Miguel Capítulo 55 – Fin Primera Parte.

0

Capítulo 55

El sol apenas comenzaba a calentar la fría mañana en el desierto. Miguel ya estaba afuera, disfrutando de las únicas horas placenteras en aquel aislado lugar… olvidado hasta de la benevolencia del clima… un calor abrazador durante el día, fácilmente sobre los 30 grados, para luego, al anochecer, descender vertiginosamente hasta llegar a marcar bajo cero… las horas del amanecer eran las únicas horas agradable en que la temperatura era adecuada.  Se lo había enseñado Karina. Se habían vuelto algo parecido a amigos en la extrema soledad de aquel paisaje. Al menos era alguien con quien conversar para evitar volverse loco sumido en sus propios pensamientos.

Miguel estaba sentado sobre las rocas altas que disimulaban la entrada a la “casa-refugio”; su espalda apoyada en lo que parecían paredes de rocas arenosas… sostenía un tazón de café pero no bebía… inmóvil, miraba fijamente lo que hacía Karina.

Se movía cautelosa… como un animal al acecho… agarrada de las rocas, casi en cuatro patas… levantó su brazo y en un movimiento extremadamente rápido de su mano, se desprendió del cuchillo que atravesó raudo, silbando en el aire…

Karina siguió el movimiento con los ojos… exactamente hacia donde ella lo había enviado.

La lagartija había salido a disfrutar de los rayos del sol sobre su grisáceo cuerpo entumecido. Posada sobre lo alto de las rocas. Comenzaba recién a adquirir unas hermosas tonalidades azul verdosas. Quieta… distraída… los rayos la adormecían.

El cuchillo se clavo de lleno en ella, atravesándola.

-. Te lo dije!!- exclamó Karina triunfante.

En un par de movimientos, recuperó su cuchillo, desechando el pequeño cadáver. Bajó de las rocas con una impresionante destreza y de un rápido salto, se sentó cerca de él. Todo en esta mujer era ágil y un tanto animal.

Tomó su tazón y comenzó a beber.

-. Ya me convenciste.

La había desafiado, solo por entretenerse… el aburrimiento de las horas muertas en el maldito desierto los llevaba a buscar entretención en cosas como lo que acababa de suceder.

Siguieron juntos en silencio, disfrutando calentarse bajo los primeros rayos del sol… ya dentro de unas horas se volvería insoportable.

Karina cerró los ojos y reposó su cabeza sobre la roca. Un extraño gesto de confianza en Miguel… esa mujer siempre estaba atenta y vigilante.

Miguel la observó de reojo. No terminaba de decidirse respecto de Karina… era muy delgada, todo fibra y músculos, entrenaba y se ejercitaba muchas horas en el día como forma de entretención. No había un gramo de coquetería en ella. Su pelo era oscuro y corto… sus ojos igualmente oscuros y grandes… a veces, en las raras ocasiones en que sonreía, parecía casi bonita… cuando lo miraba atenta, con sus grandes ojos fijos en él, Miguel sentía que quizás podía confiar en ella…  pero luego, muy de prisa,  volvía a ser una mujer dura y su encanto desaparecía junto a la sonrisa. Para el caso… no importaba mucho… era la única persona disponible. Podían hablar… compartir los pensamientos al menos. Tenían mucho en común.  Con cautela… lentamente, se fueron soltando trocitos de información sobre cada uno… era como un juego de equilibrios… Miguel contaba algo de su vida y Karina retribuía la confianza platicando algo sobre ella… balanceaban la información delicadamente… los dos desconfiados por naturaleza.

Fue así como Miguel se enteró de la soledad y el abandono en que había crecido. Fue una chica criada en la calle, sin padre conocido y una prostituta por madre… se volvió fuerte y aprendió a usar los cuchillos para defenderse de los ocasionales amantes de su madre que intentaban sobrepasarse con ella… olvidaban que la hija no estaba incluida en el precio. A Miguel le recordaba la historia de las chicas que había conocido en el barrio donde creció. Entendía muy bien su historia.  Hasta que finalmente, Karina hirió a uno en forma seria y tuvo que huir. Fue el mejor cambio de su vida. Reclutada por uno de los hombres de Don Jaime, creció a su alero y comenzó a trabajar para ellos a los 16 años. Ahora tenía 26, jamás había salido de la ciudad del norte o del desierto, nunca se había enamorado tampoco.. no creía en el amor.. Estaba lista para cosas mejores pero al parecer todos habían olvidado su existencia. Era tremendamente desconfiada. No tenía aspiraciones de familia… ni siquiera tenía amigos. Miguel era, tal vez, la primera persona con la que conversaba más que un par de saludos.

Él había aprendido a admirarla de a poco…  esas habilidades que tenía  la convertían en una asesina en potencia… peligrosa, sigilosa… Primero fue “Sombra” el tema que los unió… La mujer cambiaba su gesto brusco y rudo cuando el cachorro estaba cerca de ella… hasta parecía casi tierna… Nadie se atrevía a decirle nada ahora y ella desplegaba un instinto de protección y cariño hacia el animal, sin importarle la presencia de Miguel o Leandro.

El día que Miguel finalmente se quejó del encierro y el aburrimiento, el calor y la soledad, Karina no dijo nada pero a la mañana siguiente, muy temprano, aun estaba oscuro, entró a despertarlo con un tazón de café fresco y lo invitó a salir con ella afuera. Le enseñó a disfrutar de las mejores horas del día.

La rutina había cambiado en aquel lugar. Ahora era Leandro quien se quedaba siempre mientras ellos dos atendían las entregas cada noche. Habían aprendido a sentirse cómodos en presencia del otro y les gustaba salir juntos. Corrían incansablemente en sus motos por las arenas del desierto, al anochecer. Karina era una excelente competidora. Leandro veía todo con sospecha y molestia. Era un hombre algo grueso y de baja estatura aunque ágil e inteligente. Llevaba más de 12 años trabajando en el desierto y había pasado por mucho. Era el que mejor conocía los negocios de Don Jaime en la zona y estaba irritado por la presencia de Miguel. Don Jaime mismo lo había llamado para explicarle que Miguel sería el nuevo encargado. Debería haber sido él. le correspondía. Por eso no le gustaba Miguel.

Terminaban el café. “Sombra”  salió caminando lentamente del refugio y se acercó a ellos…  Karina lo llamó y comenzó a acariciarlo… Miguel la miraba y sonreía… le hablaba como si fuera un niño.

-. Estas muy solito, ¿no es así?… necesitas perritos amigos… pobrecito…

El cachorro se retorcía y se amoldaba a los cariños de la mujer

-. Todos estamos solos- sentenció de pronto Miguel con voz grave… recordando la razón por la cual había ido a parar donde estaba. Le esperaban años de soledad en este lugar… Pasaría mucho tiempo antes de que Don Jaime le permitiera regresar a la ciudad… además… ¿a qué diablos iba a regresar?… respiro sintiendo el aire, que ya se entibiaba, llenar sus pulmones… siempre estaría el riesgo de encontrarlo… ¿Qué estaría haciendo…? No!!. No.. no.. no iba a comenzar el día amargándose. No quería pensarlo… no quería recordarlo… necesitaba unos minutos de paz sin él en su memoria… a veces rogaba por alguien que abriera su cerebro y le removiera todos los pensamientos y sentimientos relacionados con… con él. Cada vez que lo recordaba era igual… los sentimientos subían a flor de piel y un candado se cerraba en su garganta, ahogándolo… impidiéndole respirar con normalidad y amenazando con mojar sus ojos… Mierda!!… como dolía Gonzalo en todo su cuerpo…

-. ¿Por qué estas solo Miguel?- interrumpió Karina.

Era primera vez que ella se atrevía a preguntar algo directamente… el rostro de Miguel expresaba tanto dolor que no había podido aguantarse… ¿Qué entristecía tanto a Miguel?

-. Es una historia muy larga…

No estaba seguro de tener ganas de contar la historia… significaba recordarlo… revivir el dolor. Se mantuvo en obstinado silencio, Karina no insistió. Era una ley entre ellos. Se entendían bien. Los minutos pasaron en silencio.

-. Miguel – Leandro salía del refugio –hay un mensaje importante

– ¿De qué se trata esta vez? – pensó en alguna entrega especial.

– El jefe viene de camino

Leandro lo miraba esperando alguna reacción especial… en los doce años que llevaba trabajando para Don Jaime jamás habían tenido una visita importante.

Miguel le devolvió una mirada tranquila…  ¿Qué importancia tendría la visita del jefe de la ciudad cercana?

-. ¿Qué jefe?- pregunto Karina sabiendo que nadie llagaba nunca hasta ellos

– Don Jaime – contestó Leandro

Entonces si reaccionó… su cuerpo se tensó y su mente se volvió alerta… miró a Leandro… esperaba que le confirmara que estaban hablando de la misma persona

-¿Don Jaime?- repitió sin darse cuenta

Leandro se encogió de hombros… no tenía más que decir que repetir lo que le habían informado

-. Solo me dijeron que el gran jefe venia de camino

-. ¿A qué viene?- preguntó rápido

– No dijeron… llegará dentro de poco.

Se miraron los tres. Miguel se puso de pie… Tomó a sombra entre sus brazos y cruzó por detrás de Leandro para entrar a la casa…

Don Jaime venía de camino… ¿a qué? ¿por qué?… Le había dicho que estaría aislado y solo… que no sabría de nadie en mucho tiempo… el negocio… las entregas, todo funcionaba bien!!!… no tenía nada que hacer aquí!!… ¿a qué diablos venía entonces?… ¿a reírse de él?… ¿a contarle como se veía de hermosa la novia?… ¿lo bien que estaba Gonzalo?… ¿los detalles de la magnífica boda?.

Cerró la puerta del dormitorio con fuerzas y se quedó quieto con Sombra entre sus manos… sintiendo… pensando… todo volvía… todo lo que quería eliminar y borrar… la sola presencia del padre de Gonzalo traía todo de vuelta, incluyendo el peso que oprimía nuevamente su cuerpo… ¿cuánto tiempo iba a estar sufriendo por él?… sabía que nunca iba a olvidarlo… era como una marca a fuego vivo en su piel, en su mente… en su alma… pero no esperaba que su ausencia fuera tan extremadamente dolorosa… como si le hubieran amputado una parte de su cuerpo… lo extrañaba… mucho.

Se dejó caer en el piso resbalando despacio… Sombra escapó de sus brazos… lo miraba con sus grandes ojos de cachorro… Miguel contenía las lágrimas…  Mierda!! ya había llorado demasiado. Comenzó a sentir rabia. Estaba cansado de que le doliera… Don Jaime… solo venía a demostrarle como lo había vencido… ¿a qué más podía venir?… ah si… también podría ser que quisiera deshacerse de él para siempre… ahora que Gonzalo ya tenía una nueva vida, quizás él no era necesario en ninguna parte de este mundo ni nadie lo protegía ni se acordaba de su existencia… solo su madre y su hermana lo extrañarían…

El dolor fue reemplazado por sentimientos de rabia.

-. No me va a ver derrotado… no

Aunque viniera a burlarse, iba a demostrarle que era un sobreviviente y que estaba bien.

– Estoy bien sombra… estoy bien-  habló con su perro, comunicándole su decisión.

Unos minutos después se escuchó en el aire el ruido lejano de un helicóptero que se acercaba.  Miguel estaba tenso… preparándose física y mentalmente para enfrentar al viejo.  Actuaría frío e indiferente. Cortante. Ya no tenía nada más que perder… lo había perdido todo…  solo tenía su orgullo para sostenerse… no le daría la satisfacción de verlo derrotado y sufriendo.

Se lavó la cara. Se detuvo frente al espejo y ensayó una cara de tranquilidad junto a una cínica sonrisa de bienvenida… la misma que se reserva para una alimaña ponzoñosa…

El sonido del helicóptero acercándose crecía. Ya debía estar a punto de aterrizar. Se miró una vez más al espejo confirmando su rostro en él y abandonó la seguridad de su refugio privado. Afuera de la casa, Leandro y Karina miraban el transporte con desconfianza y sorpresa.

-. Iré a recibirlo– Sentenció Miguel. Los otros dos quedaron esperando. Miguel bajaba por el camino entre las rocas mientras el helicóptero se posaba en tierra a una cuadra de distancia.

-. Aquí vamos, Don Jaime. Puede comenzar su fiesta si quieres… no le voy a dar en el gusto- masculló entre dientes para sí mismo, mientras comenzaba a caminar hacia el helicóptero.

 

GONZALO

Había viajado esa misma noche hasta la ciudad del norte. Llegué de madrugada y fui recibido por nuestro personal en la ciudad. En cuanto llegue di instrucciones de tener un helicóptero con piloto a mi disposición de inmediato.  Andrei quiso viajar conmigo pero lo necesitaba en la ciudad. Daniel y Lidia no tenían suficiente experiencia para mantener todo funcionando bajo control. Desconocían muchas cosas. Le hablé claro. Había mucho que hacer y yo era quien tenía que estar a la cabeza de todo… pero en mi mente primaba la urgencia de encontrar a Miguel. Su ausencia me estaba enloqueciendo. Para poder ocuparme de encontrarlo necesitaba la tranquilidad de saber que los negocios estaban en buenas manos y en las únicas manos que confiaba ahora, eran las suyas. Había muchas personas de confianza de mi padre… pero no de la mía. Andrei entendió.

Me llevó hasta el aeropuerto. Me sorprendió encontrar un par de nuestros hombres de confianza esperando junto al jet.

-. Viajaran contigo. Eres el jefe ahora. Necesitas protección permanente- dijo con un dejo de burla…

Sonreí aceptándolo. Ni siquiera lo había pensado… mi mente estaba solamente enfocada en Miguel.

-. Lidi y Daniel tienen su propia protección

Andrei estaba pensando en todo. Desde que le había contado que mi padre no volvería a ser el mismo ya nunca más, unas cuantas horas atrás, Andrei había tomado el control en sus manos, tomando decisiones y realizando movimientos estratégicos. En solo unas horas me pidió autorización para cambiar muchas cosas. Andrei estaba manteniendo la cabeza fría. La noticia de mi padre nos afectaba a todos… incluyendo a las demás familias. Cualquier cambio de jefe en una familia ocasionaba mucho revuelo y había que dar señales claras. Era lo que estaba haciendo Andrei.

Nos despedimos con un abrazo y un fuerte apretón de manos.

-. Tráelo de vuelta…

– Lo haré

Sonreí nervioso ante la perspectiva y comencé a subir al jet. Mis hombres subían tras de mí. Tendría que acostumbrarme a ellos.

-. Aunque tengas que amarrarlo…

Andrei río y se encaminó hacia el vehículo que esperaba para llevarlo de vuelta a la ciudad.

Despegamos. El avión se elevaba a la misma velocidad que crecía mi ansiedad. Amarrarlo?… ¿podría Miguel, tal vez, negarse?.. no. Esa perspectiva ni siquiera había pasado por mi mente. Solo quería encontrarlo y… decirle que lo amaba, que había dejado todo por él… que era lo más importante en mi vida… sentía la necesidad de hacerle saber lo importante que era… pedirle perdón por mi estupidez…  Mierda!!… Debería habérselo dicho tantas veces antes… cuando me miraba con sus ojos llenos de dolor suplicando sin palabras que no lo abandonara…  cada vez que le dije algo que lo hería… NO. Miguel estaba enamorado de mi… yo lo estaba de él… nos necesitábamos para poder seguir viviendo… todo iba a estar bien ahora.

Cerré los ojos imaginando… Moría de ganas de verlo y abrazarlo. Habían pasado tantas cosas en las últimas semanas… mi vida había cambiado… tenía el poder y el control… de ahora en adelante tendría la libertad para hacer lo que quisiera… y mi única prioridad mayor era él… sin el mocoso nada tenía sentido… me ocuparía de todo cuando volviera, pero ahora… necesitaba de él… más que del aire mismo.

El helicóptero despegó cuando el sol apenas comenzaba a nacer entre las montañas de Los Andes… El piloto conocía el camino. Era un hombre experimentado que trabajaba para mi padre desde hacía años… era el encargado de trasportar las entregas difíciles y eludir los controles aéreos.

El encargado en la ciudad me indicó que avisaría a los residentes de la casa para que me esperaran. Tenía que ser así para no ser recibido con balas. Le ordené que solo anunciara la visita del jefe. Sin dar ningún nombre. No quería poner a Miguel sobre aviso… quería ver su rostro de sorpresa… sentir de cerca su emoción, cuando se diera cuenta de lo que estaba pasando… ¿se sentiría igual a como me sentía yo en esos momentos? ¿Se alegraría? Los minutos pasaban…

Mantenía mi rostro serio frente al piloto y los guardaespaldas… por dentro… ansiedad… excitación… entusiasmo… anticipación…  todos los sentimientos revoloteaban en mi estómago y en mi mente… sonreí aún con los ojos cerrados… mira lo que has hecho de mi mocoso… pensé casi riendo…  me has convertido en un idiota enamorado que siente mariposas como una quinceañera ante la posibilidad cierta de reencontrarte.

-. Allí es

El piloto señaló una serie de pequeños cerros donde no se distinguía nada especial. No sé que esperaba… solo sabía, que entre aquellas sombras rocosas estaba Miguel…

 

MIGUEL

El helicóptero se posó en tierra, a unos 100 metros de la casa. Esperé un momento, mientras las aspas dejaban de levantar arena y comencé a acercarme. La puerta se abrió pasados unos minutos. Caminaba con pasos ágiles y la cabeza en alto… si Don Jaime pensaba verme triste o agobiado, se iba a llevar una buena desilusión. Le daría mi mejor espectáculo. Un hombre bajó del helicóptero… Un guarda-espalda… lo reconocí por su actitud… miraba hacia todos lados buscando peligros inexistentes en esta latitud. Al mirarlo más detenidamente me sorprendió reconocerlo… lo había visto antes… no era uno de los hombres habituales de Don Jaime. Lo conocía… era uno de los hombres de Gonzalo… ¿Qué sucedía?… Él viejo jamás cambiaba a sus hombres cercanos.  Seguí caminando, ya estaba a mitad de distancia. Algunas alarmas disparadas en mi cabeza… Alguien más comenzaba a bajar… miré la nueva silueta que se dibujaba contra el helicóptero… … …

Mis pasos murieron enterrados en la arena…

Mi cuerpo se volvió de plomo y no pude dar un paso más…

Mi respiración perdió su ritmo al igual que los latidos de mi corazón…

Lento… muy lento, mi cerebro fue capaz de reconocer a la persona que acababa de descender y que fijaba sus ojos en mi, a unos 20 metros de distancia…

Gonzalo…

Escalofríos… incredulidad total… mis manos se volvieron un puño tan firme que llegaban a doler… todo dolía nuevamente… Gonzalo…  jeans oscuros, camisa blanca, actitud arrogante… como siempre… Me había quedado inmóvil… solo atinaba a mirarlo fijamente y a tratar de entender lo que mis ojos veían pero mi mente se negaba a reconocer como real… Gonzalo??… ¿por qué?… completamente aturdido y en blanco.

-. No…

El monosílabo escapó muy callado de mi boca junto al poco aire que aun quedaba en mis pulmones… mis piernas se negaban a moverse…  solo podía mirarlo, esperando despertar de un absurdo sueño… Dios!! No era sueño ni pesadilla… estaba aquí… Gonzalo estaba aquí!!!

– No…- mi voz sonaba como un quejido lastimero.

Me había escapado hasta el lugar más remoto y solitario… había soportado un infierno de mierda para no verlo más…  para eliminarlo de mi vida para siempre… olvidarlo… y aquí estaba nuevamente… enloqueciéndome… jugando con mi cordura… mis pensamientos se atropellaban en mi cerebro.. ¿Qué hace aquí?… ¿Qué hace aquí?…

 

ENCUENTRO

Gonzalo lo había visto antes de descender… el corazón le dio un vuelco en el pecho, emocionado… Miguel!!!… era Miguel el que avanzaba a su encuentro… reconoció su caminar… sus forma… se agitó entero… sonrió y lo siguió con los ojos… su mocoso… se movía orgulloso…  deseó estar ya a su lado…  avanzaba altivo y confiado hacia el helicóptero… ¿Cómo reaccionaría al verlo?.  Descendió ansioso, sus ojos aun clavados en él… se quedó un instante de pie… su cuerpo entero le pedía correr hasta Miguel con una emoción tan grande que amenazaba con derrumbarlo… se sostuvo del helicóptero un segundo… acostumbrándose a la temperatura y a la impresión de tenerlo allí tan cerca… sus ojos volvían a llenarse de él…  se miraron en la distancia.    Al reconocerse, lo vio perder todo su aplomo y, tal como en las leyendas, convertirse en una estatua de arena. Miguel frenó en seco y se quedó inmóvil.  Gonzalo sabía que lo había impactado… no lo esperaba. Tomó aire… tranquilizándose… ahí estaba… por fin Miguel estaba a su alcance nuevamente… su vida volvía a estar bien solo por verlo. Sentía alegría… inquietud. No lo sabía pero estaba sonriendo… Comenzó a caminar, sin dudar ni detenerse.  Ya no quería demorarse ni un segundo más…

Miguel no se movía… lo miraba expectante… con sus ojos oscuros clavados en él… el corazón martilleaba en su pecho. Gonzalo tampoco quitaba sus ojos de Miguel… la distancia se acortaba con cada paso que daba…. las emociones que los consumían se iban reflejando en sus miradas…

Gonzalo se detuvo cuando estuvo a un par de pasos de Miguel… sosteniendo su cuerpo firmemente plantado sobre la arena… ojos anclados en los otros ojos…  aguantándose las ganas de envolverlo en el más fuerte de los abrazos y comerle la boca a besos.

El silencio era tenso… angustiante

-. Hola, Miguel

Conseguía mantener el tono de voz calmado y firme, en cambio Miguel sentía que no podía hablar…

-. ¿Qué haces aquí?- lo taladraba con sus ojos, brasas brillantes…

Gonzalo desvió su mirada un instante. Miguel lo estaba mirando con rabia… herido

-. La verdad?…- lo pensó un segundo. ¿Iba a enojarse aun más?

-. ¿Cómo me encontraste?… – las preguntas se atropellaban en su mente… estaba asustado

-. No fue nada fácil-

… y esto tampoco lo es… pensó Gonzalo. Quería calmarlo… decirle que todo iba a estar bien. Su cuerpo le pedía a gritos estrechar a Miguel y protegerlo de él mismo

-. No debiste venir… – su rostro adquiría un rictus de dolor…

-. Miguel…

Su resistencia se agotaba… Miguel estaba sufriendo de nuevo y ya no quería causarle más daño… se sentía suficientemente culpable de todo lo que le había provocado. Dio un paso hacia adelante con la intención de abrazarlo, sin importarle nada más, pero entonces el cuerpo de Miguel reaccionó instintivamente dando uno más grande hacia atrás… lo miró con espanto… no quería que lo tocara.

-. Vine a buscarte Miguel…- confesó abrumado

-. Prometiste no hacerlo…

Su voz se estaba quebrando… su cuerpo entero, su mente… todo se estaba trizando y llenado de grietas… Gonzalo estaba frente a él… el hombre que amaba, a quien llevaba metido en lo profundo de su alma… había vuelto… “vine a buscarte…”…  No.. no.. no quería que lo buscara… quería que lo dejara tranquilo, que jamás hubiera aparecido..

– Tú prometiste esperarme

Gonzalo avanzó otro paso. Miguel no se movió pero endureció su postura, sus músculos se tensaron y su mandíbula se cerró firmemente. Desafiante… asustado… un animal herido a punto de atacar.

-. Te mentí– respondió cortante

Gonzalo recibió el golpe expresado en palabras. Lo conocía tan bien y podía leer claramente como estaba de asustado y nervioso… Dios!! Si solo pudiera gritarle la verdad aquí mismo…

-. Necesitamos hablar en privado

Miró hacia la casa donde Karina y Leandro destacaban contra muralla de arena

Los guardaespaldas se mantenían a prudente distancia pero lo suficientemente cerca como para escuchar lo que hablaban…

Miguel no dijo nada pero su cuerpo, por fin, atinó a moverse en forma normal. Caminó inseguro delante de Gonzalo, intentando aparentar una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir… todo se le atropellaba en la mente… Gonzalo caminaba detrás de él!!!… aquí!!Mierda!!!  Se había preparado para enfrentar a Don Jaime pero su fortaleza se había hecho añicos al darse cuenta de que era Gonzalo quien descendía del transporte.

Al llegar junto al resto de los habitantes del refugio, Gonzalo se detuvo un momento a saludarlos.

Miguel aprovechó el instante y siguió caminando directo hacia la privacidad de su dormitorio. No debía hacerlo…  pero necesitaba estar a solas un momento, tenía que ordenar sus pensamientos y el caos en que su mente y su corazón se habían convertido desde el momento mismo en que vio a Gonzalo … tranquilizar su mente y su cuerpo… dejar de temblar.

Cerró la puerta… se quedó de pie en el medio de la habitación… todo giraba… estaba confundido.

Buscarlo?… ¿venía a buscarlo?… pero que mierda se creía que era??!!… un egoísta insufrible… lo quería todo!!! La esposa, el poder y el amante!!!… se le llenaron los ojos de lagrimas y el pecho de un dolor ciego… el amor dolía, físicamente… respirar… solo respirar, aguantando el dolor… con ambas manos se cubrió el rostro y entonces lo sintió… algo caliente y dulce que se formaba en su interior… una especie de bola de energía caliente que se extendía despacio por su cuerpo borrando y anulando el dolor… felicidad… amor… su parte ilógica disfrutaba saber que había venido a buscarlo… que también lo necesitaba… pero no… no podía… le había prometido dejarlo tranquilo pero no cumplía … ¿Qué iba a hacer ahora?… estaba escondido en el lugar más remoto del mundo y protegido por un hombre más poderoso que Gonzalo que le había jurado que jamás lo encontraría… ¿qué hacía ahora entonces??!!!…  ¿de qué valía todo el sufrimiento si estaba de vuelta?… la maldita bola seguía creciendo… amenazando con arrastrarlo… Gonzalo… tan hermoso como siempre… Dios!! Sacudió la cabeza… no quería sentirlo… porfiadamente seguía aumentando… Un instante… solo un instante para analizar lo que había visto… cerró los ojos húmedos… visualizó a Gonzalo caminando hacia él unos minutos atrás… y entonces rompió en un llanto que lo obligó a taparse la boca para no ser escuchado…  Cuanto amaba a ese hombre… lo adoraba… pero era imposible! Lo sabía… no podía ser tan idiota pero… una parte de su ser estaba feliz… era un imbécil, un débil, un mocoso de mierda enamorado y como tal sentía las rodillas flaquear y su cuerpo entero temblar… Gonzalo había venido por él…

Los golpes en la puerta lo hicieron saltar. Miró la puerta con rabia… con miedo. No estaba listo… nunca iba a estar preparado para hablar con él… Era el jefe… era Gonzalo… tenía que abrir antes de que se le ocurriera echar la puerta abajo y arrastrarlo… lo creía capaz… había visto la decisión en la mirada de Gonzalo cuando dijo que venía por él.

Reunió coraje… mierda… ¿Cómo era posible que se sintiera así?… frente a la puerta, aún cerrada, sabiendo quien estaba del otro lado, Miguel se secó los ojos y respiró varias veces hasta calmarse. Maldecía no haber tenido tiempo suficiente para pensar qué decirle… los nervios no lo dejaban razonar.

Abrió y se giró de inmediato, sin mirarlo…  tan cerca… tan afectado por su presencia en la habitación… no quería que viera su rostro ni leyera sus ojos… lo escuchó entrar en su habitación.

Gonzalo caminó hasta quedar de pie detrás de él.

-. ¿Podemos hablar?

Para qué preguntaba… estaba aquí, no?… invadía su refugio privado… le alteraba toda la vida… No sabía que tanto le temblaría la voz

-. ¿Por qué viniste?

Lo escuchó suspirar ampliamente antes de responder

– Ya te lo dije. Vine por ti.

– ¿Qué?… ¿no te basta con tu..?

-. No puedo vivir sin ti

Mierdaaaa!!! sus palabras eran un bálsamo para su intenso dolor… una caricia… una locura… se mordió los labios hasta que comenzó a doler mucho. No podía ceder… su orgullo era lo único que le quedaba… Gonzalo lo había despojado de todo lo demás pero su orgullo estaba vivo.

-. Entonces ya puedes largarte por donde mismo llegaste– había sonado frió, duro.

Gonzalo estaba más calmado de lo que esperaba. Ver a Miguel lo tranquilizaba… se disolvía la angustia de su ausencia. Lo observaba atentamente. Ante él… de espaldas… su Miguel… el mocoso que se había robado la tranquilidad…  se lo comía con la mirada… estaba hermoso… su piel tostada por el sol del desierto, sus brazos tensos… su pelo un poco más largo que antes… brillante… siempre.  Con sus ojos recorría las suaves curvas de su cuerpo… notaba la tensión, el cuello contraído, lo puños cerrados, la cabeza altiva… los músculos de las piernas duros, los brazos pegados al cuerpo… Miguel estaba sufriendo y aguantando. Ya estaba bueno… no había razón para seguir alargando esta tortura sin sentido.

-. No voy a irme sin ti- decidido, cubrió la corta distancia que los separaba. Supo que Miguel se daba cuenta porque la tensión crecía en su cuerpo

-. Miguel?…- llamó muy bajito…

Miguel no se dio vuelta…  no quería… su rostro era una masa de emociones incontrolables… estaba detrás suyo… lo escuchaba… su respiración cercana… el calor de su cuerpo…

Gonzalo no podía evitarlo. Miguel era un magnetismo que lo atraía… Sus manos se atrevieron a tocarlo con cuidado… lentamente en su cintura… tentativas… ligeras… la sensación en sus dedos, al volver a tocarlo, era pura magia.

Miguel temblaba entero… rabia?.. dolor?… miedo?… todo se juntaba en un remolino de emociones que lo sacudían sin control. Al sentir las manos de Gonzalo en su cuerpo algo estalló en su interior y la furia comenzó a salir por su boca… se giró bruscamente para enfrentarlo a gritos… quería abofetearlo… ¿Por qué no?… su cuerpo respondió más rápido que su mente y sin pensarlo siquiera, ejecutó un movimiento que llevó toda su fuerza en un golpe directo al rostro de Gonzalo… se sintió bien… descargar su odio directo en su rostro… ver sus ojos sorprendidos…  quería más… golpearlo hasta hacerlo desaparecer… se movía inquieto… las manos levantadas y lista para el siguiente golpe…

Gonzalo se tambaleó y retrocedió debido al impacto… su rostro se volvía rojo y adolorido… ¿golpes?… mierda!!!… tendría que  calmarlo.

Miguel estaba enloquecido… los ojos muy abiertos y atentos… el cuerpo en tensión… moviéndose inquieto…  toda la rabia, la humillación y el dolor acumulado, hervían en su interior provocándole nuevamente la sensación de abandono y traición… como se atrevía a decirle que venía a buscarlo??… cómo osaba??? Le había prometido dejarlo en paz…

Cuando Gonzalo estuvo firme nuevamente, Miguel descargó un nuevo golpe… rápido, silencioso… Gonzalo levanto sus manos instintivamente en un gesto de auto-protección… soportó el nuevo golpe cayendo hacia atrás… los muebles sonaban y caían, una silla se rompía con el peso de Gonzalo…

-. Miguel!!!- gritó intentando calmarlo

El sonido de su voz fue un nuevo detonante… todo la furia que sentía salió expresada en hirientes palabras… gritaba

-. ¿No vas a irte sin mi?!!!… ¿Qué pasa contigo?!!… no te basta con lo que ya tienes… eres un egoísta de mierda

Volvía a golpearlo… con los pies y las manos… le gritaba como un desquiciado… tanta su furia y descontrol que no se daba cuenta que Gonzalo no respondía… solo recibía los golpes poniendo sus manos como barrera, pero sin levantar una mano contra él

– Ya hiciste mierda mi vida.. ¿qué más quieres??!!!

El último golpe fue el más fuerte… en el hombro derecho de Gonzalo… lo empujó fuerte hacia atrás haciéndolo girar,  arrastrando a su paso algunos muebles y logró dejarlo sentado en el suelo. Miguel iba a la carga de nuevo cuando cometió el error de mirar sus ojos… Gonzalo respiraba agitado, su aspecto era terrible y su nariz sangraba… Dios!!! Gonzalo sangraba copiosamente… se detuvo en seco… asustado…  ¿Qué estaba haciendo??… revivió los últimos segundos en su mente… se dio cuenta que Gonzalo podría haberlo detenido… Se había dejado llevar por su rabia y sus miedos… lo había golpeado y ahora sangraba… su corazón sangraba con él. Tomó una toalla de su closet y se la arrojó a la cara.

– Prometiste dejarme en paz!!!

Mierda!!… ¿que había hecho?… las emociones se acumulaban y lo ahogaban… no quería llorar.. Gonzalo estaba en su cuarto… en el maldito desierto… sus brazos cayeron al costado de su cuerpo… la energía desapareció…

– Déjame tranquilo!!!… no te das cuenta de lo que me haces…?- ya no gritaba.

¿Qué le importaba a Gonzalo?..  ¿acaso alguna vez le había importado lo que él sentía??…

Gonzalo se limpió la sangre de la cara y sostuvo la tela apretada fuertemente contra su nariz para contener la hemorragia… esperaba que no estuviera rota… dolía pero no lo suficiente… dolía mucho mas  darse cuenta que entendía la reacción de Miguel… golpearlo..  mierda!.. debió haberlo previsto.. quizás se merecía unos buenos golpes… le había causado tanto daño.  Con cuidado, se puso de pie… su aspecto ya no era tan arreglado. Su camisa manchada sobresalía de un lado… su pelo desordenado y su rostro enrojecido y algo inflamado.

Miguel lo observaba, preocupado… Mierda!! … en su defensa tenía que decir que se lo había buscado!! ¿Por qué diablos aparecía sintiéndose su dueño??… ¿diciéndole tanta idiotez??!!…  corría el riesgo de que él aceptara lo que decía… daba miedo creerle… ¿no se daba cuenta???!! no había nada entre ellos… él se había casado… ya había elegido. Cerró los ojos solo un momento para detener la angustia que lo embargaba y eliminar la imagen que tenía al frente… Gonzalo sangrando… sintió que quería correr hacia él y curarle las heridas que él mismo le había provocado… besar cada golpe que le había dejado en el cuerpo… era un redomado estúpido… no tenía remedio… tan estúpido…

-. Miguel?…- quería acercarse… lo veía complicado y nervioso…  decirle…

La energía se fugaba del cuerpo de Miguel… agachó la cabeza… no sabía que mas hacer… sentía que su cerebro estallaba.

-. No tengo donde más ir… quise poner todo un mundo de distancia entre los dos… quiero olvidarte!!! Sacarte de aquí!!—se tocaba la frente golpeándola con su dedo – tu cumplías tus promesas… confié en que cumplirías!!!

Gonzalo se quedó un momento en silencio… el dolor de Miguel le estaba traspasando la piel y llegando al alma… ¿cómo mierda iba a reparar todo este daño?… verlo así le estaba rompiendo el corazón… todo era su culpa… ¿cómo pudo estar tan ciego?… quería, más que nada en este mundo, hacerlo feliz, verlo sonreír y ser el mismo mocoso alegre, orgulloso y desafiante del que se había enamorado perdidamente. El dolor de Miguel lo obligó a actuar. En un inesperado movimiento, pasó sus brazos por el cuerpo de Miguel, atrapándolo y dejándolo inmóvil… era una jugada arriesgada estando golpeado y adolorido, pero necesitaba hacerlo reaccionar y sacarlo de ese limbo de sufrimiento…

Miguel, luego de reponerse de la sorpresa, se movió bruscamente e intentaba soltarse, pero Gonzalo había anticipado sus movimientos… no lo soltaba… lo doblega con todo su cuerpo… se ubicaba en su cuello, a pesar del forcejeo, y le susurraba directamente al oído

-. Voy a prometerte algo Miguel… – sujetaba con fuerzas, hablaba calmado y muy marcado-  y voy a cumplirlo hasta el fin de mis días- sonaba a amenaza y locura

A pesar de los golpes, Gonzalo aún tenía más fuerza.

Miguel continuaba resistiendo… pero perdía solidez. Se calmó un poco al escucharlo hablar… era tan dulce sentir el calor de su cuerpo pegado al suyo… su fuerza… sus manos aprisionándolo y sus firmes brazos, como tenazas, aferrados a él… la adrenalina corría por su cuerpo… respiraba agitado, casi jadeando… por un breve momento se sintió el chico subyugado que Gonzalo manejaba a su antojo… era tan grato sentirse así… prisionero, sometido y… no… no… NO!!! Esto no estaba bien!!… se confundía,  tenía que enfrentar lo que le estaba pasando…

Entonces Gonzalo murmuró en su cuello… pegado a su oído…

-. Prometo que jamás voy a dejarte… que voy a amarte siempre, mocoso

Miguel lo escuchó y sintió escalofríos… amarlo siempre??...  la voz de Gonzalo en su cuello era un terciopelo suave que lo envolvía y lo arrullaba…  una caricia que lo quemaba…  su piel se erizaba al contacto… necesitaba controlar la agitación que lo estaba convirtiendo en una gelatina a punto de desmoronarse… Amarlo para siempre?… si tan solo fuera verdad… ¿estaba jugando con sus sentimientos? ... ¿por qué le decía cosas que lo ilusionaban?… ¿por qué le decía exactamente lo que quería escuchar?… de pronto se sintió cansado… prisionero entre sus brazos y agotado de luchar… era tanto el dolor… la angustia de saberse rechazado… tanto el amor que sentía… quiso poner su mente en blanco y solo recordar que estaba en sus brazos, sus cuerpos estaban pegados y escuchaba el latir de su corazón… toc… toc…. toc…. El corazón de Gonzalo… estaba apoyado sobre su pecho… la emoción se apoderó de él… todos sus sentidos anulados por el simple hecho de volver a estar sobre el pecho de Gonzalo…

-. No debiste venir…- repitió como un autómata… sentía como se resquebrajaba y se debilitaba…

-. Tenía que hacerlo Miguel…- lo sostenía firme… lo sentía cambiar entre sus brazos… volverse dócil y maleable… abandonar la lucha…

-. Estaba intentando olvidarte… lo habría logrado- entre lágrimas… entrecortado… una última barrera… pero todo estaba perdido ya y lo sabía… se quedó tan quieto… estático, sentía los dedos de Gonzalo en su torso… el roce con el cuerpo de su amado… las manos que lo tocaban se volvieron exigentes y los brazos que lo cruzaban lo estrechaban más y más… Gonzalo se hundía en el hueco de su cuello… besando… Miguel moría lentamente con cada caricia… arrastrado por lo que sentía… superado por sus propios sentimientos

-. Te necesito Miguel… te necesito– Gonzalo comenzaba a confesar la verdad de su corazón. Necesitaba de Miguel para seguir… estaba enamorado hasta la médula de sus huesos…

El cuerpo de Miguel se abandonaba sobre el suyo… la piel de su cuello en sus labios… besó despacio…  demorándose en la caricia… quitando el pelo y chupando con sus labios el trocito de piel expuesta… subió lentamente por la línea de su mandíbula… acariciando con los labios entreabiertos…

-. Gonzalo…- ¿Qué estaba rogando al llamarlo así?… casi gemía su nombre…

-. Miguel…- respondía con igual emoción

Giraba su cuerpo y de frente se miraban… el rostro de Miguel cubierto en lágrimas… sus ojos oscuros, ya mansos… rendidos.

Miguel se impactó al observar su rostro… lo había golpeado feo… pero no tuvo tiempo… de pronto, los labios de Gonzalo se cerraron fieramente sobre los de Miguel… el calor se extendía desde su boca hacia el resto de su cuerpo… tomaban la forma perfecta para besarlo y hacerse dueño de su boca…  con ambas manos  lo sujetaba firmemente… deseoso de este contacto con la intimidad de su boca…  Dios!! Cuanto había anhelado volver a besarlo…

Miguel lo dejaba…  no tenía fuerza alguna para rechazarlo… nuevamente estaba en brazos de Gonzalo y no había nada que pudiera hacer… su boca, húmeda y deliciosa, se apropiaba de la suya… su lengua exigía… ahí estaba el sabor que lo hacía único… el elixir que soñaba cada noche… la boca de su amor… era demasiado… No pudo seguir conteniéndose.  Con extraña vehemencia brotando de su interior, Miguel se aferró a Gonzalo y comenzó a responder, besándolo de vuelta… gruñía… se desesperaba… todas sus intenciones de odiarlo y rechazarlo resbalaban por su cuerpo y se diluían… eran reemplazadas por el deseo irrefrenable de volver a tener su boca… de dar rienda suelta al amor que lo consumía. Pasó uno de sus brazos por detrás de la nuca de Gonzalo, hundiendo los dedos en su pelo,   acercándolo  con fuerza y deseo… Se besaban sin hablar… sin haberse dicho nada aún… pero el deseo de tocarse, de unirse en un beso, era mayor y más urgente que cualquier palabra.

– Te eché tanto de menos, mocoso

Gonzalo lo abrazaba tan estrechamente… Dolía el hombro pero valía la pena… Tenía a Miguel muy apretado entre sus brazos… ya no peleaba… se quedaba apoyado en él… Gonzalo respiraba su olor llenando sus pulmones… sentía oleadas de espesa emoción envolver su cuerpo…  quería gritar de alegría… se sentía caliente… afiebrado… enloquecido

En ese preciso instante, cuando sus labios se separaron, Miguel lo supo… no podía ni quería vivir sin poder tocar esos labios… sin Gonzalo… sintió el peso de lo que hacía…

-. Tu ganas… – reconoció… estaba loco de amor por Gonzalo… se entregaba, se rendía…

Gonzalo entendió lo que Miguel estaba diciendo… lo abrazaba sin poder hablar aun… su ansiado cuerpo tan cerca que anulaba toda su lógica… caía preso de sus propios sentimientos… tenía que decirle de inmediato pero no podía hablar… reía y quería llorar al mismo tiempo… Miguel se reconocía suyo… de la misma forma en que él le pertenecía…

Volvieron a unir sus bocas… esta vez con más pasión en lo movimientos… entregados al placer de reconocerse y volver a tenerse… atropellándose en caricias y buscándose… juntando sus cuerpos y tocándose con impaciencia… un beso… otro… muchos.

