Capítulo especial 7

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Permaneció en la terraza de su propia casa como si estuviera perdido… Se fue calmando de a poco… intentando utilizar su lógica e inteligencia para entender y buscar una solución… los minutos avanzaban de prisa… la noche estaba muy fría en Chiloé.

Cuando llegó al dormitorio, se dio cuenta que estaba muy helado, temblaba.  En la cama, Skylar dormía en la penumbra. Mientras se quitaba la ropa se detuvo a mirar su rostro… Por Dios!!… adoraba cada centímetro de ese hombre… su belleza lo subyugaba… lo amaba por fuera y por dentro con todo su ser… se metió en la cama desnudo… no solo era el frio que sentía en su piel y sus músculos, sino que nada hubiera podido mantenerlo lejos del calor de Skylar en ese momento. Se acercó casi de manera reverenciosa… sus manos frías tocaron el cuerpo desnudo y tibio a la altura de la cintura y caderas con posesividad… Skylar se movió, despertando y mirándolo con sus ojos azules semi dormidos… una leve sonrisa se dibujó en su rostro… se pegó completamente a él… piel fría contra toda la calidez del rubio…

-. ¿Dónde estabas?

Preguntó estirando sus brazos para rodearlo… sus piernas se enredaban entre las de Roberto y movía su cálido cuerpo acercándose para darle calor…

Roberto se abrazó a él necesitado, hundiéndose en su cuello, hambriento de su cariño… Skylar lo acogía abriéndose para él y Roberto se refugiaba entero en su cuerpo… esta vez no era solo sexo… era mucho más que eso… Una vez más, se rendía incondicionalmente al amor que le profesaba… se abrazaba al amor de su vida entregándole todo lo que él era

-. Entendiéndote – respondió apretado a él… con él… nadie más que él

-. ¿mmhh?

-. Nada… ya duérmete

Tenía que encontrar una solución para recuperar lo que tenían.  Nada en el mundo era más importante que Skylar.

Durante los días siguientes, Roberto estuvo pendiente de Skylar día y noche… nunca había dejado de ser atento y cariñoso pero ahora se esforzaba aún más para sacar al rubio de la tristeza. Se volvió su compañía ideal… durante el día lo hacía reír y lo acosaba con besos, no le daba tiempo para abatirse… durante las noches, lo amaba con pasión e idolatría… inventaba maneras nuevas de satisfacerlo, penetraba su cuerpo y su mente expresándole lo que sentía… lo enloquecía hasta que Skylar se entregaba en plenitud… suyo… totalmente suyo. Solo entonces le permitía la liberación del orgasmo, acunándolo en sus brazos y repitiéndole, una vez más, lo mucho que lo amaba.

Se dormían satisfechos y abrazados… henchidos de amor.

Luego de unos cuantos días Roberto comenzó a recuperar su tranquilidad. Skylar volvía a reír y a tener energía. Parecía que todo iba quedando atrás.

Se habían vestido elegantemente. Era sábado en la noche y ambos iban a cenar a uno de los mejores restaurant de la isla. Roberto sonreía pensando en las sorpresas que había preparado para sorprender a su rubio… el chef del restaurant era su amigo y la cena sería toda al gusto de skylar, sus platos favoritos, luego,  un romántico paseo en lancha hasta una de las pequeñas islas vecinas… deshabitada… excepto por todo el escenario que había mandado a preparar durante la semana para hacerle el amor en medio de la naturaleza… Se había esmerado mucho… no faltaba nada… solo necesitaba que Skylar saliera del baño y terminara de una vez de arreglarse. A veces podía tomarse horas!!! y otras veces, en solo dos minutos, aparecía luciendo espectacular… ¿Qué diablos lo demoraba tanto ahora?

Volvió atrás hacia el dormitorio y golpeo suavemente la puerta del baño…

-. Skylar?…

Entonces escuchó un sonido que lo alteró…   abrió de golpe la puerta para encontrar a Skylar completamente vestido de elegante terno oscuro, sentado sobre la taza cerrada, con el celular en la mano… sollozando muy bajito

-. Amor?.. ¿qué te pasa?… Skylar!.. ¿Qué pasa?

Skylar lucia desamparado… busco detener sus lágrimas para poder responderle

-. Tiene fiebre…- dijo como si eso explicara todo

-. ¿Qué?.. ¿Quién?.. ¿Estás bien?

En su desconcierto llevó su mano a la frente de Skylar para comprobar que no tuviera fiebre…

-. Hans… está enfermo…- respondió quitando suavemente la mano de Roberto de su frente y abrazándose al cuerpo de él en busca de consuelo.

Nada salió como lo había planeado. Durante toda la cena, Skylar se mantuvo pendiente de la llamada de Marlene que había llevado al niño al doctor. La lancha y el resto tendrían que esperar para una mejor ocasión.

Finalmente, Marlene se comunicó indicándole que Hans no tenía nada grave y mejoraría pronto. Skylar se levantó de la mesa y comenzó a reír con alegría… se abrazó nuevamente a Roberto.

-. Esta mejor… no es nada grave… es que la distancia hace que todo parezca más terrible… pero está bien

Luego de volver a conversar con su suegra y asegurarse de que todo seguía bien, Skylar se durmió sobre el cuerpo de Roberto con una sonrisa de tranquilidad…

Roberto no podía cerrar los ojos… su mano pasaba una y otra vez por el pelo rubio… el suave peso de Skylar sobre su torso y la comodidad con la que se dormía sobre él le recordaba lo unido que estaban… lo único de su relación… lo mucho que se amaban…

Su llanto y su sonrisa… la alegría cuando supo que Hans estaba bien…  Skylar, tan dueño de sus sentimientos y su persona era movido como una hoja en el viento a causa de Hans…

Nada había cambiado en estos días…

Skylar había seguido en contacto con Marlene y preocupado por el niño…

Cerró los ojos y detuvo el avance de su mano sobre los cabellos claros, enredando sus dedos y apretándolos apenas contra la piel de Skylar…

-. Tu ganas

Pronunció muy despacito besándolo en el pelo y sintiendo que a sus ojos acudían lágrimas…

-. Voy de viaje unos días- anunció Roberto al día siguiente, durante el almuerzo.

Skylar picoteaba en su plato… levantó la vista

-. ¿Dónde?

-. Tengo que ir a Santiago un par de días…

Roberto participaba activamente en la vida política de la isla y no era raro tener que salir de viaje sin previo aviso.

-. ¿Puedes ocuparte de supervisar mi trabajo?- le preguntó casualmente.

Eso sí era diferente. Normalmente cada uno se ocupaba de lo suyo a menos que estuvieran trabajando en conjunto. Roberto tenía razones egoístas para pedirlo; necesitaba mantener a Skylar ocupado y asegurar que se quedaría en la isla

-. Si… claro

Se entretuvieron conversando sobre el trabajo. Roberto preparó una pequeña maleta y se despidió cariñoso

-. Te llamo más tarde. Te amo

Subió a su vehículo… se despidió con la mano y con la mirada amorosa sobre Skylar

Cuando viajaba a Santiago lo hacía en avión. La distancia era demasiado larga para hacerlo en vehículo por solo unos días. Dejaba el auto en el aeropuerto…

Conducía aparentemente tranquilo. Su música favorita sonaba en el stereo. A veces Skylar volvía a tomar una guitarra y cantaba para él o en reuniones con los amigos… esa era, en verdad, la mejor música del mundo para sus oídos… escuchar y ver a su rubio cantando… se había fascinado con él la primera vez que lo vio cantar…

Tantos años atrás y el sentimiento seguía creciendo y abarcando toda su vida…

Estaba confundido y necesitaba explicaciones…

Su vida juntos,  cuidadosamente planeada y feliz, se tambaleaba…

Le había mentido a Skylar pero era por una causa importante. No iba a Santiago.  Se dirigía a la casa del campo.  Su mamá parecía saberlo todo…

Llegó cuando ya estaba oscuro, sin haberle avisado a Marlene. Entró a la casa para recibir el sorprendido abrazo de su madre, los reproches por no avisarle, la alegría de verlo y obviamente, mil preguntas sobre porque Skylar no estaba con él.

-. Que haces aquí?

-. Yo… vine a ver como andas, mamá- su voz tambaleó levemente denotando la tensión que se había acumulado en él

-. ¿Dónde está?

 A eso había venido… a conocer a Hans y hablar con su mamá… necesitaba saber, entender… no sabía cuáles eran las preguntas a las que necesitaba respuesta pero presentía que aquí encontraría la solución

-. Ven… está en mi cuarto – respondió ella con la sonrisa temblando en los labios

Marlene seguía adelante con la estrategia que se había planteado. A ratos, cuando el niño se acurrucaba en su pecho y sus ojos azules la miraban y sonreía, se preguntaba si tendría que quedárselo para siempre… lo haría… sería un enorme sacrificio pero lo haría… le tenía mucho cariño a Hans… ya no le recordaba la traición ni todo lo malo… pero su ideal seguía siendo que Hans viviera con Roberto y Skylar y los tres formaran una familia nueva. Hablaba con Skylar varias veces al día y podía sentir el amor de él por Hans… Roberto aún no quería nada con el niño… confiaba en que Skylar lo haría cambiar de idea en algún momento… pensaba viajar a verlos y llevar a Hans…  a veces se desanimaba y creía que todo terminaría en nada… Skylar se olvidaría, se distraería en su trabajo… Roberto nunca querría a su medio hermano… y el pesimismo la llevaba a abrazar más fuerte al niño

-. Si no resulta, yo te cuidaré… no te dejaré solo… no tengas miedo

Ver a Roberto aparecer de sorpresa en su casa era una refrescante confirmación de que su plan funcionaba.

El dormitorio de sus padres estaba tal como lo recordaba. La única transformación que su madre había hecho era la de agregar una pequeña cuna al lado de su cama. Había una luz muy tenue en el cuarto. Roberto caminó hasta sujetarse del borde de la cuna… dentro… estaba su medio hermano… el chico que le estaba robando la alegría a Skylar…

No sintió nada especial al verlo… solo era un bebé dormido…  no hubo campanas que resonaran en sus oídos ni una súbita descarga de amor en su pecho… ¿Qué esperaba sentir al verlo?…

Marlene preparó una cena improvisada. No paró de hablar sobre Hans. Roberto escuchaba y analizaba desde una perspectiva diferente… intentaba encontrar la lógica del súbito cariño que Hans despertaba en los demás… en Skylar, por ejemplo…  si hasta Mirna  que no lo conocía estaba encariñada con él!!! Pero por más que lo mirara no había nada especial que hiciera de Hans diferente a cualquier otro bebé.

Cuando ya se hizo tarde, Marlene preparó un biberón de leche…

-. Acompáñame-

-. Yo?.. pero

-. Ven…

Una vez en el cuarto, su madre le pidió que tomara asiento y sin mediar mucha explicación, tomó a Hans de la cuna y lo acomodó en los brazos inexpertos de su hermano mayor.

-. Toma… dale la leche mientras voy a apagar la chimenea

-. Pero mamá… yo no sé… como… se…

Marlene desapareció de prisa… Hans aun tenía los ojos cerrados aunque sus manitos se movían… Roberto se sintió nervioso… el niño apenas pesaba… ¿estaba bien sujeto?.. había leído alguna vez que la cabeza debe estar firme… se aseguró de que su mano sostuviera bien la cabeza de Hans y sin saber que más hacer con el bulto entre sus manos, acercó la botella de leche a la pequeña boca de su hermano… Hans despertó al sentir la intrusión en su boca y comenzó a tragar la leche con avidez… sus ojos se abrieron y se fijaron en el rostro desconocido… directos… limpios… así como miran los niños pequeños…

-. Hola, Hans

Sintió que tenía que decir algo que aliviara la tensión que sentía…  tensión en su cuerpo y en sus brazos… solo tensión.

Así es que este era Hans… este tragón que chupaba con tanta fuerza y no le sacaba los ojos azules de encima.

-. ¿Ya terminó?

-. Casi…

Marlene tomó al niño  de sus brazos cuando terminó de beber. Roberto permaneció inmóvil en el sillón mirando como lo mudaba y le hablaba… Hans respondía con ruiditos y gemidos… cuando Marlene reía y lo besuqueaba, Hans se movía entero y su sonido parecía risa…

-. ¿Quieres acostarlo?- preguntó Marlene ofreciéndole al niño

Negó con la cabeza… al fin reaccionando.

-. No. Es tarde. Mañana hablaremos

Justo antes de salir…

-. Si hablas con Skylar… no le digas que estoy aquí 

Marlene no preguntó ni hizo ningún comentario.

Salió del cuarto para irse al suyo. Al desvestirse sintió el olor de su hermano que había impregnado su ropa… olor de bebé…

Fue como una cachetada en el rostro…

¿Qué estaba haciendo?… ¿a que había venido exactamente?… ¿Qué esperaba encontrar?…

Hans no despertaba nada especial en el… seguía pensando que era una locura que su madre se hiciera cargo de él.

Volvió a sentir los ojos de Hans en los suyos… ojos azules como los de Skylar…

-. Se parecen –  suspiró cansado antes de apagar la luz y dormirse.

Soñó con Skylar… con la tristeza y el alejamiento… Hans apareció también en sus sueños.  Despertó aún confundido y se quedó un buen rato en la cama, pensando. Su madre entró a buscarlo con el niño en brazos. Desayunaron juntos. Una mujer de mediana edad y desconocida para él ayudaba a su madre en la cocina

-. Es Raquel. Me ayuda con Hans

Conversaron del campo y cómo Marlene estaba llevando todo. Le contó del vecino que deseaba comprar el campo pero ella no estaba interesada en venderlo.

-. Es para ustedes… cuando yo muera pueden venderlo si quieren pero por ahora, estas tierras significan mucho para mí

Revisaron las cuentas, Marlene hizo preguntas y Roberto respondió. Raquel aparecía de vez en cuando con Hans en sus brazos. Marlene se distraía y le dedicaba tiempo.

Durante dos días Roberto observó todo con frialdad, sintiéndose un espectador de la vida de Hans y la relación con su madre… analizaba y pensaba.

Llamaba a Skylar varias veces al día y respondía con evasivas a sus preguntas. Odiaba mentirle pero… no podía decirle lo que estaba haciendo… ni él tenía claro que era lo que hacía.

El tiempo se agotaba. Tenía planeado regresar al día siguiente…

Raquel se marchaba a media tarde y ellos quedaban solos con el niño.  Marlene preparaba algo en la cocina cuando escucharon el llanto de Hans en el dormitorio.

-. Despertó… ¿puedes ir a verlo mientras termino aquí? – pidió señalando el batido entre sus manos – no le gusta estar solo

Roberto accedió sin tener claro que había que hacer con un bebé llorón. Entró al cuarto de sus padres y se dirigió a la cuna… Hans lloraba con ganas

-. Ya… ya puedes dejar de llorar– le dijo como quien habla con un adulto. El niño no percibió el cariño que necesitaba… siguió llorando aunque más despacio.

-. Hey, ya… estoy aquí. Deja de llorar…

Sin saber a qué más recurrir para calmarlo, Roberto se agachó en la cuna y tomó al niño entre sus brazos… era un gesto instintivo. Hans se calmó de inmediato una vez se sintió alzado y acompañado.

Roberto comenzó a pasearse por la habitación con el niño en sus brazos.  Tenía cuidado de llevarlo bien sujeto pero sus ojos no estaban pendientes de él sino de lo que veía frente a él…  al pasar frente a la cama de Marlene miró las elaboradas patas de la cama y sonrió… recordó… cuando era chico y había lluvia por la noche, siempre corría a la cama de sus padres aunque a su madre no le gustaba… varias veces, sus pies desnudos habían tropezado con las patas de la cama que simulaban las garras de un felino… avanzó otro poco y llegó hasta la cómoda de su madre; aun dejaba sus joyas y cosméticos sobre ese mueble… su hermana y él pasaron muchas horas jugando frente al mueble… Erica se disfrazaba y él la ayudaba… su vista se desvió hacia las fotos en la pared… buscó encontrarse entre aquellas viejas fotos que no veía hace muchos años… allí estaba… aprendiendo a andar en la bicicleta que le habían regalado para navidad… en esta otra, tenía unos 8 años… el caballo y el volaban sobre un reguero… su caballo regalón… ah!… esta era divertida… se había sentido tan grande cuando su padre le permitió ayudarle y lo dejó manejar solo el tractor… tiro un carro lleno de fardos hasta la bodega… más arriba, una foto de todos su curso de paseo en el campo… Hans los había llevado a todos en la camioneta nueva…

Roberto no se dio cuenta en qué momento comenzó a emocionarse y la respiración se le aceleró intentando controlar el llanto que le cerraba la garganta…

Las imágenes de él mismo siendo niño y adolescente acudieron a su mente después de tantos años de no recordarlas.

Ahí estaba la evidencia…

Todo lo que había olvidado y borrado de su niñez y adolescencia estaba frente a él en las fotografías que miraba… la imagen de su padre ayudándolo a subir a la cama cuando era muy pequeño, riendo y cobijándolo entre ellos dos para protegerlo del sonido de la lluvia que lo asustaba…  su padre no le había permitido lanzarse solo en la bicicleta sino que corrió junto a él por más de un kilómetro hasta sentirlo seguro… solo entonces lo dejó ir … podía verlo en su mente… recordaba claramente lo orgulloso que estaba … y el caballo… también fue Hans quien le enseñó a montar… la mano grande de su padre sobre la suya enseñándole a tirar de la rienda… vio a su padre agachado frente a él, en el corredor de la casa,  vistiéndolo con un poncho de su tamaño y un sombrero nuevo… Marlene reclamaba que el niño iba a mojarse con la lluvia pero Hans reía y le decía que lo cuidaría que nada le pasara… y así fue… nada le pasó excepto que su padre y él anduvieron mucho rato cabalgando, conversando y riendo… revisando los que se hacía en el campo…  el tractor… que orgulloso estaba de ser grande a sus 10 años y ayudarlo con las tareas del campo … y… sus amigos… ya tenía 14 años cuando todos vinieron a pasar el día en el campo y Hans los llevó a río y los paseó en la camioneta nueva… había pasado el día entero con ellos…

Roberto sollozaba y ni siquiera se daba cuenta…

-. Me quería… mi padre me amaba…

En una rápida sucesión de imágenes, Roberto recordó muchos momentos importantes al lado de Hans y el rostro siempre amable y orgulloso de su padre…

De pronto… lo entendió.

Comprendió como debió haberse sentido Hans cuando supo que su hijo se había enamorado de otro hombre y sus esperanzas y sueños se destrozaron. Nunca estuvo preparado para algo así… y él lo había desilusionado tanto… pero por sobre todas las cosas… las fotos no mentían. Eran la evidencia del gran amor que Hans le había tenido.

-. Si me amaste… si me querías…

Expresó en voz entrecortada por la emoción y las lágrimas… el dolor del rechazo… no sabía que aún lo llevaba encima y que dolía tanto… solo ahora que comenzaba a liberarse de el se daba cuenta del peso que representaba y lo feliz que se sentía de recordar los buenos momentos con Hans que su mente había eliminado concentrándose solo en los últimos años de guerra…

-. Me amaste papá… sí me amaste…

Se sintió débil y necesitaba apoyo. Se sentó con calma sobre la cama de sus padres… lo entendía… si.. ahora sabía lo que Hans tuvo que pasar y en verdad lo entendía… era el principio del perdón… Roberto sentía que por fin era capaz de perdonar a su padre y cualquier insensatez que hubiera hecho a partir del momento en que él le había roto el corazón con su amor por Skylar…

-. Lo siento papá… lo siento mucho

Miraba una foto de Hans que Marlene conservaba en su velador. La sensación de entender y perdonar era liberadora… a pesar del llanto y la intensa emoción, Roberto se sentía muy bien…

-. Ññggghh

El sonido de Hans lo hizo recordar que aún tenía al niño entre sus brazos… asombrado de haberlo olvidado, se volvió a mirarlo… los grandes ojos azules lo observaban como si entendiese su pena y quisiera consolarlo…

Roberto se quedó inmóvil pegado en esos ojitos dulces…  por primera vez vio realmente a su hermano

Su boca se abrió despacio y sus manos sujetaron con más cuidado al niño alzándolo frente a él

-. Hans?

Pronunció murmurando sin apartar sus ojos de los de Hans… volvía a emocionarse… otro tipo de emoción… estaba viendo a Hans sin los filtros anteriores… esos que le habían nublado no solo los ojos sino el alma, que lo habían envenenado con odio y rencor… con pensamientos negativos…

Súbitamente empezó a reír al tiempo que lloraba y estrechaba al bebé de manera diferente repitiendo su nombre al aire

-. Hans… Hans…

Cuando Marlene entró al dormitorio, supo de inmediato que algo había cambiado… la manera en que Roberto sostenía a Hans bien pegado contra su cuerpo… los ojos rojos e hinchados… la voz entrecortada al pedirle…

-. Mamá, necesitamos hablar

Ella lo esperaba… suspiró aliviada… ya comenzaba a creer que Roberto se iría de vuelta sin decirle nada

-. Si, hijo…

– Es sobre Hans…

 

SKYLAR

Tres días sin Roberto lo tenían inquieto.  Si no le hubiera encargado su trabajo se habría ido a ver a Hans, pero tenía que cumplir con lo que Roberto le había pedido además de su propio trabajo. Lo haría cuando Regresara. Le pediría que fueran al campo a verlos.

Interrumpió su concentración a media mañana para buscar un café. Tomó el celular y marcó a Marlene. Ella demoró en responderle

-. ¿Cómo amanecieron hoy? – preguntó por saludo visualizando el rostro de su suegra en la pantalla

-. Bien. todo muy bien

– ¿Y Hans?

-. Esta… en la cocina, con Raquel- Marlene parecía nerviosa

-. Déjame hablarle y verlo – pidió ansioso anticipando la alegría que le producía ver su carita y escuchar su voz a través de la pantalla del celular.

-. No.. es que… estoy lejos ahora. Estoy ocupada con nuestro vecino. Vino a conversar conmigo. Te llamaré más tarde

– Si. Esperaré tu llamado

Cortó la llamada desilusionado. Todas las mañanas, infaltablemente, hablaba por teléfono con Marlene y con Hans. Ansiaba escuchar los ruiditos chistosos del niño e imaginarlo. Marlene le daba detalles precisos de la ropa que vestía cada día y lo que estaban haciendo. Siempre tenía la agenda completa del niño.  Hoy no había recibido esa información y se sentía perdido… no sabía cómo imaginárselo en su mente.  Deseo estar con ellos.

Miró el tablero frente a él. Necesitaba tranquilidad y concentración para poder continuar… amaba su trabajo…  pero hoy estaba demasiado inquieto. Tomó el casco de seguridad. Mejor se iba a supervisar la construcción de Roberto. No tenía cabeza ahora para trazar líneas e imaginar espacios… lo único en su mente era esperar la llamada de Marlene y ver a Hans en su pantalla.

Los atrasos en la obra debido al mal tiempo no hicieron mucho por mejorar su ánimo.

Para cuando terminó de almorzar, Mirna le había llamado la atención por lo poco que comía, Marlene no lo había llamado,  Roberto no respondía su celular.  Tuvo ganas de meterse en la cama y dormir toda la tarde. No tenía ganas de nada.  Llovía torrencialmente,  pero tenía que cumplir con su obligación.

Avanzó poco en su trabajo… el paisaje a través de la ventana le robaba la atención… se perdía siguiendo con la vista las lanchas pesqueras culebreando en los canales… las nubes oscuras que cruzaban rápido el cielo… tomaba nervioso el celular y chequeaba las llamadas… ninguna era de Roberto ni de Marlene

-. Maldita familia!!… todos desaparecidos

A las cinco de la tarde estaba comenzando a oscurecer. Skylar cerró la oficina, corrió bajo la lluvia hasta su auto y se encaminó a su casa. Luego de una reconfortante ducha, dejó el celular cerca de su almohada y se metió desnudo en la cama a dormir.

-. Te voy a despertar para cenar – lo amenazó Mirna

-. No quiero comer- respondió taimado, chequeando el teléfono una vez más

-. Nadie desprecia mi comida

Despertó cuando sintió una caricia suave en su hombro… labios cálidos besaban su piel y subían hasta su boca con extrema ternura. Skylar sonrió antes de abrir los ojos… conocía esos movimientos…

-. Mmhhhh… más…

Expuso la piel de su rostro y cuello para ser besada

Todo estaba en calma. Había dejado de llover.  De pronto sus neuronas funcionaron y se dio cuenta que Roberto había regresado. Abrió bien los ojos, no sabía qué hora era ni cuanto había dormido

-. Llegaste…

-. Hola

Estiró su cuerpo, tratando de levantarse de la cama para saludarlo mejor, pero una mano empujó su pecho impidiéndole moverse

-. Cuidado- la voz suave de Roberto en la habitación

-. ¿Cuidado con qué?  

Roberto prendió la luz del velador  que desplegó un suave halo cálido. Skylar lo miró encantado y sorprendido… había algo especial en Roberto… sonriente, luminoso… lo miraba como si tuviera una sorpresa escondida.  Sujetándolo con cariño se acercó hasta murmurar en su oído

-. Cuidado con tu hijo

Skylar tuvo que separarse un poco para poder mirarlo y decidir qué había escuchado… ¿Qué.. que pasaba?… los ojos de Roberto no lo miraban a él sino a un punto tras él,  en su misma cama.  Inseguro,  Skylar se giró siguiendo la vista de Roberto…

-. Hans? murmuró apenas con la respiración entrecortada…

¿seguía dormido y estaba soñando?

Al otro lado de la cama, Hans dormía apaciblemente. Lucia adorable.

Un pequeño bultito suave envuelto en un chal blanco… en su propia cama…

Sin poder creerlo, se acercó a mirarlo de cerca, su boca abierta y aun sin atreverse a respirar… si era un sueño no quería despertar… lo tocó con miedo, no quería que fuera un sueño…

-. Hans volvió a preguntar con la voz comenzando a quebrarse… miró a Roberto que sonreía animándolo a seguir… se volvió hacia Hans…

Tuvo que olerlo y besarlo para convencerse

El rostro de Skylar fue cambiando lentamente… repetía las palabras de Roberto en su mente y su mirada iba del niño al adulto… necesitaba explicaciones… Hans estaba en su cama… con él… y Roberto lo había llamado su …  él dijo que…  ¿hijo?

Roberto los miraba a ambos tan emocionados como el propio Skylar… no podía mantenerse apartado de este cuadro… llegó a su lado y se fundió en un apretado abrazo con él… Skylar respondió temblando y estrechándolo de vuelta… la emoción apenas contenida

-. ¿Qué dijiste? ¿Cómo lo llamaste?– murmuró sin soltarlo

Roberto se tomó un momento antes de responderle. Aligeró el abrazó para besar su boca… luego, mirándolo a los ojos, repitió

-. Tu hijo… mi hijo… nuestro

-. Hans??.. pero.. cómo??.. qué pasó?…  

No quería dar rienda suelta a los fuegos artificiales que amenazaban con estallar dentro de él y llenarlo de  felicidad… quería creer… tenía miedo…

-. Skylar, ¿Lo quieres?- lo sostenía con cariño

-. ¿Si lo quiero?- repitió dolorosamente

-. Si. ¿Lo quieres para siempre?

