Miguel 2 Capítulo 83

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MIGUEL LIBRO 2- CAPITULO 83

 

DANIEL

Cada día, temprano en la mañana, Daniel abandonaba la casa familiar rumbo del puerto en uno de los autos de la familia, con la debida protección. Le tomaba una hora llegar a casa de Coque y encontrarlo sentado, con la sonrisa cada día más animada, esperando por él, ansiosamente. Ni las caras de María ni los “peros” de Gonzalo pudieron detener a Daniel, sobre todo cuando Coque expresó a su hermana su deseo de verlo libremente luego de la primera visita.

-. Pero te estás recuperando! –objetó María

-. Daniel me ayuda a recuperarme más rápido

Dijo Coque, que tenía una mano abrazando la cintura de Daniel y un asomo de sonrisa en la cara. María no pudo resistirse; los ojos de Coque brillaban y había color en sus mejillas. Habían sido demasiadas semanas viéndolo enfermo y decaído. Si su hermano pedía ver a Daniel y este lograba que sonriera… entonces autorizaría que Daniel entrara y saliera de la casa cuando quisiera.

-. Tal parece que Esteban tenía razón – dijo María cuando ella y Daniel estuvieron solos, al despedirse, luego de la primera visita, admitiendo su derrota.

Daniel se detuvo frente a ella y le habló directamente.

-. María… tú desafiaste todo para estar con Esteban porque estaban enamorados. Yo estoy dispuesto a lo que sea por estar con Coque.

Las palabras de Daniel despertaron en María la memoria de la niña que había sido no tanto tiempo atrás… una niña asustada y enamorada, dispuesta a sacrificarse y renunciar al amor de Esteban por complacer a su padre… ¿qué habría sido de ella si Coque y los demás no la hubiera empujado a quedarse con Esteban?… ¿Cómo habría sido su vida casada con Gonzalo?... Tembló al pensarlo… Gonzalo era un gran tipo, un fiero rival… pero jamás habría resultado bien para ellos. Ambos estaban enamorados de otras personas. Se habrían terminado odiando y deseando la muerte. Había hecho una buena elección optando por la felicidad y el amor. Todo había funcionado bien sin contar lo que había sucedido con Coque y Rojas. Era una buena líder y se había ganado el respeto de sus hombres. Los jefes de las otras familias comenzaban a hablar con ella como una igual y se esparcía el rumor de su dureza y buen liderazgo. Esperaba entregarle a Coque una familia operativa y mejor que cuando la había recibido. Estaba haciendo todo lo posible por que así fuera. Le gustaba dirigir. Estaría al lado de su hermano en el futuro.  A veces, envuelta en los fuertes brazos de Esteban por las noches, pensaba en que tanta exigencia y violencia en su vida actual la estaban haciendo olvidar las cosas buenas de la vida, la razones por las que era importante vivir… Daniel, de pie frente a ella, desafiándola por el amor de Coque, le recordaba el significado del amor y la vida.  Suspiró accediendo a lo que planteaba Daniel.  Resultaba fácil olvidar que alguna vez estuvo en una situación muy parecida.

-. Puedes volver cuando quieras – dijo bajando la cabeza y suavizando la voz.

-. Gracias. – Había verdadero alivio en las palabras de Daniel – Te prometo que voy a cuidarlo. El es muy importante para mi.

María asintió y se despidió de él de manera diferente… por unos instantes Daniel creyó estar viendo de vuelta a María como la había conocido tiempo atrás.

Los criados cerraron la puerta cuando Daniel partió. María dio la vuelta y se encaminó hacia la oficina que tenía en casa. Siempre había cosas pendientes. El movimiento de sus negocios no se detenía de noche. A medio camino, en el pasillo, se detuvo completamente… levantó la cabeza y a través de la ventana, miró al hermoso parque interior, la pileta, la fuente de agua…los arbustos y los macizos de flores… permaneció absorta mirando todo sin moverse… luego sus ojos enfocaron más cerca… su propia imagen reflejada en el cristal de la ventana… pestañeó rápidamente…  su rostro era diferente. Ya nadie la confundiría con una niña. El tiempo pasaba de prisa. No podía permitir que se le fuera el tiempo sin darse permiso para ser feliz… ¿Qué sentido tenía esforzarse tanto si no había una recompensa? No podía olvidarse de la alegría de las cosas simples.  Sonrió… se alegró de ver la imagen de sí misma con una sonrisa… era el mejor adorno que podía tener en su cara… más valioso que cualquier joya o cosmético.  Olvidó el camino hacia la oficina. Tenía que buscar a Esteban de prisa y salir con él a caminar por el jardín… oler las flores y sentarse a mirar el atardecer… pensaría en las otras cosas  que harían para disfrutar de la vida y de su amor ahora que todo estaba nuevamente en calma.

-. No todo es trabajo – dijo en voz alta como si recién lo hubiera descubierto, taconeando de prisa hacia su marido.

 

MIGUEL.

Gonzalo cerró lentamente la puerta del departamento. Con estudiada calma giró el cerrojo y pulsó el interruptor iluminando la sala del lugar que habían convertido en su casa. La media sonrisa maliciosa no había abandonado su rostro desde hacía mucho rato. No podía evitar sonreír e imaginar… Se volvió hacia la sala. Tenía la certeza de que Miguel estaba ahí… esperando.

En un costado de la sala Miguel lo esperaba… Sabía lo que estaba planeando Gonzalo… su cuerpo en tensión y su terco orgullo dispuesto a demostrar lo que había dicho en el vehículo

“No tengo miedo de nada”…

Gonzalo llevaba más de un año y medio esperando…

-. Así es que no tienes miedo, eh?

Se acercaba como fiera acechando a su presa… solo que la presa no estaba dispuesta a huir. Miguel, delgado, esbelto y arrogantemente orgulloso, permaneció firme, levantó el rostro y quitándose el pelo de los ojos

-. No. Ya no tengo miedo – insistió.  Se lo había venido repitiendo todo el resto del camino. Su intención al decir aquella frase nunca había tenido un tinte sexual, pero Gonzalo se había aprovechado de ello y lo había desafiado abiertamente. El orgullo de Miguel lo llevó a responder de inmediato al desafío y decir que no temía a nada.

Lo cierto era que no era tan cierto…

Gonzalo deseaba explorar sus límites…

Miguel se había negado… los recuerdos se lo impedían…

Gonzalo lo había estado deseando desde los primeros encuentros sexuales entre ellos, antes de ser pareja, cuando casualmente se dio cuenta que Miguel disfrutaba del dolor. Habían alcanzado a tener pinceladas de sexo con algo de agresividad y dominación y Miguel recordaba que, a pesar del miedo, le había gustado. Admitía en su interior que el dolor lo excitaba y eso lo asustaba un poco… pero todo eso había sucedido antes de que Gonzalo lo castigara y… NO!! no… no!!.. no iba a pensar en eso ahora. “Ese” Gonzalo ya no existía…

-. Eso está muy, muy bien – dijo Gonzalo atrapándolo de la cintura y clavando sus ojos oscuros en él… destilaban lujuria y dominio. Lo apretó estrechamente contra su cuerpo más ancho y alto que el de Miguel, su pelvis adelantada hacía el encuentro… sus manos subían y bajaban desde la nuca hasta el culo firme y primoroso…

– Entonces… ¿puedo hacer lo que quiera? – pregunto Gonzalo sin abandonar su media sonrisa. Lo estaba disfrutando en grande.

Miguel abrió la boca para responder… Gonzalo se la selló con un beso, lo sostuvo fuertemente de la nuca impidiéndole moverse… ansioso, efusivo…  con su cuerpo lo fue empujando hasta que Miguel quedo aprisionado entre Gonzalo y la pared

-. No fue lo que dije… pero si – admitió Miguel  jadeando cuando pudo hablar

Algo en la forma sincera de hablar y mirar de Miguel hizo que Gonzalo detuviera su ataque. Fue como si el orgullo de Miguel hubiera desaparecido dejando paso a la humildad y sinceridad.

-. Miguel?

Miguel respondió levantando los ojos. Se estaba mordiendo los labios insistentemente pero sostenía su mirada. Había algo enternecedor en él que muy rara vez mostraba. Miguel evitaba siempre ser vulnerable; le gustaba ser terco y decidido, no se permitía demostrar su lado suave y juguetón, mucho menos dar a conocer su suavidad y ternura… sin embargo en ese momento, los ojos de Miguel eran pozos de dulzura y mansedumbre…

Las manos de Miguel, que se habían mantenido quietas hasta ese momento, se posaron seguras en el torso de Gonzalo y comenzó a moverlas suavemente, en un gesto increíblemente dulce y extraño en Miguel

La media sonrisa lasciva de Gonzalo desapareció…

-. No tengo miedo de ti – repitió Miguel

Dios!!! Era una hermosa declaración…

Gonzalo la había esperado pacientemente por mucho tiempo y siempre tenía dudas de que alguna vez iba a llegar a escucharla. No tenía derecho a pedirla ni a exigirla. Sabía lo que le había hecho y como lo había dañado… Solo podía desear que ocurriera un milagro y alguna vez Miguel y él pudieran volver a ser como habían sido al principio… recibir nuevamente el amor de Miguel sin ninguna barrera, ningún miedo… La frase recién dicha tenía más poder del que Gonzalo había previsto. Los fuertes sentimientos de culpa y alegría se mezclaban en el produciéndole emociones en conflicto… algo intenso que no había anticipado y que le dejaba el alma desnuda frente a Miguel

-. Mocoso…

-. No tengo miedo de ti… ya no… – repitió Miguel con más firmeza.

Las manos de Miguel habían agarrado confianza y se movían  por sus brazos…

Inesperadamente, Gonzalo le detuvo las manos  tomándolas entre las suyas y sosteniéndolas con cariño pegadas a sus labios… Estaba emocionado mas allá de lo que podía admitir… las besaba suavemente y se daba tiempo para calmarse antes de poder seguir hablando.

-. ¿Sabes lo que me estás diciendo?

La declaración de Miguel traspasaba la frontera del deseo y la excitación. Él, que era el dueño y señor de dos familias, el más poderoso entre los de su clase, se sintió conmovido y sensibilizado, devuelto a su condición de simple hombre enamorado a quien, finalmente, se le perdonaba el grave error cometido y se le devolvía la facultad de amar sin límites…

Miguel…

Solo él tenía ese poder… solo él poseía la llave que lograba tocar su alma.

Esas palabras habían sido capaces de llegar a su corazón y suavizar las aristas de la enorme culpa que cargaba… por mucho que intentara ocultarlo, Gonzalo llevaba siempre consigo el dolor de lo que le había hecho a la persona que más amaba en el mundo… los miedos de Miguel eran su culpa… y ahora ya no estaban. Se sorprendió al sentir que su garganta se cerraba y las lágrimas subían desbordándose de sus ojos… lo que Miguel le decía tenía un profundo significado…  promesas de amor y redención… de liberación, de felicidad.  Su propia reacción lo tomó por sorpresa.

Miguel puso atención. Sabía leerlo de memoria. En todo el tiempo que llevaban juntos, una de las principales misiones de Miguel era acompañarlo y observar el entorno en busca de señales o peligro. Indudablemente, sus ojos se desviaban y buscaba a Gonzalo en todo lugar y momento… por ello, a fuerza de observación, había aprendido a conocer todas sus reacciones mejor que nadie… y ahora, la quietud de sus brazos, el suave temblor de su pecho, la respiración entrecortada, el tono de voz, la mirada fija en espera de confirmación… Gonzalo estaba emocionado

Miguel nunca lo había visto así ni lo había imaginado tampoco…  vulnerable, emocionado al punto de las lágrimas y mirándolo como si él fuera lo más valioso del mundo

En una reacción instintiva cruzó sus brazos, abrazándolo, protegiéndolo… la imagen de Gonzalo en ese estado le provocaba ternura y amor.

-. Te amo… soy tuyo, sin miedo… todo tuyo, Gonzalo – le susurró cerca del oído – abrázame fuerte.

Gonzalo jamás iba a admitir que esas palabras le habían arrancado un par de lágrimas. Las limpió de su cara de un rápido manotazo

-. Aahh mocoso… mocoso…

Lo levantó en el aire movido por la fuerza de la felicidad…  lo estrechó fuertemente hasta que logró calmar el temblor de la emoción… Miguel… suyo, como antes, como siempre debió ser, sin culpas ni miedos.

Sin despegar sus labios de los de Miguel llegaron al dormitorio y cayeron sobre la cama quedando en una curiosa posición: Miguel estirado de espalda sobre la cama y Gonzalo en cuatro patas sobre el cuerpo de Miguel…

-. Te amo, Miguel.

Solo los ojos levemente enrojecidos eran un indicio de lo que sentía. Su vista se paseaba sobre el cuerpo de Miguel… todo ese mocoso era suyo… voluntaria y plenamente… Miguel se entregaba en plenitud y aunque ahora podía hacer lo que deseara… lo único que quería hacer era decirle cuanto lo amaba

-. Soy el hombre más feliz de la tierra…

-. Claro… como no! si ahora eres jefe de dos familias – respondió Miguel riendo y buscando aliviar la emoción

-. No. No es eso. Eres tú. Tú me haces feliz – aclaró Gonzalo. Sentía que era necesario dejarle claro a Miguel que, a pesar de la importancia de su poder recién adquirido y la vida fuera del departamento, nada tenía sentido si él no estaba a su lado.  Miguel había cambiado su vida, lo había vuelto más humano y sensible, le había mostrado el poder del amor y la increíble felicidad de ser amado y amar.

– Tú eres lo más importante en mi vida – declaró Gonzalo movido por la pasión. No eran frases comunes en él y Miguel entendió su importancia.

-. Y tú lo eres en la mía

Respondió Miguel dándose cuenta de que todo lo que había dicho era verdad…  No sabía en qué momento había pasado a ser así pero el temor había desaparecido, el temblor, las dudas, los restos de incertidumbre… no quedaba nada de eso en él. Confiaba en Gonzalo. Así de simple y de maravilloso. Durante el tiempo que llevaban juntos Gonzalo le había demostrado con creces lo mucho que lo amaba y lo importante que él era… la forma en que lo protegía, lo amaba, tenía detalles hermosos con él, lo hacía reír…  Miguel lo reconocía como el amor de su vida y a partir de ese momento, no había límites para lo que pudiera pasar entre ellos, estaba dispuesto a entregarle su cuerpo y su vida de manera incondicional. Con cariño, tesón y demostraciones verdaderas, Gonzalo se había ganado el derecho de ser el dueño de su corazón y su cuerpo.

Miguel cerró los ojos y sonrió abrazado de Gonzalo, mientras se quitaban la ropa… Se alegró de que un malentendido y una frase tan tonta como la que había dicho en el auto desembocaran en este extraordinario descubrimiento. Ya no tenía temor de Gonzalo… ninguno. Lo conocía de pie a cabezas, por dentro y por fuera. Amaba cada maldito pedazo retorcido de su personalidad y su magnífico cuerpo… su alma y su corazón… hasta amaba la maligna media sonrisa… y si… estaba más que dispuesto a volver a experimentar con él lo que apenas habían alcanzado a probar

-. Podemos hacer lo que queramos… – declaró Miguel complaciente cuando ambos ya estaban desnudos y enredados en ardientes besos y caricias

Gonzalo clavó en él sus ojos oscuros

-. Nunca imaginé que llegaría a amarte tanto.

Su intención original había sido aprovechar textualmente las palabras de Miguel y tener un encuentro sexual que hiciera al mocoso perder la cabeza… quería, con locura, despertar al pequeño demonio masoquista que habitaba en Miguel y conducirlo al éxtasis… ansiaba enseñarle y verlo retorcerse de placer en sus manos… que le entregara el control y lo dejara llevarlo hasta el límite.  Deseaba ser quien abriera la puerta a la deliciosa locura en Miguel.   Tendrían tiempo para ello. Por ahora, estaba estúpidamente sobrepasado de ternura y amor. Lo que había comenzado como un juego malinterpretando las palabras de Miguel, se había transformado en uno de los pasos más importantes de su relación de pareja… Miguel era suyo, mente, cuerpo y alma… todo suyo. Se sentía lleno de calidez y agradecimiento.  Por fin los recuerdos de aquella noche maldita comenzaban a esfumarse. Se sentía perdonado y libre de volver a amar a Miguel con todos los derechos. En ese momento, era incapaz de ser el macho dominante y con brotes sádicos que Miguel requería… solo deseaba besarlo y amarlo con locura, demostrarle sus sentimientos, envolverlo en la pasión que sentía.  Le buscó la boca en un beso profundo sin fin. No podía dejar de buscarlo con las manos y el cuerpo… las declaraciones recién expuestas los tenían a ambos en medio de una espiral de emociones intensas… se entregaban por completo el uno al otro. Los “te amo” se escuchaban entre suspiros y jadeos, el roce de sus cuerpos y la respiración agitada.  Miguel rodeó las caderas de Gonzalo con sus piernas, separándolas y haciéndole espacio entre ellas. Gonzalo aceptó la invitación pero ese día no era el momento de comenzar con rudeza… lubricado, sostuvo las piernas abiertas en alto recorriendo atentamente el cuerpo de Miguel… su Miguel. Fue entrando despacio y profundamente en él, escuchando con atención cada uno de sus gemidos, disfrutando con cada movimiento de sus músculos y expresiones de su rostro… era excitante verlo con tanta libertad… Ni Miguel ni él ocultaban algo hoy, Lo mantenía apretado… no quería soltarlo… se sentía más que seducido por la piel de Miguel… había algo más mágico y espiritual… lo embestía con suavidad y firmeza, sin quitar sus ojos de los de él. Lo volvía a besar bruscamente. Lo miraba con alegría y deseo.  Estaba tan feliz… Miguel era la persona que completaba y daba sentido a su vida y ahora era completamente suyo porque él así lo había decidido.  Nada era más poderoso que eso. El orgasmo fue creciendo desenfrenado en su interior ante el impetuoso roce con el cuerpo de su amado, sus exquisitos gimoteos en los que pronunciaba su nombre y su mirada enardecida de amor… A diferencia de otras veces, Gonzalo llegó al clímax no solamente con su cuerpo sino también con su mente… todo explotó en luces brillantes y coloridas… en deliciosos espasmos eléctricos que lo recorrían de pie a cabeza y reventaban en su pene… su mente libre de culpas… tenía ganas de reír y llorar… sus emociones satisfechas, su cuerpo en el punto máximo de placer… un gruñido largo y profundo brotó de su garganta… un genuino sonido de  placer. Hundió su rostro en el cuello de Miguel empapándose de su sudor, su olor y la calidez de su piel

-. Te amo, mocoso… te amo con locura

Todo estaba bien.

 

 

JORGE

-. ¿Todo fue despachado? – preguntó un sorprendido Gonzalo, alzando una ceja

-. La última entrega salió anoche. No hubo ningún problema – respondió Jorge deseando tener documentos escritos que confirmaran que era posible funcionar de manera más eficiente,  pero era estúpido suponerlo. Organizar todo le resultaba fácil pero seguía siendo mercancía ilegal. Los únicos registros estaban en su computador disfrazados de manera que solo unas pocas personas en la organización podían entenderlo

– Todo está registrado – dijo Jorge mostrando su laptop con la intención de abrirlo para enseñarle a Gonzalo

-. No es necesario – dijo Gonzalo interrumpiéndolo. – lo veré después – Confiaba en la palabra de Jorge. Revisaría los registros más tarde.

-. Lo has hecho bien – admitió Gonzalo moviendo la cabeza en señal de afirmación. Lo había interrogado sobre lo que había pasado durante su ausencia y no encontró nada que reprochar. Jorge mantenía todo en funcionamiento de buena manera. Definitivamente, había sido una buena elección.

Jorge atesoró la frase que acababa de escuchar. Un elogio de Gonzalo era difícil de conseguir. No pudo evitar sonreír, satisfecho.

-. Gracias

-. ¿Te ayudó Ghiotto? – preguntó Gonzalo mordaz, sabiendo que con ello le arruinaría la sonrisa a Jorge, pero estaba en su naturaleza el ser así. Molestar a Jorge y a las personas merecedoras de su confianza era una de sus entretenciones preferidas, en especial a Jorge que aun no sabía cómo defenderse de él ni era capaz de percibir la ironía del asunto.

Jorge reaccionó de inmediato sin darse cuenta que debería sentirse importante. Gonzalo solo molestaba a quienes estimaba.

-. Él… estuvo conmigo – admitió molesto, apretando el laptop hasta que sus nudillos blanquearon.

-. Bien

Gonzalo sonreía abiertamente. Se dirigió a su escritorio y sacó unos documentos que mostró a Jorge

-. Quiero que veas cómo llevar un registro de esto…

Pasaron los siguientes 30 minutos enfrascados en una conversación sobre el funcionamiento de los negocios. Gonzalo vio con grata sorpresa como Jorge cada día adquiría más seguridad para hablar de los negocios, entendía mejor y sus sugerencias se volvían más eficientes.

-. Vas a quedarte solo nuevamente a cargo de la ciudad – advirtió Gonzalo al terminar la reunión

-. ¿Van al puerto de nuevo?

-. Esta vez es más permanente. Miguel se harán cargo de los negocios en el puerto por unos cuantos meses. Andrei va a ayudarle.  Hay mucho que hacer.

-. ¿Miguel? – preguntó Jorge asombrado. Recibió una dura mirada de parte de Gonzalo.

-. Si. Ellos van a estar ausentes por un tiempo y a mi me veras poco por aquí. Las familias están inquietas. No les gusta mi nuevo status, los asusta. Debo hablar con cada uno de ellos. ¿Podrás manejar todo en mi ausencia?

Jorge infló el pecho lleno de orgullo

-. Claro que si

-. Bien. Andrei dividirá su tiempo entre las dos ciudades.  Será solo por un par de meses hasta que todo esté asegurado.

Jorge cerró la puerta de la oficina de Gonzalo y cruzó hacia la suya sintiéndose más importante que cuando había entrado. Caminó altivo el corto trecho hasta su escritorio. Una vez dentro se quedó de pie mirando los papeles que llevaba en la mano. Gonzalo le había dicho que lo estaba haciendo bien y le había encomendado nuevos trabajos importantes. Respiró de prisa… estaba contento y nervioso a la vez. Ahora ya era uno de ellos. Se sentía parte de la familia. Revisó lo que Gonzalo le había encargado. Podía hacerlo todo. Su mente era privilegiada y siempre encontraba la manera de llevar a cabo lo que se requería. Eso no era un problema… lo otro… tampoco lo era… ¿que importaba que fuera delgado y su cuerpo no estuviera preparado para puñetes y violencia?? Para hacer entender su voz por medio de la fuerza? Había hombres bajo sus órdenes que podían pelear por él… no tenía que ser un asesino para infundir respeto… la gente ya lo estaba conociendo y comenzaban a temerle…

-. Maldición

No era suficiente. ¿Y si tomaba clases de defensa?… No. No estaba dispuesto a hacer el ridículo. Nunca sería un macho agresivo como su guardaespaldas… mierda!  ¿Por qué Gonzalo le había preguntado por Ghiotto?.. ¿Qué importancia tenía él?… ninguna!! Podía ser cualquiera otro de los guardaespaldas, no?… no tenía que estar con Ghiotto cerca para que todo funcionara… no… o si?… NO!! para nada…  dejó los papeles sobre el escritorio y se dejó caer en la silla mirando al vacio…

Ghiotto…

Una y otra vez su mente volvía a pensarlo.

Ghiotto había estado a su lado en cada una de las situaciones importantes que habían sucedido durante la ausencia de Gonzalo. Él no lo había llamado… simplemente Ghiotto estaba allí como si supiera cuando iba a necesitarlo… en las mañanas para llevarlo, durante el día en cada cosa importante y al atardecer para llevarlo de vuelta a casa, siempre en silencio…  él tampoco le había hablado… lo ignoraba, se ignoraban.  Jorge ladeó la cabeza como buscando entender… recién se daba cuenta… Se había estado estaba acostumbrando a la presencia de Ghiotto.  Ya no le molestaba… de hecho… se sentía más seguro cuando el guardaespaldas estaba cerca y podía confirmar con la vista lo que estaba correcto o no. Ghiotto y él se entendían por medio de miradas… ¿Cuándo había comenzado a pasar eso?… Jorge bajo los hombros en un pequeño gesto de rendición. Ghiotto lo había apoyado en cada paso que daba y solo ahora venía a darse cuenta.

De acuerdo. Ghiotto le hacía más fácil su trabajo.

Eso era todo. El guardaespaldas no era un tipo comunicativo ni romántico ni era lo que él necesitaba en su vida… solo significaba una ayuda en su trabajo.  Se levantó de golpe y sacudió la cabeza como si con ese gesto pudiera evitar los pensamientos inoportunos y borrar el recuerdo de las miradas lánguidas que sentía sobre él cuando Ghiotto creía que no lo veía.

 

COQUE

No era el mismo de antes y estaba seguro de que nunca volvería a serlo.  Ciertamente iba a recuperarse por completo del daño físico y sicológico que le había causado la familia Rojas… pero no estaba tan seguro de poder recuperarse del daño que su propio padre le había provocado durante toda su vida. Don Lino había sido un padre muy preocupado; se había encargado personalmente de enseñarle a manipular y manejar personas, le explicó la mejor forma de robar y amenazar, a exigir respeto por medio de la violencia y el abuso y, por sobre todo, le había enseñado que “el fin justificaba los medios”…

¿Cuántas veces le había repetido su padre esa frase?… cada vez que llegaba a casa con las manos manchadas de sangre “ese se lo merecía”… “se lo buscó”… “era un bueno para nada”… siempre había una justificación para la violencia que requería mantener los negocios funcionando.

Coque siempre tuvo miedo de su padre y guardó silencio ante cada una de esas declaraciones de abuso y poder… pero en el fondo de su corazón estaba el recuerdo de una noche hace muchos años atrás, en que acompañó a su padre ya que él iba a “mostrarle como se hacen los negocios”. Fue la noche en que habían golpeado y dado muerte a un chico de la calle que se había atrevido a desobedecer las instrucciones de uno de los tenientes de Lino. Solo un chico callejero sin importancia alguna… casi un juguete para aquellos hombres rudos. Había más hombres siendo castigados… pero el chico delgaducho de los ojos aterrados se quedo metido en la mente de Coque… como si hubiera podido oler y sentir su miedo… tenían más o menos la misma edad y contextura. Fue como si le estuviera pasando a él.

“Hay que corregirlos de inmediato”. “Si dejas que te pasen a llevar no te respetaran nunca”.. “hay que imponer respeto para funcionar”  le explicaba su padre justificando la paliza que los hombres le daban al chico… un crío de la calle no mayor de 15 años… había comenzado a sangrar por la nariz y luego la boca y finalmente por todas partes… Coque aun podía recordar el sonido de los huesos rotos y la carne del chico siendo aplastaba por las botas de los hombres. Lo vio morir en espectral silencio y sin quitar la vista ni hacer ni un gesto, aparentaba estar calmado, al lado de su padre. Por dentro estaba trabado de terror y tristeza. Esa fue la imagen que marcó su vida y que lo acompañó mientras crecía.  Los años en el internado habían sido los mejores de su vida hasta ahora, lejos de su padre y de la obligación de “aprender”. Por un tiempo había logrado hacer florecer su verdadera personalidad alegre y amigable. A él le gustaban las personas y compartir, amaba las reuniones con amigos, la música, ayudar a los demás, escuchar y aconsejar… todo lo que daba alegría a su corazón… Pero eso estaba tan lejano a los ideales de su padre. Cada vez que volvía a casa debía disimular su personalidad y soportar estoicamente la enseñanza a la que era sometido. La imagen del chico golpeado nunca lo abandonaba. Una imagen de terror que lo perseguía sin tregua… un par de ojos tristes pidiéndole ayuda… y él no había sabido que hacer.  Domingo Rojas había sido quien justificara todo el miedo… como si Coque siempre hubiera sabido que algo horrible le iba a pasar… porque alguien tenía que pagar por la muerte de aquel chico inocente… y de todos los inocentes que su padre y su gente habían castigado.

 

Daniel y él se veían a diario desde hacía dos semanas. Habían recuperado lentamente el dialogo y la confianza. Podían conversar por horas, reír, escuchar música y hacer cualquier cosa que no significara contacto físico. Coque, de a poco, le abría las puertas de su corazón y se maravillaba de los cambios operados en Daniel; la seguridad de su actitud, la confianza y madurez que demostraba… cada día se parecía un poco más a Gonzalo, pero con una ternura y suavidad que el mayor de los hermanos jamás tendría. Toda su paciencia y sabiduría estaba puesta en acompañar a Coque y brindarle su tiempo y cariño.

Ese día estaban en la casa de la playa y habían salido a caminar por la arena, aparentemente solos. María había permitido las visitas de Daniel pero no transaba en la seguridad de Coque. Cada paso del menor fuera de su casa era de inmediato seguido por un fuerte contingente de seguridad.

-. Quiero irme de aquí – dijo Coque hablándole a Daniel.

-. ¿Dónde quieres ir? – preguntó Daniel, complaciente, sin entender el verdadero alcance de la frase de Coque.

El pelirrojo avanzó unos cuantos pasos y luego se detuvo. Miró a Daniel y luego su vista se volvió hacia el mar… hacia el horizonte

-. Quiero irme lejos

Atardecía… Daniel miró la silueta oscura de Coque dibujada contra las hermosas luces rosadas y anaranjadas del atardecer. Amaba la figura de Coque, amaba su cuerpo pequeño, su rostro pecoso y delicado… no se lo había dicho aún, estaba esperando el momento adecuado para declararle su amor incondicional. Al escuchar la frase, Daniel entendió todas las razones de Coque para querer alejarse sin tener que preguntar, pero supo que no podía dejar que se separara de él… eso no podía permitirlo. Decidido, se acercó y le tomó la mano, cuidando de no asustarlo. Ahora, eran dos siluetas unidas mirando de frente como el mar se hundía en el horizonte

-. ¿Dónde vamos a ir? – preguntó Daniel

Primero, Coque se sorprendió, pero rápidamente se calmó y esbozó una sonrisa. Daniel lo apoyaba y quería acompañarlo. Eso era bueno… muy, muy bueno.  Se acercó más a Daniel y descansó su cabeza sobre el torso contrario. Suspiró tranquilo. Había dado el primer paso para acercarse a Daniel

-. Lejos. Muy lejos de todo esto – respondió con voz firme

Daniel sintió el peso y el calor de Coque, lpasó su mano por el suave pelo colorín, contento… luego, levantó su rostro tomándolo de la barbilla con suavidad, en el primer contacto físico que surgía entre ellos. Preguntó con la mirada verde clavada en los ojos azules… y Coque accedió… Fue un beso dulce como ninguno… aleteos de mariposa… labios húmedos contra labios suaves… solo calor, ternura y cariño… el deseo estaba presente pero contenido porque no era el momento.

-. Iremos donde tú quieras – aseguró Daniel besándolo nuevamente y sosteniendo sus hombros.

Permanecieron mirando al horizonte hasta que la última luz anaranjada desapareció

-. Todos se van a enojar con nosotros. Imagina que dirá tu hermano y María. Mejor huyamos a escondidas – sugirió Coque seriamente.

Daniel pensó unos instantes en silencio.

No tanto tiempo atrás Daniel había sugerido algo parecido a Miguel cuando pensó que estaban enamorados.  Ahora entendía la locura de hacer un disparate de ese tamaño. Coque y él, lo quisieran o no, eran miembros de familias importantes y sus vidas tenían un precio en dinero y un peso mayor en la moral de las familias. Siempre serían miembros de las familias a las que pertenecían por derecho de sangre. Esta vez quería hacerlo todo correctamente. Si Coque quería alejarse y vivir en otro lugar, lo harían, pero no huirían como cobardes ni a escondidas; se lo dirían a María y a Gonzalo… Gritarían. Seguro! Se enojarían, se opondrían… pero Daniel sentía que no había ninguna fuerza que pudiera detenerlos. No sabía de dónde le nacía esa convicción pero si ellos lo deseaban iban a irse juntos.  No le importaba dejar todo atrás por un tiempo. Nunca había comulgado bien con los negocios ilegales de su familia ni con la violencia que implicaban. Coque era su horizonte por ahora. Su salud y su recuperación significaban todo.

-. Lo haremos de la manera correcta. Nos vamos a ir pero con la aprobación de todos ellos.

Tomados de la mano iniciaron el camino de vuelta hacia la casa… sin prisa, simplemente                                                                  disfrutando de la mutua compañía y de los dedos de ambos entrecruzados como prueba de cercanía física

-. No quiero ser el Jefe de la Familia – murmuró Coque muy despacio, como si tuviera temor de que sus palabras fueran escuchadas por los hombres que se mantenían cerca.

Daniel no dejó de caminar ni le soltó la mano. Esperaba esa reacción de Coque desde hacía tiempo, desde cuando Coque hablaba con “Ray” en la clínica.

-. Todo en su momento, Coque. Aún falta mucho tiempo para eso. Puedes cambiar de opinión más adelante

-. No. No voy a cambiar. No quiero dirigir una familia.

Se detuvieron en los peldaños de la entrada a la terraza. Coque un peldaño más arriba que Daniel por lo que sus ojos quedaban a la misma altura

-. No te quedes conmigo si esperas que sea el Jefe de la Familia. No voy a serlo. Nunca.

-. Me interesas tú… seas o no seas el Jefe de algo. Te amo por lo que eres… no tiene nada que ver si eres o no el jefe… ¿qué?… ¿Qué pasa?

Coque lo miraba con los ojos grandes y sorprendidos

-. ¿Escuchaste lo que me dijiste?

Había brillos de alegría en los ojos de Coque que hicieron que Daniel se preguntara la razón… repasó las palabras recién dichas y el “te amo” saltó a la vista. Daniel agachó la cabeza y sonrió…

-. Te amo – repitió con simpleza. Día tras día había esperado el momento adecuado para decirlo pero nunca llegaba… ahora simplemente había salido y  el momento perfecto se había creado solo.

El rostro de Coque resplandecía… se parecía mucho al del chico que conoció en el internado… antes de todo lo malo

-. ¿Me amas? – preguntó sabiendo la respuesta de antemano pero deseando volver a escucharlo

Daniel cabeceó suavemente contra él costado de Coque… empujándolo con cariño, jugando… buscándolo…

-. Te amo, pecosito

Los brazos de Coque se abrieron y Daniel se cobijó en ellos, midiendo su fuerza al abrazarlo para evitar asustarlo… sus cuerpos completamente unidos… no eran uno, eran dos personas diferentes pero juntos formaban un todo importante. Daniel suspiró de satisfacción. Era tan bueno volver a estar así…

-. Quería decírtelo hace días pero…

-. Yo también – interrumpió Coque apurado. De pronto era importante que Daniel supiera. – Yo también te amo, Daniel – se colgó de su cuello

-. Nos iremos juntos. Te seguiré donde sea que vayas

Coque cerró los ojos apretándolos y se abrazó aun más fuerte a Daniel. Sí lo amaba… desde mucho antes que Daniel lo amara a él… pensó que todo estaba muerto y Domingo Rojas le había echado a perder su vida… No era así. Ellos eran más resistentes, sus padres y su crianza los había enseñado a vencer los obstáculos. El amor que se tenían lo haría recuperarse. Daniel a su lado lo ayudaría a volverse fuerte y recobrar todo lo perdido… Coque sonrió abiertamente al darse cuenta de que todo mejoraría. Su sonrisa, lentamente, se fue transformando en risa… en risa cristalina y musical que había creído no volvería a brotar de su boca…  Daniel se echó hacia atrás al escucharlo… deseaba mirarlo reír…  fue un instante especial… reían y lloraban al mismo tiempo… Cerraban la puerta oscura de un pasado doloroso y abrían otra puerta a un futuro lleno de promesas que comenzaban con aquella risa llena de lágrimas y abrazos de amor.

Miguel 2 – Capítulo 82

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CAPITULO 82

DANIEL

Daniel nunca fue consciente del momento en que dio los pasos para llegar hasta Coque; un segundo estaba entrando a la sala y al segundo siguiente Coque estaba entre sus brazos y nada ni nadie más existía en el mundo… la maravillosa sensación de tener el suave pelo de Coque cosquilleando en su barbilla, el peso de su delgado cuerpo cálidamente reclinado contra el suyo… todo su cuerpo parecía despertar de un largo letargo y el aroma de su pecoso entrando por su nariz le hacía sentir la sangre corriendo por sus venas despertando cada célula de su cuerpo… Coque estaba con él y estaba seguro y protegido… Dios!! lo había extrañado tanto que lo sentía como un dolor físico.  Al fin… estaban juntos de nuevo y no habría fuerza humana capaz de separarlos nuevamente. Daniel respiró profundamente ayudándose a tragar el nudo que se atoraba en su garganta y amenazaba con desbordarse… se quedo  quieto sintiendo como la emoción lo recorría, erizando su piel… el sentimiento de posesión se apoderaba de él… Coque… Suyo, sin María, sin barreras, sin familias, sin peligros ni disfraces…sin nada más que solo ellos dos, los mismos niños que se habían enamorado en el colegio antes de que todo se volviera un caos.

Daniel olvidó que María estaba en la puerta y no se dio cuenta que la señora de uniforme los mirara asombrada…  nada más importaba… suspiro tras suspiro se le enredaban las palabras en la garganta…

 

Coque estaba tenso y nervioso desde que María, sorpresivamente, le anunciara unas horas antes que Daniel vendría a verlo.

-. Es una visita corta, de acuerdo? – había dicho ella, muy tajante.

Mil dudas y preguntas surgieron de inmediato en su cabeza… ¿Qué pensaría Daniel de él ahora?.. ¿Sería capaz de seguir sosteniendo una relación con él luego de lo que había pasado? ¿Aún existía una relación?…  había pasado tanto tiempo desde la última vez que se vieron ¿Sentiría Daniel asco al mirarlo?… ¿Sabía todo lo que le habían hecho? ¿Por eso solo venía a verlo en una “visita corta” como le había dicho María? Tuvo una imagen de sí mismo violado y humillado… deshonrado…  La inseguridad se apoderó de él. Nadie querría volver a tocarlo nunca… Estaba recién recuperándose y no era capaz de verse a sí mismo más que como el chico débil que había sido vejado y  degradado… no era el mismo que Daniel había conocido…  no era digno.

La profesional que se encargaba de cuidarlo y acompañarlo siguió con la rutina habitual de cada mañana sin percatarse del cambio en Coque; los ejercicios, la caminata, la lectura… pero Coque era un manojo de nervios que se controlaba a duras penas. Quizás Daniel solo venía en visita de buena educación… una despedida forzada. Tal vez nunca volverían a ser pareja… ¿Cómo iba a quererlo después de lo que Domingo le había hecho y de todo lo que había pasado? El nivel de tensión en Coque llegó a un punto máximo en algún momento de la mañana y su manera de  enfrentarlo fue cerrándose a cualquier posibilidad y preparándose para lo peor. Daniel iba a terminar la relación con él… lo entendía.  ¿Cómo iba a querer estar con él?… se sentía tan indigno… había quedado claro para todo el mundo lo débil que él era…  No iba a hacer escándalo ni a pedir nada.  Solo habría deseado tener más tiempo para prepararse… rogaba para no derrumbarse frente a todos… llorar como nena era lo único que le faltaba para terminar de ser un patético digno de lástima. Intentaba endurecer su corazón preparándose para lo peor.

Estaba esperando que Daniel llegara con el corazón estrujado de tristeza y temor.

Cuando la puerta se abrió y Daniel entró tras María, Coque se sintió perdido…

-. Te he extrañado tanto – suspiró Daniel en su oído

El efusivo abrazo con que Daniel lo envolvía completamente lo desconcertó… se había preparado para frialdad y cortesía… no para las manos de Daniel en su espalda y suaves besos en su pelo… se mantuvo rígido, sin atreverse a corresponder… asustado… nadie lo había vuelto a tocar… no estaba seguro de nada…

Daniel percibió la frialdad en la reacción de Coque, los delgados brazos colgaban inertes sin buscarlo y se mantenía cabizbajo. Recordó lo que como “Ray” había aprendido: las demostraciones físicas de afecto eran muy difíciles para quienes habían sufrido abuso. Tenía que soltarlo…

-. Estoy feliz de verte

Daniel había ensayado un millón de veces lo que iba a decirle pero se le olvidaba todo al mirarlo… el aspecto de desvalido, los ojos claros huidizos, el rostro pecoso de niño… se lo notaba incómodo

-. María me dijo que estas mejor

Se mantenía a una distancia justo fuera del espacio personal de Coque… no quería abrumarlo, pero tampoco quería alejarse.

