M&M CAPÍTULO 77

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CAPITULO 77

SANTIAGO

Santiago fue dado de alta unos días más tarde. Sus heridas estaban sanas en general, pero no era el mismo de antes; le costaba trabajo caminar, tenía tornillos sujetando su rodilla y cojeaba; varias cicatrices cruzaban su piel, especialmente su mejilla. Requería de kinesiología para terminar de recuperarse. Sin embargo, estaba desarrollando casi una obsesión: Santiago se miraba las manos cada vez que el desánimo amenazaba con ganarle; sus manos estaban sanas y tenía como meta, aprender a trabajar con ellas.

Nazir lo llevó a los astilleros tal cual había ofrecido y le presentó a un supervisor, hombre de su confianza.

-. Él va a enseñarte lo que necesitas aprender

Durante la siguiente semana Santiago observó atentamente todo lo que el experimentado hombre le explicaba, sabía que estaba siendo vigilado pero no le importaba; no tenía ya nada que ocultar. Por ahora no hacía más que seguirlo y aprender; tenía que entender la lógica del proceso partiendo de cero. Quería usar sus manos pero aún era demasiado pronto, se cansaba con facilidad, su cuerpo necesitaba reposo. Al terminar su horario de trabajo, asistía a la terapia de ejercicios. En cierto modo era una bendición que la llegada de la noche lo encontrara muerto de cansancio. Se olvidaba de comer y se dormía de inmediato sin tiempo para pensar.  El día siguiente era una repetición del anterior.

El lugar que Nazir le había facilitado para vivir era un piso pequeño cerca del muelle donde vivían muchos empleados. Comía en el casino junto a todos ellos. El cambio con su vida anterior era inmenso pero Santiago no se quejaba ni se rebelaba.  Aceptaba lo que fuera porque esta era una nueva vida… Ponía atención a las explicaciones del supervisor ya que Nazir le había prometido que en cuanto aprendiera bien cómo funcionaba una sección lo pondría a trabajar y luego que adquiriera experiencia, lo enviaría fuera del país. Esa era la única meta que Santiago tenía en su vida. Cualquier otro pensamiento que acudiera a su mente era descartado de inmediato. Aprender, trabajar, partir lejos. Para todo el resto funcionaba de manera automática.

Nazir lo mantenía en su radar todo el tiempo, directa o indirectamente. Estaba pendiente de los movimientos de  Santiago, que hacía o con quien hablaba. Hasta ahora, no había ninguna señal de que Santiago quisiera algo diferente a lo que tenía

-. ¿Cómo vas? – pregunto Nazir cuando acudió a verlo

Ya estoy entendiendo como funciona esto

-. Bien. Sigue así y ya pronto podrás quedarte a cargo de un turno

Santiago asintió. Se veía serio e interesado en aprender.  El resto de su vida era plana

“¿Qué habrá pasado con el chico fugitivo?”

Nazir pensaba en eso y se preguntaba mientras viajaba de vuelta a su hogar. Había salido temprano de la oficina para visitar a su madre; había sido internada esa tarde con una violenta recaída. Luego de verla y acompañar a su padre unas horas, Nazir se quedó sin ganas de volver a la oficina. No sabían cuánto tiempo más podría  resistir ella. Todo era dolor y pesimismo. Sergio y su hogar le parecieron el único lugar donde quería estar en ese momento. Los empleados le informaron que Sergio estaba en la casa pero no lo encontró ni en la sala, cocina, jardín o dormitorio… Comenzó a preocuparse y marcó su número en el teléfono. El sonido se escuchó retumbar cerca de él… en uno de los cuartos de visita.

Nazir entró al dormitorio que había ocupado su hermano y Max mientras estuvieron de visita.

-. ¿Qué haces aquí?

El cuarto estaba en penumbras. Sergio sentado de espaldas a él, con los hombros caídos y la mirada perdida. Se movió inquieto al escucharlo entrar

-. Nada. Estaba… revisando

Nazir podía reconocer todos los estados de ánimo de Sergio con solo observarlo unos segundos. No le gustó la tristeza que percibió en él. Dejó de lado sus propias preocupaciones para asumir su papel de protector

-. ¿Qué sucede?

Ahora que estaba de frente le veía los ojos rojos y evidentes señales de llanto. Se preocupó de inmediato. Sergio era alegre y cariñoso; verlo llorar y decaído lo inquietaba.

-. Nada. No es importante

Sergio no lo esperaba en casa aún. Había sido sorprendido y no tenía preparada una excusa para sus lágrimas.

Nazir se acuclilló poniendo una mano sobre cada pierna de Sergio

-. Cualquier cosa que te haga llorar es importante. Dímelo

Esa voz controlada, exigiendo con dulzura y firmeza… Sergio sabía que era el amo pidiendo explicaciones. Tenía que hablar pero no quería. Iba a llorar de nuevo si lo hacía y además… ¿cómo le explicaba?

-. Estoy triste – partió por lo más simple y evidente

-. Si, ya me di cuenta y quiero saber que te entristece

Sergio respiro agitado. Pensar hacía que su garganta se cerrara y las ganas de llorar volvieran

-. Max se fue enojado – respondió de prisa

Nazir se tomó unos segundos para analizar lo que escuchaba antes de actuar. La explicación era en verdad extraña. Max?… esa era la razón por la que Sergio andado distraído y triste todos estos días… pero ¿qué importancia tenía Max?

-. Ya se le pasará. Es tan solo un adolescente

Nazir sintió el brusco cambio en Sergio; la respiración dura y los músculos tensos

-. Ese es el problema. Es un adolescente… casi un niño!!!

Sergio estaba alzando la voz y claramente estaba molesto. ¿Qué estaba pasando aquí? Algo más importante de lo pensado… Era muy raro ver a Sergio alterado y más extraño aún que le elevara su voz

-. Sergio ¿Cuál es el problema? – Preguntó Nazir de manera gentil y autoritaria, aun acuclillado frente a él.

Sergio se llevó de golpe la mano a la boca y luego a los ojos… un gesto que demostraba la intensidad de lo que sentía y que Nazir no entendía

-. El problema es justamente ese; Max es un adolescente… es dulce y bueno… y tu hermano lo retiene en contra de su voluntad!!! – la última frase fue expresada casi en un grito de reproche.

Todo se aclaró en segundos. Nazir se puso de pie y su rostro adquirió gravedad. Esto lo tomaba desprevenido y no le gustaba para nada.

-. Deja a Adamir fuera de nuestro hogar – advirtió Nazir

-. No puedo… él vino con Max a mi casa, trajo a un chico que está sufriendo y que me reprochó no ayudarlo – el enojo de Sergio desapareció momentáneamente y dio paso a una profunda tristeza – si lo hubieras visto… me recriminó por no haberlo ayudado a escapar… dijo que yo era tan malo como… como…

Nazir aguardó en silencio. El tema de la Isla no se conversaba en su casa. Alguna vez años atrás lo habían hablado muy por encima al comentar sobre Adamir pero no era algo que Nazir quisiera traer a su casa ni a su relación. Sabía con toda certeza que Sergio no estaba de acuerdo.

-. Yo quería ayudarlo, en serio quería,  pero no pude porque… tu y Adamir…

-. No debes inmiscuirte. No es asunto tuyo

-. Ustedes lo volvieron mi asunto al traer a Max a mi casa!!! – volvió a subir la voz –  yo le tomé mucho cariño… y él estaba dolido y enojado conmigo… estaba tan triste

-. Basta, Sergio. No vamos a discutir sobre Adamir y sus chicos

-. Lo que hace Adamir está mal!!!

Escuchar a Sergio gritarle dejó a Nazir momentáneamente en blanco. Jamás había imaginado discutir con él por este o ningún otro tema… Sergio era la prueba viviente de la docilidad… ¿Qué tan profundo había calado Max en Sergio?

-. Los negocios de mi hermano no…

-. Tú también tienes parte en ese negocio!!! – la mirada de Sergio sobre él era intensa y la voz muy dura– quiero que hagas algo por Max

Normalmente Sergio bajaba la vista y respondía sumisamente cuando Nazir lo miraba tal como lo hacía ahora… pero algo había cambiado y Sergio se atrevía a enfrentarlo… Nazir estaba analizando y pensando. Nunca Sergio le había gritado ni se había alterado por otra persona como estaba ahora… ni una sola vez le había pedido que interviniera en algo…

-. ¿Por qué? – Nazir preguntó recuperando la calma. Quería entender.

-. ¿Por qué??!! Oh Dios!!! Porque es casi un niño, porque lo secuestraron y no sé qué cosas malvadas le han hecho!!!… él estaba asustado… Max es inocente de todo esto!!! Yo no quiero que sufra más…- de pronto el enojo de Sergio perdió fuerzas y su rostro se lleno de llanto que le brotaba del alma – tenemos que hacer algo por él… por favor, amo. Es un buen chico… por favor, Nazir, te lo suplico.

Sergio se arrojó a los pies de Nazir en la mas sumisa de las actitudes, con sus brazos le rodeó las piernas mientras lloraba sin control descargando su pena.  Nazir observaba la escena atónito… el llanto mojaba sus pantalones y Sergio estaba sufriendo. Se debatía entre el deseo de confortarlo y la molestia de lo que ocurría. La isla y Adamir… maldición!!! No quería más problemas por esa causa, menos deseaba ver sufrir a Sergio.

Pasados unos segundos, posó su mano sobre el hombro de su pareja y le dio un suave apretón

-. Deja de llorar

Su orden pareció surtir efecto. Sergio comenzó a calmarse.

-. Levántate

Con deliberada calma, Sergio obedeció, secándose los ojos y conteniendo los sollozos. Conservó la actitud sumisa.

-. ¿Tanto te importa Max?

Sergio asintió moviendo la cabeza y habló con suavidad pero seguridad.

-. Yo no tengo a nadie más que a mis padres y a ti. No es un reproche… no lo tomes a mal pero tú tienes dos hijos… yo nunca voy a saber que se siente tener un hijo

La turbación de Nazir era casi total… hijos!!! ¿De dónde salía todo esto? ¿Qué había estado pensando Sergio?

-. Continúa

-. Max y yo hicimos muchas cosas juntos… le enseñé a bailar y cocinar y… él me miraba como si yo fuera importante, le gustaba estar conmigo y preguntarme… conversábamos, éramos amigos… pero cuando supo que nosotros sabíamos de la isla ya no me quiso más…

Hablaba atropelladamente y en cada frase dejaba ver lo mucho que Max se había adentrado en su corazón y la necesidad de compañía que él no había detectado… Vaya! Parecía lógico. Sergio pasaba mucho tiempo solo en casa y Max había llegado a mostrarle que la vida con amigos o hijos podía ser más satisfactoria creando una necesidad que antes no existía.  No… hijos no… él ya tenía hijos y no estaba dispuesto a compartir el tiempo de Sergio con nadie… pero entendía, en verdad Nazir podía entender a cabalidad lo que Sergio sentía y era conmovedor a la vez que inquietante.

-. De acuerdo. Voy a ver qué puedo hacer por Max

La mirada que Sergio le dedicó fue de absoluta adoración.

-. ¿En serio vas a hacerlo?

Nazir estiró la mano para levantarle la barbilla y obligarlo a sostener la mirada en sus ojos.

-. Cuando digo algo es porque voy a cumplirlo

-. Si… yo sé, lo siento.

-. Pues tienes bastante que sentir ahora

Hablaba el amo

Sergio abrió la boca… como si recién cayera en la cuenta de todo lo que había hecho y dicho… Oh Dios!! le había gritado y reprochado!!! Sus manos cubrieron su boca como si pudiera retener las palabras que ya había lanzado… Bajó la cabeza

-. Amo, discúlpame. No debí gritarte…

Un aire frío corría por la espalda de Sergio.

La mirada de Nazir sobre él era implacable

-. No. No debiste.

Sergio estaba avergonzado más allá de lo que podía expresar con palabras.

-. Ya sabes cuánto te costará esto, no?

Sergio cerró los ojos… Dios!! de seguro no volvería a tener un orgasmo en semanas… pudo sentir el látigo en su piel, las esposas en sus muñecas…

-. Si, amo

Le había dado la razón perfecta a Nazir para castigarlo… Max merecía que él se preocupara y quisiera hacer algo pero no debió gritarle a Nazir ni mucho menos reprocharle nada… podía haberlo conversado sin gritos. ¿Cómo había podido gritarle???!!

-. Si, señor – repitió con más fuerza.

Aceptaría lo que fuera para merecer el perdón. Se sentía mal al pensar que lo había ofendido y aún así, Nazir iba a cumplir su petición y preocuparse de Max.

-. Bien. Voy a hablar con Adamir ahora – el dedo de Nazir subió y bajó por la mandíbula y cuello de Sergio – Tú… espérame en el dormitorio – susurró en su oído

 

Quince minutos después, Nazir ingresó al cuarto que compartía con el hombre de su vida.  Ahí estaba él, desnudo, sumiso y espléndido… arrodillado en posición de espera. Un suspiro de anticipado placer lo tomó por sorpresa… Quizás Sergio lo conocía tan bien que era capaz de leer su pensamiento… de otra forma, ¿cómo se explicaba que recibiera este inesperado premio?… No había nada en el mundo que reconfortara más a Nazir ni le produjera más paz y placer que la dulce tarea de tener a su merced el cuerpo de Sergio y poder dibujar en él. Comenzó a quitarse la ropa saboreando el gozo y la calma

-. Hablé con Adamir. Max está viviendo en su casa. Dice que está bien y tranquilo. Se escuchaba contento

Sergio mantuvo la vista baja. Quería preguntar pero no tenía permiso para hablar.

Pronto,  Nazir estaba a su lado, presionaba la cabeza de Sergio contra su pierna desnuda y le acariciaba el pelo

-. Creo que están bien juntos. Adamir está cuidando de Max

Entraban al cuarto de juegos. Nazir paseó la vista buscando…  cuando encontró lo que deseaba guió a Sergio suavemente hacia allá.

-. De todos modos iremos a la isla a visitarlos pronto

Sergio no pudo contener un jadeo de alivio. Visitarían a Max!!! Podría decirle todo lo que había estado guardando en su corazón. Max era importante para él y quería que lo supiera… Tal vez no podía hacer mucho más que ofrecerle su amistad pero quería que Max volviera a mirarlo con simpatía.

Nazir ajustaba las correas de cuero en sus piernas.  Sergio se calmó, cerró los ojos y se entregó en manos de su amo sabiendo que nadie en el mundo cuidaría mejor de él.

-. Gracias, amo

Sentía la seguridad de las correas sosteniéndolo y la voz de Nazir haciéndose cargo de todo… de su cuerpo, su vida, su problema con Max… todo.

-. ¿Todo bien?

Sus ojos se aguaron al sentir el ajustado anillo que comprimía sus genitales y le impedía la eyaculación.

-. Todo bien, señor

La excitación comenzaba a correr caliente por sus venas.  Nazir era el mejor de todos. Lo amaba con locura.

 

ADAMIR Y GONZALO

-. No debe quedar ningún rastro – dijo Adamir hablando al teléfono y entregándole la ubicación del yate.

-. Nos encargaremos de ello – respondió Gonzalo confiado.

– ¿Algo más?

-. Si. Uno de mis hombres está siendo buscado por las autoridades. ¿Podría protegerlo hasta que se calme el asunto y luego enviarlo fuera del país?

Gonzalo golpeteó la mesa con sus dedos… podía hacer cualquier cosa que le pidieran pero la información que Jorge le había entregado sobre el negocio ilícito que los hermanos manejaban no era de su agrado. Teddy Rojas había estado mezclado en el negocio de trata de blancas… Miguel se había encariñado con una de las chicas que rescataron del último puñado de mujeres que Rojas iba a vender que había quedado a la deriva.  No. La venta de personas no era lo suyo y de hecho, el secuestro y venta de niños adolescentes le producía un profundo rechazo. Destruir evidencia como favor a esta familia poderosa era algo fácil y que no dejaba huella; esconder por semanas a uno de los secuestradores de niños era otro tema

-. Eso le va a costar muy caro – respondió Gonzalo, dejando de lado la amabilidad

-. El dinero no es problema

Era de suponer que respondería algo así, pero Gonzalo se iba a cobrar en algo bastante más difícil de pagar

-. No estoy hablando de dinero

-. Bien, ¿Qué desea, entonces?

Por extraño que pareciera, a Adamir le caía bien Gonzalo. Habían hablado ya en tres oportunidades y había podido notar que se trataba de alguien tanto o más duro que él, directo y eficiente.

-. Preferiría que mantuviera sus negocios fuera de mi país.

Adamir acusó el golpe.  Eran pocas las personas que se atrevían a mostrarse desafiantes con él y mucho menos, a imponerle restricciones. Maldición!  Perdería un país… pero no estaba en condición de protestar o mostrarse arrogante. Arriesgaba consecuencias mayores como cárcel, la ruina y condena total.  Nazir ya había averiguado que Gonzalo era quien mayor poder tenía en el bajo mundo no solo en esa ciudad sino en ese país; era la persona adecuada para lo que necesitaba.  Guardó silencio hasta que pudo controlar su nivel de enojo

-. Usted cumpla con su parte y yo accederé a su petición – respondió apretando los dientes

– Le avisaré cuando todo esté bajo control

Gonzalo cortó el llamado con el ceño fruncido. Nada de lo que le estaban pidiendo era difícil de ejecutar… sin embargo, le molestaba hacerlo. Jorge había hecho un verdadero milagro para encontrar la información oculta en intranet sobre el negocio de Adamir. La venta de esclavos sexuales no era lo suyo. No era un mojigato; sus negocios eran completamente ilícitos pero él no obligaba a nadie a consumir sus productos, mucho menos se metía con menores de edad. ¿Cuántos años llevaban secuestrando y vendiendo niños?… ¿cuántos chicos habían pasado por las manos de esos amos?… ¿Cuántos eran de su país?…

Tomó el papel del escritorio donde había anotado los datos y jugó con la hoja entre sus dedos caminando por su oficina y pensando.

-. Un dólar por tus pensamientos…

Miguel se había reclinado contra el marco de la puerta y lo miraba sonriente.

Gonzalo fijó sus ojos en él…  su Miguel podría fácilmente haber sido una de las víctimas de los secuestradores de Adamir unos años atrás… Miguel calzaba con el perfil de chicos que buscaban. Sacudió la cabeza con brusquedad. Se acercó a abrazarlo sintiendo que debía protegerlo de un peligro que no existía pero el pensamiento le había provocado escalofríos

-. Un asunto que debo resolver de prisa

-. ¿Puedo ayudar?

-. Puedes ayudarme con esto…

Gonzalo tomó la mano de Miguel y la guió directamente a su entrepierna.

Sin demora, Miguel respondió al desafío y comenzó a sobarlo intensificando el contacto… cuando notó que la erección crecía, empujo a Gonzalo contra la pared y comenzó a bajar el cierre del jeans… las manos de Gonzalo le sujetaron la cabeza

-. Ahh mocoso… no te detengas ahora

Primero probó jugando con su lengua… la deslizó a lo largo de la vena hinchada consiguiendo que a Gonzalo se le cortara la respiración y emitiera un jadeo… sostuvo en sus manos los testículos amasando lentamente…  luego abrió la boca para recibirlo… la lengua húmeda y dispuesta…  sabía cómo le gustaba y que era lo que quería en ese momento… Lo conocía tan bien… para Gonzalo, el sexo era distraído y rápido cuando algo lo preocupaba como ahora… casi una vía de escape que lo ayudaba a concentrarse mejor y resolver el problema. Miguel no tenía problema con ello. Sabía bien que cuando estaban en casa y a solas, el sexo cambiaba de nombre y se llamaba hacer el amor y la atención de Gonzalo era toda suya.

 

-. Y.. ¿puedo ser útil en algo más? – preguntó Miguel saliendo del baño de la oficina

Gonzalo hacía tiempo había dejado de temer por la seguridad de Miguel. Le había demostrado sobradamente que tenía meritos para estar donde estaba y hacer bien su trabajo. Lo que a Miguel pudiera faltarle en experiencia lo compensaba con la extraordinaria habilidad con las armas, explosivos y la agilidad de su juventud.

-. Quiero que te encargues de esto

Le extendió el papel con los datos y le explicó la situación.

-. No deben quedar rastros – remarcó – Quémalo todo, lleva explosivos para volar el yate.  

-. De acuerdo – dijo Miguel como si se tratara de algo cotidiano

-. El vehículo está retenido como evidencia. Ya sabes cómo hay que hacerlo

Miguel asintió recordando la cantidad de veces que habían hecho desaparecer información que los inculpaba a ellos o a las otras familias.

-. Al terminar, quiero que me traigas a esta persona. Vamos a esconderlo por unas semanas

-. Oh… ¿No vamos a matarlo? – preguntó Miguel acercándose con un mohín en los labios y jugando a molestarlo

-. No… por ahora no vamos a matarlo – respondió Gonzalo siguiéndole el juego y  buscándole la boca – No vas a ir solo – le informó soltándolo

-. Ghiotto! – gritó Gonzalo abriendo la puerta y sabiendo que lo encontraría merodeando cerca de la oficina de Jorge. Era mejor terminar con todo esto de una buena vez.

 

MAXIMILIAN

El dormitorio era el más hermoso en el que había estado, el paisaje de la playa que entraba por la ventana era espectacular, y por si no fuera suficiente, tras los cristales había una terraza con reposeras para tomar el sol o descansar… disponía de un televisor, música y libertad para ordenar comida o bebidas del casino a gusto, sus ropas nuevas estaban perfectamente ordenadas en perchas y cajones y había recibido la indicación de vestir como quisiera… no tenía ninguna obligación que cumplir más que la de estar disponible cuando Adamir lo solicitara.

Su vida podía considerarse perfecta, no?…

No. No lo era.

Partiendo porque no quería estar en ese cuarto en la isla ni en la casa de Adamir, por cómoda que fuera, porque se recriminaba a sí mismo haberse dejado llevar por el cariño falso mientras estuvo en la ciudad y desperdiciar todas las oportunidades que tuvo de ser libre… como Mati… Matías era otra de sus preocupaciones… habían pasado varios días y pensaba que tal vez Santiago ya lo había buscado y estaban nuevamente juntos… y él encerrado de nuevo en esa isla incomunicada sin posibilidades de salir ni ayudar a Mati ni a sí mismo… ¿Cuánto tiempo iba a estar en la isla?… la perspectiva de pasar el resto de su vida encerrado en este remoto lugar lo aterraba… ¿Qué iba a ser de él?… ¿toda la vida estaría jugando a ser la mascota de Adamir? ¿Aceptando ser el reemplazo de Santiago??… Adamir no había cambiado al llegar a la isla, al menos no de la manera que él había creído. Si algo podía considerarse diferente en él era la manera en que lo trataba y lo buscaba. Aun no había pasado una noche en la cama de su cuarto; se dormía y amanecía con Adamir cada noche. Lo trataba como si aún estuvieran en la ciudad… era… cariñoso

Max se daba cuenta que Adamir tenía mucho trabajo; lo escuchaba conversar con Exequiel y en el teléfono, se oía preocupado y a veces enojado, pero cuando hablaba con él mantenía la calma.

-. Déjame a mi

Y Adamir esparcía con delicadeza la crema sobre los restos de la quemadura y le besaba el hombro con cariño.

A veces, llegaba de improviso al cuarto y se sentaba junto a él en el suelo… lo abrazaba y besaba como si tuviera urgencia de hacerlo

-. ¿Qué estas mirando?

Max respondía y Adamir se acomodaba a su lado, le contaba algunos detalles de la película o de los actores… parecía desconectarse de sus preocupaciones y no tener nada más que hacer que pasar el tiempo con él… correr sus manos por su cuerpo y tomarle la boca por asalto hasta saciarse

-. Tengo mucho trabajo. Vuelvo después.

Y de la misma forma desconcertante en que había llegado, se iba…

Max se preguntaba a cada rato cual era la razón de tratarlo así y tomarse todas las molestias… ¿Qué sentido tenía preparar detalles que compartía con él como si fuera… importante? Le hablaba de cosas que Max muchas veces no entendía y luego, se tomaba el tiempo para seducirlo antes de volverlo loco con sus besos y osadas caricias hasta tomarlo. Max intentaba resistirse y no caer en su juego pero la habilidad del amo le ganaba siempre y terminaba excitado, deseando lo que calificaba como  satisfacción sexual… era un esclavo y la verdad era que no podía negarse pero se cuestionaba su incapacidad para no sentir… quería ser como un robot pero se descubría deseando ser tocado y acariciado de la forma en que lo había acostumbrado.

Lo que más le molestaba era lo que sucedía después

-. ¿Siempre tuviste este lunar?

Con su dedo, Adamir le recorría la piel deteniéndose en cada detalle y dejándole besos suaves… le decía cosas hermosas con voz suave y adormilada… lo mantenía abrazado hasta que se dormían.

La confusión de Max era muy grande… su deseo de dejarse convencer por las caricias y mimos era muy grande… se preguntaba una y otra vez… ¿para qué se molestaba si de todas maneras era su esclavo y estaban en su isla donde podía obligarlo y someterlo como ya había hecho?… ¿Qué pretendía cuando le hablaba y contaba de sus cosas?… era desconcertante cuándo sonreía al verlo y le tomaba las manos con familiaridad y simpleza delante de Exequiel… como si le gustara hacerlo y se estuviera acostumbrando… o cuando se acomodaba a su lado y su mano subía y bajaba por su costado y su estómago acariciandolo mientras hablaba… parecía necesitar tocarlo en todo momento… ¿para qué?.. ¿por qué?… Eso que hacía de ordenar al casino algo especial para comer, o dejarle un dormitorio enorme, libertad para vagar por toda su casa y dejarlo usar sus ropas… ¿Qué esperaba de él cuando lo miraba como si le pidiera algo?

La situación para Max escapaba de su comprensión ¿Qué quería Adamir de él?… ¿solo era el reemplazo de Santiago que no había querido volver?

Por momentos, la actitud de Adamir con él parecía tan real… honestamente lo hacía dudar y volver a preguntarse si aquella conversación que escuchara tendría algo de cierto…

-. Ahí vas de nuevo, tarado – se recriminaba en voz alta.

No podía olvidar que estaba retenido contra su voluntad ni todo lo que Adamir le había hecho antes y de seguro volvería a hacerle si se negaba.

No quería olvidar que Sergio y Nazir sabían y no les había importado

No debía creer que Adamir albergara algún sentimiento por él porque no existían!!! … era su esclavo… Acaso le había dicho que algo era diferente ahora??? No!!! Seguía siendo su esclavo solo que ahora reemplazaba a Santiago o algo así…

Max estaba tan sumido en su enojo consigo mismo que no era capaz de darse cuenta del enorme cambio que se había producido en Adamir… incapaz de ver toda la atención que le prodigaba, de notar como el amo interrumpía sus preocupaciones para dedicarle tiempo y volverlo su constante foco de atención…. su rostro cambiaba al verlo, se daba un momento para mirarlo y sonreír… buscarlo… preguntarle cualquier cosa… abrazarlo… tocarlo. Estaba agobiado por los problemas que intentaba resolver y Max constituía su fuente de energía y paz.

Ciertamente Adamir notaba la inquietud de Max y lo atribuía al cambio de la situación.

-. ¿Te pasa algo? – preguntaba cuando lo veía mirándolo de manera extraña

-. No

Y se lo comía a besos hasta escucharlo gemir y rendirse.  Max era lo más delicioso del mundo. Se escapaba de las obligaciones y se daba el tiempo para llevarlo a la playa y se tendía con él sobre la arena, hablando de temas que nunca había compartido y que Max no sabía apreciar ni entender.

El día que habló de su familia, Max no pudo controlar su curiosidad

-. ¿Qué pasó con tu mamá?

Adamir fijó la vista en el horizonte… el sol se ocultaba en un hermoso atardecer

-. Está enferma. Debería llamarla… – y en un gesto inesperado se volvió hacia Max abrazándolo con fuerza

-. ¿Se va a morir?

Max no tenía noción de familia ni lazos fuertes con nadie más que con Matías. La pregunta era básica y carente de emoción. Max no estaba capacitado para entender la importancia del momento

Adamir suspiró en su oído… la pregunta lo afectaba más de lo que quería admitir.

– . Si. ella… va a morir

-. Yo no conocí a mi mamá…  no tengo familia

Max no podía extrañar a quienes no había conocido… sonaba frío y distante

Adamir lo observó bajo la luz anaranjada del sol, sus sentimientos a flor de piel…

“Yo soy tu familia ahora” 

Sin embargo no lo dijo en voz alta. Solo se quedó mirándolo hasta que el sol se ocultó

 

 

 

-. ¿Puedo ir a ver a Minkim? – preguntó Max una tarde entrando a la sala donde Exequiel y Adamir se encontraban.  Se detuvo intimidado al ver la mirada de reproche que Exequiel le dedicó… lo estudió de arriba abajo.. Max vestía sus ropas nuevas y se veía fabuloso.

-. ¿Quién? – preguntó Adamir levantando la cabeza del computador en que trabajaba para  la subasta, sin entender de quien hablaba.

-. Es uno de los chicos… – su voz perdió fuerza al sentir la actitud de rechazo de Exequiel.

-. Ah! Uno de los Asiáticos. ¿Por qué quieres hablar con él?

-. Nada en especial… Es solo que… me aburro – murmuró

Adamir pensó en la enorme cantidad de trabajo que ellos tenían… La calidad del trabajo de Exequiel no se comparaba con lo de Santiago y Max tenía tanto tiempo desocupado… tal vez… por supuesto!! ¿Cómo no se le había ocurrido antes?!!

-. Bien. Tienes una hora para verlo. Luego vuelves aquí y voy a enseñarte algo para ocupar tu tiempo – respondió entusiasmado

-. Gracias, amo – respondió Max usando esa palabra que odiaba nada más que para calmar la persistente mirada de Exequiel.

Salió de prisa, ansioso ante la perspectiva de ver a su amigo.

-. ¿Por qué le permites tantas libertades?

Adamir se había dado cuenta hacía ya varios días de la incomodidad que la situación le producía a Exequiel

-. Max puede hacer todo lo que yo le autorizo – respondió girando la pantalla del computador que enfocaba la cámara de la sala de esclavos. Quería ver a Max en todo momento.

-. ¿Cuánto tiempo va a estar contigo?

La pregunta de Exequiel molestó a Adamir. La simple sugerencia de que la estadía de Max con él pudiera tener un tiempo de término era desagradable.

-. Max estará aquí de forma permanente. Voy a enseñarle a usar todo esto para que pueda trabajar conmigo

Adamir se había acercado peligrosamente a Exequiel. Vio como su respuesta encendía aun más la molestia de Exequiel

-. Trabajar contigo?? Pero…

-. Es joven, puedo moldearlo a mi gusto. Será un buen ayudante

-. Pero ya cumplió más de un año!!

-. Y eso qué importa? – la conversación era irritante

-. Entonces… ¿no vas a venderlo?

¿Venderlo?…

Era lo lógico que Exequiel preguntara. Max pertenecía al grupo de chicos que habían llegado el año anterior y su tiempo de educación había terminado

-. Max no se vende – pronunció Adamir lentamente, muy indignado, dando por terminada la conversación.

 

MAX Y MIKI

Abrió la puerta de la sala de esclavos con la sensación de que le molestaban sus ropas nuevas… no quería usarlas frente a los otros chicos que habían sido sus compañeros pero estaba demasiado alegre por volver a verlos. Cruzó el umbral lleno de entusiasmo

Los seis chicos escucharon el ruido de la puerta.  Ninguno de ellos lo miró detenidamente sino que al ver que alguien entraba, cayeron de inmediato al piso en actitud de sumisión.

-. No!! Soy yo! – gritó Max contrariado

Ninguno de ellos levantó la cabeza para mirarlo

-. Soy yo – volvió a repetir a punto de llorar – Soy Max

Lentamente algunas cabezas se elevaron y un murmullo con su nombre llenó el silencio.

Max ubicó a Minkim y se dirigió directo hacia él

-. Miki!!! – gritó logrando que el chico se levantara

-. Max…

El instinto de abrazarse fue más grande que la preocupación de ser observados. Se estrecharon necesitando el afecto del uno por el otro

-. ¿Dónde estabas? ¿Qué pasó contigo?

Miki se atropellaba preguntando. Las respuestas tuvieron que esperar hasta que Max saludó a cada uno de ellos y finalmente pudo sentarse con Miki en un rincón apartado

-. Estar tú muy diferente – Miki lo examinaba

Max sabía que se veía diferente pero a él lo sorprendía como su amigo, al pasar unas cuantas semanas, se había vuelto aún más hermoso… Miki tenía algo fino, etéreo, delicado y exquisito que incluía no solo su cuerpo sino sus movimientos y su voz… su belleza provocaba una especie de placidez en el alma de quien lo observaba y escuchaba.

-.Tú también estás distinto – dijo Max

-. No. Yo igual

-. Nada de eso… estás increíble.

Max tomó la mano de Miki… se observaron con cariño… el rostro de Max se dulcificó y una bella sonrisa hizo brillar sus ojos

-. Tengo mucho que contarte – dijo Max comenzando a hablar

 

Adamir había dejado de prestar atención a los últimos comentarios que ingresaban al foro de la subasta y de exasperarse por esperar impaciente la llamada de Gonzalo. Estaba absorto observando a Max… se preguntaba cuantas miles de veces más iba a sorprenderlo como ahora… cuando creía conocer todo de Max se encontraba con que aún había más gestos y lenguaje que no le conocía… la sonrisa que le brotaba del alma.. la cercanía con que tocaba y se acercaba al asiático… la dulzura en sus ojos y los gestos que hacía al hablarle… como ladeaba la cabeza y su pelo caía en cascada… sonreía sin dejar de hablar… se le notaba la comodidad y alegría al estar con su amigo.

Nada de eso lo hacía con él, pensó sintiendo una espinita clavarse en su corazón.

Es de esperarse. A Max le va a tomar tiempo aprender a confiar en mí y estar completamente a gusto a mi lado”

Siguió mirando la pantalla que lo mostraba. Tal vez se habría sentido celoso si no supiera que Miki sería vendido dentro de unos días.  Quería esa actitud relajada y abierta de Max… su confianza total y que le hablara como lo hacía con ese chico. Se esforzaría por conseguirlo… era importante para él

-. Heinrich está haciendo una oferta por el asiático

Exequiel lo interrumpió a propósito. Estaba más que harto de lo que estaba pasando con Adamir y su esclavo. Se había saltado todas las reglas que les exigía a ellos y había instalado al chico en su casa… si hasta lo trataba como si tuviera derechos!!! y más encima estaba pensando en ponerlo a trabaja con él. Inaceptable!!!  Exequiel Llevaba años esperando ser el hombre de confianza del Amo. Lo había intentado cientos de veces pero siempre se encontró con Santiago de frente y salió derrotado.  Pero ahora el puesto estaba vacío y solo él podía ocuparlo… no esperaba que un esclavo del montón entorpeciera sus expectativas… ni siquiera era tan bonito!!! Su esclavo asiático era diez veces más bello!

-. ¿Cuánto ofrece? – preguntó Adamir reconectándose con la subasta

-. Mira! Creo que es la mejor oferta que hemos recibido jamás – respondió asombrado.

 

La hora autorizada por Adamir pasó demasiado de prisa. Max se despidió de Miki a regañadientes, prometiéndole volver cada día a visitarlo y conversar con él… fraguando planes en su mente de lo que podrían hacer juntos. Quizás Adamir le concedería permiso para que Miki estuviera con él en la casa o los dejara ir a la playa. La perspectiva de compartir tiempo juntos lo alegraba y le hacía parecer que su estadía en la isla podía ser menos pesada.

Exequiel se había ido y Adamir lo esperaba con un abrazo. Sus manos incansablemente sobre él, como si hubiera pasado días sin verlo

-. ¿Cómo estuvo?

-. Bien.

-. Max. A partir de mañana vas a trabajar conmigo

-. ¿Qué voy a hacer?

-. Te mostraré

Pasó la siguiente hora enseñándole a Max de qué forma iba a ayudar. Tal como había pasado con Mati, la idea de aprender a usar un computador fue excitante y muy pronto se dejaron absorber por el aprendizaje

-. Tomas nota de cada nueva cifra y la agregas al lado del nombre, entiendes?

-. ¿El nombre que está a la izquierda? – Max aún tenía problemas para mover el mouse pero había comprendido todo fácilmente

-. Exacto! Ese nombre… cada cifra va junto al nombre.

Adamir sonaba complacido. Esperar las ofertas de los compradores y estar pendientes de cada una era un trabajo fácil pero que consumía mucho tiempo. Que Max se ocupara de ello y le permitiera tiempo libre para atender sus otros problemas era muy bueno… y si a eso le sumaba el hecho de que estaría cerca suyo… era doblemente bueno. Se sentía orgulloso de lo rápido que Max dominaba lo aprendido

-. Si es un nombre nuevo lo buscas en esa lista… todos están ahí… sí, eso, ahí mismo… pinchas el nombre, se abre una ventana y pones la cifra al lado, entiendes?

Max sonrió sin poder evitarlo… le demostró  que había aprendido y se sintió satisfecho. Jamás se había imaginado a sí mismo manejando un computador… era fácil! Claro está que solo estaba haciendo algo muy básico pero se sentía importante y contento

-. Ya entendí lo que hay que hacer

-. Vas a ser muy útil estos días entonces

-. ¿Para qué sirve esto? – preguntó Max con inocencia, señalando la pantalla con los nombres de los compradores y las ofertas

Adamir enmudeció y lo miró confundido

¿Cómo que para qué sirve?… es decir...

Sus cejas se alzaron al comprender lo que sucedía: Max nunca había escuchado de las ventas, la subasta y el destino final que tenían los esclavos de la isla… Nadie le había hecho saber que su suerte era ser vendidos a un amo. Adamir retrocedió un paso sin dejar de mirarlo… se pasó las manos por el pelo antes de responder

-. Sirve para llevar un orden – respondió sin entender porqué le ocultaba la verdad a Max

-. Si, pero un orden de qué?

No era el momento de hablar de ese tema con Max. Se lo explicaría más adelante cuando estuviera más a gusto en su casa, con él y su trabajo de ayudante… cuando Max dejara de andar nervioso y se relajara y volviera a ser como había sido en la ciudad…

Optó por sujetarlo de la cintura. Tenía una sorpresa guardada para Max y era un buen momento para usarla.

-. Ven, vamos a comer

Cerró el computador, lo tomó de la mano y lo condujo hasta la terraza de la casa donde lo sorprendió con una mesa decorada con flores y velas. Max miraba asombrado

-. Esto es para ti

Adamir le extendió una pequeña caja envuelta en papel de regalo brillante. Max la recibió con desconcierto… la abrió rasgando todo… dentro estaba su viejo arete

-. Feliz cumpleaños, Max

-. Cómo… yo no…

-. No tienes idea, verdad?

-. No.. no sé

-. Estas aquí hace más de un año. No sé cuando fue tu cumpleaños pero ya tienes un año más

El rostro de Max fue una mezcla de pena y sorpresa… nunca había celebrado su cumpleaños y la mesa era muy bonita con todos esos adornos… miraba su arete, contento de que le fuera devuelto… pero también significaba que hacía más de un año que había sido traído a la isla y privado de su libertad… su boca se abrió para decir algo pero Adamir lo calló con un beso largo y apasionado… con sus manos lo fue girando hasta que Max quedó de espaldas a él

-. Este es mi regalo especial para ti

Le levantó el pelo con suavidad… besó su cuello y aspiró su aroma.

Max sintió el olor del cuero y el frío del metal en su garganta… Adamir abrochó el collar ceremoniosamente… no le había costado nada decidir que quería regalárselo con todo el simbolismo que conllevaba.

Movió a Max para poder admirar la joya que lucía en su cuello. Suspiró satisfecho.

-. ¿Qué es? – preguntó Max llevándose una mano a tocar lo que le había puesto en el cuello

-. Es algo importante, Max. Más adelante vas a entender lo que significa. Debo decir que se te ve muy bello

-. Quiero verlo

-. Después de cenar… vas a tener toda una vida para verlo

-. Pero…

-. Sin “peros”. Ahora cenaremos y luego apagaras las velas de tu pastel cumpleaños.

Un pastel?… para él?… había visto pasteles hermosos en las vitrinas de las tiendas  y también a otras personas apagar sus velas de cumpleaños en la televisión… y Adamir ahora le iba a dar un pastel de cumpleaños…

Max olvidó lo que llevaba en el cuello…

Se sentaron a la mesa a cenar… Max estaba  impaciente al tener que esperar por la torta… tenía 15 años.

Por breves segundos la perspectiva de quedarse en la isla con Adamir no se sintió tan horrible… Estaba Miki para compartir tiempo y entretenerse, no era Mati pero podía ser su amigo… además pasaría horas aprendiendo en el computador y Adamir seguía siendo gentil con él… Max sonrió sinceramente por primera vez en muchos días… sus ojos brillaron de alegría y se preguntó si quizás existía la posibilidad de que Adamir no pensara en él como un reemplazo de Santiago…

 

M&M Capítulo 76

7

CAPITULO 76

El camino hacia el teleférico ascendía por uno de los cerros que bordeaban la ciudad. Max veía los carros en altura pasar sobre ellos… parecía divertido… Algún otro día de su vida subiría de verdad a un teleférico. Por ahora, iba tomando nota del paisaje y, mentalmente, preparando la ruta de escape. Había menos casas y mas vegetación… tendría que descender por entre medio de los árboles, sorteando las casas… al llegar abajo se dirigiría hacia las calles más apartadas… caminaría de prisa, se quitaría su chaqueta y la llevaría enrollada en la mano. Llamaba demasiado la atención y era fácil de reconocer… no se detendría por nada del mundo hasta llegar a un lugar dónde se sintiera seguro. No sabía cómo abandonar la ciudad pero ya se le ocurriría. La tentación por dirigirse a Villa Canela era grande… quizás esa señora que protegía a Mati también podía cuidar de él… al menos por unos días. Maldición! No era justo que arriesgara la seguridad de Matías. Se las arreglaría solo. Podía hacerlo y, si era necesario, volvería a robar para poder alejarse rápido de este lugar…

-. Llegamos

Era una explanada no demasiado grande; un techo amplio indicaba la entrada al lugar con unas cuantas casetas donde comprar los tickets y más adelante se veían circular los carros del teleférico. No había tantas personas como Max había esperado… pero iba a hacerlo de todas maneras.

-. Vaya y compre dos tickets – ordenó Adamir al chofer entregándole dinero. El hombre se movió de prisa hacia una de las casetas

-. ¿Cómo esta Santiago? – preguntó Max llevado por una última gota de curiosidad. Observó atentamente la respuesta de Adamir

-. Está mejor – el ceño de Adamir fruncido y cierta dureza al hablar –  No va a volver a la isla

Lo abandonaba?… ¿por eso respondía molesto? Max no pudo evitar que la respuesta lo sorprendiera… Se separaban… ¿Qué había pasado?

-. ¿Qué va a hacer?

En el mismo momento en que formulaba la pregunta, Max pensó la respuesta “Va a buscar a Mati!!” Su corazón se aceleró ante esa perspectiva. No tenía que pasar esto. Santiago se había despedido de Mati y lo había dejado libre… si se encontraban volvería a abusar de su amigo y Mati iba a aceptarlo.

-. Va a comenzar a trabajar

-. ¿Cuándo saldrá del hospital? – interrumpió, apremiado por sus pensamientos y pensando en sí tendría tiempo de advertirle a Matías.. le diría que Adamir lo buscaba para que se fuera lejos, donde Santiago no lo alcanzara

-. Tal vez en una semana

Una semana! Si. Tendría tiempo

El chofer regresó con las entradas. Descendieron del vehículo en el momento en que el celular de Adamir sonaba. El amo miró la pantalla y con un gesto de preocupación, atendió la llamada al costado del auto. Max se agachó pretendiendo abrochar sus zapatillas, sus ojos se movían rápidos calculando los espacios y mirando de reojo las vías de escape en espera de que el chofer subiera al vehículo… eso le daría  valiosos minutos para correr

-. Pero!!! ¿Cómo diablos pasó esto?!! ¿Dónde están?

El amo alzó la voz visiblemente enojado. Max supo que algo estaba muy mal cuando la mano de Adamir se posó como garra en su hombro, sujetándolo fuertemente.  Se quedó inmóvil…

-. Sube al auto!!!- gruñó Adamir sin dejar la conversación telefónica –       ¿y el programa de la subasta?

NO… Max sintió como en ese preciso minuto, la libertad se le escapaba de las manos. El chofer no había alcanzado a subir al auto y ahora lo estaba mirando fijamente… ¿Qué había pasado?  Se encontraba entre ellos dos, el guardia encima suyo y Adamir no soltaba su agarre. ¿Cómo iba a correr?? Max se levantó con la culpabilidad y el miedo pintado en la cara, pensando en que la llamada telefónica lo estaba delatando… pero como lo habían descubierto???… No había forma!!

-. Exequiel, envíame el avión cuanto antes. Vuelvo a la isla de inmediato

¿Qué?? No, no, no.

Adamir lo empujó dentro del vehículo. Max estaba confundido por el brusco cambio de situación. La llamada no era sobre él… era Exequiel desde la isla…

-. Esto nunca había sucedido!!! – gritó Adamir al teléfono – llévenos a la casa de prisa – le ladró al chofer – lo siento… será en otra oportunidad – le dijo a Max con voz suave de disculpa volviendo su atención de inmediato al teléfono.

El vehículo se puso en marcha… Max respiraba agitado y acalorado enfundado en la chaqueta… Había perdido la oportunidad!!! Adamir había dicho que volvían de inmediato a la isla!!! NOOO… se movió de prisa para mirar por la ventana y calcular la velocidad del auto… abriría la puerta y se arrojaría… Dios!! el hombre se había tomado en serio lo de volver de prisa.. iban a mucha velocidad.

-. Toma nota de todos los datos. ¿Qué maldita ciudad es???!!!  – Adamir continuaba alterado en el teléfono, aún así se tomó un minuto para dirigirse a Max –  Ponte el cinturón – le ordenó cuando las ruedas chirriaron en una de las curvas

Pero… no!!  con el cinturón de seguridad era más difícil!!!

-.  Envía el avión ya mismo!! Volveré a llamarte.

Adamir cortó la llamada muy alterado. Sus ojos se posaron en Max

-. El cinturón! – volvió a ordenarle al tiempo que se ponía el suyo.

Max estiró las manos para tomar el cinturón que le correspondía… algo agrio y caliente le subía por la garganta… abrió la boca como si fuera a gritar pero no emitió ni un sonido… retuvo el aire…

-. Max… lo siento pero es una emergencia… Maldición!!! es algo grave.

Lo tranquilizaba pensando que los gestos de Max eran a causa de la desilusión de no subir al teleférico… estaba demasiado ocupado del problema que Exequiel le había contado como para darse cuenta de lo que pasaba con Max. Nuevamente utilizaba el teléfono.

-. Nazir? Tenemos un problema mayor. El equipo de tierra… los capturaron en plena faena.. si.. están detenidos por la policía!!! No… no sé…

Max perdió algo de su propia agonía al entender la noticia que había alterado tanto a Adamir. ¿Así es que los malditos que secuestraban chicos por el mundo habían sido capturados por la policía?… su boca se torció en una sonrisa. Agachó la cabeza para disimularlo. Eso era fantástico!!! Que los hicieran pagar por todo el daño que habían causado a tantos chicos como Mati y él.

-. Voy camino de la casa. Encuéntrame allá. Tenemos que resolver esto.

“Resolver??” que iban a resolver si los había capturado la policía “en plena faena”?? no podían resolverlo tan fácilmente, no?? Estaban secuestrando menores de edad!!!  Max seguía atentamente la conversación.

Llegaron de vuelta a la casa de Sergio en la mitad del tiempo. El guardia de la isla se acercó de inmediato a recibirlos.

-. Max, arregla tus cosas. Volvemos a la isla – luego se dirigió al guardia – Ayúdelo a empacar y preparar todo

Los hombros de Max se hundieron unos cuantos centímetros… había perdido la oportunidad de ser libre y ahora volvía a tener al guardia encima suyo… en pocas horas volverían a la isla. Casi no podía moverse…

-. ¿Dónde están las maletas, señor? – preguntó el guardia dirigiéndose a Max.