No podía responder… las lágrimas corrían de sus ojos… Hans estaba en su cama… no sabía que había hecho Roberto pero estaba llamando a Hans su hijo y diciéndole que sería de ellos… el torrente de emociones corría descontrolado por su cuerpo debilitándolo y enloqueciéndolo… se abrazó a Roberto saliendo de la cama y resbalando hasta que los dos quedaron sentado en el suelo, abrazados, mirando al niño sobre la cama y llorando sin control…

-. ¿Hijo?…- reía Skylar con los ojos chorreando lágrimas a raudales-  ¿mi hijo? – alternaba su mirada entre Hans y Roberto no sabiendo a cuál de los dos amaba con mas locura…

-. Para siempre…- repitió Roberto

-. Dime que no es un juego ni una broma – suplico el rubio… rogándole

Las manos de Roberto rodearon su rostro sujetándolo posesivamente y besando su boca con urgencia

-. No amor… no es una broma… es nuestro… es lo que tú querías, ¿no? –

Recibir la seguridad de las palabras de Roberto desató una nueva ola de emociones en él. Lo beso, lo abrazó, reía como loco, lloraba y volvía a besarlo…

-. Cálmate… ven conmigo

-. No quiero dejarlo solo 

Había vuelto a subir a la cama y a duras penas contenía sus ganas de despertarlo, abrazarlo y comérselo a besos… Hans.. en su cama… su Hans…

-. Tenemos que hablar  

-. Si.. pero

Roberto tiró de su mano hasta llevarlo fuera del dormitorio. Sentados frente a frente en la mesa del comedor con las manos fuertemente entrelazadas y los cuerpos inclinados hacia el otro… sus miradas…  perdidas de amor

-. Creo que ya sabes que mi mamá quiere que lo criemos nosotros

-. Si… lo sé– admitió

-. Estabas tan triste… no puedo verte así, Skylar. Cuando estas triste tengo que mover el mundo hasta volverte a ver sonreír

-. Fuiste a buscarlo

No era una pregunta sino una afirmación. Roberto asintió con la cabeza y con una sonrisa en los labios

-. Fui a… buscar una respuesta. No estuve en Santiago sino en casa de mi mamá. No te enojes. Necesitaba un tiempo a solas con Hans y conmigo mismo… tenía que entender que le habías visto y porqué lo querías tanto… tenía muchas cosas que entender

Acariciaba su rostro mientras le hablaba… Skylar lo miraba lleno de emoción… la felicidad escapándosele por todos lados… no importaba si le había mentido… lo único que importaba era que lo amaba locamente y que Hans estaba con ellos… eran una familia.

-. ¿Qué encontraste?- quiso saber

Roberto rió abiertamente negando con la cabeza… sus ojos oscuros brillaban

-. Encontré un pequeño tragón que requiere atención todo el día… llora y se caga a cada rato… – sostenía el rostro de Skylar entre sus manos y le hablaba muy cerca – y es un déspota… se hace todo al gusto de él… nos va a volver locos… 

Sin saber porque Roberto comenzó a llorar… no encontraba las palabras adecuadas para definir a Hans… su hermano, su hijo…

– Pero es… es…  Skylar… él es…  precioso… hermoso…

-. Lo sé… sé lo que es

Veía el cambio sincero en la emoción de Roberto… Skylar lo amaba locamente, pero en ese preciso momento de vulnerabilidad, sintió que lo amaba más que nunca…  se abrazaron en el silencio de la noche… solo el sonido de sus lágrimas y la calidez de sus cuerpos… el amor tan profundo entre ellos…

-. Voy a odiarlo cuando te mantenga alejado de mi

Dijo Roberto sonriendo y secando las lágrimas de sus ojos

-. No… no lo vas a odiar- sonrió Skylar de vuelta

-. No. Es mi sangre…  es mi hermano

-. Hijo – corrigió suavemente Skylar – es nuestro hijo, ahora

Ambos se sostenían el uno al otro… nunca habían pasado por un momento de tanta emoción

-. Encontré la razón que completa tu felicidad… ahora entiendo

– Tú me haces feliz

-. Si… pero también quieres a Hans

-. De manera diferente

-. Lo sé… lo entiendo… quiero que los dos sean felices

-. Yo soy feliz contigo

– y ahora con él.

-. Si.. con él…

Se fueron calmando de a poco en brazos del otro.

-. ¿Y Marlene?

-. Está bien.. feliz por nosotros

-. Quiero verlo…

Skylar no aguantó más. Abrió la puerta despacio y entró al cuarto donde Hans continuaba durmiendo. Con la sonrisa iluminando todo su rostro, se acomodó al lado de Hans, acunándolo entre sus brazos y su cuerpo… cerró los ojos y permaneció quieto… respirando el olor del niño… llenándose de amor… intentando convencerse de que ahora lo tendrían cada día en sus vidas..  era maravilloso.. lo mejor del mundo…

-. ¿Y sus cosas?

Preguntó pensando en el biberón de la mañana, las mudas de ropa, los pañales…

-. Dejé un cargamento completo en la pieza de visitas

La emoción le ganaba… Roberto quería ser parte de lo que Skylar estaba viviendo… se acostó al lado contrario… Hans entre ellos… sus manos se buscaron.. los ojos anclados…

-. La pieza de Hans – corrigió Skylar

-. Si… la pieza de nuestro hijo

Las lágrimas volvían a escurrir de sus ojos sin que trataran de controlarlas o que le importara siquiera… por alguna parte tenía que escapar tanta alegría y emoción.

-. Te amo – murmuró Skylar sin apartarse de los ojos oscuros de Roberto – desde el día que te vi supe que eras para mi…  me has hecho el hombre más feliz del universo… gracias

Roberto lo miraba extasiado… se veía tan hermoso todo bañado de lágrimas y emoción… todavía se preguntaba si algún día dejaría de sentir tan fuerte cada vez que lo miraba… volvería a hacerlo una y mil veces… siempre buscaría la manera de hacerlo feliz porque la felicidad de Skylar era la suya… y Hans… su hermano que crecería como el hijo de ambos… había comenzado a amarlo un poco más tarde pero el sentimiento crecía imparable dentro de él… esperaba que Hans creciera igual a él… tan rubio y hermoso como su… padre…

-. Somos padres… – dijo de pronto con mucha emoción en la voz

Reían y lloraban…

Estaban hechos el uno para el otro… dos hombres que se amaban en plenitud, que conocían del esfuerzo de alimentar el amor cada día y disfrutaban de la maravillosa recompensa de tenerse.

Le parecía un deja vu… sentía que esta escena la había vivido antes…  Roberto caminó decidido hasta la terraza donde Skylar descansaba bajo el sol del verano. Como siempre, medio cuerpo sobre el sillón y los pies levantados apoyados sobre la baranda. Solo vestía sus jeans desgastados… el magnífico torso al desnudo… el pelo rubio colgando.

Roberto se tomó un minuto para admirarlo antes de acercarse… Si. Había vivido esto mismo el verano anterior… casi igual.

Solo que aquella vez la escena no estaba completa como ahora.

Sobre el torso de Skylar y sujeto con una de las manos de su padre, dormía Hans, también a medio vestir debido al calor del verano. Roberto suspiró… era una de esas escenas mágicas que remecen el corazón… tan intimo el contacto entre padre e hijo… tan hermosos ambos y el paisaje que los rodeaba… debería retratarlos, pensó Roberto. Pero tuvo miedo de moverse y que la magia del momento desapareciera. Se quedó donde estaba guardando cada detalle en su retina… disfrutando del momento… la carita pacífica de Hans sobre el cuerpo de su padre… la pequeña manito estirada sobre el músculo pectoral del mayor… la mano de Skylar que lo sujetaba posesivamente contra su pecho… la luz cálida del atardecer sobre ambos… eran tan parecidos. Todos en la isla murmuraban que Hans era producto de algún desliz amoroso de Skylar. No se explicaban de que otra manera el niño podía ser tan idéntico al rubio.

-. Es nuestro hijo

Fue todo lo que dijeron al presentarlo a sus amigos.  Lo recibieron como a un pequeño príncipe. Todo fue alegría y buenos deseos. No eran muchos los niños pequeños en el lugar. Trajeron regalos y bendiciones para el hijo de sus amigos. Hans crecería rodeado y protegido por un poderoso círculo de amistades y buenas personas en un ambiente ideal, con unos padres que lo amaban como solo los padres de verdad aman a su hijo.

-. Se ven tan lindos

Mirna estaba de pie al lado de Roberto en la entrada de la terraza. Roberto estiró su brazo y abrazó a la mujer

-. Son lo más lindo del mundo. Mi familia- replicó con la voz llena de orgullo.

Mirna lo miró con cariño. Desde que Hans había llegado, la relación con los chicos se había vuelto incluso más cercana; Ella participaba activamente en la crianza de Hans y se hacía llamar  “abuela Mirna”. Cuidaba al niño con ferocidad y no permitía que nadie se acercara ni lo tocara cuando lo llevaba con ella a realizar las compras de verduras para su sopa o en un paseo en su coche. Hans era irresistible desde que había aprendido a sonreír y sus ojitos curiosos examinaban a todo el mundo. Todos querían ver y abrazar al hermoso hijo de la pareja de arquitectos. Pero Mirna mantenía las manos a raya y lo protegía celosamente.

-. Voy a llevarme a Hans. Vamos de compras. Pescado fresco para mañana   

-. Yo te lo paso

Roberto se adelantó hasta llegar donde ellos. Se acuchilló y acarició suavemente, con solo un dedo, el hombro desnudo de Skylar

-. Ya sé que estas aquí. Te escuché llegar- sonrió

Skylar no dormía, solo descansaba bajo los rayos de sol del atardecer… amaba esa hora del día… siempre que podía se volvía temprano a casa y aprovechaba de descansar con Hans en su piel. El niño había aprendido y se quedaba quieto descansando con su padre. Skylar respiraba inhalando profundamente el delicioso aroma de Hans mezclado con el aire limpio de la isla. Ningún perfume podría jamás igualar esa maravilla. El calor y el peso de Hans sobre él. Su hijo le llenaba el mundo.

-. Se va de compras con Mirna

Roberto levantó a Hans con cuidado. El niño abrió los ojos y se alegró al verlo.

-. Hola hijo

Le habló con suavidad y cariño. Lo levantó hasta apoyarlo contra su pecho y estrecharlo. Le rascó su pequeña cabecita rubia.  Hans sonreía y hacía ruiditos graciosos demostrando su felicidad de verlo llegar. Roberto había aprendido a amarlo… amarlo con todo el corazón. Su hijo. Su familia.

-. Llamé a tu madre… ¿quieres saber con quién estaba?

-. ¿De nuevo??!!

Besó a Hans antes de entregárselo a Mirna

-. Bueno… tienes que ver el lado positivo, amor. El campo del vecino es un poco más grande que el de tu madre y juntos, será una gran herencia. Es viudo y sin hijos… ¿vas entendiendo?

Skylar se burlaba de él… le gustaba molestarlo con el vecino viudo que se mostraba muy interesado en Marlene y a ella parecía no molestarle.

-. Sobre mi cadáver – respondió fingiéndose celoso… pero la realidad era que apoyaba plenamente cualquier decisión que su madre tomara… le haría bien tener un compañero, una nueva pareja. Conocía al vecino y era un buen hombre. Marlene se veía más coqueta y sonriente cuando venía a visitarlos.

Minutos después, Mirna pasaba con el coche de Hans frente a ellos. Se despidieron con gestos de sus manos lanzando besos al niño.

-. Crece muy rápido

Se quejó Skylar mirando a Roberto y acercándose a él con los brazos extendidos. Los pasó tras su cuello y se pegó a su boca.

-. Demasiado rápido- respondió al beso… ya pronto dejó de ser un beso de bienvenida… la lengua de Skylar se internaba hambrienta en su boca buscando la suya y su cuerpo se mecía seductor… sus manos lo apresaban… Skylar lo seducía…

-. Skylar

Esa efusividad… le gustaba… lo enloquecía cuando Skylar estaba de ese humor… últimamente pasaba muy seguido

-. Dime…

Preguntó fingiendo inocencia… sus movimientos no tenían nada de inocentes… la mano que había dejado el cuello y se dirigía hacia otro camino definitivamente no era inocente… Roberto sintió como sus testículos eran apresados y acariciados por sobre la ropa… la sangre se agolpaba en su miembro…

– ¿pasa algo?

Seguía jugando al inocente… a medio vestir… con esa mirada lujuriosa, listo para atacar en cualquier momento…

-. ¿Si pasa algo?…- repitió con la voz ronca… – Si. Mucho-

Lo tomó con fuerzas, sujetando su rostro y juntó sus bocas hundiendo su lengua, encontrando su saliva… su sabor… apoderándose del beso y de la boca de Skylar… las manos de Roberto se deslizaron por su torso desnudo deteniéndose en las nalgas y apresándolas contra sus genitales.

-. No te salvas…

Dijo amenazante, comenzando a empujarlo hacia el dormitorio sin dejar de besarlo

-. ¿Quién quiere salvarse?

Se dejaba llevar gustoso… él había comenzado el ataque… no quería escapar a ninguna parte…

Los gemidos suaves de Skylar y la voz ronca de Roberto llenaban el ambiente en el dormitorio. Los cuerpos desnudos sobre la cama bañados de la última luz del atardecer. Roberto lo sostenía con fuerza apretando su cintura y su pecho, estaba semi sentado sobre la cama…  su torso fuerte y seguro se movía al ritmo que marcaban las embestidas… no podía contener los sonidos que escapaban de su boca… Skylar lo complacía de tantas maneras… había aprendido bien a llevar su cuerpo a dar el máximo… lo estrujaba, lo exprimía… le daba todo el placer que era posible obtener…  la piernas de Skylar lo rodeaban… su miembro entraba y salía del interior de rubio… el mejor lugar del mundo… lo miraba y una nueva ola de calor lo envolvía… el cuerpo brillaba perlado de gotitas de sudor… la cabeza hacia atrás, el pelo rubio colgando como una cascada… los ojos cerrados y la boca abierta emitiendo obscenos sonidos… gozando del placer que su miembro y su cuerpo le proporcionaban… El calor se acumulaba… el orgasmo se acercaba… Roberto en su oído le decía, en su idioma especial, cuanto amaba tenerlo tal como lo tenía ahora… clavado en su miembro y a merced de sus deseos… mierda!! Skylar amaba el vocabulario sucio y maldito que usaba en la intimidad para hacerlo llegar al clímax… no aguantaba más… Roberto podía sentir como su rubio se tensaba para dar paso al orgasmo… el suyo se desataba junto al de él… se derramaba en su interior…

-. Aahhh… te amo

Caían unidos sobre la cama… los cuerpos sudoroso, exhaustos y satisfechos… sin soltarse… abrazados, unidos… ahora y siempre.

Más tarde, Mirna tomó el atado de sabanas sucias y salió del dormitorio sonriendo. Ya no recordaba cuantas veces había cambiado las sábanas esta semana pero habían sido muchas. No le importaba aunque tuviera que cambiarlas 10 veces al día. Suspiró complacida. Todo estaba bien. Creía que antes eran felices pero había que ver como andaban ahora… derritiéndose de felicidad, sin poder quitarse las manos de encima y contagiando a medio mundo con su alegría y su amor… Las sábanas eran la evidencia y la causa de la sonrisa permanente en la cara de esos dos. Mirna meneó la cabeza riendo.    Hans había llegado a convertir sus vidas en maravillosas. El niño era un precioso regalo que bendecía sus vidas. La casa estaba llena de amor.

Pasó frente a la terraza y los vio a los tres en el jardín… cada uno de los hombres en un lado, intentaban enseñarle a caminar a Hans que se tambaleaba, caía sobre el suave colchón de pasto, reía con alegría contagiosa y volvía a intentarlo, ayudado y  animado por sus padres. Si. Eran padres extraordinarios y no le cabía duda alguna de que Hans crecería feliz con ellos para ser un hombre de bien.

Capítulo especial 6

0

Bautizaron al bebe al tercer día de estar en la casa. Fueron a una capilla pequeña y en una ceremonia muy intima, con la asistencia de ellos tres nada más, el bebé recibió el nombre de su progenitor, Hans.

Por insistencia de Roberto, al día siguiente volvieron a la isla. La despedida de Marlene y el bebé fue difícil. Con el niño en brazos, en la puerta de la casa, Roberto la besó cariñosamente y subió de inmediato al auto; Skylar se demoró bastante más.

Roberto estaba aliviado de volver a la isla y retomar el control de su vida. No había vuelto a tocar a Skylar después de aquella noche tan frustrante en que hicieron el amor de forma diferente… el gusto amargo que la experiencia le había dejado lo hizo no volver a acercarse a él mientras permanecieron en el campo. Se sentía frustrado. Por eso, estaba apurado por volver y dejar atrás todo lo relacionado con la muerte de su padre, el engaño, la traición y esa vida nueva que su madre estaba criando.

Apenas lo había observado durante la ceremonia de bautizo. Skylar lo sostuvo junto a Marlene y, muy orgulloso, se proclamó el padrino de Hans. Roberto se limitó a estar presente aunque en realidad, estaba muy ausente.

Suspiró aliviado cuando, después de unas cuantas horas de conducción, llegaron a la isla y  entraron a su hogar. Mirla los recibió cálidamente. Los esperaba con la mesa puesta y la comida preferida de ambos.

Todo quedaba atrás.

Lo primero que hizo fue tomar la mano de Skylar y atraerlo para besarlo en la boca como venía deseando hacerlo durante los 3 últimos días… oh si!!… Si…así… así era como quería tenerlo… respondiéndole de la misma manera de siempre… sonriendo con calidez en sus ojos azules y mirándolo con esa expresión de sabiduría y amor… Lo había extrañado tanto… estar en la misma casa pero no estar juntos había sido muy difícil… una experiencia que no deseaba repetir. Este, a quien besaba ahora, era su rucio de siempre.

Skylar había sentido el alejamiento también. No le había dicho nada porque sabía que el distanciamiento de Roberto tenía relación con su interés por el bebé… A Roberto le molestaba verlo cerca del niño y trataba de alejarlo, invitándolo a salir al campo o a cualquier otra actividad que significara dejar al niño con Marlene.  A veces había aceptado y todo había funcionado bien, pero cuando rechazó la invitación, Roberto había dejado de hablarle reaccionando como novio ofendido.

No fue muy difícil que Skylar comprendiera la realidad…

El niño le recordaba  a Roberto la traición de Hans con su prima y el dolor de su madre… pero lo más importante no era eso… lo que en verdad le molestaba, era verlo a él cerca del niño, ocupando su tiempo, cariño y energías en cargarlo, alimentarlo, jugar con él… dedicándole ternura y amor.

Sintió pena y confusión al mismo tiempo… la actitud de Roberto era errada y casi ridícula… pero… quizás, todas las desgracias que recién habían vivido le estaban pasando la cuenta a Roberto; el dolor de la traición a su mamá, la horrible muerte de su padre y su prima… un nuevo ser que integraba su familia de improviso… sus sentimientos estaban demasiado a flor de piel… Skylar entendió de pronto que, en estos momentos, él simbolizaba la estabilidad para Roberto… y no lo estaba haciendo muy bien. Intentó compartir su tiempo de igual manera entre ambos, pero inevitablemente, el niño resultaba una atracción irresistible y no había nadie más que se pudiera hacer cargo de él; lo necesitaba.

Marlene estaba aprendiendo a llevar el campo y le dejaba a Hans casi todo el día. ¿Qué podía hacer?… su inteligencia le alcanzaba para entender el comportamiento casi infantil de Roberto a pesar de ser un hombre inteligente…   para saber que los sentimientos no siempre son racionales… no siempre son lógicos…

Roberto tenía celos de su cariño por Hans.

Fueron casi dos semanas de convivir con el bebé y cuando llegó el momento de dejarlo, Skylar comenzó a sufrir.   Le costó separarse del pequeño Hans y devolverlo a Marlene… Lo abrazó, apegándolo el pequeño envoltorio a su rostro… su olor dulce y suave lo envolvió provocando una sensación agradable y triste… dejó muchos besos en su carita y le murmuró frases en su idioma… luego, bruscamente, se lo entregó a Marlene y dio media vuelta de prisa para despedirse de ella y subirse al vehículo.

El espacio que esa criatura había creado y llenado dentro de él comenzó a sentirse vacío y frío en el momento mismo en que lo depositó en brazos de Marlene.  La mirada de su suegra también fue especial… parecía como si lamentara que el niño no se fuera con ellos…

-. ¿Volverás pronto? – preguntó Marlene esperanzada, reteniendo su brazo

Skylar abrió la boca para responder pero Hans eligió justamente ese momento para mirarlo y mañosear, emitiendo un sonido parecido al llanto… como si no le hubiera gustado dejar su regazo… como si desde ya lo estuviera extrañando…

No pudo responderle… un nudo grueso le cerró la garganta.

Asintió son poder hablar. Subió al auto y no volvió a mirar atrás.

Tuvo que tragarse las lágrimas mientras se alejaban de la casa del campo.  Era absurdo haberse encariñado tanto con Hans.

Las horas de viaje le parecieron más largas que antes. Trataba de concentrarse en la conversación con Roberto pero a cada rato su pensamiento lo traicionaba y se preguntaba si Marlene habría recordado todo lo que tenía que hacer con Hans. No  dijo nada y se tragó solo la pena y la preocupación que sentía…

No era su hermano…

No era su hijo…

Pero si hubiera podido elegir… quería a ese niño en su vida y, sin tener un motivo concreto, sentía que Marlene se lo estaba ofreciendo.

Todo volvía a la normalidad, incluyendo la pasión entre ellos que se habían demostrado esa misma noche al llegar.  Roberto se mostró especialmente amoroso y dedicado a complacerlo. Skylar también lo había extrañado. 3 días sin tocarse era el máximo de tiempo que podían soportar… comenzaron besándose despacio y llenos de ternura… sonrisas dulces y la alegría del reencuentro… era tan bueno estar de nuevo en su hermoso dormitorio, las cortinas abiertas y el crudo paisaje invernal colándose a través de la ventana… solos en la oscuridad, desnudos, respirándose… sintiéndose… enredando sus cuerpos, entregándose. Skylar abrió todo su cuerpo para recibirlo… quería empaparse no solo de su miembro sino de todo lo que Roberto significaba para él… estaba triste y necesitaba el consuelo de su amor… Roberto, por su parte, volvía a extasiarse una vez más mirando el cuerpo de su rubio… acariciaba y besaba su rostro… seguía enloqueciendo de deseo y amor ante este hombre tan hermoso y dispuesto

-. Te eché de menos– confesó Roberto llevado por la pasión

-. Y yo a ti

-. Te necesito siempre– su alma estaba hablando

-. No te vuelvas a alejar de mi 

No necesitaban pelear o discutirlo… con esas palabras daban a entender que los dos sabían lo que había pasado entre ellos y deseaban solucionarlo

-. No puedo alejarme de ti, Skylar… te amo… te amo demasiado

Estaban unidos… le hacía el amor con vehemencia…  la pasión crecía y los movimientos se volvían más intensos y posesivos. Skylar respondía de igual manera. Los días de separación no habían sido buenos. Precisaban el uno del otro para ser felices y se lo estaban dejando claro.

Todo volvía a la normalidad.

SKYLAR

El primer pensamiento de Skylar, al despertar a la mañana siguiente fue para Hans. Tuvo que recordar que estaban de vuelta en la isla, en su propia casa, para no levantarse de prisa y correr a verlo. Se quedó en la cama un poco sofocado por la realidad. Estiró su mano y sintió el cuerpo de Roberto.

“Todo está bien” se repitió a sí mismo varias veces.

El trabajo se había acumulado durante su ausencia y el día pasó muy rápido. No fue hasta que llegaron de vuelta al hogar que se sintió agotado. No quiso comer y se fue derecho al dormitorio. Luego de una ducha tibia, se durmió hasta el día siguiente.

Muy lentamente a lo largo de los días siguientes, un extraño malestar se fue apoderando de su cuerpo y su mente… una especie de mal genio combinado con episodios de tristeza y decaimiento… se olvidaba de comer, andaba distraído y cuando Roberto le hablaba tenía que hacer un verdadero esfuerzo para salir de su interior y conectarse con la realidad.

-. ¿Qué te pasa? –preguntó Roberto con cariño acuclillándose a su lado y pasándole su mano por el pelo en un gesto tierno.  Skylar estaba tendido en el sillón del living en la oscuridad. La cena se enfriaba en una bandeja que no había tocado.

-. Nada. Solo tengo sueño- respondió encogiéndose de hombros y reuniendo energía para levantarse e irse a dormir de la mano de Roberto.

Pero no era verdad… por primera, Skylar estaba ocultándole algo a Roberto.

Cada mañana, cada instante desocupado del día y justo antes de dormirse en la noche, su pensamiento y sentimientos volaban hasta la casa del campo e imaginaba al niño en brazos de Marlene… sonriendo, alimentándose, balbuceando…  ¿estaría haciendo gestos nuevos que él no conocía?.. ¿Habría cambiado su olor?... el hueco en el centro de su pecho se sentía grande y vacío.  Tenía claro lo que le pasaba. No quería que Hans creciera lejos de él… de ellos.

Los únicos minutos del día en que volvía a ser el hombre lleno de vitalidad y entusiasmo, eran cuando hablaba por teléfono con Marlene y escuchaba la voz de Hans. Le pedía que se lo pusiera al teléfono aunque fuera solo para escuchar su respiración  y que el niño escuchara su voz… que lo mantuviera en su inconsciente… que no fuera a olvidarse de él.

Colgaba el teléfono lleno de congoja…

Salía afuera, a pesar del frío, y se lanzaba en una larga caminata con los perros a su lado.

Skylar tenía todo lo que cualquier persona deseaba en la vida; el amor más hermoso del mundo, una casa grande y confortable, trabajo y comodidades, amigos,  su aspecto era envidiable… hasta hace unas semanas atrás su mundo estaba completo. Tal vez era por eso mismo que su sensibilidad distinta, diferente a la de un hombre común, reaccionaba apasionándose y rindiéndose frente a un bebé indefenso, pequeño… dulce… tierno… una cosita de nada…

Hans le había abierto la puerta al mundo de la paternidad  creando una nueva necesidad que crecía a velocidad vertiginosa en su mente y corazón. No era solo un nuevo desafío… entendía bien que ser padre representaba quizás, el más importante de los desafíos en su vida…No habría imaginado nunca que el deseo de tener un niño en su vida fuera a volverse tan poderoso.  Se preguntaba si tenía derecho… ganas y energías tenía de sobra…. Pero ¿sería justo para Hans crecer con ellos? Eso, en el hipotético caso de que Roberto lo aceptara…

Skylar, tan seguro y arriesgado en su vida, se mostraba indeciso y preocupado…

Es que ese pequeño le había robado la tranquilidad reemplazándola por una necesidad…

Ser padre…

Todo un desafío que anhelaba experimentar

No quería cualquier niño. Quería a Hans… porque tenía la sangre de Roberto,  porque era igual a él… porque olía como lo más hermosos del mundo… porque sus ojitos bailaban brillosos cuando lo miraba… porque aunque no fuera su sangre lo sentía tan cercano… porque Marlene no podía criarlo sola y porque le alimentaba la ilusión todos los días… porque…

Porque…

Porque si, maldita sea!!!

Amaba a ese niño que había sostenido en sus brazos y solo eso era suficiente.

Tenía un agujero espantoso en su corazón.  Deseaba enseñarlo, quererlo… jugar con él y verlo crecer… abrazarlo y ver sus primeros pasos, cuidarlo cuando salieran sus primeros dientes… guiarlo de la mano por la vida…   deseaba expandir su propia vida a través de ese niño hermoso… ser parte de la vida de Hans y que el formara parte de la suya.

Marlene se lo hacía todo tan fácil… parecía que le estaba gritando que se lo trajera y lo amara. Tenía miedo de preguntarle directamente porque estaba seguro de que Marlene se lo entregaría si se lo pedía. Y eso era terrible…

Roberto…

Suspiró cerrando los ojos y sintiendo a los perros a su alrededor. Respiró dejando el aire frío entrar en sus pulmones… abrió los ojos cuando uno de los samoyedos lamió su mano. Se agachó para acariciarlo y ambos perros se acercaron a olerlo y tocarlo…

-. Sería feliz aquí, ¿no es cierto?… aire puro y saludable, buena gente… hay un colegio cerca…

Los perros miraban y seguían lamiendo y jugando… Skylar los abrazó necesitando contacto… lo había pensado  muchas veces… Hans estaría bien con ellos en este magnífico lugar… le enseñaría que no era malo tener a dos hombres por padres… Roberto y él se amaban y eso era más importante que todo… lo amarían a él también…

Solucionaba los problemas en su mente…

Pero no era una decisión que pudiera tomar solo.

