Capítulo 5

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Pedro terminaba de preparar la cena y lo llamó para que viniera a comer.

Javier apareció recién duchado… con una camiseta musculosa que resaltaba y dejaba ver más de lo que cubría y unos jeans tan apretados que marcaban su culo firme y redondo, sus formas delanteras y sus muslos, a la perfección… se veía precioso por todos lados… todo juventud, piel y músculos.

Pedro tragó saliva, respiró profundo y cerró los ojos dos segundos… sabía perfectamente lo que estaba haciendo Javier, a pesar de la cara de aparente indiferencia que ponía delante de él… lo había extrañado y pensado tanto durante la semana… luego, el miedo de lo que había pasado… diablos!!… debió haber supuesto que Javier no se lo iba a poner nada fácil.

Se sentaron a comer hablando de cualquier cosa… Javier se paró al menos cinco veces a buscar alguna cosa… agua… hielo… sal… cada vez pasó por su lado rozándolo… y tuvo buen cuidado de hacerle ver su precioso cuerpo entero… Pedro lo miraba… se lo comía con los ojos… su cuerpo delgado y sinuoso parecía un imán del cual no se podía despegar… apretaba fuertemente el tenedor entre sus dedos y seguía comiendo… el mismo había impuesto el castigo y ahora tenía que respetarlo. Masticaba en silencio y evitaba mirarlo demasiado. Lo deseaba. Su propio cuerpo lo traicionaba de la manera más cruel.

Dejaron todo ordenado y se fueron a la sala a ver una película. Javier se sentó muy cerca suyo… se acercó enroscando su cuerpo alrededor de él

-¿Puedo besarte, al menos?

No respondió… solo estiró sus brazos para recibirlo… no podía negarse…  lo amaba y lo había echado de menos, quería el contacto con su boca húmeda… con su piel caliente… pero tendría que irse con mucho cuidado si no quería caer en el juego de Javier… no quería ser cruel, solo quería enseñarle algo… algo que le doliera para que aprendiera que existía un control y un orden que respetar… sabía que este pequeño distanciamiento iba a ser muy difícil de soportar para Javier… también para él, pero era adulto y podía.. si, si podía… tenía que poder para que las cosas funcionaran entre ellos

Javier se entregó completamente para besarlo… cruzó sus brazos delgados tras su cuello y se abandonó en su boca… jugando con su lengua y su saliva… gimiendo de gusto y provocándole corrientes de placer… Pedro conocía esa forma en que Javi podía mover su cuerpo… rozándolo… encendiéndolo… rogaba para no dejarse vencer por la tentación… su niño era siempre tan hermoso y elástico, olía tan bien y era delicioso tocarlo… le ganaban sus caricias y sentía el fuego incendiando su sexo… se apegó a él hasta sentir plenamente sus formas, su olor, su calor… sus… huesos??… Pedro pasó su mano bajo la camiseta de Javier… sintió que ahora podía tocar claramente cada una de las costillas… recordó lo que había pasado… había dejado de comer por casi 5 días!!!   La pasión que comenzaba a sentir se esfumó por completo y dio paso a un sentimiento diferente… alivio inmenso de que siguiera vivo y sin daño, dolor por todo lo que había pasado… pena… ternura… miedo… lo apretó fuertemente estrujándolo… pronunciando su nombre una y otra vez… Pedro conocía tanto del dolor de las enfermedades… lo veía cada día en su trabajo… Javier había jugado con la muerte… con un posible daño permanente…

Respiro profundamente se tranquilizó del súbito temor que lo había invadido. Javi estaba vivo y bien… sano, a salvo al lado suyo. Lo separó despacio, le sonrió y volvió a besarlo en la frente con un beso largo y dulce… de puro alivio.

– Javi, dijiste que aceptarías el castigo que te diera…  demuéstrame que puedes hacerlo-  su voz no denotaba la inquietud que sentía.

Javier lo miro desconcertado. Se había dado cuenta que hasta hace unos minutos atrás estaba seduciendo a Pedro y de pronto… nada… había cambiado

– Pero…

Pedro lo miro como un padre que mira a su hijo desobediente. Javier calló y estiro su boca en un gesto de amurramiento

Pedro hizo un gran esfuerzo y desvió su vista a la televisión… mantuvo un brazo alrededor del cuerpo del chico… de reojo vio la cara de Javier… estuvo tentado de reírse… Dios!!Que cara tan mona y adorable… enfadado y frustrado…  sus planes de seducirlo completamente al tacho de la basura… eran lecciones que tenía que aprender para el futuro… ahora que estaba con él, le correspondía el deber de enseñarle y no iba a descuidar su papel de educador… sonrió de satisfacción… ahora podía educarlo en todo lo que quisiera.

Se despidieron con un breve beso en la boca… Pedro entró a su cuarto y aunque no cerró la puerta… definitivamente no lo invitó a entrar. Javier se quedó unos segundos mirándolo… esperando… sin terminar de convencerse que no iba a invitarlo a entrar… para luego dar media vuelta y entrar a la suya… el sí cerró la puerta… con bastante más fuerza que la necesaria.

Pedro sonrió resignado en su habitación al escuchar el portazo. Se ducharía con agua fría si era necesario… se masturbaría… pero no iba a ceder hasta que Javier entendiera el peligro al que se había expuesto.

Fueron tres días y tres noches. Javier reaccionó de todas las maneras posibles… incitante, agresivo, pidiéndole, gritándole, buscándolo, luciéndose, intentando seducirlo… sufría sabiendo que Pedro lo amaba y también lo deseaba pero era capaz de aguantarse mientras que él…  traicionado por su juventud y sus deseos locos de ser follado por su amante.

Al final del cuarto día Javier se acercó de manera diferente, por fin

– Pedro… – su voz era callada, su mirada baja y su actitud bastante más humilde que lo habitual

– Dime

– Ya pensé bastante…

– Y ¿Qué pensaste?

Dejó lo que estaba haciendo para prestarle toda su atención… se estaba comenzando a derretir por él nuevamente… esta actitud tranquila y casi humilde era diferente… Javi había recuperado el color, un poco de peso y de tanto mirarlo sin tocarlo, Pedro estaba constantemente excitado… quería hacerle el amor… sentirlo.

– No debí hacerlo… en verdad fue muy estúpido y los asusté mucho… en especial a ti… lo siento mucho, siento haberte hecho sufrir ¿me perdonas, por favor?

Lo miró directo a los ojos azules… quería saber si Javier hablaba desde el corazón… suaves… quietos, mansos… los preciosos ojos de Javi reflejaban tristeza y arrepentimiento.

– Ven aquí

Se refugió en su abrazo… se fundieron en un beso que comenzó tranquilo para derivar en un fuego sin control ni barreras… en una necesidad urgente…  esta vez fue Pedro quien comenzó a quitar la ropa de Javier… tocando con su boca y su lengua el cuello, la cara… bajando… sintiendo en sus labios el sabor de su niño… se derretía… lo  besaba y hundía su lengua en su pequeño ombligo… en todas partes… sus manos lo buscaban, lo sujetaban y lo acariciaban con un poco más de agresividad que antes… respiraba agitado… estaba desesperado por poseerlo y los gemidos de placer de Javier no ayudaban en nada para su control… lo dejó desnudo en la sala… se acuclilló frente a él para poder seguir besándolo en su zona íntima, le separó las piernas y lo sostenía de las nalgas redondas que tanto había mirado… chupando, lamiendo y besando en todas partes…

– Javi… te amo tanto

Javier sonreía y gemía en forma entrecortada… demasiado feliz y excitado para poder hacer otra cosa que no fuera sentirlo… intentando que sus pies se mantuvieran firmes sobre el suelo mientras disfrutaba de cada caricia sobre su piel… su boca abierta, su cabeza hacia atrás… su pelo oscuro caía suelto y desordenado… sus ojos azules cerrados… solo sentía… por fin sentía a Pedro entre sus piernas y en su sexo.

– Hazme el amor, Pedro… ahora, por favor

Sin soltarse ni darse más tiempo para esperar cayeron enredados sobre la alfombra… besándose con ansiedad y repitiendo sus nombres… sus lenguas bailando al mismo ritmo… Javier abrió sus piernas atrapándolo entre ellas y estiró sus brazos reclamándolo… estaban completamente solos y sin límites de tiempo ni de lugares… nada… con toda la libertad para amarse como quisieran y donde quisieran…  era enloquecedor pensarlo y hacerlo… Pedro se quitaba la ropa de prisa, revelando su deseo de él… su necesidad de sentir a ese niño suyo… tener su precioso cuerpo de nuevo para hacerlo suyo… recordó lo que necesitaba de su pantalón… lo giró  de lado y metió sus dedos entre las nalgas, abriendo… buscando… respiro calmándose, ya estaba dentro de Javier… el chico se movía sinuoso hacia su mano y gemía su deseo y su propio placer…  provocándolo aún más… pidiéndole… con su otra mano lo pegó a su cuerpo… mordía su cuello y lamía la marca que dejaba…  su pene pidiendo a gritos atención… Javier se movió… lo buscaba para tocarlo pero Pedro tenía urgencia de Javier… de estar dentro de él…  directo a su entrada… con cuidado pero seguro… dentro…  muy lento y profundo… respirando en jadeos cortos… entrando y saliendo… sintiéndose apretado y placentero…  su niño… su delicioso niño al fin suyo… acelerando el ritmo…  abrazándolo, sosteniéndolo tan pegado a él, jadeaban… se sujetaban arañándose y marcándose… Pedro envolvía en su mano el miembro de Javier y frotaba al mismo tiempo que lo embestía con  fuerza… lo necesitaba tanto…  quería sentirse envuelto y aprisionado en Javier…  el chico respiraba agitado… de sus labios abiertos se escapaba el nombre de Pedro una y otra vez…  se sentía tan bien tenerlo dentro, duro y caliente… exigente… era maravilloso poder gozar el uno del otro al fin sin ninguna restricción. Javier gimió con ganas cuando el orgasmo lo sacudió dejándolo sin fuerzas, sudado y derrumbado sobre el cuerpo de Pedro… podía gritar que lo amaba si se le daba la gana… sonreía…  había sido fantástico!!… el mejor… intentaba respirar con normalidad… Pedro aún estaba dentro suyo aunque se había corrido hacía unos segundos…

– Quédate en mi para siempre- le dijo Javier sujetándolo

– Con gusto, mi pequeño amor

Para siempre… el podría, feliz, vivir para siempre en Javier, pegado a su piel húmeda y dulce…  mirando sus ojos azules… no había mejor lugar en todo el ancho mucho en el que él quisiera estar.

La vida juntos de ahí en adelante fue un sueño hecho realidad para ambos; Javier volvió a lo que siempre había conocido; su pueblo, su colegio, sus compañeros y Pedro… Las primeras semanas juntos se vieron envueltos en la locura de tenerse cada vez que querían… parecían insaciables… podían pasarse largas horas o un fin de semana completo acariciándose y amándose… diciéndose las más bellas frases de amor y ternura… y sonriéndose con tranquilidad mientras se miraban a los ojos… solo el hambre lograba separarlos y hacerlos moverse de la cama.  Dentro de los límites de la parcela funcionaban como una pareja normal; se tocaban y mimaban con completa libertad… siempre habían tenido una relación estrecha y ahora solo estaban cada día más cerca… ambos ponían lo mejor de cada uno para hacerse la vida agradable y sin problemas… el resto del tiempo y frente a cualquier otra persona, eran el hijo y su padrastro.

Todos en el pueblo comentaron durante mucho tiempo lo cariñoso que era el doctor por haberse quedado con su hijastro, aunque la mujer lo hubiera abandonado por otro. Pedro no respondía a esos comentarios.

El tiempo pasaba de prisa… su vida se sentía tan plena y realizada que ninguno de los dos se daba cuenta de lo rápido que avanzaba.  Javier cumplió 16 años. Evitaba en lo posible visitar a Sofía y su marido. Su vida era lo que lo rodeaba y lo hacía feliz… Pedro, la casa que compartían, la parcela, el colegio, los compañeros y las cosas que hacían juntos todos los días… pequeños placeres que sumados formaban lo mejor que existía y lo único que querían.

El año terminó sin darse cuenta, entre tantos besos y felicidad. Los días se les hacían cortos… Dormían juntos todas las noches… no se cansaban de tocarse y su amor crecía sin límites de entrega y pasión… Habían aprendido a conocerse al revés y al derecho…  a complacerse de mil maneras… no solo en el terreno sexual,  donde se volvían expertos en darse placer el uno al otro, a reír juntos… a respirar al unísono y a tocarse en los lugares precisos y de la forma perfecta… sino también en los pequeños detalles… en conocerse los gestos y el genio… en compartir una comida rica… respetar el tiempo para descansar… los programas de televisión… deportes… el sillón favorito de cada uno… las sorpresas que se preparaban… eran inmensamente felices. Javier se comportaba cada vez más como un pequeño adulto y dejaba de lado sus actitudes de niño… maduraba bajo la atenta mirada de Pedro que siempre pedía lo mejor de él.  Pedro era con él una mezcla perfecta de padre y amante…

Durante el siguiente periodo de vacaciones Sofía exigió que Javier pasara un tiempo con ellos. No pudieron negarse… no tenían una excusa válida. Casi había pasado un año sin verla.  Javier se quedó de mala gana con su madre cuando Pedro fue a dejarlo. Le prometió que no haría ninguna tontera y lo cumplió a cabalidad. La lección de Pedro negándole su atención había calado hondo en Javier… sabía cuál era el límite ahora y nunca lo traspasaba. Su antigua rebeldía desaparecía, no la necesitaba cuando estaba con Pedro.

Pedro aprovechó la ausencia de Javier para viajar fuera del país. No podía sacar al chico a otro lugar sin el permiso de Sofía y ni soñar con que ella se lo diera. Sofía sentía cada vez un poco más de rabia contra Pedro por “quitarle” a su hijo… se acumulaba una pequeña carga de rabia y molestia… no tenía idea ni sospechaba hasta que punto llegaba la relación entre ellos.

Pedro fue a un seminario al extranjero y se distrajo lo suficiente como para no echarlo tanto de menos ni preocuparse demasiado por la posibilidad de que Javier se fijara en alguien más… otro hombre más joven… un chico de su misma edad… siempre temía a esa posibilidad… sabia que Javier lo amaba… pero era tan hermoso… siempre cabía la posibilidad de que alguien más se le acercara.

Javier volvió de las vacaciones con sus padres completamente cansado de ellos y desesperado por verlo. Había sido un viaje precioso a un lugar de ensueño… solo le había faltado Pedro para poder disfrutarlo. Nada estaba bien cuando él no estaba.

No quiso que Pedro fuera a buscarlo. Llegó de sorpresa a la parcela un día antes de lo esperado. Ya no se aguantaba más las ganas de verlo. Pedro estaba leyendo en la cama cuando escuchó el ruido de la puerta al abrirse y se quedó mudo… supo de inmediato que era Javier… caminó con urgencia hacia la entrada… Cielos!! ¿Qué le habían hecho esas tres semanas de separación a su niño??… ¿cómo era posible que estuviera tan bonito? Se miraron a unos pocos pasos de distancia… aguantándose la respiración… los ojos de ambos llenos de ilusión y tanto amor…

– Te extrañé… mucho- Pedro cerró la distancia entre ellos fundiéndose en un abrazo

– Y yo a ti…-  estaban casi del mismo porte… Javier miraba a Pedro directamente a sus ojos. Reían… recuperaban los besos y las caricias que no se habían dado durante tantos días… Javier estaba de su porte… tan grande, tan tostado y hermoso.

Pasaron un día completo, desnudos en la cama… Pedro no fue a trabajar… Javier no lo soltaba…  él tampoco quería que lo soltara…  habían sido tres largas semanas de separación que habían puesto a prueba su cariño…  pero nada había cambiado, ambos habían conocido otras personas… hombres y mujeres que podían haberles interesado… pero,  seguían sintiendo más amor aún por el otro, si eso fuera posible… solo el cuerpo de Javier se había alargado un poco más y se desarrollaba precioso… su piel se había tostado bajo el sol y su pelo crecía hasta un poco más abajo de los hombros… de a poco perdía ese aspecto de niño y comenzaba a volverse más hombre. Pedro alucinaba mirándolo y tocándolo… recorría con su lengua cada nuevo centímetro de piel… Javier se daba cuenta y se aprovechaba… lo seducía cada vez que podía… encantado de poder manejar un poco la situación a su favor…

Sofía hizo el intento de querer llevarse a Javier de vuelta con ella para el siguiente y último año escolar. Esta vez la negativa de ambos fue rotunda. Javier había desarrollado suficiente madurez y personalidad como para oponerse sin gritos ni escándalos, pero tan firmemente que Sofía no insistió. Solo consiguió la promesa de que su hijo la visitaría de vez en cuando.

El nuevo año escolar se inició y desarrolló sin problemas. A pesar de la extraña situación, la vida de ambos era tranquila y agradable; Pedro tenía su trabajo en su consulta privada y en el hospital, sus amigos y mucha gente que lo estimaba. Siempre acomodaba sus horarios para estar el mayor tiempo posible con Javier… compartir sus horas con él era siempre una prioridad y le encantaba todo lo que hacían juntos… desde los detalles simples como comprar las cosas del supermercado o practicar algún deporte hasta las muy complicadas como celebrar navidad solo ellos dos muy juntos o inventar una nueva manera de complacerlo… cada vez más atrevida. Ahora que Javier ya no era tan niño se atrevían a más cosas y las disfrutaban enormemente.

Javier maduraba con relativa normalidad. Tenía ahora 17 años y se había acostumbrado tanto a su vida y su amor por Pedro que no podía ya imaginarse la vida sin él… era su todo… el enamoramiento y locura juvenil del principio habían dado paso a un amor mucho más profundo y serio… un sentimiento que lo abarcaba todo,  sabía que Pedro iba a ser siempre la persona más importante en su vida.  Entendía que le quedaba mucho por vivir y por hacer, tenía claro lo que quería en la vida y cómo esperaba lograrlo. También sabía que quería que todo eso pasara con Pedro a su lado… no le cabía en la cabeza la idea de llegar a separarse jamás.

Siguió esforzándose por ser un buen estudiante y para cuando terminaba el año obtenía las mejores notas.  Pedro estaba absolutamente orgulloso de él… agradecía que la relación de amor completo que tenían no hubiera afectado negativamente a Javier… estaba enamorado a morir… tenía su trabajo y varias otras actividades pero no había nada ni nadie que fuera más importante que ese adolescente de ojos azules, y pelo oscuro que lo miraba con sus ojos llenos de amor… se sentía tan afortunado… tan maravillado de ser él el objeto del amor de Javier…

Habían celebrado el término del colegio de manera especial… una cena íntima en la terraza con muchas velas, besos y caricias…

-. Muy bien… ahora debes decidir qué quieres hacer con tu vida-  habían terminado de cenar y estaban ambos compartiendo el mismo sillón… las piernas enredadas y los brazos acariciándose descuidadamente… el cielo de verano, tachonado de estrellas, sobre ellos

– Lo sé hace tiempo… tengo claro lo que quiero ser

Pedro lo miró curioso… nunca le había dicho nada. Pasó su mano por la cara de Javi, quitando el pelo que caía en sus ojos… ya no lucía como un niño, estaba volviéndose un hombre…  se sentía tan feliz de estar con él, de amarlo… ya no era su niño pero seguía siendo el amor de su vida

– Voy a estudiar medicina

Se quedó mirándolo con la emoción atorada en la garganta…

– Mi pequeño amor…

Seguía llamándolo con ese nombre que a Javier le encantaba, pero de pequeño ya no tenía nada. Javier tenía su misma altura y aunque su contextura era más delicada, era un hombre. Se miraban con otros ojos… de hombre a hombre… se comían con los ojos… el deseo y la atracción era un poderoso imán entre ellos… el amor les llenaba el alma.

 Siempre he admirado lo que haces. Quiero ser como tú- Javier se montó sobre sus piernas… seguro y decidido comenzó a besarlo… sonreía entre beso y beso

– Voy a ser un doctor…- dejaba más besos en su cuello y bajaba por su pecho – trabajaremos juntos…- mordía y lamía su piel… abría el broche y bajaba el cierre de sus pantalones…

Pedro se dejaba seducir… excitado con este cambio de actitud de Javier… imaginando lo que escuchaba… ¿juntos para siempre?? ¿Podría ser cierto?  Se perdieron en besos y caricias, enredando sus cuerpos y haciéndose el amor bajo las estrellas. Pedro estaba orgulloso de Javier, del hombre en el que se estaba convirtiendo y se lo demostró con creces aquella noche.

EPILOGO.

