Capítulo 1

Pedro apareció en la vida de su madre justo después de la tragedia que se llevó a un ser querido e importante para ellos; a pesar de todas las cosas difíciles que le había tocado vivir, Sofía llevaba una vida tranquila y relativamente normal… lo había dado a luz cuando tenía solamente 15 años y unos cuantos meses. Sus padres se habían encargado de hacerle pagar con creces la vergüenza de ser madre soltera y de no decir jamás quien había sido el irresponsable que la dejó embarazada. Desesperaron… era una niña, se había arruinado la vida, su reputación y de paso, había enlodado para siempre el nombre de la familia… ¿que iba a hacer ahora sin un padre para el niño ni nadie que le ayudara en su mantención y crianza?…     Era una familia decente y respetable… se sintieron traicionados por esta hija que no estaba dispuesta a abortar… los dos hermanos mayores también le volvieron la espalda haciéndola sentir peor de lo que ya estaba… en su colegio católico dejaron de hablarle y de juntarse con ella; los padres de sus amigas se lo habían prohibido y los chicos la miraban como si fuera una puta. Lo único bueno que hicieron sus padres fue sacarla de colegio… ya verían, después que naciera ese niño, que sería de su vida. Sofía quedo en casi completa soledad con la excepción del bebé que crecía en su vientre.

Sin embargo, fue su tía Mercedes, viuda y sin hijos, quien la rescató y se la llevó a vivir con ella para alegría  y tranquilidad de todos. Se quedaría lejos hasta que naciera el niño y luego entonces decidirían que hacer. Mercedes era la hermana lejana de su padre con quien tenía una fría relación y vivía en un pueblo pequeño del interior donde estaría lejos del escándalo y las miradas de sus amistades.

Cuando Sofía tuvo al pequeño Javier en sus brazos olvidó todo inmediatamente… el dolor del parto, los desprecios y privaciones que había sufrido durante su solitario embarazo, la falta de cariño y la separación de su familia… solo ese pequeño ser, nacido de su vientre, era capaz de devolverle la vida y la luminosidad… todo estaba bien.

Mercedes y ella se encariñaron mucho… la tía viuda tenía un buen vivir gracias a su difunto marido y a un cariñoso círculo de amistades, viajaba mucho y defendía su independencia de manera ciega, pero su única sobrina era su debilidad. Aprendió a quererla y compartir sus espacios con ella y el niño, quien le robó el corazón para siempre a los tres minutos de haber nacido. Se prendó de ese ser tan indefenso y hermoso que ella nunca había  podido engendrar.  Le rogó a Sofía que no se fuera, ella se encargaría de todo de ahora en adelante.

Sofía también se encariñó con la mujer,  tanto, que cuando sus padres vinieron a buscarla, ella no quiso volver; gritaron aún más que antes al ver que perdían a su única hija… vieron a la pequeña criatura y sintieron que se habían equivocado…  pero lo que Sofía había perdido en inocencia y dulzura lo había ganado en firmeza y carácter; se quedaría con su tía, terminaría el colegio y su hijo Javier viviría con ellas.  Los padres y hermanos volvieron derrotados a casa… la relación se había quebrado para siempre.

Ella y pequeño Javier se quedaron con su tía por los siguientes 8 años hasta que un terremoto enorme, en el medio de la noche, derribó una pared de la antigua casa que cayó sobre Mercedes, aplastándola y llevándose la vida y la tranquilidad de todos.

Sofía y su hijo Javier quedaban solos. Ni siquiera en medio de la terrible confusión que siguió durante los días posteriores al terremoto, se le ocurrió a Sofía buscar a sus padres… el lazo se había roto hacía demasiado tiempo y no tenía interés en repararlo. Lloró por su tía querida y la enterraron en una ceremonia rápida junto a decenas de otras personas que habían corrido la misma suerte.  Se quedaron en la casa semi derrumbada, con los vecinos y amigos que había conocido y atesorado a lo largo de estos 8 años en que terminó el colegio, se tituló de secretaria y trabajaba para la única clínica médica del pueblo.