-. Miguel… Miguel… te amo…

Lo soltaba solo un instante para poner en palabras todo lo que lo afligía y necesitaba decirle

Miguel quería gritarle que él también lo amaba… que se rendía a la locura… el amor que lo embargaba era más grande que él mismo…  se daba por vencido… era suyo… Gonzalo ganaba la guerra… las lágrimas resbalaban por su cara… se rendía… Gonzalo había venido a buscarlo, le confesaba que lo amaba, que no podía estar sin él… era enfermizo,  pero no podía rechazarlo ya mas… elegía el dolor de ser “el otro”… no quería dejarlo. Si no hubiera venido habría podido seguir… pero ahora… se dio cuenta, con total certeza, que ya no tenía control sobre lo que le pasaba

Gonzalo separó el rostro de Miguel del suyo. Quería mirar sus ojos… escucharlo…

Miguel se movió despacio… recorrió lentamente sus facciones con los ojos y luego, con una de sus manos… toco despacio la piel dañada… real… era real y maravilloso…  era tan hermoso… golpeado..  amoratado… inflamado… seguía siendo el que anhelaba tanto… ya había sufrido demasiado… no podía más. Su rostro seguía mojado de lágrimas aunque había dejado de llorar.

-. Te amo…- lo confesó despacio… casi con dolor reconocía que el amor le ganaba a su orgullo y cordura.

Gonzalo reía abrazándolo… su rostro se iluminaba de locura…  lo tomó entre sus fuertes brazos y lo levantó. Miguel se plegó a su cuerpo, ávido de su contacto… sufría al entregarse así pero era peor no tenerlo…

-. Tengo que decirte algo importante- depositó su preciosa carga en el suelo… sin soltarlo. Miguel lo miraba atentamente.

-. Después que te fuiste… te llamé… no me respondiste

Miguel recordó. El teléfono sonaba con una llamada de Gonzalo y él mismo lo destrozaba. Mantuvo silencio.

-. Te llamé porque necesitaba confesarte algo importante

Gonzalo le hablaba de una forma diferente… había en sus movimientos y en sus palabras una ternura especial… estaba dichoso con anticipación esperando la reacción de Miguel ante lo que iba a decirle…

-. ¿Qué era tan importante?

Gonzalo suspiró. Lo tomó de la mano y ambos se sentaron sobre la cama de la habitación… con la mano de Miguel entre las suyas… muy cerca uno del otro

-. Iba camino del puerto… pensando en lo que me esperaba…-

Lo sintió tensarse… todo el cuerpo y los sentidos de Miguel se ponían en alerta… sus ojos se endurecían… intensificó las caricias en su mano.

-. No quiero saber nada de… “eso”- pidió Miguel en voz baja pero con evidente molestia en la voz. Se daba por vencido… aceptaría lo que fuera pero no quería pasar por la humillación de saber ni ver a la esposa. La evitaría todo lo posible. Vio a Gonzalo sonreír y mirarlo con demasiada confianza… había algo en su expresión que lo volvía sospechoso… se quedó inmóvil, escuchando atentamente.

-. Ocho años sin ti… habrían equivalido a perderte para siempre…

La sonrisa desapareció del rostro de Gonzalo dando paso a la seriedad que correspondía

– No pude hacerlo, Mocoso-

Miguel escuchó sin entender… honestamente no supo que escuchaba y se lo dio a entender en su mirada. Gonzalo se acercó un poco más y miró dentro de sus ojos

-. No pude casarme Miguel… me di cuenta que tú eres más importante que todo

Primero fue un silencio total… luego, al entenderlo, una exclamación ahogada escapó de su garganta y sus manos volvieron a cubrir sus labios… ¿Qué estaba diciendo Gonzalo?… ¿era verdad?… examinó sus manos… no había ningún anillo… los ojos muy abiertos… comenzó a llorar… incontrolables sus sensaciones

-. ¿Qué?- su voz era un gemido sofocado

-. No me casé, Miguel… te pertenezco… me perteneces… no me casé

Sentía satisfacción al decírselo… vio como el rostro de Miguel cambiaba…

Miguel cerró los ojos ante la intensidad de lo que sentía… las palabras de Gonzalo repiqueteaban como un eco en su mente… no se casó… no había una esposa… lo había elegido a él… a él!!!… era más importante que todo… era suyo… Gonzalo era todo suyo. La emoción lo sobrecogía… el dolor se deslizaba de su cuerpo… desaparecía… se sentía desbordar de sentimientos hacía el hombre que tenía a su lado…

Se abrazó a su cuerpo con tanta fuerza que lo derribó sobre la cama…

-. ¿No te casaste??!!!… no te casaste.. – preguntaba, afirmaba, repetía… se convencía al escucharlo una y otra vez… era enloquecedor el efecto y la dulzura que producían el sonido de esas palabras.

Gonzalo sonreía mirándolo con una nueva intensidad… también se entregaba y reconocía la importancia que Miguel tenía en su vida…

-. Soy tuyo mocoso… y tú eres mío

Se besaban y se fundían en un abrazo estrecho, sus cuerpos se reconocían… se necesitaban… el calor del deseo surgía rugiendo poderoso para llevarse los impedimentos y dar rienda suelta al desenfreno de la pasión, tanto tiempo contenida…

-. Miguel… eres mío… te amo- su voz cambiaba y se volvía ronca… más profunda… intima – no quiero vivir sin ti

-. Tuyo… mío… – su corazón se sentía liviano… el mundo volvía a ser un lugar extraordinario… aun respiraba agitado pero la felicidad lo envolvía con un manto de dulzura… se atrevió a sonreír…

-Mierda Gonzalo!!!… no te casaste

Volvió a empujarlo hasta dejarlo completamente tendido sobre la cama… su hermoso Gonzalo… en su cama… suyo!!! Miguel quedo sentado sobre su vientre, una pierna doblada a cada lado… lo miraba con lujuria… El deseo irrumpía con inusitada violencia, sacudiendo su cuerpo y robándole el juicio… lo quería ahora… ambos se deseaban… lo leían en los ojos.

Perdían todo el control y se lanzaba con desesperación a asaltar y acariciar el cuerpo de su amado… nada les importó que hubiera más gente afuera… esto era lo más grande de sus vidas… Miguel necesitaba sentirlo…  empaparse de su esencia,  quería tener a Gonzalo en sus entrañas…  deseaba el placer que solo él sabía cómo entregarle… recuperarlo de esta manera trastornaba su sensatez, le robaba la cordura y el sentimiento se transformaba en lascivia. Me eligió a mí!!  repetía en su mente sin cansarse de sonreír… Quitaba los botones de la camisa con celeridad y tironeaba con impaciencia… Gonzalo hacía lo mismo… respiraban agitadísimos… se besaban… desvestían sus cuerpos y se dejaban caricias húmedas y ardientes en cada nueva parte de piel que quedaba al descubierto.

– Perdón Miguel… no supe ver… perdóname

-. Ssshhh… cállate.

Perdonaba… olvidaba… no se había casado y estaba con él…

-. Me estaba volviendo loco sin ti, mocoso… 

Miguel desnudo… ahora si enloquecía… apretaba su carne en sus manos…

-. Creí que te había perdido para siempre…

El más loco de sus sueños se volvía realidad… Gonzalo había venido por él… no se había casado… lo había elegido a él… y ahora estaban desnudos enredados en su cama en el maldito desierto

– Nunca Miguel… te necesito…

– Y yo a ti, Gonzalo…

Había desesperación en la forma en que se tocaban… urgencia en volver a poseerse y entregarse… unir sus cuerpos hasta ser uno solo… cerciorarse de que lo que estaban viviendo era real. Gonzalo invirtió los papeles en un movimiento algo brusco, dejando a Miguel debajo suyo en la cama… el mocoso se volvía maleable en sus manos… estiró sus dos brazos y entrelazó sus manos con las de él… se encontraba perdido en las poderosas sensaciones que lo envolvían… su cuerpo estaba extendido sobre el de Miguel… las rodillas levemente flexionadas le permitían controlar sus movimientos… sus cuerpos se movían sinuosos… muy juntos… sus erecciones se rozaban… sus bocas unidas… abiertas, golosas… abandonados al placer de tocarse uno al otro.

Dejó los brazos de Miguel extendidos y se dedicó a sus piernas… las recorrió con las manos… acariciando… luego con la boca… besaba a la vez que las empujaba y separaba…

-. Déjame hacerte olvidar todo lo malo, mocoso – pedía con cariño

– No lo recuerdes… – solo sentía felicidad

Miguel aceptó… sumiso y rendido… abrió el espacio entre sus piernas, ofreciéndole su cuerpo. Gonzalo se acomodó en medio… su reino… su sueño… su dueño… besaba su pecho y se extasiaba en succionar sus tetillas, hundirse en el exquisito espacio de su cuello… morder despacio la piel del vientre…  lamer el ombligo… toda la piel húmeda con su saliva… suyo… su Miguel… lo escuchaba gemir  deleitándose en la magia de esos sonidos… la excitación se manifestaba en su miembro completamente duro, erecto…

-. Tu tatuaje… –  Miguel deslizaba sus dedos sobre la letra “M” en la cadera de Gonzalo – estas marcado… – sonreía… sus dedos se aferraban posesivos sobre él, besó la cadera, mordiendo… Proclamaba orgulloso lo que hasta hace unas horas era un delirio…

– Solo tuyo…-

Miguel pasaba sus manos sobre esa delicada piel, enardeciéndolo. Continuaba y sostenía en sus manos los testículos… besaba su pene…  lo exploraba a su gusto… Gonzalo era suyo… creía morir del placer… pensó que ya nunca más y aquí estaban… juntos, haciéndose el amor… alucinaba en su propia felicidad.   Los dedos de Gonzalo buscaban la boca de Miguel… la abría y recibía gustoso los dedos para empaparlos en su propia saliva… sabía porque y lo anhelaba… arqueaba su pelvis hacia el cuerpo de Gonzalo…

-. Mío, Miguel– lo miraba serio… enamorado… le decía en sus palabras lo que su cuerpo sentía y deseaba.

Los dedos empapados en saliva encontraron su entrada… Gonzalo estaba consciente del gusto de Miguel por el dolor pero en este momento estaba tan feliz… sentía que un halo de ternura y amor los circundaba…  no quería pensar en dañarlo… lo dilató con paciencia… entrando de a un dedo a la vez… deleitándose en escuchar sus gemidos… Miguel lo buscaba con los movimientos de su cuerpo… lo apuraba… le pedía con la boca sobre la suya… besándolo, chupando…

-. Gonzalo… ahora… ahora mismo, por favor

-. Han pasado muchos días mocoso… voy a dañarte..

Miguel sonrió libidinoso… era lo que quería… su cuerpo ansiaba el amor de Gonzalo pero a la vez precisaba del dolor…

Gonzalo tenía experiencia…  estaba lleno de amor como nunca antes, y quería manifestarlo controlándose…  ternura y atención… pero Miguel apremiaba… le estaba costando mantener el dominio sobre sus actos… lo necesitaba tanto. Fue la mano de Miguel la que sostuvo su pene mientras lo penetraba… intentó hacerlo con cuidado… refrenarse, pero era imposible… Miguel lo presionaba y el gozo de estar nuevamente en su cuerpo era arrebatador…  sentir como su calidez lo envolvía… como sus piernas se cruzaban tras él y lo empujaba hacia su propio cuerpo.  Gonzalo endureció sus músculos en un intento de controlarse… pero era presa del más puro deseo… sucumbió a las exigencias de Miguel y lo penetro con fuerza entrando todo su miembro en una larga y deliciosa estocada… una inesperada corriente de placer lo azotó… Dios!! Miguel se abría para él… lo succionaba y lo reclamaba como suyo… sus piernas lo estrechaban y se fundían el uno en el otro, sintiéndose llenos de amor, se miraban en medio de la pasión… gemían ambos contemplándose… extasiados… Gonzalo lo cogía a un ritmo intenso y arrollador… tal como le gustaba.

-. ¿Cómo pensaste que podríamos vivir sin esto?- se sentía tan bien hacer el amor con él… tan correcto y perfecto

-. No pensé… estaba muriendo sin ti- confesó Miguel

Miguel estaba extasiado… lo sentía dentro… llenándolo, completándolo y volviendo todo magnífico… dolía y era maravilloso… contraía los  músculos internos y lo aprisionaba… el placer lo elevaba… gemía una y otra vez… gotas de sudor en su piel… su miembro era acariciado por los dedos de Gonzalo… de su único amor… tanto placer junto… insuperable… era embestido con estocadas largas y profundas que tocaba el centro mismo del gozo sexual… todo era perfecto… le buscaba la boca… su lengua se hundía en ella… húmeda.. caliente… amaba su sabor… su Gonzalo.

Gonzalo lo apretó contra su piel… sus manos lo sostenían con firmeza… lo amaba tanto… quería borrar todo el daño que le había causado, hacerle saber que nunca más volverían a separarse

-. Te amo… te amo…- repetía susurrando en su oído. El calor se acumulaba en su miembro… amenazaba con romper en una explosión de placer… desencadenar en un orgasmo intenso…

– Gonzalo, mi amor… mi dueño– Las palabras de Miguel musitadas en el medio de la pasión y con sus dedos y uñas aferrados en su piel, terminaron por liberarlos… estallaban en un placer líquido intenso… gemían sus nombres y se quedaban abrazados, derrumbándose el uno en el otro… sudados y cansados… gloriosamente satisfechos.

Los minutos pasaban y no se separaban… Desnudos sobre la cama se acariciaban despacio, mirándose a los ojos…

Miguel tocó las marcas que había dejado con sus golpes…las besó una a una… Gonzalo entendió… no necesitaban más palabras…

– Todas estas semanas sufriendo… creyendo que estabas casado– no era un reproche… estaba analizando lo que había pasado

-. No sabía dónde estabas… me costó mucho encontrarte

-. Pensé que estaba seguro aquí…

Entonces Miguel recordó cómo había llegado a ese lugar… un soplo de inquietud se instaló entre tanta felicidad… no debía olvidarlo… Don Jaime lo odiaba… tragó saliva recordando sus amenazas…

-. ¿Cómo me encontraste?– de una cosa estaba seguro… Don Jaime no había sido el que le indicó donde estaba.

-. Andrei- respondió

Miguel lo miró pidiendo más explicaciones. Gonzalo decidió que era momento de hablar claro. Levantó la cabeza apoyándola en su brazo doblado, y sin quitar su otra mano del cuerpo de Miguel comenzó a hablar seriamente

-. Te siguió cuando te reuniste con mi padre. Sé que él te envió a este lugar… –esperó la reacción de Miguel… le confirmaba lo que estaba diciendo – Quiero que me cuentes que pasó entre ustedes.

 

MIGUEL

Recordé las palabras de Don Jaime… “no quiero que nada interrumpa el matrimonio de Gonzalo”…“Gonzalo no debe saber nada”… “estarías muerto si no fueras de la familia”… “nadie debe saber dónde estás”…”no quiero saber más de ti”. Eran amenazas… mi expresión cambió… ¿sería peor ahora que no estaba casado y me había venido a buscar?… la respuesta me quedó clara de inmediato… sería mucho peor. Gonzalo se dio cuenta en el mismo momento por mi expresión… tenía que contarle, pero la voz de su padre amenazándome no era un juego.

-. Me mandó llamar. Hablamos. Me ofreció venirme a este lugar y dijo que jamás me encontrarías aquí.

-. ¿Qué más?- Gonzalo conocía a su padre…  no quería seguir hablando pero Gonzalo me urgía a que le contara, con su mirada.

-. Supongo que debo agradecer estar vivo… creo que no me quiere mucho y no le va a gustar nada saber que estas aquí – Sonreí con fastidio… Don Jaime iba a ser un problema serio entre los dos… ¿había tomado eso en cuenta al venir por mi?… ¿sabría Gonzalo que tenía registrada toda su vida?… ¿debería decírselo?…

-. ¿Te amenazó, verdad?-

No era una pregunta. Él mismo estaba afirmándolo.  Gonzalo volvió a tenderse a mi lado y su brazo me atraía hacia él. No esperaba lo que siguió a continuación.

– Tuvo un infarto Miguel. Fue mi culpa. Estaba furioso porque no me casé… desilusionado…

Primero fue la sorpresa inicial de enterarme… luego sentí una pena muy grande por Gonzalo… estaba triste y se sentía culpable… ¿estaba vivo Don Jaime?…

-. Gonzalo, lo siento… es tu padre-

-. Lo quiero mucho Miguel… entiendo que tu lo odies pero yo … es mi papá.. he estado con él en casi todo momento de mi vida… es un hombre increíble

Deduje que seguía con vida… pero estaba enfermo y Gonzalo muy triste.

-. No lo odio… Es tu padre

Lo abracé pegando mi cuerpo a él. A pesar de las circunstancias y de su tristeza no pude evitar sentirme dichoso de estar como estábamos… Dios!! En serio había pensado que nunca más…

Nos quedamos en silencio mirando el techo… cada uno pensando en lo que nos esperaba

-. Miguel… no voy a permitir que nada ni nadie nos separe

Le creí. Había mucha seguridad en su voz. No puedo explicar qué sentí… tanto había deseado escuchar esas palabras… pleno de gozo…

-. Si. De acuerdo- tomé su mano y entrelacé nuestros dedos…

– No será solo mi padre… va a haber muchas personas que no te verán con buenos ojos… de seguro tendremos más de algún problema…- volvió a moverse de forma que nuestros ojos se encontraran – pero estoy dispuesto a enfrentarlo todo, si estas a mi lado, pase lo que pase

Lo miré y sonreí con ternura… algo tan raro en mi pero no pude contenerme… era tan lindo escucharlo decir esas cosas… Gonzalo estaba siendo romántico… posiblemente ni cuenta se daba de lo que estaba haciendo y diciendo… ¿dispuesto a enfrentarlo todo?… con garras y dientes… a todo el mundo. Acaricié su mejilla con esa extraña ternura que me estaba brotando… una vez más, estaba tan emocionado que me costaba hablar… sus ojos me miraban con tanto cariño… veía mi propio reflejo en ellos… era como saber que yo estaba dentro de él

-. Vuelve conmigo… nada tiene sentido sin ti

Me estaba preguntando… pidiendo… parecía un Gonzalo diferente pero era el mismo, solo que estaba lleno de amor y alegría… de seguridad y esperanza… el corazón se me hacía pequeño… no me cabía tanta felicidad.

Lo empujé, despacio, de vuelta hacia a la cama y con cuidado subí sobre su pecho y acomodé mi cuerpo… cálido… entrañable… perfecto…  mi lugar favorito en el mundo… era mi forma de decirle que  aceptaba… que caía rendido ante este amor tan grande

-. Si, Gonzalo…  

Gonzalo beso mi pelo y me cruzó el torso con su brazo…  traspasándome su emoción. Cerró los ojos y respiró a sus anchas.

Todo estaba bien ahora. Volvíamos a estar unidos y yo reposaba en el lugar al que pertenecía… sobre su pecho, desnudo, satisfecho y enamorado…

 

REGRESO

El jet aterrizó en la pista privada y en cuanto detuvo su camino, Andrei y Lidia hicieron avanzar el vehículo para recoger a los pasajeros.  Andrei no se había aguantado las ganas de contarle que ambos venían de vuelta. Lidia dejó todo y lo acompañó a esperarlos. Tenía razones para no querer estar en la oficina ese día.

Bajaron muy juntos del avión, no tenían sus manos entrelazadas pero la cercanía entre ellos y su lenguaje corporal los delataban… no les importaba quien estuviera cerca o pudiera verlos… los dos sentían que los días en que su amor era un secreto o necesitaban ocultarse, habían quedado atrás. Ahora iniciaban una nueva etapa.

Lidia se bajó a recibirlos, caminando lo más rápido que le permitían sus altos tacos. Quería abrazar a su hermano y a Miguel… ser la primera en desearles toda la felicidad del mundo.  El poder había obrado maravillas en Lidia, se veía más bonita que nunca con un vestido rojo oscuro ajustado a su cuerpo y su pelo oscuro ondeando en el viento… destilaba elegancia y clase. Extendió sus brazos en cuanto los tuvo al alcance de un abrazo y gritó entusiasmada… primero recibió a Miguel… ambos alegres y  a punto de lágrimas.

-. Estoy tan feliz por ustedes

Lidia lo besaba en la mejilla y lo estrechaba con cariño

-. Lidia… no se casó… me ama– explicaba como un niño pequeño

– Siempre te ha amado Miguel… solo se demoró en entenderlo. Es un cabezota

Reían ambos y volvían a abrazarse.

Luego se volvió hacia Gonzalo… sus ojos se abrieron… su mejilla lucía un moretón… sonrió y miró a Miguel

-. Si… fui yo-  respondió avergonzado pero sonriendo

Lidia rió comprendiendo… estaban juntos y eran brutos. Sus brazos envolvieron a su hermano… era otro. Su rostro estaba relajado y sus ojos volvían a brillar. Rezumaba energía y vitalidad. Gonzalo volvía a ser el mismo de siempre ahora que Miguel estaba a su lado. Poderoso e imparable. Totalmente recuperado.

Se saludaban entusiasmados y olvidaban, por un momento, la nueva carga que traían en el jet. Miguel la convenció de acompañarlos. Quería darle una oportunidad en la ciudad, con ellos.  Karina descendía despacio del avión… su rostro nervioso… jugaba con uno de sus cuchillos pequeños dentro del bolsillo de su chaqueta y en la otra mano sostenía a Sombra.  El tamaño de la ciudad, que vio desde el avión, la había impresionado mucho… pero nada se comparaba con la impresión que le estaba causando la maravillosa criatura vestida de rojo al final de la escalera… irreal… nunca había visto nada tan hermoso en toda su vida…

 

—————- 0 —————-

 

– Don Lino murió de madrugada- Andrei anunció con voz grave.  Estaban en el vehículo acercándose a la ciudad

-. ¿Y Daniel?- preguntó Gonzalo de inmediato.

– Se fue al puerto anoche mismo- respondió Lidia

– Está con dos de nuestros hombres – lo tranquilizó Andrei.

La mente de Gonzalo funcionaba de prisa. María iba a necesitar del apoyo de su familia ahora… Habría que estar atentos, mantener el control sobre todas las familias.  Las cosas se complicarían para Daniel… Tendrían que asistir todos al funeral…

-. Eso no es todo…- continuó Andrei.

Por el pesado silencio que siguió, Gonzalo esperó que la noticia no fuera buena

– Papá está en las oficinas

Lidia lo miró temerosa. No quiso decir más.

Gonzalo suspiró profundamente. ¿Su padre había vuelto??? Su mano, instintivamente, buscó la de Miguel y la aprisionó entre la suya… miró sus ojos oscuros… se había alterado… estaba preocupado…

-. Todo está bien- cruzó su brazo por detrás de su espalda para abrazarlo y atraerlo hacia su cuerpo- nada nos va a separar, mocoso – dejó un beso en sus labios… no importaba quien o que se interpusiera en su camino… Miguel era lo más importante en su vida.

 

—————- 0 —————-

 

Cruzaron el umbral del departamento tomados de la mano. Hoy recién comenzaba su nueva vida, la que habían decidido recorrer juntos. Hoy no habría oficina, ni familia, ni amistades, ni teléfono, ni nada… solo ellos dos para iniciar el primer día. Se miraban y sonreían… parecían un par de novios primerizos… se sentían diferentes.

-. Aquí estamos, de vuelta donde empezó todo- Gonzalo lo atrapaba y lo besaba. Miguel respondía a sus besos y buscaba más

-. Fue en el otro departamento… allá empezamos– corrigió Miguel.  La mención del antiguo departamento los hizo recordar todo lo que había sucedido allá… El rostro de Gonzalo expresaba el pesar que sentía al recordar lo que aquello había sido…

-. Miguel… ¿te quedarás conmigo para siempre?

La pregunta le provocó a Miguel un ligero temblor… ¿Dónde más podría estar sino al lado de Gonzalo?

-. Para siempre…  

Esta vez no había un contrato ni cadenas ni obligación… Miguel seguía lo que dictaminaba su corazón y su mente… la vida resultaba imposiblemente desoladora sin Gonzalo. Ahora quería, libre y voluntariamente, quedarse a su lado para siempre. Habían pasado por tanto… experiencias tan fuertes y dolorosas que podrían haberlos separado… pero el amor, porfiadamente, siguió brotando… sacudiéndolos una y otra vez… habían aprendido, en el camino, a valorarse y a respetarse… a superar todas las trabas que tuvieron que enfrentar… el amor creció, terco e inefable, entre ellos y les arrebató la sensatez, la tranquilidad… solo juntos podían sentirse completos ahora. Sabían que aún les quedaba mucho por enfrentar… pero estaban unidos y el amor los volvía poderosos.

-. Te amo… ¿lo sabes, no?- Gonzalo jugaba a seducirlo… Efectivo su juego… Miguel caía…

-. Te amo… también lo sabes, no?- Contestaba con picardía… los ojos brillantes y una media sonrisa en el rostro… una seguridad nueva en Miguel que lo volvía irresistible

Gonzalo lo llevo hasta el dormitorio. Un beso bien profundo e intenso dejó a Miguel tambaleando. Gonzalo se acomodó en el sillón, mirándolo fijamente, serio… la excitación escrita en sus ojos…

-. Quítate todo eso, mocoso…

Miguel Capítulo 54

0

LOS HERMANOS

Irrumpieron los tres de golpe en la oficina de su padre. La secretaria no alcanzó a reaccionar. Los tres pasaron de prisa frente a ella y entraron sin siquiera golpear. Gonzalo el primero, seguido de una Lidia decidida y exaltada ante las posibilidades que se abrían para ella y finalmente Daniel, que recién comenzaba a entender el alcance de su propio poder.

Don Jaime levantó a vista al escuchar que se abría la puerta bruscamente. Por fin llegaba Gonzalo. Lo esperaba desde temprano… tenía que hablar con él… y Lidia… y bueno!!… pero si hasta Daniel venía entrando.   Los vio situarse en una sola línea frente a su escritorio. Sus rostros eran poco amistosos… se reclinó en su asiento. ¿Qué estaba pasando? ¿De qué venían estas miradas?… ¿Gonzalo había convencido a sus hermanos?… no le gustaba nada verlos a los tres tan juntos, con la misma actitud.

Padre e hijo se miraron en silencio. Se conocían bien las miradas y los gestos… se estaban enfrentando antes de comenzar a hablar

– Gonzalo- Don Jaime permanecía sentado. Reconocía la presencia de su hijo mayor como líder. En edad, Lidia había nacido  primero… pero era mujer.

– Necesitamos hablar papá

– Si, así es – se reclinó un poco más en su sillón y les indicó los asientos frente a su escritorio. Su mente funcionaba a toda velocidad.  Esperó a que se sentaran para continuar. No había descansado bien la noche anterior y no estaba en su mejor momento.

– Me has decepcionado, Gonzalo

Solo una frase, dura y cruel, seguida de un profundo silencio.

– Lo sé

Acusaba el golpe. Amaba a su padre… siempre habían estado tan unidos… se conocían tan bien… dolía escucharlo

– Te crié para que fueras el mejor… te enseñé todo. Te lo di todo… eras mi mano derecha. Tuvimos la oportunidad de ser los más poderosos. Nunca volveremos a tener una oportunidad igual- No gritaba ni se exaltaba… hablaba con una calma forzada, nacida de la rabia más profunda… lo que hacía que sonara aún más poderoso.

– Es cierto papá. Me criaste bien y me enseñaste todo, pero… me enamoré

Todos quedaron en silencio frente a esa confesión, tan simple y tan grande a la vez.

Don Jaime sentía la presión de la sangre en sus venas… su cuello latía fuerte… las manos apretadas en el sillón…  le indignaba escuchar a su hijo mayor hablar de esa manera… a Gonzalo.. por dios!! Gonzalo estaba destinado para cosas magníficas… para ser el mejor y llegar más alto que nadie… había tenido la oportunidad que nadie más tendría… era no solo su elegido, su propio hijo, su sangre, sino que hasta Lino y los demás, había sido capaces de ver lo bueno que era… Lino también lo había elegido y ahora… nada…  lo dejaba todo botado por un muchachito de mierda sin valor alguno??… un chico cualquiera que se podía encontrar en cualquier esquina… Se había enamorado!!!  De un chico!!! Gran cosa!!!

La rabia hervía en su interior, la sentía burbujear por todo su cuerpo y producirle calor… recurría a todo su control para mantenerse tranquilo.

– ¿Y decidiste dejar todo botado porque te… enamoraste?- el sarcasmo era notorio

– Papá… Acaso no entiendes la importancia…?

Lidia quiso intervenir hablando con relativa suavidad.

– Silencio Lidia! – Cortó el viejo de golpe, francamente molesto por la intervención de su hija – es un asunto entre hombres

Respondió lo que acostumbraba y que siempre la hacía callar… Solo que no tomó en consideración los cambios que se habían producido en las últimas 48 horas.

Ninguno de sus hijos era hoy el mismo de hace dos días atrás.

Gonzalo dejó el poder por el amor, la falta de Miguel lo volvía peligroso

Lidia quería poder real… dominar y manejar. Estaba dispuesta a cualquier cosa por conseguirlo. María lo tenía. Ella también quería.

Daniel se había dado cuenta de lo valioso que resultaba, le ofrecían reemplazar a Gonzalo… el poder que podía llegar a tener. Era uno de los herederos. Su actitud era diferente.

Lidia escuchó como su padre la callaba usando el mismo viejo argumento de siempre. Nada en este mundo, y en ese momento, podría haberla molestado más. Sintió un aguijonazo en su vientre y una bofetada en su rostro al escuchar la razón que le daba su padre… los años de silencio y frustración se cobraban su precio

– ¿Asunto entre hombres?… y una mierda!!! – gritó poniéndose de pie, sorprendiéndolos a todos -Gonzalo se enamoró y tiene derecho a ser feliz… pueda hacer su trabajo tan bien como lo viene haciendo desde siempre

Don Jaime levantó las cejas y la miraba como si fuera una desconocida… ¿Lidia lo desobedecía?… ¿se atrevía a contestarle? ¿desde cuándo se había vuelto rebelde? Apoyada por sus hermanos… ¿Qué diablos pasaba?… se enojaba más y más cada minuto, sentía calor en su cuerpo… rabia… pesaba más de lo que creía… estaba tan molesto que hasta costaba hilvanar las ideas claramente

– Lidia – advirtió su padre, pero ella estaba cansada de callarse  y obedecer

– No papá… ya me cansé de estar callada!!. Tal vez tú no sabes lo que es el amor y por eso no te importa… pero ¿ni siquiera te importa que tus hijos seamos felices??- se acercó peligrosamente al escritorio, apoyándose con ambas manos sobre la mesa y siguió hablándole más de cerca-  Tú aceptaste la ridícula idea de casar a Gonzalo con una desconocida… solo por poder, por TUS ansias de poder… No las nuestras ni las de Gonzalo… solo las tuyas padre!!!-  sentía la lengua desatada y un volcán en erupción en su interior. Don Jaime la miraba… mudo, por primera vez, frente a ella y su fuerza 

– Ya es suficiente Lidia!!- quiso gritar y ponerse de pie, pero de pronto sintió que no podía… su voz salía despacio… la tensión y los malos ratos de los últimos días se cobraban su precio… se hundía en el sillón y comenzaba a transpirar…

– No queremos una vida como la tuya… ¿Qué te parece eso, papá?…. a nosotros, tus hijos, no nos gusta la vida sin amor!!! Yo estoy enamorada de Andrei pero mi felicidad con él depende de ti… ¿te da lo mismo que yo sea  feliz??- la fuerza de Lidia era impresionante en esos momentos… ninguno se atrevía a interrumpirla… estaba hablando desde el sufrimiento de todos los años separada de Andrei y discriminada por ser mujer, entre otras cosas.  Se giró y se acercó a Gonzalo, posando su mano sobre el hombro de él en un claro gesto de apoyo.

– Siempre te ha obedecido… ha sido el más fiel de todos los que te rodean… te adora!! Gonzalo ha vivido pegado a tu sombra desde que era un niño… pero le pediste que sacrificara su felicidad papá!!!- volvía a alzar la voz-  ¿te diste cuenta de eso??!!! Le pediste que dejara a la persona que ama para casarse con una desconocida…  No se puede papá!! No puedes pedirle un sacrificio tan grande!!! Menos en nombre de una causa tan tonta como tu poder!!!- las lágrimas habían comenzado a rodar despacio por las mejillas de Lidia.  Gonzalo y Daniel se pusieron de pie y, abrazada, la trajeron de vuelta a su asiento. Daniel buscó agua para ella.

Don Jaime escuchaba y miraba asombrado… por muchas razones… Lidia hablándole de esa manera era impresionante… por primera vez se sintió muy molesto pero, a la vez, orgulloso de su hija. Luego, las palabras… lo que había dicho y la forma en que los tres estaban conectados… sus hijos contra él… sus propios hijos!!! La miró de frente, asegurándose que estuviera bien, antes de responderles pero Lidia habló primero

– ¿Qué sabes ahora que no supieras de siempre, papá?… ¿Qué a tus hijos les gustan los hombres?? Todos lo hemos sabido siempre, no?

– La persona que ama es un hombre- su voz sonó dura y fría.

Daniel no se inmutó… Gonzalo sonrió con ironía…

– Es un mocoso nada más…

Pronunció las palabras casi para sí mismo. Se volvió hacia su padre

– Si. Es un hombre. Estoy enamorado de otro hombre. Es mi vida. No te voy a dar explicaciones por ello. Amo a Miguel  y puedo hacer bien mi trabajo… soy el mismo de ayer. No he cambiado por estar enamorado

Volvían al desafío y a mirarse…

-¿Qué no has cambiado??!!! Tiraste a la basura la mejor oportunidad de tu vida. A eso yo lo llamo un cambio dramático

Sentía que su corazón latía fuerte y rápido en su sien… quería gritar pero no podía, levantarse y hablarle golpeado… se sentía extraño

– Conseguiré todo eso por mi mismo padre. No necesito a la hija de Lino para ser el más poderoso. Amar a Miguel no me impedirá hacerlo

Se habían dicho todas las verdades. Estaban en lados opuestos…

– Yo también estoy enamorado de un chico

Daniel habló fuerte, claro y pausado, sin moverse del lado de su hermana.

No le decía ninguna novedad. Don Jaime vigilaba a sus hijos y sabía todo eso… en el papel… en la teoría. Escuchar la confesión de sus bocas era otra cosa… no soportaba la idea de que sus dos hijos mayores fueran así… mientras todo estuviera escondido no había problemas… pero sacarlo a la luz??… se sentía enfermo de rabia, sintió que comenzaba a molestarle su propio cuerpo y el aire escaseaba en sus pulmones… ver a los tres tan unidos en su contra… confesándose abiertamente… escapaban de su control… esto no podía ser

– Tú te callas!!… ya hablaremos al respecto

Don Jaime se agitaba… necesitaba más aire… con el dedo apuntaba a Daniel y le ordenaba callar… su rostro comenzó a volverse rojo… y su mano a temblar

– Puedo callarme si quieres… pero eso no va a evitar mi amor por Coque

Las palabras comenzaron a atragantarse en su garganta… Don Jaime sentía que perdía el control de lo que pasaba frente a él… Daniel también lo desafiaba… desagradecidos…  les había dado una buena vida… llena de lujos y regalías… Había pasado por alto sus faltas, sus encaprichamientos con otros hombres…  ¿y así le pagaban?? Reclamándole en nombre del amor??… quien necesitaba amor si tenía el poder suficiente para comprar todo lo que quisiera??…  no entendían nada de la vida… sus hijos eran unos malagradecidos… solo le quedaba Claudio… tendría una tarea enorme para educarlo…

Quiso gritarles, echarlos de la oficina, sacarlos de su vida y dejarlos en la calle… que aprendieran a rascarse con sus propias uñas… a ver si la vida iba a ser tan bonita entonces!! A ver si Coque se fijaría en Daniel cuando lo viera pobre y sin futuro… y Miguel… sintió un ramalazo de odio hacia él… ese era el peor… un interesado, un cualquiera de la calle… no le prestaría atención a Gonzalo si no tuviera un centavo… interesados… todos eran unos interesados!!!  Se puso de pie dispuesto a hablar con ellos… a dejarles las cosas claras… la primera puntada de dolor le dio de lleno en el centro del pecho abarcando su hombro y extendiéndose hacia su  brazo izquierdo… lo dejó sentado nuevamente… segundos después sentía aún más dolor en su pecho…  algo lo oprimía… lo aplastaba… tensión en su mandíbula y la sensación de mareo y falta de aire… ¿Qué pasaba ahora?… se llevó la mano al pecho intentando calmar el dolor… no supo en qué momento cayó al piso… dolía… no podía respirar…

 

Los tres estuvieron sobre él al mismo tiempo cuando lo vieron caer. Gonzalo fue el primero en reaccionar y llamar una ambulancia. Le ordenó a la secretaria ubicar a los médicos y que estuvieran atentos a la llegada de su padre. Supo de inmediato que lo que pasaba era grave.

 

-Por Dios!! ¿Qué le pasa a tu padre??!!- Andretti entró a la oficina de golpe seguido de los paramédicos de la ambulancia… todos actuaban con rapidez… los segundos eran valiosos.

 

– Papá… quédate conmigo papá. No te vayas– Lidia apretaba su mano en la ambulancia.

Estaba aguantándose las lágrimas ahora. Don Jaime apenas podía respirar aunque tenía oxigeno conectado a su sistema respiratorio

Gonzalo y Daniel le seguían en otro vehículo. Ya había despachado un chofer para recoger a su madre y traerla a la clínica.

 

– Es un infarto – pronunció el doctor, quitándose la mascarilla y mirando a todos los presentes en la exclusiva sala de pacientes de la mejor clínica de la ciudad

– ¿Se va a morir?- preguntó Claudio pegado a su madre.

El doctor devolvió la mirada al chico, luego busco los ojos de Gonzalo. Lo conocía. Sabía con quienes estaba tratando. Vio la misma pregunta en los ojos de toda la familia

-Estamos haciendo todo lo posible. Lo trajeron justo a tiempo

Gonzalo se acercó al doctor y le indicó con el rostro que necesitaban hablar a solas. Se movieron alejándose un poco del grupo familiar.

– ¿Qué tan grave es?

– Bastante grave. Está en serio peligro pero estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance

– ¿Está consciente?- necesitaba hablarle

– A ratos. Pero no puedes verlo. Deberá permanecer aislado hasta que esté fuera de peligro. Lo siento Gonzalo. Te avisaré cuando puedas hablar con él

Asintió lentamente… su padre estaba fuera del juego… al menos temporalmente. Se sentía algo culpable… posiblemente él era la causa del infarto de su padre… debió enojarse tanto con él que terminó enfermando. Y ahora… no podría verlo ni hablarle… mucho menos preguntarle donde estaba Miguel. Mierda! todo se complicaba en vez de solucionarse.

Se volvió hacia la familia. Nadie lloraba, pero todos estaban preocupados. Le habló a su madre.

– Esta en las mejores manos mamá. Solo nos queda esperar

Ninguno abandonaba la sala de espera. De pronto se abrió la puerta y Andrei entró mirando a Lidia y deteniéndose luego en Gonzalo. Se quedó inmóvil… esperando. Lidia miró a Gonzalo… era el jefe ahora. Necesitaba su aprobación. Gonzalo no resistió la mirada dolor de su hermana. Asintió apenas con la cabeza en un gesto que todos percibieron y entendieron. Lo autorizaba a estar con ellos pero no lo perdonaba.

Volvieron tarde a la casa. Las noticias sobre Don Jaime no variaban mucho. Gonzalo los acompañó a todos hasta la casa paterna. Dejó a su madre reposando un poco más tranquila. Luego se dirigió a Lidia y Daniel.

– Mañana temprano. En las oficinas

Todos entendieron. Tomaban el control.

 

Al día siguiente, Gonzalo pasó muy temprano por el hospital a comprobar la salud de su padre. Estaba estabilizándose pero aun no estaba fuera de peligro. Seguía aislado en la Unidad de Tratamientos Intensivos. Pidió autorización para verlo. Necesitaba hablarle. Le concedieron 5 minutos.

Envuelto completamente en elementos de protección, llegó hasta su padre. Conectado a varios monitores que medían el funcionamiento de su cuerpo, parecía haber envejecido en horas… se veía débil, viejo y cansado. Gonzalo se sintió aturdido… confundido… ¿qué había pasado con su padre?… el shock lo dejó casi sin habla… el viejo era el culpable, sabía que estaba detrás del desvanecimiento de Miguel… pero… por Dios!!… No esperaba lo que veía frente a él… nunca se imaginó verlo así… era su padre y estaba en riesgo de muerte… El peso de lo que estaba sucediendo cayó de pronto sobre sus hombros… se quedó de pie a su lado esperando a que abriera los ojos y se diera cuenta de su presencia. De pronto no aguantó más y tomó su mano.

Don Jaime abrió los ojos… lo miró fijo unos instantes y entonces sus ojos, siempre tan frío, se llenaron de lágrimas…

¿Su padre estaba llorando?… Gonzalo estaba tan impresionado que no podía ni hablar… jamás habría imaginado esta escena… no supo qué hacer… solo mirarlo… su padre lloraba y apretaba apenas su mano. Sintió que su propio corazón lloraba con el hombre en la camilla… le costaba reconocerlo pero sabía que lo amaba

– Papá… tranquilo. Estoy aquí contigo

Don Jaime no hablaba. Solo las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Las máquinas cambiaron su ritmo, sonaron algunas alarmas y una enfermera se acercó de prisa a revisarlo.

– No debe agitarlo. Tiene que estar muy tranquilo- dijo la mujer mirando seriamente a Gonzalo. Entendió. No podía hablar con su padre de nada que lo alterara… no hasta que mejorara.

– Solo quería verte papá. Ya hablaremos después. Todo va a estar bien. Procura mejorarte

Se acercó y besó la mejilla del hombre a través de la mascarilla que cubría su boca.

– Tranquilo, de acuerdo?

Se alejó sintiendo que el mundo había cambiado para siempre… había visto a su padre como nunca antes… débil y enfermo. Se invertían los roles… Ahora todo era su responsabilidad… todos querrían apoyarse en él… se convertía en el hombre fuerte de la familia…  era él quien tenía el poder total.

Sujetó al doctor del brazo en cuanto lo vio.

– ¿Por qué está así mi padre?… tan débil… llora… es otra persona

– Tuvo un infarto muy grande, Gonzalo. Quedará sensible por mucho tiempo. Tendrá que cambiar su vida si quiere seguir viviendo

– ¿Qué tanto tiene que cambiar?

– Considerando el daño… tu padre nunca volverá a ser el mismo. Lo siento

Movió la cabeza. Entendía. Todo cambiaba irremediablemente.

Entró al edificio de las oficinas a las 9 en punto de la mañana. Todos lo miraban diferente. Se había corrido como reguero la noticia del infarto de Don Jaime. Todos sabían en quien estaba el poder ahora. Entró raudo a su oficina. Su secretaria entró tras él.

– Don Gonzalo. ¿Cómo esta su papá?

Le contó brevemente y le pidió que le informara en cuanto llegaran sus hermanos. El teléfono no paraba de sonar y muchas personas querían hablar con él. Le pidió a su secretaria controlar las llamadas.

Lidia y Daniel ingresaron a su oficina unos minutos después.

– Muy bien Lidia ¿querías poder?… lo tendrás ahora. Dividiremos las responsabilidades y cada uno se hará cargo de una parte…

Sin habla, Lidia escuchaba y asentía. Tendría que cambiar su vida, su tienda… su mundo. Estaba más que preparada y decidida a dar lo mejor de sí… sabía que podía… había esperado por esto toda su vida.