Fueron varios años en la universidad. Javier viajaba todos los días… aprovechaba ese rato para estudiar o descansar… no podría haber sido de otra manera… el viaje no significaba nada… estar con Pedro cada noche, significaba todo.

Su relación de amor pasó por distintas etapas… hubo épocas de celos, de cansancio extremo cuando Javier estaba en época de exámenes… Pedro mezclaba sus roles de padre y amante a la perfección… conocía el estado de ánimo de Javier con tan solo mirarlo y se adaptaba a lo que necesitara su niño en ese momento. Estuvo a su lado en forma incondicional siendo quien Javier necesitara que fuera… su amante, su compañero, su guía… pero más que nada, el hombre que le proporcionaba toda la felicidad.

Muchas veces Javier pidió revelar su relación… quería que todo el mundo supiera de ellos y dejaran de amarse a escondidas. Se sentía fuerte y preparado para enfrentar lo que fuera. Ahora era mayor de edad y no había impedimento alguno para estar juntos más que la condena social que a él no le importaba. Estaba cansado de esconderse y ocultar su amor.

Pedro lo veía de manera diferente; pensaba en todo el daño que Javi podría sufrir … los amigos y compañeros que se alejarían, La gente del pueblo que los miraría con reproche. Él podía soportar lo que fuera… excepto que dañaran a Javier… eso no lo toleraría… sabía que las cosas se le volverían más difíciles a su niño y quería evitárselo a toda costa. Además… estaba Sofía… y el padre de Javier.

El problema lo resolvió Javier a su manera… como siempre.

Fue el día en que recibió su título de Médico, con honores. Tenía 24 años y era un hombre hermoso. Ese día estaba vestido elegantemente. Pedro lo acompañaba y se sentía reventar de orgullo al verlo recibiendo el título por el cual había luchado tanto. Ahora era un médico, un adulto pleno… tan hermoso y seguro… tan dulce y…  era todo suyo.

No pudieron evitar la presencia de Sofía y su marido. Ella había insistido en querer estar presente cuando su hijo recibiera su título.  Javier no los quería pero tuvo que aceptarlo. Se saludaron con educación y se sentaron lado a lado a mirar la ceremonia. Javier recibió su título y sus ojos emocionados se cruzaron con los de Pedro… sonrió de esa forma tan especial… ambos cómplices, ambos dueños del mundo de ahora en adelante… dos hombre adultos, en pleno derecho… pensando en todo lo que podían hacer ahora, juntos.   El mundo no tenía límites para ellos.

Javier caminó hasta ellos. Primero fue Sofía.  Recibió sus emocionadas felicitaciones. Ella lloraba y le decía lo orgullosa que se sentía. Javier aceptó con educación. Luego aceptó recibir el saludo de José, serio, sin sonreír.

Entonces caminó hasta Pedro. Se plantó frente a él… se miraban serios… ojos anclados…

Pedro lo abrazó de manera paternal al tiempo que lo felicitaba y le decía lo orgulloso que estaba. A Javier no le gustó aquello… ahora quería algo diferente.  Alejó su rostro unos centímetros y sonrió con malicia… había férrea decisión en sus ojos.

Pedro supo lo que iba a hacer…

– Javi, no- rogó despacio

– Es mi regalo de graduación– le respondió con total seguridad sin abandonar la deliciosa sonrisa maliciosa

Frente a todos, lo sujeto con fuerzas de los hombros y lo besó en la boca… un beso largo e intenso… con los ojos cerrados y con las manos que lentamente fueron subiendo hasta el rostro de Pedro.  Un beso de enamorados que no dejaba ninguna duda de su relación.

Primero fue un silencio total y luego el grito de horror de Sofía y su marido.

Pedro lo miró cuando se separaron… estaba molesto con Javier por lo que había hecho y se sentía algo violentado…  pero al ver el rostro de su niño, tan sonriente y lleno de orgullo se largó a reír lleno de amor…  él siempre se salía con la suya. Javier era así y no había nada que lo hiciera cambiar… cuando se proponía alguna cosa… lograba hacerla como diera lugar. Era un guerrero nato y lo reflejaba en la cara de victoria con que lo miraba en ese instante

– Te amo…- terminó diciéndole en vez de reclamarle

– Lo sé… yo también te amo

Sofía gritó como loca durante varias semanas. El shock resultó fuerte e increíble. Sofía y José amenazaron a Pedro con todo lo que se les ocurrió, denuncias, la cárcel… golpes y hasta asesinarlo con sus propias manos… pero entonces Javier intervino gritando aun más fuerte que ellos.  Se plantó en el medio de la sala de la casa de sus padres y les gritó que era un adulto y estaba en su derecho amar a quien quisiera y amaba a Pedro. Siempre lo había amado. Reconoció abiertamente que había sido él quien había insistido y acosado a Pedro hasta conseguirlo. Lo amaba con locura y nadie iba a separarlos, así es que ya estaba bueno de gritos y escándalo.

La relación con su madre se rompió en ese instante… la relación con su padre nunca había existido ni le importaba.

Hubo miles de comentarios en el pueblo cuando volvieron y decidieron mostrarse tal como eran y muchas personas se alejaron de ellos entre alegatos de escándalo e incesto… pero curiosamente,  cuando empezaron a trabajar juntos, la gente comenzó a volver… los buscaban porque… okay, de acuerdo, eran gays y tenían toda una historia extraña en su pasado de padrastro e hijo… pero eran muy buenos profesionales y eso es lo que contaba al final de cuentas, no?… el doctor Pedro llevaba tantos años en el pueblo y conocía sus historias, sanaba sus enfermedades y era tan buena persona… ¿cómo iban a dejarlo ahora?… y el doctorcito joven… tan buenmozo el chico… y tan amable para atender…

Dejaron de ocultarse y la vida cambió para ellos. Algunas personas se alejaron pero no fueron suficientes para amargar sus vidas.  Nuevas personas llegaron.

Era tan bueno poder pasearse por todas partes de la mano y mirarse a los ojos en el instante que quisieran para expresarse su cariño, viajar juntos, conocer otras cosas.

Javier ya no era un niño. Era todo un adulto al igual que Pedro. Asumía su cuota de responsabilidades y era un profesional muy bueno y correcto. Se amaban con un amor de hombres, sincero y directo… honesto y arrebatador.  De a poco fue cambiando la forma en que se demostraban amor… de la suavidad y la ternura que necesitaba Javi cuando era un niño y adolescente, pasaron a necesitarse con más ganas y algo de violencia; Javier en especial,  se volvía absolutamente pasional y arrastraba a Pedro a estas demostraciones que los dejaban a ambos agotados y satisfechos…  sonriendo tontamente a pesar de la edad…

Pasaron muchos años antes de que Javier volviera a reencontrarse con Sofía y José. Ella misma fue la que llamó a Pedro por teléfono. Esta vez sin gritos ni amenazas. Quería saber de su hijo. Accedieron a encontrarse pero Javier puso como condición la asistencia de Pedro y le negó todo derecho a su padre biológico de opinar cualquier cosa. Aceptaron.  Se encontraron en un lugar neutro una tarde de primavera. Madre e hijo lloraron y reconocieron sus cuotas de culpa y dolor. Muy lentamente se volvía a tejer la tela de cariño entre ellos.

Sofía y Pedro no sabían que decirse…  solo se miraban recordando lo que alguna vez había sido.

– ¿Es feliz contigo?–  preguntó ella

– Si. Somos felices. Lo siento Sofía… nunca supe como decírtelo…- reconoció Pedro.

Ella no dijo nada más pero su mirada ya no tenía odio ni rencor. Cuando se despidieron volvieron a darse la mano. Comenzaban el proceso del perdón. Fue lento y muy gradual pero Javier y Sofía pudieron recuperar el cariño que alguna vez se tuvieron y actuar como madre e hijo.  Ella finalmente aprendió a aceptar a Pedro como el amor de su hijo. Siempre fue difícil pero hacía un esfuerzo cada vez. Todo valía la pena por estar cerca de Javier, su hijo, que se convertía cada vez en un mejor doctor y una persona feliz.

Pedro lo miraba siempre con tanto orgullo. El niño que una vez fue su hijo, había crecido, madurado y era un hombre de bien… contento con la vida que tenía… se había salido con la suya cada vez que fue importante en la vida de ambos… cuando lo besó por primera vez… cuando quiso tener una relación con él… cuando hicieron el amor… cuando no dejó que los separaran… al revelar su relación a todos… Javi siempre fue un chico y luego un hombre que llevaba a cabo lo que se proponía, de cualquier forma posible.

Cuando ya eran mayores y recordaban su pasado… Pedro siempre le decía lo orgulloso que se sintió cada vez que Javier peleó con garras y dientes para lograr lo que quería.  En el fondo… muy en el fondo de su ser… Pedro siempre admiró a este niño voluntarioso y porfiado que amó y atesoró hasta el fin de sus días.

Capítulo 4

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Pedro se levanto y salió de la habitación,  dejándola sola y un poco confundida… era su hijo!!! Es verdad que Pedro era su padre según la ley… pero ella lo había parido sola!!! y ella vería con quien viviría Javier y por supuesto sería con sus verdaderos padres… su papá tenía tantas ganas de conocerlo…

Cuando Pedro salió furioso de la habitación vio a Javier en la oscuridad del pasillo cerca de su habitación… estaba sentado en el suelo abrazando sus rodillas y meciéndose… obviamente había escuchado toda la conversación. Su furia desapareció por arte de magia para dar paso a la preocupación

– Javi…-corrió hacia él bajando hasta abrazarlo

– No dejes que me lleve… no quiero conocerlo, no quiero que me separen de ti-

– Tranquilo… tranquilo… nunca voy a dejarte…-

 

La tensión durante los días siguientes era muy fuerte… se sentía en el aire.

Sofía había hablado con su hijo y le explicó sus planes… no esperaba una reacción tan negativa cuando ella estaba ilusionada y llena de expectativas… pero eso no importaba, Javier se iría con ellos de igual modo, le anunció… Entonces vino la peor reacción de Javier;  habían peleado a muerte, Javier le gritó toda la rabia que sentía sobre ella, el abandono en que lo había dejado, le gritó fuerte que la odiaba y lo mucho que quería a su padrastro… que nunca había sido merecedora del amor de Pedro, que era mala y no la amaba… se mezclaban todos los sentimientos en sus gritos, dejando a Sofía sombrada y herida.

Pedro miraba y escuchaba con el alma en un hilo… sin atreverse a intervenir por miedo a que la situación se escapara totalmente de control… veía los ojos de Javier… le suplicaban ayuda y él lo tranquilizaba desde la distancia… pidiéndole que se contuviera… Javier entendía pero no quería hacer caso… ella seguía insistiendo en que se lo llevaría y en que tenía que darse la oportunidad de conocer a su verdadero padre. Javier solo sentía indignación… no quería conocer a ese maldito que nunca se había preocupado de él durante 15 años; por su culpa su madre había perdido a su familia, eso le daba pena… pero mucho menos, por nada del mundo quería alejarse de Pedro.

En los días siguientes se volvió irritable y mal genio… Los adultos seguían adelante con sus trámites de separación… a Sofía ni siquiera le cabía en serio la posibilidad de pensar en dejar a su hijo… las discusiones estallaban en cualquier minutos y Pedro sentía que tenía que hacer algo.  Lo pensó muy bien y ese día fue a buscar a Javier a la salida del colegio. Se subió al auto callado… últimamente sonreía poco y se irritaba de inmediato. El auto tomó un rumbo diferente.

– ¿Dónde vamos? – preguntó al darse cuenta

– Quiero mostrarte algo– respondió un poco misterioso  sonriendo. Se alejaron del pueblo por el camino que llevaba a la ciudad, el camino que su madre transitaba todas las semanas…

– Javi… he estado pensando-  lo notó de inmediato en su tono de voz… Pedro se estaba dando por vencido

– NO!!! No voy a irme con ella- gritó de inmediato sintiendo tanto miedo… Tenía terror de alejarse de Pedro, era tan fácil para él encontrar otra persona, enamorarse de alguien más y olvidarse de él.,. era un niño, un chico… una molestia…  por supuesto que otro adulto sería mejor para él… una mujer.. no, no se iría, no lo dejaría nunca, jamás.  Pedro vio la desesperación, guardó silencio. Javier lo leía demasiado bien. Ya le explicaría mejor sus planes. Lo tomó de la mano mientras conducía.

– No voy a dejarte nunca, Javi

Esas palabras tuvieron el efecto mágico de tranquilizarlo…. A ambos.

Después de unos 20 minutos, el vehículo entró por un camino lateral y avanzó un poco, subiendo por un terreno algo empinado, hasta cruzar un cercado y llegar a una hermosa parcela, de cuidado jardín con una casa muy bonita al costado de un pequeño bosque de robles. Pedro detuvo el auto cerca de la casa.

– ¿Qué lugar es este?

Pedro se bajó del vehículo… seguía teniendo esa sonrisa dulce y misteriosa… Javier lo siguió.

-¿Quién vive aquí?- miraba para todos lados, esperando ver aparecer a alguien.  Pedro cruzó la terraza anterior de la casa y llegó hasta la puerta…

– Contéstame… ¿Quién vive aquí?- Javier se había contagiado un poco con su sonrisa… habían sonreído tan poco últimamente… adoraba el rostro de Pedro cuando sonreía. Tomo de la cintura al menor y lo acercó… le habló encima de su boca

– Aquí… viviremos tu y yo- lo miraba expectante, con aire de triunfo…

Javier se tomó unos segundos para entender… pestañeó varias veces y lo miraba para confirmar que había entendido bien

– ¿Es tuyo?

– Nuestro…

– Pedro!!..

Del bolsillo del pantalón sacó un juego de llaves que le pasó a Javier… el chico abrió la puerta… la casa era magnífica… aunque estaba vacía, no había muebles… pero de todas maneras se podía apreciar la hermosura que sería vivir en ella… con él… los dos juntos…

Volvió a sentir sus 15 años, corrió para todos lados… en el patio posterior había una piscina… cuando terminó de recorrer todo, volvió a los brazos de Pedro

– No me vas a dejar partir, verdad?

– Javi… tenemos que hablar… ven

En la terraza había unas cuantas bancas de madera solida, entre macizos de flores…

– Dijiste que no me ibas a dejar nunca…

– Jamás voy a  dejarte, te amo Javi…- le hablaba con seguridad mientras lo acariciaba

– Pero?…- preguntó algo más calmado. Esas afirmaciones de Pedro lo tranquilizaban pero algo le decía que no todo iba a ser tan fácil.

– Escucha, sé que no quieres pero tienes que darte el tiempo para conocerlo…

– No, no quiero conocerlo. Él no es mi padre… tú eres mi…- se calló… tragó saliva… ambos sabían lo que iba a decir y lo raro que sonaba.

Pedro sonrió con un poco de tristeza… ya no sabía lo que era… era su padre y era su amante… eran todo el uno para el otro

– Siempre vas a ser mi hijo- le dijo.

– No me alejes, por favor…

– No grites ni te enojes… solo escúchame hasta que termine, de acuerdo?

Javier no quería escucharlo… presentía que no iba a gustarle, pero asintió… se quedaría callado hasta que terminara de hablar y luego le diría lo mismo… que no se iba a ir.

– Esta casa está a mitad de camino entre la ciudad y el pueblo… la compré por eso más que nada. Solo estaremos a media hora de distancia. Sofía no se va a quedar tranquila, podemos tener serios problemas… además,  tienes el derecho de conocer al hombre que te engendró…

Quiso protestar, no le gustaba lo que estaba escuchando pero le había prometido guardar silencio.

– Te irás con ella a la ciudad y… ssshhh , tranquilo… espera a que termine de hablar antes de mirarme así…- le dio varios besos en la boca hasta quitarle la cara de enojado – Haz la prueba Javier… yo voy a estar aquí, te vendrás todos los fines de semana y los pasaremos juntos… si no te gusta te prometo que iré a buscarte y te vendrás de vuelta conmigo aunque tenga que pelearte en una corte… pero por ahora…- no terminó la frase, también le dolía lo que estaba diciendo

– Pero no quiero…

– Lo sé… yo tampoco quiero pero… será solo por un tiempo Javi… te lo prometo

Javier se tomó unos instantes antes de responder.

– ¿Lo prometes?

– Javi… no puedo estar sin ti mucho tiempo

Era tan cierto lo que decía… tenía su trabajo, los deportes y algunas buenas amistades… pero su mundo era Javier… sabía que él iba a sufrir mucho al separarse pero solo sería temporal… no sabía cuánto tiempo… quizás un par de años. Suponía que Javier se entusiasmaría con la ciudad grande, un colegio nuevo, amistades nuevas y… dios!! No quería ni pensar que se encariñara con ese otro hombre… con su padre biológico.

– Pedro… si no vas a buscarme voy a volver por mi cuenta- Javier le hablaba con mucha seriedad, a pesar de que tenía ganas de llorar y le dolía mucho estar accediendo a lo que le pedía.

– Siempre serás bienvenido… es tu casa, mi pequeño amor

Como siempre, Pedro estaba pensando de una manera y Javier de otra totalmente diferente. La manera en que medían el tiempo era distinta.  Pedro pensaba en una separación temporal que podía cubrir un par de años… quizás hasta que Javi saliera del colegio… ya podría entonces decidir por sí  solo donde quería estudiar y vivir… podría ir a la universidad desde la parcela…  podría entonces volver a vivir con él… si es que para ese entonces aún lo seguía amando… Corría tanto riesgo, Javi podía encontrar a alguien más… pero no sabía que más hacer… Sentía que Javier iba a estallar en cualquiera de las peleas con Sofía y le iba a decir que eran amantes… entonces lo perderían todo… absolutamente todo. Prefería compartir con él sus fines de semana a no verlo nunca más…

Javier pensaba en semanas… jamás podría estar lejos de Pedro más tiempo que eso.

Volvieron a la que todavía era su casa, tristes pero tranquilos. El tema de la separación los afectaba mucho. Al llegar a la casa Sofía los esperaba

– Dónde estabas??!!- le preguntó nada más entrar a Javier… incluso había llegado a pensar que Pedro podía haberlo secuestrado…  Javier pasó a su dormitorio sin siquiera responderle o mirarla. Detrás entró Pedro

– Se irá contigo… va a hacer la prueba, pero si no le gusta, me lo traeré de vuelta- sentenció

– Le gustará- respondió ella triunfante.

Aprovecharon cada minuto que tenían a solas durante los últimos días antes de irse. Se amaron de todas las formas posibles… la tristeza estaba siempre presente… pero también la esperanza. Javier se derrumbaba casi todas las veces y lloraba o se consumía de pena. Pedro lo consolaba y lo distraía recordándole que solo era temporal… siempre se tendrían el uno al otro… secretamente tenía tantas esperanzas de que así fuera para siempre…

El último día antes de mudarse, Pedro lo llevó hasta la parcela nueva… habían comprado juntos algunas cosas básicas para la casa… soñaban esperanzados. Estaban tirados sobre la cama nueva… acababan de hacer el amor por segunda vez…

– Me va a gustar vivir aquí contigo- dijo Javier de la nada, de pronto.

Pedro sonrió… esperaba que así fuera… algún día vivirían juntos, lo sabía… si los sentimientos de Javi seguían iguales entonces vivirían juntos en la parcela, pero estaba preparado para todo… estaba preparado para que Javier cambiara y  le dijera un día que había encontrado otra persona… más joven… no supo como el sentimiento de miedo y tristeza le ganó en ese momento… se sintió totalmente sobrepasado y se encontró con que sus ojos se llenaron de lágrimas y no podía hablar

– Pedro!!…

Javier se dio cuenta de inmediato. Pedro lo tomo en un abrazo apretado… Dios!! Le estaba costando tanto dejarlo partir… lo amaba con locura…  Entonces los papeles se invirtieron y fue Javi el que aportó la cordura y tranquilidad… en ese momento se dio cuenta de lo mucho que Pedro también estaba afectado… podía ser débil y frágil como él a veces…

– Voy a volver… ya sabes que voy a volver

Le hacía cariño y lo tranquilizaba… era un hombre adulto completamente desarmado porque su amor se alejaba… temporalmente, pero se alejaba y se exponía a perderlo para siempre… quiso decirle.. “no te enamores de nadie más… no mires a nadie… no dejes que nadie se acerque mucho a ti…que nadie más te toque… no te das cuenta de lo hermoso que eres” Pero no podía hacerle eso.. lo amaba tanto que siempre iba a darle toda la libertad que Javi necesitara.  Se calmó rápidamente

– Te amo tanto Javi…- aún quedaban restos de lágrimas en sus ojos

– No me vas a alcanzar a echar de menos- sonrió Javier… ya se había dado cuenta de que Pedro iba sufrir sin él…

Al día siguiente, Sofía cargó en su vehículo las pocas cosas delicadas que quería llevar ella misma.