Coque no encontraba palabras…  no había ninguna frase inteligente que acudiera a su mente… como si hubiera olvidado sus modales y hasta como hablar… Había pensado en unos cuantos saludos y frases estudiadas de cortesía con las que auto protegerse… pero el abrazo y la alegría que Daniel expresaba superaban su compostura…

Daniel…

Tal como lo recordaba…

Como si nada malo hubiera ocurrido jamás…

Su pelo más corto pero la misma hermosa persona y el mismo brillo en su mirada de ojos verdes.

Parecía como si Daniel se alegrara de verlo…

-.  Si. Tú estás… igual..- balbuceó Coque porque no se le ocurría que más decir

Daniel había esperado y sufrido tanto tiempo por estar separados debido a la negativa de María y no saber a ciencia cierta que pasaba con Coque… ahora, estar frente a frente era como un sueño… uno hermoso…

Quiso volver a acercarse. Coque retrocedió, nervioso. Daniel se paralizó al darse cuenta que huía de él…

Silencio… muy incómodo silencio

-. Los dejaré solos un momento

La interrupción de María quebró la tensión y los devolvió a la realidad. La mujer de uniforme se levantó y salió tras María. Estaban solos por fin

-. Te llamé muchas veces…

Las palabras le brotaban en suspiros a Daniel. Hacía esfuerzos por contenerse. Necesitaba acercarse nuevamente…

El rostro de Coque se contrajo en una mueca interrogante ¿De qué llamadas hablaba Daniel?

-. María… dijo que todavía estabas recuperándote. – explicó Daniel

Una leve esperanza alumbró en el corazón de Coque… ¿Daniel lo había seguido llamando? Recordaba los mensajes que Ray le había pasado en la clínica… mensajes de un esperanzado Daniel… su mente se quedó más en blanco…

Era posible que… tal vez… Daniel…

Su respiración se agitó en el momento mismo en que una brizna de esperanza penetró en su corazón…

Levantó los ojos despacio… quería mirarlo de frente pero tenía miedo…

Fue un momento importante para ambos…

Coque reunía valentía para enfrentar lo que fuera que encontrara en la mirada de Daniel

Esperanza

Dulzura

Cariño

Preocupación

Ternura

Alegría

Las protecciones que Coque tan cuidadosamente había estado levantando durante la mañana para resguardar su corazón comenzaron a resquebrajarse…  Coque podía sentir como se volvía más liviano en el centro de su pecho y sus huesos se transformaban en lana

-. ¿Qué pasa? – escuchó a Daniel preguntar

Daniel, llevado por la vulnerabilidad que veía en Coque, olvidó nuevamente la distancia que debía mantener y se movió hacia él sin llegar a tocarlo. Era más alto y al lado de Coque se veía mucho más fuerte… el instinto protector de Daniel estaba a nivel máximo.

Coque no respondió… estaba quieto… muy tranquilo… ni siquiera se daba cuenta de las lágrimas que habían comenzado a fluir despacio, sin ningún esfuerzo, bajaban desde sus ojos, surcando sus mejillas y aumentando su aspecto de fragilidad

-. No llores… si no voy a llorar yo también – dijo Daniel cuando ya era demasiado tarde para contenerlas… Ay Dios! quería sostenerlo en una abrazo reconfortante, levantarlo en el aire y gritar de alegría con él por estar juntos y por verlo bien… pero se obligó a mantener sus brazos tensos pegados a su cuerpo en espera de una señal…

Ni una palabra salía de la boca de Coque aún.

-. Después del… accidente, estuve inmovilizado muchos días… Nadie me dijo lo que te había pasado hasta muchos  después.– dijo Daniel explicando parte de su ausencia

Escalofríos recorrían el cuerpo de Coque al recordar lo que había sucedido en aquellos  primeros días del secuestro. Daniel percibió el cambio en la postura de Coque y afianzó un poco más la tensión en su cuerpo, sus pies casi se movían solos hacia Coque.

-. Casi enloquecí cuando supe lo que te había pasado. No me dejaron salir de la clínica… solo quería saber de ti.

Daniel podía ver como cada palabra que decía era cuidadosamente escuchada y analizada por Coque…

-. Yo… estoy feliz de que haya terminado y estar aquí contigo. Necesitaba verte… hablarte… no quiero estar lejos de ti.

Las lágrimas calladas de Coque estallaron en un llanto suave y su voz se escuchó finalmente

-. No. Tú.. no sabes todo lo que pasó… – dijo Coque con voz temblorosa y dolida, retrocediendo otro paso

-. Lo sé. Sé todo – aclaró Daniel de prisa

-. Estoy enfermo… de aquí…- dijo Coque apuntando a su cabeza

Daniel sonrió entremedio de las lágrimas encogiendo los hombros

-. ¿Y no estamos todos un poco enfermos de la cabeza? Mi mente no funciona bien lejos de ti…

Coque cerró los ojos aguantando las lágrimas y tranquilizándose… Daniel ¿no había venido a decir adiós?

-. Vas a mejorar… volverás a estar bien  Daniel pensaba en como lo había encontrado en la clínica y cómo lo veía ahora… por supuesto que iba a mejorar

-. No sé cuando volveré a estar bien o si  alguna vez voy a estarlo… no sé qué pasará conmigo

Daniel se secó las lágrimas pasando ambas manos por su cara.

-. Lo que pase… puede pasar mientras seguimos juntos?

Había mucha convicción en su forma de preguntar. Coque quería creerle pero la inseguridad era terrible… sus manos se movían inquietas, empuñándose y estrujando los dedos contra las palmas… era la viva imagen de la fragilidad.

-. ¿juntos?… tú no sabes… – dijo mientras negaba con la cabeza y movía los hombros

La tensión era palpable en la sala. Daniel tenía temor de que sus esperanzas se vieran rotas en cualquier momento… una frase equivocada o un gesto incorrecto y Coque se cerraría para siempre… todo podría terminar entre ellos sin haberle dado la oportunidad de decirle lo importante que era para él… no podía dejar que eso pasara. María no lo dejaría volver a acercarse jamás si Coque se lo pedía…

En un movimiento muy controlado, Daniel retrocedió hasta el asiento más cercano y con estudiada calma se sentó. Sus piernas separadas, el torso inclinado hacia Coque y las manos juntas. Le dolió el espacio entre ellos pero era necesario para dar tranquilidad a Coque

-. Tal vez no se absolutamente todo lo que te pasó pero si sé que eres muy importante para mí.  Te extraño mucho.

Coque seguía en silencio… escuchaba y analizaba… miraba hacia el suelo o a las paredes… sus manos seguían empuñadas y su cuerpo pequeño era como una cuerda tirante.

Daniel conocía los gestos y estaba haciendo un supremo esfuerzo para no saltar sobre él, protegerlo entre sus brazos y llenarlo de besos. Era un suplicio verlo retorcerse de dudas y nervios sin poder ayudarlo. Tenía que lograr vencer la resistencia de coque antes que lo dejara fuera de su vida…

-. Estuve pendiente de ti todo el tiempo pero no me dejaron verte ni hablarte. No sabes cuánto deseaba volver a verte… te llamé todos los días…

Ahora era él quien había comenzado a retorcerse las manos ante la falta de reacción de Coque.

-. Nada ha cambiado para mi. Mis sentimientos por ti siguen estando en mi corazón. Quiero estar contigo

Esas fueron las frases que lograron quebrar la resistencia de Coque… corroborar que Daniel no tenía ninguna intención de despedirse de él sino todo lo contrario…

– Tú no… entiendes – dijo Coque con la voz entrecortada y asustada – Yo no soy el mismo

Fue como una puñalada en la espalda para Daniel. Él entendía. Lo había acompañado mientras estuvo en la clínica y sabía de su sufrimiento pero no podía decirlo. Entendía todo… había leído la maldita ficha médica dónde estaba el detalle de lo que había sufrido y las condiciones en que su cuerpo y mente habían llegado a la clínica. Era doloroso… pero ahí mismo, dentro de ese cuerpo delgado y castigado estaba su precioso pecoso esperando resurgir. Era intolerable escucharlo sufrir. Daniel no aguantó más. Conocía todas las reglas pero su corazón le dictaba algo diferente.

Se puso de pie y hablo pausado pero firme

-. No, Coque. Eres tú quien no entiende. Te he echado de menos cada minuto que hemos estado separados. No voy a volver a separarme de ti. Lo que te haya pasado ya terminó y podemos superarlo juntos. Tengo sentimientos profundos por ti… no me rechaces… por favor

Se paró frente a Coque rogando y estiró ambos brazos hacía su pecoso, ofreciéndole su cariño, su amor, su vida a disposición de él, mirándolo con ternura… suplicándole con los ojos que confiara y lo dejara ser parte de su vida… no quería ser dejado fuera… amaba al pequeño pelirrojo… Su chico risueño y alegre necesitaba ahora de él.  Coque había estado para él cuando tiempo atrás llegó al internado enfermo de celos, dolor y rabia y le había enseñado el camino para sanarse con paciencia y cariño. Ahora era su turno. Quería hacerlo más que nada en el mundo. Estar con Coque como Ray, como Daniel… como el amor fuerte y protector que sentía… pero el rostro de él revelaba reserva, angustia y distancia…

Coque escuchó cada palabra… Daniel  se veía tan seguro reconociendo sus sentimientos por él…  Dios!! ¿Por qué les había pasado todo esto? ¿Por qué los Rojas habían tenido que arruinar su vida? Eran tan felices antes…¿por qué no pudieron quedarse en el internado para siempre?… Vio los brazos abiertos de Daniel frente a él en espera de poder abrazarlo… de que él diera los pasos necesarios que significaban su aceptación de su cariño y protección… de admitir su debilidad y necesidad de apoyo y afecto… de rendirse frente al amor que le estaba ofreciendo Daniel… volver a confiar en alguien… en Daniel…

Si.. si quería pero…

-. Soy un lío… tengo miedo todo el tiempo…

Era su forma de advertirle a Daniel…

-. Déjame sostenerte y ahuyentar tus miedos

Como respuesta, Daniel movió sus brazos extendiéndolos un poco más hacia él, sin dejar de mirarlo… se estaba jugando el todo por el todo en este gesto…

-. Me violaron… abusaron de mi- el rostro de Coque se curvó en una mueca horrible

-. Somos fuertes… podemos superar lo que sea.

Daniel estaba preparado para lo que fuera. Repitió el mismo gesto invitándolo a entrar entre sus brazos, sólido como roca en el ofrecimiento de su amor. Nada iba a convencerlo de renunciar a él. Si Daniel se hubiera podido mirar a sí mismo en ese momento habría visto la fortaleza que emanaba de él… aquella seguridad que tanto había envidiado en su hermano mayor irradiaba de él ahora llena de dulzura.

Coque podía sentir todo aquello… lo veía a través de la mirada decidida de Daniel.

Los segundos pasaban en angustioso silencio…

-. Daniel… – imploró Coque sin tener claro que estaba pidiéndole exactamente… rendirse? entregarse?… renunciar al capullo protector y volver a enfrentar la vida?

-. Aquí estoy

-. Daniel – volvió a suplicar más débilmente…

-. No me voy a ir de tu lado – a pesar de la situación Daniel le hablaba con dulzura

Lentamente las piernas de Coque se movieron… caminaba hacia aquellos brazos que lo esperaban porque Daniel representaba dejar atrás el pasado doloroso y volver a buscar la vida que tenía antes de ser ultrajado… Daniel era la persona que lo ayudaría a reiniciar una vida normal… Daniel y todo su carisma de ojos verdes era la piedra angular sobre la cual volvería a construir una vida diferente…

Suave… muy suavemente, Coque llegó hasta el lado de Daniel… con timidez apoyó su mejilla sobre el pecho. Escuchó el suspiro profundo de Daniel antes de sentir como sus brazos se cerraban con cuidado en torno a él, cobijándolo… escudándolo del peligro, soportándolo hacia la vida… comprometiéndose a caminar juntos.

-. Esto va a ser difícil – dijo Coque

-. No. Nada es difícil si estamos juntos. – la mano de Daniel se desplazaba cariñosamente acariciándole la espalda y calmándolo – cuenta conmigo… te necesito, no voy a dejarte.

Coque se había acercado… habían logrado vencer el primero de muchos obstáculos que vendrían y estaba en sus brazos como antes… Habían vuelto a establecer la relación entre ellos y eso era más que suficiente por ahora. Después buscaría los besos y caricias que se moría por obtener. Por ahora, Daniel sentía que todo estaba bien y volvía a ocupar un lugar importante en la vida de su pecoso. No permitiría que María ni nadie lo dejaran fuera. Él tenía la fortaleza suficiente para ser el apoyo de Coque y volver a poner sonrisas en su rostro. Lo había demostrado al ser “Ray”. Lo volvió a estrechar con calidez y sonrió para sí mismo lleno de alegría y amor. Todas las piezas comenzaban a encajar en el lugar correcto. No era un sueño. Estaban juntos por fin.

 

JORGE

Jorge se paseó por detrás de su escritorio imitando lo que había visto que hacía Gonzalo cuando necesitaba tiempo para tomar una decisión.  Dos hombres anchos y de aspecto rudo a pesar de sus elegantes trajes oscuros, o miraban y esperaban una respuesta. Más atrás, cerca de la puerta cerrada de su oficina, estaba Ghiotto. Jorge le dirigió una mirada que pretendía ser de indiferencia.  Todos se habían largado al puerto a ver lo que pasaba con la familia de Rojas y lo habían dejado a él a cargo de las decisiones del día en la ciudad. Gonzalo había sido específico al señalar que, si no era de vida o muerte, no lo molestara. Y entonces habían llegado este par con un problema y preguntando por Gonzalo. Ghiotto los trajo directamente a su oficina

-. Jefe, hay un problema…

Los dos hombres miraron confundidos. Habían visto a Jorge al lado de Gonzalo varias veces y sabían que trabajaban juntos pero jamás se les habría ocurrido ir a hablar con él para resolver un problema… claro que la cosa cambiaba radicalmente si Ghiotto lo llamaba “jefe” y les decía que era él quien tomaba las decisiones a falta de Gonzalo. A Ghiotto si lo conocían y respetaban todos los miembros de la familia.

Jorge escuchó atento el problema y su corazón se fue acelerando más y más al darse cuenta que la decisión que tomara podría, hipotéticamente, implicar vida o muerte… ¿debería entonces llamar a Gonzalo y consultarle? Sin darse cuenta sus ojos  interrogantes buscaron los de Ghiotto. El guardaespaldas entendía perfectamente lo que estaba pasando por la cabeza del informático y el gesto disimulado que le hizo fue para indicarle que la decisión estaba solo en sus manos. Jorge lo odió en ese momento. Este no era un tema de computadores ni de lógica… Decidir sobre el curso de acción y la posible vida o muerte de alguien no era algo que hubiera hecho antes… los dos hombres esperaban… Jorge sentía que estaba dividido entre continuar con la oportunidad única que se le había presentado en la vida… o volver a la antigua rutina del empleado anónimo de oficina… Una alarma muy fuerte sonó en su cerebro. No. No quería volver a ser un empleado más. Le gustaba mucho ser parte de la familia, pero tampoco deseaba sentenciar a alguien a la muerte… esa parte del negocio no era agradable

-. Jefe… ¿y si vamos a ver qué tan testarudo es el hombre y usted habla con él en persona?

La voz de Ghiotto, recalcando la palabra “jefe”, le ofrecía una solución en la que no había pensado… ¿ir él mismo al lugar del problema?.. pues… claro… era posible que aquella persona dejara de actuar tan testarudo y arriesgado si veían a un jefe… se asustarían… no tenían por qué saber que Jorge no mataba ni una mosca…

Respiró agradecido y se tomó un instante para tranquilizarse antes de hablar con aparente calma, imitando nuevamente el tono de voz de Gonzalo y Andrei

-. Si. Le haré una visita. Ghiotto, ven conmigo.

Estaba claro que sin Ghiotto su presencia no serviría de nada. Tal vez Ghiotto no era un jefe pero todos sabían que representaba  el poder de la cúpula de la familia.

-. Si señor- respondió el guardaespaldas sonriendo complacido, muy consciente de haberle solucionado un problema a su inexperto pero adorable jefe.

Jorge captó el timbre de voz… ese tonillo alegre que Ghiotto había empezado a usar cuando hablaba con él… No le agradaba.  Desvió el mal pensamiento de su mente y se concentró en la solución. No tenía tiempo que perder.

Los dos hombres abordaron el vehículo en el que habían llegado y partieron delante. Ghiotto se sentó en el puesto del conductor del segundo vehículo. Jorge iba en el asiento trasero intentando su mejor rostro de indiferencia

-. ¿Qué sabes del hombre que vamos a ver? – preguntó Jorge

-. Jefe… el hombre tiene familia, dos hijas pequeñas

Jorge lo miró asombrado… le tomó solo unos cuantos segundos entender la implicancia de la frase de Ghiotto

-. Estas sugiriendo que…??- preguntó sin  atreverse a completar la oración

-. No… pero puede usarlo como amenaza, ya sabe… las niñas estudian en el colegio todos los días

La boca de Jorge se abrió involuntariamente… él nunca le haría daño a un par de niñas… no!!!, jamás!!!… pero eso tampoco tenía porque saberlo el hombre aquel. El tipo se estaba saltando las reglas de la familia de Gonzalo y había que volverlo al redil o eliminarlo…

-. ¿Alguna otra cosa importante?

-. Lleva poco tiempo distribuyendo para la familia

-. ¿No hay otra forma? – preguntó consternado

-. Esa es efectiva…

-. Si, pero…

-. Jefe, yo sé que usted no le haría daño a nadie pero tiene que convencerlo a él y a los demás de que si es capaz… ¿cómo quiere que lo respeten si no lo hace?

¿por mi intelecto? ¿por mis capacidades?…¿no sabes acaso lo que puedo hacer a través de la red??? Mierda… sonaba estúpido aun cuando solo lo pensaba en su mente. Eso no funcionaba en el mundillo en que se había metido… Nadie se impresionaría de esas habilidades si no iban acompañadas de la fuerza y la agresividad necesaria. Si no era capaz de ser violento al exigir cumplimiento,  simplemente no servía.

Volvió a preguntarse si era capaz de hacerlo… amenazar al hombre con la vida de sus hijas

-. Usted puede – dijo Ghiotto como si hubiera leído su mente

Jorge lo dudó… sentía escalofríos de solo imaginarlo

-.  ¿Tú crees? – pregunto olvidando la indiferencia. Necesitaba el apoyo del hombre que conducía el auto – no sé si puedo aparentar amenazar a ese hombre

Ghiotto respondió de inmediato

-. Claro que si!! – el guardaespaldas tenía convicción y una sonrisa satisfecha mientras lo miraba por el espejo del auto – ¿No está todo el tiempo aparentando conmigo?

Jorge sintió como si le hubieran dado una patada directo en el estómago… ¿Quién lo mandaba a preguntar??!! ¿por qué confiaba en lo que Ghiotto le sugería?.. era un maldito guardaespaldas que se creía sabelotodo ¿Cuándo iba a aprender a mantenerse callado y ser mas ejecutivo al actuar?… ¿por qué le daba a Ghiotto oportunidades para que se sobrepasara del límite con él??… “soy el jefe” se repitió mentalmente… “soy el jefe y no tengo que preguntar”… pero… ¿y cómo voy a saber qué hacer entonces?… Ahhh maldición!!!… era un… un estúpido asustado pretendiendo ser el jefe que Gonzalo creía que era… Su respiración se calmó al darse cuenta que necesitaba ayuda para aprender todo y a falta de Gonzalo o Andrei… pues… tenía a Ghiotto que aunque era muy cabezota era fiel y estaba de su lado… al menos en lo que se relacionaba con el trabajo,

-. No sé a qué te refieres – dijo alzando los hombros – yo no aparento nada

Ghiotto mantuvo la sonrisa moderada.

-. Usted puede hacer lo que quiera, jefe. Es inteligente y el tipo ese va a creerle lo que le diga.

Inesperado pero Jorge recibió agradecido las palabras de Ghiotto. La confianza que el guardaespaldas tenía en sus habilidades le producía un efecto calmante, muy necesario en ese momento

-. Gracias… – tartamudeó sorprendido

-. Si… es que él no lo conoce como yo… – dijo Ghiotto ampliando la sonrisa satisfecha y dejando a Jorge sin palabras

-. Tú no me conoces!!! – casi gritó

Ghiotto consideró prudente callarse para no alterar más a Jorge, después de todo ya casi llegaban a destino y era preferible que su jefe estuviera tranquilo…

Lo conozco bien… conozco el sabor de su saliva en mi boca y la textura de su piel en mis manos… conozco el tamaño de su apretado agujero y como sabe exprimir mi polla”  Ghiotto podía controlar sus palabras pero era imposible detener su imaginación y el deseo que le mordía las entrañas.

Llegaron a destino y Jorge bajó del vehículo de prisa  caminando delante de él. En todos sus años al servicio de la familia Ghiotto había demostrado ser un guardaespaldas protector y eficiente  que estaba pendiente de todo movimiento alrededor se su protegido. Se maldijo a si mismo al darse cuenta que su vista estaba clavada en los movimientos del culo de Jorge nuevamente.

-. Mierda. Esto no está funcionando bien – murmuró en voz baja – tenemos que arreglar esto pronto.

-. ¿Dijiste algo? – preguntó Jorge volviéndose hacia él

-. Lo están esperando – dijo Ghiotto mirando al frente y evitando responder, pero en su mente ya había decidido que la situación entre su joven jefe y él estaba afectando su trabajo y su funcionamiento. No era hombre de esperar soluciones mágicas. Quería estar en la cama con Jorge nuevamente y estaba dispuesto a tomar el toro por las astas… aunque tal vez sería más apropiado pensar en tomarlo de esos glúteos redondeados y apetecibles… uno en cada mano… sentir su peso y apretarlos mientras los separaba y lamía hasta encontrar su aguje…

-. Ghiotto!

-. Si jefe– respondió tajante aterrizando de la calentura que lo atacaba en cualquier momento y lo dejaba aturdido, con el cuerpo sumido en calor y deseo – aquí estoy – dijo llegando hasta él y sonriendo nuevamente – Ya podemos hablar con el hombre. Lo hará bien. Yo estaré a su lado todo el tiempo.

-. Bien

Se encaminaron juntos por la callejuela que conducía hasta la casa del hombre con quien debían arreglar el problema.

 

 

MIGUEL

Miguel se movió hacia su derecha, alejándose unos pasos de Gonzalo. Sus movimientos eran lentos para no distraer la atención de lo que sucedía en la sala. Alrededor de una mesa redonda, 5 personas estaban sentadas. Detrás de ellos, 10 hombres de pie custodiaban y escuchaban, sin derecho a voz ni voto. Miguel, en su primer terno oscuro y camisa blanca que había comprado junto con Gonzalo, era uno de los que permanecían de pie, indudablemente el más joven de los presentes pero eso no importaba. Era partícipe del evento en que Clemente y Anselmo Rojas cedían el poder a Gonzalo quien actuaría libremente y en su nombre a partir de la fecha. No era inesperado. Las cinco personas en la mesa sabían de antemano de que trataría la reunión; los hermanos Rojas, Gonzalo y los dos tenientes que sobrevivían de la cúpula de poder de Rojas tenían aspecto grave… Gonzalo permanecía en silenciosa calma a la espera de que Clemente terminara de hablar y los tenientes de Rojas dieran su opinión, aunque ya todos la sabían; uno de ellos, Don Gino, hombre mayor y buen amigo de Teddy, aceptaba lo que los hermanos decidieran, su lealtad a la familia era incuestionable y para él, lo que los hijos de Teddy decidieran estaba correcto, no aspiraba a más poder del que ya tenía, era un seguidor, no un líder. El problema era el otro hombre, Mario Spunazzi, más conocido como Mario Metralleta por su habilidad con las armas.  Tenía unos 42 años y había estado cerca de Teddy durante los últimos años, era fuerte como un toro y poseía una personalidad violenta y una mente ágil. Una buena parte de los hombres de la familia Rojas seguían sus instrucciones y lo consideraban el verdadero heredero de la familia. Despreciaba la docilidad de los pequeños hermanos Rojas sobrevivientes porque sabía bien que Teddy nunca había pensado en ellos para que dirigieran la familia. No les gustaba ver a Gonzalo sentado en el puesto de Teddy.

Había tensión en el aire, pero Miguel no estaba preocupado por el tipo ese… Gonzalo había dicho que podía manejarlo todo sin problemas. Miguel creía exactamente lo mismo. ¿Alguien más en esta sala se daba cuenta de todas las habilidades que poseía Gonzalo? ¿Cómo lograba todo lo que se proponía valiéndose de cualquier medio necesario hasta conseguir su objetivo? Suspiró profundamente y su pecho se infló de orgullo. Miró alrededor… los rostros expectantes de hombres preocupados y dedicó unos minutos a estudiarlos… todos ellos eran hombres hechos* y habían sido cercanos a Teddy Rojas y ahora esperaban una resolución para comunicarla a los soldados de más bajo rango en la familia… habían perdido la guerra y a muchos de sus conocidos y amigos… se notaban cansados pero dispuestos a seguir luchando… Vivían una vida dedicada a la ilegalidad pero llevaban demasiado tiempo en la cúspide de la violencia…  de pronto, Miguel se encontró con la mirada clara y directa de Andrei. Tal como la suya, Andrei tampoco expresaba preocupación. Miguel disimuló una sonrisa que curvó apenas la comisura de sus labios. Andrei, en su elegante terno gris, elegido por Lidia, y su siempre alborotado pelo claro, compartió la mirada de comprensión… él también sabía de lo que Gonzalo era capaz y ambos confiaban ciegamente porque lo conocían mejor. Una corriente cálida recorrió a Miguel. Era bueno contar con Andrei y con cualquiera que fuera tan leal a su hombre como él mismo lo era…  Desde el nuevo ángulo al cual se había movido casi imperceptiblemente, Miguel obtuvo lo que buscaba: una mejor visión de Gonzalo exhibiendo todo su poder… demonios!… No pudo evitar un latigazo de deseo ni un estúpido suspiro que hizo que Andrei curvara sus labios burlonamente desde el otro lado de la sala gatillando un sentimiento de vergüenza en Miguel que enrojeció sus mejillas y provocó más sonrisa en Andrei… nadie más se dio cuenta… pero es que Gonzalo que se veía tan imponente y él estaba tan perdidamente enamorado… Cualquiera que no conociera a ninguno de los presentes y entrara a la sala podría decir, sin equivocarse, que el tipo más poderoso en aquel lugar era el hombre joven y silencioso que reposaba tranquilo contra el respaldo de la silla, un mechón de pelo oscuro le cubría parte de los ojos pero resaltaba su juventud…  sus cejas delineadas naturalmente, sus ojos oscuros e intensos, su piel perfecta, los labios carnosamente apetecibles, sus hombros anchos y más que nada, esa actitud de saberse dueño de todo… era el único en la sala que no usaba terno oscuro sino sus habituales jeans negros, camisa blanca de marca y una de sus infaltables chaquetas de cuero… pero eso no le restaba un ápice del poderoso magnetismo que emanaba… Miguel lo miraba desde un punto estratégico donde pocos podían verlo…  excitante verlo tan serio, arrogante e intocable, sabiéndose superior ahora que era el jefe más poderoso de las familias… había cambiado las reglas a su favor y conseguido lo que nadie más había logrado antes.  Miguel despertó una nueva mirada reprobatoria de Andrei cuando se chupó los labios anticipando el placer de saber que él era el único que hacía que Gonzalo perdiera la compostura y el control cuando estaban en la cama y se moría de deseo… Miguel se sintió reventar de orgullo… enamorado y orgulloso. Gonzalo, el más hermoso y cautivante hombre de la sala era totalmente suyo en su mente y en su cuerpo y él no necesitaba demostrárselo a nadie… estaba seguro de ello. Volvió a su posición para tranquilidad de Andrei y descartó de su mente los pensamientos que le calentaban la sangre y le ablandaban el corazón. Dentro de unas horas estarían solos en su casa y entonces… ahí podía volver a pensar en cómo Gonzalo despertaba sus sentidos.

Fue el momento de Gonzalo de hablar una vez que Clemente calló. Su voz se escuchó nítida y confiada. Habló unos cuantos minutos agradeciendo la confianza de los hermanos Rojas y dejando sutilmente claro que había llegado para quedarse y quien no siguiera su camino podía abandonar de inmediato la familia que seguiría llamándose Rojas en respeto a los chicos pero él era el líder. Su mirada se dirigió ahora hacia Mario metralleta quien manifestaba la desaprobación en sus ojos y en todo su lenguaje corporal, sin embargo, su boca no emitía ninguna palabra. Gonzalo mantuvo sobre él sus ojos intensos el tiempo suficiente como para obligarlo a bajar la vista en señal de sometimiento. El silencio era total en la sala. Quedaba claro para todos. Entonces, Gonzalo se tomó el tiempo de presentar a sus “hombres de confianza, sus Consejeros”. Andrei fue el primero y luego, Miguel. No necesitaba indicar que el segundo era su pareja. En este submundo en el que se movían sus vidas, todos sabían de la homosexualidad de Gonzalo y su hermano, como también sabían de su conexión con Miguel y con la familia de María a través de Daniel. Nadie que apreciara su vida se atrevería a levantar un dedo reprobatorio o una palabra burlona contra ellos.

-. Son mis consejeros. Su palabra es mi palabra – dijo Gonzalo al terminar, señalando a Miguel y Andrei.  La reunión terminaba realmente cuando se hubieran dado las muestras necesarias de lealtad de los hombres hacia el nuevo jefe. Todos ellos, siguiendo el protocolo, saludaron primero a Clemente y luego repitieron el código de honor y lealtad frente a Gonzalo, en el cual comprometían su vida y su silencio.

Mario Metralleta esperaba el turno final y todos estaban pendientes de lo que sucedería. Andrei y Miguel se mantenían especialmente atentos. Mario se detuvo frente a Gonzalo. Era más alto por lo que Gonzalo alzó levemente los ojos… se miraron fijamente. Correspondía a Mario hablar… pero el hombre guardaba porfiado silencio y escudriñaba insistentemente los ojos contrarios. Gonzalo mantuvo la calma… esperaba sin alterarse. Nadie se movía ni respiraba

-. Teddy fue un gran hombre – dijo Mario

Clemente hizo un movimiento que indicaba su interés por intervenir pero Andrei estiró su mano y lo detuvo con una fría mirada. Esto era entre Gonzalo y Metralleta. Nadie más.

-. Teddy ya no está.

-. No. Murió quemado y eso es responsabilidad tuya

Movimientos inquietos entre los hombres… esas palabras eran una afrenta que podía terminar con la muerte inmediata de Metralleta.

-. Teddy perdió la batalla que él mismo comenzó. Ni mi familia ni la de María iniciaron las agresiones. Nos defendimos cuando fuimos atacados.

Mario calló… no había forma de rebatir la verdad que Gonzalo estaba proclamando

-. Si tienes problemas con tu lealtad a esta familia, puedes irte por esa puerta

La frase de Gonzalo hizo que varios de los presentes exclamaran sonidos nerviosos

-. Nadie abandona una familia…

Eso era sabido. Solo se dejaba la familia cuando uno entraba en un ataúd.

-. Pero yo te doy la oportunidad de hacerlo ahora mismo

Ni Mario ni nadie esperaban que Gonzalo mismo se moviera ágilmente y abriera la puerta de la sala.

Mario estaba enfurecido… las aletas de su nariz bailoteaban y sus manos eran puños cerrados.

Gonzalo esperó el tiempo prudente para dejar que la idea de quedarse solo y ser un paria madurara en Metralleta… cuando vio que el hombre perdía energía y se empequeñecía, volvió a hablar caminando de vuelta frente a él

-. O puedes quedarte y ser parte de los cambios y la nueva grandeza que traeré  a esta familia.

-. ¿Qué cambios? – preguntó Mario claramente agradecido de poder cambiar de tema

Gonzalo ablandó la mirada de sus ojos y su boca se curvó en aquella media sonrisa que tanto le gustaba a Miguel… la sonrisa de victoria

-. Vamos a ser la familia más grande y poderosa que jamás se haya visto.  Los cambios serán ventajosos para todos nosotros. Nadie volverá a mirarlos despectivamente. Será un honor mayor pertenecer a esta familia.

Había entusiasmo en el resto de los hombres. Metralleta miró alrededor y pudo verlo…. Maldición!! No iba a quedarse fuera…

-. Siempre he pertenecido a esta familia. Es mi deber estar aquí y cuidar de los intereses de…de los chicos… de todos nosotros.

Mario estaba cediendo pero no completamente

-. Es a mí a quien le debes lealtad ahora. Yo dirijo esta familia.

El silencio volvió a reinar… era la última oportunidad…  el momento crucial en que Metralleta tenía que decidirse y pronunciar su juramento de lealtad o desaparecer para siempre

-. Don Gonzalo, juro mi vida, mi lealtad y mi silencio con usted y la familia.

La media sonrisa de Gonzalo fue más satisfactoria. Metralleta estaba en actitud sumisa y era hora de ser magnánimo. Posó su mano sobre el hombro del hombre quien se había agachado lo suficiente como para estar a más baja altura que Gonzalo

-. Eres un hombre hecho*, Mario.

-. Gracias, Don Gonzalo.

Andrei sacó su mano de la espalda. Había estado sutilmente acariciando el arma que llevaba.

Miguel relajó sus hombros y abandonó la postura de ataque.

La reunión se dio por terminada.

(*Hombre hecho= nombre que se da al miembro de una familia de la mafia que ha realizado el juramento de fidelidad y es recibido como parte de la misma.)

 

Andrei, Gonzalo y Miguel viajaban en la parte de atrás del cómodo vehículo de vuelta a la ciudad. El brazo de Gonzalo, inquieto, alrededor de la cintura de Miguel.

-. ¿Confías en él? – preguntó Andrei

-. Debería… pero no – respondió sin dejar de raspar su barbilla contra la cabeza de Miguel en un gesto cariñoso

-. Entonces? – esta vez fue Miguel quien preguntó

-. Lo mantendremos vigilado, a él y a sus soldados, hasta que pruebe su lealtad. Habrá que traer gente nuestra al puerto. Recuérdame hablar con María. No quiero problemas con ella

-. ¿Problemas con ella? Nadie se va a atrever ahora a ponerte ningún problema!!

-. Lo sé. Aun así, María es mi aliada y quiero ponerla al tanto de los cambios

-. ¿Qué cambios? – preguntó Miguel intentando quitar las manos de Gonzalo de su cuerpo para poder conversar en serio.

Quizás era la tensión que había experimentado, la alegría que sentía al ser poderoso o tal vez el simple hecho de que Miguel tenía puesto un terno oscuro, una camisa blanca y Gonzalo estaba desesperado por quitarle toda esa ropa de encima… no podía mantener sus manos quietas, ni su boca… ni tampoco su polla que se endurecía de tan solo mirarlo…

-. Hay mucho que hacer, comenzando por terminar toda esta trata de blancas. Habrá que cerrar esa línea de negocios, hablar con los compradores. Los hombres están muy acostumbrados. No será fácil…

-. Podemos hacerlo – dijo Andrei reafirmando la frase con un gesto de su cabeza

-.Voy a necesitarte en el puerto – dijo Gonzalo mirando a Andrei y hundiendo una de sus manos bajo la camisa de Miguel – a ti y a varias personas más… solo gente de mucha confianza. Tendrán que trabajar liderando algunos de los grupos que Teddy había formado…

Su mano masajeaba suavemente la piel de Miguel… tenía un efecto calmante y excitante a la vez…

-. Yo puedo ayudar – dijo Miguel haciendo que la mano de Gonzalo se detuviera automáticamente

-. Prefiero que te quedes conmigo

Miguel retrocedió en el asiento y la mano de Gonzalo desapareció de su piel

-. No quiero. Necesitas a todas las personas disponibles y yo soy una de ellas. Soy tu consejero, no? Puedo hacerme cargo de lo que me digas

Gonzalo respiró profundo… conteniéndose

-. Miguel… va a ser complicado

-. ¿Y qué? ¿Crees que no puedo hacer el trabajo?

Cada palabra de Gonzalo irritaba más a Miguel

-. No, no es eso.

-. Entonces?

-. Es riesgoso y habrá que estar atentos a Metralleta

-. ¿Entonces piensas que no soy capaz?

-. NO Miguel! Ya te dije que no es eso!!! – el enojo era palpable en ambos

-. ¿Acaso crees que tengo miedo? Puedo hacerlo mejor que muchos de tus hombres!!! No le tengo miedo a nada ni a nadie!!!! – Miguel finalmente estaba gritando

Gonzalo apretó los puños y respiró reteniendo el aire en sus pulmones… Miguel… había dicho que…  De pronto Gonzalo relajó su cuerpo y soltó lentamente el aire… la media sonrisa aquella apareció lentamente en su rostro poniendo a Miguel en un alto estado de alerta

-. ¿No le tienes miedo a nada? – preguntó Gonzalo delicadamente

Miguel se quedó en blanco… No!!! Maldito idiota!! No era posible que le saliera ahora con esa estupidez!!! No estaban hablando de sexo sino de lo que pasaba en el puerto.

-. ¿Absolutamente a nada?

Gonzalo sonreía y se lo comía con los ojos… su erección era visible de ahí a la China… se acercaba a Miguel como si fuera un león acechando a su indefensa presa

-. No. No le tengo miedo a nada – respondió Miguel firmemente

Los labios de Gonzalo y su cuerpo entero comenzaron a devorar a Miguel, apasionadamente, olvidando que Andrei observaba desde el asiento del frente.

Andrei contemplaba la escena en silencio. Le tomó unas cuantas frases entender que el tema se había desviado del puerto a la cama, dejándolo fuera de la conversación. Los miró cuidadosamente mientras ambos se consumían en besos y abrazos. Suspiro y desvió su mirada hacia el paisaje exterior pensando en Lidia. Era inútil tratar de seguir hablando con Gonzalo ahora. Miguel acababa de prometerle el cielo en la tierra.

Miguel 2 – Capítulo 81

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CAPITULO 81

Tal vez era por su costumbre como guardaespaldas de permanecer alerta en todo momento. Ghiotto apenas escuchó la palabra dicha por Jorge pero fue suficiente para que abriera los ojos. Se detuvo sobre él… Ladeó levemente la cabeza… lo había visto hacía unas horas atrás cuando lo trajo dormido y le quitó la ropa para meterlo en la cama… ahora estaba despierto, desnudo y lo miraba sorprendido desde la puerta de la sala.

-. ¿Qué haces durmiendo en el sofá?… ¿por qué estas en mi casa?

Jorge estaba tan sorprendido de encontrarlo en su departamento que no atinó a recordar su desnudez hasta que sintió la mirada lujuriosa de Ghiotto que lo recorría de arriba abajo… el guardaespaldas no hablaba ni respiraba… solo miraba haciéndolo tomar consciencia de su cuerpo tal como había llegado al mundo

-. Ya deja de hacer eso – protestó Jorge molesto, repentinamente cohibido y cubriendo la mitad de su cuerpo tras uno de los sillones

-. ¿Hacer qué? – preguntó Ghiotto enderezándose en el sofá, despeinado y soñoliento pero comiéndoselo con los ojos.