Pedro vivía en la capital. Era hijo de una familia modesta, de carácter tranquilo y reservado; enemigo de las tomateras y el bochinche que sus compañeros organizaban cada fin de semana y de las chicas ruidosas y coquetas. Prefería gastar su tiempo en los deportes, en particular el basketball que lo apasionaba, pasaba muchas horas practicando con el equipo de la universidad. Gracias a ello tenía una espléndida contextura física que disimulaba tras sus ropas comunes y poco asentadoras. Era alto y atractivo, de una manera pausada y observadora; no impactaba a primera vista dado su personalidad tan tranquila, pero al poco de conocerlo, las personas lo descubrían y quedaban prendadas de él y solo entonces tomaban nota de la dulzura y profundidad de sus ojos, de la hermosa forma de su rostro, con una mandíbula perfecta y su encantadora sonrisa algo tímida.  Su pelo era castaño oscuro, generalmente desordenado y sin mucho corte definido.

Para Pedro, su aspecto no era muy importante, pero si lo eran sus estudios, su carrera, los deportes y  la lectura.  Se había recibido de Médico hacía solo unas cuantas semanas y esperaba su nombramiento en cualquier momento; la urgencia del terremoto precipitó su partida. Estaba disponible para ir hacia donde lo necesitaran. El Centro de Asistencia Médica Nacional lo despachó hacia la misma clínica, en el pueblo donde vivían Sofía y Javier.

La conoció el mismo día de su llegada; en medio de la confusión y el caos reinante en la clínica, donde muchas personas lloraban y suplicaban por atención para sus seres queridos, heridos en la catástrofe.  Sofía sacó un espíritu que no sabía que tenía y de pié sobre su mesón de atención, en medio de todas estas personas, puso su metro 65 centímetros de estatura a trabajar; a grito limpio ordenó una fila, repartió números por prioridad y puso a doctores y pacientes en contacto de forma eficiente y rápida, ganándose el respeto de todos.

No fue hasta muchos días después que Pedro se enteró que la hermosa y joven mujer que manejaba todo el caos con tanta eficiencia y agilidad era la secretaria y no la gerente ni la administradora… La miró de manera diferente, gratamente sorprendido.  Solo entonces, cuando la calma comenzaba lentamente a volver al corazón de todos, tuvo el tiempo suficiente para admirarla, cortejarla y enamorarla. Se deslumbró con esta maravillosa mujer y su historia de esfuerzo y coraje; se encantó con el pequeño Javier y en su corazón de hombre noble, sintió el deseo de protegerlos al saber que estaban solos en el mundo, tal como lo estaba él en ese lugar. Se casarón muy rápido y así fue como llegó un hombre a la vida de Javier por primera vez en su vida.

Arreglaron con calma la casa que Sofía había heredado de Mercedes, junto a todo el resto de sus bienes y siguieron su vida como familia en el mismo pueblo.

Javier estudiaba en el mejor colegio del pueblo. Era un chico taciturno y observador, buen estudiante pero tenía pocos amigos. No era muy dado a conversar ni a compartir sus pensamientos e ideas con  sus compañeros. Siempre llamaba la atención de los demás estudiantes por la hermosura de su rostro; tenía unos llamativos ojos celestes turquesa que contrastaban con su piel clara y su pelo oscuro, su cuerpo de 8 años era pequeño y bien formado; las niñas de su edad lo buscaban para intentar ser sus amigas y las niñas un poco mayores lo buscaban para mirarlo, coquetearle y sonreír como tontas.

Nada de eso le interesaba… él vivía en su propio mundo y allí solo había una persona con la que se entendía perfectamente, más allá de las palabras y los gestos; su padrastro para el resto del mundo pero su querido Pedro para él.