Abrió los ojos muy grandes… lo había llamado “señor”??? Max indicó el closet con la mano en un movimiento que requirió esfuerzo…

-. ¿Comienzo a guardar su ropa?

Movió la cabeza sin dejar de mirarlo… ¿el hombre iba a guardar su ropa?…  cómo se explicaba lo que estaba pasando… el guardia lo había visto todos estos días de la mano de Adamir… ¿por eso lo trataba con respeto??… todo era como un remolino gigante del que no podía salirse… ¿Qué iba a hacer ahora???

-. Max!!! Es verdad que se van ya mismo? – Sergio interrumpió sus pensamientos entrando a la habitación

-. Eehh.. si.. si – lo miró desolado buscando un consuelo imposible… ya no había nada que hacer.

-. Voy a extrañarte mucho – Sergio lo abrazó  con sentimiento

Todo estaba pasando demasiado de prisa… Su vida volvía a cambiar en un nuevo giro inesperado y Max no tenía voz ni voto en lo que acontecía… justo ahora que se había decidido a escapar… Aún no era capaz de asimilar el nuevo escenario de su vida… no podía ser verdad…

-. Prométeme que volverás

Max lo miró desamparado… ¿qué?? ¿Cómo podía pedirle que hiciera una promesa así?… ¿se le olvidaba que era un esclavo y no se mandaba solo? o ¿Sergio estaba burlándose de él??

-. No puedo prometerlo – respondió uniendo todas sus energías en una respuesta gélida y seria

-. ¿Por qué no? – Sergio preguntó con toda inocencia

-. Porque como tú sabes soy uno de los esclavos de la isla – Max usó las palabras con frialdad y sonaron como cuchillos afilados – no puedo hacer lo que quiera.

Sergio retrocedió… lo miró confundido… él no había querido molestarlo.

-. Max, lo siento… yo solo quería decir que me gustaría verte de nuevo… en verdad te tomé mucho cariño

-. Eso tienes que preguntárselo a Adamir

Se volvió despacio hacia el closet, dejando a Sergio con las palabras atoradas en la garganta y la confusión patente

-. Déjame ayudarte a ordenar tus cosas – ofreció Sergio

-. No es necesario. Ya tengo ayuda. Gracias- Escupió veneno en sus palabras hacia Sergio.

Max no supo que tomaba del closet y doblaba para echar en una de las maletas. Actuaba de forma automática… Enojado por no haber podido escapar y herido de muerte con la perspectiva inmediata de volver a la isla… miedo, rabia, confusión… descargaba toda su rabia contra Sergio…. él también sabía que era un chico secuestrado y no le había ayudado a escapar ni nada!!! Todos eran malos y malditos!!!

-. Salga del cuarto – ordenó Sergio al guardia y el hombre obedeció de inmediato.

Max se iba a girar pero antes sintió un tirón en el brazo y un empujón brusco

-. ¿Se puede saber qué te pasa?

Había olvidado la fuerte personalidad de Sergio detrás de su dulzura. Ahora lo tenía encima de él, acorralando contra una pared y exigiéndole explicaciones sobre su actitud…

¿Quería respuestas??? Pues se las daría!!!

-. Pasa que siempre supiste lo que yo soy – contestó Max en voz baja y oscura…la mirada fiera y rebelde había vuelto a sus ojos

-. Si. Siempre supe quien eres. ¿Cuál es el problema con eso?

-. ¿El problema??!!! No me ayudaste!!! Sabes que no estoy aquí por gusto, que fui secuestrado y me tratan como esclavo. No puedes imaginar por todo lo que he pasado y como han abusado de mi.

Sergio seguía encima de él pero las palabras de Max lo habían afectado directamente en el corazón… Si, le tenía cariño de verdad y se había preguntado muchas veces lo que Max le echaba en cara en este momento… Sabía que Max no era libre y se había sentido mal muchas veces pensando en lo vulnerable que era el chico

-. No puedo ayudarte, Max. No puedo ir contra Nazir y Adamir.

-. ¿Por qué? ¿Te quedarías sin su valiosa protección? ¿Te quitarían el dinero de las compras? ¿Por qué??  – gritaba como loco – Sabes que no es correcto!!! Está mal y tú los apoyas!!!

-. NO! Yo no los apoyo!! No apruebo lo que hacen pero no puedo… tú no sabes, no entiendes…

-. Sabes? No me interesa!!! Eres de la misma clase que ellos. Solo déjame en paz y no sigas fingiendo que te importo

-. Max, en verdad me importas!!!

Sergio había perdido su postura… Max lo había desarmado.

Max se abrió paso empujando a Sergio quien no se resistió y lo dejó pasar

-. Tengo que terminar de empacar para… oh Dios!… Vuelvo a ese maldito lugar

Las emociones chocaron y colapsaron en Max. El llanto brotó descontrolado avergonzándolo y enojándolo aún más. Que mierda llorar frente a Sergio…

-. Lo siento, Max – farfulló Sergio dolido

Max ni siquiera se volvió a mirarlo o se dignó responder. Siguió echando cosas en la maleta arrojándolas con furia

-. Nazir es mi amo

Lo dijo tan despacio que Max se preguntó si había escuchado bien

-. ¿Me quieres engañar más todavía?

-. No te miento. Nazir es mi amo. Lo juro

Max movía la cabeza de derecha a izquierda… no tenía sentido lo que Sergio decía… No era posible…

-. Puedo probarlo

Max dejó caer el último atado de ropa en la maleta y cesó todo movimiento

-. Sígueme. Solo serán unos segundos… por favor…

Max dudaba de lo que Sergio decía… pero… lo aseguraba con tanta fuerza. Desconfiando, caminó tras de Sergio. Salieron del cuarto al pasillo y luego de unos pasos estaban en la puerta del dormitorio de Sergio.

-.. No puedes decirle a nadie que has estado aquí

Max no respondió… ¿de qué se trataba esto?

El cuarto era enorme y muy bien decorado pero Sergio no se detuvo sino que siguió avanzando hasta una puerta en la pared del fondo y, usando una llave, la abrió

-. Entra conmigo

Antes de cruzar el umbral y ver que había del otro lado, Max supo que Sergio le decía la verdad.

Se detuvo bajo el marco de la puerta. Una mirada rápida a la habitación fue suficiente para que perdiera el aire de sus pulmones y desapareciera la agresividad que traía consigo. A su mente acudieron las imágenes de la habitación en la isla. Esta sala era mucho más sofisticada, más grande y con mayor cantidad de implementos… algunos le recordaron a Max lo que había visto en aquella casa de ventas. Sin darse cuenta comenzó a estremecerse… en su mente volvía a la isla y al cuarto donde lo esperaba una cadena.

-. Como… puedes…? – jadeaba al respirar y miraba a Sergio con horror

-. ¿Por qué no escapas?!!! no entiendo… tienes libertad para ir y venir…

-. No quiero escapar. Amo a Nazir.

-. Pero él… usa estas cosas contigo!!!

-. Amo a Nazir incluyendo todo lo que me hace. Estoy con él porque quiero.

Esta revelación aturdía a Max… ¿cómo era posible que Sergio aceptara ser golpeado y utilizado? A su mente acudieron las palabras de Mati diciendo algo parecido…

-. Estás loco… todos ustedes están locos!!!

Corrió de vuelta al dormitorio. No quería saber nada más… todos estaban dementes… no había esperanza alguna de ayuda…

Las maletas esperaban listas a un costado y el guardia esperaba por él. Max no sabía cuánto más podía resistir antes de estallar, quería gritar y desahogar el torbellino de su mente, rebelarse, enloquecer…

-. Don Adamir está en la oficina con su hermano. Me ordenó que cargara el vehículo. ¿Hay algo más que desee llevar?

Parecía una pesadilla… no era real que volvía hacía atrás…

-. No… no… – balbuceó Max aturdido

El hombre tomó las maletas y abandonó el cuarto. Max respiraba jadeando… le faltaba el aire… le dolía el pecho, el estómago… Sergio era un esclavo por voluntad propia… siempre había creído que Sergio era feliz… ¿cómo podía ser feliz siendo un esclavo y torturado? Había látigos, una cruz en X y elementos de castigo en la sala de su dormitorio… Nazir… ¿le hacía lo mismo que Adamir le había hecho a él?

-. Ah. Aquí estas. Vamos Max. El avión nos espera

Max dio un salto al escucharlo entrar.

Adamir se veía preocupado pero usaba un tono de voz calmado para hablar con él. Lo esperaba para que dejaran la casa y emprendieran el viaje de vuelta

Max sintió la desolación apoderarse de él… fue como si toda su energía y esperanzas resbalaran por su cuerpo y cayeran al piso… un manto de angustia y tristeza lo cubría, lo estrujaba y se llevaba sus posibilidades de escapar… no había hacia dónde mirar en busca de esperanza

Caminó arrastrando los pies detrás de Adamir. En el corredor esperaban Sergio y Nazir. El amo se despidió de Sergio de manera educada agradeciéndole la estadía y luego, avanzó junto a Nazir, conversando.

-. Hablaré con el contacto en esa ciudad.  Ya lo están ubicando. Te llamaré en cuanto tenga noticias – dijo Nazir

-. No te olvides de Santiago – Adamir se notaba abrumado

-.Déjalo en mis manos. Él es mi problema de ahora en adelante

– Gracias… eres invaluable hermano – Adamir extendió la mano y Nazir la retuvo

-. Llama por teléfono a  mamá. – sugirió  seriamente

Adamir asintió. Si. Lo tendría presente entre tantas cosas. Su madre. Por supuesto.

Los hermanos se alejaron hacia el vehículo que esperaba para llevarlos al aeropuerto.

De pronto Sergio y Max estaban frente a frente, solos en el corredor. No usaban palabras pero se comunicaban a través de las miradas. Max se puso tenso cuando Sergio se adelantó a abrazarlo

-. Perdóname. No está en mis manos hacer algo por ti. No puedo – se lamento muy bajito

La tensión consumía a Max. Mantuvo su cuerpo rígido y las manos pegadas a sus caderas. No fue capaz de responder… dio un paso atrás.

Había lágrimas en los ojos de Sergio cuando Max se separó de él y caminó sin mirarlo ni hablarle. Era su forma de rechazarlo.

Minutos más tarde, Max estaba en el vehículo que avanzaba hacia el aeropuerto privado donde esperaba el avión. Todo había sido un sueño… La realidad era que volvía a la isla.

Cargaron de prisa el avión.  Adamir pendiente de él. Subieron juntos… como en una pesadilla.

-. ¿Te da miedo volar? – preguntó Adamir ajustándole el cinturón. El rostro de Max estaba casi descompuesto

Max decidió que era más fácil mover la cabeza y asentir.  Sus miedos reales eran mayores y más profundos. No tenía palabras para hablar.

-. No pasa nada – Adamir entrelazó su mano con la de Max – llegaremos en poco tiempo. Cierra los ojos y duerme.

Max cerró los ojos. No creía poder volver a dormir tranquilo nunca más.

 

NAZIR

No eran muchos los traficantes de esclavos en el mundo, se movían dentro de un círculo muy cerrado y aunque la mayoría nunca se conocían cara a cara, sabían sus nombres y lo importante que era protegerse entre ellos cuando las circunstancias amenazaban el negocio de todos. Nazir tenía grandes contactos; los favores entre la gente de su clase y posición costaban mucho dinero y a veces vidas humanas. La detención del equipo de tierra en una ciudad puerto de un país en otro continente era un asunto que no se podía descuidar. Los hombres que se hallaban detenidos eran leales y podía contar con su silencio pero había uno en fuga además de mucha información suelta que podría, eventualmente,  vincularlos a ellos. Tras unas cuantas llamadas telefónicas, Nazir obtuvo un nombre, un número de teléfono y la recomendación de que alguien en esa ciudad era seguro y confiable.

-. Hola – respondió una voz controlada con un marcado acento latino

-. Quiero hablar con Teddy Rojas – dijo Nazir

Hubo un largo silencio al otro lado

-. Teddy Rojas ya no existe – respondió Gonzalo, extrañado de recibir una llamada al antiguo teléfono personal de Teddy -¿Quién habla?

Nazir tuvo un momento de confusión. No fue un “Teddy no está”  o un “llámelo más tarde” sino que, directamente, le indicaban que Teddy había dejado de existir

-. ¿Quién reemplaza al señor Rojas? –preguntó Nazir ya no tan tranquilo

-. ¿Quién llama?

Gonzalo estaba curioso pero tenía poca paciencia. Ante el silencio en la línea iba a colgar cuando la persona dio su nombre y apellido. Gonzalo entrecerró sus ojos oscuros pensando… ese nombre le resultaba conocido…  había escuchado a su padre y amigos hablar de esa familia en otro país… gente poderosa y de mucho dinero. Intrigado, decidió mantener la conversación ahora que el tal Nazir se había identificado y que el número al cual llamaba solo lo habían conocido algunos contactos especiales de Teddy.

-. Mi nombre es Gonzalo. Teddy Rojas murió hace unas semanas. Sus negocios están en mis manos ahora. ¿Puedo ayudarlo en algo?

Nazir titubeó…  ¿Contarle el problema a un completo desconocido?… Demonios!! ¿Qué más podía hacer?  Viajar a ese país o contratar abogados era acusar culpabilidad inmediata

-. ¿Qué negocios del  Sr. Rojas maneja usted?

-. Todos

Gonzalo podía percibir el desasosiego en Nazir

-. ¿Todos?  – quiso confirmar

-. Legales e ilegales – respondió Gonzalo divertido y con el descaro que lo caracterizaba intuyendo que eso era lo que Nazir deseaba saber– Puede hablar con libertad. Es una línea segura.

-. Tengo un problema delicado en su ciudad – declaró Nazir

-. Usted dirá

-. Hay ciertas evidencias que preferiría desaparecieran

-. ¿Evidencias… humanas?

-. No. Se trata de un yate y un vehículo

-. De acuerdo. Puedo ayudarlo con eso

Gonzalo escuchó un suspiro de alivio al otro lado de la línea

-. Volveré a llamarlo para darle los detalles

-. Estaré atento.

Gonzalo cortó la llamada. ¿Desaparecer un yate y un vehículo?… ¿En qué lío se hallaba esta familia? Solicitar su ayuda era algo relativamente común entre algunas familias y conocidos de diferentes partes del mundo. Los servicios se pagaban con favores o en sumas muy elevadas, pero recibir una llamada para Teddy de alguien desconocido era, al menos, peculiar.

Salió de su oficina y entró a la de Jorge. Puso un papel con un nombre sobre el escritorio de su lugarteniente

-. Quiero saber sobre esta familia, ¿puedes averiguar algo?

Jorge miro el papel y luego a su jefe

-. Puedo informarle hasta qué desayunaron hoy en la mañana, si quiere – respondió Jorge con algo de descaro

Gonzalo le devolvió una sonrisa irónica. Era agradable ver como Jorge había crecido y se había convertido en un excelente reemplazo para Andrei.

-.Me basta con saber en qué negocios ilegales andan y qué tan confiables son.

– Deme unos minutos, jefe.

Jorge se puso a teclear en sus sofisticados equipos nuevos.

Gonzalo volvió a su oficina pensando que seguramente, al otro lado del mundo, Nazir estaba averiguando quien era él.

 

MATÍAS

Su existencia había dado un nuevo giro importante cuando descubrió las agujas; su nivel de angustia había disminuido y el secreto placer masoquista que sentía al castigar su cuerpo le permitía enfrentar los días con mayor tranquilidad. Descargaba su tristeza y ansiedad en cada pinchazo que se propinaba… se abría al dolor físico hasta convertirlo en gozo oscuro. Su cuerpo quedaba exhausto y su mente aplacada.

Su mayor preocupación era Clara. Podía darse cuenta que ella no se tragaba su aire de fingida tranquilidad… lo extraordinario era que, lentamente, la tranquilidad iba llegando a él; sabía con certeza que iba a arrastrar consigo, durante toda su vida, el vacío de la pérdida, pero de tanto fingir estar calmado y ayudado por la tortura y placer al que se sometía casi a diario, su mente se estaba apaciguado de verdad.  Matías no hacía muchas cosas; la escuela era su único deber y lo cumplía sin chistar. Fuera de eso, podía pasar horas sentado en el patio mirando las plantas crecer o en el jardín delantero observando el mar.

Clara siempre lo mantenía en su radar, atenta a cualquier cambio. Solo lo perdía de vista cuando llegaban sus alumnos a recibir clases particulares. Tenía cuatro alumnos hasta ahora y no deseaba más. No mientras Matías necesitara de ella.

-. No sabía que usted es la madre de Matías – dijo el chico al terminar la clases

-. ¿Lo conoces? – preguntó ella notando que tenían una edad parecida lo que los ponía en cursos cercanos

-. Estamos en la misma aula… pero él no habla mucho

Vaya! Esto era sumamente interesante.

Tobías era, físicamente hablando, lo opuesto a Matías; un muchacho grande, de cuerpo bien desarrollado para sus 13 años, ojos castaños y pelo oscuro ensortijado, rostro agradable y vivaz. Su pasión eran los deportes, tenía una mente dispersa y observadora, carecía de hábitos de estudio pero era amable y educado. La madre de Tobías estaba encantada de que Clara pudiera ayudarlo a mejorar sus notas, especialmente porque vivían apenas a unas cuadras de distancia.

Clara se preguntó si ese chico representaba una oportunidad de ayudar a Mati.

-. Sufrimos una gran pérdida en la familia. A Matías lo afectó de manera especial. Era muy cercano con mi hermano

-. Vaya… se murió su tío – dijo Tobías mirando hacia el jardín donde Matías estaba anclado a un asiento, vista perdida en el mar– yo… no sabía. Lo siento mucho Sra. Clara

-. Gracias. Matías aun está de luto.

-. Por eso es tan callado, entonces?

-. Si. Han sido muchos cambios, nos mudamos a esta ciudad… todo es nuevo para nosotros aquí. Matías empezó en la escuela… es difícil para un adolescente

-. Si… yo he vivido siempre aquí. Supongo que no es fácil hacer nuevos amigos

-. Quizás tú podrías ayudarlo

Tobías era un chico de pueblo de gran corazón y nobles sentimientos

-. Claro que si!! – respondió entusiasmado

-. Pero no debe saber que yo te lo pedí

-. No le diré, profesora

-. Gracias, Tobías.

 

Durante la segunda clase del día siguiente, el profesor de historia pidió a los alumnos formar grupos de a tres para preparar una tarea

-. Matías, ¿quieres hacer el trabajo con nosotros?

Levantó la cabeza. Sus ojos verdes vieron a Tobías mirarlo de manera amistosa. Lo reconoció como el chico que tomaba clases en su casa. Detrás de él otro chico desconocido que también sonreía de manera amable. Esperaban su respuesta

-. Yo… no soy bueno trabajando en grupos – estaba intimidado. Nunca había hecho nada parecido.

-. Nosotros tampoco, pero el profesor nos evaluará de a tres. Podemos intentarlo

-. Está bien – Matías aceptó más que nada para no crear conflicto ni atraer más atención sobre él. Era muy extraño hablar con otros chicos

-. Excelente! – aplaudió Tobías – Vamos a elegir el tema

Esperaron a que los siguiera. Matías caminó con ellos sintiendo como toda la clase lo observaba

-. Vamos a trabajar juntos ¿Cuál es nuestro tema, profesor?

El maestro se alegró de ver que Matías era parte de un grupo. Quizás Tobías no era un alumno de excelencia académica  pero era bueno ver que el chico nuevo por fin participaba con alguien. Los maestros hablaban de él y se preguntaban cuándo comenzaría a integrarse. Siempre solo y callado. Les dio el tema. Quedaron de reunirse en casa de Tobías a las 5 de la tarde.

Cuando las clases terminaron, Matías reunió sus cosas en silencio y caminó hacia su casa. Los nervios se fueron calmando… Iba ajuntarse a estudiar con sus compañeros… con Tobías y el otro chico cuyo nombre no recordaba. Los había visto en los recreos… siempre corriendo detrás de una pelota y bromeando. Eran los más rápidos en la clase de gimnasia… No sabía mucho de ellos excepto que eran ruidosos, alegres y se veían amables cuando lo invitaron. Relajó sus hombros… levantó la cabeza de cara al sol… sonrió inquieto… a las cinco, en casa de Tobías… ninguno parecía saber cómo hacer el trabajo… pero el tenía a Clara!!!  Podía preguntarle para no parecer tan torpe!… sonrió más ampliamente apurando el paso…  después de todo, no era tan malo.

 

ADAMIR

Max había mantenido los ojos cerrados durante el vuelo. Adamir sabía que no estaba durmiendo pues ante cualquiera pequeña turbulencia, la mano de Max apretaba la suya, instintivamente. Adamir tenía mucho dando vueltas en su mente… Lo más urgente era lo del equipo de tierra y la próxima subasta. Nunca había hecho una subasta sin Santiago… Santiago… Nazir había sido su salvación y estaba agradecido. Se sentía culpable y arrepentido de haber pensado en deshacerse de él pero se habían juntado muchas cosas al mismo tiempo y no estaba pensando con claridad… se le había escapado de las manos y se había enfurecido… Esperaba que Exequiel pudiera suplir en  parte lo que Santiago hacía en la Isla… no estaba seguro, Exequiel era bastante torpe para ello. Demonios!!! Tendría que revisar todo cuidadosamente, más trabajo para él… quizás debería aplazar la subasta por primera vez… mancharía su reputación pero tal vez, era conveniente que viajara a ese país donde estaba detenido su equipo… aunque eso podía ser peor… diablos!! ¿Habría ubicado Nazir a la persona clave para ayudarlos con la destrucción de evidencia y protección?… esperaba recibir el llamado en cualquier momento. Estaba ansioso por esa llamada… llamar… tenía que llamar a su madre… sensación de angustia… Una parte de su mente se resistía… la amaba, si, pero los sentimientos hacia sus padres estaban dormidos desde hacía años. Desconectarse de ellos y superar su rechazo había sido un proceso doloroso… ¿Cuál era el propósito de volver a quererlos si solo sería para despedirse y sufrir?… Maldición!!!

Adamir no se dio cuenta que su mano estrujaba la de Max hasta que el chico emitió un quejido y movió los dedos

-. Lo siento – se disculpó de prisa, olvidando todo y estudiando una vez más el rostro y cuerpo que lo tenían cautivado… Max… solo él podía ser una brisa fresca entre tanto problema… siempre era hermoso aunque hoy su rostro no estaba en calma como los días anteriores… “la quemadura… el vuelo”… dos razones para que Max mantuviera el ceño algo fruncido y la mandíbula apretada.  Apenas llegaran a tierra le pediría un analgésico a la Sra. Celis. No quería ver a Max sufriendo…

De pronto su mente quedó en blanco

¿Qué iba a hacer con Max de vuelta en la isla?

Demonios!!  No había tenido tiempo para pensarlo… pero había ciertas cosas que daba por seguras: Max no iba a volver al cuarto de entrenamiento ni a la sala de los esclavos donde cualquier amo pudiera acercarse a él. Oh no! nadie tocaría a Max!… ¿en qué situación lo dejaba eso?… volvió a recorrerlo de arriba abajo con la vista… sus formas alargadas, torneadas y firmes se adivinaban debajo de la ropa. Suyo. Lo quería para él de manera exclusiva… Y lo quería como había sido en la ciudad… bajo su control, pero con sus atuendos vistosos y su actitud desfachatada… Adamir sonrío sin saberlo y se le iluminaron los ojos… Max era irresistible… lo calmaba y lo inquietaba pero de manera positiva… era como una necesidad bajo su piel. ¿Estaba perdiendo el juicio? Estaban llegando a la isla… ¿Cómo explicaría a los otros amos que Max era solo para él?… un momento!… ¿A quién diablos tenía que explicárselo? Él era el amo de la isla, el dueño de todo y no tenía que dar explicaciones si las reglas cambiaban. N sus empleados y tendrían que respetar su deseo. Quería a Max a su lado y lo tendría…

Oh por Dios!!

Santiago…

¿Esto era lo que había querido Santiago con tanta vehemencia? ¿Por culpa de un deseo insatisfecho como este  había decidido terminar su vida? ¿Por qué no había podido entenderlo?… Un chico exclusivo para él… Matías, el mocoso de los ojos verdes y docilidad a toda prueba… ¿Cómo surgía un deseo de este tipo? ¿Qué les había pasado?… ¿tantos años de aislamiento en la isla los estaban afectando? ¿o era cosa de la edad necesitar una compañía permanente?  Que diferente habría sido todo si Santiago se lo hubiera pedido ahora…  por fin lo comprendía. Max era precioso, fantástico, entretenido… quería dormir con él todas las noches y amanecer juntos… lo divertía y lo relajaba… un abrazo con él, unir sus cuerpos y mirarse a los ojos lo hacía olvidar todos los problemas y volver a sentirse en paz… satisfacer su apetito sexual con Max era sublime… ¿era esto el gran secreto de tener un esclavo permanente y exclusivo?

Santiago había hablado de amor…

Su rostro perdió color y, como si hubiera recibido un golpe,  recostó su espalda contra el asiento sin soltar la mano de Max…

Amor… ¿Qué demonios era el amor?

Nazir se proclamaba enamorado de Sergio… pero no había una cosa tangible y específica que Adamir pudiera ver como una diferencia entre su necesidad de tener a Max como esclavo exclusivo y lo que hacía Nazir con Sergio… eran la misma cosa, no?… claro! Estaba todo lo de la casa y la vida juntos en la ciudad… pero… Max podía vivir con él en su casa!!! Así quedaría claro que nadie podría tocarlo y que solo le pertenecía a él. Tal como lo hacía la mayoría de sus compradores… un esclavo exclusivo… Adamir sintió que por fin lograba entender de qué hablaban sus compradores cuando se declaraban fascinados con un esclavo… eran la misma cosa que ese sentimiento idealizado llamado amor

-. Estamos por aterrizar, señor – anunció el piloto frenando sus pensamientos.

-. Max… despierta. Estamos aterrizando

El hombre a cargo de su avión era un experto y el avión se posó en la pista con mucha suavidad. Exequiel y un par de hombres los esperaba al final de la pista. Descargaron las cosas y subieron las maletas en el único todo terreno que había en la isla.

-. Vamos Max

Adamir pensó que era natural que Max pareciera confundido. El viaje había sido repentino y no sabía qué lugar ocuparía ahora. Sintió que su decisión de llevarlo a su casa era un delicioso secreto que sorprendería a Max.

-. Llévame directo a mi casa – le ordenó a Exequiel

Adamir ocupaba el asiento del pasajero y Max se había sentado atrás, al lado de un guardia. Exequiel conducía. El silencio era tenso pero los amos necesitaban hablar en privado. Todos descendieron al detenerse frente a la casa.

Max vio como el guardia descargó las maletas. Entre ellas iban sus cosas nuevas directo a la casa del amo… su chaqueta… aros… la ropa… ¿ya no le pertenecían?… no sentía pena de perderlas… ya no le importaban…  ¿Qué sentido tenía tener todo eso aquí en la isla donde no podría usarlo?

-. No te quedes bajo el sol. Ven adentro.

Adamir lo llamaba desde la puerta. Max obedeció callado. El guardia salió y se ubicó a prudente distancia de la casa. Adamir y Exequiel comenzaron a hablar. Parecía importante ero Max estaba tan impactado que no escuchaba ni veía.

-. Max, ve al casino y pide algo fresco para beber. Había olvidado el calor aquí en esta época del año

Siguieron hablando. Max dio la vuelta despacio… el casino… entonces, ¿Podía andar libremente por las instalaciones? Caminó por los pasillos de madera que conectaban los edificios…  el familiar paisaje lo fue deprimiendo… era hermoso pero no para él… los recuerdos brotaban en borbotones en su cabeza y sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a correr calladas por sus mejillas, sentía el gusto salado en los labios. Manoteó su rostro para limpiarlo antes de entrar al casino. Se detuvo por el golpe de recuerdos que azotaron su mente. Cuando logró calmarse, miró alrededor. Todos los ojos estaban pendientes de él…

Una especie de jadeo intenso le cortó la respiración al ver los ocupantes del casino.

Oh Dios!! ¿Quiénes eran esos niños desconocidos de ojos llorosos en las mesas con vasos de jugo verde, vigilados por guardias? Había cuatro chicos, muy niños y asustados, algunos lloraban pero no se atrevían a levantar la cabeza.

Había nuevos esclavos en la isla…

El gesto de Max fue totalmente espontáneo; se cubrió la boca con la mano para no gritar pero aun así un extraño sonido animal le brotó de la garganta

-. ¿Qué necesitas? – preguntó rudamente una de las mujeres cuyo rostro le resultó familiar

Max respiró profundo recuperando la respiración y la voz, sintiendo la ira crecer…

-. Adam… el amo Adamir desea que le lleves algo fresco para beber

La miró con frialdad y le hablo duramente. La mujer cambió su actitud de inmediato

-. ¿Ya llegó el amo? ¿Dónde le llevo el pedido?

-. A su casa – ladró Max

Salió con urgencia del casino. El sonido lastimero del llanto de los chicos le hería el alma… nuevos chicos… tendrían que vivir lo mismo que él y Mati habían pasado… Corrió y se tropezó… se sujetó de la barandilla y fijó los ojos en el paisaje mientras se calmaba… volver a esta pesadilla era insoportable… allí en la distancia alcanzaba a ver la punta del acantilado desde el cual Santiago había saltado… no supo cuantos minutos pasó mirando sin realmente ver. Que maldita suerte la suya, como deseaba volver el tiempo atrás y haber escapado una de esas tantas veces que dejó pasar por andar sintiéndose engañosamente feliz. Tenía tanta rabia consigo mismo.

Los pasos apresurados de la mujer con una bandeja lo hicieron volver a conectarse con la realidad. Caminó detrás de ella… ni siquiera sabía hacia donde tenía que ir… seguramente volvería a ese cuarto que odiaba.  Sujetó el nudo que le ahorcaba la garganta.

Ya estaban en la casa de Adamir. La mujer saludaba al amo y servía dos vasos

-. Sírvale un vaso a Max – ordenó Adamir

La mujer reaccionó confundida pero le ofreció un vaso a Max antes de retirarse. Lo recibió. Necesitaba deshacer el atoro en su garganta.

-. Ve a descansar, Max. Te ves exhausto

Si. Descansar era una buena excusa para estar solo, pero… ¿dónde?

Adamir se puso de pie, tomó su mano sin importarle que Exequiel los viera

-. Ya vuelvo – le indicó a Exequiel

Cruzó con Max la famosa puerta que separaba el resto de su casa.

Adamir había saciado su curiosidad más inmediata con la información qu ele entregó Exequiel. Las cosas estaban complicadas. Dos de los tres hombres de tierra habían sido sorprendidos mientras atacaban a un chico que solía dormir en un sitio eriazo solitario y oscuro… era tarde y la policía jamás circulaba por la zona, excepto esa única noche en que fueron llamados, alertados por algún curioso que reparó en el furgón merodeando el sector. Se encontraron con ellos de frente; policía y secuestradores. Solo uno alcanzó a escapar. Habían confiscado el furgón que contenía armas, elementos y químicos para drogar y retener a las víctimas. No sabían qué más pistas  podía haber en ese vehículo. El tercer hombre estaba escondido y era quien había llamado, pero se le buscaba intensamente. Por otro lado,  Exequiel estaba retrasado con  la subasta. Si, tenía mucho que hacer pero quería tomarse un instante para sorprender a Max.

Entraron a un cuarto grande y luminoso, grandes ventanales hacia la playa, maderas blancas y decoración azul. Una cama doble. Adamir se detuvo al borde de la cama y atrajo a Max hasta sostenerlo de  la cintura. Sintió como el chico se ponía tenso

-. ¿Te gusta? – su mirada abarcó el cuarto y el paisaje

-. Es… muy linda

-. Es tu dormitorio a partir de ahora – anunció lleno de orgullo

La mirada inexpresiva de Max y su confuso pestañeó no era la reacción que Adamir había anticipado en su mente

-. ¿Voy a vivir aquí?

Adamir estaba tan contento que dejó pasar la falta de entusiasmo de Max culpando nuevamente al viaje y al dolor de la quemadura y, por sobre todo, al supuesto shock de la sorpresa.  Lo abrazó y no se resistió a besarlo

-. Vas a vivir en mi casa y este será tu cuarto

Max abrió la boca

Ahí estaba la maleta que contenía todas sus cosas. ¿Vivir con Adamir? ¿Era él el nuevo reemplazo de Santiago?… ¿Qué significaba esto?

-. Voy a pedir un analgésico para tu brazo. Ponte  cómodo mientras tanto. Puedes recorrer la casa – hablaba de prisa, gesticulaba y se notaba satisfecho – Tengo que trabajar con Exequiel ahora.

Max aun no atinaba más que a mirarlo y seguir pestañeando… actitud que Adamir interpretó como efecto de la sorpresa

-. Ahora vives aquí conmigo – le dijo  en tono íntimo y cariñoso… Subió las manos por su espalda para volver a abrazarlo y  besarlo a gusto… si no se iba de inmediato iba a tumbarlo sobre la cama y….– te veo más tarde  

Adamir salió del cuarto complacido. Había sorprendido a Max pero más que eso, su entusiasmo era total: Max estaba bajo su techo y lo tendría cerca cada vez que quisiera.

-. El esclavo… ¿se queda en tu casa? – indagó Exequiel

-. Max vive conmigo a partir de hoy – anuncio Adamir recalcando el nombre de Max y  sin alterarse ni darse por enterado del gesto sorprendido en el rostro de Exequiel

-. Revisemos la programación de la subasta – ordenó a continuación – ¿Están las fotos de todos los chicos en el foro de intranet?

-. Si. Hay mucho interés por mi esclavo asiático – informó Exequiel orgulloso.

Minkim era, sin duda alguna, quien mejor se vendería,. Las ofertas por él ya habían comenzado a llegar.

M&M CAPITULO 75

7

CAPITULO 75

ADAMIR Y NAZIR

Anochecía y se habían encerrado en el escritorio. La situación era delicada. Adamir le explicaba sus encuentros con Santiago y como había perdido la capacidad de controlarlo. Nazir estaba sentado muy atento; Adamir se movía sin cesar.

-. No va a decirme donde está el chico y tampoco quiere volver a la isla

Nazir escuchaba… solo el atento movimiento de sus ojos que seguían los pasos inquietos de Adamir, revelaban su intensa concentración

-. No puedo permitirle irse – declaró Adamir

-. ¿Qué significa eso?

-. Significa que es un peligro!!! – gritó Adamir como si esa explicación fuera suficiente para cualquier cosa. Estaba enojado, dolido… molesto… preocupado.

– La próxima subasta es dentro de pocos días! Y él representa una amenaza a nuestra seguridad.

Nazir lo miró dudando haber entendido correctamente lo que la frase implicaba

-. Déjame ver si entiendo bien lo que quieres decir

-. El chiquillo que escapó puede hablar pero no tiene datos precisos; no sabe dónde está la isla ni conoce el alcance de nuestras operaciones… es un mocoso que nadie tomaría en serio…

Nazir esperó atento a que continuara

-. Pero Santiago sabe todo…  dónde operamos, a quienes vendemos, como trabaja el equipo de tierra… cada cosa que hacemos… es un sádico que va a perder el control tarde o temprano… no puedo fiarme de su silencio, está deprimido… nada le interesa… en cualquier momento abre la boca y… – gesticulaba con las manos explicándose – es imposible que se vaya. Tenemos que asegurarnos.

Nazir se levantó…

-. ¿Y qué sugieres?

-. Le da lo mismo lo que pasa con su vida… no le importa arrastrarnos con él!!! Entiendes??

Se estaba justificando… ¿Para qué exactamente necesitaba justificación, Adamir?

Un tenso silencio se apoderó de la sala…

-. No vamos a matar a Santiago – decretó Nazir

El negro pensamiento puesto en palabras sonaba macabro

-. Hablaré con él – continuó Nazir

-. Yo ya hablé con él!!! Le di plazo hasta mañana

-. No somos asesinos

Nazir levantó el tono de voz para expresar la firmeza de su frase. La sola idea de pensar en dar muerte a Santiago le parecía descabellada. El siempre había participado desde la distancia y en los temas de dinero y aportando nuevos  compradores de confianza. Pero la isla y lo que allí sucedía estaban muy lejos y así debía continuar. Traer cualquier aspecto del negocio a la ciudad no estaba en sus planes. Santiago era un problema serio y, como todo evento complicado,  la mejor forma de enfrentarlo era manteniéndolo vigilado de cerca.

Adamir guardó silencio. No era el momento de confesar que un par de chicos habían muerto en la isla. Era mejor que Nazir no supiera aquello.

-. ¿Qué estas pensando? – demandó Adamir con un gesto cansado. No era de su agrado pensar en dar muerte a Santiago… pero no sabía que otra solución definitiva podía haber.

-. Santiago no tiene amigos ni familia. – Nazir habló mientras pensaba a toda velocidad – Si no vuelve a la isla se quedará aquí, conmigo.

-. ¿Te vas a hacer cargo de él? – no solo había sorpresa en Adamir sino también un leve dejo de arrogancia-  Es un sádico… no puede vivir sin dañar ¿Crees que puedes manejarlo?

Nazir no respondió con palabras. Bastó una de sus miradas de superioridad para dejar todo claro.

-. Mañana iremos a verlo – sentenció Nazir dando por terminada la conversación.

 

SERGIO

Max estaba en la cocina trabajando con Sergio. Se alegraba de tener un tiempo libre para pasarlo juntos. Sergio lo entretenía, le enseñaba y le había agarrado mucho cariño. No era el mismo tipo de amistad ciega y absoluta que sentía por Mati, pero de un modo diferente, también lo sentía cercano y le estaba muy agradecido. De Sergio aprendía algo todos los días; podía hablarle y preguntarle con tranquilidad. Se sorprendía al darse cuenta de cómo estaba desarrollando sus propias habilidades con ayuda de Sergio; hasta hace unos días no tenía idea de cómo preparar un plato de comida y hoy se enorgullecía de saber hacer varias cosas; había descubierto que amaba el postre de manzanas con canela dulce, los croissant dorados y que no había nada mejor en el mundo que las pizzas de pepperoni que Sergio había preparado la noche anterior y le enseñaba a preparar ahora. Era capaz de imitar a la perfección los movimientos de su amigo al cocinar y le resultaba sorprendente descubrir que le gustaba.

-. Qué bueno que vamos a cenar juntos. Ya te echaba de menos

-. Si. Yo también – dijo Max sacando la masa de la fuente-  Adamir no quiere salir esta noche

Sergio lo miró de reojo…

Si había algo que para él resultaba más increíble que la nueva actitud de Adamir, era el cambio de Max. Eso si era digno de notarse. Sergio había gastado una buena cantidad de tiempo pensándolo y analizándolo y se moría de ganas de conversarlo con Max por varias razones, pero hasta ahora, no había tenido la oportunidad. Quería cerciorarse de que lo que veía y escuchaba era cierto. Max parecía feliz y obediente siguiendo a Adamir de buena gana. Los veía sentarse juntos, conversar largo rato, acariciarse, tomarse de las manos como recién enamorados y se daba clara cuenta del afán de ambos por ponerse las manos encimas en todo momento…

Definitivamente, Max no era el mismo chico bélico que llegó a su casa el primer día.

Sergio reconocía que tenía una buena vida, nada le faltaba en cuanto a cosas materiales o cariño, Nazir lo satisfacía en todo sentido y se amaban con pasión; tenían un entendimiento perfecto de los roles de cada uno y los habían aceptado hace mucho tiempo ya… de hecho, cuando pasaba mucho tiempo sin que Nazir se hiciera cargo de él de manera brusca y dolorosa, Sergio comenzaba a preocuparse porque sabía que para su amo y amor eso era importante y parte de la llama que mantenía viva la relación.  Se conocían al revés y al derecho. Su relación no admitía secretos. Y eso mismo hacía que fuera buena y fluyera feliz

Todo esto lo llevaba a preguntarse ¿Qué tan bien se conocían Max y Adamir?… incluso se preguntaba si se conocían bien a sí mismos… No había escuchado a ninguno de ellos hablar de amor o llamarse por nombres cariñosos… no había ningún tipo de declaración que hiciera pensar que eran formalmente una pareja… ¿qué posibilidades había de que esta relación terminara bien para Max? No le preocupaba Adamir… ni en lo más mínimo. Sabía que su cuñado era duro y podría salir adelante siempre… tenía los medios y la fortaleza necesaria, pero… y Max?

MAX

Estos últimos días había pasado cada minuto con Adamir y no había tenido tiempo para estar a solas con Sergio. Le resultaba asombroso darse cuenta de cómo había cambiado su vida… a ratos, se detenía a pensar si todo no era más que un sueño… si las hermosas ropas que lo hacían lucir como un modelo, los paseos, las cenas, los buenos momentos, la forma en que Adamir lo mimaba y complacía, lo escuchaba… ¿eran nada más que una elaboración de su imaginación?. Un sentimiento desconocido le estallaba en el pecho al darse cuenta de que todo era real… una mezcla de ganas de reír como loco y de gritar muy fuerte para deshacer el nudo de nervios y miedo que le mantenía la garganta apretada… ¿era todo en verdad real?… ¿Adamir era la misma persona? ¿Cuánto tiempo duraría? ¿Qué tan serios eran los sentimientos que tenía por él?… Estaba lleno de dudas y temores… pero… lentamente comenzaba a creer, a ilusionarse… sus aristas se suavizaban y muy lentamente alcanzaban a verse trazos de un Max distinto. Adamir lo miraba de una manera especial… como si él fuera importante… a veces, cuando estaban desnudos en la cama, lo sujetaba de la cintura y se perdía en sus ojos, como si quisiera decirle algo más y Max, a través de la mirada dorada, alcanzaba a ver notas de algo que desconocía pero que parecía importante…

-. ¿Qué? – preguntaba el chico sabiendo que el silencio de la intensa mirada era por algo

-. Nada – Adamir sonreía ante la desfachatez con que Max formulaba la pregunta

-. ¿Por qué me miras así? – insistía Max

-. Porque… me gustas mucho – respondía encogiéndose de hombros y atrapándole la boca, acariciándolo y suspirando de placer al sentirlo suyo. Se estaba acostumbrando a las reacciones naturales de Max…  todo lo novedoso de su desfachatez tenía un frescor nuevo con la capacidad de sorprenderlo… sonreía y esperaba ansioso los arrebatos y las libertades que el chico se tomaba

Otras veces, era durante la cena o en algún paseo… Max podía sentir la potencia de la mirada traspasarlo

-. Me estas mirando…- acotaba, bajando la mirada, levemente sonrojado pero interiormente feliz de ser objeto de su atención

-. ¿Acaso no puedo?

-. No… o sea, si… es que…

-. Me perteneces… hago lo que quiero contigo – lo estrujaba contra su torso – y eso incluye mirarte y tocarte cuanto se me dé la gana

Para demostrarlo, chupaba el lóbulo de su oreja y lo sujetaba firme mientras Max reía de las cosquillas y se rendía ante él, permitiéndole hacer lo que quisiera porque también lo disfrutaba… Sentirse querido era una sensación nueva y probablemente, una de las más poderosas que había experimentado.  Por primera vez, Max percibía lo valioso que era sentirse querido y darse valor a sí mismo… importarle a Adamir, que lo abrazara, besara y le repitiera que era suyo… que deseara su compañía desde que despertaban hasta que se dormían juntos nuevamente…

Por todos los dioses!!

Quería creer…

Max en serio deseaba con toda su alma poder confiar en lo que estaba pasando, aceptar sin dudas que Adamir sentía algo por él, creer que las cosas habían cambiado y se mantendrían así.  No podía preguntarle a Adamir… no sabría que preguntar en caso de que pudiera hacerlo…

Pero no podía olvidar…

Por mucho que rieran juntos, hablaran, se acariciaran y compartieran el placer de sus cuerpos, Max no podía entregarse sin reservas; en su mente estaban presente los padecimientos que había sufrido en la isla… podían parecer lejanos… a veces, desaparecían de su mente por unos minutos y era como si se liberara de una carga gigantesca que lo aplastaba… se sentía liviano, alegre y dispuesto a disfrutar… pero súbitamente todo volvía … las cadenas, el látigo, los golpes, el sufrimiento y las humillaciones… el deseo de morir que alcanzó a sentir dentro de la piscina vendado, esposado, amordazado… arrojado como un animal… su lucha por sobrevivir.  Todo parecía remoto ahora… la isla comenzaba a desdibujarse en su mente… intencionalmente evitaba pensarlo y mucho menos hablarlo, con nadie. No quería que Sergio o nadie más supiera. Mantenerlo lejos y en silencio hacía parecer que no existía y le permitía seguir siendo una persona distinta que podía soñar e ilusionarse.

-. Te vez feliz – comentó Sergio estirando la masa

Max siguió cortando el tomate en rodajas

-. Si… no sé… –sonrisa boba incluida

-. No eres el mismo chico que llegó a mi casa

Max levantó la cabeza. Por supuesto que no lo era. Nunca antes había sido feliz.

-. Cuando recién te conocí no querías estar con Adamir

-. No

-. Y mírate ahora

-. Es que él es diferente conmigo

Max se expresaba con una timidez que resultaba encantador de observar pero era muy preocupante para Sergio porque dejaba traslucir inseguridad

-. ¿Te ha dicho algo, Adamir?

-. ¿Sobre qué?

-. Sobre lo que siente por ti

Max negó rápido con un movimiento de cabeza

-. ¿Le has preguntado?

Max lo miró sorprendido

-. No… como voy a preguntarle… tu no entiendes

Sergio dejó la pizza en el horno y se giró para mirar de frente a Max

-. Si entiendo

¿Entendía? No. Oh no!!! Esta vez Sergio estaba equivocado; no sabía que había una isla ni lo que sucedía en ella, los abusos a los que había sido sometido él y todos los demás chicos. Vaya! Sergio se desmayaría si supiera sobre la relación de esclavitud y tortura que existía entre él y Adamir hasta hace pocas semanas y como había tratado de someterlo y casi matarlo… no quería explicarle ni hablar del tema…  era imposible que Sergio entendiera…

-. Yo… no quiero preguntarle – era más fácil mentir

-. Está bien… ¿y qué sientes tú?

Sergio no estaba dispuesto a quedarse sin información que le permitiera ayudar a su joven amigo.

Max tuvo un instante de indecisión… Tenía tantas preguntas que hacer para entender lo que sentía, pero si las formulaba tendría que dar explicaciones…

-. No sé…  me gusta… creo

La ayudante de cocina terminó de limpiar la mesa y se retiró en silencio. Sergio sirvió dos vasos de jugo y lo interrogó directamente

-. ¿Te gusta Adamir?

Dios!! era una pregunta simple pero no tenía una respuesta… ¿le gustaba?… bueno… pues… no podía negar que físicamente Adamir era un hombre muy atractivo, no solo por lo magnífico de su cuerpo y rostro sino también por su personalidad segura y arrolladora.  Estos últimos días, cuando sonreía y era amable, cuando lo tomaba de la mano y jugaban… resultaba arrebatador con su modo dominante y seductor… Claro que le gustaba!!! Pero estaba todo el resto… lo que había pasado… y de lo cual no hablaría.

-. Es guapo ¿no crees?  – Se sintió torpe al sonrojarse pero era primera vez que hablaba de “chicos” con otro chico

-. Si, lo es… pero no has respondido mi pregunta, ¿te gusta?

-. No es tan simple…

-. Yo sé – Sergio seguía esperando respuesta

“No. No sabes… ni siquiera imaginas”

Ante el silencio de Max, Sergio decidió probar otro ángulo

-. No te has enamorado nunca ¿verdad?

-. No

-. ¿Pero si te atraen los hombres?

Esa era una pregunta interesante… ¿cómo podía saber si le resultaban atractivas las chicas? Su rostro era todo incertidumbre

-. Ay Dios!! ¿No has estado con una chica?!!

Max volvió a negar con la cabeza. No había tenido tiempo… antes que lo secuestraran era muy chico y luego todo fue Adamir

-. Max, ¿Disfrutas con Adamir?

Ah! eso sí!!  Con toda seguridad podía afirmarlo!!