Jorge suspiró molesto. No tenía derecho a hacer eso!! No después de lo que le había dicho y hecho… de no haberle hablado nunca más del tema y desaparecer como si el dolor que tuvo en su culo por dos días no fuera de su responsabilidad. Jorge sintió que la molestia crecía grande dentro de él.  La situación era absurda. Estaba sin ropa, si, pero estaba en la sala de su casa, SU propia casa, y sintiéndose incómodo bajo la mirada examinadora de su guardaespaldas, el suyo… el que tenía la responsabilidad de cuidarlo…  Ya era suficiente!!! Él era el jefe y no al revés. Había soportado que Ghiotto lo llevara donde el médico contra su voluntad y que lo tratara como si él fuera quien diera las órdenes pero… pero esto… esa mirada de lujuria que le dirigía… no!!! Esto no. No estaba para juegos y menos con Ghiotto. Sabía que tan cruel podía ser el hombre cuando jugaba y el gusto amargo que dejaba en la boca el sentirse usado y abandonado. No quería recordar lo bien que se había sentido cuando… No. No valía la pena. El necesitaba cariño y compresión… alguien en quien vaciarse y abandonarse… aprender a ser jefe era estresante y más aun cuando estaba solo y no tenía a nadie en quien confiar sus sentimientos, que lo escuchara y compartiera esta nueva parte tan buena de su vida. El estrés acumulado en las últimas semanas era bastante. Si iba a distraerse con alguien tendría que ser con una persona que lo comprendiera y lo hiciera sentirse amado y feliz…

-. Nada. No haces nada

De pronto, Jorge sintió como algo cambiaba dentro de él mismo. Había estado aprendiendo las últimas semanas. Había observado atentamente a Gonzalo y a Andrei al compartir tiempo con ellos. Si quería ser un jefe de verdad había cosas que tenía que superar y lo que Ghiotto lo había hecho sentir era una de ellas.  Lento… confiado… casi sonriente, Jorge abandonó el espacio donde se ocultaba tras el sillón y caminó, desnudo y majestuoso, hasta estar cerca de su guardaespaldas

-. Ya estoy bien – dijo tocándose los puntos en el labio y luciendo, a sabiendas, su magnífico cuerpo  – Puedes irte. No te necesito.

El impacto de las palabras pronunciadas con lentitud y seguridad por ese cuerpo bien formado fue intenso en Ghiotto… parpadeó repetidas veces como si su cerebro se demorara en procesar lo que había escuchado…

-. Ah!, antes de irte busca mi teléfono que no sé donde quedó. Lo necesito.  

Jorge se giro frente a él dejando su precioso trasero a la vista junto al suave movimiento de sus largas piernas, la espalda lisa y aterciopelada, los brazos delgados y largos… se movía con calma… se alejaba rumbo a su propio dormitorio sabiendo el efecto que estaba causando y sin que le preocupara.

Ghiotto, boquiabierto y agitado, aún no terminaba de entender que rayos le había picado al crío ese que le hablaba así y se exhibía como si no le importara y… ¿qué le había dicho?… ¿cómo es que tenía un cuerpo tan… esbelto? ¿con cintura y todo?… ¿Cómo lo escondía bajo la ropa durante el día? La mirada fija en las nalgas que se flexionaban y reaparecían en redonda majestuosidad… Ghiotto no podía comprender a cabalidad lo que Jorge le había dicho… su mente estaba turbia y caliente, producto del más bruto instinto animal que bullía dentro de él al mirar el acompasado movimiento de las piernas y los glúteos cimbreándose elegantes… se contraían y relajaban con cada paso… Ghiotto respiraba alterado y no podía quitar sus ojos de encima… Mierda!!!  Sabía cómo se sentía la piel de Jorge en sus manos y parecía que sus palmas picaban y dolían por la necesidad de sentirla nuevamente… se había vuelto duro y hambriento… el deseo en su máxima expresión.

Jorge desapareció de su vista sin volver a mirarlo ni una vez.

Ghiotto se quedó con la mente embotada observando el espacio oscuro por donde se había marchado…

¿Qué diablos le pasaba?… tenía una erección monumental causada por Jorge… ¿se había convertido en un marica como el patrón?… lo que sentía era urgencia, deseo incontenible por el hombre que acababa de cerrar la puerta del dormitorio… quería abalanzarse sobre él y poseerlo de manera fiera… enterrarse y hundirse en su culo hasta saciar sus deseos… en ese agujero caliente y apretado que ya había probado… suspiraba agitado…  el patrón le había dicho que una vez que lo probara no iba a poder resistirse… recordaba claramente a Gonzalo riéndose y burlándose de él y amenazándolo con aquella frase. Jamás lo habría creído cierto.. pero ahí estaba sintiéndolo y sufriendo… no podía alejarse de él… como si Jorge tuviera un imán que lo atrajera y le hiciera imposible vivir sin estar pendiente de él… lo había intentado.. alejarse y olvidarlo… dejar de prestar atención.. era un hombre después de todo… pero el resultado de su estúpido esfuerzo saltaba a la vista ahí mismo… estaba en medio de la sala del departamento de Jorge, destilando lujuria y deseo… duro como roca y necesitándolo… como si fuera un cachorro amaestrado… rindiéndose a las sensaciones que el cuerpo de Jorge le despertaba.

Maldición!!…

No importaba si se había convertido en uno de ellos… nada importaba… Lo que el nuevo jefe le provocaba no tenía comparación. No había mujer que fuera capaz de hacerle sentir lo que sentía en ese momento…  aahhh!!! por los mil demonios!!! Era un hombre grande y seguro…  despertaba miedo en las personas…  vivía en medio del riesgo… siempre sabía bien lo que tenía que hacer… aunque fuera peligroso…  pero ahora… se había quedado con la boca abierta y la mente nublada… debatiéndose entre obedecerlo lo que Jorge le había pedido o hacer caso a lo que sentía… acaso… ¿le había dicho que se fuera?… ¿Jorge lo había despedido de su casa?… y ¿qué idiotez fue esa de buscar el celular?… en un gesto instintivo metió la mano al bolsillo de su chaqueta y extrajo el teléfono de Jorge. Lo había guardado por si acaso llamaba el patrón y Jorge no podía responderle debido al calmante… miró el teléfono… miró el pasillo oscuro… el teléfono nuevamente… lo apretó nerviosamente entre sus dedos y empezó a caminar con el cuerpo tenso y la mirada fija en la puerta del pasillo sin luz

No se molestó en tocar la puerta ni en iluminar la habitación. Entró de sopetón.

Contra la ventana se perfilaba claramente la silueta desnuda de Jorge, de pie, observando la ciudad e intentando reafirmar su recién adquirida confianza. El dolor de los golpes que había recibido horas atrás comenzaba a molestarle.

El informático se volvió al escuchar a Ghiotto entrar a su dormitorio. Se fijó en teléfono que brillaba en la mano. Hubiera preferido que tocara la puerta y le diera la oportunidad de vestirse… no había supuesto que llegaría tan de prisa… era incómodo estar desnudo pero no le iba a hacer saber lo mucho que lo afectaba. Era el jefe. Tenía que recordarlo más seguido.

-. Déjalo en la mesa – respondió casual fingiendo indiferencia.

Jorge le dio la espalda girándose nuevamente hacia la ventana… no iba a volver a pensar en él… Ghiotto era parte del personal que venía con el trabajo y reconocía su buen trabajo como guardaespaldas y persona de confianza… no podía enemistarse con él dado el grado de confianza que tenían Gonzalo, Andrei y Miguel en el hombre, reconocía su importancia y utilidad… Mantendría una clara línea entre él y su persona. Eso era lo que tenía que hacer.  Nunca más volvería a…

Sus pensamientos fueron interrumpidos…

Sin volverse, Jorge supo por el ruido de la respiración que Ghiotto estaba parado justo detrás de él. El corazón se le aceleró dentro del pecho… se forzó a mantener la calma. No era el mismo idiota de hacía unas semanas atrás… no señor. No lo era.

-. ¿Algo más? – preguntó con frialdad disimulando el temblor en la voz

Ghioto estaba a su lado. Ya no podía pretender que no lo veía… el movimiento fue rápido e inesperado. Lo primero que sintió fue la mano grande y áspera del guardaespaldas enredándose en su pelo, luego fue atrapado entre el brazo musculoso y el cuerpo de roca de Ghiotto. Lo sujetaba con fuerzas y le buscaba la boca

-. Suéltame 

Jorge estaba alteradísimo pero no iba a gritar como damisela en peligro… ni siquiera iba a alzar el tono de su voz.  Era el jefe de Ghiotto y era hora de demostrarlo. Todo esto era una prueba de la cual tenía que salir airoso…

-. Suéltame – repitió

Mierda!  No estaba resultando… Ghiotto le había encontrado los labios y lo estaba besando con urgencia. Dada la diferencia de tamaño, podía hacer con él lo que quisiera y el muy torpe estaba desnudo. Las manos grandes se aferraban a su culo y la pelvis del hombre presionaba contra su sexo… No!!! no quería excitarse… si Ghiotto no lo soltaba de inmediato él iba a tener una reveladora erección…

-. Suéltame de una vez!!! – logró gritar cuando sus labios tuvieron que separarse para poder respirar. Había gritado olvidando sus intenciones y lo empujó con las dos manos… con fuerza… su cuerpo resintió el movimiento con una punzada dolorosa. Se recuperó de prisa. No quería mostrarse débil.

Ghiotto ni siquiera se movió… ni pestañeó… ni se alteró.  Mantuvo a Jorge apretado contra su cuerpo mirándolo fijamente desde su altura.

Jorge podía sentir la dureza del sexo del hombre en su cadera…

-. No – dijo Ghiotto finalmente

¿No?… NO???!!!  ¿de nuevo con la misma estupidez de la vez anterior?… solo “no”? pero que original y comunicativo! Jorge quería gritar de la impotencia!!! Ghiotto era como un gorila salvaje… un animal… un idiota… Jorge pensaba de prisa… tenía que lograr que sus palabras pesaran más que la fuerza bruta del guardaespaldas sino esto iba a terminar de mala manera

-. No es buena idea atacar a tu jefe – dijo en voz alta y firme, mirando directamente en los ojos oscuros y llenos de excitación de Ghiotto.  Por un segundo pareció que el hombre dudaba pues relajó el firme agarre que mantenía alrededor de Jorge

-. Mmhh??

-. Me estas atacando. Suéltame

-. No

Dios!! que exasperante!!! Lograba sacarlo de quicio

-. ¿Es todo lo que sabes decir?!!… ¿nadie te ha enseñado a preguntar o a escuchar?

Jorge manoteó con firmeza hasta lograr liberar su cuerpo. Se alejó unos cuantos pasos dejando a un Ghiotto confundido y excitado que lo seguía observando fijamente

-. No es un ataque – dijo Ghiotto intentando acercarse a continuar lo que había sido interrumpido

-. Claro que lo es!!! No quiero que me toques!

Por si acaso, Jorge se retiró protegiéndose detrás de la mesa pequeña del dormitorio… una protección más bien simbólica.

Vio como Ghiotto dudaba de sus palabras…

-. Pero tú eres…. A ti te gustan los hombres…  Ghiotto sonaba como si esa explicación bastara

Jorge abrió los ojos y la boca al escuchar tamaña necedad… Claro que le gustaban los hombres!!! pero Ghiotto no podía ser tan estúpido e ignorante de creer que cualquier hombre podía gustarle.  La furia creció intensa en él…  sintió más que nunca que había sido usado y que no dejaría que el hombre en su habitación volviera a tocarlo… nunca más.

-. Soy gay. Me gustan los hombres, pero yo elijo con quien me acuesto y quien me toca!!!

Nuevamente había olvidado su desnudez debido a la rabia que sentía… caminó hacia el sorprendido Ghiotto con la mano en alto para reforzar sus palabras… lo apuntaba y señalaba… estaba enojado y se lo hacía ver.

-. Pero… la otra vez… – la excitación de Ghiotto había disminuido y ahora parecía confundido

-. No me hables de eso. Ni siquiera me preguntaste… te marchaste sin hablarme

-. ¿Hablar de qué?

En verdad todo esto era confuso para Ghiotto… ¿de qué quería que le hablara?… él nunca hablaba con ninguna de las mujeres con quienes tenía sexo… ¿qué quería Jorge?… no entendía.

Recibió furia en la mirada de Jorge.

-. Fuera de mi habitación!!- el brazo estirado señalaba la puerta ahora. La actitud de Jorge era sumamente decidida – vete a tu casa.

-. ¿Hablar de qué??!!- pregunto Ghiotto nuevamente alzando la voz sin intención de moverse del cuarto.

-. Ya vete de una vez – era inconcebible. Estaban en dos mundos diferentes… no había comunicación posible

-. ¿Hablar de qué??!!! – rugió Ghiotto verdaderamente molesto y por un instante intimidando a Jorge…  Ghiotto gritaba porque quería entender, porque estaba frustrado y porque Jorge lo estaba enloqueciendo… Dios!! era tan hermoso y lo deseaba… no quería irse.

-. De lo que hicimos!!! de lo que sentimos!!! Que se yo!!  Una explicación, una conversación cualquiera como las que tienen las personas normales cuando tienen sexo…

El nivel de exasperación de Jorge crecía al hablar y mirar a Ghiotto… en verdad se veía como si el guardaespaldas recién estuviera descubriendo algo nuevo

-. Pero yo… nunca hablo…- su voz cambió. Ahora parecía como si quisiera dar explicaciones…

Para Jorge la situación era insoportable… Llevó sus manos a la cabeza y al labio roto… con los gritos se acentuaba aun mas su dolor y molestias… tenía sueño, estaba cansado… no quería discutir… todo lo que deseaba era hacerse un ovillo en su propio cuerpo, derramar unas cuantas lágrimas, dormir y olvidar lo que estaba sucediendo. Borrarlo para siempre. Ghiotto no era lo que él necesitaba.

-. Déjame solo. Vete a tu casa

Para Ghiotto resultaba intolerable pensar en salir del cuarto y alejarse de Jorge. Iba a responder con un “no” nuevamente cuando recordó el efecto que esa palabra tenía en Jorge y no quiso molestarlo. Su jefe se veía mal… es decir, su cuerpo seguía siendo caliente y erótico pero claramente Jorge no lo estaba pasando bien.

-. Quiero quedarme aquí

Ghiotto, sin registrar lo que hacía, caminó hasta Jorge. Se sorprendió al verlo retroceder… nervioso, malhumorado y adolorido. Le dolió que Jorge se alejara y extendiera una mano frente a él para rechazarlo. La excitación que sentía se redujo y fue dando paso a un nuevo sentimiento… algo que rara vez sentía… ahora tenía ganas de tomarlo entre sus brazos y sostenerlo ahí para ayudarlo a aliviar sus problemas y dolores… si Jorge quería hablar, hablarían… podía hacer eso.. claro que podía!

-. No te necesito – Jorge había perdido fuerza…

Ghioto tenía experiencia en este tema. Tal vez no era un hombre comunicativo ni sabía cómo expresar sus emociones… nunca había tenido que hacerlo, pero si era capaz de deducir bien cómo funcionaba la mente humana. Él había sido el pilar de Gonzalo, Andrei y muchos otros, incontables veces. Sabía escuchar y proteger y ahora deseaba fervientemente hacer esas dos cosas con el hombre que estaba frente a él.

-. Creo que si me necesita

Jorge volvió a retroceder con las dos manos levantadas pero Ghiotto fue más inteligente.

-. No se preocupe. No voy a hacerle nada

-. Entonces ya vete

-. Voy a quedarme. Usted no está bien- había bajado la excitación sin llegar a desaparecer. Ghiotto era, cien por ciento, un ente protector con quienes estaban bajo su cuidado y su reacción era natural al ver que Jorge necesitaba cuidado en ese momento.  Tal vez no reaccionaba a los gritos y protestas pero si respondía de inmediato y con vehemencia a la necesidad de resguardar y cuidar a quienes debía.

-. No te quiero aquí – dijo Jorge. Su voz ya no era exigente sino que parecía una petición.

-. Tendrá que aguantarme. Vuelva a la cama

Jorge pensó en su cama… en su cuerpo adolorido y golpeado… dormir y descansar… sonaba muy bien…  Permitió que Ghiotto lo tomara del brazo y lo guiara a la cama. Se metió entre las sábanas… deseaba cerrar los ojos y dormirse pero la presencia del guardaespaldas de pie al lado de la cama era inquietante

-. ¿Vas a quedarte ahí vigilándome?

Ghiotto pareció dudar

-. No. Voy a quedarme acá

Y sin más, se acomodó sobre la cama, al lado de Jorge, aunque sin meterse entre las sábanas. Cruzó los brazos sobre su pecho y echo la cabeza hacia atrás preparándose para descansar.

Jorge saltó al ver lo que hacía

-. No pued…!!!

– Tranquilo, jefe. No voy a hacerle nada

La tranquilidad con que Ghiotto respondió además de la mirada directa de sus ojos convencieron a Jorge de que Ghiotto no iba a moverse de ahí. Había usado la palabra “jefe” para referirse a él… También sonaba como si en realidad no pensara hacerle nada… ya no tenía ese aspecto de depredador sino que había vuelto a ser un hombre protector, como si se sacara una personalidad y se pusiera otra encima.

Jorge relajó sus hombros adoloridos y volvió a poner su cabeza sobre la almohada… aún tenía dudas…

-. Lo que pasó esa vez no va a volver a repetirse

-. Si, señor

-. Soy tu jefe. No lo olvides

-. No, señor

-. Puedo hacer que Gonzalo te despida si me vuelves a tocar, ¿sabes eso?

-. Si, señor

-. Si me besas de nuevo te puedes dar por muerto

-. Si, señor

Tanta docilidad en Ghiotto era sospechosa. Jorge no pudo evitar levantar su cabeza y preguntar

-. Que… que estás haciendo?

-. Estamos conversando, ¿no? – respondió un Ghiotto relajado

Jorge abrió los ojos muy grandes… ¿Conversar??!!… ¿llamaba a eso conversar?!!! iba a rebatirle con toda su artillería de argumentos pero la expresión de victoria en el rostro de Ghiotto, apoyado sobre el respaldo de la cama, lo hizo guardarse sus palabras. Era… era como toparse con un muro de granito. No tenía sentido… era imposible… era… desesperante…

-. NO! No estamos conversando! – gruñó Jorge girándose en la cama y dándole la espalda. Su cabeza latía, le dolía el labio y todo el cuerpo…

Ghiotto lo miro satisfecho.

-. Yo creo que si – dijo antes de cerrar los ojos y suspirar tranquilo. Estaba contento, sin tener claro los motivos de su repentina sensación de felicidad.

 

LIDIA

Lidia abandonó el centro médico con sus oídos protegidos y acompañada de un grueso contingente de protección que incluía a Andrei y parte de la familia.  Estaba ansiosa de llegar a su casa aunque tuviera que hacer reposo allá.  El repentino zumbido en sus oídos que la dejaba mareada, con nauseas y adolorida le hacía tomar consciencia de que necesitaba descansar para recuperarse bien. Las marcas de las quemaduras ya no dolían tanto; dolía más saber que eran permanentes y tendría que recurrir a la cirugía plástica para hacerlas desaparecer o, al menos, disimularlas. Sin embargo, ninguna de las molestias físicas se comparaba con el desasosiego que la abatía al recordar que Karina había muerto protegiéndola y, sobre todo, al mirar a Andrei y sentirse estúpida y avergonzada.  Pensaba en lo que había hecho y le costaba encontrar una explicación racional para sus acciones.  Sabía que llevaría por largo tiempo, quizás para siempre, el peso de la muerte de su amiga. No era primera vez que un guardaespaldas perdía la vida dentro de la familia, pero nunca antes le había sucedido a ella. Además, Karina distaba mucho de ser solo un “guardaespaldas”. Había sido su amiga y su confidente… y ya no estaba más.

-. Dame la mano, Lidi

La voz suave de Andrei la trajo de vuelta a la realidad. Habían llegado y él le sostenía de la mano para ayudarla a descender del vehículo… Estaba triste por la pérdida de Karina y a la vez emocionada por haber sobrevivido, por llegar a casa, y por el maravilloso hombre que estaba a su lado. Apretó la mano fuerte y sólida de Andrei y se detuvo un momento para calmarse.

-. ¿Estás bien?

Le hablaba bajito para no irritar sus oídos… más bien parecía como si Lidia hubiera desarrollado la capacidad de leerle los labios. Asintió con la cabeza y una sonrisa cansada. Andrei la rodeó con sus brazos protectores y se encaminaron hacia la casa.

Juntos…

Como tantas veces ella había soñado cuando Andrei estuvo desaparecido y su ausencia era insoportable.

Andrei…

Su Andrei…

¿Qué clase de tonta era?

Fue fácil disimular la emoción que sentía transformándola en alegría por estar de vuelta en casa. Sus padres la recibieron con cariño, las emociones, abrazos y lágrimas surgían fácilmente en ella. Ya pronto estuvo instalada en el dormitorio de su apartamento dentro de la casa familiar.

-. Te dejaré descansar, Lidi. Si necesitas algo solo presiona el…

-. No. No te vayas – dijo sujetándolo

Su propia voz retumbaba en su cerebro pero no quería que Andrei desapareciera de su vista ni un momento. Quería tenerlo cerca… siempre.

Él sonrió ante la petición… Lidia se maravilló hasta las lágrimas por la hermosa sonrisa que Andrei le dedicó… Vaya!! Estaba tan sensible que no podía controlarse.

-. No llores. No me voy a ir –Dijo Andrei retrocediendo hasta ella y tomando asiento a su lado en la cama para acompañarla

Lidia lo miró fijamente… necesitaba saber. No quería esperar…

-. ¿Nunca? – preguntó ella bajito y con temblor en la voz

El rostro de Andrei cambió. Suspiró profundamente. Entendió que la pregunta de Lidia era mucho más amplia que el momento que vivían… Se tomó un momento para recorrerle el rostro con los ojos y delinear el contorno con sus dedos…  su semblante serio fue lentamente cambiando a uno tranquilo y seguro. Sus ojos claros eran sinceros y directos

-. Nunca, Lidi

Lidia levantó ambas manos para cubrirse la boca y ahogar un sonido de ansiedad que tenía reprimido desde hacía días.  La respuesta que anhelaba escuchar por fin había sido pronunciada y la inquietud de su corazón era calmada.

Andrei le tomó ambas manos y las quitó de su boca

-. Lo siento Andrei… yo fui…

-. Sshhhh… no. Ahora no

-. Pero necesito que me escuches y me perdones

-. Lidi, puedo escuchar todo lo que tengas que decirme, pero hay algo que debes saber.

Lidia se quedó quieta esperando… ¿Qué tenía que saber?… ¿qué?

-. Reconozco mi parte de culpa en lo que sucedió.

-. No Andrei.. tú…

-. Solo escúchame, si?

Ambos estaban tocándose y muy cerca. Los días recién pasados y la experiencia vivida los hacían tomar consciencia de lo frágil y delicada que era la vida…

-. Estaba enfocado en Gonzalo

Lidia lo conocía muy bien. Comprendió de inmediato el esfuerzo que estaba haciendo Andrei para hablar. Se quedó quieta en espera de que él continuara

-. Fue mi ídolo desde el momento en que lo conocí. Yo era un niño solitario y Gonzalo me recibió como amigo. En el colegio, mientras los demás niños soñaban con super héroes  yo  tenía uno real, de carne y hueso, y era mi amigo. Lo seguí incondicionalmente durante toda nuestra infancia y juventud. Me acostumbré a su amistad. Luego te descubrí, nos enamoramos… me volví loco por ti, Lidia. Eres preciosa para mi… pero debes entender que me crié entre hombres rudos y violencia. Me habían enseñado a valerme por mi mismo y a respetar a los más fuertes. Cuando… cuando sucedió aquello con mi padre y Don Jaime me envió al exilio, cada día esperé a que Gonzalo me llamara de vuelta. Todas mis esperanzas estaban puestas en él… de él dependía que volviera a encontrarte, mi regreso, mi estabilidad, continuar con mi vida. Siempre supe que Gonzalo me buscaría para traerme y de esa manera llegaría a ti.  ¿Me entiendes?

Lidia escuchaba atenta. Musito un “si” muy bajito. Andrei tomó aire para continuar hablando y se puso de pie. Estaba vaciando su alma con Lidia y necesitaba un poco de espacio para poder hacerlo.

-. Cuando Gonzalo me llamó para decirme que volviera… Dios!!! Lidi… estaba tan agradecido que lloraba. Esperé esa llamada durante años… mi vida estuvo detenida hasta que tu hermano me llamó de vuelta. Me prometí que nunca lo defraudaría y sería leal con él hasta la muerte si era necesario.

Lidia derramaba lágrimas en silencio… entendía. Oh Si que entendía bien. Ella también había esperado años para volver a verlo… nunca había perdido la fe ni las esperanzas de estar juntos nuevamente.

-. Te descuidé, Lidi.  Puse a Gonzalo y a la familia en primer lugar. No podía permitirme fallar… no podía dar motivo a que algo malo sucediera y me volviera a quedar solo… tal vez… tenía… miedo.

Lidia escuchó asombrada y conmovida.  Andrei se había detenido de espaldas a ella… no sabía si estaba llorando pero si tenía claro lo importante que era para Andrei y para ella todo lo que recién acababa de confesar.  Se acercó en silencio… lo rodeó con sus brazos pegándose a su espalda…

-. Fui muy tonta, Andrei, perdóname… nunca volveré a dudar de ti ni de tu amor. Entiendo tu lealtad con Gonzalo y te admiro aun más por ello

-. Eres la mujer que amo, Lidi. No sabría vivir sin ti… nada tendría sentido sin ti… te amo.

Lidia cerró los ojos sintiendo que las dudas y el pesar abandonaban su cuerpo.. Andrei la amaba a pesar de sus errores…

-. Nada ni nadie volverá a separarnos.

El se giró. Tenía una expresión de alivio. La rodeó completamente con sus brazos, besando su pelo…

-. Jamás volveré a descuidarte. Eres lo primero, eres mi vida… te amo.

Lidia seguía llorando pero ahora sus lágrimas eran de felicidad.

 

 

DANIEL

Había salido de su casa temprano rumbo al puerto. Ghiotto no estaba disponible así es que iba con otro conductor y acompañado de varios guardaespaldas por ordenes de su hermano. El peligro de los Rojas aún no había terminado aunque Teddy y sus hijos mayores hubieran muerto. Había rencor y deseos de venganza entre los miembros de la familia Rojas. Daniel aceptó cualquier cosa que Gonzalo le impuso. Nada importaba más que ver a Coque, a las doce, en su casa.

Temblaba de ansiedad y le resultaba difícil encontrar que hacer con sus manos, sus ojos y sus piernas. Revisó su ropa una vez más. Se había vestido de Daniel, con jeans y una camisa juvenil que resaltaba el verde de sus ojos, su pelo corto y desordenado. El espejo le devolvía la imagen de Daniel. Chequeó varias veces que nada en su aspecto recordara a Ray.

Quería llegar rápido aunque estuvieran adelantados. Esperaría frente a la casa de Coque… estaría tranquilo sabiendo que adentro de la casa él lo esperaba… solo a un paso. Se movió inquieto por enésima vez… ¿qué iba a decirle?.. ¿Cómo estaba?… ¿Qué haría si lo encontraba muy desanimado o triste? Diablos!  tenía que recordar que “Daniel” no había visto a Coque en largo tiempo y no podía comentar nada que hubiera sucedido mientras era “Ray”… ¿estaría Coque dolido con él? ¿Le habría dicho Maria la cantidad de veces que había llamado y tratado de hablarle?  Sus dedos finos tamborilearon nerviosos contra el cuero del asiento.

Faltaban diez minutos para el mediodía cuando Daniel no aguantó más y el chofer presionó el botón del micrófono de ingreso a la residencia de Coque. El enorme portón se abrió y luego de que un par de hombres chequearan el vehículo se le permitió avanzar por los jardines hasta la puerta de la casa.  Daniel respiraba rápido y tenía el estómago hecho un nudo. El nerviosismo fue peor cuando bajó del auto y la puerta de la casa se abrió.

María en persona lo esperaba en la entrada y su mirada no era de bienvenida.

. Fue muy inteligente de tu parte, Daniel

Ella estaba bloqueando el ingreso a la casa.

. Lo siento, María. Es que necesito verlo – Daniel tenía miedo de que María cambiara de opinión ahora y no le permitiera continuar. Tras un momento de silencio, ella continuó

-. Mi hermano está mejor pero aún no está del todo recuperado

-. No haré nada que pueda alterarlo. Lo prometo. Solo quiero saludarlo

Daniel soltó la tensión de sus hombros cuando María dio un paso atrás y le indicó que lo siguiera dentro de la casa.

-. Esteban cree que le hará bien tu compañía.

-. Eso espero.

-. Le dije a Coque que ibas a venir

-. ¿Y qué dijo? – no pudo evitar preguntar. Su ansiedad era mayor que el temor de María

Se detuvieron frente a una puerta cerrada. María sujetó la manilla antes de abrir

-. Quiere verte – admitió como si fuera una derrota

Daniel sonrió…

-. Lo mejor por ahora será una visita corta. Si todo funciona bien podrás volver otro día

María abrió la puerta. Daniel esperaba encontrar un cuarto oscuro y a Coque tal vez en la cama o dormido. Sin embargo, el cuarto era una sala luminosa y Coque, junto a una señora mayor de uniforme azul y blanco, estaban sentados mirando hacia la puerta.  Ella tenía un libro abierto en las manos.

-. Coque…- no fue un grito ni un saludo… fue la más pura emoción escapando por la boca de Daniel.

Coque, su hermoso pelirrojo, pequeño y dulce, se puso de pie al verlo.

-. Daniel… – su voz temblaba

María y todos los demás se borraron del radar de Daniel. Solo tenía ojos para ver a Coque que sonreía tímidamente en el medio de la sala, esperando por él.

Miguel 2 Capítulo 80 – M2

4

CAPITULO 80

 

Una semana después de la muerte de Teddy Rojas, los hermanos Rojas sobrevivientes se mudaban  a una casa espaciosa, cerca de la universidad de Clemente; un lugar fácil de resguardar. Los chicos necesitarían protección por un largo tiempo. Todavía había quienes pensaban en ellos como traidores. Estuvieron una semana viviendo en la pequeña casa refugio, siendo atendido por el médico de la familia, pero fueron Gonzalo y Miguel quienes les ofrecieron barajar la posibilidad de mudarse a otro lugar más cómodo. Los chicos se miraron asombrados… preferían una casa o un departamento??… querían algo propio? Si! claro que sí querían!!…que tuviera jardín y un patio amplio… algo que se pareciera a la casa donde habían vivido cuando niños.. Ah! Y querían vivir en la misma ciudad con ellos. Aun quedaban recuerdos del temor y se sentían más seguros estando cerca bajo la protección de Gonzalo. Ninguno de los dos quería volver a la ciudad de su padre.

Clemente estaba bastante repuesto, físicamente; el daño emocional tardaría más tiempo en arreglarse sin embargo, el tener a Anselmo con él era la mejor medicina. Su hermano era un chico bueno y sensible, era el héroe que le había salvado la vida y Clemente estaba decido a devolverle la mano y a cambiar el futuro de ambos. Clemente lo miraba y se alegraba de haber podido cumplir su promesa. Anselmo habría tenido una vida de mierda si hubiera continuado al lado de su padre y hermanos… Un aguijonazo de culpa y dolor lo asalto al recordar que ninguno de ellos existía ya… entendía que no era su culpa… era la vida que ellos mismos habían elegido, llena de riesgos y extremos…pero eso no quitaba que se sintiera mal

-. ¿Cuándo vas a volver a clases? – preguntó Anselmo interrumpiendo su tristeza

-. Si estoy bien, volveré la próxima semana

-. ¿Y yo? ¿Cuándo puedo volver yo?

Entendía la ansiedad de Anselmo. El menor deseaba sociabilizar con gente de su edad y salir del encierro que vivía desde hacía meses… lo que complicaba a Clemente era tomar decisiones. Nunca había sido una persona independiente. Su padre había sido un hombre extremadamente controlador que había dispuesto de la vida de sus hijos a su gusto y no les había enseñado a ser responsables o a pensar por cuenta propia. Clemente estaba recibiendo preguntas que requería decisiones de su parte y no se sentía capaz de tomarlas.

Primero fue Gonzalo el día anterior.  había llegado  a Hhablar con los hermanos sobre el futuro de la familia Rojas haciéndole ver que ahora Clemente era el heredero mayor y le correspondía hacerse cargo…

-. No me interesa. No entiendo de negocios ni de armas ni el enredado juego que tienen entre ustedes y las familias.  Solo quiero vivir tranquilo.

Clemente sabía que este momento iba a llegar y le temía. No tenía claras muchas cosas en su vida pero si sabía con certeza que no quería tener nada que ver con lo que hacía su padre.

-. No es tan simple, Clemente. Tu padre tenía una organización que sigue funcionando y produciendo dinero. Si tú o Anselmo no se hacen cargo, entonces alguno de los segundos de a bordo lo hará y se quedará con todo lo que les pertenece a ti y a tu hermano. Para que ustedes puedan vivir tranquilos, hay que hacerse cargo de todo.

Por un breve instante, a Clemente le pareció estar escuchando a su padre… siempre les hablaba de lo que tenía y todo el esfuerzo que le había costado lograrlo, como esperaba heredárselo a sus hijos y que continuaran la tradición familiar y protegieran los intereses

Los hermanos se miraron. No les interesaba estar a cargo de todo pero tampoco les parecía justo que otra persona se quedara con lo de ellos…

-. ¿No podemos vender todo y terminarlo?- preguntó Anselmo

La pregunta causó la risa de Gonzalo

-. ¿Qué vas a vender, Anselmo? ¿Las casas de juego ilegal? ¿Los prostíbulos? ¿Los contactos que compran la mercancía humana que vendía tu padre? ¿La lealtad de los hombres que seguían a tu padre? ¿Los negocios que le sirven de fachada para lavar dinero? El tráfico ilegal..??

Los chicos lo miraron desolados… todo lo que nombraba Gonzalo los asustaba…

-. No se vende la familia – afirmó Gonzalo, serio.

-. Pero papá tenía propiedades…

-. Eso es lo menos importante ahora. Hay mucho dinero en juego

Aquí fue donde Gonzalo se tomó una pausa para permitirles pensar antes de saborear lentamente la siguiente frase

– Si quieren, puedo ayudarlos

Gonzalo siguió atentamente la comunicación silenciosa entre los hermanos…

-. ¿Lo harías? En verdad… nosotros necesitamos proteger lo nuestro pero… no quiero ser jefe de nada ni de nadie…

Gonzalo inspiró llenando de aire sus pulmones… la leve tensión en sus hombros desapareció… se acomodó en el asiento y sonrió suavemente a los hermanos como si tomará en ese momento un decisión

-. Los ayudaré – anunció sin poder evitar que brotara el orgullo en su voz – No será fácil. La gente  leal a tu padre no me tiene mucha estima así es que ustedes tendrán que acompañarme y explicar su decisión.

-. Iremos contigo las veces que sea necesario

La expresión de Gonzalo era de completa satisfacción cuando volvió a hablar

-. Además… hay varias cosas que debemos aclarar sobre la forma de manejar los negocios de tu familia. Por ejemplo, el tráfico humano no me…

-. Espera!!!- lo interrumpió Clemente notoriamente alterado, levantando las manos y pidiéndole que callara

Gonzalo guardó silencio esperando que el joven se recompusiera para hablar

Clemente suspiró varias veces… no era fácil decir lo que quería…

-. Cuando Anselmo y yo éramos pequeños teníamos una familia completa… recuerdo bien a mi mamá.. era bonita y se preocupaba mucho de nosotros, los menores. Ella era alegre… cenábamos todos juntos y se quedaba con nosotros al acostarnos… nos leía cuentos. No teníamos una casa tan grande ni tanto dinero pero éramos felices. Después nos cambiamos de casa… no una sino varias veces. Mis padres discutían todo el tiempo… empezaron a aparecer los hombres que rodeaban siempre a mi padre… ya no lo veíamos nunca… no tenía tiempo para nosotros, su familia. En una de las mudanzas mi mamá desapareció…

-. ¿Cómo?… ¿cómo que desapareció? – interrumpió Gonzalo

La respuesta de Clemente vino acompañada de una sonrisa trágica

-. Papá dijo que los de la mudanza se habían olvidado de embalarla…

-. Clemente, ¿Qué pasó con tu madre?

-. Papá dijo que ya no era necesaria. Que ya éramos grande y no necesitábamos que nos mimaran… nunca más la volvimos a ver.

Gonzalo se mantuvo en silencio. Probablemente los chicos Rojas estaban pensando lo mismo que él. El bastardo de Rojas debió haberla hecho desaparecer… ¿de qué otra forma podría haber logrado mantenerla separada de sus hijos?…

-. Lo siento mucho

-. ¿Sabes por qué te cuento esto? – Clemente mantenía la mirada triste – Papá se olvidó de nosotros… de su propia familia… nos cambió por sus negocios y los prefirió antes que a sus propios hijos – ahora se había agitado y su voz subía de tono – éramos felices antes que se dedicara a… matar y robar… dejamos de importarle… nunca más volvió a ser nuestro padre… sus negocios lo absorbieron por completo…era lo único que le importaba!!!

Anselmo estaba conteniendo las lágrimas… El frágil estado emocional de Clemente a punto de romperse.

-. No me pidas que me importen sus negocios… no quiero saber nada de ellos. Iremos contigo porque entendemos que necesitas que los hombres nos vean a tu lado y te reconozcan como jefe, pero lo que quieras hacer con los negocios es cosa tuya.

-. Yo solo quiero volver al colegio y ver mis amigos. Soy bueno en matemáticas. Quiero ser ingeniero… – Anselmo, a su manera, estaba corroborando lo que le decía Clemente…

Gonzalo tuvo, por unos cuantos minutos, un conflicto emocional. Honestamente lo entristecía el sentido relato de Clemente sobre cómo había perdido a su familia y criado a sus hijos. Teddy Rojas había sido una bestia sin corazón y los chicos habían sufrido bastante. Entendía sus deseos de permanecer alejados de los negocios de su padre… por otra parte… sus ojos brillaban orgullosos… Dios!!! Estaba encantado…  Jefe de dos familias… el sueño que había descartado por amor la vez anterior se estaba materializando frente a él…

El jefe más poderoso… la unión de dos familias, aunque la segunda fuera la de Rojas.

Lo había pensado todo anticipándose a los hechos. En su mente había visualizado cien veces el camino y tenía claro que hacer y cómo hacerlo. Los chicos Rojas le estaban concediendo control total. Podría hacer cambios. Los negocios de Rojas no eran despreciables; los haría crecer, cambiaría muchas cosas… Sus propios negocios también eran ilegales pero el nivel de su ilegitimidad estaba lejos de la trata de blancas o la basura que negociaba Rojas.

Soltó el aire despacio de sus pulmones, levantó la barbilla, estiró las piernas… satisfecho. Finalmente, y contra el pronóstico de su padre, si sería el Jefe más importante de todos. Iba a producir un serio desequilibrio en las familias y de seguro encontraría oposición… pero esta vez, él tenía la sartén por el mango y podía cocinar todo a su gusto. Era un gran día.

-. Me están entregando toda su confianza. No los defraudaré. Me encargaré de proteger sus intereses.

 

DANIEL

Daniel estudiaba atentamente su reflejo en el espejo. Había pasado una semana y los rasgos físicos de Ray Salazar, causados por efectos cosméticos, desaparecían de prisa.

Cuando llegó de vuelta su madre tuvo que mirarlo dos veces para reconocerlo

-. Pero ¿qué haces vestido así? Y por qué tu pelo esta rubio?… y estas más gordo… Daniel?.

-. Es una larga historia, mamá. Te la contaré luego

Ese mismo día vino la especialista y pasaron toda la tarde intentando devolver a Daniel su verdadera imagen. Era agradable volver a mirar su cuerpo delgado y sin postizos, su pelo castaño y sus ojos verdes, recuperar sus movimientos normales y hablar con su verdadera voz.

Era bueno volver a ser él mismo.

No era bueno estar lejos de Coque.

Estaba de vuelta en su dormitorio… su ropa, sus libros, sus aviones… Todo volvía a la normalidad…

Excepto que él no quería volver a lo normal.

No se sentía cómodo estando solo. Se había acostumbrado a estar con Coque todos los días y ahora lo echaba de menos como si le faltara un pedazo de si mismo… se preguntaba a cada instante como estaba y si María o alguien más se habría acordado de sus medicinas, de pasear con él y ponerle la música que le gusta, animarlo, escucharlo hablar, contarle historias, hacerlo sonreír y obligarlo a comer engañándolo dulcemente…

Miró una vez más el teléfono con creciente ansiedad… El teléfono de Coque estaba muerto… seguramente María se lo había quitado o le impedía usarlo.

Repitió entonces el ritual que venía haciendo cada anochecer. Tomó el celular y marcó el número de María. Ojalá se dignara a contestarle esta vez.