Estuvieron un par de horas encerrados en la oficina. Algunos gerentes entraban y salían. Andretti y otro par de directores antiguos se quedaron con ellos buena parte de la mañana.

– No tomarán decisiones importantes sin consultarme…- habló dirigiéndose a sus hermanos, quienes asintieron de inmediato –  pero las decisiones están en nuestras manos, ¿está claro?

La última parte fue para los directores, quienes también se daban cuenta del cambio del poder. No mencionó que el cambio era, posiblemente, permanente, de acuerdo a lo que le había dicho el doctor

– Perfectamente claro- respondieron todo

Abandonaron la oficina. Los hermanos se quedaron solos

– ¿Tú que harás? – preguntó Daniel.

Gonzalo lo meditó un momento. Estaba su madre y sus hermanos para encargarse de su padre. Había mucha gente de confianza para trabajar junto a Lidia y Daniel. No podía alejarse mucho, era necesario aquí… pero necesitaba encontrar a Miguel.

– Voy a buscarlo- respondió seguro

– ¿Ya sabes dónde está?

Negó con la cabeza… no sabía dónde estaba, explicó… solo sabía que estaba en el norte, que su padre estaba involucrado y que los negocios de la familia abarcaban parte del norte. Comenzaría por ahí.

 

ANDREI

Gonzalo no había vuelto a hablarle desde la última vez que le solicitó información por teléfono. Andrei se había hecho cargo completamente del proyecto nuevo y estaba ocupando casi todo su tiempo. Rápidamente se había rodeado de la gente de su mayor confianza… todo estaba funcionando bien pero apenas si tenía un instante para ver a Lidia o intentar acercarse a su amigo. No podía dejar este negocio. Era el proyecto de Gonzalo y no quería defraudarlo. Sabía que había viajado al norte hacía un par de días atrás. También sabía a qué había ido. Por Lidia se enteró de que había vuelto sin encontrar a Miguel, mal genio y frustrado.  No estaba en ninguna de las sucursales conocidas del norte, nadie lo había visto… no lo conocían.

Hacía días que Andrei le daba vueltas a algo en su cabeza… se estaba arriesgando, pero Don Jaime seguía en el hospital, fuera de riesgo vital en este momento, pero definitivamente no volvería a tomar el mando, hasta dentro de un largo tiempo.

Se estacionó directamente frente al restaurant. Pensó en este lugar solo porque había seguido a Migue poco antes de que desapareciera y lo había visto entrar en el… quizás aquí estuviera la clave. También sabía que eran negocios de la familia, pero dudaba que Gonzalo o alguien más supiera de la existencia de este lugar, la segunda oficina de Don Jaime. Los negocios ocultos.  Entró fingiendo estar tranquilo y seguro. La verdad, se sentía nervioso. Con la gente de aquí adentro no se jugaba. A algunos de ellos los conocía en persona… de otros, solo sabía su nombre y su fama… peligrosos y difíciles. Pero él también tenía sus mañas…

Pasó caminando despacio a través del restaurant hasta encontrar el pasillo que lo llevaba a las oficinas de atrás. Nada mas intentar entrar al pasillo, se encontró con un par de hombres que le impedían el paso

– Busco al jefe- dijo con voz cansada intentando apartarlos de su camino. Lo miraron fijo intentando amedrentarlo pero Andrei les devolvió una mirada aún más feroz.

– ¿Quién lo busca?- preguntó el más joven

– Pues… de parte de su jefe

Se miraron en silencio y lo escoltaron hasta la oficina del fondo. Al lado de la que usaba Don Jaime. Un hombre de edad parecida a la del padre de Gonzalo lo recibió. Andrei lo reconoció. Lo había visto con su padre muchos años atrás… sabía quién era.

-. Vaya… Andrei. ¿A qué se debe el honor?- también lo había reconocido

– Como estás Suarez. – estrechó su mano – Ya sabes que Gonzalo está al mando ahora. Necesita información sobre cómo está funcionando esto

No era verdad. Gonzalo no tenía idea ni el tampoco, se estaba arriesgando pero lo dijo con tanta seguridad que el hombre le creyó. Andrei no sabía qué operación era pero sospechaba que podía tratarse de algo en el norte, donde posiblemente estaba Miguel. Desesperadamente quería comprobarlo. Necesitaba encontrar a Miguel y llevarle la información a su amigo… quería ser perdonado.

– Todo está normal. Los dineros en las cuentas y no hay ninguna novedad– Respondió el hombre tranquilo

La respuesta lo desanimaba. Necesitaba más información.

– Quiero comprobarlo– pidió descaradamente mirándolo fijo.

El hombre mayor dudó un momento pero luego recordó que Andrei era la mano derecha de Gonzalo, el hijo del jefe que estaba enfermo y desaparecido. No conocía a Gonzalo pero sabía que era difícil. Si Gonzalo había enviado a Andrei… mejor le entregaba todo. Se puso de pie de mala gana, tomó las llaves y lo condujo hasta la oficina de Don Jaime, indicándole que estaba a su disposición. Andrei entró mirando todo con curiosidad. El hombre entró junto con él cerrando la puerta.

– Está todo registrado correctamente

– Quiero verlo- Seguía hablando con autoridad.

El hombre sacó una libreta del cajón del escritorio además de un montón de comprobantes perfectamente ordenados.

– Gastos, órdenes y depósitos

fue poniendo los documentos delante de Andrei. Se sentó en el sillón que era de Don Jaime y adoptó una postura relajada y tranquila, que estaba muy lejos de sentir. Con calma, miró los papeles frente a él.  Comenzó a leerlos y a intentar entender… 10 minutos después tenía claro de que se trataba todo esto… sorprendido era poco decir. Una idea original y lucrativa… el viejo era más zorro de lo que todos creían… ¿dónde diablos estaba este lugar?… no había dirección en ninguna parte… podía estar en cualquier lugar del país pero estaba casi seguro que era el norte.

– Quiero hablar con el encargado – ordenó

– ¿Para qué?. Esta todo en regla, no?

– El número– pidió alzando levemente la voz.  El hombre dudó…

– En el cajón de la derecha

Andrei lo abrió. Una antigua libreta telefónica… llena de cientos de números.  El hombre lo miraba. Si Andrei sabía tanto, de seguro tendría que saber el nombre del encargado, no?…Andrei comenzó a transpirar… la libreta amenazaba con temblar en sus manos. Lentamente pasó las hojas hasta llegar a la letra “M”… buscó con calma. Si no encontraba el nombre de Miguel iba a estar en problemas. Respiró tranquilo… se contenía a duras penas… lo había encontrado!!! Al final de la lista… son caligrafía reciente, estaba el nombre de Miguel y un número telefónico. Se sabía observado por el hombre.  Giró la libreta hacia él.

– Llámalo. Quiero escuchar que todo está bien.

Contenía la emoción en su voz. No podía ser él mismo quien hablara con Miguel.

– ¿Sabe que el jefe está enfermo y Gonzalo está a cargo?

– No. No lo saben

Andrei tomó nota de que hablaba en plural. Miguel no estaba solo.  El hombre, malhumorado, se acercó al teléfono y marcó el número que aparecía en la libreta. Andrei repitió en su memoria el número varias veces. Necesitaba recordarlo.

– No se lo menciones. Solo quiero escuchar cómo está funcionando todo –  le ordenó

Contestaron la llamada al cuarto timbrazo… Andrei quiso gritar de alegría… era la voz de Miguel.

– Habla Suarez – dijo el hombre mayor a su lado

– ¿Para qué llamas? – pregunto Miguel

– Solo quiero saber si todo está bien

Miguel se quedó en silencio. Era extraño que lo llamara alguien que no fuera Don Jaime y para una razón tan extraña.

– ¿Y Don Jaime?

Preguntó Miguel. El hombre miró a Andrei quien le respondió con una mirada fría

-.Me pidió que preguntara si todo está bien- mintió el hombre

– Todo está como siempre- respondió Miguel desconfiado al otro lado de la línea

– Bien. Le informaré

Cortó la comunicación. Miraba a Andrei con arrogancia y desafío. Ya le había dicho que no había novedades y ahora se lo había demostrado.

Andrei fingió estar interesado en los documentos frente a él.

– Aquí hay mucho dinero

Comentó mirando los números en los registros de depósito. El hombre mayor no respondió.

– Quizás Gonzalo quiera darse una vuelta y comprobar todo en persona– necesitaba una dirección… una indicación de dónde diablos estaba ese lugar

– Don Jaime solo visitó ese peladero cuando recién se instaló… nadie visita jamás ese lugar olvidado de la mano de Dios

Andrei se puso de pie. Era hora de retirarse. Estaba comenzando a volverse sospechoso.

– Se lo diré al jefe. Él toma las decisiones

Pasó por su lado caminando con calma. Ya se iba cuando el hombre mayor lo llamó.

– Andrei…

Se volvió despacio… desconfiando, ¿sospecharía?…

– ¿Cómo está el viejo?

Respiró tranquilo… el hombre se veía genuinamente preocupado por Don Jaime

– Mejora lentamente

– ¿Volverá a hacerse cargo?

Andrei se encogió de hombros. En verdad no sabía. Nadie sabía que tanto iba a cambiar la vida de Don Jaime luego del infarto. No quería ser mala persona, pero le gustaba mucho como Lidia, Gonzalo y Miguel estaban manejando las cosas. Sonrió, mientras se subía al vehículo, recordando algo en particular; su Lidia, con poder, se había vuelto una gata salvaje que lo enloquecía aún más.  Esa mujercita suya era una caja de sorpresas. Los tenía a todos anonadados.

Encendió el vehículo, miró la hora preguntándose dónde encontraba a Gonzalo a esta hora…era urgente hablar con él.

 

GONZALO

Los días pasan rápido. Entre mi padre hospitalizado y hacerme cargo de los negocios las horas se me diluyen fácilmente… pero en cuanto me quedo un momento a solas siento la falta de Miguel… tan grande como si no pudiera respirar… mi mente se llena de él, de su sonrisa.. de su cuerpo sobre el mío, sus gestos, su olor… y solo puedo sentir el dolor de su ausencia.

Lo busqué infructuosamente en las ciudades del norte. Nadie sabía de un chico son sus características, no había cambiado el personal ni se había agregado nadie nuevo. Tengo a varias personas trabajando para mi, buscando a Miguel en esa área. Todos los días me informan pero no hasta ahora no hay ni un maldito progreso.  Parece como que se ha evaporado…

Mi padre mejora lentamente. Aun esta en cuidados intensivos. El infarto había sido significativo. Según el doctor pasarán varias semanas antes de que pueda volver a una vida relativamente normal y dependerá mucho de su recuperación, una vez que vuelva a la casa. Sigo  impresionado. Mi padre está todo sentimental y frágil… su personalidad ha cambiado. Verlo conectado a tubos y mangueras que monitorean sus signos vitales ha sido muy fuerte.  Mi madre pasa mucho tiempo con él. Nosotros nos turnamos para verlo un rato corto todos los días. Cada vez que entro a verlo me pregunta apenas por los negocios… lo tranquilizo diciéndole que tengo todo bajo control, junto a los directores. No quiere saber más tampoco. Nunca le he mencionado que Lidia está haciendo su parte y Daniel aprende a la velocidad de la luz. Solo unos pocos minutos de conversación cada día y la menor señal emocional lo afecta de inmediato. Se niega a hablar de ningún problema. La frustración se apodera de mi cada vez que salgo de la sala de cuidados intensivos sin una respuesta clara… sentimientos encontrados de rabia y pena frente a mi padre. Me pregunto si alguna vez volverá a ser el mismo hombre fuerte de antes.

Es tarde. El día ha sido largo nuevamente. Me detengo a comprar algo de comer y subo a mi departamento.  La cena espera enfriándose… me quedo de pie frente a la que fuera la habitación de Miguel… soñando con todo lo que pudo ser… tengo que encontrarlo… será una batalla inmensa con mi padre. Sé que se negará a ayudarme… El timbre me saca de mis pensamientos.

– Necesito que me escuches

Andrei está en la puerta.

Verlo me produce emociones extrañas. Por un lado lo extraño mucho… es la única persona cercana a mí y que me conoce mejor que nadie… el único amigo que he tenido en mi vida…lo extraño… siento su ausencia y extraño su compañía cuando me quedo solo… el peso de toda la responsabilidad que me ha tocado asumir sería más fácil si Andrei estuviera conmigo… pero entonces… recuerdo lo que pasó y que por su culpa Miguel pudo desaparecer… vuelvo a sentirme enojado. No hemos hablado directamente desde hace muchos días. Se ve ansioso…

– ¿Es importante?- pregunto sin moverme aún de la entrada, impidiéndole el paso.

– Muy importante

Andrei avanza sin importarle que yo se lo impida y me mueve empujándome hacia un lado… no es algo típico de él ser así. Una vez adentro me mira expectante

– ¿De qué se trata? – ha logrado despertar mi curiosidad. Sonríe… Andrei sonríe…

– Ya sé donde está- me suelta con voz de triunfo

Lo escucho inmóvil… sé muy bien de qué está hablando. Siento mi corazón acelerar sus latidos… mierda!!  Andrei sabe dónde está Miguel!!!

 

Una hora después, Andrei me sigue mientras entramos al restaurant. Esta vez nadie nos detiene. En una de las mesas reservadas, está Suarez, cenando con algunas amistades. Se pone de de pie al vernos

– Don Gonzalo- saluda respetuoso

– Quiero información- suelto sin ser amable

– Como no. Sígame por favor

Ya dentro de su oficina Suarez me explica rápidamente cómo funcionan las actividades en el norte

– ¿Dónde queda este lugar?

Me mira dudando… siempre ha trabajado para mi padre, es un hombre mayor… es mi empleado… está bajo mi mando ahora, pero aún así sigue dudando. Seguramente recuerda instrucciones de mi padre. Sostengo su mirada en espera de una respuesta. Baja su vista. He ganado. Se levanta y busca entre sus cajones.

– Este es un mapa del lugar. Esta totalmente aislado. Es imposible encontrarlo sin ayuda

Miro el mapa… una pequeña estrella señala un punto en el medio de la nada, cercano a la frontera… un pequeño punto alejado de toda civilización… completamente abandonado. Ahí se encuentra mi Miguel… se me encojé el corazón al pensarlo en ese lugar… ¿Cómo diablos llegó Miguel hasta allá?… ¿Qué pensaba mi padre al enviarlo al fin del mundo?… ¿Qué haces allá tan lejos mocoso?… quiero tomar el primer avión… quiero correr a buscarlo.

– ¿Cuántas personas hay en ese lugar?

– Tres en el lugar y una en la ciudad – me aclara de prisa – El de la ciudad organiza las entregas

– ¿Quién es el responsable?

– Su padre contrató a uno nuevo… llegó al lugar hace poco

Miguel!! mi padre puso a Miguel a cargo en ese lugar imposible… ¿Cuándo hablaron?… ¿Cómo convenció mi padre a Miguel?…

– ¿Por qué se ha vuelto tan importante ese lugar?- pregunta de pronto Suarez sin comprender porque en un mismo día ese pequeño punto en el norte del país se ha vuelto importante

– Le haré saber si necesito algo más de usted- respondo cortante. El hombre recuerda su lugar y vuelve a guardar silencio. Yo estoy a cargo ahora y se lo he dejado claro.

Salimos del restaurant con el mapa en la mano y el número de teléfono de Miguel en la otra, Instrucciones a Suarez de mantener silencio y seguir todo en forma normal.

Estoy tan emocionado que me cuesta mantenerme tranquilo. Aprieto ambos papeles en mis manos… son tesoros valiosos… con ellos encontraré a Miguel mañana mismo.

– Andrei – me giro para hablarle… de pronto no sé qué decirle…  nos miramos… es mi amigo, si no fuera por él, seguiría sin tener idea de dónde encontrarlo… me habría tomado mucho tiempo hacerlo sin la ayuda de Andrei…  estiro mi mano en silencio y le entrego las llaves de mi vehículo. Andrei entiende. Las toma, también en silencio..

– ¿Cómo supiste dónde buscarlo? – pregunto en el camino

– Vi a Miguel entrar aquí una vez. Sólo supuse que podría estar relacionado

Silencio nuevamente…

– ¿Porqué me fallaste Andrei?… ¿Por qué dejaste solo a Miguel?

Esta vez no hay gritos ni reproches… solo necesito saber que fue lo que pasó, arreglar de una vez esta situación.  Andrei guarda silencio sopesando su respuesta… lo veo dudar… finalmente parece decidirse. Estaciona el vehículo y me habla mirándome de frente

– Fue una orden de tu padre– me suelta tan tranquilo

– ¿Cómo?

– Tu padre me llamó y me ordenó dejarlo solo…

No necesito mucha más información… si mi padre le ordenó dejarlo es porque sabía que Miguel iba a partir… estaban de acuerdo y Andrei estorbaba en sus planes…

– Debiste decírmelo antes- le reprocho con suavidad

Andrei no responde. Algo en su actitud me hace preguntarle

– ¿Te prohibió decírmelo?

Lo miró expectante… aprieta sus puños con un poco más de fuerza… finalmente asiente, solo su cabeza se mueve lentamente. No pronuncia una palabra. Está rompiendo un acuerdo con mi padre…

– ¿Sabías que Miguel tenía trato con mi padre?- insisto… tengo que saberlo todo

– No podía hablar Gonzalo. Tienes que entenderlo

La rabia que sentía contra Andrei comienza a suavizarse y a desaparecer… recuerdo la historia de su padre y los sentimientos que él tiene al respecto… entiendo ahora que estaba amenazado por mi padre y no podía hacer mucho más… pienso en que debió ser duro para él también… fui injusto… fui impulsivo… mierda! nunca debí suponer que Andrei me traicionaría por gusto… ahora entiendo su posición… nunca fue una deslealtad…

– Andrei…

Estiro mi brazo con la mano abierta. Él no se demora más de un segundo en estrechar mi mano de vuelta. Sonreímos…

– Lo siento. Fui impulsivo.

– También lo siento. No podía hablar…

Solo ahora me doy cuenta de lo mucho que lo había echado de menos… es mi amigo. Pasado el momento sentimental, ambos recuperamos la normalidad. Andrei vuelve a conducir.

– Voy a decirte algo que nadie sabe, ni siquiera Lidia.  El viejo se va a recuperar pero nunca volverá a ser el mismo

Es primera vez que lo digo en voz alta. Es una noticia que nadie espera. Todos creen que mi padre, el mismo de siempre, regresará en cualquier momento

– Puedes hablar con tranquilidad. Quiero saberlo todo ahora

Andrei se sorprende de la noticia. Luego, comienza a contarme…  de a poco voy uniendo las piezas y entendiendo…

 

Miguel Capítulo 53

0

Capítulo 53

ANDREI

Gonzalo entró de prisa a su departamento… sabia, porque lo había escuchado de Daniel y Andrei, que Miguel se había ido… pero algo en su interior se negaba totalmente a aceptar a idea de que hubiera desaparecido.  Era tarde cuando finalmente llegó de vuelta a la ciudad en su propio vehículo luego de todo lo que sucediera en el puerto. Andrei lo había ido a buscar y en el camino lo había puesto al día… no sabían dónde estaba Miguel, habían perdido su pista. Gonzalo lo escuchó pero no había dicho nada aún. Su silencio era peor que los gritos. Subieron juntos. Gonzalo abrió la puerta con algo de temor y un resquicio de esperanza. Ambos entraron.  Cerró de inmediato… como si no quisiera dejar escapar lo que pudiera haber adentro… encendió las luces… quiso gritar el nombre de Miguel… llamarlo y verlo aparecer de inmediato como sucedía cada vez que llegaba y lo encontraba esperándolo… recorrió de prisa las habitaciones… no estaba… Miguel no estaba… contempló un rato la que fuera su habitación… no había un cambio en particular… solo faltaban algunas cosas pero… no estaba… su precioso mocoso se había ido… el amor de su vida… el que lo había cambiado para siempre se había ido y… dolía… algo ardía dentro del pecho…  no gritó ni profirió palabra alguna… no expresó todo lo que estaba sintiendo… se dejó caer sobre uno de los sillones de la sala… cansado… vacío… adolorido… demasiado aturdido con todo lo que le había pasado… Miguel no estaba…  sintió que se le acababan las fuerzas… el día había sido largo y posiblemente el más tenso de toda su vida… muy tarde… demasiado tarde se había dado cuenta de lo importante que era Miguel… quiso decírselo… lo llamó… pero también fue muy tarde…  Cerró los ojos… necesitaba calmarse y pensar…

Andrei lo observaba en silencio sintiendo que la tensión crecía. Se daba perfecta cuenta que Gonzalo era una bomba de tiempo a punto de explotar… y la explosión posiblemente iba a ir dirigida contra él… volvía a estar en la misma encrucijada… su amigo o Don Jaime??Recordó a su padre… había sido un hombre cariñoso con él, recordaba su risa y su voz fuerte. Pasó mucho tiempo para que Andrei pudiera entender y perdonar… había sido un traidor y lo había hecho a sabiendas de que podía costarle la vida… pensó en lo que enfrentaba ahora. Don Jaime estaba detrás de la desaparición de Miguel… tenía la completa seguridad de ello… sabía que se habían reunido a escondidas, en un par de ocasiones, había seguido a Miguel… pero revelarle esa información a Gonzalo podía costarle su vida. Comenzó a caminar, dando vueltas en el departamento… esperando lo peor… ¿dónde mierda tenía que dejar su lealtad?… Gonzalo era su amigo.. el de toda la vida… le dolía que pensara que lo había traicionado… no era así, pero estaba amarrado de brazos.. no podía revelarlo… Pensó en Lidia. Dios! Cómo amaba a esa mujer… su relación con ella, su vida.. todo estaba en riesgo ahora… el enojo de Gonzalo o el de Don Jaime significaban casi el mismo resultado para él…

– ¿Por qué no te quedaste con él como te pedí?-

Gonzalo formuló la pregunta en voz alta y fuerte pero aun con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el respaldo del sillón… pasaba sus dedos sobre sus ojos

Andrei dejó de moverse… esperaba este momento hace rato…

-No pensé que fuera tan importante… alguien más podía hacerlo – Mintió a sabiendas… se daba cuenta que estaba respondiendo una estupidez que terminaría con su amistad y con la confianza de Gonzalo… pero necesitaba seguir vivo… el odio de Gonzalo no lo alejaría de Lidia ni le privaría de su vida… decirle la verdad ahora significaría la furia de Don Jaime quien le había pedido expresamente ocultar sus encuentros de su hijo.

Gonzalo abrió los ojos lentamente y se enderezó en la silla

– ¿No pensaste que era importante?- repitió cortante poniéndose de pie – No te pedí que pensaras – se acercaba a él peligrosamente. Andrei no retrocedió ni se movió. Lo esperaba… lo conocía tan bien – solo tenías que obedecer mis órdenes!!!- le grito encima

– Lo siento… yo creí que Miguel se…

– No me importa lo que creyeras… las órdenes las doy yo y tú tenías que obedecerlas… nunca quisiste quedarte con él – recordó de pronto…- ¿por qué no querías quedarte?… ¿era tan importante mi matrimonio?, ¿estar con Lidia?… ¿era eso más importante que lo que te pedí?!!!

Perdía el control… Andrei se dio cuenta que ya no podría razonar con Gonzalo y que, tal como esperaba, la furia y el miedo que sentía lo estaba descargando contra él.

– No me sirves Andrei… esperaba lealtad de ti

Gonzalo abrió la puerta y se quedo esperando a que Andrei saliera por ella.

Andrei sintió el aire frío que se colaba por la puerta abierta. Sintió pena por su amigo, por lo que estaba pasando causado por el dolor que Gonzalo sentía en este momento… por encontrarse en esta situación tan injusta…  ganas de decirle que su padre sabía perfectamente donde estaba Miguel, que posiblemente él era el responsable de esta desaparición… de gritarle que él jamás lo habría traicionado pero su padre lo había impuesto… de pedir perdón… de abrazarlo y ayudarlo… era su amigo y lo sería siempre… sin embargo se quedo callado. Sabía que no importaba lo que dijera ahora. Gonzalo ya había tomado una decisión. Tendría que actuar callado y ya más adelante sería el momento de decir todo lo que ahora no podía. Solo esperaba tener a capacidad de volver a arreglar las cosas con Gonzalo.

– Lo siento mucho– murmuró despacio mientras cruzaba la puerta de salida.

 

GONZALO.

Cerré la puerta muy lentamente… tenía ganas de escuchar un golpe fuerte y seco… algo que remeciera todo el edificio… pero me faltaron las fuerzas…  Miguel… mi padre… ahoraAndrei… sentía una olla de sentimientos hirviendo en mi interior… burbujas calientes me hacían doler y sentir más débil de lo normal… Andrei… no esperaba algo así de él… mi amigo… también amigo de Miguel.. dolía.. hoy todo era puro dolor… creí que él entendería… imbécil!!! Solo tenía que seguir mis instrucciones… no era tan difícil, maldito imbécil, si lo hubieras hecho… Miguel estaría aquí conmigo ahora!!    Di media vuelta y observé el departamento vacío con un sentimiento de impotencia… no tenía más energías el día de hoy… cansancio, mucho cansancio.

Entré a mi dormitorio y me tiré sobre la cama. Entonces vi las llaves y la nota sobre mi velador… la prueba más clara de la partida de Miguel… de que había decidido irse… a pesar de todo lo que le dije y de nuestros sentimientos… se había ido… sujeté las llaves en la palma de mi mano y lentamente comencé a cerrarla… las llaves que le había dado a Miguel… las llaves del departamento que compartíamos… seguí aprisionándolas hasta sentir como el metal se incrustaba despacio en mi mano causándome dolor… necesitaba sentir algo fuerte… algo que terminara de romper el dique que estaba conteniendo mis emociones…  las primeras lágrimas rodaron muy lentamente… sentí el peso del abandono de Miguel… no… no podía dejarme… nos amamos… no puede..¿Cómo vamos a continuar por separados?… no sé.. no sé cómo hacerlo sin él… no quiero seguir sin el mocoso.

La nota estaba en mi otra mano… Miguel la había escrito… miré su caligrafía cursiva…  mi propio nombre escrito por él… no quería abrirla y leerla… no quería saber de su adiós. Dejé de apretar las llaves y al abrir la mano vi las gotas de sangre

– Me mentiste mocoso… me mentiste – recordé como sus ojos rehuyeron los míos la noche anterior cuando me dijo que hablaríamos después… estaba tan cegado por creer lo que quería escuchar… Abrí la nota… solo unas cuantas frases

Prometiste respetar mi decisión. No puedo quedarme. Siempre voy a amarte. Has sido lo mejor de mi vida. Miguel.”

Doblé la nota nuevamente por las mismas marcas del papel… la apoyé sobre mi pecho. He aquí la razón de su exigencia por una promesa en la mañana… ¿solo esta mañana??… parecía que había pasado mucho tiempo…

– No me casé Miguel… debiste quedarte a verlo… te habría encantado…– comente al vacío con sarcasmo…

Estaba solo… en verdad solo… Miguel se había ido, Andrei me había decepcionado y lo corrí de mi casa… mi padre, con quien siempre había mantenido la mejor relación, estaba furioso conmigo y yo con él…  se derrumbaba todo… sin duda era un día difícil. Me permití ser débil y dejar que las lágrimas siguieran resbalando por mi cara mientras seguía manteniendo apretada contra mi pecho la nota escrita por Miguel…

– No se vale Miguel…  no me casé

 

Amanecí sobre la cama, aún vestido con la ropa del día anterior y apretando la nota de Miguel en una de mis manos. Recordé que no estaba… pero tenía que encontrarlo.

En poco rato estuve limpio y en condiciones de comenzar el día. Mi primer llamado fue aAndrei. Hablé rápido y cortante con él. Seguía siendo mi empleado aunque ya no más mi amigo, había perdido la confianza en él. Me ocuparía de ese problema luego… por ahora, solo quería encontrar a Miguel. Me repitió todo el recorrido que había realizado el mocoso antes de irse. Corté sin darle tiempo a que dijera nada más. Mientras bebía un café traté de pensar en los posibles lugares donde Miguel hubiera podido ir…. El norte?… pensé en familiares o amigos… no acudía a mi mente ningún lugar o persona en especial que hubiera mencionado. El timbre me sacó de mis pensamientos… aún era muy temprano.  Daniel y Lidia me miraban con preocupación desde el otro lado de la puerta.

– Papá esta insoportable – Lidia pasó por mi lado como un vendaval, sin saludar, y se introdujo en la cocina a servirse un café – ni siquiera pudimos desayunar –

– Hola- Daniel me miró intranquilo. Me moví para indicarle que entrara.

– ¿Qué hacen aquí?- la visión de mis hermanos a esta hora me sorprendía totalmente

– ¿Cómo que qué hacemos aquí?… está claro, no?-

Lidia se hacía cargo de la situación… yo seguía sin entender… la miré pidiendo más explicaciones

– Dios!. Que lento amaneciste hoy día Gonzalo!!- Lidia se sentó a la mesa y comenzó a desayunar

– Estuvimos hablando anoche– Daniel dijo señalando a Lidia – Creo que tenemos que estar unidos ahora-

Hablando?… unidos? En que parte me había perdido??… Qué estaba pasando?

– Un momento… ¿Qué está pasando aquí?

Estábamos los tres sentados a la mesa… era extraño.. nos mirábamos…

– Somos sus hijos… no puede hacer nada sin nosotros… no puede dejarnos a todos fuera.. aunque, claro!, a mi jamás me ha tenido dentro de la organización, pero eso ya cambiara ahora, cuando tú estés a cargo–  Lidia masticaba, bebía, hablaba y gesticulaba… todo al mismo tiempo…

– ¿POR QUE NOS DEJARIA FUERA??!! DE QUE HABLAN?!!- mi paciencia llegaba a su límite

– Está furioso contigo, Gonzalo… Habló conmigo anoche…y..- Daniel se detuvo… se miraron con Lidia… cómplices cómo siempre… ellos sabían algo que yo no.

– Y qué..?- los miré a ambos

– Está pensando dejarte fuera– Respondió Daniel intranquilo. Ambos fijaron sus miradas en mi, esperando ver mi reacción.  Fuera??… dejarme fuera??… bueno… esto si que era inesperado… No voy a negar que fue un balde de agua fría… papá esperaba que yo me convirtiera en el más poderoso y la decepción debe haber sido grande… nunca más se presentaría una oportunidad así… pero ¿dejarme fuera??… no.. no era solamente por haberlo decepcionado al no casarme con María… aquí entraba en juego mi opción de vida.. Miguel… papá estaba completamente desilusionado de mi… por fin ayer habíamos puesto las cartas sobre la mesa y aclarado todo… ahora el tema de mi homosexualidad ya no era un secreto entre los dos… además, lo había desobedecido, desafiado y vencido… no me quería cerca suyo porque sabía que ya no podía dominarme ni manejarme a su antojo… pero… ¿reemplazarme con Daniel?… le tomaría siglos a Daniel aprender a manejar lo que yo manejo… a menos que… Dios!!.. Andrei!! Solo bastaba con que convenciera a Andrei y podría seguir las operaciones bajo mi cargo sin ningún problema… él sabe cómo funciona todo… en espera de que Daniel aprenda…

– Gonzalo?!

Lidia me tomó por la muñeca volviéndome a la realidad

– Por eso estamos aquí- Daniel había madurado de pronto… lo miré con ojos nuevos. Mi hermano menor iba a reemplazarme? – No vamos a permitir que nadie te reemplace

– Por supuesto que no-  corroboró mi hermana

La mano de Lidia seguía en mi muñeca. Sosteniéndome. Mi otra mano fue capturada por la de Daniel… cerrábamos los tres un círculo con nuestras manos… estaba entendiendo por fin. Venían a darme su apoyo… si los tres estábamos unidos, podíamos vencer a papá. Mierda!! mis hermanos eran los mejores..

– ¿En serio no quieres mi puesto?- pregunte sarcástico a Daniel?

– Ni muerto… odio tus negocios sucios e ilegales– contestó sonriendo y apretando aun más fuerte mi mano.

– A mi no me molestaría – sonrió Lidia – pero tendría que aprender primero y solo me gustaría ayudarte…-

– Andrei sabe cómo funciona todo– respondí algo pesado – puedes pedirle que te enseñe-

– Ya hablaremos de Andrei- me dijo dándome a entender que ya sabía lo que había pasado entre nosotros – pero no… yo quiero aprender con el jefe… él tampoco está dispuesto a asumir tu puesto-

Hablar de Andrei me molestaba en este minuto… me hacía recordar que por culpa suya Miguel desapareció… si tan solo no hubiese abandonado mi departamento… pero a la vez era tranquilizador saber que tampoco estaba dispuesto a ser mi reemplazante.

– Gonzalo… estamos los tres juntos en esto, hasta las últimas consecuencias

Me parecía tan increíble escuchar esas palabras de boca de Daniel

¿Juntos hasta las últimas consecuencias?… supongo que si… ellos venían a darme su apoyo y aquí… yo era el que tenía más que perder, ellos solo podían salir ganando si yo quedaba fuera del juego… pero estaban conmigo, no contra mí.  Sentí un cariño inmenso hacia ellos… mis hermanos

– Nos estamos olvidando de algo – respondí serio. Me miraron confundidos – Nos olvidamos de Claudio…

La mención de nuestro hermano menor nos hizo reír a los tres.

– Claudio está con nosotros– dijo Daniel. Lidia y yo lo miramos interrogando – fue a mi dormitorio anoche. Quería saber qué pasaba y le conté

– Claudio no es tan chico como creemos. Ya tiene 14. Solo un año menos que Coque– Lidia miró a Daniel. La mención de Coque nos hizo sonreír a todos.

Me paré y fui a la cocina. De pronto necesitaba un café. Algo que me distrajera de las fuertes emociones del minuto. Entonces, todos los hermanos estábamos unidos… bien. Eso me daba más fuerzas para hacer frente a papá… necesitaba de sus hijos para la continuación de su negocio… necesitaba a su familia…  pero no me ayudaba a solucionar mi problema más urgente.

– ¿Ya sabes dónde está Miguel?- preguntó de pronto Daniel

Negué con la cabeza. Incapaz de ponerlo en palabras. Si empezaba a hablar terminaría maldiciendo a Andrei delante de Lidia.

– ¿Su familia?- Lidia me miraba

– A eso iba ahora– aclaré.

– vamos entonces- los dos se pusieron de pie. Dispuestos  acompañarme.

– ¿Es en serio? – pregunté dudando

– No eres el único que le tiene cariño a Miguel– respondió Lidia algo molesta – Ese mocoso también se metió en mi corazón… quiero que vuelva y sea feliz contigo-

– Yo también le tengo cariño… y no me mires con cara rara que a Miguel lo siento casi como a un hermano, nada más– aclaró Daniel rápidamente

Me acerqué a ellos y abrí mis brazos para poder abrazarlos al mismo tiempo. Como cuando éramos niños.

– Gracias. Necesito encontrarlo… lo necesito- mi voz flaqueaba.. mierda… me emocionaba el cariño de mis hermanos y me hundía la falta de Miguel…

– Ya… ya… menos drama y más acción… ya bastante drama tuve con convencer a tu dichosa ex-novia – Lidia nos empujaba fuera del departamento… convencer a María?De que me había perdido?

– Como??!! Convencerla??

– Algún día te contaremos– Daniel reía detrás de mí.

Pasamos gran parte del día recorriendo los lugares donde Miguel había estado el día anterior. En ninguna parte pudieron entregarnos información adicional que nos ayudara a tener alguna idea de su paradero. Había pagado la moto en efectivo, no había preguntado nada que nos sirviera de pista ni había dejado ninguna dirección… tampoco en la tienda de mascotas… la persona que lo había seguido durante ese día solo corroboraba lo mismo que me había informado Andrei. Me lo repitió varias veces.. pero no había nada nuevo. Ahora estábamos frente al departamento donde vivían su mamá y hermana.

– Espérenme aquí- les pedí preparándome mentalmente para ver a su familia

– Estas loco?!!, seis ojos ven mucho mejor que dos- Lidia y Daniel se bajaron y no pude disuadirlos de esperarme. Quizás tenían razón.

La mamá de Miguel nos abrió la puerta. Se veía mejor, más descansada y con buena salud. Se alegró de verme y tras saludarnos y hacernos pasar, su pregunta echó mis esperanzar por tierra

– ¿Sabes dónde fue Miguel, Gonzalo?- sus ojos de madre me miraban esperanzados. Supe al instante que ella estaba tan perdida como yo sobre el paradero de Miguel.

– Veníamos a preguntar eso, precisamente – mi hermana no podía callarse.

Nali apareció en ese momento. Traía en brazos un cachorro. Nos saludó. Estaba muy cambiada. Una perfecta señorita. El colegio y el nuevo ambiente habían hecho maravillas. Miguel tenía que sentirse orgulloso del cambio de vida que había logrado en ella.

– Nali… ¿sabes algo de Miguel?- pregunté mirándola de frente. Ella negó con la cabeza.

– Que hermoso cachorro… ¿cómo se llama? –Lidia la tomó del brazo y la separó de nosotros. ¿Qué había visto mi hermana?… ella jamás hace algo así sin tener un motivo. Las dejé en paz… Lidia sabe bien cómo manejar a las personas.  Mientras ellas hablaban un poco distanciadas, la mamá de Miguel nos sirvió algo. Me miraba. Creo que me culpaba por la desaparición de Miguel y por muchas cosas más… el cambio de su hijo, lo que se había vuelto…  Quise explicarle… decirle que esta vez había sido decisión de Miguel abandonarlo todo y que yo no había hecho nada… pero eso no era del todo verdad… yo le había dado el motivo para que desapareciera. Le había hecho sentir que no era lo más importante en mi vida y no alcancé a decirle que me había dado cuenta tarde que estaba equivocado. Nuestras miradas se cruzaron muchas veces. Su mirada de madre me ganó…

Cuando Lidia volvió con nosotros nos despedimos educadamente. Segundos después, Daniel y yo la interrogábamos.

– Adora a su hermano, es una buena chica.

– ¿Qué más?

– Dijo que “sombra” iba a morir de calor, que esperaba que aguantara

– Esta en el norte- nada nuevo. Ya sabía esa información solo que el norte es muy amplio y tiene muchas ciudades y lugares ocultos

– “Sombra”??- preguntó Daniel

– El cachorro que le regaló Gonzalo. Se lo llevó-

Daniel me miró divertido

– ¿Tu?.. ¿Le regalaste un cachorro a Miguel?… wow!!! Si que estas cambiado…-

– Cállate!!- gruñí pero no dejó de sonreír

-. Le dijo a Nali que no se preocupara de las cuentas. Que seguiría depositándoles dinero todos los meses

Subimos al vehículo… algo me molestaba… algo no estaba bien… necesitaba pensar un momento.

– Compró la moto pagando efectivo… una muy cara… no creo que haya tenido tanto dinero como para… – intentaba pensar en voz alta… mis hermanos escuchaban y pensaban a su vez

Los tres nos quedamos en silencio…

-¿de dónde va a sacar más dinero?

– ¿Buscará un trabajo?

– ¿Que le permita vivir y le sobre para mandarle a su familia?… – tenía muchas preguntas… necesitaba ordenar mis ideas… preguntas sin respuestas… como…-¿por qué compró la moto más cara del lugar?… podría haber gastado menos dinero y…

– Pudo viajar en avión.. en bus…

De pronto necesitaba saber cuánto dinero tenía Miguel… ¿porqué se lo había gastado todo en un estúpido capricho… una moto, cuando a él ni siquiera le gustan demasiado??.Encendí el vehículo y me fui derecho al banco. Yo mismo había abierto una cuenta a su nombre y tenía contactos dentro que podían informarme de inmediato lo que necesitaba saber.  20 minutos después tenía la información en mis manos. Miraba la hoja. Ahora si necesitaba respuestas. El dinero de Miguel estaba intacto. Pedí el saldo de mis cuentas y también estaba correcto. Si el dinero no había salido de mis cuentas o de la suya… ¿Quién mierda pagó por esa moto?… al contado.

Nos miramos los tres. Sabíamos la respuesta.

 

 

MIGUEL

Se había acostumbrado a llevar un pasamontañas cada vez que salía de noche para cubrir su cara… no necesitaba protegerse de la gente puesto que en aquel lugar no había nadie más que ellos y los portadores de las entregas, en varias decenas de kilómetros a la redonda… pero el frío y la arena que soplaba impulsada por el viento, parecían agujas cortantes que penetraban su piel… en el día el calor que subía sobre los 30 grados era un poco más tolerable, pero las noches eran desagradables en todos los sentidos posibles; temperaturas bajo cero y absoluta soledad. Las entregas se hacían de noche para mayor protección de los involucrados; y Miguel, arriesgándose aun más de lo necesario, prefería ir solo a recibir la mercadería; no confiaba ni un poco en las dos personas que trabajaban bajo sus órdenes… pero tampoco tenía el poder para deshacerse de ellos, a menos que le dieran causa suficiente… no tenía una razón especial… Leandro y Karina parecían normales y lo habían recibido bien, sin demasiado entusiasmo pero bien. Lo esperaban y sabían que era el nuevo jefe… lo trataban con un estudiado respeto, puesto que ambos eran mayores que él por varios años y miraban su juventud con desaprobación… posiblemente estaban alrededor de los 30 y llevaban en este negocio bastantes años más que él. No tenía un motivo específico para desconfiar de ellos… excepto su instinto que le gritaba que no confiara… que el mayor peligro provenía de ellos y no de los rostros desconocidos y tan cubiertos como el suyo mismo, que encontraba casi cada noche; apenas cruzaban palabras, intercambiaban dinero, mercancías y desaparecían en la noche de la misma manera sigilosa en que habían aparecido… todo duraba solo unos minutos. La primera vez fue con Karina y estuvo más preocupado de tenerla a ella a sus espaldas todo el rato que del rostro extraño frente a él.  Era el jefe. Impuso la orden de ir sin compañía. No protestaron, no alegaron… simplemente obedecieron. No se hablaban más de lo estrictamente necesario. La convivencia era parte del infierno en el que había aceptado vivir. Solo sombra parecía aligerar un poco el difícil ambiente entre los tres ocupantes del lugar; Karina, una mujer delgada, fibrosa, fría, pelo muy oscuro y corto, que se movía con una extraña ligereza y manejaba las armas y cuchillos con una certeza increíble, se transformaba cuando Sombra estaba cerca de ella… en los días desde que Miguel y Sombra habían llegado, Karina se había encantado con el perro y le hablaba y acariciaba como si fuera un bebé; Leandro se había reído de ella solo una vez… pero la sonrisa desapareció de inmediato al sentir el roce frío de un cuchillo que pasó silbando a pocos centímetros de su cara para ir a ensartarse en la pared, muy cerca suyo…

-. ¿Qué te pasa, mujer idiota!!??- grito Leandro saltando de su asiento… bajo, ojos oscuros, de contextura gruesa pero muy ágil, mal genio.