Desde que Pedro entrara a formar parte de su pequeño círculo, la vida de Javier tuvo un cambio espectacular; Pedro siempre encontraba el tiempo para jugar con él a la pelota, a los soldados, a los juegos de video, enseñarle basketball y levantarlo para que alcanzara a encestar la pelota… tiempo para enseñarle los deportes que tanto le gustaban, conversaba con él y le ponía atención cuando hablaba, a pesar de tener tan corta edad. Desde que lo conociera, Javier sintió que él era alguien importante para Pedro.

Sofía miraba con dulzura la hermosa relación de profundo afecto que se desarrollaba entre su hijo y su marido, dándose más que por satisfecha con la vida. Ahora que tenía un cargo de mayor importancia, trabajaba más horas en la clínica y estaba pensando seriamente en tomar un curso de administración en la universidad de la capital para escalar aún más alto. Pedro apoyaba sus sueños y se ofrecía para hacerse cargo de todo lo que hiciera falta.

Cuando Javier cumplió 11 años había cambiado poco físicamente… solo había estirado varios centímetros y adquirido un poco más de cuerpo, pero seguía pareciendo un niño menor…  la persona más importante y cercana a él era Pedro, compartían todo y su relación era mucho mejor que la que tenía con su madre o cualquiera de sus amigos… pero ni aún así se atrevió a confesarle algo que había descubierto hacia muy poco tiempo… se sentía atraído por los chicos y estaba asustado… las niñas representaban más que nada un dolor de cabeza y un problema, siempre ruidosas y habladoras, siempre queriendo acercarse a él e invitarlo y ser sus amigas… insistían en hablarle y perseguirlo cuando todo lo que él quería era que lo dejaran tranquilo, no lo obligaran a asistir a sus estúpidas celebraciones de cumpleaños y dejaran de pelearse por compartir su tiempo durante el recreo. No había nada en el colegio, aparte de lo que iba a aprender durante las horas de clase, que le llamara la atención. Su vida feliz comenzaba justo a la hora en que terminaba el colegio y veía a Pedro. Las veces más felices eran cuando, al terminar las horas de clases y salir del colegio, lo encontraba esperándolo… el corazón le saltaba como loco en el pecho y corría hasta su abrazo olvidándose que sus compañeros estaban mirando y aprovechaban para molestarlo al día siguiente… nada le importaba… solo los brazos abiertos de ese maravilloso hombre que ocupaba toda su mente y su corazón. Volvían juntos a casa. Comían algo que ellos mismos preparaban y luego Pedro le dedicaba toda su atención… había trabajado suficientes horas en la clínica y en el hospital, visto demasiado sufrimiento y enfermedades… Javier era su descanso y su paz… los ojos celestes que lo miraban con tanta dulzura y esa sonrisa especial solo para él, lo hacían olvidar todo lo malo y triste que había pasado… comían juntos, jugaban basketball en el patio, o veían televisión juntos… cuando hacía demasiado frío, tomaban la consola y ponían un juego… se reían juntos… practicaban deportes y si tenía deberes, Pedro se ofrecía a ayudarle y a estudiar con él.  Las pocas veces en que Pedro estaba agotado, se sentaba en la sala frente a la chimenea luego de comer juntos… ponía sus CDs de música clásica favorita y Javier se tendía a su lado usando sus piernas como cabecera… la mano de Pedro acariciaba el pelo del niño… Javier suspiraba agradecido… no había ningún lugar en el mundo mejor que ese mismo donde estaba en ese momento.

Javier tenía 12 años… se había dado cuenta que era diferente, aún no crecía ni se desarrollaba tanto como sus compañeros pero no le preocupaba seguir siendo así… sabía que ninguno de los otros chicos de su edad se sentaba aún sobre las piernas de su padrastro y se dejaba caer sobre su hombro de la manera en que él lo hacía… cerrando los ojos y dejando entrar el olor de Pedro por sus fosas nasales y aspirándolo como si fuera una droga… pero no pensaba dejar de hacerlo… le gustaba demasiado el contacto físico con su padrastro para siquiera pensar en cortarlo. Se guardó la información sobre lo que había descubierto de sí mismo y la culpabilidad que le provocaba… intentó no volver a pensar en ello, después de todo apenas si miraba a los otros chicos… solo tenía ojos y sentimientos para una persona en este mundo.

