutos pasaban y Hervé seguía esperando una respuesta que Exequiel tenía miedo de pronunciar.

-. Nuestros productos son caros – dijo tanteando el terreno y pensando en que nunca más volvería a tener una oportunidad como esta de hacer dinero tan fácilmente

-. Eso no es un problema. Sé bien cuánto pagó Sergei por su esclavo. Muéstreme lo que tiene y si me agrada le ofrezco un diez por ciento más

-. Veinte por ciento –  dijo muy de prisa.  Si iba a traicionar a Adamir y largarse de la isla, necesitaría mucho dinero para desaparecer.

-. Veamos que me puede ofrecer – respondió el hombre sin negarse a pagar más.

 

Adamir había solicitado dos hombres custodiando a Max de manera permanente y la señora Cellis había insistido en ello temprano, pero nadie le informó a esos hombres que no siguieran las instrucciones de Exequiel porque había caído en desgracia, así es que, cuando Exequiel les pidió que se fueran a prestar sus servicios al señor Sergei que había quedado solo con su esclavo, los hombres no dudaron y partieron.  Exequiel entró confiado a la casa de Adamir sabiendo que nadie lo detendría. Guió a Hervé hasta el cuarto donde Max dormía. Abrió las cortinas para que pudiera admirarlo plenamente. Hervé dio vuelta alrededor de la cama mirando a Max detalladamente.

-. ¿Le agrada? – preguntó Exequiel sabiendo de antemano la respuesta. Podía odiar a Max pero aún así era capaz de ver la hermosura del chico

-. ¿Por qué está atado? – preguntó Hervé señalando las esposas de metal que lo mantenían confinado a la cama

-. Usted dijo que no le importaba si no estaba completamente dócil. Este es el único producto que nos queda. Es un poco rebelde… Pero no hay nada más

-. ¿Y las muñecas? – Hervé tomó una de las manos del chico pero la soltó de inmediato cuando Max se movió.

-. Intentó quitarse las esposas – aclaró Exequiel en voz baja

-. Es hermoso… Aunque un poco alto

-. Es esto o nada – Exequiel deseaba terminar el negocio de prisa. Estaba arriesgando su cabeza en este negocio y lo sabía.

-. ¿Como se llama?

-. Lo llamamos Max, pero usted puede cambiarle el nombre si desea

-. Max… SI. Me lo llevo. ¿Cuál es el precio?

Exequiel mencionó una cifra. Sabía de memoria cual era el precio que Sergei había pagado y, en su mente, le agregó el veinte por ciento extra. Expresada en voz alta sonaba muy alta

-. Es mucho dinero. Espero que el chico lo valga

-. Le aseguro que si aunque le recomiendo lo mantenga restringido con esposas o cadenas los primeros días.

Hervé sonrió. Tal parecía que le gustaba la idea que Exequiel sugería.

-. ¿Será su primer esclavo?

-. Si. Recién comienzo a aprender el juego

-. Debe tener la rienda muy corta con Max. Como le dije, es un poco rebelde

-. Eso no importa. Yo sé que hacer.  Vamos a buscar el dinero. Lo tengo en el yate.

-. Respecto a eso… Hay una condición para realizar esta venta. Necesito llegar al continente hoy mismo. Solo puedo vendérselo si me lleva a tierra en el yate.

Hervé lo miró suspicaz. Exequiel sintió que tenía que dar alguna explicación lógica

-. Es mucho dinero para mantenerlo en la isla. Tengo que llevarlo al banco temprano y ponerlo en la cuenta de Adamir.

Sonaba lógico. Una venta inesperada que acarreaba problemas de última hora. Hervé asintió como si entendiera y aprobara.

-. El yate no es mío pero no creo que Sergei ponga alguna objeción a llevarlo a tierra firme. De todos modos iré a preguntarle

Exequiel se quedó a solas con Max. Miró a todos lados como esperando que alguien saliera de las paredes a arruinar su plan perfecto. Pero nadie salió.

Diablos!! Lo había hecho! Había vendido a Max y tendría mucho dinero!!! Sentía furiosas descargas de adrenalina dándole vueltas en la sangre y urgencia por actuar con rapidez.  Sabía que Adamir no regresaría temprano, pero igual tenía apuro porque todo terminara lo antes posible.

Busco ropa para vestir a Max. Sacó lo primero que encontró en el closet del dormitorio, liberó sus pies de las esposas y se acercó a vestirlo.

-. ¿Qué?? no… Suel… tame – Max pestañeó y alcanzó a ver quien estaba cerca de él

Exequiel se sorprendió al verlo despertar pero no dejó de ponerle la ropa.

.- Nooo  quie… ro… no

Max  escondía sus brazos en un manoteo torpe y se negaba a dejarse vestir. Estaba despertando. Exequiel lo sujetó apretándolo hasta causarle dolor, para poder continuar

-. No te muevas, maldito.  Tú dijiste que cualquier amo sería mejor que Adamir.  Ahora ya tienes un nuevo amo.

Max luchaba por despertar y mantener los ojos abiertos. Las palabras le sonaban tan raras, distantes y con eco… Dudaba si estaba en una pesadilla o era realidad… ¿Lo habían vendido?… ¿Adamir lo había vendido a Él??

-. No… No quiero,.. No me toques!!

Exequiel levantó en el aire el mismo cinturón que intentaba ponerle en los jeans y lo descargó con rabia contra el torso de Max. El golpe sonó como un latigazo fuerte y duro. Max gritó de dolor y de asombro

-. Mantén la boca cerrada – ordenó Exequiel en un grito, reforzando sus palabras con un segundo golpe.

Los ojos de Max estaban llenos de lágrimas y su boca abierta con un grito atorado en la garganta… Deseaba pensar rápido y con claridad pero los efectos del calmante lo dejaba confundido… pensó en gritar y pedir ayuda pero al instante supo que era un esfuerzo sin sentido. Nadie movería un dedo por ayudarlo… lo habían vendido… No era posible… ¿En verdad lo habían vendido? La nueva realidad lo dejaba choqueado

-. Todo está arreglado – Hervé entro al cuarto en ese momento. Su mirada se clavó en Max

-. Tiene ojos hermosos – dijo acercándose a él, mirando bien su rostro

-. Él es tu nuevo amo – Exequiel lo empujaba para que se pusiera de pie. Max se sostenía apenas, las rodillas se le doblaban y necesitaba apoyo. Intentaba enfocar al hombre que tenía al frente pero solo veía un manchón borroso.

-. Mi nue… vo… a… mo?… – preguntó desorientado

-. Será mejor que llevemos algo de esto

Exequiel tomó algunos de los tranquilizantes que había en el maletín dejado en el cuarto por la enfermera y los guardó en su bolsillo.  Le administraría uno a Max en el yate para que no se pusiera a gritar o a hablar más de la cuenta. Lo  mejor sería mantenerlo dormido hasta llegar a tierra y luego… ¿Qué le importaba luego?! Ya no sería su problema sino de Hervé.

-. Le ayudaré a llevarlo – ofreció el nuevo amo de Max pasando su brazo alrededor de Max.

-. No… me… to…quen

Le era imposible resistirse; su cuerpo no respondía y era desesperante. Lo estaban arrastrando y quería gritar. Exequiel, preocupado de que Max fuera a hablar, se fijó en el collar que había quedado tirado. Sonrió burlonamente y lo levantó.

-. Así te queda mejor – se lo ajustó apretado en la boca y Max no pudo impedirlo – aquí es donde siempre debió estar

-. Debe enseñarle desde el principio quien tiene el control– le aclaró a Hervé

Lo sacaron de la casa. El cielo se había oscurecido y caían las primeras gotas de lluvia. No encontraron ninguna traba para avanzar con Max hasta el muelle. Algunos de los guardias los vieron pasar pero nadie cuestionó que un amo llevara a un esclavo hasta el yate. Después de todo hoy era el día de ventas y entregas. Exequiel intentaba aparentar normalidad. Si alguien le preguntaba algo era hombre muerto. Arrastró más de prisa el peso muerto que era Max; el chico  a ratos intentaba moverse pero era controlado rápidamente.  Lo subieron al yate y con las mismas esposas lo ataron en uno de los cuartos. Exequiel preparó una nueva dosis potente de tranquilizante.

-. ¿Dón…de es… tá Ada…mir? – preguntó Max unos segundos antes de perder la conexión con el mundo y caer dormido

-. No va a venir a salvarte. Este es tu destino. Eres un esclavo y lo serás por siempre. – replicó Exequiel con desprecio.

Una vez que se aseguró de que Max dormía, corrió de prisa bajo la lluvia a buscar un pequeño bolso con detalles personales que eran importantes.

De vuelta al yate se encontró con algunos de los guardias que se extrañaron al verlo correr

-. ¿Está todo bien, señor?

-. Si. Voy a despedir a los compradores que olvidaron esto – respondió señalando el bolso.

Los hombres siguieron caminando hacia el comedor. Ya casi era la hora de la cena y estaban más preocupados por su comida y por el viento que comenzaba a levantarse junto con el aguacero.

Exequiel volvió al yate cuando el reloj marcaba las cinco y cuarenta minutos. Sergei lo guió hasta el comedor donde pronto les servirían la cena.  Los motores del yate rugían alejándose del muelle.  Exequiel miró la isla por la ventana del comedor; se veía borrosa por la lluvia, apenas una mancha oscura y unas cuantas luces. No volvería a verla. Tuvo sentimientos encontrados de pena y rabia. Al menos se llevaba una buena provisión de dinero. Sonrió nervioso a su anfitrión cuando este le ofreció un trago.  Bebió un sorbo amplio que bajó por su garganta calentándole el cuerpo.  Adamir se pondría furioso cuando se diera cuenta pero para ese entonces él estaría ya muy lejos iniciando una nueva vida.  Adamir era un estúpido, se había encaprichado con ese esclavo y había perdido objetividad. Si hasta lo había instalado en su casa y le había dado un collar! Y no quería que nadie lo tocara!!!  Después de todo, él le estaba haciendo un favor al vender a Max. Levantó la cabeza, altanero. En verdad, Adamir debería agradecerle que le hubiera sacado de encima al harapiento de Max, solo le traería dificultades. Se merecía el dinero de la venta por protegerlo de sí mismo y sus tontas ideas. No era un robo, Era un justo premio.  Apretó en su mano el vaso y pensó en el maletín que Hervé le había dado.

-. Salud! por un buen negocio – dijo levantando su copa y permitiéndose sonreír

El yate surcaba velozmente sobre el mar, las olas crecían de altura debido al mal tiempo y el capitán aceleraba para llegar pronto a tierra.  La tormenta caería sobre ellos en cualquier minuto.

 

 

ADAMIR

El funeral fue triste bajo el viento y la lluvia. Cientos de paraguas negros despidieron a su madre entre lágrimas. Adamir no quiso ver el rostro de su madre, Prefería recordar su cara emocionada de la última vez que se vieron y hablaron. Volvieron todos a la casa familiar pero no hubo un momento de tranquilidad como para que Adamir hablara a solas con su padre. Aun había muchos familiares en el piso inferior.  Adamir se separó del grupo y subió las escaleras. Buscaba sus recuerdos y el cuarto que había sido suyo de niño y adolescente.  Abrió la puerta sin saber que iba a encontrar del otro lado. La emoción lo envolvió en un manto cálido cuando se dio cuenta que el dormitorio estaba casi idéntico a como él lo había dejado cuando decidió partir. Avanzó observando todo y permitiendo que los recuerdos lo llenaran. Una foto de él con sus padres… Tenía unos 7 años.

-. Tu mamá se sentaba en este cuarto por horas después que te fuiste

En la puerta estaba su padre

-. Ella pensaba que era culpa suya que te hubieras desviado del buen camino. Nunca dejó de rezar para que volvieras

Adamir desvió la vista hacia el paisaje de la ventana. No podía con la mirada de su padre… Con la tristeza que le producía imaginar a su madre esperándolo

-. Ya es hora de que vuelvas, hijo

-. ¿Que vuelva? – repitió

-. El próximo voy a ser yo y no quiero irme sin saber que todos mis hijos están bien.

Adamir devolvió la foto a la repisa

-. Yo estoy bien, padre. No debe preocuparse por mi

El hombre negó con la cabeza, lentamente, y se aproximó a su hijo. Tuvo que levantar la cabeza para poder mirar a su hijo a los ojos. La tristeza y el dolor lo habían empequeñecido.

-. No trates de engañarme. Tú no estás bien. Yo puedo sentirlo

Adamir vio su reflejo en los ojos tristes de su padre y no supo que responder

-. Hay un lugar para ti aquí. Hay mucho espacio en esta casa

¿Qué decía su padre? No era posible que le estuviera proponiendo volver al hogar familiar?!!! La idea le pareció tan descabellada que no encontró forma de replicarla

-. Tus hermanos tienen mucho trabajo en los astilleros, más de lo que pueden ellos solos

No. Definitivamente esto era demasiado. Su padre le ofrecía casa y ahora trabajo…. ¿Acaso no sabía de su vida y de lo que él hacía?!!  Ni siquiera podía pensar en lo que su padre le proponía… La idea estaba más allá de cualquier lógica… ¿Volver??!! Ja!… ¿Volver a la casa familiar???…

-. Yo… Tengo que regresar a la… Debo irme, papá

-. ¿Ahora? ¿No puedes esperar hasta mañana?

No. No podía ni quería esperar. Necesitaba ver a Max con urgencia y escapar del peso de todo lo que significaba la casa y la familia… Lo aplastaba… Lo dejaba aturdido… Era como una roca sobre su pecho que no lo dejaba estar tranquilo. Quería huir de esa casa, de los sentimientos y de las personas que estaban en el piso inferior.

-. Volveré a visitarte más adelante – dijo adelantándose a abrazarlo con ganas. Se demoró en soltarlo… No quería que su padre viera lo emocional que se había puesto. Le besó la mejilla arrugada y salió del cuarto como si lo persiguiera el demonio. Bajó la escalera corriendo

-. ¿Adónde vas? Vamos a cenar todos juntos

Nazir lo interceptó cuando estaba a punto de llegar a la puerta de salida

-. No puedo…  Me voy

-. No puedes irte con este temporal. Vamos. Todos quieren hablar contigo y conocerte.

Vaya! Nazir había dicho justamente lo necesario para impulsarlo a irse con más ganas. No entraría al comedor por nada del mundo.

-. Debo volver a la isla. Hoy fue la subasta y debo revisar todo.

Nazir se adelantó un paso

-. A ti te pasa algo que no me has dicho – lo sostuvo del brazo. Por un momento sus miradas se cruzaron.

-. Claro que me pasa algo. Acabamos de enterrar a nuestra madre. – Sacudió el brazo para librarse de Nazir – Adiós

Salió de prisa sin despedirse de nadie más, mareado de tantas personas, ruido y emociones.

En el avión lo esperaba el piloto

-. Es arriesgado volar con este clima, señor

-. Quiero llegar a mi casa esta noche. ¿Puede volar o no? – preguntó con más rudeza de la necesaria

-. Si, señor

-. Bien. Nos vamos entonces

Adamir se ajustó el cinturón tironeando con demasiada fuerza. No sabía que le pasaba. Estaba alterado, enojado, ansioso… un sinfín de emociones se habían llevado la calma que sentía unos días atrás. Aún con la cinta del cinturón en la mano miró por la ventana. Estaba oscuro y ruidoso, lluvia y viento… como el bullicio que había en su cabeza y que no sabía cómo apaciguar. Recostó la cabeza contra el respaldo en un inútil intento de relajarse y calmarse. El avión comenzó a carretear. Adamir pensó en la isla, en su hermosa casa, en todo lo que le gustaba de ese lugar…

-. Max. – Suspiró

Quería ver a Max.  Él sabía cómo calmarlo sin hacer nada especial. Solo tenía que ser él mismo. Iniciaron el viaje sin que Adamir lograra calmar su ansiedad.

Se aproximaron a la isla luego de un viaje peligroso, con mucha turbulencia. Los truenos estremecían por completo el avión y, por momentos la pequeña nave era como una pluma batida por el temporal

-. Sujétese bien, señor. Eso no va a ser fácil

El piloto maniobró hasta sentirse seguro. Gracias a su experiencia lograron aterrizar

-. Bien hecho

Adamir felicitó al hombre que sudaba a chorros en su asiento

El amo atravesó la pista caminando apurado. La lluvia lo mojó empapó y el viento enroscaba su pelo y lo empujaba. El temporal agarraba fuerza

-. Buenas noches, señor

El primer guardia del recinto, protegido bajo un alero, lo saludó al reconocerlo. Adamir corrió los últimos metros hasta su casa. Recobró el aliento al cerrar la puerta y dejar la lluvia atrás. Por fin estaba en su casa.  Encendió la luz y se quitó la chaqueta empapada. El pelo le chorreaba por la espalda. Con rapidez se dirigió al baño y tomo una toalla para secarse… Mientras la pasaba por su rostro y pelo sintió que algo no estaba bien; se quedó quieto intentando determinar que era. Oscuridad y silencio… dentro de la casa había mucho silencio.

-. Max?

Dejó el baño y abrió la puerta del cuarto de Max… Todo estaba en un oscuro silencio. Encendió la luz. Su vista quedó pegada en la cama vacía…

-. Max!!! MAX!!!

Recorrió gritando y encendiendo luces en cada cuarto de la casa incluyendo baños y escritorio. Sus gritos eran opacados por el ruido externo del temporal.

¿Qué habrían hecho con él? ¿Por qué lo habían sacado de su casa sin autorización?

Levantó el teléfono y marco a la enfermera

-. ¿Dónde está Max? – preguntó olvidando saludar

-. Está en su casa – respondió la mujer

-. No. No está aquí. La dejé a cargo, ¿cómo es que no sabe adónde lo llevaron?

-. Es que sucedió una desgracia, señor. No pude cumplir sus órdenes pero el señor Exequiel se encargó de todo él solo

Adamir no creía en predicciones pero tuvo una muy clara sensación de que algo malo sucedía

-. ¿Dejó que Exequiel se encargara de todo? Por algo le pedí su ayuda – estaba comenzando a gritar – Como pudo, mujer del…

-. Verá señor, me fracturé el tobillo al subir del muelle…

-. No me importa si se rompió las piernas!! Usted tenía órdenes que cumplir!!!

Un ofendido silencio del otro lado de la línea

-. ¿Dónde está Exequiel ahora? – ladró Adamir

-. No lo he visto desde que llegaron los compradores. Yo estoy en la enfermería porque…

Adamir colgó el teléfono sin escuchar el relato de la mujer. No le interesaban las excusas. ¿Cómo era posible que hubiera confiado en esa tonta mujer???  Estúpida zorra!!!

Marcó en el teléfono el número de Exequiel. Sonó repetidas veces pero nadie respondió. ¿Dónde se habría metido a esta hora y con esta fuerte lluvia? El único lugar donde podría estar era el comedor.

-. Diga – una voz femenina respondió en el comedor

-. Habla Adamir. ¿Esta Exequiel ahí? – preguntó apurado

-. No señor. No…

-. ¿Está segura?

-. Si, señor. El amo Exequiel no vino a cenar hoy

Cada segundo que pasaba, Adamir sentía crecer el desasosiego en su estómago… Como una pelota de nieve que iba creciendo cerro abajo ¿Dónde se había metido Exequiel y que había hecho con Max? Comenzaba a estar muy enojado.

Sin recordar la chaqueta, abrió la puerta exterior y corrió hasta el guardia

-. ¿Dónde está Max?!!  – Le gritó al sorprendido hombre sujetándolo de los hombros – ¿Dónde está el esclavo que estaba en mi casa?!! – Adamir lo zarandeaba

El guardia recordó haber visto desde su puesto cuando Exequiel sacó a Max de la casa del amo, pero no sabía donde lo habían llevado ni que había de malo en ello

-. El señor Exequiel se lo llevó – respondió confundido

-. ¿Adónde? ¿Adónde lo llevó?

-. Salieron de su casa llevando al esclavo en brazos, señor

-. ¿Quienes salieron??!!

-. No sé quien era la otra persona… No lo había visto antes.

¿Quién demonios había estado en su casa??? ¿Por qué Exequiel había hecho entrar… A quien? ¿Un comprador?? ¿Qué estaba pasando??!!!

-. Encuentre a Exequiel!!- gritó – Quiero que todos lo busquen hasta que lo encuentren y me lo traigan ya mismo!!!

-. Si,i señor

El hombre echó a correr bajo la lluvia. Adamir quedó solo dando vueltas a las preguntas en su cabeza… ¿Qué podía haber hecho Exequiel con Max? Presagiaba que nada bueno… Pero ¿Dónde lo había llevado y por qué?… Maldición!! Sin poder aguantarse, corrió en dirección  contraria a su casa hacia el comedor, la enfermería y los dormitorios de los amos.

En el comedor se encontraban reunidos algunos amos y varios guardias. Al entrar Adamir todos lo miraron en un incómodo silencio

-. ¿Dónde está Exequiel?

Uno de los guardias se adelantó

-. La última vez que alguien lo vio iba hacia el muelle, en dirección al yate de los compradores

Adamir sintió que el corazón dejaba de latirle y el miedo se cuajaba en su estómago

-. Llevaba un bolso, señor. Dijo que lo habían olvidado los compradores

-. Y Max? ¿Alguien sabe donde está Max?

El silencio y las miradas no presagiaban nada bueno.

-. El amo Exequiel lo llevó en el yate

  1. No era posible,,,

Adamir se abalanzó furioso contra el guardia que le había informado. El empujón hizo que ambos cayeran al suelo. Adamir, completamente fuera de sí, golpeo con su puño el rostro del hombre mientras gritaba

-. ¿Dónde está Max?!! ¿Dónde???!!!

Todos miraban ansiosos por intervenir pero sin atreverse a tocar al amo.

Uno de los otros amos se acercó y lo sujetó del hombro

-. Adamir. Exequiel se llevó a Max en el yate. 

Adamir se sujetaba la cabeza con ambas manos… No. No. No era posible… Tenía que ser un error tremendo… La bola en su estómago era una roca dura

-. ¿Cómo es posible?? No puede ser… Max no puede…

-. Algunos de los hombres los vieron subir. Pensamos que lo habían vendido…

¿Eran todos estúpidos? ¿No había ninguno de ellos con un mínimo de inteligencia?? ¿Cómo iba a vender a Max??

-. Yo no vendí a Max!!! ¿Cómo lo permitieron???!!! Ustedes tenían que cuidarlo!!! Quienes estaban de guardia en mi casa??!!! – gritaba mirándolos a todos con displicencia  y enojo, con desesperación y angustia… Max… ¿Dónde estaba su Max? ¿Qué le había hecho Exequiel? Sentía que enloquecía de angustia…

Dos hombres se adelantaron al resto. Adamir los reconoció como los guardias que había dejado a cargo antes de salir

-. El amo Exequiel nos envió a otra parte.

-. Tenían órdenes mías de no abandonar a Max!!!

Adamir se veía peligrosamente descontrolado

-. El amo Exequiel dijo que…

-. El amo Exequiel estaba despedido. Hoy era su último día!!!

El silencio reinó en la sala. Los truenos retumbaban en el exterior pero los gritos de Adamir eran más cortantes. Miradas desconcertadas y rostros incrédulos entre todos ellos

-. Inútiles!! Buenos para nada!!! No tenían que abandonar su puesto!!! – caminaba de un lado a otro en pasos largos… se detenía, los miraba a todos y volvía a caminar… – Se largan de aquí mañana mismo!!! No los quiero volver a ver!!! – los apuntaba y hacía gestos de desprecio

Los guardias se miraron humillados y confundidos

-. ¡Cómo ninguno fue capaz de detenerlo??  Estoy rodeado de idiotas!!! – sus gritos tronaban por sobre los relámpagos

Adamir salió al exterior. Con paso decidido se dirigió al dormitorio de Exequiel. Pateó la puerta que del impacto rebotó en la pared.  El desorden dentro de la habitación era un indicio de la prisa que Exequiel había tenido para salir. En el rostro de Adamir algunos músculos temblaban. Completamente empapado volvió a salir al exterior para dirigirse a la enfermería esta vez.  No respondió al saludo del ayudante y de un brusco empujón abrió la puerta y prendió la luz del cuarto donde descansaba la señora Cellis

-. La dejé a cargo, mujer

-. Amo Adamir. Tuve un accidente…

Ciertamente la señora Cellis no esperaba el par de furiosas bofetadas que Adamir le dio en pleno rostro

-. Exequiel se llevó a Max y nadie, ninguno de todos los inútiles que hay en esta isla hizo algo por detenerlo!!!

A la enfermera Cellis se le llenaron los ojos de lágrimas y miedo. Adamir parecía un loco dispuesto a arrojarse sobre ella y matarla. Nunca lo había visto así.

-.  Usted es la responsable!!! – Adamir la acusaba apuntándola con el dedo y con la mirada – Yo la dejé a cargo

-. Pero me fracturé el pie!!!- gritó la mujer en su defensa mostrando el tobillo vendado

-. Agradezca que no le quiebro el maldito cuello, estúpida!!!

-. Pero yo no sabía, amo Adamir.

-. Le dije que usted quedaba a cargo!! Se lo dije!!! – la amenazaba con sus gritos y la mujer se protegió el rostro con sus brazos y se ahogaba en lágrimas – Exequiel se robó a Max, lo subió en el yate de los…

Adamir guardó silencio antes de terminar la frase y luego abandonó de prisa el edificio de la enfermería. Corría bajo la lluvia, resbalando y cayendo empujado por el viento. Había recordado algo importante. El yate tenía radio y sistema de comunicaciones además de teléfono ¿Cómo se llamaba el último comprador?… Sergei!!! Sergei… Si tenía todos los datos de Sergei. Podía comunicarse con ellos. Necesitaba volver de prisa a su oficina para encontrar los datos.

Adamir tecleaba nerviosamente buscando el nombre de Sergei en el computador. Era tal su desesperación que no le importó mojar y ensuciar su casa ni el barro que tenía en la ropa y en el pelo. Se equivocaba al pulsar las letras debido a la extrema ansiedad y se enojaba consigo mismo, gritando maldiciones. Finalmente encontró lo que buscaba… En el primer papel que encontró anotó el número de teléfono de Sergei y corrió a marcarlo. Esperaba angustiado el sonido de conexión pero lo único que escuchaba era la interferencia del viento y el temporal.

-. No. No. Nooooo

Marcó una y otra vez… La ropa mojada le estaba produciendo mucho frío pero no tenía tiempo de cambiarse.

-. Responde, maldición! Responde!!!

Finalmente, la conexión se produjo y pudo escuchar la voz de Sergei detrás del ruido de interferencia,

-. Hola

-. Sergei!! Sergei soy Adamir

-. Amigo! Como estas… te escucho muy mal

-. Sergei es importante que me escuches – Adamir se aferraba al teléfono como si su vida dependiera de ello

-. Hola?? La conexión está muy mala…

  1. No vayas a cortar. No

-. Necesito saber dónde está el esclavo que te llevaste

-. ¿Cómo??

Diablos!! Tenía que saber. Volvió a preguntar con mucha lentitud, marcando cada palabra

-. El esclavo que te llevaste. ¿Dónde está?

-. Ah el chico es perfecto. Enzo está aquí conmigo

-. NO!! No Enzo. El otro chico

-. Ah! ¿El chico que compró Hervé?

-. ¿Quien??

-. Hervé

Quién demonios era ese tipo???

-. Si. ¿Dónde está ese chico?

-. Adamir, no te escucho…

-. ¿Dónde está ese chico?

-. Hervé se lo llevó en cuanto llegamos a tierra

-. No!!!..

Adamir sintió un dolor tan fuerte en el pecho que pensó su corazón estaba fallando… respiró agitado y se sostuvo del escritorio…

-. ¿Adónde? Dime adonde se lo llevó?

-. Como dices??? Ya no te escucho.

El viento arreciaba afuera y el ruido de interferencia en la línea hacía imposible seguir hablando… pero Adamir insistía

-. ¿Dime dónde lo llevó??

-. No te escucho… Hola?… Hola?… Vaya… Parece que se cortó…

Y de pronto la línea estaba muerta. Sergei había cortado y el silencio era horrible

-. Sergei… SERGEI!!! NOOO…

Azotó el teléfono con rabia devolviéndolo a su sitio. Luego intentó marcar nuevamente, pero fue inútil. Las líneas habían muerto a causa del temporal. Se llevó las manos a los costados de la cabeza y enredó su pelo en ellas… Se apretaba a sí mismo, presa de la desesperación… Max estaba con ese tipo… Hervé se lo había llevado quien sabe dónde… No… No… El dolor era insoportable y tuvo que doblarse para resistirlo… El maldito de Exequiel había vendido a Max y ese tipo creía tener derechos sobre… No… Nooooo. Max… No… Le corrían las lágrimas que se mezclaban con el agua que chorreaba su pelo… Max… Con sus propias uñas se arañó la cara. No creía poder aguatar lo que estaba sintiendo… En la soledad de su casa gritó como condenado el nombre de Max

-. MAAAAAAAAX..

Se había ido… otro hombre lo tenía…

Adamir gemía sintiendo que iba a reventar…

De pronto levantó el rostro con una nueva idea. Miró en la pantalla el nombre de la ciudad y el país donde vivía Sergei. Eso era!! Tenía que ir a buscarlo!! No podía quedarse sentado esperando…

Salió de la casa tal como estaba. El viento era aún más fuerte y tenía dificultades para caminar. Minutos después  se detuvo frente a la habitación del piloto del avión. Golpeó la puerta colérico… Al borde de la locura misma

-. Don Adamir

El hombre se sorprendió no solo de verlo bajo la lluvia sino del aspecto que mostraba su jefe

-. Prepara el avión. Tenemos que viajar ya mismo – la voz le salía entrecortada a causa del frío y de las emociones

El piloto abrió la boca y pestañeó repetidas veces

-. No podemos viajar ahora, señor. Mire el tiempo como está

-. Pudiste volar hace un rato. Necesito que me lleves con urgencia

-. Señor! No se puede hasta que pase el temporal

Adamir entró a la casa y arremetió contra el piloto empujándolo contra una pared

-. Es urgente!!! Necesito ir a buscar a Max!! No tengo tiempo que perder!!!

El piloto era un hombre experimentado que llevaba muchos años trabajando para Adamir. Estaba impresionado por lo que veía pero tenía claro que era imposible viajar con ese tiempo. Mantuvo la calma, dispuesto a usar la fuerza si era necesario.

-. Lo siento, señor pero por su propia seguridad, no puedo llevarlo ahora

La calma y la certeza  con que le habló el hombre provocaron una reacción interna en la mente de Adamir. Algo de la cordura que había perdido resucitó por unos instantes. Su cara de loco se fue transformando lentamente en una mueca horrible de dolor…

No podía ir a buscar a Max con este temporal y su chico estaba en manos de un hombre que se creía su dueño…

La sola idea de que alguien más tocara a Max era… Aaahhgg..

El piloto vio como los ojos dorados del amo se inundaban de lágrimas y un lamento doloroso se le escapaba de los labios… Su cuerpo se estremeció en un temblor involuntario y las rodillas se le doblaron haciéndolo caer en completa desolación

Fue tanta la impresión del piloto que no supo qué hacer…

En el medio de su dormitorio yacía de rodillas, llorando e impotente, el amo de la isla.

M&M CAPÍTULO 80

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CAPITULO 80

LA INVESTIGACION

Gonzalo estaba de pie detrás de Jorge y miraba inquieto como los dedos del especialista en computación tecleaban rápido; sus ojos se movían de una a otra pantalla… más de una hora había transcurrido desde que comenzaran…

-. Ya entraste?

Los conocimientos de Gonzalo quedaban sobrepasados por lo que Jorge hacia y tenía que preguntar que significaban el sin número de conexiones, números y luces que parpadeaban en la pantalla

-. Ya casi…

Había sido idea de Jorge. Si los datos que necesitaban destruir estaban en un computador, él podía encontrarlos, borrarlos, anularlos sin que quedara rastro de ellos.

-. Es la policía – rebatió Gonzalo, dudando

Jorge respondió con un gesto, levantando las manos, alzando los ojos al cielo y moviendo la boca…  ppfff! que importaba donde o a quien le pertenecía; si era un computador, él llegaba sin dejar huella de su paso

-. De acuerdo – dijo Gonzalo en un largo suspiro. Adamir agotaba su paciencia con el favor que le había pedido y con la arrogancia que demostraba. Sería lo último que haría por él.

-. Cuantas protecciones…  Crees que me vas a detener??

Jorge hablaba con la pantalla como si de un adversario se tratara… comenzaba a sudar pero no se detenía porque sabía que podía hacerlo…

 

El capitán Molina se retiraba a casa después de terminar la jornada de trabajo.  Le sorprendió ver que la luz de la oficina que ocupaba Cristián aun estuviera encendida. La curiosidad lo llevó hasta allá. Cristián y sus dos colaboradores cercanos estaban de pie, vigilantes, mirando fijamente las pantallas frente a ellos… el silencio era sepulcral

-. Que sucede? – preguntó sin que nadie desviara la vista para prestarle atención. Lo que sucedía en las pantallas era más importante

Cristian levantó una mano como si quisiera detenerlo y hacerlo callar. La ansiedad pintada en sus ojos

-. Tenemos un intruso en busca del archivo – respondió otro de los detectives

-. Cómo?

Las alarmas del capitán se encendieron de inmediato

-. Alguien intenta llegar hasta el archivo

-. 3 minutos!!! – gritó el otro hombre que controlaba algo frente a una de las pantallas

-. Tres minutos y lo tendré en mis manos – Cristian amenazó al aire sin alejar su atención de las pantallas

Molina tragó saliva súbitamente descompuesto…

-. Lo estamos rastreando… es bueno… utiliza muchos servidores pero en tres minutos sabremos donde está el desgraciado – Cristián estaba totalmente enfocado en la espera… la información en la pantalla era un libro abierto para él.

Molina sintió que el aire de le escapaba de los pulmones

-. ¿No se queda Capitán?

-. Tengo una reunión en unos minutos – mintió – pero avísenme lo que descubren a la brevedad

Se obligó a caminar lento mientras daba vuelta y abandonaba la oficina de Cristian. Sus manos ya apretaban el teléfono celular dentro de la chaqueta. Se refugió en la oficina vacía al final del pasillo. Cerró la puerta sin molestarse en prender la luz y tecleó nerviosamente. El sonido de llamada le pareció eterno.

-. Hola

-. Deténganse de inmediato! – Gritó Molina en un susurro desesperado

Gonzalo percibió la urgencia en la voz de Molina pero a su cerebro le tomó unos segundos  entender

-. Los están rastreando!! Los van a descubrir en segundos!!

Gonzalo entendió el mensaje en su totalidad.

-. Mierda!

No perdió tiempo explicándole a Jorge porque Molina había hablado de segundos. Como si se lanzara a una piscina se tiró de prisa contra la pared opuesta desconcertando a Jorge con el extraño movimiento… al caer al suelo, Gonzalo se llevó en la mano todos los cables que conectaban los computadores con la fuente de electricidad.

-. Pero qué..!!! – Jorge se puso de pie de golpe. Sus pantallas oscuras!!!  todo  perdido… Qué diablos había pasado??

Gonzalo tirado en el piso movió los cables, mostrándoselos

-. Apaga todo! Nos están rastreando – gritó demasiado fuerte

Jorge tuvo a bien moverse de prisa y apagar todo en segundos

-. Estuvimos a punto de ser descubiertos – Gonzalo jadeaba

Jorge frunció el ceño,  impactado… había estado seguro de poder franquear todas las vallas pero jamás pensó que alguien lo esperaba del otro lado… no había forma de que lo estuvieran rastreando… a menos que se estuviera enfrentando con alguien tan preparado como él que sabía de antemano que intentarían acceder a su información

-. Por la puta madre – dijo Jorge desplomándose sobre la silla, molesto por no haber previsto esa posibilidad

Gonzalo soltó los cables, se puso de pie ágilmente y estiró su camisa. Su rostro exhibía furia

-. Se acabó – sentenció

Con trancos largos y decididos cruzó la oficina de Jorge y se encerró en la suya a efectuar una llamada telefónica que deseaba hacer desde temprano.

 

 

Molina suspiró, satisfecho de haber podido prevenir un desastre. Fue a guardar el celular en su bolsillo pero la oscuridad le jugó una mala pasada y el equipo resbaló estrellándose en el suelo y repartiéndose en  decenas de piezas y cristal roto

-. Demonios!!!

Juntó de prisa los pedazos sin encender la luz. No quería delatar su presencia en las oficinas. Cuando pensó que ya no quedaba nada, observó cuidadosamente que el camino estuviera despejado y abandonó el lugar.

 

 

Juanfe se había quedado dando vueltas en la oficina con Cristian. No tenía clases ese día y le gustaba observar el trabajo de Cris y sus compañeros, sobre todo cuando él había hecho un gran aporte. Claro que también tenía sueño… no había dormido la noche anterior y al comenzar a caer la tarde sus ojos se cerraban

-. Ven a descansar – le dijo Cris llevándolo a una oficina vacía al final del pasillo y acomodándolo en el sillón de espaldas a la puerta

– Nadie viene nunca aquí. Duerme tranquilo, prometo no dejarte abandonado – Cris sonrió y se tomó unos minutos para agradecerle con besos y caricias el gran esfuerzo que había hecho. Se detuvo cuando su cuerpo comenzó a reaccionar al contacto con el de Juanfe y se puso de pie con desgano.

-. Duérmete, tentación disfrazada de hombre.

Juanfe sonrió con ternura y se durmió al instante. Fueron varias horas de sueño reparador interrumpidas hasta que horas más tarde, alguien abrió la puerta. Juanfe sonrió tontamente a medio despertar. Cris venía por él y se irían juntos a casa. Pero no era así. Alguien más había entrado y hablaba por teléfono en la oscuridad en susurros urgentes. La primera intención de Juanfe fue avisar su presencia… pero la intención murió en el acto cuando pudo identificar la voz y entender la conversación…   Pasó mucho rato desde que Molina abandonó la oficina y Juanfe pudo dejar de temblar y se atrevió a moverse.

 

 

ADAMIR

En la pantalla centelleaban nuevas cifra y mensajes desde hacía rato pero no había quien las atendiera. Adamir se encontraba al teléfono haciendo un esfuerzo supremo por no descontrolarse. Gonzalo le anunciaba que había despachado a su hombre de vuelta en un carguero y que eso era lo último que podía esperar de él; se negaba a continuar involucrándose luego del riesgo que habían corrido pocas horas atrás

-. No puede abandonarme antes de dejar todo aclarado

Adamir estaba no solo molesto sino frustrado y enrabiado por muchas razones. No tenía en ese momento la paciencia ni el tino que se requerían para lidiar con Gonzalo aunque necesitaba de él

-. Cumplí con lo que me solicitó y esto termina nuestro acuerdo – respondió tajante Gonzalo

– Escuche, puede cobrarme la cifra que desee

-. No se trata de dinero– Gonzalo estaba más que ofendido – el detective que investiga su negocio está decidido a encontrarlo. No voy a correr más riesgos por usted.

Adamir se movió nervioso…. No le gustaba nada de lo que estaba escuchando pero estaba fuera de su alcance controlarlo… odiaba no tener el control… odiaba sentirse impotente… Ni siquiera había tenido tiempo de avisarle a Nazir de todas las complicaciones y ahora esto, más encima. Se cambió el teléfono de una mano a otra tratando de ganar tiempo y calmarse.

-. Gonzalo… no puede dejar este trabajo sin terminar

Diablos!! si tan solo no tuviera a Max metido en su mente podría pensar con tranquilidad y mayor inteligencia… el mundo se le venía encima para aplastarlo y él, de lo único que era capaz, era repetir en su cabeza una y otra vez las imágenes de Max atado, gritándole, enojado… culpándolo  negándose a entender y arruinando sus planes.

-. Yo cumplí con lo que usted me solicitó así es que doy por finiquitado nuestro acuerdo. Le haré llegar el costo de esta operación y le recomiendo se cuide del teniente que lo está buscando. Buenas tardes

Y sin más, Gonzalo cortó la comunicación.