-. Ríete otra vez y voy a apuntar directo a tu corazón– contestó Karina sin siquiera mirarlo ni  moverse de su sitio en el suelo donde jugaba acariciando al perro.

Quizás en otra circunstancia Miguel se habría asombrado de lo que acababa de pasar, pero aquí, ahora, vivía en un mundo irreal y nada lo sorprendía… parecía anestesiado, inmune al miedo o a la presión… solo existía, respiraba y trataba de mantenerse vivo cada día porque su instinto de supervivencia así se lo indicaba. No tenía un aliciente para continuar… nada ni nadie esperaba por él… solo sobrevivir.

Vivian los tres en un extraño lugar; una construcción muy disimulada y difícil de descubrir que parecía cavada en la roca misma, lo suficientemente grande como para albergar espacio y privacidad para cada uno, con relativa comodidad, contaban con un moderno sistema de rastreo satelital y comunicaciones además de una bodega blindada a la que solo Miguel tenía acceso por ser el jefe, en la que se guardaba y acumulaban mercancías de todo tipo… drogas, contrabando de joyas, pinturas, animales, esculturas…cualquier cosa que el cliente quisiera comprar y que no pudiera ingresar al país por medios legales llegaba a través de esta puerta secreta de entrada. Leandro le había comentado de la vez que tuvieron a un par de niños pequeños vendados por 24 horas… su padre había pagado una fortuna por arrebatárselos a su ex esposa y ellos habían sido los encargados de recibirlos y entregarlos. Aquí nadie hacia preguntas. Solo recibían órdenes de recoger mercancía diversa y entregarla en lugares indicados. Miguel funcionaba como un autómata. Se levantaba cada día y trabajaba hasta la hora que fuera necesario. No había horario, solo muchas horas muertas en las que solo debían esperar… y tratar de no pensar. Eran las peores horas del día… sin hacer nada más que esperar… un avioneta… un vehículo, una moto, una persona… algo… solo esperar… recibir o entregar. El computador se había vuelto su mejor amigo junto con los lápices y blocks de dibujo que había vuelto a retomar… Sombra lo acompañaba constantemente. Se sentaba en la parte exterior de la “casa”  y se protegía bajo la sombra de las mismas rocas… sus dedos adquirían vida propia… nunca pensaba mucho en lo que iba a dibujar sino que más bien dejaba que las formas fueran apareciendo solas sobre el papel…  la gran mayoría de las veces, luego de tan solo un par de trazos ya sabía que era lo que iba a ver en el papel…  el rostro de Gonzalo lo miraba desde el block de dibujo… Miguel le devolvía la mirada, con ganas de romper y arrugar la hoja en mil pedazos… enojado o con ganas de llorar… pero se contenía y lo observaba… lo había dibujado tantas veces ya en estos pocos días… en lugares diferentes… en el departamento que compartieron, en la playa… en el vehículo, la oficina, la cama… riendo, enojado, pensando, comiendo… excitado, con esa sonrisa torcida que tanto añoraba ahora… lo recordaba todo… cada  uno de los gestos y detalles de su rostro… grabados a fuego vivo en su mente… dibujarlo significaba un escape… dejar de sentir la pena y la necesidad de él que lo ahogaban y hacían que hasta respirar fuera doloroso para solo concentrarse en las líneas y sombras necesarias en el papel… lo amaba y sufría por su ausencia… dibujarlo era su forma de terapia… pensarlo cada día y cada noche era su peor tortura… seguía respirando… puro instinto.

Miguel Capítulo 52

0

Capítulo 52

GONZALO.

– Se lo diré yo mismo a Don Lino- declaró Gonzalo… su padre aún no lograba tranquilizarse… habían peleado y discutido todo el resto del camino, Don Jaime estaba iracundo y no se podía hablar con él.

– ¿Es por ese tal Miguel, verdad?!!- respiraba agitado y su rostro se enrojecía de la pura rabia – como puedes ser tan imbécil Gonzalo?!! No te das cuenta de lo que significa esta unión??!! Te puedes conseguir cien hombres como ese!!! Y mejores!!.. no sé qué le ves!!! Es apenas un…-

– No hables de Miguel… ni siquiera lo nombres!!!– le dijo con estudiada lentitud y tanta rabia… mirándolo tan encima… los dos hombres, padre e hijo, medían fuerzas, se amenazaban…

– Es un hombre!!!- le gritó al borde de los golpes… uno encima del otro… dispuestos a sacarse los ojos…

Daniel se mantenía expectante… miraba sin interrumpir… solo intervendría para evitar una pelea a golpes… aunque también sería interesante ver como Gonzalo golpeaba a su padre… si?.. no, posiblemente no…

-Lo amo!!!- respondió Gonzalo seguro. Se produjo un raro silencio… todos se miraban. Daniel respiró satisfecho… Gonzalo estaba reconociendo todo… por fin. Se sintió orgulloso de su hermano y feliz por Miguel… wow! Que venía ahora?… su padre…

– Lo amas??!!… como que lo amas??!!… escucha lo que estás diciendo Gonzalo… es un chico, un hombre!!! No puedes amarlo!!!- gesticulaba con los brazos y las manos… incapaz de entender lo que decía su propio hijo… reconociendo en voz alta lo que su padre sabía desde siempre… Daniel pensó que le iba a dar un ataque o algo… decidió intervenir…

– Mmhhh creo que si lo ama… los dos se aman… los he visto juntos…-  Daniel habló con una calma y un sarcasmo inesperado… casi sonreía. Ambos se volvieron a mirarlo…

– No te metas Daniel!!! Ya me entenderé contigo!!!– le gritó amenazante… su padre no estaba de humor para escuchar estupideces- esta es la gran oportunidad de tu vida… no lo arruines, hijo… no vale la pena por ese…- se detuvo… Gonzalo levantó la mano y lo miraba amenazante… se estaba rompiendo la relación padre e hijo… esa que habían construido tan fácilmente y por tanto tiempo… con cada palabra Don Jaime sentía más y más rabia contra Miguel… ¿cómo diablos se había metido de esa manera en la mente de su hijo?.. de Gonzalo nada menos!!! Del que esperaba todo… del que podía tener todo lo que aspiraban… ¿abandonaba todo por ese mocoso??!! Imposible… No podía convencerse… ahora… podía morir en cualquier momento… Lino estaría en su derecho si cobraba esta ofensa con la vida de Gonzalo… iban a iniciar una guerra… tendría que defender la vida de Gonzalo ahora. Hizo unas cuantas llamadas telefónicas… todo se había vuelto confusión…

– Es definitivo, entonces?- ladró Don Jaime

– Si señor, es definitivo- respondió en voz alta y clara. Se alejaron cada uno a un extremo del vehículo… no había más que hablar.

Su padre llamó a su madre y les ordenó volverse, al menos no quería que las mujeres y su hijo menor estuvieran cerca de este penoso espectáculo… iba a ser el mejor día de sus vida… adquirían todo el poder… y ahora estaba todo arruinado por culpa de ese mocoso… Si tuviera a Miguel nuevamente frente a él lo estrangularía con sus propias manos… no lo dejaría seguir vivo… era la causa de todo esto!!!! al menos iba rumbo al norte… lo sabía porque la información ya había llegado a sus manos a través del teléfono. Miguel se dirigía hacia donde Gonzalo jamás lo encontraría… él se encargaría de que continuara así… tal vez, hasta podría ordenar que desapareciera para siempre…

– Lo vamos a pagar todos, Gonzalo… toda la familia será castigada-

– Asumiré la responsabilidad padre… yo mismo hablaré con don Lino-

– No entiendes… nunca nos perdonarán-

El vehículo avanzaba hacia el lugar de la ceremonia… Gonzalo pensaba intentando buscar una solución a lo imposible… ¿Cómo podía explicarse?… no lo sabía…  pensaba a mil por hora y trataba de encontrar una salida a este terrible embrollo… entre medio, estaba preocupado de asegurase del paradero de Miguel… Daniel hacía lo suyo en el teléfono esperando la respuesta de Andrei… pero aún no tenían ninguna certeza.

Faltaban solo unos minutos para llegar… Gonzalo pensó que tal vez ni siquiera era necesario preocuparse de la ubicación de Miguel…  tal vez Don Lino montaría en cólera o alguien de su familia sacaría un arma y terminaría muerto dentro de unos pocos minutos… ¿miedo?… no exactamente, no tenía miedo de lo que pudiera pasar en el lugar de la ceremonia…   ya había escuchado como su padre ordenaba protección…  había demasiadas personas y era muy fácil iniciar una disputa ahí mismo que cobraría demasiadas vidas… Don Lino tenía que preocuparse de otras cosas más urgentes para el tiempo que le quedaba…  no temía a lo que venía de inmediato…  no tanto como el miedo que tenía de lo que pasaría después, si es que seguía vivo… un miedo terrible de que Miguel cumpliera su amenaza y desapareciera… ¿cómo no se dio cuenta al despedirse de él?… la forma en que se colgó de su cuerpo y lo besó?… la mirada de súplica en sus ojos… se había despedido para siempre… maldición!!!… le había mentido cuando le dijo que hablarían… y él, tan ciego en sus propios deseos de creerle, no se había dado cuenta…

Llegaban tarde. Había muchos autos lujosos estacionados en el lugar. Gonzalo miró a todos lados… ¿estaría María esperándolo dentro?… ¿serían estos los últimos momentos de su existencia?  Se bajó del auto y tomó a Daniel muy fuerte del brazo.

– Si no salgo vivo, le dirás que lo amo… te encargaras de que papá no lo dañe y de que viva tranquilo

– Yo?… pero yo no sé…— Abría mucho los ojos…

– Si sabes… tienes que aprender a usar el poder que tienes, Daniel… Andrei y Lidia te ayudarán… promételo-  Estaban al pie de la escalera que conducía al lugar de la ceremonia. Su padre se mantenía aislado y daba instrucciones a sus hombres… podrían necesitarlos de manera inesperada hoy día.

Daniel vio la súplica en los ojos de Gonzalo…

– Lo prometo… me encargaré de que esté bien, pero procura salir vivo, por favor-se miraron y sonrieron tímidamente. Se abrazaron después de tanto tiempo…

– Lo intentaré- dijo Gonzalo recuperando la compostura.

Subió los escalones seguido de su hermano, su padre y unos cuantos hombres de la familia.  Tras las enormes puertas de cristal muchas personas esperaban por él. Respondió a los saludos de bienvenida y a las sonrisas… había llegado el novio!!… Gonzalo buscaba desesperadamente a Don Lino con la vista… necesitaba hablar con él.

Don Jaime y sus hombres revisaban con sus ojos cuantos eran los hombres de Lino que alcanzaba a contar con la vista… había muchos, de Don Lino y de las demás familias… sería una masacre si es que no se entendían… muchos hombres, muchas armas…

De pronto una puerta lateral se abrió y Don Lino con algunos de sus hombres salieron… Coque estaba al lado de su padre. Daniel y él intercambiaron miradas, subiendo sus cejas por la sorpresa y la alegría de verse. Luego, algo percibió Daniel en la mirada de Coque que le dijo que no todo estaba bien. Cuando Don Lino vio a Gonzalo se dirigió directamente hacia él…  su semblante se veía muy mal… parecía molesto, preocupado… posiblemente no le gustaba que el novio llegara tarde.

– Don Lino… necesito hablar con usted- Gonzalo avanzó a su encuentro.

– Por aquí- el hombre indicó la misma sala de la que había salido unos instantes atrás. Don Jaime, Daniel, Gonzalo, Coque y Don Lino ingresaron solamente. Ante un gesto de Don Lino todo el resto quedo afuera. La tensión cortaba el aire.

 

MARIA

Estaba lista. Su mamá daba vueltas alrededor suyo, muy emocionada, sin parar de hablar y halagarla. Coque la miraba fijo apoyado en una pared de su dormitorio… María parecía la de siempre, solo que evitaba mirarlo y él sabía porque. Abandonó la habitación de su hermana y salió al patio donde esperaban los autos. Un poco más allá, solo, Esteban miraba hacia el horizonte. No lo resistió. Caminó hasta quedar de pie a su lado. Esteban notó su presencia de inmediato. Lo saludo con un movimiento de cabeza

– ¿Está lista la Señorita?-

Tal vez si Coque no hubiera sabido, no habría notado nada extraño en la pregunta pero como si sabía, pudo darse cuenta de inmediato el timbre de voz nervioso y el movimiento de las manos de Esteban… sintió una pena enorme… Esteban, siempre tan firme y confiable, estaba pasándolo mal pero aun así seguía cumpliendo con todo lo que se esperaba de él… lo miró con una nueva admiración. Recordaría bien este momento cuando fuera el jefe de la familia… recordaría la lealtad de este hombre y el cariño por su hermana. Enojo… le llegó de golpe el enojo y la molestia por lo que ocurría… quería mucho a María, le tenía aprecio a Esteban.  Recordó la conversación que había tenido con su padre el día anterior.

– ¿Por qué no puede Esteban dirigir la familia mientras crezco? –

– Me gustaría que se pudiera… pero jamás tendría el respeto de los otros jefes… todos recordarían de donde proviene y como se inició, sería fácil para ellos intentar quitarlo del camino. Tiene que ser alguien que sea parte de una familia y pueda manejar el poder. Gonzalo lo es-

 

María, su madre y algunas otras personas salían de la casa en ese momento. Observó la reacción de Esteban. Se quedó un instante sin respirar al mirar a su hermana… tan bella… pero no era para él.

Ella no lo miró a los ojos en ningún momento y subió directamente a uno de los vehículos que esperaban. Esteban se dirigió al mismo y con unas cuantas palabras se deshizo del conductor y tomó su lugar. Coque solo podía imaginar lo que este corto trayecto significaba para ambos. Diablos!!… quería llevarla él mismo, le era fiel a su hermana pasara lo que pasara… Si él tuviera que pasar por algo así con Daniel… separarse de él… verlo irse con otro… no quiso ni pensarlo.

Su madre y el resto de las personas subieron al otro vehículo. Coque se acomodó al lado de María. Ella estaba visiblemente incomoda. Comenzaron a avanzar.

– Espera, Esteban – dijo Coque – déjalos pasar a ellos primero-

El otro vehículo avanzó y tomó el camino principal. La mente de Coque funcionaba a toda velocidad… necesitaba decirlo… hacer el último intento por su hermana y si no resultaba… entonces al menos que supieran que él, como futuro jefe de la familia, les daba su aprobación, entendía y los quería juntos

– ¿Ya nos vamos?- preguntó Esteban dirigiéndose a él.

Coque miró a María antes de responder. Estaba empequeñecida en el asiento… miraba por la ventana y su cuerpo, de por si pequeño y delicado, se veía aun mas encogido y apagado… estaba preciosa, toda encaje y bordados, femenina a más no poder… pero en ese momento parecía una niñita de 12 años condenada al sufrimiento. Como le habría gustado tener a Lidia en ese momento a su lado… pero no estaba, estaba solo él para hacer un último intento… recordó lo que Lidia le había dicho… recordó que era el futuro jefe…

– No deberías estar apurado porque entreguemos a mi hermana… tú menos que nadie- respondió Coque mirando a Esteban fijamente, casi en actitud de reproche. Él devolvió la mirada conteniendo el aire en sus pulmones… sin dar crédito a lo que había escuchado… ¿acaso Coque sabía?… ¿cómo?.. ¿Qué…?

– No estoy de acuerdo con este matrimonio, Esteban- Coque buscó la mano de su hermana y la tomó entre las suyas – Sé que María nunca va a ser feliz con Gonzalo. Sabemos que está enamorada de otra persona, no?-

– Coque!!!– ella reaccionó gritándole por su nombre… se había roto el secreto y ahora se miraban con Esteban pidiéndose explicaciones… ella negaba con su cabeza queriéndole indicar a Esteban que no había dicho nada… que no sabía cómo Coque se había enterado. Esteban tomó aire y pareció crecer de tamaño. Acto seguido detuvo el motor del auto. Había llegado la hora de dar explicaciones, él secreto se había filtrado y Coque era el futuro jefe… tenía que decir algo pero le estaba costando tanto mantenerse en el papel del hombre enamorado que aguanta todo… la miraba y sabía cuánto sufría en ese momento… quizás cuanto peor iba a ser después al lado de Gonzalo… Demonios!! ¿Cómo podía evitarle el dolor a su princesa pelirroja? Pensó lo que iba a decir… cada palabra

– Si… así es – admitió finalmente – Aún así, debemos respetar lo que ella quiera –pero su voz temblaba…

María lo miraba… lloraba despacio, el maquillaje tan cuidadosamente puesto se estropeaba…  pero no le importaba nada… su mente solo era capaz de ver los ojos del hombre que amaba, la fuerza con que sus nudillos se volvían blancos de tanto apretar el volante, el dolor en sus gestos… “no podría hacerle pasar por una humillación así casándome con otro”… las palabras de Lidia bailaban en su mente… estaba humillando al máximo a Esteban, pisoteando toda su dignidad… le estaba pidiendo demasiado… que sacrificara todo y vivieran en el más puro estado de sufrimiento y agonía… destruyendo su orgullo…

– Tienes razón, Esteban. Es su decisión – Respondía Coque con el tono de jefe que ya estaba comenzando a adquirir. Se volvió hacia María -Es tu última oportunidad María… ¿Estás segura de querer casarte?-

Ambos hombres la miraban fijamente ahora y en los ojos de ambos leía lo que querían que respondiera… quiso gritar que no, que no quería casarse con ese hombre… pero… ¿y su padre?!!!… le quedaba tan poco de vida… ¿la familia?!!!.. ¿quién iba a dirigir todo entonces?!!! Perderían todo lo que tenían y eran… no era justo que todo dependiera de ella… no podía ser responsable de eso… no podía.

– Esto es injusto – respondió sollozando – no puedo decidir yo… es nuestra familia Coque, nuestro futuro-

– Escucha… yo voy a encargarme de todo – había una nueva seguridad en la voz de Coque

– ¿Cómo??!!.. no hay nada que…-

– Ssshhh, ya sé lo que tengo que hacer – Coque la miraba tan seguro y confiado –tu solo responde si quieres casarte–

– Pero es que…- su hermano la calló poniendo un par de dedos delante de su boca y mirándola fijamente mientras le secaba las lágrimas

– Son ocho años Mari… ¿En verdad quieres que Esteban te espere todo ese tiempo?-

Su llanto se volvió un poco mas fuerte… tenía atragantado un “no” en la garganta pero se negaba a pronunciarlo… ¿por qué su hermano le hacía esto?…  y frente a Esteban que la miraba de esa manera… no aguantaba… quería correr y desaparecer… toda su protección se había hecho mierda frente a estos dos hombres tan importantes en su vida… expuesta y desarmada… reducida a una chica asustada y enamorada… ocho años!! Como si no lo supiera….

Esteban se bajó del vehículo y con calma abrió la puerta del lado de María. Se acuclilló a su lado. Miró a Coque pidiendo permiso y él le indicó con un gesto que lo tenía… tenía su permiso y su aprobación.

– María – la tocó suavemente de brazo y ella se deshizo en llanto y abrazos, en refugiarse en su cuello y besarlo… apretarlo… sin soltarlo ni importarle que toda la preparación quedara estropeada

Coque no se lo había imaginado jamás… su hermana era otra persona con él… era una mujer enamorada a más no poder y Esteban era tan leal que soportaba todo estoicamente.

– Tranquila mi niña… tranquila- le secaba las lágrimas y la besaba despacio… miles de besos cariñosos repartidos por su cara… la abrazaba y consolaba

– No sé…  no sé qué…  hacer… no puedo fallarle a papá, pero te estoy fallando a ti– estaban tan apretadamente abrazados y ella seguía pensando en su lealtad.

– Esto es muy estúpido!!!- Coque asumía su papel de Jefe – responde de una vez Mari!!!-

Ella se tranquilizó lo suficiente para poder hablar  y sin despegarse del abrazo de Esteban, preguntó

– ¿Cuál es la solución, Coque?-

Se demoró un par de minutos en explicarla… María y Esteban lo miraban abriendo mucho los ojos… era tan increíble que dudaban que resultara… era una locura… pero, tal vez, por lo mismo, podría ser que resultara…  no había otra opción posible… la vida se le terminaba a su padre y tenía que dejar a alguien a cargo… quizás, después de todo, era tiempo de que sucediera algo así. Se miraban en silencio pensando en lo que había explicado Coque.

– No, no quiero casarme- 

– Lo sabía- por fin hablaba la verdadera María, la mujer valiosa y firme que era su hermana-  Esteban, suban en otro auto y llévatela lejos de aquí. Los llamaré por teléfono en cuanto hable con papá –  

Se alejaron de la mano… Esteban la sostenía con seguridad, dispuesto a protegerla con su vida. Ella ni se molestó en cambiarse ropa. Coque buscó a un chofer en la casa y partió rumbo al lugar de la ceremonia. Estaba inquieto pero no asustado, Sabía que estaba haciendo lo correcto… ahora, solo tenía que convencer a su padre de no matar ni a Esteban ni a su hermana… de aceptar su loca idea… y de decirle a Gonzalo que su sueño de poder inmenso se esfumaba. Se sentía con fuerzas para lograr todo. Quería a Daniel a su lado… tenía muchas ganas de verlo, lo necesitaba.

Ubicó a su padre rápidamente al llegar. Todos preguntaban por los novios, su padre lo interrogó sobre María… Coque sonrió y empujó la silla de ruedas discretamente y lo alejó mientras le decía que tenían que hablar en privado.

 

MIGUEL.

El sol brillaba fuerte y el calor era demasiado. Tendría que aprender, acostumbrarme a este infierno del desierto… mi vida iba a ser entre estas arenas de ahora en adelante… y aún no llegaba ni cerca de lo que realmente era el verdadero desierto. Aprovechaba cualquier estación de servicio o caserío que encontraba para detenerme y pasear a Sombra… descansar un rato y apagar la sed. Avanzaba rápido a pesar de las detenciones. La moto era un lujo fantástico.

Sentado a la escasa sombra que nos regalaba un árbol de pimiento bebía un jugo antes de continuar el camino… sin pensar Miguel, sin pensar… me repetía una y otra vez… su imagen volvía a mi mente insistentemente aunque tratara de negarla… la alejaba, pensaba en otra cosa, lo que fuera… pero estaba tan presente, había sido mi todo por tanto tiempo… me resigné a pensarlo… a sentir el dolor de nuevo… llevaba ya un par de horas sin llorar y eso era un record… estúpidamente pensé que mejor lloraba sin el casco que con el… tomé aire… Gonzalo… ya eres el esposo de alguien… a esta hora alguien mas es tu pareja… ¿ya sabes que te dejé?… ¿o aún estas disfrutando del lujoso almuerzo en compañía de tantos invitados?… quizás ni te has vuelto a acordar de mi… tan distraído por la ceremonia, la novia… tu mujer… mierda!!! de que me quejo si ya sabía que iba a llorar… por suerte a esta hora temprana de la tarde no hay personas paseando por las calles de este caserío y la estación de servicio está casi vacía… solo el chico que atiende protegido en su negocio… sombra jadea bajo el árbol… ha tomado mucha agua también.

-Sombra, ven aquí –  lo llamo cariñosamente pero el calor lo tiene agotado… no se mueve. Me pongo de pie y lo abrazo… sé que mis brazos están calientes y debe ser insoportable… pero necesito hacerlo… tu abrazas a tu mujer allá en el puerto… yo abrazo al cachorro que me regalaste… es un símbolo del amor que teníamos… solos, bajo el pimiento, sombra trata de soltarse de mis manos y yo lo retengo… mis lágrimas caen sobre su piel… si al menos estuvieran frías para refrescarlo…

 

DON LINO

Todos se miraban fríamente… solo Coque y Daniel tenían otro tipo de entendimiento, se hablaban con los ojos, se apoyaban, el resto eran, más bien, miradas de desconcierto.

Don Lino movió despacio su silla de ruedas para quedar frente a Don Jaime.

– Supongo que hay que dar explicaciones-  repentinamente no parecía el mismo hombre de hace unos minutos atrás… se veía enfermo y apagado. Coque se acercó a su padre y en un gesto que Daniel entendió de inmediato, posó su mano sobre el hombro de Don Lino. Estaba haciéndole saber a su padre que estaba a su lado.

– Don Lino, permítame expli…- Gonzalo comenzó a hablar pero la mirada seca y poderosa de Lino lo detuvo. El hombre levanto la mano pidiéndole que se callara.

– No sé cómo explicar este desaire Gonzalo… nunca esperé que esto sucediera…-

– Don Lino, yo puedo explicarle… –

– Ella siempre fue tan obediente… no me imaginé que podría suceder algo así… mi hija…- se notaba que le costaba hablar… de pronto se quedaron todos en silencio… Gonzalo no estaba seguro de entender que estaba pasando… Ella? ¿se refería a María?.. ¿dónde estaba María?… ¿Qué era lo que había hecho?.

Don Jaime fue más rápido y avanzó un paso. Habló con fuerza

– ¿Qué sucede con tu hija?-

Lino levantó la cabeza y miró a Coque. Pareció calmarse. Suspiro profundamente

– Hubo un cambio de planes. Creo que no tendremos ceremonia de matrimonio-

– ¿Cómo?- esto era un milagro. Don Jaime sintió que todo volvía a estar bien, más que bien… ahora podían usar todo en su favor… pensaba rápidamente la mejor forma de usar esta ventaja… cuando fue interrumpido

– Yo tampoco lo deseo, señor- Gonzalo se plantó frente a Don Lino. Se miraron en silencio.

Las palabras y pensamientos se atravesaban en la mente de Don Jaime… ¿Cómo se atrevía Gonzalo a echar todo a perder de nuevo?!! ¿Qué demonios tenía en la cabeza este hijo suyo??!!!

– Pero estas aquí- dijo Don Lino

– Si señor… estoy..-

– Está aquí porque es un hombre de palabra… aunque no lo deseaba, Gonzalo iba a cumplir su compromiso- Don Jaime interrumpió a Gonzalo descaradamente. En su mirada había una amenaza tan grande que Gonzalo y Daniel tragaron saliva y esperaron en silencio. No podían callar y desmentir a su padre delante de otras personas… se notaba la molestia entre ellos.

– Eso hace menos difícil romper este compromiso, aunque es igual difícil lo que tengo que pedirte– Don Lino acercó su silla de ruedas a Gonzalo. Le tomó la mano… no era un jefe de familia en ese momento, era solo un viejo enfermo y algo asustado…

– Perdonaras a mi niña… yo no sabía lo que pasaba con ella… nunca lo sospeché-

Gonzalo devolvió el apretón de manos… respiraba a sus anchas… los dioses estaban de su lado… estaba tan agradecido y tranquilo…  no se esperaba esta buena noticia… agradecido de María… lo que hasta hace unos minutos atrás era una amenaza de muerte se había transformado en lo contrario… ahora era él quien tenía que perdonar en vez de ser perdonado…

– Señor… por supuesto que si… no sé qué razones tiene María, pero al parecer ninguno de los dos quería este matrimonio-

– Me equivoqué, Gonzalo… me equivoqué y no sabía. Te agradezco tu comprensión. Ya veremos la forma de compensar esto-

– No me agradezca. Entiendo perfectamente-

– ¿Qué razones tiene para no casarse?– Don Jaime aun quería sacar provecho de las circunstancias… no se resignaba a perder la magnífica oportunidad que tenían… Lino había mencionado una compensación…

– No creo que sea necesario explicar nada– La voz de Coque sonaba alta y clara… diferente. Daniel lo miró… admirándolo  y a la vez sintiendo que estaba diferente… se veía más grande, más sabio y maduro. Si hasta le estaba respondiendo a su padre – Ninguno quería casarse y eso es lo importante-

– Si, es cierto- Gonzalo habló mirando a su padre… en su mirada le advertía que cambiara de actitud… no estaba dispuesto a soportar más… se había librado con facilidad de una muerte segura, de un matrimonio equivocado… ahora solo quería terminar con todo esto de una vez…

– Aún así, a pesar de este problema… necesito tu apoyo, Gonzalo- Don Lino aún no soltaba la mano de Gonzalo… Don Jaime sintió que algo no estaba bien… el viejo estaba hablando con Gonzalo como si algo dependiera de él. Él era el jefe de la Familia… ¿no tendría que dirigirse a él?

– ¿Qué es lo que quieres?- interrumpió

– No me queda tiempo Jaime… me veo obligado por las circunstancias… he decidido nombrar a mi hija como mi sucesora hasta que mi hijo pueda asumir plena responsabilidad-

El silencio fue total… nunca una mujer había ocupado un cargo tal… ninguno hablaba, solo se miraban…

– ¿María?- Daniel no aguantó más y se acercó a Coque… lo miraba sorprendido

– Si, ella. Apoyada por Esteban y yo- Coque le hablaba con la mirada, le pedía su apoyo.

– ¿Y qué es lo que necesita de nosotros? – Daniel siguió hablando… estaba dispuesto a ayudar a Coque en lo que necesitara… la pregunta los trajo a todos de vuelta a la realidad.

– Necesito tu apoyo Jaime… el tuyo y el de tus hijos… será muy difícil obtener el respeto y la aceptación de todo el resto si no cuento con el de ustedes primero-Don Lino retomaba la palabra

Don Jaime no hablaba… pensaba en esa niña delgada y frágil… ¿iba a dirigir la familia de Lino? ¿Qué diría el resto?… ¿Necesitaba de su aprobación?… ¿cómo podía obtener un beneficio adicional?…

– Don Lino… ¿Qué espera de nosotros?… Gonzalo estaba analizando lo que escuchaba…

– Es mi hija Gonzalo. Conoce el negocio tan bien como yo y es muy fuerte. Quiero vuestro apoyo frente a las demás familias –

Todos se miraban en silencio. Gonzalo recordó a Lidia… tan capaz pero inhabilitada para actuar solo por ser mujer… le pareció injusto… María podía ser una buena opción… Además, estaba tan aliviado de cómo se desarrollaban las cosas…

Coque miraba de frente a Gonzalo… de pronto, en una actitud totalmente extraña e inesperada, Gonzalo sonrió y estiro su mano para estrechar la de Coque

– Cuenta con mi apoyo. Estoy seguro que entre los tres sabrán hacerlo muy bien – Coque sonrió también y estrechó la mano de vuelta. Gonzalo quiso decirle más… hacer más patente su apoyo, pero de pronto se dio cuenta que había cometido un error al no esperar a que su padre hablara primero.

Todas las miradas estaban fijas en Don Jaime. El hombre sintió en particular las miradas de sus hijos… ambos se habían adelantado sin esperar a que él hablara… eso lo molestaba pero entendía… sabía todo sobre Daniel y Coque… sabía del apoyo incondicional que Daniel expresaría para ese chico y la familia de Lino… de Gonzalo ni hablar… se había librado de la muerte y de seguro estaba tan agradecido que apoyaría a esa niña y a su hermano… Quizás era hora de cambiar táctica y mostrarse como el mejor amigo de esta nueva familia… quizás debía ser magnánimo… Lino iba a morir y estos chicos jóvenes iban a necesitar de un líder experimentado que los apoyara…

– Es una opción arriesgada Lino… una mujer tan joven a cargo de una familia… pero los tiempos han cambiado, Quizás sea hora de aceptar los cambios – caminó pausadamente hasta quedar al frente de Don Lino – cuenta con nosotros. Nuestra familia apoya a tus hijos y la nueva Jefa de Familia– estrechó su mano para sellar el pacto– Será interesante- sonrió brevemente

Los ojos de Don Lino se cerraron en un momento de calma… se le agotaban las fuerzas…la vida se le escapaba del cuerpo…  hoy había sido un día particularmente agotador… María y Esteban… Esteban, su hombre de confianza… un buen hombre, y su niña preciosa… mientras más lo pensaba menos le disgustaba la idea… no era Gonzalo, no era miembro directo de una familia pero Coque había dicho que se amaban… ¿su María estaba feliz?… tal vez ya podía irse en paz…

Aprovechando el minuto de emoción y que todos estaban distraídos, Daniel se acercó hasta Coque, detrás de don Lino y tomó la mano del menor sosteniéndola entre sus dos manos

– Haremos lo que sea para apoyarlos. Pueden contar con nuestra familia

Se miraron de frente… Coque entendió claramente lo que Daniel le decía… conocía tan bien sus ojos y su expresión… había tanto amor en los ojos de ambos. Había proyectos, esperanzas, un futuro… juntos… ganas, deseos… promesas… ya vendría todo… más adelante.

– Gracias… gracias- el hombre estaba emocionado…- Bien… es hora de anunciar los cambios. Llama a tu hermana –

Coque obedeció y se retiró a un lado para llamarla.

 

MARIA.

Llegó con Esteban a su lado. Habían pasado por un infierno juntos mientras esperaban  sin saber que ocurría…  se habían prometido amarse pasara lo que pasara… dispuestos a morir si ese era el final que su padre estimaba conveniente. Defenderían su amor por sobre todo. Pero entonces llegó la llamada de su hermano. Tenía que volver. Su padre quería hablar con ellos, si, con los dos, y no, no estaba enojado… no demasiado al menos.

Iniciaron el camino de regreso, muy juntos, tomados de la mano. Solo se separaron al llegar al recinto donde esperaba su padre y su hermano, al ver a tantas personas. Nadie se había movido, pendientes de las personas que entraban y salían. Todos suponían que algo había sucedido pero aun no sabían nada. Todos esperaban a que Don Lino anunciara algo importante.

Coque los llevó directamente a la sala donde esperaban todos los jefes de las familias presentes. El silencio había sido total cuando Don Lino anunció lo que casi todos ya sabían; que estaba enfermo, que le quedaba poca vida. Luego miró a Gonzalo y le agradeció haber librado a su hija del compromiso del matrimonio… se había cancelado. Hubo murmullos y comentarios. Casi todos de aprobación y alivio… las fuerzas volvían a estar como siempre debieron ser. Entonces Don Lino pidió respeto para su reemplazante temporal. Todos los ojos puestos en él esperando escuchar el nombre… muchos de ellos rogando que no fuera Gonzalo a pesar de no ser el esposo… El nombre de María los volvió a dejar mudos. Don Lino decía que duraría unos cuantos años hasta que su hijo pudiera hacerse cargo. Los hombres se miraban… María??… mujer, tan joven… muchos de ellos ni siquiera la conocían o recordaban.

Fue justo en ese momento en que la puerta se abrió e ingresó ella… volvía a ser la de siempre.  Caminando con dignidad y firmeza, recubierta en toda su capa de frialdad y control. Sintió todas las miradas posarse en ella. Camino hasta quedar de pie al lado de la silla de ruedas de su padre. Detrás de María, Esteban y Coque.  El primero en ponerse de pie fue Don Jaime. Se acercó hasta ella y tomando su delicada mano, depositó un beso sobre ella.

– Mi reconocimiento Señora y el de toda mi familia-

María estaba tan sorprendida como todos los demás jefes presentes en la sala… pero reaccionó rápido… por Dios!!! Había resultado el plan de su hermano!!… ella… ella era la nueva jefa de familia. Levantó más su pequeña barbilla y estiró su mano para encontrar la de su padre sin quitar la vista de Don Jaime frente a ella.

– Gracias, Don Jaime- contestó segura

Detrás de Don Jaime estaban Gonzalo y Daniel quienes repitieron la acción.  Gonzalo tomó la mano de María en la suya y la acercó a sus labios. Sonreía… y esta vez la sonrisa no era ni sarcástica ni burlona.

– Mi reconocimiento María… Cuenta con todo nuestro apoyo-  Recibió de vuelta una leve sonrisa, también limpia y sincera

– Gracias Gonzalo –  Ahora que ninguno de los dos era una amenaza para el otro eran capaces de mirarse sin rencor y ser agradables. Se necesitaban para los negocios.

Poco a poco se fueron levantando el resto de los hombres… algunos aún confundidos con el brusco cambio que todo había experimentado pero aun así, sintiendo alivio de saber que las fuerzas volvían a quedar parejas. Miraban a la joven mujer y se daban cuenta de lo pequeña y frágil que parecía… una mujer!… extraño, desesperado de parte de Lino… quizás la enfermedad lo había afectado…  pero al mirarla de cerca podían apreciar la determinación y frialdad en sus ojos claros… la forma segura en que les devolvía la mirada directo a los ojos y los llamaba a cada uno por su nombre… veían a los dos hombres detrás de ella… a Don Jaime y sus hijos a su lado… y ya no les parecía ni tan débil ni tan frágil. Definitivamente estarían pendientes de cómo se desarrollaba todo esto. Después de todo, en esas manos pequeñas y suaves descansaba ahora el control del puerto.

 

Capítulo 51

0

CAPITULO 51

MARIA.

Se puso con mucha calma el vestido que Lidia le había regalado. Era una delicada joya de color marfil con bordados a mano que destacaban aún más su graciosa figura. Se veía femenina y preciosa… se sentía horrible… había pedido que la dejaran sola… Coque la hacía llorar… su querido hermano había logrado traspasar la coraza de hielo con la que se recubría y ahora llegaba directo a su corazón… era demasiado doloroso escucharlo… y aunque no le hablara, bastaba con mirarlo porque en sus ojos veía lo mismo… no te cases, sé feliz… vas a arruinar tu vida… son 8 años… tendrás 27 cuando puedas liberarte del compromiso… te quiero hermana… no podía con eso. No ahora cuando faltaban solo unas horas. Le hacía falta su padre… el sí sabía cómo lograr fortaleza y resistencia de ella… Dios! Lo iba a extrañar tanto…

Se acomodó la ropa espantando los pensamientos de tristeza… no podía darse el lujo de seguir pensando y sufriendo…  Lidia tenía cosas de muy buen gusto en su tienda. Le gustaba su futura cuñada… suspiro… recordó… ella también le había dicho cosas duras… como si supiera o presintiera… “ojalá nunca te enamores de él”… “Gonzalo tiene intereses variados”… “una vida perfecta y ordenada”… “no sabes lo que es dejarse llevar por la pasión “…  pero si sabía… tenía claro lo que era dejarse llevar por la pasión, no ser ordenada ni perfecta… sino puro sentimiento… cuando se había entregado a  Esteban fue por pura pasión… se dejó caer en la silla… las piernas se le doblaban al recordarlo… vencida por el peso de los recuerdos.

Ella creyó que habían comenzado a mirarse cuando tenía 17 años… un día notó la forma en que Esteban no quitaba sus ojos de ella… los días siguientes fue lo mismo… de la nada se encontró pensando en su mirada y recordándola… sus gentilezas y su educación al tratarla… ese respeto cariñoso con que siempre se dirigía a ella… era mayor, era el segundo de su padre, tenia poder suficiente para tratarla como a una mocosa chica si hubiera querido… pero había algo especial en la forma en que lo hacía, en que la miraba… empezó a quedarse pegada en sus ojos también… muy lentamente…  Solo después supo que Esteban la observaba desde siempre… que adoraba su figura y sus movimientos, su voz, su forma de pensar y sentir… que estaba cautivado por esa niña seria y de movimientos delicados que estaba junto a su padre todos los días… que aprendía callada y juiciosa… que obedecía sin preguntar… que no tenía más entretenimiento que acompañarlos a ellos en sus deberes del negocio… era María una brisa fresca… con su cabellara en llamarada y sus ojos claros no había nada más hermoso… una visión del paraíso… él tenía que hacerse cargo de ella cuando don Lino no podía por alguna razón… la llevaba y la traía, la acompañaba protegiéndola… más que dispuesto a arriesgar su vida por la preciosa carga que le habían encomendado… la llevaba a su lado orgulloso de ser responsable de cuidarla y protegerla. La vio crecer y desarrollarse… sus amigos y familia le decían, entre risas, que ya era hora de que se buscara una mujer y sentara cabeza… pero él estaba irremediablemente perdido… se había enamorado y tenía lealtad ciega por la hija del patrón… no había ninguna otra que llegara siquiera a la altura de los preciosos tobillos de María… era toda perfecta… moría por ella en silencio. Jamás osaría decirle algo… era tan orgullosa y altiva… la miraba con devoción pero sabía que era un imposible.

Cuando María cumplió 17 lo celebraron con una cena familiar a la que asistieron algunas de sus escasas amigas. Esteban participaba de todo, pero desde afuera. Siempre estaba de turno y solo descansaba cuando Don Lino lo hacía. Siempre, aunque no fuera visible, estaba vigilando y resguardándolos… a él y a ella. No era el guardia personal… esa etapa la había cumplido hacía bastante tiempo atrás… era el segundo de a bordo, pero siempre estaba a mano para su jefe y organizando todo para él… quería a Don Lino con lealtad a toda prueba. Lo había recibido cuando era un adolescente y había sabido captar la esencia del chico, había visto la inteligencia y capacidades; lo había llevado a desarrollarse y a crecer junto a él hasta llegar a donde jamás había soñado. Ahora se encargaba de los negocios y tenía poder sobre muchas personas entre otras cosas, pero nuca dejaba de lado la seguridad de ambos, su jefe y su preciosa hija. Sólo los mejores y más experimentados cuidaban de María… nadie se atrevía a ponerle un dedo encima ni siquiera para ayudarla a subir al auto… las instrucciones de Esteban era siempre precisas y claras respecto de la hija del patrón… ni se mira ni se toca… respeto máximo.

María lo había visto cerca de su padre desde siempre… no lo recordaba de niño, solo de adulto. Esteban, con su metro ochenta y cinco,  sus espaldas anchas, sus movimientos ágiles,  la sonrisa especial en sus ojos castaños que guardaba solo para ella… le hacía brillar sus ojos oscuros… era un hombre atractivo… generalmente tan serio y preocupado… pero con ella siempre era gentil y educado… respetuoso a más no poder… casi tímido.

