Capítulo 1

En su colegio, los compañeros comenzaron a molestarlo y aislarlo cuando tenía alrededor de 9 años y se mostraba gentil y preocupado de los demás. Tenía un rostro de niño bonito, con algo de angelical en sus ojos grandes color miel, su piel clara y su pelo castaño. Una sonrisa dulce y siempre dispuesta. Hablaba con todos, era servicial y muy agradable. Para él nada era un problema y siempre estaba dispuesto a cooperar. Le gustaban mucho el colegio, los niños y se sentía muy feliz cuando podía participar.

Jugaba con sus compañeros en el recreo cuando sucedió. Varios chicos, un poco mayores, se acercaron y lo sujetaron fuertemente

-. ¿Tú eres el mariquita?

Se asustó… no fue capaz de responder… esos chicos siempre estaban peleando y buscando a quien golpear. Sus ojos se llenaron de lágrimas de miedo.

– Aahhh.. el marica está llorando

No tenían más de 12 o 13 años pero eran suficientemente grandes para él… lo tiraron al piso y lo golpearon. Le gritaron toda clase de nombres feos.  Sus compañeros miraban mudos de la impresión. Algunos lloraban asustados también.

– Es un marica!!!

Grito uno de ellos amenazante y apuntándolo con el dedo

– Si se juntan con él son maricas también!!!

No había un inspector a mano… no había un profesor… nadie acudió a ayudarlo hasta mucho más tarde. Pero para entonces, las palabras del chico mayor habían calado hondo en los niños. Cuando Juanfe se levantó, sucio y adolorido y quiso unirse a sus compañeros, ellos le dieron la espalda y retrocedieron asustados… Juanfe sintió el vacío. Los niños se alejaron, nerviosos y atemorizados. No querían que nadie los golpeara a ellos. Muchos de los chicos ni siquiera sabían lo que era un “marica” pero la palabra sonaba bien y se acostumbraron a repetirla para insultarlo y corretearlo cada vez que Juanfe intentaba volver a jugar con ellos.

¿Era un marica?… ¿y que si lo era??… ¿tenían que golpearlo e insultarlo??… Él no le hacía daño a nadie… ¿por qué lo golpeaban??.

Fue el primer cambio doloroso en su vida. Se lo tragó todo solo.

Cuando comprendió que nunca más sería integrado al grupo de los chicos, decidió invertir su tiempo libre en otras cosas… siempre solo. Prefería quedarse sentado mirando, leyendo o demostrando su increíble habilidad para dibujar con sus lápices de colores en vez de perseguir la pelota o trenzarse a puñetazos como los demás; se reían de él, se burlaban, le hacían bromas muy pesadas y él aguantaba hasta dónde podía. Cuando lo superaba, se levantaba, caminaba despacio al baño y se encerraba a llorar en solitario hasta que se sentía mejor. Lavaba su cara y salía como si nada hubiera pasado.

Al año siguiente, la entretención de los chicos mayores en el colegio consistía en hacerlo llorar frente a todos… cosa que no costaba mucho dada su extrema sensibilidad… Juan Felipe, de a poco, se había ido acostumbrando y soportaba todo pretendiendo que nada le dolía ni lo hería… secaba sus lágrimas y levantaba su cabeza para continuar con su vida. Habría dado su mano derecha por contar con un amigo… uno al menos… que se atreviera a hablarle y no lo mirara como bicho raro… pero nadie se acercaba a él. Todos tenían miedo, se habían acostumbrado a burlarse de él y lo ignoraban.

Su mamá, único familiar vivo, había reaccionado estúpidamente cuando él le contó que era objeto de burlas y golpes

– Entonces ya deja de portarte como mariquita y defiéndete!!!

Fue todo el apoyo que obtuvo. Estaba demasiado ocupada, trabajando a todas horas e intentando mantener su vida de clase media y a su único hijo, sin un hombre a su lado y con demasiadas exigencias. Lo había puesto en un buen colegio y confiaba en que recibiendo una buena educación podría salir adelante en la vida, pero el precio que estaba pagando a cambio era el no tener un momento de tranquilidad y demasiadas responsabilidades que cumplir.

Los profesores del colegio tenían demasiado trabajo y muy poco tiempo para preocuparse de él; si iban a perder su tiempo se ocuparían de los casos más graves en que los chicos peleaban hiriéndose con cuchillos y cortaplumas, perseguían y embarazaban a las niñas menores o desertaban del colegio seducidos por las drogas… Juan Felipe no era preocupación para nadie puesto que siempre parecía bien y tenía muy buenas notas.