Su vida estaba comprometida con Roberto. No era nada sin él…

ROBERTO

La felicidad de volver a casa y a la supuesta normalidad, le duró solo dos días a Roberto.  Al tercer día, había ido a visitar una de las obras en construcción y cada uno regresó a casa por separado.

Entró sin que Skylar se diera cuenta y al acercarse al dormitorio, lo escuchó hablar animadamente en el teléfono y se alegró profundamente.  Se había dado cuenta que durante los días anteriores, Skylar andaba triste y abatido. Pensó que tal vez se había agarrado un resfriado o incubaba alguna enfermedad… no tenía otra explicación para que un hombre como su rucio, tan lleno de vida y energía, de pronto, se quedara tirado en los sillones, durmiéndose a cada rato o mirando las paredes y el vacío… sin comer y suspirando, se atrasara en el trabajo distrayéndose mirando el paisaje por la ventana. La última vez, esta misma mañana, le había tomado el tiempo. Skylar había estado más de 10 minutos completamente ausente del lugar físico donde estaban, con la mirada perdida a través del cristal…

-. Skylar ¿Qué te pasa?

Se acercó hasta tocar su mano. El rubio volvió su cabeza hacia él y lo miró como si no supiera donde estaba… sonrió apenas

-. Nada… pensaba

-. ¿En qué?

Roberto entrelazó sus dedos con los de Skylar… sujetándolo

-. En… el proyecto

Se soltó de sus manos sin darse cuenta de lo que hacía y tomando los lápices, volvió a intentar concentrarse en el diseño.

Parecía que Roberto pasaba el día intentando averiguar dónde estaba su Skylar. Respondía con evasivas… cansancio… distracción… nada. Había repasado los últimos eventos muchas veces y no encontraba la razón de la actitud de Skylar.

Roberto suspiró sin desear iniciar una discusión. Algo le pasaba… lo conocía tan bien… podía leer casi todo el lenguaje de su cuerpo con tan solo mirarlo… Skylar tenía una sensibilidad exquisita y diferente a todos quienes conocía…  entendía la tristeza y el desaliento que ahora comunicaba en sus ojos azules apagados… en la línea de sus hombros caídos… en los movimientos pausados y lentos… en el pelo sobre los ojos que normalmente se quitaba de un ágil manotazo pero que ahora dejaba estar sin molestarle… entendía y leía todo… pero no podía comprender la razón que le provocaba esto.

Roberto estaba preocupado. Nunca habían pasado por una situación de este tipo en los años que llevaban juntos. Sentía que Skylar estaba cerrándose y comenzaba a preguntarse si tendría que presionarlo para que volviera a llegar a él y se explicara. Se negaba a hablar o a contarle.

Podía insistir en querer averiguar… solo que Skylar no resistía bien la presión. Reaccionaba rebelándose cada vez que se sentía apremiado así es que Roberto había aprendido a respetar su ritmo… hasta ahora, al menos. Sabía que Skylar le diría cuando estuviera listo para hacerlo… mientras tanto la tensión estaba comenzando a crecer.

Por eso ahora, al entrar a la casa y escucharlo hablar tan animado, se llenó de optimismo. Con cuidado de no interrumpir se acercó despacio al dormitorio…

Skylar, generalmente, llamaba a su suegra cuando Roberto no estaba cerca.

-. ¿Qué mas ha hecho desde la mañana?… si jajajaa eso es genial… ponlo al teléfono Marlene, por favor… déjame escucharlo… hola.. Hans?.. hola cariño… te extraño mucho Había mucha dulzura y emoción en su voz…

Los pasos de Roberto se congelaron en el mismo lugar.

Súbitamente todo hizo “click” y las piezas encajaron a la perfección.

Se sujetó de la pared, necesitando apoyo y comenzó a retroceder… su semblante, alegre hace unos segundos atrás, se volvía incrédulo…

Sin encender las luces y caminando sin ver, Roberto llegó hasta la terraza y agradeció el soplo de aire frío que tranquilizaba su pensamiento.

Todo adquiría sentido ahora… entendía muy bien

Skylar estaba triste a causa de Hans…

Entender cuál era la causa de la tristeza de Skylar lo  impresionaba mucho. Al principio, se lo tomó con sorpresa y negatividad. Era egoísta… se sentía malvado al tener estos sentimientos contra ese niño sin culpa… su hermanastro… pero no podía evitarlo… más ahora cuando Hans se había metido en su propia casa… en su relación intima con Skylar… estaba afectando todo aún sin estar presente…

“Dijimos que no dejaríamos entrar a nadie más, recuerdas??!!!”

Tenía ganas de correr y gritárselo en la ara. Skylar estaba rompiendo el acuerdo… Hans se estaba entrometiendo en sus vidas.

Caminó repetidas veces  a lo largo de la terraza hasta calmarse un poco… si entraba y lo enfrentaba ahora, tal como estaba, terminarían en una pelea feroz y no quería eso…

¿Qué quería entonces?…

La respuesta era fácil… siempre era la misma

Quería que Skylar estuviera feliz a su lado… se lo había prometido años atrás y procuraba cumplirlo siempre…

Mierda!!! … esta vez no era nada fácil.

Esta vez el cariño de Skylar estaba comprometido

-. Esta helado aquí afuera

Mirna se abrió paso en la terraza para entregarle una taza de chocolate caliente perfumado de vainilla.

Roberto la recibió en silencio.  No estaba seguro de si le gustaba ser interrumpido pero no podía ser grosero con las atenciones de Mirna.  La mujer, en vez de cruzar la puerta de vuelta hacia la sala, se tomó el tiempo para cerrarla despacio, acercarse hasta la baranda y comenzar a hablar al tiempo que ajustaba un chal sobre su cuerpo y miraba las sombras del paisaje.

-. Hace frío en Chiloé…  pero a pesar de eso, no me gustaría estar en ninguna otra parte ahora

Roberto comenzó a sentirse molesto. Le tenía mucho cariño a Mirna pero deseaba estar solo para poder desenredar la madeja complicada en su mente… le urgía…

Mirna continuó hablando sin prestar atención a la expresión de su cara

-. Es que no tengo ninguna otra parte donde estar y ustedes son tan buenos conmigo –  se giró hacia Roberto- No tengo hijos… son una bendición… pero Dios no quiso dármelos y una mujer como yo no puede adoptar… siempre fui pobre… ¿cómo habría mantenido a un niño?

Roberto se quedó en silencio… su enojo lentamente se disipaba…  las palabras de Mirna comenzaban a atraer su atención

-. Allá en la población donde vivía… veía a las otras mujeres que tenían 3 o 4… hasta 6 niños!! y no sabían cuidarlos… qué pena sentía y con qué gusto me habría hecho cargo de esos niños como si fueran míos… uno los quiere igual, sabes?… no es quien los da a luz sino quien los cría y les entrega cariño…

Los ojos antiguos y sabios de Mirna lo miraban fijamente… estaba hablando de algo más que su propia vida… Roberto comprendió que su presencia en la terraza frente a él no era casual.

-. ¿Por qué me lo cuentas ahora?

Sorbió el chocolate, intrigado…

-. Porque es triste no tenerlos… es una de las desgracias que ya nunca podré reparar en mi vida… me habría gustado que alguien me llamara “mama” y entregarle amor, cariño y cuidados… todos los seres humanos queremos ser padres… criar… es la ley de la vida

Esa última frase la dijo encarándolo directamente

Se quedaron mirando en silencio…

-. ¿Qué es lo que sabes?

-. Nada… solo lo que observo y escucho.  Skylar no es el mismo desde que volvieron. Se le quedó un pedazo del corazón en casa de tu madre… con tu hermano

No era lo que quería escuchar… la verdad que Mirna exponía frente a él… no le gustaba.

– Cuando tú no estás en casa me habla del niño… si vieras como se pone…

-. ¿Cómo?

-. Contento, ansioso… necesita hablar de él con orgullo y cariño… sé mucho de Hans por lo que Skylar me ha contado

¿Hablaba de Hans con Mirna?… eso si era una novedad… primero su madre, luego Mirna…

Quiso replicarle… responderle que no había más espacio en sus vidas… pero sus palabras murieron atoradas en la garganta cuando se fijó que tras Mirna estaba la hermosa y amplia sala de su casa… con mucho espacio… a su alrededor había un patio muy grande con un cuidado jardín… en toda su casa había espacio más que suficiente…. Y al parecer, en el corazón de Skylar también…

Se llevó la mano a la boca en un gesto que callaba las palabras negativas que amenazaban con salir… no sabía que sentir… que pensar… estaba muy confundido

Mirna era una mujer mayor y con bastante experiencia en la vida. Veía con preocupación cómo Skylar estaba cambiando y angustiándose a causa del niño… Leía la preocupación en los ojos de Roberto y veía la grieta que  comenzaba a crecer entre ellos… era primera vez que intervenía para atreverse a decirle algo. Los respetaba y quería mucho y la entristecía verlos como estaban ahora.

-. Ya me voy a dormir

-. Y tu marido… ¿qué habría hecho él?

Mirna se detuvo para evocar el recuerdo del que había sido su compañero

-. ¿Con un niño ajeno?… se habría resistido al principio… por orgullo… amor propio… pero sé que habría terminado amándolo más que a su propia vida

Nuevamente se miraban en silencio…

-. Tú no entiendes…

No… Mirna no entendía nada… Hans era hijo de su padre y de Luisa! ni siquiera él terminaba de entender cómo su madre lo estaba criando… ¿Por qué no había dejado que se fuera con su abuela real y desapareciera de sus vidas??!!

-. No… yo lo único que entiendo es que Skylar está cambiando y está triste  

Tan suavemente como había llegado, Mirna desapareció tras la puerta de cristal…

El chocolate se enfriaba en sus manos…

Skylar estaba cambiando y estaba triste…

No soportaba verlo triste… significaba todo en su vida…

Capítulo especial 5

0

Frente a frente, Marlene y su hermana.

-. Renunciarás a todo derecho sobre el niño en favor de Roberto. El se hará cargo del niño

-. Pero si tu hijo es mari…?? 

-. NO TE ATREVAS!!!

Marlene dio un paso al frente, dispuesta a dejarle claro a su hermana que nadie le faltaba el respeto a su hijo.

– Aquí tengo un cheque que te solucionará bastante la vida. Pero tengo dos condiciones: le entregarás legalmente el bebé a mi hijo Roberto y la segunda. No quiero volver a verte más en todo lo que me queda de vida

La mujer sopesó sus alternativas rápidamente. No tenía intención alguna de hacerse cargo del niño. Había sido importante mientras Hans estaba vivo, un seguro de vida, pero ahora…  le daba lo mismo quien lo criara.

Lo único que deseaba saber era cuantos ceros tenía el cheque.

-. ¿Qué cantidad es?- pregunto con soberbia

Marlene se sintió asqueada de su hermana. Increíble pensar que habían sido criadas con los mismos valores morales y en alguna parte del camino su hermana los había perdido. De su billetera extrajo el cheque y se lo mostró. Por la forma en que ella subió las cejas y abrió grande los ojos, se dio cuenta que estaba impresionada. Lo guardó nuevamente.

-. Te lo entregaré cuando firmes los papeles frente al juez

-. ¿Cómo sé que no me vas a engañar?

-. Porque yo no soy como tú

Abandonó la casa de su hermana para no volver nunca más. Solo tendría que verla una vez más, cuando firmaran los documentos en que el juez decidiría con quien viviría el pequeño huérfano.

-. Pero mamá… ¿Por qué yo?

-. Por el bien del niño. No quiero que crezca junto a mi hermana

– Pero… ¿Estás segura?

-.Si. Muy segura

Roberto no quiso seguir preguntando de momento debido a la actitud cortante de Marlene, pero tenía que pensar en serio lo que su madre le estaba pidiendo…  Se había acercado a él a pedirle que aceptara ser el tutor legal del niño. Solo tendría que firmar y nada más, le había dicho. Ella se haría cargo de todo.

Roberto estaba más que sorprendido… estaba anonadado. No esperaba que la generosidad de su madre le alcanzara para tanto… después de todo, ese niño era hijo de su padre y de Luisa…  y ambos la habían hecho sufrir demasiado.

-. Mamá, es mucha responsabilidad

-. Y si no lo hago yo… ¿entonces quien? – lo miró directo a los ojos… Roberto desvió la mirada… estaba hecho un verdadero lío con todo esto.

Marlene y Skylar seguían yendo al hospital todos los días. Hablaban del niño frente a él como si ya fuera un miembro de la familia… cómo crecía y se volvía más fuerte… los ruiditos que había hecho mientras lo cargaban… los dos estaban encantados con el bebé y el entusiasmo de Skylar lo seguía sorprendiendo…  de alguna manera, Roberto sentía que lo estaban dejando fuera.

El caballo lo esperaba ensillado en el patio de la casa. No dudo en montarlo y salir a dar una vuelta a pesar del frío de la tarde. Cubierto por el poncho grueso y un sombrero de ala ancha, Roberto tomó las riendas, llamó a su perros con un fuerte silbido y, todos juntos, se alejaron de la casa.

Los pensamientos se los llevaba con él… necesitaba analizarlos… la muerte de su padre estaba cambiando muchas cosas en su vida y necesitaba tiempo para pensarlas.

Primero fue descubrir el gusto de Skylar por los niños. Le molestó no saberlo todo sobre quien amaba tanto… pero más que nada, el entusiasmo en la voz de Skylar lo hizo pensar en algo que hasta ahora había dejado escondido en un rincón de su mente para no planteárselo abiertamente. Era un tema delicado que no quería analizar aún… pero ese niño lo había hecho aflorar… un niño… un hijo…  alguien que llevara su nombre y continuara su existencia en el tiempo… algo que ellos dos jamás tendrían…

Respiró tragándose el aire perfumado con olor a tierra húmeda y pasto verde… amaba este campo… cuando más joven siempre soñaba con volver a esta tierra… trabajar cerca de sus padres… casarse con una mujer y formar una familia… pero todo eso había sido antes de volverse feliz con él.

No le había preguntado si deseaba tener un hijo…  nunca lo habían hablado…  pero al ver como se entusiasmaba al hablar del bebé, Roberto tuvo un sentimiento que se parecía mucho al miedo…

Quizás Skylar deseaba un hijo en su vida…

Era muy probable que  lo quisiera… después de todo venía de una familia numerosa… Sonrió al imaginar a Skylar con un bebé en los brazos. No lo había visto nunca cargar al niño en el hospital pero podía imaginarlo… de seguro se vería precioso… casi angelical…Skylar tenía la virtud de embellecer todo a su alrededor…

Demonios!!… y él?… ¿quería él tener un hijo???

El caballo emprendió el galope impulsado por Roberto… los perros ladraban tratando de alcanzarlo… corría con velocidad saltando los pequeños canales de regadío y pasando entre los árboles y cercos…

Estaba bien como estaba… Tenía casi 30 años y no necesitaba nada diferente a lo que ya tenía. Skylar llenaba completamente su vida… el amor que sentía por él abarcaba toda su existencia… no necesitaba a nadie más…  recordó la conversación que tuvieron unas noches atrás sobre dejar entrar a alguien más en sus vidas… no se refirieron a un niño en ese momento pero ahora, Roberto pensaba que un bebé era igual que cualquier otro intruso entre ellos…  solo veía imágenes de Skylar robándole tiempo a él para dedicárselo al bebé…

-. Lo quiero solo para mí – gritó al aire enojado y frustrado, deteniendo al animal… jadeaban ambos aturdidos por la loca carrera…

-. Solo para mí – repitió al aire

Egoísta… ahora, con más razón que antes se convencía de que era egoísta en su amor por Skylar. No deseaba compartirlo con nadie… lo quería todo para él… por Dios!! Lo amaba tanto. No quería que nada cambiara.

Volvió a la casa a tranco lento del caballo. Complicando ante la petición de su madre… ¿Con que excusa podía negarse?  Marlene no le estaba pidiendo que se hiciera cargo del niño, en realidad. Sería un mero trámite… Firmaría los papeles y luego se irían… volverían a la isla… a su vida normal… ya no quería estar más tiempo aquí.

La abuela materna renunciaba a la tuición así es que no hubo ningún problema en entregar el niño a la custodia de Roberto, su medio hermano y  familiar directo más cercano.

Frente al juez, Roberto escuchó la palabra por primera vez…

-. Bien, el niño queda bajo la custodia de su hermano mayor

Hermano…

Firmó los papeles aceptando…

Por supuesto que sabía que legalmente era su hermano… pero… a la vez, no lo era…

Con los papeles en la mano, se dirigieron al hospital a buscarlo. Marlene y Skylar no paraban de parlotear sobre las cosas que habían comprado para el niño y lo que necesitarían… un nombre!!… el niño necesitaba un nombre…

Su hermano aún no tenía nombre…

Les entregaron un bulto pequeño. Marlene y Skylar se encargaron de envolverlo para protegerlo del frío y con él niño en sus brazos, Skylar salió triunfante del hospital.

Roberto manejó de vuelta en silencio… por sobre las voces de los adultos, Roberto escuchaba claramente los pequeños sonidos del niño… parecía un gatito gimiendo…

-. ¿Estás bien, amor?- Skylar lo sorprendió al tocar su brazo

-. Si. Bien

-. Estas muy callado– insistió

-. No. estoy bien

Pero no lo estaba.

Ya en la casa todo se volvió atenciones para el pequeño… preparar su cuarto, su leche, mudarlo, acompañarlo… de pronto Marlene y Skylar giraban completamente alrededor del niño. Discutían nombres y se escuchaban felices.

-. Vamos a cenar-  la voz alegre de Skylar hería sus oídos… se sentía mal, culpable, egoísta, malvado…

Se levantó y lo siguió hasta la cocina. Cenó en silencio, sin participar de la conversación intentando no demostrar su molestia y disfrazándola de cansancio.

Se retiró a dormir temprano. Skylar prometió acompañarlo en cuanto el niño tomara su última leche y se durmiera.

Aguardó despierto a que viniera a acostarse… necesitaba de Skylar a su lado para dormirse tranquilo. No se le ocurriría quedarse con el bebé, no?… los minutos se transformaron en horas.

Cuando Skylar llegó y se sorprendió de que no estuviera dormido. Se metió a la cama, cansado. Había pasado muchas horas con el niño y aunque eso lo agotaba, se sentía feliz. Lo había dejado en el dormitorio con Marlene… ¿y si el niño despertaba y Marlene no lo escuchaba?  Se habría sentido más a gusto si el niño hubiera dormido con ellos.

Roberto lo esperaba… totalmente ajeno a los pensamientos de Skylar. Suspiró aliviado cuando lo escuchó entrar.  Comenzó a besarlo y a buscar su cuerpo… apenas se metió en la cama. Pasó las manos por su torso reteniéndolo contra él con una de ella y llevando a la otra directamente hacia la entrepierna de Skylar. No entendía que le sucedía pero esa noche, deseaba toda la atención de Skylar puesta en él… lo quería de una manera distinta a otras veces.

Skylar jamás se había negado al sexo con Roberto… le gustaba mucho y siempre estaba dispuesto a retozar juntos y entregarse placer… es solo que atender  tanto rato al bebé lo había cansado más de la cuenta…  respondió a las caricias de Roberto con menos entusiasmo que lo usual.

-. ¿No quieres? – preguntó Roberto, sorprendido y dolido

-. No es eso… es solo que estoy cansado

No… no soportaba el rechazo…  en vez de girarse y dejarlo descansar, Roberto sostuvo la cara de Skylar entre sus manos y lo besó efusivamente… casi agresivamente…

-. Te deseo – murmuró aun sobre su boca

Skylar accedió… jamás podría decirle que no…  pero el cansancio se notaba en su actitud.

Roberto intentó infructuosamente despertar la lujuria y la pasión que siempre había existido entre ellos… Skylar respondía tibiamente dejándolo hacer y Roberto, lentamente,  comenzó a sentir la molestia acumularse en él… No le gustaba lo que estaba pasando… puso más empeño y cariño… quería reafirmar su estatus…  El era lo más importante en la vida de Skylar… necesitaba confirmación inmediata.

-. Te amo…- había una ligera nota de desesperación en la forma en que lo decía y esperaba respuesta

-. También te amo – Respondió Skylar con una sonrisa exhausta…

 

SKYLAR

Se había encariñado con el bebé.

Siempre le habían gustado los niños pequeños… bebes, infantes, pre escolares… amaba la inocencia y sinceridad en ellos… no estaban contaminados con prejuicios ni mentían… si tenían hambre, lloraban a gritos; si algo les gustaba ,reían a mandíbula suelta; si tenían miedo, gritaban; si querían algo, estiraban la mano para tomarlo. Le hacía tanta gracia la honestidad de los niños, las preguntas directas y los comentarios sin filtros que lanzaban a veces. Tal vez le gustaban tanto porque le recordaban a sí mismo. A veces sentía que seguía siendo un adolescente eterno. Skylar rara vez necesitaba de mentiras o caretas.

El niño que esa noche dormía en la casa le estaba robando el corazón de manera inesperada.

Todo comenzó cuando Marlene le dijo que se parecía a él y ya no pudo resistirse cuando comprobó que era verdad.  Era una cosita preciosa de pelusa rubia y ojos profundamente azules. La primera vez que lo cargó, en el hospital, se sintió raro de inmediato… sintió deseos de acoger al niño entre sus brazos y protegerlo… cuidarlo de todo daño… fue un sentimiento parecido al que experimentó cuando su mamá puso a sus hermanas en sus brazos por primera vez, encargándole su cuidado junto a ella.

Sus hermanas lo habían tenido a él, a mamá y las tías

Este niño no tenía esa bendición…

Corría en sus venas las misma sangre de Roberto… ¿Sería por eso que le estaba resultando tan fácil encariñarse con él?

Miraba sus pequeñas manitas, su nariz de botón, las delicadas facciones y se enamoraba cada momento un poquito más de él. Le parecía tan frágil y delicado… el niño necesitaba de alguien que lo cuidara y Skylar había aceptado el reto sin que nadie se lo planteara. Deseaba hacerlo. Estaba lejos de su casa y su trabajo, no tenía ninguna otra ocupación por ahora y, más que nada, estaba cautivado por ese cuerpito en miniatura y todo lo que representaba.

También había pensado en lo mismo que Roberto, sin discutirlo con él.

El bebé le había hecho pensar en la paternidad.

Un tema complicado que no habían conversado nunca. Hasta ese momento, jamás se había planteado la posibilidad de ser padre. Su vida estaba bien como estaba. Tenía casi 27 años y una vida estructurada que le agradaba mucho.

No… un bebé nunca había sido tema entre ellos. Parecía algo lejano y que le sucedía a otras personas… excepto que… el niño se quedaba tranquilo cuando él lo sostenía… movía su carita siguiendo su voz… tenía un olor a bebe que era mejor que cualquiera de sus caros perfumes.

Skylar no necesitaba preguntarse si deseaba tener hijos. Estaba acostumbrado a una familia numerosa y entendía claramente como, en el corazón de cada persona, el amor crece en forma infinita para dar cabida a muchos amores, incluyendo pareja e hijos. En su alocada vida antes de Roberto nunca lo pensó siquiera… y luego llegó él…

Roberto llenaba su vida…

Su casa y su trabajo en la isla representaban estabilidad, seguridad y felicidad…

No creía necesitar nada más…  hasta que tuvo en brazos al niño y sintió un hueco abrirse en su corazón… nacía una nueva necesidad que no había buscado conscientemente.

Marlene y él dedicaban mucho tiempo a atenderlo y acompañarlo. El niño, al menos tendría a Marlene para que se hiciera cargo de él.

Skylar se preguntaba si eso era una buena idea…

Si… el niño sería una ocupación para ella y le haría compañía… pero Marlene era una mujer mayor con otros intereses… estaba el campo del que tendría que hacerse cargo… el chico crecería e iría al colegio… jugar con amigos… muchas actividades… demasiado para una mujer de su edad.

Lo había pensado mucho… Marlene contaba con él para ayudarla mientras estuviera de visita en su casa y lo hacía con gusto… pero ellos partirían en cualquier momento y se quedarían solos…  Eso lo preocupaba… tanto por Marlene como por el niño.

También se había dado cuenta de la distancia de Roberto son el bebé.

No se acercaba a verlo ni le interesaba nada relacionado con él. De hecho, había firmado de mala gana aceptando ser el tutor legal solo porque su madre se lo había pedido.

¿Qué le pasaba a Roberto?… no lo había  mirado en ningún momento, siempre tenía una excusa para alejarse…

¿Le recordaba la traición de su padre?…

¿Le molestaba un hermanastro de otra mujer?…  Skylar deseaba que esa fuera una de las razones porque la siguiente pregunta y la posible respuesta lo inquietaban mucho más de lo que habría supuesto

¿Era que simplemente no le gustaban los niños?…

Pensarlo le producía un extraño dolor… a él si le gustaban mucho y este, en particular, le gustaba más que ninguno… se parecía a él…  era inocencia pura en un envase de humano pequeñito… ¿cómo podría alguien no quererlo cuando era adorable?  Apenas hacía ruiditos con su ridícula boca de miniatura… lo miraba con los ojos grandes cuando lo alimentaba y Skylar de preguntaba si en realidad lo veía… cuando el bebe sonreía algo sonreía dentro de él también produciéndole una alegría diferente y muy satisfactoria.

Se estaba encariñando mucho con el bebé…

Culpa del tiempo libre, de no tener nada que hacer…  culpa de la carita exquisita del niño… de su desafortunado destino…

Se sentía culpable de haber descubierto una nueva necesidad importante para él que Roberto parecía no compartir.

Capítulo especial 4

0

Marlene y los chicos llegaron al hospital pasado el mediodía.  Viajaron a través de caminos alternativos pero antes  pasaron a ver el lugar donde Hans había perdido la vida.

Roberto no reaccionó con la noticia hasta que estuvo en el lugar.

Al principio solo se preocupó de escuchar atentamente a los policías y ser el apoyo para su madre, olvidándose de él mismo… Pero Skylar sabía y esperaba que en cualquier momento Roberto se quebrara. Ocurrió cuando estaban frente al lugar del accidente. Roberto tomó consciencia de la muerte de su padre… fue resbalando despacio, perdiendo fuerzas,  hasta quedar en el suelo.

-. Nunca me perdonó… ya no hay nada que hacer

Skylar se sentó en el suelo a su lado. Entendía su dolor y, a su vez, le dolía en el alma verlo tan triste

-.  Él te quería igual. Eras su hijo y estoy seguro que te amaba

Roberto sabía que era una posibilidad extremadamente remota pero en su interior siempre guardaba la ilusión de volver a ser aceptado en pleno por su familia… eso ya no ocurriría nunca. Se dio vuelta hacia Skylar  sin poder disimular su llanto

-.  Quiero borrar lo que hizo los últimos años… contigo y conmigo… no quiero recordarlo así. Antes…  fue un hombre correcto… Cuando yo era niño él fue bueno conmigo… siempre…-

-. Lo sé amor. Cometió un error. Se equivocó, pero fue un buen padre para ti… hasta… bueno… hasta que…

Skylar intentaba consolarlo pero no quería decir palabras que carecieran de sentido. Roberto estaba sumamente afligido y vulnerable en estos momentos.

-. Hasta que te conocí

Roberto terminó la frase dejando de llorar y limpiándose los ojos

Era un momento incómodo… ¿Roberto se estaba culpando?... Skylar se quedó expectante… sintiendo que la siguiente frase que escuchara de labios de él podía cambiar su vida… no se atrevió a pensar en nada malo pero algo helado lo recorrió… lo miró fijo… su tranquilidad dependiendo de las palabras del hombre que amaba

Roberto sintió los ojos azules más bellos del mundo muy atentos a él y entendió… por Dios!! lo conocía tan bien… ¿Cómo podía tener dudas aún?