Aún se tomaba de su mano al salir a alguna parte y aprovechaba cada ocasión posible para abrazarlo y tocarlo… no sabía… no entendía… era innato y natural… no le importaban tampoco las razones de porque lo hacía… solo le gustaba y era importante para él… no podía dejar la mano de Pedro colgar sola cuando caminaba a su lado… la tomaba y se sentía protegido, querido y contento.

Pedro nunca cortó el cariño con él tampoco, amaba a Javier como si fuera su verdadero hijo y se alegraba mucho de que fuera un niño dulce, bueno y cariñoso, tan diferente a los mocosos de su misma edad que ya andaban en la calle haciendo tonteras. Habían hecho todo lo necesario pero Sofía no quedaba embarazada… por ahora, Javier era su hijo, su orgullo y su compañero de juegos y aventuras… la persona donde encontraba paz y tranquilidad… adoraba a Javier.

Al cumplir 13 años su cuerpo ya había comenzado a cambiar… se desarrollaba hermoso  y delicado. Javier se miraba al espejo y notaba como los cambios en él eran diferentes a los de sus compañeros… pero se sentía bien con su cuerpo y no se cuestionaba mucho lo inevitable.

En aquella época las ausencias de su madre se volvieron más constantes aún… ella cursaba el tercer año de universidad y viajaba a la capital un par de veces a la semana para estudiar todo el día fuera de la casa; a veces, no llegaba hasta el día siguiente. Pedro jamás le ponía problemas a Sofía… por eso, la noche en que Javier despertó asustado y los escucho discutir a gritos se sorprendió tanto… se quedó en silencio, se paró en la puerta de su habitación para escuchar mejor y entonces su boca se abrió y su corazón se encogió ante lo que escuchaba… entendió todo el puzle de a poco… había otro hombre… su mamá se había re-encontrado con alguien que había conocido de antes y no estaba segura de lo que sentía.

Se quedó de pie en el umbral de su dormitorio, completamente a oscuras… sintiéndose herido y traicionado por su propia madre.

De pronto vio a Pedro abandonar la habitación que compartía con ella, dar un fuerte portazo, tan impropio de su carácter, y cruzar rápido el resto de la casa para dar otro portazo al salir a la calle.

No se pudo mover… Pedro estaba marchándose… sin él… se iba… quiso correr tras él… Pedro no podía irse… no… no podía dejarlo.

Con varios segundos de retraso, corrió a la calle en pijama y descalzo… estaba oscuro y hacía mucho frío… miró a todos lados y comenzó a gritar desesperado el nombre de su amado padrastro hasta que su garganta se inflamó y la voz era solo un quejido…  nadie respondió… no había nadie en la calle a esa hora y con ese frío. Se dejó caer ahí mismo sin ser capaz de levantarse. Mucho rato después su mamá lo encontró llorando a mares en la vereda y absolutamente congelado.

Despertó en una de las piezas de la clínica en donde ambos trabajaban… Pedro y Sofía estaban cada uno a un lado de la cama. Su primera reacción instintiva fue colgarse del cuello de Pedro

– No te vayas… por favor no te vayas– pidió comenzando a llorar.  Los adultos se miraron.

– No me voy- respondió abrazándolo de la misma manera.

Pedro no se iría y ella intentaría que todo volviera a la normalidad, por el bien de su hijo.

Volvieron a ser los tres en la casa… Pedro nunca había tenido intenciones de irse, solo necesitaba un poco de espacio, lejos de Sofía, después de aquella inesperada confesión… pero algo se había roto entre la pareja… ahora había desconfianza e intranquilidad, miradas acusadoras y culpabilidad… No volvieron a ser los mismos de antes. Pedro parecía un poco más triste y más viejo que sus 29 años.