A los 13 pensó en dejar el colegio.  Se sentía mal al no tener con quien hablar y que todos lo evitaran como si fuera la plaga. Su único refugio seguía siendo su block de dibujo donde plasmaba sus frustraciones y enojos. Sin embargo, luego de pensarlo mejor, no lo hizo por una única razón… sus notas eran siempre sobresalientes y esa era la única forma de venganza que tenía contra quienes lo despreciaban a diario; recibía, con una sonrisa de satisfacción y la cabeza bien en alto, sus calificaciones y las felicitaciones del profesor mientras los demás, agresivos y peleadores en el patio y en la calle, agachaban la cabeza y recibían las reprimendas del profesor por sus malas calificaciones.

– Se la chupa a los profesores– era la razón más común que escuchaba de sus compañeros de clases.

Cuando cumplió 15 años, su cuerpo comenzó a cambiar… no se había estirado ni vuelto largirucho y deforme, como muchos de los otros chicos; su cara no se había llenado de granos sino que había permanecido niño y sin formas; pero una mañana los pantalones del uniforme escolar parecían haber encogido y la camisa achicado… se miró al espejo… estaba creciendo, agarrando formas de hombre y… ¿se estaba volviendo atractivo??… se acercó más al espejo… necesitaba comprobar y convencerse… sus ojos color miel resaltaban con su forma almendrada y sus gruesas pestañas oscuras que los hacían parecer delineados, su piel era tan clara, tersa y suave como la de su mamá, sus pómulos altos y delicados… su rostro ovalado era hermoso, enmarcado por un lustroso pelo castaño con suaves ondas. Sonrió, asombrado, como no lo hacía en mucho tiempo y se perdió la primera hora de clases por quedarse contemplando su propia imagen en el espejo… atesorando el sentimiento de quererse un poquito, por primera vez.

A partir de ese día, sonreía cada vez que miraba a sus compañeros y los veía todavía en etapa de desarrollo, mientras él ya tenía unas preciosas facciones y un cuerpo delgado, acinturado y delicado, que hacía que las chicas del colegio hubieran comenzado a buscarlo e intentarán ganar su amistad…  Pero Juanfe había dado esa etapa por superada hace tiempo; no quería relacionarse con nadie del colegio. Quería buscar amigos nuevos en otra parte, donde nadie lo hubiera pisoteado ni denigrado…  sentía verdadera repulsión por todos aquellos que jamás lo habían defendido ni ayudado… que nunca le hablaron ni se interesaron por él.

Tenía 15 años, acababa de descubrir que se volvía atractivo,  vivía en una ciudad grande y quería vivir la vida, experimentar todas las posibilidades y por sobre todo, conocer el amor… ese del que había escuchado hablar, visto en las teleseries y películas, leído en los libros, pero no había sentido jamás.

-. Y tú?? ¿Dónde crees que vas?- gritó su mamá al verlo pasar tan arreglado y perfumado por primera vez. Era sábado, estaba oscureciendo y él quería conocer el mundo más allá de su casa, del barrio y del colegio.

– Voy a dar una vuelta…

– Ni lo sueñes!!!

– Pero mamá… quiero…

– No señor.

Volvió a su dormitorio enojado y se quitó toda la ropa y adornos. Se metió a la cama frustrado, pensando en que para la próxima vez escaparía sin que ella se diera cuenta.

-. Juan Felipe?…-  su mamá entraba en la habitación – mira… no quise ser tan dura pero no puedes salir solo a esta edad ni en esa facha… de donde sacaste esa ropa??!!! eres un niño… puede pasarte algo…

– Tengo 15 años!!! – protestó saliendo de debajo de los cobertores

– Por eso mismo!!- grito ella de vuelta – No sales y punto!!!

Esperó tranquilo un par de sábados más… sabía que en algún momento se presentaría su oportunidad. Ese sábado, un par de semanas antes de navidad, su mamá había tenido mucho trabajo y llegó cansada, se durmió frente a la televisión después de cenar.

Juanfe se arregló mientras tarareaba y bailaba una canción de moda y se miraba al espejo… su ropa corriente había cambiado de aspecto bajo su propia mano. Había descubierto, hacía poco, que tenía la habilidad innata de usar tijeras, agujas, hilo e imaginación para darle un nuevo aspecto a sus cansados jeans y camisas o poleras de siempre.  Unos cuantos tajos estratégicos en los jeans, desflecado, broches metálicos… cortes en las mangas y el escote para las poleras… pintura apropiada y su aspecto era el que siempre había soñado… parecía un chico mayor… despeinó su pelo casi agresivamente, dejó unos cuantos mechones cubriendo sus ojos y rociándolo con la laca de su mamá, tomo su chaqueta de mezclilla a la que le había pintado grandes letras en negro, el dinero que había ahorrado por meses y salió a la calle sin ningún remordimiento.  El mundo esperaba por él.