– Nos vamos hijo

Javier salió mal humorado de su cuarto casi vacío. Solo quedaban las cosas que eran importantes y que Pedro llevaría para la casa nueva.

– Pedro me va a llevar- respondió mirándola amenazante

– No, nada de eso… tú te vas conmigo- se molestó mucho

– Yo voy a llevarlo y a ver el lugar dónde va a vivir mi hijo- Pedro tenía las llaves de su vehículo en la mano.

En un acto totalmente descuidado pero que les nació del alma, se tomaron de la mano y caminaron juntos hasta el auto de Pedro. Sofía estaba tan molesta que la acción se le pasó por alto… ni siquiera lo pensó… si hubiera puesto atención se habría dado cuenta de lo apretadas que estaban esas manos, de cómo los dedos se acariciaban muy despacio, de la extrema cercanía de sus cuerpos, de la familiaridad en el roce…

La despedida en la ciudad tuvo que ser rápida. Estaban en la entrada de la casa donde iban a vivir y el hombre había salido a recibirlos… por supuesto no esperaba encontrar al ex marido de Sofía. Pedro conoció al padre biológico de Javier y quedó muy impresionado… Javier era la copia exacta de ese hombre… pelo oscuro, buen físico y ojos profundamente azules… Javier miró al hombre que le sonreía… con una sonrisa y un gesto tan igual a los suyos… lo odió nada más verlo. La situación era muy incómoda. Pedro sabía que Javi estaba mal. Lo abrazó en uno de esos abrazos de padre, apartándolo un poco de los otros dos… le nació del alma protegerlo y hablarle muy despacio… solo para él

– Dijiste que ibas a hacer la prueba… no lo odies antes de conocerlo

– Quiero irme contigo… llévame por favor– le rogó

– Javi… se fuerte… nos veremos en unos días… por favor hij… por favor, amor– lo abrazaba sin soltarlo mientras los otros dos los miraban atentamente. Quería besarlo… Javi lo miraba desafiante… Javi también quería besarlo

– No Javi… no lo echemos todo a perder ahora-  vio como el deseo se apagaba en los ojos del chico…

– ¿Me llamarás?

– Cada hora…-  Javier sonrió… a Pedro no le gustaba hablar por teléfono y le estaba diciendo eso

Se dieron un último abrazo… se soltaron sin ganas… Pedro dio la vuelta muy de prisa, se subió a su auto y se fue sin volver a mirar atrás… dolía… como el infierno… le dolía el pecho y toda el alma… nunca se había separado de Javier en los últimos 7 años… odiaba que tuviera que pasar él solo por esto… como quería habérselo traído de vuelta… protegerlo, evitarle el dolor… pero no podía.

Manejó de vuelta a la antigua casa en completo silencio, ni radio ni música… solo sus pensamientos tristes y enredados.   Se sentía un extraño en esa casa donde ya no estaba su pequeño amor… comenzó de inmediato a sacar sus cosas de la casa de Sofía… estaba ansioso por irse… quería preparar su casa para cuando Javi viniera.

Durante la primera semana que estuvieron separados, se llamaban varias veces al día. Javier evitaba contarle demasiado lo mal que lo estaba pasando… no le gustaba el hombre con el que vivía su madre, odiaba la ciudad y tampoco le gustaba el colegio… le cargaba la casa, el olor de la ciudad… el ruido… la comida… todo estaba mal y solo quería volver con él.

Pedro también omitía… intentaba que su voz sonara normal… pero moría de pena y soledad… nunca pensó que lo iba a afectar tanto… las tarde se le volvían muy vacías y dolorosas y las noches interminables… la  falta de Javier era un dolor muy grande… recordaba su cuerpo, sus sonidos, la forma en que se movía… su sonrisa… su voz… no dormía pensando en él.

El día viernes al terminar las clases en el nuevo colegio, Javier, a pesar de la resistencia de Sofía y de ese hombre, que de pronto quería asumir su rol de padre, cuidarlo y protegerlo, se subió a un bus en cuanto salió de clases con rumbo al pueblo de siempre… destino: el amor de su vida.

El bus se detuvo en el camino frente a la parcela cuando el sol estaba comenzando a bajar en el horizonte. Javier se bajó corriendo… la energía había vuelto a su cuerpo… a la entrada del camino de tierra lo esperaba Pedro. Corrió como loco hacia el vehículo. Pedro, en vez de correr hacia él, entró al auto… Javier sabía porque y sonrió. Tiró su mochila al suelo y se subió por el otro lado del auto… se tiraron uno en brazos de otro, apretándose, buscándose la boca y sujetándose con ganas, se besaban aplastándose los labios hasta más no poder… enredaban sus lenguas ansiosos de saborearse

– No me sueltes

– Al fin… no, no te suelto

Javier tiró fuerte de la camisa hasta sacarla de los pantalones y metió sus manos para tocarlo… gimió del puro placer de volver a tocarlo

-Vamos a casa

Se pasaron el fin de semana haciéndose el amor,  comprando juntos más muebles y cosas para decorar la casa, cocinando, poniendo plantas nuevas en la terraza… se sentían dichosos

– No quiero volver… no hay nada que me guste allá… odio todo

– Javi… solo ha pasado una semana… tienes que darte un poco más de tiempo

– ¿Cuánto tiempo?

– No lo sé… pero inténtalo

Se levantó de su pecho apoyándose en el codo y lo quedó mirando… no le gustaba lo que estaba escuchando… Pedro lo alentaba a quedarse en ese otro lugar, lejos de él.

– ¿Cuánto tiempo?- casi gritó

Pedro entendió de inmediato…

– Ya estás en ese colegio… al menos tómate este año de tiempo. Seguiremos viéndonos todas las semanas… sabes que…

Javier saltó de la cama, se vistió con lo que encontró a mano y salió corriendo… un año… estaba hablando en serio… un año entero… en un año Pedro iba a olvidarlo… alguien más ocuparía su lugar… corrió hasta que se quedó sin aliento. Se sentó afirmado en unas rocas a pensar… un año!! … tenía que hacer algo.

Volvió al cabo de unos 20 minutos. Tranquilo y decidido, como si nunca hubiera pasado nada. Pedro lo esperaba en la terraza, sabía que Javier necesitaba unos minutos a solas y volvería cuando estuviera listo. Entendía lo que estaba pasando por la mente del adolescente… la forma en que median el tiempo era diferente para ellos… nada más verle al cara supo que Javier había decidido algo

– Javi?…

– Tengo hambre… ¿quieres comer?- pasó de largo hacia la cocina y comenzó a preparar algo.

Pedro entró tras él. Lo agarró de la cintura… esperaba un rechazo o al menos que se pusiera tenso luego de lo que había pasado, pero Javier lo sorprendió una vez más. Aceptó tranquilo su agarre, se giró y lo besó con su mejor sonrisa.

– ¿Quieres hablarlo?- preguntó Pedro

Javi se encogió de hombros y siguió en lo suyo

– ¿Para qué?, ya me dijiste lo que esperas

– Quiero saber que estas pensando-

– Pienso… en si compraste queso o lo olvidaste- abrió el refrigerador. Por supuesto no lo había olvidado

– Javier…

Era un reproche, una llamada de atención que Javier ignoró completamente. Se sentó a comer con muchas ganas, algo extraño en Javi que siempre picoteaba apenas.

Cuando se terminaba el día, Pedro lo llevó de vuelta a la ciudad. Se demoraron cerca de 40 minutos de la puerta de su parcela hasta la casa donde estaba ahora.

– Te llamo más tarde…

Estaban estacionados fuera de la casa de Sofía. No se atrevía a besarlo a pesar de estar en el vehículo aún, pero tenía sus manos tomadas.

– No, mejor no… voy a dormirme temprano. Yo te llamo después

La respuesta lo dejó totalmente desconcertado.

– Te amo, eres mi vida, no lo olvides nunca- dicho esto, Javier brincó fuera del auto y se perdió dentro de la casa… ni siquiera le dio tiempo de responderle.

Se quedó preocupado, muy preocupado. Javier  estaba actuando extraño. Sabía que algo grande estaba pasando por la mente del chico… nunca le había dicho que no lo llamara… Javier se despertaba a propósito en las noches solo para hablar con él… esto era muy inusual.

Los temores de Pedro se vieron confirmados durante el día siguiente. Lo llamó temprano, antes de salir de la casa, como lo hacía todos los días… antes de que Javier se fuera al colegio y no le respondió. Volvió a insistir 3 veces más, antes del mediodía, pero no respondió a ninguna de sus llamadas, volviéndolo molesto e irritable… ya sabía que Javier planeaba algo, lo sabía!!! La sucesión de llamadas se repitió a lo largo del mediodía y la tarde… cerca de las 7 de la tarde Javier había apagado su teléfono y Pedro estaba emputecido… estaba a punto de tomar el auto e ir a hablar con él. No se aguantó y llamó a Sofía.

Javier?.. si, está en la casa, en su cuarto…si, te doy con él… lo siento, dice que está ocupado ahora pero que te llamará más tarde… no, todo está bien, por qué lo preguntas?…de acuerdo, adiós.

Colgó preguntándose que estaba tramando… esperó inquieto la llamada que nunca llegó. Apenas durmió esa noche… ¿Quería darle una lección?… ¿estaba Javier intentando hacerle ver lo que se sentía al no estar juntos?… pues lo sabía muy bien!! Sabía perfectamente lo mal que se sentía!!…

Volvió a llamarlo a lo largo del todo el día siguiente y nunca respondió. Le envió varios mensajes en los que le pedía que por favor respondiera, pero nada. Para cuando terminó el día Pedro estaba del peor humor de su vida… exactamente a las 7 de la tarde, Javier volvió a apagar su teléfono.  No llamó a Sofía, habría sido demasiado sospechoso… no fue a buscarlo tampoco… Tenía 15 años y no iba a enseñarle a él lo que tenía que hacer. Pedro, que siempre había sido un hombre de buen carácter, estaba de un genio intratable… si Javier quería desesperarlo, pues lo había logrado de maravillas.

Se aguantó hasta despertar temprano y mal humorado al día siguiente… tomó el teléfono con rabia y lo llamó… ninguna respuesta… como se le notaban los 15 años!!! Estaba furioso… comenzó a escribir un mensaje… “si no me respondes voy a ir a buscarte”… cuando estaba a punto de enviarlo se fijó en lo que había escrito… diablos!! Eso era exactamente lo que Javier quería!!!… desesperarlo para que fuera a buscarlo… pero cómo?… ¿cómo diablos llegaba a la casa de Sofía y ese hombre a quitarles a su hijo?… se sintió impotente… aprisionado por sus sentimientos… lo amaba, lo adoraba, no podía estar sin él y si… a Javier le estaba resultando lo que estaba haciendo… sentía el peso de su ausencia.

Trabajo apenas, funcionó a medias y supo con toda certeza que Javier lo iba a hacer sufrir durante toda la semana. Se resignó a esperar el fin de semana para hablar con él… buscarían una solución… ya estaba decidido.

El día viernes cerca del mediodía su teléfono sonó mientras atendía un paciente. Era Sofía. Supo que algo raro pasaba. Respondió con la intención de decirle que la llamaría de vuelta en cuanto se desocupara pero había una urgencia total en la voz de Sofía. Se disculpó con su paciente

– Es Javier!!… está internado… no me di cuenta… como no me di cuenta..

– Sofía ¿Qué le pasa a Javier?!!- el miedo lo recorrió de arriba abajo en unos segundos

– Estaba extraño… no sabía lo que estaba haciendo… lo encontramos inconsciente en su dormitorio

-SOFIA… QUE LE PASÓ??!!!

– Lleva toda la semana sin comer… nada Pedro… Nada!!!… se niega a comer o a tomar agua… no quiere nada… solo ahora me di cuenta…el doctor…

Colgó y se disculpó con todos quienes lo esperaban. Tenía una urgencia mayor que atender. Se demoró la mitad del tiempo normal en llegar a la ciudad y directamente a la clínica donde estaba Javier.

Sofía lo esperaba. Javier había vuelto el domingo pasado con una extraña actitud, aislándose y encerrándose todo el tiempo. Los primeros días no se dieron cuenta, todos comían a horarios distintos, solo durante el desayuno estaban juntos… pero luego… el trabajo, el colegio… además Javier ya andaba triste… así es que ninguno de los dos notó nada raro… la falta de ánimo y energía no les pareció nada anormal.  Entonces, el jueves, Javier se había desmayado temprano en el colegio y la llamaron. Lo llevó a la casa y se quedó con él todo el resto del día. Fue entonces cuando se dio cuenta que su hijo ni comía ni bebía nada. Quiso obligarlo pero se volvió violento y se negó rotundamente… no hubo forma de obligarlo a tragar nada a pesar de que tenía muy poca fuerza.  Hoy en la mañana había amanecido con la puerta cerrada con llave y cuando por fin lograron abrirla lo encontraron inconsciente, helado… Lo trajeron a la clínica de inmediato… lo estaban tratando ahora… tenía miedo, mucho miedo por su hijo.

– ¿Sabes por qué lo hace, no?- preguntó Sofía mirándolo fríamente. Pedro enmudeció… lo suponía.

-¿No está feliz en la ciudad?

– Quiere volver contigo al pueblo – Sofía comenzó a llorar – no me quiere… dice que soy una mala madre… solo quiere estar contigo… no le gusta nada de este lugar… no habla con José, lo ignora 

 Javier se recuperó pronto pero el doctor a cargo no quiso darle el alta hasta asegurarse, con exámenes, de que no se habían producido daños en su organismo… además, recomendó con urgencia una hora con el sicólogo.

Cuando Pedro entró a verlo, Sofía estaba presente también. Javier lo miró… sonreía desde la cama… victorioso, arrogante y desafiante… Pedro sintió alivio al mismo tiempo que, por primera vez, ganas de darle un castigo, una lección… no sabía el riesgo que había corrido ni el susto que los había hecho pasar. Tenía mucha rabia con él… pero estaba tan feliz de verlo bien. Se abrazaron en silencio. Pedro cruzó sus brazos sosteniendo su torso con delicadeza… oliendo su aroma… apenas aguantándose las ganas de perderse en su cuello, besarlo… morderle los labios…  todo…  no soportaría perderlo… moriría de pena… era tan valioso para él.

– Puedes irte con Pedro – dijo Sofía, vencida, mirándolos con los ojos llenos de lágrimas,  abandonando el cuarto de la clínica y dejándolos solos.  Su hijo y su padrastro tenían una comunicación que ella jamás podría entender. Siempre había sido así.  Estaba re-iniciando su vida con un nuevo amor… Javier no los quería y se lo demostraba intentando matarse… así tanto era su desagrado de vivir con ellos.

– Me voy contigo – su mirada derrochaba arrogancia y triunfo.

– No tienes idea del riesgo que corriste… estoy muy enojado contigo

– Me puedes castigar después… cuando ya estemos juntos en nuestra casa… prometo que aceptaré el castigo que quieras darme… pero ahora…- estiró sus brazos…

No les importó el lugar donde estaban… se besaron al tiempo que ambos gemían sintiéndose el sabor y el calor de los labios… Javier una vez más ganaba… siempre se salía con la suya.

Se volvieron juntos. A Javier no le costó nada despedirse de su madre y olvidar al desconocido de su padre biológico. La felicidad de volver con Pedro, de vivir juntos, solos al fin, era demasiado.

Pedro lo pensó durante todo el camino de vuelta… Javier… siempre conseguía lo que quería… era un adolescente encantador, bonito… el más hermoso ante sus ojos, pero voluntarioso como ninguno y llevado de sus ideas… cuando quería algo no conocía límites y hacía lo que fuera por conseguirlo…  De acuerdo, estaba contento de que volviera con él… seguramente él no lo habría conseguido tan rápido ni tan fácil, pero había arriesgado su vida y eso lo tenía muy enojado… Javier necesitaba aprender una lección… necesitaba enseñarle que no siempre se puede conseguir todo lo que se anhela ni presionar a los demás a costa de su salud y su vida… tenía que aprender que la satisfacción no siempre puede ser instantánea.

– Este es tu dormitorio- le dijo dejando sus cosas sobre la cama de la pieza al lado de la suya… sabía que Javier iba a poner el grito en el cielo y se preparó.

– ¿Qué?!!… pero…

– Pero ¿qué?- lo miró de frente

– No quiero este dormitorio… quiero dormir contigo

– Por ahora Javi, este es tu dormitorio

Se calló y lo miró… analizando… pensando…

– Me estas castigando, ¿verdad?

– Javi- se acercó hasta tenerlo en sus brazos– estoy feliz de que estemos juntos, pero había otras maneras… sin que arriesgaras tu vida

– No me pasó nada

– Pero pudo haberte pasado… además, ¿sabes el miedo que sentí?… ¿lo que sintió Sofía?… prométeme que nunca más arriesgaras tu vida así

Lo miró entendiendo… si, de acuerdo, había sido extremo… pero había conseguido lo que quería

– Bueno- bajó la cabeza aceptando – lo prometo

– Gracias- seguía en sus brazos… se moría por besarlo y hacerle el amor, pero tenía que cumplir también con su rol de padre, y por ahora, primaba ese sentimiento.

-¿Cuánto tiempo me vas a tener durmiendo aquí… solo?

– Hasta que hayas pensado lo suficiente en lo que hiciste?

– Y eso!!! ¿Cuánto tiempo es?

– Te lo haré saber- lo besó en la frente con un cariñoso beso paternal y lo dejó solo en la habitación.

Javier lo miró salir… no le importaba demasiado… estaba feliz de estar de vuelta con él… ahora tenían todo el tiempo del mundo, además, entendía claramente que lo que había hecho asustó mucho a Pedro… de todas maneras, tendrían muchas cosas que hacer juntos, la vuelta al antiguo colegio, su vida juntos… Cielos!! Su vida juntos… se reía solo… la emoción lo embargaba por completo… ahora eran solo ellos dos… Comenzó a arreglar sus cosas en el closet… alegre a pesar del castigo… seguía pensando… De pronto se detuvo a mitad de la habitación… ¿dormir sólo?… sonrió mirando al vacío… ya vería si dormiría solo.

Capítulo 3

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Para su decimo quinto cumpleaños le regalaron dinero. Decidió invertirlo en unas cuantas cosas que necesitaba y que no encontraba en su pueblo o que no se atrevía a comprar abiertamente.

Viajó a la ciudad con su madre y mientras ella iba a clases, él fue a comprar a las direcciones que había buscado en internet… volvió con sus trofeos escondidos a la casa, dispuesto a usarlos. Sabía que se estaba arriesgando mucho pero… Pedro no iba a tomarlo si él no lo forzaba un poco…

La siguiente vez que Sofía viajó a la capital, Javier decidió que ya había esperado demasiado. Habían pasado meses desde que tuviera sexo y su propia mano ya no lo satisfacía como antes… quería a Pedro y estaba dispuesto a todo para conseguirlo.

Cenaron juntos mientras la lluvia caía fuerte afuera. Al terminar, Pedro se fue a responder unas llamadas telefónicas de sus pacientes y Javier corrió a su dormitorio.  Se duchó cuidando de limpiar cada parte de su cuerpo y dejó en el cajón de su mesa de noche lo que necesitaba… Estaba nervioso, muy nervioso… pero completamente decidido. Se miró al espejo… le gustó su imagen… confiaba en poder convencerlo

Lo encontró aún hablando en su teléfono… se acercó sonriendo con malicia, sin que él lo viera… lo abrazó por atrás y comenzó a llenar su cuello de besos… aspiró su aroma… lo volvía loco el olor de Pedro… se acercó a su oreja y chupó el lóbulo… tironeando suavemente.

Pedro terminó rápidamente su conversación… no podía concentrarse en otra cosa que no fueran las caricias de Javier

– ¿Qué haces, Javi?

Sonriendo, se giró para buscarlo… la sonrisa se congeló en el rostro… Javi solo vestía el pantalón corto que usaba para dormir… el resto solo era piel…

Preciosa piel…

Se encontró con sus propias manos tocando esa piel sin que lo hubiera pensado… irresistiblemente atraído… se quedó mirándolo como si no lo hubiera visto en mucho tiempo… sorprendido de encontrarlo casi desnudo en la sala… tan hermoso…

Javier se aferró a él y le buscó la boca para perderse en un beso que expresaba todos sus deseos

– Javi…

Pedro intentó separarlo un poco poniendo sus manos en los hombros pero se encontró nuevamente con la piel desnuda bajo sus palmas… tan suave y caliente, aún húmeda de la ducha… Javier lo miro y sonrió de manera diferente. Sin decirle nada tomó su mano y lo llevó despacio hasta su dormitorio… no encendió la luz, se quedaron de pie al lado de la cama. Pedro sintió que había algo diferente en Javier… sabía lo que venía ahora.