-. Hola

-. Buenas noches, Habla Daniel

-. Daniel. ¿Como estas?

La frialdad con que María repitió su nombre fue de inmediato una mala señal

-. Me gustaría hablar con Coque, por favor

-. Supongo que ya sabes que está de vuelta en casa

-. Si, escuché que había vuelto y quisiera…

-. Entonces también habrás escuchado del peligro que pasó y lo cerca que estuvo de ser asesinado

Daniel no pudo evitar una sonrisa… claro que lo sabía todo. Lo había protegido por instinto y lo volvería a hacer mil veces más…

-. Pero él está bien, ¿no es así?

-. Mi hermano está vivo pero dista mucho de estar bien. Creo conveniente advertirte que no voy a autorizar visitas para él en largo tiempo.

-. María… por favor. Coque necesita compañía y yo en verdad deseo verlo

-. La única compañía que tendrá por ahora será la de quienes lo cuidan. Lo lamento Daniel pero hago lo que es mejor para él

-. María!!.. Coque necesita saber que me preocupo por él… por favor

El silencio al otro lado de la línea alimentó sus esperanzas por unos segundos

-. No. Lo lamento pero no. Le diré que llamaste una vez más. Cuando él esté bien podrás verlo. Buenas noches, Daniel

¿Hasta que él esté bien?… ¿Qué sabia María de lo que significaba que Coque estuviera bien?…. Maldición!!! iba a encerrarlo bajo siete llaves en un cuarto vigilado donde lo único que pasaría sería que Coque se vendría abajo sin nadie que lo empujara a salir adelante… él lo había dejado bien!!!.. se había esforzado mucho para que Coque volviera a hablar, comer y sonreír… era tan injusto… Maldición!!!

La mesita de noche recibió la patada descontrolada de Daniel y la lámpara terminó cayendo al suelo con gran estruendo…

No era justo.. María no sabía lo que era bueno para Coque… es verdad que  necesitaba protección pero ella lo sobreprotegía en exceso ahogándolo e impidiéndole salir a flote… también necesitaba tiempo y cariño… paciencia y amor…  retrocedería si no tenía eso… nunca iba a mejorar si no hacía algo… mierdaaaaaaa!!

La desesperación de Daniel lo hizo tomar el teléfono y llamar a un número que jamás pensó iba a marcar

-. Esteban, habla Daniel

-. Daniel –repitió su nombre de manera cortante

-. Necesito pedirte un favor

–  Te escucho – la tensión fue notoria en la voz de Esteban

-. Tengo que ver a Coque. Por favor. Tienes que ayudarme

El silencio al otro lado de la línea no pronosticaba nada bueno

-. No es conmigo con quien debes hablarlo

-. He intentado hablar con María todos los días pero no me deja verlo.

-. No hay nada que yo pueda hacer

-. Si. Si lo hay… dime si has visto a Coque hoy… puedo apostar a que esta triste y no habla… seguro que apenas come y se olvida de las medicinas… está apagado y callado… es así?.. dime, es así?

Esta vez el silencio de Esteban era prometedor

-. Va a retroceder todo lo que había progresado. Por favor no dejes que eso suceda. Tú también le tienes cariño a Coque… déjame seguir ayudándolo. Convence a María para que me permita verlo… por favor… te lo ruego.

El nuevo silencio lo alentaba. Significaba que Esteban estaba al menos pensándolo…

-. Tú sabes que yo le hice bien… por favor, Esteban… puedes cobrar a mi familia lo que quieras… Gonzalo accederá con gusto pero déjame verlo

-. Veré que puedo hacer – respondió Esteban cortando la comunicación.

Daniel permaneció mudo mirando el teléfono… se había jugado la última carta… No había más que hacer que confiar en el cariño que Esteban le tenía a Coque… que deseara hacer lo que fuera mejor para él.

Se quedó sentado en su cama con los hombros caídos, las manos colgando, el rostro agachado, el pie martilleando furiosamente contra el suelo y la vista fija en la alfombra

Tenía que ayudarlo…  tenía que verlo… ahora.  Dios!!.. lo amaba y no podía permitir que se deprimiera de nuevo

Sentía la angustia cosquillear por su cuerpo… pensamientos locos circulaban por su mente… la casa  de María era una fortaleza y no podría entrar a escondidas… esperar una llamada de Esteban.

Bajó a cenar con sus padres. Era el único que estaba en la casa con ellos; Lidia en el hospital y Gonzalo con Miguel ya no vivían allí. El celular cerca de él todo el tiempo… esperaba…

Subió de nuevo a su cuarto… no podía concentrarse en nada…

El teléfono sonó finalmente cerca de medianoche.

-. Mañana al mediodía – dijo Esteban omitiendo saludo o explicaciones innecesarias

-. Gracias – respondió Daniel sintiendo alivio —puedes cobrarle a Gonzalo…

-. Lo hago por él – interrumpió Esteban – Coque me importa mucho

-. Lo sé. Por eso te llamé a ti – se dio el lujo de responder Daniel.

Mañana… mañana al mediodía… por fin.

Se metió a la cama sabiendo que no iba a dormir tranquilo… pero al menos tenía una esperanza concreta en que pensar esa noche.

 

LIDIA

Lidia había sufrido bastante. Las quemaduras en su cuerpo eran dolorosas y sus tímpanos se habían dañado seriamente a causa de la explosión y fue necesario operarlos.  La molestia de sus oídos afectaba su equilibrio y le producía profundas nauseas cuando intentaba moverse, por eso la mantenían sedada y en una habitación silenciosa la mayor parte del tiempo. No tenía cuenta exacta de los días que habían pasado pero sabía que cada vez que abría los ojos, Andrei estaba cerca y pendiente de ella; él sostenía su mano y el mundo dejaba de girar para adquirir balance, fijaba la vista en sus ojos y todo parecía casi normal y bien…  Su increíble Andrei que no se había movido de su lado… apretó los labios fuertemente para evitar emocionarse luchando contra las ganas de moverse… estaba demasiado sensible y cualquier cosa la hacía llorar pero las molestias empeoraban si lloriqueaba. Andrei con su cariño y su ternura la emocionaba. No habían tenido tiempo de hablar a pesar de las largas horas silenciosas que compartían. Lidia no estaba en condiciones de hacerlo debido a los fuertes medicamentos y al embotellamiento constante que sentía en su cabeza. Necesitaba pensar con claridad antes de hablar con él. Sabía que ahora tendría que trabajar mucho para ganarse su  perdón y sobre todo, encontrar la manera de perdonarse a sí misma por haber sido tan torpe… Karina había muerto por su culpa… Si la hubiera dejado marchar al norte cuando Andrei se lo ordenó ahora estaría viva…  No quería pensar… sentía extraños zumbidos en su cabeza que aumentaban cuando comenzaba a estresarse.

Abrió los ojos despacio, La habitación siempre estaba en penumbras. Enfocó con cuidado la vista y recorrió la habitación del hospital buscándolo… sus ojos se detuvieron en la figura sentada cerca de la cama.  No era Andrei quien al acompañaba en ese momento. Si hubiera estado en condiciones, posiblemente habría levantado mucho sus cejas, abierto grandes los ojos y un sonido habría escapado de su boca… pero dadas las circunstancias y el dolor que todo ello implicaba, solo se limitó a mirar fijamente al ocupante del asiento en el cuarto sin hacer ningún otro gesto en su rostro

-. ¿Estás despierta? – Preguntó su padre muy despacio, preocupado, estirando su mano y cogiendo la de ella.

Lidia no salía de su asombro… ¿estaba viendo visiones?… ¿aún estaba dormida y soñando?… ¿era efecto de las medicinas? Porque… ¿Qué hacía su padre en su habitación del hospital?…

-. Andrei…- balbuceó insegura

Vio el rostro de su padre sonreír… se quedó mirándolo hipnotizada… No recordaba cuantos miles de años hacía que no veía la sonrisa de su padre… desde que era una niña y él la tomaba en brazos para levantarla en el aire…

-. ¿Papá?

-. Aquí estoy, hija

Lidia sintió el impulso de sentarse de prisa en la cama para despabilarse por completo. Quería comprobar que no estaba dormida… que no era un sueño

-. ¿Papá, que hace aquí? – se sentía atontada pero a pesar de todo, quería luchar contra el cansancio y despertar completamente… Su padre en el hospital… Ni siquiera cuando Daniel estuvo grave, su padre había ido a verlo en persona.

Don Jaime miró a Lidia con un tipo de expresión que ella no recordaba haberle visto antes…  quizás eran las huellas del infarto las que habían vuelto al viejo más humano… quizás era que ya no manejaba los negocios de la familia y eso le permitía mostrar otro lado diferente de su personalidad… no necesitaba ser siempre duro y firme, no tenía que mantener la fachada de Jefe…

Aún sosteniendo la mano de Lidia entre las suyas el viejo le hablo con suavidad

-. Mandé a ese noviecito tuyo fuera de la habitación. Me costó sacarlo, eh?… es porfiado. No quería dejarte.

¿Qué le estaba diciendo?… ¿Qué deseaba un momento a solas con ella?… ¿Qué había ido a verla en forma exclusiva?…

Lidia atesoró la cariñosa expresión de su padre… el hombre que la despreciaba por ser mujer y no le había permitido nunca participar de los negocios de la familia…

-. Tal vez me equivoqué con él…

-. ¿Qué dice, papá?

Tenía miedo de hablar y romper la magia del momento… todo parecía irreal… la habitación en penumbras, su sopor, la mano de su padre acariciándola… seguía dudando de que todo fuera real

-. Gonzalo y tú siempre creyeron en Andrei

Oh por Dios!!!  ¿Estaba su padre disculpándose por los años de ausencia de Andrei?… ¿por haberlo mantenido lejos? ¿por toda la pena que le había causado?… Lidia sintió el dolor regresar a su rostro cuando  sus músculos se tensaron al intentar contener la emoción. Su padre la miró y notó su sufrimiento… se preocupó.  Unas suaves palmadas en su mano le confirmaron a Lidia que todo era real… sentía los delicados golpes de la mano de su padre sobre la suya… tantos años esperando…

-. Eres una mujer fuerte, hija.  Yo vengo de otra época… las mujeres no eran parte de los negocios

El médico le había prohibido los gestos en su cara para evitar el dolor pero no había forma de controlar la boca de Lidia que se abrió de asombro… dejó de tratar de sentarse y se dejó caer tranquila contra el respaldo de la cama…  apretó la mano de su padre como única muestra de que estaba escuchando y entendía… no necesitaba decirle nada más… ya había comprendido lo que su padre le estaba diciendo en su manera tan particular…

Fueron varios minutos de silencio compartido… las manos unidas. Lidia sintió como dentro de ella se disolvían varias rocas duras de pena, frustración y dolor que cargaba consigo desde hacía muchos años…  Era bueno, muy bueno verlas disolverse y alivianarle la vida…

El médico que atendía a Lidia eligió ese momento para ingresar al cuarto seguido de una enfermera. Saludó  a Don Jaime con especial atención  y procedió a revisar el estado de Lidia.

-. ¿Cómo está mi hija?

-. Todo marcha bien, Don Jaime. En un par de días ya podrá irse a casa

Volvieron a quedar solos. Lidia miró con detención a su padre. Estaba viejo y se notaba que su salud estaba resentida… pero era su padre y ella seguía  necesitando de él como cuando era una niñita.

-. Mejórate pronto. Tu madre te necesita en casa y Gonzalo en el trabajo– dijo el viejo justo antes de marcharse, besándole con cuidado la frente.  Lidia lo siguió con la vista… ya no caminaba tan rápido ni tan erguido como antes… no tuvo que hacer ningún esfuerzo especial para que las lágrimas rodaran silenciosas por sus mejillas. Así la encontró Andrei cuando volvió con ella

-. Lidi!!.. ¿te duele algo?

-. No

-. ¿Es por la visita de tu padre? Me sorprendió,  no me dejó permanecer aquí. Me exigió que los dejara solos… ¿Te dijo algo desagradable?…

Lidia movió lentamente la cabeza negando y esbozando apenas una sonrisa.

-. No. Él fue… amable

-. ¿Amable?

Lidia sonrió y cerró los ojos… ¿cómo le explicaba a Andrei lo que acababa de pasar?… Los años de sufrimiento por sentirse despreciada por ser mujer, las miradas despectivas, los comentarios hirientes… su padre recién había terminado con ello y le había dejado claro que la esperaban y necesitaban…

-. Abrázame…- pidió casi rogando

Andrei no se hizo de rogar. Con cuidado se acercó hasta envolverla en un abrazo delicado

-. Lidi…

-. Estoy bien. Ya quiero salir de aquí

Andrei también respiró aliviado al escucharla. Lidia había estado no solo adolorida por las quemaduras, sino también deprimida y silenciosa a causa de la muerte de Karina y los guardias además del daño que significarían las cicatrices. Escucharla decir que estaba bien y quería irse era una buena noticia.

-. Falta poco Lidi. El doctor dice que solo unos días más 

Lidia mantenía sus brazos alrededor de Andrei. No quería soltarlo… ni ahora ni nunca más

-. Quiero que hablemos – le buscó los ojos. Como siempre, Andrei la recibió con una mirada limpia y sincera, llena de amor.

-. Hablaremos cuando salgas de aquí

Tampoco la soltaba.

 

JORGE

Veía a Ghiotto todos los días pero estaba aprendiendo  a disimular lo que sentía y a que su rostro no revelara emociones y permaneciera serio como el de Gonzalo o Andrei cuando lo deseaban.  Cada día adquiría nuevos conocimientos y los ponía en práctica rápidamente. Le gustaba su oficina cerca de la de Gonzalo con una secretaria en el escritorio justo afuera de su puerta.  Se había sentido intimidado al principio… ¿pará qué necesitaba él una secretaria? Luego de un par de días descubría todos los beneficios que la eficiencia de la mujer le brindaba. Incluidos entre aquellos beneficios estaba el hecho de que Ghiotto ya no podía aparecer inesperadamente en su lugar de trabajo. Ella tenía instrucciones precisas de anunciar a quien fuera antes de dejarlo pasar… excluidos Gonzalo y Andrei, obviamente.  Jorge tenía mucho que aprender y hacer. Estaba organizando lo que sucedía con el negocio para mantener un mejor control de todo y lo hacía de manera tal que la información careciera de sentido para quienes no entendían el negocio; siempre estaba el riesgo de que la información cayese en manos inapropiadas o por si la policía incautase sus equipos… así es que Jorge disimulaba todo haciéndolo parecer parte del negocio legal de la familia. Se apasionaba con esos desafíos a su ingenio. Era hábil y le gustaba demostrarlo. También lo entretenía salir a las calles y entender en los lugares mismos como funcionaban los negocios. Siempre que iba  a esos lugares tenía órdenes directas de Gonzalo que llevar a cabo y a veces incluía tomar decisiones que involucraban mucho dinero y la vida de personas. Podía hacerlo. Su mente era extremadamente lógica y estaba aprendiendo a controlar su lado emocional.

Cuando el trabajo terminaba, a veces a horas increíblemente tardías, Jorge llegaba a su departamento y aunque estaba solo, se sentía bien. Era muy joven y estaba logrando mucho.  Ya todos en la familia lo conocían y comenzaban a obedecer sus instrucciones sin preguntas ni miradas sospechosas.

Sin embargo, a pesar de todo lo que ocupaba su tiempo y cerebro, cuando tenía un momento de tranquilidad, se sorprendía a veces pensando en quien no debía.

“…solo una vez y por ayudarle a cumplir las órdenes del jefe”…

Se recordaba a sí mismo esa frase que le había dicho Ghiotto cada vez que comenzaba a pensar en él…

Imbécil!!…

Si. Se sentía solo

Si. Le gustaría tener un compañero

Si. Ghiotto le resultaba atractivo

Pero no. No era idiota. Lo había sorprendido con la guardia baja aquel día. No iba aponer sus ojos ni sus sentimientos en un tipo que se revolcaba con mujerzuelas y creía hacerle un favor al tener sexo con él. Ghiotto era un hombre retrógrado, frío, capaz de mucha crueldad… de abandonarlo sin decir nada después de casi violarlo y pretender que no había pasado nada al día siguiente.

Ghiotto era la máquina perfecta para ejecutar órdenes pero no era la persona con quien compartir la felicidad de lo que estaba pasando en su vida… no era un tipo que fuera a entenderlo ni a preocuparse por él… no tenía sensibilidad ni nada de romanticismo… no estaba cortado a la medida que él necesitaba.

Tenía manos grandes y firmes que lo habían hecho sentir bien después de tanto tiempo de soledad y abstención… un cuerpo firme y sólido en el cual le habría gustado cobijarse luego del sexo… una personalidad dominante y exigente que lo había conquistado en solo unos cuantos segundos…

Si. Le había gustado la interacción con él. No podía negarlo.  La molestia física que sintió durante los dos días siguientes producto del sexo lo hizo sentir vivo y le recordó que existía vida fuera del trabajo…

Pero era totalmente imposible y lo tenía claro… tan claro como la indiferencia que veía en la mirada de Ghiotto cuando se dirigía a él…

Bien. Tenía muchas otras preocupaciones que atender. Ghiotto era uno más de los tantos hombres de confianza que trabajaban con la familia. Dejaría de ser importante a fuerza de indiferencia de parte de ambos. Ese era el juego que llevaban jugando desde hacía semanas y él se estaba volviendo un experto en jugarlo.

La nueva personalidad que florecía en él lo volvía más confiado y seguro. Ahora sí se sentía capaz de conquistar a alguien por su cuenta. Lo haría en cuanto tuviera tiempo y ganas.

Jorge estaba ese día en uno de los locales de la familia indicándole al administrador externo que a partir de esa fecha tendría que llevar los registros en un computador. Como había sucedido en todas partes, ninguno de los “administradores” se mostraba de buen humor al saber del estricto control que se ejercería sobre sus cuentas a partir de esa fecha. Es por eso que Jorge iba acompañado siempre de un par de hombres grandes y fuertes, conocidos por ser cercanos a Gonzalo; cuando fallaba el convencimiento no quedaba más que recurrir a la fuerza. Tenía la autorización de Gonzalo para hacerlo y la instrucción expresa de poner el sistema en funcionamiento lo antes posible.

El administrador de aquel día resultó particularmente agresivo y violento cuando Jorge le explicó lo que sucedería. Se fue de golpes contra Jorge sin medir las consecuencias que eso acarrearía. Ghiotto y su compañero neutralizaron la situación en cosa de segundos

-. Estas fuera del negocio – dijo Jorge poniéndose de pie, escupiendo y limpiándose la sangre que emanaba de un corte en el labio

-. Imposible! – gritó el hombre mientras era sostenido brutalmente por Ghiotto – llevo más de veinte años trabajando para Don Jaime. No me pueden desaparecer así nada más

-. Ya desapareciste – susurró Ghiotto amenazante al oído del hombre antes de aplicar un golpe que lo dejó inconsciente

Jorge miró al administrador desmayado en el suelo. Había firmado su sentencia al agredirlo. Era el primero.

-. Llévatelo de aquí-  pidió Ghiotto a su compañero. El hombre lo levantó como si fuera una pluma y se lo llevó cargando hasta uno de los vehículos, desapareciendo de inmediato

-. ¿Qué pasará con él? – la voz de Jorge aun no era firme

– El jefe decidirá su suerte – respondió Ghiotto mirándolo intensamente. Había mucho de diferente en el Jorge que tenía frente a él comparado con el chico de hacía unas semanas.

Jorge lo notó y se sintió incómodo. Recogió su computador con movimientos rápidos y precisos. No le gustaba estar a solas con Ghiotto… la indiferencia se volvía difícil cuando estaban solo ellos

-. Necesitará un par de puntos en el labio – dijo Ghiotto acercándose a él – lo llevaré donde el médico.

-. No. No quiero. Llévame a casa

-. Pero no va a dejar de sangrar y quedará una cicatriz muy fea

Sin saber cómo, Giotto estaba hablándole casi encima. Los ojos seguían fijos en él. Jorge hizo un gesto de molestia antes de volverse hacia Ghiotto, sin darse cuenta que estaba tan cerca,  y subir el tono de voz hasta casi gritar

-. No quiero ningún punto!!!

La sangre volvió a manar con más fuerza al gritar. Ghiotto tenía muchos años de experiencia en heridas y golpes como para saber que aquello requería de un médico para recuperar la normalidad… Jorge… demonios!! Jorge tenía una boca bonita y no quería pensar en cómo se vería con una fea cicatriz atravesándola…

-. Vamos – dijo quitándole el computador de las manos, empujándolo hacia fuera del local, sin recordar que era el otro quien daba las órdenes. Jorge a veces lo desesperaba con su actitud,  su indiferencia y, más que nada, con el recuerdo de lo que había pasado entre ellos.  Parecía un fantasma que se le aparecía a perturbarlo en sus sueños…  las había buscado y ninguna de ellas era capaz de provocarle lo mismo… ¿Por qué no le pasaba eso mismo con las mujeres?… Era molesto pensarlo todo el tiempo.    Jorge era un hombre tranquilo, testarudo, orgulloso y estaba cambiando rápidamente, aprendiendo a ser frío y controlado. Lo entendía. Era necesario para ser jefe. Pero él sabía más y a veces su deber era proteger al jefe de sí mismo. No iba a permitir que una cicatriz estropeara su rostro y su boca

Jorge protestó casi todo el camino amenazándolo con todo lo que pudo pero Ghiotto siguió conduciendo, indiferente, hasta estacionar frente a la casa del médico, abrir la puerta y bajarlo.

Jorge cerró los ojos apretándolos con fuerza cuando el médico acercó la aguja con anestesia a sus labios. Fueron necesarios tres puntos para cerrar el corte y un calmante para tranquilizarlo.

Horas más tarde abrió los ojos. Todo estaba oscuro. Con la suave luz del exterior pudo darse cuenta que era de noche y estaba solo en su propia cama en el departamento …  pero.. ¿cómo?…  no recordaba nada hasta que sintió dolor en el labio… Claro!! Golpes, sangre, puntos y calmantes… se llevó la mano al labio para comprobar la herida… se había dormido a causa del calmante y entonces… ¿Ghiotto lo había traído hasta su casa?… se levantó de la cama y en ese momento fue consciente de la falta de ropa en su cuerpo… Maldición!!!… no es que fuera una virgen pudorosa pero no le gustaba saber que alguien más lo había desnudado mientras estaba inconsciente… atravesó de prisa el cuarto en busca de su ropa en donde encontraría su teléfono para llamar y decirle… …

La lámpara pequeña de la sala estaba encendida. Ghiotto estaba dormido en el sofá de su sala

-. Pero!!!…- la palabra escapó en un jadeo atontado… sorprendido por partida doble… ¿Qué hacía Ghiotto en su sala? Y con qué derecho se veía tan bien al dormir… su rostro relajado sin los típicos gestos de enojo o brutalidad… parecía otra persona…

Tal vez era la costumbre de permanecer alerta en todo momento. Ghiotto apenas escuchó la palabra dicha por Jorge pero fue suficiente para que abriera los ojos y observara todo rápidamente… se detuvo sobre Jorge… Ladeó levemente la cabeza… lo había visto hacía unas horas atrás cuando lo trajo dormido y le quitó la ropa para meterlo en la cama… ahora estaba despierto, desnudo y lo miraba sorprendido desde la puerta de la sala.

Miguel 2 Capítulo 79

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Capítulo 79

MIGUEL

 

No estaba tranquilo, aunque Gonzalo había reunido a un selecto grupo de sus hombres y les estaba pidiendo exactamente eso: tranquilidad ante los eventos que se desarrollaban contra ellos. Estaban todos “acuartelados” en espera de noticias sobre el paradero de Clemente. En las calles, una gran red se mantenía en movimiento intentando localizarlo.

Jorge no se separaba de su computador y buscaba infructuosamente. La tensión se sentía en el aire… Costaba mantenerlos tranquilos… Clemente les había sido arrebatado en sus propias narices… era importante para el jefe y para ellos… se sentían burlados y querían acción.  Recuperar a Clemente era prioridad y todos los pasos giraban en torno a ello. La familia quedaba muy mal si era incapaz de protegerlo luego de que traicionara a los suyos.

Para Miguel el tema era un poco más profundo; Clemente le caía bien.  Recordaba haber hablado con él aquella noche en que le pidieron traicionar a su familia y que los ayudara con Nali y Coque. Tanto él como Gonzalo le habían ofrecido seguridad… Demonios!! Esperaba que aun estuviera vivo…  el viejo Rojas podía ser muy cruel… ¿sería capaz de matar a su propio hijo?… no lo sabía. Miguel no sabía de los sentimientos de un padre. Nunca hubo uno en su vida y todo lo que conocía se relacionaba con los pobres ejemplos que había visto en su antiguo barrio o con el padre de Gonzalo. Nada de eso era bueno… ¿Cómo era su propio padre?… ¿estaría vivo?… ¿Sabía que él existía? Su madre no hablaba del tema. No es que lo echara de menos pero le habría gustado saber quién era y como era… porqué no se había ocupado de él… a lo mejor habrían sido amigos…  o tal vez mejor no saber nunca nada… quizás era un viejo de mierda  a quien no le importaba nada su existencia…  o tal vez no sabía que tenía un hijo… quizás no todos los padres eran malos… en las películas siempre se veía a padres cariñosos y preocupados de sus hijos… un lazo tan fuerte que él desconocía…

El sonido del teléfono de Gonzalo atrajo las miradas y el silencio de todos. Esperaban noticias de la ubicación  de Clemente… Respondió y su semblante, ya preocupado,  fue cambiando en uno peor

-. NO, noooo… dime que está bien!!! – gritó

Por la voz alterada de Gonzalo y los movimientos alertas de su cuerpo, Miguel supo de inmediato que algo más había pasado… algo grave cuando Gonzalo lo buscó con la mirada. Se movió a su lado sin saber de qué se trataba

-. Mi hermana… hubo una explosión… una bomba en el estacionamiento… Andrei llamó.

Habló atropelladamente mirándolos a todos y a ninguno en particular. Todos escucharon en silencio y nadie se atrevió a preguntar…

-. Lidia… está… bien?

Miguel rompió el silencio… tenía miedo de la respuesta. Gonzalo encogió los hombros… no sabía… fue un instante en el que pareció que su cuerpo se achicaba y su mano se estiró buscando a Miguel…  le devolvió una mirada cargada de dolor… solo duró un segundo…  se repuso de inmediato.

-. Tomen sus armas. Quiero la cabeza del responsable.  

Gonzalo ya estaba en movimiento… fue como si todos se hubieran coordinado en silencio y eficiencia.  El único sonido era el de las armas siendo puestas a punto y las pisadas decididas.

Abandonaron el recinto de prisa. Los rostros ceñudos y las expresiones agresivas.  La hermana del jefe había sido atacada y tenían más sed de venganza que antes. La lealtad de esos hombres para con Gonzalo y la familia era incuestionable

Andrei los esperaba en la sala de urgencia.

No. No estaba muerta…

Gonzalo recupero la cordura y con ello la voz

-. ¿Rojas?

Andrei asintió. Le dio un rápido resumen de lo que sabía hasta ahora. Iba en camino a las oficinas cuando escuchó el sonido de una explosión en el estacionamiento. El y sus hombres corrieron de prisa… Los cuerpos regados y quemados en medio del humo espeso que aún flotaba en el aire… a Lidia la habían rescatado viva pero inconsciente debajo del cuerpo de Karina… tenían quemaduras… Andrei mismo había despegado las manos achicharradas de Karina y adheridas a Lidia en un último intento desesperado de salvarla

Karina estaba muerta junto al chofer y al guardaespaldas, pero su intento de proteger a Lidia había sido efectivo.

Miguel sintió que la rabia escalaba rápidamente por su cuerpo mientras escuchaba el crudo relato. Karina era su amiga… y ya no estaba… achicharrada… quemada… Lidia ocupaba un lugar especial en su vida, era muy importante y ahora estaba quemada y dañada…

Miguel sintió como algo explotaba y rugía dentro de su mente

Rojas lo tenía hasta la coronilla…  Primero Nali y Coque y ahora esto… Había que ponerle punto final. Los últimos vestigios de su inocencia de niño desaparecían… se llenaba de sentimientos fuertes de lealtad y protección hacia los suyos.

La actividad se volvió frenética. Gonzalo despachó gente con instrucciones de traer de vuelta a Daniel a como diera lugar; amarrado si era necesario.  Ordenó tres veces más protección para  la casa de sus padres y quería a todo el mundo en la calle sobornando, intimidando,  extorsionando o incluso matando… le daba lo mismo como lo hicieran pero quien averiguará el paradero de Rojas sería el héroe del momento.

Tomó el teléfono e hizo una llamada que su padre o cualquier jefe de familia solía hacer solo en casos de extrema urgencia. Al Jefe de la policía solo se lo molestaba cuando no había otra opción…  Necesitaba advertirle y mantenerlo lejos de esta guerra… sería mejor que nadie se cruzara en su camino ahora.

 

CLEMENTE.

Clemente estaba en un lugar oscuro y flotaba en paz… lejos de su cuerpo… alguien llamaba su nombre…  no quería despertar… la inconsciencia era buena y le permitía escapar del dolor. Mantuvo los ojos cerrados pero ya era tarde… había recuperado su lucidez y junto a ello,  el dolor que lo hería en todo el cuerpo

-. Clemente.. Clemente!!! 

Abrió los ojos de golpe al reconocer la voz

-. Anselmo – quiso gritar pero la debilidad apenas le  permitió emitir un murmullo… las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos

-. Qué pasó??!! qué haces aquí? Por qué estas…?

Anselmo era el más joven de los hermanos. No estaba ajeno a la vida y fechorías de su padre y hermanos pero él no participaba en forma activa. Lo que había sucedido aquella noche, tiempo atrás,  en la casa de la playa aun lo atormentaba. Había querido irse con Clemente pero no fue posible.  Era un alma sensible y soñadora que lo estaba pasando muy mal últimamente.  Alejarse de la vida conocida, ver su familia desarmada y repartida era muy malo. Escucharlos proferir insultos y amenazas contra Clemente fue peor. Lo llamaban traidor y decían cosas horribles que prefería no escuchar. Alguien dijo que Domingo había muerto pero no quería creerlo.

Pasaba los días en soledad, sin que nada material le faltara pero no tenía con quien hablar ni compartir… no le estaba permitido comunicarse con sus amigos, ni volver a clases ni abandonar la casa  donde estaba. Su padre y hermano lo impedían.  Le faltaba Clemente… lo extrañaba y sabía que no era una mala persona aunque ellos lo dijeran entre insultos y mucha rabia. Su padre y Leonardo lo relegaban al último dormitorio de la casa con juegos de video, televisión y lo que fuera que quisiera… excepto compañía. Allí pasaba las horas olvidado… últimamente todo era correr de un lugar a otro, casas y lugares desconocidos, escuchar gritos y maldiciones… Tenía órdenes de mantenerse alejado de todos pero necesitaba hablar con su padre y por ello, aprovechando un descuido, había ingresado a escondidas a su oficina, burlando la escasa vigilancia pues esa noche la mayoría de los hombres se habían marchado quien sabe adónde.

Abrió la puerta y entro de prisa. Esperaba encontrar a su padre o hermano dentro.. pero no había nada de eso.  Le tomó un momento ajustar sus ojos a la oscuridad… su cuerpo se volvió de piedra al percatarse de la sorpresa que lo esperaba dentro de la oficina

No esperaba lo que acababa de encontrar… de hecho, luego de abrir la puerta y ver la sombra golpeada y castigada desparramada en la silla en el cuarto que ocupaba su padre,  estuvo a punto de dar la vuelta y correr a perderse… pero algo lo hizo detenerse… algo le resultó familiar en aquella persona que más parecía muerto que vivo…  venciendo su temor, se acercó un par de pasos hasta que sus ojos se acostumbraron a las oscuridad… y entonces lo vio

-. Clemente!!!

-. Anselmo…

Estaba choqueado… el brillo de las lágrimas en los ojos de Clemente lo trajo de vuelta bruscamente a la realidad

-. Clemente… que pasó?.. que haces ahí?..

Clemente pensó rápido… Anselmo era la única posibilidad que tenía de salir con vida… cuando ya se había dado por muerto.. ver a su hermano lo hizo renovar sus esperanzas…. hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban. No sabía cuánto tiempo tenían antes que su padre o Leonardo volvieran. Tampoco tenía la seguridad de que Anselmo fuera a ayudarlo… después de todo él no había cumplido su parte de llevárselo cuando se fue.

-. Suéltame… corta las cuerdas… hazlo

Sintió profundo alivio cuando Anselmo abrió a toda prisa los cajones del escritorio de su padre hasta encontrar con que cortar las cuerdas

-. ¿Vas a ayudarme? – la voz de Clemente era una suplica

Anselmo asintió mirándolo con miedo y lastima… Clemente estaba todo golpeado.. ¿Quién le había hecho eso a su hermano? debía doler mucho… Con cuidado, lo sujetó para evitar que cayera de la silla, tras lograr soltarlo. Los brazos del hermano menor pasaron hacia atrás y sostuvieron con seguridad y delicadeza el torso adolorido de Clemente. Un simple gesto de su hermano pequeño… solo eso bastó para que el temple de Clemente se fuera por el despeñadero… esa sencilla muestra de cariño hizo que su fortaleza se quebrara…  dejó su cabeza caer sobre el delgado hombro de Anselmo comprendiendo que no todo estaba perdido. Su padre y hermano mayores lo deseaban muerto… pero se tenían ellos dos… aún eran familia.

-. ¿Fue papá? – preguntó Anselmo aterrado de escuchar la respuesta

-. Salgamos de aquí – respondió Clemente deseando no responder ni recordar… su propio padre y hermano lo habían dejado así… pero no era necesario que Anselmo sufriera por ello.

-. Pero hay gente afuera… me costó llegar aquí sin que me vieran

-. ¿Dónde estamos?

-. En la casa detrás del restaurant.. en la calle diez

El restaurant estaba en la entrada de un callejón sin salida y la casa estaba al fondo… eso echaba por tierra las esperanzas de salir por la puerta… y Clemente no sabía si estaba en condiciones de escapar por otro lado. No tenía fuerzas…

-. Celular? – preguntó Clemente iluminado de esperanza

Anselmo sonrió llevándose la mano al bolsillo. Era un adolescente. Por supuesto que tenía celular. Jamás salía sin él.

 

GONZALO

Se estaba convirtiendo en una maldita noche de pesadilla.

Los Rojas parecían haberse multiplicado y en solo unas horas habían coordinado ataques en varios puntos distintos.

El peor resultado se lo había llevado Lidia y quienes estaban con ella. Era la única sobreviviente y aunque sus quemaduras no eran graves, su aspecto era atroz, con daño en su espalda, brazos y cuero cabelludo. Había perdido momentáneamente la capacidad auditiva producto del fuerte estallido y estaba con una severa crisis nerviosa que obligó a sedarla. Gonzalo se quebró al verla… la mujer vendada y quemada en la cama del hospital no se parecía a su preciosa hermana…

Andrei estaba como loco…  Todos los sentimientos negativos que pudo haber sentido contra Lidia se le habían olvidado en el momento mismo en que la vio herida y solo recordó que era la mujer que amaba y daba sentido a su vida.

 

Fue Jorge quien recibió la llamada telefónica que ingresó a la central de las empresas, de una persona desesperada por contactarse con Gonzalo.  La operadora, consciente de los negocios del jefe y de la gravedad en la voz de quien llamaba,  trasfirió la llamada al segundo de a bordo. Esas eran sus instrucciones.  Jorge respondió de inmediato. Era parte del grupo que estaban “acuartelados” en la vecindad del hospital. Al otro lado de la línea una voz joven pedía ayuda y se identificaba como Anselmo Rojas.  En pocos minutos Jorge tuvo la ubicación exacta de Clemente. Corrió como loco hasta donde estaba Gonzalo.

-. Lo tengo!!!

No era necesario decir nada más

-. Dime donde están

Gonzalo escuchó con calma. A pesar de todo el descalabro que se producía esa noche, era capaz de mantenerla la frialdad necesaria para poder actuar objetivamente. Era momento de priorizar y asestar golpes fatales que detuvieran esta locura de una vez por todas

La casa de sus padres era terreno imposible de atacar…

Daniel le había asegurado al teléfono que estaba bien y no había resultado dañado en el ataque a la clínica. Si. Se volvería con los hombres que había enviado a buscarlo.  Esteban ya se había llevado a Coque.

Lidia estaba con Andrei y en manos de buenos médicos.

Clemente era quien se volvía prioridad entonces.

Junto a Jorge, Miguel y el resto de sus hombres, estudiaron de prisa la ubicación que Anselmo les había dado… justo en medio de la zona de Rojas… rodeado de sus clubes, restaurants y locales de mala muerte… una zona peligrosa… quizás el peor escenario posible

Gonzalo miró el mapa por largos minutos… en silencio y concentrado… decidiendo…

-. No – dijo Miguel rompiendo el silencio y dirigiéndose exclusivamente a Gonzalo. No necesitaba que le dijera lo que estaba pensando. Sabía.

Tras unos segundos, Gonzalo levanto los ojos y pregunto muy serio

-. ¿Cómo lo sabes?

-. No sé cómo, pero lo sé – aseguro Miguel igual de serio – confía en mi. Estoy seguro.

Se mantuvieron en contacto visual por largos segundos…  Gonzalo estudiaba los ojos oscuros de Miguel…

-. Bien. De acuerdo. Miguel dice que Clemente no nos va a traicionar. Vamos por él

Gonzalo habló para toda su gente. Estaba confiando en la respuesta que había encontrado en los ojos de Miguel.

Ultimaron detalles y muy pronto dieron inicio a la operación de rescate. El plan era simple. Llegar al lugar de sorpresa, reducirlos a todos con la ventaja de la sorpresa y la superioridad numérica y salir con Clemente y Anselmo vivo. Esta vez nadie les iba a impedir llevarse consigo al menor de los Rojas. Era un nuevo trofeo que exhibir. Los hombres estaban exaltados y ansiosos de encontrarse con el enemigo. Deseaban venganza.

 

TEDDY ROJAS

Teddy estaba enojado. Había esperado pacientemente a que la explosión del estacionamiento ocurriera para entrar a capturar su presa… o lo que quedara de ella. Con la cámara que llevaba el vehículo falso pudo ver el momento en que Lidia aparecía en el estacionamiento subterráneo. Esperó con paciencia a que se acercara lo suficiente antes de presionar el botón rojo del control que tenía en sus manos… pero entonces la maldita gata que tenía de guardaespaldas había olfateado el aire y los había hecho retroceder. Tuvo que accionar el control remoto de la bomba de prisa antes de que quedaran fuera de alcance mortal. Había sido tremendo… perfecto. Nadie podía sobrevivir una explosión de esa envergadura.  Luego del estallido se disponían a entrar y reducir la escasa vigilancia del lugar para rematar a las víctimas y cobrar sus trofeos, pero sus planes fueron frustrados cuando uno de sus hombres advirtió la presencia de Andrei con más personas. Llegaban justo en ese momento impidiéndole concretar su deseo… maldición!! Si hubiera traído más hombres habría aprovechado de matar dos pájaros de un tiro y deshacerse de Andrei también. Desde fuera los vio ingresar al estacionamiento a toda prisa

Teddy se quedó mirando fijamente el control remoto en sus manos y deseando haber dejado una segunda bomba que acabara con la vida de Andrei… sacó cuentas rápidamente…  tres hombres acompañaban a Andre …  mas los guardias generales del edificio… tal vez si actuaban con rapidez los sorprenderían y podrían acabar con ellos…  estaba pensando en hacerlo cuando su teléfono personal sonó.

-. Leonardo?

-. No. Soy yo Patrón. Su hijo Leonardo está mal herido

En un instante el resto de las cosas perdieron importancia… su mundo se redujo a la frase que acababa de escuchar…. Su existencia cambiaba bruscamente… No. No podía sucederle nada malo a Leonardo. Era su hijo predilecto y quien tenía que continuar con la familia… Domingo ya estaba muerto… era un cabeza hueca de todas maneras… Clemente un traidor y Anselmo apenas un adolescente demasiado emocional e impresionable que no tenía pasta para ser como ellos… solo tenía a Leonardo.  A duras penas mantuvo la calma y les ordenó llevar a Leonardo  en busca de atención de urgencia. Abandonó sus planes de venganza… Su hijo.. su amado hijo era más importante ahora.