Adamir miró atónito el teléfono… abrió la boca para arremeter contra él pero no fue capaz de articular palabras… le había colgado… el desgraciado le había cortado!!! ya no contaba con Gonzalo ni con ninguna conexión en aquella ciudad lejana. Maldición! Mas encima, el imbécil se atrevía a sugerirle que se cuidara… idiota!! Como iba a hacerlo desde la isla?? Por los mil demonios!!Como solucionaría este problema?  Nazir se pondría furioso… tenía que hablarle ya mismo.

La pantalla del computador seguía flasheando actividad desatendida

Adamir dejó de golpe el teléfono sobre la mesa. Su ceño estaba tan fruncido que se marcaban claramente un par de profundas líneas paralelas.  Se obligó a estirar sus puños apretados y se pasó repetidas veces las manos por su largo cabello en un extraño gesto nervioso… miraba fijamente a ninguna parte… No tenía tiempo que perder. Su negocio tambaleaba… estaba en peligro… ese teniente… Max… Ya se entendería con Max… Nazir… la subasta…

-. Llame a Exequiel – gritó a uno de los guardias

No le gustaba tener que pedir su ayuda después del altercado de la mañana pero su situación era agobiante y no tenía tiempo de enseñar a nadie más.

Exequiel llegó con el rostro contrariado y una actitud defensiva. Secretamente estaba feliz de haber sido llamado y albergaba una remota esperanza de que Adamir hubiera recapacitado y diera marcha atrás en su decisión.

-. ¿Puedo contar con tu ayuda para la subasta? – pregunto Adamir sin demora ni amabilidad, más bien siendo brusco y agresivo

Exequiel sintió alivio pero no lo demostró.

-. Si. Te ayudaré

Asintió moviendo la cabeza, también cortante en las palabras pero sin demora se instaló frente al computador a intentar poner en orden todo lo que estaba acumulando.

Bien, suspiró Adamir. Una cosa menos de la que preocuparse por un par de horas. Pensó en decirle algo más pero no tenía cabeza para pensar… Ahora tenía que… Max… no. Max después… ahora era su deber llamar a Nazir… y… Max estaba amarrado y solo…

Maldición. Habían pasado horas.  Necesitaba verlo.

Salió de su casa como si lo empujara el diablo y se dirigió directo al cuarto donde había dejado a Max.  Si no lo veía no podría hacer nada. Empujó la puerta, inquieto y acomodando sus ojos a la oscuridad del interior. Max estaba tendido en posición fetal. Adamir sintió un cierto alivio de verlo. Se acercó despacio pensando que Max dormía y comenzó a distinguir sus formas con claridad… En  el rostro del chico había aun surcos de las lágrimas que había derramado copiosamente… sintió rabia y lástima al mismo tiempo. Se acuclilló cerca de el y entonces vio las manchas de sangre que había corrido por sus brazos manchando parte de su cuerpo.

-. Pero… que te hiciste?!!! – Adamir estaba impactado por la sangre en Max

Max estaba inmóvil pero despierto… quizás el cansancio, el horror del descubrimiento, la impotencia… la rabia que lo había hecho explotar o tal vez la enorme energía gastada en llorar y patalear lo mantenían quieto… exhausto.  Sin duda, escuchó a Adamir entrar pero no se movió ni reaccionó cuando él llamó su nombre, alarmado

Fue en el momento en que Adamir intentó examinar sus brazos cuando Max se recobró y se agitó como pudo, arrastrándose lejos de él

-. No me toques

-. Ya basta, Max. Estas herido

-. No me toques – volvió a repetir con la voz ronca de cansancio

Adamir estaba realmente cabreado.

Las esposas de metal habían dañado la piel en sus manos y muñecas y le dolía verlo, peor que si le hubiera sucedido a él mismo. Adamir entendió al instante de qué manera Max se había hecho esas heridas. Le quedarían marcas en sus hermosos brazos…oh no! Como había sido tan estúpido de su parte no pensarlo… por qué no lo había sujetado con algo menos peligroso?? Qué demonios le pasaba hoy que actuaba como un tarado?? Por qué todo sucedía en un mismo día???

-. Sra Cellis, Venga de inmediato y traiga su equipo de primeros auxilios. – ordenó al teléfono

-. ¿Qué estabas pensando? ¿No te das cuenta que son de metal? No puedes quitártelas

Y sin hacer caso del rotundo rechazo de Max, Adamir tomó uno de sus brazos y lo sostuvo con cuidado, liberándolo para luego hacer lo mismo con el otro. Max se resistía pero con los pies atados, el cansancio y la fuerza que Adamir demostraba, era poco lo que podía hacer.

La enfermera Cellis entró con uno de sus hombres. Max lo recordaba bien. Era quien lo había recibido cuando llegó. Lo odiaba. No quería que ninguno de ellos lo tocara…

-. Vamos a llevarlo a mi casa

– No!! – Max se retorció, agitándose.

A pesar de las protestas, Adamir apresó sus brazos y el hombre lo levantó para cargarlo.

-. En su cuarto – señaló Adamir cuando traspasaron el umbral de su casa, sin prestar atención al asombro de Exequiel.

Max seguía negando y de a poco recuperaba energía

Adamir y el hombre lo sostuvieron por la fuerza mientras la enfermera Cellis le inyectaba un tranquilizante para poder ocuparse de las muñecas y manos. De a poco, Max perdió la batalla, su cuerpo se fue calmando y sus ojos se cerraron.

-. Muy bien. Ya está dormido

La enfermera comenzó a curar las heridas.  Adamir observó todo el proceso atentamente sin darse cuenta de los gestos de dolor que hacía cada vez que la mujer limpiaba y atendía las heridas de Max.

-. Va a dormir varias horas. Es mejor así. Este chico es muy rebelde y podría…

-. Gracias Sra. Cellis. La llamaré si la necesito – cortó Adamir, despachándolos. No quería escuchar que nadie dijera algo malo sobre Max.  No estaba de humor para soportarlo. Nadie podía hablar de Max porque ellos no lo conocían como él…

-. Solo yo te conozco bien – se repitió a sí mismo asombrado… él era el único que había visto a Max de todas las formas en que podía ser, el único. Nadie más había tenido ni tendría nunca el placer de saber cómo podía ser de dulce y alegre… como reía con ganas cuando estaba feliz moviendo la cabeza y el pelo… la suavidad de su piel y el sabor de sus besos… como echaba su cabeza hacia atrás y abría los labios gimiendo cuando lo llevaba al orgasmo… la forma en que se arqueaba su cuerpo… sus caricias… su entrega total cuando se abrazaba a él después del clímax…

Adamir lo observaba fijamente de pie al lado de la cama… no podía volver a atar sus muñecas dañadas… la verdad es que no quería atarlo!!! No… él quería que hablaran y se entendieran…  deseaba abrazarlo y fundirse con él en una caricia… volver a tenerlo aprisionado… escuchar su voz sin gritos… su deseo de tocarlo con ternura era muy intenso… casi una necesidad física de volver a conectarse

Con cuidado, casi con delicadeza, Adamir ató los pies de Max, profundamente dormido, al respaldo de la cama. El resto de su cuerpo permaneció libre.  Retiró todos los objetos a su alcance que pudieran representar un peligro.  Adamir tenía cosas urgentes que atender pero no era capaz de despegar su vista de Max sobre la cama… del rostro que aún dormido se veía sufriendo…

-. ¿Por qué lo haces todo tan difícil?

Adamir retiró unas hebras de cabello del rostro de Max… en el trayecto, su mano rozó el collar que había puesto en el cuello de Max

-. Eres mío… – dijo al aire fijando su vista en el trozo de cuero.

Se disponía a besar su mejilla y empapar su nariz de su olor cuando fue interrumpido por una tos discreta en la puerta del cuarto.

-. Que sucede? – preguntó sin girarse sabiendo que era Exequiel

-. Es tu hermano al teléfono

Adamir sintió la realidad como una bofetada en pleno rostro. Se levantó y en su mente iba imaginando todos los escenarios posibles que explicaran la llamada de Nazir… problemas con los compradores de la subasta o quizás el maldito detective había contactado a Nazir o tal vez Gonzalo… mierda!

-. No tengo buenas noticias – dijo Nazir luego de saludar.

Adamir se puso tenso… algo en el silencio de Nazir lo hizo presagiar más desgracias…

-. Mamá está agonizando. Tuvimos que internarla…

Exequiel vio como Adamir se tambaleaba y su mano buscaba de donde apoyarse… se movió para ayudarlo, pensando que iba a desmayarse o a caer… el amo de la isla estaba mortalmente pálido

-. Adamir?

Adamir miró a Exequiel sin realmente verlo…

No estaba preparado para las palabras de Nazir… su madre… estaban recién volviendo a comunicarse y ella iba a morir…   Adamir sostuvo el vaso de agua que Exequiel le tendió e hizo un esfuerzo para tragar un sorbo. Quería hablar pero había algo muy sólido y doloroso atravesado en su garganta que se lo impedía…

-. El médico dice que no hay nada que hacer… quizás es cosa de minutos… u horas, como mucho.

-. ¿Está consciente? – preguntó cuando pudo volver a hablar

-. No. Realmente se fue hace unas horas… está  respirando con apoyo de máquinas pero… ya no está

Adamir siempre había pensado de sí mismo como una persona fría; una roca con pocos sentimientos así es que estaba teniendo mucho trabajo en entender las lágrimas calientes que le llenaban los ojos pugnando por correr libres y la debilidad que se había apoderado de su mente y cuerpo. No era él mismo y se le notaba hasta en la forma de respirar

Por los sonidos que escuchaba, Nazir pudo deducir el gran impacto de la noticia sobre Adamir y creía poder entenderlo; era su madre, recién volvían a conectarse y ahora ella partía sin que hubieran logrado reconciliarse del todo. Se abría un vacío enorme que Adamir nunca iba a lograr llenar. Nazir no esperaba una reacción tan emocional de su hermano menor, Adamir rara vez daba muestra de sensibilidad, por ello pensó en Max sabiendo que para su hermano era importante y sería bueno que estuviera a su lado.

-. ¿Adamir, estas con Max?

-. Max? – la voz de Adamir sonaba quebrada, lejana

-. Si. Max ¿Está contigo?

-. No… él no está… él se enteró de todo… corrió para avisar a los chicos… tuvimos que dormirlo para poder curarlo… se hirió las muñecas tratando de quitarse las esposas… ahora duerme

Adamir hablaba sin sentido… como si necesitara llenar el silencio y exponer en voz alta lo que lo atormentaba… hablar de algo que no fuera su madre…

Exequiel seguía atentamente la conversación.

-. ¿Cómo? ¿Qué pasó con los chicos? ¿Qué hizo Max?

Resultaba confuso para Nazir entender el parloteo de Adamir pero si entendió que algo diferente había sucedido en la isla y tenía que ver con Max y los chicos. De inmediato se preocupó.

-. Ya está todo arreglado

-. Pero ¿Qué pasó? – insistió Nazir. Después de todo el también estaba involucrado en el negocio aunque de manera distante

-. Nada.  La subasta es mañana – dijo Adamir cambiando de tema.

-. Debes pedirle a alguien que se haga cargo. Tienes que venir.

-. Yo… no tengo a nadie

-. Entonces suspéndela. Tienes que viajar hoy mismo

¿Suspender la subasta? ¿Estaba loco Nazir? Él jamás había suspendido una subasta ni lo haría ahora. Él era una persona seria y su palabra y honor eran lo que sostenía su negocio… él no trataba con gente común sino con personas adineradas y a quienes les gustaba el orden y el control. No podía fallarle a los compradores que ya había arreglado todo para aparecer mañana  desde temprano a llevarse a los chicos…

-. No. La subasta se llevará a efecto

-. Pero no entiendes?.. mamá está muriendo y tienes que viajar aquí y…

-. Llegaré mañana en la tarde. Estaré a tiempo para el funeral

-. Por Dios Adamir! Es una locura. No pasa nada si pospones una subasta

-. No voy a hacerlo. Ya te dije que viajaré mañana después de terminar las negociaciones – respondió firme y decidido

Nazir suspiró vencido y molesto

-. ¿Vas a venir acompañado? 

Nazir estaba pensando en la alegría que le daría a Sergio ver a Max nuevamente.

-. No – Adamir fue tajante  – Llegaré al atardecer. Tenemos que hablar de otro asunto, además

–. ¿Qué asunto?

-. Mañana te lo diré – dijo Adamir misterioso, antes de cortar.

Buscó asiento en el sillón vecino. Se mantuvo en silencio varios segundos, con la vista hacia el piso y los hombros caídos, completamente cerrado en sus pensamientos.

-. ¿Qué ha pasado? ¿Puedo ayudar en algo?

Exequiel mostraba su lado amable. Quizás eso le daría más oportunidades para hacer que el amo cambiara de opinión.

Adamir se demoró en responder. Cuando lo hizo se restregó el rostro con las manos  como queriendo quitarse los problemas y levantó la vista

-. Nada que te interese. Ocupémonos  de la subasta

-. Claro – Exequiel estaba molesto por ser excluido de la noticia que sabía era importante – Hay otra oferta por el asiático. Un comprador nuevo lo quiere – expuso con frialdad mostrándole una nueva cifra en el computador.

-. Otro? Heinrich tendrá que pagar más si lo quiere.

Adamir se movió con un gran suspiro… como si estuviera haciendo un esfuerzo para levantar su cuerpo

Se pusieron a trabajar frente al computador. Había mucho que hacer antes de medianoche que era la hora en que cerraba la subasta y los compradores aún estaban compitiendo. Adamir actuaba con frialdad y Exequiel respondía de igual manera aunque ambos lograban hacer el trabajo demanera efectiva.   Adamir se fue concentrando de a poco en poner orden a los detalles de la subasta. Su pensamiento era interrumpido constantemente por las palabras de Nazir y una sensación de debilidad lo envolvía al pensar que en ese mismo momento, en la ciudad, su madre vivía sus últimos minutos… ¿o ya habría muerto? ¿Por qué no había tomado el avión y volado de inmediato? Demonios! No podía dejar todo botado y partir… Exequiel no estaba calificado para llevar la subasta solo… y por otro lado, estaba  Max? tampoco podía dejar a Max…

-. Ellos llegaran a las tres – repitió Exequiel por tercera vez

Adamir lo miró confundido… no sabía de qué hablaba

-. Dije que ellos llegaran a las tres. Son los últimos

-. Tal vez tengas que atenderlos tú, ¿Podrás hacerlo? Yo debo viajar a la ciudad…

Exequiel levanto el rostro e infló el pecho

-. Por supuesto. Yo los atenderé

-. Bien. Son los últimos y yo debo viajar a la ciudad lo antes posible..

-. ¿Vas a viajar mañana?

-. Es un asunto familiar. Volveré lo antes posible.

Exequiel estaba comenzando a pensar que todo estaba olvidado y la situación volvía a ser la de antes. Durante las horas recién pasadas nadie había mencionado su partida y todo había sido como si nada hubiera pasado. ¿Había recuperado el favor de Adamir? Si no fuera así de seguro no le habría confiado atender a los compradores. Exequiel suspiró de cansancio pero a la vez de tranquilidad. Parecía que todo volvía a estar bien.

-. Puedo encargarme de todo, si quieres

-. No. Solo atiende a los que lleguen a las tres. Yo veré al resto

La subasta había terminado. Normalmente era un proceso que le producía satisfacción a Adamir además de engrosar su billetera, literalmente. La mayoría de los compradores pagaba en efectivo, de esa manera evitaban tener que dar explicaciones de los montos transferidos a los bancos o las oficinas de impuestos en sus países. Sin embargo, Adamir no sentía ningún tipo de satisfacción esta vez. Su rostro se mantenía serio y bajo sus ojos dorados se marcaban líneas oscuras de cansancio

-. ¿Puedes ver que los productos estén preparados? Yo voy a… necesito ir… – Hablaba  torpemente, poniéndose de pie

-. Yo me ocupo de eso – la voz de Exequiel dejaba traslucir satisfacción. Siempre había deseado ser la mano derecha del amo y ahora que Max había caído en desgracia, las puertas volvían a estar abiertas para él.

-. Si… bien… hablamos más tarde.

Adamir parecía mirar a Exequiel… pero la verdad era que sus ojos extenuados observaban la puerta detrás de él… la que conducía al resto de la casa.

 

Eran pasadas las 2:30 de la madrugada cuando Adamir avanzó por el pasillo sin encender la luz. Conocía de memoria donde estaba ubicada cada cosa en su hogar. La enfermera había vuelto hacía poco rato atrás y luego de revisar a Max, le había dado a Max una nueva dosis de calmantes para mantenerlo dormido por otras cuantas horas. No tenía que preocuparse por él. Podía ir a dormir tranquilo en su cama. Y si. Estaba muy cansado… había sido un día malditamente jodido. Pero sin dudarlo, Adamir se dirigió al cuarto donde estaba Max.  Las cortinas habían permanecido abiertas y por la ventana entraba el reflejo de la luna y el paisaje de la playa y las estrellas. Max se veía angelical dormido sobre la cama en posición fetal, apenas cubierto por una colcha liviana. Adamir se sostuvo con una mano del marco de la puerta… la escena era hermosa y el contraste le estaba provocando algo. La tensión acumulada, el dolor almacenado, la molestia y preocupación… todo bullía dentro de su mente creando un caos explosivo que resquebrajaba la coraza que lo mantenía firme y, frente a la belleza y aparente paz de Max, todo se liberaba al mismo tiempo provocando una catarsis.  Adamir se llevó la otra mano a cubrir sus labios para contener un lamento pero no hubo forma alguna de que evitara las lágrimas que brotaron calientes de sus ojos y dejaron su reguero de dolor esparcido por el rostro. Demonios! Era liberador dejar salir lo que tenía atorado en la garganta desde hacía horas. Se sintió extraño tener este momento de debilidad pero estaba bien.  Era una bendición que Max estuviera profundamente dormido. No soportaría que lo viera en un momento de flaqueza tan grande aunque la razón fuera más que justificada; estaba agobiado por la discusión con Max, los problemas sin resolver con el detective, la conversación pendiente con Nazir, el despido de Exequiel, el estress de la subasta y, como broche final, la agonía de su madre.  Si que era un día detestable.

Caminó hasta la cama atraído por una fuerza superior a la razón. Se restregó los ojos quitándose las lágrimas de las mejillas.  El suave movimiento del tórax de Max era tranquilizador y bello… el sonido de su respiración tan sereno. Adamir se dio cuenta que no quería estar en ningún otro lugar en ese momento ni con ninguna otra compañía. Se tendió en la cama, adaptando su cuerpo a la posición de Max. El olor y el calor del chico reavivaron la sensibilidad en Adamir… Se sentía exhausto, confundido y azotado por la tristeza. No le importó que más lágrimas cayeran, al contrario, parecía justo y correcto que derramara su dolor junto a la única persona con quien deseaba estar.  Inevitablemente su mente se pobló de recuerdos de su niñez y su madre, sus hermanos y la época en que había estado rodeado por cariño.   Abrazó a Max y apretó los ojos. Su infancia y juventud habían sido muy cortas y luego… el tiempo había pasado demasiado de prisa. Se había apartado de su familia y de todos aquellos que alguna vez fueron sus amigos. Ahora era demasiado tarde. Si no fuera por Nazir no tendría a nadie cercano en el mundo.

No. Un momento. Eso no era cierto.

Su nariz se hundió en el cuello de Max… su pelo le acarició el rostro. Agradeció tanto que estuviera dormido. No soportaría un grito ni un rechazo en ese momento. Max era suyo y ya no estaba solo. Las lágrimas cesaron.  Con Max a su lado se sentía capaz de resolver todos los problemas del mundo.

-. Vas a entenderlo. Yo sé que con el tiempo aprenderás a aceptarlo. 

Le acarició el cabello enredando su mano en los crespos para atraerlo aun más junto a él.

-. Volverás a estar feliz conmigo – murmuró sobre el cabello de Max, besándolo y dejando que sus ojos cansados se cerraran.  Max, incluso dormido, apaciguaba su ansiedad y le devolvía la calma.

 

 

HEINRICH

Heinrich dio instrucciones precisas desde su fastuoso dormitorio en el yate anclado en la ciudad costera a la cual se había trasladado; le indicó a su asistente que zarparían de madrugada con solo personal de confianza. Quería el helicóptero del yate listo para un vuelo corto. Como siempre, Heinrich esperaba ser obedecido, sin preguntas.  No era hombre de dar explicaciones. Nunca. Había heredado ese rastro de su padre como también su astucia y habilidad para mantener y ampliar los negocios de la familia.  Heinrich consideraba una bendición no tener hermanos ni hijos que perturbaran su tranquilidad.  Compartía con sus amigos y con miembros de la sociedad local, pero  siempre se mantenía educado, distante y lejano lo que, curiosamente, lo volvía más atractivo e interesante.

A estas alturas de su vida, 40 años, tras experimentar en todo tipo de negocios, empresas, deportes, diversiones y decenas de esclavos, negocios, Heinrich sabía bien quién era, de lo que era capaz y con quien le gustaba relacionarse. Era un tanto desagradable poder predecirlo todo con facilidad. Había muy pocas cosas que los sorprendían  o entusiasmaban verdaderamente. Sus negocios funcionaba bien y había dejado gente calificada para atenderlos. El ejército de personas que trabajaban para él tenía a bien hacer su trabajo de manera silenciosa y correcta. Molestar a Heinrich con un problema sin resolver era sinónimo de suicidio laboral. La última vez que el director de una de sus empresas se presentó ante él a pedir disculpas por una equivocación que costó miles de euros, Heinrich le concedió 3 minutos de su tiempo antes de despedirlo, demandarlo y condenarlo al desempleo y la desgracia por el resto de su vida. A veces lo divertían cosas como esas… deseaba que alguien cometiera errores o se rebelara o hiciera algo fuera de la rutina.

Su nombre no era conocido a gran nivel; ninguna de sus empresas era un monstruo gigante con miles de empleados… Heinrich prefería decenas de empresas pequeñas o medianas que funcionaban bajo diferentes nombres o sociedades anónimas que se encargaba de crear. Le gustaba el relativo anonimato en el que vivía. Solo un puñado de personas influyentes e informadas sabía el alcance de sus negocios y el poder de su dinero… y un puñado aún más pequeño y seleccionado estaba enterado de su extrema afición por los chicos jóvenes y atractivos.  Le era difícil mantenerse alejado de ellos. Siempre había más de uno en la casa que consideraba su hogar y donde era imposible entrar sin ser invitado y esperado.   La crueldad era uno de los rasgos que Heinrich mostraba solo en privado con el sumiso de turno. Descubrió el gusto por causar dolor cuando era joven y aún vivía en la casa con sus padres, una estancia tan grande que apenas se encontraban durante el día. Podía hacer lo que quisiera mientras no llamara la atención; muy luego descubrió que los cuerpos masculinos le resultaban más atractivos que los de mujer… había algo hermoso en los músculos y formas de un hombre, en la voz ronca al gemir o llorar y en saber que dominaba a alguien que podía ser tan fuerte como él mismo. Compañeros de clases, hijos de los empleados de sus padres, chicos de la calle… cualquiera servía para hacerlo sufrir y disfrutarlo.  Hasta los dieciocho años se mantuvo bajo relativo control, pero al cumplir la mayoría de edad dio rienda suelta al descontrol en orgías y semanas de perdido desenfreno.

Pero esa etapa también había terminado al llegar la madurez. No podía precisar con exactitud cuándo comenzó su búsqueda pero tal vez fue alrededor de los 30 cuando comenzó a pensar en el resto de su vida. Tenía 40 años y estaba buscando a alguien especial… muy especial… tal vez demasiado especial porque hasta ahora no existía.  ¿Tan difícil era ser sumiso y entregarle el control total?  Muchos le prometían la mansedumbre que anhelaba… y lo cumplían por un tiempo, pero finalmente desobedecían, mentían o se rebelan. Él tenía formas de comprobar su docilidad y  sometimiento. La experiencia le había enseñado. Algunos pasaban varias pruebas y Heinrich se atrevía a dejar que la ilusión se colara por una rendija de su mente… quizás ese chico podía ser el compañero que buscaba… pero no. Solo desilusión tras desilusión que lo volvían más duro y escéptico.  Hasta ahora ninguno de los esclavos que había tenido pasaba todas las pruebas y el encanto desaparecía para terminar siendo solo uno más de los chicos que pasaban por sus manos.

Heinrich no soñaba con el amor porque sabía que era incapaz de sentirlo. Miraba con estupefacción a las personas que se enamoraban y ponían su mundo de cabezas por la persona amada. Esa locura escapaba de su comprensión. Hubo un tiempo en el que soñó con enamorarse pero ya lo había superado y aceptado que a él nunca le pasaría. Sus padres lo habían hecho fallado  y no era capaz de albergar sentimientos amorosos hacia otro ser humano; lo que más se parecía y que le agradaba mucho, era el sentimiento de satisfacción cuando creía haber encontrado al compañero sumiso perfecto. Cada desilusión lo enojaba y a medida que pasaban los años era cada vez más difícil complacerlo.

Heinrich era básicamente, un solitario muy apuesto que se había sentido a gusto en su propia piel hasta que, al cumplir los 40, comenzó a pensar en el futuro; Su condición física era envidiable, sus ojos de un azul frío que provocaba temor, su pelo rubio corto y en orden, vestía bien y era una persona muy agradable al conversar.  Resultaba un hombre bastante atractivo. Sus negocios funcionaban bien. Tenía casas repartidas en diversos lugares y suficiente dinero como para no trabajar nunca más por el resto de su vida…  sin embargo, le faltaba su motivación. No le bastaba con los negocios ni los deportes ni los chicos que había encerrados en su casa. Necesitaba algo más… lo deseaba con ansias.

Había pocas cosas en este mundo que hicieran latir con fuerza el corazón de Heinrich; ni riquezas, ni lujos, ni muchachitos bellos… mucho menos personas queridas pues su mundo familiar se limitaba al recuerdo de sus padres muertos y  a algunos parientes lejanos que no conocía ni le interesaban.

Se movió inquieto en el yate. No había querido compañía esa noche. Deseaba dormir temprano para estar con todos sus sentidos atentos al viajar a la isla y ser el primero en llegar… no iba a correr ningún riesgo…  después de mucho tiempo el esclavo asiático que Adamir estaba subastando lo entusiasmaba un poco. Se había tomado el tiempo para observarlo varias veces al día desde que sus imágenes fueran subidas y todavía no se cansaba de ver su hermoso cuerpo delgado y torneado, su  abdomen plano, sus genitales perfectamente suaves y depilados, la curva del culo redondeado… la  belleza de su rostro angelical le parecía irreal y por ello le había dedicado minutos especiales ampliando la imagen y buscando una imperfección en su piel o en su pelo… algo que lo volviera más humano y real… pero no había encontrado nada y su interés se despertaba sediento.

Cerró el computador y se dirigió a la cama

Mañana el chico sería suyo

El pensamiento se volvió dulce y jugoso en su mente… una ola de excitación le calentó el cuerpo obligándolo a removerse inquieto en la cama. No. No era momento de excitarse ahora. Ya mañana tendría todo el tiempo para examinar y divertirse con su nuevo juguete.

 

MAXIMILIAN

El cuarto aun no estaba completamente iluminado por lo que Max calculó que recién estaba comenzando a amanecer. Sentía la cabeza abotagada a causa del medicamento y el cuerpo pesado, en el limbo entre la realidad y el sueño y necesitaba hacer un esfuerzo para mantener los ojos abiertos. La maldita bruja lo había hecho dormir a fuerza de tranquilizantes. Algún día iba a matarla. Intentó moverse y en ese momento sintió como si alguien estuviera pegado a su espalda. La impresión lo hizo abrir los ojos y moverse nuevamente para comprobar lo que sentía.   Dios!   era verdad!!   Permaneció inmóvil atento a los sonidos hasta que fue capaz de reconocer y entender  ¿Qué hacía Adamir durmiendo junto a él??!!! ¿Cómo se atrevía??!!  Su primera intención  fue girarse y empujarlo lejos. No lo quería ver ni mucho menos sentir! Sin embargo, al ir a volverse recordó las vendas en sus muñecas que le dificultaban el movimiento y, por otro lado, sintió el tirón del collar en su cuello. Abrió la boca sin que saliera ninguna palabra ni sonido. Se llevó las manos al cuello y recorrió el collar con la punta de los dedos. El collar que Adamir le había puesto para hacerle saber a todos que lo consideraba de su propiedad, como a un perro o mascota. Un esclavo. Max se mantuvo quieto y silencioso. No podía hacer ruido mientras encontraba la forma de quitarse esa porquería del cuello.

 

Adamir despertó con un fuerte grito y un empujón que lo arrojó al suelo

-. ¿Qué demonios, Max??!!

-. Aléjate de mí!!! – Max gritaba. Sus ojos duros y su semblante agresivo.

-. Ay Dios! No empieces nuevamente

Adamir se puso de pie y se acomodaba del porrazo. En cualquier otra ocasión lo que Max acababa de hacer le habría costado castigos y corrección pero había sido su error, después de todo. No debió dormirse en la cama con Max sabiendo como era de rebelde, estando el chico enojado y sin restricciones de ataduras. Su error.

Adamir se percató que el cuarto estaba completamente iluminado por la luz del sol. Maldición! Se había dormido al lado de Max sin poner una alarma… seguro era tarde y los compradores debían estar por llegar… y su madre… tenía que hablar con Nazir.

-. Escucha, hoy estaré ocupado y no tendré tiempo, pero mañana…

-. ¿Vas a vender a Miki? – el enojo de Max súbitamente transformado en temor

Adamir se tomó un instante para pensar su respuesta

-. Es un negocio. El chico tendrá un amo que va a cuidar de él

-. No es cierto!!! Exequiel dijo que era cruel y malvado!! No puedes entregárselo

Max subía el tono de urgencia y Adamir podía predecir que se aproximaba una tormenta si no terminaba la conversación de inmediato.  No era propio de él evitar una discusión o poner a un esclavo en su lugar… pero las cosas con Max eran diferentes

-. Tengo que irme. Mañana hablaremos – respondió con aparente calma dirigiéndose a la puerta

-. Por favor… no lo vendas

Adamir no necesitaba mirarlo para saber que Max estaba suplicando. Le bastó escucharle el temblor en la voz. El amo cerró los ojos y apretó las manos…

-. Max, tú no entiendes. No me has dejado explicarte

-. ¿Qué vas a explicarme?!! Lo que haces no tiene explicación!!! Eres un asqueroso traficante de…

-. Cuida tus palabras, Max!!! – volvían a lo mismo del día anterior y Adamir no quería ni mas gritos ni peleas con Max.

-. Te enriqueces vendiendo personas!!! Eres una porquería!!! No sé cómo pude pensar que eras… que tú eras..

-. ¿Que era qué?  – repentinamente interesado

-. Basura!! Eso eres!!! Repulsivo y corrupto!!!

No. No. No quería escucharlo.

-. Ya basta, Max. Si no te callas ahora mismo voy a…

-. Qué?? Qué vas a hacerme???

Max lo desafiaba abiertamente, con los ojos brillantes de ira y la lengua cortante y afilada. Movía las manos incitándolo a hablar, provocándolo.

-. Vas a golpearme o venderme? Vas a amarrarme y arrojarme a la piscina de nuevo?? QUE???!!!

Adamir lo miraba fijamente. Repentinamente no tenía palabras…

Pero Max había tenido tiempo de pensar y prepararse. Se llevó las manos al cuello y tiró del collar que se desprendió fácilmente…

Adamir vio como en cámara lenta cuando le arrojó el collar que voló por los aires en dirección a su rostro

-. Toma tu inmundo collar!!!

No supo si le dolieron más las palabras de Max o el collar golpeando su nariz. Su boca se abrió de asombro…  Un sentimiento caliente de furia lo asaltó. El collar rebotó en el suelo y cayó despachurrado al lado de sus pies. Max lo miraba beligerante desde la cama… ¿Cómo se había atrevido? ¿Qué acaso no entendía lo que significaba?…

-. No sabes lo que acabas de hacer

-. SI LO SE. NO SOY TU PROPIEDAD Y NO QUIERO TU COLLAR!!!

Maldición Max… cállate de una vez. No digas nada mas, por favor. Cállate!!!!

-. Te has ganado un castigo ejemplar, esclavo

-. NO SOY TU ESCLAVO!!!

Debió haber salido del cuarto cuando aún era  tiempo. Ahora ya era tarde. La indignación se apoderaba de él… Adamir la sentía circular quemándole las venas… rabia con Max, con Gonzalo, con el detective, con su madre y con el mundo entero.

-. Si vuelves a decir una palabra, te amordazaré

-. PUEDES AMORDAZARME PERO SEGUIRAS SIENDO ASQUEROSO. TE ODIO CON TODO MI SER!!!

Con esas palabras Max se había ganado toda la atención del amo. El dolor transformado en ira. Adamir lo encaró directo a los ojos y también gritó al hablar, incapaz de contener las emociones contradictorias que sentía y optando por la más conocida.

-. ME ODIAS??

-. SI!!! ERES LA PEOR BASURA DEL MUNDO. TE ODIOOOOOO!!!

-. SI TANTO ME ODIAS ENTONCES TAL VEZ DEBA DESHACERME DE TI

-. NO QUIERO ESTAR CONTIGO NI QUE ME TOQUES NUNCA MAS!!! ME DAS ASCO!!! NO QUIERO VERTE NI ESCUCHARTEEEEEE

Fue como si el cerebro de Adamir sufriera un cortocircuito y se apagara. Todo se volvió negro por unos segundos. Sus ojos seguían clavados en los de Max pero había dejado de pensar y sentir. Estaba vacío por dentro… completamente solo y vacío.

Tuvo que hacer un sacrificio para volver a hablar

-. Quizás te complazca – su tono había cambiado volviéndose frío e impersonal – Después de todo eres una verdadera molestia. El esclavo más complicado que he tenido. Será un problema encontrarte un amo decente

-. CUALQUIER PERSONA VA A SER MEJOR QUE TU!!!

-. Entonces te venderé al primero ingenuo que ofrezca algo por ti

-. Regálame si quieres… solo asegúrate de que no vuelva a ver tu repulsivo rostro nunca más – también Max dejó de gritar para expresar las palabras con igual agresividad y frialdad que Adamir.

El duelo entre sus ojos se alargó por unos breves segundos más… Fue Max el que finalmente tuvo que cerrar los ojos al pensar en Miki. No había podido hacer nada por él… ¿Qué sería de su dulce amigo en manos de un hombre cruel?…. ay Dios!!… Detestaba sentir como se llenaba de lágrimas. No quería llorar justo ahora. Cuando segundos después abrió los ojos, Adamir ya no estaba en el dormitorio.

 

Adamir iba tan alterado por el pasillo que no reparó en Exequiel hasta que se le cruzó enfrente. ¿Qué hacía en su casa? Nadie cruzaba nunca el umbral de la oficina hacia el interior.

-. Disculpa que haya entrado pero era urgente. Vine a buscarte porque el helicóptero de Heinrich esta por aterrizar

Exequiel no lo miraba a los ojos. Había vergüenza en la forma de expresarse, por lo que Adamir dedujo había escuchado la discusión con Max. Maldición!

-. Heinrich… Si. Voy en unos minutos. Recíbelo tú mientras tanto. Necesito una ducha y…

-. Claro. No hay problema

-. Exequiel

-. Si?

-. Escuchaste? – no era necesario aclarar a qué se refería

con la cabeza gacha, Exequiel asintió

-. Max es muy complicado

Exequiel aguantó la respiración. ¿Estaba Adamir confiando en él para contarle sus cosas?… ¿qué debía decir?… ¿Cómo recuperaba su confianza?

-. Siempre fue difícil – dijo en voz baja y con extrema cautela

-. Él es… no quiere entender. Es un problema

El sonido del helicóptero en la distancia interrumpió la conversación.

-. Maldición. Voy de inmediato – dijo Adamir dirigiéndose hacia su cuarto por una ducha y un cambio de ropa.

-. No te preocupes. Yo me encargo

 

Solo breves minutos le bastaron al amo para estar listo. No podía creer que se hubiera atrasado por culpa de Max.  Miró el teléfono al salir pensando en que necesitaba hablar con Nazir… pero el helicóptero de Heinrich ya había aterrizado y no podía desatender su negocio.

M&M CAPITULO 79

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CAPITULO 79

LA INVESTIGACION.

El rostro de Juanfe estaba pálido, ojeroso y muy cansado… había pasado más de 24 horas pegado a la pantalla del computador, pero el esfuerzo había valido la pena

-. Está en la oficina del capitán – señaló uno de los detectives al verlo entrar a la estación y buscar a Cristian. Juanfe agradeció con un movimiento de cabeza y se dirigió de prisa al sitio indicado, llevando su tesoro bajo el brazo.

-. Puedo entrar? -preguntó tímidamente pero demasiado entusiasmado como para detenerse a pensar.

El capitán, Cristián y otras dos personas presentes en la oficina se giraron al verlo ingresar antes de esperar respuesta. El rostro de Cristián se iluminó de inmediato. Juanfe tenía el computador bajo el brazo y una sonrisa de triunfo en su rostro cansado. Eso significaba solo una cosa

-. ¿Lo resolviste?

Cristian se adelantó a recibirlo

Juanfe asintió recuperando energía

-.¿ Podemos verlo? – preguntó el Capitán Molina, dejando de lado cualquier otra cosa y centrando su atención en el recién llegado

Juanfe ocupó parte de la superficie del escritorio del capitán para abrir el computador.

-. ¿Qué es? – preguntó Cristián tocando brevemente la espalda de Juanfe, a modo de saludo personal.

-. Es una lista de nombres… creo que son puertos… Tiene nombres y fechas

En la pantalla se leía lo que Juanfe había descifrado… doce nombres de puertos en diferentes países acompañados de fechas que comenzaban más de seis meses atrás. En silencio todos admiraron intrigados lo que mostraba la pantalla intentando deducir su significado.

-. ¿Y esto?- Señaló Cristián apuntando a lo que estaba escrito sobre la lista

-. No estoy seguro – respondió Juanfe sin poder disimular su orgullo y cansancio –  Creo que es el puerto de inicio del viaje…

Cristián, al igual que todos los presentes en la oficina, centró su atención en la lista de ciudades y las fechas… recorrió lentamente la lista… seguía una trayectoria lógica… puertos ubicados en ciudades grandes… una ciudad por país… una ciudad, un lugar específico, desde donde se había iniciado el viaje. Esto abría grandes posibilidades

-. Capitán, necesito su permiso para investigar a fondo y ocupar sus recursos – Cristián fue fuerte y claro en su petición – debemos investigar esos puertos y ver que sucedió en esas ciudades… debemos saber si el barco zarpó de ese puerto… presiento que estamos frente a algo muy grande

El capitán Molina dudó un breve instante. La atención de los presentes se volvió hacia él

-. Nuestros recursos son limitados

-.Lo sé, señor, pero me pidieron que resolviera esto y quiero hacerlo

-. Está bien. Proceda con lo que necesite.

-. Gracias, señor

Cristián y el resto se retiraban de la oficina portando el computador.

-. Manténgame informado, teniente – ordenó el capitán –quiero saber cada paso que da. Es un caso importante.

-. Si, señor.

El Capitán Molina quedó solo en su oficina. Cayó pesadamente sobre el sillón tras su escritorio… su mano restregaba nerviosamente su barbilla y su vista enfocaba la puerta cerrada por donde recién Cristián había abandonado su oficina. En un movimiento brusco tomó el celular de la mesa y efectuó una llamada

-. Buen día, Capitán – respondió una voz tranquila al otro lado de la línea

-. Buen día, don Gonzalo. Hay problemas – anunció sin demorarse en cortesías

-. ¿Qué problemas?

-. Un computador de aquellos hombres… sobrevivió la explosión… estaba muy dañado y era casi imposible obtener algo… pero…

-. Pero, qué? – la voz de Gonzalo se había alterado

-. Hay un teniente que no pertenece a mi división. Fue llamado para investigar este caso y él… tiene hombres preparados… ellos pudieron descifrar parte de la información en el computador… él no depende de mi…

El capitán Molina parecía excusarse por anticipado. Apretó el teléfono con fuerzas ante el silencio que siguió a su declaración y al sonido de la fuerte respiración molesta de Gonzalo

-. ¿Qué información?