No fue necesaria una respuesta. El calor en sus mejillas y el desasosiego  con que se movió en la silla fueron más que suficientes

Sergio sonrió lleno de ternura al verlo incomodarse. Max era muy atrevido para algunas cosas pero este tema lo reducía a un chico vacilante e inquieto.

-. ¿Por qué me preguntas todo esto? –balbuceo Max tratando de quitarse la vergüenza del rostro

-. Porque quiero ayudarte

-. ¿Ayudarme a qué?

-. Las relaciones pueden ser complejas si no sabes cómo llevarlas ni que esperar. No creo que él te haya explicado…

-. ¿Hablas de Adamir?

-. Si… bueno, él, al igual que Nazir, puede ser complicado. No quiero que tú salgas herido o lo pases mal

La atención de Max era toda suya

-. No lo estoy pasando mal – se defendió inseguro

-. Si, lo sé… pero… Adamir es especial.

-. Especial, como?

-. Lo conozco desde hace muchos años y puedo asegurarte que estoy sorprendido

-. Sorprendido de que? – la conversación cada vez era más intrigante

-. Bueno… Es raro verlo así… yo solo le he conocido una pareja anteriormente y créeme que era muy diferente a como es contigo

Las palabras de Sergio fueron suficientes para dejar mudo a Max y cortarle la respiración

¿Adamir había tenido una pareja?… ¿quién?.. ¿Qué había pasado entre ellos?… ¿cómo era con esa pareja? ¿Qué hacían que fuera diferente? Era difícil para Max entender la molestia que estaba sintiendo y la creciente ansiedad que lo afectaba… quería saberlo todo… lo necesitaba!!! ¿Quién era ese que había estado con Adamir???

-. ¿Adamir tuvo una pareja? – preguntó sin pensar. Tenía que confirmar que había escuchado bien

-. Fue hace muchos años… siguen siendo amigos – respondió Sergio quitando importancia a sus palabras. No intentaba armar un lío en la cabeza de Max. Al contrario. Quería ayudarlo a aclarar las cosas y que entendiera el terreno que pisaba y en qué se estaba metiendo al estar con Adamir. Daba por hecho que Adamir no le había explicado nada a Max de lo que podía esperar como pareja de un controlador dominante que posiblemente estaba enamorado… intentaba advertirle que su relación no tenía nada que ver con lo que Adamir y Santiago habían vivido. Nazir le había contado los detalles del término de la relación de amo y sumiso que tuvieron antaño y le había dado una vaga explicación del porqué.  Ahora,  le interesaba averiguar si Adamir se daba cuenta o podía admitir sus sentimientos hacia Max porque para él, estaba más que claro que esos sentimientos existían y reconocerlos era el primer paso hacia una relación sana para su pequeño amigo.

Max se quedó mirando al infinito… la información de Sergio equivalía a un imprevisto golpe de mazo en su cabeza… “siguen siendo amigos”… ¿quién?… ¿Quién, maldición???? Adamir estaba siempre en la isla, no visitaba a nadie ni nadie llegaba a verlo tampoco…  no se relacionaba con los otros amos ni chicos… no tenía amigos…

Si

Por Dios!!! Si tenía un amigo… pero era imposible… o no?

-. ¿Santiago? – tartamudeó torpemente perdiendo el aire

Sergio asintió incapaz de darse cuenta del efecto de sus palabras en Max. Para él, aquella relación no tenía importancia.

-. Eran amo y sumiso cuando yo los conocí… hace muchos años…

La cabeza de Max daba vueltas… Santiago y Adamir juntos como pareja???… demasiada información repentina haciéndolo caer de vuelta en tierra, inflamando sus inseguridades, alimentando sus miedos y dejándolo boquiabierto…

-. Amo y sumiso??? –repitió vacilante, los ojos muy abiertos. Entendía de eso… en el libro que Adamir le había obligado a leer estaba todo explicado… pero… ellos dos???

Esta revelación explicaba muchas cosas… la docilidad de Santiago frente a Adamir y el porqué no había podido enfrentarlo para defender a Matías… la desesperación y culpabilidad de Adamir cuando Santiago decidió quitarse la vida… no solo eran amigos… los unía algo más profundo… algo a lo que él jamás tendría acceso… igualdad.  Ellos dos eran adultos y seguro se entendían de una manera a la cual él nunca podría aspirar… por eso las visitas diarias de Adamir a la clínica… el cambio de humor cuando hablaba de Santiago… su preocupación constante. Todo adquiría un nuevo sentido…

Por la mente de Max pasó la imagen de Santiago y Adamir juntos…  dos amos en lucha… dos cuerpos fuertes y poderosos en una danza de placer… la imagen era impactante!

-. Max!

Sergio notó la respiración acelerada de Max y las emociones que iban revelando las expresiones de su rostro

-. Nunca estuvieron enamorados

Max tragó saliva… sentía la boca seca… se empinó el vaso de jugo que Sergio había puesto en la mesa.

-. Tú… ¿los conociste como amo y sumiso?

-. Terminaron esa relación cuando se fueron a la isla. No podían continuarla dada las circunstancias

Sergio explicaba lo obvio…

Max entendía lo no tan obvio

-. ¿Cuáles circunstancias?- preguntó alarmado

-. Santiago no podía ser su sumiso si iba a ayudarlo con los chicos

Max apretó el vaso tan fuerte que  pensó que iba a romperlo.

Sergio sabía…

No podía ni pestañear… algo temblaba en su estómago y subía por su tráquea…

Se sintió mareado… el cuarto daba vueltas…

-. La isla… tú… conoces…

-. Nazir y yo hemos estado en la isla un par de veces – la actitud apenada de Sergio le dio a entender que sabía todo.

No podía hablar… la alegría que sentía hacía unos minutos atrás se había ido al carajo… Sergio sabía y, por lo tanto, Nazir también. Todos sabían sobre la isla y ellos, los esclavos!!! Sabían y no les importaba!!! Todos eran cómplices y el era un juguete…

Se sintió desnudo, empequeñecido… como un libro abierto que ellos leían y pisoteaban sin problemas porque a nadie le interesaba que pasaba con él… Creyó que…

¿Por qué era tan tonto?… redomadamente tonto

-. Max

-. Discúlpame…

Se levantó sin ver y se dirigió al dormitorio. Necesitaba estar solo y pensar. Cerró la puerta muy fuerte, como si pudiera aislarlo de los demás.  Su cabeza era un embrollo de preguntas y miedos que tomaban forma concreta…  todos le habían mentido o al menos, le habían hecho creer algo diferente.  Sabían lo que era… Nada de esto era real… ¿por qué se había sentido tan bien todos estos días?  Es que… pensó que era especial y querido.. y… que Sergio era su amigo… y Adamir… Oh no!! pero qué clase de cabeza hueca era!!!  no era más que un muñeco sin valor para ninguno de ellos… jugaban con él…

Ahora desbordaba un sentimiento de estupidez… Eso es lo que era! Ni más ni menos que un soberano estúpido.

No era un invitado en la casa de Sergio ni tampoco eran amigos. Había guardias siguiéndolo a todas partes… Quizás Sergio solo sentía lástima, le daba pena el chico esclavo en su casa… Todos sabían que él era uno de los miserables que Adamir secuestraba y enseñaba… todos estaban al tanto de lo que pasaba en la isla y a ninguno de ellos le importaba un carajo…

¿Cómo se había dejado engañar tan fácilmente por unas cuantas muestras de cariño y amistad?

Comenzó a llorar… gruesos lagrimones le mojaban las mejillas…

Conquistado por migajas de cariño… ¿se podía acaso ser más tonto que eso??? Hambriento de afecto a nivel máximo…

¿Santiago y Adamir?… si lo meditaba un poco tenía sentido, no? dos hombres adultos… sacudió fuerte la cabeza para borrar la imagen de ellos desnudos y enredados en la danza del placer… no soportaba la visión.

Adamir no era su amante… ni su pareja… ni nada!!! Se había ilusionado en la esperanza de creer que podría verlo de otra manera…  Pero que idiota era!!! La conversación que escuchó de Nazir y Sergio era equivocada… Adamir jamás le había confirmado que tuviera un sentimiento hacia él… no era especial ni diferente… todo estaba en su mente y en su imaginación desbordada… la explicación lógica era que no había nadie más para calmar la ansiedad que Adamir sentía por estar en la ciudad y en espera de noticias sobre Santiago… él era el escape, el alivio del amo mientras esperaba a que se recuperara su amigo!!!…  seguía siendo usado como un esclavo!!!  pero… ¿y todo lo que le había comprado? ¿y las risas juntos? ¿y las miradas? … quizás..

-. Hasta cuándo???!!! – gritó desgarrado en el dormitorio, perdiendo fuerzas y dejándose caer de rodillas al suelo – ¿hasta cuándo sigo siendo estúpido.?

Adamir estaba aburrido y lo había convertido en su diversión porque no tenía nada más que hacer… comprar, pasear, salir a cenar… era una distracción mientras hacía tiempo esperando por Santiago… esa era la verdadera explicación…

Max estaba tan enojado consigo mismo que necesitaba golpearse… cerró ambos puños y los dejó caer con fuerza sobre sus sienes repetidas veces, apretando los labios para no gritar y llorar.   Estúpido, estúpido… mil veces estúpido.

No le cabía en la cabeza la facilidad con que se había dejado embaucar… tantas instancias que había desperdiciado conquistado por una sonrisa o una caricia… hambriento de atención… Habían jugado con él y él se los había permitido… maldición!! Si que era un estúpido.

Se llevó las manos a la cara intentando exprimírsela y causarse daño

Tonto y retonto

Se había desviado del plan original a causa de regalos caros y cariño falso… Seguramente se habían reído de su ingenuidad a sus espaldas… tres adultos experimentados frente a un mocoso… nunca tuvo oportunidad.

-. Max! ¿estás aquí? – Sergio golpeaba la puerta

¿Dónde más podía estar?

Debería estar lejos de todos ellos y aquí mismo seguía como el tonto que era

Su imaginación y necesidad de afecto lo habían confundido…  se había equivocado en grande!!!

Adamir solo se divertía con él

Sergio no era su amigo

Y él se llevaba el premio al más estúpido del mundo

Pero ya no mas…

Ahora sí que iba a escapar como diera lugar!!!

Tenía que prepararse y actuar de prisa.

-. Max!! Abre por favor

Se negaba a responder pero Sergio seguía insistiendo. No quería verlo ni hablar con nadie… que se fuera al demonio!!… él y los malditos hermanos!, todos malditos!!!

No!! no podía hacer eso.

Tendría que hacer un último esfuerzo para no despertar sospechas y hablar con Sergio… pretender que todo estaba bien si quería salir adelante con su plan de escape. Nadie sospechaba de él hasta ahora… Oh Dios!! esto también incluía compartir el lecho con Adamir… no iba a poder hacerlo…

-. Max!!!

Los gritos de Sergio subían de volumen e iban a llamar la atención de todos

-. Ya voy – respondió intentando sonar calmado y corriendo al baño a lavarse la cara. En su mente iba fraguando el plan de escape.

El rostro afligido de Sergio se ensombreció aun  más al ver a Max. Las huellas de las lágrimas eran evidentes en sus ojos rojos

-. ¿Qué pasó? ¿te molestó lo que te conté?… no tenía intención de.. – Sergio estaba apenado y se sentía culpable.

Max se preguntó por qué se molestaba en fingir.

-. No me molestó – respondió forzando una sonrisa – solo me sorprendió

Max comenzó a caminar de vuelta a la cocina. No quería mirar a Sergio, no sabía cuánto tiempo podría mantener la máscara de felicidad en su rostro… no era bueno para fingir

-. Eso fue hace muchos años.

Sergio lo seguía

-. No tiene importancia. ¿Ya está la pizza? – preguntó para forzar un cambio  de tema

-. Cielos! Tu pizza!!

Sergio corrió en dirección a la cocina, adelantando a Max.

-. Ayúdame a sacarla

Sergio mantenía el horno abierto y le extendió a Max un guante para que se protegiera del calor. De mala gana, Max lo recibió y se lo puso de prisa. Sergio sostenía la rejilla mientras Max tomaba el molde de metal con la pizza caliente y dorada. Un olor sabroso llenó el ambiente. De pronto, Max se descuidó y  el guante resbaló de su mano.  Tanto el molde caliente como la pizza aterrizaron sobre el antebrazo de su mano derecha.

-. Max!!!

El molde producía un ruido sordo al chocar con el piso de cerámica pero el grito de dolor de Max era más fuerte

-. Ay no!!! Por Dios!!

Sergio tiró del chico hasta poner su antebrazo bajo el chorro de agua fría y retirar con cuidado los restos de queso fundido que se le habían pegado a la piel.  Max había dejado de gritar para dar paso a un gimoteo callado y lágrimas contundentes por sus mejillas.  Le dolía intensamente. Tenía unas feas marcas de quemadura en todos los tonos del rosa al morado.

-. No muevas el brazo del agua fría!!! – le ordenó Sergio a Max – Tu!.. Ve a buscar a Don Nazir!.. de prisa, niña!!!

La ayudante de cocina salió corriendo

Cuando Nazir y Adamir entraron a la cocina, Sergio sostenía el antebrazo de Max en el lavadero con agua y hielo.

-. Max se quemó. Necesitamos llevarlo a emergencias!

Adamir empujó a su hermano y corrió hasta Max

-. Mierda!! pero.. ¿cómo?.. ¿qué pasó?… vamos a emergencias..

Envolvieron el brazo en hielo. Adamir lo sostuvo todo el rato. Nazir conducía y Sergio explicaba una y otra vez como había resbalado el guante y se había producido el accidente.

-. Es una quemadura de segundo grado – explicó el médico de la sala de emergencias dando instrucciones sobre la crema que tenía que usar, los medicamentos para el dolor y la prevención de una infección.  El área de la quemadura no era extensa pero Max aun no recuperaba la voz. Todo se reducía a pulsante dolor, ampollas y carne quemada.

Le inyectaron algo para calmarlo, limpiaron y vendaron el área.  Volvieron a casa.  Adamir lo condujo hasta el dormitorio y le ayudó a desvestirse. Se metió con él en la cama y comenzó a arrullarlo con palabras dulces y cariños tiernos… No se explicaba porque el llanto quedo de Max aumentaba en vez de disminuir. Quería tranquilizarlo. El chico se había curvado sobre sí mismo y parecía un ovillo encogido. Adamir cruzó sus brazos con cuidado para mantenerlo acunado.

-. No vas a volver nunca más a la cocina… no te voy a dejar

“pero me gusta… quiero aprender…”

-. Sergio no debió pedirte que lo ayudaras. Para eso tiene personal

Era mi pizza favorita… él estaba enseñándome… o eso creía yo… ya no sé…

-.  No quiero que vuelvas a exponerte a ningún peligro

Debes estar de broma… me arrojaste maniatado a una piscina para matarme…

-. Tranquilo… sé que duele pero estoy contigo… no te voy a dejar

Si… duele… duele por todos lados

El medicamento hacía su efecto y a Max se le cerraban los ojos. Adamir lo mantenía abrazado… sentía el dolor de Max como si fuera suyo… verlo encogido en la cama le hacía sentir impotencia y frustración. Quería quitárselo… protegerlo,  mantenerlo a salvo.  Lo acercó un poco más. Ambos estaban desnudos y el cuerpo de Max seguía siendo el más hermoso y apetecible del planeta, sin embargo, la pena le ganaba en este momento… no había en su mente espacio para pensamientos o deseo sexual cuando Max necesitaba cariño y cuidado. Lo acarició con delicadeza.

-. Dejaremos el paseo de mañana para otro día- sugirió Adamir besándole el pelo

-.No! Por favor. Quiero ir. Voy a estar bien

Le había prometido un viaje en el teleférico de la ciudad. Max se había entusiasmado mucho ya que nunca había subido en uno.

-. Ya veremos cómo amaneces mañana, de acuerdo?

Por favor, por favor.. tenemos que ir, no puedo quedarme más tiempo encerrado aquí.

-. Descansa ahora, Max – Adamir se acomodó manteniéndolo arrullado.

A Max se le cerraban los ojos y se le enredaban los pensamientos… el medicamento surtía efecto… el brazo ardía como el infierno pero él se sentía liviano y cómodo… el cuerpo de Adamir lo envolvía y era muy agradable… era  duro y masculino… como una roca sólida sobre la cual apoyarse… se llevaría la chaqueta de cuero y todo lo valioso que pudiera caber en sus bolsillos… esperaba tener tiempo en la mañana, mientras Adamir se duchaba, para recolectar unas cuantas cosas valiosas… ¿iba a tener una cicatriz muy fea en el brazo? … quizás podía esconder algo bajo el parche…. no podría ir donde Mati… le daba pena saber que mañana tampoco iba a subir al teleférico… escaparía…

-. Es una ocasión perfecta…– murmuró en voz alta, casi dormido

-. ¿Qué cosa? – contestó Adamir también a punto de dormirse

-. El teleférico…

-. Duérmete ya – respondió Adamir, reprendiéndolo con ternura.

 

Quién sabe qué cosa le habían inyectado pero el efecto fue fulminante. Max abrió los ojos cuando ya había transcurrido la mitad de la mañana.  Estaba solo en la habitación.

-. Ay no!

Quiso saltar de la cama pero el dolor le recordó que no podía moverse con libertad.  Como pudo, se lavó y vistió. Se aseguró de estar solo en la habitación y, aguantándose el dolor, preparó su chaqueta de cuero echando algo en cada bolsillo. Se tomó la libertad de investigar entre las cosas de Adamir. Sonrió triunfante al encontrar un poco de dinero en el maletín.  Con la chaqueta preparada, salió del cuarto.

-. ¿Cómo estás?! Debiste llamarme para que te ayudara – Sergio se acercó a saludarlo

-. Estoy bien

-. Adamir salió hace rato. Fue a ver a Santiago pero dijo que volvería por ti.

Claro.  Santiago.  La razón por la que estaban en la ciudad. No importaba. Ahora, lo único que le interesaba era que viniera por él y salieran. ¿Llevarían al guardia también? Daba igual. Estaba listo y decidido esta vez.

 

SANTIAGO

-. No sé dónde está el chico – alegó Santiago con seriedad.

Ni Nazir ni Adamir le creyeron, pero ese no era el punto principal que tenían que tratar.

-. Así es que no quieres volver a la isla – preguntó Nazir usando su mejor tono y estampa de dominio. Era efectiva. Santiago no estaba acostumbrado.

-. No voy a volver. Quiero hacer algo distinto

-. ¿Y ya sabes que quieres hacer?- demandó Nazir.

Santiago se buscó las manos con la mirada. Estaba obsesionado con aprender a usarlas

-. No. aun no sé… pero aprenderé cualquier cosa – podía construir algo con sus manos… o cargar cosas o quizás manejar una máquina…

-. Voy a darte un trabajo – decretó Nazir haciendo que tanto Adamir como Santiago lo miraran asombrados

-. Cuando salgas de aquí, te daré un puesto en los astilleros. Empezaras de abajo… aprendiendo de a poco, pero al menos tendrás un trabajo seguro

Santiago no tenía palabras… Nazir le ofrecía un trabajo de verdad!!! Era una oferta muy generosa, sobre todo considerando que él no sabía hacer nada ni tenía estudios

-. Un trabajo… en los astilleros??… – balbuceó aturdido

-. Si. Le pediré a uno de mis hombres de confianza que te enseñe.

Santiago había estado entre ellos el tiempo suficiente como para oler que esta oferta no era causada por la simple bondad.

-. ¿Por qué? – preguntó Santiago

Santiago y Nazir intercambiaron miradas

-. Porque necesitas un trabajo…

Santiago sintió la tensión en el ambiente

-. Y porque de esa manera me puedes mantener vigilado… – concluyó dirigiéndose a Adamir

-. Han sido muchos años juntos – replico Adamir – me preocupa lo que pase contigo

Cierto. Él era una preocupación ahora. No le tomó demasiado esfuerzo entender como calzaban las piezas de este ajedrez. Los hermanos estaban en su cuarto porque necesitaban encontrar a Matías y además, muy importante, asegurarse su lealtad y silencio. He ahí la verdadera razón del generoso ofrecimiento de Nazir.

Santiago echó la cabeza hacia atrás con un ademán de cansancio… no era una mala oferta… no pensaba traicionarlos… no le importaba mucho que pasara con su vida pero la traición no figuraba en sus planes…  mucho menos buscar a Matías. Había hecho todo este sacrificio para regalarle la preciada libertad y no iba a estropearlo ahora apareciéndose a reclamarlo y echandole a perder su vida… Dios!! Moría de angustia al pensar en él… estaba con Clara… tan cerca … Villa Canela… una hora de distancia. Maldición!!! Tendría que ser fuerte… extremadamente fuerte para estar viviendo solo a sesenta minutos de él y no ir a buscarlo…

A menos que…

-. Acepto, pero tengo una condición

Adamir iba a replicar molesto pero el gesto de Nazir fue para que Santiago se explicara.

-. ¿Qué condición?

-. Trabajaré para tu empresa, no me importa que me vigiles ni que trabajo insignificantes me des para comenzar. Quiero aprender, sé que puedo hacerlo – hasta ahí todo iba bien –  pero… no quiero vivir aquí. Envíame a cualquier parte del mundo… tienen sucursales en otros países… no te costaría mucho enviarme lejos

La petición resultaba inesperada… ¿acaso había enviado a Matías a otro país? Cómo es que deseaba ir a “cualquier parte del mundo”? ¿O solo quería alejarse de ellos?

-. ¿Qué tan lejos quieres ir?

-. Cualquier parte. Si me envías a otro continente me iré feliz – había un poco de suplica amarga en las palabras de Santiago

Si tenían sucursales en otros países y distinto continente. Nazir analizó de prisa en su mente, la solicitud de Santiago. No era mala idea que se alejara…  Habría que planear específicamente dónde y de qué manera enviarlo y mantenerlo bajo control

-. Nos pondremos de acuerdo cuando salgas de aquí – la voz de Nazir seguía siendo firme pero estaba aceptando.

Santiago suspiró con alivio y pesar a la vez cuando se quedó solo.  Era lo mejor… tendría un trabajo seguro y un océano de distancia entre él y Mati. Cerró los ojos… las lágrimas derramaron igualmente por el costado de sus ojos. Su niño… su precioso niño esclavo de ojos verdes, carita tierna y piel de terciopelo. Nunca más. Sería como si hubiera muerto en aquel acantilado.

 

MAXIMILIAN

Adamir se dirigió directo hacia Max al volver a la casa. Lo abrazó por la espalda y sostuvo su brazo herido

-. ¿Cómo estás?

Adolorido, pero no quiero esperar

-. Bien. Casi no me duele

-. Eres un chico valiente – Suspiró Adamir aliviado. Le alegraba escuchar eso, su preocupación disminuía y las molestias de la conversación con Santiago se disolvían ante la hermosa visión. Hundió su cabeza en el cuello de Max, oliendo y besando

-. Entonces… aún quieres ir al teleférico

Max se estaba aguantando todo… por un lado el dolor del brazo, por otra parte intentaba reprimir las emociones contradictorias que  Adamir provocaba en su cuello… no quería sentir el agrado que le despertaban los besos suaves y el que sus brazos le cruzaran la cintura… NO!!!… todo era falso.. solo lo seguía usando como un objeto… Quería empujarlo lejos pero no podía. Sin poder soportarlo, se giró de prisa dando un paso atrás, para quitarlo de su piel

-. Si. Por favor. Vamos

¿Qué? ¿Era su tono de voz?, ¿la mirada? ¿había hecho algún gesto sin querer?…

Adamir lo miraba como si supiera que algo había cambiado.

-. ¿Qué te pasa?

Maldición!! ¿Cómo podía saberlo con tan solo mirarlo unos segundos??!!!

-. Nada… – encogió uno de sus hombros, ladeó la cabeza y se obligó a sonreír – quiero salir

Su gesto pareció surtir efecto. Adamir volvió a calmarse.

-. Está bien. Te lo prometí

Bien!! Todo estaba saliendo como quería. Por fin la balanza se inclinaba a su favor

-. Voy por mi chaqueta

-. No hace frío

-. Es… para proteger mi brazo

Si claro,  pensó Adamir.  Max está enamorado de su nueva chaqueta de cuero y la usaría aunque hubiera 40 grados

-. Estoy listo

Miraba expectante. Quería partir de inmediato… tan de prisa que Adamir olvidará el guardia.

El amo sintió que se le ablandaba el corazón y las rodillas al verlo de pie ilusionado, esperando… “Es adorable… parece un niño… diablos! Es un niño… es menor que los hijos de Ilam que están en la universidad!!” El pensamiento fue muy molesto en su mente. ¿Por qué tenía qué importarle eso ahora? Max estaba bien a su lado, estaba feliz, hermoso y mejor que cuando andaba robando en la calle.

-. Ven acá – no aguantó las ganas de tocarlo. Sin embargo, fue él quien se acercó a Max para abrazarlo, cuidando de no rozar su brazo.

Max se puso rígido… tenía los bolsillos de la chaqueta llenos y podía notarlo… una distracción!!… rápido!!!. Levantó la cara y usando su brazo izquierdo atrajo a Adamir para besarlo… no quería hacerlo… solo era porque tenía que distraerlo… en verdad no quería…

-. Max

“La despedida… un  último beso”, pensó Max cuando los labios de Adamir le mostraron lo expertos que eran y  se sintió atrapado en su propio juego. La pasión fue emergiendo peligrosamente

-. Quiero arrastrarte al dormitorio – susurró Adamir sobre su boca, bajando las manos hacia sus nalgas.

No.. no!! el teleférico! con mucha gente y espacios…

-. Solo te salvas porque ofrecí llevarte

Max sonrió nervioso y aliviado…

-. Vamos. El teleférico nos espera.

Adamir lo tomó de la mano izquierda y lo condujo hacia la salida.

Subieron al automóvil. Solo estaban ellos dos y el chofer. Max no podía creer su suerte.

-. ¿Hacia dónde, señor?

– Vamos al teleférico – Adamir seguía mirando a Max

Max le devolvió la mirada… se estaba despidiendo.

 

 

M&M CAPITULO 74

6

CAPITULO 74

ADAMIR.

Sabía que era real, pero se sentía como si hubiera entrado en una realidad alternativa… como si en verdad no fuera él quien estaba en ese lugar a esa hora. El cambio era demasiado repentino… transportado bruscamente a un paisaje de su vida anterior.  Anochecía en la ciudad y la vista hacia la bahía, desde la hermosa casa ubicada en un sector alto y privilegiado, era simplemente maravillosa. Caminaba tras su hermano en dirección a la entrada principal de la casa de sus padres. Creyó que nunca volvería a caminar por los senderos del jardín que tan bien conocía… delicadamente iluminados mostrando la grandiosidad de la propiedad que había sido  su hogar y  luego, terreno vedado por muchos años. Ahora la puerta principal estaba tan solo a unos pasos…   Nazir presidía la marcha. Adamir lo seguía en silencio, observando a su alrededor… reconociendo el paisaje por donde había jugado de niño, notando los cambios, las similitudes… los recuerdos afluían… se veía a sí mismo corriendo entre los arbustos jugando con su otro hermano… Ilam.. Dios!  Se detuvo de golpe… ¿Cuántos años desde la última vez que se habían visto o hablado? No sabía nada de él… pero tampoco necesitaba saber… ¿qué importaba?… ¿Acaso no fueron ellos los que lo expulsaron?… Ilam… ¿estaría aquí está noche?… el ceño fruncido denotaba  algo más que su nerviosismo… Estaba dudando. No le gustaba sentir que no tenía  el control de lo que pasaba.  Su mente se negaba a aceptar lo que sucedía… ¿Qué razón tenía para pasar por esto?… ¿para qué los necesitaba en su vida?…  estaba bien así, sin ellos…

. ¿Adamir?

Escuchar su nombre lo hizo sobresaltarse.

Nazir lo miraba comprensivo… sabiendo que era mejor no presionar ya que Adamir estaba al borde de dar media vuelta y desaparecer.

-. ¿Estás listo?

Nazir lo tomó del brazo justo frente a la puerta de entrada.

Adamir asintió sin quitar sus ojos de la puerta, el corazón latiendo de prisa y una suerte de electricidad en sus venas. Alguien abrió de inmediato

-. Buenas noches, Don Nazir, Don Adamir. Sus padres los esperan en el salón

Fue el primer impacto inesperado. Reconocía esa voz… Saul, el mayordomo!! Era increíble que siguiera trabajando en el mismo lugar… estaba más viejo pero era el mismo hombre leal a la familia… Adamir tuvo ganas de sonreírle pero el hombre  era muy profesional y serio, actuaba como si nada sucediera… como si los años de ausencia no hubieran existido.  Delante de ellos, los guió hasta la sala… Adamir caminaba como si pisara algo delicado… todo… reconocía todo… quizás había cambios de pintura y de muebles, pero podía ver su infancia y adolescencia desfilar entre esas paredes…

Se mantenía firme… su rostro no mostraba la turbación que sentía.

-. Han llegado sus hijos, señor

Saúl abrió las puertas del salón. Había una luz cálida que se distribuía iluminando la estancia familiar. Su padre se acercó a recibirlos. Nazir iba delante y le correspondió el primer saludo del hombre, un cálido apretón de manos

-. Nazir… hola hijo

Y luego ya estaba frente a él…

Su padre sonreía con una conmovedora tristeza. Adamir tuvo la impresión de que había envejecido un poco más desde que lo viera en los astilleros esa misma mañana… sus ojos…  No pudo sostener la mirada ni tampoco fue capaz de rechazar la mano que le extendió

-. Adamir… bienvenido

Buscaba el sonido de sus palabras para responder pero entonces escuchó la voz de su madre y ya no pudo pensar. Estaba en el sillón de espaldas a ellos

-. Dónde está? – preguntaba ella a Nazir en un murmullo bajo… su voz se escuchaba entusiasmada pero carente de fuerza.

¿Cuántos años que no sentía un escalofrío subirle por la columna y la garganta tan cerrada que costaba respirar?

-. Está aquí mismo, mamá

Nazir le respondió a su madre con dulzura y le hizo un gesto a su hermano para que se acercara. Adamir rodeó el sillón hasta que pudo verla… su boca se abrió pero no habían palabras… su madre… esa señora delgadísima que le extendía las manos y sonreía con lágrimas… los mismos gestos, los ojos más viejos… el pelo en el moño alto que recordaba pero había perdido color y brillo… La enfermedad se le notaba por todos lados

Adamir estiró sus manos automáticamente en respuesta al movimiento de ella; inmediatamente sus manos fueron apresadas por dedos pequeños y huesudos.

-. Hijo… por fin… mi hijo

Un suave tirón de sus manos y almomento siguiente Adamir era abrazado por su madre… en solo un segundo las emociones retenidas por años lo impactaron de golpe haciéndolo estremecerse y sentirse débil… abrazó a su madre con el corazón oprimido y solo entonces recordó respirar

-. Mamá

No sabía cuánto echaba de menos a su madre hasta ese momento…

-. Está bien, hijo. Todo está bien ahora

Su madre le acariciaba el pelo largo… ella lo tranquilizaba a él!!!

Adamir pestañeó para quitar el exceso de agua de sus ojos

-. ¿Ya ves que era verdad? Te dije que vendría

Su padre interrumpió la escena para situarse al lado de ella y traspasarle sus fuerzas. Un gesto pequeño… un significado inmenso. Ella miró a su marido con los ojos llenos de agradecimiento y emoción.

-. ¿Estamos todos?

La pregunta la hizo quien recién ingresaba al salón. Un hombre muy parecido a Adamir, un poco más bajo y menos llamativo, aunque usaba el pelo corto y vestía un formal terno gris que Adamir jamás usaría pero indudablemente era su hermano

-. Ilam

La excusa del recién llegado le sirvió a Adamir para recomponerse y estrechar a su hermano. Sonrieron contentos de verse… se palmearon la espalda varias veces y se miraban curiosos.

En el sillón, el padre se había acuclillado al lado de su mujer y le sostenía las manos con cariño. La mirada de ambos sobre sus tres hijos, finalmente juntos.  A pesar de todos los años juntos, él seguía estando enamorado de su mujer y dadas las circunstancias actuales, su única misión en el mundo era hacerla feliz por el corto tiempo de vida que le quedaba. Reunir a sus hijos era lo más importante y el destino le había tendido una mano al encontrar a Adamir en los astilleros.

Destaparon una botella de fina champaña. Bebieron, mirándose todos con agradable sorpresa… la tensión subyacente… la conversación educada y  prudente… las preguntas sutiles y las respuestas moderadas

-. La cena está servida, señora

Pasaron al comedor. Otro momento de emoción que disimular para Adamir… se vio corriendo con sus hermanos alrededor de la mesa… las cenas juntos cada noche cuando niños.  Tomó asiento frente a su madre. No podía quitarle los ojos de encima ni ella a él.

-. Tienes el pelo muy largo – dijo ella

Instintivamente, Adamir se llevó una mano al cabello.

-. Si. Me gusta así

-. Te queda bien… te ves muy bien

Hacía mil años que Adamir no sentía que tuviera que responder por sus actos… justificarse por llevar el pelo largo o por no vestir terno como Ilam o por no estar presente cada día… pero su madre era todo dulzura y debilidad. Ella apenas movía la comida en el plato, sin tocarla. Solo tenía ojos e interés por Adamir.

-. ¿Dónde vives, hijo?

El absoluto silencio que siguió a la pregunta dejó ver la tensión del momento.

-. Vivo lejos. Solo estoy de visita

-. ¿Estás casado? ¿Hay nietos que no conozco? – ella sonreía con tristeza

La pregunta desconcertó a Adamir. No estaba acostumbrado ni le gustaba ser el blanco de un interrogatorio.  Pero se trataba de su madre enferma y se le notaba la ansiedad por saber más sobre. Luego de un incómodo silencio, Adamir delineó una sonrisa falsa

-. No madre. No te has perdido ni matrimonio ni nietos.

-. ¿Vives solo, entonces? – había lástima en la pregunta que lo hizo sentir molesto

Adamir, en el límite de su aguante, cruzó su mirada con la de Nazir. Encontró en su hermano la paciencia y fuerza que necesitaba. Respiró profundo antes de responder.

-. Estoy bien. Estoy rodeado de muchas personas

-. Los chicos de Nazir vienen a vernos cada quince días… Ilam está casado y tiene tres hermosos  hijos

Eso era un reproche… sus hermanos tenían hijos.

-. Si… mi mujer y yo tenemos tres chicos – explicó Ilam con orgullo – el mayor ingresó a la universidad este año.

Ilam tenía un hijo en la universidad?!!!

-. Debes conocer a tus sobrinos. Son encantadores

Su madre desbordaba cariño por sus nietos

-. Me gustaría mucho – respondió Adamir educadamente

-. ¿Vas a quedarte en la ciudad por algunos días? – Ilam preguntó esperanzado

-. Yo… si. Posiblemente un par de días.

-. ¿Qué te trajo a la ciudad?

Su padre formulaba una pregunta muy simple pero la respuesta era imposible

-. Negocios

Un nuevo silencio y rostros incómodos

Entonces, fue el turno de ella

-. ¿En qué trabajas, hijo? – soltó como si hubiera tenido la pregunta atorada por años en la garganta

Adamir esperaba esa pregunta desde hacía muchos años .

-. Exportaciones – respondió firme y seguro

Técnicamente era una respuesta correcta.

-. ¿Y qué exportas? ¿Te va bien?

Adamir escuchó las preguntas de Ilam pero se tomó unos segundos antes de responder. Tenía que cambiar el tema, distraer la atención de su vida y trabajo.

-. Si. Me va bien. ¿Y a ti? ¿Qué haces?

La sonrisa confusa de Ilam y las miradas entrecruzadas de todos ellos le dijeron a Adamir que había hecho una pregunta equivocada

-. Trabaja en los astilleros, conmigo – aclaró Nazir

¿Nazir e Ilam trababan juntos??!!! ¿Todos estos años habían estado juntos??!! ¿Y nunca le había dicho nada?… pero!!!… Dios! Era un extraño en su propia familia… Había pensado que Nazir le diría… que él… ¿Qué tenía que decirle si nunca se había interesado en preguntar por ellos?… no le habría dicho de su madre ni estarían aquí si no fuera por la casualidad de encontrarse… En ese momento, más que nunca, Adamir sintió ganas de levantarse y desaparecer…  volver a su anonimato y seguir con su vida sin ellos… sin ninguno de ellos, incluyendo a Nazir… era una traición… no sabía a qué ni porque pero la cercanía de Nazir con su familia se sentía como una traición

-. Adamir, hay un puesto para ti en el negocio de la familia

¿Cómo?… Se giró de golpe a mirar a su padre… todos esperaban atentos a su reacción… ¿un puesto para él?… ¿en los astilleros?... sonrió burlón sin poder evitarlo… Estaban locos!!! él ya tenía un negocio fantástico… ¿Él encerrado en una oficina de los astilleros??!!!

Volvió a sentir una puntada de dolor agudo en el centro del pecho y su respiración perturbada… ¿Cómo era posible que estuviera perdiendo el control de esta manera?.. ¿Por qué estas personas podían alterarlo tan fácilmente?…

La delicada mano de su madre cruzó la mesa para posarse sobre la suya

-. Piénsalo hijo. Volveríamos a estar juntos…

La tensión estaba a máximo nivel. Necesitaba retomar el control…. urgentemente

Adamir levantó su mano y la posó sobre la de su madre, acunando su pequeña mano entre las suyas

-. Lo tendré en cuenta, madre – palmeó suavemente la mano.

Podía con ellos, podía con todo.

Ilam habló de su familia. Su madre se lamentó de su estado de salud y lo mucho que demoraba en sanar… su padre la confortó diciéndole que pronto estaría mejor.

Nazir y él se levantaron de la mesa en cuanto terminó el postre. Su madre había recordado cuál era su favorito y lo habían preparado. Apenas comió un par de cucharadas. Solo quería salir de allí de prisa.

-. ¿Volverás a conocer al resto de la familia? – preguntó su madre cuando ya se habían despedido y caminaban hacia la puerta

-. Volveré – prometió Adamir retrocediendo y abrazándola con cuidado… seguramente sería la última vez que sentiría el olor y el cariño tan familiar. Si había una próxima visita sería para el funeral de su madre

-. Gracias… gracias – repitió su padre estrechándole las manos una y otra vez

No cruzaron palabra mientras se dirigían hacia donde estaba el auto. Tampoco hablaron hasta pasados varios minutos

-. No va a durar mucho – dijo Nazir

Silencio

-. Papá se va a venir abajo cuando ella se vaya – volvió a hablar Nazir unos minutos más tarde

Adamir no respondía… ni siquiera lo miraba

-. ¿Tienes algo que decir?

-. ¿Tienes tú algo que decir? – el tono de voz peligrosamente cerca de un grito acusatorio

-. ¿A qué te refieres? – Nazir no se quedaba atrás

-. ¿Ilam trabaja contigo? ¿Conoces a su familia? Has estado viendo a nuestros padres toda tu vida!!!

-. No sé cuál es la razón de tu molestia! No fui yo quien se alejó de la familia – Nazir estaba controlado y frío

-. Fueron ellos quienes me echaron!!! Me acorralaron, ¿ya no recuerdas?

-. No respondiste cuando te preguntaron; lo que hiciste fue tomar tus cosas y largarte sin ninguna explicación

-. Explicación!! Debería haberles explicado mi negocio??!!.

-. Mentiste ahora. Bien podrías haber mentido 15 años atrás

-. ¿Así como lo hiciste tú?

-. No. Yo no les he mentido. Ellos no saben que soy parte de tu negocio. Nunca me han preguntado

Nazir no había tenido que mentir; él había permanecido cerca de su familia y había conseguido todo en la vida: tenía a sus padres, sus hijos, el negocio familiar y a la persona amaba. No sabía dónde estaba la traición de Nazir pero claramente, algo le molestaba y no estaba bien.

Cuando Nazir estacionó el auto en su casa, justo antes de bajar del vehículo, volvió a hablar

-. No te volverán a preguntar sobre tus negocios. Te han perdonado. Tienes las puertas abiertas nuevamente para estar con  tu familia.

Adamir permaneció con la vista fija al frente sin realmente ver nada.

-. Tengo que volver pronto a la isla. Ya llevo mucho tiempo en la ciudad.

No quería hablar después de una noche tan recargada de emociones y falta de control. Lo único que deseaba era entrar al cuarto donde estaba Max, abrazarlo, verlo sonreír, desnudarlo y escucharlo gemir cuando lo tomara a su gusto. Max no ponía problemas en su cabeza… Max era lo contrario; le aclaraba la vida y lo hacía sonreír.

Bajó del auto y caminó de prisa al encuentro con él.

Era tarde. Max lo esperaba desnudo en la cama pero estaba despierto. Levantó la cabeza en cuanto lo sintió abrir la puerta.

El rostro disgustado y serio de Adamir cambió nada más verlo estirar sus brazos y sonreírle.

-. Te estaba esperando – dijo Max suavemente

-. Ya llegué – respondió Adamir tirando lejos su ropa y arrojándose de lleno en medio de los brazos extendidos hacia él.

 

 

MATIAS

Clara sostuvo fuertemente la caja en la que transportaba las pequeñas plantas y retuvo el aire en los pulmones al salir al patio; se llevó las manos a la boca en un gesto de asombro y alegría y caminó con cuidado. Estaba observando a Matías y por fin había un signo de interés en el rostro de su hijo. Seguía estando muy delgado y con aspecto de desvalido… se encontraba acuclillado al borde de la tierra recién removida y estaba muy concentrado observando la tierra… tanto, que no la escuchó acercarse hasta que estuvo a su lado.

-. Hola hijo

Mati levantó la vista. No respondió ni sonrió pero aún así Clara mantuvo su alegró… ver que algo, por fin, despertaba el interés de Mati era maravilloso.

-. Entonces… aquí van las frutillas y en esta parte de acá los tomates? – preguntó él clavando sus preciosos ojos tristes en Clara.

-. Si. Frutillas y tomates. Tendremos frutos a fines de la primavera

Matías asintió exhibiendo la primera sonrisa en semanas. Se acomodó en torno al rectángulo de tierra que Clara había estado preparando desde hacía varios días. Necesitaba hacer algo para ocupar su tiempo y su mente desde que Mati había comenzado la escuela y una pequeña huerta con frutillas era un regalo para su hijo. Lo había invitado a trabajar con ella cuando lo veía mirando por la ventana con la vista perdida en el mar y los pensamientos quizás donde… pero Mati invariablemente respondía

-. Después…

Y el “después” nunca llegaba. Podía permanecer horas, inmóvil como una estatua de rostro triste, hasta que ella le recordaba que tenía que comer o ver sus libros de la escuela o acompañarla a alguna parte.

-. ¿Cómo estuvo la escuela?- preguntaba Clara cada día

Matías se encogía de hombros sin cambiar la expresión indiferente

-. Bien

“bien”… siempre estaba “bien” pero no decía nada, no había señales que le indicaran como había sido recibido, si  conversaba con algún compañero de clases, si buscaba un amigo o de que algo en la escuela captara su interés lo suficiente para sacarlo del capullo de apatía que Mati estaba tejiendo a su alrededor.

Clara y él habían ido juntos a matricularse a la escuela que estaba a un par de cuadras. Fueron bien recibidos por el director. Clara se presentó como su madre y mostró los papeles de identidad falsos de Mati que fueron aceptados sin problemas. Comenzó a asistir a clases al día siguiente en un curso más bajo al que le correspondía por edad, pero los conocimientos de Matías no eran suficientes para estar más avanzado y Clara pensaba que era una tontería exigirle demasiado. Clara  tenía un documento de la escuela de Villa Canela

-. Mi hijo estuvo enfermo mucho tiempo y perdió muchas clases. Por eso va atrasado

El director se mostró comprensivo. Clara sabía tratar con ellos

-. ¿Y dice que usted es profesora? Podía presentarme sus antecedentes. Necesitamos maestros.

Papeles… antecedentes. No tenía documentos falsos que presentar. Los verdaderos si los tenía pero sería fácil rastrear su nombre y encontrarlos…

-. Si… es que yo… ya estoy retirada

-. ¿Tan joven?

-. Dedico todo mi tiempo a mi hijo. Solo somos los dos

El director estaba genuinamente interesado pero no quiso ser entrometido preguntando sobre el esposo o padre del chico

-. Podría hacer clases en mi domicilio… para los alumnos que estén atrasados

Clara había visto como los maestros que se retiraban seguían generando ingresos ayudando con clases particulares a los alumnos más atrasados

-. Es una buena idea, señora. Debemos conversar sobre ello. ¿Podría volver el viernes?

Clara asintió encantada. Eso era lo bueno de los pueblos pequeños. Había pocos profesionales y mucha necesidad de ellos. Quería tener sus propios ingresos. El dinero que les había dejado Santiago era bastante pero estaba destinado a la educación de Matías.

El primer día de clases, Clara se levantó temprano y preparó un desayuno contundente que Matías apenas picoteó, como siempre.

-. Come un poco más, por favor

Sin oponerse, Matías tomó una tajada más que mordisqueó por la orilla…

-. Ya me voy. No necesitas acompañarme.

-. Pero…

-. Estoy bien, Clara. En serio.

Sus ojos verdes eran diáfanos y hermosos… vacíos… inexpresivos.  Como echaba de menos verlos alegres.

Partió caminando hacia el colegio con una mochila colgada en la espalda… delgado, pequeño… Clara tenía ganas de correr tras él y abrazarlo, envolverlo en una capa protectora con su cariño para que nada  pudiera dañarlo, pero Matías no se veía nervioso ni asustado.  La descripción de él en ese momento era de indiferencia y eso la preocupaba

Quería saber más así es que ese día,  al verlo tranquilo con las manos en la tierra del patio, decidió intentarlo nuevamente.

-. ¿Cómo son tus compañeros de clases? – preguntó

Matías arrancó una minúscula maleza en el borde del terreno preparado

-. Mmhh. Están bien 

-. Y los profesores

-. Bien…

Si no tuviera que ser la piedra de tope para sostenerlo, Clara habría gritado su frustración.  Su hijo llevaba una semana asistiendo a clases y ella no sabía nada. ¿Lo trataban bien? ¿Lo habían acogido con cariño?, ¿eran buenos chicos?… ¿le hablaban?… ¿Cómo eran los profesores con él?.. ¿Estaba muy atrasado?.. ¿Necesitaba ayuda para entender? Desesperaba por saber todas esas respuestas y no conseguía ninguna. Mati era como un zombi obediente y silencioso dando vueltas por la casa. La acompañaba a todas partes y hacían todo juntos pero aunque estaba físicamente a su lado, su corazón y mente se habían escapado hacia un lugar inalcanzable.

-. ¿Podemos poner las plantas ya?

Había una nota de entusiasmo en la pregunta. Clara prestó atención. La alegría era apenas notoria en la cara de Mati pero fue suficiente para hacerla olvidar la frustración.

-. Claro que si

Vio como Matías hundía sus manos para revolver la mezcla de tierra húmeda… se notaba que disfrutaba del contacto con la tierra arenosa del patio. No era de la mejor calidad como en Villa Canela, pero sería suficiente para tener frutillas.

-. Mati, súbete las mangas… te vas a ensuciar los puños

Matías cesó todo movimiento… sus manos completamente sucias

-. A ver… déjame ayudarte

Clara dejó el cesto con las plantas y se agachó a su lado. Ella tenía las manos limpias

-. Yo puedo!! – saltó Matías retrocediendo.

Clara estaba confundida

-. Pero mis manos están limpias…

-. Me las subiré yo– respondió tajante el chico, poniéndose de pie y alejándose en busca de la llave del agua para enjuagar sus manos. Su rostro volvía a estar serio y el ceño fruncido. Dobló apenas el borde de las mangas, con mucho cuidado y paciencia. Las muñecas de sus delgados brazos aparecieron… la piel blanca y delicada. Matías no salía a tomar el sol. La huerta del patio era una excepción.

-. Ahora estoy bien – dijo retornando a la tarea

Clara pensó que no servía de mucho lo que había hecho; los puños seguían muy cerca de sus muñecas. Está bien. Tendría que restregar la suciedad más tarde… pero no dijo nada. No quería estropear el momento en que Matías por fin estaba interesado y disfrutando de  la huerta que construían.