– ¿Qué pasa, Javi?

Rodeo su cara con las manos… Javi lo miraba fijamente…  la oscuridad se volvía su cómplice… era más fácil hablarse y acariciarse cuando había poca luz.

-Te deseo… quiero que me hagas el amor

Se lo había insinuado y dado a entender muchas veces pero nunca había sido así tan claro… nunca antes lo había expresado con palabras. Javier pudo sentir como el cuerpo de Pedro se ponía tenso…

– Javi…

 Era una llamada de atención… lo había pillado desprevenido… no estaba preparado para esto pero sabía que… no debía… no..

 – no.. no…

Lo repetía muchas veces intentando que el sonido de la palabra penetrara también en su propia mente … no… no debía, no podía…

Pero Javier no se daba por vencido

– Pedro… sueño contigo todo el día… te deseo a cada rato… deja de negarte… por favor

– Javi… no…

Lo vio alejarse un par de pasos… Pedro estaba haciendo su mejor esfuerzo para mantenerse en control… lo deseaba… era tan difícil resistirse a Javier… pero la confusión y la culpa eran tan grandes.

Javier quedo de pie en medio de la sala… excitado, frustrado, enojado… de pronto las lágrimas comenzaron a caer despacio de sus ojos… la frustración dolía tanto

Pedro volvió hasta él, pero ya más tranquilo y dueño de su persona. Lo abrazó y lo pegó a su pecho

– Javi… esperemos… quiero que crezcas y…

-Esperar??!!!… no quiero esperar!!

– Solo tienes 15 años

Javier perdió la paciencia… la desilusión crecía… quería a Pedro, la excitación y el deseo lo volvían loco

– No quiero esperar más… quiero hacer el amor contigo!!!

Rogaba y lloraba al mismo tiempo. Pedro no supo qué hacer… nuevamente Javier le estaba ganando

– No soy virgen… ya lo sabes- lo miraba con sus ojos grandes llenos de agua… – No me hagas buscar satisfacción en otra parte…- lo dijo muy despacio… sufría él mismo al decir esas palabras… pero era verdad… la frustración era inmensa, deseaba a Pedro y él se negaba… iba a enloquecer de deseo insatisfecho

-Javier? –lo miró preguntándose si había escuchado correctamente…

Por primera vez estaban midiendo sus fuerzas… la culpa de Pedro y el deseo de Javier… frente a frente…

– Dijiste que no los volverías a ver

Celos… rabia… no le gustaba ser amenazado, pero mucho menos le gustaba pensar que Javier podía, en verdad, buscar su satisfacción en manos de aquellos chicos

– Cállate Javi…- era un ruego.. no quería recordar eso…– podemos esperar un poco más… eres tan niño aún- lo abrazó… su piel… Dios!! Su piel se sentía tan suave… su propio cuerpo se estremecía al contacto con Javier.

– Podemos?… soy yo el que espera… te escucho cuando estas con ella, ¿sabes?… tú no estás esperando nada

– Por Dios Javier… no es lo mismo… no es lo mismo- y lo decía en serio… Sofía era su mujer, buscaba satisfacción sexual con ella… pero sus pensamientos y sentimientos estaban puestos en Javier…

– Pues a mí me suena a sexo igual!!- gritó por primera vez… cansado y dolido, los escuchaba a veces y se tapaba con la almohada… lloraba de frustración, de rabia… sentía ganas de levantarse de su cama y correr hasta la otra habitación, separar a su madre de Pedro y gritarle que era suyo… que no lo tocara… que lo dejara en paz de una buena vez

– Duele mucho… me duele aquí- se llevó las manos al pecho, sobre el corazón – me duermo cada noche enfermo de deseo. Pedro… dame una razón para no hacerlo… una sola…- le hablaba despacio pero seguro, con el rostro lleno de súplica y lágrimas

– Razón?… tienes 15 años por el amor de Dios!!! Esa es una razón más que suficiente…

– ¿No me deseas?

Desearlo… ¿si acaso lo deseaba?.. ¿si acaso no había pensado mil veces en tocarlo por todas partes y hundirse en su cuerpo?… ¿en besarlo de verdad, con esos besos que dejan aturdido y atontado?… cabalgarlo con furia y descontrol… poseer ese cuerpo tan exquisito… escucharlo gemir y quejarse mientras le abría las puertas al mundo del placer sexual…  lo quería… pensaba en ello casi tanto como pensaba en lo perverso que era… en la culpa que sentía… ¿Qué estaba preguntando Javier?… ¿Cómo podía preguntarle eso?…

Lo seguía mirando esperando a que le respondiera.

– Javi… no es tan simple…-  pero ya era tarde… su mirada lo había delatado… los pensamientos que cruzaron su mente mientras pensaba se reflejaron en su rostro y Javier supo que había ganado una vez más

– ¿Sí o no?- pregunto casi encima de su boca sintiéndose seguro… lo había leído… Pedro lo deseaba también… lo sabía con certeza -¿Sí o no, Pedro?- Solo a un mocoso de 15 años se le ocurría plantear un ultimátum así… con esa voz… con el cuerpo encima suyo… mirándolo de esa manera…

En un movimiento rápido, Javier tomó las manos de su amante y las bajó despacio hasta dejarlas sobre sus genitales… nunca dejó de mirarlo… Pedro sintió las formas bajo sus palmas… sintió a Javier reaccionar y moverse al contacto con sus manos, suspirar, abrir la boca y tomar aire junto a un sonido placentero… Pedro sintió un fuerte golpe de excitación recorrerlo entero y calentarle el cuerpo

– Javi… eres tan chico…- pero no se movía de donde estaba… no podía de dejar de mirar la cara de Javier… llena de deseo y lujuria.

– No lo soy…- las manos de Javier se habían colado bajo su ropa… estaban tocando la piel sobre su estómago… y se movían hacia arriba… Javier hacía rato había soltado sus manos y Pedro no las había quitado de donde el chico las dejara… el cuerpo de Javier se movía sinuoso y sus manos bailaban siguiendo el ritmo que Javier marcaba…

– Javi, no…- era un ruego… estaba perdido y lo sabía

– Deja de decir que no- lo calló con un beso- me deseas también…  lo sé… tómame- la manos de Javier seguían tocándolo… bajaban peligrosamente a su entrepierna.  Pedro no pudo quitar las suyas… estaba sintiendo a Javier de manera diferente por primera vez… ahora quería tocar lo que palpaba bajo sus manos…  no pudo controlarse más… había pensado que este día llegaría tan lejos pero… aquí estaba, con sus manos sobre la ínfima prenda de ropa del chico notando como sus formas respondían a sus caricias… deseándolo y sintiendo que se rendía…

– Javier… ¿Qué te estoy haciendo?- preguntó con el último rastro de cordura que quedaba en su mente, pero sus dedos habían comenzado a meterse bajo la única prenda de ropa de Javier…  acarició lentamente sus pelillos hasta llegar a su pene… duro y erecto, suave…caliente… Javier gimió excitado en su oído… Pedro lo estaba tocando como había soñado tantas veces… el sonido que escapó de la boca de Javier fue su perdición…  Pedro olvidó todo rastro de control…  bajó la prenda de ropa hasta quitarla y temblando, miro a Javier desnudo por primera vez con ojos de amante… sus sentimientos eran tan fuertes y encontrados… Dios… era tan lindo… comenzó a reaccionar fuertemente bajo su pantalón… Javier desabrochaba los botones de su camisa y le dejaba besos húmedos sobre la piel… Cuando sus bocas se unieron y Pedro siguió tocando sus genitales haciéndolo estremecer, Javier supo que nuevamente había ganado… se acercó más aún a él, hasta quedar tan juntos que no cabía nada entre ellos

– LLévame a la cama…- le susurro meloso y acalorado

Pedro obedeció guiado por su instinto de hombre y animal… lo dejó sobre la cama y comenzó a quitarse su propia ropa sin sacar sus ojos del chico… Javier sonreía excitado hasta la última fibra de su ser… cuando iba a quitarse la última prenda, Javier lo detuvo

-. No… déjame hacerlo yo– se sentó en la cama, Pedro de pie frente a él… respirando agitado. Bajó despacio el bóxer oscuro… Javier había soñado con volver a verlo desnudo desde hacía ya casi dos años… recordaba su cuerpo cuando lo vio en la ducha… no quería que nadie le quitara el placer de dejar a Pedro, su amor, desnudo frente a él… era un adolescente, es cierto, pero era un adolescente que llevaba años soñando y esperando por una única persona… y ahora le tenía de pie frente a él. Lo desnudó… respiraba y sonreía… lo miraba de arriba abajo, victorioso… el bóxer cayó al suelo… Pedro era un hermoso ejemplar de hombre…  no supo de donde le salió el valor para tocarlo pero no pudo evitarlo… sus dedos se fueron directamente a su miembro… se deleitó sintiéndolo moverse con el roce de sus dedos… quería besarlo, acercó su boca y depositó suaves besos, su lengua lamió despacio esa suave piel… quería seguir… quería todo. Se buscaron por instinto… chocando sus cuerpos desnudos besándose de manera diferente, un beso total… con todo lo que antes Pedro reprimía… ahora no había nada que les impidiera entregarse por completo… ambos tenían una erección y se rozaban en la piel del otro… descubriendo algo nuevo… algo delicioso… respiraban agitados cuando cortaron el contacto de sus labios.

Javier abrió el cajón y expuso su contenido… condones, lubricante, un dilatador… varios otros juguetes aun envueltos y… esposas?… por qué Javier tenía esposas?… Pedro lo relegó al fondo de su mente… lo pensaría después. Ahora quería otra cosa

– Tengo todo lo que necesitamos…-  sonrió triunfante

Pedro rió completamente vencido… a veces olvidaba lo decidido y firme que era Javier… cuando algo se le ponía entre ceja y ceja no cesaba hasta conseguirlo… lo besó para premiarlo por su ocurrencia… sentados en la cama, tocándose sus cuerpos.

– Javi… está bien… te deseo, pero vamos a hacerlo con calma

– No eres el prim…

Pedro puso sus dedos sobre los labios de Javier, callándolo…

– Lo haremos a mi manera… no quiero dañarte ¿de acuerdo?

No le estaba preguntando sino que se lo estaba imponiendo… había visto tantas cosas feas en el hospital… Javier entendió y asintió. Se miraron y sonrieron… iban a ser amantes en su totalidad… iban a consumar su amor y estaba feliz. Sería como Pedro quisiera… lo dejaría hacer a su modo… daba lo mismo, siempre y cuando le hiciera el amor

Pedro examinó el contenido del cajón… dudó un segundo entre tomar el dilatador o usar sus propios dedos… sus dedos, definitivamente quería tener sus dedos dentro de Javier…

– Tiéndete en la cama…- ordenó con un beso dulce y cuidadoso…  Javier sonrió y obedeció de inmediato… Dios!!!, como le gustaba lo que estaba pasando… se quedó quieto… mudo, sin respirar… su corazón latía demasiado rápido… esperando el contacto de Pedro con su piel… los primeros roces de sus labios fueron con su espalda… le dejaba besos… chupaba su piel… sus manos fuertes lo recorrían y le hacían sentir…

– Javi…- suspiraba… la vista del chico llenaba sus ojos y se moría de placer al solo mirarlo… entregado… suyo

Javier no se aguantó sin moverse… devolvió los besos y los chupones… agregó mordiscos…  se prendó, como si fuera un bebé, de una de las tetillas de Pedro y succionó, chupo, lamió y besó hasta escucharlo gemir… solo entonces lo soltó y lo miró con aire triunfante…

– No quiero saber donde aprendiste eso–  su voz había cambiado… era más ronca… profunda… sujetó su cabeza y lo besó como si se le fuera el alma en ello… un beso húmedo intenso y profundo… un beso de amante deseoso… olvidando la edad… sumido en el deseo… a Javier se le agotó el aire…

– Lo aprendí recién… aquí, contigo- contestó dirigiéndose a la otra. Pedro el sostuvo la cabeza como si fuera un recién nacido… Le gustaba la sensación, le gustaba este Javier apasionado y erótico que chupaba y marcaba su piel… Estuvieron un buen rato besándose y excitándose, conociendo sus cuerpos completamente… cuando ya no daban más y ambos habían probado el sabor del otro en sus bocas, Pedro acomodó a Javier en la cama… se untó los dedos generosamente… separó las nalgas de Javi… Dios!!! Era tan bonito… sus nalgas firmes y suaves… su ano, rosado y estrecho… Diablos!! Era tan pequeño… no quería causarle ni daño ni dolor… pero parecía inevitable… sentía la urgencia de su propio cuerpo, de su pene erecto que el chico había acariciado y besado y que ahora clamaba por estar dentro de Javier… pero se prometió a si mismo que sería cuidadoso y se controlaría. Masajeó con cuidado su entrada… hundió lentamente un dedo  mientras lo besaba por todos lados, se sentía estrecho y caliente… suave… ya quería sentirlo alrededor de su miembro… Javier quería más… se movió indicándolo. Pedro lo complació… haría cualquier cosa que Javier quisiera… le había robado la voluntad… luego de tres dedos, mucho lubricante y varios minutos, Javier estaba más que listo. Era ahora… Pedro lo tomó de la cintura tan pequeña y le indicó que se levantará mientras él quedaba recostado en la cama…

– Javi… te quiero arriba de mí… vas a bajar muy despacio y controlaras lo que sientes..- no sabía cómo podía seguir hablando de esa manera… llevaba tantos años siendo médico que le salía de forma natural pero lo que sentía era tan fuerte

Javier se acomodó sobre él con sus rodillas a cada costado… Pedro sujetaba su pene con una de sus manos y el cuerpo del chiquillo con la otra… Javier usó sus manos para abrirse… lo deseaba con tantas ganas… sintió un escalofrío cuando su ano hizo contacto con el miembro duro y caliente de Pedro… estaba concentrado en lo que estaba haciendo, pero no podía apartar sus ojos de él… se miraban con ternura y deseo… una extraña mezcla… descendió levemente…  Pedro estaba entrando en su cuerpo… recordaba lo doloroso que había sido la primera vez y no quería terminar llorando como un crío con Pedro diciéndole que nunca más…  Una vez que la cabeza de su miembro estuvo en Javier, Pedro usó sus dos manos para sujetar al chiquillo… miraba atento sus reacciones  e intentaba controlar su propia urgencia… notó la primera señal de dolor unos segundos después, Javier abrió la boca y trago aire, agitado… se detuvo

– Javi?

– Estoy bien- respondió demasiado rápido.

Pedro entendió de inmediato el miedo de Javier…

– Javi… no me voy a mover ni te voy a decir que no… hazlo con calma, mi pequeño amor

Javier sentía dolor pero sonrió encantado… amor… lo había llamado su pequeño amor… Dios… todo estaba bien, maravillosamente bien… dolía… sentía como su piel se estiraba y su propio cuerpo lo traicionaba al ofrecer resistencia… siguió bajando despacio hasta sentir que el dolor le ganaba y no podía más… cerró los ojos, sintió el movimiento en el cuerpo de Pedro y sus cálidos brazos alrededor de su cuerpo

– Tranquilo… no te muevas mi pequeño amor- le dejaba besos en todas partes, se sentía reconfortado, nada le importaba si Pedro estaba abrazándolo y besándolo… terminó de descender hasta sentirse completamente lleno de su hombría, dolorosa… real… sensacional… estaban más unidos que nunca. Soltó las lágrimas cuando el abrazo de Pedro se intensificó y sus palabras en el oído se volvieron más dulces

– No te muevas mi pequeño amor… espera un momento– le secaba las lágrimas de la cara y lo acunaba entre sus brazos… su pene completamente dentro suyo… volviéndolo el más enamorado y feliz… no importaba si dolía… también había felicidad en esas lágrimas que rodaban por sus mejillas

– Te amo… Pedro, te amo- repetía en palabras entrecortadas de la emoción, del sollozo y del dolor… del sentimiento tan inmenso que lo envolvía

Pedro se sentía de igual manera y se lo hacía saber repitiéndole palabras dulces de amor una y mil veces en su oído… le causaba una pena inmensa el dolor de Javier pero sabía que era necesario… Javier lo quería sentir… no podía hacer más que calmarlo y sostenerlo… adorarlo… se sentía más y más excitado con la cara y el cuerpo de Javier respondiendo a cada uno de sus toques y soportando la penetración con valentía… Dios!!Amaba a Javier… lo amaba con locura…  sería esclavo de este niño maravilloso por el resto de su vida… de esa carita llena de lágrimas, pidiendo ser besada y deseando el dolor de tenerlo dentro… estaba en el paraíso… quería estar así con Javier.  Se quedaron abrazados tranquilos unos instantes… Javier, guiado por las palabras de Pedro respiró como le indicaba e intentó tranquilizarse… relajarse…  el dolor bajó de intensidad hasta ser manejable. Se movieron despacio… probando, sin soltarse del abrazo de sus cuerpos… la mano de Pedro en el pene de Javier lo masajeaba suavemente… de pronto todo adquirió un ritmo más rápido y apasionado… la urgencia de lo que sentían los impulsaba a moverse y buscar satisfacción en el otro… Javier gemía y jadeaba… Esto no tenía comparación alguna con lo que había vivido antes… esto era maravilloso… puro sentimiento y placer… el líquido blanco salió expulsado de su pene dejándolo temblando en olas de placer… Pedro lo siguió embistiendo despacio hasta lograr su satisfacción en un sonido ronco y profundo… gimió su nombre… lo volvía a llamar “mi pequeño amor” Javier sintió que moría de felicidad… acababa de vivir el momento más mágico de su existencia.

Pedro estaba completamente desnudo, estirado sobre la cama y Javier, son los ojos cerrados y una sonrisa permanente en su rostro, estaba recostado sobre él… sus piernas enredadas entre sí… la mano de Pedro vagaba con lentitud recorriendo el cuerpo desnudo de Javier…

– Me llamaste tu pequeño amor…- recordó Javier

– Lo de pequeño es solo por tu edad… eres mi gran amor Javi

 Javier respiro a sus anchas absorbiendo el olor de su amado Pedro… no le cabía mas felicidad en el cuerpo y aunque ahora se sintiera adolorido daba las gracias por ese dolor. Pedro lo había obligado a tomar algo para calmarlo pero él no necesitaba nada… habían hecho el amor… se habían duchado juntos… se miraban diferente… pudo ver el cambio en los ojos de Pedro… lo miraba como amante… con ternura y amor… su relación había adquirido otro nivel… mucho más serio e importante.

Pedro suspiro acariciándolo con un poco más de fuerza… había cedido una vez más a las exigencias de Javi y, tal como la vez anterior, no se había equivocado… el chico casi lo había obligado pero Javier sabía… tenía tan claro lo que esperaba de su relación con él… se había quedado admirado de su fuerza y decisión, del dolor que soportó feliz por él… de todo lo que había pasado recién… Javi le demostraba tanta fortaleza… ¿era verdad todo el amor que decía sentir?… era tan niño, apenas tenía 15… ¿qué podía saber del mundo, de las emociones?… de todo el futuro que le esperaba por delante…  él, por su parte, nunca antes había sentido tan intensamente… nadie había llegado a su corazón y su mente como Javier… estaba loco por este niño, estaba enamorado de Javier hasta la última célula de su cuerpo… de su pequeño amor de apenas 15 años…

La relación a partir de esa fecha sufrió un cambio drástico; se sentían muy unidos y a veces, llegaban a olvidar que lo suyo no era una relación normal… tanta confianza, tanto cariño… tantas ganas de compartirlo todo, reír juntos… tocarse y perderse en el cuerpo y los ojos del otro… habían pasado a una etapa de relación total que les abarcaba casi toda la vida, sin embargo,  en otro sentido se volvió más difícil; no porque su amor sufriera problemas, sino porque de pronto, la presencia de Sofía y lo que significaba, se volvió un obstáculo enorme… les estorbaba, les molestaba… lo que existía entre ellos se había vuelto demasiado vivo e intenso… Javier había desarrollado un fuerte sentido de propiedad sobre Pedro y cada vez que su madre tocaba a su marido, le tomaba la mano o le daba un beso casual, las miradas de reproche, celos, frustración e impotencia eran claras en Javier… generalmente se alejaba muy rápido de ellos, dejando a su madre desconcertada en el medio de una cena o conversación y a Pedro con unas ganas locas de salir corriendo tras él y abrazarlo y consolarlo… recordarle que era su pequeño gran amor y que nada ni nadie le hacía sentir como él…   a veces lo hacía, salía tras él cuando lo veía demasiado alterado, pretextando una excusa. Generalmente lo encontraba encerrado en su cuarto, llorando de rabia o tan enojado que tenía que hablarle despacio para evitar una guerra… sujetarlo y calmarlo, hasta hacerlo entrar en razón… sus 15 años le jugaban en contra y olvidaba la lógica y la razón…  era puros sentimientos a flor de piel… posesivo, enamorado, celoso. Pedro se sentía mal…odiaba todo lo que hiciera sufrir a Javier, no quería nunca más ver una lágrima en sus ojos.. Dios!! Como adoraba a ese niño.