Molina detalló la información que acababa de ver

-. Necesito una copia

-. Se la enviaré dentro de la mañana

-. Capitán, creo que sería muy conveniente que esa información desapareciera permanentemente.

Molina se tensó.

-. No puedo hacerlo… él no trabaja directamente conmigo… no puedo sobornarlo… es de aquellos que no se compran.

-.  Todo el mundo tiene un precio – sentenció Gonzalo claramente enojado.

-. No este hombre

-. Deme el nombre – exigió Gonzalo

Molina se puso de pie y se mordió el labio con fuerza. Mantuvo un instante de silencio antes de responder como si estuviera debatiéndose internamente. Sabía lo que podía significar darle el nombre a Gonzalo

-.Es el teniente Cristián Rodriguez – dijo inseguro.

Mantuvo el teléfono aplastado contra su oreja a pesar de haber escuchado claramente el sonido que indicaba que Gonzalo había cortado la comunicación.

 

ADAMIR

Adamir estaba de buen humor esa mañana. Desde hacía unos días su vida se había vuelto  liviana, fácil y buena; no es que no tuviera problemas porque sí los tenía: estaba el tema de su madre que se consumía lentamente y los hombres detenidos en otro país, Santiago y Matías en libertad y los temas cotidianos de la isla. Pero aún así,  todo era mejor y más llevadero porque andaba feliz por la vida y nada lo afectaba tanto como para que su energía decayera.  Sabía quién era el responsable y se felicitaba por ello. Que buen ojo había tenido al escoger a Max!!! Desde el primer momento que lo vio supo que era especial y por eso lo tomó él mismo para entrenarlo…  Había encontrado a su esclavo perfecto. Solo de pensarlo sonreía tontamente y su ánimo se elevaba. Diablos!!! Quien pensaría que encontrar a Max iba a cambiar su vida de esa manera… No él, ciertamente!  Nunca se lo habría imaginado…  Tenía planes y mil cosas que quería hacer con él. Max lo llenaba de creatividad y energía, a pesar de todo el trabajo y dificultades pendientes, Adamir sentía alegría intensa.  Generalmente las subastas significaban un gran gasto de tiempo y esfuerzo y esta vez no iba a contar con la ayuda de Santiago. Aaahhh… pero estaba Max… le gustaba abrir la puerta de la casa y encontrarlo… le encantaba saber que estaba ahí, tan cerca suyo, bajo el mismo techo y que con solo mirarlo podía atraerlo hasta su lado y tocarlo y besarlo y correr sus manos por su cuerpo… amaba la inherente coquetería de Max cuando él comenzaba a excitarlo y como su cuerpo respondía… movía el cuello ladeando la cabeza, su respiración se agitaba , su deliciosa boca se abría invitándolo y sus…

El insistente sonido del teléfono interrumpió su agradable divagar mental. Reconoció el número y respondió con rapidez. Esperaba esta llamada con impaciencia.  Los saludos fueron formales y rápidos. Ni él ni Gonzalo estaban para perder tiempo.

-. Hay un problema – anunció Gonzalo sin ningún protocolo

– ¿Qué problema? – Adamir se alteró de inmediato pues supuso que era algo serio de otro modo Gonzalo no se habría molestado en mencionarlo.

-. Sus hombres tenían información importante en un computador. Tengo una copia en mi mano. Se trata de un listado de puertos con fechas y nombres.  Le envié una copia hace un momento

Adamir supo de que hablaba Gonzalo. Si. Ellos siempre llevaban un itinerario que incluía esa información.

-. ¿Cómo la obtuvieron?

-. Tienen un computador que rescataron del vehículo de sus hombres. La información de la que le hablo está en manos de la policía ahora.

Adamir sintió que algo helado recorría su espalda…

-.Hay un teniente a cargo que no está en mi lista de contactos  – continuó Gonzalo

-. Usted dijo que podía encargarse del problema!!!

Adamir le recriminó duramente. Se terminaba la cortesía entre ellos.

-. Yo cumplí con lo que le ofrecí. Su tercer hombre está protegido y tanto el yate como el vehículo fueron destruidos. Nadie me habló de un computador 

Gonzalo estaba molesto por tener que ayudar a alguien que participaba del tráfico de menores.

Adamir estaba nervioso porque por primera vez existía un peligro real para su persona, familia y negocio. Pensó en Nazir… en su madre enferma… en la recién re-establecida relación con su padre

-.Y usted ¿Cree que puede encargarse de esa información?

Adamir cometió el grave error de preguntar con arrogancia

Gonzalo pensó en el documento que le había entregado Jorge minutos atrás. Ahí figuraba todo lo necesario sobre el teniente Rodriguez y su pareja. Tal vez en media hora podría tener todo resuelto… un accidente, una balacera, una bomba, un incendio… y todo quedaría sepultado dejando el camino despejado para Adamir…  pero Gonzalo no estaba seguro de querer hacerlo. No quería involucrarse mas allá de lo estrictamente necesario.

-. Veré que puedo hacer – respondió con frialdad

Adamir sintió el cambio en la voz de Gonzalo y su temor aumentó. Si no era él, ¿Quién más podría ayudarlo?

-. No me importa lo que cueste. Esa información es… es… demasiado delicada

-. Su negocio es delicado – respondió Gonzalo en un claro reproche que molestó a Adamir

-. Todos nuestros negocios lo son. Todos funcionan fuera del margen de la ley

Adamir no se quedaba atrás tampoco. Estaba furioso y preocupado a la vez

“Pero yo no secuestro ni vendo niños”…  Gonzalo se mordió el labio para retener las palabras. No le gustó que Adamir los metiera juntos dentro del mismo saco. ¨

-. Lo volveré a llamar cuando tenga noticias

Gonzalo cortó la comunicación y Adamir quedó inmóvil desgraciado!!! ¿Qué tenía que hacer ahora?  Su seguridad dependía ahora de ese pedazo de idiota arrogante de Gonzalo a miles de kilómetros de distancia… Ni siquiera lo conocía… Dios!!!si Nazir se enteraba de lo que estaba pasando de seguro enloquecería… tenía que advertirle… decirle algo al menos para que estuviera preparado… ¿preparado para qué?… Demonios!! Por los mil malditos demonios!!! ¿Cómo era que todo se estaba enredando tanto???

En el computador examinó el documento que le había enviado Gonzalo… Dios!!! Estaba en serio peligro… El nombre de los astilleros familiares encabezaba la lista… Como habían sido tan torpes???!!! La rabia le calentó el cuerpo…

La puerta se abrió de golpe y Exequiel irrumpió enérgicamente

-. Tienes que venir!!!- Exequiel casi gritaba

-. ¿Qué pasa? – respondió con furia

-. Es Max

-. ¿Qué pasa con Max?!

-. Es que… Él descubrió todo… tienes que verlo por ti mismo…

Adamir corrió tras Exequiel quien se detuvo y señaló las pantallas que mostraban los exteriores del complejo y la sala de esclavos.

 

MAXIMILIAN

Max corría desatado por los pasillos en dirección a la sala de esclavos… ni siquiera se daba cuenta de lo que estaba haciendo… corría y en su cerebro miles de voces gritaban “peligro!!!” Su inmediata preocupación era llegar hasta Miki antes de que alguien lo detuviera… su rostro denotaba angustia y miedo…

Adamir iba a vender a su querido amigo asiático.

Iba a venderlo como si fuera un animal…

Adamir vendía a todos los chicos que secuestraba…

Las cifras que recibía por ellos eran escandalosas!!!

Oh Dios!!! El dinero que había comprado su ropa nueva y los gustos en la ciudad había provenido de la venta de chicos…

Todo estaba manchado…

Corría más rápido

Jadeaba y chocaba contra los pasamanos de los pasillos pero no se detenía…

Los chicos nuevos que había visto en el comedor hacía unos días…!!!

Tenía que advertirles

Apenas se detuvo frente a la puerta de la sala de esclavos. Tecleó el código con dedos temblorosos y la empujó violentamente. Estaba tan agitado que se estremecía y le faltaba el aire. Sabía que apenas tenía tiempo

-. Miki!!! MIKIIIII!!!

Los chicos en la sala de esclavos saltaron al escuchar los gritos y se miraron confundidos. Max tenía cara de loco, el pelo sudado sobre la cara y miraba a todos lados en busca de Minkim

-. Aquí estoy- se adelantó el aludido con su increíble pasividad

Max se conmovió de la dulzura del chico… Dios!! Adamir iba a venderlo… a Miki… con toda esa belleza y suavidad… iba a entregarlo a ese tipo tan cruel y malvado… ¿Qué sería de Miki?!! Había tan urgente desesperación en Max que no recordó las cámaras de vigilancia ni nada… solo deseaba protegerlo y resguardarlo.

-. TIENES QUE ESCAPAR!!! TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ!!!

Max se adelantó y zarandeó a Miki de los hombros.

Miki lo miraba asustado…

Todos los chicos estaban alterados ante los gritos de Max y sus inquietantes movimientos. Se miraban y preguntaban entre ellos…

-. ¿Qué pasa?

Miki, aun en ese momento de increíble tensión, era capaz de mantener la calma

-. VA A VENDERTE!!! – Max gritó mirando a todos con ojos desorbitados

– VAN A VENDERLOS A TODOS!! LOS COMPRADORES VAN A VENIR A BUSCARLOS Y SE LOS LLEVARAN!!!

Un murmullo de angustia comenzó a zumbar en la sala cuando las palabras fueron comprendidas

-. ¿Qué dices? – Miki le sostuvo el brazo y lo obligó a enfocarse

Max jadeaba de tanto correr y del temor que sentía

-. ESO ERAN LOS NUMEROS!!! LO QUE VAN A PAGAR POR USTEDES…

-. ¿Quién va a pagar? ¿de qué hablas?

-. HEINRICH QUIERE COMPRARTE!!! DIJO QUE NO IMPORTABA CUANTO COSTARA, TE QUIERE PARA EL!!!  EXQUIEL DIJO QUE ES CRUEL…

Miki comenzaba a comprender el griterío sin sentido de Max…

-. ¿Nos van a vender a todos?

-. Tienes que escapar… como Mati… él escapó… Santiago lo ayudó… vamos!!! escapemos de prisa!!! Ven conmigo ahora!!!

Max agarró fuertemente la muñeca de Miki y tiro de él. El resto de los chicos habían perdido la compostura habitual y toda la sala era un caos de nervios… Los chicos miraban a Max en busca de una esperanza…

-. Vengan todos!!! – gritó Max echando a correr hacia la puerta tirando del asiático con fuerza. Los chicos se movieron hacia la puerta confundidos y asustados… presentían el peligro y la urgencia a través de los gritos de Max

Max abrió la puerta…

Sus ojos se agrandaron y su cuerpo se volvió de piedra…

-. No…- murmuro antes de que sus piernas quedaran paralizadas.

Adamir, Exequiel y varios guardias estaban del otro lado de la puerta. También habían corrido hacia la sala de esclavos

En un gesto instintivo, Max puso su cuerpo delante de Miki para protegerlo y enfrentar a Adamir. No estaba pensando con claridad. Max no se daba cuenta que aunque corrieran todo el día no había un lugar hacia donde escapar dentro de la isla. Solo sentía la terrible urgencia de salvar a su amigo del cruel destino que le esperaba

-. Max

Su nombre en labios de Adamir lo hizo sentir un hielo que bajaba por su espalda… retrocedió un paso empujando a Miki mientras lo protegía con su cuerpo y sus manos.

El gesto sorprendió y molestó grandemente a Adamir. Max estaba alejándose de él y tocando a Miki. Su Max.  Celos. Molestia. Disgusto…

-. Max!!!

Esta vez, Adamir subió el tono de voz y se adelantó hacia el chico intentando tomar su brazo y unirlo a él… mantener la conexión que existía con Max… era importante

– NO!!! No me toques!!!

El grito de Max le nació del alma y el gesto de reclinarse contra Miki fue instintivo

El gesto y las palabras tuvieron el poder de desconcertar y detener a Adamir

-. Max? – volvió a repetir pero ya no tan seguro

-. Vas a vender a Miki?

Los ojos y oídos de todos los presentes atentos a las palabras que Max susurró como pregunta… el silencio era espeso

Adamir tragó saliva y acomodó su postura, cerca de Max pero preparándose para volver a ser el Amo, dueño de la isla. Levantó la barbilla y miró desdeñosamente a todos los chicos que esperaban nerviosos la respuesta a la pregunta formulada. No le debía explicaciones a ninguno de ellos… Luego se fijó en Max… en los ojos temerosos y fieros… Pudo leer que Max tenía miedo pero estaba dispuesto a desafiarlo… un sentimiento extraño se le atravesó en el pecho. Max contra el nuevamente.. no.. no debían volver atrás… le explicaría y Max entendería… sería su ayudante y su leal esclavo… todo volvería a estar bien

-. Vamos a conversar en privado – decretó volviendo a intentar tocarlo y recibiendo nuevamente un movimiento de rechazo del menor

-. Dime ahora mismo si estoy equivocado… – los ojos de Max brillaban agresivamente – Dime si vas a venderlos o no…  dímelo malditooooo!!!!

Max gritó desgarrado… ahora que veía la sonrisa burlona de Exequiel y la mirada molesta de Adamir recapacitaba y deseaba que todo fuera una equivocación… deseaba que hubiera una explicación lógica para las fotos de Miki en las redes y los mensajes de ese tal Heinrich… tal vez todo era un mal entendido… una trampa de Exequiel…

-. Como te atreves a gritarle a tu Amo??!!

Exequiel se adelantó bruscamente y su mano castigó con fuerza el rostro de Max dejándolos a todos perplejos… La fuerza del golpe empujó al chico contra la pared, aturdiéndolo momentáneamente… estampándolo contra la realidad más cruda e inclemente…

Esclavo

Seguía siendo llamado esclavo

Adamir vendía a los esclavos…

-. Max! – Adamir gritó al ver lo que sucedía… ¿Cómo se atrevía Exequiel a golpear a Max? Lo miró con odio… se entendería con él más tarde pero su reacción espontanea fue acercarse a Max para sostenerlo y consolarlo. Lo rodeó con un brazo y con el otro intentó levantarle el rostro para chequear el daño que había recibido. Max levantó la cara enrojecida… se miraron unos instantes de manera totalmente opuesta… Adamir buscando al chico que lo enloquecía y Max odiándolo con más garras que nunca… No sabía que se podía sentir tanto horror y desprecio por alguien… una explosión  caliente le quemaba el pecho… algo tan horrible que necesitaba descargarlo. Un escupo salió de su boca y se estampó furioso en la mejilla de Adamir. Max estaba totalmente fuera de control

-. Suéltame asqueroso!!.. no me toques!!

Gritaba y se retorcía empujando a un desconcertado Adamir… sus piernas lo pateaban y sus puños lo golpeaban donde cayeran… Adamir no atinaba a reaccionar: el enorme desprecio en los ojos y las crudas palabras de Max lo había impactado profundamente

Rápidamente, Exequiel y los guardias le quitaron a  Max de encima.

-. No!!! No!! déjame!! noooo…

Los gritos y el forcejeo de Max eran desgarradores mientras era arrastrado por los guardias, siguiendo órdenes de Exequiel

-. Deténganse – ordenó Adamir. No soportaba ver como los guardias hundían sus dedos en la tierna piel de Max. Además, recordó su promesa de que nadie volvería a golpearlo. Los hombres se detuvieron sin soltarlo. Max seguía retorciéndose y gritando

Adamir endureció su postura. Todo esto era un error terrible que tenía que arreglar de prisa con Max.

-. Suéltenlo – ordenó

Los guardias obedecieron y Max, como un relámpago, se fue encima de Adamir nuevamente, blandiendo sus puños y piernas para golpearlo

-. Me engañaste! Eres basura!! Eres malo.. no puedes vender a Miki, porquería!

Esta vez Adamir estaba preparado y a pesar del dolor que le provocaba cada grito, esquivó los golpes de Max y pensó en todos los ojos que estaban pendientes de ellos. Tenía que retomar el control con sus propias manos no solo para demostrar su poder a los demás sino también para volver a Max al lugar que le correspondía. Fue una lucha corta y dispareja. Max nunca tuvo oportunidad de ganarle ya que estaba fuera de control y sus golpes eran erráticos y carentes de verdadera fuerza. Unos cuantos minutos bastaron para que Adamir tuviera a Max apresado de los brazos y lograra inmovilizarlo. No podía callar su voz que seguía gritándole pero lo tenía bajo su control nuevamente.

-. Sepáralos. Hazte cargo – ordenó Adamir a Exequiel refiriéndose a los demás chicos que fueron conducidos a sus respectivos cuartos por separado.

-. Yo me encargo de Max – dijo tirando de él con dificultad y forzándolo a caminar a tirones hacia el lugar más cercano que le podía brindar intimidad. El antiguo cuarto de entrenamiento.

-. Basta de gritos! – rugió Adamir una vez dentro del cuarto sin poder soltarlo aún

-. No me toques!! Eres un enfermo!!

Max estaba soltando todo el miedo y el horror que venía acumulando desde que había sido secuestrado. Se había dejado engañar por Adamir… Dios!! era la peor clase de tonto sobre el planeta.  Había perdido totalmente el control sobre lo que hacía y se dejaba guiar simplemente por el salvaje instinto de rebeldía y sobrevivencia

-. Deja de moverte o voy a amarrarte!! – Adamir amenazó sin tener pensado realmente hacerlo. Solo quería lograr que Max se apaciguara para poder hablar

-. Amárrame porque si no voy a arrancarte los ojos. – la respuesta de Max fue extrañamente  fría, tanto, que Adamir aflojó sus manos un instante y nuevamente sintió la lluvia de golpes comenzar.

-. Max!! Cálmate de una vez. Puedo explicarlo todo si te tranquilizas!

Volvió a sujetarlo. Esta vez lo presionó de cara contra una pared y lo aplastó con su cuerpo

Max se fue calmando y unos instantes después, solo se escuchaba la agitada respiración de ambos

-. Explícame – dijo Max siseando entre dientes

Adamir tomo una gran bocanada de aire y pensó en lo que tenía que decir. Nunca daba explicaciones sobre sus actos pero deseaba elegir bien las palabras. Súbitamente se dio cuenta de lo importante que era que Max entendiera.

Liberó a Max al retroceder un par de pasos.

-. Esta isla… podemos vivir tranquilos en esta isla si me escuchas y me entiendes

Max ladeó la cabeza…  Adamir no estaba explicándole nada… es más… Adamir parecía nervioso… nunca lo había visto sobarse las manos y estrujárselas como lo estaba haciendo ahora… le rehuía la mirada… cada segundo Max tenía más y más la certeza de que no era un error, no había nada que explicar y lo que había visto era verdad…

-. Entonces es verdad que vas a venderlos? – estaba como petrificado contra la pared. Su voz sonó despacio y angustiada

-. Es un negocio, Max. Un negocio rentable que nos permitirá vivir bien y tranquilos. Escucha, puedes trabajar conmigo… seremos un equipo, tu y yo.. si? tu y yo juntos. Estarás a mi lado y…

Max resbaló por la pared… gruesas lágrimas calientes rodaban por sus mejillas y el aire parecía faltarle

-. Pero son personas…

Adamir estaba sorprendido… Max no estaba entendiéndolo y se cerraba a sus explicaciones. Max se alejaba de él y le estaba doliendo más de lo que deseaba admitir…

-. Max… no significan nada… son chicos de la calle – se apresuró a acercarse a Max, acuclillándose a su lado. Estaba muy cerca de él pero de algún modo sabía que Max estaba alejándose y refugiándose en otra parte… lejos de él… y eso no.. no podía ocurrir… no

-. Max, no llores

Intentó limpiar una de las lágrimas del rostro de Max pero el chico reaccionó como fiera al roce

-. NO!… te odio… te odiooooo

Adamir cayó de espaldas empujado brutalmente por Max. No era solo su cuerpo el que caía… Adamir sentía como sus esperanzas, su paz y la alegría que había conocido se estaba haciendo mierda contra el piso del cuarto… el sentimiento era horrible y lo dejaba aturdido.

-. Max, tienes que entender. Todo volverá a estar bien… nosotros juntos

-. NO! Mentiste todo el tiempo… me engañaste.

Adamir levantó la vista en el preciso instante en que uno de los pies de Max se dirigía directo a su rostro a propinarle una feroz patada. Reaccionó por instinto y el pie pasó silbando a milímetros de su cara. De un salto se puso de pie… todo estaba roto. Max lo despreciaba nuevamente… lo leía claramente en los ojos brillantes de odio de Max

El chico intentaba no dejarse atrapar y en su loca carrera por el cuarto derribaba muebles y se apoderaba de lo que estuviera a su alcance para lanzarlo sobre Adamir

-. Te tengo!

Finalmente Adamir volvía a sujetar a Max

-. No me toques!! Me das asco!! Sueltameeee

Lo arrastro por la fuerza y las esposas de metal se cerraron alrededor de las muñecas de Max en aquel mismo odioso rincón lleno de recuerdos aterradores. Max seguía gritando. Adamir enrolló silencioso una cadena alrededor de los tobillos de Max. No hablaba. Ni una palabra salía de su boca mientras lo inmovilizaba. Actuaba como hipnotizado reteniendo dentro todo lo que estaba sintiendo

En cambio Max le lanzaba todo el veneno posible.

Amarrado como un animal nuevamente… Max yacía sobre el piso… en su rostro se mezclaban las lágrimas, el odio y la rabia con igual intensidad.

Adamir escuchaba todas las crueles palabras que salían de la boca de Max y aunque su rostro no rebelaba ningún sentimiento, lo herían y le dolía escucharlas.  Cansado después de la lucha y con Max seguro, se sentó en el piso, a prudente distancia de Max, y reclinó la espalda contra la pared. Espero a que su respiración se normalizara antes de hablar… tenía nudos en todo el estómago y en la garganta… era inaudito ver a Max como estaba pero se lo había buscado… él mismo se lo había buscado!!! Una bola caliente le hería la garganta y no lo dejaba respirar… Quería abrazarlo y consolarlo a la vez que abrirle la cabeza y meterle a la fuerza la idea que él tenía de lo que sería la vida de ellos juntos y felices en la isla. No deseaba que fuera así… no quería seguir escuchando los insultos hirientes de Max… no deseaba que a Max le doliera tanto la realidad… ¿Por qué no podía aceptarlo y acabar con el drama?

-. Cállate – dijo Adamir sin gritar

-. Cállame si puedes!!! – aún vencido y desde el suelo, Max seguía provocándolo.

Adamir volvió a tomar aire

-. Es un negocio. Los esclavos se venden y tendrán un amo y un lugar decente donde vivir.

-. No puedes venderlos!!! No te pertenecen!! No puedes… estás loco

-. Son mocosos de la calle!! No tenían nada y ahora tendrán un amo que se ocupará de ellos

-. No.. no.. no entiendes… no puedes venderlos… no… no a Miki …

Adamir miró al techo buscando las palabras y la fuerza necesaria…

-. Escucha… puedo hablar con Heinrich y atrasar la entrega de tu amigo un par de días si eso te tranquiliza

-. NO!! NOOO no me tranquiliza… no quiero que lo vendas.. es mi amigo… el es dulce y ese hombre es malo y cruel

-. ¿Qué sabes tú de Heinrich?

-. Exequiel dijo que era malvado.. como tú!! Como todos ustedes!!

-. Estoy haciendo una concesión especial, Max. Voy a permitir que tu amigo…

-. No entiendes nada!!! eres un idiota… no puedes vender personas… No puedes vender a Miki…

Adamir se llevó las manos al rostro en un gesto que denotaba la imposibilidad de tratar con Max ahora.

-. Voy a ver cómo está el desmadre que armaste allí fuera– se puso de pie – Volveré más tarde

-. NO!!

-. No, qué?

-. No vuelvas nunca… muérete… ahógate en tu propio veneno, asqueroso maldito

Adamir salió del cuarto con el rostro apretado como granito. Cerró la puerta con la sensación de haber adquirido de golpe un peso enorme que le impedía caminar y respirar bien. No lograba sacar de su mente la imagen de Max despreciándolo ni todo lo que le había dicho.

El recinto se veía en calma nuevamente. No había muchos esclavos en ese momento dado que el equipo de tierra había sido detenido. Solo estaba el grupo de chicos que serían entregados en la subasta y los cinco pequeños nuevos que comenzaban su entrenamiento.

Confundido, Adamir se dirigió hacia la sala de control donde encontró a Exequiel

-. Todo está bajo control – indicó Exequiel satisfecho y casi sonriendo

Adamir no se detuvo hasta que su puño se estrelló contra el rostro del sorprendido Exequiel. El ruido de huesos aplastados trono con fuerza

-. Te advertí que no tocaras a Max

Adamir estaba furioso ahora. Su tristeza se había convertido en preocupación y en rabia. Buscaba un camino para desahogarse

-. Pero… es un esclavo!!! Un maldito esclavo! – se defendió Exequiel desde el suelo y con la nariz ensangrentada

-. ¿Le hablaste de Heinrich?

-. Solo mencioné que era un comprador

-. Dijiste lo suficiente para que Max quisiera averiguar… – de pronto Adamir entendía todo

-. Estas despedido. Te irás al terminar la subasta – sentenció con firmeza

-. Cómo?.. no puedes despedirme… – Exequiel casi reía ante la absurda sugerencia de ser despedido

-. Si puedo y lo hago. Te pagaré generosamente.

-. Pero te has vuelto loco??!! Cómo vas a despedirme??!!

-. Así como lo estoy haciendo. Despedido!  Fuera del negocio! Te largas!

Exequiel estaba choqueado.

-. Adamir… no puedes… por favor

-. No eres capaz de seguir mis órdenes así es que ya no me sirves. Al terminar la subasta el avión te llevará al continente. Eso es todo.

Exequiel abandonó la sala. Adamir no se volvió a mirarlo. Estaba harto de Exequiel, estaba harto de todos… estaba… todo mal.  El sonido del computador le recordó a Adamir que tenía una subasta pendiente. Al sentarse frente al computador vio el movimiento que no había sido atendido durante la mañana… Dios! se acumulaban ofertas… necesitaba pedirle a alguno de los otros que le ayudara… Max no podía hacerlo porque estaba atado y encadenado en el piso del cuarto, solo y ofuscado, sin querer escucharlo … sus manos alrededor del rostro estrujaron su propia piel en un gesto de impotencia…

-. Maldicioooooon

Su atención fue captada nuevamente por el correo que había recibido de Gonzalo y el problema serio que tenía con la filtración de información. Doble maldición!! Encima de todo tenía eso pendiente y tendría que llamar a Nazir para contarle. Sentía que su cabeza iba a explotar… Necesitaba encontrar un  ayudante… ¿Quién de los que estaba en la isla podría servirle… no podía concentrarse en recordar… todo estaba mal.

 

 

MAXIMILIAN

No podía detener el llano que seguía corriendo a chorros por sus mejillas y le oprimía la adolorida garganta

La realidad era demasiado horrible como para calmarse… siniestra… aterradora. ¿Cómo es que él, tan listo que se creía, no había sido capaz de ver de qué se trataba todo esto???!!… Quizás porque era demasiado repugnante para imaginarlo siquiera…

Adamir secuestraba chicos, los preparaba y los vendía… esa era la única verdad. Entregaba a niños como Miki a depredadores como Heinrich…

Un grito volvió a salir de sus labios… creía que ya no podía gritar más.

Ahora entendía qué había llevado a Santiago a dejar escapar a Mati y a buscar su muerte.

-. ¿Por qué mierda no te mueres tu??? – gritó aun sabiendo que Adamir no podía escucharlo.

Muerto… el mundo sería mejor si Adamir estuviera muerto…  Y él había estado riendo, cenando y recibiendo caricias y placer del monstruo que manejaba toda esta red…   se había dejado seducir y encantar por él… si hasta había estado dando vueltas a la idea de ser feliz con él… Dios!!! Amarrado como estaba se retorció en el suelo como si intentara quitarse de su piel los recuerdos del cuerpo de Adamir sobre el suyo.

Todo esto era demasiado fuerte para su mente…

Adamir estaba loco… enfermo… era un ser cruel y diabólico.

-. Te odioooo  – de alguna manera tenía que dejar salir el horror que sentía

El brusco movimiento hizo que su cabeza chocara violentamente contra el suelo. El golpe sirvió para que Max se calmara y conectara con la realidad del momento. Dejó de retorcerse y miró alrededor. Estaba de vuelta donde había comenzado todo. El odio que sentía ahora no tenía comparación con lo que experimentaba en aquellas primeras semanas recién llegado… ahora sabía cuál era el destino que esperaba a todos los chicos de la isla… un momento… ¿Era él también parte de la venta? Su duda se aclaró de inmediato al recordar las palabras de Adamir cuando hablaba sobre el futuro de ellos, juntos. El desgraciado no quería venderlo. Deseaba adoptarlo como su esclavo personal… quería quedarse con él y mantenerlo cautivo por el resto de su vida en aquella isla… como un animal de compañía para usar y castigar a su antojo… de eso se trataban todos los planes que formulaba cuando estaban  juntos en su casa.. oh Dios!! por eso lo había llevado a vivir a su casa… Por todos los cielos!!! El collar!!! Lo tenía en el cuello…. portaba en su cuello el símbolo de esclavitud que lo ligaba con Adamir.

-. Nooo… noooo

Volvió a gritar y a llorar. Sus manos forcejeaban inútilmente contra las esposas hiriendoselas hasta comenzar a sangrar.  Deseaba quitarse ese objeto del cuello a toda costa… le quemaba y lo ahogaba… no quería nada que tuviera relación alguna con Adamir.

M & M CAPITULO 78

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CAPITULO 78

El joven teniente de la Brigada de delitos informáticos se encontraba en un dilema…  pensaba en una solución mientras miraba el semi destruido laptop que había llegado a sus manos cuando fue llamado para investigar la única evidencia del caso de intento de secuestro de un menor. Habían tenido mucho más evidencia, pero nadie en la división fue capaz de dimensionar frente a que se encontraban y solo ahora, que no quedaba nada, se daban cuenta de la potencial importancia del caso. Un yate lleno de evidencia había volado en pedazos casi al mismo tiempo que desaparecía el vehículo retenido en el último patio de la delegación. No quedó nada rescatable, excepto esa laptop  alguien intentó destruir pero no alcanzó a completar su objetivo; parte de la memoria  aun estaba intacta. El problema ahora era descubrir en que maldito idioma o dialecto estaba escrito el contenido… algunas eran letras occidentales, otro parecían caracteres chinos y otros eran simplemente jeroglíficos inventados que parecían dibujos de niños. No había nada en la base de datos de interpol que respondiera positivamente al lenguaje que Cristián tenía en frente…   El teniente caminaba de un lado a otro en la oficina ya desierta dado lo avanzado de la hora; del paquete que sostenía en la mano sacaba almendras y masticaba sin quitar sus ojos de la pantalla… obviamente era un lenguaje cifrado con el propósito de ocultar información… parecía una lista… ¿Qué estaba enumerado en esa lista? ¿nombres? ¿Más chicos secuestrados? ¿Dineros pagados? ¿Lugares de secuestro? ¿Eran esos números o letras?… quizás lo sabría mejor al recuperar más información. Por ahora, y tras mucho esfuerzo, había recuperado dos páginas que lo estaban volviendo loco…

Cristián apretó la bolsa de almendras en su mano y decidió que las 11 de la noche era demasiado tarde. Traspasó la información rescatada a su propio computador. No le gustaba llevar trabajo a casa pero estaba comenzando a sentir la presión. Lo habían llamado especialmente porque era el mejor en el ciber crimen.

El teniente Cristian Rodríguez era un experto que hablaba poco y hacía mucho. Nunca era desagradable pero tampoco era sociable.  Le gustaba trabajar en solitario y su aspecto no decía relación con su trabajo ni su cargo; ni el capitán ni el comandante habían logrado que vistiera terno ni se cortara el pelo oscuro, largo y suelto que caía sobre sus camisas y sus jeans corrientes. Tenía los ojos oscuros, apasionados y peligrosos. Su imagen, algo dura y hostil, no encajaba con el pendiente que lucía en una de sus orejas y que contrastaba con todo el resto de su apariencia.  Sus compañeros de trabajo, luego de 8 años, se habían acostumbrados a las excentricidades y rarezas de Cristián, homosexualidad entre ellas,  pero lo respetaban… ninguno entendía cómo funcionaba su mente, pero sabían que Cristián era inteligente y rápido, se apasionaba con los casos, obtenía resultados y en cuanto atrapaba a los malos seguía con el siguiente asunto, sin detenerse a recibir felicitaciones o saludos.  Lo único que sacaba a Cristián de su ostracismo y seriedad era la presencia de su pareja a quien todos en la división se habían acostumbrado a ver y aceptaban. Era difícil no caer bajo la simpatía y dulzura del hombre que compartía la vida con Cristián; tenía una personalidad totalmente opuesta; era amable, sociable y simpático además de tener un aspecto de eterno adolescente. Con esas palabras de referían a Juan Felipe cuando hablaban sobre él. Ya no les llamaba la atención que el teniente no compartiera con ellos porque finalmente lo habían entendido; Cristian estaba enamorado de su pareja y ese chico constituía todo su mundo. No arriesgaba su relación ni permitía que nadie interviniera en su vida privada.

Ahora, todos en la división estaban pendientes del caso que cada día tomaba más importancia; el secuestro de niños era un delito especialmente desagradable. El chico que había sido atacado no recordaba nada, solo un golpe y un piquete en su cuello que resulto ser una droga. El jefe de la unidad sospechaba que había algo grande detrás de los dos hombres detenidos. Sus huellas, increíblemente, no habían arrojado ningún resultado, lo que contribuía a aumentar el misterio; los detenidos rehusaban hablar y parecían dispuestos a una larga estadía en la cárcel antes de confesar. De hecho, parecían dispuestos a morir antes de delatar un nombre.  Algo les producía a esos hombres más temor que la cárcel… o tal vez alguien pagaba su silencio con mayor valor que sus vidas… todo resultaba muy intrigante.

Cristián guardó su computador y salió rumbo a su hogar. Durante el trayecto se distrajo pensando en Juanfe que lo esperaba en su hogar.

Juan Felipe miraba televisión, la mesa puesta para cenar y un bien dispuesto abrazo de bienvenida

-. Llegas tarde

No era una llamada de atención sino más bien una expresión de lástima al ver el cansancio y la preocupación en los ojos y actitud de Cristián.

Como por arte de magia todo el serio y sombrío aspecto del teniente se iluminó y sus ojos se suavizaron. Juanfe siempre tenía ese efecto sobre él. Cinco años viviendo juntos no mermaban el impacto ni la intensidad de lo que sentían el uno por el otro.

-. Recuperé información hoy, pero no logro entenderla. Me gustaría que lo vieras – indicó Cristián luego de los besos y caricias.

Juan Felipe se había especializado en idiomas y criptografía al terminar la escuela. Estaba muy bien calificado y en más de una ocasión el capitán había solicitado su ayuda. Si había alguien que podía ayudar al teniente a resolver el misterio era, justamente, su pareja.

Juanfe puso un plato de comida frente a Cristián. No tenía duda de que se había olvidado almorzar y cenar y solo había picado tonteras. Nunca comía cuando estaba bajo presión.

-. Te comes todo eso – ordenó Juanfe pretendiendo seriedad pero su rostro de niño, los ojos claros y el mechón de pelo trigueño en su rostro no le permitían parecer enojado

-. Si, solo mira las páginas, por favor – respondió Cristian  sintiendo un profundo hueco de hambre en su estomago al ver la comida

Cristián comió en silencio…

Juanfe revisó la imagen de la pantalla…

-. No es un idioma… tiene caracteres rusos y Yué… acentos daneses…  hay símbolos que no existen… mira! esto de aquí es Latín…

-. Dime que vas a decodificarlo –  Cristian se estaba poniendo nervioso.

-. Puedo intentarlo… es un enredo terrible… necesito tiempo

-. Ah demonios!.. lo necesito con urgencia, Juanfe

-. Hago lo que puedo – respondió Juanfe un poco sentido

-. Perdón… lo siento

Cristián se calmó y se atrevió a poner la mano en el hombro de su novio al darse cuenta que estaba siendo hiriente sin necesidad

Los detenidos serán llevados ante el juez pasado mañana.

-. Lo haré por ti… voy a descifrarlo aunque no duerma.

Juanfe apretó la mano de Cristián subiendo su hombro y ladeando su rostro. Ya no era el mocoso inseguro del pasado que Cristián había rescatado. Había crecido y madurado de la mano de Cris, tenía un buen trabajo y cada día adquiría más prestigio en su campo laboral.  Cada uno por separado era un hombre seguro, con una buena profesión y trabajo… pero cuando estaban juntos se adaptaban al rol que deseaban desempeñar como pareja del otro

-. Tendré que recompensarte por eso

Cristián se calentaba cuando Juanfe se mostraba seguro y decidido. Estiró su mano y abarco una de las nalgas redondas de Juanfe, apretando.

-. Bueno… si lo quieres de prisa la recompensa tendrá que esperar

-. Diablos!

Cristián quitó su mano del trasero de su pareja y volvió al plato de comida a medio terminar. Siguió  comiendo viendo como Juanfe se iba transformando frente a sus ojos… desaparecía la expresión de niño dulce mientras tomaba notas y se concentraba en la pantalla… se volvía hombre… Cris siempre había adorado mirar y analizar todas las expresiones de Juanfe y eso no había cambiado. Finalmente una sonrisa dulce apareció en el rostro del teniente…

-. Sabes que te amo, no?

Juanfe le devolvió la mirada solo unos segundos

-. Yo también te amo…

Sus ojos volvieron a la pantalla… se movían veloces de una línea a otra, sus dedos tecleaban… el ceño fruncido en su rostro de niño serio… Juanfe lentamente presentía que él podía descifrar y entender el secreto contenido en esas páginas que aclararían el intento de secuestro y el misterio que había detrás.

 

 

ADAMIR

Max amaneció de buen humor, satisfecho y descansado. Se estiró en la cama de Adamir como un gato perezoso y gimió suavemente, como si ronroneara.  Al instante, sintió las manos de Adamir envolviéndolo

-. ¿Estás bien? – demandó el amo preocupado.

La noche anterior había sido especial; el collar en el cuello de Max lo había excitado más de lo que cabía esperar… el cuello largo y fino de Max lucía su collar. Ahora le pertenecía para siempre… suyo… completamente. Por fin se despejaban todas las dudas y Adamir comprendía lo que significaba el deseo de posesión que había visto en otros amos y que ahora le había tocado a él sentir. Max era suyo, su propiedad y no sentía ningún remordimiento por desear quedárselo. Su sentimiento de posesividad era absoluto y maravilloso.  No tenía que dar explicaciones. Era el amo y dueño de hacer su voluntad. Ya tendría tiempo de explicarle a Max lo que significaba el collar y le daría tiempo para entenderlo y aceptarlo. Obviamente esperaba algún tipo de resistencia de parte de Max… después de todo, parte del atractivo de su adorado esclavo era ser rebelde y no aceptar las cosas a la primera… se opondría, pelearía, discutiría pero finalmente Max era y continuaría siendo suyo.  Con el tiempo maduraría y entendería que esta era su mejor opción. Adamir estaba contento, tranquilo y en paz. Pensaba hacerlo feliz… deseaba protegerlo, cuidarlo y verlo reír todas las veces que fuera posible… Dios!! si algo lo enloquecía era ver a Max feliz!!!

-. No… estoy bien – respondió Max ruborizándose y  dándose cuenta que al estirar su cuerpo le había dolido la zona que Adamir había maltratado y abusado horas atrás. No se había percatado en el momento, perdido como estaba en la pasión y el placer… habían hecho de todo y nada fue suave sino salvaje y enloquecedor…

Max intentó ocultar su rostro. No le gustaba mostrarse avergonzado ni mucho menos adolorido… odiaba ser visto como una persona débil, pero era demasiado tarde. El ojo del amo había captado el rubor en las mejillas y los ojos huidizos

-. Ven aquí – ordenó tirando de él hacia su cuerpo y buscándole la mirada – te sonrojaste

-. No es cierto!!! – protestó Max subiendo el tono de voz

Adamir levantó un dedo para indicar silencio.