Mati se concentró en la pequeña plantita que sostenía a punto de plantar… sus raíces colgaban llenas de pequeños terrones enredados, parecían lengüetas tristes… ¿estaba la plantita triste como él?… No. las hojas, aunque pequeñas, se veían lozanas y fuertes. Mejor así. No quería frutillas tristes. Ahuecó el terreno con una herramienta y estiró el brazo para poner la planta. Movió todo el cuerpo hacia adelante. No quería que la manga subiera por su brazo y dejara más a la vista… Clara no entendería aunque tratara de explicarle…

 

Matías descubrió como ayudarse al segundo día de haber llegado a su nuevo hogar. A pesar del desgano, Clara lo convenció con sus ruegos de acompañarla a conocer el barrio, las calles y el camino que debía tomar para llegar a la escuela. Fueron pasando lentamente por las calles y tomando nota de los pequeños negocios… frutas, verduras… un poco más adelante una tienda de quesos locales… ropa… artículos de ferretería y una farmacia.

-. Acompáñame aquí dentro un momento

Matías la siguió sin cambiar el aire de apatía y desinterés. Escuchó como Clara conversaba animadamente con quienes serían sus nuevos vecinos en el pueblo… lo llamó para presentarlo como su hijo y él saludaba pero no recordaba rostros ni nombres… le daban la bienvenida al pueblo… Matías se obligó a levantar la vista para ver a la dependienta que tan cariñosamente le hablaba… estaba detrás de un mostrador de vidrio en el cual se exhibían productos corrientes de farmacia…

Matías no se dio cuenta que el sonoro gemido, como un grito que retumbó en el lugar, había escapado de su garganta hasta que las miradas estuvieron todas sobre él

-. Hijo ¿Qué sucede?!

Como si le hubieran inyectado energía, Matías corrió hacia la calle y Clara corrió tras él.

-. Espera.. Mati… espera!!

Pero no se detuvo hasta llegar de vuelta a su casa, encerrarse en el que ahora era su cuarto y dar rienda suelta a los gritos y llantos que lo estaban ahogando. Clara entró unos segundos más tarde, alarmada y jadeando

-. Que… Mati, ¿por qué lloras?

Instintivamente lo acogió en sus brazos

-. ¿Fue la mujer? ¿te pasó algo en la farmacia? ¿Qué tienes, hijo?

-. Yo… no sé… ya pasó – dijo secándose los ojos y dando a entender que no iba a hablar nada más

Clara sintió la frustración apoderarse de ella. Una vez más Matías le cerraba la puerta a su corazón. Sin embargo, ella se negaba a dejarlo hasta no saber cómo ayudarlo. Estaban en un lugar nuevo dónde esperaba que todo fuera distinto y su relación con Matías funcionara mejor

-. ¿Qué puedo hacer, Mati? ¿Cómo te ayudo? – preguntó angustiada

Matías percibió la preocupación y se dio el tiempo para alzar su vista y mirarla. Clara… la hermana de Santiago… la que había dejado su casa y su trabajo, sus amistades en Villa Canela… todo por cuidarlo y protegerlo… ella sí había hecho lo que Santiago le prometió pero no pudo cumplir… ella si… Un torrente de lagrimas lo inundó y se abrazó a la mujer entendiendo por primera vez el sacrificio que él significaba en la vida de Clara.

-. Lo siento… lo siento… no volveré a hacerlo.

La reacción del menor tomó por sorpresa a Clara. Sentirse abrazada por él y que la buscara para cobijarse en su regazo era bueno… muy bueno.

-. Tranquilo… tranquilo hijo.

Se mantuvieron abrazados por largo rato hasta que ambos se calmaron.

-. Ya estoy tranquilo – dijo Matías – Me sentí incómodo conociendo personas nuevas.

Su forma de hablar tenía una rara mezcla de tranquilidad y frialdad. Matías finalmente había dado un paso fuera de su propio dolor para comprender la gran renuncia que había hecho Clara por él; dejar atrás toda su vida por acompañarlo. Su corazón se llenó de un sentimiento  cálido que le había provocado lágrimas y agradecimiento. No era Santiago… ya nunca sería él quien lo acogiera en sus brazos y lo protegiera y amara, pero Clara estaba ahí, viva, preocupada y cariñosa… tenía mucho que agradecerle… no tenía idea qué habría sido de su vida si Clara no estuviera…

-. No volveremos a hablar con tanta gente – dijo ella preocupada

-. No. Está bien Clara. Los conoceremos de a poco.

-. Mati… ¿Estás seguro? – Clara podía sentir que “algo” estaba cambiando pero no podía determinar que era.

-. Si. Tengo mucho que aprender

Y así fue como comenzó una nueva relación en la que Matías siempre estaba “bien” y nunca expresaba nada que la disgustara o le permitiera a ella, echar un vistazo dentro de lo complicado de su vida… Matías estaba con ella todo el tiempo que no asistía a la escuela pero sus ojos, su mente y su atención vagaban en un lugar al cual Clara no tenía acceso. Su comportamiento era mejor; Matías obedecía, no daba problemas… apenas si hacía ruido para revelar su existencia. Era como si hubiera decidido ser amable con ella pero nada de eso convencía a Clara.

El afán que observaba en Matías por la huerta era el primer signo de emoción real que veía en él desde hacía días y por ello no quería perturbar el momento.  Tenía muy claro que Matías no estaba bien aunque pretendiera parecerlo.

Y, por supuesto, ella tenía toda la razón.

 

Agujas

Jeringas hipodérmicas con agujas de diferentes tamaños exhibiéndose en la vidriera de la farmacia…

Un corto circuito en su mente y la sensación de adrenalina corriendo caliente por su cuerpo pequeño… comenzó a sudar… sangre ardiente llenando su pene e inflamando su mente con tan solo verlas… y recordar…

Agujas…

Su piel se erizó por completo.

Metal filoso brillante… dolor intenso

Aaahhhhh… se estremeció perdiendo el control y echando a correr… no soportaba la visión…

 

Lo había intentado muchas veces.

Desnudo bajo las sábanas, en la soledad de su cuarto, intentaba encontrar en sus propias caricias el alivio que necesitaba para calmar el dolor que le mordía el alma.  Había pasado del sexo diario a la completa abstinencia y eso era agónico, frustrante.  Pero tocarse no era suficiente… no lograba el efecto que buscaba… Se revolvía inquieto… se frotaba hasta el cansancio… golpeaba la cama y se aguantaba los gritos del fracaso… a veces, y tras mucho trabajo, lograba provocarse una eyaculación que lo dejaba enojado y desengañado. Un instante insignificante de placer solitario y decepcionante…

Nada se podía comparar con lo que Santiago le había hecho sentir…

Dios!! Volar a su lado, guiado por sus manos y experiencia había sido la mejor sensación del mundo… éxtasis que duraba horas… un mundo privado de placer en el que se perdía por horas acunado en sus brazos… protegido y amado… y era horrible pensar que ya nunca volvería a sentir  aquello.

A la salida de la escuela uno de aquellos días, caminó por el pueblo hasta encontrar otra farmacia. Luego, corrió a casa y  se encerró en el cuarto con su precioso tesoro bien guardado en la mochila.

La primera aguja que atravesó la delicada piel de su nalga causó que algunas lágrimas de dolor escaparan de sus ojos… pero no se detuvo… la sensación de placer fue aumentando con cada aguja que penetraba su piel, ahuyentando cualquier otro efecto… solo cerró los ojos e imaginó que las manos de Santiago lo clavaban… No había abrazos ni besos, ni el calor de un cuerpo junto al suyo… pero podía imaginarlo… Ni siquiera tuvo necesidad de tocar su miembro para que el orgasmo se fuera construyendo, electrizante… unos cuantos pinchazos mas y el semen salió disparado reduciéndolo a un manojo de gelatina satisfecha… los piquetes de las agujas le trajeron la calma que no podía conseguir de otra manera. Suspiró agradecido.  Su cuerpo  por fin experimentaba satisfacción después de tanto tiempo.  Y era fácil suponer lo que vendría a continuación. Ahora, sufría el maltrato de los pinchazos a diario. El dolor lo tranquilizaba como si fuera una bendición.

Matías había encontrado una forma de sentir que Santiago no lo había abandonado del todo.

 

SANTIAGO

Despertaba de golpe y siempre era una repetición de lo mismo; saltaba en la cama al darse cuenta que caía, el aire desaparecía… no podía respirar en el agua oscura que lo arrastraba furiosamente en un remolino… se golpeaba contra  rocas filosas que cortaban su carne…

-. Mati!!!

Se agitaba en la cama y trataba de gritar su nombre pero algo obstruía su garganta y lo sumía en una dolorosa desesperación… sus ojos parpadeaban furiosos hasta lograr abrirse… la luz era cegadora… había personas desconocidas y maquinas con luces que parpadeaban. Estaba vivo… no sabía cómo ni por qué, pero en los breves segundos en que recuperaba la consciencia, se daba cuenta que seguía vivo.

La mejoría de Santiago se hizo notoria el día que le quitaron el respirador artificial y sus pulmones se llenaron de aire sin ayuda externa.

Adamir aparecía todos los días a saber de su estado pero solo le permitían verlo a través de un cristal. Su aspecto maltrecho cambiaba a diario; una venda menos, una herida que se cerraba o un órgano que se recuperaba, aunque sus ojos permanecían cerrados y su mente dormida. El buen estado físico de Santiago antes del accidente era una gran ayuda. Adamir veía los cambios y se volvía ansioso

-. Él aun no puede mantenerse despierto por más de unos cuantos segundos. Es un acto casi reflejo pero es una buena señal. Esperamos que eso cambie pronto. – repetía el médico

-. ¿Cuándo puedo hablar con él? – preguntaba impaciente, sujetándolo e imponiendo su presencia. Tantos días de espera le agotaban la paciencia. Si no fuera por Max no habría soportado más en la ciudad.

Quería ser el primero en hablar con Santiago.  Tenía motivos importantes. Quería que su rostro familiar fuera el primero  en dar la bienvenida a su amigo de vuelta al mundo y, por otro lado, no sabía qué efecto había tenido todo esto sobre la mente de Santiago…  existía la posibilidad de que despertara y comenzara a hablar revelando secretos y poniendo en peligro su vida y negocios.

Además estaba Nazir y la tensión que había quedado en su relación de hermanos luego de los últimos acontecimientos.  Lo presionaba recordándole a diario el peligro que corrían mientras Matías fuera un fugitivo. Por estas razones, Adamir se presentaba  dos veces al día en espera de un cambio.

La mañana del décimo día, Santiago abrió los ojos de madrugada con la sensación de despertar de una larga pesadilla de terror. Haciendo un duro esfuerzo, mantuvo los ojos abiertos y recorrió las paredes blancas y los monitores que vigilaban su estado. Las luces parpadeantes herían sus ojos. Intentó moverse pero sus músculos estaban blandos y adormilados… además, había correas asegurándolo a la cama y pesados vendajes y yesos. Vio personas moverse… alguien se fijó en sus ojos abiertos

-. Bienvenido de vuelta– lo saludó una mujer que llevaba uniforme blanco y que se acercó de inmediato a examinarlo

-. Soy la doctora Gonzales, ¿Sabe cómo se llama? – preguntó sosteniendo sus párpados y alumbrando sus ojos con una molesta linterna

-. Santiago… – respondió con voz  temblorosa que no parecía la suya

-. ¿Recuerda que le pasó?

Si… claro que recordaba todo… Mati se había ido y la vida no tenía sentido…

-. Caí al mar

Santiago arrastraba las palabras y le costaba hablar. Pensar en Matías era doloroso.

La mujer siguió con más preguntas y al terminar de auscultarlo y le dedicó una sonrisa

-. Le haremos algunos exámenes más tarde pero todo parece estar bien.

Santiago quiso estirar su mano que saltó en un movimiento muy torpe. Tenía muchas preguntas que hacer

-. No se preocupe. – dijo ella – Es parte del proceso. Recuperará la movilidad y el control de sus movimientos de a poco

-. ¿Dónde estoy?… ¿cómo llegué aquí?

La doctora respondió sus preguntas  con paciencia informándole sobre el daño que había sufrido y quien le había traído.

Santiago escuchó y suspiro largamente

Estaba vivo… y seguía conectado a Adamir.

 

Adamir supo la  buena noticia a primera hora del día y de inmediato se presentó en la clínica, acompañado de Nazir.  Debido a la delicada condición del paciente solo a uno de ellos le permitieron estar con Santiago por unos cuantos minutos.  Adamir se encontró nuevamente en una situación que le disgustaba: no sabía con exactitud que debía decir… si comenzar por pedir perdón por haberle fallado tan gravemente, o gritarle su enojo por intentar matarse o abrazarlo y alegrarse porque estaba vivo.  Ganó lo último… Adamir no entendía que le pasaba… desde hacía unos días se comportaba diferente y se sorprendía sensibilizado y emocional… reía con Max y su humos cambiaba bruscamente de la alegría al enojo.

Entró al cuarto lleno de ímpetu por la buena noticia de la inminente recuperación de Santiago… pero se detuvo al verlo y darse cuenta que, aunque su amigo hubiera recuperado la consciencia  y volviera a respirar sin ayuda, estaba aún muy lejos de volver a ser el mismo de antes.

Los ojos oscuros de Santiago lo miraban entre vendajes, costras y moretones. Fue un alivio volver a mirarse

-. Hola

Se acercó y posó su mano en el brazo de Santiago.  Su piel estaba tibia y el contacto fue emocionante

-. Hola – respondió Santiago con voz rasposa

-. Te traje en cuanto te encontraron. Estas en las mejores manos. Vas a salir de esta. Todo va a estar bien

Adamir hablaba rápido… estaba nervioso… quería infundirle ánimo… era una situación nueva.

-. Me preocupaste mucho… –  tuvo que callarse por temor a que sus sentimientos afloraran demasiado… su voz sonaba insegura

Santiago le devolvió una mirada igualmente cargada de emoción. Breves segundos de comunicación como la que habían tenido antiguamente.

-. Los médicos dicen que te estás recuperando.  Tus pulmones ya funcionan bien… 

-. Fue un milagro que el buzo te encontrara…

Adamir hablaba pero los ojos de Santiago lo seguían, ansiosos y alterados… en silencio… como si estuviera preguntando algo más. Entonces Adamir entendió y le cambió la cara

-. Tienes que decirme donde está.

Santiago le devolvió una mirada sin expresión. Adamir bajó el tono de voz y explicó con urgencia

-. Es necesario recuperarlo. Estamos en peligro mientras ese chico esté libre.

Santiago cerró los ojos y suspiró largamente. Su rostro se relajó y una sonrisa curvó la comisura de sus labios.

Adamir retrocedió un paso al darse cuenta de lo que pasaba; Santiago estaba sonriendo porque él acababa de confesarle que Matías seguía libre y ellos no sabían su paradero

-. No voy a dañarlo- le aseguró–  pero tenemos que encontrarlo

El esfuerzo físico y emocional había cansado a Santiago  y no volvió a abrir los ojos. Adamir había respondido todo lo que necesitaba saber. Matías estaba bien. Nada más le interesaba.

Los minutos terminaron y Adamir salió de la habitación frustrado y preocupado. Nazir lo esperaba inquieto.

-. ¿Te dijo dónde está el chico?

Adamir negó. Le molestaba reconocer frente a Nazir lo que había pasado allá adentro con  Santiago. Confiaba en que su amistad prevalecería por sobre cualquier otra cosa y que el control que siempre había ejercido sobre Santiago finalmente lo haría entrar en razón y le diría.

-. Aun está muy débil

Nazir movió las manos en el aire en un claro gesto de contrariedad

-. Debes obligarlo. Si el fugitivo comienza a hablar… – dejó la frase sin terminar pero ambos sabían las implicancias.

-. No ha hablado hasta ahora – afirmó Adamir pensando en las semanas que Matías había estado lejos y ganándose una mirada furiosa de su hermano mayor

Lo encontraremos – aseguró.

Él sabía cómo hacer que Santiago hablara. Solo era cosa de tiempo. Estaba contento de que Santiago hubiera vuelto. Resolverían pronto el asunto de Matías y regresarían a la isla. Añoraba volver a su normalidad… dejar la ciudad y todo lo que aquí había… el dolor en los ojos apagados de su padre, la esperanza vana en el rostro ceniciento de su madre… Hasta su relación con Nazir estaba tirante. Volver a la isla con Santiago y Max… Max de su mano… todo sería como antes, mejor que antes.

Sus pronósticos resultaron completamente errados.

Las visitas al cuarto de Santiago se repitieron a diario durante tres días. El tiempo de cada visita se fue alargando a medida que el paciente mejoraba. En cada visita, Adamir repetía la pregunta sobre el paradero de Matías.

-. Tengo que saber dónde está. ¿Entiendes el peligro que significa que esté libre?

-. Él no va a hablar

Santiago ni siquiera se alteraba para responder.

-. Pero hay que recuperarlo!!! No voy a dañarlo… solo… dime donde está

-. Él no va a hablar

-. No tienes ninguna seguridad!! Puede cambiar de opinión en cualquier momento!! – Adamir comenzaba a exasperarse

-. No. Él no va a decir nada – repetía Santiago porfiadamente

-. Santiago, estamos en peligro mientras el chico este libre. No solo yo sino tú también! Todos nosotros!

La mirada de Santiago le indicó a Adamir lo que había comenzado a temer: a Santiago le importaba una mierda lo que pasara con su vida… le daba igual estar en el hospital, la cárcel o en cualquier lugar. Retrocedió preocupado y empezó a dar trancos largos por el cuarto… se llevó las manos a la cabeza. ¿En qué momento había perdido su control sobre Santiago?.. mierda! Esto lo enojaba… estaba resultando imposible… y Nazir sobre su espalda apremiándolo.  Todos estaban en riesgo con Matías en libertad.  Le quedaba una carta por jugar… arriesgada, pero era todo lo que tenía

-. Yo…  dejaré que lo tengas por más tiempo en la isla – dijo de frente a él en la cama.

Santiago se asombró al darse cuenta de lo mucho que conocía a Adamir. Esperaba esa propuesta… Si tan solo la hubiera dicho meses atrás. Sus labios se curvaron en una sonrisa triste y cruel que se veía aun peor en su rostro con marcas de heridas y rasguños. Levantó las manos y se las miró intensamente… sus manos inútiles… las que solo servían para castigar y causar dolor…

-. No volveré a la isla

Ojos oscuros contra ojos dorados…

Unos tranquilos y cansados… los de Adamir furiosos y brillantes

-. De qué demonios estás hablando? – pregunto marcando deliberadamente cada sílaba

-. No voy a volver

Adamir se tomó un minuto para entender… el corazón le latía agitado en el pecho… la rabia amenazaba con hacerlo estallar

-. No puedes

La mirada pacífica de Santiago le dijo que si podía

-. Estás loco??¿Cómo vas a vivir?

Santiago movió los hombros para indicar que no le importaba

-. Tienes que volver a la isla conmigo. No tienes otro lugar donde ir!

-. Ya te dije. No voy a volver.

-. ¿Es por él? ¿Por el chico? ¿Crees que podrás vivir con él y ser felices?

-. No voy a buscarlo

Había tanta tristeza y convicción en la respuesta de Santiago que Adamir le creyó.

Esto no podía estar pasando.

-. Escucha…  Estas recuperándote de un daño muy severo. Cambiarás de opinión. Sé que lo harás cuando mejores

-. No voy a cambiar. No volveré. Tengo una segunda oportunidad y no voy a malgastarla nuevamente.

A pesar de que las palabras de Santiago habían sido pronunciadas en tono suave, Adamir retrocedió como si hubiera recibido un puñal en el pecho… “malgastar”…” Malgastar su vida?”

-. Eres un sádico ¿Crees que puedes vivir de manera normal?– la amabilidad había desaparecido

-. No lo sé. Nunca lo he intentado… pero puedo aprender

Santiago no tenía temor de hablar… a decir verdad, cualquier cosa que  pasara con su vida le daba igual. Sin Matías, su única esperanza radicaba en aprender a usar sus manos… volverlas útiles… No quería nada de la vida… no se explicaba porque estaba vivo.

-. Escucha. Vuelve a la isla conmigo y, si quieres, puedes llevar al chico a vivir contigo. Buscaremos una solución.

-. Yo no…

-. Te dejaré ahora para que lo pienses. – interrumpió Adamir gravemente serio-  Volveré mañana a buscar tu respuesta definitiva

Dejó la habitación caminando con trancos largos y firmes, sin importarle ser objeto de miradas de admiración de quienes se cruzaban con él.

Santiago quería dejarlo.

Su vida había sido “malgastada” a su lado…

Santiago ya no era su amigo, ya no volverían a compartir conversaciones ni a planear formas de ganar dinero con los chicos esclavos.

Si se iba… Dios!! Necesitaba pensar. Hablarlo con Nazir. Esto los involucraba a ambos y los ponía en serio riesgo. Era imposible  olvidar que Santiago sabía demasiado para dejarlo partir.

M&M CAPÍTULO 73

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CAPITULO 73

ADAMIR

Fue el primero en despertar. Apenas estaba amaneciendo y la luz se colaba por la ventana que había olvidado proteger con las cortinas, en la prisa por estar con él. El dormitorio era un desastre pero en este amanecer no le importó en lo más mínimo. La luz le permitió ver a  Max que aun estaba dormido a su lado… Sus piernas estaban enredadas, sus caderas una encima de la otra y la cabeza, con el pelo desordenado, reposaba en contacto con su brazo, cerca del hombro. El peso de la mano de Max sobre su estómago. Había intimidad entre ellos. Adamir agachó levemente su cabeza y enredó su nariz en el pelo de Max… Olía bien, olor a Max, a calidez y sexo… a lo que habían hecho juntos. Sonrió sin saber por qué y, con cuidado, cruzó sus brazos alrededor del torso desnudo de Max…  no tenía intención de despertarlo. Solo quería estrecharlo.  Lo mantuvo sujeto y sus labios lo rozaron…  no tenía prisa… solo quería quedarse ahí, tranquilo, abrazándolo, sintiéndose bien y en paz…

Lo había sabido desde la primera vez que lo vio y decidió que él mismo lo prepararía. Max era…

Él era…

No conocía una palabra que explicara lo que Max era.

Diferente!!!

Si. Eso era! Max era diferente a todos los otros chicos. Él tenía buen ojo para detectar a los mejores y Max sin duda era uno de ellos. Tenía… cosas que lo hacían diferente… Sonrió sintiéndose muy tonto al no poder explicarse… No sabía con exactitud que había en Max pero lo que fuera le encantaba. Tal vez, era su cuerpo… sentía un deseo permanente de mirarlo y tocarlo… también estaban sus ojos y su boca… la forma en que lo había mirado con deseo y alegría…  aahh!… y  la manera de reír y entregarse a la pasión que había descubierto tan solo anoche… Demonios! Max era único… nadie más le hacía burbujear la sangre como le sucedía ahora mismo con tan solo pensarlo… algo le pasaba a su cuerpo por dentro y por fuera cuando estaba con Max… quizás era su personalidad guerrera… No se estaba engañando pensando que el chico había cambiado y se había vuelto todo dócil, de la noche a la mañana. El cambio que había visto era excitante… pero debajo de esa piel de corderito suave y sonriente, Adamir sabía que había un chico aguerrido… un rebelde. Recordaba bien todo el trabajo que le había tomado someterlo… Volvió a sonreír… Max era su fiera y le había dado una buena batalla… al punto de no darse por vencido hasta que estuvo a punto de morir ahogado… una sensación inesperada sacudió el interior de Adamir dejándolo helado…

Oh por Dios! Si Max hubiera muerto…

Lo apretó con tanta fuerza que Max se movió incómodo, despertando.  Adamir relajó sus brazos y sacudió la cabeza descartando los pensamientos inquietantes.  Todo se calmaba en su interior al ver los ojos castaños soñolientos…

-. Me estaba empezando a aburrir… – dijo en forma de saludo.

-. Hola… – murmuró Max aun lleno de sueño

“Hola” no era ni remotamente suficiente para lo que Adamir deseaba. Se agazapó encima de Max, cubriéndolo con su cuerpo y buscándole juguetonamente la boca en un beso cargado de intenciones. Empujó su lengua separándole los labios y estableciendo una clara posesión. Su polla se endurecía frotándose entre ambos. Dios!! Se sentía tan bien despertar y tener a Max atrapado bajo su cuerpo… suave, caliente y quietecito

-. Quiero un saludo más cariñoso – susurró Adamir con la voz ronca, lamiendo la oreja de Max y pasando sus manos sobre la piel tibia del costado, camino a sus caderas… su piel… tan suave y sedosa… enloquecía por tocarlo, por estar dentro de él, quería poseerlo de todas las maneras posibles y volver a verlo entregarse con deseo y agrado…. Quería más de la magia que Max le hacía sentir

Adamir se acomodó en su cuello, besándolo, olisqueando y enterrando su nariz… Max ladeó su cabeza para permitírselo con mayor comodidad y Adamir gruñó agradado al ver la respuesta del chico… los brazos de Max lo rodearon

-. ¿Qué tan cariñoso? – preguntó Max ya bien despierto, siguiendo el juego, arqueando su espalda y presionando el miembro duro de Adamir contra su vientre… moviéndose para estimularlo… sus manos acariciándolo… el amo jadeó… le había gustado eso. El beso adquirió otra intensidad transformándose en lento y sensual… sus cuerpos se frotaban. Se separaron cuando respirar era de vida o muerte. Cogieron aire agitados… Adamir estaba excitado con solo olerlo y sentirlo… mirar de tan cerca los ojos castaños de Max que le devolvían la mirada sonriendo, fue un instante especial…

“Oh Dios! Quiero despertar contigo muchas mañanas”… 

Estuvo a punto de abrir la boca para decirlo pero las palabras murieron en su garganta cuando Max levantó su cabeza y pasó su lengua rosada y suave sobre el labio inferior de Adamir, sorprendiéndolo

-. Asi?… o más cariñoso? – preguntó el chico encima de su boca, en voz baja y sexy, divirtiéndose al tentarlo, sintiéndose osado…

Adamir nunca se había sentido tan bien en toda su maldita vida…

-. Mas

Más de todo… más de ti… dame todo, Max

Volvió a besarlo con locura… su lengua se adentraba profundamente en Max, barriéndole la boca y rizándose sobre su lengua… Dios!! Quería lo que el chico tenía… lo besaba como si pudiera extraerle la esencia de su persona… no tenía suficiente…

-. Más – volvió a repetir ansioso

Max separó sus piernas para él… las levantó para rodearlo y atraerlo. Adamir estaba como loco… lo tocaba, lamía y besaba con la misma intensidad de la noche anterior sintiéndose perdido en el calor de su propio cuerpo… Max gemía cediendo y permitiéndole tomarlo de la manera que Adamir deseara…

No quería esperar… no podía hacerlo… apenas si alcanzó a usar el lubricante antes de tirar todas los cobertores hacia atrás, dejar a Max al descubierto… lo aturdía verlo tan hermoso y dispuesto. Solo cuando su verga se abrió camino penetrando lentamente a Max la calma volvió a él. Lo tenía. Era suyo. Su esclavo. Su chico que le daba paz y lo enloquecía, al mismo tiempo.

Un gemido diferente, atorado en la garganta de Max, lo trajo de vuelta a la realidad

-. -¿Qué pasa? ¿Te duele?

Max tenía los labios apretados y los ojos castaños acuosos. Por supuesto! Le dolía. El maltrato sufrido la noche anterior había sido muy placentero para ambos pero había dejado huella en el recto de Max. Adamir se detuvo sin pensarlo. No quería ver ese rostro adolorido…

-. Estoy bien – mintió Max sabiendo que era lo que el amo esperaba escuchar. La verga de Adamir a medio entrar en su cuerpo causándole más dolor que cualquier otra sensación

-. No me mientas

Adamir le sujetó la mandíbula fuertemente, obligándolo a sostenerle la mirada

-. ¿Te duele? – volvió a preguntar

Max dudó… confundido… ¿qué tipo de mirada era esa?… todo cambiaba y no sabía hasta dónde podía llegar… ¿le estaba permitido decir la verdad?

-. Si – afirmó muy nervioso preparándose por si Adamir tenía una reacción violenta.

El amo no pudo ocultar la desilusión y casi sin creer lo que estaba haciendo, comenzó a retirar su verga

-. No!… no!

Max, sin pensar en lo que hacía, le puso ambas manos en el culo, sujetándolo con fuerza y empujándose contra él

-. No salgas… no..

Se miraron ambos, confundidos…

¿Qué… qué era todo esto?…

El deseo era más fuerte que la razón… las manos de Max apretando su culo… no recordaba que alguien le hubiera puesto las manos encima con tanta posesividad… sentía sus dedos finos enterrándose en sus nalgas, reteniéndolo… la erección de Max palpitaba contra su piel…

Control, control!! ¿Dónde estaba su maldito control??? Él era el amo… no tenía por qué importarle el dolor de un esclavo… deseaba a Max y quería ser complacido

La mano que sujetaba la mandíbula de Max cambio de posición yendo a la parte posterior de la cabeza de Max… el beso fue violento, apasionado y muy, muy profundo… Adamir se fue enterrando con cuidado, besándolo y calmándolo, deteniéndose cada vez que Max se tensaba o gemía. Cuando estuvo completamente dentro y sus bolas rozaban los glúteos de Max dejó de besarlo y lo abrazó. Chequeó su rostro y volvió a ver el reflejo de resignado dolor.

Max lo soportaba…

Mierdaaaaaa

No quería ser soportado.

Había tenido tanto de eso en su vida, tantos ojos llorosos soportándolo. No quería una repetición de lo cotidiano…  Max le había mostrado un nuevo vicio… la alegría de Max le proporcionaba un tipo de placer que no tenía comparación.

Frunció el cejo al darse cuenta que no podía continuar. No quería hacerlo. El dolor de Max no era tan excitante como su risa y ahora que la había probado no se conformaba con menos

-. Me darás cariño más tarde – ladró molesto.

Se retiró cuidando de no causarle dolor y camino hacia el baño majestuosamente desnudo, su pelo ondeando al aire y su erección en alto.

Max lo miró alejarse en total desconcierto. No reaccionó cuando Adamir cerró la puerta de golpe. Sus ojos seguían pegados en la puerta cerrada del baño.  Estaba esperando… ¿saldría del baño y lo castigaría? No tenía la culpa!!! Le había dicho que podía continuar y hasta le había insistido… podía soportar ese dolor… no entendía que estaba pasando… el también tenía ganas a pesar del fuerte dolor… Un momento… ¿esto era parte del cambio? ¿El “interés” de Adamir en él incluía preocuparse de cómo se sentía?.. ¿Tenía algo que ver con lo bien que lo habían pasado durante la noche?… Ay Dios!.. Adamir lo había tratado con tanto esmero, orgasmo tras orgasmo lo había agotado y luego, jugando, valiéndose de su experiencia, lo había vuelto a encender cada vez, como si fuera una cerilla

La puerta se abrió y Adamir salió aun mojado y envuelto en una toalla. Parecía más tranquilo. Se acercó a Max y le habló con tranquilidad.

-. Dúchate. Tengo planes para hoy y tú vienes conmigo.

 

Adamir no se sentía a gusto en la ciudad… al menos no hasta ese día. Se quedaba aguantando el ruido, tráfico y gente porque su único amigo en el mundo dependía de él y tenía una mezcla de preocupación y culpabilidad. Sin embargo, ya que estaba en la ciudad, había decidido aprovechar de ver algunas cosas que podrían resultar de utilidad en la isla y que normalmente compraba en sitios exclusivos por internet.

Cuando Max salió de la ducha, cubierto solo con una toalla alrededor de la cintura y el torso manchado de gotitas de agua, se encontró con que la ropa nueva del día anterior había abandonado las bolsas y estaba expuesta sobre la cama.  Adamir, ya vestido, la estudiaba con interés. Se veía animado

-. Ven acá

Lo sostuvo de los hombros sintiéndole la piel húmeda… su polla reaccionaba… lamió algunas de las gotas y fue subiendo hasta llegar a la boca… sus manos sostuvieron el rostro de Max y su lengua se abrió paso… deseaba el sabor del menor… se le estaba volviendo un vicio… era difícil mantener sus manos alejadas de él

-. Me gusta besarte

Su declaración sonó como si fuera una sorpresa descubrir que eso le gustaba.

Empujó la cara de Max contra su pecho y lo sostuvo pegado al corazón… suspiró profundamente sintiéndose bien. Lo deseaba… lo tendría más tarde… sin lágrimas ni dolor.

Quitó la toalla que cubría el magnífico culo. Lo sujetó de las nalgas con ambas manos presionándolo contra su verga que se volvía dura. Su beso se tornó urgente. Demonios! Max desnudo en sus brazos…

-. Mejor vístete

Lo alejó sabiendo que era lo mejor en ese momento.

-. ¿Qué me pongo?

El chico mantenía su rostro sin una expresión en particular. Se estaba aguantando las ganas de sonreír porque le daba temor que si lo hacía podía molestar al amo… pero en su interior reía a gritos… Adamir lo deseaba… la erección entre sus piernas lo traicionaba delatando el deseo que sentía por él…

-. Pruébate esto… con esto…y esa

El amo se sentó sobre la cama y sus ojos no perdían detalle del movimiento de Max. Lo devoraba con los ojos.

El menor se sabía observado… importante… y se tomaba el tiempo necesario para estirar su torso, arquear la espalda, mover la cabeza y enseñarle el culo. Se exhibía a propósito.

El ambiente se fue relajando… La alegría de Max al verse con las prendas nuevas era contagiosa

-.Así… eso me gusta

Adamir lo atrapó de las caderas y lo recorrió de arriba abajo antes de volver a besarlo. Max estaba increíble. Toda la ropa que habían comprado le sentaba como si hubiera sido hecha especialmente para él. La ropa amaba el cuerpo de Max. Le gustaba… no, le encantaba verlo luciendo tan bien y como se meneaba frente al espejo… Max era un coqueto!!! Se miraba de todos los ángulos… Nunca había imaginado que podía ser tan entretenido verlo pavonearse.

-. Quieto – ordenó pasándole el cinturón nuevo de cuero en los pasadores. Se miraban… el amo abrochaba el cinturón… Max se dejaba hacer… sonreían…

-. Desayuno – ladro Adamir. Contener el deseo no era lo suyo.

Luego de desayunar, Max y él abandonaron la casa acompañados del guardia que Adamir había traído de la isla, en el vehículo con chofer que Nazir le cedía. Estaban solos en la parte posterior del auto Mercedes Benz. El amo deseaba comprar elementos nuevos para uso de sus esclavos, visitar a Santiago en la clínica y luego, no tenía más que hacer. Se preguntó de qué forma podía pasar el tiempo con Max… que no fuera en la cama

Max miraba por la ventana… le gustaba esta ciudad. Tenía construcciones bonitas, muchos espacios verdes y al estar cerca del mar, la vista desde las colinas era hermosa.

-. Voy a llevarte a conocer los astilleros – declaró Adamir moviéndose en el asiento, cogiendo a Max de la cintura.

-. En serio?

Max se giró hacia él, sorprendido. Veía los edificios y barcos de los astilleros desde la ventana en la casa de Sergio. Eran impresionantes. La idea de conocerlos le gustaba.

Adamir aprovechó el movimiento de Max para hundirse en su cuello y morder suavemente la piel cerca del hombro, por sobre la camiseta nueva

-. Auch!…- Max se deslizó intentando escapar pero el amo lo agarró, inmovilizando sus brazos

– Me mordiste!!! – se quejó entre risas mirando con atención la prenda de ropa. No quería que se estropeara…

-. Veo que te preocupa tu ropa nueva

Lo sujetaba con fuerza y con los dientes tiraba de la camiseta para dejar la piel del hombro al descubierto… sus labios se pegaron, chupando… saboreando. Max se quedo quieto, excitándose con lo que Adamir hacía con su boca y lengua… su cabeza cayó hacia atrás apoyándose sobre el amo y su respiración cambió

-. Me encantaaa… mi… ropa… nuevaaaaaahh

Adamir liberó sus brazos y las manos se hundieron bajo la camiseta

-. Te voy a comprar más

Le iba a comprar toda una maldita tienda.

No le importaba que el chofer y el guardia escucharan sus risas y gemidos… a decir verdad, Max tenía toda su atención y nada más le interesaba.

Se estacionaron en el patio de una casa grande y señorial con aspecto de palacio antiguo. Nada en su exterior delataba la naturaleza del negocio que se llevaba a cabo dentro. Los hicieron entrar a un recibidor con aspecto de normalidad, Adamir, Max y el guardia. Muy pronto, un hombre vestido elegantemente pidió la identificación de Adamir.

-. Esta todo en regla, señor. Por favor, sígame

La normalidad terminaba cuando se abandonaba el recibidor.

-. Esta es la sala de muestra. Puede probar los productos en la sala continua y, si desea cualquier ayuda, estoy a su servicio

El hombre dio unos pasos atrás pero permaneció atento. La sala de muestra era enorme, elegante, llena de espejos, muebles y luces. En sus amplios espacios  contenía un despliegue de la mayor colección de artículos eróticos que Adamir había visto. Max se sintió inmediatamente incómodo y se puso rígido. La mano del amo lo tomó, tirando de él con firmeza, asegurándose que estuviera a su lado,

-. Vamos a ver qué novedades hay

Max habría preferido esperarlo fuera. No quería seguirlo. En su cabeza se repetían las palabras del hombre “puede probar los productos”… si Adamir deseaba probar algo de lo que había en esta sala ya sabía bien con quién lo iba a probar. Avanzó tirado por Adamir entre los objetos en exhibición. Algunos le producían escalofríos al mirarlos e imaginar su uso. Max suponía que la mayoría de estas cosas no se vendían en el comercio normal… algunas eran verdaderas armas de tortura; había elementos para perforar, retener, cortar, quemar, marcar, castigar, penetrar, atar, sondear, etc. en una extensa variedad de materiales. Se ponía nervioso al mirarlos.

De vez en cuando, Adamir llamaba al hombre y este explicaba el correcto uso de algo sin siquiera arrugar sus cejas o anotaba en su libreta la orden que el amo necesitaba.

Max caminaba con la cabeza baja deseando que todo terminara pronto… pero no tenía tanta suerte

-. Creo que quiero verte con esto

Adamir susurró en su oído y Max saltó de la impresión. Levantó los ojos de prisa,  asustado. Se habían detenido frente a una especie de disfraz: un dildo con una peluda cola blanca acompañado de orejas y otros elementos que hacían parecer un gato. Max dejo de temblar y se le escapó un suspiro de alivio. Eso no se veía tenebroso. El amo hizo un gesto al hombre y siguió avanzando sin soltarle la mano.

-. Son de oro macizo, señor. Cada uno tiene tres diamantes

Las palabras llamaron la atención de Max y sus ojos, llenos de curiosidad, se alzaron para encontrarse con la mirada dorada de Adamir fija sobre él. En su mano sostenía un par de joyas… eran bonitas, parecían delicados aretes

-. Nuestro personal está capacitado para ponerlos en el pezón de su compañero de inmediato si lo desea, señor

La reacción de Max fue instantánea; se echó hacia atrás bruscamente y solo el fuerte tirón de Adamir sobre su mano impidió que corriera hacia la puerta de salida. El guardia se puso en alerta

Las miradas de Max y Adamir se cruzaron… a Max no le gustó lo que pudo leer en los ojos del amo y el atisbo de sonrisa cruel en su boca… le gustaban los piercing que sostenía… los estaba imaginando puestos en el!!! en su tetillas!!!

-. Se te verían muy bien – le habló solo a él

Max tragó muy duro…  había perdido la sonrisa. Estaba petrificado. No. En sus tetillas no iba a ponerle nada. No quería. El cruce de miradas se alargo por varios segundos…

-. O tal vez no

Adamir devolvió las joyas y siguió revisando los productos como si nada hubiera pasado

A Max le costó trabajo volver a moverse. Lo seguía sin terminar de creer que había devuelto los piercing a pesar del entusiasmo que le había visto… ¿qué lo había hecho cambiar de parecer?.. ¿él?… quiso sonreír pero aun estaba muy asustado… ¿él había logrado que Adamir cambiara de idea?… eso era increíble.

Una hora más tarde, Adamir  pagaba una suma cuantiosa por los objetos que había adquirido y que serían enviados en el más completo anonimato.

La segunda detención fue en la clínica. Max esperó en el vehículo con el guardia y el chofer según la instrucción de Adamir. El menor lo siguió con la vista hasta que atravesó las puertas de entrada y se perdió dentro. Por la forma en que caminaba, Max podía decir que el amo estaba preocupado. Cada vez que se mencionaba a Santiago, el rostro de Adamir se volvía serio. Hacía rato que Max había entendido el grado de amistad diferente entre ellos; no era como con nadie más en la isla. Le llamaba la atención porque Adamir no parecía el tipo de persona que tiene amigos… tal vez estaba equivocado. Tenía ganas de verlos juntos y saber cómo actuaban cuando estaban solos… ¿eran amigos de verdad?… ¿Cómo él y Mati? Durante las cenas había escuchado que Adamir hacía todo lo posible y ponía todos los medios a disposición de Santiago. Deseaba que se recuperara.  Él también tenía ganas de ver a Santiago. Si tenía la oportunidad, quizás hasta le diría que había estado con Mati y que…

No. Nunca volvería a hablar de Matías con Santiago. Jamás volvería a pensar siquiera en su amigo porque eso lo ponía en peligro.

Mientras más lejos estuvieran, mejor. Max se preguntaba si Matías habría entendido su insinuación de cambiarse a otro lugar donde nadie pudiera encontrarlos. Se le produjo un dolor en el pecho al pensar que nunca más volvería a ver a su hermano… el único amigo que tenía en el mundo, pero prefería que fuera así: Matías lejos y libre aunque no volviera a verlo… ¿se sentía Adamir de manera parecida respecto de Santiago?…

Se cansó de pensar y sus ojos buscaron la libertad a través de la ventana…

La situación podría haber resultado aburrida para un adolescente cualquiera pero para Max era una novedad poder mirar el movimiento de gente en las calles. En alguna parte de su mente pensó que un lugar como este era perfecto para sus planes… una clínica, personas entrando y saliendo, pasillos y escaleras, muchos cuartos fáciles de confundir, mucha gente, calles abiertas, fácil de desaparecer…

-. Santiago aun no despierta – comentó Adamir con gravedad al volver

-. Pero, está mejor?

-. Los médicos dicen que mejora un poco cada día. Necesito hablarle

Max desvió la vista… sabía de qué quería hablar Adamir con Santiago

-. El chico que escapó… Matías… ¿de qué hablaban cuando estaban juntos?

Un escalofrío subió por la espalda de Max. Tragó saliva…

-. De nada en particular

La mirada de Adamir se endureció. No le creía

-. Matías y yo vivíamos en la misma ciudad. Él me contaba cosas de su vida. Conocíamos los mismos lugares

Adamir levantó una mano para acariciarle el pelo

-. ¿Cómo era tu vida en esa ciudad?

Max suspiró aliviado. Había alejado la atención del tema de Matías.  Encogió los hombros

-. No sé… era… estaba bien

-. ¿Estaba bien? – repitió Adamir alzando una ceja. Conocía la historia general de Max en su ciudad de origen. El equipo de tierra llevaba muchos años trabajando para él, eran buenos profesionales y sabían bien como cumplir sus encargos. Investigar a los chicos era fundamental antes de hacerlos desaparecer; tenían que ser chicos atractivos, de preferencia, hermosos y muy jóvenes, y que no hubieran personas cercanas que los fueran a extrañar lo suficiente como para investigar las causas de su desaparición. Sabía que Max no tenía familia y que iba por muy mal camino. Quería más información

Hacía tiempo que Max no pensaba en su vida anterior. La última vez que recordara fue cuando compartió sus recuerdos con Miki. No le gustaba hablar de aquello… no podía presumir de haber tenido una buena vida, familia o amigos.

-. Estaba solo… vivía en la calle. Me sabía defender

Adamir ya sabía todo eso y esperaba más información

– Aprendí a robar – confesó

La mirada de Adamir lo alentaba a continuar

-. Peleaba mi espacio con los demás…  los mayores… ya sabes… una zona donde solo tú puedes robar

-. ¿Una calle solo para ti?.. a tu edad?

-. Era perfectamente capaz de hacerlo!

Max saltó a defenderse. No le gustó la sonrisa incrédula de Adamir. Él no tenía nada más de qué presumir.

El amo lo sujetó de los brazos, calmándolo y sonriendo ante la bravata de Max

-. Si. Creo que eras capaz… ¿es por eso que había un cuchillo entre tus pertenencias?

Max se calmó al escucharlo. Sus pertenencias!!! Adamir tenía sus cosas?.. no es que tuviera nada de valor pero si había algo que le interesaba

-. Tú… ¿tú tienes mis cosas?

Adamir lo miró en silencio notando la esperanza pintada en los ojos de Max

-. Tal vez… ¿por qué?

-. Tenía un arete… –  instintivamente se llevó la mano a la oreja. Aun tenía la perforación en el lóbulo.

-. ¿Qué importancia tiene?

¿Sería Adamir capaz de entenderlo? Max bajo la vista… inseguro. Quería recuperarlo

-. Lo compré yo – respondió muy bajito

Adamir comenzaba a conocer un nuevo lenguaje de gestos en Max y era fascinante entenderlo por sus movimientos. Ahora estaba inseguro… casi intimidado.

-. Es lo único que he comprado en toda mi vida

Adamir retuvo la respiración. Ahora entendía. No es que le interesara demasiado el arete en sí… pero le importaba que Max estuviera compartiendo algo que era importante para él… la hermosa cara apesadumbrada y los ojos castaños tristones… no. no le gustaba verlo así. Tiró de él para unirlo a su cuerpo en un abrazo que le resultaba necesario. No tenía el arete en ese momento pero se lo devolvería cuando volvieran a la isla.

-. ¿Lo único? ¿Qué hay del celular, el cuchillo y la chaqueta? – le hablaba despacio usando un tono de voz cálido…

Max se lamió los labios antes de responder… Dios!… se había emocionado al pensar en el pasado y en sus cosas y ahora se sentía bien siendo abrazado por Adamir… percibiendo el calor de su cuerpo bajo la camisa… quería quedarse ahí un rato siento confortado

-. Esos los robé…

Primero fue un instante de silencio… Luego ambos empezaron a reír al mismo tiempo.

Aprendían una nueva forma de comunicación…

El vehículo se detuvo. Habían llegado a una avenida importante.

-. Ven. Vamos a ver que compramos para dejarte aun más bello

Le hablaba con cariño, cerca de su oído, lo abrazaba, sostenía su mano…

-. Nada de robos – le advirtió sonriendo. Max respondió con un gesto.

El guardia los seguía a prudente distancia mientras ellos caminaban por la avenida más elegante de la ciudad donde estaban las mejores tiendas. Temprano, el hombre había recibido la instrucción de no apartar sus ojos de Max, sin importar lo que pasara.

-. Entra aquí

Adamir lo empujó suavemente a una exclusiva tienda de ropa masculina. La elegancia se respiraba en cada detalle del negocio. Una mujer estilizada, que parecía modelo, se acercó a atenderlos. Esta vez, fue Max quien le apretó firme la mano al sentirse nervioso. Los lugares lujosos lo hacían sentir incómodo. Adamir se hizo cargo de la conversación. Avanzaron acompañados de la mujer y fueron eligiendo. Si Max se entusiasmaba con algo, Adamir le hacía un gesto a la mujer para que lo agregara a lo que iba seleccionando para probarse. Se tomaban la tarea en serio como si fuera algo muy importante.  Fue una chaqueta negra de cuero con doble costura, adornos y gruesos cierres metálicos que dejó a Max con la boca abierta.

-. Oh! mira esto!!!

La levantó para mostrársela, la textura fría y suave del cuero era exquisita… Max la olió y le agradó…

-. ¿Te gusta?

Max asintió y al acariciarla, pasó a llevar la etiqueta de la chaqueta. La miró varias veces y sus ojos se quedaron muy abiertos. El precio era exorbitante. Max la soltó de inmediato sintiéndose culpable, como si tocar algo tan caro fuera malo

-. Agréguela – ordenó Adamir a la mujer con un gesto, dejando a Max con la boca abierta.