Javier sufría lo indecible al verlo así y se encerraba en su cuarto sin querer hablar con nadie, enojado con el mundo y con su madre… no abría la puerta ni respondía… ponía la música muy fuerte para no pensar ni sentir… se sentía ahogado sin poder gritar lo que sentía… había vivido el mayor miedo de su vida cuando sintió que Pedro desaparecía. Ahora vivía un poco más asustado y temeroso, sabía que todo podía cambiar en cualquier momento… buscaba a Pedro cada momento posible y se volvía muy ansioso cuando se retrasaba pero a la vez se alejaba de él cuando ya lo sabía seguro bajo el mismo techo… confundido, reprimido… frustrado, enojado.

La relación con su madre se volvió más fría y distante. Culparon a la adolescencia y los cambios típicos de la edad… pero no era así… secretamente Javier la culpaba de haberse involucrado con otro hombre y herir a Pedro… él no merecía eso… merecía solamente lo mejor y lo mejor, a sus ojos, ya no era su madre.

Los cambios en el cuerpo y la mente de Javier habían comenzado hacia un par de meses, pero la descarga emocional ocasionada por los últimos acontecimientos había acelerado el proceso… Javier había comenzado a despertar sexualmente y se sentía torpemente confundido… se tocaba y se sentía bien al hacerlo… seguía sin pensar en las chicas… pero se asustaba mucho cuando se auto gratificaba y en su mente tenía la imagen de Pedro… a pesar de todo el tiempo y la intimidad compartida, nunca, durante los 6 años que llevaban juntos, había visto a su padrastro desnudo… pero su imaginación llenaba todos los espacios faltantes.

Esa tarde Sofía no estaba en la casa sino en la capital. Pedro pasó por Javier al colegio y se dirigieron directamente al gimnasio a jugar un partido de basketball con  su equipo de amigos. Al terminar, cansados y sudorosos,  subieron al auto y se dirigieron a casa. Nada era diferente a lo que hacían normalmente. Cada uno se duchaba en el baño de su cuarto y se reunían a cenar en la cocina. Pero entonces, debido a una torpeza, Javier resbaló, rompiendo un espejo y  cortándose el antebrazo con uno de los pedazos.  Envolvió su cuerpo en una toalla y corrió de prisa hasta el dormitorio donde estaría Pedro. Escuchó el agua de la ducha correr… la sangre seguía manando de su herida… de pronto el corte perdió urgencia al imaginar a Pedro desnudo bajo el agua… una descarga fuerte de electricidad sexual lo recorrió entero como si fuera un golpe caliente directo a su bajo vientre y lo dejó temblando… agitado y respirando cansado… justo detrás de esa puerta, apenas cerrada, estaba el hombre que más le importaba en este mundo… quería verlo como diera lugar… y tenía en su brazo la excusa perfecta.

No lo pensó… tan solo actuó guiado por su más básico instinto animal.

Abrió la puerta del baño llevando su antebrazo herido sujeto con su otra mano… todo ensangrentado, como bandera de guerra y escudo de protección frente a él. Se quedó en el más absoluto silencio… sin ni siquiera respirar, mirando la figura desnuda que se veía a través del cristal trasparente de la ducha… hipnotizado… hermoso, glorioso, magnífico… eran las palabras que acudieron a su mente… sin saber porqué las lágrimas llenaron sus ojos y comenzaron a caer… la emoción y el deseo se desbordaban de su cuerpo que apenas se sostenía de pie

– Javi!!.. ¿Qué pasó?- Pedro cortó de prisa el agua de la ducha… frente a él y, a través del cristal, pudo ver a Javier llorando y sosteniendo su brazo ensangrentado. Tomó a la pasada una toalla, se envolvió apenas y aún mojado sentó al chico en una silla y comenzó a limpiar y a revisar el corte.