El intercambio de miradas duro unos cuantos meses… María comenzó a avergonzarse y a sentirse algo cohibida… tenía extrañas mariposas en el estómago cuando se miraban… cuando sabía que él esperaba por ella para llevarla o traerla… cuando por alguna casualidad llegaba a tocar su mano… ambos se miraban y retrocedían como si el roce hubiera quemado…

Esteban pensó al principio que estaba imaginando… soñando… veía los ojos celestes de su preciosa niña mirarlo cuando estaba descuidado… alcanzaba a ver su mirada justo antes de que la desviara asustada… lo miraba como si… no, no podía ser cierto… estaba inventándose cosas… pero luego de un par de días en que sus miradas se cruzaron de manera diferente, en que María se sonrojaba de manera tan bonita y desviaba su vista hacia cualquier lado… en que la veía nerviosa cuando él se acercaba… Esteban sintió que se inundaba de locura… María… lo miraba con interés?… se comportaba como adolescente enamorada?? ahora sudaba cuando estaba junto a ella… el corazón le palpitaba acelerado y apenas se atrevía a respirar cuando ella estaba cerca… era un hombre hecho y derecho, duro y decidido que enfrentaba cosas fuertes cada día, usaba un arma y dictaba ordenes que podían incluir dañar a otras personas… pero cerca de ella se volvía de gelatina y se le olvidaba hasta como coordinar los pasos para caminar correctamente. Este delicioso intercambio de miradas duró varios meses… había días en que ambos esbozaban dulces sonrisas al cruzar una mirada y quedaban acelerados y con la mente completamente revoloteada, se volvían a mirar y casi… casi parecía haber complicidad entre los dos… en cambio otros días María era fría y distante dejando a Esteban con el corazón agitado y la mente asustada pensando en que había hecho mal hasta que ella volvía a sonreírle y a tranquilizarlo… también sucedía lo contrario, Esteban estaba, a veces, demasiado concentrado en su trabajo o tenía alguna cosa urgente que ocupaba su tiempo y desaparecía o le dedicaba muy poco tiempo a ella porque no podía disponer de más… entonces era María quien se quedaba preocupada… nerviosa, pensando en que era una niña y que Esteban jamás la iba a tomar en serio. Se sentía pequeña e inexperta frente a él… tenía sentimientos que no entendía… este intenso juego de miradas, esta comunicación sin palabras que ambos habían iniciado meses atrás, se había vuelto tan importante ahora. María se había ido interesando lentamente… cada vez un poquito más al conocerlo mejor, al poner más atención… al saber todo lo que hacía, de su lealtad y su forma de ser, escuchaba a su padre hablar de él con orgullo y sentía que algo cálido y grande crecía dentro de ella, un sentimiento que a ratos la ahogaba y no entendía… quería sentir los brazos de Esteban alrededor suyo… quería escuchar sus palabras cerca de su oído… le encantaba el físico fuerte y grande de aquel hombre… No sabía que hacer… se apoyaba en su padre, se distraía hablando con él e intentando no pensar más en Esteban… pero volvía insistentemente, una y otra vez a su mente, cuando se quedaba a solas… suspiraba por elcomo una adolescente enamorada sin tener la más mínima idea de que hacer para quitarse o aliviar los sentimientos que la estrujaban. Eran muchos, demasiados, y le asustaba no poder tenerlos bajo control. Ella, que siempre era tan fría y mesurada, que le gustaba tener todo organizado, reaccionaba tímida y nerviosa con él.

“Suficiente” decidió un día, No podía más con el loco zapateo de sus hormonas y el sube y baja de sus sentimientos. Los meses pasaban y nada cambiaba… se estaba enloqueciendo de ansiedad, pensaba demasiado en él y estaba comenzando a afectar su vida. Tenía que terminar con todo esto. No iba a volver a buscarlo ni a mirarlo sino a tratarlo con indiferencia como siempre debió ser. Comenzó aquel mismo día. No más miradas, no más sonrisas… dolía por dentro pero dolía menos que la revolución de sus sentimientos y la falta de esperanzas. Era un hombre y ella una niña…s e seguro nunca iba a tomarla en cuenta.

Aquella tarde, varios días después,  su padre y ella tenían que volver juntos a casa con Esteban de acompañante, pero su padre tuvo algo importante que hacer y despachó a María con Esteban para asegurarse que su hija llegara bien. Iban los dos solos en el vehículo. Esteban había notado el cambio de inmediato, el mismo día que sucedió y no sabía que había pasado, estaba preocupado y esperando a que ella le diera una señal, una esperanza… María estaba completamente seria e indiferente. Miraba por la ventana o la pantalla de su teléfono pero no lo miraba a él como solía hacer. Él comenzó a traspirar… quería ver sus ojos, su mirada… ¿a que más podría aspirar él?… ¿hijo de uno de los antiguos choferes de Don Lino?… María era un sueño tan hermoso, pero nunca sería más que eso solamente… nunca podría ser para él.

Al llegar a casa, estacionó el vehículo en el garaje y se acercó a abrirle la puerta. María estaba tan nerviosa tratando de mantenerse fría y distante que no se dio cuenta cuando sus tacones se enredaron y cayó al suelo… no fue una caída brusca ni fea… pero fue importante…  todo cayó… no solo su persona sino también su orgullo… su capa protectora, la montaña de sentimientos acumulados… se quedó en el suelo unos segundos sintiendo el peso de todo… Esteban corrió a su lado, sin atreverse a tocarla pero extendió su mano para ayudarla a levantarse… María vio la mano grande, fuerte y hermosa y la mirada de dolor del hombre y se derrumbó… quiso controlar el torrente de lágrimas pero no pudo… agachó la cabeza enterrándola entre sus hombros y rogando para que su cabellera la cubriera y Esteban no viera ni escuchara su llanto… no podía levantarse aún… no sabía que le pasaba ni cómo reaccionar. Pasados unos instantes, cuando volvió a levantar la cabeza, se dio cuenta que Esteban ya no estaba de pie… estaba sentado en el suelo, a su lado… con los ojos brillantes de agua también…

– Lo siento, debí sujetarla y no dejarla caer-  dijo todo acongojado

Las lágrimas volvieron a caer de los ojos claros… ¿por qué la miraba y le hablaba así?… ¿no se daba cuenta de lo que le hacía?

– No es su culpa. Yo tropecé– ninguno de los dos intentaba ponerse de pie. María miró sus manos. En una de ellas tenía una pequeña rasmilladura de la cual brotaban diminutas gotas de sangre

– Es mi culpa… – la miraba y se moría por ella. Se quedaron anclados el uno en el otro… sin poder despegar sus ojos… María se daba cuenta… estaba dando un paso que no debía, revelando lo que sentía y quería… no podía… pero quería…. Dios!! Si… quería.   Esteban tomó con calma la mano herida que María entregó dócilmente… sin despegar sus ojos de los de ella, se llevó la mano a la boca y lamió la herida. Ella solo abrió la boca para jadear… respirando entrecortado… nunca en su vida había sentido ni vivido algo tan fuerte y erótico como lo que estaba viviendo ahora… la boca húmeda de Esteban limpiaba su herida y le dejaba un reguero de calor por todo el cuerpo… una urgencia que no se explicaba…

– No…- dijo apenas sin atreverse a quitar la mano

Entonces el obedeció y dejo de lamer y chupar, pero no soltó su mano… era demasiado hermoso tener esa diminuta mano, tan suave, entre las suyas… olía tan bien… se sentía tan cálida… quería comérsela a besos… no sabía dónde habían quedado su inteligencia y su auto-control… no era el mismo desde el momento en que vio a María caer y sintió que le dolía el corazón a él. No estaba pensando…

Despacio se puso de pie y nuevamente extendió su mano para ayudarla. Ella tomo la mano, el contacto fue un golpe de electricidad… él, nervioso, tiró con demasiada fuerza y ella fue a dar justo contra él… contra su cuerpo grande y duro… ella levantó la mano que tenía libre y la puso por sobre la camisa de él… tenía que empujarlo un poco… retroceder, alejarse dos pasos, recomponerse y caminar con la dignidad que le quedaba, derecho hacia su casa mientras él la seguía detrás… eso era lo que debía hacer… ¿por qué entonces no hacía nada y se quedaba con la mano extendida sobre el pecho de Esteban? Sintiendo el calor… la forma de los músculos… levantó la vista… pidiendo ayuda… se encontró con los ojos castaños tanto o más emocionados que los propios… fue un contacto suave y delicado en sus labios vírgenes… él sabía todo de María… sabía que nunca la habían besado y que él se estaba llevando el honor de ser el primero… podía morir por lo que estaba haciendo… Don Lino lo mataría… valía la pena… nada lo había preparado para la sensación de besar a esa dulce criatura y ser besado de vuelta… María estaba asustada de muerte… no por el beso, no por el roce… sino por lo que estaba sintiendo frente a los labios calientes y suaves de esteban… era solo un contacto de labios… él no se atrevía a más y ella no sabía… pero los dejó temblando a ambos

– Señorita María… yo… perdón …  no sé…- no podría jamás explicar lo que había hecho… estaba dispuesto a pagarlo con su vida… era terrible… se había descontrolado y la había tocado… Dios!! No podía con la vergüenza.

María no dijo nada… se separó muy despacio de él y comenzó a caminar hacia la casa… él la siguió queriendo rogar, gritar… suplicar por una palabra de ella… pero no dijo nada. Entró a la casa y sin siquiera mirarlo de nuevo desapareció rumbo a su habitación.  Una vez a solas cerró la puerta y volvió a respirar… dos, tres veces… soltó el aire y volvió a inhalar… se tocó los labios y comenzó a reír… la había besado!!! … miró su mano y recordó la boca y la lengua de Esteban en su piel… Le había gustado escalofríos, mariposas, mareo… se arrojó en la cama y grito escondiendo su rostro en la almohada… después de todo solo tenía 17 años y se estaba enamorando… le fascinaba ese hombre… estaba loca… arriesgaba todo… pero quería más… rio… derramó lágrimas… no comió… no podía tragar nada… estaba absolutamente llena de amor y nada más cabía en su ser.

Al día siguiente volvió a ser la misma de siempre durante la mañana en el colegio. En la tarde, al llegar la hora de partir con su padre era una mujer diferente; hizo cosas que nunca había hecho… se arregló de manera especial, su pelo, maquillaje para parecer mayor, ropa que la hiciera parecer mujer. Su padre la miro pero no dijo nada.

Esteban los esperaba en el salón. Estaba viviendo su propio infierno al no saber que pensaba o había hecho María… pero seguía vivo y amándola con más ganas aún. Ella apareció al lado de su padre. No levantó sus ojos. Estaba diferente… se veía más mujer… sintió como se agitaba entero. Los acompañó durante la tarde que pareció interminable. La buscaba con la vista, pendiente de ella, pero María no respondía… no sabía que pensar. La tarde terminaba y era hora de volver a casa. Esteban subió al auto con ellos. Don Lino hablaba y él respondía en forma automática… pendiente de cada pequeño movimiento de su amada… nada. Ni un gesto para él. Entonces al llegar a casa, María se dirigió a su padre con la mayor inocencia.

– Tengo que ir a casa de mi amiga a buscar unos apuntes.-

– ¿A esta hora?-

– Los necesito para mi clase mañana. Volveré de inmediato- anunció con su tranquilidad y frialdad de siempre. No pidió que la llevara alguien en especial… ella sabía que su padre solo confiaba en Esteban para que lo hiciera.

– Esteban te llevará- dictaminó abandonando el auto

Se quedaron solos… sin mirarse aún.

– ¿Dónde la llevo señorita?-

– Solo conduzca fuera de aquí- respondió mirando hacia la ventana y haciendo un esfuerzo para que su voz sonara como siempre… reuniendo todo el valor posible. Esteban… ni siquiera se atrevía a soñar, a pensar… nada… estaba tan impactado por la audacia de ella. Estaban solos en el auto, alejándose de la casa. Condujo por espacio de unos breves minutos. Cuando pasaron por un lugar apropiado, María indicó.

– Detente ahí… por favor- Era primera vez que lo tuteaba y que pedía usando un “por favor”. Esteban la escuchó y obedeció. No pregunto… sabía que tenían que hablar.

Silencio por breves segundos… luego María lo miró por fin… él habló de golpe… avergonzado, los ojos claros lo mataban…

– Le pido disculpas por lo que pasó ayer, señorita…-

Ella levantó la mano para hacerlo callar… pero su mano tenía vida propia y fue a parar directamente sobre los labios del hombre…

– No me pidas disculpas y deja de tratarme de señorita… por favor. Soy María… me conoces de siempre –

La situación lo superó… su niña hermosa le estaba otorgando permiso para tutearla y lo estaba tocando. Tomó la delicada mano entre las suyas y la besó… María cerró los ojos y sonrió…

– María…-

– Si?…- escuchaba su nombre en labios de él por primera vez… Pero no le dijo nada… solo la volvió a besar con extrema delicadeza… atreviéndose a tocar por primera vez la cabellera rojo fuego de María… suave, como toda ella… se perdía en sus labios que lo besaban también… una y otra vez… Ella estaba preparada esta vez. Lo había pensado mucho, si no era ella la que daba el primer paso, sabía que Esteban no se atrevería… entonces lo hizo, buscó la oportunidad para quedarse a solas con él y darle a entender claramente que también quería lo que estaba pasando… quería los labios de él sobre ella, quería de nuevo el roce de su cuerpo… escucharlo y que la abrazara… sentía necesidades que no podía explicar pero que tenían que ver con el hombre a su lado.

Había magia entre los dos… se besaban con ternura y delicadeza… él sentía un volcán rugir en su interior, deseos y sentimientos fuertes y escandalosos, quería tantas cosas con ella pero no podía… ella era toda delicadeza y dulzura… él sabía lo que escondía tras la capa de aparente frialdad. Se separaron mirándose… ella, con los labios rojos… semi abiertos, esperando por más

– María… eres tan bella- su voz era ronca y estaba tomando su papel de hombre adulto y protector… ambas manos la sostenían, una en el pelo y la otra apenas tocaba su cintura

María sonrió al escucharlo decir eso… entendió que era eso lo que necesitaba y quería… besos, palabras dulces, caricias, su mano en su cuerpo… lo quería todo con este hombre, con Esteban.. era tan hermoso, grande y seguro… sentía que él podía hacerse cargo de todo

– No soy bella.. tú lo eres-

Él rio de buena gana… Por Dios!!! Como podía aguantarse los deseos de estrujarla apasionadamente si ella le sonreía así y le decía cosas como esas… Estaban locos… pero no quería detener esta locura… la había soñado de siempre… ¿qué iba a hacer ahora?…

– María…-

– Suena hermoso… mi nombre… cuando lo dices…-

La abrazó y la sostuvo contra su pecho

– María.. María… María… – ella reía y él seguía repitiéndolo… besándola… atreviéndose a abrazarla… sabía que estaba mal… que estaba loco, arriesgando su vida, pero era tan bueno lo que sucedía… después se preguntaría y se lamentaría… ahora no quería pensar…

María tampoco pensaba… solo se dejó llevar por la locura de los sentimientos… maravillada ante lo que descubría… le gustaban sus besos, sus manos, su olor, apoyarse en su pecho… que tocara su pelo y su mano grande apoyada en la cintura… le provocaba calor y sensaciones que hormigueaban en su estómago

Este primer encuentro fue el inicio de muchos más… buscaban cada momento que podían para darse aunque fuera un solo beso tranquilo y callado… enlazar sus manos, suspirar juntos… mirarse a los ojos… ninguno de los dos hablaba de lo que estaba sucediendo porque no sabían cómo calificarlo, hablarlo significaba hacerlo real, aterrizarlo, dejar de soñar y ponerse seriamente a analizar lo que estaban haciendo… y ambos sabían que estaba mal.

 

La relación avanzaba sin nombre y Esteban se maravillaba mirándola y besándola. María era otra persona con él… se dejaba llevar por su experiencia y lo trataba con tanta ternura… nunca les faltaba tema de conversación… al contrario, siempre les faltaba tiempo para hablar… conversaciones salpicadas de muchos besos y caricias. En las noches, Esteban dormía inquieto pero feliz… soñar con avanzar más en su relación con ella era demasiado… aunque… sentía que ella lo quería a veces… que sus besos se apasionaban y se extendían… que las manos se iban solas en busca de la piel del otro… pero era tan niña… tan inocente y dulce… solo parecía fría frente al mundo, María era cálida y risueña con él… A su lado  se quitaba todas las caretas y era solo una niña mujer de 17 años que experimentaba el primer amor de su vida… el más grande, el que la llenaba de ilusión y fantasía y la dejaba temblando y ansiosa… curiosa, excitada… Esteban lo sabía, podía leerla como un libro abierto, la conocía mejor que nadie,  pero aún no se atrevía… quizás nunca se atrevería.

Cumplió 18 años y estaba en el mejor momento de su vida… su padre confiaba en ella y le enseñaba los trucos del negocio, su relación con Esteban, aunque oculta, era lo más importante, se sentía completamente enamorada. En los brazos de él se refugió a lamentarse y desahogarse cuando sus hermanos mayores se alejaron de todo… en los mismos brazos se deshizo en llanto cuando supo de la enfermedad de su padre… estaba deshecha… él era tan importante para ella. Su padre se sostenía en ella al verla tan fuerte, pero él conocía la verdad. Esteban la sostenía y consolaba queriendo borrar el dolor, hacerse cargo de todo y mantenerla feliz… sufría con ella, también le tenía mucho cariño a Don Lino.  Él fue el primero en enterarse de los planes que el hombre estaba diseñando en su mente… casar a María con alguien que cuidara de su familia  fuera respetable y aceptable frente a todos los jefes de las otras familias. Cuando escucho a su patrón hablar de ello tuvo que tomar asiento para no caer de bruces al suelo… se terminaba… perdía a su preciosa hada pelirroja… la magia se terminaba. Ella lo supo por su padre solo unos días después. Estaban los tres en la oficina de Don Lino cuando él se lo comunicó… fue la primera vez que María buscó a Esteban con la vista y el gesto de amor… él no pudo resistirlo y con los ojos aguados la miró fijamente… arriesgando ser descubiertos. Caminó un paso hacia ella pero se detuvo al darse cuenta de la locura que hacía. María entendió… vio el dolor en los ojos de Esteban.

– Haré lo que sea necesario, papá- respondió digna y orgullosa. Se miraron… ella moría por dentro pero nadie habría podido decirlo… solo Esteban… solo él la conocía tanto que podía ver el dolor a través de la aparente frialdad… Quiso abrazarla y retenerla para siempre… le dolía perderla… era el sueño más hermoso de su vida… María, su pelirroja… se iba a casar con otro y él tendría que estar presente para ser testigo de todo… tendría que ser el apoyo para ella… entendió su futuro papel de inmediato y aunque era muy difícil estaba más que dispuesto a sufrir lo que tuviera que ser para no dejarla desamparada.  El nombre de Gonzalo surgió a los pocos días. Don Lino se había decidido por él. Esteban sabía que ningún hombre iba a ser jamás de su agrado porque sería el marido de María… pero este nombre le sonaba peor que cualquier otro. Conocía a Gonzalo… sabía bien de él… de sus habilidades y de sus gustos y de su personalidad tan fuerte y a ratos hasta cruel… no quería ni imaginar lo que le podría llegar a hacer a su dulce niña.

La oportunidad de estar a solas no se les presentó hasta unos días después. María regresaba a casa sola con él… normalmente era un momento de mucha alegría y que aprovechaban al máximo pero hoy era silencio entre los dos. Esteban detuvo el vehículo en un lugar seguro cuando vio las lágrimas en sus ojos claros.  La abrazó cobijándola e intentando calmarla

– Eres valiente mi niña… eres tan valiente-

– No lo soy, tengo miedo… mucho miedo-

– Lo sé… pero aun así vas a hacerlo… no voy a dejarte sola, estaré a tu lado todos los días-

– lo sé… no me vayas a dejar.. por favor– se apretaba más a él… esta vez el mensaje era muy claro, lo quería más cerca…. Quería más. Con una pasión que no habían experimentado antes se acercaron y se besaron… Esteban forzó su entrada por primera vez en la boca de ella… ella gimió… Dios, no sabía que se podía sentir así… era tan intenso tener la lengua de Esteban junto con la suya… dentro de su boca… caliente e intrusa… recorriéndola toda… solo abrió más la boca y se dejó besar perdiendo el sentido y el control. Sentía las manos de Esteban apretarla y su cuerpo reaccionar al contacto con ella

– Quiero que seas el primero…- le dijo sofocada. Esteban la escucho y entendió de inmediato… el calor lo inundó, sintió que se quemaba… su niña pelirroja quería entregarse a él

– María… ¿sabes lo que me estás diciendo?- le sujetó la cabeza entre sus manos grandes… tan cerca sus rostros. Ella lo miraba con los ojos celestes muy abiertos, algo asustada, pero segura. Logró esbozar una suave sonrisa mientras rodeaba su cuello con sus brazos delgados y suaves

– Te amo Esteban… quiero que seas tú y nadie más-

Era primera vez que le confesaba su amor… que pronunciaban un “te amo” entre ellos… que  daban a entender lo que esta relación significaba para cada uno de ellos

– También te amo, María- hubo un par de lágrimas en los ojos de ambos… estaban condenados a sufrir de amor imposible.

Al día siguiente María faltó a clases por única vez. En la casa de la playa, absolutamente a solas,  consumaron su amor… él fue tan gentil y cuidadoso con ella… le enseñó con delicadeza y ternura… aguantándose y reprimiendo su propio deseo y urgencia con el propósito de darle una experiencia inolvidable… Ella aprendió rápido, asustada pero siempre valiente… confiaba en él, le encomendaría su vida… lo amaba y se entregó con total confianza en los brazos fuertes de él… se derretía de felicidad y deseo al contacto de sus pieles desnudas… Esteban le parecía lo más hermoso que había sobre la tierra. Lloró sobre su cuerpo, gimió y aprendió a ser mujer. El la llenó de besos y caricias… no podía dejar de repetirle lo mucho que la adoraba y como siempre podría contar con él y disponer de su vida si fuera necesario… María lo era todo y estaba dispuesto a soportar todo el dolor y el sacrificio que significaría verla casada con otro.

Ambos creyeron que esa sería la única vez que estarían juntos… pero al par de días después se dieron cuenta que se necesitaban nuevamente… extrañaban el olor y la textura de la piel del otro… sentirse y amarse… los besos ya no bastaban… necesitaban hacerse el amor. Fueron muchas las veces en que Esteban y ella se amaron, cada vez con más pasión y abandono… cada vez se conocían un poco más y Esteban se atrevía a tomar su cuerpo delgado y delicado de niña y hacerla sentir y gemir… a mostrarle los caminos del placer, tratándola como mujer y dejándola satisfecha y sonriente… enamorada, llena, en su corazón y en su cuerpo.

Hablaron del matrimonio, de Gonzalo… él no quiso decirle lo que ella ya sabía de él… que no la haría feliz y que sería muy difícil. Que tendría que estar atenta y cuidarse… que Gonzalo podía ser cruel y algo perverso… solo  le dijo que estaría siempre cerca… para lo que necesitara y ella entendió todo el resto. Lo amaba más aún porque estaría a su lado aunque significara morir de amor un poquito cada día.

El día de la boda se acercaba demasiado rápido. Evitaban mirarse cuando no estaban a solas porque no sabían contener el torrente de emociones que los embargaba… María se volvía más fría y dura…era su forma de ocultar lo que sentía.  Esteban más callado y taciturno… se apagaba de solo recordar lo que venía…

Miguel Capítulo 50

0

CAPITULO 50

 

ANDREI

Andrei estaba en un verdadero dilema… sabía que algo iba a pasar en cualquier momento… algo que podría cambiar su vida para siempre… su vida… y pensaba literalmente en el hecho de que su corazón siguiera latiendo y su cuerpo funcionando… estaba en manos de Don Jaime… enojarlo, molestarlo o hacer algo que lo disgustara podría equivaler a una muerte como la de su padre…  Dios!!! Quizás peor aún… era responsabilidad de Gonzalo… pero la otra parte de su vida… la de las emociones, sentimientos, trabajo y la felicidad estaba en manos de Lidia y Gonzalo… en este momento estaban confrontándose esas dos realidades. Hubiera preferido quedarse fuera por esta vez… no hacerse cargo de Miguel porque sabía que Don Jaime iba a intervenir… lo esperaba en cualquier momento… lo veía venir… pero Gonzalo se lo había pedido y no pudo negarse… sabía lo importante que era para Gonzalo no dejar que Miguel desapareciera… ¿tendría en verdad intenciones de hacerlo?… paseaba por la sala… lo había visto quebrarse… romperse… lo entendía claramente… le tenía mucho aprecio a Miguel… llevaban meses trabajando junto… lo había visto crecer y cambiar… desde el cuerpo golpeado y casi sin vida que conoció en las bodegas abandonadas hasta el chico seguro y enamorado que era… hasta hace unas horas atrás… Dios! Sí que lo estaba pasando mal, pero insistía en hacerse el fuerte. Se había encerrado en la habitación de Gonzalo… lo dejó… no había mucho en lo que pudiera ayudarle… estaba deshecho de dolor y él, honestamente, no sabía que decirle… no estaba de acuerdo con lo que estaba haciendo Gonzalo… no debería haberlo abandonado.

Andrei fue a buscar una taza de café cuando su teléfono celular sonó… miro el numero antes de contestar… lo sabía… mierda, mierda!!! no había pasado ni media hora desde que se fuera Gonzalo…  tragó saliva… respondió, no tenía sentido no hacerlo. Él sabía dónde estaba, con quien estaba y que estaba haciendo

– Andrei… ¿por qué no estás con Lidia camino del matrimonio?- no parecía molesto lo cual lo hacía más peligroso

– Don Jaime… es que… no puedo asistir a la ceremonia– qué sentido tendría explicarle cuando sus hombres debían haberle informado de todo ya.

– Tonterias!… toma el vehículo y vente inmediatamente- Dios… tenía tan claro que esto iba a suceder… lo supo desde el principio…- Es una orden- ahora su voz era dura.

– Si señor- cortó el teléfono sintiéndose partido en dos… iba a traicionar a Gonzalo… a Lidia. No lo perdonarían nunca si Miguel desaparecía pero no podía hacer otra cosa… dio varias vueltas… estaba jugando con su vida si desobedecía esa orden… ¿qué mierda podía hacer ahora??

Golpeó la puerta del dormitorio de Gonzalo. Miguel no respondió. Volvió a golpear y abrió.  Sobre la cama Miguel intentaba dormir… aun entre sueños sollozaba. Lo miró más de cerca… volvió a sentir lástima… a Miguel le tomaría tiempo recuperarse de esto.

– Lo siento Miguel… tengo que irme- habló más bien para sí mismo… Miguel dormía.

 

MIGUEL

Cuando escuché el llamado a la puerta tiré todas mis cosas bajo la cama y me arrojé de prisa sobre ella. Seguía pensando de qué forma iba a pasar sobre Andrei para salir de este lugar… lo escuché hablarme y luego lo vi alejarse… salir del departamento. Solo entonces salté de la cama. Recogí las ultimas cosas que me quedaban… no era mucho lo que me llevaba. Tal vez lo más valioso que tenía en mi pequeño equipaje era la camisa que Gonzalo había usado ayer, con su olor y una foto suya que me había robado… me era imposible cortar con todo tan bruscamente… quizás en el futuro sería capaz de deshacerme de todo… pero por ahora, necesitaba de estos pequeños recuerdos. Tomé el sobre, el dinero. Sobre la mesa del velador dejé las llaves del departamento… la nota que le había escrito hacía un rato… también sentí como dejaba un trozo de mi vida.

Caminé hacia la puerta… con la manilla en mi mano me giré lentamente a observar el departamento por última vez… cerré los ojos en cuanto sentí las lágrimas asomar. Tenía mucho que hacer ahora. Ya tendría tiempo para llorar cuando estuviera solo en aquel lugar olvidado del mundo.

– Adiós…- una sola maldita palabra y mi voz se quebró al decirla. Cerré de golpe.

 

Llegué a la automotriz. Comprar una moto era fácil. Me atendieron de maravillas. Supongo que siempre había soñado con hacer esto… pedir la mejor de todas y darme el lujo de pagarla y ni siquiera regatear el precio… me miraron asombrados… pero no había nada que me hiciera feliz hoy día. No sentí satisfacción alguna al hacerlo. Solo pagué rápidamente, recibí los papeles correspondientes, me subí en ella y conduje hacia el departamento de mi mamá. En el camino me detuve en una tienda de mascotas. Estaba seguro que Nali echaría de menos a “sombra” así es que le compré un cachorro pequeño y precioso.

Despedirme de mis mujeres fue también difícil. Habían vuelto al departamento de siempre… a mi departamento. Mamá se había acostumbrado a trabajar en un horario más cómodo y pasaba mucho más tiempo en casa. Naliestaba preciosa, le gustaba el colegio y sus amigas,  me sentía orgulloso de ella. Me iba con la tranquilidad de saber que las dejaba bien. Don Jaime había dicho que se encargaría de que estuvieran bien y su palabra valía tanto como la de Gonzalo… también sus amenazas.

Era un poco antes del mediodía cuando estaba listo para irme. “Sombra” en una mochila especial en mi espalda. Mi única compañía de ahora en adelante. Lo acaricié.  Tenía casi 2000 kilómetros que recorrer…  supuse que esa distancia sería suficiente…  2000 kilómetros entre los dos… avancé por las calles y avenidas… no podía llorar, el casco no me permitía secarme los ojos… tenía que controlarme para no chocar. Llegué a la Panamericana norte en corto rato…  ahora estaba aún más lejos de él… atrás quedaba la ciudad… atrás quedaba la vida que había vivido hasta ahora… ni idea de cuánto tiempo pasaría antes de que me permitiera volver… años seguramente… y ni soñar siquiera con volver a verlo… mierda!!  lágrimas no… aceleré a fondo… sobrepasando todos los límites permitidos… velocidad suicida… para algo me había comprado la mejor de todas, no?…

 

GONZALO.

El chofer se dirigió a casa de mis padres. Era temprano aún. La ceremonia se realizaría pasado el mediodía. En la casa reinaba el caos. Mi mamá y Lidia nunca estarían listas a tiempo. Se decidió que viajarían en otro vehículo junto a Claudio. Papá, Daniel y yo partimos primero. Teníamos una hora de camino aún hasta llegar al puerto. El rostro de mi padre expresaba toda la felicidad y el orgullo que sentía. No recordaba haberle visto esa expresión de satisfacción antes. Me miraba y sonreía… palmeaba mi rodilla y hablaba de lo bien que iría todo a partir de ahora.

Daniel permanecía callado frente a nosotros. Me miraba… había reproche en su mirada. Entendí porque sin que me lo dijera. Daniel estaba del lado de Miguel.  Había algo en los ojos de Daniel que me hizo sentir mal… por primera vez me costaba mirar los ojos de mi hermano menor sin sentirme avergonzado… culpable… pensé en Miguel…

Miguel… cerré los ojos y me encerré en mis propios pensamientos… agradecido de tener finalmente un rato de tiempo para pensar durante el viaje… mi vida había estado bastante agitada desde la vuelta de Miguel y la noticia del matrimonio… solo cerrar los ojos y pensar… sentía el leve movimiento del auto al avanzar. Miguel… estaba triste cuando salí… mierda!! como te amo mocoso… como una película muda fui recordando cada capítulo de nuestra historia… la noche en que lo conocí peleando contra esos pandilleros… su molestia cuando lo encontré en el barrio universitario… su reacción a la propuesta… (sonreí al recordar su enojo)… quería golpearme… la primera vez que lo besé en el departamento… ¿sabía que iba a ser tan adictivo? ¿pensé alguna vez en lo que estaba haciendo con Miguel?… no, no tenía idea de en qué me estaba metiendo… en ese entonces solo quería al mocoso para divertirme… me había encaprichado con él… me pareció atractivo y divertido tener mi propia mascota… no sabía lo que iba a sentir por él… cómo iba a cambiarme… la primera vez que lo toqué… excitado a pesar de sus miedos, asustado de mí, de lo que sentía el mismo… orgulloso a pesar de todo… (no sé qué tenía dentro de mí pero comencé a sentirme mal… algo no me parecía bien… Miguel y su orgullo… lo más fuerte de él… y yo… lo estaba pisoteando)  incluí en mis recuerdos el daño que le causé… (ya no era tan agradable recordar…) pero fuimos capaces de recuperarnos… si… los dos… juntos… el miedo que sintió cuando volví a tocarlo… el maravilloso momento en que volvió a confiar en mí y su entrega total… pudimos volver a reconstruir nuestra historia… a hacerla fuerte e importante… Ah mierda!! Sé que lo hago sentir intensamente… que su amor por mí es… lo mejor que tengo… él también sabe lo que me hace sentir… como nadie antes… el único que ha estado en mi… (volví a sonreír)… estaba orgulloso… y yo emocionado… Miguel… suspiro sin poder evitarlo. El auto sigue avanzando hacia el puerto.  Tras mis ojos cerrados recuerdo su rostro hace apenas un rato atrás… sufría, lo sé… mierda!! estaba tan triste… su pena me duele… quiero verlo feliz… quiero el sonido de su risa y el brillo travieso de sus ojos… lo amo siempre pero especialmente cuando está feliz… ¿por qué le hago esto entonces?... pero… es que…  No debería sufrir… sabe que lo amo… es el único y más importante… su sonrisa, su felicidad… su fragilidad aunque parece tan fuerte… por un instante todo se quedó en silencio… no escuchaba ningún ruido… solo mi respiración… si es lo más importante… si Miguel es lo mejor que tengo… ¿por qué lo estoy haciendo sufrir así?… ¿por qué estoy camino a casarme con alguien que no es él?... abrí los ojos de golpe respirando apurado… el corazón me latía rápido… miré a mi padre que leía unos documentos sin percatarse de mis reacciones y a Daniel que jugaba en su celular frente a mi… ¿Qué diablos estaba haciendo?

Sentí que comenzaba a transpirar helado… me había dicho que se iba a ir… no… que me iba a esperar… que hablaríamos cuando volviera… Andrei no lo dejaría moverse… sentí la urgencia de asegurarme que Miguel estuviera esperándome… quise dar la vuelta y volver… verlo… asegurarme…  ¿por qué estaba sintiendo miedo?… ¿miedo?? ¿Yo?… si… miedo… es demasiado importante para mi.  Respiré profundamente. Volví a cerrar los ojos, con fuerzas, consciente de todas mis sensaciones… demasiado agitado para hablar… tenía que ordenar mis pensamientos… estaba confundido y asustado… yo… idiota de mi… ¿Qué estaba haciendo?… Piensa Gonzalo… piensa tranquilo.  Este matrimonio es poder… mucho poder… Dentro de unas pocas horas me iba a convertir en el más poderoso de las familias… todos me tendrían respeto… amo el poder… lo admito… es  importante… un estimulante muy efectivo… por eso es que iba a casarme… ¿hay algo que ame más que el poder?… Sentí un fuerte golpe directo en el estómago… un dolor intenso… Daniel me miró curioso ladeando la cabeza… supo que algo me pasaba…  por Dios!!!  Miguel!!   Me pasé las manos por el pelo intentando calmar el loco zapateo dentro de mi pecho y la ansiedad que comenzaba a invadirme… si… si.. mierda.. SI!!! Lo es… es lo más valioso…  no sé en qué momento de mi vida Miguel pasó a ser más importante que todo el resto… pero lo es… LO ES!!! entonces… ¿por qué estoy tratándolo de esta manera?… ¿por qué estoy jugando y arriesgando lo que tanto quiero?…  es que…  Miguel sabe… él sabe que esta ceremonia es solamente… es solo… nada más que…  mi mente se queda en blanco de repente… incapaz de seguir pensando en la maldita ceremonia… todo mi pensamiento ocupado en Miguel… en su orgullo dañado ahora… en verlo… en saber que está bien… debí quedarme a calmar su dolor… jamás debí dejarlo… ¿qué mierda es esto?… ¿Qué estoy haciendo?

 

MARÍA.

Coque entró con una bolsa con hielo a la habitación de María. Era al único que le permitía entrar. Jamás nadie la había visto así como estaba ahora. Coque  tampoco se había imaginado que ella podría llegar a llorar tanto. No conocía esta faceta de su hermana y estaba algo asustado. El mismo día de su matrimonio no era el mejor momento para dárselas de Magdalena sufriente y dejar que sus ojos se hincharan así como los tenía. Le paso el hielo y ella lo puso de inmediato sobre sus ojos.

– Gracias…- aun sollozaba despacio

– Mari… no tienes que hacerlo…- le dijo una vez mas.

Había hablado con ella la misma noche en que Daniel lo llamó para contarle lo que habían descubierto sobre Esteban y ella. No había sido fácil… ni hablarlo con ella ni tampoco creerlo él mismo… María y Esteban???… Pero luego de cortar con Daniel, Coque se puso a pensarlo… su hermana pasaba todo el tiempo al lado de su padre… si no estaba en clases, estaba con él, siempre… no tenía oportunidad alguna de conocer chicos en otra parte… no había un solo lugar al que María fuera sola jamás… su padre la vigilaba como una de sus posesiones más valiosas… era su niña consentida, la que sabía los secretos de su negocio y solo confiaba en Esteban para que la cuidara cuando él no podía… Coque sonrió… era más que obvio que se habían fijado el uno en el otro entonces!!!… le calzaba a la perfección lo que Daniel le había dicho… ¿Cómo era posible que nunca se hubiera dado cuenta?    Esteban era un buen tipo. Llevaba 15 años con la familia. Había comenzado muy joven… 17 años tal vez… era el chico de los recados de su padre, hijo de uno de sus choferes más antiguo; de a poco se fue ganando el espacio, el respeto y el cariño al lado de su padre, era inteligente, despierto, muy astuto y controlado… ahora era el segundo en importancia… siempre que no lo contaran a él.  Era bastante mayor que María… 32, 33 años quizás… pero no se notaba ni tampoco importaba mucho; con el carácter que tenía su hermana era mejor que se encontrara a alguien maduro y formado que pudiera entenderla… un chico joven, de su misma edad, solo le serviría de juguete a ella.

Aquella noche, nervioso y todo después de la conversación con Daniel, golpeó la puerta de la habitación de su hermana y entró decidido a hablarle. En la cabeza de Coque había nacido un plan que podía resolverlo todo… era arriesgado y complicado… casi imposible… pero si ellos dos estaban de acuerdo, existía un pequeño porcentaje de posibilidades de que todo resultara bien. Solo tenía que convencer a María y eso… no podía ser tan difícil, verdad?

María estaba sentada frente a su mesa de tocador… recién comenzaba con la tarea de cepillar muchas veces su pelo… lo único que cuidaba con idolatría en este mundo.

– Hola… pasa… ¿qué quieres?- con Coque no tenía voz fría ni actitud de hielo. Con su hermano era una chica normal de 19 años, sin ninguna careta que le sonreía, feliz de verlo entrar a acompañarla.

– Nada… solo conversar– avanzó hasta sentarse en la cama a unos cuantos pasos de ella.

– ¿De qué?-

– De tu matrimonio…-

María calló. No le gustaba ese tema… no le gustaba para nada pensar en ese matrimonio… Gonzalo no le caía bien… era un prepotente, arrogante, engreído… era mayor y dominante… le daba miedo pero jamás iba a demostrárselo… nunca!!!… entendía lo que eso significaba. Una vida llena de discusiones y peleas constantes… de cenas solitarias, de miradas de reproche… de vida en tensión… de desafíos diarios… pero ella era fuerte y podía con todo eso. Al menos podía con lo que significaba Gonzalo.

– Mejor hablemos de otra cosa- se fue hasta la cama y se tiró sobre ella… le pasó el cepillo a Coque indicándole que lo pasara por su cabello.

– Bien, ¿de qué quieres hablar entonces?-

– No sé… me da igual pero no hablemos de ese… de Gonzalo-

Coque lo pensó un segundo… se puso nervioso pero estaba ahí con un propósito… iba a cumplirlo.

– Va a ser tu marido-

– Lo sé-

– No te gusta, verdad?-

– No tiene que gustarme-

– Mari… vas a estar casada con él, lo vamos a tener en la oficina y en la casa todos los días y te vas a ir al dormitorio con él cada noche!!!-

María guardó silencio… un nudo enorme se amarraba en su garganta… Cielos!! Lo había pensado… todo eso que Coque le decía ella ya lo había pensado y se asustaba mucho… ¿Por qué su papá le pedía un sacrificio tan grande?… ¿Por qué tenía que haberse enfermado?… y los idiotas de sus hermanos mayores… cobardes!! Los odiaba, no quería verlos nunca más… habían decidido hacer su vida lejos de ellos… nunca más los dejaría volver a la familia!!! No señor… ella estaba sacrificándose por todos ellos… nadie sabía ni entendía lo que ella estaba sacrificando… nadie…  pero iba a exigir sus derechos también… Coque la miraba… vio gruesas lágrimas salir de los ojos cerrados de su hermana

– Mari…- su corazón se estrujo… ella estaba sufriendo también.

– No es nada- dijo ella intentando quitar las lágrimas… pero Coque fue más rápido y la abrazó… María no estaba acostumbrada al cariño, a las demostraciones de afecto y se sintió desarmada ante esta muestra de amor de su hermano… se dejó abrazar…

– Tenemos que hablar- le dijo Coque acariciando su precioso cabello.

No quería hablar… no quería escuchar… le costaba mantenerse firme y decidida… tenía tanto en juego… sus sentimientos que los ocultaba y negaba… los relegaba al fondo de su mente donde no la invadieran… podía hacerlo, ella podía ser la esposa de ese idiota de Gonzalo si solamente la dejaban mantener intacta su coraza de hielo… pero si Coque se empeñaba en destruir su protección… no.. Dios!! Se iba a desarmar en mil trocitos dispersos….

– No Coque… no quiero hablar –  parecía una niña pequeña un poco asustada… no le gustaba estar así… débil y necesitada de consuelo. Coque tenía una extraña sabiduría… la misma que aplicaba a veces con Daniel. La miro con su rostro de niño tan dulce y cariñoso.

– No tienes que casarte Mari… no cuando estas enamorada de otra persona…-

Pensó que había escuchado mal. Se paró de golpe… alejándose de Coque que seguía mirándola sin cambiar su expresión de comprensión

– ¿Qué estás diciendo?- era imposible que lo supiera… nadie… absolutamente nadie lo sabía… solo ella y él… Ambos se habían asegurado de que jamás otra persona los hubiera visto o sospechado siquiera.

– No te asustes… es normal que te enamoraras de él-

– Coque!! De qué estás hablando… estás loco!!!- no le gustaba la tranquilidad y seguridad de su hermano. La había hecho descontrolarse y eso no debía pasar… se reía mientras pensaba desesperadamente…

Coque camino hasta alcanzarla. La detuvo y la miro de frente… los ojos claros de ambos eran casi idénticos

– Esteban hermana… hablo de tu relación con Esteban –  Ahora estaba seguro de ello. Las reacciones de María en los últimos minutos lo confirmaban todo. Lidia había visto bien.

Se quedaron mirando inmóviles… María pensaba a toda velocidad… en alguna parte de su cuerpo el miedo comenzaba a filtrarse… cómo se había enterado Coque?… ¿Quién más sabía?… ¿Había hecho algo Esteban?… le había prometido que no haría nada… ¿se habría atrevido a romper su promesa?

 

LAS FAMILIAS 

Los representantes de 8 de las familias más importantes del país ya habían llegado al lugar donde se celebraría el evento. Curiosamente, Rojas figuraba entre los invitados. Tanto Don Jaime como Don Lino estuvieron de acuerdo en invitarlo puesto que ahora no representaba ningún peligro para la familia de Don Jaime.  Al contrario, esta era la oportunidad de mostrarse magnánimos… hacerles saber a todos que, a pesar del poder inmenso que adquiría uno de ellos, el delicado balance que hacia funcionar los negocios de todos ellos, sería mantenido y respetado… era el momento en que Don Jaime, especialmente, podía mostrarse generoso y grandioso, asegurarles su amistad y sus deseos de que todo continuara igual.