-. Te amo Skylar… no me pongas esa cara… estoy triste porque murió mi padre pero tu representas todo lo bueno de mi vida–  sonreía con tanta tristeza… sus ojos aún tenían lágrimas – jamás me arrepentiría de ti  

Skylar soltó el aire que había estado conteniendo. Estiró su mano para buscar la de Roberto. Dos manos de hombres… entrelazaron despacio los dedos mirándose a los ojos… apretaron fuerte, sintiéndose… Roberto levantó ambas manos y besó la de Skylar… no sabían que hacían pero sentían que confirmaban, en este gesto tan simple, el amor que se habían prometido años atrás. No importaba si el testigo hacia quien iba dirigido el gesto los observaba desde el más allá.

Se quedaron ahí sentados en silencio con las manos muy juntas hasta tranquilizarse y sentirse preparados para continuar con todo lo difícil que les esperaba. Marlene esperaba en el vehículo. Le había bastado una mirada para entender cómo y dónde había desaparecido para siempre su marido. Serían, para todos, imágenes muy difíciles de superar.

Cuando los policías hablaron en casa de Marlene les informaron a todos de la muerte de Hans pero hasta ese momento, Luisa aún estaba con vida. Fue Roberto quien llamó a su tía para comunicarle del accidente. La mujer se deshizo en llanto y lamentos… quedaron de encontrarse en el hospital.

-. Te entregue a mi hija y la mataste!!! Todo  es culpa tuya!!

La mujer estaba como loca. Ni siquiera escuchó al doctor que intentaba comunicarle que su nieto estaba vivo.  Sin su hija, su vida carecía de sentido y se condenaba a la pobreza y la humillación… ante ella, un futuro negro y triste.

Marlene entendía la desesperación de su hermana y sus palabras no eran capaces de herirla. Sabía bien que la verdad era otra y su hermana gritaba desde el dolor de su propia culpabilidad.

Todo se volvió trámites y preguntas. Había que reconocer los restos, preparar  un funeral, avisarle a Erica, firmar documentos…

Roberto se hizo cargo de todo. Dejó de lado su propia tristeza para encargarse de cada detalle y estar a al lado de su madre.

Fueron días nublados no solo por el clima frío sino por tantos sucesos dolorosos y engorrosos. Días que pasaron demasiado de prisa.

Erica asistió al funeral con su marido y los hermanos tuvieron tiempo de volver a quererse. La distancia que los separaba era grande pero el cariño entre ellos se mantenía intacto.  Skylar fue incluido como parte de la familia y presentado a todos los parientes como la pareja de Roberto. Ninguno de ellos prestó mucha atención a las pocas miradas sorprendidas o de rechazo de parte de algunos familiares o amistades al conocer a Skylar. No tenían tiempo ni ganas de ocuparse de nadie más.

La madre de Luisa la llevó de vuelta a su pueblo y la enterró en el cementerio local. Luego, cerró las puertas de su casa y pasó varios días llorando y lamentándose. Entonces… en algún momento de tranquilidad, recordó que tenía un nieto…  no todo estaba perdido.

Todos los días, Marlene y Roberto visitaban al bebé en el hospital. El doctor a cargo les informó que ya estaba fuera de peligro aunque seguía siendo un bebé prematuro y requería cuidados especiales.  Era muy posible que dentro de un par de días se lo pudieran llevar.  Hablaba con Marlene como si ella fuera la responsable del niño. Ella escuchaba con cierta indiferencia… era el hijo de su marido pero con su sobrina… ¿qué iba a ser de esa criatura?… no tenía respuesta ni cabeza para pensarlo… iba al hospital porque ese niño era la única conexión que tenía con Hans…

Roberto miraba a través del cristal al humano en miniatura…  el hijo de su padre… Solo iba al hospital porque no quería dejar sola a su madre pero ese bebé en la caja de cristal no representaba nada para él… no lo pensaba ni le importaba… era la prueba viva de la traición a su madre. Daba por hecho que su tía se encargaría de él.

Skylar había vuelto por unos días a la isla a terminar algunas cosas más urgentes y avisar a los clientes que tendrían que esperar.  Por suerte la vida en la isla no estaba medida por el mismo sistema de vida de las ciudades modernas y esperar unas cuantas semanas no representaba un drama para nadie.

Cuando todo estuvo aclarado y terminado, volvió a casa de Marlene.  Ahora todo le pertenecía a ella y a sus hijos. Roberto lo sorprendió haciéndose cargo de los trabajos agrícolas… seguía descubriendo un hombre diferente que lo impresionaba y  volvía a enamorar. Roberto entendía de ganado, siembras y cosechas y estaba organizando todo para continuar el trabajo en el campo que su padre había dejado a medias.

Skylar lo veía ocupado y entretenido… en el fondo de su mente recordó lo que Roberto le había dicho la primera vez que le habló de su vida y manifestó el claro deseo de vivir en el campo…  Lo seguía con los ojos cuando se ponía un sombrero de ala ancha, un grueso poncho de castilla y montaba a caballo bajo la lluvia. Skylar lo observaba con una sonrisa lasciva en los labios…

“mierda… Ese hombre es todo mío”… pensaba con orgullo deseando que llegara pronto la noche para quitarle el poncho, el sombrero y todo lo que lo cubría.

Al décimo segundo día de visita en el hospital, Marlene iba sola y se sorprendió de encontrar a su hermana esperándola.

-. Ese niño… es mi nieto. Si lo quieres tendrás que pagarme

Marlene quedó en shock al escucharla… ella no había pensado nunca en quedarse con el niño… estaba demasiado mayor y cansada para criar un bebé… no era suyo…

-. Es tu nieto…- le reprochó

Sin embargo,  al mismo tiempo que lo decía, pensó en la condiciones de vida que esperaban a la criatura junto a su abuela… no tenía dinero, era mayor que ella y las posibilidades de una buena crianza eran nulas.

-. Y qué haría yo criando un bastardo??!!- preguntó la mujer alterada – Tú tienes medios para criarlo. Es el hijo de tu marido

Marlene se alejó de prisa… no quería escucharla más. Pero las palabras quedaron rebotando todo el día en su cabeza…  El bebé era una criatura inocente sin culpa de nada… tenía ya dos semanas de vida y nadie se había preocupado de ponerle un nombre… Ay Dios!!  ¿Cómo iba ella a criarlo?… pero su hermana estaba menos capacitada aún…si tan solo Erica estuviera aquí para ayudarla… no tenía corazón para abandonarlo pero la tarea le parecía titánica…

Caminando frente a ella pasó Skylar… el bebé se parecía a él. Tenía un pelo tan claro que parecía pelusa blanca y unos ojos azules grandes… de tanto mirarlo a través del cristal, Marlene había comenzado a conocerlo.

-. Se parece a ti

-. ¿Quién?

-. El bebé… se parece mucho a ti

Al día siguiente, Skylar acompañó a Marlene en su visita al hospital.

-. ¿Puedo cargarlo? – pregunto Skylar a la enfermera. La mujer se alegró mucho al escuchar la petición. El bebé estaba muy solito desde que había nacido. Solo ellas se encargaban de darle cariño cuando tenían algo de tiempo.

Le pusieron una bata especial y entró a la sala muy tranquilo. Tomó al bebé como un experto sin ningún miedo.   Marlene tenía razón. El bebé era rubio y de ojos claros como él… era tan pequeño y liviano… una cosita adorable…. Skylar lo sostuvo en sus brazos sintiendo que la criatura no tenía peso… tan solo 7 meses de gestación… liviano y calentito, con olor a limpio y a vida…

Marlene lo observaba sorprendida. A ella nunca se le ocurrió preguntar si podía tocarlo o cargarlo… y sin embargo ahí estaba  Skylar sosteniéndolo y hablándole con ternura. Le sonreía y jugaba con sus pequeños deditos. Por primera vez, Marlene se dio cuenta de la soledad en que la criatura había estado desde que nació…

-. ¿No te da miedo cargarlo siendo tan pequeño?- preguntó cuando iban de vuelta

-. ¿Te olvidas de mis hermanas?… Soy el mayor. Las cargue a todas. Soy un experto en bebes

Todo el resto del camino  Skylar estuvo contándole anécdotas de sus experiencias con sus hermanas cuando eran bebes. Había ayudado a criarlas y entendía mucho del tema… se entusiasmaba hablando de pequeños bebes…

Marlene lo escuchaba a punto de soltar las lágrimas…  conteniendo un nudo muy grande que se le estaba formando en la garganta… Skylar y el bebé eran tan parecidos físicamente… ¿sería posible que…?… ¿tenía derecho a pedir algo así???… ¿Podía interferir de tal modo en la vida de su hijo y de Skylar?

Durante la cena, Skylar le contó a Roberto sobre el bebé en el hospital, hablando entusiasmado del color de su pelo, de lo pequeñito de sus dedos y de lo liviano y delicado que era. Volvió a repetir algunas de las anécdotas de sus hermanas cuando pequeñas. Era reconfortante escucharlo hablar del tema con alegría después de tantos días de tristeza.

Roberto le tomó la mano a través de la mesa y sonrió. Era primera vez en su vida juntos que se topaban con una criatura pequeña y lo alegraba ver el entusiasmo de Skylar.

-. No sabía que te gustaban tanto– comentó Roberto

-. No es que los ande persiguiendo… – respondió Skylar, un poco a la defensiva– pero me tocó criar a mis hermanas y aprendí que los bebes son adorables… bueno… sí, me gustan mucho ¿a ti no?

El tema nunca se había presentado entre ellos. No había ningún pequeño cercano a sus vidas.

-. ¿Si me gustan?.. no sé… son ruidosos y hediondos… llorones y delicados

Nunca había prestado mucha atención a los niños

-. Eso es porque no te ha tocado estar cerca cuando sonríen por primera vez… cuando te miran con amor… cuando tienes a un bebe calentito en tu cama con olor a limpio y a esperanza… son inocencia y magia en un envase pequeñito… pura magia, amor

Las palabras de Skylar lograron dejar mudo a Roberto quien se enderezó en su asiento de la impresión y solo atinó a mirarlo fijamente… era su turno de descubrir algo nuevo sobre su rubio y se sorprendía… creía saberlo todo sobre Skylar…

Marlene captaba toda esta conversación y gestos desde la quietud de su puesto frente a ellos… no dijo nada… pero en su mente había tomado una decisión.   Tenía que correr el riego… en sus manos estaba la posibilidad de cambiar la historia y darle a esta horrible tragedia un final diferente y, tal vez, feliz.

Capítulo especial 3

0

Marlene, Roberto y Skylar llegaron a la casa del campo al quinto día.  Seguía lloviendo y el clima no tenía intenciones de mejorar. Corrieron hacía el interior desde el vehículo… no les importaba quien estuviera dentro. Era la casa de su madre y nadie iba a ejercer derechos sobre ella.

Luisa estaba sola en la casa y se asomó a la ventana al escuchar ruidos. Los vio aparecer en estado de pánico. Aterrada, llamó de inmediato a Hans por el teléfono celular y se encerró en el dormitorio con llave. No estaba dispuesta a salir y a ser atropellada por ellos… su nerviosismo afectaba al bebe y ese era el único seguro de vida que tenía. El bebé que no había deseado tener significaba una buena vida de aquí en adelante y por eso ahora lo cuidaba. Desde la ventana vio a Roberto y Skylar… supo perfectamente quienes eran… Dios! estaban buenos los dos… casi tan buenos como algunos de los compañeros que había tenido en sus clases y con quienes había tonteado un poco. Lástima que fueran tan pobres como ella.

-. Que desperdicio!!!

Murmuró para sí misma refiriéndose a los recién llegados y cerrando la cortina. Sería mejor que Hans se apurara.

Cuando Hans entró a la casa, la tensión en el aire se podía palpar como algo vivo… En un costado estaba Marlene con su hijo y Skylar… frente a ellos, un Hans furioso por partida doble…

Lo primero que había hecho al entrar fue gritar como demente al ver a Roberto y Skylar… pero nadie le hizo caso. Cuando intentó agarrar a Skylar para sacarlo por la fuerza, Roberto se puso delante de él para protegerlo, dispuesto a trenzarse a golpes con su padre… Skylar no se quedó atrás y aunque no era un experto en combos y patadas, estaba dispuesto a dar lo que pudiera…

El fuerte ruido ensordecedor los dejó a todos helados…

-. Mejor nos calmamos

La voz de Marlene sonó fría y aterradora… y la mirada sobre su marido era gélida.

Hans siempre guardaba un arma sobre la repisa de la chimenea. Era una medida de protección puesto que vivían en el campo solos ellos dos. Le había enseñado a dispararla muchos años atrás.

Los tres quedaron paralizados, pero Marlene, con calma, volvió a poner el seguro en el arma y a bajarla. Había sido una advertencia nada más.

-. Estás loca, mujer!!  gritó Hans fuera de sí.

En cualquier otra oportunidad se habría acercado a ella para quitarle el arma y regañarla… esta vez no se movió.

-. Si. Será mejor que tengas cuidado porque estoy un poco loca

La altísima tensión del momento la hizo reír…  Dios!!! Se había sentido tan bien al disparar… no podía para de reír, algo histérica.

Roberto se acercó despacio a calmarla con un abrazo y unas cuantas palabras cariñosas, un beso en la frente. Sujetó el arma en sus manos. Abrió el mueble donde su padre guardaba más armas, la dejó allí y le puso llave al mueble. Se guardó la llave en un bolsillo.

-. No creo que necesitemos nada de ahí

Luego de una hora de fuerte discusión y recriminaciones, Hans perdió el control y decidió largarse de la casa al ver que no podía contra todos ellos.  El solo hecho de ver al rubio en su living, con su hijo y su mujer lo enfurecía a tal punto que no podía ni pensar… Si pudiera, lo habría golpeado hasta echarlo a patadas de su casa…

Subió la escalera con fuertes trancos en busca de Luisa. Se marchaba, pero solo sería temporal.

Toda la propiedad estaba a su nombre así es que no sería permanente. Hablaría con el abogado mañana mismo. Tan enojado como estaba, pensaba dejarlos a todos en la calle…

Media hora después, Luisa y él abandonaron la casa en medio de la lluvia.

-. Te pudrirás aquí sola

Fue lo último que le dijo Hans a su mujer antes de subir al vehículo con una Luisa llorosa y asustada nuevamente. Nadie le había gritado a ella directamente pero había escuchado todo escondida en el dormitorio y se sentía nerviosa.

-. No.. no lo creo

Respondió Marlene triunfante abrazando a su hijo y a Skylar. Se largaban y no quería volver a verlos.

Hans no soportaba ver  a su hijo y su pareja… se enfurecía aun más. Atrás quedó la casa. Manejaba de prisa. A pesar de la lluvia y el viento… aún furioso al pensar que en su casa estaba ese par de desgraciados… y él no podía sacarlos de ahí.  Se habían atrevido a acusarlo a él!!! Ellos!! Los degenerados e inmorales lo acusaban a él!!! Demonios!! Qué asco como se miraban y tocaban… eso no era su hijo… no podía provenir de sus genes… quizás Marlene había tenido un amante…

Luisa se quejó sujetando su vientre y distrayéndolo de sus locos pensamientos… la fuerte discusión la había alterado mucho y desde hacía rato sentía dolores.

-. Calma Luisita… nos iremos a un hotel y mañana te compraré una casa en la ciudad

Luisa sonrió triunfante al escuchar a Hans… una casa… ya no importaba si le dolía el vientre… tendría una casa para ella en la ciudad… ay Dios!!! Su mamá se sentiría orgullosa de cómo había resultado todo… la traería a la ciudad para que criara al niño… no pensaba hacerlo ella. No le gustaban los críos.

Hans tomó la mano de Luisa para tranquilizarla. No le convenía que se alterara en su estado. Comenzaría toda su vida de nuevo con ella.  Por lo pronto le compraría una casa donde pudieran estar cómodos hasta que naciera su niño. Recuperaría el campo y tendría una buena vida con Luisa y su hijo… Hans tuvo la capacidad de sonreír a pesar de todo el drama. No todo era malo… al fin estaban solos.

Descuidó el volante un instante para acercarse a besar a Luisa…

Roberto dejó a su madre profundamente dormida luego de que tomara un relajante y se dirigió a su antiguo dormitorio.

A pesar de la situación, Roberto caminaba lento y mirando todo a su alrededor… le parecía increíble estar en su antiguo hogar.   La casa se mantenía casi idéntica a cuando él y Erica vivían aquí… las personas habían cambiado mucho… se preguntaba si él había sido la causa de que su familia se desmoronara… tal vez… si se hubiera casado con una mujer y hubiera llevado la vida que todos consideraban “normal”, nada de esto habría sucedido… tal vez sentía algo de culpa… pero no le alcanzaba para arrepentirse ni para llenarse de negatividad. Estaba profundamente enamorado y era feliz con Skylar… simplemente no hubiera podido vivir de otra manera desde el momento en que lo conoció.

Sus sentimientos eran conflictivos… si hubiera hecho lo esperado de él, quizás todos los demás estarían felices… pero él seria desgraciado sin Skylar…

Se detuvo a pensar si había sido egoísta… Maldición!!… cada quien elige la vida que desea vivir. Erica estaba bien y era feliz en Alemania y mis padres… se les acabó el amor… mi madre me prefirió y mi padre se alejó de ella.

La quería mucho y todo lo que pensaba hacía que sintiera que ella era más importante que nunca. Tenía una deuda con su madre. En estos momentos, ella estaba frágil y triste. Siempre había sido una mujer fuerte pero ahora lo necesitaba… los necesitaba a los dos.  Marlene volvería a ser fuerte una vez que se repusiera del dolor.

Entró a su antiguo dormitorio. Marlene les había ofrecido prepararles otro cuarto donde estarían más cómodos pero rechazaron el ofrecimiento. Dormir apretados en la misma cama que cobijara a Roberto de niño, tenía un significado especial para ellos… aún estaban sus cosas en el dormitorio…

Skylar lo esperaba caminando alrededor y examinado el dormitorio lleno de recuerdos… fotos que nunca había visto, trofeos y diplomas, libros que Roberto había leído de niño… dibujos de sus perros… cada uno de los detalles le entregaba un poco más de información sobre quien había sido de adolescente el hombre que amaba. Le gustaba adquirir nuevos conocimientos sobre él… recibir pinceladas de su vida antes de conocerlo.

Lo sintió entrar pero no soltó el álbum de fotos. Roberto lo abrazó por la espalda

-. Eras bonito desde niño

Skylar estaba  concentrado en las fotos de Roberto adolescente, rodeado de sus compañeros de colegio.

Roberto sonrió ante la ocurrencia…

-. Aquí el único hermoso eres tú

Sus brazos lo rodearon y al apoyarse en el hueco de su cuello se dio cuenta de lo cansado que estaba y lo difícil que había sido ser testigo del fin del matrimonio de sus padres… lo apretó un poco más fuerte y suspiró cerrando los ojos. Skylar tenía el poder de calmar su tristeza… su olor le calmaba el dolor y la pena

-. ¿Ya se durmió?

Skylar cerró el álbum y volvió su atención hacia él llevándolo hasta la cama

-. Si. No despertará hasta mañana

– Es una mujer fuerte pero tu prima fue capaz de destrozarla… es una mocosa maldita

-. No la culpes solo a ella… mi papá tiene su buena dosis de culpa también…

Se quitaban la ropa entre los dos… hablaban despacio pero estaban molestos y tristes…

-. Lo va a dejar una vez que consiga todo lo que quiere…

-. Seguro que si… tu papá está ciego y resentido

Ya estaban dentro de la cama… acostumbrados a su cama de medidas especiales que les permitía dormir sin tocarse si lo deseaban, esta cama pequeña les resultaba una novedad… era justo lo que necesitaban en estos momentos de pesadumbre… Estar tan juntos que fuera imposible no tocarse y abrazarse. Roberto pasó su brazo por la espalda de Skylar atrayéndolo. Pegados… desnudos, en silencio… cada uno sumido en sus pensamientos repasando los hechos del día y pensando en el futuro

-. Nunca nos va a pasar algo así, ¿verdad?

Skylar expuso sus pensamientos en voz alta.  Roberto se tomó unos segundos para responder.

-. Depende de nosotros solamente… no dejar entrar a nadie más

Fue el turno de Skylar de demorar en responder

-. Eres mío… si alguien se te acerca lo rebano en pequeños pedacitos y se lo doy de comer a nuestros perros

Roberto rió ante la respuesta tan poco madura…

-. Hay muchas más posibilidades que se acerque alguien a ti… nada más mírate como eres de hermoso!!

Skylar rió de vuelta… jamás necesitaría de alguien más en su vida… Roberto llenaba todos y cada uno de los espacios de su vida de manera perfecta.

-. Si… a veces me miran…- respondió sabiendo lo que estaba ocasionando

-. ¿A veces te miran?!!!

Roberto los había visto muchas veces… hombres y mujeres que se giraban descaradamente a comérselo con los ojos… pero tenía claro que Skylar era solo suyo porque él así lo deseaba… jamás dudaba de su amor… era parte de la personalidad de Skylar saberse admirado…

-. Si… a veces…

Lo estaba desafiando… era su manera de indicarle lo que quería…

No se demoró en reaccionar… el cuerpo cálido de Skylar era lo que necesitaba ahora para alejar los pensamientos de tristeza. Comenzó besándolo con suavidad pero Skylar respondió necesitado… sujetando entre sus manos el rostro de Roberto… enredando sus piernas con las de él y frotando su cuerpo contra el de Roberto…

-. En tu cama de niño? – pregunto Skyar  malicioso

-. Si… Vamos a pervertirla

Amarse era primordial en esos momentos… un poco de fantasía y de juego… algo que los hiciera olvidarse del drama y les devolviera la creencia en la felicidad.

Dos hombres adultos sabiendo exactamente que deseaban y como lo querían… se entregaban a hacer crecer el placer del otro porque al hacerlo surgía el placer propio…

Roberto recorría el cuerpo de su amado, estimulándolo y arrancándole suspiros… de un minuto a otro su mirada había cambiado y se había vuelto lujurioso… sus cuerpos respondían al contacto íntimo.  Skylar era por siempre su fascinación… satisfacía no solo su cuerpo sino todo su ser…  llegaba hasta lo más profundo de su alma…  Echó hacia atrás el cobertor descubriendo su cuerpo… le gustaba mirarlo… afuera la lluvia y el viento, adentro, él solo escuchaba los sonidos suaves e incitantes de Skylar…  su cuerpo lo seducía como siempre… lograba endurecerlo en pocos segundos… su lívido no conocía límites cuando se trataba de él. Le gustaba acariciarlo, tener entre sus manos su carne suave y su piel… besarlo y morderlo… lamerlo, chuparlo… todo lo que arrancara una nota de placer de la garganta de su rubio precioso. Lo sedujo con caricias hasta reconocer en su voz y movimientos que  Skylar estaba preparado para él.  Se acomodo entre sus piernas… recogió en sus ojos la sonrisa que anticipaba el placer en Skylar… lo estaba deseando y se lo hacía saber con sus movimientos… su pene entró con suavidad y Skylar gimió más fuerte ante el contacto… Roberto recorrió con su boca abierta una de sus piernas levantadas dejándole besos y pequeños mordiscos… continuó internándose… conocía bien el camino del placer y siempre quería recorrerlo con él.

Skylar se entregaba por completo, con tanta confianza y deseo… exponía su cuerpo y su alma sin reserva alguna sabiendo que en manos de Roberto estaba seguro… Hacer el amor con él era siempre especial. Vaciar el alma de dolores, dejar en paz el pensamiento y solo concentrarse en el calor que lo inundaba y anticipaba cosas maravillosas… tocar la piel del otro para dar y recibir placer… Abría sus labios y recibía sus besos, su lengua y su sabor… tan íntimo y delicioso… el sabor de Roberto en su boca y en su cuerpo…  estiraba su cuerpo de manera sensual envolviéndose alrededor de Roberto… incitándolo… tentándolo.  La voz ronca de Roberto en su oído repitiéndole una y mil veces lo mucho que lo amaba y todo lo que quería hacerle ahora mismo mientras lo sujetaba enredando su pelo rubio y largo entre sus dedos y así acomodarlo para poder acceder a donde quisiera…   Skylar devolvía cada beso y cada mordida… le encantaba tocar el cuerpo de Roberto sabiendo lo que le gustaba que le hiciera… sus manos envolvían con suavidad sus testículos acariciándolos… luego sus dedos subían por la suave piel de su polla y se detenía en la uretra… su lengua pasaba despacio recogiendo su sabor y escuchando un gemido ronco… masajeaba… chupaba…  inventaba caricias nuevas para sorprenderlo… se erotizaban mutuamente. Se atraían y se amaban y no había nada más sublime y sensual que la fuerza del amor entre ellos dos… Habían bailado tantas veces esta danza del amor… sin embargo, sentirlo dentro suyo, embistiéndolo con fuerza pero a la vez, con ternura y cariño, siempre estaba rodeado de magia… aaahhh.. Roberto sabía bien como llevarlo al orgasmo… sentía el clímax crecer y acumularse en su miembro… el mundo se reducía a ellos dos en ese cuarto y en su cama de niño… tenía algo de pecaminoso hacerlo aquí… imaginar al niño inocente dormido en este mismo lugar… Los movimientos se volvieron más intensos, el cuerpo de Roberto se endurecía y tensaba, sudaba y sus músculos lo oprimían, lo envolvía llevándolo con él…   las palabras de Roberto brotaron más sucias en su oído… él sabía bien cuánto lo calentaba escucharlo decir lo que le estaba haciendo con palabras fuertes y groseras… su placer se ensalzaba al máximo… gemía con más ganas y se sentía a punto de alcanzar la cima… su mente en blanco… solo sensaciones y placer… las expresiones de Roberto en su oído… no existía nada más en ese momento… apretó los músculos de su recto cuando sintió que su placer se volvía líquido, de su boca abierta escapaban los sonidos de su gozo que Roberto recogía en besos robados a medio respirar…

No importa si el mundo se estaba cayendo a pedazos fuera del cuarto. Ahí dentro se tenían ellos dos y eso seguía siendo la razón más valedera para que su vida continuara

-. Te amo tanto Skylar…. No sabría vivir sin ti

Apenas recuperaba la normalidad de su respiración pero necesitaba decírselo asi… abrazados y mojados de sudor… satisfechos y enamorados.

La emoción del orgasmo liberaba los sentimientos extremos del día… Roberto lo sostenía con delicadeza entre sus brazos fuertes sintiendo que en él encontraba las respuestas que le permitían seguir adelante

-. No voy a ninguna parte sin ti, mi amor. Eres mi vida… Eres todo. Te amo y ya no pienses cosas tristes, por favor

Skylar se quedó quieto entre sus brazos… no había ningún otro lugar donde quisiera estar. Juntos podían lograr lo imposible, ya lo habían demostrado más de una vez.

-. Estoy triste…- confesó Roberto

-. Lo sé. Yo también… pero todo se resolverá. Ya verás

Cerraron los ojos juntos… sin soltarse. Les esperaba un nuevo día difícil en sus vidas.

El amanecer fue mucho más duro de lo que habían supuesto.

Marlene despertó antes que los chicos y como cada día vivido en su casa, se dispuso a preparar el desayuno. Echó leña a la estufa para mantener el calor.  Se sentía extrañamente tranquila… como la quietud que precede a una fuerte tormenta.  El día estaba muy oscuro y ya no llovía como la noche anterior. El viento se había calmado. Cuando tuvo casi todo a punto, fue a buscar a los chicos.

El ruido de una sirena la distrajo… ¿de dónde escuchaba una sirena?… ¿la radio o el televisor? Entonces vio el reflejo de luces de colores rojo y azul que bailaban en las paredes… miró hacia la puerta de calle… por los cristales entraban los reflejos y la sirena de una patrulla policial volvió a sonar.

Un dolor hondo le clavó el pecho…

Abrió la boca y lo supo sin que nadie se lo dijera… un grito ahogado se le escapó del pecho…

Cuando se enojaba tanto y perdía el control manejaba como un loco…

El camino tenía muchas curvas y subidas… Anoche llovía tan fuerte…

Apretó los ojos para contener las lágrimas y en vez de abrir la puerta a los policías, fue caminando tranquila a despertar a Roberto… lo necesitaba una vez más.