Max se contuvo

-. Eres aún más bello cuando te sonrojas

No había burla en las palabras de Adamir sino  sinceridad

-. Yo no…

Esta vez, Adamir lo calló con la mirada de sus ojos dorados

-. Eres lo más hermoso que he visto en mi vida – sus palabras sinceras sonaban peligrosamente cerca a una confesión de amor

Lentamente, lo fue acercando hasta encontrar sus labios… los separó despacio con su lengua… tanteando… probando y deleitándose… su mano sostenía la cabeza de Max que terminó de acercar para besar intensamente. Dios!! nada en este mundo sabía mejor que la boca de Max!!!   Adamir no se cansaba de besarlo y tocarlo… sus cuerpos desnudos en contacto… la mano del amo lo sostuvo del collar con una intensa sensación de posesión…  su corazón rebosaba de un sentimiento espléndido, sentía cosas que no había experimentado hasta que Max apareciera  y su mente le gritaba frases que deseaba reproducir y decirle al oído pero se contenía sintiéndose ridículo… solo pensaba en cosas cursi, ostentosas y pretensiosas, de novela barata… como si de pronto se hubiera vuelto estúpido y no pudiera elaborar una frase inteligente… Max era sublime! Como una noche estrellada y despejada… como un campo lleno de flores, como la más deliciosa fruta… era excepcional! Glorioso! Divino… Max era todo lo que quería…

Mantuvo al chico abrazado hasta que se calmó el loco tamborileó de su corazón y su mente dejó de pensar boberías. Estaba rebosante de energía. Estos sentimientos eran adictivos… ahora entendía tan claramente porque algunos amos enloquecían por sus esclavos…  Si. Podía aceptarlo: Estaba loco por Max.

-. Vamos a desayunar. Luego tenemos que trabajar y voy enseñarte más cosas en el computador… – Adamir hablaba mientras caminaban juntos hacia la ducha – recuérdame que debo llamar a mi madre y también…  Dios!!! tu culo Max… me enloquece… – alargó las manos incapaz de contenerse… de todos los cientos de glúteos que había visto en su vida ninguno era comparable con la sublime perfección de las nalgas de Max… Podía morir de placer cuando Max levantaba su culo y se lo ofrecía para lamerlo, besarlo, penetrarlo, se  hundía en él y pasaban a ser como uno solo… unidos sus cuerpos,  escucharlo y verlo gemir y gozar su placer… todo terminaba gloriosamente cuando veía su propio esperma chorrear desde el rosado ano. Max era perfecto para él y su vida había cambiado. Vivía bajo su techo y se adaptaba a la vida juntos. Había dejado de quejarse y de andar malhumorado. Max estaba aprendiendo rápidamente.

Adamir suspiró sintiendo que todo estaba espléndidamente bien.

Reían juntos bajo el agua de la ducha… Max se abrazaba a él y le permitía gustoso que lo enjabonara y retuviera contra la pared mientras el amo le enjuagaba el culo que tanto le gustaba…

 

MAXIMILIAN

Le gustaba estar en la oficina con Adamir. Sentía que era algo importante… algo que posiblemente nunca habría hecho en su otra vida. Admitía que su trabajo era algo bastante simple y básico; Adamir le había prometido enseñarle más y eso lo entusiasmaba. Por ahora, lo que hacía requería de mucha paciencia… cosa que escaseaba en Max. A veces pasaba una hora completa antes de que un nuevo número apareciera en la pantalla. Max miraba el número y con cuidado examinaba el código que lo acompañaba y le permitía ubicarlo en un determinado lugar. Nada complicado… solo mover números cada vez mayores, uno tras otro bajo un código definido. Luego de las primeras y emocionantes horas de aprender,  el aburrimiento comenzó a rondar. Adamir se había encerrado en otro cuarto para hablar por teléfono y a media mañana, Max estaba solo en la oficina. Su tranquilidad terminó cuando Exequiel cruzó la puerta y le dedicó una mirada de desprecio

-. ¿Dónde está tu amo? – interrogó Exequiel claramente molesto de verlo

-. Está en la otra sala – respondió Max nervioso, enderezándose en el asiento.

Exequiel se detuvo para fijar sus ojos rabiosos en él

-. ¿Cómo me dijiste?

Maldición!!!… Max se dio cuenta que no le había hablado con respeto y sumisión y además, había olvidado llamarlo “amo” o “señor” al responderle.  No le gustaba Exequiel y sabía que el sentimiento era mutuo. Le había dado un motivo para castigarlo

-. Lo siento, señor… el amo está en la otra sala, señor…

Max se había puesto de pie, su cabeza baja y sus ojos mirando al suelo… en su actitud se podía leer claramente más rabia que sumisión lo que molestó aún más a Exequiel

-. ¿Quién te crees que eres?!!! – interpeló Exequiel alzando la voz y acercándose a Max – ¿Aún no aprendes a hablar respetuosamente? – lo jaló con fuerza del cabello… Max, instintivamente ladeó la cabeza preparándose para recibir un golpe… Exequiel alcanzó a levantar la mano pero su gesto quedo paralizado al ver el collar en el cuello de Max… Sus ojos se abrieron… ese era un collar de… ¿cómo?… por qué?… ¿cuándo?… Adamir? No… no! imposible…. la mano en el aire bajó de golpe como si hubiera perdido fuerza.

-. ¿Qué pasa aquí?

Adamir había escuchado la voz descontrolada de Exequiel. La escena que encontró le desagradó completamente. Exequiel estaba amenazando a Max, lo tocaba y estaba demasiado cerca. Su estómago se encogió de irritación.

-. Max

No fue un llamado de atención sino, más bien, lo estaba  requiriendo a su lado para protegerlo. El chico se acercó a él confiado y Adamir lo ubicó tras él

-. Tiene un collar

Exequiel estaba impactado

-. Si. Max tiene mi collar en su cuello – Adamir hablaba con frialdad

Exequiel le dirigió una mirada de incredulidad, los ojos grandes como platos y la expresión de locura

-. Adamir! no puedes darle un collar a un esclavo ¿no lo entiendes? Esto va a traer consecuencias…

-. Suficiente!!

Su voz retumbó firme y decidida. Tanto Max como Exequiel percibieron como Adamir hacia esfuerzos para no perder el control pero la noticia dejaba a Exequiel en shock

-. Es un esclavo… un producto…

Exequiel no podía entender ni aceptar lo que estaba pasando… Adamir no podía atarse a sí mismo con ese mocoso con un vínculo tan fuerte como el collar… ¿qué le había hecho ese esclavo al amo?… no le cabía en la cabeza esta relación y trataba insistentemente de que Adamir abriera los ojos…

-. Exequiel, Soy el amo de esta isla y hago lo que quiero. Max es mío. De ahora en adelante no hablarás sobre él, no lo tocarás ni emitirás opiniones sin mi autorización. Max está bajo mi protección.

Las palabras fueron acompañadas de un gesto que no dejaba dudas; Adamir extendió su mano y tomó la de Max entrecruzando sus dedos. El desafío en los ojos dirigido a Exequiel.

Exequiel perdió el aire… los miraba incapaz de reaccionar. Sus esperanzas se iban al tarro de la basura en ese mismo instante… Si Max tenía un collar significaba que él nunca sería la mano derecha de Adamir sino ese esclavo que mantenía de su mano… “su” esclavo… estaba bajo su protección… no era justo, no señor. Él había trabajado más que todos y ahora era su oportunidad… estaba perdiéndolo todo… sería un amo más del montón… nadie especial… no tenía a qué mas aspirar en la isla… derrotado por un maldito esclavo. No había duda en las palabras de Adamir. Exequiel se movió como si no se sintiera a gusto en su propia piel… no sabía qué hacer ni que decir…

-. Adamir… ¿estás cambiando las reglas, entonces?

-. Nada cambia para ustedes. Lo único diferente ahora es que Max está conmigo

-. Pero las reglas…

-. Soy el amo de este lugar, yo hago las reglas y tú trabajas para mí – Sus palabras frías y cortantes

Exequiel reaccionó a la amenaza velada en las palabras de Adamir. Si, él era el amo y podía despedirlo… nunca nadie había sido despedido en la isla. El único que había abandonado el lugar era Santiago… ¿era una amenaza de muerte?… ¿estaba en peligro? La idea de perder lo que tenía asustó a Exequiel. Nada era realmente suyo pero tenía en la isla todas las comodidades necesarias y una vida de sexo duro ilimitado con muchachitos hermosos a los que podía dañar y usar a su antojo. Jamás conseguiría algo parecido en otro lugar. Su actitud cambió al entender eso

-. Lo lamento – se disculpó – es que me ha tomado por sorpresa ver el collar … tu nunca antes tuviste un esclavo… yo… entiendo.

Hablaba atropelladamente intentando justificarse.  Le asustaba que Adamir pudiera descartarlo como si fuera un perro.

-. Hablaremos más tarde

Adamir lo estaba despidiendo

-. No es necesario. Lo siento… en verdad me disculpo. Todo está claro ahora.

Exequiel salió con la cabeza gacha y los hombros hundidos… perdida su postura altiva de amo

-. ¿Te hizo daño? – Adamir giró hacía Max

Max negó con la cabeza. Respiraba agitado y aún estaba nervioso y molesto. Adamir lo sostuvo de los hombros y lo remeció suavemente

-. Max! ¿Te hizo daño? – volvió a preguntar

-. No… no, amo- respondió intranquilo

-. Tranquilízate. Ya pasó. Nadie volverá a tocarte o a hacerte daño

Max lo miró como si Adamir fuera de otro planeta. Esas palabras… ¿nadie volvería a dañarlo?… ¿en verdad?

-. Ningún amo tendrá derecho a tocarte o a pedirte algo, ¿entiendes? Nadie te podrá molestar

-. ¿Nadie? – preguntó Max con un hilo de voz

Adamir leyó la sorpresa en la expresión de Max. Nunca había pensado en hacer algo así pero desde que habían vuelto de la ciudad todo era nuevo y diferente. Él pensaba diferente. Max cambiaba las cosas para mejor, su vida era mejor con Max. Se acercó para envolverlo en un abrazo protector

-. Nadie, Max – suspiró en oído – Eres mío, ¿entiendes? Mío y de nadie más. Solo yo puedo tocarte y dañarte.

Se hundió en su cuello, se perdió en su olor y en su boca húmeda.

-. ¿Por qué? – Max aún no salía del estado de sorpresa

– ¿Por qué?… porque eres mío… porque estoy bien contigo, porque me haces sentir en paz y excitado a la vez… porque me gusta verte en mi casa y saber donde estas y que haces a cada instante…  

Adamir lo miraba a los ojos… a los hermosos ojos castaños que lo tenían completamente cautivado. Deseaba con todo su corazón borrar la sombra de duda y asombro que seguía leyendo en los ojos de Max

-. Escucha Max, no voy a dejar que nada malo te vuelva a pasar nunca más, ¿entiendes? Voy a cuidar de ti y…

Ahí estaban nuevamente en su mente, las palabras cursis, a punto de brotar por sus labios… “Voy a hacerte feliz y a adorarte”… “Voy a bañar tu cuerpo de besos bajo la luz de la luna”… “Vamos a dormir juntos y acariciarnos cada noche… con lluvia o con sol… voy a despertar cada día en paz sabiendo que estás conmigo”…

Adamir dejó de hablar. No podía decir eso… ¿Qué le pasaba a su mente???!!!

Max nunca había escuchado una declaración de amor… nadie le había dicho cosas hermosas y seguras como lo que escuchaba… lo que Adamir le estaba diciendo se parecía mucho a lo que él creía debía ser una declaración amorosa… estaba nervioso y lleno de dudas… ¿Adamir estaba admitiendo que sentía algo por  él?

Era arriesgado para Max atreverse a preguntar… pero el momento era especial y él necesitaba saber. Tenía tantas dudas

-. ¿Por cuánto tiempo?

“Por siempre”… “hasta que la muerte nos separe”… Oh por Dios!!! Adamir se sorprendió de la tranquilidad con que aceptó esos nuevos pensamientos…

-. Por mucho tiempo Max… mucho tiempo

Una fuerza extraña obligó a Adamir a abrazarlo… sentía una energía liberadora al admitir lo que estaba sintiendo. Suspiró  sosteniendo el cuerpo delgado pegado al suyo.

-. Tú me gustas y me satisfaces…  – Las palabras escaparon de la boca del amo antes de que pudiera pensar

-. ¿Más que Santiago? 

Max tampoco pudo contener sus pensamientos y tuvo que expresarlos en palabras. Al instante sintió como Adamir se tensaba y sus hombros eran empujados hacia atrás.

-.Qué sabes de Santiago?

El amo estaba serio

-. Soy su reemplazo… él estaba contigo antes. Santiago se fue y… – se le hizo un nudo en la garganta… un estúpido nudo ciego de nervios y miedo que no lo dejaba hablar. La mirada de Adamir lo traspasaba y se sentía extrañamente débil

A Adamir le bastaron unos segundos para deducir de donde Max había obtenido la información. Sergio. Curiosamente no estaba molesto sino desconcertado porque no podía ver la relación entre lo que estaba viviendo y lo que había vivido alguna vez con Santiago. Una pincelada de algo caliente y dulce le paso por el corazón al ver el rostro nervioso de Max. Se tranquilizó.

-. No, Max. No eres el reemplazo de nadie. Yo no sentí por Santiago nada parecido a lo que siento por ti.

Max tragó saliva… tenía que seguir preguntando aprovechando que Adamir se había suavizado y le volvía a hablar con dulzura.

-. Y.. ¿que sientes… por… por mi?

Instantes de dudas reflejados por primera vez en la mirada dorada de Adamir. Su mente tenía claro lo que pasaba… un amo encaprichado con su esclavo, como le sucedía a tantos otros amos… su corazón gritaba algo diferente… gritaba que lo abrazara y lo cubriera de besos y le dijera por fin todas esas estupideces cursis y ridículas que salían de quien sabe donde…

-. Ya te dije. Me agradas. Eres bello, me complace mirarte y tocarte

No era la respuesta que Max esperaba escuchar… su rostro inexperto reveló de inmediato la desilusión que sentía

-. ¿Te agrado? – repitió estirando los labios en una mueca

-. Si! Me gustas mucho. Eres especial– el amo deseaba convencer a Max de que eso era bueno y único.

-. ¿Te agrado más que Santiago?

La mención de Santiago nuevamente molestó a Adamir.

-. Ya basta Max!. Estas conmigo porque así lo deseo. No eres el reemplazo de Santiago.

El tema comenzaba a incomodar a Adamir. No sabía dar explicaciones ni mucho menos sabía cómo convencer. Él solo sabía ordenar, controlar y ser obedecido.

-. Pero si tuviste una relación con él … –Max tampoco sabía cómo detener su curiosidad.

La postura de Adamir cambió. Se volvió el amo altivo y orgulloso cuando volvió a hablarle.

-. No presiones tu suerte, Max. Te he dado mucho. ¿Acaso no estás a gusto aquí?

Había una amenaza velada en la forma de preguntar… “te he dado mucho… y puedo quitártelo”

Todo el coraje que Max había reunido para atreverse a preguntar se evaporó en segundos. Se concentró en responder la pregunta que Adamir le formulara y para la cual esperaba respuesta… ¿Qué si estaba a gusto?… su cabeza se ladeó y sus ojos denotaban sorpresa… pues… estaba obligado, secuestrado, retenido en la isla… no era como si él hubiera elegido estar ahí… si hubiera continuado con su otra vida estaría en las calles… libre… peleando por su espacio, robando… quizás volviendo a tener hambre… nunca tenía un lugar seguro donde dormir… ni ropa ni ninguna comodidad…. pero tenía libertad… aunque comenzaba a cuestionarse para qué diablos le servía… Aquí estaba más seguro y tranquilo de lo que había estado nunca antes… tenía techo, comida, protección y Adamir ya no era como al principio… era diferente de buena manera… no podía compararlo con las calles que fueran su hogar… siempre eran dudosas, oscuras e inestables.. no tenía en quien confiar ni amigos ni conocidos… era una lucha constante… pero en ellas era dueño de su libertad… ¿cómo era posible que se sintiera bien, entonces?… los descubrimientos que hilvanaba su mente lo estaban confundiendo

-. Si – balbuceo muy despacio, mitad sorpresa, mitad orgullo

-. No te escucho

Adamir lo había escuchado perfectamente bien pero deseaba que Max lo expresara de manera más fuerte y segura

-. Si estoy a gusto… amo

Max levantó la cabeza y le habló enfrentándolo

No había explicación médica ni biológica para el erizamiento de piel que Adamir sintió al escucharlo… su corazón dio un brinco como si hubiera tropezado de alegría, su cuerpo se llenó de energía y calor, de mariposas y flores, de nubes blandas y rosadas…

Max estaba a gusto con él.

Se volvió de espalda para ocultar la sonrisa que no pudo evitar. El suspiro siguiente le nació desde el fondo del alma… la paz que lo envolvió era un sentimiento muy satisfactorio que no había experimentado desde no recordaba cuando… quizás nunca antes había sentido tanta armonía… todo estaba bien…. todo estaba malditamente bien.

-. No vuelvas a preocuparte por nada ni nadie – Adamir se acercó hasta poner su dedo sobre el collar en el cuello de Max – Este collar garantiza tu seguridad y protección, significa que eres mío y ninguna persona puede tocarte ni dañarte. Yo cuido de ti ahora, Max.

No era la confesión que Max esperaba forzar de Adamir, pero esas palabras seguían escuchándose parecidas a lo que Sergio y Nazir habían dicho… Max sonrió suavemente… la tensión abandonó sus músculos y se entregó, calmado, al beso con que el amo selló la conversación.

 

MATIAS.

Pasaba algunas tardes en la casa de Tobías y había aprendido, con mucha vergüenza, a saludar a los padres y hermanos de su amigo. Si. Matías tenía un nuevo amigo con el que estudiaba todas las tardes aprovechando la corta distancia entre sus casas; a veces era en casa de uno y al día siguiente en casa del otro.

-. Te voy a inscribir en el equipo de futbol – dijo Tobi por tercera vez.

-. No – Mati respondió suavemente y se encogió de hombros. La sola idea de cambiarse ropa con tantos chicos alrededor y de correr tras una pelota junto a sus compañeros gigantes le producía terror – por favor, no. No me gusta

Tobías no podía dimensionar lo mucho que le costaba a Matías estar en un cuarto extraño con una persona nueva, aprendiendo a jugar videos y conversar como si fuera normal poder expresar lo que le gustaba o no. Todo era nuevo y difícil, no había reglas que seguir ni nadie que le indicara como hacerlo… pero tras el acercamiento de Tobías se había sentido mejor y estaba decidido a superar el esfuerzo que implicaba comunicarse con él y con su familia, aunque fuera solo para saludar y despedirse. Estaba aprendiendo a ser sociable. Era aterrador pero gratificante a la vez.

-. ¿Y en que te vas a inscribir, entonces?

-. No sé. En nada

-. Tienes que participar en alguna actividad. Es norma de la escuela

Matías lo sabía pero estaba intentando pasar desapercibido. Quizás sería más fácil si pudiera estar con Tobías en la misma actividad pero el futbol no era lo suyo.

-. Si. Yo sé pero no me decido aún…

-. Ya sé!! – Tobías salto poniéndose de pie y mirando a Mati como si tuviera algo genial que decir – a ti te gustan las plantas, no?… inscríbete en el grupo de jardinería… son casi todas chicas pero no te importa, verdad?

-. Hay un grupo de jardinería? – estaba sorprendido

-. Si… aprenden de plantas y flores y hacen arreglos y cosas de esas. Te he visto desmalezando y cuidando las plantas en tu patio… ¿eso si te gusta?

Mati suspiró conteniendo la emoción. Extrañas asociaciones en su mente relacionaban esas plantas de frutillas con Santiago. Las vigilaba a diario y las cuidaba como si fueran de oro

-. Si. Eso me gusta.

Tobías sonrió conforme. Lo había hecho una vez más. Le había ayudado al chico a resolver un problema.  Se había acercado a Mati por petición de Clara pero en solo unos días se había dado cuenta que Mati era muy agradable aunque sabía muy poco del mundo actual, era tímido y callado, pero Tobías se sentía bien con él; podía jugar a ser el maestro que le enseñaba las funciones del teléfono celular, los juegos de video, las últimas películas, el lenguaje de los jóvenes y las cosas modernas que Mati desconocía.  Lo asombraba el desconocimiento de Mati y se preguntaba si Clara lo había mantenido oculto del mundo. Matías no hablaba de su pasado. Era un tema prohibido. Pero conversaban del presente y a veces, hasta discutían sobre el futuro.  Tobías sentía que era agradable poder traer a un amigo a casa y que no le pusieran problemas. A su mamá y hermana menor les agradaba Matías.

-. Tenemos una tarea para mañana – recordó Mati tomando su mochila

-. Un juego más y la hacemos, si?

No le gustaba atrasarse con los deberes pero tampoco quería contradecir a su amigo cuando lo miraba con esa cara de entusiasmo

-. Está bien. Un juego más

Aún era lento para mover los controles pero mejoraba muy rápido. Terminaría los deberes y se iría a casa. Clara estaba mucho más tranquila ahora pero no le gustaba dejarla sola. Además,  necesitaba llegar a su patio cuando aún hubiera luz de sol para ver sus plantas…  Grupo de jardinería, eh?… podría aprender a cuidarlas mejor… esperaba que lo recibieran bien y no lo obligaran a usar remeras de manga corta o alguna otra cosa por el estilo. Mantenía su cuerpo sigilosamente cubierto. Santiago estaba presente en él cada noche con cada aguja que clavaba en su piel.

SANTIAGO.

Los días eran iguales uno tras otro. La misma sala del astillero con las mismas personas y sonidos del movimiento rutinario de trabajo… la comida le sabía igual y le daba lo mismo lo que ingería, lo hacía porque era necesario para sobrevivir. Del piso que Nazir le facilitara solo reconocía la cama donde dormía dopado cada noche y trataba de contener sus pesadillas recurrentes… la oscuridad y el frío del mar devorándolo y la pérdida total de la alegría de su vida. Se movía como autómata.  La única diferencia la constituía su cuerpo que se recuperaba con la terapia adecuada. Era lo único que lograba sacar a Santiago de su estado de apatía por unas horas al día.  No volvería a caminar de manera normal, el daño había sido demasiado profundo y había tenido suerte de salvar su pierna y que no fuera amputada. Daba igual. Ya no quería correr. Se desplazaba lento… pero cada semana un paso más veloz que el anterior. Cumplía su horario de trabajo con precisión y era todo ojos y oídos para aprender. Nada había cambiado. Su única meta seguía siendo irse a trabajar lejos lo antes posible. No quería ni pensar en lo cerca que se encontraba y lo fácil que sería…. NO. no. no. Bloqueaba su mente cuando amenazaba con traicionarlo y dejar escapar sentimientos que tenía encerrados y tapiados… no volvería a abrir esa muralla nunca más y con el tiempo se extinguiría. Se distraía con el trabajo, durmiendo y con la terapia… Cuando los sentimientos eran demasiado y el dolor emocional brotaba quemando su pecho y ahogándolo, Santiago gritaba muy fuerte para acallarlo… gritaba como loco hasta quedarse sin aliento, sin aire, sin voz, sin fuerza… hasta caer rendido, enfermo y agotarse para poder dormirse sin pensar.

Uno tras otro los días eran una lenta repetición del vacío de su vida en espera de partir lejos para siempre.

 

 

MAXIMILIAN

Max y Miki avanzaban casi corriendo por el pasillo rumbo a la casa de Adamir.

-. ¿Estás seguro? – preguntó Minkim por enésima vez antes de entrar

-. Si. El amo me dio permiso para invitarte

Se lo había dicho varias veces pero Miki aun tenía dudas.  En un gesto sin precedentes, Adamir había autorizado a Max a compartir con Miki en la casa o fuera de ella, o en cualquier parte de la isla, bajo un estricto horario. Entraron sigilosos a la casa. La sala que hacía de oficina estaba vacía pero se escuchaban las voces de Adamir y Exequiel en la sala contigua.

-. Apúrate!

Max tiró de la mano de Miki y pasaron de prisa. Por ninguno motivo quería encontrarse con Exequiel, no solo por el problema de la mañana sino también porque Miki era el esclavo de Exequiel y podía arruinar todo.

Minutos más tarde, Miki paseaba por el dormitorio de Max sin salir del asombro. Sus hermosos ojos, agrandados a la fuerza, y su delicada mano rozaban y observaban todo como si quisiera convencerse de que era real

-. Esta es mi ropa nueva – el orgullo de Max era evidente pero no había arrogancia

Max abrió la puerta del closet para permitirle admirar lo que había traído de la ciudad

-. Tú eres mucha suerte – exclamó Miki. Aun estaba aprendiendo el idioma pero Max entendía bien todo lo que decía – tu amo es muy bueno. Debes agradecer

Max miró en silencio como Miki tomaba su chaqueta casi con reverencia

-. Pruébatela! – sugirió Max

-. No… es un regalo de tu amo para ti – devolvió la prenda y continuo observando

-. Tu amo te aprecia mucho y es generoso

Max le mostró todo su cuarto, tomaron jugos helados en la terraza y luego corrieron los dos solos hacia la playa. Nadie los detuvo pero alguien los vigilaba desde la distancia. Adamir había instruido al personal sobre la nueva libertad de Max y la necesidad de que estuviera “protegido por un guardia” desde la distancia, siempre.

Los chicos se divirtieron de acuerdo a  su edad. La conversación giraba en torno a Max. Miki siempre era reacio a hablar de él mismo y Max estaba deseoso de hablar sobre lo que le pasaba y sentía para aclarar su confundida mente.  Poco antes de cumplir la hora indicada por Adamir para volver, Max acompañó a Miki hasta la salsa de esclavos. Se detuvieron en uno de los pasillos de piedras antes de entrar.

-. ¿Tú estás feliz, Max?

El chico asiático había pasado una tarde increíble. En todo momento se mostró agradecido y sorprendido. Nunca se quejó de su suerte sino que se alegró por la de su amigo

La pregunta hizo dudar a Max nuevamente.

-. Yo… estoy bien – respondió

-. ¿El Amo Adamir trata bien a ti?

La luz del atardecer caía sobre ellos… Minkim resplandecía en su delicada hermosura y le dedicó una bella sonrisa a Max

Quizás antes de habría ruborizado por el concepto que encerraba la pregunta, pero ante Miki, que sabía todo lo que pasaba, Max se limitó a asentir

-. Si. Me trata bien ahora

Fue un breve atisbo de pena y deseo en Miki… como si él también deseara parte de esa felicidad… pero cambio de inmediato a su suave sonrisa

-. El amo Adamir también feliz– dijo Miki antes de abrir la puerta y regresar a la sala de esclavos

-. Te veré mañana – dijo Max a modo de despedida. Pasar tiempo con su amigo le hacía bien y quería repetirlo a diario.

Aun tenía unos minutos antes de la hora indicada por Adamir para estar de regreso. Caminó despacio pensando en lo que le habían preguntado en forma recurrente ese día… ¿estaba feliz?…¿o al menos bien?. Si analizaba todo fríamente podría responder que si, pero había tantas variantes que considerar como el secuestro y el horrible maltrato de los primeros meses que la respuesta no podía ser tan simple en la cabeza de Max. Las cosas eran diferentes ahora, eso tenía que admitirlo, y eran buenas… Adamir le mostraba una faceta desconocida que era agradable, cariñoso y protector… lo llevaba más allá del límite del placer mostrando visos de ternura y cariño… lo abrazaba y buscaba constantemente, pero la naturaleza desconfiada de Max no le permitía aceptar los cambios con tanta rapidez. No olvidaba las mentiras ni la traición. Necesitaba pruebas, evidencia, constancia… y comenzó a buscarlas en su mente con insistencia… Max quería creer… Max se abría a la posibilidad de ser querido, mimado y protegido… deseaba eliminar trabas en su corazón y quizás, entregárselo para que lo cuidara a pesar de saber quién era y como era Adamir… por primera vez en su vida quería disfrutar de lo que estaba viviendo, de la tranquilidad y seguridad, de esa especie de “felicidad” que estaban construyendo con el amo… ¿estaba volviéndose loco?…. Se llevó la mano al cuello y tocó el collar… su boca se abrió… ¿Era ese collar la prueba que necesitaba?… Era una evidencia que todos los otros amos podían ver y entender… Adamir le había puesto en el cuello una prueba de su interés y que  significaba que le pertenecía a Adamir… nadie lo molestaría nuevamente… un súbito júbilo lo asaltó de manera inesperada…  por breves segundos su nueva vida desfiló frente a sus ojos; trabajar con Adamir en la oficina, aprender cosas nuevas, compartir con Miki y tal vez con los otros chicos…  la isla ya no parecía un mal lugar… y Adamir…  Ellos dos en la casa, haciendo cosas juntos, amándose en la cama… un escalofrío pasó por su espalda dejándole una extraña sensación que agitaba su reciente burbuja de felicidad  “solo yo puedo dañarte” había murmurado Adamir en su oído…

 

 

EXEQUIEL

Organizar y coordinar la venta y entrega de los productos requería mucha concentración sin embargo Exequiel estaba teniendo serios problemas para mantener sus ojos fijos en la pantalla. El collar en el cuello de Max era como un imán…

-. Ten en cuenta estos nombres. Son nuevos.  Uno lo envía Heinrich y el otro es un conocido de Nazir.

Adamir le entregó un papel con un par de nombres escritos. Compradores nuevos recomendados por el Austriaco y su hermano. Nadie nuevo participaba de la subasta si no era recomendado por otro miembro del exclusivo grupo y aprobado personalmente por Adamir o Nazir

-. ¿Qué tipo de producto desean los nuevos compra…?

El gesto seco con que Adamir lo hizo callar sorprendió a Exequiel. Con la mirada dura le indicó silencio y la dirección de sus ojos apuntó a Max.

-. Lo discutiremos después – indicó el amo

Vaya!… Exequiel detuvo todo movimiento al darse cuenta de lo que pasaba y entender porqué Adamir se alejaba de Max para hablar por teléfono sobre la subasta y los productos. No lo hacía frente a Max. Wow!!! Algo sorprendente… Dios!! Si que era increíble… ¿Max no sabía? Exequiel sonrió cuando el teléfono sonó y Adamir se retiró a hablar en la otra sala… Max movía sus dedos sobre el teclado acomodando una nueva cifra. No. no podía decirle porque equivaldría a firmar su sentencia de muerte… pero sutilmente podía ayudar a que Max entendiera en que estaba trabajando con esas cifras que movía…

Heinrich Brauern  era cliente de Adamir desde hacía 6 años. Era un hombre austriaco de mucho dinero y peso en su ambiente social; soltero a los 40 años y sin ninguna intención de contraer matrimonio a pesar de las mujeres que se le acercaban e insinuaban atraídas tanto por su dinero y poder como por su atractivo físico; era grande en todos los sentidos de la palabra: alto, corpulento, practicaba regularmente diversos deportes para mantenerse en forma y por gusto, natación, esgrima, boxeo,  tenis y ski entre sus favoritos. Se movía ágilmente, viajaba casi a diario a supervisar en persona la actividad de sus empresas y sucursales, tenía una excelente memoria para recordar detalles, era obstinado, decidido y eficiente. Mantenía en sus manos el control de todas sus empresas ayudado tan solo de unas cuantas personas que habían ganado su confianza luego de pasar duras pruebas.  Su pelo rubio y corto comenzaba a mostrar algunas hebras plateadas que armonizaban perfectamente con sus ojos celestes, analíticos y fríos. Normalmente vestía  a la perfección y con clase. Tenía casas y departamentos en varias ciudades pero el que llamaba su hogar estaba en las afueras de Viena. Allí, en los cuartos subterráneos y más alejados de la enorme casa estilo imperial, mantenía en estricto secreto su vicio personal. Compraba un chico cada año y tal vez uno extra cuando se entusiasmaba mucho. Exigía sumisión absoluta y la rebeldía podía costar la vida de los infortunados que se atrevían a expresarla. Heinrich había tenido casi toda la variedad física de sumisos; rubios, morenos, altos, bajos, delgados, atléticos, etc. No tenía un gusto especial o eso creía él hasta que vio en la pantalla los nuevos productos que Adamir tenía en venta para la próxima subasta. A diario, desde entonces, perdía varios minutos observando las fotografías del delicioso y casi etéreo chico asiático. Estaba obsesionado. Tenía que ser suyo. Cada vez enviaba una cifra más alta pujando por él pero faltaban solo dos días y había otros interesados así es que, saltándose las rigurosas reglas impuestas por Adamir, Heinrich escribió una nueva cifra y adjuntó una nota escrita que esperaba pusiera fin a su inquietud.

“No me importa el precio final. Siempre voy a pagar más pero quiero a ese chico para mi”

Envió la nota, busco las imágenes de chico y se reclinó en el asiento de cuero. Un gesto nervioso en su ojo derecho fue el único indicio de la ansiedad que sentía. No quería esperar dos días más; deseaba poner sus manos encima de inmediato sobre la nívea piel y deliciosa estructura de Minkim. Oh por Dios! sí que era bello ese esclavo.

Exequiel vio el mensaje de reojo en el foro de intranet. Al tener algo escrito había llegado directo a él en vez de a Max. Vaya… la ayuda llegaba de manera inesperada. Con solo apretar una tecla el mensaje siguió su curso final

El sonido del computador le avisó a Max que una nueva cifra había entrado. Miró la pantalla, vio los números y el código… también había un mensaje que leyó con curiosidad.  Volvió a leer pensando en algún error… sintió escalofríos… su piel se volvió fría… tenía que ser un error!  Algo en el fondo de su corazón le gritó que no había errores, que ese mensaje le mostraba la realidad de lo que estaba sucediendo en la isla. Dejó caer el cuerpo sobre la silla con los brazos colgando…  “quiero a ese chico para mi” decía el mensaje… ¿qué chico? ¿Qué eran los números que había estado traspasando?… el miedo lo recorrió dejándolo agitado y a punto de desesperar… tenía que saberlo. Adamir no estaba con ellos en ese momento y Exequiel aparentaba no prestarle atención. Max movió la cifra bajo el código indicado con extrema lentitud… el cursor temblaba junto al movimiento de sus dedos. Se posicionó sobre el código con mucho miedo… su temor sobrepasaba al que le inspiraba Adamir… estaba aterrado por lo que podía descubrir. Presionó sin saber que estaba haciendo y una nueva ventana se abrió. Max soltó el mouse y se quedó inmóvil en espera de ver que resultaría de lo que había hecho…

Exequiel observaba de reojo…

La boca de Max se abrió cuán grande podía, el aire se le escapó por completo y sus ojos se llenaron de lágrimas calientes… retrocedió espantado…

Minkim, magnífico en su desnudez, estaba en la pantalla en una serie de fotos que lo mostraban desde todos los ángulos. Sobre las imágenes se leía su número de venta y el valor mínimo de postura…

M&M CAPÍTULO 77

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CAPITULO 77

SANTIAGO

Santiago fue dado de alta unos días más tarde. Sus heridas estaban sanas en general, pero no era el mismo de antes; le costaba trabajo caminar, tenía tornillos sujetando su rodilla y cojeaba; varias cicatrices cruzaban su piel, especialmente su mejilla. Requería de kinesiología para terminar de recuperarse. Sin embargo, estaba desarrollando casi una obsesión: Santiago se miraba las manos cada vez que el desánimo amenazaba con ganarle; sus manos estaban sanas y tenía como meta, aprender a trabajar con ellas.

Nazir lo llevó a los astilleros tal cual había ofrecido y le presentó a un supervisor, hombre de su confianza.

-. Él va a enseñarte lo que necesitas aprender

Durante la siguiente semana Santiago observó atentamente todo lo que el experimentado hombre le explicaba, sabía que estaba siendo vigilado pero no le importaba; no tenía ya nada que ocultar. Por ahora no hacía más que seguirlo y aprender; tenía que entender la lógica del proceso partiendo de cero. Quería usar sus manos pero aún era demasiado pronto, se cansaba con facilidad, su cuerpo necesitaba reposo. Al terminar su horario de trabajo, asistía a la terapia de ejercicios. En cierto modo era una bendición que la llegada de la noche lo encontrara muerto de cansancio. Se olvidaba de comer y se dormía de inmediato sin tiempo para pensar.  El día siguiente era una repetición del anterior.

El lugar que Nazir le había facilitado para vivir era un piso pequeño cerca del muelle donde vivían muchos empleados. Comía en el casino junto a todos ellos. El cambio con su vida anterior era inmenso pero Santiago no se quejaba ni se rebelaba.  Aceptaba lo que fuera porque esta era una nueva vida… Ponía atención a las explicaciones del supervisor ya que Nazir le había prometido que en cuanto aprendiera bien cómo funcionaba una sección lo pondría a trabajar y luego que adquiriera experiencia, lo enviaría fuera del país. Esa era la única meta que Santiago tenía en su vida. Cualquier otro pensamiento que acudiera a su mente era descartado de inmediato. Aprender, trabajar, partir lejos. Para todo el resto funcionaba de manera automática.

Nazir lo mantenía en su radar todo el tiempo, directa o indirectamente. Estaba pendiente de los movimientos de  Santiago, que hacía o con quien hablaba. Hasta ahora, no había ninguna señal de que Santiago quisiera algo diferente a lo que tenía

-. ¿Cómo vas? – pregunto Nazir cuando acudió a verlo

Ya estoy entendiendo como funciona esto

-. Bien. Sigue así y ya pronto podrás quedarte a cargo de un turno

Santiago asintió. Se veía serio e interesado en aprender.  El resto de su vida era plana

“¿Qué habrá pasado con el chico fugitivo?”

Nazir pensaba en eso y se preguntaba mientras viajaba de vuelta a su hogar. Había salido temprano de la oficina para visitar a su madre; había sido internada esa tarde con una violenta recaída. Luego de verla y acompañar a su padre unas horas, Nazir se quedó sin ganas de volver a la oficina. No sabían cuánto tiempo más podría  resistir ella. Todo era dolor y pesimismo. Sergio y su hogar le parecieron el único lugar donde quería estar en ese momento. Los empleados le informaron que Sergio estaba en la casa pero no lo encontró ni en la sala, cocina, jardín o dormitorio… Comenzó a preocuparse y marcó su número en el teléfono. El sonido se escuchó retumbar cerca de él… en uno de los cuartos de visita.

Nazir entró al dormitorio que había ocupado su hermano y Max mientras estuvieron de visita.

-. ¿Qué haces aquí?

El cuarto estaba en penumbras. Sergio sentado de espaldas a él, con los hombros caídos y la mirada perdida. Se movió inquieto al escucharlo entrar

-. Nada. Estaba… revisando

Nazir podía reconocer todos los estados de ánimo de Sergio con solo observarlo unos segundos. No le gustó la tristeza que percibió en él. Dejó de lado sus propias preocupaciones para asumir su papel de protector

-. ¿Qué sucede?

Ahora que estaba de frente le veía los ojos rojos y evidentes señales de llanto. Se preocupó de inmediato. Sergio era alegre y cariñoso; verlo llorar y decaído lo inquietaba.

-. Nada. No es importante

Sergio no lo esperaba en casa aún. Había sido sorprendido y no tenía preparada una excusa para sus lágrimas.

Nazir se acuclilló poniendo una mano sobre cada pierna de Sergio

-. Cualquier cosa que te haga llorar es importante. Dímelo

Esa voz controlada, exigiendo con dulzura y firmeza… Sergio sabía que era el amo pidiendo explicaciones. Tenía que hablar pero no quería. Iba a llorar de nuevo si lo hacía y además… ¿cómo le explicaba?

-. Estoy triste – partió por lo más simple y evidente

-. Si, ya me di cuenta y quiero saber que te entristece

Sergio respiro agitado. Pensar hacía que su garganta se cerrara y las ganas de llorar volvieran

-. Max se fue enojado – respondió de prisa

Nazir se tomó unos segundos para analizar lo que escuchaba antes de actuar. La explicación era en verdad extraña. Max?… esa era la razón por la que Sergio andado distraído y triste todos estos días… pero ¿qué importancia tenía Max?