Cuando llegó al lugar donde habían llevado a Leonardo vio los rostros mudos y apesadumbrados de los hombres… el aire se volvió demasiado liviano y una especie de sopor lo envolvió… quería correr de prisa hacia la sala donde estaba Leonardo pero apenas podía moverse

-. Patrón… Don Leonardo…

No. no quería escucharlo. No quería saber… mientras nadie se lo dijera, Leonardo estaba allí dentro esperando por él… para que su padre lo salvara y apoyara… tenía que verlo… pero sus piernas se volvieron de lana y su agotado corazón tenía ritmo de locos tambores africanos…

-. ¿Dónde está mi hijo?

Lo llevaron por un  pasillo blanco y luminoso. Dentro de un cuarto frío e impersonal, sobre una camilla rígida y angosta, descansaba Leonardo con los ojos cerrados y extrema palidez

-. Salgan todos!!! – rugió el viejo Rojas alejando a sus hombres y al personal de servicio

Camino hacia él como si fuera por el borde de un precipicio… la mano de Leonardo estaba helada y su piel no tenía vida…  nunca en su vida se había sentido tan mal… como si mil cuchillos se le clavaran en todo el cuerpo causándole un dolor intenso e indefinido y lo drenaran… lo dejaran vacío y permanentemente incompleto…

Apenas lloró cuando supo que Domingo había muerto

Leonardo se merecía cada una de las copiosas lágrimas que inundaban sus gastadas mejillas y hasta el aterrador sonido de sus sollozos…

-. ¿Quién fue?

Gritó como loco…

-. ¿Quién fue??!!! – volvió a preguntar asiendo de la solapa a uno de los hombres y remeciéndolo como si fuera papel

-. No sabemos patrón… uno de los hombres de María…

Un cualquiera… un don nadie… alguien que trabajaba para María le había abierto un agujero en el estomago a su hijo y la sangre había corrido como loca escapándose de su cuerpo hasta drenarle la vida… su preciado hijo había muerto a manos de un don nadie… Él no merecía eso… su hijo era un gran hombre… obediente, leal, sincero, valiente… un maldito don nadie… eso empeoraba mil veces la situación… un ataque a la distancia, balas locas… quizás y el hombre ni siquiera sabía que había dado muerte a lo más amado de su vida… su hijo mayor.. su mano derecha… su heredero…

Teddy Rojas sintió que él también moría un poco en esa sala blanca e impersonal. Tenía su dinero, propiedades, seguros… montones de cosas materiales… pero de nada servía si no tenía a nadie que siguiera su legado… ¿así de perdido se había sentido Lino cuando tomó la estúpida decisión de dejar a María a cargo de todo?…

María…

Quizás lo que había hecho Lino no había sido tan descabellado después de todo…

El cuerpo sin vida de su hijo Leonardo en la camilla era prueba de ello…

La vida de Domingo había acabado en manos de esa bruja también…

Convenientemente olvidó que era su familia quien había iniciado este descalabro… enceguecido de dolor culpó de todo a María… sus dos hijos mayores… ah… y por supuesto a Gonzalo que le había arrebatado a  Clemente…

Se abrazó al cuerpo inerte y apenas tibio para despedirse… un vacío grande en su corazón…  le habría gustado tener más tiempo para velarlo y rendirle los honores que le correspondían pero no contaba con ello. No quedaban nadie más que él y Anselmo. Sería un trabajo difícil educar a su hijo menor. Volcaría todos sus esfuerzos en él. Le enseñaría a ser fuerte y a dirigir lo que quedaba de su familia. Aun tenía vida.. tenía dinero, contactos, los terrenos y los negocios. Podían salir adelante

Cuando Teddy salió de la habitación su rostro había cambiado a uno que parecía petrificado y daba miedo. Las prioridades habían cambiado: María y Anselmo eran los objetivos ahora; terminar la vida de uno y sacar adelante la vida del otro.

 

RESCATE

La vida nocturna en la avenida estaba en pleno apogeo a esa hora temprana de la noche… los restaurants, clubs, salas de juego, espectáculo y prostitución de la familia de Rojas se encontraban llenos de clientes y en pleno apogeo, había gente en las calles, mujeres aproximándose a los clientes, música en los locales, vehículos circulando… El aspecto era el de una agitada noche normal de viernes en la conocida avenida. Justo en la esquina con la calle diez había una pequeña callejuela sin salida de unos 60 metros; al fondo de la oscura callejuela, una casa aparentemente desocupada, sin luz y cerrada.  No se veía nadie pero allí estaban vigilando.  Gonzalo observaba el lugar desde el interior de un vehículo estacionado al frente de la avenida.

-. Podemos entrar por atrás

Jorge mostró el mapa de la calle. Detrás de la casa donde estaban los Rojas había otra casa cuyo patio colindaba con el patio de la casa en cuestión.

Conversaron los pasos a seguir, dividieron las fuerzas y se pusieron de acuerdo. Estaba claro para todos ellos que no saldrían del lugar sin los hermanos Rojas. Tenían una única oportunidad. Los vehículos avanzaron a un ritmo normal para no despertar sospechas. Algunos esperarían un tiempo conveniente para luego detenerse frente a la callejuela y otros se dirigieron a la calle posterior.

Marcos y Libbi llevaban viviendo juntos 4 años  y tenían dos hijos pequeños. No estaban contentos con la vida delictiva que habían elegido años atrás ni con la casa que arrendaban para vivir. El sueño del dinero fácil no estaba resultando como ellos habían creído.  Estaban viendo televisión con los pequeños dormidos en sus brazos cuando alguien golpeó la puerta de su casa. Se miraron cansados… no estaban para visitas y a esa hora no hacían negocios. Marcos se levantó de mala gana a abrir la puerta

-. Quién es? – gritó Libby tratando de no despertar a los chicos al ver que Marcos no regresaba ni se escuchaba ruido.

Estaba a punto de levantarse cuando Marcos ingresó pálido y asustado a la sala, seguido de varios hombres, uno de los cuales apuntaba a su marido con una pistola en la sien

-. No grite- dijo Ghiotto moviendo la pistola con la cual apuntaba a Marcos – no vamos a dañarlos. Solo queremos usar su casa unos minutos

-. Por favor no nos haga daño

Libby abrazó a sus hijos

-. No se preocupe. Nadie va a hacerle daño ni a usted ni a ellos

Miguel señaló a los bebes. Libby le miró la cara de niño del hombre que le había hablado y le creyó. Asintió moviendo rápido la cabeza y protegiendo a los chicos en su regazo.

En cuestión de segundos, los hombres atravesaron su casa dirigiéndose al patio. En la sala de estar, dos hombres armados habían cerrado puertas y ventanas, bajado la intensidad de la luz y vigilaban a los asustados dueños de casa.

Tres hombres custodiaban la parte posterior de la casa de Rojas. Tres balas certeras, disparadas con silenciador, acabaron con sus vidas. Saltaron de prisa  la muralla de separación. Nadie sabía con exactitud cuanta gente había dentro de la casa.

Desde corta distancia los hombres de Gonzalo, al otro lado de la avenida, vieron como tres vehículos ingresaban al callejón, Teddy Rojas se bajaba custodiado de su gente y entraban a la casa confiados. Eran cinco en total. Ninguno se molestó en cerciorarse de nada. Estaban en medio de su territorio. No era necesario hacerlo.

Teddy no tenía ojos ni cabeza para ver nada más que no fuera lo que tenía urgencia de hacer.  Durante el trayecto desde la funeraria a la casa se había venido preguntando si Clemente merecía su perdón. La muerte de Leonardo cambiaba todo…  Clemente era más apto para sucederlo. Anselmo era todo blandura y sensibilidad. Quizás si le propinaba un castigo largo y  ejemplar a Clemente, además de mantenerlo unos años en permanente vigilancia podría servir… después de todo era su hijo.. su sangre…  un traidor… se le revolvía el estómago de sentimientos confusos… muerte.. vida.. hijos.. dolor…  No tuvo la claridad mental para notar que la casa estaba a oscuras y que las sombras inmóviles que pretendían ser su personal de vigilancia no lo era… se dirigió derecho hacia la pieza que hacía de oficina donde había dejado a Clemente horas atrás. No escuchó las balas silenciosas que eliminaban a sus guardaespaldas. Abrió la puerta y encendió la luz .

Sus pasos se detuvieron de golpe… la mano aún en la manilla de la puerta… los ojos y la boca se le abrieron grandes

-. Buenas noches, Teddy

Gonzalo lo miraba cómodamente sentado detrás de la mesa de su escritorio

Teddy miró hacia todos lados analizando la situación y comprendiendo de inmediato la gravedad… buscando un escape…

Miguel, Ghiotto y dos hombres más estaban dentro de la sala con armas en sus manos

Teddy se afirmó de la manilla hasta recomponerse de la impresión.

-. ¿Qué haces aquí? ¿Dónde están mis hijos?

-. Tus hijos prefieren irse conmigo. Me han pedido que los rescate.

-. Primero muerto que dejar que te los lleves

Teddy Rojas no soportó escuchar lo que Gonzalo le decía.. no… no era posible haber trabajado toda su vida para ser traicionado de esa manera por sus propios hijos… Loco de rabia y dolor, Teddy Rojas soltó la puerta y buscó un arma entre su ropa

-. Como quieras… – dijo Gonzalo

Lo último que vio Teddy Rojas fue como Gonzalo se encogió de hombros en el mismo momento en que él y los hombres en la sala disparaban sus armas. Tuvo unos segundos de tiempo para pensar en que toda su vida no había valido la pena… había preparado tanto a Leonardo y ahora no estaba… Clemente y Anselmo lo habían vuelto a traicionar llamando a Gonzalo… Su último pensamiento fue para odiar a Domingo por haber iniciado la destrucción de su familia.  Su cuerpo ya sin vida cayó al suelo impactado por varias balas.

Los cinco hombres en la sala permanecieron inmóviles hasta comprobar que estaba muerto… la sangre corría de sus heridas…

-. Asunto terminado – murmuró Gonzalo para sí mismo

Todos excepto Ghiotto abandonaron en minutos la casa por donde mismo habían entrado.  Ghiotto tardó unos cuantos minutos en iniciar el fuego que dificultaría el reconocimiento de los cuerpos.

 

Libby y su marido vieron a los hombres llevar a un chico asustado y a otro mal herido a través de su living. Minutos después. El tipo alto que parecía ser el jefe se dirigió a ella

-. Empaque sus cosas y lárguese de esta casa ahora mismo

-. ¿Cómo dice?

-. Tome

Gonzalo arrojó una importante cantidad de billetes a Libby

-. Recoja lo mínimo y váyanse sin dejar señales de dónde encontrarlos. Borren nuestros rostros de su mente. Esto solo fue una pesadilla.

-. OH… si… señor… gracias…

-. Muévase de prisa señora

Libby nunca había visto tanto dinero en su vida. En cuanto los hombres se fueron, ella y Marcos corrieron a poner en unas maletas lo más esencial, su mercancía, y desaparecieron en su pequeño automóvil. Los niños dormían en el asiento trasero.

Cuando los hombres de Rojas percibieron las llamas que salían de la casa del fondo de la callejuela ya era demasiado tarde para intentar entrar.  Se quedaron mirando como las llamas consumían todo incluyendo a su patrón que estaba dentro… se miraron confundidos… ¿Qué pasaba con ellos ahora?…

 

JORGE

Clemente y Anselmo fueron llevados a una casa protegida y atendidos por un médico. Gonzalo les aseguró que ya no tendrían que volver a temer. El tema de la muerte de su padre se los confirmaría más tarde… pero era algo que ambos chicos sospechaban.

Entre la gente de Gonzalo reinaba un sentimiento de victoria y venganza cumplida. Ya estaba amaneciendo y estaban todos exhaustos.

-. Lo hiciste muy bien esta noche

Gonzalo le habló a Jorge. Él fue quien recibió el llamado de Anselmo, ubicó la casa y finalmente, quien encontró la solución alternativa de entrar por atrás.

Jorge se puso de pie al escuchar a su jefe. Asintió rápido con la cabeza. Se sentía bien ser reconocido por el jefe delante de todos.

-. Ya puedes irte a descansar… todos pueden irse – indicó Gonzalo

De a poco se fueron retirando los hombres. Solo quedaban los encargados de proteger a los chicos. Gonzalo y Miguel salieron juntos, caminando lado a lado. Subieron al vehículo oscuro de Gonzalo y partieron raudos…

Jorge suspiró cansado mirando el amanecer que se pintaba en el horizonte. Había sido él uno de los que se había quedado en la casa vigilando a la pareja y los chicos con un arma en la mano… un arma que apenas sabía usar y que difícilmente se habría atrevido a disparar.

Había tantas cosas que no sabía usar o hacer en esta nueva vida que tenía…

Pero estaba dispuesto a aprender… nada lo detendría. Cada segundo que pasaba le gustaba más lo que estaba haciendo… el poder era adictivo… aunque entendía que debía aprender a hacerse respetar… no bastaba con que Gonzalo lo hubiera nombrado su ayudante y le concediera privilegios… había cosas que tendría que ganarse por sí solo… el respeto y la admiración del resto, por ejemplo.

Pensaba todo esto mientras caminaba hacia fuera de la casa… y entonces lo vio. Ghiotto caminaba de prisa hacia uno de los vehículos de la familia.  Ghiotto… Su cuerpo se tensó. Su mandíbula se volvió dura y sus puños se apretaron. Clavó la vista en su espalda.

Tenía mucho que aprender… e iba a comenzar el aprendizaje en ese mismo minuto

Se movió rápido hasta llegar al mismo vehículo, abrió la puerta trasera y subió decidido, cerrando fuertemente la puerta.

-. Llévame a mi casa – ordenó con la voz más fría y cortante que hubiera utilizado jamás. Luego sacó su teléfono del bolsillo y centró su atención en la pantalla.

Ghitto tuvo un momento de desconcierto… estaba cansado, como todo el resto y ya deseaba echarse a dormir en su propia cama. Vio a Jorge un segundo antes que subiera al vehículo y al escuchar su orden estuvo tentado de responderle de mala manera…

Pero entonces recordó… Jorge era el reemplazo de Andrei… era uno de los que podía dar órdenes… y le estaba ordenando llevarlo a su casa.

Apretó lentamente el acelerador y reubicó el espejo del auto para poder observar a su pasajero. Jorge no le prestaba atención.

No habían vuelto a hablar desde que había pasado “aquello”… en verdad, no tenían nada que hablar… Él solo le había hecho un favor por una única vez y eso era todo…  ¿por qué le pedía que lo llevara a su casa si alguien más podía hacerlo?…  ¿deseaba encararlo?… o acaso… ¿deseaba algo más?

El pensamiento de lo que había sucedido y podía volver a suceder tuvo un efecto inmediato en Ghiotto. Había sido una noche de mucha adrenalina y con buenos resultados.  Estaba en un estado de semi euforia en que era fácil excitarse… Avanzó por la calles de prisa, había muy poco tráfico a esa hora. El departamento de Jorge no estaba lejos.   No dejaba de observarlo disimuladamente… esperaba que en cualquier minuto le hablara… quizás le pediría una explicación… su mente lo traicionaba… su pulso cansado se comenzó a acelerar y su cuerpo recobraba energía.

Jorge apagó el teléfono y con toda tranquilidad cerró los ojos y se recostó contra el respaldo del asiento…

A Ghiotto le estaba costando despegar la vista de su pasajero… ¿no iba a hablarle, entonces?… pero… era extraño… no parecía mujer ni se comportaba como una… no tenía movimientos afeminados… pero su cintura era pequeña y su piel suave… su boca caliente como el mismo infierno… su culo firme y resistente…

Cuando el vehículo se detuvo frente al edificio de departamentos, Ghiotto estaba listo para vencer toda resistencia y volver a repetir la experiencia… él haría lo que fuera necesario por ayudar a Jorge a cumplir con el encargo de Gonzalo… había dicho que solo una vez pero bien podía hacer una excepción por el héroe de la noche

-. Gracias, Buenas noches

El portazo lo sintió como si le hubiera sido dado en la entrepierna…

Jorge salió de prisa del auto y camino derecho hacía su casa… en cosa de segundos se había perdido de su vista dentro del edificio.

Sin hablarle…

Sin mirarlo…

Sin pedirle nada…

Ghiotto frunció el ceño y su expresión perpleja cambio a una de malestar…

¿Pero qué diablos se creía este pendejo??!!…

Miguel 2 Capítulo 78

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Capítulo 78

TEDDY

Recuperar a Clemente era lo segundo en su lista de prioridades.

Lo primero había sido rescatar a Domingo. Ahora ya era muy tarde. Se había enterado de su muerte a manos de esa maldita mujer… Casi una niña… una mocosa del demonio. La detestable hija de Lino… La había subestimado. Lloró unas cuantas lágrimas por su torpe hijo muerto y se consoló de prisa pensando en la venganza y la recuperación del honor.

El mariquita en la clínica era uno de los siguientes objetivos. Había sido complicado obtener su ubicación pero ya la tenía. Sabía dónde estaba y la cantidad de hombres que lo protegían. Sería algo fácil y rápido. Con él había comenzado todo y con él mismo terminaría. Sería una lección para todos.

Tenía planeado para él un programa de sufrimiento peor al que María había experimentado sobre su hijo.  Le haría llegar los pedazos del marica a la muy perra.

Esta vez, no estaba dispuesto a comenzar una guerra a gran escala. No tenía los medios para hacerlo de prisa y resultaba demasiado engorroso, peligraban las lealtades.  Así es que había programado unos cuantos objetivos precisos que dañaran de lleno a todos quienes se habían reído de él. Resultaba más efectivo y fácil de ejecutar. Había seleccionado cuidadosamente dónde asestar los golpes.

La bonita hermana de Gonzalo era otro de los objetivo. Ansiaba llegar a ella. La recordaba del matrimonio de la perra con Esteban. Era hermosa y elegante. Casi había opacado a la novia aquella noche. Sería un placer destrozaba. Luego, si quedaba algo de ella enviaría los pedazos a Gonzalo y a Andrei… ¿Quizás alguno directo a su padre?.. Si..Jaime podría tener un nuevo infarto por la impresión y morir de inmediato. Esa muerte se vería bien en su historial.

Oh sí, señor. Iba a disfrutarlo.

Volvería a ser más poderoso que antes y todos tendrían miedo de escuchar su nombre. Si antes había sido cruel, ahora estaba dispuesto a llegar más lejos que nunca.

Tenía su dinero a buen resguardo en el extranjero y siempre podía volver a ganar mucho más. Ese no era el problema. El verdadero tema era recuperar el honor de su nombre y su familia, enlodado por la perra y el marica de Gonzalo.

-. Papá…-

Clemente despertó en medio de mucho dolor. Estaba casi desnudo, atado a una silla, en una sala desconocida que parecía un escritorio.  Le costaba abrir los ojos, tenía moretones y marcas de golpes por doquier.  Su padre era el único ocupante además de él. Sabía que tenía huesos rotos. Estaba mareado del dolor.

-. Papá – volvió a gemir. Necesitaba agua…

Recibió un nuevo golpe en el rostro

-. No me llames padre, inmundo traidor –

Teddy Rojas abandonó la sala dejándolo solo. Ya se ocuparía de su hijo traidor, más tarde. Había muerto uno de sus hijos y tendría que encargarse de este otro… No era fácil ser padre.

Ahora quería avanzar con sus planes. Muy pronto, todos se enterarían de la desaparición de Clemente y comenzarían a ponerse en guardia. Era hora de actuar antes que se arruinara el factor sorpresa.

LIDIA.

Lidia había tenido un día complicado, no tanto por el trabajo, sino por la incertidumbre de sentirse sola. No le gustaba.  Andrei no la llamaba ni la buscaba y por ahora, su orgullo era más grande que su necesidad de verlo y su molestia con él no le permitía pensarlo con claridad.

Por otro lado, a Karina no la había visto en la mañana y tuvo temor de que Andrei hubiera cumplido su amenaza de enviarla lejos.

Se aguantó la molestia todo el día recurriendo a su orgullo. Intencionalmente no quiso llamar a Andrei para preguntar.

El día se le hizo largo y lento. Al terminar la jornada, salió de su oficina con poco ánimo y casi nula energía. Tras abrir la puerta, encontró a Karina esperándola como siempre, fuera de su oficina.  Ahí estaba ella. Infalible, siempre confiable. Suspiró sintiéndose tranquila. La energía retornó en forma de una sonrisa…

-. De ahora en adelante entras a tomar café conmigo en vez de esperarme aquí afuera – le dijo a modo de saludo.

Gonzalo había cumplido. Karina no se había ido a ninguna parte.

-. Será un agrado – respondió ella aguantándose la misma sonrisa que tenía Lidia en la cara y quitándole el maletín para llevarlo en sus manos.

Subieron al ascensor en un silencio cómplice. Las dos solas.

-. No te fuiste – Lidia estiró su mano y acarició los dedos de Karina. Ella respondió abriendo su mano y atrapando la de Lidia

-. No. No pensaba irme tampoco-

Sonrieron disfrutando del cálido contacto de sus manos y el saberse cerca.

Lidia se alegraba tanto de que no se hubiera ido. Se había sentido muy sola. Quería abrazarla. Le gustaba tanto su compañía y  hablar con ella, saber que podía contar con Karina para cuidarla, acompañarla y protegerla. Ella era como un bálsamo para su espíritu. Una compañera especial.  Era tan injusto que Andrei quisiera enviarla lejos. No tenía derecho!!!… No podía quitarle a su amiga… Karina era como la hermana que no tenía… era como… … … …

La mirada se le quedo inmóvil en la imagen de ella misma que le devolvía el espejo del ascensor…

¿Qué había pensado??…

Hermana…

Ladeo levemente la cabeza para mirarla mejor…

Dijo amiga y hermana…

El estómago se le apretó en un nudo enredado.

Karina sonreía satisfecha y estrechaba su mano ajena a lo que pasaba por su mente

Le seguía produciendo una alegría inmensa tenerla a su lado… ganas de abrazarla y reír con ella…  hablar hasta tarde, compartir una cena y buenos momentos… hablar, escucharla… ganas de hacer lo que haría exactamente con una buena amiga o una hermana…

Oh Dios!!

Sintió que un peso enorme caía sobre ella y la dejaba aplastada contra la pared del ascensor.

Muy despacio, retiró su mano. Miró a Karina fijamente

-. ¿Qué pasa? – preguntó ella sintiendo la intensidad de la mirada

Las palabras no acudieron a su boca… se limitó a mantener una sonrisa congelada…

Karina era su amiga, de compartir sus secretos, de depositar en ella sus sueños y dolores, de estar a su lado en todos los momentos difíciles o alegres… sobre todo durante las últimas semanas en que nadie parecía tener tiempo para ella.  Karina era algo así como una fiel compañera del alma… una persona increíble. Bajo esa capa de dureza y agresividad había una mujer valiente, alegre y decidida que ella había alcanzado a vislumbrar y comenzaba a admirar…

Le tenía mucho cariño…

La quería en verdad…

Pero no la amaba de la manera en que amaba a Andrei. Sus sentimientos por ella eran de amistad y profundo cariño…

La verdad se reveló en su mente con asombrosa claridad dejándola levemente choqueada

Se había confundido tontamente.

El alejamiento de su familia mientras cuidaba a su hermano menor, que casi consideraba un hijo, el rechazo de Daniel hacia ella… la situación de urgencia de la familia que exigía todo el tiempo de Andrei… todo se había confabulado para hacerla sentir sola y vulnerable…

Oh Dios!!… ¿Qué había hecho?… Se había equivocado completamente…

Nunca podría reemplazar lo que sentía por Andrei y entregárselo a Karina. No la amaba de esa manera…

Sonrió con tristeza a través del espejo…

Karina sonrió de vuelta, algo que muy rara vez hacía y le brillaron los ojos oscuros…

Lidia suspiro nerviosa…

-. Eres una gran mujer, Karina

Le habló con una mezcla de miedo y ternura.

Sabía que los sentimientos de Karina por ella eran de otro tipo. Entendió de golpe que ella no podía corresponder a esos sentimientos… pero había estado alentándola durante las últimas semanas…  La quería como una gran amiga. No iba a dejar que nada las separara… pero tenían cosas que conversar y aclarar. Tendría que hacer cambios… aceptar que nunca sería más que una profunda amistad entre ellas. ¿Sería ella capaz de entenderlo? Karina era una mujer fuerte.

Lidia se permitió entonces unos segundos para pensar en Andrei…  apoyó su nuca contra el espejo tras ella y miró hacia arriba…

Andrei…

Sintió urgencia de verlo…

Que estúpida había sido!!

 

Karina se refugió en la calidez de las palabras de Lidia, en la mirada intensa que había recibido y en la caricia en su mano. No sabía si era o no una gran mujer. Solo sabía que su hada se lo había dicho, y si Lidia lo creía era bastaba para convertir ese día en uno de los mejores de su vida.

Se alegraba tanto de no haberse ido. No sabía porque Andrei no había cumplido su amenaza pero se alegraba.

-. Estamos llegando – anunció alejándose un paso mientras  el ascensor se abría hacia el estacionamiento subterráneo.

El chofer y un guardaespaldas las esperaban a la salida. Se había redoblado la vigilancia. Juntos, caminaron hacia el estacionamiento reservado para el vehículo de Lidia.

Karina, con su agilidad habitual, fue la primera en llegar y abrir la puerta del auto para dejar el maletín de Lidia en el asiento.

Se quedo quieta con la mano en la puerta abierta…

No habría podido explicar que fue lo que llamó su atención y le hizo advertir el peligro, pero lo sintió tan fuerte como si la hubiera abofeteado.

Algo no estaba bien

Se giró de prisa buscando alrededor. Ya tenía un arma en una mano y un cuchillo en la otra.

El chofer y el guardaespaldas se sobresaltaron al notar las armas y la actitud de Karina

-. ¿Qué pasa? – preguntó uno de ellos alarmado echando mano de su arma, sin saber a qué apuntar.

-. Hay algo…-  murmuró Karina.

No podía decir qué ni dónde… pero estaba ahí, vivo y latiendo… lo olfateaba en el aire, le cosquilleaba en la nariz… ¿qué era?.. ¿dónde estaba?…

Absoluto silencio, sin sombras moviéndose ni ruidos extraños… nada que pareciera anormal… solo silencio…

Karina cerró de prisa la puerta del auto y ordenó con  autoridad

-. Llévenla de vuelta al edificio

-. ¿Qué? ¿qué pasa? –

– Llévenla!!! – gritó vuelta loca buscando el peligro.

Entonces, en una fracción de segundo,  se dio cuenta.

Faltaban las banderitas.

El vehículo oscuro estacionado al lado del de Lidia no tenía las pegatinas de las banderitas en las ventanas. Era del mismo color y modelo. Pero faltaban las dos banderitas gastadas que veía cada día en la ventana trasera.

No era el mismo vehículo de siempre.

Era otro auto igual… casi…

Dios!! Era una trampa!!!

-. NO. Nooooo… Corraaaan –

Volvió a gritar girándose a toda marcha y echando a correr desesperada tras de Lidia en un intento por protegerla.

Apenas segundos después la poderosa bomba en el automóvil extraño estalló, haciendo añicos el auto de Lidia, lanzando fragmentos, calor y fuego en todas direcciones.

Karina tuvo menos de un segundo para pensar…

Su hada le había tomado la mano y le había dicho que era una gran mujer. Había sido un buen día.

La fuerza del estallido arrojó el cuerpo de Karina directamente sobre el de Lidia que corría escoltada por uno de los hombres. Cayeron todos juntos al suelo en un enredo de cuerpos y un gran golpe.  Karina se quedó adherida a la espalda de Lidia manteniéndola protegida bajo ella. El otro hombre cayó unos pasos más atrás.  Los pedazos de metal ardiente y el fuego abrazador pasaron silbando sobre todos ellos. Calor… el aire se había convertido en fuego que quemaba la garganta…  La fuerza de la onda explosiva movió sus cuerpos como si fueran hojas en el viento pero Karina nunca la soltó.

No hubo gritos. Al menos Lidia no pudo escucharlos porque el estallido de la bomba había afectado sus oídos. Solo silencio y dolor… Sentía las manos de Karina dolorosamente incrustadas en sus hombros y los cuerpos inmóviles sobre ella. Le costaba respirar y mantener los ojos abiertos…

Golpes, ruido estruendoso, fuego, humo y dolor.

Después, todo se volvió negro y aterradoramente silencioso.

 

LOS ROJAS

Leonardo tenía una gran duda.

A decir verdad, tenía muchas pero la que en particular le preocupaba en ese momento era lo que sentía sobre la muerte de Domingo, el secuestro de Clemente y el futuro de Anselmo.  Sabía que su atención debería estar enfocada en el próximo objetivo. Era importante pero no podía evitar sacar cuentas… y alegrarse:  Domingo estaba muerto; Clemente había cavado solito su propia tumba y Anselmo… bueno… tendría que aprender. Era joven y manipulable…

Respiró profundo y elevó la cabeza levantando el mentón.

No tenía competencia.

Sería, indudablemente, el próximo jefe de la familia cuando su padre muriera.

Esa última frase era tal vez la segunda parte de su inquietud… ¿cuánto tiempo más podría seguir vivo entre tanto traidor y con un precio tan alto por su cabeza?… Ninguna de las familias lo apoyaba… maldición!!! Si él muriera ahora mismo se encontraría en un grave aprieto para sacar adelante a la familia…

-. Don Leonardo…

Uno de sus pocos hombres de confianza que quedaban llamó su atención y le indicó el edificio apenas iluminado en la noche oscura. No se alcanzaba a distinguir bien pero se habían detenido distantes y con las luces apagadas, conscientes de que en la clínica encontrarían guardias que reaccionarían. Se veía un lugar grande y silencioso, sin nadie a la vista pero estaban en alguna parte… vigilando y cuidando… Estudió el lugar antes de decidirse a avanzar.  Estaba en las afueras de la ciudad. Sería un trabajo fácil. Solo tenían que hacerlo rápidamente. La sorpresa era su factor ganador

-. Adelante – ordenó Leonardo al conductor – Ya saben qué hacer–

Cada uno de los siete hombres que ocupaban los dos vehículos se cubrió el rostro con una máscara detectora de movimientos y calor. Cargaban armamento de guerra en sus manos.  Aparentemente no había nadie en la calle que rodeaba la entrada de la clínica.

Los pesados vehículos pasaron a toda velocidad destrozando la reja de entrada.

Leonardo y sus hombres descendieron y alcanzaron la entrada antes de que las primeras balas comenzaran a caer sobre ellos. Tal como habían supuesto, el pequeño Coque estaba bien protegido. Sin embargo habían llegado hasta su objetivo que era la entrada de la clínica. Actuaban de prisa y coordinados

Leonardo y dos de sus hombres ingresaron al lugar disparando a las lámparas y dejando todo a oscuras a medida que avanzaban. Podían detectar el calor de los cuerpos ylosmovimiento con sus máscaras. Leonardo recordó el mapa que había estudiado y se dirigió hacia donde estaban las habitaciones. Frente al mesón de enfermeras vio el cuerpo de una persona escondido. Se acercó corriendo y lo jaló del cabello apoyando su arma directamente sobre el estómago de su víctima quien gritó aterrada. Era una mujer. Posiblemente la enfermera de turno.

– La habitación número 12? – preguntó fuerte y claro pero la mujer seguía gritando fuera de control. La soltó del pelo y atravesó su rostro con una fuerte cachetada. La mujer se tambaleo

-. Si no me dices donde está voy a matarte –

-. No sé señor.. no sé.. no me mate, por favor.. no…-

-. Te di la oportunidad – dijo Leonardo antes de apretar el gatillo y dejar caer el peso del cuerpo sin vida al suelo…

Los disparos continuaban afuera. El tiempo apremiaba. Por medio de gestos le indicó a sus hombre por donde continuar. Avanzaron corriendo. Se escuchaban gritos asustados. De acuerdo al mapa la habitación del pequeño marica estaba cerca.

-. Aquí es- Dijo Leonardo deteniéndose frente a una habitación. Ni siquiera esperaron a comprobar. Comenzaron a disparar inmediatamente, arrasando con la puerta e ingresando a la habitación. Distinguieron dos personas dentro hacia quienes dirigieron los disparos.  En cosa de segundos acabaron con la vida de los ocupantes de la habitación número doce.

Leonardo se acercó hasta los cuerpos para cerciorarse. Sonrió satisfecho al reconocer a uno de los hombres de Lino… bueno… de la tal María, ahora.  Entonces, sin duda, el otro cuerpo correspondía al hermano de la bruja…

El aire se le atoró en la garganta…

Apretó el arma en sus manos con furia…

Se quitó la máscara de golpe para comprobar lo que estaba viendo…

-. Jefe, no es el chico

-. Ya lo sé idiota!!- gritó indignado – búsquenlo por todas partes!!!

No era posible que hubieran llegado tan lejos para ser engañados

De un manotazo levantó la cubierta de la cama para descubrir almohadas y frazadas simulando una persona

-. Maldición… maldicioooon!!!

El ruido de las balas y los gritos de afuera se mezclaron con el ulular de sirenas policiales que se acercaban…

Leonardo tomó la máscara y disparando a diestra y siniestra corrieron de vuelta hacia la salida… uno de los autos estaba destruido y había dos cuerpos sin vida en la entrada. Pasó saltando para esquivarlos y corrió hacia el vehículo.

Cuando iba subiendo al vehículo, sintió una fuerza extraña que lo empujaba hacia el interior, como si alguien lo hubiera empujado fuerte y dolorosamente. Se sintió atontado. El desconcierto se apoderó de su mente por unos instantes. El auto partía veloz con sus ocupantes abriéndose paso por medio de disparos… Nadie estaba pendiente del hijo del jefe… cada quien peleaba por su vida.   Leonardo no reaccionó hasta que sintió que un líquido caliente mojaba su ropa y escurría por su estómago… Se miró el pecho, confundido… estaba manchado de sangre que seguía brotando. Quiso gritar y advertir pero no pudo… no tenía energía suficiente…

Cuando la policía llegó al lugar solo encontraron  cuerpos sin vida dentro y fuera de la clínica. No quedaba nadie, ni de un bando ni del contrario, que pudiera dar explicaciones.

 

DANIEL

Lo mantenía abrazado a su cuerpo en la estrecha cama del departamento. Debería sentirse incómodo pero, contrario a eso,  estaba feliz aunque su compañero de cama no estuviera despierto.  Coque había tomado, sin saberlo, una dosis mayor de su medicamento para dormir y fue entonces cuando Daniel aprovechó de sacarlo de la clínica con la complicidad de sus hombres y la excusa de un paseo por el jardín en la silla de ruedas.

Desde que Gonzalo lo llamó horas antes y le contó lo que pasaba con los Rojas no se había podido quedar tranquilo.

No importa cuántas personas hubiera custodiándolos.

Los Rojas estaban desesperados y actuarían de manera irrazonable.

Pensó en llamar a Esteban o incluso a Gonzalo… pero sería un lío enorme si vinieran ellos y eso aumentaría la posibilidad de que alguno delatara su verdadero nombre frente a Coque.

A medida que fue avanzando la tarde, los temores de Daniel iban aumentando. Si los Rojas volvieran siquiera a estar cerca de Coque todo su progreso se iría a la mierda…

Ni imaginar que sucedería si burlaran toda la vigilancia y lograran llegar hasta su pecoso.

Puso música en la radio que había traído. A Coque le gustaba mucho escuchar canciones. Lo vio sonreír y tararear un pedacito de una canción con los ojos perdidos en el atardecer sobre el jardín… Coque se veía completamente en paz. Al fin la tranquilidad había vuelto a su alma.

Esa visión fue la que le hizo tomar una drástica determinación.

Se llevaría a Coque a su pequeño departamento donde podría protegerlo de mejor manera con todos los hombres que Gonzalo había enviado.   Era demasiado riesgo mantenerlo en esa clínica. María pensaba que el paradero de Coque era desconocido pero eso no era verdad.

Abandonó la habitación y se comunicó con su gente. Poco después habían trazado un plan que engañaría tanto a los hombres de María como al personal de la clínica.

Estaba anocheciendo cuando Ray Salazar, con su mejor sonrisa, consiguió permiso de la enfermera jefe para pasear a Coque por el jardín

-. ¿Por qué a esta hora? – preguntó ella

-. Es que no le gusta salir cuando hay más gente– respondió haciendo uso de su arte de seducción.

La enfermera aceptó. Después de todo, Ray había dado sobradas muestras de ser una buena influencia para la mejoría de Coque.

Cuarenta minutos después, ya estaba oscuro cuando Ray pasó frente al puesto de la enfermera jefe

-. Duerme como un angelito. Ya le di sus medicinas. No despertará hasta mañana

-. Bien. Gracias Ray. Hasta mañana

-. Hasta mañana

Salió caminando con calma, como hacía todas las tardes, controlando sus ganas de correr para ver que hacían sus hombres con Coque. Dos de ellos los reemplazaban en el dormitorio y el resto se habían llevado a Coque, completamente dormido, por efecto de las pastillas.

Cuando llegó al pequeño departamento lo encontró descansado sobre su cama, en posición fetal y muy bien custodiado. Lo embargó la emoción al verlo…

-. Gracias – dijo a los hombres que le habían ayudado, sin dudar en ningún momento de obedecer sus órdenes.

Puso a Coque bajo las cobijas, tomó una ducha, comió algo ligero y se fue a acostar, acurrucándose a su lado. La cabeza de Coque sobre el brazo de Daniel. No se aguanto las ganas de besarlo y abrazarlo con enorme ternura y volcando en esos delicados toques todo el cariño que había estado acumulando por semanas… era innegable que el deseo estaba presente… llevaba mucho tiempo sin tocarlo ni ser tocado… pero ahora no era el momento. Recordó las palabras de Coque cuando le contó lo que le había hecho Domingo… ¿Cómo sería cuando volvieran a estar juntos?… Sintió la tensión en sus músculos. No iba a ser fácil… pero luego de todo lo que había pasado, se sentía fuerte y adulto, capaz de superar cualquier barrera.

-. Estas conmigo, Coque. Yo voy a cuidarte. No voy a dejar que nadie te haga nada malo nunca más.

Se sintió responsable, protector… Las últimas semanas habían obrado un gran cambio en Daniel. Había madurado a la fuerza en la dirección correcta.  Posiblemente tendría complicaciones al día siguiente. Ya pensaría que decirle cuando despertara. Tendría que llamar a Esteban y avisarle, no quería iniciar una revolución… poner a Gonzalo al corriente también. Seguramente todos se iban a enojar con él… Pero nada de eso le importaba. Coque estaba seguro a su lado y eso era lo único valioso.

Sonrió al mirarlo. La visión de su pecoso dormido tan tranquilo lo llenaba de ternura. Le besó los labios con cuidado, sintiendo su calor y lo mantuvo pegado a su cuerpo hasta que sus ojos se cerraron del cansancio.

Horas más tarde, Daniel despertó con el ruido producido por las sirenas de los carros policiales que circulaban velozmente.  Casi pudo predecir hacia donde se dirigían… Se asomó a la ventana y siguió la trayectoria de los vehículos… la preocupación le apretó el corazón…

Tendría que hacer las llamadas ahora…  Se demoró unos minutos… Sostuvo a Coque entre sus brazos agradeciendo haber actuado de acuerdo a su intuición… estaban seguros… Lo acarició largos minutos, se llenó los ojos con los detalles de su rostro pecoso…

Suspiró. Tendría que dejarlo ir por ahora… pero que nadie pensara que podrían volver a separarlos.

-. Hola – la voz de Esteban denotó la sorpresa de recibir una llamada a esa hora de la madrugada

-. Habla Daniel. Los Rojas atacaron la clínica… Coque está conmigo. Está bien. 

Miguel 2 Capítulo 77

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CAPITULO 77

-. ¿Qué fue eso? – preguntó Jorge sumamente confundido. Estaban solo él y el guardaespaldas en la oficina de Gonzalo.

Ghiotto evitó mirarlo… ¿no se había dado cuenta?

-. Escuchaste lo que me dijo??!!!

-. Eehh…

-. Es… no puedo creer que me haya pedido eso!!!