Bastó un momento de descuido… Hans besó a Luisa justo en el momento en que parte del camino desaparecía.

Normalmente era un arroyo pequeñito que cruzaba por debajo del camino, al borde del cerro, pasando por una tubería de alcantarilla. Pero la lluvia de esa noche hizo subir el caudal del arroyo hasta transformarlo en un río que comenzó a correr desbocado anegando la tubería, socavando sus bordes y sobrepasando la carretera… segundos antes de que Hans pasara por el camino, la tubería cedió arrastrando el pavimento y dejando el camino cortado por un profundo socavón… una trampa mortal para quien se aventurara por allí esa noche.

Ni aunque Hans hubiera ido con todos sus sentidos puestos en la conducción se habrían podido salvar del accidente… la lluvia y la oscuridad disfrazaban el peligro.

El vehículo cayó primero al pozo de varios metros para luego ser arrastrado cerro abajo hasta estrellarse en los árboles de un tupido bosque. Hans y Luisa estaban vivos pero heridos… el miedo y la adrenalina a tope no les permitían darse cuenta de la gravedad de sus lesiones… Hans estaba atrapado en sus piernas y no podía salir… Luisa intentaba abrir la puerta aplastada contra los árboles…

 -. Sal por atrás!! le gritó Hans.

Ya vería como escapaba él, pero Luisa y su bebé tenían tanto por que vivir…  como pudo, entre gritos y terror, el agua y el barro culebrando entre ellos, la ayudo a moverse para que saliera gateando por el vidrio roto trasero…  Luisa se sintió a salvo cuando logró pasar los cristales sin cortarse… se dejó caer a lo que ella pensó era suelo firme pero el agua del estero, convertida en barro líquido, seguía pasando por abajo con inusitada fuerza… en cuanto sus pies dejaron el vehículo fue arrastrada por el caudal de agua y lodo…

Hans vio con desesperación como ella se perdía… quiso gritarle pero tenía sangre en la garganta…  la angustia le duró muy poco… otro vehículo de gran tamaño había caído en la trampa mortal y, al igual que ellos, era arrastrado a toda velocidad contra él.  Dejó de existir en solo unos segundos debido al fuerte impacto.

7 vehículos cayeron aquella noche en ese camino y 27 vidas se perdieron incluyendo niños y adultos.  La ayuda llegó en cuanto comenzó a amanecer y, con los primeros rayos del sol, las personas pudieron distinguir la trampa mortal a tiempo… dieron aviso y  en poco tiempo se movilizó toda la fuerza necesaria para rescatar a los sobrevivientes.  Los vehículos, apilados uno sobre otro, casi todos aplastados por un gigantesco camión cargado de troncos, habían sido la causa de muerte de la mayoría de los pasajeros.  Sin embargo había dos sobrevivientes en muy mal estado. Luisa era una de ellos.

-. Es una embarazada!!! Aún está viva!! gritó el rescatista que la encontró enredada entre árboles y ramas a unos metros de los vehículos.

La subieron a la primera ambulancia que llegó al lugar.  Aguantó viva hasta casi al llegar al hospital.  Luisa murió producto de los severos traumas cuando la camilla ingresaba al hospital.

-. El bebé sigue vivo- gritó la enfermera que los recibió, al notar los latidos en el estetoscopio.

Fue una cesárea de emergencia practicada sobre un cadáver… El quejido agudo del bebé los hizo llorar a todos quienes estaban presentes en el quirófano.  Estaba vivo… Era una cosita de pelo rubio y tan pequeña… con tanto riesgo, tan débil que no alcanzaba a llorar…  Lo pusieron bajo todos los mayores cuidados y en solo unas horas se convirtió en un milagro de vida para los doctores y enfermeras acostumbrados a ver la muerte de cerca.

Capítulo especial 2

0

MARLENE.

Hans Schuster y su mujer Marlene habían tenido un buen matrimonio; tenían dos hijos, Erica y Roberto y los cuatro habían vivido una perfecta vida familiar en el campo y luego separados por motivos de estudios hasta que a Roberto se le había ocurrido enamorarse de Skylar.  Hans no podía perdonar lo que consideraba una traición a su apellido y una burla del destino… jamás aceptaría la nueva vida de Roberto.

La familia, irremediablemente, se fue dividiendo y separando. Erica apoyaba incondicionalmente a su hermano pero la incomodidad de estar en el medio de una batalla silenciosa con su familia la había hecho abandonar el país en cuanto pudo y refugiarse en la tierra de sus antepasados. Había encontrado el amor en Alemania y no tenía intención de volver más que de visita. Tenía un buen marido, hermosa casa, buen trabajo y por sobre todo, tenía tranquilidad.

Marlene quedó a la deriva…

Para Hans, Roberto ya no existía y ella, como madre, no podía soportar que él actuara como si en verdad jamás hubieran tenido un hijo.

Se fueron distanciando. Cada visita de Marlene a Chiloé significaba una grieta más grande entre los esposos y cada vez que regresaba a su hogar, se sentía más sola y abandonada, ignorada por su marido que se refugiaba en el trabajo del campo y nunca preguntaba por Roberto.

Fue entonces cuando la hermana de Marlene hizo su aparición. No tenían una relación muy cercana pero  se querían lo suficiente como para prestarse ayuda cuando era necesario.

Su hermana era viuda, con solo una hija y su situación económica dejaba mucho que desear. Vivía en un pequeño pueblo del interior donde las posibilidades de surgir eran prácticamente nulas.  Todas sus esperanzas estaban puestas en su hija de ahora 19 años, Luisa. Quería que estudiara y fuera profesional, que saliera adelante y surgiera. No tenía otra forma de asegurar el futuro para ella y Luisa.  Pero apenas tenía dinero. Todo esto lo explicaba en la cocina de la casa de Marlene, con lágrimas en los ojos y apelando a la bondad de su hermana.

Marlene de inmediato le ofreció su ayuda y su casa. Su sobrina estudiaría en la ciudad cercana y viviría con ellos. Se encargarían de su educación y sustento.  Luisa sería una agradable compañía y aunque apenas la conocía, aprendería a quererla y a llenar su soledad con su joven sobrina.

Luisa había llegado silenciosa y asustadiza, sin modales ni cultura, vistiendo ropas muy simples y gestos tan vagos que todo el conjunto lograba ocultar lo bonita que era; pelo largo muy claro, aunque sin forma ni brillo, ojos del color del cielo, pero tímidos y huidizos, estatura y cuerpo normal.  Se notaba inquieta y algo incómoda en una casa tan grande que ella consideraba lujosa. Se movía en las sombras y no se atrevía a hacer nada. Todo la asustaba.

Marlene pensó que Luisa era una segunda oportunidad. Sería como su madre y le enseñaría a florecer.

Poco a poco, Luisa fue adaptándose y aprendiendo. Comenzó a estudiar y a soltarse. Aprendió a viajar sola en el bus, a conversar con sus compañeros y a compartir con sus tíos.

Se fascinó con su tía Marlene que la consentía y le dedicaba su tiempo, le preparaba comidas deliciosas y la llevaba de compras. No se quejaba todo el día  ni le gritaba como hacía su madre.

Hans por su parte, le enseñaba a montar a caballo, sobre siembras y cosechas, a manejar el tractor y la camioneta, la ponía al día de las noticias en la tele y le explicaba todo con paciencia. La chica parecía divertirlo.  Cuando podía, la llevaba a clases y traía de vuelta para que no tuviera que tomar el bus, especialmente en días de lluvia.

Luisa los acercaba y volvían a parecerse a una familia normal.

Al cabo de unos meses, Luisa no quería volver al pueblo ni para ver a su madre, vestía de manera diferente y su personalidad tímida desaparecía para dejar paso a una chica ambiciosa y algo resentida. Con pena, Marlene se dio cuenta de la nociva enseñanza que su hermana había dejado en ella; el dinero era lo único importante en la vida y cualquier medio para conseguirlo era válido. Confió en que con educación la haría cambiar de idea.

La primera noción que tuvo Marlene de lo que pasaba bajo su propio techo ocurrió cuando Luisa llevaba ya varios meses con ellos. Fue el día que Hans trajo a la chica de la ciudad, como muchas otras veces, solo que esta vez llegaban tarde, riendo alegremente y ella portaba varias bolsas de compras. Cuando Marlene preguntó, la chica reaccionó muy mal

-. Fuimos de compras y el tío Hans me regalo todo esto –  se defendió Luisa apretando las bolsas en sus manos sin intención de soltarlas y acercándose a Hans en busca de protección… demasiado cerca… reclinada sobre su cuerpo… demasiada confianza en el contacto y en la voz de Luisa… algo de desafío contra ella…

Hans le pasó la mano por el hombro a su sobrina y sonrió para ella mirándola embobado…

-. Solo consiento a mi sobrina favorita

Marlene tuvo que tomar asiento para no caer…

Este no era Hans… en todo el tiempo que lo conocía jamás Hans había gastado dinero en consentir a alguien… mucho menos en ser atento y cariñoso… ni siquiera con su propia hija había sido así… mucho menos con ella.

Marlene tuvo que ser testigo de muchas otras situaciones parecidas para terminar de entender que tres personas bajo un mismo techo eran demasiadas personas… y que lamentablemente… quien sobraba en esos momentos, era ella.

Luisa apareció un día con un teléfono celular de última generación… el mismo que usaba para llamar a Hans y pedirle que fuera a recogerla a la ciudad cuando terminaba sus clases… había cambiado su corte de pelo y su aspecto y ropas no recordaban para nada a la chica que había traído su hermana a la casa.  Ahora si era notorio su cuerpo esbelto y su cara bonita.

Hans también cambió… el alejamiento de Marlene fue mayor. Tenía casi 60 años pero sus genes alemanes le permitían verse menor. Compró ropas nuevas, un perfume por primera vez en su vida… desaparecía largas horas de la casa… Cuando se levantaba en las mañanas, Marlene lo escuchaba cantar en el baño… había recuperado energía y andaba feliz por la vida…

Alguien estaba sobrando…  lo entendió claramente.

-. Esa fue la primera vez que vine a verlos, un par de meses atrás – dijo Marlene ahora sentada sobre la cama, al lado de Skylar.

-. ¿Por qué no me lo dijiste entonces?

Marlene lo miró con cara triste… se encogió de hombros

-. Vergüenza… dolor… he estado con Hans toda mi vida

Skylar tomó su mano entendiéndola… ahora comprendía el porqué de las visitas repetidas de Marlene… Buscaba el único cariño que le quedaba cerca.  Marlene venía a su casa a llenarse del cariño de Roberto y de él para darse fuerzas.

-. Sigue… ¿qué pasó con Luisa?

Marlene continuó el relato…

Fue a buscar a su hermana esperando encontrar apoyo y que se llevara a la chica de vuelta pero su sorpresa fue enorme al darse cuenta del brillo de ambición en los ojos de su hermana

-. De qué te quejasHans no sería capaz de dejarte!

-. No se trata de eso… tu hija se le ha metido por los ojos… es mi matrimonio!!

-. Pero tú tienes de todo… ella solo tiene sus estudios… no puedes echarla ahora

-. No la quiero más en mi casa

Era un diálogo de sordos… ninguna se escuchaba.

Las hermanas volvieron juntas a casa de Marlene pero la relación entre ellas estaba quebrada para siempre.

Estaban en bandos contrarios.

La noticia que Marlene le contaba alegraba a la madre de Luisa. Un hombre como Hans, con mucho dinero, era mil veces mejor que una profesión!!! Se aseguraban el futuro con un hombre como él. Estaba cansada de ser pobre y luchar por sobrevivir cada día.

Más que nunca, Marlene se sintió una extraña en su propia casa.  Había una guerra silenciosa y no tenía aliados.

Luego de unos días su hermana se fue. Luisa se quedo, amparada por Hans quien le aseguró que todo era producto de su imaginación.  Seguían compartiendo la misma cama matrimonial aunque en realidad estaban tan lejos como si vivieran en diferentes continentes.

Marlene empezó a dudar… Quizás, en su interior sabía cuál era la verdad pero no quería aceptarla. Dolía demasiado pensar en la soledad que la esperaba.

Las semanas seguían pasando y se convertían en meses. Marlene estaba más sola que antes.  Apenas se veían con Luisa aunque seguía viviendo bajo su techo, pero la chica la evitaba y a veces pasaban días en que no la veía. Cuando la soledad y el dolor se volvían insoportables, tomaba un bus hacia la isla y se quedaba unos días con su hijo… hasta volver a recomponerse… juntar energía suficiente para el calvario que le tocaba aguantar,

Una noche de invierno comenzó un temporal muy fuerte de viento y lluvia. La casa del campo crujía por todos lados.   Marlene despertó con el ruido para descubrir que se encontraba sola en el dormitorio.   No se sorprendió. Se quedó sentada en la oscuridad pensando…  Sabía dónde iba a encontrar a Hans… lo que no sabía era si deseaba enfrentarlos y poner fin a todo… llevaba tantos años con él que no se acordaba de cómo vivir sin Hans.

No pudo aguantarse y con un gesto de amargura se puso de pie y comenzó a caminar por el pasillo oscuro de su casa.

Abrió despacio la puerta del dormitorio de Luisa. El ruido del temporal amortiguaba el sonido de la puerta…  se quedó de pie en la puerta mirándolos juntos. Esperaba encontrar una escena peor… pero estaban hablando… ella estaba de pie dándole la espalda a la puerta y Hans, sentado sobre la cama.

-. Por favor no lo hagas- pedía Hans

-. Aunque quisiera… ya es muy tarde

-. Será especial. Será nuestro

– Pero yo no quiero!!! grito Luisa alterándose

-. Estaré contigo… lo prometo

-. ¿Cómo??!!! ¿Cómo lo vas a hacer?… la tía Marlene no te dejará nunca y tú no te atreves a dejarla!!!

Luisa se giró enojada hacia Hans…  exigiendo respuestas… Entonces un relámpago iluminó el cuarto… la silueta de Luisa ya no era delgada…  mostraba claros signos de un embarazo avanzado a través de su delgada ropa de dormir. Marlene gritó aunque sus manos fueron a cubrir su boca…

-. Marlene!!

Entró al cuarto y los tres se quedaron mirando… Marlene era la única que derramaba lágrimas

-. ¿Cómo pudiste, Hans???

Primero fue un susurro pero de a poco fue subiendo el tono de su voz

– ¿Cómo pudiste??!!! Es casi una niña!!!… Un hombre viejo como tú!!!

-. No. No soy una niña– se defendió Luisa desafiante

-. A ver si ella me da un hijo normal!!!

Le respondió Hans poniéndose de pie y pasando su brazo protector sobre Luisa.

Marlene estaba demás…

-. Y aquí estoy… no supe qué hacer ni donde más ir

Rara vez Skylar se compadecía de las personas. Creía que la mayoría se buscaba lo que le llegaba pero en este caso, compadeció a su suegra con todo su ser… Marlene era una buena persona casada por demasiados años con un hombre demasiado frío.  La mantuvo abrazada sin decirle nada aún…  por sobre la delgada camisa de dormir, sentía temblar de sollozos el cuerpo de Marlene…

-. Mamá??

En la puerta estaba Roberto. Le extrañó que Skylar demorara tanto y luego escuchó el llanto… Había alcanzado a escuchar parte de la conversación.

A un gesto de Skylar se sentó junto a ellos.

-. Ya te voy a contar– le dijo Skylar… primero tenía que calmar a Marlene – un vaso de agua para tu mamá, por favor-

Roberto llevaba más de 15 minutos paseando ida y vuelta por el comedor.  Había abrazado a Marlene hasta el cansancio… había llorado con ella y se había sentido ciego de rabia… no era justo… Amaba a su madre… no soportaba verla tan herida. No podía imaginar a su padre con una chica de 20 años… y menos con su prima… recordaba una mocosa delgaducha, rubia, deslavada que se escondía de él detrás de las sillas… ¿Qué le pasaba a su padre???!! ¿Cómo le hacía esto a su mamá??!!!

Le salía del alma querer cuidarla y defenderla… quería  ofrecerle su casa y su protección… que se quedara con ellos pero tenía que preguntarle a Skylar primero… no se atrevía a decirlo aunque le quemaba la lengua…

-. Te quedarás con nosotros

Dijo Skylar como si le hubiera leído el pensamiento

-. Si… me quedaré por unos días

Ante las protestas de ellos, Marlene continuó

– Es mi casa, hijo, mis cosas… mi vida entera está entre esas paredes… cada mueble tiene un recuerdo para mí. Yo no he hecho nada mal… esa casa es mi hogar

-. De acuerdo mamá. Nos tranquilizaremos unos días y luego te acompañaré al campo

-. Iremos contigo – corrigió Skylar dispuesto a enfrentarse al hombre con todo… Era el padre de Roberto pero le estaba haciendo daño a quienes él quería y todo tenía un límite.

Hans sabía donde había ido su mujer y por ello no se preocupó… siempre iba de visita donde Roberto, parecía que lo hacía a propósito para molestarlo. Sabía que él no deseaba ningún tipo de relación con ese engendro fallido, pero ella insistía en verlo…

Marlene se había ido de la casa hacía ya 4 días. Luisa deseaba cambiarse a la habitación principal pero Hans no se lo había permitido aún. Estaba loco por Luisa… una muchacha joven y tan bonita, que se había encantado con él cuando estaba casi comenzando la última etapa de su vida… se sentía rejuvenecido y feliz… sabía que no estaba bien lo que hacía pero no podía evitarlo… Luisa era tan fresca y apetecible… tan ingenua y dulce… lo enloquecía.

Ninguno de los dos había pensado que esto iría en serio… solo estaban jugando y pasándolo bien… Hans la consentía y ella le correspondía con besos y cariño… cada vez más audaces las caricias, cada vez más caros los regalos…

Pero entonces Luisa quedó embarazada y Hans comenzó a contemplar la posibilidad de cambiar totalmente su vida.  Se sentía estafado… no habría nietos que continuaran su apellido…  siempre había sido un hombre correcto y trabajador pero la vida se había reído de él… Marlene y sus hijos lo habían decepcionado completamente.  Marlene tenía a sus hijos… que se quedara con ellos y que hiciera lo que quisiera. No le importaba darle la mitad de su dinero con tal de deshacerse de ella.

Luisa sería la reina de su casa y de su vida ahora y ese niño le devolvería la confianza resquebrajada por su hijo mayor… tenía una nueva oportunidad y deseaba aprovecharla… El doctor había dicho que todo estaba bien. Era un varón y ya tenía casi siete meses. Sería feliz con Luisa ahora que ella había dejado de estudiar… Ella le repetía hasta el cansancio que lo amaba a pesar de la enorme diferencia de edad… lo admiraba y se sentía protegida al lado de él. Quería vivir con un hombre mayor porque no le gustaban los jóvenes alocados…

Hans le sonreía y creía cada una de las estupideces que Luisa le decía… tan ciego e incapaz de ver la realidad.

Capítulo especial 1

0

5 AÑOS DESPUES.

Skylar llegó temprano esa tarde a su casa… estaba algo cansado… cuando trabajaba se concentraba tanto que olvidaba el tiempo y todo lo que lo rodeaba… no recordaba comer y las horas se convertían en minutos. Ponía pasión en su trabajo como en la mayoría de las cosas de su vida. Le gustaba tanto lo que hacía. A veces trabajaban juntos con Roberto en un mismo proyecto y aunque discutían por detalles técnicos, jamás llegaban al punto de enojarse en serio… la mayor parte de las veces uno terminaba cediendo ante los razonamientos lógicos del otro que imponía su punto de vista. Trabajar juntos para muchas parejas era agotador; para ellos resultaba estimulante. Ninguno de los dos necesitaba demostrarle nada al otro ni competir por notoriedad… sabían bien quienes eran y cuanto valían ellos y el otro… el amor sereno y real que sentían les había dado muchos pincelados de sabiduría que aplicaban a su vida diaria. Al terminar de discutir el proyecto, aún eran capaces de darse besos y mirarse como si en cualquier momento fueran a devorarse.

Roberto y él estaban trabajando en proyectos diferentes en este momento así es que hoy, Skylar no lo había visto más que en la mañana cuando despertaron y desayunaron juntos…

Llegar a su casa siempre tenía un efecto relajador instantáneo… Amaba con todo su ser el hogar que habían construido juntos con Roberto… recordaba las discusiones por cada detalle de la casa pero por Dios que había valido la pena!!… era su refugio y su lugar especial, hecho al gusto de ellos, y ubicado en medio del hermoso paisaje de la isla. Nunca terminaban de sentirse satisfechos y siempre estaban agregando detalles o cambiando decoración… su casa era el orgullo de ambos.

Su dormitorio, sin duda alguna, era el lugar más bonito de la casa. Grande, cómodo, construido en maderas nativas y grandes ventanales que aportaban mucha calidez. Muebles rústicos de colección, y un gigantesco edredón blanco sobre la cama. Este dormitorio se había convertido en una especie de santuario del amor que se profesaban. Atesoraba recuerdos en cada esquina de sus viajes y momentos importantes en forma de objetos de recuerdo, fotos o algún artículo de decoración especial… pero más que nada, en este dormitorio quedaban guardados todos y cada uno de los suspiros y gemidos de amor con que lo inundaban muchas noches de la semana.  La gruesa alfombra frente al ventanal mayor, con la chimenea detrás,  era su lugar favorito para desnudarse con calma y amarse entre risas y besos…  La Sra. Mirna lo sabía y siempre procuraba mantener la alfombra lo más limpia posible.

Sería absurdo decir que jamás habían peleado o se habían enojado en todo este tiempo, al contrario, se enfrascaban en buenas discusiones que los calentaban mientras cada uno defendía su punto de vista… pero habían aprendido a hacerlo sin ofenderse y sin perder de vista el objetivo específico de la discusión.

Al entrar al dormitorio se les olvidaba todo y solo recordaban cuanto les gustaba  amarse y lo felices que eran… siempre buscaban tocarse y desearse… hacer el amor de mil maneras, reírse juntos y sentirse bendecidos por ser felices.  Skylar lo apresaba entre sus piernas desnudas ofreciéndole su hermoso cuerpo y sus sentimientos… un hombre entregándose por entero a otro… Roberto jamás podía negarse porque exactamente ahí se encontraba en el mejor lugar del mundo… en Skylar, en su dormitorio, en su casa, en la isla. Su paraíso en la tierra.

El tiempo los había cambiado para bien. Skylar sabía exactamente qué y cómo lo quería Roberto dependiendo del humor del momento… a veces hacían el amor lentamente y se tomaban horas en acariciarse hasta saciarse el uno del otro… otras veces era algo rápido pero igualmente satisfactorio. Skylar ya no podía decir que tenía algo que enseñarle a Roberto… él se había vuelto tanto o más experto en materia de complacerlo.

Se dio una ducha rápida, se puso sus jeans gastado de siempre, una camisa celeste que no alcanzó a abotonar, descalza y con su pelo rubio largo aún chorreando agua se fue a sentar en la terraza. Los días de fin de otoño estaban inusualmente cálidos en esta zona. Aún había un agradable calor antes que el día terminara de morir.

La Sra. Mirna se molestaba con ellos cuando no llegaban a almorzar, como había sucedido ese día, así es que, regañándolo un poco, con más cariño y preocupación que verdadero enfado, le sirvió una merienda ligera en la terraza y lo obligó a comer mientras se sentaba cerca suyo a vigilarlo y acompañarlo

-. No me voy a mover hasta que te comas todo Skylar

Skylar sonreía y comía mirándola divertido con sus preciosos ojos azules un poco burlones… le hablaba de lo que había hecho en el día sin dejar de comer… tenía hambre y adoraba las comidas que ella preparaba… Le causaba gracia y ternura la forma en que la mujer los protegía y cuidaba…

La Sra. Mirna era casi parte de su familia… delante de ella no tenían miedo de tocarse ni de expresarse su cariño… al contrario… era una especie de madre sustituta a la cual recurrían en busca de compañía y conversación…  Ella los entendía y mimaba… Mirna se había ganado a pulso un espacio en el corazón de ellos. Muchas veces los había sorprendido en situaciones algo “comprometedoras” pero, sin ningún ruido extraño, solo una leve sonrisa cómplice en su rostro, ella daba la media vuelta y desaparecía dejándolos seguir en lo que estaban.

Skylar terminó de comer, le agradeció y ella se llevó la bandeja… Cuando llegara Roberto, mas tarde, volvería a servirles la cena y se preocuparía de que ambos se alimentaran correctamente… ya bastante energía gastaban trabajando tanto en la empresa que tenían y en el sexo que tenían casi todas las noches… o las tardes… o a veces hasta después de almuerzo… Sonrió sola mientras llegaba hasta la cocina… Oh la juventud y el amor!!! benditos eran este par de chicos donde había ido a parar… se amaban tanto y eran tan buenos con ella.

Skylar levantó los pies desnudos dejándolos sobre la baranda de la terraza… sus ojos se perdían en el paisaje de canales e islas frente a él… en el intenso cielo azul con unas cuantas nubes algodonosas que se pintaban de rosado a esta hora del atardecer… miró la hora en el celular… Roberto no tardaría en llegar… suspiró un poco agitado… anticipando… sabía que era muy tonto sentirse así, pero bastaban unas cuantas horas separados para tener la sensación de echarlo de menos y necesitarlo… extrañaba su voz… sentir su presencia, verlo moverse cerca suyo, mirarse en forma cómplice sin necesidad de explicarse… siempre lo necesitaba para sentirse completo.  La locura de los primeros años juntos había cedido un poco, dejando paso a un amor maduro pero no por ello menos necesitado y apasionado.  Roberto y él se fundían de tal manera que solo juntos podían sentirse enteros.

Las amistades que habían hecho en la isla los entendían y aceptaban. Les gustaba visitarlos pues siempre eran bienvenidos en su casa e invariablemente encontraban un ambiente grato y acogedor. De a poco se habían ido acostumbrado a las breves caricias que Roberto y Skylar no podían evitar por fuerza de costumbre… un breve apretón de manos, un abrazo ligero… un beso muy pequeño…  después de todo, comparado con todas las extrañas y crudas historias de los personajes mitológicos que habitaban en la isla, lo de Skylar y Roberto carecía de importancia y hasta resultaba agradable.

Luego de 5 años, Skylar y Roberto sabían claramente quienes eran su buen grupo de amigos y al resto simplemente lo evitaban… eran demasiado insignificantes y no se metían con ellos. Nunca habían tenido un problema por ser quienes eran.  La vida estaba bien.

Habían pasado semanas separados, cuando alguno de los dos tenía que viajar lejos por alguna razón… Especialmente Roberto que participaba en algunas actividades políticas en la Isla y si… podía seguir su vida y funcionar como si todo estuviera perfecto… no perdía los horarios ni se quedaba echado en la cama afligidos, esperando su regreso… trabajaba con normalidad… solo que un poco más vacío… un poco menos feliz y bastante ansioso en espera de su regreso.

Ambos habían aprendido a disimular delante del resto de la gente la falta que sentían del otro… no se nombraban a cada rato ni se enviaban mensajitos de amor cada media hora… pero cada noche, cuando ya estaban solos, se llamaban por teléfono y podían hablar por horas y a veces aún más largo que eso… necesitaban escucharse, respirar al unísono aunque fuera a través de la línea del teléfono… decirse las dulzuras de enamorados que tranquilizaban sus corazones y les quitaban la ansiedad que los había carcomido lentamente durante el día… seguían necesitando tocarse, olerse, sentirse… pero al menos se escuchaban. A veces la conversación subía de tono y uno de los dos o ambos comenzaban a dar instrucciones que el otro seguía… un poco avergonzados pero demasiado excitados para detenerse… buscando la autosatisfacción… era insano hacerlo a través de un teléfono… pero cuando Roberto le ordenaba que se tocara desde el otro lado de la línea, Skylar obedecía ciego y divertido… echándolo de menos y deseando que fuera él, en carne y hueso, que estuviera a su lado, invadiéndolo con sus dedos y su cuerpo.