-. Ya se le pasará. Es tan solo un adolescente

Nazir sintió el brusco cambio en Sergio; la respiración dura y los músculos tensos

-. Ese es el problema. Es un adolescente… casi un niño!!!

Sergio estaba alzando la voz y claramente estaba molesto. ¿Qué estaba pasando aquí? Algo más importante de lo pensado… Era muy raro ver a Sergio alterado y más extraño aún que le elevara su voz

-. Sergio ¿Cuál es el problema? – Preguntó Nazir de manera gentil y autoritaria, aun acuclillado frente a él.

Sergio se llevó de golpe la mano a la boca y luego a los ojos… un gesto que demostraba la intensidad de lo que sentía y que Nazir no entendía

-. El problema es justamente ese; Max es un adolescente… es dulce y bueno… y tu hermano lo retiene en contra de su voluntad!!! – la última frase fue expresada casi en un grito de reproche.

Todo se aclaró en segundos. Nazir se puso de pie y su rostro adquirió gravedad. Esto lo tomaba desprevenido y no le gustaba para nada.

-. Deja a Adamir fuera de nuestro hogar – advirtió Nazir

-. No puedo… él vino con Max a mi casa, trajo a un chico que está sufriendo y que me reprochó no ayudarlo – el enojo de Sergio desapareció momentáneamente y dio paso a una profunda tristeza – si lo hubieras visto… me recriminó por no haberlo ayudado a escapar… dijo que yo era tan malo como… como…

Nazir aguardó en silencio. El tema de la Isla no se conversaba en su casa. Alguna vez años atrás lo habían hablado muy por encima al comentar sobre Adamir pero no era algo que Nazir quisiera traer a su casa ni a su relación. Sabía con toda certeza que Sergio no estaba de acuerdo.

-. Yo quería ayudarlo, en serio quería,  pero no pude porque… tu y Adamir…

-. No debes inmiscuirte. No es asunto tuyo

-. Ustedes lo volvieron mi asunto al traer a Max a mi casa!!! – volvió a subir la voz –  yo le tomé mucho cariño… y él estaba dolido y enojado conmigo… estaba tan triste

-. Basta, Sergio. No vamos a discutir sobre Adamir y sus chicos

-. Lo que hace Adamir está mal!!!

Escuchar a Sergio gritarle dejó a Nazir momentáneamente en blanco. Jamás había imaginado discutir con él por este o ningún otro tema… Sergio era la prueba viviente de la docilidad… ¿Qué tan profundo había calado Max en Sergio?

-. Los negocios de mi hermano no…

-. Tú también tienes parte en ese negocio!!! – la mirada de Sergio sobre él era intensa y la voz muy dura– quiero que hagas algo por Max

Normalmente Sergio bajaba la vista y respondía sumisamente cuando Nazir lo miraba tal como lo hacía ahora… pero algo había cambiado y Sergio se atrevía a enfrentarlo… Nazir estaba analizando y pensando. Nunca Sergio le había gritado ni se había alterado por otra persona como estaba ahora… ni una sola vez le había pedido que interviniera en algo…

-. ¿Por qué? – Nazir preguntó recuperando la calma. Quería entender.

-. ¿Por qué??!! Oh Dios!!! Porque es casi un niño, porque lo secuestraron y no sé qué cosas malvadas le han hecho!!!… él estaba asustado… Max es inocente de todo esto!!! Yo no quiero que sufra más…- de pronto el enojo de Sergio perdió fuerzas y su rostro se lleno de llanto que le brotaba del alma – tenemos que hacer algo por él… por favor, amo. Es un buen chico… por favor, Nazir, te lo suplico.

Sergio se arrojó a los pies de Nazir en la mas sumisa de las actitudes, con sus brazos le rodeó las piernas mientras lloraba sin control descargando su pena.  Nazir observaba la escena atónito… el llanto mojaba sus pantalones y Sergio estaba sufriendo. Se debatía entre el deseo de confortarlo y la molestia de lo que ocurría. La isla y Adamir… maldición!!! No quería más problemas por esa causa, menos deseaba ver sufrir a Sergio.

Pasados unos segundos, posó su mano sobre el hombro de su pareja y le dio un suave apretón

-. Deja de llorar

Su orden pareció surtir efecto. Sergio comenzó a calmarse.

-. Levántate

Con deliberada calma, Sergio obedeció, secándose los ojos y conteniendo los sollozos. Conservó la actitud sumisa.

-. ¿Tanto te importa Max?

Sergio asintió moviendo la cabeza y habló con suavidad pero seguridad.

-. Yo no tengo a nadie más que a mis padres y a ti. No es un reproche… no lo tomes a mal pero tú tienes dos hijos… yo nunca voy a saber que se siente tener un hijo

La turbación de Nazir era casi total… hijos!!! ¿De dónde salía todo esto? ¿Qué había estado pensando Sergio?

-. Continúa

-. Max y yo hicimos muchas cosas juntos… le enseñé a bailar y cocinar y… él me miraba como si yo fuera importante, le gustaba estar conmigo y preguntarme… conversábamos, éramos amigos… pero cuando supo que nosotros sabíamos de la isla ya no me quiso más…

Hablaba atropelladamente y en cada frase dejaba ver lo mucho que Max se había adentrado en su corazón y la necesidad de compañía que él no había detectado… Vaya! Parecía lógico. Sergio pasaba mucho tiempo solo en casa y Max había llegado a mostrarle que la vida con amigos o hijos podía ser más satisfactoria creando una necesidad que antes no existía.  No… hijos no… él ya tenía hijos y no estaba dispuesto a compartir el tiempo de Sergio con nadie… pero entendía, en verdad Nazir podía entender a cabalidad lo que Sergio sentía y era conmovedor a la vez que inquietante.

-. De acuerdo. Voy a ver qué puedo hacer por Max

La mirada que Sergio le dedicó fue de absoluta adoración.

-. ¿En serio vas a hacerlo?

Nazir estiró la mano para levantarle la barbilla y obligarlo a sostener la mirada en sus ojos.

-. Cuando digo algo es porque voy a cumplirlo

-. Si… yo sé, lo siento.

-. Pues tienes bastante que sentir ahora

Hablaba el amo

Sergio abrió la boca… como si recién cayera en la cuenta de todo lo que había hecho y dicho… Oh Dios!! le había gritado y reprochado!!! Sus manos cubrieron su boca como si pudiera retener las palabras que ya había lanzado… Bajó la cabeza

-. Amo, discúlpame. No debí gritarte…

Un aire frío corría por la espalda de Sergio.

La mirada de Nazir sobre él era implacable

-. No. No debiste.

Sergio estaba avergonzado más allá de lo que podía expresar con palabras.

-. Ya sabes cuánto te costará esto, no?

Sergio cerró los ojos… Dios!! de seguro no volvería a tener un orgasmo en semanas… pudo sentir el látigo en su piel, las esposas en sus muñecas…

-. Si, amo

Le había dado la razón perfecta a Nazir para castigarlo… Max merecía que él se preocupara y quisiera hacer algo pero no debió gritarle a Nazir ni mucho menos reprocharle nada… podía haberlo conversado sin gritos. ¿Cómo había podido gritarle???!!

-. Si, señor – repitió con más fuerza.

Aceptaría lo que fuera para merecer el perdón. Se sentía mal al pensar que lo había ofendido y aún así, Nazir iba a cumplir su petición y preocuparse de Max.

-. Bien. Voy a hablar con Adamir ahora – el dedo de Nazir subió y bajó por la mandíbula y cuello de Sergio – Tú… espérame en el dormitorio – susurró en su oído

 

Quince minutos después, Nazir ingresó al cuarto que compartía con el hombre de su vida.  Ahí estaba él, desnudo, sumiso y espléndido… arrodillado en posición de espera. Un suspiro de anticipado placer lo tomó por sorpresa… Quizás Sergio lo conocía tan bien que era capaz de leer su pensamiento… de otra forma, ¿cómo se explicaba que recibiera este inesperado premio?… No había nada en el mundo que reconfortara más a Nazir ni le produjera más paz y placer que la dulce tarea de tener a su merced el cuerpo de Sergio y poder dibujar en él. Comenzó a quitarse la ropa saboreando el gozo y la calma

-. Hablé con Adamir. Max está viviendo en su casa. Dice que está bien y tranquilo. Se escuchaba contento

Sergio mantuvo la vista baja. Quería preguntar pero no tenía permiso para hablar.

Pronto,  Nazir estaba a su lado, presionaba la cabeza de Sergio contra su pierna desnuda y le acariciaba el pelo

-. Creo que están bien juntos. Adamir está cuidando de Max

Entraban al cuarto de juegos. Nazir paseó la vista buscando…  cuando encontró lo que deseaba guió a Sergio suavemente hacia allá.

-. De todos modos iremos a la isla a visitarlos pronto

Sergio no pudo contener un jadeo de alivio. Visitarían a Max!!! Podría decirle todo lo que había estado guardando en su corazón. Max era importante para él y quería que lo supiera… Tal vez no podía hacer mucho más que ofrecerle su amistad pero quería que Max volviera a mirarlo con simpatía.

Nazir ajustaba las correas de cuero en sus piernas.  Sergio se calmó, cerró los ojos y se entregó en manos de su amo sabiendo que nadie en el mundo cuidaría mejor de él.

-. Gracias, amo

Sentía la seguridad de las correas sosteniéndolo y la voz de Nazir haciéndose cargo de todo… de su cuerpo, su vida, su problema con Max… todo.

-. ¿Todo bien?

Sus ojos se aguaron al sentir el ajustado anillo que comprimía sus genitales y le impedía la eyaculación.

-. Todo bien, señor

La excitación comenzaba a correr caliente por sus venas.  Nazir era el mejor de todos. Lo amaba con locura.

 

ADAMIR Y GONZALO

-. No debe quedar ningún rastro – dijo Adamir hablando al teléfono y entregándole la ubicación del yate.

-. Nos encargaremos de ello – respondió Gonzalo confiado.

– ¿Algo más?

-. Si. Uno de mis hombres está siendo buscado por las autoridades. ¿Podría protegerlo hasta que se calme el asunto y luego enviarlo fuera del país?

Gonzalo golpeteó la mesa con sus dedos… podía hacer cualquier cosa que le pidieran pero la información que Jorge le había entregado sobre el negocio ilícito que los hermanos manejaban no era de su agrado. Teddy Rojas había estado mezclado en el negocio de trata de blancas… Miguel se había encariñado con una de las chicas que rescataron del último puñado de mujeres que Rojas iba a vender que había quedado a la deriva.  No. La venta de personas no era lo suyo y de hecho, el secuestro y venta de niños adolescentes le producía un profundo rechazo. Destruir evidencia como favor a esta familia poderosa era algo fácil y que no dejaba huella; esconder por semanas a uno de los secuestradores de niños era otro tema

-. Eso le va a costar muy caro – respondió Gonzalo, dejando de lado la amabilidad

-. El dinero no es problema

Era de suponer que respondería algo así, pero Gonzalo se iba a cobrar en algo bastante más difícil de pagar

-. No estoy hablando de dinero

-. Bien, ¿Qué desea, entonces?

Por extraño que pareciera, a Adamir le caía bien Gonzalo. Habían hablado ya en tres oportunidades y había podido notar que se trataba de alguien tanto o más duro que él, directo y eficiente.

-. Preferiría que mantuviera sus negocios fuera de mi país.

Adamir acusó el golpe.  Eran pocas las personas que se atrevían a mostrarse desafiantes con él y mucho menos, a imponerle restricciones. Maldición!  Perdería un país… pero no estaba en condición de protestar o mostrarse arrogante. Arriesgaba consecuencias mayores como cárcel, la ruina y condena total.  Nazir ya había averiguado que Gonzalo era quien mayor poder tenía en el bajo mundo no solo en esa ciudad sino en ese país; era la persona adecuada para lo que necesitaba.  Guardó silencio hasta que pudo controlar su nivel de enojo

-. Usted cumpla con su parte y yo accederé a su petición – respondió apretando los dientes

– Le avisaré cuando todo esté bajo control

Gonzalo cortó el llamado con el ceño fruncido. Nada de lo que le estaban pidiendo era difícil de ejecutar… sin embargo, le molestaba hacerlo. Jorge había hecho un verdadero milagro para encontrar la información oculta en intranet sobre el negocio de Adamir. La venta de esclavos sexuales no era lo suyo. No era un mojigato; sus negocios eran completamente ilícitos pero él no obligaba a nadie a consumir sus productos, mucho menos se metía con menores de edad. ¿Cuántos años llevaban secuestrando y vendiendo niños?… ¿cuántos chicos habían pasado por las manos de esos amos?… ¿Cuántos eran de su país?…

Tomó el papel del escritorio donde había anotado los datos y jugó con la hoja entre sus dedos caminando por su oficina y pensando.

-. Un dólar por tus pensamientos…

Miguel se había reclinado contra el marco de la puerta y lo miraba sonriente.

Gonzalo fijó sus ojos en él…  su Miguel podría fácilmente haber sido una de las víctimas de los secuestradores de Adamir unos años atrás… Miguel calzaba con el perfil de chicos que buscaban. Sacudió la cabeza con brusquedad. Se acercó a abrazarlo sintiendo que debía protegerlo de un peligro que no existía pero el pensamiento le había provocado escalofríos

-. Un asunto que debo resolver de prisa

-. ¿Puedo ayudar?

-. Puedes ayudarme con esto…

Gonzalo tomó la mano de Miguel y la guió directamente a su entrepierna.

Sin demora, Miguel respondió al desafío y comenzó a sobarlo intensificando el contacto… cuando notó que la erección crecía, empujo a Gonzalo contra la pared y comenzó a bajar el cierre del jeans… las manos de Gonzalo le sujetaron la cabeza

-. Ahh mocoso… no te detengas ahora

Primero probó jugando con su lengua… la deslizó a lo largo de la vena hinchada consiguiendo que a Gonzalo se le cortara la respiración y emitiera un jadeo… sostuvo en sus manos los testículos amasando lentamente…  luego abrió la boca para recibirlo… la lengua húmeda y dispuesta…  sabía cómo le gustaba y que era lo que quería en ese momento… Lo conocía tan bien… para Gonzalo, el sexo era distraído y rápido cuando algo lo preocupaba como ahora… casi una vía de escape que lo ayudaba a concentrarse mejor y resolver el problema. Miguel no tenía problema con ello. Sabía bien que cuando estaban en casa y a solas, el sexo cambiaba de nombre y se llamaba hacer el amor y la atención de Gonzalo era toda suya.

 

-. Y.. ¿puedo ser útil en algo más? – preguntó Miguel saliendo del baño de la oficina

Gonzalo hacía tiempo había dejado de temer por la seguridad de Miguel. Le había demostrado sobradamente que tenía meritos para estar donde estaba y hacer bien su trabajo. Lo que a Miguel pudiera faltarle en experiencia lo compensaba con la extraordinaria habilidad con las armas, explosivos y la agilidad de su juventud.

-. Quiero que te encargues de esto

Le extendió el papel con los datos y le explicó la situación.

-. No deben quedar rastros – remarcó – Quémalo todo, lleva explosivos para volar el yate.  

-. De acuerdo – dijo Miguel como si se tratara de algo cotidiano

-. El vehículo está retenido como evidencia. Ya sabes cómo hay que hacerlo

Miguel asintió recordando la cantidad de veces que habían hecho desaparecer información que los inculpaba a ellos o a las otras familias.

-. Al terminar, quiero que me traigas a esta persona. Vamos a esconderlo por unas semanas

-. Oh… ¿No vamos a matarlo? – preguntó Miguel acercándose con un mohín en los labios y jugando a molestarlo

-. No… por ahora no vamos a matarlo – respondió Gonzalo siguiéndole el juego y  buscándole la boca – No vas a ir solo – le informó soltándolo

-. Ghiotto! – gritó Gonzalo abriendo la puerta y sabiendo que lo encontraría merodeando cerca de la oficina de Jorge. Era mejor terminar con todo esto de una buena vez.

 

MAXIMILIAN

El dormitorio era el más hermoso en el que había estado, el paisaje de la playa que entraba por la ventana era espectacular, y por si no fuera suficiente, tras los cristales había una terraza con reposeras para tomar el sol o descansar… disponía de un televisor, música y libertad para ordenar comida o bebidas del casino a gusto, sus ropas nuevas estaban perfectamente ordenadas en perchas y cajones y había recibido la indicación de vestir como quisiera… no tenía ninguna obligación que cumplir más que la de estar disponible cuando Adamir lo solicitara.

Su vida podía considerarse perfecta, no?…

No. No lo era.

Partiendo porque no quería estar en ese cuarto en la isla ni en la casa de Adamir, por cómoda que fuera, porque se recriminaba a sí mismo haberse dejado llevar por el cariño falso mientras estuvo en la ciudad y desperdiciar todas las oportunidades que tuvo de ser libre… como Mati… Matías era otra de sus preocupaciones… habían pasado varios días y pensaba que tal vez Santiago ya lo había buscado y estaban nuevamente juntos… y él encerrado de nuevo en esa isla incomunicada sin posibilidades de salir ni ayudar a Mati ni a sí mismo… ¿Cuánto tiempo iba a estar en la isla?… la perspectiva de pasar el resto de su vida encerrado en este remoto lugar lo aterraba… ¿Qué iba a ser de él?… ¿toda la vida estaría jugando a ser la mascota de Adamir? ¿Aceptando ser el reemplazo de Santiago??… Adamir no había cambiado al llegar a la isla, al menos no de la manera que él había creído. Si algo podía considerarse diferente en él era la manera en que lo trataba y lo buscaba. Aun no había pasado una noche en la cama de su cuarto; se dormía y amanecía con Adamir cada noche. Lo trataba como si aún estuvieran en la ciudad… era… cariñoso

Max se daba cuenta que Adamir tenía mucho trabajo; lo escuchaba conversar con Exequiel y en el teléfono, se oía preocupado y a veces enojado, pero cuando hablaba con él mantenía la calma.

-. Déjame a mi

Y Adamir esparcía con delicadeza la crema sobre los restos de la quemadura y le besaba el hombro con cariño.

A veces, llegaba de improviso al cuarto y se sentaba junto a él en el suelo… lo abrazaba y besaba como si tuviera urgencia de hacerlo

-. ¿Qué estas mirando?

Max respondía y Adamir se acomodaba a su lado, le contaba algunos detalles de la película o de los actores… parecía desconectarse de sus preocupaciones y no tener nada más que hacer que pasar el tiempo con él… correr sus manos por su cuerpo y tomarle la boca por asalto hasta saciarse

-. Tengo mucho trabajo. Vuelvo después.

Y de la misma forma desconcertante en que había llegado, se iba…

Max se preguntaba a cada rato cual era la razón de tratarlo así y tomarse todas las molestias… ¿Qué sentido tenía preparar detalles que compartía con él como si fuera… importante? Le hablaba de cosas que Max muchas veces no entendía y luego, se tomaba el tiempo para seducirlo antes de volverlo loco con sus besos y osadas caricias hasta tomarlo. Max intentaba resistirse y no caer en su juego pero la habilidad del amo le ganaba siempre y terminaba excitado, deseando lo que calificaba como  satisfacción sexual… era un esclavo y la verdad era que no podía negarse pero se cuestionaba su incapacidad para no sentir… quería ser como un robot pero se descubría deseando ser tocado y acariciado de la forma en que lo había acostumbrado.

Lo que más le molestaba era lo que sucedía después

-. ¿Siempre tuviste este lunar?

Con su dedo, Adamir le recorría la piel deteniéndose en cada detalle y dejándole besos suaves… le decía cosas hermosas con voz suave y adormilada… lo mantenía abrazado hasta que se dormían.

La confusión de Max era muy grande… su deseo de dejarse convencer por las caricias y mimos era muy grande… se preguntaba una y otra vez… ¿para qué se molestaba si de todas maneras era su esclavo y estaban en su isla donde podía obligarlo y someterlo como ya había hecho?… ¿Qué pretendía cuando le hablaba y contaba de sus cosas?… era desconcertante cuándo sonreía al verlo y le tomaba las manos con familiaridad y simpleza delante de Exequiel… como si le gustara hacerlo y se estuviera acostumbrando… o cuando se acomodaba a su lado y su mano subía y bajaba por su costado y su estómago acariciandolo mientras hablaba… parecía necesitar tocarlo en todo momento… ¿para qué?.. ¿por qué?… Eso que hacía de ordenar al casino algo especial para comer, o dejarle un dormitorio enorme, libertad para vagar por toda su casa y dejarlo usar sus ropas… ¿Qué esperaba de él cuando lo miraba como si le pidiera algo?

La situación para Max escapaba de su comprensión ¿Qué quería Adamir de él?… ¿solo era el reemplazo de Santiago que no había querido volver?

Por momentos, la actitud de Adamir con él parecía tan real… honestamente lo hacía dudar y volver a preguntarse si aquella conversación que escuchara tendría algo de cierto…

-. Ahí vas de nuevo, tarado – se recriminaba en voz alta.

No podía olvidar que estaba retenido contra su voluntad ni todo lo que Adamir le había hecho antes y de seguro volvería a hacerle si se negaba.

No quería olvidar que Sergio y Nazir sabían y no les había importado

No debía creer que Adamir albergara algún sentimiento por él porque no existían!!! … era su esclavo… Acaso le había dicho que algo era diferente ahora??? No!!! Seguía siendo su esclavo solo que ahora reemplazaba a Santiago o algo así…

Max estaba tan sumido en su enojo consigo mismo que no era capaz de darse cuenta del enorme cambio que se había producido en Adamir… incapaz de ver toda la atención que le prodigaba, de notar como el amo interrumpía sus preocupaciones para dedicarle tiempo y volverlo su constante foco de atención…. su rostro cambiaba al verlo, se daba un momento para mirarlo y sonreír… buscarlo… preguntarle cualquier cosa… abrazarlo… tocarlo. Estaba agobiado por los problemas que intentaba resolver y Max constituía su fuente de energía y paz.

Ciertamente Adamir notaba la inquietud de Max y lo atribuía al cambio de la situación.

-. ¿Te pasa algo? – preguntaba cuando lo veía mirándolo de manera extraña

-. No

Y se lo comía a besos hasta escucharlo gemir y rendirse.  Max era lo más delicioso del mundo. Se escapaba de las obligaciones y se daba el tiempo para llevarlo a la playa y se tendía con él sobre la arena, hablando de temas que nunca había compartido y que Max no sabía apreciar ni entender.

El día que habló de su familia, Max no pudo controlar su curiosidad

-. ¿Qué pasó con tu mamá?

Adamir fijó la vista en el horizonte… el sol se ocultaba en un hermoso atardecer

-. Está enferma. Debería llamarla… – y en un gesto inesperado se volvió hacia Max abrazándolo con fuerza

-. ¿Se va a morir?

Max no tenía noción de familia ni lazos fuertes con nadie más que con Matías. La pregunta era básica y carente de emoción. Max no estaba capacitado para entender la importancia del momento

Adamir suspiró en su oído… la pregunta lo afectaba más de lo que quería admitir.

– . Si. ella… va a morir

-. Yo no conocí a mi mamá…  no tengo familia

Max no podía extrañar a quienes no había conocido… sonaba frío y distante

Adamir lo observó bajo la luz anaranjada del sol, sus sentimientos a flor de piel…

“Yo soy tu familia ahora” 

Sin embargo no lo dijo en voz alta. Solo se quedó mirándolo hasta que el sol se ocultó

 

 

 

-. ¿Puedo ir a ver a Minkim? – preguntó Max una tarde entrando a la sala donde Exequiel y Adamir se encontraban.  Se detuvo intimidado al ver la mirada de reproche que Exequiel le dedicó… lo estudió de arriba abajo.. Max vestía sus ropas nuevas y se veía fabuloso.

-. ¿Quién? – preguntó Adamir levantando la cabeza del computador en que trabajaba para  la subasta, sin entender de quien hablaba.

-. Es uno de los chicos… – su voz perdió fuerza al sentir la actitud de rechazo de Exequiel.

-. Ah! Uno de los Asiáticos. ¿Por qué quieres hablar con él?

-. Nada en especial… Es solo que… me aburro – murmuró

Adamir pensó en la enorme cantidad de trabajo que ellos tenían… La calidad del trabajo de Exequiel no se comparaba con lo de Santiago y Max tenía tanto tiempo desocupado… tal vez… por supuesto!! ¿Cómo no se le había ocurrido antes?!!

-. Bien. Tienes una hora para verlo. Luego vuelves aquí y voy a enseñarte algo para ocupar tu tiempo – respondió entusiasmado

-. Gracias, amo – respondió Max usando esa palabra que odiaba nada más que para calmar la persistente mirada de Exequiel.

Salió de prisa, ansioso ante la perspectiva de ver a su amigo.

-. ¿Por qué le permites tantas libertades?

Adamir se había dado cuenta hacía ya varios días de la incomodidad que la situación le producía a Exequiel

-. Max puede hacer todo lo que yo le autorizo – respondió girando la pantalla del computador que enfocaba la cámara de la sala de esclavos. Quería ver a Max en todo momento.

-. ¿Cuánto tiempo va a estar contigo?

La pregunta de Exequiel molestó a Adamir. La simple sugerencia de que la estadía de Max con él pudiera tener un tiempo de término era desagradable.

-. Max estará aquí de forma permanente. Voy a enseñarle a usar todo esto para que pueda trabajar conmigo

Adamir se había acercado peligrosamente a Exequiel. Vio como su respuesta encendía aun más la molestia de Exequiel

-. Trabajar contigo?? Pero…

-. Es joven, puedo moldearlo a mi gusto. Será un buen ayudante

-. Pero ya cumplió más de un año!!

-. Y eso qué importa? – la conversación era irritante

-. Entonces… ¿no vas a venderlo?

¿Venderlo?…

Era lo lógico que Exequiel preguntara. Max pertenecía al grupo de chicos que habían llegado el año anterior y su tiempo de educación había terminado

-. Max no se vende – pronunció Adamir lentamente, muy indignado, dando por terminada la conversación.

 

MAX Y MIKI

Abrió la puerta de la sala de esclavos con la sensación de que le molestaban sus ropas nuevas… no quería usarlas frente a los otros chicos que habían sido sus compañeros pero estaba demasiado alegre por volver a verlos. Cruzó el umbral lleno de entusiasmo

Los seis chicos escucharon el ruido de la puerta.  Ninguno de ellos lo miró detenidamente sino que al ver que alguien entraba, cayeron de inmediato al piso en actitud de sumisión.

-. No!! Soy yo! – gritó Max contrariado

Ninguno de ellos levantó la cabeza para mirarlo

-. Soy yo – volvió a repetir a punto de llorar – Soy Max

Lentamente algunas cabezas se elevaron y un murmullo con su nombre llenó el silencio.

Max ubicó a Minkim y se dirigió directo hacia él

-. Miki!!! – gritó logrando que el chico se levantara

-. Max…

El instinto de abrazarse fue más grande que la preocupación de ser observados. Se estrecharon necesitando el afecto del uno por el otro

-. ¿Dónde estabas? ¿Qué pasó contigo?

Miki se atropellaba preguntando. Las respuestas tuvieron que esperar hasta que Max saludó a cada uno de ellos y finalmente pudo sentarse con Miki en un rincón apartado

-. Estar tú muy diferente – Miki lo examinaba

Max sabía que se veía diferente pero a él lo sorprendía como su amigo, al pasar unas cuantas semanas, se había vuelto aún más hermoso… Miki tenía algo fino, etéreo, delicado y exquisito que incluía no solo su cuerpo sino sus movimientos y su voz… su belleza provocaba una especie de placidez en el alma de quien lo observaba y escuchaba.

-.Tú también estás distinto – dijo Max

-. No. Yo igual

-. Nada de eso… estás increíble.

Max tomó la mano de Miki… se observaron con cariño… el rostro de Max se dulcificó y una bella sonrisa hizo brillar sus ojos

-. Tengo mucho que contarte – dijo Max comenzando a hablar

 

Adamir había dejado de prestar atención a los últimos comentarios que ingresaban al foro de la subasta y de exasperarse por esperar impaciente la llamada de Gonzalo. Estaba absorto observando a Max… se preguntaba cuantas miles de veces más iba a sorprenderlo como ahora… cuando creía conocer todo de Max se encontraba con que aún había más gestos y lenguaje que no le conocía… la sonrisa que le brotaba del alma.. la cercanía con que tocaba y se acercaba al asiático… la dulzura en sus ojos y los gestos que hacía al hablarle… como ladeaba la cabeza y su pelo caía en cascada… sonreía sin dejar de hablar… se le notaba la comodidad y alegría al estar con su amigo.

Nada de eso lo hacía con él, pensó sintiendo una espinita clavarse en su corazón.

Es de esperarse. A Max le va a tomar tiempo aprender a confiar en mí y estar completamente a gusto a mi lado”

Siguió mirando la pantalla que lo mostraba. Tal vez se habría sentido celoso si no supiera que Miki sería vendido dentro de unos días.  Quería esa actitud relajada y abierta de Max… su confianza total y que le hablara como lo hacía con ese chico. Se esforzaría por conseguirlo… era importante para él

-. Heinrich está haciendo una oferta por el asiático

Exequiel lo interrumpió a propósito. Estaba más que harto de lo que estaba pasando con Adamir y su esclavo. Se había saltado todas las reglas que les exigía a ellos y había instalado al chico en su casa… si hasta lo trataba como si tuviera derechos!!! y más encima estaba pensando en ponerlo a trabaja con él. Inaceptable!!!  Exequiel Llevaba años esperando ser el hombre de confianza del Amo. Lo había intentado cientos de veces pero siempre se encontró con Santiago de frente y salió derrotado.  Pero ahora el puesto estaba vacío y solo él podía ocuparlo… no esperaba que un esclavo del montón entorpeciera sus expectativas… ni siquiera era tan bonito!!! Su esclavo asiático era diez veces más bello!

-. ¿Cuánto ofrece? – preguntó Adamir reconectándose con la subasta

-. Mira! Creo que es la mejor oferta que hemos recibido jamás – respondió asombrado.

 

La hora autorizada por Adamir pasó demasiado de prisa. Max se despidió de Miki a regañadientes, prometiéndole volver cada día a visitarlo y conversar con él… fraguando planes en su mente de lo que podrían hacer juntos. Quizás Adamir le concedería permiso para que Miki estuviera con él en la casa o los dejara ir a la playa. La perspectiva de compartir tiempo juntos lo alegraba y le hacía parecer que su estadía en la isla podía ser menos pesada.

Exequiel se había ido y Adamir lo esperaba con un abrazo. Sus manos incansablemente sobre él, como si hubiera pasado días sin verlo

-. ¿Cómo estuvo?

-. Bien.

-. Max. A partir de mañana vas a trabajar conmigo

-. ¿Qué voy a hacer?

-. Te mostraré

Pasó la siguiente hora enseñándole a Max de qué forma iba a ayudar. Tal como había pasado con Mati, la idea de aprender a usar un computador fue excitante y muy pronto se dejaron absorber por el aprendizaje

-. Tomas nota de cada nueva cifra y la agregas al lado del nombre, entiendes?

-. ¿El nombre que está a la izquierda? – Max aún tenía problemas para mover el mouse pero había comprendido todo fácilmente

-. Exacto! Ese nombre… cada cifra va junto al nombre.

Adamir sonaba complacido. Esperar las ofertas de los compradores y estar pendientes de cada una era un trabajo fácil pero que consumía mucho tiempo. Que Max se ocupara de ello y le permitiera tiempo libre para atender sus otros problemas era muy bueno… y si a eso le sumaba el hecho de que estaría cerca suyo… era doblemente bueno. Se sentía orgulloso de lo rápido que Max dominaba lo aprendido

-. Si es un nombre nuevo lo buscas en esa lista… todos están ahí… sí, eso, ahí mismo… pinchas el nombre, se abre una ventana y pones la cifra al lado, entiendes?

Max sonrió sin poder evitarlo… le demostró  que había aprendido y se sintió satisfecho. Jamás se había imaginado a sí mismo manejando un computador… era fácil! Claro está que solo estaba haciendo algo muy básico pero se sentía importante y contento

-. Ya entendí lo que hay que hacer

-. Vas a ser muy útil estos días entonces

-. ¿Para qué sirve esto? – preguntó Max con inocencia, señalando la pantalla con los nombres de los compradores y las ofertas

Adamir enmudeció y lo miró confundido

¿Cómo que para qué sirve?… es decir...

Sus cejas se alzaron al comprender lo que sucedía: Max nunca había escuchado de las ventas, la subasta y el destino final que tenían los esclavos de la isla… Nadie le había hecho saber que su suerte era ser vendidos a un amo. Adamir retrocedió un paso sin dejar de mirarlo… se pasó las manos por el pelo antes de responder

-. Sirve para llevar un orden – respondió sin entender porqué le ocultaba la verdad a Max

-. Si, pero un orden de qué?

No era el momento de hablar de ese tema con Max. Se lo explicaría más adelante cuando estuviera más a gusto en su casa, con él y su trabajo de ayudante… cuando Max dejara de andar nervioso y se relajara y volviera a ser como había sido en la ciudad…

Optó por sujetarlo de la cintura. Tenía una sorpresa guardada para Max y era un buen momento para usarla.

-. Ven, vamos a comer

Cerró el computador, lo tomó de la mano y lo condujo hasta la terraza de la casa donde lo sorprendió con una mesa decorada con flores y velas. Max miraba asombrado

-. Esto es para ti

Adamir le extendió una pequeña caja envuelta en papel de regalo brillante. Max la recibió con desconcierto… la abrió rasgando todo… dentro estaba su viejo arete

-. Feliz cumpleaños, Max

-. Cómo… yo no…

-. No tienes idea, verdad?

-. No.. no sé

-. Estas aquí hace más de un año. No sé cuando fue tu cumpleaños pero ya tienes un año más

El rostro de Max fue una mezcla de pena y sorpresa… nunca había celebrado su cumpleaños y la mesa era muy bonita con todos esos adornos… miraba su arete, contento de que le fuera devuelto… pero también significaba que hacía más de un año que había sido traído a la isla y privado de su libertad… su boca se abrió para decir algo pero Adamir lo calló con un beso largo y apasionado… con sus manos lo fue girando hasta que Max quedó de espaldas a él

-. Este es mi regalo especial para ti

Le levantó el pelo con suavidad… besó su cuello y aspiró su aroma.

Max sintió el olor del cuero y el frío del metal en su garganta… Adamir abrochó el collar ceremoniosamente… no le había costado nada decidir que quería regalárselo con todo el simbolismo que conllevaba.

Movió a Max para poder admirar la joya que lucía en su cuello. Suspiró satisfecho.

-. ¿Qué es? – preguntó Max llevándose una mano a tocar lo que le había puesto en el cuello

-. Es algo importante, Max. Más adelante vas a entender lo que significa. Debo decir que se te ve muy bello

-. Quiero verlo

-. Después de cenar… vas a tener toda una vida para verlo

-. Pero…

-. Sin “peros”. Ahora cenaremos y luego apagaras las velas de tu pastel cumpleaños.

Un pastel?… para él?… había visto pasteles hermosos en las vitrinas de las tiendas  y también a otras personas apagar sus velas de cumpleaños en la televisión… y Adamir ahora le iba a dar un pastel de cumpleaños…

Max olvidó lo que llevaba en el cuello…

Se sentaron a la mesa a cenar… Max estaba  impaciente al tener que esperar por la torta… tenía 15 años.

Por breves segundos la perspectiva de quedarse en la isla con Adamir no se sintió tan horrible… Estaba Miki para compartir tiempo y entretenerse, no era Mati pero podía ser su amigo… además pasaría horas aprendiendo en el computador y Adamir seguía siendo gentil con él… Max sonrió sinceramente por primera vez en muchos días… sus ojos brillaron de alegría y se preguntó si quizás existía la posibilidad de que Adamir no pensara en él como un reemplazo de Santiago…

 

M&M Capítulo 76

7

CAPITULO 76

El camino hacia el teleférico ascendía por uno de los cerros que bordeaban la ciudad. Max veía los carros en altura pasar sobre ellos… parecía divertido… Algún otro día de su vida subiría de verdad a un teleférico. Por ahora, iba tomando nota del paisaje y, mentalmente, preparando la ruta de escape. Había menos casas y mas vegetación… tendría que descender por entre medio de los árboles, sorteando las casas… al llegar abajo se dirigiría hacia las calles más apartadas… caminaría de prisa, se quitaría su chaqueta y la llevaría enrollada en la mano. Llamaba demasiado la atención y era fácil de reconocer… no se detendría por nada del mundo hasta llegar a un lugar dónde se sintiera seguro. No sabía cómo abandonar la ciudad pero ya se le ocurriría. La tentación por dirigirse a Villa Canela era grande… quizás esa señora que protegía a Mati también podía cuidar de él… al menos por unos días. Maldición! No era justo que arriesgara la seguridad de Matías. Se las arreglaría solo. Podía hacerlo y, si era necesario, volvería a robar para poder alejarse rápido de este lugar…

-. Llegamos

Era una explanada no demasiado grande; un techo amplio indicaba la entrada al lugar con unas cuantas casetas donde comprar los tickets y más adelante se veían circular los carros del teleférico. No había tantas personas como Max había esperado… pero iba a hacerlo de todas maneras.

-. Vaya y compre dos tickets – ordenó Adamir al chofer entregándole dinero. El hombre se movió de prisa hacia una de las casetas

-. ¿Cómo esta Santiago? – preguntó Max llevado por una última gota de curiosidad. Observó atentamente la respuesta de Adamir

-. Está mejor – el ceño de Adamir fruncido y cierta dureza al hablar –  No va a volver a la isla

Lo abandonaba?… ¿por eso respondía molesto? Max no pudo evitar que la respuesta lo sorprendiera… Se separaban… ¿Qué había pasado?

-. ¿Qué va a hacer?

En el mismo momento en que formulaba la pregunta, Max pensó la respuesta “Va a buscar a Mati!!” Su corazón se aceleró ante esa perspectiva. No tenía que pasar esto. Santiago se había despedido de Mati y lo había dejado libre… si se encontraban volvería a abusar de su amigo y Mati iba a aceptarlo.

-. Va a comenzar a trabajar

-. ¿Cuándo saldrá del hospital? – interrumpió, apremiado por sus pensamientos y pensando en sí tendría tiempo de advertirle a Matías.. le diría que Adamir lo buscaba para que se fuera lejos, donde Santiago no lo alcanzara

-. Tal vez en una semana

Una semana! Si. Tendría tiempo

El chofer regresó con las entradas. Descendieron del vehículo en el momento en que el celular de Adamir sonaba. El amo miró la pantalla y con un gesto de preocupación, atendió la llamada al costado del auto. Max se agachó pretendiendo abrochar sus zapatillas, sus ojos se movían rápidos calculando los espacios y mirando de reojo las vías de escape en espera de que el chofer subiera al vehículo… eso le daría  valiosos minutos para correr

-. Pero!!! ¿Cómo diablos pasó esto?!! ¿Dónde están?

El amo alzó la voz visiblemente enojado. Max supo que algo estaba muy mal cuando la mano de Adamir se posó como garra en su hombro, sujetándolo fuertemente.  Se quedó inmóvil…

-. Sube al auto!!!- gruñó Adamir sin dejar la conversación telefónica –       ¿y el programa de la subasta?

NO… Max sintió como en ese preciso minuto, la libertad se le escapaba de las manos. El chofer no había alcanzado a subir al auto y ahora lo estaba mirando fijamente… ¿Qué había pasado?  Se encontraba entre ellos dos, el guardia encima suyo y Adamir no soltaba su agarre. ¿Cómo iba a correr?? Max se levantó con la culpabilidad y el miedo pintado en la cara, pensando en que la llamada telefónica lo estaba delatando… pero como lo habían descubierto???… No había forma!!

-. Exequiel, envíame el avión cuanto antes. Vuelvo a la isla de inmediato

¿Qué?? No, no, no.