Al cabo de un tiempo de repetirse esta escena una y otra vez, Pedro comenzó a plantearse, por primera vez, la posibilidad de terminar su matrimonio con Sofía… de a poco se habían ido alejando y a ninguno de los dos parecía molestarles eso… el sexo entre ellos era muy esporádico; Sofía vivía en un mundo aparte y más bien era como una extraña visitante en su propia casa… siempre estaba pensando en sus estudios, su trabajo… su mundo era otro… con otras personas…  ya no tenía sentido alguno seguir con ella… no era la persona que amaba…si, le tenía cariño pero Javier ocupaba todo su mundo. Entonces, pensaba en que si ella se alejaba lo más probables es que quisiera llevarse a Javier con ella… y el chico solo tenía 15 años… ¿cómo podía separarlo de su madre?… hasta ahí llegaban sus intenciones y seguía dándose vueltas en preguntas sin respuestas.

A este problema, había que agregarle que, ahora que compartían todo y que el sexo cada vez se volvía mejor y más dulce entre ellos, habían vivido unas cuantas situaciones límite en las que se dejaban llevar por la pasión y  parecía que estaban desafiando a su buena suerte… olvidaban la hora en que Sofía llegaba a la casa y seguían encerrados en el cuarto de Javi, desnudos, comiéndose a besos… tenían que correr sintiéndose enojados y violentos de haber sido interrumpidos… nunca se lo plantearon de otra manera… jamás creyeron que eran ellos los que estaban equivocados o haciendo algo incorrecto. A veces parecía como que Javier lo hacía a propósito, con la clara intención de desafiar a su madre…

Había llegado solo del colegio a la casa. Pedro tenía un turno largo ese día y sabía que no llegaría a casa hasta las 7 al menos. Comió algo, se sentó frente a la mesa del comedor y se puso a hacer sus deberes escolares, seguía siendo uno de los mejores alumnos de su clase y nada le costaba estudiar. Luego, tomo una larga ducha… volvió a su cuarto, se tiró sobre la cama a pensar en Pedro… su cuerpo respondía solo… se entusiasmaba de inmediato cuando se trataba de pensar en él y recordar lo que le hacía… cómo lo tocaba… bastaban esos pensamientos… la imagen de su cuerpo sobre él… comenzó a tocarse despacio… bajando su mano hasta llegar a su pene semi erecto… recordó los labios de Pedro en su miembro… el calor y la humedad de su boca…  el agradable dolor que sentía cuando lo penetraba para luego embestirlo con delicadeza… gemía su nombre y lo llamaba“mi pequeño amor”… sus brazos fuertes cruzados sobre su cuerpo…  sus manos se movían rápida y con fuerza sobre su erección, ahora total… sentía el calor acumularse… lo hacía con calma, disfrutando y alargando el instante…

A pesar de tener los ojos cerrados sintió su presencia en el cuarto… Pedro había llegado y él no se había dado cuenta hasta que lo vio de pie en el umbral de su puerta… lo miraba serio… con los ojos llenos de deseo y lujuria… la visión de Javier masturbándose era provocadoramente excitante… perturbadora… lo asaltaba el deseo… se había quedado inmóvil afirmándose en el umbral de la puerta…

Javier se detuvo… avergonzado. Se miraron unos segundos. Pedro logró moverse y llegar a su lado…

Javier respiraba agitado y estaba sonrojado hasta la punta de las orejas…

– Sigue…- le pidió

– Pedro… yo…

– Sigue Javi…- volvió a pedir, casi ordenando

Javier sintió un golpe intenso de calor recorrerlo… estaba desnudo en la cama… tocándose… seguir?.. frente a él?… entonces vio la excitación en los ojos de su amante… a Pedro le gustaba mirarlo… podía hacerlo… si Pedro quería, él podía hacer lo que fuera para complacerlo… sonrió mordiéndose los labios y dejando de lado la inmensa vergüenza que sentía, se acomodó nuevamente en la cama, separó un poco sus piernas y con sus ojos anclados en los de Pedro continuó lo que estaba haciendo… ahora con mucho más intensidad… ahora su respiración era más difícil y su mano parecía proporcionarle más placer… Pedro lo miraba extasiado… había dejado los ojos de Javi para observar todo su cuerpo… se fue excitando más y sacando la ropa de a poco, sin darse mucho cuenta de lo que hacía… Javier movía su mano más rápido y se arqueaba levemente… gemía despacio su nombre y el placer se le escapaba por los poros…

– Javi!!

De pronto era una petición y la entendió de inmediato… Javi quitó sus manos y Pedro lo tomó en su boca… caliente y húmeda… lo chupaba fuerte… esta vez gimió con ganas haciéndole saber lo mucho que le gustaba… no se demoró mucho en correrse en su boca… Pedro sonreía complacido… el espectáculo que Javier acababa de darle había sido magnífico… su precioso cuerpo auto-gratificándose mientras pensaba en él…

– Mira como me has puesto- no le habló como si fuera un chico… era de un amante excitado a otro, haciéndole saber el efecto que le causaba… Tomó la mano de Javier y la puso sobre su erección, notoriamente dura bajo su ropa… Javier abrió el pantalón, quitó todo lo que le estorbaba para llegar hasta su piel, hasta su sexo… con rapidez y algo de brusquedad, cambiaron sus posiciones y esta vez Javier chupaba y lamía… le encantaba el sabor suavemente salado… le gustaba a rabiar tenerlo en su boca y dominar por un rato la situación…  Pedro gruñó… lo abrazó, lo giró en la cama, se metió entre sus piernas y se hundió despacio pero decidido, entre sus nalgas… de alguna manera, siempre recordaba controlarse con Javier… lo amaba demasiado y jamás quería dañarlo… sonreían mientras se besaban y se movían al mismo ritmo… sus cuerpos se comenzaban a conocer perfectamente y sabían lo que el otro necesitaba… olvidaron todo lo demás… el mundo no existía más allá de esas cuatro paredes… de esa cama… de sus respiraciones entrecortadas y sus gemidos en el oído del otro… todo comenzaba y terminaba en ellos dos.

Sofía se sorprendió de entrar a su casa y encontrar todo en silencio y a oscuras. Venía cansada, los viajes la agotaban pero todo lo que hacía le gustaba demasiado y no iba a dejarlo… amaba lo que estaba aprendiendo, ya le quedaba muy poco para terminar sus estudios, en su trabajo había ascendido mucho y tenía un puesto de mucha responsabilidad… además… además estaba aquello que la hacía sentir feliz… y triste a la vez.  Encendió varias luces y vio el maletín de Pedro… ¿Habrían salido?… siguió caminando descuidadamente hacia su dormitorio, se quitó el traje de chaqueta y se cambió por ropa más cómoda. Entonces escuchó un extraño quejido… un sonido familiar y raro a la vez…

– ¿Javier?… preguntó en voz alta, un poco nerviosa… ¿habría alguien más en la casa?… se demoro un minuto en terminar de vestirse y se encaminó hacia el cuarto de Javier. Cuando estaba a punto de llegar, la puerta del cuarto se cerró de golpe, asustándola.

– ¿Javier?!!- gritó esta vez

– Estoy bien… me estaba duchando… voy a vestirme

La habían escuchado en el último momento… si Sofía no lo hubiera llamado en voz alta los habría sorprendido. Se quedaron en silencio… esperando.

– Está bien, hijo

Escucharon los pasos alejarse… volvieron a respirar… estaban ambos aún desnudos.

Luego de eso, Pedro llegó a su límite… no quería seguir viviendo esta doble vida, se sentía bajo y despreciable… no le gustaba engañar… tenía claro que su única y definitiva opción era Javier… lo había pensado mucho y tenía un miedo atroz… iba a dejar la estabilidad y seguridad de un matrimonio por un chico de 15 años que posiblemente lo amaba ahora pero cambiaria de modo de pensar al pasar los años… a Pedro siempre le costaba mucho convencerse de que los sentimientos de Javier eran verdaderos … estaba seguro de que, cuando creciera, se alejaría de él… que de pronto, un día cualquiera, Javier se iba a enamorar de otra persona más joven y de su mismo estilo… y él no haría nada para retenerlo, al contrario, lo dejaría ir en libertad, más que agradecido de haber tenido la oportunidad de amarlo y sentirlo suyo… lo amaba tanto que le concedería lo más preciado que podía darle.. su total libertad… sabia que Javi tenía mucho que vivir y posiblemente él no sería parte de todo eso… tenía tanto que aprender y cambiar y experimentar… Javi iba a cambiar, a madurar a crecer y Pedro se volvería mayor, aburrido y poco interesante para él… sentía temor ante aquella realidad que veía para su futuro… pero quería que Javier lo viviera todo y no fuera él quien lo privara de ninguna cosa… pero por ahora… eran los dos, eran su mundo y quería aprovecharlo… estudiaba mucho lo que tenía que hacer… Javier era su pareja y se amaban, debería conversar sus planes con él, incluirlo en su toma de decisiones…  pero por otro lado era un niño de 15 años al que le iba a destruir su propio núcleo familiar… durante varios días anduvo taciturno y alejado… Javier le preguntó muchas veces al verlo diferente y pensativo, pero aún no se sentía preparado para responderle…

– No estás aquí conmigo…- estaban en su cuarto… semi vestidos, acariciándose. Pedro había pasado por él al colegio y habían llegado hacía muy poco rato de vuelta.

– ¿Cómo que no, mi pequeño amor?..- sonrió un poco forzado, Javier tenía toda la razón… estaba ausente en sus propios pensamientos

– ¿Me quieres decir de una vez que te pasa?

– Nada… problemas… el trabajo, ya sabes

-Me  estas mintiendo… no me gusta que lo hagas

 Javier lo miraba serio. Sus ojos azules lo taladraban… conocía tan bien a Pedro… los problemas de su trabajo los dejaba fuera de la casa… nunca los había llevado a la cama que compartían. Pedro se perdió unos instantes en esa mirada tan limpia y tan azul… en la calidez, en el amor que había en ellos…  este niño lo conocía mejor que él mismo a veces… lo leía tan claramente. Estiro sus manos y acarició sus hombros desnudos… puso la mano en su cuello y Javier ladeó su cabeza para atrapar el cariño… Respiro profundamente dándose por vencido… como siempre, Javier ganaba

– Javi… he estado pensando en tu madre y yo

Javier se sentó en la cama de inmediato, nervioso… era su madre, pero era su rival y el tema le daba escalofríos. Siempre tenía temor de que Pedro le dijera que quería alejarse de él… que Sofía era importante… que no quería herirla… que ellos estaban mal y equivocados… que no podía más… cualquier idiotez que significara separarse o alejarse, aunque fuera un poco

– ¿Qué pasa con ella? – no era capaz de llamarla “mamá” o “madre”

Pedro se sentó a su lado

– ¿Qué pensarías si te dijera que… estoy pensando en divorciarme de Sofía?

Javier tragó aire rápidamente… lo retuvo… no podía ser verdad… sería la culminación de todos sus más locos sueños… Sofía lejos… solo ellos dos

– Pensaría que… sería maravilloso…- se midió al responder… habría gritado de felicidad pero se contuvo

– ¿En serio?

– No la quiero cerca de ti… cerca nuestro

Asintió entendiendo… en la mente de Javier, Sofía pesaba más como su rival que como su madre.

No volvieron a hablar de aquello hasta unas semanas después… aunque increíblemente el tema surgió por otro lado totalmente diferente.

Fue Sofía la que habló con Pedro… era ella quien quería la separación. Pedro se sorprendió, por supuesto… no lo esperaba pero secretamente se sentía aliviado.

– Si… estoy de acuerdo

– Lo siento Pedro… es que… necesito mi vida de vuelta

-. Esta bien Sofía, lo entiendo

En verdad entendía demasiado bien que ella se fuera e hiciera lo que quisiera.

Se miraron como extraños… ya no quedaba nada de lo que habían compartido.

– Nos iremos a vivir a la ciudad- fue lo último que dijo Sofía

Pedro alzó la cabeza, todos sus sentidos muy alerta

– ¿Se irán?… pero… No puedes llevarte a Javier!!!

Sofía lo miró extrañada

– Es mi hijo, Se irá conmigo– dura, decidida

– Es mi hijo también… su vida, el colegio y sus amigos están aquí!-  estaba dispuesto a pelear por él… Entonces escuchó una confesión que no quería saber… algo que echaba por tierra casi todos sus planes.

– Pedro… quiero separarme de ti porque… porque tengo una historia con otra persona… en la ciudad… lo siento, es el padre de Javi… quiere conocerlo y que vivamos los tres juntos

Le daba pena decírselo a Pedro, él había sido tan bueno con Javier, pero su verdadero padre quería conocerlo y vivir como familia con él… Pedro sobraba en esta situación… y así exactamente fue como se sintió… no esperaba este chorro de agua helada… Javi tenía la posibilidad de tener a su verdadero padre… de conocerlo y convivir con él… se quedó mirándola con tanto dolor en los ojos… ella creyó que estaba dolido por la traición

– Lo siento Pedro… Él me encontró y…

– No te vas a llevar a Javier– le respondió con frío y con algo de crueldad en la voz

– Es mi hijo!!!- gritó ella alzando un poco la voz

– No vas a llevártelo, legalmente YO soy su padre – respondió aun más frío y seguro.

Capítulo 2

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No volvieron a tocar el tema. A la mañana siguiente cada uno actuó como si nada diferente hubiera sucedido… aunque a solas ambos sabían que si había ocurrido algo importante. Javier intentó seguir como si nada hubiera pasado pero sus miradas lánguidas y una cierta tristeza por el rechazo lo hacían sentirse un poco más alejado de Pedro que antes.

Cuando Javier cumplió 14 no quiso celebrarlos. Estaba cambiando de a poco y se sentía más solo que nunca. La relación con Pedro parecía la misma… pero había pequeños cambios que, aunque sutiles, hacían sufrir a Javier. El contacto físico y personal era ahora muy limitado… hacían las mismas cosas de siempre pero Pedro se mantenía físicamente distante. Javier no había intentado nunca volver a tocarlo o a entrar en su dormitorio pero escuchaba el cerrojo pasar luego de que Pedro entrara en su cuarto, cuando lo iba a buscar ya nunca lo abrazaba… se habían terminado los abrazos y las caricias casuales, las demostraciones físicas de cariño dejaron de existir.

Javier lo echaba de menos… anhelaba uno de sus abrazos o volver a sentir su olor…  pero entendía que era una locura personal… su propia locura y Pedro no quería ser parte de ella.  Comenzó a buscar en otra parte lo que ya no tenía disponible… comenzó una nueva etapa en su vida.

Había en el colegio, en los cursos mayores, un par de chicos que desde hacía mucho tiempo lo miraban e intentaban hablarle… sabia que ambos eran gay… se veían amables, siempre estaban juntos y habían cientos de rumores sobre ellos.  Un día decidió responderles… ambos eran buen mozos… y él necesitaba desesperadamente, algún tipo de contacto físico con el que calmar su ansiedad. Desde que Pedro lo mantenía a distancia, su necesidad de él parecía aumentar… ya no le bastaba con tocarse a sí mismo… quería… ansiaba,  algo más fuerte y real.

Los chicos, Ramiro y Arturo, eran alumnos del último año. En poco tiempo se volvieron muy cercanos y un día cualquiera, Javier aceptó la invitación para ir a la casa de uno de ellos. Sabía a qué iba y quería ir. Necesitaba lo que ellos querían darle. Los chicos cambiaron nada más cruzar y cerrar la puerta de la casa. En público jamás se tocaban, pero tras la puerta cerrada de la casa, sin nadie más que ellos, se besaron en la boca y se tocaron levantando la ropa y cruzando sus manos en la piel del otro. Javier miró asombrado… excitado… deseando formar parte… quería ser tocado y besado de esa manera. Ramiro, el mayor, se separó de Arturo y estiró su mano… sonriendo… invitándolo. Javier avanzó sin dudarlo. Fue recibido por las manos y la boca de Ramiro… el chico mayor sabía lo que hacía… tenía 19 años y bastante experiencia…  lo beso largamente mientras Arturo lo acariciaba en la cintura, en la espalda… no tenían problema alguno en compartir su cariño con él

-. Hemos esperado mucho por ti- dijo Ramiro sonriente

– ¿En serio?- preguntó asombrado

-Ven…- Arturo tomó su mano y él se dejó llevar

Muy pronto habían llegado a la habitación de Ramiro y los dos chicos estaban sobre su cuerpo semi desnudo

-. Eres virgen, Javier?- preguntó directamente Ramiro

– Si…- respondió algo nervioso… uno de ellos bajaba sus boxers y se quedaba desnudo

– ¿Quieres seguir siéndolo?- pregunto mientras su mano se cerraba en su pene y comenzaba a frotarlo… luego su lengua lamía sus testículos

– No- respondió seguro

– ¿Estás seguro? – preguntó Arturo en su cuello… besando y lamiendo– no queremos obligarte

– Estoy seguro- respondió entre suspiros y gemidos

– Bien… ¿Quién quieres que te lo haga? – preguntó Ramiro entre sus piernas

La pregunta en sí era irreal… Javier volvió a la realidad por un par de segundos y los miró a ambos…

-Tú- le dijo a Ramiro. El aludido sonrió satisfecho

– Sabía…- dijo Arturo decepcionado. Como consuelo, Ramiro tiró de él bruscamente y lo besó violentamente en la boca

– No protestes… te lo haré a ti después

– Arturo?- preguntó Javier bajo ellos.

Arturo lo miró… le caía bien Javier, siempre le había gustado este chico tan mono con esos ojos tan impresionantemente bonitos y ese cuerpo delicado… no tenía nada en contra de él… solo le habría gustado ser elegido, pero entendía… Ramiro siempre era el activo, mientras que él podía jugar ambos roles

– No te preocupes Javier… está todo bien- para corroborarlo volvió a besarlo y a seducirlo con su lengua y su boca…

Ramiro sacó un par de cosas de su mesa de noche… lubricó sus dedos y de a poco los puso dentro suyo… era una locura… se sentía tan bien todo lo que le estaban haciendo… sabía que era una degeneración total pero no le importaba… estaba con dos chicos  al mismo tiempo y uno de ellos lo preparaba para penetrarlo… todo se sentía maravillosamente bien… Cuando sintió las primeras punzadas de dolor al tener el miembro de Ramiro en su recto pensó en Pedro… en que le habría gustado tanto que fuera él… que lo abrazara y consolara… secara sus lágrimas y le dijera las palabras dulces que quería escuchar… pero ya no lo tocaba ni lo quería como antes… el dolor físico que sentía y la pena de recordarlo se mezclaron en las lágrimas que corrían por sus mejillas

. Tranquilo Javi… solo duele la primera vez… después te va a encantar- Arturo seguía excitando su cuerpo…

Pedro notó el cambio en Javier el mismo día que volvió tarde a la casa, tan cansado que solo fue capaz de ducharse y acostarse a dormir. No quiso comer ni hablar. Lo notó diferente de inmediato. No sabía de dónde venía ni con quien había estado, pero conocía tan bien sus gestos que supo que estaba diferente tan solo de verlo pasar caminando frente a él.  Quiso entrar a su cuarto a hablarle, pero se encontró con la luz apagada y el chico durmiendo dentro… cerró la puerta y se fue a dormir preocupado. Se daba cuenta como él y Javier se estaban distanciando y le dolía profundamente. Lo echaba de menos… en Javier había encontrado siempre alegría, paz y tranquilidad… ahora no sabía que esperar… pero ciertamente lo seguía queriendo y lo necesitaba de vuelta en su vida.

La misma historia se repitió durante varios días. Parecía que Javier huía de él cada vez que intentaba acercarse.