Miró a la distancia como un bote pesquero se alejaba culebreando en el canal… le siguió el trayecto hasta que sus ojos se cerraron lentamente…

Unos 40 minutos después Roberto estacionó su vehículo en el patio de la casa. Los perros, una pareja de preciosos samoyedos que Skylar le había regalado hacía un poco más de un año atrás, se acercaron corriendo a saludarlo. Se tomó un momento para acariciarlos y luego entró a la casa buscándolo… también lo había echado de menos y tenía ganas de verlo.

-. Está en la terraza… se quedó dormido

La Sra. Mirna apareció a saludarlo… leyó en sus ojos las ganas de Roberto por ver a Skylar. Siempre era así.  Recibió las cosas que Roberto traía en sus manos y lo dejó libre y desocupado para ir a  buscarlo.

-Gracias Mirna

-. ¿Te llevo un jugo?

-. No… me lo voy a comer a él

Respondió él divertido con los ojos brillantes.

Roberto siempre era cariñoso con ella. Tenía verdadero aprecio por esta mujer que los había seguido hasta el sur y había transformado su vida para tener como único objetivo atenderlos y malcriarlos.  Le estampo un beso rápido en la mejilla y partió raudo en dirección a la terraza.

Lo vio desde la sala a través de los grandes ventanales… sonrió sin poder evitarlo… sus pasos se detuvieron y se tomó unos segundos para contemplarlo…  la vida era generosa con su Skylar… ya no tenía el aire descuidado de eterno adolescente sino que era un hombre estupendo, con un cuerpo marcado y firme…  parecía un modelo masculino de alguna revista de moda Europea…  sin embargo no era nada de eso… era su pareja, su esposo, su todo… y seguía siendo el más hermoso que hubiera conocido en su vida… además del más rebelde y desastrado… río al mirarlo dormir, Skylar no podía echarse a dormir en un sillón normal como todo el resto… él tenía que dormir medio cuerpo en el sillón y el resto sobre la baranda…

Se acercó  procurando no hacer ruido…  ladeó levemente la cabeza para mirarlo mejor… el pelo rubio y largo desordenado sobre el cojín del sofá… sus facciones… su cara en descanso… hermoso… la camisa abierta le permitía apreciar su torso, lo tocaba todas las noches… se dormían abrazados, con las manos de Roberto envolviendo eltorsodeSkylar pero aún así… aunque lo viera un mil de millón de veces seguiría emocionándose… perfecto… tan deseable. Se arrodillo a su lado… acarició el pelo húmedo y buscó sus labios para sentirlos, dejar un beso, robarle el aliento… sentirle el sabor.

Era increíble la forma en que Roberto se acercaba y lo tocaba… con delicadeza y cuidado, como si tuviera un objeto valioso entre sus manos… eran dos hombres… adultos, inteligente, profesionales, capaces y sumamente hábiles, ambos podían ser rudos si lo necesitaban… pero entre ellos… en la intimidad de su relación especial… se cuidaban y atesoraban con gentileza.

Skylar abrió despacio los ojos… sabía que Roberto estaba besándolo… lo sentía en su boca… queriendo abrirse paso… sabía que lo que sentía moviéndose suavemente en su pecho, era su mano.

-. Me estas acosando…- dijo sonriéndole con ternura y los ojos azules aun llenos de sueño

–  No, todavía no…

Sonrió de vuelta profundizando el beso… Skylar abrió su boca para recibirlo y levantó sus brazos para atraerlo… en su mano apresó el pelo de Roberto jugando con él entre sus dedos… como le gustaba tocarlo… sintió en la piel de su pecho el calor del cuerpo de Roberto.. Diablos!! Este hombre lo excitaba siempre… no necesitaba mucho más que tenerlo cerca para desearlo… su Roberto… las manos vagaban libres por su torso tocándolo con ternura, sin una gota de sexualidad declarada por el momento… solamente dulzura y cariño

-. Entonces acósame– pidió riendo y acomodándose mejor para seguir besándose

El sonido de un vehículo deteniéndose frente a su casa los distrajo del “acosamiento”. No tenían vecinos ni calles cerca de su casa así es que los ruidos eran fácilmente identificables.   Alguien cerraba la puerta de un vehículo y se dirigía a la entrada. Tenían visitas. Algo bastante común en la isla donde la vida social aún era de contacto y de piel.

Skylar se abrochó la camisa, acomodó su pelo y con un último beso en la boca esperaron a ver quien llegaba.

-. Mamá??!!

Marlene Schuster tenía por costumbre visitarlos un par de veces al año, siempre sola. Aunque en los últimos meses sus visitas se habían vuelto más seguidas. Marlene había estado con ellos solo hacía unas cuantas semanas atrás. Normalmente anunciaba su visita con tiempo suficiente para preparar todo. Nunca había llegado de improviso como ahora y eso hizo que ambos se preocuparan de inmediato.

-. Estas bien?

-. Claro – contesto en voz baja abriendo sus brazos para recibirlos.

Se acercaron a saludarla, gratamente sorprendidos pero a la vez intrigados. Skylar no tuvo que preguntarse mucho el motivo de la visita… Notó de inmediato los detalles que se le escapaban a Roberto… Marlene tenía los hombros un poco mas curvados y estaba más delgada… sus ojos un poco más tristes que en su visita anterior y la emoción había subido a ellos cuando abrazó a su hijo, como si fuera a quebrarse en cualquier segundo. La mujer contuvo las lágrimas para no llorar frente a Roberto, pero se dio cuenta que Skylar lo había notado y lo miró suplicante.

El no dijo nada, pero entendió que su suegra tenía problemas serios que intentaba disimular.

Cenaron en la terraza. Marlene les contó las últimas novedades de Erica. Se había casado y vivía en Alemania desde hacía unos años año. Estaba enamorada y la vida le sonreía. No deseaba hijos por ahora. Se ocuparía de ese tema más adelante.

-. ¿Y papá?

Siempre era un tema difícil aunque a Roberto parecía dolerle cada vez menos. Invariablemente, Skylar buscaba tocarlo y hacerle saber que estaba a su lado de alguna manera leve cuando se hablaba este tema.

Marlene respondió que estaba bien y pasó al siguiente tema sin desear extenderse hablando del campo o de lo que estaba sembrando o cosechando su padre ahora, ni de los perros ni nada que se relacionara con su vida en el campo que habitualmente les contaba con lujo de detalles

Nada de esto pasaba desapercibido para Skylar…  tampoco la falta de su strudel con el que siempre llegaba. Había salido de prisa esta vez…

Cuando la sobremesa terminó ya era muy tarde y se retiraron a sus respectivos cuartos.

Skylar cepillaba sus dientes frente al espejo… no podía quitarse de encima las lágrimas en los ojos de Marlene.

Un par de minutos después,  inventaba una excusa cualquiera para dejar solo a Roberto en el dormitorio

-. Vuelvo enseguida

Se acercó a la cama a darle un beso rápido y  desapareció sigiloso rumbo al cuarto de Marlene.

Golpeó la puerta suavemente para que Roberto no escuchara. Unos segundos después Marlene abrió. Parecía como si lo estuviera esperando. Se miraron y se entendieron sin hablarse… Skylar comprensivo y expectante… era imposible no ver los rastros de lágrimas en los ojos hinchados de la mujer… tenía algún problema que la estaba ahogando y por eso había llegado hasta su casa.

-. ¿Puedo pasar?

Marlene abrió la puerta, invitándolo.  Skylar cerró  tras él. Al parecer, esta conversación iba a ser privada y extensa.

-. ¿Cómo estás?

La mirada frontal de los ojos azules de Skylar desarmó a la mujer… no pudo mantener más su fachada de tranquilidad y las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.

-. Casi 30 años casada Skylar… y me sale con esto ahora…

Miró con desamparo al chico rubio que tanto le había costado aceptar y que ahora consideraba casi como otro hijo… tembló antes de comenzar a derramar lágrimas…

Skylar, con mucha paciencia y delicadeza, la fue calmando.

-. ¿Es por eso que estas aquí?

-. No tenía donde más ir… no puedo quedarme en mi casa… con ellos ahí

¿Ellos?… quería preguntar de inmediato a quienes se refería pero iba a escuchar al ritmo que Marlene deseara.   Skylar tenía ternura para una sola persona en su vida… Roberto era el único que lo había visto ser dulce, tierno, juguetón, niño chico… pero en ese momento, al ver tan quebrada a la mamá del hombre que amaba, todo lo dulce y suave que había en él, brotó de golpe para abrazarla y mecerla con cariño

-. Cuéntame…

Marlene respiró profundo. No aguantaba más. Necesitaba ayuda desesperadamente. No podía sola con lo que le pasaba. Había tratado de ocultárselo a sus hijos pero ya era tiempo de que todos supieran… todo iba a cambiar.

Acarició la mejilla de Skylar con mucha tristeza.  Era curioso que resultara ser él justamente la persona en quien se apoyaría en primer lugar… tanto que le había hecho la guerra para terminar queriéndolo como si fuera de su propia familia…. aunque quizás no era raro ni una coincidencia fortuita. Quizas inconscientemente lo había elegido para que la escuchara.   Skylar solo parecía frágil debido a su hermosura, pero tenía una gran fortaleza interior y sabía escuchar.

-. Es una historia larga…

Skylar se acomodó en la cama

-. Tengo todo el tiempo del mundo para ti

Marlene suspiró profundo y comenzó a contar…

Epílogo

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Roberto tenía solo 10 días de vacaciones… esa era una de las desgracias de trabajar, pero habíamos decidido aprovecharlos de la mejor forma posible. Él siempre me hablaba del sur, del campo de sus padres y de lo mucho que le gustaba la naturaleza y todo lo bello del sur… sus ojos se volvían brillantes y algo tristes…

Salimos de Santiago con dirección al Sur temprano en la mañana. Llegamos a la ciudad de destino, cerca del campo de sus padres, luego de viajar por carretera un poco más de 7 horas. La ciudad era pequeña. A orillas de un maravilloso lago y con un imponente volcán de fondo. Nos alojamos en un hotel grande y elegante. Obviamente nos miraron en forma extraña pero…  Dios!! A estas alturas de nuestra vida y con una sólida relación como la nuestra, me importaban tan poco las miradas que recibía… la única mirada capaz de transformarme el humor, el genio y la vida, era la suya… el resto, nada.

Cenamos en un delicioso restaurant a orillas del lago. Cuando anocheció paseamos tomados de la mano por la costanera… aún en pleno verano las noches eran frescas, el cielo maravillosamente estrellado, el paisaje completamente hermoso y el maravilloso hombre a mi lado… lo mejor que podía haberme pasado en la vida.  Su mano firmemente envolvía la mía y caminábamos con la tranquilidad absoluta de saber que nos amábamos y éramos felices.

Volvimos al hotel, relajados y sonrientes. Cerramos la puerta de la habitación y aún riéndonos comenzamos a quitarnos la ropa, provocándonos y deseándonos, restregando mi cuerpo contra el suyo… me encantaba volverlo loco y sentirlo endurecerse por culpa mía…

-. Ven aquí – me atrapó entre sus brazos, de pie en la sala, casi desnudos – hace mucho rato que quiero hacer esto – posó ambas manos en mi trasero y me empujo contra él… nuestras bocas se buscaron expectantes… podíamos besarnos mil veces cada día pero siempre esperábamos ansiosos el momento de volver a besarnos y sentirnos… era tan maravilloso hacer el amor con él… conocernos tan bien, saber exactamente que le gusta al otro, complacerlo a fondo, entregarnos en completo abandono con la confianza y seguridad que solo brindan la cercanía y el verdadero amor. Sin soltarnos y riendo llegamos a la cama.

– En la cama, Skylar  me ordenó. Se dio vueltas y tomó por asalto el mini bar.  Lo obedecí anticipando algo nuevo y excitante. Abrió una botella pequeñita y la dejó caer, gota a gota sobre mi piel para luego recoger el licor con su lengua… chupando, mordiendo…  lento, eterno, excitante… dolorosamente excitante… quería más y rápido, pero él lo estaba haciendo a propósito, volviéndome loco en el proceso. No me quejé ni lo apuré aunque él sabía lo que me estaba causando…  mi cuerpo respondía sin que yo pudiera evitarlo y mi respiración le indicaba claramente el efecto de su deliciosa tortura. Cuando ya no aguanté mas..

– ¿Lo estas disfrutando, verdad?-

 mhm… Mucho… date vuelta- Chupó sus dedos y directamente buscó mi entrada

– ¿Así de bruto?- le pregunté sintiendo alivio y unas ganas enorme de tenerlo ya dentro mío, solo bastaba una chispa para que iniciáramos el incendio

– Si… así de bruto– me contestó totalmente poseído por el deseo, por fin sus dedos entraron en mí, de a poco, sentí el peso de su cuerpo sobre el mío y sus dedos fueron reemplazados por su miembro… mi espalda llena de besos y pequeños mordiscos… suspire profundamente… sabíamos nuestro ritmo, teníamos ya nuestra propia música… a ratos lento… a ratos rápida, cambiábamos posiciones… yo sé lo que le gusta y cómo le gusta… y él sabe cómo hacerme tocar el cielo en solo un par de minutos o alargar el placer por muchísimo rato.

Al día siguiente nos levantamos temprano, sabíamos lo que queríamos hacer… visitar el campo de los padres de Roberto… estábamos corriendo un riesgo enorme… me daba mucha pena por él porque podía salir muy herido si su padre volvía a rechazarlo, pero a pesar de todo él quería intentarlo. Le ofrecí esperarlo en el hotel pero me miró molesto

– Ni se te ocurra amor, somos uno… todo o nada-  me colgué de su cuello con algo de temor. Sus padres y la vida en el sur eran algo que le importaba mucho… podía sentir lo nervioso que estaba. Lo abracé fuerte, quería evitarle cualquier dolor… Me apretó y entendió lo que estaba trasmitiéndole

– No te preocupes… estoy preparado– me besó pero igual pude sentir sus nervios a flor de piel.

Avanzamos por un camino rural digno de una tarjeta postal… lagos, potreros llenos de cultivos, majestuosos árboles nativos, todos los maravillosos tonos de verde… la maravilla de la naturaleza en todo su esplendor. Se detuvo frente a un portón gigante que indicaba la entrada al campo de su familia. Unos doscientos  metros más adentro se alcanzaba a ver una casa grande, antigua, de estilo alemán detrás de un cuidado jardín. Sus padres dentro.

Estacionó frente a la puerta de entrada. Varios perros salieron ladrando a recibirnos. Roberto se bajó y los animales se lanzaron a juguetear con él con cariño. Los llamó a cada uno por su nombre y los acarició unos instantes. La imagen me llenó de ternura. Estaba viendo un  lado de Roberto que no conocía. Me bajé del auto y escuché el sonido del agua que corría cerca de la casa, de la cual Roberto siempre me hablaba. En verdad todo esto era demasiado hermoso… lo entendí perfectamente.  La puerta de la casa se abrió y una mujer de unos 50 y tantos, muy parecida aErica, se quedó boquiabierta mirándolo. Su mamá. Algo parecido a una sonrisa de alegría comenzó a pintarse en su rostro hasta que se fijó en mí. Entonces se puso seria nuevamente. Roberto caminó hasta ella y yo me quedé fuera del auto, con los perros que intentaban llamar mi atención.

-. Mamá? se quedaron mirando tan cerca… ella dudó tan solo un segundo… luego estiró los brazos y lo abrazó… Roberto se refugió en el abrazo de su madre con desesperación. Volví mi vista hacia el jardín para evitar ponerme a llorar como idiota, sentí que era algo tan íntimo… sólo de ellos.

-. Hijo- la mamá estaba emocionada pero era una mujer dura, no soltó una lágrima, lo volvió a abrazar y entonces sus ojos se encontraron con los míos. Se apartó de Roberto un poco.

 Skylar – me llamó él. Sintiendo el corazón en la boca me acerqué a ambos. Roberto me tomó de la mano, seguro y firme.

– Mamá, este es Skylar – ella me miraba inexpresiva… no estaba molesta pero tampoco le hacía mucha gracia verme en su puerta, de la mano de su hijo.

– Hola Skylar – fue todo lo que dijo. No me estiro la mano ni ningún otro gesto, pero al menos reconoció mi presencia.

– ¿Y el papá?- preguntó Roberto esperanzado. Ella calló y su expresión se endureció.

– No creo que sea buena idea Roberto… él no… tú sabes cómo es– apretó mi mano más fuerte.

– ¿Aún no quiere verme? – ella movió la cabeza confirmándole que no quería verlo.

– ¿Está en la casa?- insistió Roberto

-. Anda trabajando en el campo… va a volver luego  pero… no va a querer verte… mucho menos… – no dijo nada más pero me miró a mí. Roberto se quedó un instante en silencio, solo mirándola, pidiéndole su cariño y aprobación… ella lo miraba de vuelta.

– Mamá… ¿y tú?… ¿tampoco me aceptas?- quise decir algo, quise asegurarle a esa señora que yo amaba a su hijo como nadie más podía hacerlo.. que éramos felices y que por favor lo entendiera, pero no fue necesario

– Estoy aprendiendo… – le contestó muy despacio, mirando hacia el suelo. Roberto me soltó y la estrechó contento. Ella finalmente, soltó una pequeña sonrisa.

– Hijo… te he echado de menos. ¿ya te graduaste? Y estas trabajando… Erica me cuenta todo – sin saber cómo estaban caminando hacia el interior de la casa… me quedé petrificado en la puerta… Se detuvieron al darse cuenta que yo no los seguía.

– Mejor te espero en el auto – dije pensando en dejarlo disfrutar un rato con su mamá, sin causar problemas. En verdad no me importaba quedarme esperándolo. Pero no, terco como siempre, se volvió y pasó su brazo por mi hombro.

– Mamá… no soy más uno solo… somos los dos. Amo a Skylar   quise que la tierra se abriera y me tragara… sentí pavor de que ella lo rechazara por mi culpa… quise empujarlo hacia su mamá y desaparecer… sabía que él volvería a mí pero no quería que perdiera un ratito de cariño con su madre. La señora nos miró a ambos… nerviosa, indecisa… luego comenzó a asentir con la cabeza y finalmente me dedicó una mirada que, sin ser de cariño ni de aceptación, ya no era ni de rabia ni de odio

– Pasa Skylar, por favor… entra a mi casa-

Roberto me llevó por toda la casa… me mostró su antiguo dormitorio… los lugares que más le gustaban de la casa, sus recuerdos y sus fotos de niño… no paraba de hablar tratando de hacerme entender cómo había sido su vida en esta hermosa casa… estaba feliz!!!. Habló mucho con su mamá y le contó de su vida actual.  Ella nos sirvió café con leche y … por supuesto.. strudel de manzanas!!!… el mejor que he probado en mi vida. Se lo dije y sonrió… algo le pasó que finalmente me miró de forma diferente y se interesó en mi

– ¿Qué haces skylar? –

– Estudio, cuarto año de arquitectura…- se sorprendió, creo que pensó que yo era algo así como un hippie aventurero que intentaba pervertir a su hijo.

– Es el mejor alumno de su clase… Skylar es casi un genio mamá-

– ¿Es cierto eso? – en verdad me encantaría ser modesto pero no lo soy

– Si… algo de eso hay – le sonreí… me atreví a dedicarle una de mis mejores sonrisas… de las que solo guardaba para derretir barreras y conquistar corazones… Dios! Me sonrió de vuelta… no solo sonrió sino que algo muy parecido a una risa brotó de su garganta, creo que era de puros nervios

– ¿Y te… enamoraste de mi hijo? – me preguntó directamente. Sólo se escuchaba el murmullo del arroyo cercano a la casa

– Si… lo amo … es lo más importante de mi vida.- no sé de donde saque el valor para continuar pero sentí que tenía que decírselo – no le voy a pedir disculpas por enamorarme de él… somos felices como pocas personas llegan a serlo en este mundo… de seguro no soy lo que usted quería para Roberto, pero él es feliz conmigo… no me importa si nunca llega a aceptarme a mí, pero él la necesita a usted… es su mamá… él necesita su cariño- Roberto me abrazó por detrás de golpe… no sé si para callarme o para darme su apoyo… o que mierda, pero yo necesitaba soltarle a su mamá lo que tenía apretado dentro del corazón

– Quiero mucho a mi hijo pero me cuesta mucho verlo contigo – ella también necesitaba vaciar los sentimientos de su corazón.

– Lo entiendo… en serio la entiendo… no tiene que verme, pero no lo rechace a él… por favor-

 Skylar  reconocí perfectamente ese tono de voz en Roberto

– Es entre tu mamá y yo, Roberto – contesté sin dejar de mirarla a ella

– No… todo o nada, amor… todo o nada, recuerda – suspire cansado…  tenía razón, yo me estaba apartando de lo que yo mismo le había pedido

– ¿Qué es eso… todo o nada? – preguntó ella intrigada

– Somos nosotros mamá… Skylar y yo somos todo o nada, no queremos nada a medias en nuestra relación- Roberto me mantenía abrazado… pude imaginarme lo que significaba para esta señora vernos así en su propia casa. Nos miró largo rato

– Bien… déjenme aprender y acostumbrarme-

Fue lo último que pudimos conversar tranquilos. En ese momento escuchamos llegar al papá de Roberto. La cara de su mamá cambió radicalmente… expectante y nerviosa a la vez. Él entró a la sala donde estábamos, una copia mayor de Roberto… pero sin la amabilidad ni la caballerosidad de mi amor. Nos quedó viendo como si fuéramos dos seres alienígenas, luego miró a su señora, seguramente enojado por habernos dejado entrar

-. Hola papá – Roberto habló lento e hizo el intento de acercarse…

– No sé cómo tienes el coraje de atreverte a venir aquí!!! – gruño vociferando y mirando a Roberto con tanta rabia– y más encima con ese… ese…- me miraba mientras seguía gritando, rojo de indignación. Bueno, aquí terminaba la paz y la tranquilidad. – ¿por qué los dejaste entrar– le gritó a su esposa.

Me levanté, le sonreí tristemente a la mamá de Roberto en forma de despedida y me encaminé hacia la salida. No tenía ni ánimo ni humor para seguir escuchándolo, no quería que hiriera a Roberto, y estaba agotándoseme la paciencia… era el momento de irnos… Roberto me siguió de inmediato

– Hijo! su mamá lo abrazó una vez más antes de salir mientras su papá le seguía gritando.

Nos subimos al vehículo en silencio. Hicimos el trayecto de vuelta en silencio por al menos unos 10 minutos. De pronto detuvo el auto en una parte donde el paisaje se volvía especialmente bonito. Suspiró mirando por la ventana

-. Nunca me va a perdonar – era una afirmación. No me atreví a contestarle nada. Creo que tenía razón. Tomé su mano. Se volvió hacia mí. Me acarició

– Te amo Skylar – nos besamos. Me mantuvo apretado contra su cuerpo – nada es más importante que eso –

No volvimos a hablar del tema de sus padres hasta muchos días después. Aún nos quedaban varios días de vacaciones y decidimos continuar hacia el sur. Dejamos el continente y nos adentramos en un mundo mágico… el lugar más hermosos que he visto jamás, una tierra llena de aguas… canales y mar, un lugar mágico donde la palabra realidad adquiere otro significado… donde las personas son especiales y se vive de otra manera… donde las cosas más tradicionales y antiguas se mezclan con lo más moderno y tecnológico… donde aún se viven las tradiciones y las relaciones humanas tienen sabor a piel y a contacto… un lugar donde, no sabíamos aún, íbamos a construir nuestra vida. 

Nos enamoramos de la Isla de Chiloé en menos de 24 horas. No sólo por sus paisajes sino por la calidez de su gente y por la forma casi natural en que todas las personas con quienes hablamos nos recibieron… En castro, una de las dos ciudades de la isla, nos detuvimos a almorzar en un precioso restaurant frente al mar… a los pocos minutos estábamos conversando con cuatro o cinco personas que eran tan difíciles de encontrar en la gran ciudad, como agua pura en el desierto… un par de ellos eran locales, ancianos lleno de vitalidad que nos contaban su historia y nos recibían como amigos apenas conociéndonos, nos preguntaron nuestra historia y nos contaron la de ellos; eran amigos de toda la vida y jamás habían salido de la Isla, nos indicaron que lugares visitar y las partes interesantes de la zona …  en una mesa un poco más allá intervino en la conversación una señora con su hija adolescente, ambas encantadoras, se habían venido a vivir a la isla escapando de Santiago… si queríamos cultura debíamos recorrer el museo y otros lugares que nos señalaron claramente… terminamos de almorzar y no se bien cómo explicar el sentimiento pero parecíamos “pertenecer” al lugar. Fuimos a recorrer el museo, conocimos a su directora… una mujer increíble, muy joven y de mucho espíritu luchador, con grandes proyectos por desarrollar… se interesó en nosotros en cuanto supo que éramos arquitectos… hacían falta profesionales en la isla. Nos quedamos pensando… ninguno dijo nada, pero creo que ambos sentíamos lo mismo. 

Vagamos por varios días entre los pueblos pequeños, todos costeros y amigables, con paisajes de ensueño… nos sorprendimos mucho al encontrar construcciones tan antiguas y hermosas que se codeaban con otras tan modernas y de tanto estilo que nuestras mentes de arquitectos alucinaban con lo que veían. Conversamos con sus dueños, con los pescadores, con todos quienes nos devolvieron una sonrisa… y fueron muchos. Navegamos entre las islas sin recordar el reloj ni el tiempo… solamente extasiados en el paisaje, en el contacto humano y pensando en todo lo que estábamos conociendo. Nadie nos miró extraño en este lugar donde todos saben que la sirena sale de noche a llamar a los pescadores, donde la mayoría jura haber visto el barco fantasma iluminado de noche y los padres cuidan a sus hijas adolescentes de no ser embarazadas por un pequeño demonio de leyenda…  nosotros solo éramos una pareja más…  ni siquiera un poquito extraños.

Cuando se nos acabó el tiempo de vacaciones y tuvimos que regresar a la ciudad, ambos sentimos pena de alejarnos de allí. Sin pensarlo mucho nos habíamos enamorado de la isla, de su gente y de todo lo que allí podíamos hacer, de la forma que nos hicieron sentir… las posibilidades en esa isla parecían interminables para nosotros, sin embargo ninguno de los dos dijo nada. Yo me callé porque pensé que Roberto moriría tan lejos de la ciudad y de su nuevo trabajo… quizás aún tenía algunas aspiraciones del tipo político y yo ya había influido bastante en su vida como para seguir haciéndolo. Él se calló porque pensó algo parecido respecto a mí, tenía que terminar mis estudios y le pareció que alejarme de una ciudad grande y con muchas posibilidades no era lo apropiado… pero el viaje de vuelta fue pensativo y algo triste.

Las vacaciones terminaron pronto y un nuevo año comenzó. Roberto seguía en su trabajo, a veces entretenido, a veces un poco estresado, pero siempre tenía tiempo para dedicarme… para hacerme sentir querido y deseado. Yo, a pesar de las clases y mis estudios, procuraba entregarle lo mismo o más. A veces parecíamos locos perdidos tratando de sorprendernos y agradarnos mutuamente… con pequeños detalles como flores o cenas especiales o con grandes preparaciones que incluían juegos,cosplay o elaboradas preparaciones… la Sra. Mirna era nuestra cómplice y disfrutaba casi tanto como nosotros del amor que nos entregábamos…

A mediados del mes de Mayo de ese año terminó por fin el juicio que aún estaba pendiente contra el paramédico aquel que se negó a atenderme. Nuevamente fuimos objeto de atención de la prensa, lo que me molestó mucho,  pero para nuestra sorpresa el juicio se decidió a mi favor y recibiría una cantidad importante de dinero como compensación por los daños ocasionados.  Todo aquello fue tremendamente desconcertante y molesto para mí; me molestaba la atención de la prensa, odiaba saber del paramédico aquel quien perdió su trabajo y de quien nunca más supimos, no me gustaba perder tiempo en tribunales…  pero lo peor era no saber qué hacer con el dinero que finalmente recibí. Mi mamá, como sabia mujer, me pidió que lo guardara en una cuenta especial y no lo tocara hasta tener claro en mi mente que quería hacer con él. Quedó depositado en una cuenta a mi nombre. Sólo pensaba en él de vez en cuando y a veces lo sentía como una molestia más que una compensación.  Un par de años más tarde invertimos ese dinero en lo mejor que podíamos haber hecho.