Adamir lo empujó dentro del vehículo. Max estaba confundido por el brusco cambio de situación. La llamada no era sobre él… era Exequiel desde la isla…

-. Esto nunca había sucedido!!! – gritó Adamir al teléfono – llévenos a la casa de prisa – le ladró al chofer – lo siento… será en otra oportunidad – le dijo a Max con voz suave de disculpa volviendo su atención de inmediato al teléfono.

El vehículo se puso en marcha… Max respiraba agitado y acalorado enfundado en la chaqueta… Había perdido la oportunidad!!! Adamir había dicho que volvían de inmediato a la isla!!! NOOO… se movió de prisa para mirar por la ventana y calcular la velocidad del auto… abriría la puerta y se arrojaría… Dios!! el hombre se había tomado en serio lo de volver de prisa.. iban a mucha velocidad.

-. Toma nota de todos los datos. ¿Qué maldita ciudad es???!!!  – Adamir continuaba alterado en el teléfono, aún así se tomó un minuto para dirigirse a Max –  Ponte el cinturón – le ordenó cuando las ruedas chirriaron en una de las curvas

Pero… no!!  con el cinturón de seguridad era más difícil!!!

-.  Envía el avión ya mismo!! Volveré a llamarte.

Adamir cortó la llamada muy alterado. Sus ojos se posaron en Max

-. El cinturón! – volvió a ordenarle al tiempo que se ponía el suyo.

Max estiró las manos para tomar el cinturón que le correspondía… algo agrio y caliente le subía por la garganta… abrió la boca como si fuera a gritar pero no emitió ni un sonido… retuvo el aire…

-. Max… lo siento pero es una emergencia… Maldición!!! es algo grave.

Lo tranquilizaba pensando que los gestos de Max eran a causa de la desilusión de no subir al teleférico… estaba demasiado ocupado del problema que Exequiel le había contado como para darse cuenta de lo que pasaba con Max. Nuevamente utilizaba el teléfono.

-. Nazir? Tenemos un problema mayor. El equipo de tierra… los capturaron en plena faena.. si.. están detenidos por la policía!!! No… no sé…

Max perdió algo de su propia agonía al entender la noticia que había alterado tanto a Adamir. ¿Así es que los malditos que secuestraban chicos por el mundo habían sido capturados por la policía?… su boca se torció en una sonrisa. Agachó la cabeza para disimularlo. Eso era fantástico!!! Que los hicieran pagar por todo el daño que habían causado a tantos chicos como Mati y él.

-. Voy camino de la casa. Encuéntrame allá. Tenemos que resolver esto.

“Resolver??” que iban a resolver si los había capturado la policía “en plena faena”?? no podían resolverlo tan fácilmente, no?? Estaban secuestrando menores de edad!!!  Max seguía atentamente la conversación.

Llegaron de vuelta a la casa de Sergio en la mitad del tiempo. El guardia de la isla se acercó de inmediato a recibirlos.

-. Max, arregla tus cosas. Volvemos a la isla – luego se dirigió al guardia – Ayúdelo a empacar y preparar todo

Los hombros de Max se hundieron unos cuantos centímetros… había perdido la oportunidad de ser libre y ahora volvía a tener al guardia encima suyo… en pocas horas volverían a la isla. Casi no podía moverse…

-. ¿Dónde están las maletas, señor? – preguntó el guardia dirigiéndose a Max.

Abrió los ojos muy grandes… lo había llamado “señor”??? Max indicó el closet con la mano en un movimiento que requirió esfuerzo…

-. ¿Comienzo a guardar su ropa?

Movió la cabeza sin dejar de mirarlo… ¿el hombre iba a guardar su ropa?…  cómo se explicaba lo que estaba pasando… el guardia lo había visto todos estos días de la mano de Adamir… ¿por eso lo trataba con respeto??… todo era como un remolino gigante del que no podía salirse… ¿Qué iba a hacer ahora???

-. Max!!! Es verdad que se van ya mismo? – Sergio interrumpió sus pensamientos entrando a la habitación

-. Eehh.. si.. si – lo miró desolado buscando un consuelo imposible… ya no había nada que hacer.

-. Voy a extrañarte mucho – Sergio lo abrazó  con sentimiento

Todo estaba pasando demasiado de prisa… Su vida volvía a cambiar en un nuevo giro inesperado y Max no tenía voz ni voto en lo que acontecía… justo ahora que se había decidido a escapar… Aún no era capaz de asimilar el nuevo escenario de su vida… no podía ser verdad…

-. Prométeme que volverás

Max lo miró desamparado… ¿qué?? ¿Cómo podía pedirle que hiciera una promesa así?… ¿se le olvidaba que era un esclavo y no se mandaba solo? o ¿Sergio estaba burlándose de él??

-. No puedo prometerlo – respondió uniendo todas sus energías en una respuesta gélida y seria

-. ¿Por qué no? – Sergio preguntó con toda inocencia

-. Porque como tú sabes soy uno de los esclavos de la isla – Max usó las palabras con frialdad y sonaron como cuchillos afilados – no puedo hacer lo que quiera.

Sergio retrocedió… lo miró confundido… él no había querido molestarlo.

-. Max, lo siento… yo solo quería decir que me gustaría verte de nuevo… en verdad te tomé mucho cariño

-. Eso tienes que preguntárselo a Adamir

Se volvió despacio hacia el closet, dejando a Sergio con las palabras atoradas en la garganta y la confusión patente

-. Déjame ayudarte a ordenar tus cosas – ofreció Sergio

-. No es necesario. Ya tengo ayuda. Gracias- Escupió veneno en sus palabras hacia Sergio.

Max no supo que tomaba del closet y doblaba para echar en una de las maletas. Actuaba de forma automática… Enojado por no haber podido escapar y herido de muerte con la perspectiva inmediata de volver a la isla… miedo, rabia, confusión… descargaba toda su rabia contra Sergio…. él también sabía que era un chico secuestrado y no le había ayudado a escapar ni nada!!! Todos eran malos y malditos!!!

-. Salga del cuarto – ordenó Sergio al guardia y el hombre obedeció de inmediato.

Max se iba a girar pero antes sintió un tirón en el brazo y un empujón brusco

-. ¿Se puede saber qué te pasa?

Había olvidado la fuerte personalidad de Sergio detrás de su dulzura. Ahora lo tenía encima de él, acorralando contra una pared y exigiéndole explicaciones sobre su actitud…

¿Quería respuestas??? Pues se las daría!!!

-. Pasa que siempre supiste lo que yo soy – contestó Max en voz baja y oscura…la mirada fiera y rebelde había vuelto a sus ojos

-. Si. Siempre supe quien eres. ¿Cuál es el problema con eso?

-. ¿El problema??!!! No me ayudaste!!! Sabes que no estoy aquí por gusto, que fui secuestrado y me tratan como esclavo. No puedes imaginar por todo lo que he pasado y como han abusado de mi.

Sergio seguía encima de él pero las palabras de Max lo habían afectado directamente en el corazón… Si, le tenía cariño de verdad y se había preguntado muchas veces lo que Max le echaba en cara en este momento… Sabía que Max no era libre y se había sentido mal muchas veces pensando en lo vulnerable que era el chico

-. No puedo ayudarte, Max. No puedo ir contra Nazir y Adamir.

-. ¿Por qué? ¿Te quedarías sin su valiosa protección? ¿Te quitarían el dinero de las compras? ¿Por qué??  – gritaba como loco – Sabes que no es correcto!!! Está mal y tú los apoyas!!!

-. NO! Yo no los apoyo!! No apruebo lo que hacen pero no puedo… tú no sabes, no entiendes…

-. Sabes? No me interesa!!! Eres de la misma clase que ellos. Solo déjame en paz y no sigas fingiendo que te importo

-. Max, en verdad me importas!!!

Sergio había perdido su postura… Max lo había desarmado.

Max se abrió paso empujando a Sergio quien no se resistió y lo dejó pasar

-. Tengo que terminar de empacar para… oh Dios!… Vuelvo a ese maldito lugar

Las emociones chocaron y colapsaron en Max. El llanto brotó descontrolado avergonzándolo y enojándolo aún más. Que mierda llorar frente a Sergio…

-. Lo siento, Max – farfulló Sergio dolido

Max ni siquiera se volvió a mirarlo o se dignó responder. Siguió echando cosas en la maleta arrojándolas con furia

-. Nazir es mi amo

Lo dijo tan despacio que Max se preguntó si había escuchado bien

-. ¿Me quieres engañar más todavía?

-. No te miento. Nazir es mi amo. Lo juro

Max movía la cabeza de derecha a izquierda… no tenía sentido lo que Sergio decía… No era posible…

-. Puedo probarlo

Max dejó caer el último atado de ropa en la maleta y cesó todo movimiento

-. Sígueme. Solo serán unos segundos… por favor…

Max dudaba de lo que Sergio decía… pero… lo aseguraba con tanta fuerza. Desconfiando, caminó tras de Sergio. Salieron del cuarto al pasillo y luego de unos pasos estaban en la puerta del dormitorio de Sergio.

-.. No puedes decirle a nadie que has estado aquí

Max no respondió… ¿de qué se trataba esto?

El cuarto era enorme y muy bien decorado pero Sergio no se detuvo sino que siguió avanzando hasta una puerta en la pared del fondo y, usando una llave, la abrió

-. Entra conmigo

Antes de cruzar el umbral y ver que había del otro lado, Max supo que Sergio le decía la verdad.

Se detuvo bajo el marco de la puerta. Una mirada rápida a la habitación fue suficiente para que perdiera el aire de sus pulmones y desapareciera la agresividad que traía consigo. A su mente acudieron las imágenes de la habitación en la isla. Esta sala era mucho más sofisticada, más grande y con mayor cantidad de implementos… algunos le recordaron a Max lo que había visto en aquella casa de ventas. Sin darse cuenta comenzó a estremecerse… en su mente volvía a la isla y al cuarto donde lo esperaba una cadena.

-. Como… puedes…? – jadeaba al respirar y miraba a Sergio con horror

-. ¿Por qué no escapas?!!! no entiendo… tienes libertad para ir y venir…

-. No quiero escapar. Amo a Nazir.

-. Pero él… usa estas cosas contigo!!!

-. Amo a Nazir incluyendo todo lo que me hace. Estoy con él porque quiero.

Esta revelación aturdía a Max… ¿cómo era posible que Sergio aceptara ser golpeado y utilizado? A su mente acudieron las palabras de Mati diciendo algo parecido…

-. Estás loco… todos ustedes están locos!!!

Corrió de vuelta al dormitorio. No quería saber nada más… todos estaban dementes… no había esperanza alguna de ayuda…

Las maletas esperaban listas a un costado y el guardia esperaba por él. Max no sabía cuánto más podía resistir antes de estallar, quería gritar y desahogar el torbellino de su mente, rebelarse, enloquecer…

-. Don Adamir está en la oficina con su hermano. Me ordenó que cargara el vehículo. ¿Hay algo más que desee llevar?

Parecía una pesadilla… no era real que volvía hacía atrás…

-. No… no… – balbuceó Max aturdido

El hombre tomó las maletas y abandonó el cuarto. Max respiraba jadeando… le faltaba el aire… le dolía el pecho, el estómago… Sergio era un esclavo por voluntad propia… siempre había creído que Sergio era feliz… ¿cómo podía ser feliz siendo un esclavo y torturado? Había látigos, una cruz en X y elementos de castigo en la sala de su dormitorio… Nazir… ¿le hacía lo mismo que Adamir le había hecho a él?

-. Ah. Aquí estas. Vamos Max. El avión nos espera

Max dio un salto al escucharlo entrar.

Adamir se veía preocupado pero usaba un tono de voz calmado para hablar con él. Lo esperaba para que dejaran la casa y emprendieran el viaje de vuelta

Max sintió la desolación apoderarse de él… fue como si toda su energía y esperanzas resbalaran por su cuerpo y cayeran al piso… un manto de angustia y tristeza lo cubría, lo estrujaba y se llevaba sus posibilidades de escapar… no había hacia dónde mirar en busca de esperanza

Caminó arrastrando los pies detrás de Adamir. En el corredor esperaban Sergio y Nazir. El amo se despidió de Sergio de manera educada agradeciéndole la estadía y luego, avanzó junto a Nazir, conversando.

-. Hablaré con el contacto en esa ciudad.  Ya lo están ubicando. Te llamaré en cuanto tenga noticias – dijo Nazir

-. No te olvides de Santiago – Adamir se notaba abrumado

-.Déjalo en mis manos. Él es mi problema de ahora en adelante

– Gracias… eres invaluable hermano – Adamir extendió la mano y Nazir la retuvo

-. Llama por teléfono a  mamá. – sugirió  seriamente

Adamir asintió. Si. Lo tendría presente entre tantas cosas. Su madre. Por supuesto.

Los hermanos se alejaron hacia el vehículo que esperaba para llevarlos al aeropuerto.

De pronto Sergio y Max estaban frente a frente, solos en el corredor. No usaban palabras pero se comunicaban a través de las miradas. Max se puso tenso cuando Sergio se adelantó a abrazarlo

-. Perdóname. No está en mis manos hacer algo por ti. No puedo – se lamento muy bajito

La tensión consumía a Max. Mantuvo su cuerpo rígido y las manos pegadas a sus caderas. No fue capaz de responder… dio un paso atrás.

Había lágrimas en los ojos de Sergio cuando Max se separó de él y caminó sin mirarlo ni hablarle. Era su forma de rechazarlo.

Minutos más tarde, Max estaba en el vehículo que avanzaba hacia el aeropuerto privado donde esperaba el avión. Todo había sido un sueño… La realidad era que volvía a la isla.

Cargaron de prisa el avión.  Adamir pendiente de él. Subieron juntos… como en una pesadilla.

-. ¿Te da miedo volar? – preguntó Adamir ajustándole el cinturón. El rostro de Max estaba casi descompuesto

Max decidió que era más fácil mover la cabeza y asentir.  Sus miedos reales eran mayores y más profundos. No tenía palabras para hablar.

-. No pasa nada – Adamir entrelazó su mano con la de Max – llegaremos en poco tiempo. Cierra los ojos y duerme.

Max cerró los ojos. No creía poder volver a dormir tranquilo nunca más.

 

NAZIR

No eran muchos los traficantes de esclavos en el mundo, se movían dentro de un círculo muy cerrado y aunque la mayoría nunca se conocían cara a cara, sabían sus nombres y lo importante que era protegerse entre ellos cuando las circunstancias amenazaban el negocio de todos. Nazir tenía grandes contactos; los favores entre la gente de su clase y posición costaban mucho dinero y a veces vidas humanas. La detención del equipo de tierra en una ciudad puerto de un país en otro continente era un asunto que no se podía descuidar. Los hombres que se hallaban detenidos eran leales y podía contar con su silencio pero había uno en fuga además de mucha información suelta que podría, eventualmente,  vincularlos a ellos. Tras unas cuantas llamadas telefónicas, Nazir obtuvo un nombre, un número de teléfono y la recomendación de que alguien en esa ciudad era seguro y confiable.

-. Hola – respondió una voz controlada con un marcado acento latino

-. Quiero hablar con Teddy Rojas – dijo Nazir

Hubo un largo silencio al otro lado

-. Teddy Rojas ya no existe – respondió Gonzalo, extrañado de recibir una llamada al antiguo teléfono personal de Teddy -¿Quién habla?

Nazir tuvo un momento de confusión. No fue un “Teddy no está”  o un “llámelo más tarde” sino que, directamente, le indicaban que Teddy había dejado de existir

-. ¿Quién reemplaza al señor Rojas? –preguntó Nazir ya no tan tranquilo

-. ¿Quién llama?

Gonzalo estaba curioso pero tenía poca paciencia. Ante el silencio en la línea iba a colgar cuando la persona dio su nombre y apellido. Gonzalo entrecerró sus ojos oscuros pensando… ese nombre le resultaba conocido…  había escuchado a su padre y amigos hablar de esa familia en otro país… gente poderosa y de mucho dinero. Intrigado, decidió mantener la conversación ahora que el tal Nazir se había identificado y que el número al cual llamaba solo lo habían conocido algunos contactos especiales de Teddy.

-. Mi nombre es Gonzalo. Teddy Rojas murió hace unas semanas. Sus negocios están en mis manos ahora. ¿Puedo ayudarlo en algo?

Nazir titubeó…  ¿Contarle el problema a un completo desconocido?… Demonios!! ¿Qué más podía hacer?  Viajar a ese país o contratar abogados era acusar culpabilidad inmediata

-. ¿Qué negocios del  Sr. Rojas maneja usted?

-. Todos

Gonzalo podía percibir el desasosiego en Nazir

-. ¿Todos?  – quiso confirmar

-. Legales e ilegales – respondió Gonzalo divertido y con el descaro que lo caracterizaba intuyendo que eso era lo que Nazir deseaba saber– Puede hablar con libertad. Es una línea segura.

-. Tengo un problema delicado en su ciudad – declaró Nazir

-. Usted dirá

-. Hay ciertas evidencias que preferiría desaparecieran

-. ¿Evidencias… humanas?

-. No. Se trata de un yate y un vehículo

-. De acuerdo. Puedo ayudarlo con eso

Gonzalo escuchó un suspiro de alivio al otro lado de la línea

-. Volveré a llamarlo para darle los detalles

-. Estaré atento.

Gonzalo cortó la llamada. ¿Desaparecer un yate y un vehículo?… ¿En qué lío se hallaba esta familia? Solicitar su ayuda era algo relativamente común entre algunas familias y conocidos de diferentes partes del mundo. Los servicios se pagaban con favores o en sumas muy elevadas, pero recibir una llamada para Teddy de alguien desconocido era, al menos, peculiar.

Salió de su oficina y entró a la de Jorge. Puso un papel con un nombre sobre el escritorio de su lugarteniente

-. Quiero saber sobre esta familia, ¿puedes averiguar algo?

Jorge miro el papel y luego a su jefe

-. Puedo informarle hasta qué desayunaron hoy en la mañana, si quiere – respondió Jorge con algo de descaro

Gonzalo le devolvió una sonrisa irónica. Era agradable ver como Jorge había crecido y se había convertido en un excelente reemplazo para Andrei.

-.Me basta con saber en qué negocios ilegales andan y qué tan confiables son.

– Deme unos minutos, jefe.

Jorge se puso a teclear en sus sofisticados equipos nuevos.

Gonzalo volvió a su oficina pensando que seguramente, al otro lado del mundo, Nazir estaba averiguando quien era él.

 

MATÍAS

Su existencia había dado un nuevo giro importante cuando descubrió las agujas; su nivel de angustia había disminuido y el secreto placer masoquista que sentía al castigar su cuerpo le permitía enfrentar los días con mayor tranquilidad. Descargaba su tristeza y ansiedad en cada pinchazo que se propinaba… se abría al dolor físico hasta convertirlo en gozo oscuro. Su cuerpo quedaba exhausto y su mente aplacada.

Su mayor preocupación era Clara. Podía darse cuenta que ella no se tragaba su aire de fingida tranquilidad… lo extraordinario era que, lentamente, la tranquilidad iba llegando a él; sabía con certeza que iba a arrastrar consigo, durante toda su vida, el vacío de la pérdida, pero de tanto fingir estar calmado y ayudado por la tortura y placer al que se sometía casi a diario, su mente se estaba apaciguado de verdad.  Matías no hacía muchas cosas; la escuela era su único deber y lo cumplía sin chistar. Fuera de eso, podía pasar horas sentado en el patio mirando las plantas crecer o en el jardín delantero observando el mar.

Clara siempre lo mantenía en su radar, atenta a cualquier cambio. Solo lo perdía de vista cuando llegaban sus alumnos a recibir clases particulares. Tenía cuatro alumnos hasta ahora y no deseaba más. No mientras Matías necesitara de ella.

-. No sabía que usted es la madre de Matías – dijo el chico al terminar la clases

-. ¿Lo conoces? – preguntó ella notando que tenían una edad parecida lo que los ponía en cursos cercanos

-. Estamos en la misma aula… pero él no habla mucho

Vaya! Esto era sumamente interesante.

Tobías era, físicamente hablando, lo opuesto a Matías; un muchacho grande, de cuerpo bien desarrollado para sus 13 años, ojos castaños y pelo oscuro ensortijado, rostro agradable y vivaz. Su pasión eran los deportes, tenía una mente dispersa y observadora, carecía de hábitos de estudio pero era amable y educado. La madre de Tobías estaba encantada de que Clara pudiera ayudarlo a mejorar sus notas, especialmente porque vivían apenas a unas cuadras de distancia.

Clara se preguntó si ese chico representaba una oportunidad de ayudar a Mati.

-. Sufrimos una gran pérdida en la familia. A Matías lo afectó de manera especial. Era muy cercano con mi hermano

-. Vaya… se murió su tío – dijo Tobías mirando hacia el jardín donde Matías estaba anclado a un asiento, vista perdida en el mar– yo… no sabía. Lo siento mucho Sra. Clara

-. Gracias. Matías aun está de luto.

-. Por eso es tan callado, entonces?

-. Si. Han sido muchos cambios, nos mudamos a esta ciudad… todo es nuevo para nosotros aquí. Matías empezó en la escuela… es difícil para un adolescente

-. Si… yo he vivido siempre aquí. Supongo que no es fácil hacer nuevos amigos

-. Quizás tú podrías ayudarlo

Tobías era un chico de pueblo de gran corazón y nobles sentimientos

-. Claro que si!! – respondió entusiasmado

-. Pero no debe saber que yo te lo pedí

-. No le diré, profesora

-. Gracias, Tobías.

 

Durante la segunda clase del día siguiente, el profesor de historia pidió a los alumnos formar grupos de a tres para preparar una tarea

-. Matías, ¿quieres hacer el trabajo con nosotros?

Levantó la cabeza. Sus ojos verdes vieron a Tobías mirarlo de manera amistosa. Lo reconoció como el chico que tomaba clases en su casa. Detrás de él otro chico desconocido que también sonreía de manera amable. Esperaban su respuesta

-. Yo… no soy bueno trabajando en grupos – estaba intimidado. Nunca había hecho nada parecido.

-. Nosotros tampoco, pero el profesor nos evaluará de a tres. Podemos intentarlo

-. Está bien – Matías aceptó más que nada para no crear conflicto ni atraer más atención sobre él. Era muy extraño hablar con otros chicos

-. Excelente! – aplaudió Tobías – Vamos a elegir el tema

Esperaron a que los siguiera. Matías caminó con ellos sintiendo como toda la clase lo observaba

-. Vamos a trabajar juntos ¿Cuál es nuestro tema, profesor?

El maestro se alegró de ver que Matías era parte de un grupo. Quizás Tobías no era un alumno de excelencia académica  pero era bueno ver que el chico nuevo por fin participaba con alguien. Los maestros hablaban de él y se preguntaban cuándo comenzaría a integrarse. Siempre solo y callado. Les dio el tema. Quedaron de reunirse en casa de Tobías a las 5 de la tarde.

Cuando las clases terminaron, Matías reunió sus cosas en silencio y caminó hacia su casa. Los nervios se fueron calmando… Iba ajuntarse a estudiar con sus compañeros… con Tobías y el otro chico cuyo nombre no recordaba. Los había visto en los recreos… siempre corriendo detrás de una pelota y bromeando. Eran los más rápidos en la clase de gimnasia… No sabía mucho de ellos excepto que eran ruidosos, alegres y se veían amables cuando lo invitaron. Relajó sus hombros… levantó la cabeza de cara al sol… sonrió inquieto… a las cinco, en casa de Tobías… ninguno parecía saber cómo hacer el trabajo… pero el tenía a Clara!!!  Podía preguntarle para no parecer tan torpe!… sonrió más ampliamente apurando el paso…  después de todo, no era tan malo.

 

ADAMIR

Max había mantenido los ojos cerrados durante el vuelo. Adamir sabía que no estaba durmiendo pues ante cualquiera pequeña turbulencia, la mano de Max apretaba la suya, instintivamente. Adamir tenía mucho dando vueltas en su mente… Lo más urgente era lo del equipo de tierra y la próxima subasta. Nunca había hecho una subasta sin Santiago… Santiago… Nazir había sido su salvación y estaba agradecido. Se sentía culpable y arrepentido de haber pensado en deshacerse de él pero se habían juntado muchas cosas al mismo tiempo y no estaba pensando con claridad… se le había escapado de las manos y se había enfurecido… Esperaba que Exequiel pudiera suplir en  parte lo que Santiago hacía en la Isla… no estaba seguro, Exequiel era bastante torpe para ello. Demonios!!! Tendría que revisar todo cuidadosamente, más trabajo para él… quizás debería aplazar la subasta por primera vez… mancharía su reputación pero tal vez, era conveniente que viajara a ese país donde estaba detenido su equipo… aunque eso podía ser peor… diablos!! ¿Habría ubicado Nazir a la persona clave para ayudarlos con la destrucción de evidencia y protección?… esperaba recibir el llamado en cualquier momento. Estaba ansioso por esa llamada… llamar… tenía que llamar a su madre… sensación de angustia… Una parte de su mente se resistía… la amaba, si, pero los sentimientos hacia sus padres estaban dormidos desde hacía años. Desconectarse de ellos y superar su rechazo había sido un proceso doloroso… ¿Cuál era el propósito de volver a quererlos si solo sería para despedirse y sufrir?… Maldición!!!

Adamir no se dio cuenta que su mano estrujaba la de Max hasta que el chico emitió un quejido y movió los dedos

-. Lo siento – se disculpó de prisa, olvidando todo y estudiando una vez más el rostro y cuerpo que lo tenían cautivado… Max… solo él podía ser una brisa fresca entre tanto problema… siempre era hermoso aunque hoy su rostro no estaba en calma como los días anteriores… “la quemadura… el vuelo”… dos razones para que Max mantuviera el ceño algo fruncido y la mandíbula apretada.  Apenas llegaran a tierra le pediría un analgésico a la Sra. Celis. No quería ver a Max sufriendo…

De pronto su mente quedó en blanco

¿Qué iba a hacer con Max de vuelta en la isla?

Demonios!!  No había tenido tiempo para pensarlo… pero había ciertas cosas que daba por seguras: Max no iba a volver al cuarto de entrenamiento ni a la sala de los esclavos donde cualquier amo pudiera acercarse a él. Oh no! nadie tocaría a Max!… ¿en qué situación lo dejaba eso?… volvió a recorrerlo de arriba abajo con la vista… sus formas alargadas, torneadas y firmes se adivinaban debajo de la ropa. Suyo. Lo quería para él de manera exclusiva… Y lo quería como había sido en la ciudad… bajo su control, pero con sus atuendos vistosos y su actitud desfachatada… Adamir sonrío sin saberlo y se le iluminaron los ojos… Max era irresistible… lo calmaba y lo inquietaba pero de manera positiva… era como una necesidad bajo su piel. ¿Estaba perdiendo el juicio? Estaban llegando a la isla… ¿Cómo explicaría a los otros amos que Max era solo para él?… un momento!… ¿A quién diablos tenía que explicárselo? Él era el amo de la isla, el dueño de todo y no tenía que dar explicaciones si las reglas cambiaban. N sus empleados y tendrían que respetar su deseo. Quería a Max a su lado y lo tendría…

Oh por Dios!!

Santiago…

¿Esto era lo que había querido Santiago con tanta vehemencia? ¿Por culpa de un deseo insatisfecho como este  había decidido terminar su vida? ¿Por qué no había podido entenderlo?… Un chico exclusivo para él… Matías, el mocoso de los ojos verdes y docilidad a toda prueba… ¿Cómo surgía un deseo de este tipo? ¿Qué les había pasado?… ¿tantos años de aislamiento en la isla los estaban afectando? ¿o era cosa de la edad necesitar una compañía permanente?  Que diferente habría sido todo si Santiago se lo hubiera pedido ahora…  por fin lo comprendía. Max era precioso, fantástico, entretenido… quería dormir con él todas las noches y amanecer juntos… lo divertía y lo relajaba… un abrazo con él, unir sus cuerpos y mirarse a los ojos lo hacía olvidar todos los problemas y volver a sentirse en paz… satisfacer su apetito sexual con Max era sublime… ¿era esto el gran secreto de tener un esclavo permanente y exclusivo?

Santiago había hablado de amor…

Su rostro perdió color y, como si hubiera recibido un golpe,  recostó su espalda contra el asiento sin soltar la mano de Max…

Amor… ¿Qué demonios era el amor?

Nazir se proclamaba enamorado de Sergio… pero no había una cosa tangible y específica que Adamir pudiera ver como una diferencia entre su necesidad de tener a Max como esclavo exclusivo y lo que hacía Nazir con Sergio… eran la misma cosa, no?… claro! Estaba todo lo de la casa y la vida juntos en la ciudad… pero… Max podía vivir con él en su casa!!! Así quedaría claro que nadie podría tocarlo y que solo le pertenecía a él. Tal como lo hacía la mayoría de sus compradores… un esclavo exclusivo… Adamir sintió que por fin lograba entender de qué hablaban sus compradores cuando se declaraban fascinados con un esclavo… eran la misma cosa que ese sentimiento idealizado llamado amor

-. Estamos por aterrizar, señor – anunció el piloto frenando sus pensamientos.

-. Max… despierta. Estamos aterrizando

El hombre a cargo de su avión era un experto y el avión se posó en la pista con mucha suavidad. Exequiel y un par de hombres los esperaba al final de la pista. Descargaron las cosas y subieron las maletas en el único todo terreno que había en la isla.

-. Vamos Max

Adamir pensó que era natural que Max pareciera confundido. El viaje había sido repentino y no sabía qué lugar ocuparía ahora. Sintió que su decisión de llevarlo a su casa era un delicioso secreto que sorprendería a Max.

-. Llévame directo a mi casa – le ordenó a Exequiel

Adamir ocupaba el asiento del pasajero y Max se había sentado atrás, al lado de un guardia. Exequiel conducía. El silencio era tenso pero los amos necesitaban hablar en privado. Todos descendieron al detenerse frente a la casa.

Max vio como el guardia descargó las maletas. Entre ellas iban sus cosas nuevas directo a la casa del amo… su chaqueta… aros… la ropa… ¿ya no le pertenecían?… no sentía pena de perderlas… ya no le importaban…  ¿Qué sentido tenía tener todo eso aquí en la isla donde no podría usarlo?

-. No te quedes bajo el sol. Ven adentro.

Adamir lo llamaba desde la puerta. Max obedeció callado. El guardia salió y se ubicó a prudente distancia de la casa. Adamir y Exequiel comenzaron a hablar. Parecía importante ero Max estaba tan impactado que no escuchaba ni veía.

-. Max, ve al casino y pide algo fresco para beber. Había olvidado el calor aquí en esta época del año

Siguieron hablando. Max dio la vuelta despacio… el casino… entonces, ¿Podía andar libremente por las instalaciones? Caminó por los pasillos de madera que conectaban los edificios…  el familiar paisaje lo fue deprimiendo… era hermoso pero no para él… los recuerdos brotaban en borbotones en su cabeza y sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a correr calladas por sus mejillas, sentía el gusto salado en los labios. Manoteó su rostro para limpiarlo antes de entrar al casino. Se detuvo por el golpe de recuerdos que azotaron su mente. Cuando logró calmarse, miró alrededor. Todos los ojos estaban pendientes de él…

Una especie de jadeo intenso le cortó la respiración al ver los ocupantes del casino.

Oh Dios!! ¿Quiénes eran esos niños desconocidos de ojos llorosos en las mesas con vasos de jugo verde, vigilados por guardias? Había cuatro chicos, muy niños y asustados, algunos lloraban pero no se atrevían a levantar la cabeza.

Había nuevos esclavos en la isla…

El gesto de Max fue totalmente espontáneo; se cubrió la boca con la mano para no gritar pero aun así un extraño sonido animal le brotó de la garganta

-. ¿Qué necesitas? – preguntó rudamente una de las mujeres cuyo rostro le resultó familiar

Max respiró profundo recuperando la respiración y la voz, sintiendo la ira crecer…

-. Adam… el amo Adamir desea que le lleves algo fresco para beber

La miró con frialdad y le hablo duramente. La mujer cambió su actitud de inmediato

-. ¿Ya llegó el amo? ¿Dónde le llevo el pedido?

-. A su casa – ladró Max

Salió con urgencia del casino. El sonido lastimero del llanto de los chicos le hería el alma… nuevos chicos… tendrían que vivir lo mismo que él y Mati habían pasado… Corrió y se tropezó… se sujetó de la barandilla y fijó los ojos en el paisaje mientras se calmaba… volver a esta pesadilla era insoportable… allí en la distancia alcanzaba a ver la punta del acantilado desde el cual Santiago había saltado… no supo cuantos minutos pasó mirando sin realmente ver. Que maldita suerte la suya, como deseaba volver el tiempo atrás y haber escapado una de esas tantas veces que dejó pasar por andar sintiéndose engañosamente feliz. Tenía tanta rabia consigo mismo.

Los pasos apresurados de la mujer con una bandeja lo hicieron volver a conectarse con la realidad. Caminó detrás de ella… ni siquiera sabía hacia donde tenía que ir… seguramente volvería a ese cuarto que odiaba.  Sujetó el nudo que le ahorcaba la garganta.

Ya estaban en la casa de Adamir. La mujer saludaba al amo y servía dos vasos

-. Sírvale un vaso a Max – ordenó Adamir

La mujer reaccionó confundida pero le ofreció un vaso a Max antes de retirarse. Lo recibió. Necesitaba deshacer el atoro en su garganta.

-. Ve a descansar, Max. Te ves exhausto

Si. Descansar era una buena excusa para estar solo, pero… ¿dónde?

Adamir se puso de pie, tomó su mano sin importarle que Exequiel los viera

-. Ya vuelvo – le indicó a Exequiel

Cruzó con Max la famosa puerta que separaba el resto de su casa.

Adamir había saciado su curiosidad más inmediata con la información qu ele entregó Exequiel. Las cosas estaban complicadas. Dos de los tres hombres de tierra habían sido sorprendidos mientras atacaban a un chico que solía dormir en un sitio eriazo solitario y oscuro… era tarde y la policía jamás circulaba por la zona, excepto esa única noche en que fueron llamados, alertados por algún curioso que reparó en el furgón merodeando el sector. Se encontraron con ellos de frente; policía y secuestradores. Solo uno alcanzó a escapar. Habían confiscado el furgón que contenía armas, elementos y químicos para drogar y retener a las víctimas. No sabían qué más pistas  podía haber en ese vehículo. El tercer hombre estaba escondido y era quien había llamado, pero se le buscaba intensamente. Por otro lado,  Exequiel estaba retrasado con  la subasta. Si, tenía mucho que hacer pero quería tomarse un instante para sorprender a Max.

Entraron a un cuarto grande y luminoso, grandes ventanales hacia la playa, maderas blancas y decoración azul. Una cama doble. Adamir se detuvo al borde de la cama y atrajo a Max hasta sostenerlo de  la cintura. Sintió como el chico se ponía tenso

-. ¿Te gusta? – su mirada abarcó el cuarto y el paisaje

-. Es… muy linda

-. Es tu dormitorio a partir de ahora – anunció lleno de orgullo

La mirada inexpresiva de Max y su confuso pestañeó no era la reacción que Adamir había anticipado en su mente

-. ¿Voy a vivir aquí?

Adamir estaba tan contento que dejó pasar la falta de entusiasmo de Max culpando nuevamente al viaje y al dolor de la quemadura y, por sobre todo, al supuesto shock de la sorpresa.  Lo abrazó y no se resistió a besarlo

-. Vas a vivir en mi casa y este será tu cuarto

Max abrió la boca

Ahí estaba la maleta que contenía todas sus cosas. ¿Vivir con Adamir? ¿Era él el nuevo reemplazo de Santiago?… ¿Qué significaba esto?

-. Voy a pedir un analgésico para tu brazo. Ponte  cómodo mientras tanto. Puedes recorrer la casa – hablaba de prisa, gesticulaba y se notaba satisfecho – Tengo que trabajar con Exequiel ahora.

Max aun no atinaba más que a mirarlo y seguir pestañeando… actitud que Adamir interpretó como efecto de la sorpresa

-. Ahora vives aquí conmigo – le dijo  en tono íntimo y cariñoso… Subió las manos por su espalda para volver a abrazarlo y  besarlo a gusto… si no se iba de inmediato iba a tumbarlo sobre la cama y….– te veo más tarde  

Adamir salió del cuarto complacido. Había sorprendido a Max pero más que eso, su entusiasmo era total: Max estaba bajo su techo y lo tendría cerca cada vez que quisiera.

-. El esclavo… ¿se queda en tu casa? – indagó Exequiel

-. Max vive conmigo a partir de hoy – anuncio Adamir recalcando el nombre de Max y  sin alterarse ni darse por enterado del gesto sorprendido en el rostro de Exequiel

-. Revisemos la programación de la subasta – ordenó a continuación – ¿Están las fotos de todos los chicos en el foro de intranet?

-. Si. Hay mucho interés por mi esclavo asiático – informó Exequiel orgulloso.

Minkim era, sin duda alguna, quien mejor se vendería,. Las ofertas por él ya habían comenzado a llegar.

M&M CAPITULO 75

7

CAPITULO 75

ADAMIR Y NAZIR

Anochecía y se habían encerrado en el escritorio. La situación era delicada. Adamir le explicaba sus encuentros con Santiago y como había perdido la capacidad de controlarlo. Nazir estaba sentado muy atento; Adamir se movía sin cesar.

-. No va a decirme donde está el chico y tampoco quiere volver a la isla

Nazir escuchaba… solo el atento movimiento de sus ojos que seguían los pasos inquietos de Adamir, revelaban su intensa concentración

-. No puedo permitirle irse – declaró Adamir

-. ¿Qué significa eso?

-. Significa que es un peligro!!! – gritó Adamir como si esa explicación fuera suficiente para cualquier cosa. Estaba enojado, dolido… molesto… preocupado.

– La próxima subasta es dentro de pocos días! Y él representa una amenaza a nuestra seguridad.

Nazir lo miró dudando haber entendido correctamente lo que la frase implicaba

-. Déjame ver si entiendo bien lo que quieres decir

-. El chiquillo que escapó puede hablar pero no tiene datos precisos; no sabe dónde está la isla ni conoce el alcance de nuestras operaciones… es un mocoso que nadie tomaría en serio…

Nazir esperó atento a que continuara

-. Pero Santiago sabe todo…  dónde operamos, a quienes vendemos, como trabaja el equipo de tierra… cada cosa que hacemos… es un sádico que va a perder el control tarde o temprano… no puedo fiarme de su silencio, está deprimido… nada le interesa… en cualquier momento abre la boca y… – gesticulaba con las manos explicándose – es imposible que se vaya. Tenemos que asegurarnos.

Nazir se levantó…

-. ¿Y qué sugieres?

-. Le da lo mismo lo que pasa con su vida… no le importa arrastrarnos con él!!! Entiendes??

Se estaba justificando… ¿Para qué exactamente necesitaba justificación, Adamir?

Un tenso silencio se apoderó de la sala…

-. No vamos a matar a Santiago – decretó Nazir

El negro pensamiento puesto en palabras sonaba macabro

-. Hablaré con él – continuó Nazir

-. Yo ya hablé con él!!! Le di plazo hasta mañana

-. No somos asesinos

Nazir levantó el tono de voz para expresar la firmeza de su frase. La sola idea de pensar en dar muerte a Santiago le parecía descabellada. El siempre había participado desde la distancia y en los temas de dinero y aportando nuevos  compradores de confianza. Pero la isla y lo que allí sucedía estaban muy lejos y así debía continuar. Traer cualquier aspecto del negocio a la ciudad no estaba en sus planes. Santiago era un problema serio y, como todo evento complicado,  la mejor forma de enfrentarlo era manteniéndolo vigilado de cerca.

Adamir guardó silencio. No era el momento de confesar que un par de chicos habían muerto en la isla. Era mejor que Nazir no supiera aquello.

-. ¿Qué estas pensando? – demandó Adamir con un gesto cansado. No era de su agrado pensar en dar muerte a Santiago… pero no sabía que otra solución definitiva podía haber.

-. Santiago no tiene amigos ni familia. – Nazir habló mientras pensaba a toda velocidad – Si no vuelve a la isla se quedará aquí, conmigo.

-. ¿Te vas a hacer cargo de él? – no solo había sorpresa en Adamir sino también un leve dejo de arrogancia-  Es un sádico… no puede vivir sin dañar ¿Crees que puedes manejarlo?