Los autos de lujo con sus choferes esperaban cómodamente estacionados y atendidos. En los salones, Don Lino se paseaba en su silla de ruedas conversando con uno y otro. Aprovechaban el tiempo para crear nuevos negocios, revisar acuerdos o reafirmar viejos lazos de amistad mientras bebían y probaban delicatesen exclusivas… todos pendientes del momento en que Gonzalo ingresara… ninguno de ellos muy feliz con este nuevo arreglo… más bien molestos porque se rompía el equilibrio del poder… una familia, una cabeza… así había sido siempre y ahora lo estaban cambiando.  No sabían demasiado de Gonzalo… era el hijo mayor de Don Jaime, sabían de sus habilidades pero no habían tratado con él… ¿se podía confiar en Gonzalo?… los ponía nerviosos pensarlo… algunos de ellos todavía no terminaban de decidirse de cual lado estar… esperaban hablar con Gonzalo en persona… mirarlo de frente y saber. Sabían que oponerse significaba la guerra… si uno de ellos se manifestaba en contra posiblemente perdería la batalla… pero si todos ellos juntos se negaban a este compromiso y le hacían frente a este quiebre de igualdades, entonces era posible que terminaran destruyendo a una familia completa… por eso era que tanto Don Lino como Don Jaime se habían reunido con cada uno de ellos para explicar detalladamente la situación… Gonzalo no pasaba a ser el dueño de dos familias… la familia de Don Jaime seguía bajo su mando y la Familia de Don Lino solo esperaba a que creciera el heredero y se hiciera cargo… los jefes de las otras familias escuchaban… pero veían la realidad… Gonzalo era hijo de Jaime… en la realidad, el poder de ellos iba a doblar el suyo… más aun, al volverse controladores del puerto.  Ese era el delicado ambiente que reinaba entre los invitados a la ceremonia. Aún faltaba tiempo para que los novios llegaran, pero casi todos los invitados importantes se encontraban reunidos esperando, conversando y negociando.

 

MIGUEL

Me había obligado a no volver a pensar en él y en lo que sucedía a cada minuto allá lejos, en el puerto… tenía que comenzar a aprender a olvidar. Por lo pronto, me estaba divirtiendo avanzando a toda velocidad… arriesgándome a desafiar las leyes de tránsito y al resto de los automovilistas…  la moto era una maravilla… me quedaban cientos de kilómetros aún.

Me detuve en una estación de servicio. Sentí las miradas de admiración… la moto llamaba la atención de las personas. Saqué a “sombra” de la mochila y lo dejé a caminar mientras comíamos algo. Miraba distraído a las personas y el paisaje. Mente en blanco… sin pensar.   De pronto mi celular comenzó a vibrar… mierda!…  me había olvidado del teléfono. Recordé que entre las cosas que Don Jaime me había entregado había uno nuevo. Tendría que sacarlo ahora mismo.  Tomé en mis manos el que vibraba ahora… un poco nervioso y miré la pantalla…”Gonzalo”… un golpe de dolor fuerte en el centro del pecho… mi respiración se detuvo… apreté fuerte el aparato… queriendo romperlo y que dejara de sonar… pero seguía vibrando… Gonzalo estaba tratando de comunicarse conmigo… repentinamente quedó en silencio… aún lo sostenía en mis manos… miraba el aparato con odio… entonces empezó a vibrar nuevamente… Gonzalo insistía… rápido y molesto lo abrí quitando la batería… silencio total… muerto… impulsado por una fuerza extraña comencé a destrozar el aparato… a quebrar las pequeñas piezas de plástico y metal… algunas personas me miraban levantando las cejas… cuando ya estaba completamente inservible y no pude seguir destrozándolo en más partes, me dediqué a terminar mi comida, me costaba tragar. Me levanté y arroje todos los pedazos inútiles en un basurero. Tomé a sombra y volvimos a la moto. Aún nos quedaba mucho camino. Abandonamos la estación de servicio a toda prisa…

Me había llamado… estaba a punto de casarse y se había acordado de mí… ¿ya se habría dado cuenta que me había marchado para siempre?

 

ANDREI

Hice lo único posible que se me ocurrió… no sabía cómo quedar bien con ambos al mismo tiempo… maldición con la lealtad!!!… al salir del departamento de Gonzalo llamé al hombre de mayor confianza nuestra… de Gonzalo y mía. Estaba claramente arriesgando mi cuello… pero era mi amigo… era Miguel a u vez… mierda!! lo tenía que arriesgar… si alguna vez valió la pena correr riesgos era ahora.

No me moví hasta que lo vi llegar y estacionarse. No me acerqué. En alguna parte los hombres de Don Jaime vigilaban también… Miguel era objetivo de mucha atención hoy día.  Mis instrucciones a través del teléfono fueron claras. Te quedas abajo y me avisas si Miguel sale, lo sigues y no lo pierdas de vista.  Es todo lo que necesito saber.  Esperaba con toda mi alma que Miguel se quedara tranquilo… pero dentro de mí, sabía que no iba a ser así.

Conducía hacia el puerto luego de haber pasado  a mi casa a cambiarme ropa cuando nuestro hombre me llamó. Miguel había salido de prisa con un bolso… se iba.  Detuve el auto al costado del camino… ahora sí que estaba en problemas… en ese momento de extrema tensión solo pensé en la persona más importante de mi vida. Llamé a Lidia.

– ¿Dóndes estas Lidi?-

– Cerca del puerto… y tú?-

– Cariño… no hagas ningún gesto extraño ni nada extraño… dime ¿Está Gonzalo contigo?-

Lidia entendió de inmediato que Andrei estaba pidiendo algo importante

– No, claro que no…- sonrió como si se tratase de una amiga con la que hablaba- voy con Mamá y Claudio-

– Okay, Lidi…  Necesito pedirte algo importante y no quiero que nadie más escuche-

– Si claro!! Puedes hablar. Te escucho–  estaba nerviosa pero intentaba disimularlo. Escuchó atentamente a Andrei… diablos… diablos… todo estaba echándose a perder…

Daniel intentaba jugar en su teléfono pero no dejaba de mirar a Gonzalo… lo veía con los ojos cerrados, pensando…  su expresión cambiaba y a ratos sonreía… se notaba que estaba pensando en serio… abría los ojos a ratos y se lo quedaba mirando… estaba intrigado por lo que pasaba por la mente de Gonzalo…  Se iba a casar… con la hermana de Coque… mierda… de nada había servido todo lo que habían hecho… no era mucho pero… por un rato había alimentado su esperanza de que Miguel y él pudieran permanecer juntos. Lo sentía tanto por Miguel… era su amigo… era más que un simple amigo… se conocían bien, su relación era muy cercana. Daniel sabía del tremendo orgullo de Miguel… no sabía bien que iba a hacer ahora… no había tenido tiempo para conversar con él sobre eso, pero tenía claro que no iba a aceptar de buena gana quedarse al lado de Gonzalo en esas condiciones… su hermano era un idiota… estaba perdiendo el amor de su vida… Miguel era lo mejor que le había pasado jamás… ¿cómo mierda no se daba cuenta?. Debió haber dicho que no desde un principio… ¿el puerto?… ya verían como lo solucionaban… no eran una familia cualquiera… eran una de las más poderosas… ¿no servía eso de algo? Podían presionar… además… él era la pareja del futuro heredero… ¿no había pensado en eso Gonzalo??

El mensaje de Lidia interrumpió su juego. Primero leyó la parte de no hacer gestos y parecer tranquilo… luego leyó el resto. Tenía que hacerle saber eso a Gonzalo ahora mismo… sin que su padre se diera cuenta. Estaban solo a unos cuantos kilómetros del puerto…

 

GONZALO.

¿Por qué había dejado que esta idiotez llegara a este punto?… mi respiración no era normal desde hacía unos cuantos minutos… desde que me había dado cuenta del error que estaba cometiendo… y había tomado una decisión…

– Detén el auto- le ordené en voz muy alta al chofer quien se movió hacia la orilla de inmediato. Daniel miraba su teléfono y papá se puso en guardia.

– ¿Qué pasa Gonzalo?

No le respondí. Me bajé del auto y empecé a caminar alejándome. Tomé el teléfono. Necesitaba escuchar la voz de Miguel… necesitaba pedirle perdón… decirle lo que había decidido… saber que estaba conmigo a pesar de todo lo imbécil que yo era… lo necesitaba…  con una urgencia que no había sentido nunca antes… escuchaba la voz de mi padre llamándome a gritos… el celular de Miguel sonaba pero no respondía… ¿se había vuelto a dormir?… volví a llamar… nada… lo intenté una tercera vez y supe que algo estaba mal… esta vez la llamada no pasó… el teléfono había sido apagado a propósito. Estaba marcando a  Andrei cuando Daniel llegó corriendo a mi lado

– Se fue

No me pregunté de quien hablaba ni cómo lo sabía Daniel, no me importó como lo sabía, le creí… entendí de golpe lo que me estaba diciendo… Miguel??  se había ido??… no.. no era posible… ¿había cumplido su amenaza?…  seguía mirando a mi hermano… ¿por eso el apuro de la promesa en la mañana?… ¿por eso su beso de despedida tan entregado e intenso?… ¿por eso las lágrimas que no paraban?… se había despedido de mi para siempre… No…  Miguel me dijo que hablaríamos… sentí miedo… ahora que sentía que podía perderlo, sentí miedo de verdad…

-. ¿Alguien lo sigue?- no reconocí mi propia voz

– No sé

– Y Andrei ?

Daniel levantó las manos… indicándome que no sabía y que no quería meterse en ese terreno… marqué a Andrei de inmediato, Me respondió al instante

– ¿Cómo que Miguel se fue?!!!- le ladré comenzando a sentir rabia y desesperación…

– Gonzalo…

– ¿Lo dejaste solo?!!!

– Tuve que hacerlo. Dejé a alguien vigilando

– TUVISTE QUE HACERLO??!!!- le grité furioso… recordé la duda en Andrei cuando le había pedido… ¿Qué mierda estaba ocurriendo?… – Será mejor que tengas una buena explicación

– La tengo- se apresuró a responder

– Sabes dónde está ahora?

– Creo que si

Andrei creía que si??  más le valía que alguien supiera donde estaba Miguel… Papá caminaba hacia nosotros… se notaba lo molesto que estaba…

– Gonzalo! Daniel!. De vuelta al auto. No podemos llegar tarde– estaba enojado… pero ahora si lo iba a poner furioso

– No voy a casarme, padre– declaré fastidiado caminando decidido hacia él…  le hablé en voz alta, clara y desafiante…

Me miro como si supiera de antemano… lo había estado esperando…

– ¿QUE DIABLOS ESTAS DICIENDO?- me sujetó de la chaqueta…

– ¿Cómo se te ocurre?!!- estaba gritando y a punto de golpearme.

– Papá… déjalo

Daniel se acercó, también decidido y sujetó el brazo de nuestro padre…  Daniel se estaba arriesgando a defenderme?... Papá se desconcertó al ver a sus dos hijos haciéndole frente.

– SABES LO QUE ESTAS DICIENDO??!!!- me grito encima… su rostro estaba casi deforme de la rabia…

– Lo sé

– Estas muerto Gonzalo… estas firmando tu sentencia de muerte!!!

Había una mezcla de rabia y temor en las palabras de papá… no lo sé, no había pensado demasiado en la otra parte… posiblemente tenía razón papá… no podía ofender de esa manera a la hija de Don Lino, a toda su familia y pensar que me iba a salir tan tranquilo del problema… mierda!!… mierda!! Solo sabía que no iba a casarme con ella… harto tarde había tomado la decisión pero no estaba dispuesto a cambiarla… cualquiera fuera el precio a pagar… no iba a perder a Miguel, lo había decidido a morir y estaba dispuesto a defenderlo… no podía entender cómo no había sido capaz de verlo antes… quizás podía excusarme diciendo que no había tenido tranquilidad para pensar en lo que quería hasta ahora… todo había sido un torbellino de emociones y presiones durante las últimas semanas… nunca me senté a pensar tranquilo como lo hice ahora durante el viaje… ordené mis emociones y pude ver con claridad… si lo hubiera hecho antes habría descubierto hacía rato que no podía hacerle esto a Miguel… no puedo… que lo amo con todas mis fuerzas… que me declaro vencido por su amor… que es lo más importante en mi vida… mocoso de mierda!!!… ¿dónde estás?  te necesito ahora.

Papá seguía mirándome con rabia… Daniel me sonreía por fin, divertido y entusiasmado con la situación… mierda!!!  Esta ofensa era imperdonable… ¿Qué hacía ahora?

Miguel Capítulo 49

0

Capitulo 49

LIDIA

Lidia miró repetidas veces el video hasta convencerse. Luego,  abandonó la tienda de prisa. Necesitaba hablar con Daniel. Lo encontró en casa, cenando con la familia. Se sentó a su lado, donde siempre, sintiéndose agitada y ansiosa. Quería contarle rápido. Con gestos le indicó que necesitaba hablarle. Desaparecieron juntos hacia la habitación de Lidia.  Daniel escuchó, luego llamó a Coque… se jugaban la última carta.

María llegó a la tienda de Lidia alrededor de las 4 de la tarde del día siguiente. Venía a recoger su vestido para el matrimonio. No tenía clara la razón pero le simpatizaba Lidia… era alegre, atractiva, sincera, decidida… era el tipo de mujer que le agradaba. Odiaba a las mujeres débiles.

Esta vez había viajado en compañía de un solo protector… de un único guardaespaldas y persona de absoluta confianza de Don Lino… Esteban. Lidia los miró entrar con nuevos ojos. María avanzo decidida hacia ella, a saludarla. Lidia ya no fijaba sus ojos en ella… era imposible leerla, sabía disimular y protegerse… su padre la había enseñado bien, pero Esteban no sabía jugar bien ese juego… en los ojos del hombre se notaba el amor y la devoción por la princesa de hielo.

– Tu vestido de matrimonio está listo- la saludó Lidia con su mejor sonrisa… de reojo notó como Esteban tragaba saliva y apretaba los puños… tan claro su gesto- vas a ser una novia muy bonita- entonces notó la agresividad en ella… por supuesto!! Ahora entendía todo!!! María se volvía más agresiva como una forma de protección, para evitar el dolor y no sentir angustia… se volvía más fría y más dura cuando se sentía triste o nerviosa… Sonrió, Lidia… solo había que saber leer a la niña… entender sus gestos desde un punto de vista diferente. La guio hasta el probador. Esteban quedó fuera

María se probaba el vestido…

– Perfecto… luces muy bien… Gonzalo estará feliz de tener una novia hermosa…. Bueno… tal vez..- se reía a propósito… con una risa tonta… sin sentido

– ¿Por qué dices eso?- preguntó sin perder la compostura… solo le había llamado la atención la extraña risa de Lidia… le estaba comenzando a tomar aprecio a su futura cuñada… era una mujer cálida y cariñosa, ella también compartía el secreto de Coque y Daniel.

– Bueno… ya sabes cómo es Gonzalo– por supuesto que ella no tenía idea de cómo era

– No… no sé cómo es

– Gonzalo es… tiene intereses variados

– ¿Estás hablando de su gusto por los chicos?

Diablos!!… si que era directa la princesa gélida

– Si, entre otras cosas- se alejó de ella. Se sentó en el sillón a mirarla con un gesto de calidez… invitándola a conversar. María detuvo sus movimientos también… se miraron estudiándose… se les estaban acabando las caretas… no quedaba tiempo… era la oportunidad perfecta para que pudieran hablar.

– Cuéntame cómo es- ordenó María sentándose a su lado

Lidia sintió que tenía una sola oportunidad… lo había pensado bastante

– Gonzalo es un gran hombre. Será el esposo perfecto. Dirigirá tu familia de la mejor manera posible. Tiene una mente increíble para los negocios y las oportunidades. Nadie podría hacerlo mejor que él-  Dios!!… esperaba no haberse equivocado

– Le tienes mucho cariño…

– Es mi hermano

– ¿En verdad es tan perfecto?

– Ya lo verás… todo funcionará de maravillas… nadie más podría hacerlo mejor que él- entonces notó un pequeño gesto de desagrado en María… solo un pequeño movimiento en su boca…. Sonrió… lo estaba haciendo bien – dirigirá todo con eficiencia… esperará de ti que seas igual… ninguna equivocación, una vida perfecta, programada, ordenada y segura- se calló para darle tiempo a que pensara el trasfondo de sus palabras – es la vida que esperas, ¿no?-

– Si, me gusta el orden y la seguridad

– Me alegro. Entonces todo irá bien entre ustedes. Lo que es a mi?… Oh Dios!!! Yo amo la locura de mi vida con Andrei… la forma en que me sorprende cada día… la aventura, la pasión… no lo cambiaría por nada del mundo!!-

– Estas muy enamorada…- suena casi como un reproche

– Si… mucho… es el hombre de mi vida… es el único capaz de hacerme rogar por sus besos y sus caricias… es el que hace que mi corazón pierda el ritmo al verlo… solo tomar su mano, mirar sus ojos y ver el amor en ellos…  amarlo de esta manera es tan intenso… no sabes lo maravilloso que es amar así… dejarte llevar por la pasión y las ganas de.. Dios!! perdón… ya estoy hablando demasiado-  pero ya era tarde y lo sabía… María la miraba fijamente… su respiración levemente más acelerada de lo normal

– ¿Vas a casarte con él?- su pregunta tenía un leve toque de ansiedad

– Voy a compartir mi vida con él… lo amo tanto- Lidia suspiró… Cuando hablaba deAndrei se apasionaba en serio   –espero que algún día llegues a sentir lo mismo María…- Bingo!!  La vio cambiar… frente a sus ojos cambió su expresión… había bajado su guardia… ahora si parecía tener los 19 años… Lidia no se atrevió a moverse… apenas a respirar

-¿Por tu hermano?- parecía como si se estuviera preguntando a si misma…

– Si… claro… será tu esposo por los próximos ocho años… tiene que ser por él, no?-

Silencio… Lidia no quiso interrumpir ni apurar, necesitaba que María lo pensara muy bien… que sus palabras hicieran efecto en su mente

– ¿Crees que… – María miró a Lidia… sus ojos preguntaban… llenos de duda- ¿Crees que llegue a quererlo?-

Lidia miró los ojos claros siempre fríos de María preguntándose si era ahora el momento en que debía ser completamente sincera… Sabía que María estaba especialmente sensible… algo tan raro…

– Gonzalo es… especial. Si sabes cómo tratarlo se podrán llevar bien-  deseó poder dejar de mentirle… decirle directamente lo que quería

– Pero… no crees que llegue a amarlo, ¿verdad?- Lidia podía jurar que María en su vida había mirado a otra persona con esa cara de ruego y preocupación que tenía ahora… seguramente no se daba cuenta de cómo había bajado sus defensas y se mostraba vulnerable… alcanzó a sentir un pequeño ramalazo de pena por la chica…

– Espero que no, María… espero que no llegues a amarlo nunca-

Se tomó el tiempo para escuchar y pensar…

– ¿Por qué?- estaba un poco a la defensiva ahora pero Lidia había abierto esta compuerta y tenía que continuar

– Porque…  él nunca va a amarte… no sería justo que tú lo amaras-.  

María sonrió con un poco de tristeza

– ¿Tu hermano está enamorado?-

Lidia no respondió… pero calló lo suficiente como para que entendiera que con su silencio le estaba dando su mejor respuesta… la cara de María cambió un poco más… eran gestos muy leves que indicaban su angustia

-. ¿Pero aún así se va a casar conmigo?-  

Esa pregunta no necesitaba una respuesta… Lidia volvió a guardar silencio un rato

– Tú también te vas a casar con él…-  estaba cruzando una línea muy fina… María la miró con los ojos muy abiertos…

– Pero yo no estoy enamorada de nadie-  ahí estaba… la princesa de hielo había vuelto en gloria y majestad. Se levantó del sillón, alzó su barbilla y la miraba desafiante. Lidia permaneció sentada y tranquila… con una sonrisa amigable y comprensiva

– Lo sé… y me alegro por ti, sería muy triste que tuvieras que dejarlo por una obligación… yo no podría hacer eso jamás –

– Lo harías si estuviera en juego el futuro de tu familia-

La respuesta de María la dejó callada… no supo que responder por unos instantes…¿casarse con otro por negocios, por su familia?… ¿dejar a Andrei?. Esta vez se puso de pie para estar a su misma altura. Ya no quería parecer amistosa sino decidida

– No. Jamás podría causarle ese dolor al hombre que amo… humillarlo de esa manera – caminó hasta mirarla muy de cerca- el amor es demasiado valioso para arriesgarlo… no te olvides que yo ya sé lo que es vivir separada de él… no lo haría.-

Se miraban… había un mudo desafío entre ellas

– Pero Gonzalo si va a hacerlo, entonces?… si va a tirar su amor a la basura?-

Dios! Si que podía ser odiosa la mujercita esta… había dado el golpe justo donde más dolía

– Ya te lo dije… Gonzalo cumplirá con lo que  mi padre le ha pedido-

María se miró al espejo detenidamente. Había vuelto a su máscara habitual

– Se ve bien, verdad?-

Lidia no supo que pensar… ¿había servido de algo?… ¿había traspasado en verdad alguna barrera?…

– Te ves muy bien, María…-  su voz sonó un poco triste.

 

GONZALO.

Andrei entra a mi oficina como todas las mañanas seguido de Miguel… Generalmente hablamos de lo que hay que hacer en el día, revisamos cosas pendientes… siempre tenemos mucho trabajo… pero hoy es diferente. Me voy a ausentar por un periodo no demasiado largo… tengo que aprender a fondo lo relacionado con el negocio de Don Lino y eso me va a quitar mucho tiempo. Andrei y Miguel tienen que hacerse cargo de todo… necesito dejar lo que tenemos funcionando en sus manos ahora. Confío en ambos, pero la experiencia la tiene Andrei. Estoy seguro de que Miguel aprenderá rápido… lo necesito para responsabilizarlo de algunas cosas… mantenerlo ocupado y con algo de poder… seguro eso le gustará… así dejará de pensar en estupideces… como esa de mandarse a cambiar… no me puedo quitar ese pensamiento de la cabeza… los días pasan demasiado rápido y no logro sacarle una respuesta definitiva… cada vez que lo hablamos terminamos discutiendo.

Cierran la puerta tras ellos. Nos habíamos separado hacia apenas unas horas atrás cuando Miguel se fue con Andrei del departamento, muy temprano, pero de todas maneras me gusta verlo en mi oficina. Aunque estamos viviendo juntos lo echo de menos cada momento que no está conmigo… cada vez siento más fuerte esta necesidad tan grande de él… es doloroso… me pregunto si siente lo mismo… quiero que sienta igual… quiero tenerlo a mi lado todo el día… quiero saber donde está a cada instante… no logro controlar a Miguel, la incertidumbre… la falta de una respuesta concreta me está volviendo obsesivo… no sé qué pasa por su cabeza… quiero convencerme de que lo que me dice son solo tonteras… todo eso de mandarse a cambiar… no he olvidado que lo dijo aunque no ha vuelto a mencionarlo… no me dice nada…  me gusta verlo frente a mí. Miguel permanece aparentemente indiferente mirándolo todo, en silencio… me molesta su actitud tranquila cuando yo no lo estoy… quiero  saber que me necesitaba de la misma forma en que yo a él…

Andrei me mira esperando que comencemos. Nunca me distraigo en nuestras reuniones, siempre estoy enfocado y dedicado al trabajo… pero hoy… mierda!!!…  no puedo ni siquiera acordarme de que tenemos que conversar esta mañana.

– Y tú?- me paro frente a Miguel que se desconcierta al verme tan encima suyo. Jamás es personal cuando estamos en el edificio de las oficinas… menos frente a Andrei o alguien más.

– Yo, qué?- mira a Andrei… no entiende que me pasa. Lo tomo de la cintura atrayéndolo… no me importa que Andrei este presente

– Estas muy tranquilo…- mi cara muy cerca de la suya

– Estoy… como siempre- intenta alzar sus manos para empujarme pero no lo dejo. No sé qué me pasa ni que quiero… solo estar cerca de él.

– Quiero…- lo beso sujetándolo… eso… eso es lo que quiero… sus besos… su atención… no quiero su aparente indiferencia cuando está cerca de mí. Responde apenas… Nos separamos y lo noto sonrojado… no puedo evitar sonreír al verlo avergonzado… Andrei nos mira con infinita paciencia…

– Si quieres espero afuera…- dice Andrei sonriendo

– No… ya  terminé– me separo unos pasos de Miguel y vuelvo rápidamente a concentrarme en lo que hay que hacer… ahora, que ya tengo su atención y su mirada enojada sobre mí, puedo hacerlo.

Una de las cosas que lamento es que el matrimonio y mis futuras ocupaciones me van a impedir estar a cargo del nuevo proyecto ahora que tan solo faltan unos pocos días para echarlo a andar… He invertido tanto tiempo y energía en el… es importante para mí pero me estoy quedando fuera… solo podré manejarlo a la distancia… se lo estaba entregando todo a Andrei y a Miguel. Confiaba plenamente en ambos. La mañana se nos pasa rápida en explicaciones y preguntas…

Nos vamos a almorzar y en el camino se nos une Daniel que sigue trabajando en las oficinas pero ha vuelto donde Andretti luego del anuncio del matrimonio. Papá me está dejando tiempo y espacio para arreglar mis cosas antes de hacerme cargo de lo de Don Lino. También tendré que pasar tiempo aprendiéndome todo su negocio… mierda!… será María la que me va a enseñar?… espero que no… eso me molestaría mucho. Tal vez Esteban podría introducirme en el mundo del negocio de esa familia… preferiría tratar con él antes que con ella…

Como siempre que se juntan, Daniel y Miguel hablan mucho y demuestran tener una conexión especial… pero eso ya ha dejado de molestarme; sé que su amistad es solo eso ahora y que es importante para Miguel tener a Daniel de amigo… se ven bien juntos, cómodos… no puedo negar que cuando los veo demasiado juntos y se tocan por casualidad o se abrazan recuerdo que mi hermanito pequeño se quedó con la primera vez de Miguel… eso va a dolerme siempre… pero es una de las cosas que he tenido que aprender a tolerar por amor a Miguel.   Mirando a Daniel recuerdo de pronto al hijo menor de Lino, al heredero… Daniel está con él… me pregunto si mi hermano entiende como los cambios que vienen van a afectar su relación con ese chico… ¿entiende lo que va a suceder una vez que ese chico se haga cargo de su familia?… el cambio será fuerte y brusco. Ojalá Daniel tenga la fortaleza que se necesita para aceptar todo lo que se viene y seguir al lado del chico… Se ve agradable  e inteligente… me cayó simpático el heredero… además, será un refuerzo adicional a nuestro dominio sobre el puerto.

Miguel se sienta a mi lado. De pronto no me importa nada y varias veces paso a tomar su mano o a acariciarlo mientras almorzamos… es mío… quiero que todo el mundo los sepa… sé que no debo… Daniel y Andrei me miran sorprendidos, nunca antes me habían visto hacer algo así, les devuelvo la mirada… hay una comunicación sin palabras… les dejo claro que se lo que estoy haciendo… es mío, maldición!!! Quiero gritarlo.

Al terminar el almuerzo, Andrei y Miguel tienen varias cosas que hacer… hora de separarnos… no quiero… quiero más de Miguel… estamos en un lugar público y no puedo ni besarlo ni tocarlo de la manera en que tengo ganas de hacerlo.

– Sube a mi oficina un momento – le digo a Andrei. Sé que Miguel va a venir con él. Subimos juntos en el ascensor. Andrei me mira disimuladamente desde atrás y sonríe burlándose de mi… diablos!!… ¿tan trasparente le resulto a mi amigo?… sabe lo que quiero. Tanto así que al llegar a mi oficina me detiene en la puerta y me habla despacio

– Puedo hacer todo solo – se da media vuelta y se va. Miguel mira todo este movimiento rápido e intenta seguirlo pero sujeto su mano y tiro de él. Lo aprisiono entre la puerta cerrada con seguro y mi cuerpo

– Te quedas conmigo-

– Estas manipulándome

– Soy tu jefe… hago lo que quiero contigo-

– Abusador…- pero sonríe… desde hace un par de noches no ha dejado de sonreír… me rodea con sus brazos y nos olvidamos de todo lo que sucede fuera de nuestros cuerpos en contacto… él lo quiere tanto como yo… estar juntos… no separarnos durante el tiempo que nos queda para nosotros… solo unos pocos días.

– Te quiero conmigo-

– Ya me di cuenta – su sonrisa es confiada… me sujeta de la camisa y me acerca -¿quieres que repita lo que hicimos hace unos días?…-

No puedo evitar la risa… adoro ver a Miguel así de confiado y canchero conmigo… me gusta su seguridad… pero no…  no quiero repetir lo de hace un par de noches…  ahora lo quiero mío. Lo levanto y en un segundo lo dejo sentado sobre mi escritorio… algunos papeles caen… no interesa… solo él… mis manos bajo su ropa… dentro de su pantalón. Agarrando su trasero…

– Desvístete- le ordeno al oído. Me mira dudando pero le confirmo la orden con mis ojos. Comienza a quitarse la ropa… sin chistar ni protestar… me gusta dócil y obediente… me excita aún más… del cajón saco el lubricante… desnudo sentado en mi escritorio… solo abro mi pantalón y bajo el cierre… separo sus piernas y me instalo entre ellas… sin quitar mis ojos de los suyos…  nos besamos y bajo mis manos por su espalda agarrándome de su trasero… jadea… cierra sus ojos y siente mis caricias… lo beso en todas partes… esta tan tranquilo y entregado… de pronto Miguel me empuja suavemente hacia atrás… baja hasta que su boca queda a la altura deseada… casi arrodillado frente a mi… toma mi pene entre sus dedos… lo besa y lame muy lentamente… luego lo pone en su boca… es hipnótico verlo desnudo en mi oficina haciéndome una felación… entro en su boca… caliente y húmeda… su lengua me hace sentir… chupa la cabeza de mi glande… continúa hasta que tengo que detenerlo.

– Me gusta tu sabor…- hay fiebre en sus ojos… lo vuelo a sentar en el borde del escritorio… sus piernas muy abiertas y algo levantadas… se cruzan en mi espalda… empujándome hacia su cuerpo… mierda!!… no hay mejor lugar en el mundo que dentro de él.

– Mocoso… mocoso mío… me vuelves loco– las palabras salen solas de mi boca… quiero hacerle sentir mi cariño… todo mi amor… no es solo sexo… lo sabemos hace tiempo… es amor del bueno. Miguel me empuja más hacia él… retrocede su cuerpo sobre mi escritorio… algunas cosas caen al suelo… los papeles se desparraman  y arrugan… pero nada es más importante que lo que estamos sintiendo… reímos ante el desorden que estamos provocando para volver a buscarnos con más ganas… con mucha fuerza dentro suyo… gime y se muerde los labios… mis manos lo masturban… nos corremos en un mar de sensaciones y gruñidos… completamente agotado sobre su cuerpo…

No voy a separarme más de él… ni un momento siquiera…  hasta el sábado.

Durante la tarde me tomo un momento para hablar a solas con Andrei. Le explico que necesito su ayuda para que “acompañe” a Miguel durante todo el día sábado… el día de la ceremonia.

– No quiero que lo pierdas de vista ni un momento, Andrei-  Me mira… ¿dudando??… esto sí es inesperado – ¿Qué pasa?- pregunto a la defensiva. No me esperaba esta reacción de Andrei

– Nada- responde de inmediato

– ¿Tienes algún problema para hacer lo que te pido?-

– No. Ninguno-

Nos miramos fijamente… Andrei es el único a quien puedo pedirle esto… es mi amigo del alma… ambos sabemos que contamos con el otro en forma incondicional… por eso me extraña tanto su mirada llena de dudas

– Andrei… –

– Haré lo que me pides– responde tajante cortando el tema.

– Es importante– le recalco

– Lo sé- vuelvo a ver a mi amigo de siempre.  Sellamos el acuerdo con un serio apretón de manos.

 

Viernes en la tarde, faltaba poco para terminar el día.  Mi secretaria, que ya se retiraba al igual que todo el resto del personal, me anuncia que mi padre quiere verme. Espera afuera. Supuse lo molesto que debía estar por tener que ser anunciado y esperar, pero esas eran mis instrucciones desde que Miguel estaba conmigo todo el día. Fui a abrir la puerta y no me fijé  en la reacción de Miguel. Soltó todo lo que tenía cerca suyo, se puso de pié muy rápido y se acercó a la puerta junto conmigo.

– ¿Qué pasa?- le pregunté justo antes de abrir viéndolo a último momento.

– Te espero abajo – me dijo pasando por mi lado y saliendo de la oficina. Se encontró de frente con mi padre. Ambos se miraron y pude ver claramente la sorpresa y molestia en los ojos de papá… Miguel estaba de espaldas a mí, pero eso no evitó que viera la cabeza baja y la actitud de temor y sumisión… ¿Qué diablos estaba pasando aquí?… Miguel nunca reacciona así con nadie…  su orgullo… entonces me di cuenta que ni siquiera se habían saludado… me quedé expectante… pensando… tenía que haber una explicación para este cambio de actitud de ambos…

– Papá…- entró a mi oficina, ignorando mi mirada de pregunta…

– ¿Está todo listo?-

– Si señor. Andrei se hará cargo de casi todo…- observé atentamente su reacción a mis siguientes palabras – junto con Miguel-

No movió ni una pestaña…

– Bien… tienes que estar disponible de todas maneras por si tiene preguntas o dudas. Quiero que Andrei pueda contactarte cada vez que lo necesite–  Bien, la indicación que no me daba su cuerpo me la daban sus palabras… solo Andrei, Miguel era ignorado completamente

– Los dos podrán contactarme cuando quieran. No voy a dejarlos abandonados- Volvió a ignorar mis palabras. Nos concentramos en detalles que quería que le explicara. 15 minutos más tarde estaba más tranquilo.

-Espero que Andrei sepa reemplazarte- me dijo antes de salir de la oficina

– Confío en él…  en ambos- Desde la puerta me miró… una mirada extraña… sólo unos pocos segundos. Luego sonrió

– Mañana serás un hombre diferente hijo… estoy muy orgulloso de ti- su sonrisa le ilumina el rostro… en verdad está orgulloso… debería sentirme bien con sus palabras… después de todo siempre he querido ser como él… poderoso, frío, calculador… llegar hasta lo más alto… ¿Por qué mierda me siento podrido entonces?   Sus palabras me molestan más de lo que me agradan.  Doy vuelta y miro los papeles que aún quedan sobre el escritorio… viernes, 6 de la tarde… mañana me caso… Miguel me espera abajo… me siento frente al escritorio sin ánimo de moverme… dormir?… desaparecer?… no me había sentido así nunca antes…

 

MIGUEL.

Si ha existido una semana extraña en nuestras vida definitivamente ha sido esta… no me deja solo ni un momento… encima de mi todo el día… intentando controlar cada uno de mis movimientos… meterse en mis pensamientos… convencerme… no me quejo… adoro su atención puesta en mi, su mano que me busca aún cuando está muy ocupado y hay más de sus hombres presentes… ni siquiera se da cuenta que lo está haciendo… solo aprieta un poco mis dedos y sigue haciendo lo que hacía… es como si quisiera confirmar que estoy a su lado aunque me esté viendo… sus ojos que se detienen en mi en el medio de una reunión con más personas… Gonzalo parece estar desafiando a su buena suerte… intentando gritar que somos pareja… no sé quien en este edificio no se habrá enterado de ello a estas alturas… aunque todo es disimulado y nadie se atrevería a mencionarlo en voz alta… todos saben que Gonzalo va a casarse… mañana.

No estoy preparado… nunca voy a estarlo…

La llegada de Don Jaime a la oficina de Gonzalo me hizo salir corriendo. Sé que tenemos que encontrarnos más tarde.  Mientras conversan arriba en la oficina me siento a esperarlo en el lobby. Intencionalmente me pongo a pensar idioteces… a contar los cuadrados de baldosas del piso…  no quiero recordar lo que va a pasar… los empleados abandonan el edificio… se va quedando vacío.

Mientras aguardo a Gonzalo recibo un mensaje que no esperaba… Don Jaime. Me espera en su oficina ahora mismo… mierda!!… no lo pienso dos veces… tomo el ascensor de vuelta y me dirijo a su oficina… está para el lado contrario a la de Gonzalo

Entre directamente, la puerta estaba abierta y Don Jaime me esperaba. Hoy no había sonrisas ni apretón de manos… nada de saludos ni charla estúpida. Fue directo al grano. Me entregó un sobre grande.

– Ábrelo-

Vacié el contenido sobre su mesa. Documentos, llaves, dinero…

– Nadie sabe de este negocio en la frontera norte.  Hay dos personas que te estarán esperando. La información está en los papeles. Trabajarán para ti. Estas a cargo, Miguel. Aprende bien y no te equivoques o te lo cobraré muy caro. Solo te comunicaras conmigo una vez al mes para informarme. Los detalles están todos en los documentos. Hay un mapa del lugar. Está totalmente aislado y protegido

Hojeo los papeles… tráfico ilegal, productivo por lo visto… el mapa… efectivamente aislado hasta del poblado más cercano… nadie sabría de mi en mucho tiempo.

– Es un recinto muy seguro. Tiene bastantes comodidades. Necesitaras una moto para recorrer las distancias en la frontera. Compra la mejor. Si necesitas escapar agradecerás tenerla. Tienen instalaciones de satélite, radar… todo lo necesario. No hay nada en ese lugar que lo vincule conmigo. Procura que se mantenga así

Don Jaime ha pensado todo muy bien. Las cifras en los documentos eran impresionantes.

– ¿Preguntas?-

– Ninguna- respondo. Me mira fijamente…

– Te irás mañana- ¿necesita confirmarlo varias veces?

– Si señor-

– ¿Y ahora?-  ¿ahora?… ¿quería saber qué iba a hacer ahora?…

Me callo… no voy a responder a eso. Entiende mi silencio. Su cara se torna molesta.

– Cuida que no tomé demasiado. No lo quiero atrasado o con cara de muerto mañana. Se va a casar-

– Si señor-  respondí atragantándome con las ganas de llorar

La conversación había terminado.

Guardé el sobre en mi cuerpo distribuyendo los fajos de dinero en diferentes bolsillos… nunca había tenido tanto dinero en mi poder… me sentía sucio y barato.

Bajé de prisa y me senté a esperarlo. Después de un rato corto llega.

– ¿Qué fue lo que paso arriba… con mi padre?- pregunta mientras conduce… mierda!!… fui descuidado… ni siquiera pensé en una buena excusa para darle ahora

– Supuse que querrían hablar en privado-

No vuelve a mencionarlo hasta que entramos al departamento. Ahora si… mirándome directo a los ojos y sin dejarme mover me vuelve a preguntar, analizándome cuidadosamente…

– Quiero saber qué pasa con mi padre… y no me mientas-

– No pasa nada- sus ojos encima… son nuestras últimas horas juntos… aunque él no lo sepa… me da lo mismo mentirle, solo no quiero pasar el tiempo discutiendo y peleando – es tu padre… me da vergüenza que nos vea juntos…- supongo que por el hecho de mentirle tan descaradamente me sonrojo… lo suficiente para que me crea.

– ¿Me estás diciendo la verdad?-

– ¿Confías en mi?- pregunto en vez de responderle directamente

Me besa… ya no nos quedan besos suaves y tiernos… solo nos queda desesperación y falta de tiempo… ganas de dejarnos marcas y huellas… dolorosas y fuertes… sus dientes muerden mis labios y su lengua es una intrusa que lo recorre todo… duele.. mis gemidos quejándome solo lo excita más… le devuelvo la misma cuota de violencia en mis besos y caricias… la ropa desaparece rápido… tengo la precaución de envolver el maldito sobre entre mi ropa mientras me la quito… Gonzalo ni siquiera se toma el tiempo para prepararme… ahí mismo en la sala… me gira de golpe contra la pared… separa mis nalgas y me penetra bruscamente…hasta el fondo… entero en mi… duele… me deja sin respiración… me encanta, su agresividad me excita a morir y lo sabe… sus manos sostienen mi pene y mis bolas… me acaricia llevándome hasta el borde del dolor… jugando a asustarme… muerde mis hombros, mi cuello… me embiste con violencia… sus dedos me sujetan fuerte… sé que mañana voy a tener varias marcas más en mi piel pero las quiero todas y cada una…. Ojalá pudiera dejarme marcas permanentes que me recuerden siempre momentos como este…

 

 

– Vístete… vamos a salir-  son cerca de las 10 de la noche. Nos hemos quedado desnudos sobre la cama… no tenemos mucho más que decirnos… solo estar juntos. Escondo el sobre en un lugar seguro. Obedezco el resto  en silencio. Hago lo que me diga que haga… cualquier cosa que quiera… no sé qué más puedo hacer que complacerlo… no hay nada más… claro, aparte de cortarme las venas y dormirme para siempre en sus brazos… sobre su pecho… vaya!! No lo había pensado antes… no es tan mala idea… dejar que la vida se me escape mientras me acurruco en su pecho…

Llegamos al mismo club que me había llevado antes… esta vez si me atrevo a bailar con él… hoy me atrevo a lo que sea… a desafiar a la muerte misma si me lo proponen… la música fuerte, las luces y el ruido no nos dejan pensar en nada mas… solo movernos al mismo ritmo… sentir sus manos pasearse por todo mi cuerpo… la champaña corre por mis venas y por la suya… la bebo en su boca, en sus manos… la quiero beber en su cuerpo… en su ombligo… se lo digo y sonríe.

– Dentro de un rato mocoso… te lo prometo – me besa… su promesa suena a mucho placer. A ratos pareciera que estamos haciendo el amor en la pista de baile… enredados y apegados… moviéndonos sinuosos… nada más importa… es mi última noche con él… no quiero que me vea triste… cuando lo recuerdo se me caen las lágrimas… me giro y las quito… vuelvo a sonreír… mas champaña por favor… en alguna parte de mi mente suenan las palabras de Don Jaime encargándome que Gonzalo no beba demasiado… a la mierda… que se lo beba todo… hasta que quedemos inconscientes y nos olvidemos de mañana…

Volvemos al departamento cerca de las 3 de la mañana… chispeantes y calientes… riendo como si no tuviéramos preocupación alguna… corro hacia el dormitorio mientras me quito la ropa… lo quiero… lo deseo dentro de mi cuerpo… fuerte, duro… Gonzalo aparece con una botella de champaña… la destapa y el liquido sube chorreando por su mano… nada importa… ni la alfombra que se moja, ni que se casa dentro de unas horas…

– Ven aquí- lo llamo tentándolo… desnudo sobre la cama…

Deja la botella en el velador mientras se desviste… lo miro detenidamente… quiero recordar cada detalle… la luz sobre su piel… sus formas… se arroja sobre mi… nos damos vueltas en la cama… beso su cuerpo… tomo la botella y derramo champaña en su ombligo… corre por su piel… lamo su cuerpo… chupo, muerdo… me desespero… no hay mas… es la última vez… nunca más voy a tener el cuerpo de Gonzalo para mi… Mierda!!… el dolor quema y me ahoga… Oh Dios!!… es tan fuerte que me hace gemir de dolor… mi respiración se agita violentamente como si hubiera recibido un puñetazo… es una realidad… quiero morir…

– Miguel…- Me estruja en un abrazo… sus ojos también están húmedos… recuperamos de alguna parte el último beso lleno de calidez y ternura… es largo, lento y dulce como la miel… nos sujetamos las caras… lloramos juntos… enredo mis piernas en su cuerpo… atrapándolo sin soltarlo… su boca… sus labios… me estoy despidiendo y muriendo… mi Gonzalo… ya no mas..