El día era perfecto, soplaba una leve brisa proveniente del Este por lo que no alcanzaba a ser caluroso; el sol brillaba fuertemente en lo alto del cielo y la inexistencia de smog o cualquier otro contaminante hacían que los colores del paisaje resaltaran aún más, dándole un maravilloso telón de fondo al lugar.  Nuestra casa era nuestro orgullo. Nos demoramos cerca de un año en construirla pero la dejamos tal y como la soñamos en todas las noches que nos desvelamos planeándola y cambiándola… peleamos y discutimos por su diseño, pero al final de cada discusión terminamos enredados en besos y caricias… la mayor parte de las veces terminamos en la cama haciendo el amor y riéndonos por habernos enfrascado en una discusión estúpida sobre el tamaño de una habitación o el tipo de recubrimiento de cierta pared…  Nos besábamos con profundo amor y ambos cedíamos a los requerimientos del otro…  de pronto, al sentir su cuerpo o su pasión, dejaba de importarme lo que había estado discutiendo y solo quería hacerlo feliz.  La casa nos quedó perfecta, era nuestro orgullo y mucha gente venía a visitarla o le tomaban fotos. Incluso nos hicieron reportajes especiales en algunas revistas de diseño. Se complementaba perfectamente con toda la naturaleza que nos rodeaba y para el lado que miráramos encontrábamos un perfecto paisaje de aguas y bosques, como solo esta Isla puede tenerlos. La Sra. Mirna pasaba incontables horas, feliz, en el jardín, del cual se había apoderado, para transformarlo en un escándalo de colores y formas que encantaba a todo el mundo y que a ella y a nosotros nos enorgullecía. Habíamos incluido en la decoración de nuestro hogar, un lugar especial en el que íbamos poniendo los recuerdos de cada uno de nuestros viajes a diferentes países del mundo, nos gustaba mucho viajar, a veces por trabajo, otras veces por puro placer. Nuestro dormitorio tenía ventanales enormes y la mayor parte de las noches dejábamos las cortinas sin cerrar para disfrutar del cielo lleno de las estrellas del sur del mundo… nos gustaba hacer el amor con ellas de compañía.

La misma construcción de la casa fue lo que nos sirvió de impulso. Muchas personas llegaron solas a solicitar nuestros servicios impresionados por lo que veían y otros llegaron enviados por los primeros…  la voz se fue corriendo y al cabo de pocos meses estábamos llenos de trabajo. La mayor parte del tiempo trabajábamos juntos en la pequeña empresa que habíamos creado, aunque a veces nos hacía bien poner algo de distancia y trabajar en forma individual. Al caer la tarde llegábamos de vuelta a nuestro hogar, juntos o separados, nos buscábamos de inmediato, necesitábamos tocarnos, mirarnos… sentirnos.  Conversábamos, salíamos a caminar, si no estábamos muy cansados, recibíamos a nuestros amigos de la isla o los visitábamos… algo tan raro en las grandes ciudades pero tan común en esta isla. En la noche… nuestros cuerpos se volvían uno solo. Dormíamos y amanecíamos juntos, muy pegados.  A veces, especialmente cuando Roberto se volvió un dirigente importante en la Isla y pudo satisfacer su enorme capacidad de liderazgo, uno de los dos tenía que viajar lejos por alguna razón… eran noches malditas para ambos… estábamos tan acostumbrados al calor, al olor, a las sensaciones del tener al otro cerca, que nos costaba mucho poder conciliar el sueño o descansar cuando nos faltaba. Odiábamos separarnos aunque fuera por una sola noche y nos pegábamos al teléfono para decirnos cuantos nos extrañábamos.

Cuando llevábamos ya dos años viviendo en la Isla decidimos que era tiempo de hacerlo… no teníamos duda alguna… nunca la tuvimos.

En la terraza de nuestra casa se encontraban casi todas las personas que eran importantes en para nosotros; no eran más de 60 o 70 personas, pero no quisimos invitar a nadie que no tuviera un significado de verdad especial en nuestras vidas…, mis hermanas y algunos de sus maridos e hijos, mi mamá, feliz y rodeada de varios de sus nietos, las tías, las amigas y las mujeres de la casa de mi mamá, quienes en cuanto llegaron, tomaron por asalto la cocina y pelearon un espacio, codo a codo, con la Sra. Mirna, quien se vino de la capital con nosotros para no volver nunca más; fue nuestra fiel amiga y compañera  hasta que los años y la vejez la obligaron a dejarnos para ir a descansar en un mundo diferente al terrenal;  La mamá de Roberto llegó sola… pero con un cargamento de strudel de manzanas para compartir con todos…  se hizo una costumbre que cada vez que venía a vernos me traía Strudel fresco recién preparado por ella misma.  Érica aterrizó en la Isla proveniente del extranjero donde se encontraba terminando un doctorado… Nancy y su novio, un hombre muy agradable, de mucho carácter y aguante, se quedaron varios días con nosotros… me dio gusto verla feliz y enamorada… varios años después fuimos nosotros quienes viajamos a la celebración de su boda … ellos nos siguieron visitando casi todos los veranos de nuestras vidas… Mi amistad con Nancy nunca tuvo fin, solo periodos de interrupciones en los que no nos veíamos tan seguidos, pero siempre fuimos buenos y sinceros amigos.  Algunos amigos y compañeros de Roberto vinieron con sus señoras e hijos… y sólo algunos muy contados amigos míos recibieron también una invitación y participaron de nuestra alegría.  Nuestros nuevos amigos de la Isla se sentían al principio, un poco intimidados ante nuestros invitados de la capital, pero luego de un rato, todos compartían amenamente y el ambiente no podía ser mejor. Al comenzar a descender el sol, esa hora en que el cielo tiene mil colores diferentes, Roberto pidió un minuto de silencio a todos nuestros invitados y le habló con voz firme y segura.

-. Todos ustedes saben porque estamos aquí. Les quiero dar las gracias por acompañarnos en este día especial – Se volvió hacia mi… nunca lo había visto más hermoso que en ese momento, y no era por el elegante terno que vestía ni por el aire de autoridad y señorío que emanaba de él, sino que era por el amor incondicional que me nublaba los ojos, por el inmenso orgullo que sentía de él… era mi todo, era mi vida – Skylar  años atrás te dije que si el matrimonio existiera para nosotros en nuestro país, no dudaría ni un segundo en casarme contigo – me llevé una de mis manos a la boca… estaba tan emocionado que no podía mantener mis ojos secos… no alcanzaba a llorar, pero se me llenaban de lágrimas cada dos segundos – pero como no existe,  quiero … necesito dejar en claro delante de todas las personas que importan en nuestras vidas el estatus de nuestra relación… lo que siento por ti y lo mucho que te amo – se acercó hasta quedar muy juntos. Mi pelo estaba ahora más largo y más rubio que nunca…  el viento me lo movía y lo llevaba sobre mi rostro. Roberto me quitó el pelo del rostro con mucha dulzura y tomó una de mis manos. – Eres el amor de mi vida y delante de todos nuestros invitados y testigos  quiero pedirte que seas el compañero de mi vida… que pases conmigo todo el tiempo que nos queda por vivir y compartamos todo lo bueno y lo malo que nos traiga el futuro. – Dios!!!  nunca me imagine que se podía sentir tanta felicidad y orgullo… me sentía rebosante… lleno, extasiado y maravillado – Skylar, ¿aceptas ser el compañero de mi vida? – sus preciosos ojos oscuros me miraban también emocionado y en su mano tenía una argolla de oro que esperaba poner en mi dedo. Tenía que responderle… yo sabía de antemano que todo esto iba a suceder, lo habíamos conversado en general… íbamos a “comprometernos” delante de nuestros amigos y familia pero nunca me dijo en detalle que iba a ser así… y ahora tenía que responderle y estaba tan emocionado…  tan estúpidamente enamorado, que no podía ni siquiera hablar…  miré su rostro…  mi amor, mi precioso amor…  encontré en sus ojos la fuerza que necesitaba y las palabras fluyeron solas sin que las pensara ni filtrara

– Amor mío… delante de todos nuestros amigos y familia, declaro que te amo más que a nadie en este mundo, que estoy dispuesto a pasar cada minuto del resto de mi vida contigo y que si… por supuesto que si acepto que seamos compañeros en esta vida, cualquiera sea el destino que nos espere, en lo bueno y en lo malo… todo o nada, mi amor… siempre juntos – saqué el anillo de mi bolsillo y lo puse en su dedo… no me soltó la mano… la retuvo apretada entre la suya y me beso despacio en la boca…  delante de todos..  allí en ese mágico lugar, en la terraza de nuestra hermosa casa, por unos segundos nos olvidamos que ellos existían…  el beso fue solo nuestro, intimo y exquisito…  estábamos sellando un compromiso que nos duró toda la vida

– Te amo Skylar  me dijo mirándome a los ojos

– Te amo Roberto- seguía estando muy emocionado

El aplauso que nos volvió a la realidad, fue general y las felicitaciones iguales a las que correspondían a una boda… Celebramos hasta tarde con una cena deliciosa al estilo de la isla, champaña, música y la grata compañía y alegría de todos nuestros seres queridos.

Se habían ido todos… quedamos solos en la terraza, algo cansados pero felices… la celebraciónhabía resultado todo un éxito… la noche de Chiloé estaba algo fresca pero varias copas de licor en nuestros cuerpos nos mantenían calientes.  Roberto volvió a llenar las copas y me tendió una… me miro sonriente y coqueto

-. Ahora, formalmente, te quedas conmigo para toda la vida- se sentó tras de mí en el mismo asiento… sus manos quitaron mi pelo del cuello y sentí el calor de su boca en mi piel… me recliné contra él, facilitándole llegar hasta donde quisiera

– QUIERO quedarme contigo por el resto de mi vida– mi cabeza reclinada sobre uno de sus hombros… bebí un sorbo despacio mientras él comenzaba a excitarme… su manos abrieron mi camisa… las sentí sobre mi estómago… en todo mi torso… me gire levemente y busqué su boca que ya venía a mi encuentro…

– Te voy a hacer el amor aquí mismo – me dijo sonriendo

 mmmhhh.. ¿en la terraza??… degenerado…- sonreí… me excitaba la idea… a pesar de la oscuridad y la hora aún era posible ver la hermosura del paisaje, la luna en lo alto del cielo tachonado de estrellas y varios caminos de agua que lucían como estelas plateadas

– Es el único lugar de la casa en que no lo hemos hecho aún- me susurró al oído… y comenzó a desabrochar mi pantalones… antes que siguiera me levante y me volví a sentar frente a frente… sin hablarnos… solo nuestros ojos anclados el uno en el otro, sus ojos siempre tuvieron la capacidad de transmitirme miles de emociones… seguridad la mayoría de las veces pero ahora… solo me excitaba mirarlo mientras me desnudaba. Le quité su ropa hasta llegar al calor de su piel… Roberto tenía un sabor tan único y delicioso… sabor a Roberto, sabor a vida y a felicidad… pasé mi lengua recorriéndolo, queriendo saborear todo de él

Nos abrazamos apretados… Nos besamos despacio, con cuidado… como si fuéramos recién casados y estuviéramos experimentando… pero la suavidad nos duró poco. En un movimiento brusco nos pusimos de pie y el resto de nuestras ropas volaron por el aire…  que importaba!! era nuestra casa! Era nuestra celebración y acabábamos de comprometernos a pasar el resto de nuestras vidas juntos!!! … todo esa alegría, además de unas cuantas gotas extras de alcohol se combinaron para prender el incendio… Tomé un par de cojines grandes y los tiré al suelo… con apuro empujé a Roberto sobre ellos… lo quería sentir dentro mío ahora mismo…

Me tiró de los brazos hacia él y caímos juntos riendo, medio cuerpo sobre los cojines y el resto en el precioso suelo de madera nativa.

-. Me vuelves loco Skylar… siempre pienso que se me va a  pasar pero nunca se me pasa…- me confesó sobre mi boca mientras me ubicaba bajo el peso de su exquisito cuerpo

– ¿Qué cosa? – sonreí… sabía perfectamente bien de que estaba hablando… solo me gustaba que me lo repitiera… siempre… separé mis piernas… completamente abiertas para él y levanté mis caderas… lo necesitaba… ya mismo

– La emoción de verte… eres tan hermoso… nunca me canso de mirarte… siempre me sorprende tu belleza…- sus manos buscaban mi entrada, separando mis nalgas…

– ¿Y cuando sea un viejito?? – levanté aún mas mis caderas… al encuentro de su sexo…

– Vas a ser el viejito más hermoso del mundo…- tomó mi cara entre sus manos y me beso despacio… su pene se introducía suavemente dentro mío… nada, nada en el mundo era comparable a la maravillosa sensación de ser los dos como uno solo… de tenerlo dentro mío… me excitaba a morir escucharlo murmurar en mi oído dulces palabras de amor mezcladas con terribles juramentos de pescadores que había aprendido en la Isla…  Me estrujó entre sus brazos… le devolví el abrazo con la misma fuerza…  uno solo… todo o nada

– ¿Me vas a hacer el amor cuando sea un viejo?-

– Te voy a hacer el amor siempre,.. siempre mi rubio precioso –  Extasiado… tan feliz como se puede llegar a ser adopté el ritmo del placer que él me marcaba en mi sexo… jadeando… queriendo más… eché mi cabeza hacia atrás… las estrellas y el paisaje eran mis cómplices … dentro de mí.. Roberto, el amor de mi vida,

Roberto cumplió cada una de las promesas que me hizo… Estuvimos juntos toda la vida…. yo siempre sentí que fui el idiota más afortunado de este mundo a su lado, tuvimos una vida feliz, aunque él siempre me discutió y decía que él era el que había tenido la mayor suerte del mundo al encontrarme…  nunca nos pusimos de acuerdo… pero nada, nunca nos separó… nuestro amor fue lo más sólido y estable de nuestras vidas y fue la fuerza que nos llevó a lograr y cumplir todas las metas que nos propusimos.

Capítulo 38

1

 Amanecimos abrazados. Su cuerpo firme, cálido, tranquilo, aún enredado con el mío, cómodamente, como si estar así fuese lo natural…  su pelo había crecido lo suficiente como para alcanzar a desordenarse… me pregunté si algún día dejaría de sentir esta emoción y cosquilleo con solo verlo y tocarlo. Dejé mis labios reposar sobre su hombro desnudo… absorbí el sabor de su piel… lentamente le dejé muchos besos en su hombro y cuello hasta que despertó y me sonrió con mucha flojera y dulzura.

Nos levantamos temprano, teníamos muchas cosas por hacer.  Me reí al ver a Skylar estudiar las ropas en mi closet como si se tratara de criticar una obra de arte… Finalmente, con un largo suspiro y dándose por vencido, sacó una camisa de color claro y mirándome con cara divertida pasó por mi lado hacia el baño.

Llegamos temprano a la universidad y hablamos directamente con el encargado de su carrera. Nos recibió bien y no había problemas para que Skylar se reintegrara, aunque le advirtió que sería difícil y le convendría hablar con cada uno de sus profesores quienes, seguramente, harían algunas excepciones dado su historial de buen alumno y el accidente por todos conocido.

Las primeras miradas extrañas las sentimos al salir de la oficina principal… la secretaria y algunos otros administrativos nos miraron examinándonos

– ¿Tú eres Skylar, verdad?

Ina de ellas no se aguantó y se acercó a nosotros

-. Siii.?

Respondió él, extrañado, sin saber bien que pasaba

– Te vi en la televisión. Me alegro que te hayas recuperado … ¿Roberto?… fue muy valiente lo que hiciste

Asentí con la cabeza y salimos rápido del lugar siendo intensamente observados por ellos.

– ¿Qué fue eso?- caminábamos juntos pero sin tocarnos

– Vas a tener que acostumbrarte por ahora. Con el paso del tiempo se les va a olvidar

Le contesté arrepintiéndome de no haberle contado antes, pero tontamente pensé que… no sucedería.

Se detuvo y me sujetó del brazo

-. Explícame por favor… ¿Qué fue lo que pasó en esa oficina?

Comencé a explicarle pero sabía que no le iba a gustar

-. Ya estoy acostumbrándome… la gente nos reconoce y se acercan a hablarte… por la televisión… la mayoría solo quieren saludarte… me preguntan por ti

-¿La gente?… ¿cualquier persona?

Su voz denotaba claramente la poca gracia que le hacía que esto sucediera. Skylar es celoso de su privacidad y no le gusta la idea de cualquier persona acercándose a hablarle y reconociéndolo

-. Lo siento Skylar, es parte de lo que Érica quiso explicarte anoche… mucha gente se va a acercar a ti, solo diles… 

– NO!!, no quiero hablar con “la gente”, ¡esto es ridículo!

El tema lo había puesto muy incómodo y nervioso.

– Lo sé pero… ya se les va a olvidar. Por favor, ten un poco de paciencia

Había pasado por mucho, por tanto… no sé que habría dado por que ahora pudiera seguir estudiando tranquilo sin que nada lo molestara. Skylar puede sobresalir fácilmente cuando se lo propone… pero solo si es como a él le gusta, él decide cuando quiere ser notado y cuando quiere pasar inadvertido.

– ¿Paciencia?… yo?? Sólo una vez en mi vida he tenido paciencia Roberto… sólo una!!

A pesar de lo molesto que está no puedo evitar que se dibuje una sonrisa en mi rostro

– ¿Conmigo?

Lo desarmo… sonrío al recordar toda la paciencia que tuvo que empeñar conmigo… él nunca ha sido paciente… pero lo fue conmigo. Se le olvida la molestia, se le olvida que estamos en la universidad y que hay mucha gente alrededor nuestro

– Si, contigo

Solo un leve roce de nuestros cuerpos, de nuestras manos, suficiente como para sentirnos más cerca… para saber que nos tenemos el uno al otro.

La mañana se nos pasó rápido buscando y hablando con la mayoría de los profesores. En cada lugar al que fuimos volvimos a sentir las intensas miradas sobre nosotros pero nos ocupamos del asunto al que íbamos y tratamos de no darle importancia. Cerca de las dos de la tarde ya todo parecía arreglado y Skylar podía reintegrarse a clases a partir del día siguiente.

Volvíamos juntos y de pronto nos encontramos frente a la cafetería de la universidad… estaba lleno, adentro la gente almorzando y afuera, grupos de alumnos dispersos, conversando. Ambos nos habíamos quedado inmóviles… mirando desde la distancia lo que parecía ser una prueba de fuego

-¿Quieres almorzar?

Sonaba una pregunta lógica y normal.. pero no lo era

– ¿Aquí?!

Me preguntó en un hilo de voz… inconscientemente Skylar se acercó y rozo mi mano.

– ¿Por qué no?

Le respondí intentando aparentar una seguridad que estaba muy lejos de sentir pero que necesitaba entregarle. Skylar iba a seguir viniendo a este lugar durante todo el tiempo que faltaba para terminar su carrera… yo?, probablemente no volviera nunca más. Necesitaba que sintiera nuevamente la confianza para que se pudiera mover tranquilo por toda la universidad.

– ¿Estás seguro que quieres hacerlo?- una leve sonrisa nerviosa en sus labios

– Bueno, nadie dijo que iba a ser fácil, verdad?… Todo o nada, recuerdas? – esta vez tomo su mano y la aprieto… en verdad ahora es todo o nada con él.

– Si… me acuerdo muy bien

Comenzamos a caminar, suelta mi mano y no hago el intento de volver a tomarla… ya será en público cuando él se sienta seguro de querer hacerlo. Lentamente nos acercamos a los grupos de alumnos. Las miradas comienzan a caer sobre nosotros. Puedo sentir como Skylar se va poniendo tenso en la forma en que cambia su caminar, sus músculos se endurecen y mueve los dedos de las manos, pero no se detiene. Solo yo, que lo conozco bien, puedo darme cuenta que está nervioso.

-. Hola Skylar!! Roberto!!

Algunos de ellos nos saludan amistosamente. Los miro y sonrío educadamente pero no me detengo.

Cruzamos las puertas de la cafetería. Está lleno de gente, como siempre a esta hora. Hay un ruido fuerte, mezcla de conversaciones, cubiertos, tintinear de vasos y música de fondo, pero a medida que avanzamos hacia las bandejas, los ruidos parecen ir disminuyendo, se va haciendo un silencio que se siente aún más fuerte que el ruido anterior.  En la boca del lobo…ahí es donde estamos… nadie nos mandó a meternos, pero aquí estamos.. Skylar está nervioso y se ha puesto su capa de arrogancia, no demuestra cómo se siente, simplemente camina sin mirar ni ver a ninguno de los rostros que nos observan… mi corazón y mis manos mueren por abrazarlo y protegerlo pero es lo peor que podría hacerle ahora. Skylar llega primero hasta las bandejas y toma una. Lo sigo. El silencio nos va siguiendo también. Cuando estamos a punto de elegir que comer se escucha un pequeño grito, algo ahogado

-Son Skylar y Roberto!!

Es la voz de una chica en alguna parte de la cafetería. Me giro tratando de encontrar el origen, pero entonces son muchas las voces que repiten lo mismo… ya no nos miran disimuladamente sino directamente… y se acercan a saludarnos… amistoso, amables, preocupados. Me doy cuenta de lo mucho que lo altera la situación pero él parece que estuviera tranquilo, sonríe con aparente naturalidad y contesta los saludos y preguntas… pero yo se que está muy nervioso e incómodo.  De pronto hace lo impensable; toma mi mano y la aprieta fuertemente… delante de todos, sin mirarme, sigue sonriendo, pero siento su brazo temblar y la mano apretarme… paso mi pulgar suavemente por su piel… parece tener un efecto importante, se tranquiliza y respira profundamente mientras sigue hablando y contestando lo que le preguntan.

A nadie parece importarle ni llamarle la atención que Skylar me haya tomado la mano… a estas alturas y luego de toda la publicidad, todos saben que somos pareja… están más preocupados de saber cómo está y de alegrarse por su recuperación, otros quieren que yo les cuente del paramédico aquel…  Nadie está siendo desagradable pero aún así la situación no es cómoda… entonces la escucho llegar a nuestro lado y me suena a salvación

– Rucio!!!… sólo a ustedes se les puede ocurrir!!!

 Nancy sostiene a Skylar en un abrazo fuerte y estrecho.

– ¿Qué están intentando probar?

Juntos, los tres, nos vamos a sentar en una mesa desocupada en un rincón algo alejado para almorzar tranquilos… Yo tenía razón, luego de un rato ya nadie nos presta mucha atención, solo una que otra mirada pero la calma ha vuelto. Nancy está feliz de saber que Skylar vuelve y yo feliz de saber que él contará con su apoyo

Cuando estamos terminando de almorzar, la cafetería de a poco ha ido quedando con menos gente. No sé si la presentí o la vi primero… pero por fuera de los cristales de la cafetería pasa caminando tranquila la figura de Ángela, acercándose indiferente en dirección a la cafetería; viste elegante como siempre y se ve atractiva… pero mis pensamientos fueron de molestia y preocupación.

.¿Ya terminaste?, vamos? – le pregunto con algo de prisa, poniéndome de pie.

Skylar me mira directamente… lo sé antes que me lo diga

-. Ya la ví. No voy a correr y tú tampoco

Automáticamente, como si hubiera recibido una orden me vuelvo a sentar. Nancy mantiene un riguroso silencio pero se ha acercado a Skylar en una clara señal de protección.  Ángela, con otra chica que la acompaña, entran y se dirigen a buscar sus alimentos, conversando. No nos han visto. Ninguno de nosotros mira en su dirección… bueno, casi ninguno… Skylar tiene su vista fija en ella. No sé qué es pero puedo presentirlo… hay algo en su mirada que me asusta.

 Skylar?- lo llamo suavemente

 mmmhhh?

Pero no quita sus ojos de ella… la está llamando, buscándola con los ojos. Y le resulta. Como si hubiera sentido la mirada, Ángela se vuelve directamente hacia nosotros. Su primera impresión es de sorpresa y luego de enfado, molestia… desprecio.  Se gira nuevamente y se aleja hacia el rincón más lejano de nosotros en la cafetería.  Skylar sigue mirándola… no puedo leer la expresión en sus ojos… no sé qué está pensando. El silencio entre nosotros es tenso. Creo que lo mejor es alejarnos del lugar. Ella ya no tiene nada que ver con nuestras vidas.

– ¿Vamos?- nuevamente me paro y Nancy lo intenta también pero Skylar no se mueve.

Skylar?… no vale la pena. Vamos amor

Por fin me mira… no me gusta su mirada. Se pone de pie, decidido, y sin decirnos nada, pasa entre nosotros y comienza a caminar hacia Ángela. Hago el intento de seguirlo pero la pequeña mano de Nancy me detiene con fuerzas en mi muñeca, tirando.

– Déjalo

– Pero…

– Lo necesita Roberto… déjalo hacerlo a su modo

Me vuelvo a sentar pensando en que comienzo a entender por qué Skylar la llama la pequeña bruja… es un poco sabia esta chica.

Ángela se ha sentado de espaldas hacia nosotros. Skylar llega a su lado, frente a ella. Se miran con evidente antipatía

.¿Qué quieres? – le gruñe Ángela.

Skylar se toma su tiempo antes de contestar. La mira de arriba abajo desde su altura…  como sólo él sabe hacerlo… demostrando con cada fibra de su cuerpo el disgusto que le produce esa mujer

– Sólo decirte que nunca más te vuelvas a acercar a Roberto… porque la próxima vez…-le habla con tranquilidad y firmeza

-¿La próxima vez qué?!! – lo interrumpe casi gritando y con una amarga sonrisa – ¿Qué me vas a hacer mariquita???!

En la cafetería se ha quedado todo en silencio… solo la música que suena por los parlantes…  pero también parece haberse reducido al mínimo… todos miran hacia ellos. Ya no aguanto y me pongo de pie. Nancy vuelve a sujetarme pero ambos estamos de pie.

Skylar la mira fijamente… enojado. De pronto sonríe apenas… sólo en la comisura de sus labios una pequeña sonrisa malvada. Su mano se dirige rápida al vaso grande de jugo sobre la bandeja de Ángela y como en cámara lenta lo levanta y muy despacio lo vierte sobre la cabeza de Ángela… sin moverse… sin gritarle… sin prisa… solo está parado frente a ella dejando caer el jugo que corre desde su pelo hasta sus pies.  Ángela reacciona tarde… cuando logra abrir la boca y gritar ya toda la cafetería ha estallado en risas… incluso la amiga de Ángela no puede evitar reírse al ver el espectáculo

-. Im be cil!!… pero…mira como… me has dejado…!!!! – está al borde de la locura

– Te voy a dejar peor si te veo cerca de él!!! 

Soltando el vaso que cae dramáticamente rebotando sobre la cabeza de Ángela, Skylar da la media vuelta y me sonríe. Avanza sintiéndose feliz entre medio de los estudiantes que llegan a llorar de la risa al mirar a Ángela.

– Ahora si podemos irnos – me dice, sonriendo

Me pregunta sonriendo entero… con todo el cuerpo… sonríe de pies a cabeza, satisfecho de lo que ha hecho,como no lo había visto hacerlo desde el accidente.   No puedo evitarlo. Sonrío con él. Tomo su mano y salimos los tres juntos dejando atrás el sonido de las risas que aún no paran.

– Eso no fue muy bonito- le digo cuando ya estamos un poco lejos

– ¿No cierto que no??… – pero sigue sonriendo.