Nazir no respondió con palabras. Bastó una de sus miradas de superioridad para dejar todo claro.

-. Mañana iremos a verlo – sentenció Nazir dando por terminada la conversación.

 

SERGIO

Max estaba en la cocina trabajando con Sergio. Se alegraba de tener un tiempo libre para pasarlo juntos. Sergio lo entretenía, le enseñaba y le había agarrado mucho cariño. No era el mismo tipo de amistad ciega y absoluta que sentía por Mati, pero de un modo diferente, también lo sentía cercano y le estaba muy agradecido. De Sergio aprendía algo todos los días; podía hablarle y preguntarle con tranquilidad. Se sorprendía al darse cuenta de cómo estaba desarrollando sus propias habilidades con ayuda de Sergio; hasta hace unos días no tenía idea de cómo preparar un plato de comida y hoy se enorgullecía de saber hacer varias cosas; había descubierto que amaba el postre de manzanas con canela dulce, los croissant dorados y que no había nada mejor en el mundo que las pizzas de pepperoni que Sergio había preparado la noche anterior y le enseñaba a preparar ahora. Era capaz de imitar a la perfección los movimientos de su amigo al cocinar y le resultaba sorprendente descubrir que le gustaba.

-. Qué bueno que vamos a cenar juntos. Ya te echaba de menos

-. Si. Yo también – dijo Max sacando la masa de la fuente-  Adamir no quiere salir esta noche

Sergio lo miró de reojo…

Si había algo que para él resultaba más increíble que la nueva actitud de Adamir, era el cambio de Max. Eso si era digno de notarse. Sergio había gastado una buena cantidad de tiempo pensándolo y analizándolo y se moría de ganas de conversarlo con Max por varias razones, pero hasta ahora, no había tenido la oportunidad. Quería cerciorarse de que lo que veía y escuchaba era cierto. Max parecía feliz y obediente siguiendo a Adamir de buena gana. Los veía sentarse juntos, conversar largo rato, acariciarse, tomarse de las manos como recién enamorados y se daba clara cuenta del afán de ambos por ponerse las manos encimas en todo momento…

Definitivamente, Max no era el mismo chico bélico que llegó a su casa el primer día.

Sergio reconocía que tenía una buena vida, nada le faltaba en cuanto a cosas materiales o cariño, Nazir lo satisfacía en todo sentido y se amaban con pasión; tenían un entendimiento perfecto de los roles de cada uno y los habían aceptado hace mucho tiempo ya… de hecho, cuando pasaba mucho tiempo sin que Nazir se hiciera cargo de él de manera brusca y dolorosa, Sergio comenzaba a preocuparse porque sabía que para su amo y amor eso era importante y parte de la llama que mantenía viva la relación.  Se conocían al revés y al derecho. Su relación no admitía secretos. Y eso mismo hacía que fuera buena y fluyera feliz

Todo esto lo llevaba a preguntarse ¿Qué tan bien se conocían Max y Adamir?… incluso se preguntaba si se conocían bien a sí mismos… No había escuchado a ninguno de ellos hablar de amor o llamarse por nombres cariñosos… no había ningún tipo de declaración que hiciera pensar que eran formalmente una pareja… ¿qué posibilidades había de que esta relación terminara bien para Max? No le preocupaba Adamir… ni en lo más mínimo. Sabía que su cuñado era duro y podría salir adelante siempre… tenía los medios y la fortaleza necesaria, pero… y Max?

MAX

Estos últimos días había pasado cada minuto con Adamir y no había tenido tiempo para estar a solas con Sergio. Le resultaba asombroso darse cuenta de cómo había cambiado su vida… a ratos, se detenía a pensar si todo no era más que un sueño… si las hermosas ropas que lo hacían lucir como un modelo, los paseos, las cenas, los buenos momentos, la forma en que Adamir lo mimaba y complacía, lo escuchaba… ¿eran nada más que una elaboración de su imaginación?. Un sentimiento desconocido le estallaba en el pecho al darse cuenta de que todo era real… una mezcla de ganas de reír como loco y de gritar muy fuerte para deshacer el nudo de nervios y miedo que le mantenía la garganta apretada… ¿era todo en verdad real?… ¿Adamir era la misma persona? ¿Cuánto tiempo duraría? ¿Qué tan serios eran los sentimientos que tenía por él?… Estaba lleno de dudas y temores… pero… lentamente comenzaba a creer, a ilusionarse… sus aristas se suavizaban y muy lentamente alcanzaban a verse trazos de un Max distinto. Adamir lo miraba de una manera especial… como si él fuera importante… a veces, cuando estaban desnudos en la cama, lo sujetaba de la cintura y se perdía en sus ojos, como si quisiera decirle algo más y Max, a través de la mirada dorada, alcanzaba a ver notas de algo que desconocía pero que parecía importante…

-. ¿Qué? – preguntaba el chico sabiendo que el silencio de la intensa mirada era por algo

-. Nada – Adamir sonreía ante la desfachatez con que Max formulaba la pregunta

-. ¿Por qué me miras así? – insistía Max

-. Porque… me gustas mucho – respondía encogiéndose de hombros y atrapándole la boca, acariciándolo y suspirando de placer al sentirlo suyo. Se estaba acostumbrando a las reacciones naturales de Max…  todo lo novedoso de su desfachatez tenía un frescor nuevo con la capacidad de sorprenderlo… sonreía y esperaba ansioso los arrebatos y las libertades que el chico se tomaba

Otras veces, era durante la cena o en algún paseo… Max podía sentir la potencia de la mirada traspasarlo

-. Me estas mirando…- acotaba, bajando la mirada, levemente sonrojado pero interiormente feliz de ser objeto de su atención

-. ¿Acaso no puedo?

-. No… o sea, si… es que…

-. Me perteneces… hago lo que quiero contigo – lo estrujaba contra su torso – y eso incluye mirarte y tocarte cuanto se me dé la gana

Para demostrarlo, chupaba el lóbulo de su oreja y lo sujetaba firme mientras Max reía de las cosquillas y se rendía ante él, permitiéndole hacer lo que quisiera porque también lo disfrutaba… Sentirse querido era una sensación nueva y probablemente, una de las más poderosas que había experimentado.  Por primera vez, Max percibía lo valioso que era sentirse querido y darse valor a sí mismo… importarle a Adamir, que lo abrazara, besara y le repitiera que era suyo… que deseara su compañía desde que despertaban hasta que se dormían juntos nuevamente…

Por todos los dioses!!

Quería creer…

Max en serio deseaba con toda su alma poder confiar en lo que estaba pasando, aceptar sin dudas que Adamir sentía algo por él, creer que las cosas habían cambiado y se mantendrían así.  No podía preguntarle a Adamir… no sabría que preguntar en caso de que pudiera hacerlo…

Pero no podía olvidar…

Por mucho que rieran juntos, hablaran, se acariciaran y compartieran el placer de sus cuerpos, Max no podía entregarse sin reservas; en su mente estaban presente los padecimientos que había sufrido en la isla… podían parecer lejanos… a veces, desaparecían de su mente por unos minutos y era como si se liberara de una carga gigantesca que lo aplastaba… se sentía liviano, alegre y dispuesto a disfrutar… pero súbitamente todo volvía … las cadenas, el látigo, los golpes, el sufrimiento y las humillaciones… el deseo de morir que alcanzó a sentir dentro de la piscina vendado, esposado, amordazado… arrojado como un animal… su lucha por sobrevivir.  Todo parecía remoto ahora… la isla comenzaba a desdibujarse en su mente… intencionalmente evitaba pensarlo y mucho menos hablarlo, con nadie. No quería que Sergio o nadie más supiera. Mantenerlo lejos y en silencio hacía parecer que no existía y le permitía seguir siendo una persona distinta que podía soñar e ilusionarse.

-. Te vez feliz – comentó Sergio estirando la masa

Max siguió cortando el tomate en rodajas

-. Si… no sé… –sonrisa boba incluida

-. No eres el mismo chico que llegó a mi casa

Max levantó la cabeza. Por supuesto que no lo era. Nunca antes había sido feliz.

-. Cuando recién te conocí no querías estar con Adamir

-. No

-. Y mírate ahora

-. Es que él es diferente conmigo

Max se expresaba con una timidez que resultaba encantador de observar pero era muy preocupante para Sergio porque dejaba traslucir inseguridad

-. ¿Te ha dicho algo, Adamir?

-. ¿Sobre qué?

-. Sobre lo que siente por ti

Max negó rápido con un movimiento de cabeza

-. ¿Le has preguntado?

Max lo miró sorprendido

-. No… como voy a preguntarle… tu no entiendes

Sergio dejó la pizza en el horno y se giró para mirar de frente a Max

-. Si entiendo

¿Entendía? No. Oh no!!! Esta vez Sergio estaba equivocado; no sabía que había una isla ni lo que sucedía en ella, los abusos a los que había sido sometido él y todos los demás chicos. Vaya! Sergio se desmayaría si supiera sobre la relación de esclavitud y tortura que existía entre él y Adamir hasta hace pocas semanas y como había tratado de someterlo y casi matarlo… no quería explicarle ni hablar del tema…  era imposible que Sergio entendiera…

-. Yo… no quiero preguntarle – era más fácil mentir

-. Está bien… ¿y qué sientes tú?

Sergio no estaba dispuesto a quedarse sin información que le permitiera ayudar a su joven amigo.

Max tuvo un instante de indecisión… Tenía tantas preguntas que hacer para entender lo que sentía, pero si las formulaba tendría que dar explicaciones…

-. No sé…  me gusta… creo

La ayudante de cocina terminó de limpiar la mesa y se retiró en silencio. Sergio sirvió dos vasos de jugo y lo interrogó directamente

-. ¿Te gusta Adamir?

Dios!! era una pregunta simple pero no tenía una respuesta… ¿le gustaba?… bueno… pues… no podía negar que físicamente Adamir era un hombre muy atractivo, no solo por lo magnífico de su cuerpo y rostro sino también por su personalidad segura y arrolladora.  Estos últimos días, cuando sonreía y era amable, cuando lo tomaba de la mano y jugaban… resultaba arrebatador con su modo dominante y seductor… Claro que le gustaba!!! Pero estaba todo el resto… lo que había pasado… y de lo cual no hablaría.

-. Es guapo ¿no crees?  – Se sintió torpe al sonrojarse pero era primera vez que hablaba de “chicos” con otro chico

-. Si, lo es… pero no has respondido mi pregunta, ¿te gusta?

-. No es tan simple…

-. Yo sé – Sergio seguía esperando respuesta

“No. No sabes… ni siquiera imaginas”

Ante el silencio de Max, Sergio decidió probar otro ángulo

-. No te has enamorado nunca ¿verdad?

-. No

-. ¿Pero si te atraen los hombres?

Esa era una pregunta interesante… ¿cómo podía saber si le resultaban atractivas las chicas? Su rostro era todo incertidumbre

-. Ay Dios!! ¿No has estado con una chica?!!

Max volvió a negar con la cabeza. No había tenido tiempo… antes que lo secuestraran era muy chico y luego todo fue Adamir

-. Max, ¿Disfrutas con Adamir?

Ah! eso sí!!  Con toda seguridad podía afirmarlo!!

No fue necesaria una respuesta. El calor en sus mejillas y el desasosiego  con que se movió en la silla fueron más que suficientes

Sergio sonrió lleno de ternura al verlo incomodarse. Max era muy atrevido para algunas cosas pero este tema lo reducía a un chico vacilante e inquieto.

-. ¿Por qué me preguntas todo esto? –balbuceo Max tratando de quitarse la vergüenza del rostro

-. Porque quiero ayudarte

-. ¿Ayudarme a qué?

-. Las relaciones pueden ser complejas si no sabes cómo llevarlas ni que esperar. No creo que él te haya explicado…

-. ¿Hablas de Adamir?

-. Si… bueno, él, al igual que Nazir, puede ser complicado. No quiero que tú salgas herido o lo pases mal

La atención de Max era toda suya

-. No lo estoy pasando mal – se defendió inseguro

-. Si, lo sé… pero… Adamir es especial.

-. Especial, como?

-. Lo conozco desde hace muchos años y puedo asegurarte que estoy sorprendido

-. Sorprendido de que? – la conversación cada vez era más intrigante

-. Bueno… Es raro verlo así… yo solo le he conocido una pareja anteriormente y créeme que era muy diferente a como es contigo

Las palabras de Sergio fueron suficientes para dejar mudo a Max y cortarle la respiración

¿Adamir había tenido una pareja?… ¿quién?.. ¿Qué había pasado entre ellos?… ¿cómo era con esa pareja? ¿Qué hacían que fuera diferente? Era difícil para Max entender la molestia que estaba sintiendo y la creciente ansiedad que lo afectaba… quería saberlo todo… lo necesitaba!!! ¿Quién era ese que había estado con Adamir???

-. ¿Adamir tuvo una pareja? – preguntó sin pensar. Tenía que confirmar que había escuchado bien

-. Fue hace muchos años… siguen siendo amigos – respondió Sergio quitando importancia a sus palabras. No intentaba armar un lío en la cabeza de Max. Al contrario. Quería ayudarlo a aclarar las cosas y que entendiera el terreno que pisaba y en qué se estaba metiendo al estar con Adamir. Daba por hecho que Adamir no le había explicado nada a Max de lo que podía esperar como pareja de un controlador dominante que posiblemente estaba enamorado… intentaba advertirle que su relación no tenía nada que ver con lo que Adamir y Santiago habían vivido. Nazir le había contado los detalles del término de la relación de amo y sumiso que tuvieron antaño y le había dado una vaga explicación del porqué.  Ahora,  le interesaba averiguar si Adamir se daba cuenta o podía admitir sus sentimientos hacia Max porque para él, estaba más que claro que esos sentimientos existían y reconocerlos era el primer paso hacia una relación sana para su pequeño amigo.

Max se quedó mirando al infinito… la información de Sergio equivalía a un imprevisto golpe de mazo en su cabeza… “siguen siendo amigos”… ¿quién?… ¿Quién, maldición???? Adamir estaba siempre en la isla, no visitaba a nadie ni nadie llegaba a verlo tampoco…  no se relacionaba con los otros amos ni chicos… no tenía amigos…

Si

Por Dios!!! Si tenía un amigo… pero era imposible… o no?

-. ¿Santiago? – tartamudeó torpemente perdiendo el aire

Sergio asintió incapaz de darse cuenta del efecto de sus palabras en Max. Para él, aquella relación no tenía importancia.

-. Eran amo y sumiso cuando yo los conocí… hace muchos años…

La cabeza de Max daba vueltas… Santiago y Adamir juntos como pareja???… demasiada información repentina haciéndolo caer de vuelta en tierra, inflamando sus inseguridades, alimentando sus miedos y dejándolo boquiabierto…

-. Amo y sumiso??? –repitió vacilante, los ojos muy abiertos. Entendía de eso… en el libro que Adamir le había obligado a leer estaba todo explicado… pero… ellos dos???

Esta revelación explicaba muchas cosas… la docilidad de Santiago frente a Adamir y el porqué no había podido enfrentarlo para defender a Matías… la desesperación y culpabilidad de Adamir cuando Santiago decidió quitarse la vida… no solo eran amigos… los unía algo más profundo… algo a lo que él jamás tendría acceso… igualdad.  Ellos dos eran adultos y seguro se entendían de una manera a la cual él nunca podría aspirar… por eso las visitas diarias de Adamir a la clínica… el cambio de humor cuando hablaba de Santiago… su preocupación constante. Todo adquiría un nuevo sentido…

Por la mente de Max pasó la imagen de Santiago y Adamir juntos…  dos amos en lucha… dos cuerpos fuertes y poderosos en una danza de placer… la imagen era impactante!

-. Max!

Sergio notó la respiración acelerada de Max y las emociones que iban revelando las expresiones de su rostro

-. Nunca estuvieron enamorados

Max tragó saliva… sentía la boca seca… se empinó el vaso de jugo que Sergio había puesto en la mesa.

-. Tú… ¿los conociste como amo y sumiso?

-. Terminaron esa relación cuando se fueron a la isla. No podían continuarla dada las circunstancias

Sergio explicaba lo obvio…

Max entendía lo no tan obvio

-. ¿Cuáles circunstancias?- preguntó alarmado

-. Santiago no podía ser su sumiso si iba a ayudarlo con los chicos

Max apretó el vaso tan fuerte que  pensó que iba a romperlo.

Sergio sabía…

No podía ni pestañear… algo temblaba en su estómago y subía por su tráquea…

Se sintió mareado… el cuarto daba vueltas…

-. La isla… tú… conoces…

-. Nazir y yo hemos estado en la isla un par de veces – la actitud apenada de Sergio le dio a entender que sabía todo.

No podía hablar… la alegría que sentía hacía unos minutos atrás se había ido al carajo… Sergio sabía y, por lo tanto, Nazir también. Todos sabían sobre la isla y ellos, los esclavos!!! Sabían y no les importaba!!! Todos eran cómplices y el era un juguete…

Se sintió desnudo, empequeñecido… como un libro abierto que ellos leían y pisoteaban sin problemas porque a nadie le interesaba que pasaba con él… Creyó que…

¿Por qué era tan tonto?… redomadamente tonto

-. Max

-. Discúlpame…

Se levantó sin ver y se dirigió al dormitorio. Necesitaba estar solo y pensar. Cerró la puerta muy fuerte, como si pudiera aislarlo de los demás.  Su cabeza era un embrollo de preguntas y miedos que tomaban forma concreta…  todos le habían mentido o al menos, le habían hecho creer algo diferente.  Sabían lo que era… Nada de esto era real… ¿por qué se había sentido tan bien todos estos días?  Es que… pensó que era especial y querido.. y… que Sergio era su amigo… y Adamir… Oh no!! pero qué clase de cabeza hueca era!!!  no era más que un muñeco sin valor para ninguno de ellos… jugaban con él…

Ahora desbordaba un sentimiento de estupidez… Eso es lo que era! Ni más ni menos que un soberano estúpido.

No era un invitado en la casa de Sergio ni tampoco eran amigos. Había guardias siguiéndolo a todas partes… Quizás Sergio solo sentía lástima, le daba pena el chico esclavo en su casa… Todos sabían que él era uno de los miserables que Adamir secuestraba y enseñaba… todos estaban al tanto de lo que pasaba en la isla y a ninguno de ellos le importaba un carajo…

¿Cómo se había dejado engañar tan fácilmente por unas cuantas muestras de cariño y amistad?

Comenzó a llorar… gruesos lagrimones le mojaban las mejillas…

Conquistado por migajas de cariño… ¿se podía acaso ser más tonto que eso??? Hambriento de afecto a nivel máximo…

¿Santiago y Adamir?… si lo meditaba un poco tenía sentido, no? dos hombres adultos… sacudió fuerte la cabeza para borrar la imagen de ellos desnudos y enredados en la danza del placer… no soportaba la visión.

Adamir no era su amante… ni su pareja… ni nada!!! Se había ilusionado en la esperanza de creer que podría verlo de otra manera…  Pero que idiota era!!! La conversación que escuchó de Nazir y Sergio era equivocada… Adamir jamás le había confirmado que tuviera un sentimiento hacia él… no era especial ni diferente… todo estaba en su mente y en su imaginación desbordada… la explicación lógica era que no había nadie más para calmar la ansiedad que Adamir sentía por estar en la ciudad y en espera de noticias sobre Santiago… él era el escape, el alivio del amo mientras esperaba a que se recuperara su amigo!!!…  seguía siendo usado como un esclavo!!!  pero… ¿y todo lo que le había comprado? ¿y las risas juntos? ¿y las miradas? … quizás..

-. Hasta cuándo???!!! – gritó desgarrado en el dormitorio, perdiendo fuerzas y dejándose caer de rodillas al suelo – ¿hasta cuándo sigo siendo estúpido.?

Adamir estaba aburrido y lo había convertido en su diversión porque no tenía nada más que hacer… comprar, pasear, salir a cenar… era una distracción mientras hacía tiempo esperando por Santiago… esa era la verdadera explicación…

Max estaba tan enojado consigo mismo que necesitaba golpearse… cerró ambos puños y los dejó caer con fuerza sobre sus sienes repetidas veces, apretando los labios para no gritar y llorar.   Estúpido, estúpido… mil veces estúpido.

No le cabía en la cabeza la facilidad con que se había dejado embaucar… tantas instancias que había desperdiciado conquistado por una sonrisa o una caricia… hambriento de atención… Habían jugado con él y él se los había permitido… maldición!! Si que era un estúpido.

Se llevó las manos a la cara intentando exprimírsela y causarse daño

Tonto y retonto

Se había desviado del plan original a causa de regalos caros y cariño falso… Seguramente se habían reído de su ingenuidad a sus espaldas… tres adultos experimentados frente a un mocoso… nunca tuvo oportunidad.

-. Max! ¿estás aquí? – Sergio golpeaba la puerta

¿Dónde más podía estar?

Debería estar lejos de todos ellos y aquí mismo seguía como el tonto que era

Su imaginación y necesidad de afecto lo habían confundido…  se había equivocado en grande!!!

Adamir solo se divertía con él

Sergio no era su amigo

Y él se llevaba el premio al más estúpido del mundo

Pero ya no mas…

Ahora sí que iba a escapar como diera lugar!!!

Tenía que prepararse y actuar de prisa.

-. Max!! Abre por favor

Se negaba a responder pero Sergio seguía insistiendo. No quería verlo ni hablar con nadie… que se fuera al demonio!!… él y los malditos hermanos!, todos malditos!!!

No!! no podía hacer eso.

Tendría que hacer un último esfuerzo para no despertar sospechas y hablar con Sergio… pretender que todo estaba bien si quería salir adelante con su plan de escape. Nadie sospechaba de él hasta ahora… Oh Dios!! esto también incluía compartir el lecho con Adamir… no iba a poder hacerlo…

-. Max!!!

Los gritos de Sergio subían de volumen e iban a llamar la atención de todos

-. Ya voy – respondió intentando sonar calmado y corriendo al baño a lavarse la cara. En su mente iba fraguando el plan de escape.

El rostro afligido de Sergio se ensombreció aun  más al ver a Max. Las huellas de las lágrimas eran evidentes en sus ojos rojos

-. ¿Qué pasó? ¿te molestó lo que te conté?… no tenía intención de.. – Sergio estaba apenado y se sentía culpable.

Max se preguntó por qué se molestaba en fingir.

-. No me molestó – respondió forzando una sonrisa – solo me sorprendió

Max comenzó a caminar de vuelta a la cocina. No quería mirar a Sergio, no sabía cuánto tiempo podría mantener la máscara de felicidad en su rostro… no era bueno para fingir

-. Eso fue hace muchos años.

Sergio lo seguía

-. No tiene importancia. ¿Ya está la pizza? – preguntó para forzar un cambio  de tema

-. Cielos! Tu pizza!!

Sergio corrió en dirección a la cocina, adelantando a Max.

-. Ayúdame a sacarla

Sergio mantenía el horno abierto y le extendió a Max un guante para que se protegiera del calor. De mala gana, Max lo recibió y se lo puso de prisa. Sergio sostenía la rejilla mientras Max tomaba el molde de metal con la pizza caliente y dorada. Un olor sabroso llenó el ambiente. De pronto, Max se descuidó y  el guante resbaló de su mano.  Tanto el molde caliente como la pizza aterrizaron sobre el antebrazo de su mano derecha.

-. Max!!!

El molde producía un ruido sordo al chocar con el piso de cerámica pero el grito de dolor de Max era más fuerte

-. Ay no!!! Por Dios!!

Sergio tiró del chico hasta poner su antebrazo bajo el chorro de agua fría y retirar con cuidado los restos de queso fundido que se le habían pegado a la piel.  Max había dejado de gritar para dar paso a un gimoteo callado y lágrimas contundentes por sus mejillas.  Le dolía intensamente. Tenía unas feas marcas de quemadura en todos los tonos del rosa al morado.

-. No muevas el brazo del agua fría!!! – le ordenó Sergio a Max – Tu!.. Ve a buscar a Don Nazir!.. de prisa, niña!!!

La ayudante de cocina salió corriendo

Cuando Nazir y Adamir entraron a la cocina, Sergio sostenía el antebrazo de Max en el lavadero con agua y hielo.

-. Max se quemó. Necesitamos llevarlo a emergencias!

Adamir empujó a su hermano y corrió hasta Max

-. Mierda!! pero.. ¿cómo?.. ¿qué pasó?… vamos a emergencias..

Envolvieron el brazo en hielo. Adamir lo sostuvo todo el rato. Nazir conducía y Sergio explicaba una y otra vez como había resbalado el guante y se había producido el accidente.

-. Es una quemadura de segundo grado – explicó el médico de la sala de emergencias dando instrucciones sobre la crema que tenía que usar, los medicamentos para el dolor y la prevención de una infección.  El área de la quemadura no era extensa pero Max aun no recuperaba la voz. Todo se reducía a pulsante dolor, ampollas y carne quemada.

Le inyectaron algo para calmarlo, limpiaron y vendaron el área.  Volvieron a casa.  Adamir lo condujo hasta el dormitorio y le ayudó a desvestirse. Se metió con él en la cama y comenzó a arrullarlo con palabras dulces y cariños tiernos… No se explicaba porque el llanto quedo de Max aumentaba en vez de disminuir. Quería tranquilizarlo. El chico se había curvado sobre sí mismo y parecía un ovillo encogido. Adamir cruzó sus brazos con cuidado para mantenerlo acunado.

-. No vas a volver nunca más a la cocina… no te voy a dejar

“pero me gusta… quiero aprender…”

-. Sergio no debió pedirte que lo ayudaras. Para eso tiene personal

Era mi pizza favorita… él estaba enseñándome… o eso creía yo… ya no sé…

-.  No quiero que vuelvas a exponerte a ningún peligro

Debes estar de broma… me arrojaste maniatado a una piscina para matarme…

-. Tranquilo… sé que duele pero estoy contigo… no te voy a dejar

Si… duele… duele por todos lados

El medicamento hacía su efecto y a Max se le cerraban los ojos. Adamir lo mantenía abrazado… sentía el dolor de Max como si fuera suyo… verlo encogido en la cama le hacía sentir impotencia y frustración. Quería quitárselo… protegerlo,  mantenerlo a salvo.  Lo acercó un poco más. Ambos estaban desnudos y el cuerpo de Max seguía siendo el más hermoso y apetecible del planeta, sin embargo, la pena le ganaba en este momento… no había en su mente espacio para pensamientos o deseo sexual cuando Max necesitaba cariño y cuidado. Lo acarició con delicadeza.

-. Dejaremos el paseo de mañana para otro día- sugirió Adamir besándole el pelo

-.No! Por favor. Quiero ir. Voy a estar bien

Le había prometido un viaje en el teleférico de la ciudad. Max se había entusiasmado mucho ya que nunca había subido en uno.

-. Ya veremos cómo amaneces mañana, de acuerdo?

Por favor, por favor.. tenemos que ir, no puedo quedarme más tiempo encerrado aquí.

-. Descansa ahora, Max – Adamir se acomodó manteniéndolo arrullado.

A Max se le cerraban los ojos y se le enredaban los pensamientos… el medicamento surtía efecto… el brazo ardía como el infierno pero él se sentía liviano y cómodo… el cuerpo de Adamir lo envolvía y era muy agradable… era  duro y masculino… como una roca sólida sobre la cual apoyarse… se llevaría la chaqueta de cuero y todo lo valioso que pudiera caber en sus bolsillos… esperaba tener tiempo en la mañana, mientras Adamir se duchaba, para recolectar unas cuantas cosas valiosas… ¿iba a tener una cicatriz muy fea en el brazo? … quizás podía esconder algo bajo el parche…. no podría ir donde Mati… le daba pena saber que mañana tampoco iba a subir al teleférico… escaparía…

-. Es una ocasión perfecta…– murmuró en voz alta, casi dormido

-. ¿Qué cosa? – contestó Adamir también a punto de dormirse

-. El teleférico…

-. Duérmete ya – respondió Adamir, reprendiéndolo con ternura.

 

Quién sabe qué cosa le habían inyectado pero el efecto fue fulminante. Max abrió los ojos cuando ya había transcurrido la mitad de la mañana.  Estaba solo en la habitación.

-. Ay no!

Quiso saltar de la cama pero el dolor le recordó que no podía moverse con libertad.  Como pudo, se lavó y vistió. Se aseguró de estar solo en la habitación y, aguantándose el dolor, preparó su chaqueta de cuero echando algo en cada bolsillo. Se tomó la libertad de investigar entre las cosas de Adamir. Sonrió triunfante al encontrar un poco de dinero en el maletín.  Con la chaqueta preparada, salió del cuarto.

-. ¿Cómo estás?! Debiste llamarme para que te ayudara – Sergio se acercó a saludarlo

-. Estoy bien

-. Adamir salió hace rato. Fue a ver a Santiago pero dijo que volvería por ti.

Claro.  Santiago.  La razón por la que estaban en la ciudad. No importaba. Ahora, lo único que le interesaba era que viniera por él y salieran. ¿Llevarían al guardia también? Daba igual. Estaba listo y decidido esta vez.

 

SANTIAGO

-. No sé dónde está el chico – alegó Santiago con seriedad.

Ni Nazir ni Adamir le creyeron, pero ese no era el punto principal que tenían que tratar.

-. Así es que no quieres volver a la isla – preguntó Nazir usando su mejor tono y estampa de dominio. Era efectiva. Santiago no estaba acostumbrado.

-. No voy a volver. Quiero hacer algo distinto

-. ¿Y ya sabes que quieres hacer?- demandó Nazir.

Santiago se buscó las manos con la mirada. Estaba obsesionado con aprender a usarlas

-. No. aun no sé… pero aprenderé cualquier cosa – podía construir algo con sus manos… o cargar cosas o quizás manejar una máquina…

-. Voy a darte un trabajo – decretó Nazir haciendo que tanto Adamir como Santiago lo miraran asombrados

-. Cuando salgas de aquí, te daré un puesto en los astilleros. Empezaras de abajo… aprendiendo de a poco, pero al menos tendrás un trabajo seguro

Santiago no tenía palabras… Nazir le ofrecía un trabajo de verdad!!! Era una oferta muy generosa, sobre todo considerando que él no sabía hacer nada ni tenía estudios

-. Un trabajo… en los astilleros??… – balbuceó aturdido

-. Si. Le pediré a uno de mis hombres de confianza que te enseñe.

Santiago había estado entre ellos el tiempo suficiente como para oler que esta oferta no era causada por la simple bondad.

-. ¿Por qué? – preguntó Santiago

Santiago y Nazir intercambiaron miradas

-. Porque necesitas un trabajo…

Santiago sintió la tensión en el ambiente

-. Y porque de esa manera me puedes mantener vigilado… – concluyó dirigiéndose a Adamir

-. Han sido muchos años juntos – replico Adamir – me preocupa lo que pase contigo

Cierto. Él era una preocupación ahora. No le tomó demasiado esfuerzo entender como calzaban las piezas de este ajedrez. Los hermanos estaban en su cuarto porque necesitaban encontrar a Matías y además, muy importante, asegurarse su lealtad y silencio. He ahí la verdadera razón del generoso ofrecimiento de Nazir.

Santiago echó la cabeza hacia atrás con un ademán de cansancio… no era una mala oferta… no pensaba traicionarlos… no le importaba mucho que pasara con su vida pero la traición no figuraba en sus planes…  mucho menos buscar a Matías. Había hecho todo este sacrificio para regalarle la preciada libertad y no iba a estropearlo ahora apareciéndose a reclamarlo y echandole a perder su vida… Dios!! Moría de angustia al pensar en él… estaba con Clara… tan cerca … Villa Canela… una hora de distancia. Maldición!!! Tendría que ser fuerte… extremadamente fuerte para estar viviendo solo a sesenta minutos de él y no ir a buscarlo…

A menos que…

-. Acepto, pero tengo una condición

Adamir iba a replicar molesto pero el gesto de Nazir fue para que Santiago se explicara.

-. ¿Qué condición?

-. Trabajaré para tu empresa, no me importa que me vigiles ni que trabajo insignificantes me des para comenzar. Quiero aprender, sé que puedo hacerlo – hasta ahí todo iba bien –  pero… no quiero vivir aquí. Envíame a cualquier parte del mundo… tienen sucursales en otros países… no te costaría mucho enviarme lejos

La petición resultaba inesperada… ¿acaso había enviado a Matías a otro país? Cómo es que deseaba ir a “cualquier parte del mundo”? ¿O solo quería alejarse de ellos?

-. ¿Qué tan lejos quieres ir?

-. Cualquier parte. Si me envías a otro continente me iré feliz – había un poco de suplica amarga en las palabras de Santiago

Si tenían sucursales en otros países y distinto continente. Nazir analizó de prisa en su mente, la solicitud de Santiago. No era mala idea que se alejara…  Habría que planear específicamente dónde y de qué manera enviarlo y mantenerlo bajo control

-. Nos pondremos de acuerdo cuando salgas de aquí – la voz de Nazir seguía siendo firme pero estaba aceptando.

Santiago suspiró con alivio y pesar a la vez cuando se quedó solo.  Era lo mejor… tendría un trabajo seguro y un océano de distancia entre él y Mati. Cerró los ojos… las lágrimas derramaron igualmente por el costado de sus ojos. Su niño… su precioso niño esclavo de ojos verdes, carita tierna y piel de terciopelo. Nunca más. Sería como si hubiera muerto en aquel acantilado.

 

MAXIMILIAN

Adamir se dirigió directo hacia Max al volver a la casa. Lo abrazó por la espalda y sostuvo su brazo herido

-. ¿Cómo estás?

Adolorido, pero no quiero esperar

-. Bien. Casi no me duele

-. Eres un chico valiente – Suspiró Adamir aliviado. Le alegraba escuchar eso, su preocupación disminuía y las molestias de la conversación con Santiago se disolvían ante la hermosa visión. Hundió su cabeza en el cuello de Max, oliendo y besando

-. Entonces… aún quieres ir al teleférico

Max se estaba aguantando todo… por un lado el dolor del brazo, por otra parte intentaba reprimir las emociones contradictorias que  Adamir provocaba en su cuello… no quería sentir el agrado que le despertaban los besos suaves y el que sus brazos le cruzaran la cintura… NO!!!… todo era falso.. solo lo seguía usando como un objeto… Quería empujarlo lejos pero no podía. Sin poder soportarlo, se giró de prisa dando un paso atrás, para quitarlo de su piel

-. Si. Por favor. Vamos

¿Qué? ¿Era su tono de voz?, ¿la mirada? ¿había hecho algún gesto sin querer?…

Adamir lo miraba como si supiera que algo había cambiado.

-. ¿Qué te pasa?

Maldición!! ¿Cómo podía saberlo con tan solo mirarlo unos segundos??!!!

-. Nada… – encogió uno de sus hombros, ladeó la cabeza y se obligó a sonreír – quiero salir

Su gesto pareció surtir efecto. Adamir volvió a calmarse.

-. Está bien. Te lo prometí

Bien!! Todo estaba saliendo como quería. Por fin la balanza se inclinaba a su favor

-. Voy por mi chaqueta

-. No hace frío

-. Es… para proteger mi brazo

Si claro,  pensó Adamir.  Max está enamorado de su nueva chaqueta de cuero y la usaría aunque hubiera 40 grados

-. Estoy listo

Miraba expectante. Quería partir de inmediato… tan de prisa que Adamir olvidará el guardia.

El amo sintió que se le ablandaba el corazón y las rodillas al verlo de pie ilusionado, esperando… “Es adorable… parece un niño… diablos! Es un niño… es menor que los hijos de Ilam que están en la universidad!!” El pensamiento fue muy molesto en su mente. ¿Por qué tenía qué importarle eso ahora? Max estaba bien a su lado, estaba feliz, hermoso y mejor que cuando andaba robando en la calle.

-. Ven acá – no aguantó las ganas de tocarlo. Sin embargo, fue él quien se acercó a Max para abrazarlo, cuidando de no rozar su brazo.

Max se puso rígido… tenía los bolsillos de la chaqueta llenos y podía notarlo… una distracción!!… rápido!!!. Levantó la cara y usando su brazo izquierdo atrajo a Adamir para besarlo… no quería hacerlo… solo era porque tenía que distraerlo… en verdad no quería…

-. Max

“La despedida… un  último beso”, pensó Max cuando los labios de Adamir le mostraron lo expertos que eran y  se sintió atrapado en su propio juego. La pasión fue emergiendo peligrosamente

-. Quiero arrastrarte al dormitorio – susurró Adamir sobre su boca, bajando las manos hacia sus nalgas.

No.. no!! el teleférico! con mucha gente y espacios…

-. Solo te salvas porque ofrecí llevarte

Max sonrió nervioso y aliviado…

-. Vamos. El teleférico nos espera.

Adamir lo tomó de la mano izquierda y lo condujo hacia la salida.

Subieron al automóvil. Solo estaban ellos dos y el chofer. Max no podía creer su suerte.

-. ¿Hacia dónde, señor?

– Vamos al teleférico – Adamir seguía mirando a Max

Max le devolvió la mirada… se estaba despidiendo.

 

 

M&M CAPITULO 74

7

CAPITULO 74

ADAMIR.

Sabía que era real, pero se sentía como si hubiera entrado en una realidad alternativa… como si en verdad no fuera él quien estaba en ese lugar a esa hora. El cambio era demasiado repentino… transportado bruscamente a un paisaje de su vida anterior.  Anochecía en la ciudad y la vista hacia la bahía, desde la hermosa casa ubicada en un sector alto y privilegiado, era simplemente maravillosa. Caminaba tras su hermano en dirección a la entrada principal de la casa de sus padres. Creyó que nunca volvería a caminar por los senderos del jardín que tan bien conocía… delicadamente iluminados mostrando la grandiosidad de la propiedad que había sido  su hogar y  luego, terreno vedado por muchos años. Ahora la puerta principal estaba tan solo a unos pasos…   Nazir presidía la marcha. Adamir lo seguía en silencio, observando a su alrededor… reconociendo el paisaje por donde había jugado de niño, notando los cambios, las similitudes… los recuerdos afluían… se veía a sí mismo corriendo entre los arbustos jugando con su otro hermano… Ilam.. Dios!  Se detuvo de golpe… ¿Cuántos años desde la última vez que se habían visto o hablado? No sabía nada de él… pero tampoco necesitaba saber… ¿qué importaba?… ¿Acaso no fueron ellos los que lo expulsaron?… Ilam… ¿estaría aquí está noche?… el ceño fruncido denotaba  algo más que su nerviosismo… Estaba dudando. No le gustaba sentir que no tenía  el control de lo que pasaba.  Su mente se negaba a aceptar lo que sucedía… ¿Qué razón tenía para pasar por esto?… ¿para qué los necesitaba en su vida?…  estaba bien así, sin ellos…

. ¿Adamir?

Escuchar su nombre lo hizo sobresaltarse.

Nazir lo miraba comprensivo… sabiendo que era mejor no presionar ya que Adamir estaba al borde de dar media vuelta y desaparecer.

-. ¿Estás listo?

Nazir lo tomó del brazo justo frente a la puerta de entrada.

Adamir asintió sin quitar sus ojos de la puerta, el corazón latiendo de prisa y una suerte de electricidad en sus venas. Alguien abrió de inmediato

-. Buenas noches, Don Nazir, Don Adamir. Sus padres los esperan en el salón

Fue el primer impacto inesperado. Reconocía esa voz… Saul, el mayordomo!! Era increíble que siguiera trabajando en el mismo lugar… estaba más viejo pero era el mismo hombre leal a la familia… Adamir tuvo ganas de sonreírle pero el hombre  era muy profesional y serio, actuaba como si nada sucediera… como si los años de ausencia no hubieran existido.  Delante de ellos, los guió hasta la sala… Adamir caminaba como si pisara algo delicado… todo… reconocía todo… quizás había cambios de pintura y de muebles, pero podía ver su infancia y adolescencia desfilar entre esas paredes…

Se mantenía firme… su rostro no mostraba la turbación que sentía.