La situación explotó luego de que una noche no llegara hasta pasada la medianoche. Javier no le había avisado que saldría, ni con quien estaría… y, para variar, Pedro estaba solo. Su mujer se había quedado en la capital. Normalmente habría salido a buscarlo y lo habría traído de vuelta a la casa sano y salvo… pero al pensarlo se dio cuenta que no sabía dónde ni con quien podía estar Javier. Le molestó mucho no saberlo… era su niño… ellos eran tan cercanos… que había pasado?… cómo habían llegado a estar así de distantes??. Pedro lo esperó despierto hasta que lo escuchó llegar. Estaba muy enojado y lleno de sentimientos contradictorios.

-. Javier!!!- lo llamó desde la sala a oscuras, al ver que el chico intentaba pasar rápidamente a su habitación.

Javier se detuvo un momento, sorprendido de escuchar la voz de Pedro llamándolo molesto… pero luego reanudó la marcha y siguió hacia su dormitorio sin responderle.  Pedro lo sujetó del brazo justo antes de que entrara en su cuarto.

-. Un momento… necesitamos hablar– le dijo más serio y molesto que nunca antes.

Javier no se asustó… había iniciado una etapa de rebeldía y enojo contra su padrastro que le negaba su presencia y su cariño, que no creía en su amor… que lo trataba con indiferencia… y que le dolía tanto… oh si… por Dios que dolía… No soportaba estar con él y no sentirse querido.

– Estoy cansado y tengo sueño. No quiero hablar- respondió sin mirarlo y tratando de liberar su brazo del firme agarre

– No me importa. Ven conmigo

Tiró fuerte de él arrastrándolo hasta la sala.

Aunque Javier hubiera hecho uso de toda su fuerza, jamás habría logrado comparar su fuerza con la de Pedro. Él siempre le iba a ganar. Javi había crecido y se había desarrollado pero su figura andrógina, no tenía músculos fuertes sino pura suavidad.

Pedro lo dejó sentado en uno de los sillones. Él se quedó de pie

– ¿De dónde vienes?

– Estaba en casa de unos amigos- respondió cansado y desganado

– ¿Qué amigos?… ¿cómo se llaman?… ¿Qué hacías tan tarde en su casa?

– Eso no te importa– respondió molesto…

– Javier!!!… te estás ganando un castigo… tú no eres así hijo…

Algo reventó en la mente de Javier al escucharlo llamarlo hijo y amenazarlo con castigos… quería otra cosa… se sentía tan distinto… había pasado la tarde desnudo con Ramiro y Arturo… dándose placer unos a otros… sin poder alejar de su mente a su padrastro… lo amaba con desesperación… sufría y lloraba por él cada vez que tenía un orgasmo… lo amaba tanto.. y él… estaba tan lejano…

-. No soy tu hijo!!!- gritó enceguecido deseando herirlo.

Pedro no esperaba esto de Javier. Le dolió escuchar una verdad así de grande.

-. Javier!!!

– No soy tu hijo y no te debo respuestas!!!

Su reacción fue inesperada… nunca le había pegado a Javier, no era partidario de la violencia…  sin embargo, levantó la mano dispuesto a dejarla caer sobre el chico pero al mirar sus ojos, muy abiertos, se detuvo… asustado de lo que iba a hacer.

-. Hijo…- murmuró asustado de si mismo bajando la mano y escondiéndola

Pero Javier se había puesto de pie y lo miraba a los ojos dispuesto a atacarlo

-. Ya que tanto quieres saberlo te voy a decir.  Estuve teniendo sexo toda la tarde!!! – le gritó descontrolado, poniendo en sus palabras todo el odio y el amor que bullía en su corazón – ahora quiero dormir – hizo el intento de largarse pero de un solo manotazo Pedro volvió a sentarlo.

Nunca había sentido tanta rabia antes… ¿era cierto lo que le estaba gritando Javier?… ¿Con quién demonios había estado?… suspiro para tranquilizarse… se asustó de sí mismo, había sentido tanta rabia que por un momento pensó en golpear a Javier… a su adorado Javier… Dios!! ¿Qué le estaba pasando??

-. Lo siento… nunca sería capaz de golpearte– se disculpó primero.

Ese acto fue suficiente para tranquilizarlos a ambos. Ahora Javier se sentía muy mal de haberse dejado  llevar por la rabia y haberle dicho todas las idioteces que había dicho

– Lo siento…- murmuró despacio

– Javi… ¿es cierto?… lo del sexo

Javier se mordió los labios y cerró fuerte los ojos… no podía… simplemente no podía hablar de esto con él… con cualquier otra persona, pero no con él.

-. Discúlpame… en verdad estoy cansado y quiero dormir

Pero Pedro no lo dejó moverse

-. Quiero respuestas Javier

– No tengo nada más que decirte… ya te dije todo

-. ¿Con quién estuviste?- tenía miedo de preguntar pero era peor no saberlo… creía tener la seguridad de que el nombre que iba a escuchar era de hombre

– No tiene importancia– contestó cansado

– Si la tiene. Dime su nombre!!!

Estaba perdiendo la paciencia… Javi tenía 14 años y era su responsabilidad… Quería a ese niño con toda su alma y no lo iba a dejar perderse

– No es un nombre…- empezó a reír… demasiado aturdido y emocionalmente exhausto… lo que en realidad quería era llorar… pero seguía riendo- son dos nombres…

– No sabes lo que estás diciendo ni haciendo – Pedro retrocedió y tembló al escucharlo… tembló porque le creyó

– Si sé… y son dos chicos…- seguía riendo pero había comenzado a llorar…

Pedro movía la cabeza negando…

– No tienes permiso para verlos nunca más. Estás castigado y tus salidas controladas!!! No quiero que los vuelvas a ver ni a hablar, me estas escuchando!!!- le estaba gritando… de solo imaginar a Javier teniendo sexo con dos chicos… algo rugía dentro de él y sintió que podía cometer una locura

Se alteraron ambos… mirándose y desafiándose

– Yo veré a quien quiera!!!

– No te dejo… te voy a tener controlado y castigado Javier!!!- se miraban muy de cerca

-. Claro… no comes ni dejas comer…- respondió muy lento y siseando

-. ¿Qué estas di…

Se calló al comprender lo que Javier le estaba diciendo… El chico se puso de pie y se fue a su habitación cerrando de un fuerte portazo.

Pedro quedó solo en la sala… completamente solo… En verdad siempre se había sentido acompañado por Javier… bastaba con que estuvieran los dos en la misma casa, aunque estuvieran en cuartos separados o haciendo cosas distintas, igual sentía su compañía, pero ahora…    Se llevó ambas manos a la cara… necesitaba frotársela para despejar las imágenes de Javi y esos chicos que se formaban en su mente… no… no era posible que su niño estuviera haciendo eso… con dos chicos.. no.. no.. NO!!!  No podía ser… era un niño, tan chico… comenzó a dolerle la cabeza. Cerró los ojos y borró las imágenes de su imaginación.  De acuerdo… eran chicos y no chicas… tendría que aprender a lidiar con eso… Javier era homosexual entonces… se había decidido por los chicos?… ¿cuándo había pasado eso?… ¿por qué él no lo sabía?   respiró tranquilizándose…  necesitaba pensar, concentrarse… estaba demasiado alterado…

Javier siempre lo supo… siempre lo tuvo claro…

Era él quien no había querido creerle, pero ahora se daba cuenta que Javier desde un principio había tenido claro que le gustaban los chicos… se lo había dicho y él no había sabido responderle… le había fallado… sintió el aguijonazo de la culpa… le había fallado en algo tan importante como eso… y…  ¿Qué diablos era eso de no comer ni dejar comer?… acaso… acaso seguía pensando en él… de esa misma manera?… se puso de pie de un salto y empezó a dar vueltas en la sala… aquel beso y esa confesión… había sido hacia un año atrás… no la había olvidado… de hecho la recordaba más de lo que creía conveniente… sobre todo cuando veía a Javi volverse más bonito cada día… ahora que su pelo estaba más largo y sus ojos más azules… que había crecido y desarrollado esas facciones tan suaves… lo echaba de menos cuando lo sentía alejarse de él…  cerrar la puerta y dejarlo fuera de su vida…  lo extrañaba…  seguía siendo el más importante en su vida y lo extrañaba mucho.

Javier cerró la puerta de un golpe seco… necesitaba ducharse y dormir pero estaba tan alterado… conversar así con Pedro solo conseguía alterarlo mucho… Enojado, se metió a la ducha y se lavó exhaustivamente… cepilló sus dientes, se puso el short con el cual dormía y volvió a su cuarto.  Se sentó sobre su cama… ¿cómo había podido decirle eso?… gritarle que no era su papá cuando en realidad era la persona más importante en su vida… lo había herido… era un mal nacido y un desgraciado…  Pedro le había dado todo su tiempo y su cariño, significaba todo para él y le estaba pagando de esta manera… empezó a llorar despacio y para cuando se dio cuenta eran sollozos a gritos los que escapaban de su garganta… todos los sentimientos contenidos de los últimos meses

Pedro escuchó el llanto cuando iba en aumento… se quedó inmóvil escuchando… queriendo correr a consolarlo y a abrazarlo como cuando era un niño y todo era tan fácil… Javi seguía llorando con tanta pena y dolor… no podía dejarlo solo… tenía que verlo… consolarlo… lo necesitaba.

Abrió la puerta del cuarto totalmente y lo quedó mirando de pie en el umbral… a pesar del fuerte portazo Javier había olvidado pasar el cerrojo… estaba a oscuras… a Javier le gustaba llorar a oscuras… como estaba sobre la cama, mirando hacia la puerta, lo vio de inmediato pero no dejó de llorar… no podía calmarse tan rápido.

Decidido, Pedro entró hasta sentarse en la cama a su lado… Dios!!… Javier estaba casi desnudo… tenía un pequeño short que apenas lo cubría… y… dolía el pecho de ver lo bonito que era… lo recorrió entero con la vista… no sabía lo que estaba haciendo… Estiró sus brazos y lo acogió en un abrazo como esos que se daban antes…

-. Javi.. Javi.. lo siento… lo siento…- al tenerlo de nuevo en sus brazos se dio cuenta de lo mucho que lo había extrañado

Javier creyó que el mundo había perdido su rumbo… de pronto se encontró envuelto en los brazos de Pedro y respirando ese embriagador aroma a él… el olor de su amado que tanto había echado de menos…  a través de la camisa de Pedro podía sentir en su piel el calor de la otra piel… lo abrazó y de a poco se fue calmando y dejando el llanto… esta era otro tipo de locura… la de abrazarlo y sentirlo, la de olerlo y desearlo…

-. No, Yo lo siento… perdóname… no quise decir todo lo que dije… no era en serio…

La mano de Pedro pasaba por su pelo y la otra lo sujetaba de la espalda desnuda

-. Lo sé Javi… lo sé… no te disculpes

Se volvían a apretar el uno contra el otro… disolviendo lentamente el alejamiento de los meses anteriores… recuperando algo valioso… Pedro lo sostenía contra su cuerpo con calor y ternura… de una manera diferente… había algo claramente diferente…  Javier no supo cómo ni  en qué minuto su boca buscó la de Pedro… fue un acto instintivo que no pudo controlar… solo fue consciente de que estaba besándolo de nuevo… recordaba claramente la suavidad de su boca y el sabor que lo había acompañado y atormentado desde hacía un año…

Pedro se dio cuenta antes de que lo hiciera. Supo que Javier iba a besarlo… y no se movió… Más bien se asombró de sí mismo. Se quedó tranquilo esperando sentir los labios de Javier sobre los suyos… Cuando los tuvo, una ola de alivio lo envolvió… respondió muy lentamente besándolo de vuelta de la misma manera en que Javier lo besaba… las manos sujetaban la cabeza del otro y se movían buscando el mejor ángulo… ninguno de los dos sabía los que estaban haciendo… habían perdido la razón y la locura se había apoderado de ellos… pero se sentía tan bien…

-. Pedro… – jadeo Javier, sorprendido… encantado y temiendo que todo terminara en un rechazo nuevamente

Apenas podía respirar… quería mirarlo, ver sus ojos, saber que en verdad había respondido a su beso… lo había sentido responder… Dios!!. Iba a morir ahí mismo sobre la cama… con él tan cerca suyo…

Pedro se separó despacio… parecía en trance… Quitó a duras penas sus manos de Javier… le estaba costando separarse de esa piel…  respiraba agitado y sentía algo extraño darle vueltas en el cuerpo… deseo? Angustia?… lo había besado… había besado a Javi… y le había gustado hacerlo.  Puso sus dos manos frente a él para mantener a Javier a raya… esto era demasiado

– Javi… yo… no sé… qué…-

– NO.. shhhh .. shhhhh- lo hizo callar decidido, quitando de un solo golpe las manos frente a él que le impedían acercarse y buscándole la boca de nuevo… había esperado casi toda su vida para esto y ahora que estaba sucediendo no lo iba a dejar pasar… Sabía que hoy era distinto.. algo había cambiado.

Pedro se mantuvo tranquilo el primer instante. Su lado racional intentó mantener la tranquilidad y separarse de Javi con suavidad…pero luego… los duces labios.. los ojitos ansiosos y el cuerpo cálido pudieron más… Volvieron a besarse como antes… un poco más tranquilos o tal vez más desesperados… ambos conscientes de lo que estaban haciendo.     Pedro sentía un dolor hondo en el pecho… estaba convirtiéndose en un monstruo… estaba besando a su propio hijo… su boca húmeda sabía tan bien… ¿era este el precio a pagar por seguir siendo cercanos?..  lo pagaría… aunque le doliera por el resto de su vida se dio cuenta que estaba dispuesto a hacerlo.

– Me besaste- dijo Javier mirándolo tan cerca y directo a sus ojos

– Si- respondió vencido… avergonzado, desviando la vista

Javier sonrió,  casi riendo…. Pasó su mano por la mejilla del hombre… se sentía explotar de felicidad… dejó un pequeño beso en la mejilla… luego otro y otro y otro… su mejilla rozaba la de Pedro… sus manos se atrevieron a levantarse y  tocarlo tímidamente, aún sin atreverse a abrazarlo definitivamente… estaba tentando a su suerte… Pedro no estaba huyendo… Quería irse con calma…pero no tenía la edad suficiente para usar el control… aún así, Javier tuvo miedo de darse de bruces contra la pared… estaba sucediendo y era demasiado bueno para ser verdad…  tenía temor… ¿se iba a terminar en cualquier momento?… ¿Pedro iba a volver a decirle que era un tonto adolescente confundido?… siguió besando muy suavemente… acercándose con cuidado…

Supo que había ganado cuando la frente de Pedro se dejo caer despacio sobre la suya, soltó la respiración que había estado manteniendo en sus pulmones y las dos manos de su padrastro lo sujetaron de la cintura posesivamente haciéndole sentir tan pequeño y feliz

– No sé que estoy haciendo Javi… no sé qué te estoy haciendo– se apoyó en él… totalmente derrotado

– Feliz… me estás haciendo feliz-

Volvieron a besarse… ya sin temor de la boca o reacciones del otro…  ambos sabían, ambos accedían y querían… se estaban probando por primera vez con calma…  sintiendo el sabor del otro.  Pedro fue el primero en romper el contacto de sus bocas. Lo hizo despacio, tranquilo… sosteniendo a Javier de los hombros… lo miró a los ojos… no sabía que decir… era tan extraño lo que estaba pasando

– No volveré a verlos- dijo Javier apresurado refiriéndose a los dos chicos

Pedro lo atrajo a su cuerpo y lo abrazó… agradecido. No quería que volviera a verlos nunca más… no quería que nadie tocara a Javier… era suyo, solo suyo…

– Gracias, Javi

– ¿Ya te vas?

Quería sujetarlo y retenerlo… mantenerlo a su lado… tenía miedo de que no volviera a repetirse lo que había pasado recién. Pedro asintió moviendo la cabeza… estaba muy confundido… necesitaba estar a solas

– Buenas noches Javi- murmuro en su oído, aun manteniéndolo abrazado.

– Buenas noches… Pedro- era extraño llamarlo por su nombre después de tantos años de llamarlo de otra manera.  Se levantó para salir de la pieza… Cuando Pedro iba a medio camino en la habitación Javier sintió temor… algo le decía que no lo dejara irse…

Cuando Pedro iba a medio camino en la habitación Javier sintió temor… algo le decía que no lo dejara irse…

– Pedro!!..- saltó de la cama y se detuvo frente a él, colgándose de su cuello y aferrándose a él con todo su cuerpo

– Si?

– Tengo miedo

– Miedo? De qué?… de mi?- preguntó sintiendo que la culpa se apoderaba de él…  -yo.. no voy a hacerte nada – añadió para calmarlo

-. No es eso – Javier negó con la cabeza…. su brazos se movieron solos, sujetándolo… cruzándose en su espalda y abrazándolo.

– Tengo miedo de que mañana vuelva a ser como antes

Pedro suspiró… no sabía… honestamente no sabía que podía hacer o decir… que sucedería mañana… es que… había perdido el control y… ahora..

– Quédate conmigo… por favor

– Javi… yo… no…

– No quiero nada… solo quédate conmigo… duerme conmigo, nada más… por favor

Estaba mal… estaba todo mal pero dio media vuelta y volvió hasta la cama de Javier… se quedaron tirados encima de la cama, abrazados… Javier se apoyó sobre su pecho y al poco rato se durmió agotado de todas las emociones vividas en el día, envuelto en el olor que más le gustaba en el mundo. Pedro lo mantuvo abrazado… sabía que estaba mal… no podía dejarse arrastrar en este juego… tenía claro cuál era su rol… pero se sentía tan bien tener a Javier durmiendo sobre su pecho… lo había echado tanto de menos durante el último tiempo…

Cerró los ojos con una sensación de dolor en el pecho. No iba a pensarlo más por esa noche.

Tomó un cobertor y lo puso sobre ellos… en la intimidad que eso les brindaba se acomodó para dormir… acarició a Javier mirándolo como si fuera primera vez que lo veía.. analizando cada detalle de su rostro,,, era tan lindo… su boca sabía mejor que cualquier cosa que hubiera probado… sus ojos, su sonrisa… su alegría… su cuerpo… se sentía pleno y completo teniendo a Javier entre sus brazos… entonces lo supo… supo que no iba a detenerse, que le gustaba demasiado este niño que reposaba confiado sobre su pecho. Un par de lágrimas escaparon de sus ojos al darse cuenta de la realidad… se sentía demasiado a gusto con él pegado a su cuerpo y compartiendo esta intimidad. Lo apretó un poco mas fuerte mientras lloraba al darse cuenta de su terrible realidad.

Amanecieron juntos. Se arreglaron por separado. Todo fue casi como una mañana normal, excepto el suave roce de los dedos de Javier sobre su antebrazo mientras tomaban desayuno, tranquilo… posesivo, como si Javier quisiera reforzar que existía algo entre ellos y dejarle una huella para que no lo olvidara durante el día…  Tenía el chico una sonrisa de suprema alegría cuando pasó por su lado y lo besó en la boca  al despedirse para salir de la casa

– No puedo besarte en la calle- le dijo por toda explicación, sin una gota de vergüenza o arrepentimiento. Frente al colegio se bajó del vehículo como todos los días. Nada había cambiado… excepto lo que sentían y como se habían besado horas atrás.   Lo vio alejarse… un niño más, uno cualquiera de entre todos los estudiantes que acudían a clases…

Pedro estuvo todo el día distraído en el trabajo. Sus pensamientos volvían a Javier una y otra vez. El sentimiento de culpabilidad no lo dejaba mirar su propia imagen en un espejo, pero cuando llegó la hora en que Javier salía del colegio ni siquiera se planteó la posibilidad de no hacerlo… terminó su consulta temprano…  estaba completamente ansioso por verlo. El día le había parecido eterno sin él… recordaba su rostro tan alegre, sus movimientos suaves, los besos, el roce… estaba loco, lo sabía… iba a terminar en la cárcel, o muerto a manos de Sofía o quizás en donde… pero no podía dejar de pensar en Javier y de desear estar con él.  Se estacionó afuera del colegio a esperarlo.

El día para Javier era uno de los mejores de su vida… no tuvo idea que materias pasaron en clases ni de que habló el profesor… apenas comió… solo suspiraba, dibujaba en su cuaderno y quería que las horas pasaran rápidas… su mirada se perdía en las nubes que surcaban el cielo a través de la ventana del colegio… quería volver a ver a Pedro… se pellizcaba los brazos fuerte y se mordía los labios por dentro a ratos, cuando su nivel de felicidad subía de tal manera que estaba a punto de desbordarse a llorar o de pararse en medio de la clase y comenzar a chillar de alegría… Nunca… jamás se le había ocurrido que pudiera sentirse así de bien.

Ramiro y Arturo lo ubicaron en uno de los recreos. Tenían planes para ellos en la tarde y querían incluirlo. Javier les agradeció pero rechazó el ofrecimiento. No les dijo que ya se había acabado su relación con ellos… se los diría de a poco. Ahora tenía todo lo que lo hacía feliz en su propia casa.