– ¿Cómo te lo hiciste?-

– Rompí el espejo- respondió sin pensar…

Estaba tan cerca suyo… completamente absorto en la herida de su brazo… limpiando y revisando por pequeñas astillas de vidrio… las dos manos de Pedro sujetaban su brazo… sentía el calor de las manos del hombre en su piel… podía distinguir el calor que emanaba de cada uno de sus dedos…  recorrió con sus ojos toda la piel de su torso… las líneas de los músculos de su espalda y sus brazos… a solo unos centímetros de su boca estaba el hombro desnudo de Pedro, con pequeñas gotitas de agua… Javier lloraba de deseo y miedo… Pedro intentaba tranquilizarlo diciéndole que no era tan profundo el corte… que dejara de llorar… pero no sabía… no podía entender lo que estaba pasando por la mente y el cuerpo del adolescente… la toalla cubría su erección… le resultaba imposible despegar sus ojos de esa piel… se la aprendía de memoria… incapaz de resistirse a tocarla, se acerco despacio hasta tocar con su frente el hombro del hombre… quedándose quieto, respirando agitado por la boca e intentando controlando las lágrimas y…  sus labios que deseaban sentir y besar esa piel. Nunca habían estado así antes, nunca se había sentido de esta manera… puro deseo y excitación… dolorosa y quemándolo.

– Ya está Javi… necesitas un par de puntos pero voy a… Javi?… Javier?-

Javier levantó apenas su cara para encontrarse con la de Pedro a muy corta distancia… seguía llorando incapaz de controlar la fuerte emoción que lo embargaba por completo… Pedro era lo más hermoso que había visto en su vida y estaba a punto de perder completamente el control sobre sus acciones.

El hombre lo miró intrigado sin comprender las lágrimas que seguían cayendo, la respiración agitada ni la extraña mirada de súplica y sufrimiento… Pedro ladeó levemente la cabeza… sus manos aún sostenían el brazo del adolescente

– ¿Qué pasa Javier?

 Posiblemente fue la voz tan dulce y llena de ternura y preocupación lo que terminó de romper el autocontrol de Javier. En un solo movimiento rápido y aprovechando la posición en que estaban, buscó los labios de Pedro y puso los suyos sobre ellos… sin control y con el deseo ardiendo… movió sus labios tanteando, saboreando… disfrutando la suave humedad… solo fueron breves segundos…

– Te amo…- gimió desesperado entre más lágrimas, buscando sus ojos y su perdón por lo que acababa de hacer y confesar

Pedro no fue capaz de reaccionar. Nada en este mundo lo habría sorprendido más que lo que acababa de pasar… quiso decir algo… pero apenas se acordaba de seguir respirando

– Javier…- pero el chico ya había desaparecido corriendo hacia su dormitorio y cerrando la puerta.

Por Dios!! Por Dios!! Lo había besado!!!… había sentido el calor de sus labios y el suave gusto de su boca… no sabía si llorar o reír… hacia las dos cosas al mismo tiempo… debería suicidarse y dejar de existir, había echado todo a perder… o mejor aún debería volver y besarlo nuevamente… Dios!! ¿Cómo se había atrevido a confesarle lo que sentía?…  ¿estaba loco?… posiblemente… lo había besado!! Lo había besado!!!… de pronto se quedó inmóvil en medio de su carrera y locura… ¿se habría enojado?… ¿ahora si se iba a ir al darse cuenta que él estaba loco?... no, no podía irse… eso no… ¿Qué estaría pensando?… se sentó sobre la cama… en forma automática tomó la ropa que había dejado sobre ella antes de entrar al baño y comenzó a vestirse… asustado… aterrado… pero sintiendo aún la suavidad y el gusto de los labios que había tocado… sonreía y lloraba. No sabía qué hacer ahora.