Minutos después, la dependienta dejaba en el probador el montón de prendas elegidas.

-. Gracias. Nos encargaremos de ver cómo le quedan

Con una mirada fría, Adamir le señaló a  la mujer la salida fuera de área de los probadores y ella entendió. No la quería cerca. Si de él dependía, nadie más volvería a ver un trozo de la piel de Max que no fuera el estrictamente necesario.

Lo primero que Max tomó de la pila de ropa fue la chaqueta…

-. Puedo probármela? – pregunto ansioso

-. Adelante

Max se dejó solo la camiseta antes de ponerse la chaqueta. La textura del cuero sobre sus brazos era exquisita… se miró al espejo desde todos los ángulos… subió el cuello, tocó los cierres… Dios! era la prenda de ropa más hermosa que había visto en toda su vida… lo hacía sentir diferente… como si fuera otra persona

-. Te queda bien

Adamir se aproximaba a él. Sus ojos fijos y serios… difícil leer las intenciones que traía. El espacio de los probadores no era muy grande. Adamir invadió el espacio personal de Max ubicándose tras él. Tocó la chaqueta a la altura de los codos de Max, acariciándola despacio. Cerró sus manos en torno a los antebrazos del menor y los fue levantando y estirando hasta que las manos de Max chocaron contra el espejo

-. Deja tus brazos firmes ahí – ordenó Adamir en su cuello, la voz ronca, cargada de sexualidad

Dios!! aquí?…ahora? Max no lo pensó. Estaba eufórico. El cambio de opinión de Adamir sobre el sexo y los piercings, los abrazos y besos durante toda la mañana… la forma en que lo miraba… todo contribuía a que su libido estuviera alborotada

-. No muevas las manos

No pensaba moverse…

Por el espejo lo vio maniobrar para abrir el cierre de sus jeans nuevos y bajar todo junto hasta sus rodillas, dejando su culo y genitales al descubierto. Luego, la mirada encendida de admiración del amo sobre su cuerpo, recorriéndolo y tocándolo…. Veía el excitante reflejo en el espejo…  siguió observando mientras las manos de Adamir se abrían paso entre sus nalgas, estrujándola.

Max jadeó agitado

-. No hagas ruido – ordenó

Max temblaba excitado y los gemidos se atoraban en su garganta… Adamir buscó  en su chaqueta y sacó algo pequeño, lo abrió con los dientes y luego volvió a separar las nalgas del menor buscando su entrada

-. ¿Qué…?

Algo suave y firme se deslizaba en su interior impulsado por el dedo de Adamir

-. Lo conseguí en la clínica. Te ayudará con el dolor – suavizó la voz hasta convertirla en un murmullo amoroso – Me debes cariño para esta noche

-. AAaahh…mmhh

Max no pudo controlar el gemido largo y tembloroso… El dedo de Adamir empujando dentro de él y la urgencia que sentía. Cerró los ojos y echó el culo hacía atrás…

Adamir estaba hipnotizado por la imagen del espejo… Max se veía decadentemente inmoral… quería devorarlo… consumirlo… estar dentro de él… no solo de su culo, de su ano… sino que quería meterse dentro de su mente, de su boca, sus ojos y  su corazón…

-. Puedo quitar las manos ahora? – preguntó Max haciéndolo recobrar el control

Adamir asintió aun confundido.

Max giró de prisa y sin esperar permiso o aprobación se pegó de golpe a los labios de Adamir… sus pantalones abajo… sus genitales al aire, las manos de Adamir lo apretaron de la cintura… No importaba quien de los dos se buscó la boca primero… los dos necesitaban ese beso caliente… estaban afiebrados de deseo… Adamir lo aplastó con su cuerpo contra el frío espejo y Max abría la boca para dejarlo entrar y se restregaba contra él…

-. Te debo mucho cariño… – Dijo Max antes de perderse en otro beso apasionado.

Salieron abrazados y riendo de los probadores. Cada uno con un montón de ropa.

-. Me llevo esto

Adamir traspasó la pila de ropa a la mujer que esperaba educadamente.

-. ¿Todo esto?!  – preguntó ella para cerciorarse. No estaba acostumbrada a compras tan grandiosas. Las personas generalmente compraban una o dos prendas Versace pero nunca se llevaban la cantidad que sostenía en sus brazos

-. ¿Algún problema? – replicó Adamir

-. Oh no, no señor, ninguno. – respondió ella animada sumando en su mente el porcentaje de comisión que ganaría con tan magnífica venta.

Salieron de la tienda divertidos al ver al guardia cargando los paquetes

-. Llévalos al vehículo – ordenó Adamir

El hombre se detuvo. No podía hacerlo. Él mismo le había dicho que no perdiera de vista a Max. ¿Lo estaba poniendo a prueba?

-. ¿Qué pasa? – interrogó Adamir

Ellos también se detuvieron al ver que el guardia no se movía.

-. Puedo cargarlos, señor

Adamir recordó la instrucción de la mañana. Suspiró analizando la situación. Max estaba de su mano… iban a seguir comprando y luego lo llevaría a almorzar… ¿Qué le gustaba comer a Max?… tal vez unas hamburguesas… mierda! el guardia!..

-. Llévalos al vehículo y vuelve de prisa. Estaremos en esta misma cuadra. No te preocupes.

De mala gana el hombre partió casi corriendo. Tenía que volver de inmediato. No quería perder su trabajo.

Max observaba la escena atentamente…  conteniendo la respiración en espera del  resultado… cuando vio al hombre correr, alejándose, sus ojos buscaron a Adamir. Como si el amo hubiera podido leer sus pensamientos, cruzó su brazo posesivamente por los hombros de Max

-. Estamos solos… ven, quiero regalarte algo especial

Sentía la mano de Adamir reteniendo su hombro. Caminó a su lado… su cabeza confundida… era una gran oportunidad… quizás la única que tendría… Adamir estaba solo… sería inesperado… pensó en su hermosa chaqueta de cuero que se había ido en las bolsas hacia el auto… era una lástima pero… había tantas personas en las calles.. si empezaba a correr como loco y se confundía entre la gente, doblaba en las calles pequeñas… Adamir no podría alcanzarlo… Por primera vez Max deseó ver a un policía… su respiración comenzó a acelerarse… el guardia no estaba… no podía demorarse en tomar la decisión… tenía que ser ahora o…

-. Entremos aquí

La voz de Adamir casi lo asustó. Fue conducido hacia el interior de otro negocio de aspecto tan elegante como el anterior.  Max solo se fijó en que los espacios abiertos, las personas y las calles habían desaparecido de la inmediatez de su vista.

-. Elije los que te gusten – Ordenó el amo

A Max Le tomó unos segundos conectarse con la bandeja que el vendedor le enseñaba… pero cuando finalmente logró concentrar su atención y ver de verdad lo que tenía en frente, su mente se aclaró por arte de magia. Buscó a Adamir con los ojos… preguntando… Lo encontró sonriendo, orgulloso… satisfecho de haberlo sorprendido.

-. Si no te gustan estos podemos pedir otros

-. ¿Qué?..No… no.. está bien…

Los condujeron a una salita pequeña y el vendedor fue exhibiendo diversas bandejas con joyas. Aretes masculinos en metales y piedras preciosas… Max miraba estupefacto sin atreverse a tocar

-. Vamos… elije los que te gusten

-. Yo… no sé…

-. ¿Quieres que te ayude?

-. Si…  por favor

Como podía él elegir algo tan valioso?

El amo había decidido a simple vista cual era su favorito. El color de piel de Max y su pelo castaño resaltarían con estos objetos. Separó un par de aretes de platino con un diseño simple y elegante además de  incrustaciones de piedras preciosas

-. Pruébatelos

Los tomó con miedo. Solo podía ponerse uno ya que tenía perforación en una de sus orejas. Se veía muy bien… brillaba y le iluminaba el rostro… no era nada parecido al arete que había comprado él mismo… este era tan bello… lujoso… se sintió muy triste sin saber porque

-. ¿No te gustan?

-. Si… son preciosos

-. De acuerdo. Los llevamos. No te lo quites.

Adamir estaba contento. Él, que nunca en su vida había salido de compras ni siquiera para sí mismo por considerarlo una pérdida de tiempo, lo estaba pasando bien. Sorprender a Max con regalos era divertido. Se levantó a pagar… Max quedó solo…  No podía quitar la vista de la imagen que le devolvía el espejo… no parecía él… o sea… Si era él, pero a la vez era alguien diferente… el pelo, la ropa, el arete… hasta el mismo lugar que se reflejaba a su espalda… no era él… ¿por qué estaba tan triste?… Nunca imaginó que tendría cosas que fueran tan caras… que se vería como un modelo… que Adamir sería totalmente generoso con él…   Él se había sentido grande y orgulloso con el arete barato que había comprado en su ciudad… había juntado cada moneda…  Lo que Adamir le ofrecía era un sueño inalcanzable… le estaba poniendo el mundo a sus pies… y él… debería estar agradecido y feliz… si, eso debería estar sintiendo…

-. Vamos, Max.

Solo entonces reaccionó dándose cuenta que había estado solo en ese cuarto por valiosos minutos…  Se miró una vez más al espejo… el arete en su oreja era tan hermoso. Podía imaginarse como luciría junto a su chaqueta de cuero… Caminó hasta el lado de Adamir y en un movimiento automático estiró su mano para tomar la de él. Suspiró sin saber porque.

-. Tengo que perforar mi otra oreja.- pidió en voz baja

-. Lo haremos después. Los astilleros nos esperan ahora.

Nazir se alegró de recibirlos y se tomó unas horas libres para llevarlos a conocer el lugar. Los cambios y adelantos eran sorprendentes…  ver las monstruosas grúas capaces de elevar un carguero, inspeccionar un barco por dentro, sus enormes motores y piezas le parecieron fascinante a Max… el largo recorrido lo volvió un niño curioso con miles de preguntas que Nazir respondió con paciencia. Adamir estaba deslumbrado de lo mucho que había crecido el negocio de su familia. Se alegraba por Nazir. Lo estaba haciendo muy bien.

Había diferentes departamentos, ingeniería, diseño, reparación… Max quería verlo todo pero era imposible en tan poco tiempo. Al cabo de varias horas su curiosidad aun no estaba satisfecha pero Nazir tenía que regresar.

-. Por este pasillo llegaremos de vuelta a mi oficina. 

Caminaban comentando lo que habían visto. Se detuvieron frente al ascensor. La campanilla sonó anunciando que había llegado. Las puertas se abrieron. Los hermanos se quedaron mudos e inmóviles al ver los rostros de quienes transportaba el ascensor… las dos personas dentro del elevador tampoco atinaron a reaccionar… miradas fijas… sin movimientos ni palabras. Max no sabía que pasaba pero pudo percibir que se trataba de algo importante. Tampoco hablaba ni se movía

-. Adamir? – preguntó un hombre mayor cuya voz tartamudeaba

Adamir miró a su hermano antes de responder. Su rostro había perdido expresión… buscaba una confirmación, apoyo…

Nazir sostenía la puerta abierta. Esto era lamentablemente inesperado…

-. Hola Papá – respondió Adamir con gravedad mirando al hombre mayor

Nazir pensó que no había ninguna razón para que ellos estuvieran en el astillero hoy día. Su padre y tío lo habían dejado todo a cargo suyo hacía años ya… maldición! Era una situación muy incómoda. Adamir y su padre no se hablaban desde hacía al menos 12 años… habían roto relaciones de muy mala manera y ninguno había hecho el intento de buscarse nunca más… su padre había gritado a quien quiso escucharlo que Adamir ya no era su hijo cuando se enteró de los rumores que circulaban sobre el “negocio” de su hijo.

-. Que haces tú aquí? – esa voz chillona y alterada pertenecía a su tío

-. No te preocupes, tío. Ya me iba

No tenía idea de donde encontraría otra salida pero Adamir dio media vuelta y con un gesto le indicó a Max que lo siguiera. Quería salir de allí lo antes posible. No quería discutir ni permanecer un segundo más en ese pasillo. No necesitaba este mal rato. Mirar los ojos de su padre de nuevo… verlo tan viejo… maldición! quería escapar ya mismo.

-. Hijo!

Esa voz llamándolo fue la de su padre…

Hijo

¿Le había dicho hijo a él?… ¿no era que lo había eliminado de su vida?

No se detuvo. Caminó más a prisa

-. Adamir, espera, por favor.

Su padre le estaba pidiendo “por favor”?

Se detuvo pero no se giró hacia él.

-. Estoy sorprendido de verte…

Su padre se acercaba… Adamir empuñó las manos…

-. ¿Me gustaría conversar contigo

Estaba a su lado. El hombre que le había dado la vida y que había sido un padre maravilloso hasta que creyó descubrir a lo que él se dedicaba… estaba ahí, al lado suyo pidiéndole hablar. No debió venir a los astilleros. Que estúpida idea había sido!!

-. Subamos todos a mi oficina – sugirió Nazir en voz alta

Adamir estaba clavado al suelo respirando muy lento y profundo.

-. Son muchos años, hijo.

Oh Dios!! la mano de su padre en su antebrazo…

-. Tu madre… ella pregunta por ti…

¿Por qué la mencionaba a ella?!! Los dos lo habían negado… no quería saber ni escuchar…

-. Adamir, sube un momento

La voz de Nazir fue calmada y autoritaria. Suficiente para que Adamir recuperara parte de su control y girara del lado contrario a donde estaba su padre. No estaba preparado para volver a mirarlo todavía. Se dirigió al ascensor con la vista fija en la nada…

-. Y este… ¿Quién es?

El tío de Adamir notó al adolescente que se mantenía a un costado casi sin respirar, con los ojos muy abiertos y evidente nerviosismo.

-. El viene conmigo – Adamir agradeció poder hablar sin denotar nerviosismo – ven, Max.

No!! no, no… Max no quería estar ahí con esas personas. Sintió las miradas dominante de Nazir y Adamir sobre él y camino de forma automática. Fue el último en subir al ascensor. El silencio era tenso… Max se pegó a la pared, casi sin respirar… su vista fija en el suelo.

Adamir tenía papá!!

Ese señor era su padre!!!

-. Pasen y pónganse cómodos

Nazir lideraba el grupo. Era el único que se veía calmado y en control. Todos pasaron pero nadie estaba cómodo.  Se sentaron en los sillones alrededor de una mesa baja. Max buscó la silla más alejada de todos y se hundió en ella. Quería ser invisible. Aun con la cabeza gacha levantó los ojos para ver. Adamir estaba sentado con la barbilla en alto y los ojos fríos… estaba expectante… lo conocía lo suficiente para deducir que saltaría a defenderse en cualquier momento. Nazir de pie a su lado… los dos hombres mayores eran muy parecidos, delgados, de pelo casi blanco y rostros angulosos.  El padre de Adamir era un poco más alto y tenía bigote. Vestían ternos oscuros y caros. Max calculó que tendrían bastante más de 70 años

-. ¿Qué haces aquí? – definitivamente, el tío no estaba contento de verlo

-. Son los astilleros de la familia – intervino Nazir rápidamente

-. Pero él no es parte de la familia! – el tío no aguantó sentado. Se levantó violentamente apuntando a Adamir con el dedo.

Justo antes de que Adamir abriera su boca para expulsar veneno, su padre habló

-. Es mi hijo – declaró visiblemente afectado, como si hubiera estado corriendo y se hubiera agotado. Se mantenía sentado y hablaba lento.

Sus palabras hicieron que Adamir quedara callado mirándolo…

-. Ahora vuelve a ser tu hijo??!!! Lo expulsaste de la familia!! Dijiste que no existía para ti!!! O ya se te olvidó el “negocio” de este mal…

-. Ya es suficiente! Mi hermano es mi invitado – Vociferó Nazir recalcando la palabra “hermano”

Max tembló en la silla. Nazir lucía muy amenazante

-. Fue un error – fue un murmullo angustiado pero todos escucharon lo que el padre decía

– Es mi hijo. Siempre lo ha sido

De todas las posibles cosas complicadas que podían haberle sucedido a Adamir en el mundo, esta era una que realmente no esperaba y que lo dejaba totalmente descolocado. El tema de su familia había sido  doloroso pero ya estaba superado. Había aceptado que sus padres no lo querían ver ni saber de él. Se avergonzaban de su hijo. Las puertas estaban cerradas para siempre y ya no pensaba en ellos. Nazir era su única familia directa. No necesitaba de ellos…

¿Por qué demonios entonces no podía encontrar las palabras adecuadas para hablar?  ¿Por qué el rostro avejentado de su padre le provocaba falta de aire?…

-. Ven a cenar a casa. Tu madre necesita verte

-. ¿Lo vas a recibir en tu casa? Esto es inaudito!!!

-. Tío, Cálmate – Nazir comenzaba a sentirse afectado también. Ver a su padre rogar… él entendía todas las razones.

-. No me calmo nada!!! – el hombre se volvió hacia Adamir y lo enfrentó muy de cerca – ¿Acaso ya dejaste de negociar con putos? ¿o todavía sigues enlodando el nombre de la familia?

De pronto, la mirada de los dos hombres mayores estaba fija en Max. Se empequeñeció en la silla y sus mejillas ardieron. Sus ojos buscaron a Adamir y se tranquilizó al ver que correspondía a su gesto.

-. Mis negocios no son de tu incumbencia – Adamir también se puso de pie en actitud agresiva – Nunca he usado el nombre de la familia

-. No eres bienvenido aquí!! Será mejor que vuelvas al cuchitril donde vives con tus…

-. Ya basta!!! – el padre también abandonó el asiento – Cállate – le gritó al tío – Tú no tienes hijos! No puedes entender el dolor de no saber de mi hijo por años

Buscó a Adamir

-. Dime que vendrás a casa… solo vamos a hablar

¿Cuándo le habían salido tantas arrugas alrededor de los ojos a su padre?… ya no eran tan dorados como antes… se veían opacos y cansados… había perdido vigor… el hombre que tenía al frente se volvía anciano

-. No es buena idea – respondió Adamir angustiado

-. Por favor… tenemos que hablar

¿Su padre le estaba suplicando?… ¿ir donde ellos? ¿Volver a la casa materna?… ¿para qué?… Estaba bien como estaba. No quería abrir la puerta de las emociones guardadas… Sería mejor volver a la isla de inmediato.

-. Iremos a cenar hoy contigo y mamá– Nazir respondió poniendo su mano sobre el hombro de Adamir, apretando,  conteniéndolo y ordenando.

Adamir se giró molesto pero se encontró con que la mirada de Nazir no admitía negativas.

-. Tu madre estará contenta – había alivio en la voz del padre

-. No puedo creerlo!! Te has vuelto loco!!!

El tío de Adamir abandonó la oficina furioso.

Despacio, como si tuviera temor, el padre de Adamir se acercó a su hijo. Tenía los ojos acuosos de emoción. Asintió con la cabeza varias veces… movimientos lentos… la emoción lo sobrepasaba

-. Hablaremos en la cena

Quería tocarlo pero no se atrevió.

Adamir permanecía pegado al piso… inmóvil

-. Te acompaño, papá

Nazir tomó del brazo a su padre y juntos dejaron la oficina.

Max nunca en su vida había estado más quieto que ahora… quería ser un fantasma invisible y desaparecer…

Adamir tampoco se movía. Max pensó que se había olvidado de su presencia… estaba concentrado en sus pensamientos… tenía la vista fija al frente, las manos en las caderas, la boca apretada, respiraba de manera que parecía estar a punto de explotar.

Cuando Nazir volvió a entrar a la oficina, Adamir se adelantó a encararlo

-. ¿Con qué derecho me comprometes? No voy a ir a…

-. Mamá está enferma. Le queda poco tiempo – Dijo Nazir pasando por su lado camino del escritorio

Por la mente de Adamir pasaron las imágenes de su madre… volvía a faltarle el aire y algo muy pesado le oprimía el pecho. En un solo movimiento se desinfló toda su postura de agresividad

-. ¿Y cuando pensabas decírmelo?

-. No te lo iba a decir

Nazir ordenaba papeles y los ponía dentro de una gaveta

-. Es mi madre!! ¿Cómo no ibas a decírmelo?

-. Nunca preguntas por ella… ni por él.

-. Porque ellos me expulsaron de la familia!!!  Creen que tengo un negocio de prostitución!

Nazir detuvo sus movimientos para mirarlo. Sus ojos se desviaron hacía Max…

-. Si supieran lo que realmente es…

Adamir siguió la mirada de Nazir y se encontró con Max… pestañeó… como si hubiera olvidado que estaba allí

-. Mamá no sabe que está grave. Papá no quiere que nadie sepa – advirtió Nazir

-. No creo que…

-. Es tu última oportunidad de verla. Cáncer.

Adamir sintió las palabras como un puñetazo en el estómago… su mamá les preparaba comidas de animalitos… los acariciaba con manos suaves y palabras dulces… se preocupaba de que estuvieran siempre limpios y bien vestidos, flotaba entre gasas y perfume… se peinaba con un moño alto y elegante…

Cáncer?…

-. ¿Nos vamos? 

Nazir sostenía un maletín en la mano y esperaba por ellos.

De un movimiento enérgico Max se puso de pie listo para seguirlos

Adamir comenzó a moverse en silencio como si su cuerpo le pesara… alcanzó a Max justo antes de salir de la oficina y extendió su mano uniéndola con la de él… no era un agarre forzado ni le daba tirones… solo era su mano unida con la de Max.

M&M Capítulo 72

6

MATIAS Y MAXIMILIAN

CAPITULO 72

MATÍAS

Clara conducía lentamente desde hacía varios kilómetros. El camino que atravesaba los cerros de la costa era un sinfín de curvas pronunciadas y ella no era una experta al volante. Además, era un camino angosto y  poco transitado. El pueblo que había elegido para vivir estaba lejos de cualquier ciudad Mati miraba el paisaje que se abría frente a ellos con el mismo desánimo que había tenido durante todo el viaje. A poca distancia, al lado de la pequeña bahía, se podía vislumbrar un poblado cuyas casas, mayormente blancas y con techos de ladrillos anaranjados, subían encaramándose en los cerros y parecían colgar entre los árboles. Unos cuantos botes pequeños de pesca cerca de la costa y más allá el infinito mar azul turquesa. No había edificios ni grandes construcciones llamativas aparte del campanario sobresaliente de una iglesia antigua.

-. ¿Te gusta? – preguntó Clara – este será nuestro hogar ahora

Matías no respondió…

Hogar… ¿había algún lugar en el mundo que pudiera ser su hogar sin Santiago? Nunca había tenido un hogar… a lo único que Matías podía dar nombre de “hogar” era a Santiago…

El camino de curvas terminó dando paso a callecitas angostas y antiguas, bordeadas de casas blancas sin muchas pretensiones. Avanzaron sin prisa con la seguridad de que en un lugar tan pequeño no iban a perderse. Se detuvieron cuando vieron la palabra “restaurant”. Estaban cansados, hambrientos y habían dormido mal la noche anterior; la pena y la ansiedad del cambio, además de una posada muy discreta, no habían contribuido al buen sueño. No quisieron detenerse en ningún lugar grande y cómodo donde sus nombres quedaran registrados; nada que permitiera saber quiénes eran, dónde estaban o a donde iban. Eran personas nuevas iniciando una vida distinta. Incluso habían hablado de usar nombres nuevos…

Luego de almorzar, Clara se dirigió al propietario del restaurant.

-. Mi hijo y yo buscamos una casa para vivir

-. Están de suerte – dijo el hombre, gordito y amable – En la época de turistas no hay nada disponible pero ahora pueden arrendar algo muy barato. Vaya a esta dirección.

Se quedaron con la tercera casa que les mostraron; no era la más bonita ni la más grande; pero Clara la eligió porque era la más aislada y tenía más espacio. Una casa blanca como el resto, con una acogedora cocina ubicada casi en las afueras del pueblo, lejos de vecinos curiosos. Tenía una vista privilegiada hacia la playa y un amplio patio posterior que, aunque descuidado de momento, Clara imaginó como un lugar donde tener una huerta y cultivar las frutillas que tanto le gustaban a Matías.

. Hay una escuela cerca – dijo el hombre que la arrendaba, mirando a Matías – su hijo podrá ir y volver caminando

Pagaron en efectivo y por adelantado.  Clara firmó el contrato de arriendo con su segundo nombre.

-. Muy bien señora Isabel, es toda suya.

El corredor guardó el grueso fajo de dinero en el bolsillo y muy sonriente, le entregó las llaves.  Ya tenían un techo sobre sus cabezas y paredes para protegerlos.

Descargaron las cajas y maletas pero no les alcanzó el ánimo para ordenar sus cosas en la nueva casa.

-. Vamos a conocer

Clara estiró la mano para invitar a Matías. Desganado, el chico aceptó. Avanzaron con calma. Casas bien cuidadas, sin ostentación, unas cuantas tiendas pequeñas y primorosas y personas sencillas que movieron sus cabezas en señal de saludo a los forasteros. Era un lugar más pequeño que Villa Canela. Pasaron frente a la escuela.

-. Aquí vas a estudiar… tal vez necesiten una maestra – dijo ella pensando en lo difícil que sería trabajar sin revelar su verdadera identidad. Ella no tenía documentos falsos como Matías. Solo podía usar su segundo nombre pero el mismo apellido.

Unas cuadras más adelante el camino desembocó en una playa no muy grande de arenas doradas y suaves. Se quitaron los zapatos para poder caminar mejor. Sin que ninguno de los dos hubiera dicho algo, se acercaron directamente a las olas del mar. Clara fue la primera en permitir que el agua mojara sus pies… miró al horizonte con tristeza y suspiró. Si estaba triste, pero a la vez tenía esperanzas. Matías era su esperanza. Nunca creyó que tendría un hijo… el dulce Mati era su milagro. Este nuevo pueblo se veía amable y recóndito… sería un buen lugar para empezar todo de nuevo. No los encontrarían porque nadie conocería sus nombres reales. Aquí serían otras personas. Matías estudiaría y ella sería su madre; le daría todo el cariño que le faltaba y que Santiago no pudo entregarle… sabía que no podía suplir todo lo que su hermano le había dado al chico pero le ofrecería algo que Mati no conocía: el cariño de una mamá y un ambiente de familia. Ella le enseñaría lo feliz que podían ser, iba a consentirlo y educarlo por el buen camino. No sería fácil. Criar un hijo era todo un desafío y la tarea sería más difícil ahora que Matías le había confesado que él había amado todo lo que Santiago le hacía…¿Qué era ese “todo” que su hermano le había hecho? Recordaba las marcas en el cuerpo de Mati cuando recién llegó… bueno… Tendrían que hablarlo en algún momento… Se armaría de valor pues necesitaba saber para poder ayudarlo. Cumpliría con lo que Santiago le había pedido y mucho más… Los sonidos del llanto de Matías la hicieron volver la cabeza bruscamente.

Mati se detuvo en la arena, mirando el agua ir y venir,  justo antes de tocarla… el mar era inmenso, lo sabía… pero suponía que los cuerpos que quedaban en el mar se disolvían en el agua salada con el paso del tiempo… entonces, en cada gota de esa agua había una minúscula partícula de lo que había sido el cuerpo de Santiago… no pudo contener la emoción y las lágrimas… dio unos pasos muy lentamente, casi de manera ceremoniosa, dentro de la siguiente ola… ahora el agua bañaba sus pies… Santiago volvía a tocarlo… lo acariciaba como antes… era un contacto frío y lejano pero era él que lo tocaba nuevamente… se sintió débil y se dejó caer de lleno contra la espuma, llorando como el niño que era… quería que Santiago lo envolviera completamente… el agua lo cubrió y la fuerza de la ola lo hizo rodar internándolo un poco más… Matías extendió los brazos e intentó inútilmente abrazar el agua… sus brazos se cruzaron y terminó abrazándose a sí mismo… lloraba desconsolado y se hundía en el movimiento de las olas

-.Matías!!!

Clara lo agarró con fiereza, elevando su cabeza

-. No Mati… por favor, no

-. Está en el mar, Clara… él está aquí. Deja que me abrace…

-. No voy a soltarte – respondió ella sujetándolo más fuerte y venciendo la resistencia del menor.

-. Quiero ir con él… – lloriqueó Matías

-. Estas con él!!!- gritó Clara asustada por lo que sucedía- siempre lo llevas dentro tuyo, ¿no lo sabes?!!

Matías dejó de llorar para poner atención

-. Lo tienes aquí!!! – Clara golpeó con su mano el centro del pecho de Matías – aquí adentro guardas a Santiago y eso no se va a ir nunca. Tienes de él más de lo que yo o cualquier otra persona que lo conoció.  Fui su familia pero él te dio a ti más que nadie, te quiso más que a nadie… te dio todo lo que era

Los ojos grandes de Mati la miraban en estado de sorpresa

-. A ti te amó… Santiago se sacrificó para que tu fueras feliz, ¿no te das cuenta?… Tienes que hacer que valga la pena… ahora estas obligado a honrar su sacrificio… debes ser feliz hijo.

Matías, mojado y helado, la siguió mirando fijo hasta que finalmente abrió la boca

-. Él me dijo que tenía que ser feliz

Matías estaba rememorando la última vez que habló con Santiago en el acantilado, antes de dormirse en aquella caja.  Ahora entendía que todos los consejos que él le dio esa noche habían sido una despedida.

-. También me lo pidió a mi.- insistió Clara-  Me dijo que te dejaba todo lo que tenía para tu futuro. No puedes desperdiciarlo. No estás solo. Yo estoy contigo.

Mati suspiraba derrotado…

-. No vuelvas a pensar en irte con él. No  era eso lo que él quería para ti… no pienses en morir.

Matías movió su cabeza para apoyarla en el hombro de Clara. Quería ir con Santiago pero no podía hacerlo porque su amo se lo había prohibido… la última orden que Santiago le había dado era que fuera feliz… Mati estaba insoportablemente triste.

Estaban los dos mojados y abrazados… las suaves olas seguían meciéndolos, el agua los bañaba, como si estuvieran limpiándolos del pasado y preparándolos para un nuevo futuro.

 

ADAMIR

El regreso desde el centro comercial había sido una exigente prueba para Adamir; ver a las personal del salón tocando a Max había exacerbado unos celos injustificados que casi rayaban en una pataleta infantil. El resultado era increíble y Max se veía tan hermoso que rayaba en lo ridículo. Adamir estaba acostumbrado a tomar lo que quería cuando se le daba la gana, sobre todo tratándose de un esclavo. Esperar, cuando lo deseaba tanto, era nuevo y desagradable. Su humor se volvió negro y terminó de hundirlo cuando no hubo persona en el centro comercial que no desviara su vista para fijarla en el chico bien arreglado, de fachoso caminar, lujosa vestimenta y rostro alegre.

-. ¿Cómo me veo?

Había preguntado Max minutos antes, de pie admirándose frente a varios espejos y casi sin poder creer que la imagen que veía era el reflejo de su persona; su pelo brillaba ondeando en suaves rizos alrededor de la piel de su rostro perfectamente limpia e hidratada, como si fuera terciopelo fresco; sus pestañas crespas resaltaban sus ojos chispeantes; la ropa de lujo hacía lucir su cuerpo como un modelo de revistas elegantes.  Su atractivo era innegable.

-. Estas espectacular!! – Aplaudió Sergio y todo el personal del Salón de Belleza coreó su aprobación, alborotado a su alrededor. Max estaba feliz de ser el centro de atención.

Adamir no dijo ni una palabra. Se levantó, pago la cuenta y salió del Salón con los chicos siguiéndolo. Tomó firmemente la mano de Max, pero no lo miró ni le habló mientras avanzaban por los pasillos. Le costaba contenerse y odiaba que eso se notara frente a Sergio y a las personas que los acompañaban. Era una señal de debilidad que no le gustaba exhibir. Max estaba acabando con él… con su juicio, su erección, sus testículos pesados y sus locos deseos de poseerlo ya mismo, de llevarlo de vuelta a la privacidad de su isla, esconderlo y evitar que nadie más volviera a mirarlo o a tocarlo. Cada paso que daba Max, hablando y riendo con Sergio, moviéndose y haciéndole aspirar el exquisito olor que emitía su cuerpo y revelando su piel, aumentaba su deseo y  la molestia. Adamir le apretaba la mano tironeando y apuraba el paso, ansioso de llegar luego a destino.

Sergio intentó llamar su atención indicando que deseaba comprar algo más, un regalo especial para Max, pero Adamir respondió bruscamente y sin dejar de caminar

-. Ahora  no. Nos vamos – gruñó

Ya en el vehículo, Adamir se sentó en el asiento delantero, cosa que nunca hacía, y le indico al chofer el camino más directo a casa de su hermano. Luego enmudeció en taimado silencio.

Sergio y Max hablaban muy bajito en el asiento posterior, pendientes de no perturbar a Adamir

-. ¿Por qué se enojó?… él me llevó al salón… yo no se lo pedí… – susurró Max

-. No es contigo – respondió Sergio, murmurando también.

-. ¿Cómo que no? Está furioso conmigo!!! – Max gritó en su susurro

Sergio había aprendido mucho en sus años de vida junto a Nazir. La reacción de Adamir la había visto unas cuantas veces en su hermano…

-. Está enojado consigo mismo – le dijo casi en secreto

Max retrocedió en el asiento mirando a Sergio con incredulidad y preguntando con un gesto de su rostro. Sergio respondió con una sonrisa y movió su mano para indicarle a Max que pusiera atención a la forma en que lucía. Max frunció el ceño, sin comprender. Sergio repitió el gesto, con su mano extendida señaló a Max desde los pies a la cabeza y, para que el chico entendiera mejor, Sergio se acercó a su oído

-. Estás precioso. Te desea.

Max sintió un escalofrío al escucharlo…

Las piezas rápidamente calzaron en el lugar correcto. Alzó la cabeza, suspiró satisfecho, chupándose los labios con una sonrisa… Si. Tenía sentido lo que decía Sergio… Adamir estaba enojado porque había tenido que aguantar que otros hombres lo tocaran frente a sus ojos… él lo había estado devorando con la vista todo el tiempo mientras lo atendían… y solo al final, cuando ya estaba listo, se había enfadado de la nada… así es que ese era el motivo. No dejó de chuparse y jugar con sus labios con la vista fija en el pasajero del asiento delantero…

Adamir lo deseaba y Max experimentaba un sentimiento nuevo que era embriagador… Poder. Él tenía el poder de enloquecerlo… de ponerlo mal genio por no poder tocarlo… En sus manos, en su cuerpo, descansaba la tranquilidad de Adamir…

-. ¿Por qué sonríes así? – murmuró Sergio

Max desvió la vista de Adamir para fijar sus ojos, brillantes de lujuria, en el dulce rostro de Sergio.  No era necesario que respondiera, Su rostro revelaba lo que estaba sintiendo.  La expresión de Sergio cambió  a preocupación

-. Max, ten cuidado – advirtió suavemente

-. No pasa nada. Estoy bien

Sergio pensó en todo lo que había visto y escuchado durante los días que había compartido con Max. “Estar bien” no era la palabra que el usaría para describir lo que había visto.

-. Adamir es… él no es como Nazir

Sergio se tensó frente al rostro dubitativo de Max; quería advertirle pero sin entrometerse. Veía claramente el peligro pero también recordaba la promesa que Nazir le había arrancado de su boca. No debía intervenir.

-. ¿Qué me quieres decir?

Hacía rato que Max había entendido que Sergio era su mejor fuente de información y la única, por cierto. Su instinto le indicaba que podía confiar en él, con ciertas reservas.

-. Nazir es comprensivo y justo, él trata con mucha gente todos los días y puede ser empático. Es cariñoso conmigo y le gusta hacerme feliz. Adamir es… diferente.

Que difícil era intentar prevenir a Max del peligro sin hablar demasiado!  Sergio estaba en una verdadera encrucijada pero ya llegaban a destino. No había tiempo para seguir hablando ahora. A Sergio le preocupaba la curiosidad de Max por el tema. Y la ignorancia del chico!!! Era tan joven!! No podía dejarlo así.

-. Hablaremos después – dijo  apretando de prisa la mano de Max sin que nadie lo notara. No sabía si luego iba a arrepentirse; no estaba claro donde estaba el límite entre lo que podía o no hablar con Max y definitivamente no iba a preguntárselo a Nazir. Si volvía a tocar el tema, seguro le prohibiría hablar cualquier cosa y tendría que obedecer. Confiaría en su criterio para tratar de hacer lo mejor posible y cumplir con su necesidad de ayudar a Max y no desobedecer las indicaciones de su amo. Algo en Max despertaba la enorme capacidad de ternura de Sergio y el deseo de protegerlo. Max era como una versión mucho más triste y desamparada de él mismo cuando tenía su edad.

El vehículo se detuvo frente a la entrada principal. Adamir abrió la puerta rápidamente.

-. Max, ven conmigo

No esperó a que el chico respondiera y se dirigió hacia la casa seguro de que sería obedecido. Finalmente tenía privacidad.

Entró al dormitorio. Esperó a que Max entrara tras él y cerró la puerta de golpe.  Sorprendió al chico sin darle tiempo a que soltara las bolsas de las compras en sus manos; lo  giró y su boca, por fin, encontró los labios de Max… suaves, dulces, jugosos… como sabía que serían… depósito ambas manos presionando su culo y empujó su lengua abriendo la boca de Max y profundizando el beso… quería sus dientes, su garganta y su paladar… ahogarlo y ahogarse en aquel  húmedo sabor.  Apretó fuerte las nalgas empujándolas hacia adelante y obteniendo, como premio, un gemido de Max…

-. Esto es… mío – su voz sonaba necesitada

Subió las manos enredando sus dedos en la cabellera suave y tironeó de ella para agarrarlo mejor y gruñó desatando la pasión contenida.

Max soltó las bolsas que cayeron al suelo en completo desorden sin que a ninguno le importara. Separó sus labios dócilmente y se dejó tocar sin oponer resistencia. Esperaba una reacción así y, por primera vez, estaba preparado. Su ropa nueva fue cayendo al suelo sin que el amo lo ordenara… Max miraba fijamente a Adamir cada vez que dejaba al descubierto su piel con una mezcla de desafío y coquetería. Estaba exhibiéndose… hoy estaba seguro de lucir bien… notaba como la respiración de Adamir se aceleraba. La manera en que lo miraba casi daba miedo… pero Max acentuaba sus movimientos para excitarlo aun más. El corazón le latía locamente en el pecho. Cuando estuvo desnudo se acercó a él. Adamir lo tomó entre sus brazos y volvió a besarlo. Moviendo sus manos frenéticamente sobre la piel desnuda de Max

-. Estas haciendo que me vuelva loco, Max – su voz era ronca y baja…

Una mano inquieta de Max escapó del abrazo para dirigirse hacia el pantalón del amo que mostraba una clara protuberancia. Ninguno de los dos dijo nada… Adamir levantó levemente sus brazos, autorizándolo.

-. Desnúdame

Max mantuvo la mirada en los ojos dorados de Adamir antes de moverse y se atrevió a sonreír descaradamente… le gustaba esto… le gustaba mucho que Adamir lo deseara tanto. No esperaba lo que sucedió. Aun con las manos en alto, Adamir respondió a la sonrisa de Max… estaban sonriendo juntos, lujuriosamente… excitados… deseándose. Una comunicación nueva.

Max le quitó la ropa y se dio el tiempo para admirarlo… sonreía al ver que al amo le gustaba como él resbalaba las prendas de ropa por su piel y luego lo tocaba con sus dedos finos… la piel de Adamir se erizaba y Max lo besaba sonriendo al mirarlo.

Aaaahhhh diablos!!! Esto era intoxicante para Max.

El poderoso Adamir, desnudo y caliente, estaba rendido a sus encantos y se sentía gigante…

Max, alentado por la bienvenida de Adamir, le acarició el torso, siempre atento a sus reacciones. Besó su pecho y fue bajando, besándolo y lamiéndolo con su lengua húmeda, hasta llegar a la verga erecta. No lo miró ni pidió permiso… sabía que era bienvenido… No por nada Adamir lo había estado enseñando durante tanto tiempo. Sabía lo que tenía que hacer y lo estaba haciendo con gusto.  La polla de Adamir estaba  dura e hinchada. Max lo lamió de a poco hasta que finalmente abrió grande la boca para humedecerlo con su saliva y deslizarla en su interior. Sabía bien y los sonidos de placer del amo sabían mucho mejor… sabían a afrodisiaco poder.

-. ¿Puedo lamer tus bolas, amo? – preguntó Max con los ojos grandes, la boca abierta y mostrando su lengua rosada y ansiosa

Adamir respondió a la pregunta adelantando sus caderas y separando sus piernas para que Max pudiera llegar mejor.

-. Puedes lamerme entero, si quieres – respondió el amo, encandilado por la forma en que Max estaba actuando y sin medir sus palabras

Max agachó la cabeza y volvió a sonreír justo antes de lamer juguetonamente uno de los testículos… lo sostuvo en su mano y lo humedeció con su saliva para luego tomarlo con cuidado dentro de su boca y jugar con su lengua sobre la piel, ahora estirada y suave. Sentía la firme polla de Adamir palpitar contra su mejilla como si exigiera su atención nuevamente. Volvió a tomarla profundamente en su boca, recordando lo aprendido, dividiendo su atención entre las bolas y la verga… procurando mojar, lamer y chupar todo, relajando sus músculos para controlar las arcadas cuando la verga chocaba contra el fondo de su garganta… lo acariciaba con sus manos atreviéndose a tocarlo por todas partes y lo hacía mejor que nunca… era un gran aliciente saber que a Adamir le gustaba…

La mano del amo tirando un mechón de su pelo lo detuvo justo cuando los testículos subían y la dura verga amenazaba con eyacular. Lo levantó de un tirón y lo arrojó sobre la cama. La saliva aun chorreaba de sus labios. Adamir se le acercó como animal al acecho

-. Prepárate, Max. Esto será especial – lamió los restos de saliva y volvió a apoderarse de su boca.

El amo recobraba el control.

-. No te muevas – ordenó

Max permaneció quieto sobre la cama, sin miedo esta vez, pero muy ansioso por lo que iba a pasar… controlando las ganas de tocarse y correrse.

Adamir levantó una de las piernas de Max, depilada y suave, y la acercó hacía él. Le acarició el pie

-. Mío- dijo besando el delgado pie, obsesivamente – me perteneces a mi

Uno a uno lamió los dedos para luego ponerlos enteros en su boca y chuparlos con deleite, alentado por los gemidos que se mezclaban con la risa de Max.

-. Tus pies son hermosos –y no me gustó ver como otro hombre los veía y tocaba”

-. Me haces cosquilla – río Max encogiéndose

-. ¿Quieres que me detenga? – pregunto Adamir

Max mantuvo su boca abierta y lentamente negó moviendo la cabeza y los rizos

-. No

Max levantó su pie hasta ponerlo cerca de la boca de Adamir quien sonrió satisfecho y volvió a dedicarse a la deliciosa tarea de besar y lamer tiernamente el empeine, el arco y el talón de cada uno de los pies

-. ¿Disfrutaste en el salón? – preguntó pasando cerca del tobillo y sin dejar de brindar toda su atención a la tarea de estimular a Max

-. Si…

Nadie recordó la palabra “amo”

-. ¿Te gustó que te tocaran?

Las alarmas de Max se prendieron. Conocía ese tono de voz

-. No. Solo me gusta cuando me tocas tú

Adamir subía por su pantorrilla… labios  y lengua moviéndose por su piel, enviando flujos placenteros…  La respuesta acertada de Max provocó un mordisco en la cara interna de su pierna que lo hizo gritar… la excitación hacía bailar su pene.

-. Solo yo te puedo tocar

-. Si, solo tú

El dolor del mordisco y la mezcla de risas y caricias acercándose a su polla multiplicaban las sensaciones en el cuerpo de Max… se retorcía en la cama… lejos quedaba la sensación de poder que había sentido minutos antes… se perdía en la seducción de Adamir que hoy estaba esforzándose en complacer cada parte del cuerpo de su esclavo con su vasta experiencia. Max estrujaba los cobertores en sus manos como si quisiera sostenerse de ellos para no caer, mantenía los ojos cerrados aunque su cabeza no estaba quieta, su boca abierta emitía gemidos y respiraba jadeando de manera irregular

Adamir continuaba subiendo hacía su objetivo sin perder de vista las reacciones del chico

Si. Max lo enloquecía con su cuerpo, su risa y todo su encanto, pero él era el amo.

Él era el único que sabía cómo hacer que Max cayera rendido. Hoy lo había visto siendo adulado y admirado por otros hombres y no le había gustado… ahora quería verlo sumido en la excitación que solo él podía darle… iba a seducirlo por completo hasta que Max gritara y llorara de placer… que suplicara y gimiera… quería llevarlo al punto donde olvidara su nombre y todo fuera solo éxtasis y gozo… Max era suyo; él había hecho de él lo que era ahora, una criatura admirable, exquisita y apetecible… Hoy quería darle todo el placer posible… castigar su cuerpo con placer y satisfacción hasta que suplicara…

Con ese pensamiento en mente, Adamir fue llegando hasta los genitales de Max…

Se olvidaba de sí mismo… olvidaba que su placer siempre había consistido en que su esclavo estaba para complacerlo…  desaprendía el camino del amo y el esclavo. Hoy su placer era complacer a Max.

 

La cama era un enredo de sábanas y cobertores, la mitad de los cuales estaban en el suelo pero hoy al amo no le importaba nada más que la deliciosa criatura que le nublaba la razón

Max tenía en su boca dos dedos de Adamir que entraban y salían como si le estuviera follando la boca con ellos; su saliva chorreaba por las comisuras pero seguía chupando con deleite, estimulando su boca mientras, en su culo levantado, recibía un beso negro; los labios y la lengua de Adamir besaban su ano, abriéndolo y preparándolo para la penetración.

-. Nunca me voy a cansar de besarte el culo

La mente de Adamir estaba poseída por el anhelo de Max. Su belleza lo agotaba… su estructura perfecta, sus huesos largos… su maldita piel suave… Le había dedicado mucha atención y  sin penetrarlo ninguna vez, había conseguido la rendición y los gimoteos ahogados que deseaba, el cuerpo de Max arqueándose y pidiendo “Por favor” mientras eyaculaba una y otra vez. Y cuando Max creía estar imposiblemente satisfecho, Adamir comenzaba de nuevo sabiendo que la juventud del chico lo haría volver a responder. Max era la cosa más hermosa del mundo cuando se entregaba al sexo con alegría… No sabía por qué le había tomado tanto tiempo descubrirlo…

Pero por más que tocara, lamiera, chupara y mordiera, Adamir seguía sintiendo una necesidad que no podía colmar. Los esclavos eran todos atractivos pero Max crecía ante sus ojos cada día que pasaba, provocándole un apetito diferente que no sabía cómo satisfacer y que lo estaba haciendo perder el control.

-. Por favor… por favor…- volvió a pedir Max completamente entregado a la seducción y al deseo de ser penetrado

-. Sssshhh… ya te voy a dar placer

Lo tranquilizó sujetando con fuerza su rostro con ambas manos y lo besó apasionadamente, buscando la posición adecuada

-. Eres tan hermoso… eres el más hermoso de todos los que he tenido  podría mirarte eternamente – y en un gesto sin precedentes, su mano acarició el contorno del rostro de Max con exquisita ternura y delicadeza

 

¿Se daba cuenta Adamir de lo que estaba diciendo?… ¿de cómo había ladeado su cabeza y sus ojos dorados miraban a Max tiernamente? El rostro sorprendido de Max pasó desapercibido para Adamir… en ese momento estaba preocupado de alzar las piernas de Max hasta sus hombros en un íntimo abrazo de amantes. Max se adelantó y cruzó sus piernas por detrás del cuello, levantó su culo para ofrecerle un mejor acceso; Adamir se movió hacia adelante adentrándose en Max y, estirándose, alcanzó la boca de Max con la suya… Max gimió … la gruesa polla se abría camino en su cuerpo, causándole doloroso placer

-. Sshhh… tómame todo Max, tú sabes cómo hacerlo  – le habló encima de la boca con aire tranquilizador pero sin dejar de presionar dentro de él

Max escuchó y asintió… quería tenerlo dentro… sabía lo que tenía que hacer. Adamir le había enseñado a la fuerza y de manera dolorosa, pero él había aprendido. Respiró profundamente y se concentró en cada músculo de su recto… relajar… respirar.. relajar…

-. Eso es, Max… así está mejor… – se deslizaba con mayor facilidad.. después de tanta risa y placer no quería dañarlo ni forzarlo… estaba demasiado contento

El dolor se desvanecía… la gruesa verga de Adamir le otorgaba la sensación de estar lleno… el cuerpo de Adamir envolviéndolo en su calor era agradable. Max sonrió al haber conseguido alejar el dolor y de su boca escapó una frase impensable

-. Aahh.. se siente bien cómo me llenas…

Adamir se detuvo al escucharlo… enterrado en él hasta el fondo. Lo miró para cerciorarse. Max era pura lujuria…  la más hermosa lujuria del mundo, y le gustaba como él lo llenaba… Jadeo al entender que él no había forzado a Max a decirla…

-. Max, Max… – tampoco había pensado repetir su nombre con ese tono de necesidad y con un sentimiento creciente de alegría. Max era caliente y acogedor por dentro y por fuera… Max era perfecto.