Eran cerca de las 10 de la noche… era libre de hacer lo que quisiera y vivir la vida a concho.  Se paró en la esquina a esperar una micro… no sabía cómo vivir la vida a concho… ni tampoco tenía muy claro específicamente a dónde ir. Sabia del barrio donde se encontraban los clubs y las discos.., y sabía de la calle pero nunca había estado allí. Ansioso, subió a la micro de siempre, notó como algunas personas lo miraban raro… su llamativo aspecto atraía la atención. Se refugió en un asiento de la parte posterior y esperó a ver hasta donde llegaba… buscaba luces y música y gente…

Miraba interesado por la ventana cuando vio a un grupo de chicos subir al mismo bus; 4 chicos mayores que él. Se sentaron cerca y los escuchó hablar. Iban al mismo lugar de moda… una disco… bailar, música, gente. Se bajó donde mismo bajaron ellos y siguió sus pasos a la distancia. Estaban en una calle bastante movida e iluminada. Juanfe miraba a todos lados… no había una sino varias discos y club en esa cuadra y las siguientes. Sus ojos se iluminaron. Estaba en el lugar correcto!!. Caminó un poco nervioso pero disimulando, con su mejor paso elástico y estilizado… Se daba cuenta de que por primera vez estaba atrayendo las miradas de quienes vagabundeaban cerca de los lugares de moda, camino aún más enérgico… llamaba la atención… era una sensación deliciosa…  le gustaba sentir que era atractivo.

Pasó frente a una discoteque diferente… solo habían chicos… se detuvo cerca de un árbol a mirar con detención… eran chicos como él… maquillados, góticos, estrafalarios, alocados, alegres… sonrió un poco asustado… algunos se tocaban y besuqueaban… ¿se atrevería a entrar?… decidió mirar un poco más y cerciorarse antes de ingresar… la curiosidad y las ganas eran muchas… los chicos entraban solos o en grupos… parecía tan divertido… salió de la oscuridad y caminó hacia la puerta de entrada del lugar, atraído irremediablemente por la música, las personas, las luces…

– Hola princesa…

Un hombre joven, buenmozo y muy bien vestido, se bajaba de su impresionante vehículo deportivo y lo miraba con descaro – ¿te acompaño?-

Siguió caminando sin responderle pero sonriendo por dentro… le había gustado a ese hombre…. Consiguió pasar por la entrada del lugar con solo una mirada de inspección del portero quien pareció aprobarlo y lo dejó pasar.  Siguió a todos los que avanzaban por el pasillo lleno de luces de colores, de música que sonaba fuerte y de muchos otros hombres y jóvenes como él que lo miraban en forma lasciva, sorprendidos o le hacían algún gesto

– Hey, muñeca…- lo llamaban algunos

– Chico… oye chico…

No respondió ni miró a los ojos a ninguno… Es verdad que quería conocer gente pero necesitaba observarlos un rato antes de decidirse a hablar con ellos; quería amigos nuevos… pero las personas lo asustaban fácilmente.

En la barra pidió una cerveza que le vendieron sin preguntarle la edad ni nada. Se quedó apoyado en un costado más oscuro del bar, mirando todo lo que pasaba en este extraño lugar… intentando entender el ambiente… chicos y hombres bailando, mitad desnudos y enloquecido, otros coqueteaban o derechamente se besaban con todo descaro… mas allá alguien fumaba hierba o consumía algo más fuerte… otros se reían a gritos y cantaban… se acariciaban sobre los sillones… todos lo estaban pasando bien… la gran mayoría eran hombres… solo había un par de mujeres.

– Aburrido?

Se sobresaltó al escuchar una voz tan cerca. Era un chico solo un poco mayor que él mismo, con el pelo muy largo y oscuro, ojos intensos que parecían traspasarlo con una mirada seria y profunda… le ofrecía un cigarrillo de su paquete recién abierto

– No… gracias- contestó nervioso.

El chico lo miró divertido, parecía burlarse de su miedo

– Primera vez?- sacó el cigarro y lo encendió

– Nooo… Si…

– ¿Quieres bailar?

– No… no sé bailar

– Te enseño

El chico hizo el intento de tocarlo pero Juanfe salto hacia atrás como si esa mano quemara

– No… no quiero

– Eres arisco, eh?… déjame enseñarte

Estaba asustado ahora. No le gustaba la insistencia y el extraño tenía algo intenso que lo ponía nervioso

– No quiero. Déjame solo- respondió agresivamente. Era su forma de defensa cuando estaba asustado.