– Ya déjalo… voy a volver Miguel… te amo. Solo espérame– me mira a los ojos- dime que me vas a esperar-

Dios… es tan hermoso… ¿cómo voy a poder seguir viviendo sin él?… sin mirar sus ojos tan intensamente profundos… sin escuchar su voz… vuelvo a recordar morir en su pecho… me parece tan agradable la idea ahora…

– Miguel!!… dilo… por favor- me pide algo que no puedo decirle… sé que tengo que responderle algo… algo que lo deje medianamente tranquilo, sin mentirle demasiado sino esto va a terminar en una guerra…

– Lo hablaremos… después…- respondo entre sollozos… pero Gonzalo se alegra… le he mentido, le estoy haciendo creer que me va a encontrar cuando vuelva y que entonces podremos hablar… soy una mierda… le estoy mintiendo pero no se qué otra cosa puedo decirle… Hacemos el amor de mil maneras… llorando… gimiendo… abrazándonos y enterrando nuestras uñas y dedos en la piel del otro… duele… no solo físicamente… duele en el alma…

En su pecho… cansado y soñoliento… peleando para no dormirme… rodeado de su olor… solo necesito un corte rápido… sería un final perfecto para mi vida…

 

El ruido de la puerta del baño que se abre me despierta… fue una noche larga y difícil… llena de emociones… me duele la cabeza y casi todo el cuerpo… lo veo salir del baño… es un golpe directo… viste un terno oscuro de diseñador… camisa blanca… algo muy helado… frío… me recorre la columna… se detiene al verme despierto y se acerca a la cama.

– Vuélvete a dormir… Andrei ya está por llegar…-

-¿Andrei?… ¿por qué?-

– No quiero que te quedes solo– me besa… huele a limpio… delicioso. No quiero dormir. Me levanto y caminando con dificultad me meto a la ducha… me visto. Gonzalo está tomando un café mientras me espera. Andrei ya llegó.  Gonzalo mira el reloj. Se acerca y me abraza.

– Tengo que irme… recuerda lo que me dijiste-

Irse?… ya?… … … …  no puedo hablar… ni llorar… ni nada… el miedo me paraliza… solo lo miro y esbozo una  pequeña sonrisa… un suspiro… es todo lo que soy capaz de hacer… me besa en los labios… me sostiene con delicadeza y me dice al oído.

– Te amo… no se te olvides que eres el único en mi corazón mocoso. Te amo con todo mi ser-

Sigo sonriendo como si mi rostro se hubiera petrificado… vuelve a darme un beso rápido y comienza a caminar hacia la puerta. Le dice algo a Andrei y está a punto de salir… mi respiración se comienza a agitar…

– Gonzalo!!!- corro hacia él y cruzo mis brazos en su cuello… lo retengo contra mi…- te amo también-

– Lo sé –

– Necesito tu promesa-

– Promesa?-

– Prométeme que vas a respetar mi decisión-

– ¿Qué decisión?-

– La que tome… la que sea que yo decida- hablo rápido… la necesito escuchar ahora mismo

– Miguel…-

– Tu promesa, Gonzalo- le pido con urgencia

– No sé de qué estás hablando… no puedo prometerte algo que no sé que es…-

– Solo… prométeme que vas a respetar mi decisión. No es tan difícil-

Se queda en silencio… pensando y analizando…

– Miguel… respeto tus decisiones… lo hablaremos a la vuelta-

– Tu promesa!!! La quiero ahora… antes de que te… – subo la voz exigiendo. Gonzalo puede ver mi desesperación y mi necesidad de escucharlo decirlo… se que está apurado. Posiblemente Don Jaime lo esté esperando abajo.

– De acuerdo… prometo respetar lo que decidas… siempre y cuando lo hablemos antes-

Mierda!! así no me sirve de nada…  es una promesa a medias…

– ¿Prometes respetar lo que decida?- insisto

– ¿No es lo que acabo de decirte?-

– Solo responde!!! Si o no?- estoy conteniéndome a duras penas… mis manos están entre las suyas… sus manos… sus dedos pulgares acarician mis manos… adiós manos… adiós dedos… adiós olor… adiós vida… Ve mis lágrimas. Hace un gesto maldiciendo y me abraza fuerte, aguantándose las propias ganas de llorar.

– Si… te prometo lo que quieras, mocoso…- me sostiene de los hombros y vuelve a besarme. Se aleja y sonríe de medio lado con esa cara que adoro… esa hermosa sonrisa enigmática que nunca sé lo que me depara… no… ya no… ya no me depara nada más… Dios!!… no… nunca más será para mi…

-¿Contento ahora?

– Si…

Un último beso amor mío… un beso para llevarte mi vida… lo sujeto firme y lo beso entregándole todo… solo espero que algún día se de cuenta de lo que significa besarlo de esta manera… lo que le estoy diciendo… adiós amor… gracias… se feliz y poderoso y tan grande como las estrellas…

Se aleja de mi… Gonzalo cruza la puerta, se vuelve a mirarme y me envía un beso en el aire… desaparece de mi vista.

La puerta se cierra… por unos segundos me quedo esperando a que algo suceda… retrocedo hasta sujetarme de un mueble.. de cualquier cosa que me sostenga… me cuesta respirar… un sonido ahogado crece en mi garganta… incontrolable… me llevo las manos a la boca pero no puedo evitarlo… lloro desconsoladamente… Andrei me mira… entiende… siento que me estoy quebrando en muchos pedacitos… crack… crack… corazón roto…

– Miguel, toma bebe. Siéntate. – me acerca un vaso con agua… intento beber pero no puedo… solo aire…

Levanto mi mano para agradecerle e indicarle que estoy bien… necesito estar solo y calmarme. También tengo algo que hacer ahora… tengo que desaparecer para siempre.

Miguel Capítulo 48

0

CAPITULO 48

 

GONZALO.

Abrí la puerta de mi departamento bastante tarde… papá me había insistido muchas veces en que era mejor que pasara la noche en la casa familiar pero no estaba de humor para discutirlo ni pensarlo… fui tajante y cortante al decirle que no… Dormiría donde se me diera la gana… Me bajé molesto del vehículo, la calle estaba casi desierta a esa hora de la noche, aun hacía calor… caminé a tranco firme hacia el edificio… estaba molesto y no sabía con quien específicamente pero de buen humor no estaba… subí al ascensor con una extraña inquietud que no supe identificar… mierda!! lo que sentía aparecían estúpidas mariposas en el estómago… no me había gustado la mujercita esa con la que tendría que casarme… iba a ser mi esposa pero en ninguna parte decía que estaría obligado a tocarla o a ser amable con ella… ocho malditos años… seguía sintiendo extrañas sensaciones en mi estómago mientras caminaba hacia la puerta de mi departamento… tomé la llave para abrir… ¿estaba esperándome?… si, verdad?… tenía que estar… tenía que estar aquí dentro esperando por mi… la extraña sensación en mi estómago aumentó… por un segundo me desconcertó la falta de luces pero mis hombros se relajaron y las mariposas desaparecieron de inmediato al ver la luz del dormitorio encendida. Miguel… Un suspiro enorme de tranquilidad y una sonrisa se pintó en mi cara… Miguel estaba en el dormitorio… todo estaba bien por ahora.

Ya más tranquilo y con la seguridad de saber que estaba aquí, aunque no lo hubiera visto aún, me quité la chaqueta, saqué varios hielos y los puse en un vaso junto a una generosa cantidad de mi trago favorito… tenía calor… abrí unos cuantos botones de mi camisa y me paré en el umbral del dormitorio a mirar el interior… sorbí despacio admirando… la televisión estaba encendida y Miguel dormitaba casi desnudo sobre la cama… sentí que mi respiración se aceleraba un poco de tan solo mirarlo… mierda!! que lindo era mi mocoso… caminé despacio hasta quedar de pie al lado de la cama… lo miré detenidamente… no sé de qué ánimo estaba pero sentí la enorme tentación  de agarrar un par de esposas y sujetarlo… luego… sorbí otro trago…  luego… sacaría un par de juguetes para hacerlo sufrir un poco… solo lo suficiente para que lo disfrutara…  de un solo sorbo me terminé el contenido del vaso… los hielos seguían tintineando… Miguel odiaría despertar amarrado y ver esos juguetes… recordé su cara de espanto y sufrimiento… nunca le gustaron y ahora… debía odiarlos con más razón…  necesitaba otro trago. Volví a llenar mi vaso y regresé despacio… pensando… ¿me odiaría en serio?… de seguro recordaría toda aquella pesadilla…  no…no podía hacerle eso… mierda!! Tenía tantas ganas de hacerlo, de amarrarlo y dejarlo totalmente indefenso para mi… sumiso… tranquilo… obediente…  solo un poco de dolor… le gusta… lo sé… pensar en todo esto me estaba provocando una erección.  Antes de atreverme a esposarlo, me tomé el último sorbo del vaso…  los hielos volvieron a sonar… sonreí… tomé uno de ellos y lo chupé, limpiándolo completamente… me senté a su lado sin despertarlo y comencé a pasar el hielo por su pecho… girándolo alrededor de sus tetillas… Miguel se movió inquieto hasta abrir los ojos completamente…

– ¿Qué…?!!-

Se despertó bruscamente al sentir el hielo en su piel pero lo sujeté con la otra mano impidiéndoselo…

– Ssshhh… tranquilo…- chupé su piel luego de helarla con el hielo… volví a sus botones rosados… dejándolos fríos y sensibles para luego absorberlos en mi boca… Miguel se quedó tranquilo dejándome hacer… solo su respiración cambió… señal inequívoca de que se estaba excitando… me quité la ropa sin dejar de tocarlo… gotas de agua, del hielo derretido, caían por su pecho… las lamí con exagerada lentitud… demorándome en sentir su sabor

– Gonzalo…-

No quería hablar… no quería contarle de la cena y toda esa estupidez… quería más bien alejar todos esos recuerdos de mi mente… anularlos, borrarlos… seguía pensando en la idea de esposarlo y someterlo… tenía muchas ganas… pero…

– Quiero esposarte…- las palabras salieron antes de que las pensara… Miguel saltó alejándose… se quedó en un rincón de la cama mirándome con los ojos muy abiertos… dispuesto a salir corriendo o a golpearme si me acercaba… mierda, lo sabía!!

– Ni se te ocurra…- había amenaza… dolor y pena en su voz… Di vuelta a la cama y me acerque con las manos en alto en señal de paz…

– Lo siento… lo siento mocoso…- lo abracé calmándolo… como mierda había podido decirle eso?… Miguel temblaba un poco pero se tranquilizó rápidamente. Me senté a su lado… sintiéndome un poco culpable… sujeté sus manos entre las mías… creo que las emociones de la noche me habían dejado un poco idiota… tal vez toda esta farsa de aceptar tranquilo mi destino me estaba pasando la cuenta y quería rebelarme… un poco de autoridad, de control…  controlar lo que más me costaba y se me volvía cada vez más difícil… Miguel.

– ¿Fue en serio?-

– Si… lo siento… no voy a hacerlo-

– Se… se que te gusta… pero yo no puedo.. no puedo, Gonzalo-

– Lo sé… lo entiendo… perdóname-

– Prométeme que nunca me lo harás- sus ojos me miraban exigiendo la promesa…

– Te lo prometo… nunca lo haré si no quieres-

Se abrazó a mi cuello… sabe que si le prometo algo es porque voy a cumplirlo… terminé de desvestirlo… Miguel me besaba por todas partes… Dios!! Era maravilloso lo que me hacía con su boca y sus dientes… su lengua… con su cuerpo sobre el mío.

– Cuanto bebiste?- preguntó luego de besarme

– No lo suficiente –

– ¿Así de mal estuvo?-  me pareció notar una nota de satisfacción en su pregunta…

– Peor

– ¿Me vas a contar? –

Miguel me empujó sobre la cama y dejó mis manos extendidas más arriba de mi cabeza… seguía recorriendo mi cuerpo… entero… sus manos en mis bolas… su lengua en mi pene lamía y chupaba… Diablos! Miguel estaba realmente hiperactivo ahora…

– No… ahora no…- me quedé tranquilo.. me estaba gustando mucho todo lo que estaba pasando

Me buscó la boca y me besó dominante… introduciendo bruscamente su lengua dentro de mi boca… sujetándome con ganas… ¿Qué estaba pasando?… lo dejé hacer… estaba acostumbrado a sentirme su dueño y dominarlo a mi gusto, pero en este momento Miguel estaba… diferente…  Seguras y decididas, sus manos me empujaron de un lado

-. Date vuelta Gonzalo – su voz!… nunca le había escuchado hablar así de fuerte y dominante… mierda!!… Ya sabía lo que quería… ahora??!!!… tenía que ser justo ahora??!!!

– Miguel?…- levanté un poco mi cuerpo apoyándome en los codos… quería ver su cara… confirmar lo que estaba pensando… me miraba serio… excitado… su erección sobresaliente entre sus piernas… y en sus ojos decisión… estaba decidido… había aceptado el ofrecimiento que le hiciera en la casa de la playa…

 

MIGUEL

¿Que sentí? Rabia… Miedo… mucho miedo al pensar en verme nuevamente amarrado y sometido a la voluntad de Gonzalo… a mi mente se vinieron de golpe los recuerdos de aquella maldita noche de horror… las esposas hiriendo mis muñecas y… no… no… ahora no era así… respiré tranquilizándome… ahora Gonzalo es diferente… y yo también…  esposas?… quizás algún día pueda ser capaz de hacerlo… de dejar que me las ponga… por él… porque sé que le gusta  pero no así de sorpresa… no ahora que estoy tan idiotamente sensible… reaccioné como era de esperar, alejándome y queriendo salir bruscamente del departamento… pero… le había prometido quedarme… Gonzalo es incapaz de romper un promesa una vez que daba su palabra… y me acababa de prometer que no iba a esposarme jamás sin mi consentimiento… a su vez, yo iba a cumplir mi promesa de permanecer con él, de la misma manera… me quedé esperando a ver que hacía, con el alma en las manos…  se acercó a pedirme perdón… Dios! Solté el aire y respiré aliviado… creo que lo entendí… Gonzalo estaba enredado… sus sentimientos completamente confusos… de partida me di cuenta que había tomado una o dos copas más de lo que debió… él, que muy rara vez pierde el control… algo feo debió haber pasado… solo una vez lo había visto excederse seriamente con el alcohol… pero no quería recordar aquella vez… no sé en realidad que fue exactamente lo que gatilló en mí el deseo de poseerlo… el susto de pensar en que me podía esposar, la rabia de recordar lo que me había hecho… de saber que venía de vuelta de verla a ella… el saber que si no era ahora tal vez no sería nunca… el verlo arrepentido de haberme asustado… se quedó tranquilo sobre la cama, totalmente dócil a mis caricias… entonces sentí el deseo urgente de penetrarlo…  de hacerle algo que nadie le había hecho antes… de marcarlo como mío… sabía bien que nunca antes Gonzalo se había entregado a otra persona… tenía un tatuaje en su piel con mi letra, pero quería más… tenía hambre de saberlo mío

– Date vuelta, Gonzalo – lo empuje despacio, quería hacerle saber mis intenciones… se levantó y me miró… en solo un par de segundos entendió lo que le estaba diciendo…  nos quedamos anclados mirándonos, leyéndonos sin palabras… no le estaba preguntando… le estaba diciendo lo que quería hacer… me miró serio… por unos segundos me sentí algo intimidado, tragué saliva pero no quité mis ojos de los suyos… habría sido rendirme, claudicar… entonces soltó un sonrisa… de esas sonrisas de medio lado que tiene cuando planea algo que me asusta… saltó como un león y me atrapó entre sus brazos, inmovilizándome

– ¿Quieres hacérmelo, mocoso?-  sentí que desfallecía… me quitó el aliento con un beso feroz aplastando mis labios y ahogándome con su lengua dentro de mi boca…

– si…- respondí apenas… me miró, sus ojos a escasos centímetros de los míos…

– Soy todo tuyo- me volvió a besar dejándome claro quién era el que mandaba aquí… luego me soltó bruscamente, me sentí inestable sin sus brazos a mi alrededor y se tendió de espaldas en la cama… recuperé de a poco la calma… la respiración… su cuerpo… magnifico, tendido en la cama, para mi… estaba asustado, nervioso pero… era mío, quería hacerle saber que era mío, marcarlo como mío… que se acordara para siempre que yo había sido el primero, y esperaba que el único, a quien se había entregado.

Mierda!!! por donde empezaba??… ternura y delicadeza?.. con Gonzalo??.. no, creo que no… aunque… no voy a hacer lo mismo que él hizo conmigo… Tomé lo que necesitaba de la mesa del velador… Sé que Gonzalo me escuchó hacerlo pero no se movió… me subí sobre su cuerpo… comencé a acariciar su trasero… besar su espalda… su cuello… excitado… muy excitado. Me senté a horcajadas sobre sus muslos… mis manos en sus nalgas, tan duras y  firmes… Diablos!! En verdad iba a hacerlo… el corazón me latía muy rápido…

-.Gonzalo?…- quería preguntar… saber

– Hazlo…- me respondió de inmediato… absolutamente consciente de mis miedos y temores… pero incitándome a continuar. Unté mis dedos en lubricante… mucho lubricante… nervioso, sentía mi estómago completamente recogido pero tenía una erección fenomenal… iba a estar dentro de Gonzalo… Dios!!!.  Esto era un sueño… me abrí camino entre sus nalgas, separándolas y besándolo… mordiéndolo y de pronto uno de mis dedos estaba masajeando y presionando su ano para entrar… lo escuché respirar profundamente e intentar relajarse… soltarse… entré… tan apretado y firme… diablos!…  esto sí es estrecho y fuerte… caliente, el interior de Gonzalo es cálido.. mierda!!! Estoy goteando de solo pensar en donde voy a entrar…  Gonzalo no hizo ni dijo nada… solo giro levemente su cabeza, acomodándose… su respiración se mantenía normal mientras yo sentía que la mía se me escapaba de control… inserté otro dedo y comencé a moverlos lentamente… pensé si le iba a causar dolor… esperaba que no pero… nunca nadie había estado en ese lugar antes… me emocioné… era el primero en su vida… sentí mis ojos llenarse de lagrimas… Gonzalo seguía respirando normal… sentí que su canal cedía un poco… lo intenté con un tercer dedo y por primera vez sentí su resistencia y su respiración algo más agitada… subí a su lado sin quitar mis dedos

– ¿Todo bien?- le pregunté muy cerca. Abrió los ojos y me miró… aun tenía esa sonrisa torcida… quizás un poco más forzada que antes, pero con una ternura increíble… Dios lo amo!!… Amo todo de él incluyendo esa sonrisa perversa… todo, maldita sea…

– Considerando que estoy a perdiendo mi virginidad… todo bien mocoso – me beso y volvió a sonreír… continué con lo que estaba haciendo… pensé en lo que me gustaría que hubiera hecho conmigo… lo que se debía hacer para preparar a alguien… Gonzalo seguía tranquilo, solo su respiración cambiaba de frecuencia de repente pero nada me indicaba que le molestara o doliera. Después de un rato quité mis dedos, me estaba poniendo el protector…

– No… Quítate eso… –  de acuerdo… pura piel entonces… el lubricante paso directo a mi pene… ahora… era ahora cuando yo penetraba a Gonzalo… al hombre de mi vida… al que significaba mi todo… mis mayores alegrías y mis peores dolores…  mi pene hizo contacto con su entrada… me estremecí anticipando… presioné empujando con fuerzas hasta sentir que estaba dentro suyo… sentía sobre mi miembro la resistencia natural de su cuerpo a la intrusión… empujé un poco más fuerte… ya estaba dentro de Gonzalo… caliente, apretado, delicioso… demasiado bueno…  me detuve y escuche atento su respirar…  bastante más agitado que antes… seguí presionando hasta que ya no pude entrar ni un milímetro más… nuestros cuerpos tan juntos… mi pelvis contra sus nalgas… me acerque lo que más pude a él… no pensaba moverme aún

– Estoy dentro tuyo- le susurré despacio

– Te siento mocoso… te siento– estaba emocionado… Gonzalo estaba emocionado!!! Pude sentir toda la emoción en su voz… me llené de un sentimiento de calor inmenso… lágrimas, deseo… amor… puro y genuino

– ¿Te duele? – pregunté tontamente…

– Tolerable…- se dio vuelta despacio y su boca buscó la mía… no puedo describir la sensación de besarlo y estar dentro suyo al mismo tiempo… Gonzalo seguía mandando en mi boca, en mi vida… en todo mi mundo… pero yo estaba dentro de él ahora…

– Muévete… lo quiero todo-  me ordenó

Sonreí… lo besé acariciándolo…  seguí su orden al pie de la letra. Comencé lentamente pero necesitaba más y más… sus paredes me apretaban y me sentía morir de placer… no fue demasiado rato… la emoción y los sentimientos me ganaron rápidamente… estallé en un remolino de mil sensaciones susurrando fuerte su nombre… mi simiente dentro de su cuerpo… imborrable… mío… solo mío.  Me dejé caer agitado a su lado… me había corrido dentro de él… estaba lleno de mí y yo estaba llorando como un niño… lo abracé desesperado, me recibió y cruzó sus brazos acogiéndome y calmándome

– No llores… fue hermoso Miguel-

– Lo sé… fue demasiado hermoso-

– Te amo…-

¿Alguna vez llegaremos a estar más unidos que en este momento?… Cuando me ha entregado todo?… Cuando su piel y la mía están pegadas de sudor y de necesidad y somos uno solo… sentimientos, mente y cuerpo…  Mi respiración volvió a la normalidad y me tranquilicé en sus brazos… nos miramos… sonreímos… como niños pequeños… se lo había hecho!!.  maldición!!!… “Hermoso” no era una palabra que alcanzara para describir lo que acababa de suceder…  recién me había corrido pero estaba lleno de excitación y sentimientos… nos besamos, primero suavemente y con ternura… rápidamente nos fuimos volviendo más intensos y apasionados…

– ¿Ahora sabes lo que siento al estar dentro de ti? – preguntó sobre mi boca abierta… sus labios tocando los míos, su lengua en mi boca…  asentí moviendo mi cabeza… lo deseaba de nuevo… lo quería dentro de mi… me acomodé buscando la mejor posición, Gonzalo también lo quería… de un manotazo alcanzó a tomar el lubricante sino… creo que me habría dado lo mismo… me penetró con fuerza… sujetando mi cuerpo pegado a su piel…  me hizo el amor con una mezcla de ternura y agresividad… yo totalmente abandonado y entregado a su amor… lo sentía entrar y salir de mi… sus labios repetía mi nombre… en su cuerpo había quedado mi marca… estaba condenado a morir de amor por Gonzalo… ahora más que nunca… para siempre.

 

LIDIA

María  y su extensa comitiva legaron muy temprano al día siguiente a la tienda de Lidia; estaba su madre, su hermano, un par de guardaespaldas que esperaron afuera y Esteban, el hombre de confianza de Don lino que había acompañado a las mujeres y al heredero.  En la tienda de Lidia esperaba ella, su madre y Daniel… Gonzalo ni siquiera se dio por enterado del trámite de buscar el vestido de la novia apropiado para la ceremonia. Durante el viaje de vuelta la noche anterior, Lidia le había tocado el tema pero Gonzalo ni siquiera respondió…  Lidia suspiró sabiendo que sería ella misma la que tendría que correr para encontrar algo para su hermano… él no iba a mover un dedo para prepararse para el matrimonio.

Cinco minutos después de haber entrado al local, Daniel y Coque desaparecieron en el interior pretextando aburrirse de ver a María probarse vestidos… ciertamente tenían cosas más interesantes que hacer… fue entonces cuando Esteban se sintió dividido en su trabajo… o seguía a Coque o se quedaba con las mujeres…

– No vamos a salir del lugar – dijo Coque al ver que comenzaba a seguirlo– solo vamos a conversar tranquilos- algo tenía de especial el tono de voz de Coque… era suave pero a la vez dominante… estaba aprendiendo. Conocía a Esteban desde niño, siempre había estado cerca de la familia. Esteban asintió y volvió a su lugar junto a las señoras.

Lidia le mostraba a María lo mejor de su colección… tenía todo tipo de vestidos preciosos y todas estaban entusiasmada… Lidia seguía estudiando a María mientras la ayudaba a probarse… sus ojos atentos a las pequeñas reacciones al mencionar la ceremonia, el lugar… la vida de casada… a Gonzalo… pero la muchachita era de hielo… siempre correcta y dueña de su persona.  Lidia sabía que ella y Gonzalo no habían congeniado… pero ni aun así obtenía algún gesto que delatara su molestia o desagrado.

Luego de un par de horas, María había seleccionado 3 modelos diferentes y se los volvía a probar intentando decidirse

– Te ves muy bien con todos… pero solo uno debe ser especial… ya sabes, solo te casas una vez…- Lidia intentaba lograr emociones de ella… María sonreía con cortesía y se miraba al espejo…  Lidia sentía ganas de abofetearla… de agarrarla del pelo y preguntarle si tenía sentimientos… maldita mocosa de hielo!! No soportaba pensar que sería la esposa de su hermano.

 

Daniel y Coque estaban en la parte de atrás de la tienda… el mismo sofá que alguna vez sirvió para cobijar a Miguel los recibía a ellos ahora… Hacía tantos días que se deseaban y no podían tocarse… Daniel lo llevó despacio hasta atrás… sabia que las mujeres iban a demorarse horas y estarían demasiado ocupadas con la ropa… él quería a su pecoso… Cerró la puerta de la habitación y se giró mirando a Coque con toda la intención marcada en el rostro… Coque tenía peores intenciones que él… lo besó con furia, sin darle tiempo a pensar ni a reaccionar… Diablos!! Tenía una necesidad urgente de Daniel… todo en su vida se había vuelto doloroso y complicado, su padre moría lentamente, su hermana estaba condenada a una vida de mierda junto a un hombre que no le agradaba, al que necesitaban desesperadamente y a quien no podría mandar jamás a la mierda si se ponía desagradable porque era el hermano de Daniel… pasaba cada minuto de su tiempo ocupado aprendiendo… tal parecía que querían que entendiera todo en unos pocos días… tenía instructores a toda hora y sus horarios eran estrechamente controlados por Esteban, por su hermana y por su padre… mientras él… solo quería estar con Daniel… si quería ser el jefe de su familia…. Aceptaba y le gustaba la responsabilidad pero también necesitaba a Daniel, su ternura y sus ojos verdes… la sonrisa que siempre le sacaba… sus manos suaves acariciándolo y lo que le hacía sentir cuando lo tomaba… Coque estaba enamorado de Daniel… y ahora, finalmente, tenían un rato de libertad para reconocerse y entregarse amor…

Se desnudaron riendo sobre el sofá… comiéndose a besos y caricias…  la urgencia de su juventud y el fuerte deseo llevó a Daniel a meter sus dedos muy rápidamente dentro de la cavidad pequeña y estrecha de Coque… lo preparaba y lo besaba al mismo tiempo… Coque se dejaba hacer… ahí en la intimidad no era el heredero ni el futuro jefe de nada… era solamente un chico enamorado… uno que sonreía con dulzura a Daniel y volvía a parecer un crío pequeño… se necesitaban… Daniel se había vuelto sinónimo de alegría, de esperanza, de amor… era todo lo bueno y dulce que tenía en su vida ahora… gimió en su oído… Daniel enloquecía al escuchar su voz de nena decir su nombre y pedir más.. a veces pronunciaba sonidos tan dulces que el amor lo inundaba y otras veces su voz era puro éxtasis y excitación… gemía delicadamente en su oído… le hacía saber el momento de dolor y de placer a través de sus sonidos… Daniel amaba eso de Coque… escuchar su voz cuando hacían el amor era sinónimo de más placer aún.

 

Estaban vestidos tirados sobre el sofá… aun cansados del sexo pero satisfechos y felices… se habían puesto la ropa de vuelta pensando en el lugar donde estaban y que alguien podía aparecer a buscarlos en cualquier momento… Daniel reposaba sobre el pecho de Coque… La pequeña mano de Coque acariciaba a Daniel con delicada ternura… a veces sus roles eran extraños… Daniel era más grande físicamente y el dominante de la relación, físicamente… pero Coque tenía una mezcla de niño y adulto que lo convertía en el más fuerte de los dos… una personalidad más serena y segura… Descansaban en silencio…  se sentían cómodos solamente estando juntos… no tenían dudas ni problemas ente ellos… solo amor

– A María no le gustó Gonzalo…-  Coque le había dado muchas vueltas al tema…  La noche anterior luego de que la familia de Daniel se fuera de su casa había hablado con su hermana y aunque ella no se quejó pudo ver claramente que Gonzalo no le había agradado. María era fuerte pero igual odiaba ver como su hermana se amarraría a un matrimonio que la haría infeliz… para todo el resto de la gente María era dura y fría, pero con él era diferente… con él rebosaba de ternura y cariño… se querían mucho

– Lo sé… creo que fue mutuo… Gonzalo tampoco estaba feliz-

– He estado pensando… pero…-

-¿Qué… qué cosa?- se levantó y lo miró interesado.. se agotaba el tiempo y cualquier idea… por loca que fuera, podía ser una solución.  Coque sonrió mirando a Daniel con ternura… como amaba su cara… sus ojos verdes y su pelo desordenado

– Bueno.. quiero decirle a María que no se sienta obligada a casarse con tu hermano…-

– ¿Crees que serviría de algo?-

– Ella me escucha y me respeta… soy su hermano menor pero a la vez soy el futuro jefe… ella será mi mano derecha y si… creo que me hace caso-

Daniel se quedó callado pensando… le costaba tanto ver a coque de otra manera… entendía toda la teoría y tenía claros los roles…  pero para él, seguía siendo su adorable pecoso…  sintió un extraño malestar… Coque sería el jefe de una familia… de pronto eso lo afectaba un poco…

-. Hazlo… dile, si crees que va a escucharte dile… aunque la veo muy decidida-  ¿por qué de pronto lo estaba afectando esto?… era el mismo Coque de siempre… no.. no lo era… estaba diferente…

– Si… está decidida porque es muy obediente… mi padre se lo pidió y no es capaz de decir que no… pero, aunque la convenciera… yo no estoy preparado para dirigir esto aún… seguimos dependiendo de Gonzalo

El silencio cayó sobre los dos… convencer a María parecía misión imposible, pero si por un milagro eso ocurriera… ¿quien se hacía cargo de dirigir su familia sin que los lobos se la comieran y la destrozaran completamente??…

 

GONZALO.

Caminaba con las manos juntas sobre mi boca… medía cuidadosamente los pasos que lentamente daba en mi oficina… no sabía cuantas vueltas había dado pero tenía claro que no podía quedarme sentado…  estaba demasiado inquieto… María… estaría con ella por los próximos ocho años de mi vida… aprendería a manejarla… una chica de 19 años no podía ser un obstáculo en mi vida… mierda!!… ya lo era… era el peor obstáculo para mi amor por Miguel… Sonreí… Miguel… aún sentía una pequeña molestia en la parte baja de mi espalda…  me había tomado un analgésico en la mañana, muerto de la risa, pero al despertar algo me dolía e incomodaba.

-. ¿Qué tomas?- me preguntó Miguel curioso e inocente al verme echar una pastilla en mi boca

– Me molesta… algo… – contesté mirándolo fijamente… de a poco vi el color rojo subir a su cara… simplemente hermoso

– Lo siento…- murmuró sonriendo y mirando hacia abajo… sin realmente sentirlo para nada… se le notaba que estaba disfrutándolo mucho

– Pues no lo sientas… fue especial Miguel… – levante su rostro para mirar sus ojos- no sé que mas tuyo puedo ser… soy completamente tuyo-

– Lo sé…- ahí estaba la tristeza en sus ojos nuevamente… entonces supe que es lo que tenía que hacer… Andrei! Tenía que hablar con Andrei urgentemente… necesitaba que me ayudara con Miguel… no quería perderlo de vista mientras estaba en esa maldita ceremonia… Andrei tendría que acompañar a Miguel y ayudarme a convencerlo. Vigilarlo por mí mientras yo cumplía con lo que tenía que hacer… Iba a perder de vista a Miguel por unas cuantas horas, pero no estaba dispuesto a dejarlo desaparecer de mi vida como tantas veces me había amenazado.

 

LIDIA.

María y su comitiva se habían marchado… La princesa de hielo había elegido dos vestidos… ambos preciosos y necesitaban muy pocos ajustes… volvería al día siguiente para probárselos, una vez arreglados. De solo imaginar otro par de horas con ella, Lidia se sentía agotada…  Entregó los vestidos a la mejor de sus modistas para que hiciera los arreglos correspondientes.  Volvió a su oficina, se sirvió un café para reanimarse un poco y se sentó a pensar…  se estaba comenzando a sentir derrotada… tal parecía que no habría manera de detener esta locura…  mientras más la trataba y conocía, mas mal le caía María… definitivamente no le gustaba, le recordaba un bloque de hielo… fría e inanimada, tan políticamente correcta que daban ganas de remecerla… sacudirla hasta hacerla perder su perfecta compostura y helada sonrisa… le daba doble pesar saber que estaría ligada a ella por ambos hermanos… Coque era un encanto, el chico se había ganado el corazón de Lidia en muy corto rato… Daniel se veía muy feliz con él y eso hacía que lo quisiera un poco más… pero ¿Qué diablos iba a hacer Gonzalo con esta mujer por ocho años?… Miguel!!!… sintió una pena honda… como era posible que fuera a dejarlo?… no quería que se separaran… Miguel iba a sufrir tanto… Lidia sintió la urgencia de la pena recorrerla…  Sentía por Miguel casi tanto cariño como por sus hermanos… no podía terminar así.  Se armó de valor una vez más y comenzó a repasar mentalmente todo lo que había conversado y visto de María… no lograba ver algo especial en ella… entonces recordó… su tienda estaba llena de cámaras de seguridad que la protegían contra robos… quizás… si volvía a revisarlas…   encendió su computador y se conectó al sistema de seguridad… retrocedió el tiempo hasta la llegada de María… tomaba su café con lentitud mirando como la chica se movía sin perder la tranquilidad jamás… sus ojos no delataban sentimientos ni nada… después de un rato se estaba comenzando a aburrir de mirarla… estaba a punto de apagar la imagen cuando se quedó boquiabierta mirando la pantalla… pestañeó rápidamente… Dios!!!… retrocedió unos instantes y volvió a mirar… sus ojos se llenaron de emoción y sus manos en la boca contuvieron un grito… lo sabía!!. Sabía que había algo!!! y lo acababa de encontrar… solo que había estado mirando a la persona equivocada!!!

 

Miguel Capítulo 47

0

Capitulo 47

MIGUEL

 – ¿Dónde estabas? – me gritó nada más verme entrar. Era tarde… no me había dado cuenta de lo mucho que me había demorado en llegar.

– Ocupado

Caminé mucho rato desde el encuentro con su padre… podría haber tomado un taxi… al final lo hice, pero quise primero caminar a solas para tranquilizarme un poco antes de encontrarme con él. La conversación con Don Jaime me había dejado alterado y Gonzalo se habría dado cuenta… solo una semana… ¿sabía eso Gonzalo?  Se acercó a mi peligrosamente… esa sonrisa torcida que tenía en su cara nunca presagiaba nada bueno para mi

– ¿Ocupado en qué?- me habló ya sujetándome con fuerza y presionándome contra su cuerpo

– Gonzalo… ¿desde cuándo te volviste celoso?- me reí un poco… no tenía ninguna excusa para darle así es que mejor le cambiaba el tema

– Contigo, desde siempre – me respondió muy serio.

No sé… algo me pasó al ver su cara volverse seria y preocupada… seré idiota… me dio pena.

– Lo siento…- musité muy despacio alzando mis brazos para atraerlo

– Lo siento – respondió también abrazándome fuerte

– pensé que…  – no terminó la frase… pensó que me había ido

– No… no pienses nada

Crucé mis brazos por su espalda y lo atraje más hacia mí.  Iba a ser así durante toda la semana?… andábamos a saltos y nerviosos… era como darnos confianza y asegurarnos de que estábamos juntos solo para engañarnos durante una maldita semana…  Lo besé y me respondió con muchas ganas… su cuerpo comenzó a empujarme hacia el dormitorio sin soltar mi cara mientras seguía besándome… podía sentir su necesidad de mi… tan fuerte como la mía de él… intenté recordar donde diablos estaban los muebles para no chocar con ninguno pero su lengua en mi boca no me dejaba pensar mucho… cerré los ojos y me sujeté de él…

– Quítate todo eso- me dijo cuando llegamos al dormitorio, señalando mi ropa. Me soltó de mala gana… arrastrando sus manos por mi cuerpo como si no quisiera soltarme y se sentó en el sillón a mirarme. Comencé a desvestirme… para él… recordé la cantidad de veces que había hecho esto mismo… ¿sería esta la última vez que lo haría?… Mierda!! no podía dejar de pensar tonteras… estaba completamente triste y con ganas de morir… ¿Cómo diablos puede uno enamorarse tanto?… ¿sentir que muere por la otra persona?… ¿por qué dejé que me pasara?..

– ¿Miguel?- estiró sus brazos llamándome… por supuesto se había dado cuenta. Era absurdo sentirme tan tontamente triste. Me tiró de un brazo y me sentó en su regazo… levantó mi rostro y comenzó a darme pequeños besos, saltándose mi boca… comencé a moverme buscando sus labios pero estaba decidido a no dejarme besarlo en la boca…

– No estés triste… por favor– me pidió pero pude ver como su cara se volvía triste también. Nos apretamos fuerte sin decirnos nada… solo sintiendo nuestros cuerpos y traspasándonos el amor… Dios!!… esto era una tortura… una semana más de tortura… la mejor tortura de mi vida.

– Hazme el amor – le pedí en su boca sin poder aguantarme más las ganas de tenerlo dentro de mi… tenía urgencia de sentirlo… quería estar lleno de él

– ¿Algo te hizo creer que no te lo haría?- sonrió apenas y me contagió con su sonrisa. Dejamos la pena atrás… al menos por ahora. Caímos sobre la cama, quitándonos la ropa…

– Mi mocoso… te amo

Sus ojos serios en los míos… sus palabras eran una medicina tan dulce… necesitaba tanto escucharlo… me dejó desnudo bajo su cuerpo… sus manos, posesivas, me sostenían firme… me penetró fuerte y de una sola vez sin quitar sus ojos de los míos haciéndome gemir al sentirlo tan bruscamente dentro de mí… era el paraíso… dolor y placer en justa medida que solo Gonzalo sabía cómo provocarme…  su cuerpo firme y excitado envolviéndome… exigiéndome entregarme y dejarme poseer completamente… quería que me abandonara en sus manos y lo hice… lo dejé hacer conmigo a su gusto… sus palabras tan dulces en mis oídos… la prisa, el placer…. la espiral de sentimientos me tenía al borde de la locura… amor, placer, pena, felicidad… dolor… sentía todo al mismo tiempo.

– Miguel… ¿dónde estabas?- me preguntó rato después cuando ya estábamos satisfechos y nos habíamos calmado. Permanecíamos desnudos en la cama y abrazados en la oscuridad.

– Necesitaba pensar… no estuve en ninguna parte en especial

Mentí… me dolió mentirle cuando eran nuestros últimos días juntos pero… tenía que hacerlo

– No me dejes solo… quiero todo tu tiempo para mí

– Te dije que iba a estar contigo hasta… ya sabes

El silencio se hizo presente… solo escuchaba nuestras respiraciones.

– Será en una semana- me dijo rodeándome con sus brazos… creo que pensó que iba a reaccionar golpeándolo o alejándome… o gritando … que se yo… suspiré dejando entrar mucho aire a mis pulmones… mierda!! qué me ha dado por volverme una Magdalena llorona??… No respondí. No dije nada… ¿Qué podía decirle?… me acomodé sobre su pecho tratando de callar todos los gritos de dolor que me nacían en la mente y reventaban en mis oídos… mi corazón y mi mente lloraban a gritos dentro de mí… tanto que me gusta estar en este lugar… escuchando los latidos de su corazón, sintiendo el calor de su piel y la fuerza de sus músculos. Este es mi lugar favorito en el mundo… sobre su pecho desnudo rodeado de su olor… Me sequé los ojos.

– Voy a conocerla mañana 

Eso no lo sabía… otro puñal directo al corazón… sería más fácil irme mañana mismo y evitarme todas estas dagas que me cortan, me hieren y me dejan muriendo de a poco… la conocerá mañana… ojalá la odies en cuanto la veas, ojalá sea fea y desagradable… ojalá sea una maldita miserable espantosa… ojalá nunca sepa entenderte ni amarte… ojalá me extrañes cada día del resto de tu vida… tal como voy a hacerlo yo…  sintiéndome totalmente impotente y sobrepasado por todo esto..  No pude evitar los sollozos callados que mojaban su pecho… sin moverme ni ocultarme… solo lloraba sobre su pecho…

– Lo siento pero tenía que decírtelo. Quería que lo supiera

Él sabía que me dolía pero… supongo que tenía que escucharlo de sus labios y no de nadie más

– Está bien– contesté entre sollozos

Sufríamos los dos… supongo que yo sufría más que él pero no era una competencia… era más bien una maldita tragedia griega. Me levantó la cara y me beso con dulzura y ternura… de pronto se levantó con urgencia y se puso frente a mi…

– Prométeme que nunca vas a dejarme… promételo– su voz era ansiosa y exigente

– Gonzalo… no puedo prometerte eso

– Promételo Miguel- sus ojos me taladraban… serio… casi enojado… no estaba bromeando, quería que en verdad se lo prometiera – seguirás trabajando con  Andrei, podremos vernos todos los días… nunca te haré sentir que has dejado de ser importante Miguel… nunca- me seguía mirando esperando que le prometiera algo que no podía – no será fácil, sobre todo al principio… pero sé que podemos hacerlo, Miguel… vamos… dímelo!!!

Sus manos me sujetaban muy fuerte… su desesperación era tan fuerte como la mía…  me apretaba más cada segundo que me demoraba en contestarle…. Dios!! Como me habría gustado decirle que si… que iba a estar a su lado por siempre…

– Miguel!!!… promételo

Negué con la cabeza… no iba a mentirle… no sé qué planes tenía en su mente… pero eran planes desesperados y poco reales… Don Jaime jamás permitiría nada de eso… además… yo tampoco quería quedarme a verlo

– Mierda Miguel, ¿Por qué tienes que ser tan obstinado?