Adamir embestía y escuchaba los gemidos de placer y dolor muy cerca… cada suspiro… cada jadeo…  era un pedacito de paraíso para su propio deleite… su pene estaba completamente dentro de Max y el chico cerró los ojos para disfrutarlo, los risos castaños danzando en la cama, los ojos semi cerrados, la boca abierta gimiendo,  unas suaves gotas de sudor marcando su piel… Adamir reventaba de placer expulsando semen a través de su miembro dentro de Max. En el momento culminante, se abrazó a Max y su ronco gemido de placer fue a morir dentro de la boca del menor

-. Max… Oh Demonios, Max, eres delicioso.

Miguel 2 Capítulo 83

4

MIGUEL LIBRO 2- CAPITULO 83

 

DANIEL

Cada día, temprano en la mañana, Daniel abandonaba la casa familiar rumbo del puerto en uno de los autos de la familia, con la debida protección. Le tomaba una hora llegar a casa de Coque y encontrarlo sentado, con la sonrisa cada día más animada, esperando por él, ansiosamente. Ni las caras de María ni los “peros” de Gonzalo pudieron detener a Daniel, sobre todo cuando Coque expresó a su hermana su deseo de verlo libremente luego de la primera visita.

-. Pero te estás recuperando! –objetó María

-. Daniel me ayuda a recuperarme más rápido

Dijo Coque, que tenía una mano abrazando la cintura de Daniel y un asomo de sonrisa en la cara. María no pudo resistirse; los ojos de Coque brillaban y había color en sus mejillas. Habían sido demasiadas semanas viéndolo enfermo y decaído. Si su hermano pedía ver a Daniel y este lograba que sonriera… entonces autorizaría que Daniel entrara y saliera de la casa cuando quisiera.

-. Tal parece que Esteban tenía razón – dijo María cuando ella y Daniel estuvieron solos, al despedirse, luego de la primera visita, admitiendo su derrota.

Daniel se detuvo frente a ella y le habló directamente.

-. María… tú desafiaste todo para estar con Esteban porque estaban enamorados. Yo estoy dispuesto a lo que sea por estar con Coque.

Las palabras de Daniel despertaron en María la memoria de la niña que había sido no tanto tiempo atrás… una niña asustada y enamorada, dispuesta a sacrificarse y renunciar al amor de Esteban por complacer a su padre… ¿qué habría sido de ella si Coque y los demás no la hubiera empujado a quedarse con Esteban?… ¿Cómo habría sido su vida casada con Gonzalo?... Tembló al pensarlo… Gonzalo era un gran tipo, un fiero rival… pero jamás habría resultado bien para ellos. Ambos estaban enamorados de otras personas. Se habrían terminado odiando y deseando la muerte. Había hecho una buena elección optando por la felicidad y el amor. Todo había funcionado bien sin contar lo que había sucedido con Coque y Rojas. Era una buena líder y se había ganado el respeto de sus hombres. Los jefes de las otras familias comenzaban a hablar con ella como una igual y se esparcía el rumor de su dureza y buen liderazgo. Esperaba entregarle a Coque una familia operativa y mejor que cuando la había recibido. Estaba haciendo todo lo posible por que así fuera. Le gustaba dirigir. Estaría al lado de su hermano en el futuro.  A veces, envuelta en los fuertes brazos de Esteban por las noches, pensaba en que tanta exigencia y violencia en su vida actual la estaban haciendo olvidar las cosas buenas de la vida, la razones por las que era importante vivir… Daniel, de pie frente a ella, desafiándola por el amor de Coque, le recordaba el significado del amor y la vida.  Suspiró accediendo a lo que planteaba Daniel.  Resultaba fácil olvidar que alguna vez estuvo en una situación muy parecida.

-. Puedes volver cuando quieras – dijo bajando la cabeza y suavizando la voz.

-. Gracias. – Había verdadero alivio en las palabras de Daniel – Te prometo que voy a cuidarlo. El es muy importante para mi.

María asintió y se despidió de él de manera diferente… por unos instantes Daniel creyó estar viendo de vuelta a María como la había conocido tiempo atrás.

Los criados cerraron la puerta cuando Daniel partió. María dio la vuelta y se encaminó hacia la oficina que tenía en casa. Siempre había cosas pendientes. El movimiento de sus negocios no se detenía de noche. A medio camino, en el pasillo, se detuvo completamente… levantó la cabeza y a través de la ventana, miró al hermoso parque interior, la pileta, la fuente de agua…los arbustos y los macizos de flores… permaneció absorta mirando todo sin moverse… luego sus ojos enfocaron más cerca… su propia imagen reflejada en el cristal de la ventana… pestañeó rápidamente…  su rostro era diferente. Ya nadie la confundiría con una niña. El tiempo pasaba de prisa. No podía permitir que se le fuera el tiempo sin darse permiso para ser feliz… ¿Qué sentido tenía esforzarse tanto si no había una recompensa? No podía olvidarse de la alegría de las cosas simples.  Sonrió… se alegró de ver la imagen de sí misma con una sonrisa… era el mejor adorno que podía tener en su cara… más valioso que cualquier joya o cosmético.  Olvidó el camino hacia la oficina. Tenía que buscar a Esteban de prisa y salir con él a caminar por el jardín… oler las flores y sentarse a mirar el atardecer… pensaría en las otras cosas  que harían para disfrutar de la vida y de su amor ahora que todo estaba nuevamente en calma.

-. No todo es trabajo – dijo en voz alta como si recién lo hubiera descubierto, taconeando de prisa hacia su marido.

 

MIGUEL.

Gonzalo cerró lentamente la puerta del departamento. Con estudiada calma giró el cerrojo y pulsó el interruptor iluminando la sala del lugar que habían convertido en su casa. La media sonrisa maliciosa no había abandonado su rostro desde hacía mucho rato. No podía evitar sonreír e imaginar… Se volvió hacia la sala. Tenía la certeza de que Miguel estaba ahí… esperando.

En un costado de la sala Miguel lo esperaba… Sabía lo que estaba planeando Gonzalo… su cuerpo en tensión y su terco orgullo dispuesto a demostrar lo que había dicho en el vehículo

“No tengo miedo de nada”…

Gonzalo llevaba más de un año y medio esperando…

-. Así es que no tienes miedo, eh?

Se acercaba como fiera acechando a su presa… solo que la presa no estaba dispuesta a huir. Miguel, delgado, esbelto y arrogantemente orgulloso, permaneció firme, levantó el rostro y quitándose el pelo de los ojos

-. No. Ya no tengo miedo – insistió.  Se lo había venido repitiendo todo el resto del camino. Su intención al decir aquella frase nunca había tenido un tinte sexual, pero Gonzalo se había aprovechado de ello y lo había desafiado abiertamente. El orgullo de Miguel lo llevó a responder de inmediato al desafío y decir que no temía a nada.

Lo cierto era que no era tan cierto…

Gonzalo deseaba explorar sus límites…

Miguel se había negado… los recuerdos se lo impedían…

Gonzalo lo había estado deseando desde los primeros encuentros sexuales entre ellos, antes de ser pareja, cuando casualmente se dio cuenta que Miguel disfrutaba del dolor. Habían alcanzado a tener pinceladas de sexo con algo de agresividad y dominación y Miguel recordaba que, a pesar del miedo, le había gustado. Admitía en su interior que el dolor lo excitaba y eso lo asustaba un poco… pero todo eso había sucedido antes de que Gonzalo lo castigara y… NO!! no… no!!.. no iba a pensar en eso ahora. “Ese” Gonzalo ya no existía…

-. Eso está muy, muy bien – dijo Gonzalo atrapándolo de la cintura y clavando sus ojos oscuros en él… destilaban lujuria y dominio. Lo apretó estrechamente contra su cuerpo más ancho y alto que el de Miguel, su pelvis adelantada hacía el encuentro… sus manos subían y bajaban desde la nuca hasta el culo firme y primoroso…

– Entonces… ¿puedo hacer lo que quiera? – pregunto Gonzalo sin abandonar su media sonrisa. Lo estaba disfrutando en grande.

Miguel abrió la boca para responder… Gonzalo se la selló con un beso, lo sostuvo fuertemente de la nuca impidiéndole moverse… ansioso, efusivo…  con su cuerpo lo fue empujando hasta que Miguel quedo aprisionado entre Gonzalo y la pared

-. No fue lo que dije… pero si – admitió Miguel  jadeando cuando pudo hablar

Algo en la forma sincera de hablar y mirar de Miguel hizo que Gonzalo detuviera su ataque. Fue como si el orgullo de Miguel hubiera desaparecido dejando paso a la humildad y sinceridad.

-. Miguel?

Miguel respondió levantando los ojos. Se estaba mordiendo los labios insistentemente pero sostenía su mirada. Había algo enternecedor en él que muy rara vez mostraba. Miguel evitaba siempre ser vulnerable; le gustaba ser terco y decidido, no se permitía demostrar su lado suave y juguetón, mucho menos dar a conocer su suavidad y ternura… sin embargo en ese momento, los ojos de Miguel eran pozos de dulzura y mansedumbre…

Las manos de Miguel, que se habían mantenido quietas hasta ese momento, se posaron seguras en el torso de Gonzalo y comenzó a moverlas suavemente, en un gesto increíblemente dulce y extraño en Miguel

La media sonrisa lasciva de Gonzalo desapareció…

-. No tengo miedo de ti – repitió Miguel

Dios!!! Era una hermosa declaración…

Gonzalo la había esperado pacientemente por mucho tiempo y siempre tenía dudas de que alguna vez iba a llegar a escucharla. No tenía derecho a pedirla ni a exigirla. Sabía lo que le había hecho y como lo había dañado… Solo podía desear que ocurriera un milagro y alguna vez Miguel y él pudieran volver a ser como habían sido al principio… recibir nuevamente el amor de Miguel sin ninguna barrera, ningún miedo… La frase recién dicha tenía más poder del que Gonzalo había previsto. Los fuertes sentimientos de culpa y alegría se mezclaban en el produciéndole emociones en conflicto… algo intenso que no había anticipado y que le dejaba el alma desnuda frente a Miguel

-. Mocoso…

-. No tengo miedo de ti… ya no… – repitió Miguel con más firmeza.

Las manos de Miguel habían agarrado confianza y se movían  por sus brazos…

Inesperadamente, Gonzalo le detuvo las manos  tomándolas entre las suyas y sosteniéndolas con cariño pegadas a sus labios… Estaba emocionado mas allá de lo que podía admitir… las besaba suavemente y se daba tiempo para calmarse antes de poder seguir hablando.

-. ¿Sabes lo que me estás diciendo?

La declaración de Miguel traspasaba la frontera del deseo y la excitación. Él, que era el dueño y señor de dos familias, el más poderoso entre los de su clase, se sintió conmovido y sensibilizado, devuelto a su condición de simple hombre enamorado a quien, finalmente, se le perdonaba el grave error cometido y se le devolvía la facultad de amar sin límites…

Miguel…

Solo él tenía ese poder… solo él poseía la llave que lograba tocar su alma.

Esas palabras habían sido capaces de llegar a su corazón y suavizar las aristas de la enorme culpa que cargaba… por mucho que intentara ocultarlo, Gonzalo llevaba siempre consigo el dolor de lo que le había hecho a la persona que más amaba en el mundo… los miedos de Miguel eran su culpa… y ahora ya no estaban. Se sorprendió al sentir que su garganta se cerraba y las lágrimas subían desbordándose de sus ojos… lo que Miguel le decía tenía un profundo significado…  promesas de amor y redención… de liberación, de felicidad.  Su propia reacción lo tomó por sorpresa.

Miguel puso atención. Sabía leerlo de memoria. En todo el tiempo que llevaban juntos, una de las principales misiones de Miguel era acompañarlo y observar el entorno en busca de señales o peligro. Indudablemente, sus ojos se desviaban y buscaba a Gonzalo en todo lugar y momento… por ello, a fuerza de observación, había aprendido a conocer todas sus reacciones mejor que nadie… y ahora, la quietud de sus brazos, el suave temblor de su pecho, la respiración entrecortada, el tono de voz, la mirada fija en espera de confirmación… Gonzalo estaba emocionado

Miguel nunca lo había visto así ni lo había imaginado tampoco…  vulnerable, emocionado al punto de las lágrimas y mirándolo como si él fuera lo más valioso del mundo

En una reacción instintiva cruzó sus brazos, abrazándolo, protegiéndolo… la imagen de Gonzalo en ese estado le provocaba ternura y amor.

-. Te amo… soy tuyo, sin miedo… todo tuyo, Gonzalo – le susurró cerca del oído – abrázame fuerte.

Gonzalo jamás iba a admitir que esas palabras le habían arrancado un par de lágrimas. Las limpió de su cara de un rápido manotazo

-. Aahh mocoso… mocoso…

Lo levantó en el aire movido por la fuerza de la felicidad…  lo estrechó fuertemente hasta que logró calmar el temblor de la emoción… Miguel… suyo, como antes, como siempre debió ser, sin culpas ni miedos.

Sin despegar sus labios de los de Miguel llegaron al dormitorio y cayeron sobre la cama quedando en una curiosa posición: Miguel estirado de espalda sobre la cama y Gonzalo en cuatro patas sobre el cuerpo de Miguel…

-. Te amo, Miguel.

Solo los ojos levemente enrojecidos eran un indicio de lo que sentía. Su vista se paseaba sobre el cuerpo de Miguel… todo ese mocoso era suyo… voluntaria y plenamente… Miguel se entregaba en plenitud y aunque ahora podía hacer lo que deseara… lo único que quería hacer era decirle cuanto lo amaba

-. Soy el hombre más feliz de la tierra…

-. Claro… como no! si ahora eres jefe de dos familias – respondió Miguel riendo y buscando aliviar la emoción

-. No. No es eso. Eres tú. Tú me haces feliz – aclaró Gonzalo. Sentía que era necesario dejarle claro a Miguel que, a pesar de la importancia de su poder recién adquirido y la vida fuera del departamento, nada tenía sentido si él no estaba a su lado.  Miguel había cambiado su vida, lo había vuelto más humano y sensible, le había mostrado el poder del amor y la increíble felicidad de ser amado y amar.

– Tú eres lo más importante en mi vida – declaró Gonzalo movido por la pasión. No eran frases comunes en él y Miguel entendió su importancia.

-. Y tú lo eres en la mía

Respondió Miguel dándose cuenta de que todo lo que había dicho era verdad…  No sabía en qué momento había pasado a ser así pero el temor había desaparecido, el temblor, las dudas, los restos de incertidumbre… no quedaba nada de eso en él. Confiaba en Gonzalo. Así de simple y de maravilloso. Durante el tiempo que llevaban juntos Gonzalo le había demostrado con creces lo mucho que lo amaba y lo importante que él era… la forma en que lo protegía, lo amaba, tenía detalles hermosos con él, lo hacía reír…  Miguel lo reconocía como el amor de su vida y a partir de ese momento, no había límites para lo que pudiera pasar entre ellos, estaba dispuesto a entregarle su cuerpo y su vida de manera incondicional. Con cariño, tesón y demostraciones verdaderas, Gonzalo se había ganado el derecho de ser el dueño de su corazón y su cuerpo.

Miguel cerró los ojos y sonrió abrazado de Gonzalo, mientras se quitaban la ropa… Se alegró de que un malentendido y una frase tan tonta como la que había dicho en el auto desembocaran en este extraordinario descubrimiento. Ya no tenía temor de Gonzalo… ninguno. Lo conocía de pie a cabezas, por dentro y por fuera. Amaba cada maldito pedazo retorcido de su personalidad y su magnífico cuerpo… su alma y su corazón… hasta amaba la maligna media sonrisa… y si… estaba más que dispuesto a volver a experimentar con él lo que apenas habían alcanzado a probar

-. Podemos hacer lo que queramos… – declaró Miguel complaciente cuando ambos ya estaban desnudos y enredados en ardientes besos y caricias

Gonzalo clavó en él sus ojos oscuros

-. Nunca imaginé que llegaría a amarte tanto.

Su intención original había sido aprovechar textualmente las palabras de Miguel y tener un encuentro sexual que hiciera al mocoso perder la cabeza… quería, con locura, despertar al pequeño demonio masoquista que habitaba en Miguel y conducirlo al éxtasis… ansiaba enseñarle y verlo retorcerse de placer en sus manos… que le entregara el control y lo dejara llevarlo hasta el límite.  Deseaba ser quien abriera la puerta a la deliciosa locura en Miguel.   Tendrían tiempo para ello. Por ahora, estaba estúpidamente sobrepasado de ternura y amor. Lo que había comenzado como un juego malinterpretando las palabras de Miguel, se había transformado en uno de los pasos más importantes de su relación de pareja… Miguel era suyo, mente, cuerpo y alma… todo suyo. Se sentía lleno de calidez y agradecimiento.  Por fin los recuerdos de aquella noche maldita comenzaban a esfumarse. Se sentía perdonado y libre de volver a amar a Miguel con todos los derechos. En ese momento, era incapaz de ser el macho dominante y con brotes sádicos que Miguel requería… solo deseaba besarlo y amarlo con locura, demostrarle sus sentimientos, envolverlo en la pasión que sentía.  Le buscó la boca en un beso profundo sin fin. No podía dejar de buscarlo con las manos y el cuerpo… las declaraciones recién expuestas los tenían a ambos en medio de una espiral de emociones intensas… se entregaban por completo el uno al otro. Los “te amo” se escuchaban entre suspiros y jadeos, el roce de sus cuerpos y la respiración agitada.  Miguel rodeó las caderas de Gonzalo con sus piernas, separándolas y haciéndole espacio entre ellas. Gonzalo aceptó la invitación pero ese día no era el momento de comenzar con rudeza… lubricado, sostuvo las piernas abiertas en alto recorriendo atentamente el cuerpo de Miguel… su Miguel. Fue entrando despacio y profundamente en él, escuchando con atención cada uno de sus gemidos, disfrutando con cada movimiento de sus músculos y expresiones de su rostro… era excitante verlo con tanta libertad… Ni Miguel ni él ocultaban algo hoy, Lo mantenía apretado… no quería soltarlo… se sentía más que seducido por la piel de Miguel… había algo más mágico y espiritual… lo embestía con suavidad y firmeza, sin quitar sus ojos de los de él. Lo volvía a besar bruscamente. Lo miraba con alegría y deseo.  Estaba tan feliz… Miguel era la persona que completaba y daba sentido a su vida y ahora era completamente suyo porque él así lo había decidido.  Nada era más poderoso que eso. El orgasmo fue creciendo desenfrenado en su interior ante el impetuoso roce con el cuerpo de su amado, sus exquisitos gimoteos en los que pronunciaba su nombre y su mirada enardecida de amor… A diferencia de otras veces, Gonzalo llegó al clímax no solamente con su cuerpo sino también con su mente… todo explotó en luces brillantes y coloridas… en deliciosos espasmos eléctricos que lo recorrían de pie a cabeza y reventaban en su pene… su mente libre de culpas… tenía ganas de reír y llorar… sus emociones satisfechas, su cuerpo en el punto máximo de placer… un gruñido largo y profundo brotó de su garganta… un genuino sonido de  placer. Hundió su rostro en el cuello de Miguel empapándose de su sudor, su olor y la calidez de su piel

-. Te amo, mocoso… te amo con locura

Todo estaba bien.

 

 

JORGE

-. ¿Todo fue despachado? – preguntó un sorprendido Gonzalo, alzando una ceja

-. La última entrega salió anoche. No hubo ningún problema – respondió Jorge deseando tener documentos escritos que confirmaran que era posible funcionar de manera más eficiente,  pero era estúpido suponerlo. Organizar todo le resultaba fácil pero seguía siendo mercancía ilegal. Los únicos registros estaban en su computador disfrazados de manera que solo unas pocas personas en la organización podían entenderlo

– Todo está registrado – dijo Jorge mostrando su laptop con la intención de abrirlo para enseñarle a Gonzalo

-. No es necesario – dijo Gonzalo interrumpiéndolo. – lo veré después – Confiaba en la palabra de Jorge. Revisaría los registros más tarde.

-. Lo has hecho bien – admitió Gonzalo moviendo la cabeza en señal de afirmación. Lo había interrogado sobre lo que había pasado durante su ausencia y no encontró nada que reprochar. Jorge mantenía todo en funcionamiento de buena manera. Definitivamente, había sido una buena elección.

Jorge atesoró la frase que acababa de escuchar. Un elogio de Gonzalo era difícil de conseguir. No pudo evitar sonreír, satisfecho.

-. Gracias

-. ¿Te ayudó Ghiotto? – preguntó Gonzalo mordaz, sabiendo que con ello le arruinaría la sonrisa a Jorge, pero estaba en su naturaleza el ser así. Molestar a Jorge y a las personas merecedoras de su confianza era una de sus entretenciones preferidas, en especial a Jorge que aun no sabía cómo defenderse de él ni era capaz de percibir la ironía del asunto.

Jorge reaccionó de inmediato sin darse cuenta que debería sentirse importante. Gonzalo solo molestaba a quienes estimaba.

-. Él… estuvo conmigo – admitió molesto, apretando el laptop hasta que sus nudillos blanquearon.

-. Bien

Gonzalo sonreía abiertamente. Se dirigió a su escritorio y sacó unos documentos que mostró a Jorge

-. Quiero que veas cómo llevar un registro de esto…

Pasaron los siguientes 30 minutos enfrascados en una conversación sobre el funcionamiento de los negocios. Gonzalo vio con grata sorpresa como Jorge cada día adquiría más seguridad para hablar de los negocios, entendía mejor y sus sugerencias se volvían más eficientes.

-. Vas a quedarte solo nuevamente a cargo de la ciudad – advirtió Gonzalo al terminar la reunión

-. ¿Van al puerto de nuevo?

-. Esta vez es más permanente. Miguel se harán cargo de los negocios en el puerto por unos cuantos meses. Andrei va a ayudarle.  Hay mucho que hacer.

-. ¿Miguel? – preguntó Jorge asombrado. Recibió una dura mirada de parte de Gonzalo.

-. Si. Ellos van a estar ausentes por un tiempo y a mi me veras poco por aquí. Las familias están inquietas. No les gusta mi nuevo status, los asusta. Debo hablar con cada uno de ellos. ¿Podrás manejar todo en mi ausencia?

Jorge infló el pecho lleno de orgullo

-. Claro que si

-. Bien. Andrei dividirá su tiempo entre las dos ciudades.  Será solo por un par de meses hasta que todo esté asegurado.

Jorge cerró la puerta de la oficina de Gonzalo y cruzó hacia la suya sintiéndose más importante que cuando había entrado. Caminó altivo el corto trecho hasta su escritorio. Una vez dentro se quedó de pie mirando los papeles que llevaba en la mano. Gonzalo le había dicho que lo estaba haciendo bien y le había encomendado nuevos trabajos importantes. Respiró de prisa… estaba contento y nervioso a la vez. Ahora ya era uno de ellos. Se sentía parte de la familia. Revisó lo que Gonzalo le había encargado. Podía hacerlo todo. Su mente era privilegiada y siempre encontraba la manera de llevar a cabo lo que se requería. Eso no era un problema… lo otro… tampoco lo era… ¿que importaba que fuera delgado y su cuerpo no estuviera preparado para puñetes y violencia?? Para hacer entender su voz por medio de la fuerza? Había hombres bajo sus órdenes que podían pelear por él… no tenía que ser un asesino para infundir respeto… la gente ya lo estaba conociendo y comenzaban a temerle…

-. Maldición

No era suficiente. ¿Y si tomaba clases de defensa?… No. No estaba dispuesto a hacer el ridículo. Nunca sería un macho agresivo como su guardaespaldas… mierda!  ¿Por qué Gonzalo le había preguntado por Ghiotto?.. ¿Qué importancia tenía él?… ninguna!! Podía ser cualquiera otro de los guardaespaldas, no?… no tenía que estar con Ghiotto cerca para que todo funcionara… no… o si?… NO!! para nada…  dejó los papeles sobre el escritorio y se dejó caer en la silla mirando al vacio…

Ghiotto…

Una y otra vez su mente volvía a pensarlo.

Ghiotto había estado a su lado en cada una de las situaciones importantes que habían sucedido durante la ausencia de Gonzalo. Él no lo había llamado… simplemente Ghiotto estaba allí como si supiera cuando iba a necesitarlo… en las mañanas para llevarlo, durante el día en cada cosa importante y al atardecer para llevarlo de vuelta a casa, siempre en silencio…  él tampoco le había hablado… lo ignoraba, se ignoraban.  Jorge ladeó la cabeza como buscando entender… recién se daba cuenta… Se había estado estaba acostumbrando a la presencia de Ghiotto.  Ya no le molestaba… de hecho… se sentía más seguro cuando el guardaespaldas estaba cerca y podía confirmar con la vista lo que estaba correcto o no. Ghiotto y él se entendían por medio de miradas… ¿Cuándo había comenzado a pasar eso?… Jorge bajo los hombros en un pequeño gesto de rendición. Ghiotto lo había apoyado en cada paso que daba y solo ahora venía a darse cuenta.

De acuerdo. Ghiotto le hacía más fácil su trabajo.

Eso era todo. El guardaespaldas no era un tipo comunicativo ni romántico ni era lo que él necesitaba en su vida… solo significaba una ayuda en su trabajo.  Se levantó de golpe y sacudió la cabeza como si con ese gesto pudiera evitar los pensamientos inoportunos y borrar el recuerdo de las miradas lánguidas que sentía sobre él cuando Ghiotto creía que no lo veía.

 

COQUE

No era el mismo de antes y estaba seguro de que nunca volvería a serlo.  Ciertamente iba a recuperarse por completo del daño físico y sicológico que le había causado la familia Rojas… pero no estaba tan seguro de poder recuperarse del daño que su propio padre le había provocado durante toda su vida. Don Lino había sido un padre muy preocupado; se había encargado personalmente de enseñarle a manipular y manejar personas, le explicó la mejor forma de robar y amenazar, a exigir respeto por medio de la violencia y el abuso y, por sobre todo, le había enseñado que “el fin justificaba los medios”…

¿Cuántas veces le había repetido su padre esa frase?… cada vez que llegaba a casa con las manos manchadas de sangre “ese se lo merecía”… “se lo buscó”… “era un bueno para nada”… siempre había una justificación para la violencia que requería mantener los negocios funcionando.

Coque siempre tuvo miedo de su padre y guardó silencio ante cada una de esas declaraciones de abuso y poder… pero en el fondo de su corazón estaba el recuerdo de una noche hace muchos años atrás, en que acompañó a su padre ya que él iba a “mostrarle como se hacen los negocios”. Fue la noche en que habían golpeado y dado muerte a un chico de la calle que se había atrevido a desobedecer las instrucciones de uno de los tenientes de Lino. Solo un chico callejero sin importancia alguna… casi un juguete para aquellos hombres rudos. Había más hombres siendo castigados… pero el chico delgaducho de los ojos aterrados se quedo metido en la mente de Coque… como si hubiera podido oler y sentir su miedo… tenían más o menos la misma edad y contextura. Fue como si le estuviera pasando a él.

“Hay que corregirlos de inmediato”. “Si dejas que te pasen a llevar no te respetaran nunca”.. “hay que imponer respeto para funcionar”  le explicaba su padre justificando la paliza que los hombres le daban al chico… un crío de la calle no mayor de 15 años… había comenzado a sangrar por la nariz y luego la boca y finalmente por todas partes… Coque aun podía recordar el sonido de los huesos rotos y la carne del chico siendo aplastaba por las botas de los hombres. Lo vio morir en espectral silencio y sin quitar la vista ni hacer ni un gesto, aparentaba estar calmado, al lado de su padre. Por dentro estaba trabado de terror y tristeza. Esa fue la imagen que marcó su vida y que lo acompañó mientras crecía.  Los años en el internado habían sido los mejores de su vida hasta ahora, lejos de su padre y de la obligación de “aprender”. Por un tiempo había logrado hacer florecer su verdadera personalidad alegre y amigable. A él le gustaban las personas y compartir, amaba las reuniones con amigos, la música, ayudar a los demás, escuchar y aconsejar… todo lo que daba alegría a su corazón… Pero eso estaba tan lejano a los ideales de su padre. Cada vez que volvía a casa debía disimular su personalidad y soportar estoicamente la enseñanza a la que era sometido. La imagen del chico golpeado nunca lo abandonaba. Una imagen de terror que lo perseguía sin tregua… un par de ojos tristes pidiéndole ayuda… y él no había sabido que hacer.  Domingo Rojas había sido quien justificara todo el miedo… como si Coque siempre hubiera sabido que algo horrible le iba a pasar… porque alguien tenía que pagar por la muerte de aquel chico inocente… y de todos los inocentes que su padre y su gente habían castigado.

 

Daniel y él se veían a diario desde hacía dos semanas. Habían recuperado lentamente el dialogo y la confianza. Podían conversar por horas, reír, escuchar música y hacer cualquier cosa que no significara contacto físico. Coque, de a poco, le abría las puertas de su corazón y se maravillaba de los cambios operados en Daniel; la seguridad de su actitud, la confianza y madurez que demostraba… cada día se parecía un poco más a Gonzalo, pero con una ternura y suavidad que el mayor de los hermanos jamás tendría. Toda su paciencia y sabiduría estaba puesta en acompañar a Coque y brindarle su tiempo y cariño.

Ese día estaban en la casa de la playa y habían salido a caminar por la arena, aparentemente solos. María había permitido las visitas de Daniel pero no transaba en la seguridad de Coque. Cada paso del menor fuera de su casa era de inmediato seguido por un fuerte contingente de seguridad.

-. Quiero irme de aquí – dijo Coque hablándole a Daniel.

-. ¿Dónde quieres ir? – preguntó Daniel, complaciente, sin entender el verdadero alcance de la frase de Coque.

El pelirrojo avanzó unos cuantos pasos y luego se detuvo. Miró a Daniel y luego su vista se volvió hacia el mar… hacia el horizonte

-. Quiero irme lejos

Atardecía… Daniel miró la silueta oscura de Coque dibujada contra las hermosas luces rosadas y anaranjadas del atardecer. Amaba la figura de Coque, amaba su cuerpo pequeño, su rostro pecoso y delicado… no se lo había dicho aún, estaba esperando el momento adecuado para declararle su amor incondicional. Al escuchar la frase, Daniel entendió todas las razones de Coque para querer alejarse sin tener que preguntar, pero supo que no podía dejar que se separara de él… eso no podía permitirlo. Decidido, se acercó y le tomó la mano, cuidando de no asustarlo. Ahora, eran dos siluetas unidas mirando de frente como el mar se hundía en el horizonte

-. ¿Dónde vamos a ir? – preguntó Daniel

Primero, Coque se sorprendió, pero rápidamente se calmó y esbozó una sonrisa. Daniel lo apoyaba y quería acompañarlo. Eso era bueno… muy, muy bueno.  Se acercó más a Daniel y descansó su cabeza sobre el torso contrario. Suspiró tranquilo. Había dado el primer paso para acercarse a Daniel

-. Lejos. Muy lejos de todo esto – respondió con voz firme

Daniel sintió el peso y el calor de Coque, lpasó su mano por el suave pelo colorín, contento… luego, levantó su rostro tomándolo de la barbilla con suavidad, en el primer contacto físico que surgía entre ellos. Preguntó con la mirada verde clavada en los ojos azules… y Coque accedió… Fue un beso dulce como ninguno… aleteos de mariposa… labios húmedos contra labios suaves… solo calor, ternura y cariño… el deseo estaba presente pero contenido porque no era el momento.

-. Iremos donde tú quieras – aseguró Daniel besándolo nuevamente y sosteniendo sus hombros.

Permanecieron mirando al horizonte hasta que la última luz anaranjada desapareció

-. Todos se van a enojar con nosotros. Imagina que dirá tu hermano y María. Mejor huyamos a escondidas – sugirió Coque seriamente.

Daniel pensó unos instantes en silencio.

No tanto tiempo atrás Daniel había sugerido algo parecido a Miguel cuando pensó que estaban enamorados.  Ahora entendía la locura de hacer un disparate de ese tamaño. Coque y él, lo quisieran o no, eran miembros de familias importantes y sus vidas tenían un precio en dinero y un peso mayor en la moral de las familias. Siempre serían miembros de las familias a las que pertenecían por derecho de sangre. Esta vez quería hacerlo todo correctamente. Si Coque quería alejarse y vivir en otro lugar, lo harían, pero no huirían como cobardes ni a escondidas; se lo dirían a María y a Gonzalo… Gritarían. Seguro! Se enojarían, se opondrían… pero Daniel sentía que no había ninguna fuerza que pudiera detenerlos. No sabía de dónde le nacía esa convicción pero si ellos lo deseaban iban a irse juntos.  No le importaba dejar todo atrás por un tiempo. Nunca había comulgado bien con los negocios ilegales de su familia ni con la violencia que implicaban. Coque era su horizonte por ahora. Su salud y su recuperación significaban todo.

-. Lo haremos de la manera correcta. Nos vamos a ir pero con la aprobación de todos ellos.

Tomados de la mano iniciaron el camino de vuelta hacia la casa… sin prisa, simplemente                                                                  disfrutando de la mutua compañía y de los dedos de ambos entrecruzados como prueba de cercanía física

-. No quiero ser el Jefe de la Familia – murmuró Coque muy despacio, como si tuviera temor de que sus palabras fueran escuchadas por los hombres que se mantenían cerca.

Daniel no dejó de caminar ni le soltó la mano. Esperaba esa reacción de Coque desde hacía tiempo, desde cuando Coque hablaba con “Ray” en la clínica.

-. Todo en su momento, Coque. Aún falta mucho tiempo para eso. Puedes cambiar de opinión más adelante

-. No. No voy a cambiar. No quiero dirigir una familia.

Se detuvieron en los peldaños de la entrada a la terraza. Coque un peldaño más arriba que Daniel por lo que sus ojos quedaban a la misma altura

-. No te quedes conmigo si esperas que sea el Jefe de la Familia. No voy a serlo. Nunca.

-. Me interesas tú… seas o no seas el Jefe de algo. Te amo por lo que eres… no tiene nada que ver si eres o no el jefe… ¿qué?… ¿Qué pasa?

Coque lo miraba con los ojos grandes y sorprendidos

-. ¿Escuchaste lo que me dijiste?

Había brillos de alegría en los ojos de Coque que hicieron que Daniel se preguntara la razón… repasó las palabras recién dichas y el “te amo” saltó a la vista. Daniel agachó la cabeza y sonrió…

-. Te amo – repitió con simpleza. Día tras día había esperado el momento adecuado para decirlo pero nunca llegaba… ahora simplemente había salido y  el momento perfecto se había creado solo.

El rostro de Coque resplandecía… se parecía mucho al del chico que conoció en el internado… antes de todo lo malo

-. ¿Me amas? – preguntó sabiendo la respuesta de antemano pero deseando volver a escucharlo

Daniel cabeceó suavemente contra él costado de Coque… empujándolo con cariño, jugando… buscándolo…

-. Te amo, pecosito

Los brazos de Coque se abrieron y Daniel se cobijó en ellos, midiendo su fuerza al abrazarlo para evitar asustarlo… sus cuerpos completamente unidos… no eran uno, eran dos personas diferentes pero juntos formaban un todo importante. Daniel suspiró de satisfacción. Era tan bueno volver a estar así…

-. Quería decírtelo hace días pero…

-. Yo también – interrumpió Coque apurado. De pronto era importante que Daniel supiera. – Yo también te amo, Daniel – se colgó de su cuello

-. Nos iremos juntos. Te seguiré donde sea que vayas

Coque cerró los ojos apretándolos y se abrazó aun más fuerte a Daniel. Sí lo amaba… desde mucho antes que Daniel lo amara a él… pensó que todo estaba muerto y Domingo Rojas le había echado a perder su vida… No era así. Ellos eran más resistentes, sus padres y su crianza los había enseñado a vencer los obstáculos. El amor que se tenían lo haría recuperarse. Daniel a su lado lo ayudaría a volverse fuerte y recobrar todo lo perdido… Coque sonrió abiertamente al darse cuenta de que todo mejoraría. Su sonrisa, lentamente, se fue transformando en risa… en risa cristalina y musical que había creído no volvería a brotar de su boca…  Daniel se echó hacia atrás al escucharlo… deseaba mirarlo reír…  fue un instante especial… reían y lloraban al mismo tiempo… Cerraban la puerta oscura de un pasado doloroso y abrían otra puerta a un futuro lleno de promesas que comenzaban con aquella risa llena de lágrimas y abrazos de amor.

M&M Capítulo 71

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CAPITULO 71

MATIAS

Mati no sabía si era de día o de noche… tampoco le importaba. Seguía mirando al infinito. Su aspecto era desolador; encogido sobre la cama, el pelo desordenado y se abrazaba a sí mismo. Las lágrimas caían de sus ojos sin que él hiciera ningún esfuerzo para derramarlas. La única energía que gastaba Mati era en llenar sus pulmones con el aire justo para seguir vivo… pestañear era demasiado esfuerzo… hablar era impensable.

Habían pasado unas cuantas horas desde que encontrara a Max. Primero se preguntó varias veces si todo había sido real o una pesadilla enfermiza, pero las manchas de helado en su ropa confirmaban lo sucedido.

Santiago estaba muerto.

Santiago no iba a llegar a buscarlo

Nunca

No lo volvería a ver ni a tocar.

Como si tuviera una grabadora automática en su cabeza, Mati podía repetir lentamente cada una de las frases que Max había dicho

“Santiago había saltado del acantilado hacia el mar”

Un gemido lastimero y doloroso salió de su garganta, agotándolo y sorprendiéndolo… Santiago y él habían pasado tantas horas deliciosas tendidos sobre el pasto en la cima del acantilado…  recordaba la forma del terreno, las piedras y la briza que soplaba… las manos de Santiago en su cintura desnuda, apretándolo contra su cuerpo…  besándolo y entregándose amor… nada ni nadie podía herirlo mientras las manos de Santiago lo rodearan y su cuerpo lo protegiera…

Pero ya no estaba.

Un chispazo de dolorosa electricidad le recorrió el cuerpo al imaginarlo cayendo al mar desde la punta de las rocas… ¿había caído directo en el agua?.. ¿Se había azotado contra las rocas?… su cuerpo despedazado, reventado… Dios!!! ¿Había muerto de forma instantánea? ¿se había arrepentido mientras sus pulmones se llenaban de agua?

“Se enamoró perdidamente de un chico pero él sabía que era malo y no quiso seguir haciéndole daño”

No. Eso no era verdad. Santiago había cambiado. Él lo sabía. Santiago no era malo… NO!!.. no lo era… nunca fue malo con él y el daño al que aludía esa frase no era real… era la forma en que ambos se demostraban su amor… Santiago lo había sumergido en un mundo de mágica rendición… de intimidad total y placer máximo… de éxtasis y dolor… Matías fue consciente de que ya nunca más volvería a sentir a Santiago… no volvería a “volar” de la forma maestra en que él lo elevaba ni volverían a abrazarse con ternura luego de haber hecho el amor… mirarse a los ojos diciéndose sin palabras lo mucho que se amaban y lo felices que eran en esa comunión que solo ellos entendían… un hueco negro y cavernoso se tragaba todo lo que había en el centro de su pecho y la oscuridad parecía llenarlo por completo… estaba vacío… perdido… sin vida…

La realidad era horrible… macabra… escabrosa.

Él era culpable de la muerte de Santiago.

No había sido capaz de hacerle ver a su amo que también lo amaba y que el sufrimiento que le causaba era placentero y maravilloso…  El quería ese dolor y todo lo que traía consigo. Recordaba a Santiago pidiéndole perdón y diciéndole que ya no sería el esclavo de nadie durante los últimos momentos que habían pasado juntos… Mati quería ser su esclavo más que nada en este mundo… En verdad eso era lo único que deseaba…

Un nuevo quejido escapó de su pecho… doloroso… el paso del aire le causaba daño… no quería respirar… el aire no era el mismo sin Santiago en este mundo. Lo ahogaba la culpa… se sumergía en el dolor de la ausencia eterna… todo negro y muy helado… como el agua del fondo del mar donde ahora residía Santiago…

Un suspiro necesario lo arrancó de sus pensamientos devolviéndolo a la cruda realidad.

¿Qué haría ahora?… no había nada que quisiera hacer… solo respirar porque Clara estaba vigilándolo de cerca y porque no tenía energía suficiente para dejar de hacerlo. La mujer se había cansado de preguntarle y no obtener respuesta pero se negaba a dejarlo solo… pero estaba solo. Clara no tenía ninguna obligación con él; estaba  ahí porque Santiago se lo había pedido… por un tiempo, hasta que él llegara… y ahora nunca iba a llegar…

¿Por qué había abandonado la isla?… era feliz allá. Debió insistir y quedarse con Santiago y así ahora él estaría vivo y los dos estarían juntos. Un pensamiento negro le cruzó la mente… ¿Por qué Santiago no lo había llevado con él?.. Matías comprendió en ese momento lo que pasaba por la mente de su amo todas aquellas veces que Santiago lo llevó hasta el borde del acantilado y su mirada se perdía ausente en el fondo del agua… lo abrazaba muy fuerte y parecía pensar en la idea del suicidio… Debiste hacerlo!!! “Debiste abrazarme y no soltarme…  llevarme contigo al más allá… “No quiero estar solo.. no quiero estar sin ti…”

La idea de no volver a verlo le atravesaba el pecho como un hierro al rojo vivo… quemaba su cuerpo… no podía hablar ni moverse…

Las horas pasaban y Matías continuaba tirado en la cama con la vista fija en la nada, sin responder a Clara ni recordar comer o abrigarse…

Santiago se había ido sin cumplir su promesa de buscarlo… no era justo!!… no lo era… le había jurado que estarían juntos y él le había creído… ¿Siempre supo que no vendría?… ¿ya había planeado matarse cuando se despidieron?… ¿cómo iba a vivir sin él?  Cómo???!!!  cuando lo extrañaba a todas horas y en todo momento, soñaba con él dormido y despierto, anhelaba sus caricias y su compañía, su olor, su voz… todo lo que él le hacía… iban a vivir una vida juntos… iban a ser felices… ese era el plan…

La pena se fue convirtiendo en enojo…

Le había mentido y se había muerto dejándolo olvidado… ¿porqué había sido tan cobarde y no se habían lanzado juntos al mar?… ¿había pensado en él al morir?… mientras caía hacía el mar? Oh Dios… morir juntos habría sido mil veces mejor que seguir aquí sin él… ¿acaso no lo había querido lo suficiente como para compartir la eternidad con él?

Había muerto sin llevarlo… Santiago era un egoísta… solo había pensado en sí mismo… egoísta! Egoísta!!!  La rabia le devolvió energías a Matías.

Por primera vez en las largas horas que llevaba inmóvil sobre la cama, Matías levantó su vista mirando el cielo por la ventana… Estaba enojado y quería gritárselo… pero  Santiago no estaba en el mismo planeta… ahora, él estaba en el cielo…

Quería acompañarlo…

Realizar un último viaje… solo cerrar los ojos y al despertar se encontraría nuevamente protegido y cobijado entre los brazos de Santiago… eso sonaba muy bien…

. ¿Mati?

Clara le extendía un vaso de leche con la cara llena de súplica y preocupación. A él le gustaba la leche… pero en ese momento no podía pensar en tragar nada… tenía el cuerpo reseco de tanto llorar…reseco, marchito, vacío, frío y oscuro… no podía beber

-. Mati, por Dios… Estoy muriendo de angustia.

Clara llorosa y enferma de preocupación se acercaba a él nuevamente. Llevaba tantas horas encerrado en sí mismo, sufriendo lo indecible

-. Dime que te sucede, hijo por el amor de Dios…

Los ojos de Clara estaban rojos… ¿también había llorado?… ¿por él?… ¿sufría porque él sufría? Clara era lo único que le quedaba en el mundo ahora y tampoco era seguro que siguieran juntos. Max seguía bajo el dominio de Adamir y Santiago… lo había dejado. ¿Qué haría Clara al saber que Santiago no vendría a buscarlo?

-. Santiago no va a venir

Lo dijo muy bajito… casi con miedo y sin mirarla

Ella contuvo el aire un momento… alegre de escucharlo volver a reaccionar pero sorprendida

-. ¿qué dices… Cómo lo sabes?

Clara lo presentía. Demasiados días esperando y sin tener ninguna noticia… además, las veces en que hablaron no parecía como si se fueran a encontrar pronto y las preparaciones que su hermano había hecho para Matías, en el banco y en general, no lo incluían a él… Santiago posiblemente seguiría en ese lugar dando rienda suelta a su locura… pero… ¿cómo sabía eso el chico?

Fue un largo silencio mientras Matías se preparaba para decirlo… quería hacerlo pero las palabras se negaban a salir de sus labios… se atoraban en su garganta, raspando… hiriendo… necesitaba fuerzas para expresarlas y no tenía…

-. Santiago esta muerto – exhaló de una sola vez, como un robot.

Clara quedó en silencio…

-. Matías!!! ¿De dónde sacas eso?.. no es.. no puede… Mati! Cómo??..

-. Lo sé, Clara.

-. ¿Cómo lo sabes?

La mujer se movió inquieta, lo miraba asustada exigiendo una respuesta.

Matías se distrajo un instante pensando nuevamente en qué tipo de relación tenían Clara y Santiago. Ella se veía muy afectada.

-. El chico que botó mi helado… Es mi amigo, de la isla. El vio a Santiago cuando murió y vino a decírmelo.

Clara demoró unos segundos en procesar y entender la explicación que le daba

– El chico de la heladería?.. pero..

-. Es uno de los chicos de la isla. Tenía guardias y estaba vigilado pero se las arregló para decírmelo.

-. No entiendo Matías ¿Qué hacía en la heladería?

-. Me vino a buscar para contarme

-. ¿Contarte qué?! ¿Qué te dijo exactamente?

Clara estaba encima de él… esperando. Matías luchaba tratando de emitir las palabras… pronunciarlas en voz alta… volver el hecho una realidad…

-. Santiago se… él se… suicidó.

El rostro de Clara se fue deformando lentamente frente a los ojos de Mati

-. ¿Suicidio?… – respiraba muy rápido – suicidio… – se dejó caer pesadamente sobre la cama – si… es probable que así fuera… Santiago nunca fue… él tenía problemas desde muy chico… yo…

-. ¿Desde chico? ¿Conocías a Santiago desde niño?

Clara pensó en lo que Santiago le había pedido. No debía revelarle a Matías la relación entre ellos pero ahora todo carecía de valor… las promesas que le había hecho a su hermano ya no eran válidas. Ahora la tranquilidad de Matías era más importante.

-. Santiago era mi hermano – pronunció Clara con los ojos llenos de dolor…- era mi hermano pequeño… – su boca hacía un gesto extraño al llorar con tanta tristeza

Matías permaneció en silencio un momento mientras digería la noticia…

-. Tu hermano?… ¿Por qué no me lo dijeron antes?

-. Me pidió que no lo hiciera. Él quería… protegerte

-. ¿De qué?.. ¿Cómo me protegía ocultándome eso?

Clara observó el rostro de profundo dolor de Mati, su aspecto enfermizo, pálido y casi espectral… era su responsabilidad protegerlo y amarlo, tal como había querido su hermano.