-. Han llegado sus hijos, señor

Saúl abrió las puertas del salón. Había una luz cálida que se distribuía iluminando la estancia familiar. Su padre se acercó a recibirlos. Nazir iba delante y le correspondió el primer saludo del hombre, un cálido apretón de manos

-. Nazir… hola hijo

Y luego ya estaba frente a él…

Su padre sonreía con una conmovedora tristeza. Adamir tuvo la impresión de que había envejecido un poco más desde que lo viera en los astilleros esa misma mañana… sus ojos…  No pudo sostener la mirada ni tampoco fue capaz de rechazar la mano que le extendió

-. Adamir… bienvenido

Buscaba el sonido de sus palabras para responder pero entonces escuchó la voz de su madre y ya no pudo pensar. Estaba en el sillón de espaldas a ellos

-. Dónde está? – preguntaba ella a Nazir en un murmullo bajo… su voz se escuchaba entusiasmada pero carente de fuerza.

¿Cuántos años que no sentía un escalofrío subirle por la columna y la garganta tan cerrada que costaba respirar?

-. Está aquí mismo, mamá

Nazir le respondió a su madre con dulzura y le hizo un gesto a su hermano para que se acercara. Adamir rodeó el sillón hasta que pudo verla… su boca se abrió pero no habían palabras… su madre… esa señora delgadísima que le extendía las manos y sonreía con lágrimas… los mismos gestos, los ojos más viejos… el pelo en el moño alto que recordaba pero había perdido color y brillo… La enfermedad se le notaba por todos lados

Adamir estiró sus manos automáticamente en respuesta al movimiento de ella; inmediatamente sus manos fueron apresadas por dedos pequeños y huesudos.

-. Hijo… por fin… mi hijo

Un suave tirón de sus manos y almomento siguiente Adamir era abrazado por su madre… en solo un segundo las emociones retenidas por años lo impactaron de golpe haciéndolo estremecerse y sentirse débil… abrazó a su madre con el corazón oprimido y solo entonces recordó respirar

-. Mamá

No sabía cuánto echaba de menos a su madre hasta ese momento…

-. Está bien, hijo. Todo está bien ahora

Su madre le acariciaba el pelo largo… ella lo tranquilizaba a él!!!

Adamir pestañeó para quitar el exceso de agua de sus ojos

-. ¿Ya ves que era verdad? Te dije que vendría

Su padre interrumpió la escena para situarse al lado de ella y traspasarle sus fuerzas. Un gesto pequeño… un significado inmenso. Ella miró a su marido con los ojos llenos de agradecimiento y emoción.

-. ¿Estamos todos?

La pregunta la hizo quien recién ingresaba al salón. Un hombre muy parecido a Adamir, un poco más bajo y menos llamativo, aunque usaba el pelo corto y vestía un formal terno gris que Adamir jamás usaría pero indudablemente era su hermano

-. Ilam

La excusa del recién llegado le sirvió a Adamir para recomponerse y estrechar a su hermano. Sonrieron contentos de verse… se palmearon la espalda varias veces y se miraban curiosos.

En el sillón, el padre se había acuclillado al lado de su mujer y le sostenía las manos con cariño. La mirada de ambos sobre sus tres hijos, finalmente juntos.  A pesar de todos los años juntos, él seguía estando enamorado de su mujer y dadas las circunstancias actuales, su única misión en el mundo era hacerla feliz por el corto tiempo de vida que le quedaba. Reunir a sus hijos era lo más importante y el destino le había tendido una mano al encontrar a Adamir en los astilleros.

Destaparon una botella de fina champaña. Bebieron, mirándose todos con agradable sorpresa… la tensión subyacente… la conversación educada y  prudente… las preguntas sutiles y las respuestas moderadas

-. La cena está servida, señora

Pasaron al comedor. Otro momento de emoción que disimular para Adamir… se vio corriendo con sus hermanos alrededor de la mesa… las cenas juntos cada noche cuando niños.  Tomó asiento frente a su madre. No podía quitarle los ojos de encima ni ella a él.

-. Tienes el pelo muy largo – dijo ella

Instintivamente, Adamir se llevó una mano al cabello.

-. Si. Me gusta así

-. Te queda bien… te ves muy bien

Hacía mil años que Adamir no sentía que tuviera que responder por sus actos… justificarse por llevar el pelo largo o por no vestir terno como Ilam o por no estar presente cada día… pero su madre era todo dulzura y debilidad. Ella apenas movía la comida en el plato, sin tocarla. Solo tenía ojos e interés por Adamir.

-. ¿Dónde vives, hijo?

El absoluto silencio que siguió a la pregunta dejó ver la tensión del momento.

-. Vivo lejos. Solo estoy de visita

-. ¿Estás casado? ¿Hay nietos que no conozco? – ella sonreía con tristeza

La pregunta desconcertó a Adamir. No estaba acostumbrado ni le gustaba ser el blanco de un interrogatorio.  Pero se trataba de su madre enferma y se le notaba la ansiedad por saber más sobre. Luego de un incómodo silencio, Adamir delineó una sonrisa falsa

-. No madre. No te has perdido ni matrimonio ni nietos.

-. ¿Vives solo, entonces? – había lástima en la pregunta que lo hizo sentir molesto

Adamir, en el límite de su aguante, cruzó su mirada con la de Nazir. Encontró en su hermano la paciencia y fuerza que necesitaba. Respiró profundo antes de responder.

-. Estoy bien. Estoy rodeado de muchas personas

-. Los chicos de Nazir vienen a vernos cada quince días… Ilam está casado y tiene tres hermosos  hijos

Eso era un reproche… sus hermanos tenían hijos.

-. Si… mi mujer y yo tenemos tres chicos – explicó Ilam con orgullo – el mayor ingresó a la universidad este año.

Ilam tenía un hijo en la universidad?!!!

-. Debes conocer a tus sobrinos. Son encantadores

Su madre desbordaba cariño por sus nietos

-. Me gustaría mucho – respondió Adamir educadamente

-. ¿Vas a quedarte en la ciudad por algunos días? – Ilam preguntó esperanzado

-. Yo… si. Posiblemente un par de días.

-. ¿Qué te trajo a la ciudad?

Su padre formulaba una pregunta muy simple pero la respuesta era imposible

-. Negocios

Un nuevo silencio y rostros incómodos

Entonces, fue el turno de ella

-. ¿En qué trabajas, hijo? – soltó como si hubiera tenido la pregunta atorada por años en la garganta

Adamir esperaba esa pregunta desde hacía muchos años .

-. Exportaciones – respondió firme y seguro

Técnicamente era una respuesta correcta.

-. ¿Y qué exportas? ¿Te va bien?

Adamir escuchó las preguntas de Ilam pero se tomó unos segundos antes de responder. Tenía que cambiar el tema, distraer la atención de su vida y trabajo.

-. Si. Me va bien. ¿Y a ti? ¿Qué haces?

La sonrisa confusa de Ilam y las miradas entrecruzadas de todos ellos le dijeron a Adamir que había hecho una pregunta equivocada

-. Trabaja en los astilleros, conmigo – aclaró Nazir

¿Nazir e Ilam trababan juntos??!!! ¿Todos estos años habían estado juntos??!! ¿Y nunca le había dicho nada?… pero!!!… Dios! Era un extraño en su propia familia… Había pensado que Nazir le diría… que él… ¿Qué tenía que decirle si nunca se había interesado en preguntar por ellos?… no le habría dicho de su madre ni estarían aquí si no fuera por la casualidad de encontrarse… En ese momento, más que nunca, Adamir sintió ganas de levantarse y desaparecer…  volver a su anonimato y seguir con su vida sin ellos… sin ninguno de ellos, incluyendo a Nazir… era una traición… no sabía a qué ni porque pero la cercanía de Nazir con su familia se sentía como una traición

-. Adamir, hay un puesto para ti en el negocio de la familia

¿Cómo?… Se giró de golpe a mirar a su padre… todos esperaban atentos a su reacción… ¿un puesto para él?… ¿en los astilleros?... sonrió burlón sin poder evitarlo… Estaban locos!!! él ya tenía un negocio fantástico… ¿Él encerrado en una oficina de los astilleros??!!!

Volvió a sentir una puntada de dolor agudo en el centro del pecho y su respiración perturbada… ¿Cómo era posible que estuviera perdiendo el control de esta manera?.. ¿Por qué estas personas podían alterarlo tan fácilmente?…

La delicada mano de su madre cruzó la mesa para posarse sobre la suya

-. Piénsalo hijo. Volveríamos a estar juntos…

La tensión estaba a máximo nivel. Necesitaba retomar el control…. urgentemente

Adamir levantó su mano y la posó sobre la de su madre, acunando su pequeña mano entre las suyas

-. Lo tendré en cuenta, madre – palmeó suavemente la mano.

Podía con ellos, podía con todo.

Ilam habló de su familia. Su madre se lamentó de su estado de salud y lo mucho que demoraba en sanar… su padre la confortó diciéndole que pronto estaría mejor.

Nazir y él se levantaron de la mesa en cuanto terminó el postre. Su madre había recordado cuál era su favorito y lo habían preparado. Apenas comió un par de cucharadas. Solo quería salir de allí de prisa.

-. ¿Volverás a conocer al resto de la familia? – preguntó su madre cuando ya se habían despedido y caminaban hacia la puerta

-. Volveré – prometió Adamir retrocediendo y abrazándola con cuidado… seguramente sería la última vez que sentiría el olor y el cariño tan familiar. Si había una próxima visita sería para el funeral de su madre

-. Gracias… gracias – repitió su padre estrechándole las manos una y otra vez

No cruzaron palabra mientras se dirigían hacia donde estaba el auto. Tampoco hablaron hasta pasados varios minutos

-. No va a durar mucho – dijo Nazir

Silencio

-. Papá se va a venir abajo cuando ella se vaya – volvió a hablar Nazir unos minutos más tarde

Adamir no respondía… ni siquiera lo miraba

-. ¿Tienes algo que decir?

-. ¿Tienes tú algo que decir? – el tono de voz peligrosamente cerca de un grito acusatorio

-. ¿A qué te refieres? – Nazir no se quedaba atrás

-. ¿Ilam trabaja contigo? ¿Conoces a su familia? Has estado viendo a nuestros padres toda tu vida!!!

-. No sé cuál es la razón de tu molestia! No fui yo quien se alejó de la familia – Nazir estaba controlado y frío

-. Fueron ellos quienes me echaron!!! Me acorralaron, ¿ya no recuerdas?

-. No respondiste cuando te preguntaron; lo que hiciste fue tomar tus cosas y largarte sin ninguna explicación

-. Explicación!! Debería haberles explicado mi negocio??!!.

-. Mentiste ahora. Bien podrías haber mentido 15 años atrás

-. ¿Así como lo hiciste tú?

-. No. Yo no les he mentido. Ellos no saben que soy parte de tu negocio. Nunca me han preguntado

Nazir no había tenido que mentir; él había permanecido cerca de su familia y había conseguido todo en la vida: tenía a sus padres, sus hijos, el negocio familiar y a la persona amaba. No sabía dónde estaba la traición de Nazir pero claramente, algo le molestaba y no estaba bien.

Cuando Nazir estacionó el auto en su casa, justo antes de bajar del vehículo, volvió a hablar

-. No te volverán a preguntar sobre tus negocios. Te han perdonado. Tienes las puertas abiertas nuevamente para estar con  tu familia.

Adamir permaneció con la vista fija al frente sin realmente ver nada.

-. Tengo que volver pronto a la isla. Ya llevo mucho tiempo en la ciudad.

No quería hablar después de una noche tan recargada de emociones y falta de control. Lo único que deseaba era entrar al cuarto donde estaba Max, abrazarlo, verlo sonreír, desnudarlo y escucharlo gemir cuando lo tomara a su gusto. Max no ponía problemas en su cabeza… Max era lo contrario; le aclaraba la vida y lo hacía sonreír.

Bajó del auto y caminó de prisa al encuentro con él.

Era tarde. Max lo esperaba desnudo en la cama pero estaba despierto. Levantó la cabeza en cuanto lo sintió abrir la puerta.

El rostro disgustado y serio de Adamir cambió nada más verlo estirar sus brazos y sonreírle.

-. Te estaba esperando – dijo Max suavemente

-. Ya llegué – respondió Adamir tirando lejos su ropa y arrojándose de lleno en medio de los brazos extendidos hacia él.

 

 

MATIAS

Clara sostuvo fuertemente la caja en la que transportaba las pequeñas plantas y retuvo el aire en los pulmones al salir al patio; se llevó las manos a la boca en un gesto de asombro y alegría y caminó con cuidado. Estaba observando a Matías y por fin había un signo de interés en el rostro de su hijo. Seguía estando muy delgado y con aspecto de desvalido… se encontraba acuclillado al borde de la tierra recién removida y estaba muy concentrado observando la tierra… tanto, que no la escuchó acercarse hasta que estuvo a su lado.

-. Hola hijo

Mati levantó la vista. No respondió ni sonrió pero aún así Clara mantuvo su alegró… ver que algo, por fin, despertaba el interés de Mati era maravilloso.

-. Entonces… aquí van las frutillas y en esta parte de acá los tomates? – preguntó él clavando sus preciosos ojos tristes en Clara.

-. Si. Frutillas y tomates. Tendremos frutos a fines de la primavera

Matías asintió exhibiendo la primera sonrisa en semanas. Se acomodó en torno al rectángulo de tierra que Clara había estado preparando desde hacía varios días. Necesitaba hacer algo para ocupar su tiempo y su mente desde que Mati había comenzado la escuela y una pequeña huerta con frutillas era un regalo para su hijo. Lo había invitado a trabajar con ella cuando lo veía mirando por la ventana con la vista perdida en el mar y los pensamientos quizás donde… pero Mati invariablemente respondía

-. Después…

Y el “después” nunca llegaba. Podía permanecer horas, inmóvil como una estatua de rostro triste, hasta que ella le recordaba que tenía que comer o ver sus libros de la escuela o acompañarla a alguna parte.

-. ¿Cómo estuvo la escuela?- preguntaba Clara cada día

Matías se encogía de hombros sin cambiar la expresión indiferente

-. Bien

“bien”… siempre estaba “bien” pero no decía nada, no había señales que le indicaran como había sido recibido, si  conversaba con algún compañero de clases, si buscaba un amigo o de que algo en la escuela captara su interés lo suficiente para sacarlo del capullo de apatía que Mati estaba tejiendo a su alrededor.

Clara y él habían ido juntos a matricularse a la escuela que estaba a un par de cuadras. Fueron bien recibidos por el director. Clara se presentó como su madre y mostró los papeles de identidad falsos de Mati que fueron aceptados sin problemas. Comenzó a asistir a clases al día siguiente en un curso más bajo al que le correspondía por edad, pero los conocimientos de Matías no eran suficientes para estar más avanzado y Clara pensaba que era una tontería exigirle demasiado. Clara  tenía un documento de la escuela de Villa Canela

-. Mi hijo estuvo enfermo mucho tiempo y perdió muchas clases. Por eso va atrasado

El director se mostró comprensivo. Clara sabía tratar con ellos

-. ¿Y dice que usted es profesora? Podía presentarme sus antecedentes. Necesitamos maestros.

Papeles… antecedentes. No tenía documentos falsos que presentar. Los verdaderos si los tenía pero sería fácil rastrear su nombre y encontrarlos…

-. Si… es que yo… ya estoy retirada

-. ¿Tan joven?

-. Dedico todo mi tiempo a mi hijo. Solo somos los dos

El director estaba genuinamente interesado pero no quiso ser entrometido preguntando sobre el esposo o padre del chico

-. Podría hacer clases en mi domicilio… para los alumnos que estén atrasados

Clara había visto como los maestros que se retiraban seguían generando ingresos ayudando con clases particulares a los alumnos más atrasados

-. Es una buena idea, señora. Debemos conversar sobre ello. ¿Podría volver el viernes?

Clara asintió encantada. Eso era lo bueno de los pueblos pequeños. Había pocos profesionales y mucha necesidad de ellos. Quería tener sus propios ingresos. El dinero que les había dejado Santiago era bastante pero estaba destinado a la educación de Matías.

El primer día de clases, Clara se levantó temprano y preparó un desayuno contundente que Matías apenas picoteó, como siempre.

-. Come un poco más, por favor

Sin oponerse, Matías tomó una tajada más que mordisqueó por la orilla…

-. Ya me voy. No necesitas acompañarme.

-. Pero…

-. Estoy bien, Clara. En serio.

Sus ojos verdes eran diáfanos y hermosos… vacíos… inexpresivos.  Como echaba de menos verlos alegres.

Partió caminando hacia el colegio con una mochila colgada en la espalda… delgado, pequeño… Clara tenía ganas de correr tras él y abrazarlo, envolverlo en una capa protectora con su cariño para que nada  pudiera dañarlo, pero Matías no se veía nervioso ni asustado.  La descripción de él en ese momento era de indiferencia y eso la preocupaba

Quería saber más así es que ese día,  al verlo tranquilo con las manos en la tierra del patio, decidió intentarlo nuevamente.

-. ¿Cómo son tus compañeros de clases? – preguntó

Matías arrancó una minúscula maleza en el borde del terreno preparado

-. Mmhh. Están bien 

-. Y los profesores

-. Bien…

Si no tuviera que ser la piedra de tope para sostenerlo, Clara habría gritado su frustración.  Su hijo llevaba una semana asistiendo a clases y ella no sabía nada. ¿Lo trataban bien? ¿Lo habían acogido con cariño?, ¿eran buenos chicos?… ¿le hablaban?… ¿Cómo eran los profesores con él?.. ¿Estaba muy atrasado?.. ¿Necesitaba ayuda para entender? Desesperaba por saber todas esas respuestas y no conseguía ninguna. Mati era como un zombi obediente y silencioso dando vueltas por la casa. La acompañaba a todas partes y hacían todo juntos pero aunque estaba físicamente a su lado, su corazón y mente se habían escapado hacia un lugar inalcanzable.

-. ¿Podemos poner las plantas ya?

Había una nota de entusiasmo en la pregunta. Clara prestó atención. La alegría era apenas notoria en la cara de Mati pero fue suficiente para hacerla olvidar la frustración.

-. Claro que si

Vio como Matías hundía sus manos para revolver la mezcla de tierra húmeda… se notaba que disfrutaba del contacto con la tierra arenosa del patio. No era de la mejor calidad como en Villa Canela, pero sería suficiente para tener frutillas.

-. Mati, súbete las mangas… te vas a ensuciar los puños

Matías cesó todo movimiento… sus manos completamente sucias

-. A ver… déjame ayudarte

Clara dejó el cesto con las plantas y se agachó a su lado. Ella tenía las manos limpias

-. Yo puedo!! – saltó Matías retrocediendo.

Clara estaba confundida

-. Pero mis manos están limpias…

-. Me las subiré yo– respondió tajante el chico, poniéndose de pie y alejándose en busca de la llave del agua para enjuagar sus manos. Su rostro volvía a estar serio y el ceño fruncido. Dobló apenas el borde de las mangas, con mucho cuidado y paciencia. Las muñecas de sus delgados brazos aparecieron… la piel blanca y delicada. Matías no salía a tomar el sol. La huerta del patio era una excepción.

-. Ahora estoy bien – dijo retornando a la tarea

Clara pensó que no servía de mucho lo que había hecho; los puños seguían muy cerca de sus muñecas. Está bien. Tendría que restregar la suciedad más tarde… pero no dijo nada. No quería estropear el momento en que Matías por fin estaba interesado y disfrutando de  la huerta que construían.

Mati se concentró en la pequeña plantita que sostenía a punto de plantar… sus raíces colgaban llenas de pequeños terrones enredados, parecían lengüetas tristes… ¿estaba la plantita triste como él?… No. las hojas, aunque pequeñas, se veían lozanas y fuertes. Mejor así. No quería frutillas tristes. Ahuecó el terreno con una herramienta y estiró el brazo para poner la planta. Movió todo el cuerpo hacia adelante. No quería que la manga subiera por su brazo y dejara más a la vista… Clara no entendería aunque tratara de explicarle…

 

Matías descubrió como ayudarse al segundo día de haber llegado a su nuevo hogar. A pesar del desgano, Clara lo convenció con sus ruegos de acompañarla a conocer el barrio, las calles y el camino que debía tomar para llegar a la escuela. Fueron pasando lentamente por las calles y tomando nota de los pequeños negocios… frutas, verduras… un poco más adelante una tienda de quesos locales… ropa… artículos de ferretería y una farmacia.

-. Acompáñame aquí dentro un momento

Matías la siguió sin cambiar el aire de apatía y desinterés. Escuchó como Clara conversaba animadamente con quienes serían sus nuevos vecinos en el pueblo… lo llamó para presentarlo como su hijo y él saludaba pero no recordaba rostros ni nombres… le daban la bienvenida al pueblo… Matías se obligó a levantar la vista para ver a la dependienta que tan cariñosamente le hablaba… estaba detrás de un mostrador de vidrio en el cual se exhibían productos corrientes de farmacia…

Matías no se dio cuenta que el sonoro gemido, como un grito que retumbó en el lugar, había escapado de su garganta hasta que las miradas estuvieron todas sobre él

-. Hijo ¿Qué sucede?!

Como si le hubieran inyectado energía, Matías corrió hacia la calle y Clara corrió tras él.

-. Espera.. Mati… espera!!

Pero no se detuvo hasta llegar de vuelta a su casa, encerrarse en el que ahora era su cuarto y dar rienda suelta a los gritos y llantos que lo estaban ahogando. Clara entró unos segundos más tarde, alarmada y jadeando

-. Que… Mati, ¿por qué lloras?

Instintivamente lo acogió en sus brazos

-. ¿Fue la mujer? ¿te pasó algo en la farmacia? ¿Qué tienes, hijo?

-. Yo… no sé… ya pasó – dijo secándose los ojos y dando a entender que no iba a hablar nada más

Clara sintió la frustración apoderarse de ella. Una vez más Matías le cerraba la puerta a su corazón. Sin embargo, ella se negaba a dejarlo hasta no saber cómo ayudarlo. Estaban en un lugar nuevo dónde esperaba que todo fuera distinto y su relación con Matías funcionara mejor

-. ¿Qué puedo hacer, Mati? ¿Cómo te ayudo? – preguntó angustiada

Matías percibió la preocupación y se dio el tiempo para alzar su vista y mirarla. Clara… la hermana de Santiago… la que había dejado su casa y su trabajo, sus amistades en Villa Canela… todo por cuidarlo y protegerlo… ella sí había hecho lo que Santiago le prometió pero no pudo cumplir… ella si… Un torrente de lagrimas lo inundó y se abrazó a la mujer entendiendo por primera vez el sacrificio que él significaba en la vida de Clara.

-. Lo siento… lo siento… no volveré a hacerlo.

La reacción del menor tomó por sorpresa a Clara. Sentirse abrazada por él y que la buscara para cobijarse en su regazo era bueno… muy bueno.

-. Tranquilo… tranquilo hijo.

Se mantuvieron abrazados por largo rato hasta que ambos se calmaron.

-. Ya estoy tranquilo – dijo Matías – Me sentí incómodo conociendo personas nuevas.

Su forma de hablar tenía una rara mezcla de tranquilidad y frialdad. Matías finalmente había dado un paso fuera de su propio dolor para comprender la gran renuncia que había hecho Clara por él; dejar atrás toda su vida por acompañarlo. Su corazón se llenó de un sentimiento  cálido que le había provocado lágrimas y agradecimiento. No era Santiago… ya nunca sería él quien lo acogiera en sus brazos y lo protegiera y amara, pero Clara estaba ahí, viva, preocupada y cariñosa… tenía mucho que agradecerle… no tenía idea qué habría sido de su vida si Clara no estuviera…

-. No volveremos a hablar con tanta gente – dijo ella preocupada

-. No. Está bien Clara. Los conoceremos de a poco.

-. Mati… ¿Estás seguro? – Clara podía sentir que “algo” estaba cambiando pero no podía determinar que era.

-. Si. Tengo mucho que aprender

Y así fue como comenzó una nueva relación en la que Matías siempre estaba “bien” y nunca expresaba nada que la disgustara o le permitiera a ella, echar un vistazo dentro de lo complicado de su vida… Matías estaba con ella todo el tiempo que no asistía a la escuela pero sus ojos, su mente y su atención vagaban en un lugar al cual Clara no tenía acceso. Su comportamiento era mejor; Matías obedecía, no daba problemas… apenas si hacía ruido para revelar su existencia. Era como si hubiera decidido ser amable con ella pero nada de eso convencía a Clara.

El afán que observaba en Matías por la huerta era el primer signo de emoción real que veía en él desde hacía días y por ello no quería perturbar el momento.  Tenía muy claro que Matías no estaba bien aunque pretendiera parecerlo.

Y, por supuesto, ella tenía toda la razón.

 

Agujas

Jeringas hipodérmicas con agujas de diferentes tamaños exhibiéndose en la vidriera de la farmacia…

Un corto circuito en su mente y la sensación de adrenalina corriendo caliente por su cuerpo pequeño… comenzó a sudar… sangre ardiente llenando su pene e inflamando su mente con tan solo verlas… y recordar…

Agujas…

Su piel se erizó por completo.

Metal filoso brillante… dolor intenso

Aaahhhhh… se estremeció perdiendo el control y echando a correr… no soportaba la visión…

 

Lo había intentado muchas veces.

Desnudo bajo las sábanas, en la soledad de su cuarto, intentaba encontrar en sus propias caricias el alivio que necesitaba para calmar el dolor que le mordía el alma.  Había pasado del sexo diario a la completa abstinencia y eso era agónico, frustrante.  Pero tocarse no era suficiente… no lograba el efecto que buscaba… Se revolvía inquieto… se frotaba hasta el cansancio… golpeaba la cama y se aguantaba los gritos del fracaso… a veces, y tras mucho trabajo, lograba provocarse una eyaculación que lo dejaba enojado y desengañado. Un instante insignificante de placer solitario y decepcionante…

Nada se podía comparar con lo que Santiago le había hecho sentir…

Dios!! Volar a su lado, guiado por sus manos y experiencia había sido la mejor sensación del mundo… éxtasis que duraba horas… un mundo privado de placer en el que se perdía por horas acunado en sus brazos… protegido y amado… y era horrible pensar que ya nunca volvería a sentir  aquello.

A la salida de la escuela uno de aquellos días, caminó por el pueblo hasta encontrar otra farmacia. Luego, corrió a casa y  se encerró en el cuarto con su precioso tesoro bien guardado en la mochila.

La primera aguja que atravesó la delicada piel de su nalga causó que algunas lágrimas de dolor escaparan de sus ojos… pero no se detuvo… la sensación de placer fue aumentando con cada aguja que penetraba su piel, ahuyentando cualquier otro efecto… solo cerró los ojos e imaginó que las manos de Santiago lo clavaban… No había abrazos ni besos, ni el calor de un cuerpo junto al suyo… pero podía imaginarlo… Ni siquiera tuvo necesidad de tocar su miembro para que el orgasmo se fuera construyendo, electrizante… unos cuantos pinchazos mas y el semen salió disparado reduciéndolo a un manojo de gelatina satisfecha… los piquetes de las agujas le trajeron la calma que no podía conseguir de otra manera. Suspiró agradecido.  Su cuerpo  por fin experimentaba satisfacción después de tanto tiempo.  Y era fácil suponer lo que vendría a continuación. Ahora, sufría el maltrato de los pinchazos a diario. El dolor lo tranquilizaba como si fuera una bendición.

Matías había encontrado una forma de sentir que Santiago no lo había abandonado del todo.

 

SANTIAGO

Despertaba de golpe y siempre era una repetición de lo mismo; saltaba en la cama al darse cuenta que caía, el aire desaparecía… no podía respirar en el agua oscura que lo arrastraba furiosamente en un remolino… se golpeaba contra  rocas filosas que cortaban su carne…

-. Mati!!!

Se agitaba en la cama y trataba de gritar su nombre pero algo obstruía su garganta y lo sumía en una dolorosa desesperación… sus ojos parpadeaban furiosos hasta lograr abrirse… la luz era cegadora… había personas desconocidas y maquinas con luces que parpadeaban. Estaba vivo… no sabía cómo ni por qué, pero en los breves segundos en que recuperaba la consciencia, se daba cuenta que seguía vivo.

La mejoría de Santiago se hizo notoria el día que le quitaron el respirador artificial y sus pulmones se llenaron de aire sin ayuda externa.

Adamir aparecía todos los días a saber de su estado pero solo le permitían verlo a través de un cristal. Su aspecto maltrecho cambiaba a diario; una venda menos, una herida que se cerraba o un órgano que se recuperaba, aunque sus ojos permanecían cerrados y su mente dormida. El buen estado físico de Santiago antes del accidente era una gran ayuda. Adamir veía los cambios y se volvía ansioso

-. Él aun no puede mantenerse despierto por más de unos cuantos segundos. Es un acto casi reflejo pero es una buena señal. Esperamos que eso cambie pronto. – repetía el médico

-. ¿Cuándo puedo hablar con él? – preguntaba impaciente, sujetándolo e imponiendo su presencia. Tantos días de espera le agotaban la paciencia. Si no fuera por Max no habría soportado más en la ciudad.

Quería ser el primero en hablar con Santiago.  Tenía motivos importantes. Quería que su rostro familiar fuera el primero  en dar la bienvenida a su amigo de vuelta al mundo y, por otro lado, no sabía qué efecto había tenido todo esto sobre la mente de Santiago…  existía la posibilidad de que despertara y comenzara a hablar revelando secretos y poniendo en peligro su vida y negocios.

Además estaba Nazir y la tensión que había quedado en su relación de hermanos luego de los últimos acontecimientos.  Lo presionaba recordándole a diario el peligro que corrían mientras Matías fuera un fugitivo. Por estas razones, Adamir se presentaba  dos veces al día en espera de un cambio.

La mañana del décimo día, Santiago abrió los ojos de madrugada con la sensación de despertar de una larga pesadilla de terror. Haciendo un duro esfuerzo, mantuvo los ojos abiertos y recorrió las paredes blancas y los monitores que vigilaban su estado. Las luces parpadeantes herían sus ojos. Intentó moverse pero sus músculos estaban blandos y adormilados… además, había correas asegurándolo a la cama y pesados vendajes y yesos. Vio personas moverse… alguien se fijó en sus ojos abiertos

-. Bienvenido de vuelta– lo saludó una mujer que llevaba uniforme blanco y que se acercó de inmediato a examinarlo

-. Soy la doctora Gonzales, ¿Sabe cómo se llama? – preguntó sosteniendo sus párpados y alumbrando sus ojos con una molesta linterna

-. Santiago… – respondió con voz  temblorosa que no parecía la suya

-. ¿Recuerda que le pasó?

Si… claro que recordaba todo… Mati se había ido y la vida no tenía sentido…

-. Caí al mar

Santiago arrastraba las palabras y le costaba hablar. Pensar en Matías era doloroso.

La mujer siguió con más preguntas y al terminar de auscultarlo y le dedicó una sonrisa

-. Le haremos algunos exámenes más tarde pero todo parece estar bien.

Santiago quiso estirar su mano que saltó en un movimiento muy torpe. Tenía muchas preguntas que hacer

-. No se preocupe. – dijo ella – Es parte del proceso. Recuperará la movilidad y el control de sus movimientos de a poco

-. ¿Dónde estoy?… ¿cómo llegué aquí?

La doctora respondió sus preguntas  con paciencia informándole sobre el daño que había sufrido y quien le había traído.

Santiago escuchó y suspiro largamente

Estaba vivo… y seguía conectado a Adamir.

 

Adamir supo la  buena noticia a primera hora del día y de inmediato se presentó en la clínica, acompañado de Nazir.  Debido a la delicada condición del paciente solo a uno de ellos le permitieron estar con Santiago por unos cuantos minutos.  Adamir se encontró nuevamente en una situación que le disgustaba: no sabía con exactitud que debía decir… si comenzar por pedir perdón por haberle fallado tan gravemente, o gritarle su enojo por intentar matarse o abrazarlo y alegrarse porque estaba vivo.  Ganó lo último… Adamir no entendía que le pasaba… desde hacía unos días se comportaba diferente y se sorprendía sensibilizado y emocional… reía con Max y su humos cambiaba bruscamente de la alegría al enojo.

Entró al cuarto lleno de ímpetu por la buena noticia de la inminente recuperación de Santiago… pero se detuvo al verlo y darse cuenta que, aunque su amigo hubiera recuperado la consciencia  y volviera a respirar sin ayuda, estaba aún muy lejos de volver a ser el mismo de antes.

Los ojos oscuros de Santiago lo miraban entre vendajes, costras y moretones. Fue un alivio volver a mirarse

-. Hola

Se acercó y posó su mano en el brazo de Santiago.  Su piel estaba tibia y el contacto fue emocionante

-. Hola – respondió Santiago con voz rasposa

-. Te traje en cuanto te encontraron. Estas en las mejores manos. Vas a salir de esta. Todo va a estar bien

Adamir hablaba rápido… estaba nervioso… quería infundirle ánimo… era una situación nueva.

-. Me preocupaste mucho… –  tuvo que callarse por temor a que sus sentimientos afloraran demasiado… su voz sonaba insegura

Santiago le devolvió una mirada igualmente cargada de emoción. Breves segundos de comunicación como la que habían tenido antiguamente.

-. Los médicos dicen que te estás recuperando.  Tus pulmones ya funcionan bien… 

-. Fue un milagro que el buzo te encontrara…

Adamir hablaba pero los ojos de Santiago lo seguían, ansiosos y alterados… en silencio… como si estuviera preguntando algo más. Entonces Adamir entendió y le cambió la cara

-. Tienes que decirme donde está.

Santiago le devolvió una mirada sin expresión. Adamir bajó el tono de voz y explicó con urgencia

-. Es necesario recuperarlo. Estamos en peligro mientras ese chico esté libre.

Santiago cerró los ojos y suspiró largamente. Su rostro se relajó y una sonrisa curvó la comisura de sus labios.

Adamir retrocedió un paso al darse cuenta de lo que pasaba; Santiago estaba sonriendo porque él acababa de confesarle que Matías seguía libre y ellos no sabían su paradero

-. No voy a dañarlo- le aseguró–  pero tenemos que encontrarlo

El esfuerzo físico y emocional había cansado a Santiago  y no volvió a abrir los ojos. Adamir había respondido todo lo que necesitaba saber. Matías estaba bien. Nada más le interesaba.

Los minutos terminaron y Adamir salió de la habitación frustrado y preocupado. Nazir lo esperaba inquieto.

-. ¿Te dijo dónde está el chico?

Adamir negó. Le molestaba reconocer frente a Nazir lo que había pasado allá adentro con  Santiago. Confiaba en que su amistad prevalecería por sobre cualquier otra cosa y que el control que siempre había ejercido sobre Santiago finalmente lo haría entrar en razón y le diría.

-. Aun está muy débil

Nazir movió las manos en el aire en un claro gesto de contrariedad

-. Debes obligarlo. Si el fugitivo comienza a hablar… – dejó la frase sin terminar pero ambos sabían las implicancias.

-. No ha hablado hasta ahora – afirmó Adamir pensando en las semanas que Matías había estado lejos y ganándose una mirada furiosa de su hermano mayor

Lo encontraremos – aseguró.

Él sabía cómo hacer que Santiago hablara. Solo era cosa de tiempo. Estaba contento de que Santiago hubiera vuelto. Resolverían pronto el asunto de Matías y regresarían a la isla. Añoraba volver a su normalidad… dejar la ciudad y todo lo que aquí había… el dolor en los ojos apagados de su padre, la esperanza vana en el rostro ceniciento de su madre… Hasta su relación con Nazir estaba tirante. Volver a la isla con Santiago y Max… Max de su mano… todo sería como antes, mejor que antes.

Sus pronósticos resultaron completamente errados.

Las visitas al cuarto de Santiago se repitieron a diario durante tres días. El tiempo de cada visita se fue alargando a medida que el paciente mejoraba. En cada visita, Adamir repetía la pregunta sobre el paradero de Matías.

-. Tengo que saber dónde está. ¿Entiendes el peligro que significa que esté libre?

-. Él no va a hablar

Santiago ni siquiera se alteraba para responder.

-. Pero hay que recuperarlo!!! No voy a dañarlo… solo… dime donde está

-. Él no va a hablar

-. No tienes ninguna seguridad!! Puede cambiar de opinión en cualquier momento!! – Adamir comenzaba a exasperarse

-. No. Él no va a decir nada – repetía Santiago porfiadamente

-. Santiago, estamos en peligro mientras el chico este libre. No solo yo sino tú también! Todos nosotros!

La mirada de Santiago le indicó a Adamir lo que había comenzado a temer: a Santiago le importaba una mierda lo que pasara con su vida… le daba igual estar en el hospital, la cárcel o en cualquier lugar. Retrocedió preocupado y empezó a dar trancos largos por el cuarto… se llevó las manos a la cabeza. ¿En qué momento había perdido su control sobre Santiago?.. mierda! Esto lo enojaba… estaba resultando imposible… y Nazir sobre su espalda apremiándolo.  Todos estaban en riesgo con Matías en libertad.  Le quedaba una carta por jugar… arriesgada, pero era todo lo que tenía

-. Yo…  dejaré que lo tengas por más tiempo en la isla – dijo de frente a él en la cama.

Santiago se asombró al darse cuenta de lo mucho que conocía a Adamir. Esperaba esa propuesta… Si tan solo la hubiera dicho meses atrás. Sus labios se curvaron en una sonrisa triste y cruel que se veía aun peor en su rostro con marcas de heridas y rasguños. Levantó las manos y se las miró intensamente… sus manos inútiles… las que solo servían para castigar y causar dolor…

-. No volveré a la isla

Ojos oscuros contra ojos dorados…

Unos tranquilos y cansados… los de Adamir furiosos y brillantes

-. De qué demonios estás hablando? – pregunto marcando deliberadamente cada sílaba

-. No voy a volver

Adamir se tomó un minuto para entender… el corazón le latía agitado en el pecho… la rabia amenazaba con hacerlo estallar

-. No puedes

La mirada pacífica de Santiago le dijo que si podía

-. Estás loco??¿Cómo vas a vivir?

Santiago movió los hombros para indicar que no le importaba

-. Tienes que volver a la isla conmigo. No tienes otro lugar donde ir!

-. Ya te dije. No voy a volver.

-. ¿Es por él? ¿Por el chico? ¿Crees que podrás vivir con él y ser felices?

-. No voy a buscarlo

Había tanta tristeza y convicción en la respuesta de Santiago que Adamir le creyó.

Esto no podía estar pasando.

-. Escucha…  Estas recuperándote de un daño muy severo. Cambiarás de opinión. Sé que lo harás cuando mejores

-. No voy a cambiar. No volveré. Tengo una segunda oportunidad y no voy a malgastarla nuevamente.

A pesar de que las palabras de Santiago habían sido pronunciadas en tono suave, Adamir retrocedió como si hubiera recibido un puñal en el pecho… “malgastar”…” Malgastar su vida?”

-. Eres un sádico ¿Crees que puedes vivir de manera normal?– la amabilidad había desaparecido

-. No lo sé. Nunca lo he intentado… pero puedo aprender

Santiago no tenía temor de hablar… a decir verdad, cualquier cosa que  pasara con su vida le daba igual. Sin Matías, su única esperanza radicaba en aprender a usar sus manos… volverlas útiles… No quería nada de la vida… no se explicaba porque estaba vivo.

-. Escucha. Vuelve a la isla conmigo y, si quieres, puedes llevar al chico a vivir contigo. Buscaremos una solución.

-. Yo no…

-. Te dejaré ahora para que lo pienses. – interrumpió Adamir gravemente serio-  Volveré mañana a buscar tu respuesta definitiva

Dejó la habitación caminando con trancos largos y firmes, sin importarle ser objeto de miradas de admiración de quienes se cruzaban con él.

Santiago quería dejarlo.

Su vida había sido “malgastada” a su lado…

Santiago ya no era su amigo, ya no volverían a compartir conversaciones ni a planear formas de ganar dinero con los chicos esclavos.

Si se iba… Dios!! Necesitaba pensar. Hablarlo con Nazir. Esto los involucraba a ambos y los ponía en serio riesgo. Era imposible  olvidar que Santiago sabía demasiado para dejarlo partir.