-Te van a comer los buitres niño- respondió algo molesto. Dio media vuelta y se fue…

Juanfe se sintió aliviado de quedarse solo… pero que tonto… ¿no era a eso a lo que había ido?… a buscar compañía??… ¿Por qué la rechazaba entonces?... respiro tranquilizándose y bebió un poco. Siguió observando entretenido

– Pero si es la princesa…

El tipo del auto de lujo que había visto afuera, estaba a su lado. Lo miró queriendo disimular… era muy atractivo, debía tener alrededor de unos 24 años… un aire europeo, seguro, lleno de energía. Se paró a su lado…

– Quieres beber algo?

– No, gracias– indicó su cerveza.

Se puso  nervioso. No estaba seguro de cómo relacionarse con un tipo así, tan bien vestido y atractivo… mayor y descarado…  le sorprendía y fascinaba que se hubiera fijado en él

– ¿Qué haces en este lugar, princesa?

Se acercó un poco más, de frente a él, hasta casi rozarlo, mirándolo en forma provocativa. Juanfe retrocedió, intimidado.

– Solo estoy mirando… y no soy “princesa”- pero con ese tonito de voz tan asustadizo no convencía nadie.

– Eso no está bien… no puedes quedarte ahí escondido… eres demasiado bonito para no mostrarte

Sintió que enrojecía completamente… el tipo era tan atractivo y estaba coqueteando con él… estaba agitado y feliz a la vez. Cielos!! Así era como se sentían los enamorados???!!! Llenos de mariposas en el estómago…

-Deja eso ahí… ven conmigo

Sin dudarlo, el hombre aprisionó su mano entre la suya y tiró de él hasta la pista de baile… no hizo caso de ninguno de los reproches avergonzados de Juanfe.  Ya en el medio de la pista comenzó a bailar… se movía muy bien y no le quitaba los ojos de encima, animándolo a moverse… Juanfe miro a todos lados…nadie parecía ponerle atención excepto los ojos fijos de su acompañante… comenzó a moverse muy de a poco… estaba bailando en una disco!!! Pronto se dejó llevar por la música y el ambiente, esto era lo que buscaba… sonreía feliz y se movía entero, ocupando por fin los tantos pasos de baile que había ensayado en su habitación miles de veces

-. Bailas muy bien, princesa- le dijo su acompañante al cabo de un par de canciones, cruzando un brazo por sus hombros y volviendo a dirigirlo a la barra.

Se dejó llevar, agitado y sonriente. Bebieron para saciar la sed que el baile y el calor había provocado en ellos.

– ¿Cómo te llamas, princesa?

– Juan Felipe… Juanfe… y ya te dije que no soy princesa

En realidad no le molestaba… era casi chistoso y halagador escuchar como lo llamaba princesa, con esa voz tan sensual y profunda, mientras lo miraba con ganas y deseo… Juanfe sonreía… todo nervios de principiante

– Soy Adrian y si pareces una princesa

Su mano tocaba el pelo de Juanfe… se deslizaba lenta y sinuosa hacia su cintura… – ¿seguro que no lo eres?- lo seducía con una sonrisa cargada de misterio. Adrian no le decía nada pero lo tocaba y estaba tan cerca… sentía su aliento en el cuello incitándolo… especial… nervioso… todo era excitante.

-. Ven a conocer a mis amigos, princesita

Lo llevó de la mano nuevamente, sujetándolo con firmeza. En una mesa, 2 chicos, también mayores, esperaban por Adrián. Lo saludaron mirándolo apenas. Se sentaron, Adrián lo dejó a su lado, pegado a él, con su brazo cruzado por su cuello, reteniéndolo junto a él.

– Encontré una hermosa princesa… – le dijo Adrián a sus amigos tomando un nuevo vaso y bebiendo su contenido… Juanfe solo sonreía, ellos saludaron de vuelta… ahora quería volver a bailar… estaba entusiasmadísimo

– ¿Qué quieres princesa?

– Bailar!!- contestó alegre

– Tus deseos son órdenes…

Bailaron, bebieron un poco más… rieron y siguieron bailando al ritmo de la alegre música.

Mientras se movía frenéticamente en la pista, el chico de pelo negro largo que le había hablado antes, lo miraba desde la orilla… Juanfe desvió su vista, no quería verlo. Había algo en él que lo ponía nervioso. Lo miraba de una forma demasiado intensa.   Adrián pasó sus brazos por la cintura de Juanfe, atrayéndolo… bailaron juntos… moviéndose lenta y sinuosamente, sus cuerpos tocándose

-. Me gustas princesa…- le dijo mirándolo a los ojos, tan cerca.

Sintió el rubor en las mejillas… Adrian era tan seguro y atractivo… oh Dios! Era la mejor noche de su vida. No le dijo nada, solo afirmó su rostro en el pecho del hombre sintiendo como latía el corazón del otro y el suyo estaba tan agitado. Estaba intensamente  feliz con todo lo que estaba sucediendo. Era, sin duda alguna,  la mejor noche de toda su vida.

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