-. Santiago te quería mucho pero él no era una buena persona y tú sabes eso. Creo que quiso alejarte de él para que tú fueras feliz y él no pudiera dañarte. Quería borrar todo lo relacionado con él para ti.

Escuchar esas palabras de Clara provocaron un fuerte impacto en Matías. ¿Por qué todos le decían lo mismo?!!! Es que nadie entendía???

-. YO ERA FELIZ CON EL!!! NO VUELVAS A DECIR ESO!!!

Matías se había transformado y parecía un loco dispuesto a golpearla. Se alzó sobre la cama en actitud amenazante

-. YO QUERIA ESTAR CON ÉL.. NUNCA DEBI DEJARLO!!! YO ERA FELIZ!!! YO ERA FELIZ!!!

-. Mati…

-. Santiago me amó como nadie… me cuido y me protegió, Clara. Él fue bueno conmigo… yo solo deseaba ser merecedor de su cariño, que me quisiera tanto como yo… él cambió… a mi no me hizo daño… yo amaba todo lo que me hacía… lo amaba… todo… todo… me abrazaba con amor y yo me sentía seguro… muy seguro…

Su voz se fue apagando dando paso al llanto descontrolado

-. Lo siento hijo… yo no sabía… – había verdadera sorpresa en la voz de Clara.

– Él me enseñó a quererme… yo no era nada antes de conocerlo

Con cautela, Clara se acercó a Mati para abrazarlo y compartir su pena. Matías se dejó rodear por los brazos de la mujer y descansó su cansada cabeza sobre el hombro de ella. La impresionaba la fuerza con que Matías defendía a Santiago y la confesión de amar incluso el daño que Santiago le había causado. Matías tenía sorpresas que ella aun no conocía.

-. Me dejó solo… debió llevarme con él…

Clara lo apretó, estrechándolo contra ella.

-. No digas eso, Mati… Santiago te regaló la vida y la libertad. Te dejó los medios para que puedas vivir tranquilo… no pienses en eso… creo que mi hermano te amaba mucho y quería lo mejor para ti

-. Pero yo no sé qué hacer… yo lo estaba esperando…

-. Los dos lo estábamos esperando, Mati…

Lloraron juntos la pérdida de Santiago.

Matías aturdido por el dolor de ver partir a la única persona que lo había querido de verdad, que se había preocupado de él… había sido su protector, su compañero, su amo, su todo.

Clara se despedía dolorosamente de todas las esperanzas que tenía en poder rehacer su relación de familia con su hermano y ayudarlo como no pudo hacerlo cuando era más joven…

Santiago estaba muerto para ellos.

 

Horas después, ambos se habían calmado. El recién estrenado instinto maternal de Clara la había llevado a la cocina para preparar algo de comer. La vida seguía para ellos y Mati estaba muy débil. Era su deber velar por el bienestar del chico.  Sentados frente a la cena, vigilaba atentamente cada trozo de comida que entraba a la boca de Mati

-. Tenemos que irnos – dijo él de pronto como si recordara algo

-. ¿De qué estás hablando?

-. La gente de la isla… vendrán por mi

-. No cariño. Nadie vendrá por ti.

-. Max sabe que estoy aquí. El dijo que tenía que estar en un lugar seguro. Fue una advertencia.

-. Pero es tu amigo, no?- la conversación la estaba poniendo nerviosa – él no te va a delatar

La mirada de Mati le explicó todo a Clara

-. Tú no sabes de lo que ellos son capaces…

Clara se tensó. Podía imaginarlo

-. Crees que pueden obligarlo a decirles? – preguntó temblorosa

-. Adamir es capaz de cualquier cosa

-. Entonces nos mudaremos – respondió de prisa.

Matías asintió. Prefería la muerte antes de volver a la isla con Adamir. A decir verdad, prefería la muerte a cualquier cosa. En la muerte se encontraría con Santiago y la culpa dejaría de doler.

-. Puedo irme yo solo. No tienes que cambiar tu vida por mi.

-. Matías!! – gritó ella alterada como si la hubieran abofeteado.

El dulce chico le había robado el corazón y había transformado completamente su vida. Hasta antes de su llegada, su existencia pasaba monótona y gris, un día tras otro, sin ninguna variación. Mati la había vestido de colores y emociones, de esperanzas y futuro. Nada la ataba a Villa Canela pero sus sentimientos la ataban a él. Era su hijo, la familia que nunca tendría. Santiago se lo había regalado. Tenían que estar juntos.

-. Ni se te ocurra pensarlo.

Matías bajó la vista…

-. Mañana mismo comenzaremos a prepararnos – dijo ella decidida – nos iremos en unos días.

No tenía grandes cosas. La casa era suya pero no era de gran valor. Vendería todo… o lo dejaría… Tenían el dinero de Santiago. Necesitaban un vehículo, Nada más. Ahora eran inseparables. Como madre e hijo.

-. No le digas a nadie donde iremos – pidió Clara

Matías asintió

-. Termina tu cena. Necesitaras fuerzas para el viaje.

Comieron el resto en silencio

-. ¿Dónde quieres vivir?- pregunto Clara

Elegir un lugar para vivir debería ser una tarea entretenida… sobre todo para Matías que jamás había tenido posibilidades de elegir nada en su vida

-. Me da igual – respondió alicaído alzando los hombros

Clara entendió. Le tocaría a ella decidir. Tenía que elegir cuidadosamente. Un lugar donde la mano del amo de la isla jamás alcanzara a Matías… ¿perderse en el anonimato de la gran ciudad o escabullirse hacia un pueblo pequeño y distante? Debía tomar en cuenta que Mati tendría que ir a la escuela, compartir con más personas…  tenía los documentos falsos que Matías trajo a su llegada

-. Lamento causarte tantos problemas

Los ojos de Mati se habían vuelto a llenar de lágrimas. Clara lo abrazó.

-. Somos una familia ahora, Matías. Santiago ya no está pero nos tenemos los dos. Yo voy a ser como tu mamá.

-. ¿No vas a dejarme?

-. No. Nunca – en la mente de ambos resonó la misma promesa hecha por Santiago – voy a quedarme contigo.  

-. ¿Me hablarás de Santiago después?

-. ¿Qué quieres saber?

-. Todo.. dime como era cuando niño, que hacía en el colegio… quiero que me cuentes todo lo que sabes sobre él.

Clara recordó la triste infancia de Santiago, los castigos y la incomprensión de sus padres, la soledad en el colegio, los dedos que lo señalaban como culpable y el dolor que ella sentía por no haberlo sabido ayudar. No iba a contarle nada de eso al niño. Ya había sufrido demasiado para su corta edad

-. Claro que sí. Te contare todo lo que hacíamos

Inventaría recuerdos nuevos si era necesario para mantener a Mati en paz.

-. ¿Podemos vivir cerca del mar? – preguntó Mati bajito y con mucha pena

El mar?… claro. Entendió.  El mar que guardaba el cuerpo sin vida de su hermano…

-. Si. Buscaremos un lugar cerca del mar si eso quieres.

Matías estaba agradecido pero no podía demostrárselo ahora. La pena lo abrumaba… Después, le haría saber lo mucho que le agradecía estar con él… Clara… la hermana de Santiago… la que pudo ser su cuñada y que ahora le decía que sería como su mamá.

Levantó el tenedor con comida hasta su boca y se forzó a abrirla y masticar. Ella tenía razón. Necesitaba estar fuerte para viajar y comenzar todo de cero. Tenía otra oportunidad de empezar su vida. ¿Esto era lo que Santiago había querido para él? ¿Por esto se había sacrificado? La emoción lo obligó a mantener la comida dando vueltas en su boca sin poder tragarla…  Santiago le había regalado una nueva vida… Mati habría preferido la antigua… o cualquier vida en la que estuvieran juntos.

 

Tres días después, todo estaba listo.

El profesor, amigo de Clara, les vendió su auto rápidamente y sin trámites. El hombre cambiaba vehículo cada año.

-. ¿Vas a viajar? – preguntó él cuando les fue a dejar el vehículo en la tarde del segundo día. Seguía interesado en Clara.

-. No – respondió Clara evasiva – es para movernos en la Villa-  Revisó los documentos. Todo estaba en orden. Nunca había tenido un vehículo pero había sido previsora y sabía conducir.

El profesor se retiró y Clara guardó el vehículo en el patio interior, cerca de la puerta de la cocina y lejos de miradas indiscretas Esperaron a que fuera medianoche antes de mover cajas y maletas, sigilosamente.

-. ¿Estás listo? – preguntó ella de pie en el centro de la sala recorriendo su casa por última vez

-. Si. Vamos

Apagó la luz por última vez. Quedaban muchas cosas en la casa pero ninguna era más importante que la seguridad de Matías.  Solo cerrarían la puerta sin saber si alguna vez podrían volver.

-. Clara ¿llevas fotos de Santiago? – preguntó Mati de pie frente a la puerta del vehículo

-. Llevo mi álbum familiar

No era necesario decirle que había muy pocas fotos de Santiago. Siempre estaba castigado, enojado o de mal humor cuando la familia se tomaba fotos y además evitaba estar cerca de su padre

-. ¿Ya sabes donde viviremos? – preguntó él

Abandonaban Villa Canela en el más celoso misterio. Clara dejaba su trabajo por medio de una carta sin ningún dato que revelara su nuevo paradero… “Me voy porque no soy feliz aquí y deseo dedicar mi vida a cuidar mi sobrino en otro lugar con mayor futuro”. Era todo lo que había escrito y tendría que bastar para que nadie los buscara.

-. Si. Un pueblo de la costa. Te va a gustar. Queda bastante lejos de aquí. Nos tomará muchas horas de viaje.

-. No importa. No tenemos nada más que hacer…– respondió Mati con un gesto lastimero

Clara le apretó suavemente la mano

-. Duerme si quieres.

-. No

Matías no quería dormir aunque estaba cansado. Cada vez que cerraba los ojos veía a Santiago caer del acantilado…

El vehículo avanzó por las calles casi vacías. Atrás quedó el pueblo, los amigos que Mati había empezado a hacer en la escuela, el recuerdo de la visita de Max y el sabor amargo de los helados de frutilla…

Atrás quedaban las ilusiones que se había hecho  de una vida feliz con Santiago…

 

MAXIMILIAN

Habían pasado dos días durante los cuales Max pensaba que su vida había entrado en una dimensión paralela, desconocida y… desconcertantemente buena.

Adamir ya no era Adamir.

No había como explicarlo de otra manera.

Seguía siendo la misma persona por fuera, pero… No. Eso tampoco era correcto. Adamir había cambiado incluso su lenguaje corporal. Las células que lo conformaban podían ser las mismas pero se comportaban de otra manera. Había suavizado su persona, su forma de hablarle, de moverse y hasta de comer cuando estaban lado a lado en la mesa y le sonreía… lo había alimentado con su propio tenedor y después lo había acariciado…

Adamir no era Adamir

Su rostro no lucía atemorizante como antes… de hecho lucía peligrosamente atrayente…

Era el mismo pero diferente.

Adamir parecía haberse quitado varios años de encima, andaba alegre, entusiasmado, jovial, nada lo enojaba. Y no se apartaba de él ni un momento.

A Max ya no le cabía ninguna duda sobre lo que Sergio y Nazir habían dicho. Adamir estaba entusiasmado con él. Eso era un hecho indudable. Seguía siendo su amo y teniendo en sus manos el control de su vida… lo dominaba, pero nada era igual.

El día que Sergio y él volvieron de Villa Canela, Max estaba triste más allá de lo que podía disimular. Sergio había intentado distraerlo pero Max cerró los ojos pretextando cansancio. Su pena tenía raíces profundas. Le había mentido a Mati y la carita de pena de su amigo y su estado de debilidad lo perseguían en su mente. Le había hecho creer que Santiago estaba muerto. No se arrepentía de ello, pero compartía la pena que le había causado. Era muy bueno que tuviera a esa mujer que se encargaba de él.

Al llegar a la casa, Max se vio obligado a cambiar su estado de ánimo. Lo peor que podría sucederle era que Adamir se diera cuenta de que estaba diferente y comenzara a indagar. Así es que levantó la barbilla y sonrió. Ayudó a Sergio en la cocina y cuando los hermanos llegaron a comer, todo se desarrolló con normalidad.

Casi.

Adamir lo había besado al entrar, abrazándolo posesivamente, corriendo las manos por su cuerpo sin importarle la presencia de Sergio y Nazir. Luego le había preguntado cómo había estado su día hasta ahora… Max no supo que responder.

-. Fuimos de compras a un pueblito cercano. Trajimos frutillas frescas

Sergio respondió por ambos

Adamir siguió preguntando que le había gustado o no a Max del viaje sin importarle que hubieran ido a un lugar que no había autorizado. Max respondía con monosílabos… sorprendido. No sabía hablar de sí mismo ni compartir. Era muy raro.

Ante la relajada actitud de Adamir, Sergio sintió que podía dar otro paso con Max

-. Adamir, ¿Puedo llevar a Max al Centro Comercial en la tarde? Mi ropa le queda bien pero me gustaría regalarle…

-. No

Corto. Fuerte y claro

-. Pero…

Sergio iba a protestar pero la mano de Nazir apretando la suya lo hizo mantener la boca cerrada

-. Dime dónde tenemos que ir – dijo Adamir sin apartar su mirada de Max

Sergio se atragantó de la sorpresa, Nazir sonrió para sí mismo.

-. ¿Vas a llevarlo tú?!!

Adamir rió ante el asombro de Sergio y la mirada extrañada de Max

-. Si quieres nos acompañas…

-. Con gusto… – replicó Sergio, alegre–  Si es que no molesto… Es que yo sé donde esta todo  y que le queda bien a Max y…

-. Ya entendí. Acompáñanos, por favor

Al terminar el almuerzo, Adamir tomó la mano de Max y, en silencio, lo guió hasta la habitación y lo sentó en uno de los antiguos sillones de brocato

-. Voy a llevarte de compras

Adamir se mantuvo de pie inclinado hacia él, con ambas manos apoyadas en el sillón, como si estuviera apresándolo… estudiándolo.  Había decidido que le gustaba como se veía Max con ropas atractivas que realzaban sus atributos naturales. Sergio había hecho un gran trabajo al mostrarle como lucía Max de bien. Ahora deseaba comprarle cosas, ropa, arreglarlo para que se viera perfecto. Quería disfrutar de Max en toda su hermosura.

-. ¿Quieres ir?

-. Si…

Max respondió muy despacio… sin estar seguro de si debía agregar la palabra “amo” a la frase… o si le estaba permitido opinar sobre lo que deseaba… o si estaba siendo puesto a prueba… estaba nervioso… hasta que…¿Qué estaba haciendo?.. ¿no tenía acaso la seguridad de que Adamir estaba interesado en él?? ¿Por qué dudaba?… Tenía un plan, no? En la jugada más arriesgada de su vida, Max tragó saliva, respiró agitado y se alzó levemente en el asiento para alcanzar la boca de Adamir en un beso suave

-. Si, gracias. Sí quiero ir – dijo volviendo a sentarse con el corazón latiendo en su garganta y el miedo recorriéndolo por lo que había hecho

Adamir fue sorprendido una vez más… Lo miraba fijamente…

Su rostro de asombro lentamente fue dando paso a una sonrisa satisfecha… brillo en los ojos incluido.  No podía creer cuanto le había gustado lo que Max había hecho…

Max… su impredeciblemente hermoso esclavo lo había vuelto a besar por iniciativa propia. Era excitante que lo sorprendiera… era fantástico.

Tomó aire antes de volver a hablar

-. Vamos a buscarte ropa nueva y bonita

Salieron los tres en compañía de varios guardias. Adamir habló en privado con ellos antes de dejar la casa, recalcando las instrucciones de siempre: mantener a Max vigilado en todo momento.

 

Max estaba encantado. Había relegado la pena de lo sucedido con Mati a un rincón de su cerebro para recordarla más tarde, cuando estuviera solo. Por ahora, ir a un centro comercial era una aventura mayor, sobre todo porque iba con Sergio que sabía de todo y era divertido y Adamir estaba de buen humor.  Se daba perfecta cuenta de que había guardias acompañándolos pero… tal vez habría mucha gente en el centro comercial, muchas tiendas y puertas y maneras de perderse… suspiró ruidosamente, soñando y atrayendo la mirada de Sergio y Adamir

-. ¿Por qué suspiras tanto? – preguntó Adamir acercándose a él y olisqueando su pelo y cuello. Max sintió cosquillas y se estremeció

-. No sé… hace mucho tiempo que no voy a ninguna parte…  – era una frase arriesgada que contenía un reproche.

Adamir tomó nota de ello. Lentamente, sin dejar el cuello de Max, le tomó la mandíbula y lo giró hacia él

-. Vas a estar a mi lado todo el tiempo, Max – Su voz sonaba a amenaza y Max lo entendió.

Si. Adamir estaba feliz pero no era estúpido.

-. Si, amo – respondió Max, maquinalmente

Sergio observaba atentamente. Tomaba notas en su mente de lo que sucedía entre su cuñado y Max. Le llamaba la atención la forma en que Adamir sometía y dominaba a Max con solo unas palabras o gestos. No era como lo que sucedía entre él y Nazir. Aquí alcanzaba a ver una oscura agresividad y toques de violencia que no existían en su relación con Nazir.

Era el mejor centro comercial de la ciudad; las mejores tiendas de marca nacional e internacional. El lugar al cual Sergio acudía a comprar su ropa y arreglar su cabello. Un lugar de impactante elegancia que impresionó a Max. Este lugar no tenía comparación con los centros comerciales que él había conocido en donde vivía antes.

Avanzaban los tres juntos por los amplios pasillos, entre fuentes de agua, restaurants y tiendas exclusivas. Adamir mantenía la mano de Max firmemente entrelazada con la suya, ya fuera para no perderlo de vista o porque simplemente le gustaba hacerlo, ajeno por completo a la opinión que eso podía despertar en los clientes del centro comercial. Los guardias se habían repartido estratégicamente delante, a los lados y detrás de ellos. La gente se daba vueltas a mirarlo. Los tres hombres formaban un grupo llamativo, sobre todo Adamir con su porte, su largo cabello y su forma de caminar.

-. Aquí! Esta tienda tiene los mejores pantalones

Sergio detuvo al grupo y entraron. Comenzaba la tarea de escoger ropa para Max.

 

 

 

 

SANTIAGO

Mati le sonreía y rodaban juntos sobre el pasto entre abrazos y besos. Matías olía deliciosamente, a verano, a juventud y a amor. El sol hacía brillar su pelo oscuro pero le molestaba en sus ojos verdes. Entonces Mati se protegía los ojos con su mano en la frente y dejaba de reír para mirarlo enojado y triste a la vez

-. ¿Por qué me abandonaste? – le gritaba

El pasto y el paisaje desaparecieron y Santiago se encontraba sumergido en aguas frías y oscuras… se hundía más y más… trataba de detenerse pero no podía… algo lo succionaba y hacía que su cuerpo doliera mucho… quería subir a ver a Mati una vez más y quitarle el enojo pero era imposible… su cuerpo se partía en pedazos, reventaba…

Santiago abrió la boca para gritar pero algo le obstruía la garganta… se agitó y comenzó a moverse furiosamente… el dolor lo traspasó, asustándolo.  Sus manos y piernas estaban sujetos y protegidos, un tubo pasaba por su garganta…

Santiago abrió los ojos bruscamente al sentir que alguien lo sujetaba gentilmente.

-. No se mueva, por favor

No supo de quién era ese rostro borroso ni esa voz… tampoco podía decir donde estaba… todo era blanco y nublado… el infierno no podía ser blanco…

-. Doctor! Despertó el paciente – dijo emocionada la mujer de uniforme que lo sujetaba

 

MAXIMILIAN

Max jamás pensó que comprar fuera tan agotador. Tres horas después, lo único que deseaba era sentarse a descansar y no volver a probarse nada más ese día.  Adamir había inspeccionado cada prenda de ropa. Su opinión había sido la única válida y aunque había elegido lo mejor, Max estaba molesto porque no le había preguntado. Sergio si pudo opinar y en general los dos estaban de acuerdo. Pero era él quien iba a usar la ropa y su opinión no  había importado.

-. Al Salón de belleza – dijo Sergio haciendo un movimiento con la mano. Max no pudo reprimir un gesto de cansancio. La mano de Adamir tiró de la suya junto a una severa mirada. Max se enderezó y camino de prisa.

Joao solo atendía clientes de su pequeña lista pero a petición de su amigo Sergio hizo una excepción con Max… por la cual indicó un precio exorbitante. Adamir movió la mano indicando que aprobaba el precio y que Joao podía comenzar. El hombre se deshizo en amabilidades y, muy pronto, Max estuvo en una silla alta, rodeado de varios chicos que atendían sus manos, sus pies, su pelo y su rostro.

-. Voy a comprar algo y a buscar un café. ¿Vienes conmigo? – sugirió Sergio a Adamir – esto tiene para largo y Joao sabe bien qué hacer. Es el mejor.

-. Ve tú – respondió Adamir sin ser descortés pero  no estaba dispuesto a perderse ni un segundo de la visión que tenía por delante. Lo enojaba y lo excitaba la visión del pie desnudo de Max sostenido por otro hombre mientras lo atendía… las manos de Max se veían hermosas sobresaliendo de la capa que lo envolvía mientras Joao en persona trataba su cabello; las máscaras y cremas sobre el rostro de Max lo hicieron reír. Adamir tuvo paciencia para esperar y observar todo el proceso. Era nuevo para él y le encantaba porque era para Max. A medida que pasaban el rato, Adamir fue deseando con más ganas que terminara pronto… no porque estuviera aburrido sino porque no hallaba la hora de ser él quien sostuviera esos pies en sus manos… le besaría los pies… chuparía y lamería cada uno de esos dedos hasta que Max le suplicara que se detuviera, sostendría unidas esas manos delicadas y perfectamente arregladas cuando pasara una esposa por las muñecas para que las mantuviera inmóviles… le alborotaría el pelo brillante y oloroso al desnudarlo y poseerlo… le besaría las mejillas húmedas y suaves… oh si. Quería que Joao y su tropa terminaran pronto para poder poner él las manos encima de Max.

-. Siempre lo supe…- dijo Adamir al aire, sin percatarse de que Sergio había vuelto y lo escuchaba

-. ¿Qué supiste siempre? – preguntó Sergio, curioso

Adamir se sorprendió al escucharlo pero respondió con entusiasmo, indicando a Max

-. Míralo… ¿ves lo hermosos que es?… Max no solo es hermosura. Es mucho más que eso… yo siempre supe que Max tenía todo lo necesario para ser el mejor esclavo que ha pasado por mis manos.

Miguel 2 – Capítulo 82

2

CAPITULO 82

DANIEL

Daniel nunca fue consciente del momento en que dio los pasos para llegar hasta Coque; un segundo estaba entrando a la sala y al segundo siguiente Coque estaba entre sus brazos y nada ni nadie más existía en el mundo… la maravillosa sensación de tener el suave pelo de Coque cosquilleando en su barbilla, el peso de su delgado cuerpo cálidamente reclinado contra el suyo… todo su cuerpo parecía despertar de un largo letargo y el aroma de su pecoso entrando por su nariz le hacía sentir la sangre corriendo por sus venas despertando cada célula de su cuerpo… Coque estaba con él y estaba seguro y protegido… Dios!! lo había extrañado tanto que lo sentía como un dolor físico.  Al fin… estaban juntos de nuevo y no habría fuerza humana capaz de separarlos nuevamente. Daniel respiró profundamente ayudándose a tragar el nudo que se atoraba en su garganta y amenazaba con desbordarse… se quedo  quieto sintiendo como la emoción lo recorría, erizando su piel… el sentimiento de posesión se apoderaba de él… Coque… Suyo, sin María, sin barreras, sin familias, sin peligros ni disfraces…sin nada más que solo ellos dos, los mismos niños que se habían enamorado en el colegio antes de que todo se volviera un caos.

Daniel olvidó que María estaba en la puerta y no se dio cuenta que la señora de uniforme los mirara asombrada…  nada más importaba… suspiro tras suspiro se le enredaban las palabras en la garganta…

 

Coque estaba tenso y nervioso desde que María, sorpresivamente, le anunciara unas horas antes que Daniel vendría a verlo.

-. Es una visita corta, de acuerdo? – había dicho ella, muy tajante.

Mil dudas y preguntas surgieron de inmediato en su cabeza… ¿Qué pensaría Daniel de él ahora?.. ¿Sería capaz de seguir sosteniendo una relación con él luego de lo que había pasado? ¿Aún existía una relación?…  había pasado tanto tiempo desde la última vez que se vieron ¿Sentiría Daniel asco al mirarlo?… ¿Sabía todo lo que le habían hecho? ¿Por eso solo venía a verlo en una “visita corta” como le había dicho María? Tuvo una imagen de sí mismo violado y humillado… deshonrado…  La inseguridad se apoderó de él. Nadie querría volver a tocarlo nunca… Estaba recién recuperándose y no era capaz de verse a sí mismo más que como el chico débil que había sido vejado y  degradado… no era el mismo que Daniel había conocido…  no era digno.

La profesional que se encargaba de cuidarlo y acompañarlo siguió con la rutina habitual de cada mañana sin percatarse del cambio en Coque; los ejercicios, la caminata, la lectura… pero Coque era un manojo de nervios que se controlaba a duras penas. Quizás Daniel solo venía en visita de buena educación… una despedida forzada. Tal vez nunca volverían a ser pareja… ¿Cómo iba a quererlo después de lo que Domingo le había hecho y de todo lo que había pasado? El nivel de tensión en Coque llegó a un punto máximo en algún momento de la mañana y su manera de  enfrentarlo fue cerrándose a cualquier posibilidad y preparándose para lo peor. Daniel iba a terminar la relación con él… lo entendía.  ¿Cómo iba a querer estar con él?… se sentía tan indigno… había quedado claro para todo el mundo lo débil que él era…  No iba a hacer escándalo ni a pedir nada.  Solo habría deseado tener más tiempo para prepararse… rogaba para no derrumbarse frente a todos… llorar como nena era lo único que le faltaba para terminar de ser un patético digno de lástima. Intentaba endurecer su corazón preparándose para lo peor.

Estaba esperando que Daniel llegara con el corazón estrujado de tristeza y temor.

Cuando la puerta se abrió y Daniel entró tras María, Coque se sintió perdido…

-. Te he extrañado tanto – suspiró Daniel en su oído

El efusivo abrazo con que Daniel lo envolvía completamente lo desconcertó… se había preparado para frialdad y cortesía… no para las manos de Daniel en su espalda y suaves besos en su pelo… se mantuvo rígido, sin atreverse a corresponder… asustado… nadie lo había vuelto a tocar… no estaba seguro de nada…

Daniel percibió la frialdad en la reacción de Coque, los delgados brazos colgaban inertes sin buscarlo y se mantenía cabizbajo. Recordó lo que como “Ray” había aprendido: las demostraciones físicas de afecto eran muy difíciles para quienes habían sufrido abuso. Tenía que soltarlo…

-. Estoy feliz de verte

Daniel había ensayado un millón de veces lo que iba a decirle pero se le olvidaba todo al mirarlo… el aspecto de desvalido, los ojos claros huidizos, el rostro pecoso de niño… se lo notaba incómodo

-. María me dijo que estas mejor

Se mantenía a una distancia justo fuera del espacio personal de Coque… no quería abrumarlo, pero tampoco quería alejarse.

Coque no encontraba palabras…  no había ninguna frase inteligente que acudiera a su mente… como si hubiera olvidado sus modales y hasta como hablar… Había pensado en unos cuantos saludos y frases estudiadas de cortesía con las que auto protegerse… pero el abrazo y la alegría que Daniel expresaba superaban su compostura…

Daniel…

Tal como lo recordaba…

Como si nada malo hubiera ocurrido jamás…

Su pelo más corto pero la misma hermosa persona y el mismo brillo en su mirada de ojos verdes.

Parecía como si Daniel se alegrara de verlo…

-.  Si. Tú estás… igual..- balbuceó Coque porque no se le ocurría que más decir

Daniel había esperado y sufrido tanto tiempo por estar separados debido a la negativa de María y no saber a ciencia cierta que pasaba con Coque… ahora, estar frente a frente era como un sueño… uno hermoso…

Quiso volver a acercarse. Coque retrocedió, nervioso. Daniel se paralizó al darse cuenta que huía de él…

Silencio… muy incómodo silencio

-. Los dejaré solos un momento

La interrupción de María quebró la tensión y los devolvió a la realidad. La mujer de uniforme se levantó y salió tras María. Estaban solos por fin

-. Te llamé muchas veces…

Las palabras le brotaban en suspiros a Daniel. Hacía esfuerzos por contenerse. Necesitaba acercarse nuevamente…

El rostro de Coque se contrajo en una mueca interrogante ¿De qué llamadas hablaba Daniel?

-. María… dijo que todavía estabas recuperándote. – explicó Daniel

Una leve esperanza alumbró en el corazón de Coque… ¿Daniel lo había seguido llamando? Recordaba los mensajes que Ray le había pasado en la clínica… mensajes de un esperanzado Daniel… su mente se quedó más en blanco…

Era posible que… tal vez… Daniel…

Su respiración se agitó en el momento mismo en que una brizna de esperanza penetró en su corazón…

Levantó los ojos despacio… quería mirarlo de frente pero tenía miedo…

Fue un momento importante para ambos…

Coque reunía valentía para enfrentar lo que fuera que encontrara en la mirada de Daniel

Esperanza

Dulzura

Cariño

Preocupación

Ternura

Alegría

Las protecciones que Coque tan cuidadosamente había estado levantando durante la mañana para resguardar su corazón comenzaron a resquebrajarse…  Coque podía sentir como se volvía más liviano en el centro de su pecho y sus huesos se transformaban en lana

-. ¿Qué pasa? – escuchó a Daniel preguntar

Daniel, llevado por la vulnerabilidad que veía en Coque, olvidó nuevamente la distancia que debía mantener y se movió hacia él sin llegar a tocarlo. Era más alto y al lado de Coque se veía mucho más fuerte… el instinto protector de Daniel estaba a nivel máximo.

Coque no respondió… estaba quieto… muy tranquilo… ni siquiera se daba cuenta de las lágrimas que habían comenzado a fluir despacio, sin ningún esfuerzo, bajaban desde sus ojos, surcando sus mejillas y aumentando su aspecto de fragilidad

-. No llores… si no voy a llorar yo también – dijo Daniel cuando ya era demasiado tarde para contenerlas… Ay Dios! quería sostenerlo en una abrazo reconfortante, levantarlo en el aire y gritar de alegría con él por estar juntos y por verlo bien… pero se obligó a mantener sus brazos tensos pegados a su cuerpo en espera de una señal…

Ni una palabra salía de la boca de Coque aún.

-. Después del… accidente, estuve inmovilizado muchos días… Nadie me dijo lo que te había pasado hasta muchos  después.– dijo Daniel explicando parte de su ausencia

Escalofríos recorrían el cuerpo de Coque al recordar lo que había sucedido en aquellos  primeros días del secuestro. Daniel percibió el cambio en la postura de Coque y afianzó un poco más la tensión en su cuerpo, sus pies casi se movían solos hacia Coque.

-. Casi enloquecí cuando supe lo que te había pasado. No me dejaron salir de la clínica… solo quería saber de ti.

Daniel podía ver como cada palabra que decía era cuidadosamente escuchada y analizada por Coque…

-. Yo… estoy feliz de que haya terminado y estar aquí contigo. Necesitaba verte… hablarte… no quiero estar lejos de ti.

Las lágrimas calladas de Coque estallaron en un llanto suave y su voz se escuchó finalmente

-. No. Tú.. no sabes todo lo que pasó… – dijo Coque con voz temblorosa y dolida, retrocediendo otro paso

-. Lo sé. Sé todo – aclaró Daniel de prisa

-. Estoy enfermo… de aquí…- dijo Coque apuntando a su cabeza

Daniel sonrió entremedio de las lágrimas encogiendo los hombros

-. ¿Y no estamos todos un poco enfermos de la cabeza? Mi mente no funciona bien lejos de ti…

Coque cerró los ojos aguantando las lágrimas y tranquilizándose… Daniel ¿no había venido a decir adiós?

-. Vas a mejorar… volverás a estar bien  Daniel pensaba en como lo había encontrado en la clínica y cómo lo veía ahora… por supuesto que iba a mejorar

-. No sé cuando volveré a estar bien o si  alguna vez voy a estarlo… no sé qué pasará conmigo

Daniel se secó las lágrimas pasando ambas manos por su cara.

-. Lo que pase… puede pasar mientras seguimos juntos?

Había mucha convicción en su forma de preguntar. Coque quería creerle pero la inseguridad era terrible… sus manos se movían inquietas, empuñándose y estrujando los dedos contra las palmas… era la viva imagen de la fragilidad.

-. ¿juntos?… tú no sabes… – dijo mientras negaba con la cabeza y movía los hombros

La tensión era palpable en la sala. Daniel tenía temor de que sus esperanzas se vieran rotas en cualquier momento… una frase equivocada o un gesto incorrecto y Coque se cerraría para siempre… todo podría terminar entre ellos sin haberle dado la oportunidad de decirle lo importante que era para él… no podía dejar que eso pasara. María no lo dejaría volver a acercarse jamás si Coque se lo pedía…

En un movimiento muy controlado, Daniel retrocedió hasta el asiento más cercano y con estudiada calma se sentó. Sus piernas separadas, el torso inclinado hacia Coque y las manos juntas. Le dolió el espacio entre ellos pero era necesario para dar tranquilidad a Coque

-. Tal vez no se absolutamente todo lo que te pasó pero si sé que eres muy importante para mí.  Te extraño mucho.

Coque seguía en silencio… escuchaba y analizaba… miraba hacia el suelo o a las paredes… sus manos seguían empuñadas y su cuerpo pequeño era como una cuerda tirante.

Daniel conocía los gestos y estaba haciendo un supremo esfuerzo para no saltar sobre él, protegerlo entre sus brazos y llenarlo de besos. Era un suplicio verlo retorcerse de dudas y nervios sin poder ayudarlo. Tenía que lograr vencer la resistencia de coque antes que lo dejara fuera de su vida…

-. Estuve pendiente de ti todo el tiempo pero no me dejaron verte ni hablarte. No sabes cuánto deseaba volver a verte… te llamé todos los días…

Ahora era él quien había comenzado a retorcerse las manos ante la falta de reacción de Coque.

-. Nada ha cambiado para mi. Mis sentimientos por ti siguen estando en mi corazón. Quiero estar contigo

Esas fueron las frases que lograron quebrar la resistencia de Coque… corroborar que Daniel no tenía ninguna intención de despedirse de él sino todo lo contrario…

– Tú no… entiendes – dijo Coque con la voz entrecortada y asustada – Yo no soy el mismo

Fue como una puñalada en la espalda para Daniel. Él entendía. Lo había acompañado mientras estuvo en la clínica y sabía de su sufrimiento pero no podía decirlo. Entendía todo… había leído la maldita ficha médica dónde estaba el detalle de lo que había sufrido y las condiciones en que su cuerpo y mente habían llegado a la clínica. Era doloroso… pero ahí mismo, dentro de ese cuerpo delgado y castigado estaba su precioso pecoso esperando resurgir. Era intolerable escucharlo sufrir. Daniel no aguantó más. Conocía todas las reglas pero su corazón le dictaba algo diferente.

Se puso de pie y hablo pausado pero firme

-. No, Coque. Eres tú quien no entiende. Te he echado de menos cada minuto que hemos estado separados. No voy a volver a separarme de ti. Lo que te haya pasado ya terminó y podemos superarlo juntos. Tengo sentimientos profundos por ti… no me rechaces… por favor

Se paró frente a Coque rogando y estiró ambos brazos hacía su pecoso, ofreciéndole su cariño, su amor, su vida a disposición de él, mirándolo con ternura… suplicándole con los ojos que confiara y lo dejara ser parte de su vida… no quería ser dejado fuera… amaba al pequeño pelirrojo… Su chico risueño y alegre necesitaba ahora de él.  Coque había estado para él cuando tiempo atrás llegó al internado enfermo de celos, dolor y rabia y le había enseñado el camino para sanarse con paciencia y cariño. Ahora era su turno. Quería hacerlo más que nada en el mundo. Estar con Coque como Ray, como Daniel… como el amor fuerte y protector que sentía… pero el rostro de él revelaba reserva, angustia y distancia…

Coque escuchó cada palabra… Daniel  se veía tan seguro reconociendo sus sentimientos por él…  Dios!! ¿Por qué les había pasado todo esto? ¿Por qué los Rojas habían tenido que arruinar su vida? Eran tan felices antes…¿por qué no pudieron quedarse en el internado para siempre?… Vio los brazos abiertos de Daniel frente a él en espera de poder abrazarlo… de que él diera los pasos necesarios que significaban su aceptación de su cariño y protección… de admitir su debilidad y necesidad de apoyo y afecto… de rendirse frente al amor que le estaba ofreciendo Daniel… volver a confiar en alguien… en Daniel…

Si.. si quería pero…

-. Soy un lío… tengo miedo todo el tiempo…

Era su forma de advertirle a Daniel…

-. Déjame sostenerte y ahuyentar tus miedos

Como respuesta, Daniel movió sus brazos extendiéndolos un poco más hacia él, sin dejar de mirarlo… se estaba jugando el todo por el todo en este gesto…

-. Me violaron… abusaron de mi- el rostro de Coque se curvó en una mueca horrible

-. Somos fuertes… podemos superar lo que sea.

Daniel estaba preparado para lo que fuera. Repitió el mismo gesto invitándolo a entrar entre sus brazos, sólido como roca en el ofrecimiento de su amor. Nada iba a convencerlo de renunciar a él. Si Daniel se hubiera podido mirar a sí mismo en ese momento habría visto la fortaleza que emanaba de él… aquella seguridad que tanto había envidiado en su hermano mayor irradiaba de él ahora llena de dulzura.

Coque podía sentir todo aquello… lo veía a través de la mirada decidida de Daniel.

Los segundos pasaban en angustioso silencio…

-. Daniel… – imploró Coque sin tener claro que estaba pidiéndole exactamente… rendirse? entregarse?… renunciar al capullo protector y volver a enfrentar la vida?

-. Aquí estoy

-. Daniel – volvió a suplicar más débilmente…

-. No me voy a ir de tu lado – a pesar de la situación Daniel le hablaba con dulzura

Lentamente las piernas de Coque se movieron… caminaba hacia aquellos brazos que lo esperaban porque Daniel representaba dejar atrás el pasado doloroso y volver a buscar la vida que tenía antes de ser ultrajado… Daniel era la persona que lo ayudaría a reiniciar una vida normal… Daniel y todo su carisma de ojos verdes era la piedra angular sobre la cual volvería a construir una vida diferente…

Suave… muy suavemente, Coque llegó hasta el lado de Daniel… con timidez apoyó su mejilla sobre el pecho. Escuchó el suspiro profundo de Daniel antes de sentir como sus brazos se cerraban con cuidado en torno a él, cobijándolo… escudándolo del peligro, soportándolo hacia la vida… comprometiéndose a caminar juntos.

-. Esto va a ser difícil – dijo Coque

-. No. Nada es difícil si estamos juntos. – la mano de Daniel se desplazaba cariñosamente acariciándole la espalda y calmándolo – cuenta conmigo… te necesito, no voy a dejarte.

Coque se había acercado… habían logrado vencer el primero de muchos obstáculos que vendrían y estaba en sus brazos como antes… Habían vuelto a establecer la relación entre ellos y eso era más que suficiente por ahora. Después buscaría los besos y caricias que se moría por obtener. Por ahora, Daniel sentía que todo estaba bien y volvía a ocupar un lugar importante en la vida de su pecoso. No permitiría que María ni nadie lo dejaran fuera. Él tenía la fortaleza suficiente para ser el apoyo de Coque y volver a poner sonrisas en su rostro. Lo había demostrado al ser “Ray”. Lo volvió a estrechar con calidez y sonrió para sí mismo lleno de alegría y amor. Todas las piezas comenzaban a encajar en el lugar correcto. No era un sueño. Estaban juntos por fin.

 

JORGE

Jorge se paseó por detrás de su escritorio imitando lo que había visto que hacía Gonzalo cuando necesitaba tiempo para tomar una decisión.  Dos hombres anchos y de aspecto rudo a pesar de sus elegantes trajes oscuros, o miraban y esperaban una respuesta. Más atrás, cerca de la puerta cerrada de su oficina, estaba Ghiotto. Jorge le dirigió una mirada que pretendía ser de indiferencia.  Todos se habían largado al puerto a ver lo que pasaba con la familia de Rojas y lo habían dejado a él a cargo de las decisiones del día en la ciudad. Gonzalo había sido específico al señalar que, si no era de vida o muerte, no lo molestara. Y entonces habían llegado este par con un problema y preguntando por Gonzalo. Ghiotto los trajo directamente a su oficina

-. Jefe, hay un problema…

Los dos hombres miraron confundidos. Habían visto a Jorge al lado de Gonzalo varias veces y sabían que trabajaban juntos pero jamás se les habría ocurrido ir a hablar con él para resolver un problema… claro que la cosa cambiaba radicalmente si Ghiotto lo llamaba “jefe” y les decía que era él quien tomaba las decisiones a falta de Gonzalo. A Ghiotto si lo conocían y respetaban todos los miembros de la familia.

Jorge escuchó atento el problema y su corazón se fue acelerando más y más al darse cuenta que la decisión que tomara podría, hipotéticamente, implicar vida o muerte… ¿debería entonces llamar a Gonzalo y consultarle? Sin darse cuenta sus ojos  interrogantes buscaron los de Ghiotto. El guardaespaldas entendía perfectamente lo que estaba pasando por la cabeza del informático y el gesto disimulado que le hizo fue para indicarle que la decisión estaba solo en sus manos. Jorge lo odió en ese momento. Este no era un tema de computadores ni de lógica… Decidir sobre el curso de acción y la posible vida o muerte de alguien no era algo que hubiera hecho antes… los dos hombres esperaban… Jorge sentía que estaba dividido entre continuar con la oportunidad única que se le había presentado en la vida… o volver a la antigua rutina del empleado anónimo de oficina… Una alarma muy fuerte sonó en su cerebro. No. No quería volver a ser un empleado más. Le gustaba mucho ser parte de la familia, pero tampoco deseaba sentenciar a alguien a la muerte… esa parte del negocio no era agradable

-. Jefe… ¿y si vamos a ver qué tan testarudo es el hombre y usted habla con él en persona?

La voz de Ghiotto, recalcando la palabra “jefe”, le ofrecía una solución en la que no había pensado… ¿ir él mismo al lugar del problema?.. pues… claro… era posible que aquella persona dejara de actuar tan testarudo y arriesgado si veían a un jefe… se asustarían… no tenían por qué saber que Jorge no mataba ni una mosca…

Respiró agradecido y se tomó un instante para tranquilizarse antes de hablar con aparente calma, imitando nuevamente el tono de voz de Gonzalo y Andrei

-. Si. Le haré una visita. Ghiotto, ven conmigo.

Estaba claro que sin Ghiotto su presencia no serviría de nada. Tal vez Ghiotto no era un jefe pero todos sabían que representaba  el poder de la cúpula de la familia.

-. Si señor- respondió el guardaespaldas sonriendo complacido, muy consciente de haberle solucionado un problema a su inexperto pero adorable jefe.

Jorge captó el timbre de voz… ese tonillo alegre que Ghiotto había empezado a usar cuando hablaba con él… No le agradaba.  Desvió el mal pensamiento de su mente y se concentró en la solución. No tenía tiempo que perder.

Los dos hombres abordaron el vehículo en el que habían llegado y partieron delante. Ghiotto se sentó en el puesto del conductor del segundo vehículo. Jorge iba en el asiento trasero intentando su mejor rostro de indiferencia

-. ¿Qué sabes del hombre que vamos a ver? – preguntó Jorge

-. Jefe… el hombre tiene familia, dos hijas pequeñas

Jorge lo miró asombrado… le tomó solo unos cuantos segundos entender la implicancia de la frase de Ghiotto

-. Estas sugiriendo que…??- preguntó sin  atreverse a completar la oración

-. No… pero puede usarlo como amenaza, ya sabe… las niñas estudian en el colegio todos los días

La boca de Jorge se abrió involuntariamente… él nunca le haría daño a un par de niñas… no!!!, jamás!!!… pero eso tampoco tenía porque saberlo el hombre aquel. El tipo se estaba saltando las reglas de la familia de Gonzalo y había que volverlo al redil o eliminarlo…

-. ¿Alguna otra cosa importante?

-. Lleva poco tiempo distribuyendo para la familia

-. ¿No hay otra forma? – preguntó consternado

-. Esa es efectiva…

-. Si, pero…

-. Jefe, yo sé que usted no le haría daño a nadie pero tiene que convencerlo a él y a los demás de que si es capaz… ¿cómo quiere que lo respeten si no lo hace?

¿por mi intelecto? ¿por mis capacidades?…¿no sabes acaso lo que puedo hacer a través de la red??? Mierda… sonaba estúpido aun cuando solo lo pensaba en su mente. Eso no funcionaba en el mundillo en que se había metido… Nadie se impresionaría de esas habilidades si no iban acompañadas de la fuerza y la agresividad necesaria. Si no era capaz de ser violento al exigir cumplimiento,  simplemente no servía.

Volvió a preguntarse si era capaz de hacerlo… amenazar al hombre con la vida de sus hijas

-. Usted puede – dijo Ghiotto como si hubiera leído su mente

Jorge lo dudó… sentía escalofríos de solo imaginarlo

-.  ¿Tú crees? – pregunto olvidando la indiferencia. Necesitaba el apoyo del hombre que conducía el auto – no sé si puedo aparentar amenazar a ese hombre

Ghiotto respondió de inmediato

-. Claro que si!! – el guardaespaldas tenía convicción y una sonrisa satisfecha mientras lo miraba por el espejo del auto – ¿No está todo el tiempo aparentando conmigo?

Jorge sintió como si le hubieran dado una patada directo en el estómago… ¿Quién lo mandaba a preguntar??!! ¿por qué confiaba en lo que Ghiotto le sugería?.. era un maldito guardaespaldas que se creía sabelotodo ¿Cuándo iba a aprender a mantenerse callado y ser mas ejecutivo al actuar?… ¿por qué le daba a Ghiotto oportunidades para que se sobrepasara del límite con él??… “soy el jefe” se repitió mentalmente… “soy el jefe y no tengo que preguntar”… pero… ¿y cómo voy a saber qué hacer entonces?… Ahhh maldición!!!… era un… un estúpido asustado pretendiendo ser el jefe que Gonzalo creía que era… Su respiración se calmó al darse cuenta que necesitaba ayuda para aprender todo y a falta de Gonzalo o Andrei… pues… tenía a Ghiotto que aunque era muy cabezota era fiel y estaba de su lado… al menos en lo que se relacionaba con el trabajo,

-. No sé a qué te refieres – dijo alzando los hombros – yo no aparento nada

Ghiotto mantuvo la sonrisa moderada.

-. Usted puede hacer lo que quiera, jefe. Es inteligente y el tipo ese va a creerle lo que le diga.

Inesperado pero Jorge recibió agradecido las palabras de Ghiotto. La confianza que el guardaespaldas tenía en sus habilidades le producía un efecto calmante, muy necesario en ese momento

-. Gracias… – tartamudeó sorprendido

-. Si… es que él no lo conoce como yo… – dijo Ghiotto ampliando la sonrisa satisfecha y dejando a Jorge sin palabras

-. Tú no me conoces!!! – casi gritó

Ghiotto consideró prudente callarse para no alterar más a Jorge, después de todo ya casi llegaban a destino y era preferible que su jefe estuviera tranquilo…

Lo conozco bien… conozco el sabor de su saliva en mi boca y la textura de su piel en mis manos… conozco el tamaño de su apretado agujero y como sabe exprimir mi polla”  Ghiotto podía controlar sus palabras pero era imposible detener su imaginación y el deseo que le mordía las entrañas.