El timbre que indicaba el término de clases sonó. Javier tenía sus cosas listas desde hacía mucho rato. Las tomó y salió corriendo para dirigirse a su casa.     Se paró en seco al ver el vehículo de Pedro estacionado afuera… esperándolo… más aun cuando lo vio bajarse del vehículo con una sonrisa…  sintió que se quedaba pegado al piso… que sus huesos eran de lana y se derretía completamente… quiso llorar y gritar… cientos de otros chicos pasaban por su lado mientras él trataba de poner su cuerpo en funcionamiento. Algo tan grande burbujeaba dentro de él al comprobar que no solo él sentía… Pedro estaba esperándolo… había venido por él y estaba mirándolo. Caminó despacio porque apenas podía hacerlo. Pedro tenía ambas manos apoyadas sobre el techo del vehículo y su rostro sobre ellas… lo miraba con una cálida sonrisa… quiso llorar de la pura emoción.

– Hola Javi…- sonreía… si Pedro sonreía todo estaba bien…

– Hola- no sabía que más decirle… quería gritarle que lo amaba, que era feliz, colgarse de su cuello y fundirse con él… llorar callado en su hombro embriagado de él. Se subieron callados, no se miraban pero sabían. Sonreían sin mirarse.

– ¿Cómo te fue? – Preguntó Pedro

– Pensé en ti todo el día – respondió aún mirando por la ventana. De pronto la mano de Pedro envolvía la suya que estaba apoyada en el asiento…

– Yo también

 Javier sintió que se elevaba del asiento… algo tan grande e inmenso que no le cabía en su cuerpo… tanto había soñado, tanto había deseado… ¿Entendía Pedro lo que esto significaba para él?… ¿Le creería si le contaba lo que sentía?

Se bajaron y entraron a la casa como todos los días.  Sofía siempre llegaba más tarde que ellos, tenían al menos un par de horas para estar solos. Tras la puerta cerrada se habían quedado mirando sin saber claramente que hacer… Pedro temeroso de volver a tocarlo aunque quería hacerlo… la culpa y las dudas aun dando vueltas… fue Javier el que se acercó y se tiró a sus brazos como cuando era niño… pero lo besó como grande.  Pedro no sabía porque reía con él entre sus brazos y en su boca… pero se sentía feliz… a pesar de la enorme culpa, se sentía feliz.

– No fue un sueño…- Javier se había preguntado varias veces si lo había soñado

– No Javi… es real, muy real

Lo besaba disfrutando de su sabor, intentando que sus besos fueran suaves y controlados pero costaba mucho cuando Javier se entregaba por entero y ponía toda su pasión.

Cuando Sofía llegó del trabajo, un par de horas después, los encontró sentados en el sofá de la sala. Pedro miraba televisión y Javier dormía en sus piernas. Sonrió tranquila… la calma había vuelto a su hogar, su hijo y su marido parecían llevarse tan bien como antes.

Siguieron besándose y abrazándose a escondidas durante al menos dos meses. Dormían en la misma cama, sin tocarse, más que besos y abrazos, cada vez que Sofía estaba fuera y buscaban cada momento del día para sonreírse y sentirse a gusto estando juntos.  Pedro fue, de a poco,  dejando de lado la enorme culpa y cambiándola por un sentimiento más tranquilo… la sonrisa que iluminaba la cara de Javier cuando estaban juntos era suficiente para disculparlo y liberarlo de cualquier grado de culpa que sintiera que tenía… era el adulto, era quien debía poner razón y lógica… pero no podía  ni quería alejarse de él nuevamente.  No sabía que nombre tenía esto que hacía y que sentía, solo tenía claro que no quería detenerse… Javier en su boca y pegado a su cuerpo era una droga, una adicción… lo más fuerte que había sentido jamás.

A veces, cuando se besaban y se acariciaban, se apasionaban de tal manera que el roce de sus cuerpos se volvía inevitable…  Javier intentaba traspasar la barrera de su ropa pero el límite de Pedro llegaba hasta ese punto… el adulto en el reaccionaba de inmediato…  le sujetaba las manos y lo tranquilizaba… lo entendía… el también sentía, no era de fierro y se excitaba de la misma manera… sentía la sangre circular rápida y caliente por sus venas… el deseo de tocar la piel y de explorar el cuerpo delgado y suave de Javier… pero la culpabilidad era aun demasiado grande… tocar a Javier era algo que aún no podía hacer… ni tampoco dejarse tocar por él. Lo había pensado mucho… su lógica le indicaba que era tan malo besarse con él como hacer cualquier otra cosa… pero… ¿cómo podía ser tan malo si se sentía tan bien besarlo?… su mente ansiaba dejarse llevar solo por lo que sentía, dejar la lógica y las razones… más no podía.

Cada día que pasaba se perdía un poco más dentro de esta espiral de sensaciones que lo alegraban, lo hacían sentirse vivo… y lo preocupaban, a ratos se sentía frustrado y mal genio, pero se controlaba rápidamente para no ocasionarle más problemas a Javier… sabía perfectamente lo que el chico quería de él y trataba por todos los medios de mantener la situación bajo control.

El buen clima terminó y dio paso al frío invierno. Sofía tenía clases en la universidad solo un par de veces a la semana pero terminaba tan tarde que se quedaba a dormir en la ciudad y regresaba temprano al día siguiente directo a su trabajo.

Javier estaba casi en paz con la vida… tenía a su lado al hombre que significaba todo para él… cada vez que pensaba en Pedro una sonrisa enamorada aparecía en su rostro… esa seguridad y tranquilidad le permitían funcionar de mejor manera en el colegio y en todas sus otras actividades, el apoyo  y el cariño de Pedro eran un aliciente para él. Se esforzaba más para estudiar y para rendir en todo. Seguían haciendo las mismas actividades que antes y las disfrutaban por  igual, ahora más cercanos y con mucha complicidad… A veces pasaban horas estudiando juntos y las notas de Javier eran las mejores del curso… Pedro tenía paciencia infinita para el chico aunque Javier aprendía rápido. Habían aprendido a disimular sus miradas y deseos frente al resto de la gente, pero cuando estaban a solas se buscaban y necesitaban tocarse… se sentían bien estando unidos, la complicidad que tenía sobrepasaba las palabras… bastaban sus miradas y sus gestos para entenderse.

Javier se aproximaba rápidamente a cumplir 15 años. Su sangre joven y caliente se excitaba con mucha rapidez cuando estaba con Pedro. No había vuelto a tener sexo desde que se alejara de Ramiro y Arturo y de eso hacía ya un buen par de meses.  No quería volver con ellos, no había sentimientos por ellos. Echaba de menos el sexo pero no quería que fuera con ninguna otra persona, nunca más. Ahora sabía que lo quería con Pedro. Intentaba controlarse cuando estaban a solas en el sofá, cuando dormían juntos y sus cuerpos estaban tan cerca… tan íntimos, quería llegar más lejos con Pedro…  cada vez le resultaba más difícil… se excitaba de solo pensar en él… el más mínimo roce del hombre sobre su cuerpo era suficiente para que su sexo se volviera vivo y le recordara dolorosamente que no podía tenerlo porque Pedro mismo lo frenaba… cuando se besaban y abrazaban… se calentaba rápidamente al sentir su cuerpo de hombre, firme y duro, tan cerca… sabía que Pedro se excitaba también… podía sentir el bulto que se formaba en su entrepierna cuando estaban mucho rato juntos… en un par de ocasiones había intentado tocarlo pero Pedro no lo dejaba… sus manos lo sujetaban y su mirada lo detenía totalmente.

– No Javier…

– Pero quiero tocarte… 

Desde su perspectiva, no encontraba una razón lógica para el rechazo de Pedro… lo quería, quería pertenecerle en todos los sentidos y entregarle su cuerpo le parecía una manera muy lógica de demostrarle su amor… quería que Pedro lo poseyera, anhelaba el placer y el dolor, el consuelo y las palabras de amor… quería ser suyo.

Pedro se confundía… se sentía horrible y delicioso a la vez… desear a Javier… era un pecado terrible, dolía en el alma pero cada vez lo sentía con más fuerza… cada vez con más confianza se atrevía a buscarlo, a besarlo y a tocarlo… el sentimiento del deseo carnal asomaba con garras mordiéndole la consciencia. Había dejado atrás gran parte de la culpa y el dolor de querer estar con él… ahora solo disfrutaba de lo que tenían… se cuestionaba mucho el tema del sexo… no era idiota… se daba cuenta de la ansiedad de Javi… y de sus propias ganas de él… era médico, sabía que se hacía y como se hacía… tenía toda la teoría clara y lo que le faltaba de información la había buscado… entendía todo… solo que no podía aun tocar a Javier de otra manera sin sentirse sucio, depravado… sentía que le haría daño… no podía negar que lo deseaba… cuando se apasionaban sentía la excitación recorrerlo entero, el cuerpo tan lindo y suave de Javier, la dulce curva de su cintura… las nalgas redondeadas… su voz en su oído diciéndole lo mucho que lo amaba… queriendo entregarse a él, retorciéndose contra el suyo y haciéndole subir la temperatura… las ganas … ponía freno y control… se alejaba y lo apartaba… pero el precioso chico quedaba revoloteando en su mente todo el día… a veces lo volvía mal genio y se descargaba con quienes no tenían nada que ver…  siempre lo recordaba cuando tocaba a su mujer… cuando hacía el amor con ella  y quedaba frustrado y enojado… cuando tenía un momento de tranquilidad en su consulta y lo recordaba…  sentía su sangre calentarse y su corazón latir un poco más rápido… cuando despertaba excitado en las mañanas al dormir juntos y se paraba rápidamente para dirigirse a la ducha… ¿poseer a Javier?… quizás… algún día podría ser… tendría que crecer y pensarlo y conversarlo… no se negaba a la idea pero definitivamente no era algo que tuviera pensado hacer ahora mismo ni a corto plazo.

Javier tenía otros planes…

 

Capítulo 1

0

Pedro apareció en la vida de su madre justo después de la tragedia que se llevó a un ser querido e importante para ellos; a pesar de todas las cosas difíciles que le había tocado vivir, Sofía llevaba una vida tranquila y relativamente normal… lo había dado a luz cuando tenía solamente 15 años y unos cuantos meses. Sus padres se habían encargado de hacerle pagar con creces la vergüenza de ser madre soltera y de no decir jamás quien había sido el irresponsable que la dejó embarazada. Desesperaron… era una niña, se había arruinado la vida, su reputación y de paso, había enlodado para siempre el nombre de la familia… ¿que iba a hacer ahora sin un padre para el niño ni nadie que le ayudara en su mantención y crianza?…     Era una familia decente y respetable… se sintieron traicionados por esta hija que no estaba dispuesta a abortar… los dos hermanos mayores también le volvieron la espalda haciéndola sentir peor de lo que ya estaba… en su colegio católico dejaron de hablarle y de juntarse con ella; los padres de sus amigas se lo habían prohibido y los chicos la miraban como si fuera una puta. Lo único bueno que hicieron sus padres fue sacarla de colegio… ya verían, después que naciera ese niño, que sería de su vida. Sofía quedo en casi completa soledad con la excepción del bebé que crecía en su vientre.

Sin embargo, fue su tía Mercedes, viuda y sin hijos, quien la rescató y se la llevó a vivir con ella para alegría  y tranquilidad de todos. Se quedaría lejos hasta que naciera el niño y luego entonces decidirían que hacer. Mercedes era la hermana lejana de su padre con quien tenía una fría relación y vivía en un pueblo pequeño del interior donde estaría lejos del escándalo y las miradas de sus amistades.

Cuando Sofía tuvo al pequeño Javier en sus brazos olvidó todo inmediatamente… el dolor del parto, los desprecios y privaciones que había sufrido durante su solitario embarazo, la falta de cariño y la separación de su familia… solo ese pequeño ser, nacido de su vientre, era capaz de devolverle la vida y la luminosidad… todo estaba bien.

Mercedes y ella se encariñaron mucho… la tía viuda tenía un buen vivir gracias a su difunto marido y a un cariñoso círculo de amistades, viajaba mucho y defendía su independencia de manera ciega, pero su única sobrina era su debilidad. Aprendió a quererla y compartir sus espacios con ella y el niño, quien le robó el corazón para siempre a los tres minutos de haber nacido. Se prendó de ese ser tan indefenso y hermoso que ella nunca había  podido engendrar.  Le rogó a Sofía que no se fuera, ella se encargaría de todo de ahora en adelante.

Sofía también se encariñó con la mujer,  tanto, que cuando sus padres vinieron a buscarla, ella no quiso volver; gritaron aún más que antes al ver que perdían a su única hija… vieron a la pequeña criatura y sintieron que se habían equivocado…  pero lo que Sofía había perdido en inocencia y dulzura lo había ganado en firmeza y carácter; se quedaría con su tía, terminaría el colegio y su hijo Javier viviría con ellas.  Los padres y hermanos volvieron derrotados a casa… la relación se había quebrado para siempre.

Ella y pequeño Javier se quedaron con su tía por los siguientes 8 años hasta que un terremoto enorme, en el medio de la noche, derribó una pared de la antigua casa que cayó sobre Mercedes, aplastándola y llevándose la vida y la tranquilidad de todos.

Sofía y su hijo Javier quedaban solos. Ni siquiera en medio de la terrible confusión que siguió durante los días posteriores al terremoto, se le ocurrió a Sofía buscar a sus padres… el lazo se había roto hacía demasiado tiempo y no tenía interés en repararlo. Lloró por su tía querida y la enterraron en una ceremonia rápida junto a decenas de otras personas que habían corrido la misma suerte.  Se quedaron en la casa semi derrumbada, con los vecinos y amigos que había conocido y atesorado a lo largo de estos 8 años en que terminó el colegio, se tituló de secretaria y trabajaba para la única clínica médica del pueblo.

Pedro vivía en la capital. Era hijo de una familia modesta, de carácter tranquilo y reservado; enemigo de las tomateras y el bochinche que sus compañeros organizaban cada fin de semana y de las chicas ruidosas y coquetas. Prefería gastar su tiempo en los deportes, en particular el basketball que lo apasionaba, pasaba muchas horas practicando con el equipo de la universidad. Gracias a ello tenía una espléndida contextura física que disimulaba tras sus ropas comunes y poco asentadoras. Era alto y atractivo, de una manera pausada y observadora; no impactaba a primera vista dado su personalidad tan tranquila, pero al poco de conocerlo, las personas lo descubrían y quedaban prendadas de él y solo entonces tomaban nota de la dulzura y profundidad de sus ojos, de la hermosa forma de su rostro, con una mandíbula perfecta y su encantadora sonrisa algo tímida.  Su pelo era castaño oscuro, generalmente desordenado y sin mucho corte definido.

Para Pedro, su aspecto no era muy importante, pero si lo eran sus estudios, su carrera, los deportes y  la lectura.  Se había recibido de Médico hacía solo unas cuantas semanas y esperaba su nombramiento en cualquier momento; la urgencia del terremoto precipitó su partida. Estaba disponible para ir hacia donde lo necesitaran. El Centro de Asistencia Médica Nacional lo despachó hacia la misma clínica, en el pueblo donde vivían Sofía y Javier.

La conoció el mismo día de su llegada; en medio de la confusión y el caos reinante en la clínica, donde muchas personas lloraban y suplicaban por atención para sus seres queridos, heridos en la catástrofe.  Sofía sacó un espíritu que no sabía que tenía y de pié sobre su mesón de atención, en medio de todas estas personas, puso su metro 65 centímetros de estatura a trabajar; a grito limpio ordenó una fila, repartió números por prioridad y puso a doctores y pacientes en contacto de forma eficiente y rápida, ganándose el respeto de todos.

No fue hasta muchos días después que Pedro se enteró que la hermosa y joven mujer que manejaba todo el caos con tanta eficiencia y agilidad era la secretaria y no la gerente ni la administradora… La miró de manera diferente, gratamente sorprendido.  Solo entonces, cuando la calma comenzaba lentamente a volver al corazón de todos, tuvo el tiempo suficiente para admirarla, cortejarla y enamorarla. Se deslumbró con esta maravillosa mujer y su historia de esfuerzo y coraje; se encantó con el pequeño Javier y en su corazón de hombre noble, sintió el deseo de protegerlos al saber que estaban solos en el mundo, tal como lo estaba él en ese lugar. Se casarón muy rápido y así fue como llegó un hombre a la vida de Javier por primera vez en su vida.

Arreglaron con calma la casa que Sofía había heredado de Mercedes, junto a todo el resto de sus bienes y siguieron su vida como familia en el mismo pueblo.

Javier estudiaba en el mejor colegio del pueblo. Era un chico taciturno y observador, buen estudiante pero tenía pocos amigos. No era muy dado a conversar ni a compartir sus pensamientos e ideas con  sus compañeros. Siempre llamaba la atención de los demás estudiantes por la hermosura de su rostro; tenía unos llamativos ojos celestes turquesa que contrastaban con su piel clara y su pelo oscuro, su cuerpo de 8 años era pequeño y bien formado; las niñas de su edad lo buscaban para intentar ser sus amigas y las niñas un poco mayores lo buscaban para mirarlo, coquetearle y sonreír como tontas.

Nada de eso le interesaba… él vivía en su propio mundo y allí solo había una persona con la que se entendía perfectamente, más allá de las palabras y los gestos; su padrastro para el resto del mundo pero su querido Pedro para él.

Desde que Pedro entrara a formar parte de su pequeño círculo, la vida de Javier tuvo un cambio espectacular; Pedro siempre encontraba el tiempo para jugar con él a la pelota, a los soldados, a los juegos de video, enseñarle basketball y levantarlo para que alcanzara a encestar la pelota… tiempo para enseñarle los deportes que tanto le gustaban, conversaba con él y le ponía atención cuando hablaba, a pesar de tener tan corta edad. Desde que lo conociera, Javier sintió que él era alguien importante para Pedro.

Sofía miraba con dulzura la hermosa relación de profundo afecto que se desarrollaba entre su hijo y su marido, dándose más que por satisfecha con la vida. Ahora que tenía un cargo de mayor importancia, trabajaba más horas en la clínica y estaba pensando seriamente en tomar un curso de administración en la universidad de la capital para escalar aún más alto. Pedro apoyaba sus sueños y se ofrecía para hacerse cargo de todo lo que hiciera falta.

Cuando Javier cumplió 11 años había cambiado poco físicamente… solo había estirado varios centímetros y adquirido un poco más de cuerpo, pero seguía pareciendo un niño menor…  la persona más importante y cercana a él era Pedro, compartían todo y su relación era mucho mejor que la que tenía con su madre o cualquiera de sus amigos… pero ni aún así se atrevió a confesarle algo que había descubierto hacia muy poco tiempo… se sentía atraído por los chicos y estaba asustado… las niñas representaban más que nada un dolor de cabeza y un problema, siempre ruidosas y habladoras, siempre queriendo acercarse a él e invitarlo y ser sus amigas… insistían en hablarle y perseguirlo cuando todo lo que él quería era que lo dejaran tranquilo, no lo obligaran a asistir a sus estúpidas celebraciones de cumpleaños y dejaran de pelearse por compartir su tiempo durante el recreo. No había nada en el colegio, aparte de lo que iba a aprender durante las horas de clase, que le llamara la atención. Su vida feliz comenzaba justo a la hora en que terminaba el colegio y veía a Pedro. Las veces más felices eran cuando, al terminar las horas de clases y salir del colegio, lo encontraba esperándolo… el corazón le saltaba como loco en el pecho y corría hasta su abrazo olvidándose que sus compañeros estaban mirando y aprovechaban para molestarlo al día siguiente… nada le importaba… solo los brazos abiertos de ese maravilloso hombre que ocupaba toda su mente y su corazón. Volvían juntos a casa. Comían algo que ellos mismos preparaban y luego Pedro le dedicaba toda su atención… había trabajado suficientes horas en la clínica y en el hospital, visto demasiado sufrimiento y enfermedades… Javier era su descanso y su paz… los ojos celestes que lo miraban con tanta dulzura y esa sonrisa especial solo para él, lo hacían olvidar todo lo malo y triste que había pasado… comían juntos, jugaban basketball en el patio, o veían televisión juntos… cuando hacía demasiado frío, tomaban la consola y ponían un juego… se reían juntos… practicaban deportes y si tenía deberes, Pedro se ofrecía a ayudarle y a estudiar con él.  Las pocas veces en que Pedro estaba agotado, se sentaba en la sala frente a la chimenea luego de comer juntos… ponía sus CDs de música clásica favorita y Javier se tendía a su lado usando sus piernas como cabecera… la mano de Pedro acariciaba el pelo del niño… Javier suspiraba agradecido… no había ningún lugar en el mundo mejor que ese mismo donde estaba en ese momento.