Jorge reunía sus cosas para retirarse. Estaba visiblemente alterado. De reojo miraba al hombre que acababa de ser designado para ser su chofer y ayudante, al menos durante el resto del día ya que Clemente estaba en clases.  Suspiró complacido a pesar de la molestia. Amaba el poder… no existía para Jorge una droga más poderosa que la sensación que le otorgaba saber que estaba a cargo y que lo que él decía era lo que se iba a hacer, sin preguntar ni reprochar.

Ghiotto era un hombre impresionante,  musculoso y firme. Una roca. Le daba gusto tenerlo de compañía. Imponía respeto.

-. El jefe tiene una mente muy aguda – dijo Ghiotto que aun no se atrevía a despegarse de la pared y caminar dentro de la oficina para ayudarlo con los papeles y computador.

-. Si. Lo sé… pero… ¿Qué sentido tiene? Además… ¿de dónde diablos voy a sacar una persona en siete días? – Jorge terminó de reunir sus cosas y echó a andar hacia el ascensor.

Intencionalmente Ghiotto se retrasó en seguirlo. Estaba nervioso. El olor de Jorge al pasar por su lado fue como una bofetada en el rostro. Tenía un aroma distinto a todo lo que había olido antes… algo especial, envolvente y misterioso. Solo lo había podido sentir un mísero instante pero fue suficiente para que se quedara oliscando el aire como un animal.  Se sorprendió de su propia actitud… Esto era absurdo!! El no era como su jefe ni Miguel ni Daniel ni Coque… Diablos! ¿Por qué demonios eran tantos?!! ¿Qué había de bueno que todos parecían querer serlo? ¿Cómo sería meter la polla en un culo apretado? Casi se atragantó al pensarlo…

-. Vamos con Andrei 

Molesto consigo mismo y con lo que le estaba pasando, se giró para seguir a Jorge.

Sus ojos se clavaron en las nalgas redondeadas y apretadas que avanzaban frente a él, moviéndose en perfecta sincronía… pasos largos y firmes… piernas eternas, cintura estrecha…

Un suspiro tiritón escapó de su pecho… maldición!! ¿Cómo se sentirían esas piernas desnudas alrededor de su cintura mientras penetraba su culo y… ?? La sensación de calor intenso fue difícil de digerir aun para un hombre como él, acostumbrado a las armas y violencia. Respiró muy rápido sin poder apartar la vista del culo de Jorge. Cuando el ascensor llegó tuvo que obligarse a moverse. Subió en obstinado silencio, ubicándose en un rincón apartado de Jorge.

-. Sabes que en los dos últimos años no he logrado que ninguna chica salga conmigo?.. y ahora quiere que meta un tipo en mi cama???!!

Ghiotto no estaba escuchando. Miró el reflejo de Jorge en el espejo de elevador. Tenía un rostro de hombre. Nadie lo confundiría con una mujer… pero era bonito… piel clara y fina, labios llenos y sensuales… esos lentes que le daban un aire de intelectual…  el pelo desordenado y suave alrededor de la cara… Demonios!! Que estaba diciendo!!… ¿dos años sin salir con alguien?… acaso estaba diciendo que llevaba dos años sin tener sexo???!! Lo recorrió nuevamente desde la punta de los pies a la cabeza… y la reacción de su cuerpo lo sorprendió.  ¿Cómo es que un hombre podía tener un cuerpo así?… daban ganas de desnudarlo y sobarlo… morderlo y chuparlo…  de meterse en ese cuerpo y profanarlo con su polla, hundirse en su boca y en…

Otro incontrolable suspiro tembloroso abandonó la garganta de Ghiotto que no supo donde meter su vista y optó por el suelo…  el nivel de erotismo de sus pensamientos lo estaba poniendo en aprietos.

-. ¿Por qué me pide algo así?  Yo nunca molestaría a Miguel. No es necesario que me diga que lo ama… se le nota.

Ghiotto optó por el silencio.

Subían al vehículo. Jorge acostumbraba sentarse al lado del chofer en vez de viajar solo en la parte de atrás. Ghiotto conducía y Jorge iba sumido en sus pensamientos mirando por la ventana. Andrei los esperaba en otro lugar de la ciudad.

Mientras el semáforo estaba en rojo, Ghiotto se quedó pegado en el espacio entre las piernas separadas de Jorge… imaginando lo que habría allí debajo del pantalón… y abriendo la boca sin poder cerrarla al darse cuenta de que quería saberlo… quería verlo… sentirlo en sus manos…

Algo parecido a un gemido se escapó de su boca, haciéndolo sentir avergonzado…

A él no le gustaban los hombres!!!

Iba a ser un largo día de mierda…

Mantuvo la vista fija hacia adelante y evitó volver a mirarlo.  El volante bien apretado en sus manos.

Cuando llegaron con Andrei lo perdió de vista.  Se alegró. Eso le daría tiempo para calmarse.

Durante todo el tiempo que estuvo solo, Ghiotto se preguntó qué era lo que le había ocurrido y llegó a la conclusión de que estaba demasiado acostumbrado a ver a su jefe y Miguel juntos.  Necesitaba  compañía femenina. Una mujer que le devolviera la sonrisa y calmara su verga.

Para cuando fue a almorzar con Andrei y Jorge se sentía relajado y el vergonzoso capítulo de la mañana quedaba en el olvido.

Todo estaba bien.

Hasta que se le ocurrió mirar la boca de Jorge mientras la abría para echarse un trozo de alimento

Imagino “otra cosa” dentro de esa boca sensual…

La “otra cosa” comenzó a cabecear muy alegre dentro de su pantalón.  Agachó la cabeza y terminó el almuerzo en un hosco silencio.

La tarde pasó de prisa. Ghiotto estaba nervioso, deseando que llegara luego el momento de tener que llevar a Jorge de vuelta a su casa y olvidarse del tema.

-. Puedo con todo. Voy a hacerlo bien – anunció Jorge victorioso al subirse al vehículo donde Ghiotto esperaba en silencio – Dios!! tengo mucho que aprender de Andrei…

Jorge echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos unos instantes…

Ghiotto cometió el error de mirarlo…

Todo volvió de golpe…

La piel del cuello lucía sedosa… el pelo desordenado alrededor de la cara le daba un aire juvenil encantador… tenía aspecto de cansado… se preguntó cómo se vería sudado y excitado bajo su cuerpo… se sintió tentado de estirar su mano y acariciarlo…

Trago saliva…

Esto no se le iba a pasar…

-. Maldición Ghiotto!! Tengo que meter a alguien en mi cama!!! – se quejó Jorge

Ese comentario tampoco ayudaba…

-. Estaba tan ocupado que olvide la tonta exigencia del jefe. Tienes que ayudarme.  Solo me quedan 6 días!!! Dime como voy a hacerlo-

Ghiotto no respondió. Tenía su propio problema irguiéndose fuera de control

No era normal lo que estaba sintiendo…

No se le había quitado… Su imaginación le estaba jugando malas pasadas. Estaba comenzando a volverse incómodo allá abajo en su entrepierna.

A sus 35 años jamás se había fijado en un hombre!!! Todo lo contrario. Le gustaban las mujeres exuberantes, curvilíneas y sensuales… sensuales como la línea de los músculos que alcanzaba a ver en los brazos de Jorge… la línea delgada y suave de su mandíbula… la curva del trasero…

Sacudió la cabeza de prisa cuando el vehículo de atrás le hizo notar con un fuerte bocinazo que la luz ya estaba en verde.

-. Bien, Ghiotto. Dime de dónde saco un tipo – continuó Jorge, casi exigiendo respuesta.

Guardo obstinado silencio respirando fuertemente. Un tipo… no quería una tipa.

-. Tendré que ir a un prostíbulo a contratar un…

-. No

El gruñido brotó espontaneo, profundo, grueso… molesto. No iba a permitir que un cualquiera se le acercara y le pusiera sus sucias manos sobre la delicada espalda y el… el… culo.  Imaginar a alguien más tocando la piel y los músculos que se adivinaban a través de la ropa le produjo una sensación de enojo…

Jorge se giró bruscamente.  Ghiotto estaba con el ceño fruncido mirando fijamente hacia adelante. Parecía molesto.

-. ¿De dónde, entonces? ¿Acaso sabes donde conseguía chicos Don Gonzalo antes de Miguel?

Lo sabía.

Claro que lo sabía.

El mismo le había llevado a los chicos unas cuantas docenas de veces.

No pensaba decirle donde.

-. Yo le soluciono el problema-  anunció con la vista fija al frente

-. ¿Puedes ayudarme?.. Ah! Gracias Ghiotto. Aún no tengo claro todo lo que debo hacer pero si el jefe dice que debo tener un tipo para demostrarle que puedo manejarlo… entonces necesito uno y punto –

Ghiotto dejó de escuchar el parloteo de Jorge. Necesitaba estar consigo mismo unos minutos para pensar en lo que acababa de decir y ofrecer llevado por la excitación…

¿Qué podía tener de malo si lo hiciera una vez?…

Solo una…

Y nada más que para sacarse las ganas y la curiosidad… Sería solo por ayudarlo.  No era gay ni nada por el estilo.  No es que fuera a dejar a las mujeres que tenía…

¿Qué mujeres? Pensó ladeando la cabeza…

Sus últimos encuentros eran solo recuerdos de una noche y la mayoría, con chicas pintarrajeadas, superficiales y efímeras… ni siquiera recordaba sus nombres o el color del pelo. Era fácil conseguirlas en los clubes de la familia.  Ninguna tenía un cuerpo como el de Jorge. Seguro que era cálido y suave …  imagino su mano grandota inmovilizándolo del pelo… tirándolo hacía atrás mientras le  metía la verga hasta hacerlo gemir…

Su polla se sacudió con fuerzas.

Demonios!!! Esto no iba nada bien. Tenía que dejar de imaginar cosas… la dureza entre sus pantalones se venía arrastrando desde la mañana y estaba dolorosamente incómoda

Llegaban al edificio donde estaba el departamento de Jorge. Ya no tenía escapatoria. No quería escapar tampoco.

-. Yo lo llevo – dijo Ghiotto bajando de prisa y tomando el computador de las manos de Jorge para acompañarlo.

-. ¿Cómo vamos a hacerlo? – preguntó Jorge mientras dejaba la puerta abierta para que Ghiotto pasara.

Entró sintiéndose un acosador. Era primera vez que entraba a la casa de Jorge. Un lugar bastante simple y acogedor. Lo escaneo de prisa con su vista. Estaba buscando el dormitorio… específicamente la cama.

-. ¿Vas a traérmelo aquí o quieres que vayamos a buscarlo? – 

Ghiotto se giró confundido… frente a él, Jorge lo miraba con sus ojos castaños y una deliciosa expresión que pretendía ser de autoridad… Mierda! era como un niño jugando a ser grande… con esa mirada preguntona y curiosa…  Estaba como para comérselo. ¿Qué acaso lo hacía a propósito?… ¿no se daba cuenta de lo apetecible que era?

-. No es necesario – respondió cortante

-. Pero… dijiste que…

-. Sé lo que dije – Ghiotto dejó el bolso en el piso

-. Entonces?

Maldición!! Podía sacar su arma y volarle la cabeza a alguien solo porque lo miraba feo… o romperle el cuello a cualquiera con sus  fuertes manos porque el jefe lo ordenaba sin sentir remordimientos…

Sin embargo, ahí estaba. Mirando como estúpido a ese hombre delgado y atractivo y sintiendo que le tiritaban las piernas y no sabía qué hacer ni decir… ¿cómo se conquistaba a otro hombre? ¿Necesitaba conquistarlo?… No. Solo iba a hacerle un favor y  nada más… una vez… y solo porque el jefe le había ordenado meter un tipo en su cama y Jorge lo necesitaba… era un favor…

Jorge lo miraba con curiosidad, esperando una respuesta. Pensó que Ghiotto estaba actuando extraño desde que salieran de la oficina en la mañana. Supuso que era por lo inusual de la petición. Traerle un chico a su departamento y actuar de proxeneta no era una de sus tareas habituales pero había que complacer al jefe. Pobre Ghiotto. Tan fuerte y masculino… tener que ayudarlo en esta tontera… le daba algo de vergüenza pedírselo pero tenía más temor de no poder cumplir lo que le exigiera Gonzalo. Quería el cargo y haría lo que fuera para ganárselo.

-. ¿Vas a traérmelo o qué?- volvió a preguntar Jorge.

Le sorprendió ver que Ghiotto se acercaba… Había algo feroz y decidido en la forma en que sus ojos lo escaneaban.

El instinto de Jorge lo hizo retroceder un paso y su cuerpo chocó suavemente contra la pared

-. Que…?

Ghiotto  avanzó cerrando la distancia y se plantó firme frente a él. Sus ojos fijos en los labios. Levantó la mano y sus dedos se posaron sobre la boca de Jorge tocándolos con delicadeza… explorándolos, como si fueran una gema rara y preciosa

-. Ghiotto… que… haces?

No quitó sus dedos de los labios… los acarició con más fuerza… eran suaves y tibios… los miraba hipnotizado. Hundió un dedo en su boca hasta encontrar saliva. Rápidamente se llevó el mismo dedo a su propia boca para sentirle el sabor…

-. Ghiotto… – murmuró asombrado

Jorge ni siquiera respiraba. Eso era … inaudito. Se quitó los lentes para limpiarlos en un gesto instintivo. ¿Estaba viendo visiones?… ¿Era el día de matarlo con sorpresas inesperadas??

No. Ahí estaba Ghiotto chupando el dedo que había estado en su boca.

Su mente finalmente conectó.

Había entendido…

Retuvo el aliento…

-. No vas a traerme a nadie, verdad?

-. No

Pasó una mano por detrás de la cintura de Jorge sin preguntar si podía hacerlo y apretó con ganas.

Ah mierda… tenía una cintura más pequeña que alguna de las mujeres con las que salía… su carne se sentía firme y caliente bajo la tela… quería tocarla… tiró más del cuerpo hacía él, pegándolo a su costado…  olía muy bien… se amoldaba perfectamente, un poco más bajo que el, más delgado… se sentía bien el calor de ese cuerpo masculino pegado al suyo… al menos eso opinaba su polla que volvía a levantarse enérgicamente, estimulada por el contacto

-. Ghiotto… Que haces?-

La voz de Jorge y el leve esfuerzo por separase lo hizo salir del momentáneo embrujo de su cintura y caderas… volvió a fijarse en los labios, los ojos, la piel del cuello que lucía tentadora

-. Lo ayudo a solucionar el problema – respondió con voz seca y pastosa…

Levanto la mano agarrándolo por el pelo como había imaginado y sosteniendo su cabeza para poder tocar los labios con tranquilidad…

Había tenido razón en lo que creía.

El pelo de Jorge era como seda entre sus dedos y sus labios se sentían mejor que cualquier otro que hubiera besado antes… necesitaba más. Empujó su lengua queriendo devorar todo… exigiendo acceso

Jorge no respiraba…

La sorpresa era mayúscula… Ghiotto!!!… Por el amor de Dios!!! Ghiotto lo estaba besando!!! Empujaba su lengua intentando penetrar en su boca. Jorge mantuvo los labios apretados. ¿Qué demonios pasaba? El ni siquiera sabía que a Ghiotto le gustaran los hombres…

-. Espera- pidió Jorge empujándolo. Los besos y la sorpresa lo tenían aturdido – tenemos que hablar

-. No. Después

Ghiotto lo sujetaba y se restregaba contra él con una erección protuberante. Jorge dio un pequeño grito al sentirlo contra su muslo…

-. ¿Después de que?!!!

-. Después de que le meta la polla en el culo

La crudeza de la respuesta lo dejó boquiabierto y sin aliento… Una corriente intensa de deseo lo tomó por sorpresa…

Ghiotto aprovechó el asombro de Jorge y le volvió a cubrir la boca con la suya.

Necesariamente tuvo que separar los labios para respirar… la lengua de Ghiotto tomó posesión de su boca con brusquedad, recorriéndolo por entero, enredándose con su lengua mientras lo sostenía y empujaba con violencia. Era bueno… muy bueno…

-. Espera… yo… no…

-. Si  – afirmó con increíble seguridad

Ghiotto  lo había deseado durante demasiado rato… se estaba consumiendo… Estaba inflamado de deseo y no había fuerza humana capaz de detenerlo ahora.

Por fin le metió las manos bajo la ropa. La piel tibia y suave de Jorge lo hizo gruñir… Dios… si se deshacía bajo las atenciones que le prodigaba. Por la gran puta que lo parió!! Esto se sentía de maravillas…

La reacción nerviosa de Jorge y sus gemidos agitados incrementaba la excitación. Su polla estaba estrecha y adolorida dentro del confinamiento de la ropa. Tenía que metérsela como fuera.

El  sexo y las relaciones no era el fuerte de Jorge. Más bien era bastante inexperto en la materia. Había tenido compañeros ocasionales, hombres y mujeres, pero todos calificaban de encuentros casuales y apurados. Nunca nadie lo había mirado del modo en que Ghiotto lo estaba mirando… como si él fuera un caramelo delicioso y quisiera devorarlo por completo… El aire se le quedó atorado a medio camino mirando al hombre grande y sólido que amenazaba con meterle la polla en su culo y se lo decía con todo el descaro del mundo. Era un atrevimiento… una insolencia…  El era el jefe!!! Era inaudito que le dijera eso… era… era…  ina.. cep… ta…

-. No puedo respirar… – se ahogaba en el beso que había comenzado a responder…

-. Quiero follarte ahora – Ghiotto lo aprisionó con su cuerpo contra la pared impidiéndole escapar. Su gruesa polla sobresalía notoriamente. La restregó sin vergüenza contra la de Jorge – déjame follarte –

-. No… Ghiotto… –

Jorge no podía pensar con claridad confundido por lo que pasaba y claramente excitado… Había perdido credibilidad al responderle entre gemidos y jadeos…

-. Si  – insistió sin aceptar la negativa

Tiró de la camisa de Jorge hasta que los botones saltaron lejos y pudo quitársela.Ghiotto suspiró asombrado al ver expuesta la piel clara y sedosa. Sus ojos se llenaron de él. La suave curva del hombro,  las tetillas rosa oscuro endurecidas y la delicada línea de los músculos pectorales… ¿Por qué nunca antes se había dado cuenta de lo hermoso que era el cuerpo masculino?…  Atacó sin piedad. Necesitaba saber qué se sentía tocarlo. Caricias rudas y necesitadas… manos fuertes sosteniendo y conociendo… por todos los demonios!!! Se podía perder en esa tersa piel que se erizaba bajo su lengua…  siempre había creído que le gustaban los senos de mujer grandes y llenos… pero esa tetilla rosa que comenzaba a endurecerse… era…  tan…

Acercó su boca y succionó ásperamente, llenándose la boca y mordisqueando.

Jorge emitió un gemido parecido a un lloriqueo… Ghiotto se inflamó. Necesitaba meterle la polla ahora mismo

-. Jorge…- se sorprendió con el sonido de su propia voz, llamándolo. Nacía desde el fondo de su garganta y era dolorosa y anhelante…

-. Ghiotto..- respondió Jorge en un último instante de lucidez…

-. Tu cama…

Jorge lo miró. Nunca había visto necesidad tal… por el… Dios!! Esa mirada hambrienta deGhiotto era por él. El descubrimiento le provocó un vuelco en el estómago que lo hizo estremecerse…

-. Allí…- indico con la mano… atontado

No perdieron tiempo en hablar. Jorge tampoco protestó.  Ghiotto no fue capaz de soltarlo mientras avanzaban hacia el dormitorio. Seguían besándose torpemente. No quería alejarse de su boca y su cuerpo. Solo se detuvo cuando las piernas de Jorge chocaron con la cama. Sus manos buscaron el botón y cierre del pantalón de Jorge. Si no podía abrirlo rápido iba a arrancarlo a mordiscos…  la tela se deslizó hasta los tobillos dejando a su dueño solo cubierto con una prenda blanca de algodón. Ghiotto respiraba agitado mirando las formas bajo la tela… incapaz de apartar sus ojos… el calor lo atravesó como fuego líquido. Necesitaba saber… ver… tocar…

Jorge permaneció inmóvil mientras Ghiotto lo desnudaba… no se atrevía ni siquiera a respirar… para su propio martirio, su polla se levantó tiesa frente a la mirada elocuente de Ghiotto. Era imposible disimular su excitación.

Cuando se atrevió, miró a Ghiotto… lo vio levantar la vista y sonreírle victorioso, consciente de que la erección la había provocado él…  sus manos lo envolvieron con curiosidad y deseo…  Jorge gimió con el contacto de las manos grandes

-. Es hermoso…

Ghiotto se sorprendió de su propia voz y de las palabras que se le habían escapado sin pensarlas… nunca le había dicho “hermoso” a nadie… ni siquiera a una mujer… pero es que nadie que hubiera conocido tenía un cuerpo tan espectacular como el de Jorge… acariciaba el miembro en sus manos, con curiosidad y lujuria… sentía el suyo pesado y caliente, aun confinado bajo la ropa.

-. ¿Lo dices en serio?-

Ghiotto asintió moviendo la cabeza…

Jorge estaba anhelante… nunca había pensado en meter a Ghiotto a su cama… ¿Cómo sería hacerlo con este hombre grande y rudo?…  dejó de pensar y solo quiso sentir las caricias bruscas…  Estaba encantándolo con su necesidad y deseo…

-. No sabía que te gustaban los hombres– gimió Jorge

yo tampoco”… pensó Ghiotto tragando saliva y comenzando a sentir que la ropa era un estorbo demasiado grande. Se la arrancó con rapidez. Desnudo, volvió toda su atención a Jorge.

Cayeron bruscos sobre la cama… Ghiotto aun asombrado del intenso deseo que lo inflamaba…  Giró a Jorge y le buscó el culo con ambas manos…

-. Espera…

-. No – no iba a esperar nada. Ahora que estaba decidido, necesitaba metérsela

-. Lubricante…- pidió Jorge

La mirada de Ghiotto fue de confusión…

-. Necesitamos lubricante de otro modo vas a dañarme

Ghiotto arrugo la nariz y el entrecejo… no quería esperar, pero tampoco quería dañarlo… quizás un poco…. Hacerle pagar por la calentura en que lo tenía sumido…

Jorge tomó lo que necesitaba de un cajón y regresó a la cama. Traía puesta una sonrisa nueva… mezcla de nervios y asombro

-. Necesitamos…

Se le acabaron las palabras… Ghiotto tenía prisa y lo tironeaba junto a él. Lo tiró de  sobre la cama. Jorge pensó que el peso del cuerpo de Ghiotto en su espalda se sentía muy bien… y su urgencia era notoria… la polla dura se sobaba entre sus nalgas buscando su camino

-. Tienes que… usar…- Jorge levantó los productos en su mano. Ghiotto se detuvo nuevamente mirando confundido.

Jorge sonrió entendiendo. Lo quería de prisa y no sabía de lo que él hablaba

-. ¿No lo has hecho nunca con un hombre?

Ghiotto lo miró en silencio… frustrado… excitado a más no poder, sin ganas de explicaciones… solo quería… follarlo ya mismo

Jorge lo alejó despacio… era absurdo pero la situación le producía una extraña ternura… ver a Ghiotto desesperado por tenerlo era algo tan… aahh… algo muy bueno, su autoestima se regocijaba en la mirada de él…  Bien. Le enseñaría lo poco que sabía…

Con su mano en el pecho duro de Ghiotto lo empujó sobre la cama invirtiendo los papeles… la protesta de Ghiotto fue callada cuando la mano de Jorge se cerró sobre su miembro… masajeó despacio la gruesa verga… los  sonidos de Ghiotto le dijeron que lo estaba haciendo bien… Enfundó el sólido miembro en el protector y sin dejar las caricias esparció el lubricante.

-. Ahora – exigió el hombre con voz ronca y urgente, volviendo a girarlo y dejarlo de cara contra la cama…

Jorge suspiró rendido…    las manos de Ghiotto en medio de sus nalgas encontraban su entrada… escuchó un suspiro de satisfacción y sonrió… Dios!! Nunca nadie lo había deseado con esta urgencia y locura…  no podía pedirle que siguiera esperando… iba a doler… lo sabía… se rendía…

Ghiotto gruñó al empujar su glande dentro del cuerpo de Jorge… lo agarró con fuerza de las caderas atrayéndolo hacia él y levantándolo de la cama…  sentía ambas cosas a la vez, dolor y placer… empujó con más fuerza, venciendo la resistencia inicial, y gimió largamente cuando se sintió estrujado y rodeado del calor interno de Jorge… mierda!!Mierdaaaa… esto era bueno… muy buenooo. Escuchó los suaves gemidos adoloridos de Jorge y supo que aunque quisiera no podía detenerse. Egoístamente, necesitaba bombear y empujarse una y otra vez dentro de ese culo caliente y estrecho. Se abrazó a Jorge sosteniéndolo y buscando la mejor manera de lograr su satisfacción. Los sonidos ahogados fueron subiendo de tono y transformándose en lloriqueos quebrados y placenteros…  diablos! Le gustaba… la sensación de músculos firmes contra sus manos y cuerpo… penetrar rudamente… un toque de agresividad… saber que no necesitaba ser delicado…

Tomó a Jorge del pelo y ladeó su cabeza para morder y lamer su cuello bruscamente… perdido en el placer de su propio frenesí.

Jorge fue el primero en esparcir su sumen sobre la cama, Ghiotto le siguió minutos después… un orgasmo largo e intenso…  no recordaba otro igual… ¿esto era lo que sentía su jefe con Miguel?… Mierda… con razón…

Húmedos y jadeando se separaron para caer lado a lado sobre la cama…

-. Ghiotto? – preguntó Jorge tentativamente cuando se hubo calmado…

-. Solo fue para ayudarlo a cumplir la orden del jefe

Se levantó de prisa y buscó el baño. Volvió minutos después, tomó su ropa, se vistió sin hablar ni mirarlo. Caminó hacia la salida… se detuvo un momento como si quisiera decir algo pero reanudó la marcha y abandonó el departamento en un pesado silencio.

No sabía que decir… ni que pensar… ni mucho menos que sentir.

 

MARIA

El cuerpo de Domingo Rojas temblaba incontrolablemente sobre los mesones de aluminio en que lo habían arrojado luego de que sus muñecas, heridas y rotas por el peso y el forcejeo, hubieran comenzado a sangrar.  Quedaba poco que reconocer en su cuerpo. Ya no parecía él. Su cara estaba desfigurada y el dolor de su verga destrozada lo hacía mantenerse encogido y temblando. Estaba afiebrado, no podía dormir y el sufrimiento lo estaba enloqueciendo lentamente, quitándole fuerzas y convirtiéndolo en un guiñapo. No se sabía con certeza si era la hinchazón deforme de sus labios rotos lo que le impedía chillar o la testarudez de no demostrar dolor frente a quienes despreciaba.

Durante días María estuvo entrando y saliendo de la bodega. Cada vez se llevaba una rebanada sangrienta de la hombría de Domingo. Estaba asombrada de su propia capacidad para la crueldad. Si sentía que sus fuerzas flaqueaban le bastaba recordar la cara triste y casi moribunda que tenía Coque cuando lo encontraron para recuperarse de inmediato.  Seguía esperando ver temor en los ojos de Domingo Rojas. El maldito animal no iba a morir sin haberle dedicado aunque fuera una mirada en la que reconociera sentir temor de ella.

Al terminar el día, María se acercó para arrancar el último pedazo de piel que quedaba de lo que fuera el pene de Rojas. Costaba encontrar los restos de piel en lo que ahora era una pequeña masa deforme, sangrienta y maloliente.

Domingo Rojas despertó de un salto al sentir que lo tocaban y gruñó desesperado, boqueando en el aire y levantando la cabeza para mirarla. Las cuerdas que lo mantenían sujeto crujieron. Los ojos enfebrecidos y salvajes… Reconoció a María. El agujero de su boca se abrió brevemente y dejo escapar sonidos convulsos que no parecían tener sentido entre los vestigios de sus labios…

-. Thhaavahhsaamaaraaaaa…

El sonido era espeluznante. Parecía un monstruo horrible de una pesadilla terrorífica. María no se intimidó.

-. No te entiendo. Habla claro – dijo tranquila, sujetando la piel con sus dedos enguantados y concentrando sus pensamientos en su hermano que se recuperaba en la clínica y en los días de angustia cuando se lo habían llevado. Por un momento, pareció que las nauseas se iban a apoderar de ella al sentir algo caliente que reptaba por su esófago mientras miraba la cara destrozada y  los restos de lo que fuera un miembro varonil, pero recordó a los hombres que la acompañaban y observaban atentamente. Había una nueva forma de mirarla en todos ellos, de referirse a ella y de tratarla con miedo y respeto. Como lo habían hecho con su padre. Si le daba por vomitar o marearse frente a todos, perdería lo que había ganado.

-. Thhaavahhsaamaaraaaaar paarraaa…-

-. Sigo sin comprender – con un movimiento rápido pasó el cuchillo afilado sobre los restos del miembro y separó la piel que quedó colgando en su mano…  Una nueva explosión de sangre tras el corte, manchó las piernas de Rojas…

Vio a Domingo agitarse y su pesado cuerpo llegó a saltar sobre la fría mesa.

No. No sentía lástima por la bestia que tenía en frente.

Levantó su mano luciendo el trozo de piel sangrienta y le buscó los ojos para enseñarle lo que sostenía. Entonces, por un mero segundo tuvo la satisfacción de verlo temblar de miedo y angustia… el hombre la miró asustado y encogido… justo antes de que los restos de su boca se separaran y gritara con un odio profundo, oscuro y denso

-. Te vas a morir, perraaaa!!!

María retrocedió un par de pasos casi en shock. La fuerte descarga de energía que emanaba del cuerpo enfermo y moribundo de Domingo Rojas era aplastante, casi densa. Su boca volvía a sangrar al haber roto los puntos que mantenían todo unido para poder gritarle. Era un espectáculo grotesco… ojos de loco y chorreando sangre por todos lados, encogido y tiritando incontrolablemente sobre la mesa.

A María le tomó unos pocos segundos recuperarse del impacto

-. ¿Y tú me vas a matar? – preguntó sarcástica, arrojando el pedazo de piel al basurero.

La mirada que le devolvió Domingo Rojas la dejó helada. Había odio, desprecio, burla… pero había algo nuevo: seguridad.

-. Te.. va a cor…tar en pe… da… zos…

A pesar del tambaleo en el cuerpo y la voz, María pudo leer y sentir que la amenaza de Domingo Rojas era real.

Algo no estaba bien.

¿Quién la iba a cortar en pedazos?… ¿Quién?!!!

Teddy Rojas… Leonardo Rojas… Se habían ido lejos… María se aproximó a Domingo escudriñando sus ojos con fijeza… como si pudiera encontrar la repuesta en ellos

-. Tu familia se mandó a cambiar. No les importas.  Nadie vendrá a reclamarte.

Domingo movió su cara hinchada y desfigurada… por un instante dejó de temblar para dirigirle una mirada llena de desdén y burla… una mueca grotesca…

María permaneció inmóvil… observándolo atentamente… Se estaba riendo de ella!!… moribundo y temblando de dolor, el hombre se burlaba de ella!!!

Domingo quiso levantarse y separar los labios para hablar pero algo pareció explotar debido al esfuerzo y la sangre comenzó a brotar en borbotones hacia fuera y dentro de su boca y nariz… su cuerpo se convulsionaba y la vida se le escapaba. Finalmente algo importante se había roto y se desangraba sin remedio… ahogándose y retorciéndose… boqueando… los ojos tan abiertos que parecían querer saltar de sus orbitas.

María volvió a sentir las nauseas casi en la boca. Caminó unos cuantos pasos hasta su bolso, extrajo su arma y de un disparo certero en la cabeza terminó con la vida de Domingo Rojas. Había una extraña misericordia en terminar con su sufrimiento, como si le hubiera hecho un último regalo.

-. Saquen esta basura de aquí – ordenó a sus hombres quienes comenzaron a movilizarse de inmediato.

De vuelta en la tranquilidad de su auto, camino hacia su oficina, María apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y se permitió cerrar los ojos y relajar los músculos de su cuello completamente agarrotados.  ¿Qué había querido decir Rojas antes de morir?… ¿qué demonios lo había hecho burlarse de ella aún sabiendo que iba a morir?… con tanta seguridad

-. Maldición – abrió los ojos bruscamente entendiendo que había hecho sonreír a Domingo.

Los Rojas no estaban lejos como todos creían

Tomó el teléfono y comenzó a impartir órdenes. La primera llamada fue para Esteban.

-. Domingo Rojas está muerto. Ordena tomar precauciones extra. Creo que Teddy y su hijo están cerca.

 

CLEMENTE

Esa misma noche, Andrei recibió la llamada de Esteban informándole de la muerte deDomingo y alertándolo sobre la posible presencia de los Rojas en la zona. Nadie los había visto pero María tenía la certeza.

Las alarmas fueron dadas de prisa. La muerte de Domingo fue el detonante de acciones de emergencia en ambas familias.

-. Vuélvete de inmediato – Ordenó Gonzalo a Daniel en el teléfono

-. No puedo. No ahora – faltaba tan poco para que Coque dejara salir todo. No quería abandonarlo

-. No es una petición, Daniel. Rojas está cerca y Domingo está muerto. Va a querer sangre

-. No voy a dejarlo – respondió usando una nueva voz que no admitía réplica. Daniel había crecido mucho y de muchas maneras en estas últimas semanas.

Gonzalo guardó silencio, entendiendo. Podía hacerlo por la fuerza pero… ¿qué sentido tenía?

-. Enviaré más gente – claudicó

-. De acuerdo

Miguel escuchaba atento. El y Daniel seguían hablando cada noche y estaba al tanto de todo lo que pasaba con Daniel y coque.  Afianzaban los lazos de amistad. Se había alegrado al escuchar de la mejoría de Coque y que ya pronto podrían abandonar la clínica. Se preguntaba si Daniel le confesaría a Coque que era Ray Salazar.

Fue una noche de mucho movimiento para ambas familias.

Al día siguiente, Clemente estaba en clases mientras los cambios sucedían. Sus días se habían vuelto agitados e interesantes. Los negocios de su nueva familia eran distintos a los de su padre. Todos eran perfectamente ilegales pero se manejaban de otra manera. Era interesante aprender. Ghiotto sabía mucho y aunque no era un hombre muy comunicativo le estaba mostrando cómo funcionaba el sistema.

Dejaba tiempo suficiente para sus estudios y el resto lo pasaba pegado a Ghiotto o a Lucio, acompañándolos a todos lados. Esperaba ansioso el día de su cita con Naly…

La voz de su compañero de clases lo trajo de vuelta a la realidad

-. Vamos a ir a estudiar para el certamen ahora ¿quieres unirte?

Escuchó a José preguntar a su lado. Se estaban volviendo amigos y eso le agradaba mucho. Aunque solo lo conocía desde hacía pocos días, José parecía un tipo simple que siempre estaba dispuesto a compartir con él. Lo buscaba a la hora de almuerzo y se sentaban cerca en el salón de clases.

-. Claro! ¿Dónde?

-. En la casa de otro alumno. Ven conmigo

Salieron de la universidad juntos. Avanzaron varias cuadras conversando de cualquier tema. Los guardaespaldas de Clemente los seguían de cerca en un vehículo oscuro. Los habían visto juntos en los días previos y sabían que el chico era compañero de clases. Cuando vieron a Clemente y su amigo entrar a una casa antigua, en un barrio tranquilo, se estacionaron, decididos a esperar.

José abrió la puerta con su propia llave

-. ¿Vives aquí? – preguntó Clemente

-. No. Es de mi amigo. Pasa

Mantuvo la puerta abierta y Clemente entró a un salón oscuro. Las gruesas cortinas estaban cerradas y la luz no estaba prendida. Se sintió momentáneamente desconcertado en la oscuridad y se volvió hacia José

-. ¿Dónde…?

No alcanzó a formular la pregunta. El fuerte golpe en su rostro provino de su derecha. Se tambaleo, a punto de caer, cuando un nuevo golpe, más fuerte que el anterior, cayó sobre él, desde su izquierda. Escuchó su nariz crujir y la sangre caliente manar.  Justo antes de darse de bruces contra el suelo, cuatro brazos fuertes lo sostuvieron.

-. Vaya. Mi hijo, el traidor

Alguien encendió la luz.

En el medio del salón, sentado sobre un sillón antiguo, como si fuera un rey en su trono, estaba Teddy Rojas. Dos de sus leales hombres lo sostenían. La sorpresa superó con creces el dolor. Clemente supo que lo que sentía no era nada comparado con lo que vendría.

-. Hola, hermanito

El puño de Leonardo fue el que finalmente lo dejó fuera de combate.

Media hora después, los guardaespaldas recibieron la llamada preocupada de Ghiotto.

-. ¿Dónde está Clemente?

-. En casa de ese chico amigo. Lo tenemos vigilado

-. Pero… tenía que juntarse conmigo ahora…

Bajaron de prisa y golpearon la puerta repetidas veces. Nadie abrió. A punta de patadas echaron abajo la puerta. La casa estaba vacía. El portón trasero abierto del amplio patio indicaba que al menos un par de vehículos habían salido por el lado contrario de la calle. Las manchas de sangre en el piso y las huellas de violencia en la sala les hicieron saber que Teddy Rojas había recuperado a su hijo.

 

 

Miguel 2 Capítulo 76

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CAPITULO 76

 

ANDREI

Andrei entró muy temprano a la oficina de Gonzalo. No estaba de buen humor. Había dormido mal. Extrañaba a Lidia y le dolía que no lo hubiera llamado. Posiblemente le habría cortado. No quería hablar con ella.  Pero sí quería saber que se preocupaba de él… mierda!!. No sabía qué demonios quería. Una sola cosa tenía clara. Quería a Karina lejos de Lidia y Gonzalo, sutilmente, le había impedido hacerlo.

-. Buen día – saludo Gonzalo de un excelente humor matutino

Andrei respondió con un sonido sin sentido. Recibió una taza de café que le entregó Gonzalo. Necesitaba cafeína para despertar.

-. He estado pensando. Quiero hacer algunos cambios en el negocio

Gonzalo tenía ganas de preguntarle cómo estaba y si necesitaba de su ayuda. Lo veía mal. Quería ofrecerle su apoyo y  amistad. Pero no podía mencionar la conversación con Lidia. Dividido entre dos personas que amaba, Tendría que esperar a que Andrei quisiera hablar.

-. ¿Qué cambios?

-. Los negocios de la parte baja de la ciudad

-. ¿Qué hay con ellos?

-. Te vas a encargar de toda esa zona de ahora en adelante. Es tuya.

Andrei se confundió por un momento.

-. ¿Qué quieres decir?

-. Te estoy entregando la zona baja de la ciudad. Ingresarás los dineros donde siempre pero ahora su funcionamiento es tu responsabilidad

Andrei no pudo evitar que su boca se abriera. Lo que Gonzalo le estaba entregando era una gran cantidad de poder. Un regalo de ese tipo se hacía solamente entre padres e hijos de una misma familia. Podría llevar los negocios en forma independiente. Ganaría mucho dinero aunque gran parte de los ingresos seguiría siendo de la familia.

-. ¿Por qué?

No es que no lo quisiera. Por supuesto que lo aceptaba. Era la máxima expresión de gratitud y confianza que un jefe de familia le expresaba a alguien. Estaba feliz. Pero quería entender la razón. Tenía una pequeña sospecha dando vueltas en su mente

-. ¿Por qué? Porque no eres mi sangre pero como si lo fueras. Porque eres la persona más leal conmigo y porque quiero premiar tu cariño y afecto. Lo que hizo tu padre ya está en el olvido. Tú no eres él. No quiero que seas mi segundo. Quiero que seas mi amigo. Confió en ti plenamente, Andrei. Tienes independencia de ahora en adelante

Andrei se tomó un momento para asimilar las palabras antes de responder. Tragó el nudo en su garganta.

-. No te fallaré- respondió emocionado acercándose a estrechar su mano. Quizás Lidia estuviera de alguna manera involucrada. Pero todos sus años de conocimiento y amistad de Gonzalo le indicaron que estaba hablando en serio y que esas eran buenas razones – Gracias, Gonzalo-

El abrazo surgió lleno de emoción y cariño. Habían recorrido tanto camino juntos. En las buenas y en las malas habían estado apoyándose y seguirían haciéndolo.