Llegaron a destino y Jorge bajó del vehículo de prisa  caminando delante de él. En todos sus años al servicio de la familia Ghiotto había demostrado ser un guardaespaldas protector y eficiente  que estaba pendiente de todo movimiento alrededor se su protegido. Se maldijo a si mismo al darse cuenta que su vista estaba clavada en los movimientos del culo de Jorge nuevamente.

-. Mierda. Esto no está funcionando bien – murmuró en voz baja – tenemos que arreglar esto pronto.

-. ¿Dijiste algo? – preguntó Jorge volviéndose hacia él

-. Lo están esperando – dijo Ghiotto mirando al frente y evitando responder, pero en su mente ya había decidido que la situación entre su joven jefe y él estaba afectando su trabajo y su funcionamiento. No era hombre de esperar soluciones mágicas. Quería estar en la cama con Jorge nuevamente y estaba dispuesto a tomar el toro por las astas… aunque tal vez sería más apropiado pensar en tomarlo de esos glúteos redondeados y apetecibles… uno en cada mano… sentir su peso y apretarlos mientras los separaba y lamía hasta encontrar su aguje…

-. Ghiotto!

-. Si jefe– respondió tajante aterrizando de la calentura que lo atacaba en cualquier momento y lo dejaba aturdido, con el cuerpo sumido en calor y deseo – aquí estoy – dijo llegando hasta él y sonriendo nuevamente – Ya podemos hablar con el hombre. Lo hará bien. Yo estaré a su lado todo el tiempo.

-. Bien

Se encaminaron juntos por la callejuela que conducía hasta la casa del hombre con quien debían arreglar el problema.

 

 

MIGUEL

Miguel se movió hacia su derecha, alejándose unos pasos de Gonzalo. Sus movimientos eran lentos para no distraer la atención de lo que sucedía en la sala. Alrededor de una mesa redonda, 5 personas estaban sentadas. Detrás de ellos, 10 hombres de pie custodiaban y escuchaban, sin derecho a voz ni voto. Miguel, en su primer terno oscuro y camisa blanca que había comprado junto con Gonzalo, era uno de los que permanecían de pie, indudablemente el más joven de los presentes pero eso no importaba. Era partícipe del evento en que Clemente y Anselmo Rojas cedían el poder a Gonzalo quien actuaría libremente y en su nombre a partir de la fecha. No era inesperado. Las cinco personas en la mesa sabían de antemano de que trataría la reunión; los hermanos Rojas, Gonzalo y los dos tenientes que sobrevivían de la cúpula de poder de Rojas tenían aspecto grave… Gonzalo permanecía en silenciosa calma a la espera de que Clemente terminara de hablar y los tenientes de Rojas dieran su opinión, aunque ya todos la sabían; uno de ellos, Don Gino, hombre mayor y buen amigo de Teddy, aceptaba lo que los hermanos decidieran, su lealtad a la familia era incuestionable y para él, lo que los hijos de Teddy decidieran estaba correcto, no aspiraba a más poder del que ya tenía, era un seguidor, no un líder. El problema era el otro hombre, Mario Spunazzi, más conocido como Mario Metralleta por su habilidad con las armas.  Tenía unos 42 años y había estado cerca de Teddy durante los últimos años, era fuerte como un toro y poseía una personalidad violenta y una mente ágil. Una buena parte de los hombres de la familia Rojas seguían sus instrucciones y lo consideraban el verdadero heredero de la familia. Despreciaba la docilidad de los pequeños hermanos Rojas sobrevivientes porque sabía bien que Teddy nunca había pensado en ellos para que dirigieran la familia. No les gustaba ver a Gonzalo sentado en el puesto de Teddy.

Había tensión en el aire, pero Miguel no estaba preocupado por el tipo ese… Gonzalo había dicho que podía manejarlo todo sin problemas. Miguel creía exactamente lo mismo. ¿Alguien más en esta sala se daba cuenta de todas las habilidades que poseía Gonzalo? ¿Cómo lograba todo lo que se proponía valiéndose de cualquier medio necesario hasta conseguir su objetivo? Suspiró profundamente y su pecho se infló de orgullo. Miró alrededor… los rostros expectantes de hombres preocupados y dedicó unos minutos a estudiarlos… todos ellos eran hombres hechos* y habían sido cercanos a Teddy Rojas y ahora esperaban una resolución para comunicarla a los soldados de más bajo rango en la familia… habían perdido la guerra y a muchos de sus conocidos y amigos… se notaban cansados pero dispuestos a seguir luchando… Vivían una vida dedicada a la ilegalidad pero llevaban demasiado tiempo en la cúspide de la violencia…  de pronto, Miguel se encontró con la mirada clara y directa de Andrei. Tal como la suya, Andrei tampoco expresaba preocupación. Miguel disimuló una sonrisa que curvó apenas la comisura de sus labios. Andrei, en su elegante terno gris, elegido por Lidia, y su siempre alborotado pelo claro, compartió la mirada de comprensión… él también sabía de lo que Gonzalo era capaz y ambos confiaban ciegamente porque lo conocían mejor. Una corriente cálida recorrió a Miguel. Era bueno contar con Andrei y con cualquiera que fuera tan leal a su hombre como él mismo lo era…  Desde el nuevo ángulo al cual se había movido casi imperceptiblemente, Miguel obtuvo lo que buscaba: una mejor visión de Gonzalo exhibiendo todo su poder… demonios!… No pudo evitar un latigazo de deseo ni un estúpido suspiro que hizo que Andrei curvara sus labios burlonamente desde el otro lado de la sala gatillando un sentimiento de vergüenza en Miguel que enrojeció sus mejillas y provocó más sonrisa en Andrei… nadie más se dio cuenta… pero es que Gonzalo que se veía tan imponente y él estaba tan perdidamente enamorado… Cualquiera que no conociera a ninguno de los presentes y entrara a la sala podría decir, sin equivocarse, que el tipo más poderoso en aquel lugar era el hombre joven y silencioso que reposaba tranquilo contra el respaldo de la silla, un mechón de pelo oscuro le cubría parte de los ojos pero resaltaba su juventud…  sus cejas delineadas naturalmente, sus ojos oscuros e intensos, su piel perfecta, los labios carnosamente apetecibles, sus hombros anchos y más que nada, esa actitud de saberse dueño de todo… era el único en la sala que no usaba terno oscuro sino sus habituales jeans negros, camisa blanca de marca y una de sus infaltables chaquetas de cuero… pero eso no le restaba un ápice del poderoso magnetismo que emanaba… Miguel lo miraba desde un punto estratégico donde pocos podían verlo…  excitante verlo tan serio, arrogante e intocable, sabiéndose superior ahora que era el jefe más poderoso de las familias… había cambiado las reglas a su favor y conseguido lo que nadie más había logrado antes.  Miguel despertó una nueva mirada reprobatoria de Andrei cuando se chupó los labios anticipando el placer de saber que él era el único que hacía que Gonzalo perdiera la compostura y el control cuando estaban en la cama y se moría de deseo… Miguel se sintió reventar de orgullo… enamorado y orgulloso. Gonzalo, el más hermoso y cautivante hombre de la sala era totalmente suyo en su mente y en su cuerpo y él no necesitaba demostrárselo a nadie… estaba seguro de ello. Volvió a su posición para tranquilidad de Andrei y descartó de su mente los pensamientos que le calentaban la sangre y le ablandaban el corazón. Dentro de unas horas estarían solos en su casa y entonces… ahí podía volver a pensar en cómo Gonzalo despertaba sus sentidos.

Fue el momento de Gonzalo de hablar una vez que Clemente calló. Su voz se escuchó nítida y confiada. Habló unos cuantos minutos agradeciendo la confianza de los hermanos Rojas y dejando sutilmente claro que había llegado para quedarse y quien no siguiera su camino podía abandonar de inmediato la familia que seguiría llamándose Rojas en respeto a los chicos pero él era el líder. Su mirada se dirigió ahora hacia Mario metralleta quien manifestaba la desaprobación en sus ojos y en todo su lenguaje corporal, sin embargo, su boca no emitía ninguna palabra. Gonzalo mantuvo sobre él sus ojos intensos el tiempo suficiente como para obligarlo a bajar la vista en señal de sometimiento. El silencio era total en la sala. Quedaba claro para todos. Entonces, Gonzalo se tomó el tiempo de presentar a sus “hombres de confianza, sus Consejeros”. Andrei fue el primero y luego, Miguel. No necesitaba indicar que el segundo era su pareja. En este submundo en el que se movían sus vidas, todos sabían de la homosexualidad de Gonzalo y su hermano, como también sabían de su conexión con Miguel y con la familia de María a través de Daniel. Nadie que apreciara su vida se atrevería a levantar un dedo reprobatorio o una palabra burlona contra ellos.

-. Son mis consejeros. Su palabra es mi palabra – dijo Gonzalo al terminar, señalando a Miguel y Andrei.  La reunión terminaba realmente cuando se hubieran dado las muestras necesarias de lealtad de los hombres hacia el nuevo jefe. Todos ellos, siguiendo el protocolo, saludaron primero a Clemente y luego repitieron el código de honor y lealtad frente a Gonzalo, en el cual comprometían su vida y su silencio.

Mario Metralleta esperaba el turno final y todos estaban pendientes de lo que sucedería. Andrei y Miguel se mantenían especialmente atentos. Mario se detuvo frente a Gonzalo. Era más alto por lo que Gonzalo alzó levemente los ojos… se miraron fijamente. Correspondía a Mario hablar… pero el hombre guardaba porfiado silencio y escudriñaba insistentemente los ojos contrarios. Gonzalo mantuvo la calma… esperaba sin alterarse. Nadie se movía ni respiraba

-. Teddy fue un gran hombre – dijo Mario

Clemente hizo un movimiento que indicaba su interés por intervenir pero Andrei estiró su mano y lo detuvo con una fría mirada. Esto era entre Gonzalo y Metralleta. Nadie más.

-. Teddy ya no está.

-. No. Murió quemado y eso es responsabilidad tuya

Movimientos inquietos entre los hombres… esas palabras eran una afrenta que podía terminar con la muerte inmediata de Metralleta.

-. Teddy perdió la batalla que él mismo comenzó. Ni mi familia ni la de María iniciaron las agresiones. Nos defendimos cuando fuimos atacados.

Mario calló… no había forma de rebatir la verdad que Gonzalo estaba proclamando

-. Si tienes problemas con tu lealtad a esta familia, puedes irte por esa puerta

La frase de Gonzalo hizo que varios de los presentes exclamaran sonidos nerviosos

-. Nadie abandona una familia…

Eso era sabido. Solo se dejaba la familia cuando uno entraba en un ataúd.

-. Pero yo te doy la oportunidad de hacerlo ahora mismo

Ni Mario ni nadie esperaban que Gonzalo mismo se moviera ágilmente y abriera la puerta de la sala.

Mario estaba enfurecido… las aletas de su nariz bailoteaban y sus manos eran puños cerrados.

Gonzalo esperó el tiempo prudente para dejar que la idea de quedarse solo y ser un paria madurara en Metralleta… cuando vio que el hombre perdía energía y se empequeñecía, volvió a hablar caminando de vuelta frente a él

-. O puedes quedarte y ser parte de los cambios y la nueva grandeza que traeré  a esta familia.

-. ¿Qué cambios? – preguntó Mario claramente agradecido de poder cambiar de tema

Gonzalo ablandó la mirada de sus ojos y su boca se curvó en aquella media sonrisa que tanto le gustaba a Miguel… la sonrisa de victoria

-. Vamos a ser la familia más grande y poderosa que jamás se haya visto.  Los cambios serán ventajosos para todos nosotros. Nadie volverá a mirarlos despectivamente. Será un honor mayor pertenecer a esta familia.

Había entusiasmo en el resto de los hombres. Metralleta miró alrededor y pudo verlo…. Maldición!! No iba a quedarse fuera…

-. Siempre he pertenecido a esta familia. Es mi deber estar aquí y cuidar de los intereses de…de los chicos… de todos nosotros.

Mario estaba cediendo pero no completamente

-. Es a mí a quien le debes lealtad ahora. Yo dirijo esta familia.

El silencio volvió a reinar… era la última oportunidad…  el momento crucial en que Metralleta tenía que decidirse y pronunciar su juramento de lealtad o desaparecer para siempre

-. Don Gonzalo, juro mi vida, mi lealtad y mi silencio con usted y la familia.

La media sonrisa de Gonzalo fue más satisfactoria. Metralleta estaba en actitud sumisa y era hora de ser magnánimo. Posó su mano sobre el hombro del hombre quien se había agachado lo suficiente como para estar a más baja altura que Gonzalo

-. Eres un hombre hecho*, Mario.

-. Gracias, Don Gonzalo.

Andrei sacó su mano de la espalda. Había estado sutilmente acariciando el arma que llevaba.

Miguel relajó sus hombros y abandonó la postura de ataque.

La reunión se dio por terminada.

(*Hombre hecho= nombre que se da al miembro de una familia de la mafia que ha realizado el juramento de fidelidad y es recibido como parte de la misma.)

 

Andrei, Gonzalo y Miguel viajaban en la parte de atrás del cómodo vehículo de vuelta a la ciudad. El brazo de Gonzalo, inquieto, alrededor de la cintura de Miguel.

-. ¿Confías en él? – preguntó Andrei

-. Debería… pero no – respondió sin dejar de raspar su barbilla contra la cabeza de Miguel en un gesto cariñoso

-. Entonces? – esta vez fue Miguel quien preguntó

-. Lo mantendremos vigilado, a él y a sus soldados, hasta que pruebe su lealtad. Habrá que traer gente nuestra al puerto. Recuérdame hablar con María. No quiero problemas con ella

-. ¿Problemas con ella? Nadie se va a atrever ahora a ponerte ningún problema!!

-. Lo sé. Aun así, María es mi aliada y quiero ponerla al tanto de los cambios

-. ¿Qué cambios? – preguntó Miguel intentando quitar las manos de Gonzalo de su cuerpo para poder conversar en serio.

Quizás era la tensión que había experimentado, la alegría que sentía al ser poderoso o tal vez el simple hecho de que Miguel tenía puesto un terno oscuro, una camisa blanca y Gonzalo estaba desesperado por quitarle toda esa ropa de encima… no podía mantener sus manos quietas, ni su boca… ni tampoco su polla que se endurecía de tan solo mirarlo…

-. Hay mucho que hacer, comenzando por terminar toda esta trata de blancas. Habrá que cerrar esa línea de negocios, hablar con los compradores. Los hombres están muy acostumbrados. No será fácil…

-. Podemos hacerlo – dijo Andrei reafirmando la frase con un gesto de su cabeza

-.Voy a necesitarte en el puerto – dijo Gonzalo mirando a Andrei y hundiendo una de sus manos bajo la camisa de Miguel – a ti y a varias personas más… solo gente de mucha confianza. Tendrán que trabajar liderando algunos de los grupos que Teddy había formado…

Su mano masajeaba suavemente la piel de Miguel… tenía un efecto calmante y excitante a la vez…

-. Yo puedo ayudar – dijo Miguel haciendo que la mano de Gonzalo se detuviera automáticamente

-. Prefiero que te quedes conmigo

Miguel retrocedió en el asiento y la mano de Gonzalo desapareció de su piel

-. No quiero. Necesitas a todas las personas disponibles y yo soy una de ellas. Soy tu consejero, no? Puedo hacerme cargo de lo que me digas

Gonzalo respiró profundo… conteniéndose

-. Miguel… va a ser complicado

-. ¿Y qué? ¿Crees que no puedo hacer el trabajo?

Cada palabra de Gonzalo irritaba más a Miguel

-. No, no es eso.

-. Entonces?

-. Es riesgoso y habrá que estar atentos a Metralleta

-. ¿Entonces piensas que no soy capaz?

-. NO Miguel! Ya te dije que no es eso!!! – el enojo era palpable en ambos

-. ¿Acaso crees que tengo miedo? Puedo hacerlo mejor que muchos de tus hombres!!! No le tengo miedo a nada ni a nadie!!!! – Miguel finalmente estaba gritando

Gonzalo apretó los puños y respiró reteniendo el aire en sus pulmones… Miguel… había dicho que…  De pronto Gonzalo relajó su cuerpo y soltó lentamente el aire… la media sonrisa aquella apareció lentamente en su rostro poniendo a Miguel en un alto estado de alerta

-. ¿No le tienes miedo a nada? – preguntó Gonzalo delicadamente

Miguel se quedó en blanco… No!!! Maldito idiota!! No era posible que le saliera ahora con esa estupidez!!! No estaban hablando de sexo sino de lo que pasaba en el puerto.

-. ¿Absolutamente a nada?

Gonzalo sonreía y se lo comía con los ojos… su erección era visible de ahí a la China… se acercaba a Miguel como si fuera un león acechando a su indefensa presa

-. No. No le tengo miedo a nada – respondió Miguel firmemente

Los labios de Gonzalo y su cuerpo entero comenzaron a devorar a Miguel, apasionadamente, olvidando que Andrei observaba desde el asiento del frente.

Andrei contemplaba la escena en silencio. Le tomó unas cuantas frases entender que el tema se había desviado del puerto a la cama, dejándolo fuera de la conversación. Los miró cuidadosamente mientras ambos se consumían en besos y abrazos. Suspiro y desvió su mirada hacia el paisaje exterior pensando en Lidia. Era inútil tratar de seguir hablando con Gonzalo ahora. Miguel acababa de prometerle el cielo en la tierra.

Miguel 2 – Capítulo 81

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CAPITULO 81

Tal vez era por su costumbre como guardaespaldas de permanecer alerta en todo momento. Ghiotto apenas escuchó la palabra dicha por Jorge pero fue suficiente para que abriera los ojos. Se detuvo sobre él… Ladeó levemente la cabeza… lo había visto hacía unas horas atrás cuando lo trajo dormido y le quitó la ropa para meterlo en la cama… ahora estaba despierto, desnudo y lo miraba sorprendido desde la puerta de la sala.

-. ¿Qué haces durmiendo en el sofá?… ¿por qué estas en mi casa?

Jorge estaba tan sorprendido de encontrarlo en su departamento que no atinó a recordar su desnudez hasta que sintió la mirada lujuriosa de Ghiotto que lo recorría de arriba abajo… el guardaespaldas no hablaba ni respiraba… solo miraba haciéndolo tomar consciencia de su cuerpo tal como había llegado al mundo

-. Ya deja de hacer eso – protestó Jorge molesto, repentinamente cohibido y cubriendo la mitad de su cuerpo tras uno de los sillones

-. ¿Hacer qué? – preguntó Ghiotto enderezándose en el sofá, despeinado y soñoliento pero comiéndoselo con los ojos.

Jorge suspiró molesto. No tenía derecho a hacer eso!! No después de lo que le había dicho y hecho… de no haberle hablado nunca más del tema y desaparecer como si el dolor que tuvo en su culo por dos días no fuera de su responsabilidad. Jorge sintió que la molestia crecía grande dentro de él.  La situación era absurda. Estaba sin ropa, si, pero estaba en la sala de su casa, SU propia casa, y sintiéndose incómodo bajo la mirada examinadora de su guardaespaldas, el suyo… el que tenía la responsabilidad de cuidarlo…  Ya era suficiente!!! Él era el jefe y no al revés. Había soportado que Ghiotto lo llevara donde el médico contra su voluntad y que lo tratara como si él fuera quien diera las órdenes pero… pero esto… esa mirada de lujuria que le dirigía… no!!! Esto no. No estaba para juegos y menos con Ghiotto. Sabía que tan cruel podía ser el hombre cuando jugaba y el gusto amargo que dejaba en la boca el sentirse usado y abandonado. No quería recordar lo bien que se había sentido cuando… No. No valía la pena. El necesitaba cariño y compresión… alguien en quien vaciarse y abandonarse… aprender a ser jefe era estresante y más aun cuando estaba solo y no tenía a nadie en quien confiar sus sentimientos, que lo escuchara y compartiera esta nueva parte tan buena de su vida. El estrés acumulado en las últimas semanas era bastante. Si iba a distraerse con alguien tendría que ser con una persona que lo comprendiera y lo hiciera sentirse amado y feliz…

-. Nada. No haces nada

De pronto, Jorge sintió como algo cambiaba dentro de él mismo. Había estado aprendiendo las últimas semanas. Había observado atentamente a Gonzalo y a Andrei al compartir tiempo con ellos. Si quería ser un jefe de verdad había cosas que tenía que superar y lo que Ghiotto lo había hecho sentir era una de ellas.  Lento… confiado… casi sonriente, Jorge abandonó el espacio donde se ocultaba tras el sillón y caminó, desnudo y majestuoso, hasta estar cerca de su guardaespaldas

-. Ya estoy bien – dijo tocándose los puntos en el labio y luciendo, a sabiendas, su magnífico cuerpo  – Puedes irte. No te necesito.

El impacto de las palabras pronunciadas con lentitud y seguridad por ese cuerpo bien formado fue intenso en Ghiotto… parpadeó repetidas veces como si su cerebro se demorara en procesar lo que había escuchado…

-. Ah!, antes de irte busca mi teléfono que no sé donde quedó. Lo necesito.  

Jorge se giro frente a él dejando su precioso trasero a la vista junto al suave movimiento de sus largas piernas, la espalda lisa y aterciopelada, los brazos delgados y largos… se movía con calma… se alejaba rumbo a su propio dormitorio sabiendo el efecto que estaba causando y sin que le preocupara.

Ghiotto, boquiabierto y agitado, aún no terminaba de entender que rayos le había picado al crío ese que le hablaba así y se exhibía como si no le importara y… ¿qué le había dicho?… ¿cómo es que tenía un cuerpo tan… esbelto? ¿con cintura y todo?… ¿Cómo lo escondía bajo la ropa durante el día? La mirada fija en las nalgas que se flexionaban y reaparecían en redonda majestuosidad… Ghiotto no podía comprender a cabalidad lo que Jorge le había dicho… su mente estaba turbia y caliente, producto del más bruto instinto animal que bullía dentro de él al mirar el acompasado movimiento de las piernas y los glúteos cimbreándose elegantes… se contraían y relajaban con cada paso… Ghiotto respiraba alterado y no podía quitar sus ojos de encima… Mierda!!!  Sabía cómo se sentía la piel de Jorge en sus manos y parecía que sus palmas picaban y dolían por la necesidad de sentirla nuevamente… se había vuelto duro y hambriento… el deseo en su máxima expresión.

Jorge desapareció de su vista sin volver a mirarlo ni una vez.

Ghiotto se quedó con la mente embotada observando el espacio oscuro por donde se había marchado…

¿Qué diablos le pasaba?… tenía una erección monumental causada por Jorge… ¿se había convertido en un marica como el patrón?… lo que sentía era urgencia, deseo incontenible por el hombre que acababa de cerrar la puerta del dormitorio… quería abalanzarse sobre él y poseerlo de manera fiera… enterrarse y hundirse en su culo hasta saciar sus deseos… en ese agujero caliente y apretado que ya había probado… suspiraba agitado…  el patrón le había dicho que una vez que lo probara no iba a poder resistirse… recordaba claramente a Gonzalo riéndose y burlándose de él y amenazándolo con aquella frase. Jamás lo habría creído cierto.. pero ahí estaba sintiéndolo y sufriendo… no podía alejarse de él… como si Jorge tuviera un imán que lo atrajera y le hiciera imposible vivir sin estar pendiente de él… lo había intentado.. alejarse y olvidarlo… dejar de prestar atención.. era un hombre después de todo… pero el resultado de su estúpido esfuerzo saltaba a la vista ahí mismo… estaba en medio de la sala del departamento de Jorge, destilando lujuria y deseo… duro como roca y necesitándolo… como si fuera un cachorro amaestrado… rindiéndose a las sensaciones que el cuerpo de Jorge le despertaba.

Maldición!!…

No importaba si se había convertido en uno de ellos… nada importaba… Lo que el nuevo jefe le provocaba no tenía comparación. No había mujer que fuera capaz de hacerle sentir lo que sentía en ese momento…  aahhh!!! por los mil demonios!!! Era un hombre grande y seguro…  despertaba miedo en las personas…  vivía en medio del riesgo… siempre sabía bien lo que tenía que hacer… aunque fuera peligroso…  pero ahora… se había quedado con la boca abierta y la mente nublada… debatiéndose entre obedecerlo lo que Jorge le había pedido o hacer caso a lo que sentía… acaso… ¿le había dicho que se fuera?… ¿Jorge lo había despedido de su casa?… y ¿qué idiotez fue esa de buscar el celular?… en un gesto instintivo metió la mano al bolsillo de su chaqueta y extrajo el teléfono de Jorge. Lo había guardado por si acaso llamaba el patrón y Jorge no podía responderle debido al calmante… miró el teléfono… miró el pasillo oscuro… el teléfono nuevamente… lo apretó nerviosamente entre sus dedos y empezó a caminar con el cuerpo tenso y la mirada fija en la puerta del pasillo sin luz

No se molestó en tocar la puerta ni en iluminar la habitación. Entró de sopetón.

Contra la ventana se perfilaba claramente la silueta desnuda de Jorge, de pie, observando la ciudad e intentando reafirmar su recién adquirida confianza. El dolor de los golpes que había recibido horas atrás comenzaba a molestarle.

El informático se volvió al escuchar a Ghiotto entrar a su dormitorio. Se fijó en teléfono que brillaba en la mano. Hubiera preferido que tocara la puerta y le diera la oportunidad de vestirse… no había supuesto que llegaría tan de prisa… era incómodo estar desnudo pero no le iba a hacer saber lo mucho que lo afectaba. Era el jefe. Tenía que recordarlo más seguido.

-. Déjalo en la mesa – respondió casual fingiendo indiferencia.

Jorge le dio la espalda girándose nuevamente hacia la ventana… no iba a volver a pensar en él… Ghiotto era parte del personal que venía con el trabajo y reconocía su buen trabajo como guardaespaldas y persona de confianza… no podía enemistarse con él dado el grado de confianza que tenían Gonzalo, Andrei y Miguel en el hombre, reconocía su importancia y utilidad… Mantendría una clara línea entre él y su persona. Eso era lo que tenía que hacer.  Nunca más volvería a…

Sus pensamientos fueron interrumpidos…

Sin volverse, Jorge supo por el ruido de la respiración que Ghiotto estaba parado justo detrás de él. El corazón se le aceleró dentro del pecho… se forzó a mantener la calma. No era el mismo idiota de hacía unas semanas atrás… no señor. No lo era.

-. ¿Algo más? – preguntó con frialdad disimulando el temblor en la voz

Ghioto estaba a su lado. Ya no podía pretender que no lo veía… el movimiento fue rápido e inesperado. Lo primero que sintió fue la mano grande y áspera del guardaespaldas enredándose en su pelo, luego fue atrapado entre el brazo musculoso y el cuerpo de roca de Ghiotto. Lo sujetaba con fuerzas y le buscaba la boca

-. Suéltame 

Jorge estaba alteradísimo pero no iba a gritar como damisela en peligro… ni siquiera iba a alzar el tono de su voz.  Era el jefe de Ghiotto y era hora de demostrarlo. Todo esto era una prueba de la cual tenía que salir airoso…

-. Suéltame – repitió

Mierda!  No estaba resultando… Ghiotto le había encontrado los labios y lo estaba besando con urgencia. Dada la diferencia de tamaño, podía hacer con él lo que quisiera y el muy torpe estaba desnudo. Las manos grandes se aferraban a su culo y la pelvis del hombre presionaba contra su sexo… No!!! no quería excitarse… si Ghiotto no lo soltaba de inmediato él iba a tener una reveladora erección…

-. Suéltame de una vez!!! – logró gritar cuando sus labios tuvieron que separarse para poder respirar. Había gritado olvidando sus intenciones y lo empujó con las dos manos… con fuerza… su cuerpo resintió el movimiento con una punzada dolorosa. Se recuperó de prisa. No quería mostrarse débil.

Ghiotto ni siquiera se movió… ni pestañeó… ni se alteró.  Mantuvo a Jorge apretado contra su cuerpo mirándolo fijamente desde su altura.

Jorge podía sentir la dureza del sexo del hombre en su cadera…

-. No – dijo Ghiotto finalmente

¿No?… NO???!!!  ¿de nuevo con la misma estupidez de la vez anterior?… solo “no”? pero que original y comunicativo! Jorge quería gritar de la impotencia!!! Ghiotto era como un gorila salvaje… un animal… un idiota… Jorge pensaba de prisa… tenía que lograr que sus palabras pesaran más que la fuerza bruta del guardaespaldas sino esto iba a terminar de mala manera

-. No es buena idea atacar a tu jefe – dijo en voz alta y firme, mirando directamente en los ojos oscuros y llenos de excitación de Ghiotto.  Por un segundo pareció que el hombre dudaba pues relajó el firme agarre que mantenía alrededor de Jorge

-. Mmhh??

-. Me estas atacando. Suéltame

-. No

Dios!! que exasperante!!! Lograba sacarlo de quicio

-. ¿Es todo lo que sabes decir?!!… ¿nadie te ha enseñado a preguntar o a escuchar?

Jorge manoteó con firmeza hasta lograr liberar su cuerpo. Se alejó unos cuantos pasos dejando a un Ghiotto confundido y excitado que lo seguía observando fijamente

-. No es un ataque – dijo Ghiotto intentando acercarse a continuar lo que había sido interrumpido

-. Claro que lo es!!! No quiero que me toques!

Por si acaso, Jorge se retiró protegiéndose detrás de la mesa pequeña del dormitorio… una protección más bien simbólica.

Vio como Ghiotto dudaba de sus palabras…

-. Pero tú eres…. A ti te gustan los hombres…  Ghiotto sonaba como si esa explicación bastara

Jorge abrió los ojos y la boca al escuchar tamaña necedad… Claro que le gustaban los hombres!!! pero Ghiotto no podía ser tan estúpido e ignorante de creer que cualquier hombre podía gustarle.  La furia creció intensa en él…  sintió más que nunca que había sido usado y que no dejaría que el hombre en su habitación volviera a tocarlo… nunca más.

-. Soy gay. Me gustan los hombres, pero yo elijo con quien me acuesto y quien me toca!!!

Nuevamente había olvidado su desnudez debido a la rabia que sentía… caminó hacia el sorprendido Ghiotto con la mano en alto para reforzar sus palabras… lo apuntaba y señalaba… estaba enojado y se lo hacía ver.

-. Pero… la otra vez… – la excitación de Ghiotto había disminuido y ahora parecía confundido

-. No me hables de eso. Ni siquiera me preguntaste… te marchaste sin hablarme

-. ¿Hablar de qué?

En verdad todo esto era confuso para Ghiotto… ¿de qué quería que le hablara?… él nunca hablaba con ninguna de las mujeres con quienes tenía sexo… ¿qué quería Jorge?… no entendía.

Recibió furia en la mirada de Jorge.

-. Fuera de mi habitación!!- el brazo estirado señalaba la puerta ahora. La actitud de Jorge era sumamente decidida – vete a tu casa.

-. ¿Hablar de qué??!!- pregunto Ghiotto nuevamente alzando la voz sin intención de moverse del cuarto.

-. Ya vete de una vez – era inconcebible. Estaban en dos mundos diferentes… no había comunicación posible

-. ¿Hablar de qué??!!! – rugió Ghiotto verdaderamente molesto y por un instante intimidando a Jorge…  Ghiotto gritaba porque quería entender, porque estaba frustrado y porque Jorge lo estaba enloqueciendo… Dios!! era tan hermoso y lo deseaba… no quería irse.

-. De lo que hicimos!!! de lo que sentimos!!! Que se yo!!  Una explicación, una conversación cualquiera como las que tienen las personas normales cuando tienen sexo…

El nivel de exasperación de Jorge crecía al hablar y mirar a Ghiotto… en verdad se veía como si el guardaespaldas recién estuviera descubriendo algo nuevo

-. Pero yo… nunca hablo…- su voz cambió. Ahora parecía como si quisiera dar explicaciones…

Para Jorge la situación era insoportable… Llevó sus manos a la cabeza y al labio roto… con los gritos se acentuaba aun mas su dolor y molestias… tenía sueño, estaba cansado… no quería discutir… todo lo que deseaba era hacerse un ovillo en su propio cuerpo, derramar unas cuantas lágrimas, dormir y olvidar lo que estaba sucediendo. Borrarlo para siempre. Ghiotto no era lo que él necesitaba.

-. Déjame solo. Vete a tu casa

Para Ghiotto resultaba intolerable pensar en salir del cuarto y alejarse de Jorge. Iba a responder con un “no” nuevamente cuando recordó el efecto que esa palabra tenía en Jorge y no quiso molestarlo. Su jefe se veía mal… es decir, su cuerpo seguía siendo caliente y erótico pero claramente Jorge no lo estaba pasando bien.

-. Quiero quedarme aquí

Ghiotto, sin registrar lo que hacía, caminó hasta Jorge. Se sorprendió al verlo retroceder… nervioso, malhumorado y adolorido. Le dolió que Jorge se alejara y extendiera una mano frente a él para rechazarlo. La excitación que sentía se redujo y fue dando paso a un nuevo sentimiento… algo que rara vez sentía… ahora tenía ganas de tomarlo entre sus brazos y sostenerlo ahí para ayudarlo a aliviar sus problemas y dolores… si Jorge quería hablar, hablarían… podía hacer eso.. claro que podía!

-. No te necesito – Jorge había perdido fuerza…

Ghioto tenía experiencia en este tema. Tal vez no era un hombre comunicativo ni sabía cómo expresar sus emociones… nunca había tenido que hacerlo, pero si era capaz de deducir bien cómo funcionaba la mente humana. Él había sido el pilar de Gonzalo, Andrei y muchos otros, incontables veces. Sabía escuchar y proteger y ahora deseaba fervientemente hacer esas dos cosas con el hombre que estaba frente a él.

-. Creo que si me necesita

Jorge volvió a retroceder con las dos manos levantadas pero Ghiotto fue más inteligente.

-. No se preocupe. No voy a hacerle nada

-. Entonces ya vete

-. Voy a quedarme. Usted no está bien- había bajado la excitación sin llegar a desaparecer. Ghiotto era, cien por ciento, un ente protector con quienes estaban bajo su cuidado y su reacción era natural al ver que Jorge necesitaba cuidado en ese momento.  Tal vez no reaccionaba a los gritos y protestas pero si respondía de inmediato y con vehemencia a la necesidad de resguardar y cuidar a quienes debía.

-. No te quiero aquí – dijo Jorge. Su voz ya no era exigente sino que parecía una petición.

-. Tendrá que aguantarme. Vuelva a la cama

Jorge pensó en su cama… en su cuerpo adolorido y golpeado… dormir y descansar… sonaba muy bien…  Permitió que Ghiotto lo tomara del brazo y lo guiara a la cama. Se metió entre las sábanas… deseaba cerrar los ojos y dormirse pero la presencia del guardaespaldas de pie al lado de la cama era inquietante

-. ¿Vas a quedarte ahí vigilándome?

Ghiotto pareció dudar

-. No. Voy a quedarme acá

Y sin más, se acomodó sobre la cama, al lado de Jorge, aunque sin meterse entre las sábanas. Cruzó los brazos sobre su pecho y echo la cabeza hacia atrás preparándose para descansar.

Jorge saltó al ver lo que hacía

-. No pued…!!!

– Tranquilo, jefe. No voy a hacerle nada

La tranquilidad con que Ghiotto respondió además de la mirada directa de sus ojos convencieron a Jorge de que Ghiotto no iba a moverse de ahí. Había usado la palabra “jefe” para referirse a él… También sonaba como si en realidad no pensara hacerle nada… ya no tenía ese aspecto de depredador sino que había vuelto a ser un hombre protector, como si se sacara una personalidad y se pusiera otra encima.

Jorge relajó sus hombros adoloridos y volvió a poner su cabeza sobre la almohada… aún tenía dudas…

-. Lo que pasó esa vez no va a volver a repetirse

-. Si, señor

-. Soy tu jefe. No lo olvides

-. No, señor

-. Puedo hacer que Gonzalo te despida si me vuelves a tocar, ¿sabes eso?

-. Si, señor

-. Si me besas de nuevo te puedes dar por muerto

-. Si, señor

Tanta docilidad en Ghiotto era sospechosa. Jorge no pudo evitar levantar su cabeza y preguntar

-. Que… que estás haciendo?

-. Estamos conversando, ¿no? – respondió un Ghiotto relajado

Jorge abrió los ojos muy grandes… ¿Conversar??!!… ¿llamaba a eso conversar?!!! iba a rebatirle con toda su artillería de argumentos pero la expresión de victoria en el rostro de Ghiotto, apoyado sobre el respaldo de la cama, lo hizo guardarse sus palabras. Era… era como toparse con un muro de granito. No tenía sentido… era imposible… era… desesperante…

-. NO! No estamos conversando! – gruñó Jorge girándose en la cama y dándole la espalda. Su cabeza latía, le dolía el labio y todo el cuerpo…

Ghiotto lo miro satisfecho.

-. Yo creo que si – dijo antes de cerrar los ojos y suspirar tranquilo. Estaba contento, sin tener claro los motivos de su repentina sensación de felicidad.

 

LIDIA

Lidia abandonó el centro médico con sus oídos protegidos y acompañada de un grueso contingente de protección que incluía a Andrei y parte de la familia.  Estaba ansiosa de llegar a su casa aunque tuviera que hacer reposo allá.  El repentino zumbido en sus oídos que la dejaba mareada, con nauseas y adolorida le hacía tomar consciencia de que necesitaba descansar para recuperarse bien. Las marcas de las quemaduras ya no dolían tanto; dolía más saber que eran permanentes y tendría que recurrir a la cirugía plástica para hacerlas desaparecer o, al menos, disimularlas. Sin embargo, ninguna de las molestias físicas se comparaba con el desasosiego que la abatía al recordar que Karina había muerto protegiéndola y, sobre todo, al mirar a Andrei y sentirse estúpida y avergonzada.  Pensaba en lo que había hecho y le costaba encontrar una explicación racional para sus acciones.  Sabía que llevaría por largo tiempo, quizás para siempre, el peso de la muerte de su amiga. No era primera vez que un guardaespaldas perdía la vida dentro de la familia, pero nunca antes le había sucedido a ella. Además, Karina distaba mucho de ser solo un “guardaespaldas”. Había sido su amiga y su confidente… y ya no estaba más.

-. Dame la mano, Lidi

La voz suave de Andrei la trajo de vuelta a la realidad. Habían llegado y él le sostenía de la mano para ayudarla a descender del vehículo… Estaba triste por la pérdida de Karina y a la vez emocionada por haber sobrevivido, por llegar a casa, y por el maravilloso hombre que estaba a su lado. Apretó la mano fuerte y sólida de Andrei y se detuvo un momento para calmarse.

-. ¿Estás bien?

Le hablaba bajito para no irritar sus oídos… más bien parecía como si Lidia hubiera desarrollado la capacidad de leerle los labios. Asintió con la cabeza y una sonrisa cansada. Andrei la rodeó con sus brazos protectores y se encaminaron hacia la casa.

Juntos…

Como tantas veces ella había soñado cuando Andrei estuvo desaparecido y su ausencia era insoportable.

Andrei…

Su Andrei…

¿Qué clase de tonta era?

Fue fácil disimular la emoción que sentía transformándola en alegría por estar de vuelta en casa. Sus padres la recibieron con cariño, las emociones, abrazos y lágrimas surgían fácilmente en ella. Ya pronto estuvo instalada en el dormitorio de su apartamento dentro de la casa familiar.

-. Te dejaré descansar, Lidi. Si necesitas algo solo presiona el…

-. No. No te vayas – dijo sujetándolo

Su propia voz retumbaba en su cerebro pero no quería que Andrei desapareciera de su vista ni un momento. Quería tenerlo cerca… siempre.

Él sonrió ante la petición… Lidia se maravilló hasta las lágrimas por la hermosa sonrisa que Andrei le dedicó… Vaya!! Estaba tan sensible que no podía controlarse.

-. No llores. No me voy a ir –Dijo Andrei retrocediendo hasta ella y tomando asiento a su lado en la cama para acompañarla

Lidia lo miró fijamente… necesitaba saber. No quería esperar…

-. ¿Nunca? – preguntó ella bajito y con temblor en la voz

El rostro de Andrei cambió. Suspiró profundamente. Entendió que la pregunta de Lidia era mucho más amplia que el momento que vivían… Se tomó un momento para recorrerle el rostro con los ojos y delinear el contorno con sus dedos…  su semblante serio fue lentamente cambiando a uno tranquilo y seguro. Sus ojos claros eran sinceros y directos

-. Nunca, Lidi

Lidia levantó ambas manos para cubrirse la boca y ahogar un sonido de ansiedad que tenía reprimido desde hacía días.  La respuesta que anhelaba escuchar por fin había sido pronunciada y la inquietud de su corazón era calmada.

Andrei le tomó ambas manos y las quitó de su boca

-. Lo siento Andrei… yo fui…

-. Sshhhh… no. Ahora no

-. Pero necesito que me escuches y me perdones

-. Lidi, puedo escuchar todo lo que tengas que decirme, pero hay algo que debes saber.

Lidia se quedó quieta esperando… ¿Qué tenía que saber?… ¿qué?

-. Reconozco mi parte de culpa en lo que sucedió.

-. No Andrei.. tú…

-. Solo escúchame, si?

Ambos estaban tocándose y muy cerca. Los días recién pasados y la experiencia vivida los hacían tomar consciencia de lo frágil y delicada que era la vida…

-. Estaba enfocado en Gonzalo

Lidia lo conocía muy bien. Comprendió de inmediato el esfuerzo que estaba haciendo Andrei para hablar. Se quedó quieta en espera de que él continuara

-. Fue mi ídolo desde el momento en que lo conocí. Yo era un niño solitario y Gonzalo me recibió como amigo. En el colegio, mientras los demás niños soñaban con super héroes  yo  tenía uno real, de carne y hueso, y era mi amigo. Lo seguí incondicionalmente durante toda nuestra infancia y juventud. Me acostumbré a su amistad. Luego te descubrí, nos enamoramos… me volví loco por ti, Lidia. Eres preciosa para mi… pero debes entender que me crié entre hombres rudos y violencia. Me habían enseñado a valerme por mi mismo y a respetar a los más fuertes. Cuando… cuando sucedió aquello con mi padre y Don Jaime me envió al exilio, cada día esperé a que Gonzalo me llamara de vuelta. Todas mis esperanzas estaban puestas en él… de él dependía que volviera a encontrarte, mi regreso, mi estabilidad, continuar con mi vida. Siempre supe que Gonzalo me buscaría para traerme y de esa manera llegaría a ti.  ¿Me entiendes?

Lidia escuchaba atenta. Musito un “si” muy bajito. Andrei tomó aire para continuar hablando y se puso de pie. Estaba vaciando su alma con Lidia y necesitaba un poco de espacio para poder hacerlo.

-. Cuando Gonzalo me llamó para decirme que volviera… Dios!!! Lidi… estaba tan agradecido que lloraba. Esperé esa llamada durante años… mi vida estuvo detenida hasta que tu hermano me llamó de vuelta. Me prometí que nunca lo defraudaría y sería leal con él hasta la muerte si era necesario.

Lidia derramaba lágrimas en silencio… entendía. Oh Si que entendía bien. Ella también había esperado años para volver a verlo… nunca había perdido la fe ni las esperanzas de estar juntos nuevamente.

-. Te descuidé, Lidi.  Puse a Gonzalo y a la familia en primer lugar. No podía permitirme fallar… no podía dar motivo a que algo malo sucediera y me volviera a quedar solo… tal vez… tenía… miedo.

Lidia escuchó asombrada y conmovida.  Andrei se había detenido de espaldas a ella… no sabía si estaba llorando pero si tenía claro lo importante que era para Andrei y para ella todo lo que recién acababa de confesar.  Se acercó en silencio… lo rodeó con sus brazos pegándose a su espalda…

-. Fui muy tonta, Andrei, perdóname… nunca volveré a dudar de ti ni de tu amor. Entiendo tu lealtad con Gonzalo y te admiro aun más por ello

-. Eres la mujer que amo, Lidi. No sabría vivir sin ti… nada tendría sentido sin ti… te amo.

Lidia cerró los ojos sintiendo que las dudas y el pesar abandonaban su cuerpo.. Andrei la amaba a pesar de sus errores…

-. Nada ni nadie volverá a separarnos.

El se giró. Tenía una expresión de alivio. La rodeó completamente con sus brazos, besando su pelo…

-. Jamás volveré a descuidarte. Eres lo primero, eres mi vida… te amo.

Lidia seguía llorando pero ahora sus lágrimas eran de felicidad.

 

 

DANIEL

Había salido de su casa temprano rumbo al puerto. Ghiotto no estaba disponible así es que iba con otro conductor y acompañado de varios guardaespaldas por ordenes de su hermano. El peligro de los Rojas aún no había terminado aunque Teddy y sus hijos mayores hubieran muerto. Había rencor y deseos de venganza entre los miembros de la familia Rojas. Daniel aceptó cualquier cosa que Gonzalo le impuso. Nada importaba más que ver a Coque, a las doce, en su casa.

Temblaba de ansiedad y le resultaba difícil encontrar que hacer con sus manos, sus ojos y sus piernas. Revisó su ropa una vez más. Se había vestido de Daniel, con jeans y una camisa juvenil que resaltaba el verde de sus ojos, su pelo corto y desordenado. El espejo le devolvía la imagen de Daniel. Chequeó varias veces que nada en su aspecto recordara a Ray.

Quería llegar rápido aunque estuvieran adelantados. Esperaría frente a la casa de Coque… estaría tranquilo sabiendo que adentro de la casa él lo esperaba… solo a un paso. Se movió inquieto por enésima vez… ¿qué iba a decirle?.. ¿Cómo estaba?… ¿Qué haría si lo encontraba muy desanimado o triste? Diablos!  tenía que recordar que “Daniel” no había visto a Coque en largo tiempo y no podía comentar nada que hubiera sucedido mientras era “Ray”… ¿estaría Coque dolido con él? ¿Le habría dicho Maria la cantidad de veces que había llamado y tratado de hablarle?  Sus dedos finos tamborilearon nerviosos contra el cuero del asiento.

Faltaban diez minutos para el mediodía cuando Daniel no aguantó más y el chofer presionó el botón del micrófono de ingreso a la residencia de Coque. El enorme portón se abrió y luego de que un par de hombres chequearan el vehículo se le permitió avanzar por los jardines hasta la puerta de la casa.  Daniel respiraba rápido y tenía el estómago hecho un nudo. El nerviosismo fue peor cuando bajó del auto y la puerta de la casa se abrió.

María en persona lo esperaba en la entrada y su mirada no era de bienvenida.

. Fue muy inteligente de tu parte, Daniel

Ella estaba bloqueando el ingreso a la casa.

. Lo siento, María. Es que necesito verlo – Daniel tenía miedo de que María cambiara de opinión ahora y no le permitiera continuar. Tras un momento de silencio, ella continuó

-. Mi hermano está mejor pero aún no está del todo recuperado

-. No haré nada que pueda alterarlo. Lo prometo. Solo quiero saludarlo

Daniel soltó la tensión de sus hombros cuando María dio un paso atrás y le indicó que lo siguiera dentro de la casa.

-. Esteban cree que le hará bien tu compañía.

-. Eso espero.

-. Le dije a Coque que ibas a venir

-. ¿Y qué dijo? – no pudo evitar preguntar. Su ansiedad era mayor que el temor de María

Se detuvieron frente a una puerta cerrada. María sujetó la manilla antes de abrir

-. Quiere verte – admitió como si fuera una derrota

Daniel sonrió…

-. Lo mejor por ahora será una visita corta. Si todo funciona bien podrás volver otro día

María abrió la puerta. Daniel esperaba encontrar un cuarto oscuro y a Coque tal vez en la cama o dormido. Sin embargo, el cuarto era una sala luminosa y Coque, junto a una señora mayor de uniforme azul y blanco, estaban sentados mirando hacia la puerta.  Ella tenía un libro abierto en las manos.

-. Coque…- no fue un grito ni un saludo… fue la más pura emoción escapando por la boca de Daniel.

Coque, su hermoso pelirrojo, pequeño y dulce, se puso de pie al verlo.

-. Daniel… – su voz temblaba

María y todos los demás se borraron del radar de Daniel. Solo tenía ojos para ver a Coque que sonreía tímidamente en el medio de la sala, esperando por él.