Nuestra tarde fue sumamente especial, Lo primero que hicimos fue sacar mis cosas del departamento y trasladarlas al que sería el “nuestro”. No nos tomó demasiado tiempo; no tengo tantas cosas y soy bastante ordenado. Lo más difícil fue despedirme de Erica… seguíamos estando en la misma ciudad y tan solo a unos pocos minutos de distancia, pero estaríamos viviendo nuestras vidas en forma separada, por primera vez.  Me abrazó muy fuerte

-. Vas a ser feliz hermano.. elegiste bien, estoy segura de ello

– Soy feliz Erica… muy feliz

Se abrazaron con cariño ella y Skylar.

-. Siempre serás bienvenida – le dijo sintiéndolo de verdad. Erica lo entendió así.

Al volver al departamento intentamos poner algo de orden… Había unas cuantas cajas y maletas… pero no nos resultó. Cada vez que él pasaba por mi lado invariablemente tenía que tocarlo… acariciarlo… mis manos se iban solas hacia su cuerpo… cuando yo pasaba por el lado suyo, me sujetaba y se colgaba de mi cuello… de mi boca…

-. Ya déjame, ¿si?

Pero sus brazos seguían acercándome hacia él… a su boca húmeda, abierta, deliciosa… podría besarlo eternamente sin cansarme jamás.

 Skylar

De a poco nos fuimos acalorando más y más… primero de pie en salón entre las cajas, pero íbamos a terminar cayéndonos… lo empuje hasta la pared… resbalamos hasta el dormitorios y finalmente terminamos desnudos en la cama, buscándonos con urgencia… necesitaba el calor de su piel… su olor, sentir que se abría y me envolvía dentro de su cuerpo y me hacía llegar al paraíso…  a veces con calma y ternura y otras veces, como ahora, con urgencia y necesidad… con la adrenalina de lo que había pasado en la cafetería aún dando vueltas, con la felicidad de sabernos juntos y solos en este departamento…

– Date vuelta amor

Se gira lentamente, sonriendo provocativo… me gusta tanto la preciosa forma de su cuerpo de hombre… la curva de sus hombros… su espalda y sobre todo su trasero… me doy el tiempo para recorrerlo y excitarlo todavía más… del velador tomo el lubricante…. meto mis manos entre sus nalgas y mis dedos se pierden en su cálido interior… Skylar gime completamente abierto y receptivo… se mueve pidiendo más, levanta sus caderas… su trasero, para salir al encuentro de mi sexo… el peso de mi cuerpo sobre el suyo… su brazos estirados y los míos sobre ellos, nuestros dedos entrelazados y mi miembro completamente dentro suyo… al  principio es lento, suave… dulce, gemidos tranquilos… suspiros y sonidos deliciosos de su boca… pero luego es intenso, brusco… rápido, mis manos en su miembro, masturbándolo y mi boca intentando alcanzar la suya en un beso apasionado y casi violento… el control completamente perdido… ambos jadeando y repitiéndonos las palabras de amor más dulces mezcladas con los juramentos más groseros que conocemos…

Aun cansados y sonriendo adormilados… sin soltarnos, sobre la cama… las cajas y maletas mirándonos desde la sala

– ¿Crees que algún día vamos a terminar de ordenar? – le pregunté

 mmmhhh nop… tiremos todo por la ventana…

 me abraza con todo su cuerpo y yo lo recibo cobijándolo y sintiéndome tan lleno, rebosante de amor por él. Nos quedamos tranquilos… semi-dormidos, solo disfrutando el uno del otro… nada mejor en este mundo.

– Skylar… mi precioso rubio… nunca vamos a salir de esta cama, verdad

 Nop… jamás

Pero finalmente sí salimos de la cama y al cabo de una semana las cosas habían cambiado drásticamente; el departamento lucía perfectamente ordenado y habíamos establecido una especie de rutina de orden que no nos costaba mantener; ambos éramos ordenados por naturaleza y teníamos espacios claramente definidos.

Además, en esos días fue cuando apareció la señora Mirna… Una mujer baja, regordeta de unos 58 años, con la sonrisa permanentemente a flor de labios y las manos más hábiles para cocinar, ordenar, lavar, planchar, etc… habíamos comenzado a buscar a una persona para que nos ayudara con las labores de la casa y apareció ella… a ambos nos agradó de inmediato, jovial, ágil y con muchas ganas de trabajar… había quedado viuda, sin hijos ni familiares cercanos. La contratamos por un periodo corto para hacer la prueba… sólo la necesitábamos unos días a la semana… Mirna empezó a consentir a Skylar más de lo normal… se deslizaba muy calladita mientras él estudiaba y le dejaba un trozo de strudel recién preparado por ella, con un vaso de leche fría. Nuestras ropas perfectamente limpias y ordenadas. Antes de irse, por las tardes nos dejaba preparada la cena que incluía algunos de los platos más deliciosos que habíamos probado jamás. Nos tomó tanto cariño que se excedía largamente en sus labores por agradarnos y a nosotros nos tomó menos de una semana darnos cuenta que ambos estábamos enamorándonos de los cuidados que nos prodigaba esta mujer. La primera vez que por casualidad nos sorprendió besándonos nos miramos los tres un poco incómodos… pero luego ella dio un gran suspiro

-. Eso es amor de verdad…- volvió a suspirar y siguió con sus labores.

Skylar había vuelto a su rutina de la universidad y sus estudios le exigían mucho, tenía que recuperar el tiempo perdido y a veces pasaban varios días en que el único contacto entre los dos era acostarnos juntos en la misma cama y dormir abrazados… él completamente cansado como para intentar cualquier otra cosa… No me quejaba. Sabía lo agotador que le estaba resultando, lo peor era que aún había personas desconocidas, estudiantes en su mayoría, que lo reconocían y se acercaban a hablarle y eso lo ponía de muy mal humor…  yo solo quería estar ahí para ayudarle en lo que pudiera.

No puedo negar que quería hacerle el amor a cada rato pero lo veía tan urgido y apurado, intentando recuperar el tiempo perdido en la universidad que me conformaba con un beso rápido, una sonrisa entre sus estudios y  abrazarlo cada noche y dormirme pegado a él, respirando su olor. Nunca pasaron más de un par de días en todo caso… a veces… a pesar de todo lo que le quedaba por estudiar durante el día o la noche, salía del estudio dando un portazo y se sujetaba a mí de forma descontrolada… besándome, metiendo su lengua descaradamente en mi boca y llevando sus manos bajo mi ropa con urgencia, bajando el cierre de mis jeans antes de darme tiempo a reaccionar

-. No me has hecho el amor en dos días, idiota… mira como me tienes

 Me recriminaba sonriendo… me tomaba la mano y la ponía sobre su pene completamente erecto bajo la tela del pantalón… me empujaba al dormitorio, al sillón, a la alfombra o a lo que estuviera más cerca. Yo solo sonreía… no importaba lo que estuviera haciendo, lo dejaba de lado. Me encantaba su desesperación por que lo penetrara y lo hiciera sentirse mío… necesitaba mis besos y mis caricias.

– Te amo, te amo …

Me sonreía ya más tranquilo luego de habernos hecho el amor, me besaba dulcemente y volvía a sus estudios aún sin terminar.

Yo había pasado varios días en entrevistas de trabajo y estaba esperando comenzar en cualquier momento; sólo tenía que tomar la decisión correcta, pero me estaba costando mucho. Tenía varias opciones. Gracias a mi buen examen y a un registro de notas impecable tenía en ese momento tres ofertas de trabajo. Lo conversé con Skylar pero las tres opciones parecían interesantes y era difícil decidir. Al final, acepté la que me pareció mejor por lo que podría aprender y practicar, aunque ninguna calzaba a la perfección con mis sueños.

Comencé a trabajar y al principio la novedad hizo que todo fuera entretenido y bueno… era un empresa muy grande y éramos varios arquitectos, yo era el más joven. Aprendí mucho con ellos y me sentí contento, sobre todo cuando a fin de mes recibía mis primeros cheques del sueldo. Me sentía muy orgulloso. El día que depositaron mi primer sueldo en mi cuenta bancaria hice varias cosas tontas pero que para mi fueron tremendamente importantes: me dirigí a una florería y compre dos preciosos ramos de flores, los más grandes y delicados: escribí una pequeña nota de agradecimiento para Nancy… le agradecí haber sido la amiga fiel de Skylar y haberme aceptado a mi también en su vida. El otro ramo se lo llevé yo mismo a mi hermana y se lo entregué con un gran abrazo y un beso… no habría nunca mejor hermana que ella. Luego, llegue al departamento y sin darle derecho a protestar ni nada me llevé a Skylar a cenar al restaurant más exclusivo de la ciudad y luego al motel más caro… decorado en forma especial para fantasear… fue una noche inolvidable que hasta el día de hoy recordamos y nos vuelve a hacer sonreír.

Skylar siguió dando lo mejor de sí en sus estudios, sobre exigiéndose y dejándose cuidar y mimar por la Sra. Mirna y por mí. La mayor atención provino de Amanda que le regaló un auto esta vez… él protestó, quería de vuelta su moto… pero ni Amanda ni yo consentimos en tamaña idiotez. Ninguno de los dos estábamos dispuestos a volver a dejar que arriesgara su vida. Nos era demasiado valioso para ello. Quedo mudo ante nuestra decidida negativa y aceptó el auto que su mamá le regaló. Al poco tiempo estaba feliz con él y ya no se acordaba de la moto.

Todo el esfuerzo y las horas invertidas valieron la pena. A fin de año obtuvo muy buenos resultados a pesar del tiempo perdido y lo celebramos como correspondía.

Mi horario de trabajo, en general no era muy exigente, así es que una vez que terminaron sus clases teníamos tiempo para compartir y hacer cosas entretenidas, salíamos con algunas amistades, viajábamos a la playa los fines de  semana y Skylar con cuidado, volvió a practicar deportes y de a poco me introdujo en ese mundo que terminó gustándome mucho.

El trabajo me gustaba pero definitivamente no era el ideal que tenía en la mente para el resto de mi vida… pero eso vendría más adelante… Cuando nos sucedieron las cosas más increíbles y nuestro mundo tuvo un giro de 360 grados y se volvió aún mejor.

Capítulo 37

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La ficha resbala de mi mano y lo miro con los ojos realmente abiertos   ¿volver ahora?… pero… pero… no estoy listo… yo…  de repente me siento ahogado, la petición de Roberto me ha pillado totalmente de sorpresa.

-¿Eso quieres?… ¿de verdad?

No me ha quitado los ojos de encima, observando mi reacción

-Si… es lo que quiero. – Está totalmente seguro – no quiero estar ni un día más separado de ti… en serio amor

Roberto aun me mantiene prisionero entre sus piernas pero… necesito pensar, necesito aire… despacio lo empujo hasta poder ponerme de pie… camino unos cuantos pasos… ¿volver ahora?…  recuerdo las imágenes de televisión y tanta gente opinando sobre mi accidente y lo que ocurrió posteriormente… ¿dejar la comodidad y la protección de mi familia?… enfrentarme a todo…  mierda!!! ¿Qué me pasa?…  ¿por qué estoy tratando de encontrar una excusa para no volver?… ya no tengo yeso, puedo seguir mi terapia aquí… puedo estar con él todos los días si vuelvo…

– Pero he perdido más de un mes de clases!!

– Eres el mejor alumno, puedes recuperarlo y lo sabes

 Detengo la caminata sin sentido que había iniciado en su cuarto.  Roberto sólo me observa desde la cama…   en su mirada hay un poco de súplica y un poco de temor…  tan dulce, tan hermoso…  tan valiente contra el mundo pero tan nervioso conmigo ahora…  suspiro profundamente…  se me acaban las excusas, no puedo dar un paso más solo me quedo mirándolo …  no puedo negarme…  no cuando me mira de esa manera y cuando él ha pasado por tanto para poder estar juntos… yo le pedí y él cumplió con todo lo que me prometió… “todo o nada” le dije. Se tomo su tiempo pero me lo dio todo… bueno,  ahora es mi turno, verdad?.

 Sin que yo se lo diga, Roberto se da cuenta que he cedido y que me ha ganado. Sonríe triunfador y se levanta de la cama, se acerca…  frente a frente,  sin decirme una palabra, muy juntos pero sin tocarme, abre uno a uno los botones de su camisa…  sólo puedo respirar sintiéndome hipnotizado… mierda! Es Roberto… ¿Por qué vuelvo a estar así de nervioso?… no, expectante, anhelante… si, asustado. Se quita toda la ropa. Desnudo, precioso… aún más lindo de lo que recordaba.  Su cuerpo me atrae como un imán, lo miro descaradamente… Dios!!  Como me gusta este hombre… desde el primer momento que lo vi lo quise para mi… sus piernas largas y fuertes plantadas tan seguras frente a mi…  sus caderas, por delante coronadas con un glorioso pene erecto…  por detrás, su exquisito trasero…  firme, moldeado… cierro un instante los ojos y recuerdo su textura entre mis manos… mi cuerpo está reaccionando de prisa… su torso, su pecho… mío!, mierda es mío!!!… este pecho firme y seguro…  puedo  reclinarme sobre el siempre que quiera…  buscando cariño, protección o seguridad… tiene tanta fortaleza… me mira preguntándome si estoy listo para él antes de volver a tocarme.  Por repuesta, me quito los pantalones y quedamos desnudos… frente a frente, comiéndonos con los ojos.

Es él quien da un paso hacia adelante y me abraza con exquisita ternura…

– Skylar… estas temblando

Es cierto… ¿nervios, excitación?… no sé…  pero aquí entre sus brazos siento el  miedo diluirse y desaparecer… No queda ninguno de aquellos sentimientos anteriores, ni susto, ni ansiedad… solo la absoluta certeza de que estoy en el lugar correcto y con la persona correcta… estoy enamorado a morir de él.

– Solo abrázame fuerte…-Me refugio de en el calor de su cuerpo… lo abrazo apoyando mi cara en el espacio sobre sus hombros…. su aliento en mi cuello, provocándome…   su aroma me envuelve excitando todos mis sentidos… nuestros cuerpos en contacto nuevamente, deseándonos con locura…  sus manos en mi espalda acarician mi piel, moviéndose despacio hasta llegar a mis nalgas.

– Eres tan hermoso Skylar… me vuelves loco- su voz ronca de deseo y anhelo.

Roberto.. amor..

Busco su boca en un beso que no tiene nada de suavidad… labios aplastados, lenguas enredadas…  sonidos excitados  y húmedos que salen de mi garganta y de la suya. Sus manos y mis manos en la cabeza del otro, sujetando y acercándonos aún más si fuera posible, mientras nuestras caderas se arquean hacia adelante buscando rozarse y volver a sentirse. El deseo se apodera de mi mente y de mi cuerpo… quiero a Roberto tanto como él me quiere a mi… ahora mismo. Ahora vuelvo a sentirme como antes, capaz de seducirlo y enloquecerlo aún más. Sonrío y pongo mis manos sobre su pecho

– Tuviste mucha paciencia, pero ahora quiero complacerte cariño…

Lo empujo unos pasos hasta chocar con la pared…  bajo lentamente por su cuerpo deteniéndome a chupar, besar y morder cada una de sus partes sensibles… me gusta su sabor… me gusta lo que le provoco, se que esta tan excitado… lo conozco bien, recuerdo exactamente que botones debo apretar para excitarlo aún más… Roberto me deja, gime despacio, ronco…  se queda inmóvil sintiendo como su erección crece aún más en mi boca mientras yo disfruto de su exquisito sabor, mis manos en sus testículos…

– Dios Skylar!!… amor…detente

Me pide con la voz entrecortada y la respiración agitadísima…  no quiere correrse antes de empezar.

– Tú no te detuviste en el baño cuando te lo pedí…-le recuerdo sonriendo.

– Te gustó, no lo niegues- sus manos en mis brazos me tiran despacio hacia arriba

Lo chupo una última vez, lento e intenso, pasando mi lengua por toda su extensión y sosteniendo su mirada. Volvemos a besarnos, enredo una de mis piernas tras él atrayéndolo y empujándolo hacia mi… quiero fundirme con él… ser uno solo. Brusco, me lleva hasta la cama… De pronto se acabó la tranquilidad y es urgente tocarnos y sentirnos con todo… nuestros cuerpos desnudos están en contacto después de tanto tiempo de extrañarse y se necesitan… Roberto me sujeta y me besa en forma descontrolada… todo lenguas, labios, saliva… y jadeos desesperados, me sostiene firmemente, tirando de mi pelo para no dejarme ir, mi boca en la suya y nuestros cuerpos completamente enredados…

– Mi vida… te deseo tanto

Roberto no puede aguantarse más tranquilo… su erección, dolorosamente dura, tocándome, frotándose contra mí

– Hazme el amor Roberto…  ahora..

Le ruego en su oído.  Mis palabras arrasan con el poco y nada de control que pudiera haberle quedado. Me muerde y chupa mi piel queriendo exprimirme mientras gime mi nombre en mil diferentes sonidos de amor… me abandono y me entrego totalmente.

– Amor… voy a dañarte…no me aguanto-

– Soy un chico grande – le sonrío – no me vas a dañar 

Llevo sus dedos a mi boca… rápido… los cubro totalmente con mi saliva.  Le sonrío con todo descaro y sin cortar jamás el contacto son sus ojos, inserto uno a uno sus  dedos en mi… … Roberto me mira anhelante… gimo despacio…  le hago saber con el movimiento de mi cuerpo lo bien que se siente que me tenga así, completamente entregado.  Mueve sus dedos dentro de mi hasta que encuentra lo que estaba buscando… un súbito golpe de placer me corta la respiración y me deja temblando. Su otra mano me aprieta firme contra su pecho.

Nooo… aahhhggg…mierda…Si si

-¿No?..  ¿si?- riéndose de mí …  orgulloso de lo que me está causando

– Mierda Roberto!… no pares

totalmente sumiso lo dejo hacer en mi… su caricia es tan exquisita…  sólo puedo gimotear a punto de llorar…  el placer aumentado cien veces más porque es él… el amor de mi vida.

– Skylar

– Si cariño… si

Quita sus dedos y me siento vacio… necesito su contacto, ahora.  Desenrolla el protector sobre su pene aunque sus manos tiemblan de excitación.

Me besa con brusquedad, quitándome el aire  mientras se acomoda frente a mi entrada. Sus manos sujetan mis piernas,  abiertas para él. Muevo mis caderas invitándolo a entrar….deseoso de sentirlo dentro de mi.  Busca mis ojos con su mirada llena de lujuria y empuja despacio pero con seguridad, abriéndose camino dentro mío… sin detenerse… su expresión refleja el placer que está sintiendo… gime muy callado, solo para mis oídos, me excita escucharlo….. de pronto, dolor!… jadeos que cortan mi respiración…  hace tanto tiempo…  Roberto se da cuenta y con un esfuerzo mayor se detiene

– ¿Estás bien amor?

asiento con mi cabeza sin poder hablar.  Solo quiero sentirlo muy dentro de mí, sé que el dolor va a pasar muy luego.  Clavo mis uñas en su espalda y mi respiración se acelera hasta jadear…  Relajo mi cuerpo para permitir un acceso más fácil …  sus manos ahora en mis caderas me sujetan firme… siento mi recto abrirse para recibirlo…duro, caliente…  doloroso… exquisito… placentero …por segundos me corta la respiración… pero quiero más… no se detiene hasta entrar completamente, me llena con su miembro hinchado, palpitante… con sus gemidos y deliciosas palabras de amor en mi oído, con mil besos sobre mi cara… me siento completo… me siento totalmente seguro, lleno y feliz

– Skylar, adoro tenerte así… hacerte el amor, entrar en tu cuerpo… – murmura en mi oído, apretándome en un abrazo cerrado mientras comienza a empujar.

-Tuyo… sólo tuyo de ahora en adelante…

– Mi rubio precioso… te amo tanto

Estamos tan unidos, piel con piel,  nuestros cuerpos son uno solo moviéndose al mismo compás.  Las oleadas de placer llegan rápidas, una a una. Envuelve mi miembro en su mano y me masturba siguiendo los movimientos de su cuerpo. Estoy totalmente rendido, entregado a su amor y pasión… una masa de carne moldeable a su gusto y me siento tan bien. Nuestro ritmo se acelera más y más hasta llevarnos a culminar en una explosión de placer… soberbia, magnífica.

Nos quedamos abrazados, sudados, pegados, satisfechos… sin querer soltarnos ni un segundo, solo se escucha el sonido de nuestra respiración agitada.

– Te amo… eres todo para mí Skylar. Soy tan tuyo que me da miedo… ya no me acuerdo como era mi vida antes de ti– me dice con su respiración aun irregular

 – Sabes… tenía mucho miedo cuando me di cuenta que estaba enamorado de ti, pensé que era tan difícil amar y ser amado… eres lo más importante en mi vida ahora… para siempre

los minutos pasan y seguimos sin soltarnos… quiero quedarme así para siempre. Estoy feliz, completo como nunca antes.

– Lo sé amor, a mí también me costó mucho abandonarlo todo por ti, pero vale la pena, amarte vale la pena Skylar

En silencio, abrazados, tan compenetrados, sintiéndome tan en paz conmigo mismo, con él a mi lado… no necesito nada más.

– ¿Sabes que me ganaste, verdad?, me quedo contigo – le pregunto sonriendo… mi mano acaricia su espalda

– Lo sé, soy egoísta… perdóname por pedírtelo pero  te quiero aquí, a mi lado

– ¿Vas a estar conmigo? me quiero quedar pero no va a ser fácil – entrelaza mis manos con las suyas y las besa

– Si amor… voy a estar contigo ahora y siempre – sonríe triunfador – No regañes Skylar… Tú tampoco puedes estar sin mí

– Eres un engreído!!…  te vas a ir conmigo al departamento-  nuestros cuerpos se siguen tocando. Me mira algo sorprendido… ansioso.

-¿Vamos a vivir juntos?

– ¡Ahá!…  que serio suena eso…  ¿te asusta?

Se toma unos segundos y me contesta con seguridad

– No, amor… no me asusta-  me besa nuevamente, ahora con dulzura y suavidad –me enloquece pensar que voy a hacerte el amor todas y cada una de las noches que vivamos juntos

– ¿Es una promesa?… porque voy a cobrártela- me mira y se ríe

– Voy a amarte cada minuto que pasemos juntos…   hasta cuando nos enojemos y discutamos voy a seguir amándote…

ahora está encima mío acariciando mi pelo y hablándome justo frente a mi rostro.

– ¿Siempre, siempre? – pregunto mimoso

– Siempre amor

 Bueeeeeno…  Que no se te olvides cuando yo quiera estar arriba…- me río… me mira fijo unos instantes pero sonríe

– Lo podemos discutir… – Roberto baja por mi brazo dañado, besándolo –ahhh… igual te voy a amar siempre, hagas lo que hagas conmigo

– Lo sé amor… ya aprendí

Acaricio su pelo me siento bien, por fin me he dado permiso para liberar la ternura, para permitirme ser cursi y jugar con él… sonrío feliz al darme cuenta de ello

– Roberto… mi cielo, mi vida, mi amor…  también te voy amar cada segundo,  aunque tenga miedo, rabia o sea un mimado…

– ¿Vas a volverte mimado conmigo?- me pregunta mientras deja mil besos pequeñitos sobre la piel de mi cuello y mis hombros

– Ya lo soy… ¿quién crees que me va a hacer strudel?

estamos jugando el más dulce de los juegos… jugando a planificar nuestro amor y nuestra vida juntos

– Okay… Strudel… pero el control remoto es mío, de acuerdo?

– Ohhh! Esa fue una jugada sucia…

Nos volvemos a enredar, a besar y a seguir decidiendo quien estará a cargo de que. El sentimiento que nos envuelve es mágico… juntos… ¡mierda!!! Vamos a vivir juntos.

Mi mamá ni siquiera se sorprendió mucho de mi decisión, no se opuso. Creo que más bien se lo esperaba. No quise volverme con ellas pero pasaron a despedirse. Mamá nos miró a ambos

– Sólo porque estás tú – le dijo a Roberto – Confió en ti – se abrazaron

– Hey!!, no soy un paquete, no pueden traspasarme de uno a otro… – protesté

– No lo eres hijo, pero todavía necesitas cuidado y apoyo.

Comenzó a buscar algo en su cartera y muy luego apareció con las llaves del departamento. Hizo el intento de entregárselas a Roberto.

– Mamá… ya tiene llaves

Ffue mi turno de verlo sonrojarse y reírme de ellos un poco.

 Me quedé con Roberto esa noche en su departamento. Érica preparó la comida y cenamos los tres juntos. Luego Roberto llevo las cosas sucias a la cocina.  Nos quedamos solos en la mesa ella y yo. Comenzamos hablando de cualquier tontera. Muy rápido me di cuenta que es muy fácil conversar con ella, es una chica directa y abierta. Seguimos conversando entretenidísimos y de pronto me descubrí contándole mis sentimientos respecto del accidente y cómo me sentía… lo que aún no había hablado con nadie más se lo estaba diciendo a ella, el miedo, el dolor, el temor…  Érica me estaba llevando a soltar mis emociones

– ¿Me estas sicoanalizando?? – le grite riéndome… no podía creerlo… con esa cara de niña inocente me llevo exactamente hasta donde quiso. Se sintió algo cohibida pero lo admitió

– Si, lo siento… me gustaría ayudarte, si quieres-  miré sus ojos, tan parecidos a los de Roberto

– ¿Lo necesito?

– Sufriste un severo accidente y estuviste expuesto a la prensa del país… puedo enseñarte a enfrentar mejor las cosas- me contestó adquiriendo un aire de sicóloga profesional

– Pero…

– Sólo quiero ayudarte… eres parte de mi familia ahora

Nos miramos viéndonos diferente por primera vez

– Gracias Érica. Acepto tu ayuda… pero mis secretos te los llevas a la tumba, ¿de acuerdo?

– Eh, Eh!!…sólo quiero ayudarte con lo del accidente y todo eso… no quiero saber tus pervertidos actos con mi hermano 

Nos quedamos conversando hasta muy tarde. Roberto estuvo a mi lado, la mayor parte del tiempo en silencio, solo escuchándonos, sin soltar mí mano.  Creo que yo no había terminado de comprender bien todo lo que pasó y como me cambió. Tampoco había dimensionado la enormidad de lo que hizo Roberto por mi y como lo afectó y lo cambió; me eligió a mí y eso significó cambiar sus valores, sus posibilidades en la vida… su familia que se quebró, sólo su hermana sigue con él… pero estoy yo… estamos juntos, nos tenemos el uno al otro y a muchas personas más que nos quieren. Juntos podemos lograr lo que queramos.  Secretamente doy gracias por mi madre y mi familia, agregando una bendición especial por lo bien que han aceptado a Roberto y todo el cariño que le han entregado. Lo miré y no pude contenerme… Érica discretamente se fue a su dormitorio mientras lágrimas calientes rodaron por mis mejillas… tomé sus manos y aunque quiso callarme supe que tenía que decírselo.

-. Gracias…

 sólo eso, yo sé que el entendió bien todo lo que había detrás de esa palabra

– De nada…

Me respondió también con los ojos aguados. Fue su forma de decirme que no importaba todo lo malo que le había pasado, me seguía eligiendo y era feliz. No fue un beso igual a los de siempre… fue callado, significativo… totalmente entregados fundiéndonos el uno en el otro. Había aprendido de la manera más difícil a entender el verdadero significado de amar… darlo todo y ser feliz.

Nos fuimos a acostar cansados pero felices, sintiéndonos más unidos que nunca

-Buenas noches amor

Me besa en la boca antes de acurrucarnos como cucharitas, él pegado a mi espalda, desnudos, muy juntos.

La primera vez que moví mis caderas Roberto pensó que me estaba acomodando… la segunda vez suspiro un poco inquieto… la tercera vez sus manos atraparon mis caderas y su pene, ya erecto, presiono contra mi entrada… su voz en mi oído

–  Si te mueves una vez más, provocándome, te lo voy a meter sin ningún cuidado Skylar  

Sonreí…

 Me moví

Dormimos pegados, satisfechos y sonrientes, piel contra piel, compartiendo la ilusión de nuestra nueva vida juntos a partir de ese momento.