-. ¿Lo sabe Lidia? – preguntó Andrei temeroso de la respuesta

-. No. Miguel es el único que sabe

-. ¿Estas enterado de lo que pasó entre… nosotros?

-. Si. Lidia me contó algo. ¿Quieres hablar de eso?

-. No –

Se había desvelado pensando. No tenía respuesta a las preguntas de Karina. Se había dado cuenta de errores que había cometido con Lidi. No aceptaba a esa Karina como competencia… No quería perder a Lidia… la extrañaba. Aún estaba demasiado enredado para hablar del tema.

-. ¿Quién va a secundarte ahora?

Gonzalo sonrió antes de responder…

-. Jorge

Andrei alzó las cejas mirándolo sorprendido y analizando la inesperada respuesta. Tendría bastante que enseñarle. Se calmó tras un momento. Si. Jorge era una elección sensata. Había que adecuarse a los tiempos actuales y usar la tecnología a mano. Estaba de acuerdo. Solo que…

-. Jorge… ehh… bueno… ¿Jorge?… ¿Miguel sabe?…-

-. Cállate y lárgate!!

-. Mmhh. ¿Así de complicado?

-. Largo!!!

Abandonó  la oficina sintiéndose liviano, agradecido y feliz. Todos sus años de dolor y angustia, la traición de su padre, todo quedaba atrás. Tendría su propia zona. Poder, dinero, liderazgo y la mayor confianza del Jefe de Familia, su mejor y único amigo. Era uno de los elegidos.  Quería correr a buscar a Lidia para contarle y abrazarla, pedirle perdón y decirle que todo cambiaría de ahora en adelante. La extrañaba y la amaba.

 

JORGE

A Jorge le gustaba llegar temprano al edificio donde trabajaba, sobre todo desde que le habían hecho entrega de una oficina. Con mucho orgullo había recogido sus cosas delante de sus anteriores colegas y se había trasladado al piso donde trabajaba la gente de Gonzalo. No eran muchos. Pocos y muy bien seleccionados. Su oficina la compartía con otra persona pero era grande y con una hermosa vista sobre la ciudad. No era tan bonita como la de su nuevo jefe pero para él, era un sueño que se volvía realidad. Le había encantado ver la cara de envidia de sus colegas.

La idea del poder lo entusiasmaba.

Aportar con lo que sabía y demostrar de lo que era capaz lo hacía sentir vivo. Jorge conocía sus capacidades y su alto nivel de inteligencia pero tenía necesidad de aprobación y afecto.

Desde niño y, sobre todo durante la adolescencia, lo habían calificado de nerd y había sido objeto de burlas y desprecios de sus compañeros de clases…  y eso solo fue debido a su extrema afición a los números y pantallas y su falta de destreza social. Nadie sabía que le atraían los chicos. Habría sido peor.

Cuando creció y tuvo la seguridad de un trabajo y un lugar donde vivir, lejos de su familia y conocidos, reunió el valor suficiente para invitar a salir a un chico que le gustaba. No era un gran conversador, no tenía tema. Podría haber pasado la noche entera hablando de programas, software y conexiones. Solo se distraía para admirar la belleza del muchacho que tenía por delante pero sin atreverse a decírselo.

Tampoco sabía cómo agradar a las personas y quizás el ser ansioso le jugaba en contra.

Salió un par de veces con el chico aquel. Terminaron en la cama enredados en su primera relación sexual. No hubo una continuación. Todo acabó aquella noche. No resultó como esperaba pero no se dio por vencido.

Siguió intentándolo con otras personas, incluso con chicas, esperando que algo cambiara y se presentara la oportunidad de tener una persona importante en su vida. Pero todas sus citas terminaban al poco tiempo.

El tiempo pasaba de prisa y aún no aparecía quien cambiara las cosas. Deseaba entablar una relación verdadera con otra persona.

Posiblemente era su culpa. No sabía sociabilizar. Era experto en su campo profesional… pero las personas eran un misterio que no estaba seguro de saber cómo resolver. Los computadores eran más confiables y uno siempre sabía que podía esperar de ellos. Con las personas no.

Durante el tiempo que trabajó con Andretti vio a Gonzalo al menos una vez a la semana; a veces en el ascensor, otras veces pasaba cerca de su cubículo de trabajo o en el lobby del edificio.  Lo encontraba fascinante. Un personaje tan sólido, de quien nadie se atrevería jamás a burlarse o reírse por que le gustaban los chicos. Todos sabían que Miguel era su pareja pero eso no disminuía su valor.  Fue toda una revelación para Jorge entender que tal vez no se trataba de sus gustos por otros hombres sino de la manera como enfrentarlos. Gonzalo y Miguel eran la prueba de que se podía lograr.

Se notaba que Gonzalo se sentía a gusto con las personas. Es más, generalmente era él quien lideraba los grupos. La curiosidad lo había llevado a investigar su vida. Se sentía fascinado por el hijo del dueño. No había encontrado mucha información pero entre lo que vio y los comentarios que circulaban sobre él, entendió de que iba el negocio del piso superior. Nadie hablaba de ello en voz alta. Veía pasar hombres misteriosos con aspecto de duros. Todos se dirigían al piso superior. Intentó entrar una vez pretendiendo haberse equivocado pero fue despedido de vuelta apenas salió del ascensor. Eso solo añadió más interés.

Cuando Andretti le dijo que subiera a la oficina de Gonzalo  por primera vez, le temblaban las piernas y casi no podía hablar.  Bueno. No es que hubiera mejorado tanto tampoco. Aún se ponía nervioso cuando conversaban frente a frente. No podía evitar la admiración que Gonzalo le causaba. Sin embargo, Su personalidad cambiaba por arte de magia cuando Jorge se acomodaba las gafas en el puente de la nariz y se metía en los temas que entendía. El computador era una extensión de su cerebro y allí, se sentía el rey.

El día que Gonzalo le dijo que continuaría trabajando con ellos fue uno de los más felices de su vida. Ni siquiera preguntó cuánto dinero iba a ganar. El simple hecho de que lo aceptaran entre todas esas personas decididas y fuertes le parecía grandioso.

Los números en su cuenta bancaría, recién abierta,  crecieron.

Su personalidad se fue volviendo más firme y segura, cuando no estaba frente a Gonzalo.

Se dio cuenta que amaba el poder.

Dar una orden, pedir algo y que lo obedecieran, sin cuestionar, era totalmente nuevo para él y el sentimiento era excitante.

Tener acceso a toda la información de los negocios de la  familia era un privilegio que pocos tenían. Había tanto que hacer allí. Se sentía especial y muy agradecido.   Dios!!Cómo le gustaría que cualquiera de esos estúpidos chicos que se reían de él en la escuela pudieran verlo ahora. Quizás algún día se daría el gusto de buscarlos y restregarles en la cara lo bien que estaba.

Era un hombre muy agradecido y su lealtad hacia Gonzalo era incuestionable.

Estaba contento con su departamento a pesar de que no lo había elegido él mismo. La mujer que trabajaba en el mismo piso que él era experta en conseguirlos. Poco después que se confirmara su permanencia en la familia, la mujer le hizo entrega de las llaves y le anunció que podía mudarse ese mismo día. Jorge, sorprendido, solo atinó a preguntar por la renta… la mujer lo miró extrañada y al darse cuenta que le preguntaba en serio se largó a reír

-. Es uno de los beneficios, No hay renta- se encogió de hombros y se marchó.

Le tomó poco tiempo averiguar que ese, al igual que muchos otros edificios, formaban parte del lavado de dinero de la familia. Se mudó al día siguiente. Feliz de poder dejar el agujero donde vivía y cambiarlo por un departamento moderno y luminoso en un barrio residencial de la ciudad.

Cualquier cosa que el jefe necesitara de él se convertía en prioridad para Jorge.

Es por eso que se había quedado trabajando hasta tarde en su departamento preparando lo que iba a mostrarle a Gonzalo. Tenía muchas ideas. Mejoraría el control de los negocios. Quería agradarle.

Se presentó en la oficina de Gonzalo a las 10 en punto. Pantalones grises, cinturón de fino cuero, camisa clara y sus inevitables gafas. El pelo un poco largo, siempre desordenado, por más que intentara dejarlo quieto tras las orejas.

-. Aquí tengo todo – dijo acomodando su laptop sobre la mesa para poder mostrarle a Gonzalo.

-. Déjalo un momento – suavemente, Gonzalo cerró el computador de Jorge – siéntate –

-. Pero…-

-. Estoy seguro de que me vas a sorprender con lo que me vas a enseñar. Pero antes, vamos a hablar –

Como siempre, Gonzalo vestía jeans oscuros y una impecable camisa blanca con un par de botones abiertos. La visión de la piel bajo la camisa era seductora y no ayudaba con sus nervios. Se sentaron frente a frente en los sillones

-. He decidido hacer algunos cambios y tú eres parte de ellos

La cara de Jorge reflejó el súbito temor que esa frase le produjo. ¿Ya no lo quería en su equipo?

Gonzalo sonrió…

-.Andrei tiene razón.  Vas a tener mucho que aprender

-. ¿Qué debo aprender? ¿Qué cambios?

-. Andrei Sigue con nosotros pero trabajará en forma independiente. Necesito alguien que ocupe su lugar

Gonzalo dejó que la frase hiciera efecto sobre Jorge. Pudo ver el momento exacto en que los ojos  soñadores de Jorge se abrieron grandes y el aire se inmovilizó en sus pulmones

-. Yo? – apenas un susurro

-. Tendrás ayuda al principio y mucho que aprender.

-. Yo?… – ahora parecía entenderlo de verdad

-. Lucio y Ghiotto te enseñaran a manejar armas

-. ¿Disparar…?

-. Y hay ciertas pruebas que tendrás que pasar

Jorge no podía hablar. Su mente estaba intentando procesar lo que sucedía. Era.. era.. Dios!!! era increíble!! Que alguien lo pellizcara con fuerzas por favor…

-. ¿Qué te parece?

-. Si… si, señor. Acepto. Aprenderé todo lo que sea necesario… ¿tengo que matar a alguien?

El sonido de la risa de Gonzalo era tranquilizador después de la tremenda noticia. ¿Cómo se digería un anuncio así?…

A Gonzalo le causaba gracia la inocencia y sinceridad de Jorge. Cualquier otro habría intentado disimular su asombro, pero Jorge se mostraba trasparente. Era triste pero tendría que aprender a no dejar traslucir sus sentimientos

-. Tal vez algún día tengas que matar pero no será ahora – respondió aun con la sonrisa burlona en la boca

Por la mente de Jorge desfilaron rápidamente las cosas que había visto hacer a Andrei… Ocupar el puesto de Andrei?? Por todos los cielos!! Demonios!!! Si que tenía mucho que aprender pero se sentía capaz de hacerlo. Le estaba costando mantenerse sentado…

-. ¿Por qué yo?

-. Porque sabes lo que nadie más sabe – respondió señalando el laptop – necesito de tus conocimientos y porque me das confianza

Si Jorge hubiera podido, habría saltado a los brazos de Gonzalo y lo habría besado hasta el cansancio. Sentía una ola de euforia subirle por el cuerpo… Ni en su mejor sueño se habría imaginado lo que estaba pasándole… no era un sueño, ¿verdad?

-. Yo… no sé qué decir, señor – estaba abrumado, lleno de agradecimiento y con una urgente excitación que comenzaba a reptar por su vientre.

La mirada de deseo que dirigió hacia Gonzalo fue recibida con extraña frialdad.

-. Hay un par de cosas que debes demostrarme antes de que concluyamos este acuerdo

Gonzalo había vuelto a ser el hombre serio y dueño de sí mismo.

-. Si. Dígame. ¿Qué debo hacer? –

Movería montañas, escalaria el Everest, cazaría el ultimo tigre de Bengala… lo que fuera necesario

-. Estoy corriendo un riesgo al ofrecerte este cargo – Gonzalo se había puesto de pie y comenzaba a caminar

-. Lo entiendo. Sé que hay gente más preparada y mucho más cercana a usted… pero no voy a  defraudarlo, señor. Haré todo lo…

-. Miguel – pronunció Gonzalo en una sola palabra dicha con firmeza y autoridad.

El nombre descolocó a Jorge ¿Miguel? Miró a Gonzalo confundido…

-. ¿Qué pasa con Miguel?

-. Amo a Miguel y no deseo que comprometas mi relación con él. Es muy halagador sentir que te atraigo pero todo se va a la mierda cuando Miguel se pone celoso.  Estoy enamorado hasta la última gota de mi sangre de ese mocoso… y si te quedas trabajando a mi lado, jamás le darás un motivo de celos.

Jorge escuchó estupefacto… la vergüenza de lo que Gonzalo había dicho hizo que su cara ardiera y que se sintiera débil y herido. Bajó la mirada sin saber dónde meterse… nunca en su vida había deseado que un agujero gigante se lo tragara de prisa…  Ni siquiera era capaz de negarlo… de defenderse o mentir… Por supuesto que Gonzalo se había dado cuenta…  Respiraba entrecortado y jadeando.  Sin saber que más hacer se puso de pie de un salto y se alejó hasta la puerta… necesitaba escapar de la mirada de Gonzalo..

-. Jorge!

Jorge alcanzó a abrir la puerta y estaba a punto de salir corriendo cuando recordó todo lo que estaba en juego… era demasiado para abandonarlo… todavía seguía sin poder controlar su respiración… permaneció afirmado en la puerta abierta y levantó la cabeza de a poco… A solo milímetros de su cara estaba la de Ghiotto que entraba a la oficina justo en ese momento… la sorpresa de ver al hombre mirándolo lo hizo retroceder

Con su parquedad habitual, Ghiotto pasó por su lado, entró a la oficina y le entregó un sobre abultado Gonzalo.

-. Espérame afuera un momento – pidió Gonzalo dirigiéndose a Ghiotto – Jorge, no hemos terminado aún– era una orden.

Jorge giró despacio. Ghiotto pasó por su lado con una mirada intrigada.

-. ¿Dije algo que no sea verdad? – Gonzalo mantenía la voz calmada y fría

Jorge dudó antes de responder. Gonzalo lo había dejado desnudo y estaba mortificado. Si se daba media vuelta y corría desaparecería la humillación que apenas podía tolerar pero también se esfumaría la enorme oportunidad que le estaba ofreciendo Gonzalo. No volvería a tener una chance igual en su vida…  Bien. Si quería ese puesto habría que crecer y hacer sacrificios. Este era uno de ellos y si, maldición, si quería el cargo.

-. No, señor. No dijo nada que no sea real – era penoso admitirlo a la vez que liberador

-. ¿Entiendes lo que estoy pidiéndote?

-. Si. Entiendo bien.

-. Trabajaremos muy estrechamente, pero si vuelves a mirarme con los ojos lánguidos de deseo… te largas!

La vergüenza era casi insoportable. Se sentía humillado pero a la vez entendía… Al menos su jefe estaba siendo muy claro y dejándole saber desde un principio lo que esperaba de él y que terreno pisaban. Respondió de la única forma en que podía hacerlo

-. No volveré a hacerlo – reunió el valor suficiente para elevar sus ojos hasta encontrar los de Gonzalo.  No estaba enojado. Por curioso que pareciera, Gonzalo estaba tranquilo y lo miraba con simpatía

-. Estamos de acuerdo, entonces – Gonzalo extendió su mano para estrechar la de Jorge. El gesto tuvo la capacidad de calmarlo

-. Si… yo… lo siento mucho

-. No lo sientas. Era halagador pero no quiero problemas. Miguel es todo para mi

-. No. Yo… entiendo

Volvió a mirarlo pero esta vez de manera diferente, con una clase de admiración nueva… ¿Cuánto orgullo se necesitaba para defender así el amor por otra persona?… Miguel era un maldito afortunado. Quería alguien que lo amara así… alguien que defendiera su amor de esa manera… El nunca había sido especial para alguien… ¿Por qué algunos tenían tanta suerte?

-. Tienes una semana de plazo para que haya una persona metida en tu cama 

La voz de Gonzalo ordenando lo sacó de sus sueños. Creyó que había escuchado mal ¿Qué había dicho???!!!

 -. Qué?…. Cómo?

-. ¿Quieres poder? ¿Manejar gente? Empieza por demostrarme que puedes llevar a alguien a tu cama… no me interesa como lo hagas –

-. Pero!! ¿Es en serio?!! – casi gritó

-. Muy en serio. No  lo dudes. Una semana de plazo-

Gonzalo se giró dando por terminada la conversación y dejando a Jorge con la boca abierta y afirmado con ambas manos al respaldo de la silla. Comenzó a reír al ver lo que le había provocado pero su sonrisa se congeló en la cara al ver lo que estaba pasando en la puerta.

Su sorpresa fue mayor al ver al Ghiotto reclinado contra el marco de la puerta, con la boca abierta y los ojos desorbitados mirando fijamente a Jorge…  todo en la expresión de su cuerpo gritaba lujuria y deseo… Desde los ojos afiebrados hasta el bulto en su entrepierna… Nunca lo había visto así antes…  Si solo le faltaba comenzar a babear…

-. Ah no… mierda!!! tienes que estar de broma!!- gritó Gonzalo alzando los brazos en un brusco gesto de contrariedad revisando a Ghiotto de arriba abajo

Ghiotto reacomodó su postura mirando a su jefe con vergüenza y sin saber dónde meterse…

-. ¿En serio? – preguntó Gonzalo  directamente frente a él

-. ¿Qué… que cosa?- preguntó Jorge desde el interior de la oficina sin haberse percatado de lo que sucedía

Ghiotto se quedó con la boca abierta mirando a Gonzalo, no sabía que responder ni pensar de sí mismo… no entendía lo que le estaba sucediendo, lo que le pasaba a su cuerpo desde hacía unos minutos… él no era como su jefe… no… el era bien macho para sus cosas… no es que su jefe no lo fuera o si?.. ah! No importaba!!… el caso es que… ese Jorge… tan delgadito y bien  formado… parecía… bueno… es que…  Mierda!  Se asustaba de lo que había pensado y sentido

Gonzalo seguía frente a él lo miraba fijamente, empezando a dibujar una sonrisa de burla que muy pronto se convirtió en una sonora carcajada

-. Buena suerte. No es tan difícil – dijo en voz alta palmeándole un hombroLuego se acercó para hablarle al oído – tiene un culo increíble. Te va a encantar

Ghiotto aun no soltaba el aire que tenía retenido en sus pulmones desde hacía rato. Las palabras de Gonzalo le provocaron una subida estampida de calor en la parte media de su cuerpo…  jadeó como si hubiera estado corriendo mucho rato y comenzó a toser al soltar el aire…

-. Jefe, yo no…

-. No necesito de tus servicios. Quedas a disposición de Jorge. Llévalo conAndrei – había un claro aire de burla en el tono de voz de Gonzalo – una cosa másGhiotto…  El da las órdenes- dijo señalando a Jorge.

-. Jefe… no… es que… – se enredó con las palabras en su garganta y no supo ni que hablar – jefe, no me haga esto…- suplicó bajito acercándose a Gonzalo pero él ya no lo escuchaba. Seguía riendo por el pasillo camino del ascensor. Tenía cosas que hacer en la calle.

El hombre se quedó en la puerta sin atreverse a mirar al ocupante del interior…  no podía sacarse de la cabeza las palabras de Gonzalo ni la sensación de electricidad que sentía en el cuerpo…

Gonzalo subió al ascensor y se marchó dejándolos solos.

 

Miguel 2 Capítulo 75

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Capítulo 75

DANIEL

Despertó cansado porque había dormido muy poco. Después que terminara su horario en la clínica había corrido en busca de Nelly para que volviera a arreglar todo lo que se estropeaba en su disfraz de Ray Salazar. Los minutos se convirtieron en horas y llegó de vuelta a casa de madrugada, escoltado por sus guardaespaldas. Estaba tan exhausto que, por una vez, no le importó viajar con ellos.

María iría a ver a Coque hoy.

Lo mejor sería que diera parte de enfermo y no se apareciera por la clínica… eso sería lo más sensato… pero nada de lo que estaba haciendo era lógico ni razonable.

Se arregló de prisa y partió a su trabajo. Ver como Coque mejoraba cada día era motivo de alegría y orgullo. Cada paso que Coque avanzaba en su recuperación se convertía en una droga que lo dejaba temblando de alegría y satisfacción… necesitaba estar con él aunque su pecoso no tuviera idea. Ahora, que trabajaba junto con el médico, estaba seguro de que progresaría más rápido y pronto podría dejar ese lugar. Se reencontrarían…  Dios!!  Alimentaba esa ilusión cada vez que la ansiedad por besarlo, tocarlo y mimarlo se apoderaba de él.

El horario de visitas estaba predeterminado; de 4 a 6 de la tarde. Esa era la hora en que llegaría María.

El día había sido magnífico. Coque estaba animado, asistió a sus horas de terapia en la mañana acompañado de Ray, habían hecho juntos los ejercicios y almorzaron por primera vez en el comedor con el resto de los pacientes. Durante las primeras horas de la tarde, Ray puso música y abrió las ventanas hacia el jardín permitiendo que aire, fresco a primavera, entrara en el cuarto.

-. Cuéntame más de tu familia

Se había vuelto una frase típica de Coque cuando buscaba conversación y compañía de Ray.

Daniel sonrió sintiendo algo cálido en su interior… “te gusta mi compañía pecoso… me amas… lo sé”

Esta vez fue el turno de hablar su imaginario primo Vicente… Supuestamente, se había alejado de sus padres a pesar de tener solo 15 años y había comenzado a trabajar con unas personas que no agradaban a sus tíos… eran traficantes y aunque ganaba buen dinero, no estaban seguro de que fuera una buena vida para su primo…

-. No lo es – interrumpió Coque – deberían llevarlo de vuelta a casa antes de que sea demasiado tarde.

-. No sé… – rebatió Ray dudando – tiene solo 15 y gana más dinero que yo… es difícil competir con eso

-. Va a morir antes de los 20… o le van a  pasar cosas malas y no le importará más la vida-

Daniel se daba cuenta que tocaba fibras sensibles en Coque… intentaba abrir las ventanas en su mente y que liberara todas las emociones profundamente enterradas. Coque tenía miedo de volver a sentirse asustado e inseguro… se refugiaba en el silencio…

-. ¿Cómo sabe que le pasará eso?  Puede ser que trabaje unos años, junte mucho dinero y luego decida seguir estudiando.

-. No. No podrá. Una vez que entras no vuelves a salir…- había un leve tinte de desesperación en la voz de Coque

– Si. voy a conversar con mis tíos cuando vaya

-. No Ray. No entiendes. Tienes que sacarlo ahora mismo… no puedes permitir que tenga esa vida.. si quieres a tu primo, sácalo de ahí.. por favor.. sácalo!!!

La explosión de Coque tomó por sorpresa a Daniel…

-. Lo van a dañar!! Entiendes? Dile a sus padres que se lo lleven a casa y lo cuiden!!- gritaba mirándolo con los ojos llenos de lágrimas.

Daniel se levantó de un salto y lo protegió en un abrazo

-. Lo haré- prometió calmando el cuerpo tembloroso de Coque – lo sacaré, se lo juro. Lo traeré de vuelta hoy mismo-

Permanecieron abrazados en silencio hasta que Coque se calmó…

-. Lo siento…  es que nada bueno puede resultar si tu primo Vicente se une a los traficantes

Daniel dudo… si seguía hablando del tema era posible que lograra el objetivo que el doctor le había propuesto. Pero hacerlo era volver a sumergir a Coque en temas dolorosos… Maldición!!… mejorar requería superar el dolor…

-. ¿Cómo es que sabe de esto? – preguntó enterrándose las uñas en su propias manos…

Coque suspiró mirando por la ventana hacia ninguna parte en especial… un gesto de sufrimiento en su rostro… Luego del último suspiro comenzó a hablar, abriendo puertas y ventanas mentales y vaciando parte de su aflicción. Habló de su padre, de los hombres rudos y violentos que había conocido y temido desde niño, de los chicos que comenzaban a trabajar para su padre y nunca más volvían a ser libres… De pronto, estaba hablando de él mismo… de una niñez y adolescencia marcada por el temor a un padre autoritario y violento, de las cosas terribles que hacía a otras personas… tenía miedo de su propio padre pero tuvo que disimularlo en admiración y seguridad cuando la verdad era que le habían temblado las piernas y sentido nauseas cada vez que su padre lo llevaba consigo a ver como castigaban a alguien que había cometido un error…

-. No me gusta la violencia y él me obligaba a mirar. Me decía que tenía que aprender para que nadie pasara por encima de mi… algunos eran chicos casi de mi edad y ellos… ellos… – no podía seguir

Daniel desconocía esta parte de la historia de Coque. Su cara de sorpresa y pena era genuina. Fue inevitable que su mano se posara en el antebrazo de Coque. Era un duro esfuerzo contenerse y no encerrarlo entre sus brazos para protegerlo y calmarlo.

-. ¿Sabes por qué estoy aquí? – Coque preguntó repentinamente

Ray asintió moviendo la cabeza. Era estúpido negarlo cuando se suponía que había visto su ficha médica muchas veces. Además, Coque estaba abriendo la ventana mental más cerrada de todas, a la que el médico no lograba llegar.

-. Si. Lo sé – respondió casi con miedo

Coque agachó la cabeza en señal de vergüenza…

-. Es una de las muchas cosas malas que le pueden pasar a tu primo

Daniel no supo que responder… estaba abrumado por la necesidad de consolarlo y protegerlo y por la horrible verdad que Coque exponía… su cuerpo gritaba por lanzarse sobre él y cubrirlo de besos y amor… su pecoso… sufría tanto…

-. Era un hombre grande… enorme y violento…- las lagrimas caían sin control por la cara de coque que no intentaba limpiarlas, demasiado sumido en sus horribles pensamientos – El… quiso hacerme el mayor daño posible… me gritaba que era mi culpa y que yo me lo había buscado… me golpeaba y decía que me gustaba…

Daniel hiperventilaba a punto de perder el control… se llevó bruscamente las manos a la cara para cubrir sus lágrimas y evitar gritar. Imaginar lo que le había hecho ese animal a Coque… su dulce niño pecoso…

-. No es cierto… yo no hice nada… no hice nada…- Coque se defendía entre sollozos. Su fragilidad extrema rompía en pedazos el corazón de Daniel

-. Basta. Ya basta!!- gritó Daniel

Lo rodeó con su brazos y su cuerpo… el llanto sacudía el cuerpo de Coque y no se dio cuenta de los pequeños besos que Daniel dejaba en su pelo mezclado con sus propias lágrimas… lo acariciaba olvidando toda contención. Esto era más de lo que podía soportar… el odio intenso se agitaba junto a la más profunda pena… lo estrecho tan fuerte, queriendo arrancarle el dolor… liberarlo del sufrimiento.

Justo cuando Daniel estaba a punto de mandar todo al demonio el sonido del teléfono lo obligó a detenerse. No pudo contestar de inmediato. Lo tomó cuando volvió a sonar y ambos se habían calmado

-. Hola

-. La hermana del paciente está aquí– avisó Carmen

María!!

Daniel se limpió las lágrimas y recompuso sus emociones

-. Su hermana está aquí – le habló suavemente mirándolo a los ojos.

-. No quiero que me vea así

En el baño lavaron sus rostros y por unos instantes compartieron una sonrisa secreta de complicidad. Coque estaba nervioso por la visita y apretó la mano de Ray cuando escuchó los golpes en la puerta. Lo miraba pidiendo ayuda sin atreverse a decirlo…

Ray respondió con otro suave apretón en la mano pequeña y delgada… Solo sonrió para darle seguridad.

aquí me quedo contigo aunque se nos venga el mundo encima, pecosito mío”

María entró sonriendo con su perfecta cara de niña/mujer, colorina, pecosa y femenina, saludando con cariño a su hermano y dedicando apenas una mirada al auxiliar.

Esteban entró detrás.

Daniel no había contado con ese detalle.

Saludó a Coque afectuosamente y luego extendió su mano para saludar al auxiliar. Daniel rehuyó la mirada agachando la cabeza.

La sonrisa desapareció y Esteban le dedicó una mirada más larga de lo necesario… sostuvo la mano apretada, ladeo la cabeza estudiándolo… tenía el ceño fruncido

-. Con permiso – Daniel habló muy bajito… nervioso. Retiró su mano forzándola y se dirigió a la puerta…

No esperaba a Esteban…

María estaba impaciente por ver a su hermano y era esperable que no le prestara atención debido a su preocupación por Coque… no estaría alerta en el dormitorio de su hermano…

Pero Esteban nunca bajaba la guardia… Demonios!! había estado a punto de reconocerlo… ¿O ya lo había reconocido?… Mierda!! le había prometido a Coque quedarse con él pero no podía volver a entrar al dormitorio arriesgándose a que Esteban echara todo a perder… Daniel golpeo la pared en un gesto de frustración… la mirada de ayuda de Coque lo perseguía.  Pasaron unos cuantos minutos en que se debatía sin saber que hacer…  súbitamente cerró los ojos, respiró profundo y tomó una decisión.

-. Su medicina de las 4:30 – anunció Ray sosteniendo el vaso con agua y la pastilla.

-. Gracias – Coque la recibió con una sonrisa que le hizo olvidarse de todo lo malo y la puso en su boca, tragándola.

María  estaba sorprendida de los cambios que veía en su hermano. Había una mejoría notable, tal como le había dicho el doctor.  Casi se parecía al Coque de antes… Quizás era cosa de días para poder llevarlo de vuelta a casa.  Se sintió contenta de haber tomado una buena decisión al traerlo a este lugar aislado. Siguió hablando con él, entusiasmada, preguntando y escuchando atentamente cada palabra de su hermano.

Esteban se había alejado. Observaba fijamente a Daniel desde el otro extremo del cuarto.

Luego de unos minutos, el escrutinio al que era sometido comenzó a resultar insoportable para Daniel.  Busco a Coque con la mirada y lo vio tranquilo hablando con María. Sintió que podía abandonar el cuarto sin faltar a su petición.

Cerró la puerta y caminó despacio hacia la estación de enfermería

El fuerte apretón en su brazo lo asustó y resultó doloroso. Esteban lo empujaba hacia un rincón solitario

-. Dame una buena razón para no matarte ahora mismo, Daniel

El choque de su cuerpo contra la pared fue brutal…

Esteban respiraba encima de él y tenía claras intenciones de violencia.

-. ¿Lo viste?!! ¿Viste como ha mejorado?!!! – habló apresurado antes de que lo golpeara

-. María te advirtió que te mantuvieras alejado. Te va costar muy caro

-. Es por él!! Esta mejor conmigo cuidándolo. No sabe que soy yo. No puedes decirle. Echarías todo a perder y está mejorando de prisa!! Me necesita!!!

Vio a Esteban dudar. Siguió hablando. Su complicidad era lo único que podía salvarlo ahora

-. Lo estoy ayudando. Hasta el doctor lo reconoce. Te juro que no le he hecho nada malo. Solo quiero cuidarlo…

Esteban liberó el fuerte agarre.

-. Necesita compañía y cariño. Esta solo y asustado. Es casi un niño!! Por favor no le digas a María. Coque me necesita. Yo lo sé!!

Esperó en tenso silencio mientras Esteban cambiaba las expresiones de su rostro, fruncía las cejas… pensando… se podía notar como estaba debatiéndose… dudando…

-. ¿Desde cuándo estas aquí?

-. Más de una semana…

Otro silencio mientras pensaba…

-. ¿En verdad no sabe que eres tú?

-. No. Lo juro. Cree que soy Ray, el auxiliar

-. Ray…

Esteban repitió su nombre inventado varias veces… cuando vio que movía la cabeza asintiendo, Daniel supo que lo había convencido

-. Si le llegas a hacer algún daño…

-. Lo amo!! No voy a dañarlo!!! Créeme

-. ¿Gonzalo sabe que estas aquí?

-. Si

-. Y el médico de Coque?

-. Estamos trabajando juntos para ayudarlo. Por favor no lo eches a perder. Está mejorando

Daniel suplicaba con fervor… necesitaba de su complicidad.

Esteban movía las cejas en señal de asombro y se tomaba su tiempo para pensar. Cuando decidió, levantó el dedo índice, golpeando a Daniel en medio del pecho.

-. Ray. Esta conversación nunca existió – su voz era oscura y amenazante pero Daniel estaba demasiado feliz para asustarse

-. No. Nunca – negó rápidamente

Esteban se alejó rumbo al dormitorio.

Daniel se tomó unos instantes para calmarse… se arregló la ropa y no volvió a entrar al dormitorio hasta que se fueron.

Coque lo recibió con una sonrisa y eso bastó para que Daniel se sintiera recompensado por todos los inconvenientes del día.

-. Cuéntame más de tu familia – pidió Coque con una leve sonrisa. Se alegró de ver aRay entrar.

 

GONZALO

 

Hablar con Gonzalo resultó liberador.  Una vez que Lidia empezó a destapar los problemas de su corazón no pudo detenerse y dejó salir todo. Gonzalo escuchó en silencio con el ceño fruncido en un gesto de preocupación.

-. No puedo prometerte que Andrei terminará su trabajo temprano– fue el primer comentario de Gonzalo

-. Lo sé

-. ¿Te interesa Karina?

-. Es una buena persona. Siempre está ahí para mí

-. No fue eso lo que pregunté. ¿Te interesa como pareja?

Lidia se levantó y comenzó a caminar por la oficina. Jugando con las manos y  haciendo gestos con su cara… no podía responderle a su hermano porque ni ella misma sabía lo que quería…

-. No sé

La respuesta sorprendió a Gonzalo. Lidia siempre había estado enamorada de Andrei y para él eran una pareja incuestionable. No los podía imaginar por separado.

-. Solo asegúrate de que no sea enviada a ninguna parte – ordenó Lidia para luego suavizar el tono al recordar con quien hablaba – por favor

-. Veré que puedo hacer

A solas, Gonzalo le dedicó bastante tiempo a lo que había escuchado de Lidia.  Andrei era una de las pocas personas especial para él.  Su amigo. Se entendían con solo mirarse y tenían una complicidad única… se conocían desde niños y le resultaba imposible imaginar el funcionamiento de la familia sin Andrei… pero tampoco podía defraudar a su hermana. Dos de sus personas cercanas estaban enfrentadas y eso también le ocasionaba problemas a él.  Tenía que permitir que Lidia y Andrei resolvieran sus diferencias por si solos…

Respecto de su padre… Demonios!! Lidia tenía toda la razón del mundo para sentirse despreciada por el viejo. La trataba de manera diferente y contra eso no había nada que pudiera hacer. Su papá nunca dejaría de pensar en Lidia como en un ser inferior a ellos por el hecho de ser mujer.  Gonzalo se alegró de haber hecho bien su parte al tratarla en igualdad de condiciones y darle a ella tanto poder como el que tenía Daniel.

¿Qué más podía hacer para resolver este problema de la mejor manera posible?…

Pensó en Karina como pareja de Lidia y no le gustó la idea. No porque Karina fuera una mujer sino porque era una mujer que no guardaba relación con la personalidad chispeante y alegre de su hermana… Lidia necesitaba a Andrei. Alguien más fuerte que ella en quien apoyarse. No era bueno que pasara a convertirse en el apoyo de Karina.

 

El problema siguió revoloteando en su mente todo el resto de la tarde mientras “visitaba” clientes y trabajaba en su oficina.

La respuesta le llegó de forma inesperada poco antes de la hora de retirarse.

Jorge entró a dejar la información que le había pedido sobre el escritorio y preguntó

-. ¿Algo más en que pueda ayudarlo?

Gonzalo levantó los ojos de los papeles y se sorprendió de lo que vio. En el corto tiempo que llevaba con la familia, Jorge había experimentado grandes cambios. Aun quedaba algo del encantador chico tímido y un poco torpe de los primeros días, sobre todo cuando se hallaba frente a Gonzalo, pero tras esa primera mirada se podía ver a un hombre que comenzaba a posesionarse del rol que Gonzalo le había entregado en la familia. Un tipo con mucho potencial… alguien que amaba el poder casi tanto como él y que, eventualmente, podría secundarlo…

-. Siéntate. Hablemos un rato

La invitación sorprendió a Jorge. Reapareció algo de su timidez. Era innegable que Gonzalo lo atraía y estar cerca de él o tener su atención lo alteraba

-. ¿Cómo te has sentido trabajando conmigo?

Gonzalo se sentó a sus anchas en el sillón frente a Jorge.

-. Muy bien. Me gusta mucho. Nunca imaginé todo lo que se podría hacer aquí

Los ojos huidizos y los gestos nerviosos de Jorge resultaban encantadores, más aún cuando Gonzalo sabía que él era la causa. Su ego agradecía la atención.

-. ¿Ya tienes una clara idea de lo que hacemos?

-. Si señor. Son muchos negocios muy interesantes. He pensado que tal vez deberíamos clasificarlos de acuerdo a cierto orden que yo podría llevar en un sistema… verá, todo funciona por separado ahora, como unidades individuales y es imposible de manejar con precisión… pero si agrupamos por área o productos, podemos tener todo controlado y no habría posibilidad de fugas, pérdidas o atrasos… es un sistema seguro que no se puede rastrear y al que nadie puede acceder sin las claves…

Jorge se dio cuenta que estaba nervioso porque hablaba mucho y en forma atropellada. Gonzalo tenía la culpa por mirarlo tan fijamente con esos ojos oscuros y esa media sonrisa…

-. ¿Tienes ideas para mejorar el negocio de la familia?- estaba sorprendido y se le notaba abiertamente

-. Si. Muchas ideas. ¿Quiere que se las cuente ahora?

-. No. Mañana me contarás todo- respondió Gonzalo viendo que Miguel se acercaba por el pasillo – nos reuniremos a las 10. Quiero escuchar todo lo que tengas que decir

Gonzalo estiró su mano hacia Miguel. Se saludaron con un leve movimiento de cabeza y un apretón cariñoso. Nunca mostraban su relación frente a los demás. Las muestras de afecto y pasión eran privadas.

Gonzalo pudo sentir la tensión en Miguel de inmediato. Sabía que estaba agradecido con Jorge por haberlo ayudado pero también sabía que no le gustaba que se reuniera con él ni que trabajaran a solas…  en palabras simples, Miguel tenía celos de Jorge… lo que divertía mucho a Gonzalo.

-. ¿Mañana temprano entonces? – se puso de pie para despedir a Jorge

-. Si. Mañana temprano – Confirmó antes de retirarse y dejarlos solos.

Quedaron solos en la oficina, unidos por las manos pero el ambiente estaba algo tenso.

-. Lo haces a propósito, ¿verdad?- Miguel sonaba molesto

-. ¿Qué hago a propósito?- no aguantaba las ganas de molestarlo un poco y hacerle pagar por su descaro en el teléfono unas horas antes.

– Olvídalo – se soltó de su mano

-. Quiero escucharlo – pidió Gonzalo con firmeza volviendo a atraparlo esta vez de la cintura y con firmeza

-. “Mañana temprano entonces”…- repitió Miguel imitándolo y burlándose de la forma en que Gonzalo había hablado con Jorge.

Por unos segundos Gonzalo se mantuvo serio pero la risa le fue ganando de a poco. Miguel era la cosa más adorable cuando estaba celoso. Peligroso pero adorable.

-. No lo hice a propósito. Tengo que hablar con él mañana temprano

-. Bien – se encogió de hombros como si el tema no le importara aunque escocía por dentro.

–  Bien – confirmó Gonzalo decidiendo que ya no era agradable el tema.

Los celos eran una cosa maldita. Miguel no recordaba haberlos sentido antes excepto con los amigos de Nali… pero esto era diferente. Ese hombre le despertaba instintos asesinos. No tenía dudas del amor de Gonzalo por él… pero ese… ese… ¿Por qué mierda tenía que venir a meterse justo en la oficina de Gonzalo cuando no había nadie más cerca?… podía ver en sus gestos nerviosos que tenía interés en Gonzalo…  mierda!! No podía evitar sentir lo que sentía y lo enojaba. Era una muestra de debilidad y él no era débil.

Miguel no se daba cuenta que los pensamientos en su mente se reflejaban en los gestos de su cara

-. Vamos a casa – pidió Gonzalo tirando de él.

Ghiotto andaba ocupado encargándose de Clemente así es que Gonzalo manejó su propio vehículo seguido de cerca por su protección.  En el camino hablaron sobre el problema que había encontrado Miguel. Dineros sin cobrar… atrasos y algunos pequeños desajustes que se arreglaron con una “amigable conversación”.