Los suaves golpes en la puerta de su dormitorio cerrado lo hicieron saltar

– Javi… abre por favor–  se quedó mudo y muy quieto. Le había hablado despacio… con la misma suavidad y ternura de siempre… pero no iba a abrir. Lo consumía la vergüenza y el miedo

– Por favor Javi… abre la puerta-

No se movió… esperó sin respirar. Pedro… al que había besado y confesado su amor estaba al otro lado de la puerta…

– Javi… por favor… tengo que poner algo en tu herida y… abre por favor

Solo entonces Javier reparó en que la sangre seguía saliendo en menor cantidad… abrir?… en algún momento tendría que volver a verlo, no?… al menos no parecía enojado… se puso de pie despacio… caminó un par de pasos hacia la puerta pero se arrepintió y volvió atrás… el corazón se la salía por la boca

– Javi… no me voy a mover de aquí hasta que me abras…

Su voz sonaba dulce y decidida.  Javier apretó fuerte los ojos y respiró profundamente tranquilizándose… era Pedro… el mismo Pedro de siempre… el que amaba con todo su ser… no tenía de que tener miedo, verdad?.  Quitó el cerrojo de la puerta con lentitud y se alejó un paso hacia atrás.

Pedro empujó despacio la puerta. Se miraron unos segundos. Pedro también se había vestido.  Javier se volvió a sentar en su cama…

-¿Puedo entrar?- preguntó aún sin moverse de la puerta. Javier asintió con la cabeza.

Pedro llegó a su lado. Tenía en su mano una caja de suturas adhesivas. Con algo de nervios y torpeza no habitual en él, tomó el brazo de Javier… sintiéndose cohibido por primera vez de tocarlo…  No sabía que decir ni que sentir… Javier era su adoración… lo mejor que había resultado de este matrimonio era su niño… este niño que lo había besado en la boca y le había dicho claramente “Te amo” hacía unos minutos atrás… su Javi… ¿no era posible que esta locura fuera solo una pesadilla?… sacó de a una las tiras adhesivas y las puso sobre la herida, juntando la piel con delicadeza. Cuando terminó soltó el brazo de Javier y se quedo quieto a su lado.

– Javi… ¿Qué fue lo que pasó?… no estoy enojado contigo- aclaró rápidamente al sentir como el chico se agitaba  – pero quiero que me expliques… por favor-

Javier se sintió desarmado frente a la ternura con que seguía tratándolo…

– Lo siento… sé que soy anormal y que esto no está bien… pero lo que dije es verdad-

– ¿Lo que dijiste? –

Se demoró en responder… miraba el suelo, sus manos… contestó sin mirarlo

– Te amo…- dijo sintiendo un peso salir flotando de sus hombros… una confesión sin miedo

– Javi… estás confundido. Sé que no tienes mis genes pero eres mi hijo… es normal que a tu edad empieces a confundir tus sentimientos… somos muy amigos, muy cercanos, pero no me amas de la manera en que crees

Pedro trataba de explicarle… él sabía todo lo relacionado con los cambios hormonales y como afectaban a muchos adolescentes… entendía que Javier se confundiera, más aún cuando había notado hacía tiempo algunas actitudes diferentes de Javier respecto de otros chicos… sus movimientos más suaves y dulces, su forma de hablar y moverse… el desarrollo de su cuerpo que era demasiado armónico y casi femenino, con suaves curvas… había pensado muchas veces en hablarlo con él, pero lo veía tan niño aún que había dejado pasar el tiempo…

Javier escuchó lo que decía y se sintió molesto… estaba quitándole importancia a sus sentimientos… que no intentara convencerlo de que lo que sentía era otra cosa porque él sabía bien

– Siempre te he amado… sé bien lo que siento- su voz fue clara y segura aunque de sus ojos aún caían lágrimas.

– No Javi… somos como padre e hijo pero no es lo que tú crees… algún día conocerás una chica y…

– No me gustan las chicas– soltó molesto

Pedro calló. Estaba confirmando lo que venía sospechando desde hacia tiempo

– Javier, solo tienes 13 años… aún tienes mucho tiempo para decidir. No te apresures a creer una cosa u otra. Si resulta que en verdad no te gustan las chicas, está bien… cuentas con mi apoyo y mi cariño como siempre pero… tomémoslo con calma, quieres?