Javier tenía 12 años… se había dado cuenta que era diferente, aún no crecía ni se desarrollaba tanto como sus compañeros pero no le preocupaba seguir siendo así… sabía que ninguno de los otros chicos de su edad se sentaba aún sobre las piernas de su padrastro y se dejaba caer sobre su hombro de la manera en que él lo hacía… cerrando los ojos y dejando entrar el olor de Pedro por sus fosas nasales y aspirándolo como si fuera una droga… pero no pensaba dejar de hacerlo… le gustaba demasiado el contacto físico con su padrastro para siquiera pensar en cortarlo. Se guardó la información sobre lo que había descubierto de sí mismo y la culpabilidad que le provocaba… intentó no volver a pensar en ello, después de todo apenas si miraba a los otros chicos… solo tenía ojos y sentimientos para una persona en este mundo.

Aún se tomaba de su mano al salir a alguna parte y aprovechaba cada ocasión posible para abrazarlo y tocarlo… no sabía… no entendía… era innato y natural… no le importaban tampoco las razones de porque lo hacía… solo le gustaba y era importante para él… no podía dejar la mano de Pedro colgar sola cuando caminaba a su lado… la tomaba y se sentía protegido, querido y contento.

Pedro nunca cortó el cariño con él tampoco, amaba a Javier como si fuera su verdadero hijo y se alegraba mucho de que fuera un niño dulce, bueno y cariñoso, tan diferente a los mocosos de su misma edad que ya andaban en la calle haciendo tonteras. Habían hecho todo lo necesario pero Sofía no quedaba embarazada… por ahora, Javier era su hijo, su orgullo y su compañero de juegos y aventuras… la persona donde encontraba paz y tranquilidad… adoraba a Javier.

Al cumplir 13 años su cuerpo ya había comenzado a cambiar… se desarrollaba hermoso  y delicado. Javier se miraba al espejo y notaba como los cambios en él eran diferentes a los de sus compañeros… pero se sentía bien con su cuerpo y no se cuestionaba mucho lo inevitable.

En aquella época las ausencias de su madre se volvieron más constantes aún… ella cursaba el tercer año de universidad y viajaba a la capital un par de veces a la semana para estudiar todo el día fuera de la casa; a veces, no llegaba hasta el día siguiente. Pedro jamás le ponía problemas a Sofía… por eso, la noche en que Javier despertó asustado y los escucho discutir a gritos se sorprendió tanto… se quedó en silencio, se paró en la puerta de su habitación para escuchar mejor y entonces su boca se abrió y su corazón se encogió ante lo que escuchaba… entendió todo el puzle de a poco… había otro hombre… su mamá se había re-encontrado con alguien que había conocido de antes y no estaba segura de lo que sentía.

Se quedó de pie en el umbral de su dormitorio, completamente a oscuras… sintiéndose herido y traicionado por su propia madre.

De pronto vio a Pedro abandonar la habitación que compartía con ella, dar un fuerte portazo, tan impropio de su carácter, y cruzar rápido el resto de la casa para dar otro portazo al salir a la calle.

No se pudo mover… Pedro estaba marchándose… sin él… se iba… quiso correr tras él… Pedro no podía irse… no… no podía dejarlo.

Con varios segundos de retraso, corrió a la calle en pijama y descalzo… estaba oscuro y hacía mucho frío… miró a todos lados y comenzó a gritar desesperado el nombre de su amado padrastro hasta que su garganta se inflamó y la voz era solo un quejido…  nadie respondió… no había nadie en la calle a esa hora y con ese frío. Se dejó caer ahí mismo sin ser capaz de levantarse. Mucho rato después su mamá lo encontró llorando a mares en la vereda y absolutamente congelado.

Despertó en una de las piezas de la clínica en donde ambos trabajaban… Pedro y Sofía estaban cada uno a un lado de la cama. Su primera reacción instintiva fue colgarse del cuello de Pedro

– No te vayas… por favor no te vayas– pidió comenzando a llorar.  Los adultos se miraron.

– No me voy- respondió abrazándolo de la misma manera.

Pedro no se iría y ella intentaría que todo volviera a la normalidad, por el bien de su hijo.

Volvieron a ser los tres en la casa… Pedro nunca había tenido intenciones de irse, solo necesitaba un poco de espacio, lejos de Sofía, después de aquella inesperada confesión… pero algo se había roto entre la pareja… ahora había desconfianza e intranquilidad, miradas acusadoras y culpabilidad… No volvieron a ser los mismos de antes. Pedro parecía un poco más triste y más viejo que sus 29 años.

Javier sufría lo indecible al verlo así y se encerraba en su cuarto sin querer hablar con nadie, enojado con el mundo y con su madre… no abría la puerta ni respondía… ponía la música muy fuerte para no pensar ni sentir… se sentía ahogado sin poder gritar lo que sentía… había vivido el mayor miedo de su vida cuando sintió que Pedro desaparecía. Ahora vivía un poco más asustado y temeroso, sabía que todo podía cambiar en cualquier momento… buscaba a Pedro cada momento posible y se volvía muy ansioso cuando se retrasaba pero a la vez se alejaba de él cuando ya lo sabía seguro bajo el mismo techo… confundido, reprimido… frustrado, enojado.

La relación con su madre se volvió más fría y distante. Culparon a la adolescencia y los cambios típicos de la edad… pero no era así… secretamente Javier la culpaba de haberse involucrado con otro hombre y herir a Pedro… él no merecía eso… merecía solamente lo mejor y lo mejor, a sus ojos, ya no era su madre.

Los cambios en el cuerpo y la mente de Javier habían comenzado hacia un par de meses, pero la descarga emocional ocasionada por los últimos acontecimientos había acelerado el proceso… Javier había comenzado a despertar sexualmente y se sentía torpemente confundido… se tocaba y se sentía bien al hacerlo… seguía sin pensar en las chicas… pero se asustaba mucho cuando se auto gratificaba y en su mente tenía la imagen de Pedro… a pesar de todo el tiempo y la intimidad compartida, nunca, durante los 6 años que llevaban juntos, había visto a su padrastro desnudo… pero su imaginación llenaba todos los espacios faltantes.

Esa tarde Sofía no estaba en la casa sino en la capital. Pedro pasó por Javier al colegio y se dirigieron directamente al gimnasio a jugar un partido de basketball con  su equipo de amigos. Al terminar, cansados y sudorosos,  subieron al auto y se dirigieron a casa. Nada era diferente a lo que hacían normalmente. Cada uno se duchaba en el baño de su cuarto y se reunían a cenar en la cocina. Pero entonces, debido a una torpeza, Javier resbaló, rompiendo un espejo y  cortándose el antebrazo con uno de los pedazos.  Envolvió su cuerpo en una toalla y corrió de prisa hasta el dormitorio donde estaría Pedro. Escuchó el agua de la ducha correr… la sangre seguía manando de su herida… de pronto el corte perdió urgencia al imaginar a Pedro desnudo bajo el agua… una descarga fuerte de electricidad sexual lo recorrió entero como si fuera un golpe caliente directo a su bajo vientre y lo dejó temblando… agitado y respirando cansado… justo detrás de esa puerta, apenas cerrada, estaba el hombre que más le importaba en este mundo… quería verlo como diera lugar… y tenía en su brazo la excusa perfecta.

No lo pensó… tan solo actuó guiado por su más básico instinto animal.

Abrió la puerta del baño llevando su antebrazo herido sujeto con su otra mano… todo ensangrentado, como bandera de guerra y escudo de protección frente a él. Se quedó en el más absoluto silencio… sin ni siquiera respirar, mirando la figura desnuda que se veía a través del cristal trasparente de la ducha… hipnotizado… hermoso, glorioso, magnífico… eran las palabras que acudieron a su mente… sin saber porqué las lágrimas llenaron sus ojos y comenzaron a caer… la emoción y el deseo se desbordaban de su cuerpo que apenas se sostenía de pie

– Javi!!.. ¿Qué pasó?- Pedro cortó de prisa el agua de la ducha… frente a él y, a través del cristal, pudo ver a Javier llorando y sosteniendo su brazo ensangrentado. Tomó a la pasada una toalla, se envolvió apenas y aún mojado sentó al chico en una silla y comenzó a limpiar y a revisar el corte.

– ¿Cómo te lo hiciste?-

– Rompí el espejo- respondió sin pensar…

Estaba tan cerca suyo… completamente absorto en la herida de su brazo… limpiando y revisando por pequeñas astillas de vidrio… las dos manos de Pedro sujetaban su brazo… sentía el calor de las manos del hombre en su piel… podía distinguir el calor que emanaba de cada uno de sus dedos…  recorrió con sus ojos toda la piel de su torso… las líneas de los músculos de su espalda y sus brazos… a solo unos centímetros de su boca estaba el hombro desnudo de Pedro, con pequeñas gotitas de agua… Javier lloraba de deseo y miedo… Pedro intentaba tranquilizarlo diciéndole que no era tan profundo el corte… que dejara de llorar… pero no sabía… no podía entender lo que estaba pasando por la mente y el cuerpo del adolescente… la toalla cubría su erección… le resultaba imposible despegar sus ojos de esa piel… se la aprendía de memoria… incapaz de resistirse a tocarla, se acerco despacio hasta tocar con su frente el hombro del hombre… quedándose quieto, respirando agitado por la boca e intentando controlando las lágrimas y…  sus labios que deseaban sentir y besar esa piel. Nunca habían estado así antes, nunca se había sentido de esta manera… puro deseo y excitación… dolorosa y quemándolo.

– Ya está Javi… necesitas un par de puntos pero voy a… Javi?… Javier?-

Javier levantó apenas su cara para encontrarse con la de Pedro a muy corta distancia… seguía llorando incapaz de controlar la fuerte emoción que lo embargaba por completo… Pedro era lo más hermoso que había visto en su vida y estaba a punto de perder completamente el control sobre sus acciones.

El hombre lo miró intrigado sin comprender las lágrimas que seguían cayendo, la respiración agitada ni la extraña mirada de súplica y sufrimiento… Pedro ladeó levemente la cabeza… sus manos aún sostenían el brazo del adolescente

– ¿Qué pasa Javier?

 Posiblemente fue la voz tan dulce y llena de ternura y preocupación lo que terminó de romper el autocontrol de Javier. En un solo movimiento rápido y aprovechando la posición en que estaban, buscó los labios de Pedro y puso los suyos sobre ellos… sin control y con el deseo ardiendo… movió sus labios tanteando, saboreando… disfrutando la suave humedad… solo fueron breves segundos…

– Te amo…- gimió desesperado entre más lágrimas, buscando sus ojos y su perdón por lo que acababa de hacer y confesar

Pedro no fue capaz de reaccionar. Nada en este mundo lo habría sorprendido más que lo que acababa de pasar… quiso decir algo… pero apenas se acordaba de seguir respirando

– Javier…- pero el chico ya había desaparecido corriendo hacia su dormitorio y cerrando la puerta.

Por Dios!! Por Dios!! Lo había besado!!!… había sentido el calor de sus labios y el suave gusto de su boca… no sabía si llorar o reír… hacia las dos cosas al mismo tiempo… debería suicidarse y dejar de existir, había echado todo a perder… o mejor aún debería volver y besarlo nuevamente… Dios!! ¿Cómo se había atrevido a confesarle lo que sentía?…  ¿estaba loco?… posiblemente… lo había besado!! Lo había besado!!!… de pronto se quedó inmóvil en medio de su carrera y locura… ¿se habría enojado?… ¿ahora si se iba a ir al darse cuenta que él estaba loco?... no, no podía irse… eso no… ¿Qué estaría pensando?… se sentó sobre la cama… en forma automática tomó la ropa que había dejado sobre ella antes de entrar al baño y comenzó a vestirse… asustado… aterrado… pero sintiendo aún la suavidad y el gusto de los labios que había tocado… sonreía y lloraba. No sabía qué hacer ahora.

Los suaves golpes en la puerta de su dormitorio cerrado lo hicieron saltar

– Javi… abre por favor–  se quedó mudo y muy quieto. Le había hablado despacio… con la misma suavidad y ternura de siempre… pero no iba a abrir. Lo consumía la vergüenza y el miedo

– Por favor Javi… abre la puerta-

No se movió… esperó sin respirar. Pedro… al que había besado y confesado su amor estaba al otro lado de la puerta…

– Javi… por favor… tengo que poner algo en tu herida y… abre por favor

Solo entonces Javier reparó en que la sangre seguía saliendo en menor cantidad… abrir?… en algún momento tendría que volver a verlo, no?… al menos no parecía enojado… se puso de pie despacio… caminó un par de pasos hacia la puerta pero se arrepintió y volvió atrás… el corazón se la salía por la boca

– Javi… no me voy a mover de aquí hasta que me abras…

Su voz sonaba dulce y decidida.  Javier apretó fuerte los ojos y respiró profundamente tranquilizándose… era Pedro… el mismo Pedro de siempre… el que amaba con todo su ser… no tenía de que tener miedo, verdad?.  Quitó el cerrojo de la puerta con lentitud y se alejó un paso hacia atrás.

Pedro empujó despacio la puerta. Se miraron unos segundos. Pedro también se había vestido.  Javier se volvió a sentar en su cama…

-¿Puedo entrar?- preguntó aún sin moverse de la puerta. Javier asintió con la cabeza.

Pedro llegó a su lado. Tenía en su mano una caja de suturas adhesivas. Con algo de nervios y torpeza no habitual en él, tomó el brazo de Javier… sintiéndose cohibido por primera vez de tocarlo…  No sabía que decir ni que sentir… Javier era su adoración… lo mejor que había resultado de este matrimonio era su niño… este niño que lo había besado en la boca y le había dicho claramente “Te amo” hacía unos minutos atrás… su Javi… ¿no era posible que esta locura fuera solo una pesadilla?… sacó de a una las tiras adhesivas y las puso sobre la herida, juntando la piel con delicadeza. Cuando terminó soltó el brazo de Javier y se quedo quieto a su lado.

– Javi… ¿Qué fue lo que pasó?… no estoy enojado contigo- aclaró rápidamente al sentir como el chico se agitaba  – pero quiero que me expliques… por favor-

Javier se sintió desarmado frente a la ternura con que seguía tratándolo…

– Lo siento… sé que soy anormal y que esto no está bien… pero lo que dije es verdad-

– ¿Lo que dijiste? –

Se demoró en responder… miraba el suelo, sus manos… contestó sin mirarlo

– Te amo…- dijo sintiendo un peso salir flotando de sus hombros… una confesión sin miedo

– Javi… estás confundido. Sé que no tienes mis genes pero eres mi hijo… es normal que a tu edad empieces a confundir tus sentimientos… somos muy amigos, muy cercanos, pero no me amas de la manera en que crees

Pedro trataba de explicarle… él sabía todo lo relacionado con los cambios hormonales y como afectaban a muchos adolescentes… entendía que Javier se confundiera, más aún cuando había notado hacía tiempo algunas actitudes diferentes de Javier respecto de otros chicos… sus movimientos más suaves y dulces, su forma de hablar y moverse… el desarrollo de su cuerpo que era demasiado armónico y casi femenino, con suaves curvas… había pensado muchas veces en hablarlo con él, pero lo veía tan niño aún que había dejado pasar el tiempo…

Javier escuchó lo que decía y se sintió molesto… estaba quitándole importancia a sus sentimientos… que no intentara convencerlo de que lo que sentía era otra cosa porque él sabía bien

– Siempre te he amado… sé bien lo que siento- su voz fue clara y segura aunque de sus ojos aún caían lágrimas.

– No Javi… somos como padre e hijo pero no es lo que tú crees… algún día conocerás una chica y…

– No me gustan las chicas– soltó molesto

Pedro calló. Estaba confirmando lo que venía sospechando desde hacia tiempo

– Javier, solo tienes 13 años… aún tienes mucho tiempo para decidir. No te apresures a creer una cosa u otra. Si resulta que en verdad no te gustan las chicas, está bien… cuentas con mi apoyo y mi cariño como siempre pero… tomémoslo con calma, quieres?

– ¿Vas a cambiar conmigo ahora?- preguntó asustado.

Pedro repasó rápidamente su relación con Javier. Se dio cuenta que el chico era la persona que más le importaba en la vida… amaba a su mujer pero… Javier era algo diferente… era su refugio y su paz… lo amaba de una manera increíble, era su hijo… ¿Qué era lo que tenía que hacer ahora?… eran tan cercanos… compartían todo. Se daba cuenta que no podía alejarlo ni herirlo… no quería hacerlo tampoco, se sentía demasiado a gusto con él…  el tiempo que pasaban juntos era precioso… pero no podía permitir que Javier siguiera alimentando esas tontas fantasías con él… eso era totalmente imposible.

– No Javi. No voy a cambiar contigo pero debes entender que lo que me dijiste es solo una confusión de tus sentimientos… no es real-

Esas palabras fueron las gotas que colmaron la paciencia de Javier… se acercó bruscamente a volver a buscar su boca… quería demostrarle con hechos lo que sentía… pero Pedro estaba preparado esta vez

– No Javier.- no se alejó ni retrocedió. Simplemente puso sus brazos por delante de su cuerpo y lo detuvo. – esto no está bien… soy tu padre y no puedes besarme de esa manera-

– Pero quiero hacerlo… quiero besarte así- las lágrimas volvían copiosas a sus ojos

– Javier… no hijo… no- lo abrazó entendiendo su pena y su dolor. Javier respondió al abrazo quedándose pegado en su cuerpo. Eran demasiadas emociones… todo era tan confuso… sentía que lo amaba y que quería conocerlo de todas las formas posibles… de la manera en que dos amantes se relacionan… pero él no quería. Aspiró su aroma en su cuello y se tranquilizó.

– Siempre me tranquiliza…- dijo sin pensarlo

– Yo?… yo te tranquilizo?- preguntó Pedro

– Si… no… tu olor- volvió a aspirarlo

Pedro sintió, por primera vez desde que comenzaran a hablar, un extraño escalofrío… sabía y había comprobado la importancia del olor de las personas en las relaciones…¿cómo un chico tan niño podía sentir eso?... ¿era, tal vez, como el nexo de olor entre madres e hijos?… la confesión respecto de su olor le llegó más profundo que cualquiera de las anteriores… separó a Javier de su cuerpo empujándolo suavemente de los hombros

– Vamos a comer, ¿quieres?-

Javier sonrió… se secó las lágrimas

– Lo siento – dijo justo antes de levantarse y seguirlo. Pedro lo miró desde su altura

– Siento amarte así- aclaró Javier.

Pedro no respondió. Pensó que en algún momento, más adelante, cuando se enamorara de verdad de alguien, Javier se daría cuenta de lo confundido que estaba ahora y comprendería la diferencia.

En realidad, Pedro estaba más que confundido también… adoraba a Javier, lo quería más que a nadie en este mundo… más que a su mujer tal vez, pero con un cariño de padre, de mentor, de hombre mayor respecto de un niño.

Cenaron en silencio, vieron televisión y luego se fueron a dormir. Cada uno en su cuarto pensando en lo sucedido…

Javier soñaba con el día en que durmiera a su lado y pudiera tocarlo… recordaba su cuerpo duro de hombre y se hundía en el deseo… se tocaba, completamente excitado…

Pedro por su parte tampoco podía conciliar el sueño…   la confesión de Javier lo había preocupado muchísimo… dudaba en contárselo a Sofía… no quería destruir su relación con el chico ni soportar las miradas de duda y horror de su esposa… tendría que aprender una nueva forma de relacionarse con él y ayudarlo a superar lo que, él pensaba, era una pequeña crisis de identidad. Se durmió tarde y preocupado.

Resumen

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La historia de Javier comienza cuando nace; hijo de madre muy joven y soltera, rechazado por sus abuelos y tíos. Su madre se refugia en casa de un familiar que la acoge y comienza la dura lucha de sobrevivir con un bebé a cuestas. Pronto aparece alguien es su vida, un hombre bueno que quiere incluirlos a ella y a su pequeño hijo en su propia vida. Javier crece sintiéndose muy cercano a su padre. El es la persona a quien más quiere en el mundo y con quien más tiempo comparte. Pedro se refugia en el niño y le entrega todo su amor y ternura. Padre e hijo forman una dupla genial.  Sin embargo, al llegar a la adolescencia Javier comienza a sentirse perturbado… el cariño por su padre adquiere extraños tintes que no concuerdan con el amor filial sino más bien con el amor apasionado de un hombre por otro…

Esta historia es adecuada para mayores de 18 años.