Sin embargo me abrazaba como si yo fuera un niño pequeño…  reteniéndome y queriendo convencerme… no se había dado por vencido conmigo.

Iba a ser una semana difícil… la más difícil de todas

 

EL ENCUENTRO DE LAS FAMILIAS

Con la intención de que ambas familias se conocieran ya que compartirían el matrimonio de sus hijos, Don Lino invitó a la familia de Gonzalo a una cena en su casa para el día siguiente. Lidia y Daniel se miraron un poco sorprendidos cuando Don Jaime informó a la familia que asistirían todos… no había ninguna excusa buena para no asistir. Gonzalo se casaba dentro de pocos días y era necesario conocerse y ser amables. Se tomaron todas las medidas de precaución posibles para este encuentro entre dos familias importantes y varios grupos de vehículos salieron del domicilio de Don Jaime con cierta distancia entre ellos

– Solo pretende que para nosotros también es una sorpresa- Lidia miraba fijamente a Daniel – Esto ha sido tan rápido e inesperado que María tendrá que creernos

– De acuerdo- a Daniel le molestaba pretender y mentir delante de Coque, pero no había otra salida. Daniel había estado conversando durante todo el día con Coque y habían acordado que así lo harían… se sentían expectantes de este encuentro… sus familias se conocerían pero solo sus hermanas sabían de ellos. De algún modo también se sentían como si fuera el preámbulo de su propia unión.

Coque había reaccionado muy sorprendido días atrás cuando Daniel le contó lo que pasaba entre Gonzalo y su hermana… al principio solo lo escuchaba sin poder formular preguntas ni hacerse a la idea de que el hermano de Daniel sería quien estaría a cargo de su familia y casado con María… era tan raro… costaba procesarlo en su mente… entonces, recordó las historias que Daniel le había contado sobre su hermano mayor… recordó en particular la historia de Gonzalo y Miguel

– Pero… a tu hermano… ¿le gustan las mujeres?- fue su primera pregunta lógica

– No – respondió Daniel con toda sinceridad.

Coque se calló mientras analizaba la nueva información… su papá le había informado que el futuro marido de su hermana era el mejor para lo que necesitaban… Daniel siempre hablaba de las habilidades de su hermano… de acuerdo, estaba claro entonces que Gonzalo era el adecuado, el indicado para el cargo… pero… ¿y María?… Coque adoraba a su hermana… no quería que sufriera estando con alguien que nunca la apreciaría, era tan niña… a pesar de parecer dura y calculadora, Coque conocía la otra cara… la de la niña.

– María no va a ser feliz con él…- la frase escapó de su boca sin que la pensara…

– No… no van a ser felices- Daniel solo corroboró lo que había pensado… Coque lo miró preguntando, pidiendo más explicaciones

– Gonzalo está enamorado de Miguel… por primera y única vez en su vida está enamorado… no creo que haga feliz a tu hermana ni lo sea él-

– ¿Qué me estas tratando de decir?– Coque presintió que había algo más en la extrema sinceridad y forma de expresarse de Daniel

– No queremos que se casen…- dijo muy despacio… sabía lo importante que era para el futuro de Coque tener a alguien que administrara el negocio mientras él se preparaba.  Coque se puso de pie alejándose de Daniel… pensando… su hermana… se sacrificaba por él, pero no iba a ser feliz… el negocio… su padre se moría… ¿Qué tenía que hacer entonces?

– ¿Quiénes?

– Lidia y yo…

– Así es que ahora ambos están de acuerdo en ayudar a Gonzalo?- Daniel sintió la molestia de Coque… no quería por nada del mundo enojar a su pecoso… ya sabía lo difícil que podía llegar a ser

– Coque… no tiene que ver contigo ni con el negocio… tiene que ver con la felicidad de nuestros hermanos…- la sinceridad ante todo… ya había aprendido eso

– Si… lo siento… entiendo… estaba pensando lo mismo… no quiero que María sacrifique su juventud… es tan linda y buena conmigo… no se qué hacer Daniel-

– Nosotros tampoco tenemos una idea clara… ¿quieres ayudarnos?- se acercó a Coque y lo volvió a sujetar entre sus brazos… le gustaba tanto su pecoso

– Si…- ahí, entre sus brazos y pegado a su cuero volvía a ser el chico pequeño y adorable que había conocido en el internado – dime que hacer-

– Háblame de ella, cuéntame cómo es tu hermana

– ¿No le van a hacer daño, verdad?

Daniel lo aprisionó un poco más cerca…

– No Coque… jamás, es tu hermana, no permitiría que nadie la dañara

– De acuerdo…

Le contó sobre María, todo lo que sabía. Daniel guardó al información. Luego se la entregó a Lidia. Tenían ambos una clara película de cómo era ella, pero aún no lograban descubrir algo que les ayudara en su objetivo.

 

La casa de la familia de Don Lino era tan espectacular como la de ellos mismos. Estaba todo iluminado y la seguridad era notoria en todas partes. Don Lino los esperaba en su silla de ruedas, Esteban, su asistente, tras él… se notaba bastante más demacrado que cuando lo habían visto por última vez… A su lado esperaban un chico que supuso sería el futuro heredero y una muchacha que parecía una niña. Gonzalo fijó su vista en la joven mujer a su lado… delgada y bonita… elegante… fría… glacial… esa era su futura esposa?

– Gonzalo… mi hija María

Don Lino la presentó con orgullo en su voz. Por un momento ambos se sintieron torpes… resultaba ridículo saludarse estrechando sus manos si dentro de pocos días estarían casados… Gonzalo resolvió el problema dejando un beso en su mejilla

– Hola María… soy Gonzalo. Es un placer conocerte

Quien no lo conociera pensaría que se trataba de un perfecto caballero… pero tanto Lidia como Daniel se dieron cuenta de la frialdad en la voz y la mirada de Gonzalo.

– Gracias. También es un gusto conocerte

A María no había que conocerla demasiado para poder interpretarla. Ella también era otro gélido bloque de hielo al saludar a Gonzalo… Se miraban analizándose…

Las familias se saludaron. Tanto el guardaespaldas personal de Don Jaime como Esteban, el asistente de Don Lino permanecían de pie cerca de ellos.

María elevó notoriamente las cejas y abrió mucho sus ojos al ver a Lidia y a Daniel

– Hola María!!- saludó Lidia acercándose de prisa a ella con su mejor cara de sorpresa y una enorme sonrisa- no puedo creer esta coincidencia!!!– la abrazó hablándole, sin darle mucho tiempo a reaccionar  – Vamos a ser familia, puedes creerlo?

– Lidia?.. Daniel?… Gonzalo es tu hermano?- estaba muy sorprendida

– Si… esto es increíble

Sonreía intentando contagiarla… María sonrió también… se tranquilizaron… todo estaba resultando bien.

Coque y Daniel se saludaron como viejos conocidos… anunciaron que se conocían del colegio y que eran amigos lo cual contribuyó a relajar el extraño ambiente, un poco tenso. Cenaron todos juntos en un inmenso comedor. María y Gonzalo sentados uno al lado del otro, a la derecha de Don Lino. Ambos intentaron conversar… pero a Gonzalo le resultaba difícil intentar traspasar el muro de frialdad alrededor de la chica… era bonita, sin duda alguna… pero no era de su gusto. Posiblemente nadie resultaría de su gusto si lo obligaban.

María por su parte pensaba algo parecido… Gonzalo era un perfecto espécimen masculino… atractivo, bien vestido y gentil… pero había algo en él que no terminaba de agradarle y más bien la atemorizaba y la hacía estar a la defensiva… suspiro profundamente. Iban a ser largos 8 años así es que mejor se iba acostumbrando desde ya.

Lidia se sentó frente a ellos. Sus ojos observaban todo disimuladamente, sin perderse ningún detalle. Guardaba silencio pero estaba tan atenta a cualquier movimiento de María y de los demás a su alrededor… los ojos, el cuerpo, los gestos… todo lo estudiaba. Percibió de inmediato la incomodidad entre los futuros esposos… no se habían gustado??… no pudo evitar la sonrisa en su cara… siguió observando, atenta al más mínimo detalle y movimiento de María.

Las madres de los futuros esposos intentaban conversar educadamente. Claudio, el hermano menor de la familia, se concentraba en su plato… Los únicos que parecían estar más a gusto eran Daniel y Coque. A Gonzalo le bastó mirarlos un par de veces para darse cuenta del tipo de relación que tenían… sonrió callado… así es que Daniel ya tenía una pareja… y resultaba ser nada menos que el heredero de Don Lino… las miradas de ambos hermanos se cruzaron en la mesa… Gonzalo le dio a entender que sabía todo y lo aprobaba… Daniel le agradeció en silencio y sonrió con complicidad. Por debajo de la mesa, las piernas de Coque atrapaban la de Daniel.

Cuando terminó la cena, Lidia y María se encontraron sentadas al lado en la sala

– Y ya elegiste tu vestido de bodas?- solo sería una boda civil. No habría matrimonio religioso debido a las circunstancias. Cumplirían solo con lo exigido por la ley.

– Pues… voy a buscarlo mañana, aun no he visto nada

– Ah No!! Permíteme regalártelo… ya sabes, un regalo de bienvenida a la familia… tengo una tienda de modas, todo es exclusivo, estoy segura que encontraras algo de tu gusto- su madre intervino para alabar su tienda y su buen gusto… María no estaba cómoda aceptando el regalo pero se sintió atrapada… no podía rechazarlo sin ser descortés frente a su futura suegra y cuñada. Aceptó. Quedaron de juntarse al día siguiente, temprano, en la tienda de Lidia.

Cuando los hombres mayores volvieron del escritorio de Don Lino hacia la sala, Gonzalo buscó un momento para quedarse a solas con su novia… minutos antes, en la oficina de Don Lino habían acordado todos los detalles… no quedaba nada pendiente más que realizar la ceremonia… Por fuera, Gonzalo parecía frío y calmado como siempre… por dentro, estaba molesto, enojado y con ganas de destruir algo… descargar su rabia… pero se controlaba como bien sabía hacerlo.

– María… lleva a Gonzalo al jardín. Le gusta fumar de vez en cuando

Ella se levantó obediente a cumplir la indicación de su padre. Gonzalo la siguió de cerca. Ella no lo miró en ningún instante hasta que estuvieron afuera.  La terraza era inmensa y el jardín muy bonito e iluminado. Un escenario muy romántico para los futuros novios… solo que ellos no estaban enamorados… Gonzalo sacó un cigarrillo y lo encendió, aún en silencio

– ¿Te molesta? – preguntó indicando su cigarro. María lo miró… odiaba el olor a cigarro, mas aun cerca de su ropa y su pelo

– No me agrada- respondió intentando no ser tan pesada ni descortés.

Gonzalo se alejó un par de pasos pero no apagó el cigarro… no estaba dispuesto a complacerla… aún estaba estudiándola

– Así es que seremos esposos –  le dijo sabiendo que no era el comentario más apropiado para iniciar una conversación, debería ser más delicado pero estaba cabreado… quería ponerla a prueba

– Si, es un acuerdo entre nuestras familias… pero si, fuiste el elegido… serás mi esposo

Gonzalo se calló unos instantes… mirándola con nuevos ojos… solo parecía mansa… no lo era. Acababa de dejarle en claro que sabía que esto era un negocio, que su familia era tan poderosa como la de él, que no era el único interesado y que él era quien llegaba a casarse con ella… y no al revés

– Eres muy joven, María… ¿Qué te gusta hacer?- la pregunta pareció molestarle a ella, sin embargo no bajó las defensas ni se mostró cohibida

– Tengo 19… supongo que habrás leído la información sobre mí que se le envió a tu padre- caminó segura un par de pasos  – estudio y quiero seguir haciéndolo. Me servirá para ayudar a mi hermano. Aparte de eso trabajo con mi padre todo el resto del tiempo. Me tiene mucha confianza y conozco bien el negocio

Gonzalo siguió fumando alternando su vista entre la mujer delante de él y los rosales en el jardín… le habían quedado muchas cosas claras en su respuesta… la principal de todas… no le gustaba María… ni siquiera un poquito. Era orgullosa y demasiado entrometida en el negocio de su familia… ¿pretendía estar encima de él todo el tiempo?… tendría que cambiar muchas cosas una vez que estuvieran casados… ¿podría cambiarlas o tendría que soportarla vigilándolo todo el tiempo?

– Y  a ti… ¿Qué te gusta hacer? – preguntó ella…

Había algo de desafío en su tono de voz… algo que molestó aún más a Gonzalo.  Se tomo su tiempo en responder. Gustarle??… follar a Miguel… estar con Miguel, besar a Miguel y reír con él… acariciarlo en la intimidad… escucharlo gemir de placer y dolor para luego respirar satisfecho cuando se dormía sobre su pecho… era, lejos, lo que más le gustaba

– Paso casi todo mi tiempo trabajando – contestó muy escuetamente sin tener ganas de informarle sobre sus otras actividades, sonrió para adentro… Miguel era solo para él, su alegría y lo que más amaba en este mundo… nadie más iba a saber nada de su mocoso.

– ¿Cuántos hijos te gustaría tener? – preguntó mirándola fijo a través de la cortina de humo del cigarro y decidido a molestarla, sabiendo todo lo que implicaba la pregunta… quería dejarle en claro que él sería quien dominaría en esta relación entre los dos. Lo sorprendió enormemente la reacción de María. Primero lo miró un poco asombrada de la pregunta… ella captó de inmediato la intención de Gonzalo… sonrió… sonrió abiertamente haciéndole sentir que no era tan fácil como creía.

– Hijos?!!!…  tal vez… después que mi hermano asuma el control podremos pensar en tener hijos, antes?… no lo creo, Gonzalo, voy a estar muy ocupada trabajando a tu lado como para preocuparme de tener hijos

Había sido bien enseñada por su padre. No se dejaba intimidar y era muy fuerte. Temblaba por dentro pero nadie habría podido decirlo, se veía completamente segura y dueña de su persona. Gonzalo no le gustaba pero sabía que era el mejor, el indicado para continuar con su familia mientras Coque crecía y aprendía.  Había leído todo el historial… sabía casi todo sobre él, incluso sus gustos y preferencias sexuales… no le molestaba demasiado, no pensaba tener intimidad con él.

– Ya terminaste? – preguntó indicando el cigarro que, bien sabía, no había terminado aún.

– Si, claro – respondió Gonzalo apagándolo y caminando detrás de ella.  Era altiva, orgullosa y desafiante… sonrió sin que ella lo notara. No le gustaba pero sería un verdadero placer domar y aprender a manejar a esta pequeña mujercita tan decidida.

 

MIGUEL.

Acariciaba a mi cachorro y lo estrujaba entre mis brazos. Había decidido llevarlo conmigo además estaba feliz de  haberle encontrado un nombre… “Sombra”… se llamaría sombra y sería para mí el constante recuerdo de Gonzalo… una sombra de lo que pudo ser… Era una idiotez viajar al fin del mundo o al infierno que me esperaba, con un cachorro tan delicado, pero Sombra tendría que aprender a vivir conmigo donde quiera que fuéramos a ir… estaba decidido a que fuera mi compañero en la soledad que me esperaba.

– Está bien hijo

Mi mamá analizaba la petición que le había hecho para que volvieran al antiguo departamento. Esta vez le confesé todo lo que podía decirle sin comprometerme demasiado… le dije que el departamento había sido un regalo de mi jefe y que ahora era mío. Podían vivir tranquilas en él para siempre. No preguntaron… ya se estaban acostumbrado a este tipo de cosas.

– ¿Vas a volver con nosotras? 

Nali se volvía un poco más bonita cada día… un poco más señorita y educada… eran cambios sutiles, como su forma de hablar y de moverse, el vocabulario que usaba, la ropa diferente que vestía… de pronto, en algunos de sus movimientos y nuevas actitudes me recordaba a Lidia… se estaba comenzando a parecer a una verdadera señorita… tendría muchas mejores opciones para su vida… me sentí orgulloso de haber sido capaz de brindarle eso a mi hermana… había costado mucho pero el sacrificio había valido la pena… me sentí muy feliz de verla así.

– No Nali… es muy difícil que vuelva a vivir con ustedes. Ahora voy a trabajar en otra parte y no sé cuando volveré, pero te prometo que estaremos en contacto

Me dio pena decirlo… ver la cara de tristeza de mi hermana y mi mamá… se habían acostumbrado a no hacerme preguntas… sabían a suponían el tipo de trabajo y de vida que yo llevaba. Estaban agradecidas del dinero que, sin falta, llegaba cada mes y les permitía vivir con comodidad. Simplemente me pedían que me cuidara y no me arriesgara demasiado. Sabían que era inútil pedirme que me alejara de ese mundo al que había entrado por mi propio gusto.

– Me lo voy a llevar – le dije a mi hermana señalando al cachorro –Vendré a buscarlo en unos días

Esa fue otra causa de tristeza para Nali… se había encariñado con Sombra… Pensé que a cambio de todo el cuidado que había puesto en mi cachorro le compraría otro antes de irme… tal vez Sombra tendría una mejor vida con Nali que conmigo…  pero era lo único que me llevaría de Gonzalo… no podía dejarlo, Sombra tendría que aprender a vivir la vida difícil que nos esperaba… la viviríamos juntos.

Cené con ellas y conversamos hasta bastante tarde. Le di consejos a mi hermana sobre cómo llevar su vida…

– ¿Por qué parece que ya te estás despidiendo?- me miró con sus ojos lindos y tristes

– Ya te dije… Voy a estar fuera un tiempo…

Se abrazó a mi cuello…

– Estas triste Miguel… te conozco y sé cuando estas triste– la abracé de vuelta… Nali crecía demasiado rápido y me iba a perder todo su desarrollo… pero al menos crecía segura y bien.

– No sé cuando nos volveremos a ver – dije para tratar de explicar mi pena… separarme de ellas también era un motivo más de tristeza

Arreglé un bolso con mis ropas y otras cosa que posiblemente iba a necesitar donde Don Jaime me enviara. Lo dejé listo en el dormitorio pero no lo llevé conmigo. Pasaría a buscarlo después… cuando Gonzalo ya se hubiera ido y no tuviera que dar explicaciones. Me despedí de ellas ya muy tarde y volví al departamento a esperar a Gonzalo… ¿cómo habría ido el encuentro con su… con esa mujer??… ¿volvería intentando disimular una sonrisa de felicidad por haber descubierto que si le gustaba su futura mujer?… mierda… vuelta a las malditas lágrimas… tengo que dejar de pensar idioteces… me ama… sé que me ama…y es mío… aunque se case con ella.

Miguel Capítulo 46

0

Capítulo 46

MIGUEL

Muy temprano al día siguiente iniciamos el viaje de vuelta. Había un pesado silencio, que no tenía mucho que ver con la hora ni con el sueño, sino con el hecho de saber que tal vez esas habían sido nuestras mejores horas y que no se repetirían… al menos yo tenía claro que no iban a volver a existir.

Gonzalo se negó a prender su celular hasta que llegáramos a la ciudad. Tampoco prendí el mío. En el camino, dormité un rato sobre sus piernas…  el manejaba intentando no distraerse… tarea bastante difícil considerando que estaba sobre sus piernas y acariciando su sexo…  Antes de entrar a la ciudad se detuvo en un pequeño restaurant. Nos bajamos y con un café en la mano nos sentamos cerca del vehículo…

-¿Cuándo vamos a hablar, Miguel?

-¿Hablar?… ¿de qué?

Me miró esperando a que reaccionara

– Necesito respuestas…

– Ya te respondí-  miré el paisaje… no quería ver su cara. Sabía que no era eso lo que quería escuchar. Se acercó hasta que casi nos tocábamos

– Sabes bien… muy bien, que no te voy a dejar marchar

Por qué mierda tenía que decirme cosas así si sabe que no puedo…  respondí molesto lo primero que se me ocurrió.

– No soy yo quien se va a casar

Vi su gesto de rabia de inmediato… rabia e impotencia… justamente a este punto era al que no quería llegar

– Miguel… mierda!! Sabes que no puedo hacer nada

– Lo sé – respondí despacio sin dejarme asustar por su actitud ni alterarme tampoco… ya tendría después suficiente tiempo para llorar a gritos y cortarme las venas si se me daba la gana…

– No puedes dejarme

Sorbí despacio otro poco de café mirando a la nada… si podía…  planeaba hacerlo, no iba quedarme a verlo casarse… pero no le dije nada.

En un pesado silencio subimos al vehículo y reanudamos la marcha. Podía sentir el mal genio y la molestia de Gonzalo.  Pasó de largo por todas las calles conocidas sin decirme a dónde íbamos y se dirigió directamente al centro. No quise preguntar nada porque sabía que estaba enojado. Detuvo el vehículo en una calle muy céntrica y se bajó dando un fuerte portazo. Me miró preguntado si lo acompañaba pero no me moví. Seguí mirando su figura hasta que se perdió en una galería de tiendas.  Pasó un rato largo… casi cerca de una hora y ya empezaba a preocuparme que le hubiera pasado algo. Me bajé inquieto, sin alejarme mucho, y lo busqué con la mirada. No lo veía por ninguna parte. Encendí mi celular… no hice caso de ninguno de los mensajes… solo me fije en los últimos recibidos pero ninguno era de Gonzalo. Lo llamé. Apagado. Empecé a plantearme seriamente llamar a Andrei… no sabía dónde estaba Gonzalo.

De pronto, caminando en forma enérgica, lo veo aparecer de la misma galería donde se había perdido rato atrás. Subió al vehículo sin decirme nada

– ¿Dónde te metiste??!! No sabía si te había pasado algo…

-¿Preocupado por mi?- sonrió con arrogancia

– Imbécil!!…

– Sí… un imbécil que te ama 

No respondí y me giré hacia la ventana demasiado molesto… ¿a qué creía que estaba jugando?… ¿le hacía gracia que me preocupara por él?… ¿lo había hecho a propósito?… suspiré enojado.

Llegamos a su departamento. Por muy enojado que estuviera no pensaba dejarlo solo… le había prometido quedarme con él hasta el último momento y quería cumplirlo… Pensé que tenía que ir a mi casa a buscar unas cuantas cosas… tenía que trabajar también…Andrei de seguro no debía estar muy contento con nosotros… conmigo, por haber apagado mi celular.   Entre al dormitorio y tomé el teléfono con la intención de prenderlo. Gonzalo entró detrás de mí y me lo arrebató

– Pero que…??!!

Me beso callándome y empujándome contra la pared… sujetando fuerte mis brazos y restringiendo mis movimientos con su cuerpo. El pequeño enojo que habíamos tenido nos estaba forzando a ser un poco violentos… su lengua me invadía entero y su cuerpo presionaba contra el mío dejándome claro su enojo… y su amor… su excitación y sus ganas… Dios!, ¿iba a ser así hasta que nos separáramos???… respondí con la misma violencia… me calentaba mucho tenerlo enojado aprisionándome contra la pared… metiéndose entre mis piernas y su pelvis empujando la mía…

– Deja de ser tan difícil Miguel… eres mío y lo sabes

YO??? ¿yo era el difícil?… ahora estaba más molesto que antes…  ¿qué más quería que le diera?… ¿mi sangre??  Como pude solté mis manos y lo empujé fuerte de sus caderas, alejándolo… entonces lo escuche quejarse y moverse brusco hacia atrás

– ¿Qué… pasó?- pregunte mirándolo incrédulo y olvidando mi enojo… no podía haberle dolido que lo empujara…

Gonzalo me miró varios segundos antes de moverse… se levantó la camisa… abrió el cierre de sus jeans oscuros y dejó al descubierto un parche sobre su cadera… lo miré con extrema curiosidad… se quitó el parche de un tirón… en su piel rojiza y un poco inflamada, había un tatuaje recién hecho… una “M” rodeada de un discreto corazón.

– Ahora sabes que soy tuyo…

 

 

DANIEL

Abracé a Coque en forma muy discreta. Tenía ganas de robarle besos y acariciarlo, fundirme en su cuello y marearme con su aroma… me sonreía coqueto, sus ojos brillaban de felicidad y sé que quería lo mismo que yo… pero no estábamos solos. Nos miramos sonriendo cómplices, igual felices de vernos y decididos a comportarnos frente a nuestras hermanas mayores.

– Lidia, él es Coque

Se saludaron con un beso y una sonrisa. Estábamos en la misma casa a la que habíamos ido él y yo la vez anterior. María estaba detrás de Coque.  María… la futura esposa de Gonzalo.

Cuando Lidia me contó lo primero que sentí fue el impulso de reírme de lo absurda de la situación, ¿Gonzalo casado?… ¿y con una mujer?? pero luego me puse en su lugar  y se me acabó la risa de inmediato. Pensé en Miguel… se que se aman y lo deben estar pasando mal, sobre todo después que Lidia me contó que ahora estaban juntos. Podía entender las razones de su padre y de mi padre… pero… Gonzalo casarse con la hermana de Coque?? Era tan descabellado.

Le ofrecí mi ayuda a Lidia. No sabíamos qué hacer, pero por ahora, lo mejor era conocer primero a la novia, pero solo como la pareja de Coque y su hermana… no íbamos a mencionar a Gonzalo ni el futuro matrimonio… pretender que estábamos aquí solamente dispuestos a conocer a su hermana y presentar la mía. Queríamos saber quién era y como era María… solo eso nos bastaba por ahora.

– Daniel… Lidia, ella es mi hermana, María

Vestía impecable y muy femenina. Se movía tranquila y con seguridad. Nos saludamos, ella sonreía levemente… justo lo necesario para parecer agradable

– Un gusto enorme conocerte!!!.– Lidia tenía su propio juego… no sabía hacia dónde iba pero me sorprendió verla comenzar a intentar acercarse a María…

Se sentó junto a ella en el sillón. Podía ser encantadora si se lo proponía…

– Es una casa hermosa… Me encanta la decoración!!

– Si… es de nuestra familia, desde hace mucho tiempo– respondió María educada sin alterarse mucho.

– Y, ¿qué haces María? – preguntó mi hermana nuevamente.  Entonces ya supe lo que estaba intentando…

Miré a Lidia y nos entendimos con solo mirarnos.  Discretamente tomé a Coque de la mano y le indiqué que saliéramos a la terraza. Se quedaron solas.

– Cómo está tu padre?- pregunté cuando nos quedamos a solas, aún bajo la mirada de ellas pero sin que nos escucharan… Coque se puso triste

– Creo que le queda poco tiempo. Empeora muy rápido

Sentí pena por él y preocupación por mi hermano… pasé mi brazo por su espalda atrayéndolo

– Lo siento…

¿Podía confiar en Coque?… ¿Sería capaz de entendernos?… ¿de ayudarnos? Era quien mejor conocía a María…me había demostrado muchas veces que sí podía hacerlo… lo necesitábamos de aliado si queríamos conseguir algo

– Coque… tengo que contarte algo importante, muy importante

 

LIDIA

Estaba admirada de la chica que tenía frente a ella… era tan joven pero de alguna forma le recordaba a Gonzalo… su seriedad, concentración y seguridad… parecía que jamás se soltaba ni perdía la compostura… siempre respondía lo justo y preciso, ni más ni menos… absolutamente controlada y algo fría…  Dios!!! Lidia pensó que ella debería ser quien se quede a cargo de su familia… de seguro lo haría perfecto… al menos actitud no le faltaba!!!  pero no se dejaría amedrentar por una mocosa de 19 años!! Costaba creer que esa era su edad, físicamente parecía menor, tan delicada y femenina, pero era una roca solida… a no dejarse engañar por su apariencia, pensó mientras seguía conversando de temas diversos… necesitaba encontrar algún tema que fuera importante para María… necesitaba crear un vínculo que las convirtiera en amigas… urgentemente necesitaba saber más de ella… traspasar esa muralla de frialdad y exquisita cortesía con que le había ofrecido jugo y se había desplazado como si flotara. Ida y vuelta, aún con la bandeja en mano, era toda perfecta y precisa…

– María, tienes un pelo precioso!!! – dijo Lidia justo antes de beber su jugo… la vio detener sus movimientos y llevarse la mano al pelo… lo acarició y los ojos le brillaron…

– ¿Te gusta?… lo cuido mucho, no es fácil tener el pelo así de largo y…

Eureka!! Lidia quiso saltar de alegría… lo había encontrado.  Mujer después de todo…

Se entretuvieron conversando del tema del pelo, de las cremas y cuidados… Lidia entendía bastante pero María parecía una experta. En algún momento ambas reían entretenidas… María se había soltado perdiendo su gravedad pero hablaba muy poco de ella misma…. Solo cosas generales… Daniel las miró desde la terraza… su hermana lo había hecho nuevamente.

– Y ¿tienes novio? – preguntó Lidia pretendiendo indiferencia.

María perdió un poco la sonrisa… sus ojos brillaron un breve instante… pareció querer volver a sonreír … pero fijó sus ojos en Lidia

– No

– Pues yo tengo uno, pero es algo complicada nuestra historia… ¿quieres que te la cuente?…- se acomodó en el sillón y la miró demostrando mucha simpatía y amistad… complicidad, necesitaba crear más lazos con María, tenía que recurrir a todo. Le resumió su historia con Andrei sin incluir su nombre… solo una breve pincelada que despertara el interés de la jovencita… y lo logró

– Vaya!! Tu historia es increíble. Espero que te cases con él y sean felices

– Ojalá!!… lo amo mucho, quiero pasar el resto de mi vida con él

– El amor… es bonito

– ¿Te has enamorado?

– no… yo no.

María se puso de pie bruscamente

– Voy por más jugo- su sonrisa había vuelto a ser de hielo.

Lidia la miró alejarse…  era dura… estaba comenzando a dudar… pero no le iba a ganar.

Daniel y Coque entraron, de la mano. Habían decidido que podían mostrarse cariñosos frente a ellas.

Pasaron el resto de la tarde juntos, los cuatro. Lidia observaba y retenía en su mente cada detalle de María… esperaba y analizaba.

 

GONZALO.

Mi padre me citó a su oficina temprano. Luego de un café comenzamos a hablar del motivo de nuestro encuentro

– Quiere una boda muy rápida, Gonzalo

– ¿Cuándo?

– Una semana

Trague saliva… se me aceleraron los latidos… una semana

– ¿Cuál es el problema?- preguntó mi padre mirándome fríamente… ¿cómo le explicaba cual era mi problema?… ¿cómo le hacía entender que cualquiera opción que eligiera iba a defraudar a alguien, a perder….

– Ninguno- respondí frio también

Me explicó en detalle el acuerdo al que querían llegar. Estaban esperando solamente mi confirmación y la querían dentro del día. Todo tenía que ser de prisa debido a la enfermedad. Me casaría con su hija y tendría acceso al control total de las operaciones de su familia por un lapso de 5 años; recibiríamos un porcentaje de las ganancias que lograra obtener más los beneficios adicionales que nos brindaría manejar el puerto y representar a dos familias, aunque no podría poner nada de su familia a mi nombre… solo a nombre de mi esposa o de su hermano menor y futuro jefe. Aún así era más que interesante… Don Lino se había preocupado de todo…

– Hay una clausula especial, Gonzalo

-¿Qué clausula?

Se levantó y me entregó un papel que tenía sobre el escritorio.

“El matrimonio no podrá disolverse antes de 8 años; el esposo se obliga a guardar fidelidad absoluta a su esposa durante ese periodo de tiempo para lo cual cesara todo tipo de relaciones actuales o pasadas con cualquier individuo y no podrá iniciar nuevos contactos que impliquen deslealtad hacia su futura mujer”

– No se le escapó ningún detalle…

Me molestó mucho… estaba más que molesto, enojado pero solo lo dije en voz baja y contenida, arrugando el maldito papel entre mis manos

– Te tendrán vigilado Gonzalo… ya me lo advirtió y me pidió que te lo dijera… siempre estarás vigilado

Comencé a caminar en la oficina de mi padre… demasiado enrabiado y agitado para permanecer sentado o tranquilo.

– Papá… esto es absurdo… no acepto este tipo de presión… ocho años?… no, no lo acepto, NO LO ACEPTO!!!

Ya no pude contener mi enojo. Mi padre ni siquiera se movió… manteniendo la tranquilidad y su característica frialdad

– No es tanto tiempo, Gonzalo. Ocho años pasan rápido y más aún cuando estás en control de todo

– Por qué ocho años??!!… solo estaré a cargo por cinco!!!

– Quiere asegurarse que estarás del lado de su familia, apoyarás a su hijo y …

– ¿Y qué??!!

– No dejarás sola a tu mujer en caso de que hayan tenido hijos…

Por primera vez mi padre se sentía algo incómodo de hablarme

– Hijos??!!… no voy a tener hijos con esa…

Suspire y comencé a intentar controlarme… hijos?, ocho años??… ocho años sin Miguel??… no… no podía…

– Hay más Gonzalo…

– Más?… qué más??!!

– Las otras familias se han molestado… no les gusta que nuestro poder crezca tan desmesuradamente. Quieren tu palabra de que mantendrás el equilibrio

Con que ya estaban comenzando a temerme… deberían… deberían todos tener miedo de mi… voy a cobrarme cada minuto que me hagan pasar lejos de Miguel… voy a cobrármelo con todos!!…

– No voy a prometer nada a nadie… ahora yo estaré al mando

Papá me miró fijamente… se puso de pie, pensé que iba a gritarme o a enojarse, pero de pronto empezó a reír…

– Eres mi hijo Gonzalo… no dejes que te amedrenten – aún riéndose me abrazó – tú estarás a cargo… tú serás el más poderoso– me dijo mirándome con fiereza..-déjalos que se asusten… no habrá nada que puedan hacer una vez que estés casado

No… no había nada que se pudiera hacer… ni yo ni ellos…  nadie… nada.

Salí de la oficina desesperado por ver o saber de Miguel. Me senté tras mi escritorio y tomé mi teléfono.

“Te amo, eres todo para mi”

Se lo envié… ¿podría entender todo lo que estaba diciéndole en ese mensaje?… luego me quede contemplando todo a mi alrededor… sin saber que hacer… prisionero por 8 años… estaba controlando mi enojo y desesperación… un mensaje entró a mi teléfono

“te amo tb” 

Miré la pantalla largo rato…

 

MIGUEL

El día podía haber sido cualquier día normal de actividad y trabajo; hicimos las cosas rutinarias y no pasó nada especial… Yo había salido con Gonzalo temprano del departamento y luego me fui con Andrei; Gonzalo se fue a hacer sus cosas… nos volveríamos a encontrar más tarde, en el departamento.  Parecíamos estúpidos enviándonos mensajitos de amor por el teléfono que me hacían sonreír y recibir una mirada burlona de Andrei. No me dijo nada ni me preguntó nada, sabía bien que Gonzalo y yo habíamos estado juntos…

Cerca de las 5 de la tarde recibí una llamada. No reconocí el número pero si la voz. No puedo explicarme porqué pero no me sorprendió… es más creo que de algún modo sabía que iba a llegar; no por eso dejé de ponerme nervioso.

– Andrei, tengo que ir a un lugar- dije estacionando el vehículo y pasándole las llaves

– ¿Dónde vas?… ¿vamos juntos o te llevo?

– No… está bien así. Nos vemos más tarde

Don Jaime quería hablar conmigo en un lugar diferente a su oficina. Era lógico… no me parecía raro… estaba nervioso. No sabía que esperar pero tenía una idea de que iba a tratar nuestra conversación.

Reconocí el restaurant como uno perteneciente a la familia. Entré decidido y sin preguntar, pasé hacia el fondo. Había visto esos salones anteriormente. Reconocí a los guardias. Me miraron y me hicieron pasar. Supuse que me esperaban.

Don Jaime estaba en un sillón grande detrás de un escritorio… ¿tenía otra oficina entonces?.. no pensaba preguntar, sabía que no estaba ahí para eso.

– Miguel! – se puso de pie… daba la impresión de estar casi alegre de verme. Sonrió con una media sonrisa que podía haber sido alegre pero no me convenció. Estaba a la defensiva…

– Don Jaime…

Extendió su mano y se la estreché, me indicó dos sillones…

– Usted dirá– dije yo

– ¿Cómo estuvo la playa Miguel?…- preguntó con voz firme y aparentemente amigable.

Sentí que enrojecía hasta las pestañas. Me había desarmado completamente con solo esa pregunta…

– bien- respondí muy bajo y tartamudeando… muriendo de vergüenza… me había dejado claro que sabía todo y no tenía sentido tratar de pretender.

– Me alegro… Gonzalo necesitaba un descanso antes de su matrimonio

No respondí… solo lo miré expectante… ¿quería deshacerse de mí?… Podía hacerlo sin ningún problema, yo no era nadie importante… más que para Gonzalo… al pensarlo casi sonreí con ironía… casi todos los miembros de su familia me habían dañado de alguna manera… ¿Por qué no ser el patriarca quien descargara el golpe final?

– Gonzalo va a casarse dentro de una semana- dejó la sonrisa y la máscara de amabilidad. Su voz fue gélida

Una semana?… no… no lo sabía… una semana?… solo una maldita semana??… sentí el golpe duro y punzante…

– No quiero que nada interrumpa su matrimonio. Es muy importante

De pronto dejó de importarme todo… solo una semana… ya no me asustó más una posible amenaza de su parte ni nada… estaba sintiendo que me quebraba por dentro… una semana nada más…

– Lo entiendo, señor

– Eres de la familia Miguel y yo siempre protejo a los nuestros

Lo miré sin entender de que estaba hablando. Frio, duro, directo… sus ojos eran dos gemas heladas…

– Tengo un nuevo puesto para ti. Estarás a cargo y recibirás bastante dinero

– ¿Qué puesto señor? 

No es como que pudiera rechazarlo tampoco… solo quería saber dónde iba a tener que irme y que era lo que tendría que hacer.

– Te lo diré antes de partir.  No quiero que nadie sepa dónde estarás.

Claro… solo lo sabría unos minutos antes de alejarme… así no corríamos el riesgo de que pudiera escapárseme y contarle a Gonzalo… Asentí con la cabeza… todo me daba igual…  no importa donde fuera…  me iría callado.

– Mi familia? – me atreví a preguntar un poco nervioso… eran lo único que tenía valor para mi ahora… quería que quedaran protegidas, sobre todo si no iba a poder comunicarme con ellas… me sentía morir… creo que si alguien me  hubiera amenazado con un arma en ese momento ni siquiera habría hecho el intento de defenderme…

– Estarán bien cuidadas. Será mejor que vuelvan al departamento que te regaló Gonzalo. Puedo cuidar mejor de ella en ese lugar

Volví a asentir despacio… pensé decirle que no había aceptado el regalo… que había intentado devolvérselo porque no lo quería pero supe que no era importante, a él le daba lo mismo…

-. Tampoco podrás decirles dónde vas a estar. Ya veremos más adelante cómo te comunicas con ellas-

Solo… aislado y posiblemente vigilado… me iba a quedar solo nuevamente… tendría dinero, tal vez poder… pero no tendría nada más… estaría lejos y solo… esta vez no tendría a Lidia ni a Andrei ni a Daniel… a nadie. Gonzalo creería que había desaparecido….  De que me podía quejar?…  Don Jaime solo estaba dándome lo que quería…

Asentí.

– Está bien señor

Creo que él esperaba un poco de resistencia de mi parte…  no iba a dársela.

– ¿Estás entendiendo lo que te propongo, Miguel?

– Si, señor

Me miró fijamente…

– Te irás dentro de una semana

¿Exactamente el día que se case Gonzalo??… claro… por supuesto.. ¿y de preferencia a la misma hora??

– Si, señor

– Te entregaré lo que necesites la noche antes… Nos reuniremos aquí mismo

-¿Lo que necesite?- pregunté sin entender…

– Si, vas a necesitar instrucciones, un teléfono nuevo… una moto… varias cosas

Solo entonces, al escuchar cómo me estaba comprando con una moto y un puesto nuevo de trabajo, levanté mi vista para mirar su rostro… sonreí con arrogancia… mi orgullo solo estaba dormido…

– No quiero una moto, señor

– No es un regalo.  La vas a necesitar… tendrás muchos kilómetros que recorrer a diario… no podrás hacerlo a pie…

Callé… iba a necesitarla? no podía negarme entonces.

– Insisto en que nadie debe saber dónde estarás. Son muy pocas las personas que saben de la existencia de estos negocios

Bueno, estaba claro… me estaba mandando a un lugar donde nadie podría buscarme porque ni siquiera sabían de su existencia… ¿sabía Gonzalo?… mierda!!!… qué más daba… no importaba si sabía o no… ya no me importaba nada.

– Entiendo… no le diré nada a Gonzalo– respondí automáticamente, sin pensar.

Me miró molesto porque había mencionado a su hijo

– Ni a Andrei, ni a nadie. Espero lo entiendas muy claramente. – me recalcó con voz que me sonó a amenaza- eres de la familia Miguel… es la única razón por la que sigues vivo

– Lo entiendo, señor .

Me quedó mirando… de arriba abajo… estudiándome en silencio… supuse lo que se estaría preguntando al mirarme así…

– Sabes… no eres mal chico… solo que… eres un chico 

Levanté mi cara… podía darme el lujo de ser arrogante… si se enojaba y me mataba, me daba igual

– Soy un chico… y nos amamos… pero no se preocupe. Él va a cumplir con usted y se va a casar con ella-

No me tembló la voz ni me sentí asustado… solo quería que todo terminara pronto… me sentía desangrar… me esperaba una semana de intenso dolor…

– Tienes cojones– me dijo mirándome molesto pero con una extraña sonrisa

– Sigo siendo un hombre… aunque ame a su hijo

Me puse de pie… ya quería salir

– Supongo que te refieres a Gonzalo o… ¿tal vez estás hablando de Daniel?

Me quedé de pie temblando de rabia…  sabia todo… si era así, tenía que saber con claridad que estaba hablando de Gonzalo… solo quería hacerme saber que él estaba enterado de que había andado con Daniel también. Humillarme un poco más. Me giré a mirarlo con furia… me miró de igual manera

– Usted lo sabe todo, no?… sabe que estoy hablando de Gonzalo

Se puso de pie también. Se acercó a mí en actitud amenazante.

– Estarás a cargo en dónde te envíe… pero espero no volver a verte en mucho tiempo Miguel. No quiero saber de ti más que para informarme de las operaciones.

– No se preocupe… sé desaparecer cuando quiero hacerlo

– Entonces desaparece bien… que nadie te encuentres, ¿has entendido?

Dude… solo por un momento dudé

– Si señor- respondí en voz muy baja, sobrepasado por todo…

Salí del restaurant. Caminé muy rápido alejándome… no sabía adónde iba a ir a parar a descargar mi pena y dolor…  posiblemente me estaba enviando al infierno mismo pero no importaba… tomaría lo que me estaba ofreciendo y desaparecería. Estaría lejos de Gonzalo… vivo, pero para el caso bien podría considerárseme muerto…  caminaba casi corriendo…  una semana…  solo tenía una semana para estar con Gonzalo antes de que se casara… empecé a correr…  estaba lejos, casi al otro lado de la ciudad pero corría hacia él…  necesitaba que me abrazara y tranquilizara…  solo una semana antes de que todo terminara para siempre.