 

Justo de lo que Jorge había estado hablando…

 

La mente de Gonzalo ya estaba en funcionamiento. Mientras más lo pensaba, mejor le parecía la idea. Era la única forma en la que podía aportar al problema de Lidia.

Muy a su pesar tomó el teléfono para hablar con Andrei. No le gustaba pasar sobre su autoridad pero si Karina se iba, el problema con Lidia iba a empeorar.

-. No hagas cambios todavía – ordenó sabiendo que a Andrei no le gustaba lo que escuchaba

– Mañana temprano tenemos que hablar de algo importante. Un cambio mayor

-. ¿Qué cambio? – preguntó Andrei sorprendido.

-. Puedes desvelarte pensando. Mañana hablaremos- le gustaba jugar al misterio.

 

Gonzalo y Miguel habían vuelto al departamento. Se sentían cómodos en la privacidad de su propio lugar. Poder cenar juntos, ver televisión, hablar de cosas importantes y otras triviales y, sobre todo,  dar rienda suelta a las pequeñas y grandes expresiones de amor que contenían durante el resto del tiempo en que había más gente. No todas eran con contenido sexual. A veces solo era pura ternura o necesidad de hacerle saber al otro el amor que sentía, una sonrisa especial al momento de entregarle un café, seguida de un beso suave en los labios. Necesidad de exteriorizar los sentimientos entre ellos.

 

Miguel salía de la ducha cuando Gonzalo decidió abordar el tema que llevaba rato dando vuelta en su cabeza. Mejor terminar de prisa con lo complicado, pensó antes de abrir la boca.

-. ¿Qué te parecería si Jorge trabajara más de cerca, conmigo?

Miguel se quedó quieto y lo traspasó con la mirada. Estaba cubierto solo con una toalla en la cintura y Gonzalo pudo ver como sus músculos se tensaban. La pregunta fue como si le hubiera caído un balde de agua congelada.

-. ¿Por qué? – ya estaba a la defensiva. Desde que los había visto juntos en la oficina.

-. Necesito ayuda – Gonzalo odiaba justificarse. No lo hacía frente a nadie pero Miguel era… bueno… Miguel.

-. ¿”Tú” necesitas ayuda?

Miguel no lo creía… las alarmas mentales y los celos comenzaron su trabajo

-. Se trata de algo diferente – Respondió Gonzalo algo cortante. Sabía que estaba pisando terreno delicado.

Miguel permaneció en silencio observándolo… buscando alguna señal nueva… ¿Acaso le interesaba Jorge?.. Dios!! Su respiración se agitó y su cuerpo se sacudió con un leve temblor. Pudo sentir un aguijonazo en el pecho… los celos le eran desconocidos hasta que Jorge apareció en escena. A sus 19 años y con el carácter que tenía, los celos resultaban destructores e infernales.

-. ¿Qué tiene de diferente? – estaba a punto de comenzar a gritar…

-. Necesito alguien de confianza

-. Me tienes a mí, a Andrei y a tus hermanos. Tienes un montón de gente más calificada y de probada confianza!! Está Daniel, Ghiotto, Lucio y…

-. No me sirven. Tiene que ser Jorge 

¿Cómo le explicaba que estaba pensando en un reemplazo para Andrei? Que las ideas de Jorge eran buenas e innovadoras… Demonios! Estaba resultando más complicado de lo que pensaba. Miguel estaba molesto

-. ¿TIENE QUE SER ÉL???!! – gritó Miguel furioso – ¿Por qué?!! No está preparado. No sabe bien cómo funcionamos, acaba de llegar!! – Los celos lo volvían peligroso… la mirada en los ojos de Miguel destilaba fuego – Ni siquiera sabe manejar un arma!!!

Gonzalo lo observaba, admirándolo. A pesar de la situación no podía dejar de deleitarse con los movimientos de su piel húmeda y expuesta, la vehemencia de su actitud. Verlo así era  excitante y, a la vez, un poco intimidatorio…

-. Cierto. No maneja armas. Pero sabe cosas que ninguno de nosotros entiende

-. Cualquiera puede aprender!! – hasta ahora, Miguel no veía ninguna razón válida para incluir a Jorge

Gonzalo se aproximó a Miguel.

-. No. No tengo tiempo. El es la persona que necesito

Gonzalo vio el destello de  furia brillar en la mirada de Miguel… parecía una fiera salvaje dispuesta a defender su territorio… Mierdaaa!! Era hermoso sentir sus celos, verlo volverse territorial, dispuesto a despedazar a quien quisiera acercarse mucho a él. Tenía ganas de comérselo ahí mismo…

-. Lo estas defendiendo mucho. ¿Te gusta? – preguntó  Miguel acercándose agresivamente…

Gonzalo lo esperó ansioso… le gustaba cuando Miguel sacaba las garras y se volvía posesivo. Volvía a ver al mocoso de los primeros días… orgulloso, terco y belicoso…  Lo siguió con la mirada y entonces pudo detectar que había más que solamente celos…

Miguel estaba sufriendo. Eso no era bueno.

Suficiente.

Ya se había dado en el gusto de sentirse amado y necesitado. Ahora era el momento de calmar la tormenta entes que estallara en su cara.

Sujetó las manos que Miguel mantenía en alto y lo calmó con sus palabras.

-. No. No me gusta.

-. Entonces ¿de qué mierda se trata?

-. Voy a permitir que Andrei maneje por su cuenta una parte de los negocios. Eso le dará independencia

-. ¿Andrei?!! ¿Qué?!! ¿Por qué?!!

-. Necesita crecer y está preparado. Tiene asuntos que arreglar con Lidia y esto lo ayudará

-. Que asuntos?

Le explicó brevemente lo que había conversado con Lidia en la tarde

-. ¿Jorge ocupará el puesto de Andrei? – la pregunta surgió temerosa y sorprendida… estaba claro que la idea descolocaba a Miguel y no era de su agrado.

Con cautela, Gonzalo rodeó la cintura desnuda de Miguel. Movió su nariz entre el pelo aspirando con agrado el aroma del shampoo mezclado con el suyo. Demonios…  No había pensado en como su decisión afectaría a Miguel… simplemente no pensó que le importaría tanto. Solo Miguel era capaz de despertar en él gestos de ternura y palabras que nunca imaginó que diría. ¿Cómo podía Miguel creer que era sustituible? ¿No se daba cuenta de lo mucho que lo amaba?

-. Mocoso, esto es trabajo. Mi corazón ya tiene dueño

Miguel odiaba lo que estaba pasando. Jorge y los celos que sentía, venían dando vuelta en su mente desde hacía días como un ruido de trasfondo, cargante y molesto al que no quería prestar atención. Ahora estaban haciendo explosión… No lo quería cerca de Gonzalo… no tan cerca al menos. Confiaba en Gonzalo pero no era estúpido. Jorge resultaba atractivo luego de estudiarlo un rato y si lo iba a tener encima, ofreciéndosele todos los días, inevitablemente terminaría… … NO!!

Se sentía tonto por estar celoso, como una de esas viejas histéricas de la televisión… pero no lograba evitarlo… eso agravaba aun más lo molesto que estaba.

La idea de que a Gonzalo lo tocara a otro hombre era intolerable y profundamente dolorosa. Gonzalo era suyo. Lo amaba con  locura. Era la única persona en el mundo con quien se quitaba las caretas y podía ser quien realmente era… Necesitaba sus besos y pasión, su amor. Gonzalo era la mitad que formaba su todo. Sin él no tenía nada. Era su pilar, su base y fortaleza. Imaginarse solo nuevamente hizo que gran parte de su orgullo cayera en pedazos al suelo…

De pronto sintió que un acceso de pánico le nublaba el cerebro…

Un gemido adolorido le brotó desde el corazón

-. Miguel, no

Gonzalo no esperaba esta intensa reacción. El rostro contraído de Miguel expresaba lo mucho que estaba sufriendo.  Por nada del mundo quería causarle algún tipo de dolor. Ya sabía lo que se sentía hacerlo y no podía perdonarse.  Lo estrujó entre sus brazos cubriéndolo de besos y decidiendo inmediatamente terminar con todo esto.

-. Olvídalo. Por favor olvida todo lo que dije

Miguel recibió el abrazo porque lo necesitaba más que su estúpido orgullo. Se cobijó en el cuerpo sólido de Gonzalo sintiendo que no había mejor lugar en el mundo. No estaba preparado para perderlo, ni ahora ni nunca.

-. No sabría que hacer sin ti… – gimió despacio

-. Miguel – levantó la barbilla de Miguel para buscarle los ojos -. Déjalo ya, mocoso. No sufras por algo que no vale la pena

-. Lo sé… es que pienso que…

-. No pienses nada. Solo abrázame… bésame

No fueron besos lentos y tranquilos. Había un hambre feroz por el otro de parte de ambos, ganas de reafirmar su amor y demostrarse sus deseos de pertenencia

-. Hazme el amor – pidió Miguel gimiendo en su boca abierta, necesitando confirmar la fortaleza de su vínculo.

Gonzalo respondió con un gruñido ronco y un movimiento brusco con el que lo inmovilizó de cara contra la pared

-. Soy tuyo. No me interesa nadie más – le hablaba encima mientras lo despojaba a tirones de la toalla y no perdía un instante de chupar su piel y correr su manos a lo largo de la espalda

-. Si. Eres mío… tan mío como tuyo soy yo – Miguel se restregaba contra él…

Quizás eran los sentimientos nuevos que los celos habían hecho aflorar pero había algo distinto en Miguel. Gonzalo pudo percibirlo en su forma de hablar y de entregarse esta vez… dejándolo completamente al mando, subyugándose… sometiéndose a sus deseos.

La idea de que así fuera inflamó el deseo en Gonzalo.

-. Me perteneces, mocoso – lo sujetó por el pelo aún mojado, tirando su cabeza hacia atrás con poca delicadeza y atacando su cuello expuesto… no era el momento para caricias tiernas. Quedarían marcas visibles pero por esta vez no le importaba en lo más mínimo. La piel húmeda y olorosa de Miguel era incitante y atractiva

-. Si. si… – gemía y pedía más

Dios… Miguel había cerrado los ojos y le cedía el control… Se estaba abandonando por completo… el golpe de calor en sus genitales fue potente, casi doloroso…

-. No te muevas – gruñó Gonzalo

Se quitó la ropa en un par de segundos.

Miguel lo esperó en la misma posición en que lo había dejado, manos abiertas sobre la pared, piernas separadas  y culo expuesto… jadeando expectante.  A Gonzalo le gustaba tanto mirarlo… se extasiaba en la contemplación del cuerpo joven y hermoso de Miguel. Se pegó a su culo apretando su firme erección contra la hendidura.

-. Aaahh Miguel…

Acto seguido, fue bajando por la columna dejando un rastro de besos y lamidas… lo sujetó de las nalgas, separándolas y atacando con su boca y su lengua el fruncido anillo rosado. Miguel dio un respingo y gimió lastimeramente. Sus piernas tambalearon de momentánea debilidad

-. Gonzalo…- su nombre pronunciado en un sonido estrangulado

-. Quieto ahí, mocoso

Gonzalo apretó su rostro contra la piel, lamiendo, chupando y penetrándolo con su lengua. Un beso negro, intenso y anhelado. Nada sabía mejor que Miguel en todas sus formas y sabores. Su lengua se adentraba más con cada embestida. Miguel llevó su mano hasta su adolorido miembro y comenzó a frotarse… no estaba pensando, no podía coordinar… solo sentir y llenarse de amor y placer.

-. Por favor… Gonzalo…- echó su culo hacia atrás pidiendo y desarmándose ante las atenciones de las que era objeto. Gonzalo entendió. Usó lubricante en su miembro y se estremeció anticipando lo que vendría. Sin quitar su firme agarre de las caderas dirigió su pene a la entrada de Miguel y se perdió en su interior de una sola profunda y brutal estocada

-. Gonzalo!!

Miguel gritó su nombre en un suspiro desgarrador… había dolido… los mordiscos en su espalda y la forma casi violenta en que lo sujetaba contra la pared también estaban doliendo pero aquello solo aumentaba el placer que sentía. Era un objeto en manos de ese hombre bruto y que sabía tan bien como llevarlo al éxtasis.

Gonzalo retrocedía y lo volvía a embestir hasta que sus bolas chocaban contra sus glúteos y su polla quedaba completamente envuelta por el calor húmedo dentro de Miguel… la sensación era fantástica…

Miguel sintió que dolía y era taaaan placentero al mismo tiempo…  por una vez no estaba conteniéndose ni controlando nada de lo que sucedía… había apagado su mente y se abandonaba por completo a los deseos de Gonzalo, entregándole toda su persona. Estaba siendo dominado y amado según la voluntad de Gonzalo… y le estaba gustando mucho… la siguiente embestida lo tomó por sorpresa y envió un concentrado de placenteras descargas eléctricas hacia su miembro. Lloriqueó de placer y el líquido perlado brotó caliente en largas pulsaciones. Gonzalo lo fue conduciendo a través del orgasmo, besándolo y lamiendo, dejando su polla intensamente clavada en Miguel y sobando su pene hasta sentir que se descargaba por completo y las ondulaciones de sus músculos internos se calmaban

-. Eres lo más sexy que he visto cuando te corres, mocoso – le ladeó la cabeza hasta encontrarle la boca y reanudo las duras embestidas buscando su satisfacción mientras mantenía el labio inferior de Miguel apretado entre sus dientes.

 

 

Había sido un encuentro emocionalmente diferente y ambos lo habían percibido, algo que iba mucho más allá de la satisfacción de sus cuerpos.

Estaban en la cama. Como siempre, Miguel reposaba sobre el pecho de Gonzalo. Los brazos fuertes lo rodeaban y la barbilla de Gonzalo reposaba sobre su pelo… su respiración le hacía deliciosas cosquillas.  Había tanta paz en sentir la piel tibia bajo su mejilla, escuchar el fuerte latido de su corazón y los brazos de Gonzalo rodeándolo protectoramente.

La mente de Miguel era un torbellino de pensamientos.

Se había entregado como nunca antes…

Sin miedo…

Se había terminado el temor…

Confiaba plenamente en Gonzalo y era capaz de  abandonarse en él con la seguridad de saberse amado y protegido.

La forma en que Gonzalo lo había mirado… desnudándole el alma con tanto amor…

Dios!!… no tenía miedo… y eso daba miedo…

-. ¿Por qué lloras? – preguntó Gonzalo alarmado al sentir lágrimas mojar su pecho

-. Porque te amo, idiota – respondió sin moverse de donde estaba

El movimiento de los músculos del pecho le indicó que Gonzalo estaba riendo y el estruje en el abrazo lo confirmó

-. Lo sé

– ¿Lo sé?!! ¿Eso es todo?!! 

Ahora si se levantó para mirarlo y encontrarlo sonriendo, tranquilo, con un aspecto de complacido y satisfecho que no le había visto antes. Gonzalo era un hombre feliz. Verlo así lo emocionó.

Gonzalo levantó la mano y con increíble ternura, le limpió las lágrimas, le acarició el pelo, el cuello… bajó lentamente hasta el hombro antes de decir

-. No dudes de mi, Miguel. Volvería a mover montañas por ti – le tomó la mano y la puso sobre su corazón cubriéndola con la suya

– Este late solo por ti… eres todo lo que quiero. Te amo, mocoso

Un beso dulce y tierno corroboró la declaración. Le acarició la lengua y los labios hasta suspirar satisfecho.

Miguel volvió a adoptar su posición favorita sobre el pecho de Gonzalo…

-. Está bien. No me importa si Jorge trabaja contigo

Y efectivamente, algo había cambiado. Sentía que ya no era tan importante. Tenía claro que a Jorge le interesaba Gonzalo pero había entendido que él nunca miraría a nadie más. Era suyo y se lo había demostrado muchas veces en el tiempo que llevaban juntos. Sería molesto pero aprendería a superarlo.

-. Igual puedo matarlo si te toca- dijo Miguel antes de cerrar los ojos y acomodarse.

Gonzalo respondió con una breve sonrisa,  una caricia sobre la parte baja de su espalda y un beso callado en el hombro.

 

Su mente seguía maquinando cuando Miguel se durmió sobre él.

 

Miguel 2 Capítulo 74

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CAPÍTULO 74

 

Ghiotto tenía 35 años y era uno de los tipos más fortachones dentro de las personas cercanas a la cúpula del poder, en la familia de Gonzalo. Tenía una altura levemente superior al promedio, músculos muy trabajados, pelo y ojos oscuros, ligeramente achinados, que muy rara vez sonreían. Hablaba poco, pero cuando se trataba de actuar, Ghiotto era siempre uno de los primeros en la línea de fuego, demostrando astucia y valentía.   Era parte de la familia desde los 13 años, cuando se unió a ellos trabajando en la calle. Poco a poco fue escalando posiciones y acercándose a los jefes quienes supieron apreciar sus cualidades de lealtad, destreza física y fuerza. Hoy en día era uno de los choferes y guardia personal de Gonzalo o de quien lo necesitara dentro de las cabezas de familia. Resolvía problemas y encargos delicados y se le consideraba absolutamente confiable y seguro.

Al salir del departamento de Lidia, Andrei subió al vehículo y cerró de un fuerte portazo antes de que Ghiotto hubiera tenido la posibilidad de percatarse de lo que sucedía.

-. Sácame de aquí – ordenó Andrei visiblemente molesto.

Ghiotto no preguntó destino. Si Andrei no se lo había dicho era porque no lo sabía. Condujo despacio fuera del recinto de la familia. No iba a hacer preguntas pues sabía exactamente cuál era la causa de la molestia de Andrei

-. ¿Tú trajiste a Lidia hoy en la noche?

-. Si

Ni una palabra más de lo estrictamente necesario. Ghiotto tenía una cualidad especial; no tenía miedo de las personas. No lo asustaba el poder de Gonzalo ni de nadie de la familia. Trabajaba con ellos por cariño y costumbre. No se sentiría bien en ningún otro lugar más que entre ellos pero su permanencia no estaba dirigida por el temor sino por el deseo de pertenecer y el respeto hacia sus jefes; respeto que no tenía relación con miedo.

Es por ello que esperó pacientemente a que Andrei volviera a preguntar si es que quería saber más.

Lo escuchó respirar embravecido en el asiento trasero… miró por el espejo retrovisor y lo vio moverse inquieto y mirar hacia todos lados como si buscara algo. Finalmente, golpeó el asiento con los puños cerrados.  Nunca había visto a Andrei tan fuera de control… claro que tampoco había visto a la señorita Lidia besarse con otra mujer antes…  entendía.

Ghiotto no se había enamorado nunca. No tenía tiempo ni demasiado interés. Sus relaciones eran muchas y con mujeres diferentes. Aún no conocía a una mujer que tocara su corazón de la forma en que otros hablaban de la locura del amor. No le preocupaba tampoco. El sexo rápido y casual bastaba para satisfacerlo. Siempre había mujeres de sobra dando vueltas en los clubes y sitios de la familia. Una cena con los amigos y una chica escasa de ropa en sus piernas bastaban para hacerlo feliz por un rato.

-. ¿Qué fue lo que viste?

Ghiotto detuvo el vehículo frente a un lugar de la familia.

-. Venga conmigo –

Andrei no dudó y lo siguió callado. Conocía a Ghiotto desde niño y confiaba en él.

Entraron juntos. El lugar, debido a la hora, estaba cerrando y casi vacío, pero al ver a Andrei y Ghiotto los pasaron a un reservado, trayendo una botella de inmediato. Ghiotto cerró la puerta, sirvió dos vasos y bebió uno al seco antes de responder. El fuerte licor ardió en su garganta pero eso estaba bien.  Había que estar preparado para contarle a otro hombre como la mujer que amaba se había besado y restregado contra esa advenediza.  No le gustaba Karina. No le agradaba ninguna mujer ejecutando el trabajo reservado para ellos aunque esa norteña lo hiciera bien.

Le relato a Andrei exactamente lo que había visto, sin agregar palabras extras ni comentarios personales.

 

Media hora más tarde habían despachado la botella entre los dos. El alcohol hacía poco efecto en el cuerpo grande y bien cuidado de Ghiotto, pero Andrei estaba agotado, no había comido y acusaba recibo de más de media botella de licor.

-. Esa zorra… no puede estar cerca de Lida… voy a mandarla de vuelta al norte… que se pudra en el desierto…

Ghiotto ayudó a Andrei a levantarse y lo puso de vuelta en el vehículo. Condujo a su casa en silencio y lo dejó acostado en su cama. Sin dudarlo un segundo, tomó una cobija, se quitó las armas del cinto y se echó a dormir sobre el sillón del departamento de Andrei.

 

A la mañana siguiente, Andrei despertó remecido por las grandes manos de Ghiotto.

-. El jefe quiere verlo

Era bastante tarde para su hora habitual de inicio del día. Andrei se movió con cuidado para evitar que se avivara el desagradable martilleo en su cabeza. No estaba acostumbrado a beber. 20 minutos más tarde, luego de una ducha y un café negro, preparado por Ghiotto, salían en dirección a la oficina de Gonzalo.

Andrei golpeó la puerta de la oficina cerrada por dentro. Gonzalo se tomó unos minutos antes de abrir y cuando lo hizo, tenía los labios enrojecidos, se acomodaba el pelo desordenado y sonreía estúpidamente.

Miguel, desde el sillón, no lo hacía nada mal tampoco.

-. Buen día, Andrei

-. Buenas. Me alegra saber que están de buen humor

Llevaba puestos sus lentes de sol, caminaba como si tuviera problemas de equilibrio y hablaba bajo y con lentitud. Se sentía mal, física y anímicamente.

Gonzalo fue el primero en notar la resaca de su amigo y sorprenderse. Cruzó una significativa mirada con Ghiotto quien se encogió de hombros dando a entender que “él no sabía nada”.

-. ¿Qué sucede?

-. Nada. Estoy bien

La respuesta no era verdad pero Gonzalo conocía bien a Andrei y, al igual que él, hablaría cuando estuviera listo para hacerlo.

Revisaron las actividades del día. Desde la partida de Domingo y el desaparecimiento de los Rojas, la actividad había vuelto a una agradable rutina que solo incluía sus actividades ilícitas de siempre. A esta tranquilidad, había que agregarle la presencia de Jorge que había resultado ser una adquisición valiosa y cooperaba con todos ellos. La parte seria y respetable del negocio, y que dejaba menos dinero en conjunto, estaba en manos de Lidia y Daniel y un grupo de antiguos consejeros.

-. Necesito hacer algunos cambios en seguridad- anunció Andrei con firmeza.

Recibió una mirada interrogativa de Gonzalo y Miguel. La seguridad de la familia la manejaba Andrei desde hacía meses, sin necesidad de consultar con ellos.

– Haz lo que tengas que hacer – respondió Gonzalo corroborando la autoridad que le había entregado.

Andrei dudó por un instante… Karina era cercana a Miguel… quizás debería informarle… Al demonio!!!. Se iría lejos porque él tenía el poder de mandarla lejos y no quería volver a verla cerca de Lidia.

-. Bien. Me voy

Al abrir la puerta se encontró con Ghiotto

-. Quédate con el jefe

Ghiotto asintió. Siempre estaría donde fuera necesario.

El ascensor se abrió frente a Andrei y un par de personas descendieron alejándose rápidamente.

En el fondo del ascensor quedó solo una mujer.

Karina lo miraba fijamente sosteniendo la carpeta que Lidia había dejado olvidada en el vehículo.

Andrei sintió algo caliente en las venas…

Entró decidido al ascensor, sujetando el brazo de la mujer que se preparaba a salir y empujándola de vuelta dentro del aparato. Karina no dijo nada. Levantó la cabeza en un gesto altanero y se preparó para lo que sabía sería un momento difícil.

Lo esperaba desde la noche anterior y estaba preparada.

Las puertas se cerraron. Estaban solos dentro del ascensor

-. Te vas ahora mismo a las oficinas del norte

Karina acusó recibo del golpe… no esperaba esto. Alejarse de Lidia…

-. ¿Le asusta que esté cerca de ella?

La pregunta sorprendió a Andrei. Estaba acostumbrado a ser obedecido sin excusas por quienes trabajaban para él… y esta… esta mujer lo estaba desafiando

-. Dije que te vas de vuelta al norte. Eso, si quieres conservar tu cabeza sobre los hombros

Karina guardó silencio pero en ningún caso significaba miedo a lo que estaba viendo…Andrei estaba asustado. Podía percibirlo. Era una gran observadora de los seres humanos y podía entender bien sus gestos y reacciones… casi podía anticiparlas…

-. No voy a irme. No me amenace porque tiene miedo. Mandarme al norte no solucionará su problema con ella – declaró aparentando tranquilidad que no sentía.

-. Deja de hablar de mi mujer como si tuvieras algún derecho!!! – Estaba furioso. Le molestaba el tono de voz de Karina, los ojos negros de la mujer y… todo… le enojaba que siguiera respirando…

-. Su mujer?

-. SI. MI MUJER!!!

-. Entonces, trátela como merece –

-. Como te atreves??!! – siseo Andrei entre dientes. El puño cerrado levantado en el aire… Le costaba creer la  desfachatez de la mujer…

Súbitamente Karina creció de tamaño a pesar de su estatura menuda. Había una mano levantada frente a ella… Se preparó para enfrentarlo… había bravura y agresividad en su actitud. Era un animal defendiéndose.

Las puertas del ascensor se abrieron en el estacionamiento del subterráneo.

El ruido los hizo reaccionar a ambos.

Andrei bajó el brazo, consternado. No iba a golpear a una mujer por muy enojado que estuviera. Volvió a tomarla del antebrazo con brusquedad para sacarla del aparato pero ella, en un gesto rápido y violento, se soltó de su mano…

-. Trabajo para usted. Para la misma familia –

Era un recordatorio

Los problemas dentro de la familia no se resolvían a golpes ni disparos. Los resolvía el Jefe.

-. No alcanzas a ser un problema. Eres una basura molesta solamente – el recordatorio de Karina logró aterrizarlo – Es cierto – Andrei sonrió al recordar sus recursos –Trabajas para mí y como soy tu jefe te ordeno que te vayas al norte esta misma noche-

Knock out…

Karina agachó la cabeza y depuso su actitud agresiva.

-. Si fuera feliz no estaríamos en esta situación – murmuró entre dientes

-. ¿Qué?

-. Digo que si ella fuera feliz no estaríamos aquí discutiendo por ella!!! 

Nuevamente alzaba la voz, provocándolo. Se iría. Sabia las reglas. Las órdenes del jefe no se cuestionan… le partía el alma pensar en dejar a su hada encantada… pero ¿Qué diablos podía hacer?… desobedecer a su jefe no era una opción… no se renuncia a la familia como quien lo hace con un trabajo.

-. ¿Qué puedes saber tú sobre su felicidad?… no la conoces… no tienes idea… –Andrei estaba increíblemente cabreado

-. ¿Cuándo fue la última vez que la vio reír?!!! – pero antes de irse,  le haría saber lo que pensaba – Anda triste y preocupada todo el tiempo… dejó de estar alegre y sonreír hace meses y usted ni siquiera se ha dado cuenta de ello… ¿dice que la ama?? ¿Cómo es que no se da cuenta que sufre??!! ¿Sabe siquiera cuáles son sus problemas??!!… ¿sabe que llora sola en las noches???!!

Karina estaba gritando y su voz retumbaba en el estacionamiento… la primera reacción de Andrei fue de molestia y ganas de hacerla callar… pero, a medida que escuchaba, se dio cuenta que no podía responder las preguntas que Karina formulaba… su boca se abrió en señal de asombro e incredulidad…

-. ¿Está todo bien, señor? – dos hombres pertenecientes a la seguridad del edificio se acercaron de prisa hacia él.

Andrei se tomó su tiempo antes de ser capaz de responder…

-. Si. Vuelvan a su trabajo – indicó levantando la mano en un gesto de despedida… seguía mirando a Karina.  Subitamente, ella se dio vuelta y regresó al ascensor totalmente decidida… Cuando Andrei reaccionó y quiso detenerla, ella levantó la carpeta que aun sostenía en las manos y tenía que llevar a Lidia.

-. Me iré como ordenó – alcanzó a decir Karina antes que las puertas se cerraran.

Permaneció de pie, solo… sintiendo que algo importante escapaba de sus manos… temiendo que solo era capaz de ver la punta del iceberg…

Andrei subió a su vehículo. No lo hizo partir. Tenía que ordenar sus pensamientos primero…

No. No se había dado cuenta de que Lidia anduviera triste desde hacía meses, pero cuando Karina lo mencionó… bueno… si, andaba mas callada y taciturna. No reía como antes…

No. Tampoco sabía cuáles eran los problemas que tenía…  mucho menos sabía que lloraba sola en las noches…

Fijó la vista en el vacío apretando los dientes y los puños… ¿cuándo había dejado de prestar atención a Lidia?… Hacía mucho tiempo que no pasaban una noche completa juntos… que no conversaban tranquilos o, como había dicho la maldita intrusa, que no se divertían…

El desanimo se fue apoderando de su voluntad… ¿Qué estaba pasando por alto?… amaba a Lidia… mucho… ¿Por qué mierda todo se complicaba de repente???

¿Cómo es que Lidia no entendía su trabajo y su relación con Gonzalo? Su hermano. El Jefe de la familia…

Gonzalo, su trabajo y pertenencia a la familia eran lo que lo sostenía en el mundo. Recordó el tiempo en que estuvo solo, desterrado de la ciudad, sin nadie a quien recurrir, con solo 19 años, sin dinero ni trabajo, cargando con el peso de la muerte de su padre… incluso en ese momento sabía que contaba con la amistad incondicional de Gonzalo y que en algún momento lo buscaría para devolverle la vida que conocía. Esa fue la esperanza que lo mantuvo vivo y le dio garras para luchas… Lidia era diferente… era la mujer que llenaba sus sueños y le hacía temblar el corazón… pero en ese entonces era un sueño prohibido y doloroso, una ilusión que dejó de alimentar por considerarla imposible. La dio por perdida sabiendo que volver a buscarla significaba la muerte y arriesgaba el perdón que tanto deseaba…  Gonzalo siempre fue una esperanza y un apoyo. Creía incondicionalmente en el lazo de amistad y cariño que los unía… siempre supo que contaba con él.

La línea de pensamientos en su cabeza sorprendió a Andrei más de lo que podía imaginar…

De pronto se dio cuenta que podía fallarle a Lidia sin problemas pero su corazón se encogía cada vez que le fallaba a Gonzalo… ¿Cuántas veces la había dejado esperando?… ¿Por qué no estaba más cerca de ella apoyándola en su trabajo si sabía bien lo que había que hacer?…

No se demoró mucho en encontrar la respuesta.

Todavía era ese adolescente buscando merecer el perdón y la aceptación de la familia, intentando borrar la traición de su padre y obtener aprobación.

¿Acaso Karina tenía razón en cada maldita frase que había dicho?

Vaya… podía decir con casi total certeza cuales eran los problemas actuales de Gonzalo… pero no sabía de que hablaba Karina cuando mencionó los problemas de Lidia ni el llanto con que se dormía en las noches…

La realidad le resultó odiosa y sofocante…

Amaba a Lidia… de eso estaba seguro… No había una buena excusa para que Lidia se besara con esa mujer… ninguna… pero él tampoco estaba siendo la persona que ella necesitaba a su lado.

Encendió el vehículo y se alejo de prisa… necesitaba más aire y espacio… tenía muchas cosas que hacer y necesitaba pensar con más calma todo lo que había descubierto de sí mismo en tan solo unos minutos.

 

 

GONZALO

 

Esperaba la decisión de Clemente desde hacía días. Quería integrarlo como parte de la familia por varias razones, quizás, la más mezquina, era demostrarle al resto que su familia era más poderosa y podía “robar” un miembro importante de otra familia. Además, le gustaba Clemente. Seguía reconociendo la valentía del muchacho al ayudarlos traicionando a los suyos y confiando en él.

La llamada llegó a media mañana

-. Quiero trabajar con ustedes

Clemente se escuchaba nervioso lo que hizo que las alarmas interiores de Gonzalo se pusieran en alerta. Confiaba en el muchacho pero nunca estaba demás ser precavido.

-. Almorcemos juntos –

Se reunieron pasado el mediodía. Miguel los acompañaba.

-. ¿Cómo van tus estudios? ¿Estás conforme?

La pregunta de Gonzalo fue recibida con una entusiasta sonrisa por parte de Clemente. Comenzó a hablar de lo mucho que le gustaba lo que estudiaba, el ambiente, sus profesores y las materias… su pasión por los vehículos y sus motores era notoria.

Gonzalo vio como Miguel adoptaba una actitud de completo interés en la conversación de Clemente. Muy pronto, ellos dos hablaban de la universidad y los estudios como si fuese una de las mejores cosas de la vida, encontraron intereses comunes y al poco rato reían y bromeaban. El ambiente se relajó y fue fácil seguir la conversación.

-. Nunca te agradecí lo suficiente lo que hiciste por mi hermana –  Miguel, generalmente arisco y poco amistoso, comenzaba a simpatizar con Clemente.

-. No hay nada que agradecer. ¿Cómo está Analía?- preguntó con cuidado recordando lo que Nali le dijera sobre los celos y la protección de la pareja frente a él.

-. Bien. Concentrada en sus estudios-

Clemente quería seguir preguntando pero algo en su interior le aconsejó dejarlo hasta ahí.

-. ¿Cuándo puedes comenzar? – interrumpió Gonzalo

-. Ahora mismo-

Los tres sonrieron satisfechos. Era un buen almuerzo y una excelente reunión. Quedaba flotando en el aire el tema de la familia Rojas, pero ya habría tiempo más adelante para conversarlo.

-. No tengo tantas horas en la universidad este semestre. Dedicaré todo mi tiempo disponible a aprender con ustedes- 

Solo descontaré unas horas para pasarlas con Nali”

-. Bienvenido a mi familia, Clemente Rojas – Gonzalo extendió su mano para sellar el acuerdo. En su mente ya estaba pensando en los trabajos que podría hacer Clemente cuando hubiera aprendido y demostrado que su lealtad era permanente.

-. Bienvenido – Miguel le extendió su mano también con una agradable sonrisa.

Volvió con ellos a las oficinas. Ghiotto  recibió la misión de encargarse de los primeros días de Clemente Rojas entre los suyos y mantener los ojos bien abiertos y vigilantes.

Más tarde, Gonzalo y Miguel tomaron rumbos separados. Pasaban muchas horas del día juntos pero, cada uno tenía trabajos distintos.

Miguel conocía bien el movimiento en las calles y aprovechaba su habilidad para hacerse cargo de algunas labores específicas. No era fácil para Gonzalo dejar que Miguel se manejara por su cuenta. Entendía que no era un niño pero tenía solo 19 años. Se tranquilizaba recordando sus 19 años y la seguridad que tenía en aquella época… Mierda! Lidiar con los distribuidores en la calle siempre podía ser peligroso. Algunos eran muy agresivos. Miguel siempre llevaba compañía, sabía defenderse bien… pero el riesgo estaba latente cada minuto que pasaba fuera, los barrios en que trabajaban eran peligrosos. Confiaba en Miguel… más que nadie en el mundo, Miguel era merecedor de todo su amor y confianza… por eso mismo se sentía inseguro. Desde que recibiera aquel balazo, el temor de Gonzalo por la seguridad de Miguel se había intensificado. No sabría cómo seguir viviendo si no estuviera a su lado. Lo necesitaba para poder respirar… Maldición!!..

-. ¿Dónde estás? –

No aguantó y tuvo que tomar el teléfono para llamarlo. Necesitaba escuchar su voz.

-. Tenemos un pequeño problema pero lo estoy solucionando– Miguel sonaba seguro

-. ¿Qué problema?

-. Te cuento después

Se tuvo que morder la lengua para no gritarle que le explicara ahora mismo y se alejara. Que enviaría a alguien más a resolverlo.

No podía hacerle eso. No lo avergonzaría delante de su gente.

-. Está bien. Apresúrate- ordenó cortante

-. Si, patrón. Como ordene – Respondió Miguel en evidente tono de burla.

Colgó sintiéndose más tranquilo y comenzando a dibujar esa sonrisa torcida, tan peculiar… Si Miguel podía bromear con él entonces todo estaba bien… si hubiera peligro se mantendría serio y cortante…

Mocoso del demonio

Se había burlado de él y lo había excitado

Se lo haría pagar…

Por la mente de Gonzalo pasó el recuerdo de la primera vez que vio a Miguel disfrutar del dolor… Siempre era hermoso, sobre todo desnudo, sudado y gimiendo aprisionado entre sus brazos… pero la expresión de su rostro y la respuesta de su cuerpo cuando se mezclaban el placer y el dolor era sublime…  Ansiaba verlo nuevamente…

Se reclinó en su sillón dejando de lado todo lo demás sobre su escritorio…

Miguel era un masoquista…

Lo sabía con absoluta certeza… disfrutaba del dolor hasta cierto nivel y él estaba más que dispuesto a proporcionárselo para llevarlo al éxtasis. Anhelaba ser quien liberara todos los demonios internos de Miguel y le dejara el alma crudamente expuesta para el placer…

Se llevó las manos a sus sienes, masajeándolas lentamente…

Tenía que encontrar la forma de vencer todos los miedos de Miguel… tenía que hacerlo él mismo ya que era el único culpable de que esos miedos estuvieran instalados en él…

Recordar lo que le había hecho aquella maldita noche le provocó un dolor agudo en el pecho… movió la cabeza negando… borrando la imagen que le mostraba su mente… no pasaba ni un día de su vida sin arrepentirse aunque jamás lo mencionaba. No se explicaba cómo había podido hacerlo… maldición!! Recordarlo era volver a sufrir un poco cada día…

Amaba a Miguel como jamás imaginó ser capaz de sentir… Cada gesto, cada sonrisa, cada milímetro de su cuerpo… mierda!! Si hasta amaba las rabietas del mocoso!!!

Miró el reloj deseando que llegara pronto.  Se encontraba lleno de sentimientos de amor, deseo y protección por él… quería…

-. Tienes que explicarme esta idiotez!!! 

Lidia entró a su oficina tal cual entra un huracán. Las manos de golpe encima de su escritorio y una mirada asesina sobre él. Gonzalo ni siquiera tuvo tiempo de cambiar elswitch mental. Tuvo que aterrizar de golpe.

-. Buenas tardes, hermana querida. ¿Qué puedo hacer por ti?

– No empieces Gonzalo. Estoy muy molesta

-. Si. Me di cuenta. ¿La razón?

-. Necesito a Karina conmigo. No quiero que se vaya al norte

Lidia encolerizada frente a él… la mente de Gonzalo buscaba rápido entender que estaba sucediendo… Karina?.. norte?… “cambios en seguridad” había dicho Andrei esa misma mañana… ¿Por qué demonios enviaba a Karina al norte?…

Se puso de pie y aprovechó esos segundos para buscar explicaciones que no encontró…

-. ¿Por qué se va al norte? – preguntó vencido. Odiaba no saber lo que pasaba en su propia familia y tener que preguntar.

-. LO SABIA!!  Sabía que no era orden tuya!!! Maldito!!

Gonzalo sujetó la muñeca a su hermana que partía indignada de vuelta

-. Eh, eh… alto ahí!! ¿Qué está pasando aquí?- ahora ya no le parecía gracioso nada de esto y quería explicaciones serias. Lidia y Andrei eran parte importante de sus pilares de apoyo para que todo funcionara bien.

-. Andrei la manda al norte para deshacerse de ella. La está castigando y no voy a permitirlo –

-. ¿Castigando por qué?

Hubo un momento de pesado silencio y miradas fijas…

-. Porque me besé con ella y Andrei está celoso

La mano de Gonzalo que sostenía la muñeca de Lidia resbaló lentamente sin necesidad de que la moviera conscientemente… ladeo la cabeza para poder expresar con toda claridad su absoluto escepticismo… los ojos oscuros fijos en ella, procesando lo que escuchaba… Esto explicaba la resaca de Andrei y su actitud en la mañana…

¿Qué demonios había pasado anoche???!!

Gonzalo levantó sus manos pidiendo tiempo…

-. Lidia, siéntate – ordenó indicando el par de sillones – y empieza a hablar. Todo. Ahora mismo