– ¿Vas a cambiar conmigo ahora?- preguntó asustado.

Pedro repasó rápidamente su relación con Javier. Se dio cuenta que el chico era la persona que más le importaba en la vida… amaba a su mujer pero… Javier era algo diferente… era su refugio y su paz… lo amaba de una manera increíble, era su hijo… ¿Qué era lo que tenía que hacer ahora?… eran tan cercanos… compartían todo. Se daba cuenta que no podía alejarlo ni herirlo… no quería hacerlo tampoco, se sentía demasiado a gusto con él…  el tiempo que pasaban juntos era precioso… pero no podía permitir que Javier siguiera alimentando esas tontas fantasías con él… eso era totalmente imposible.

– No Javi. No voy a cambiar contigo pero debes entender que lo que me dijiste es solo una confusión de tus sentimientos… no es real-

Esas palabras fueron las gotas que colmaron la paciencia de Javier… se acercó bruscamente a volver a buscar su boca… quería demostrarle con hechos lo que sentía… pero Pedro estaba preparado esta vez

– No Javier.- no se alejó ni retrocedió. Simplemente puso sus brazos por delante de su cuerpo y lo detuvo. – esto no está bien… soy tu padre y no puedes besarme de esa manera-

– Pero quiero hacerlo… quiero besarte así- las lágrimas volvían copiosas a sus ojos

– Javier… no hijo… no- lo abrazó entendiendo su pena y su dolor. Javier respondió al abrazo quedándose pegado en su cuerpo. Eran demasiadas emociones… todo era tan confuso… sentía que lo amaba y que quería conocerlo de todas las formas posibles… de la manera en que dos amantes se relacionan… pero él no quería. Aspiró su aroma en su cuello y se tranquilizó.

– Siempre me tranquiliza…- dijo sin pensarlo

– Yo?… yo te tranquilizo?- preguntó Pedro

– Si… no… tu olor- volvió a aspirarlo

Pedro sintió, por primera vez desde que comenzaran a hablar, un extraño escalofrío… sabía y había comprobado la importancia del olor de las personas en las relaciones…¿cómo un chico tan niño podía sentir eso?... ¿era, tal vez, como el nexo de olor entre madres e hijos?… la confesión respecto de su olor le llegó más profundo que cualquiera de las anteriores… separó a Javier de su cuerpo empujándolo suavemente de los hombros

– Vamos a comer, ¿quieres?-

Javier sonrió… se secó las lágrimas

– Lo siento – dijo justo antes de levantarse y seguirlo. Pedro lo miró desde su altura

– Siento amarte así- aclaró Javier.

Pedro no respondió. Pensó que en algún momento, más adelante, cuando se enamorara de verdad de alguien, Javier se daría cuenta de lo confundido que estaba ahora y comprendería la diferencia.

En realidad, Pedro estaba más que confundido también… adoraba a Javier, lo quería más que a nadie en este mundo… más que a su mujer tal vez, pero con un cariño de padre, de mentor, de hombre mayor respecto de un niño.

Cenaron en silencio, vieron televisión y luego se fueron a dormir. Cada uno en su cuarto pensando en lo sucedido…

Javier soñaba con el día en que durmiera a su lado y pudiera tocarlo… recordaba su cuerpo duro de hombre y se hundía en el deseo… se tocaba, completamente excitado…

Pedro por su parte tampoco podía conciliar el sueño…   la confesión de Javier lo había preocupado muchísimo… dudaba en contárselo a Sofía… no quería destruir su relación con el chico ni soportar las miradas de duda y horror de su esposa… tendría que aprender una nueva forma de relacionarse con él y ayudarlo a superar lo que, él pensaba, era una pequeña crisis de identidad. Se durmió tarde y preocupado.

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