Ricardo.

RICARDO

CAPITULO 4 –

Observo la mesa por enésima vez para comprobar  que  la pareja que la ocupa continua disfrutando con lentitud de los pasteles que han ordenado. Ella sonríe y conversa con suavidad. El la escucha embelesado… están enamorados, no hay duda.  Mis ojos se van al antiguo reloj que cuelga en la pared por quinta vez en menos de un minuto. Puedo sentir como me vuelvo ansioso. Mi turno finaliza dentro de diez minutos pero tengo que terminar de atenderlos y llevarles la cuenta que aun no piden

-.¿Problemas? – pregunta Jesús parándose disimuladamente a mi lado

Jesús es uno más de los garzones pero debido a su carácter,  estudios y popularidad se ha ido ganando de a poco el lugar de líder, aunque es René quien ostenta el título de Jefe de meseros por ser el más antiguo en el servicio y el mayor de todos nosotros. Sin embargo, todos recurrimos a Jesús cuando queremos algo. Es más joven y accesible, siempre está de buen ánimo y dispuesto a cooperar. Entiendo que ahora le ha sido muy fácil darse cuenta de mi actitud nerviosa. Pienso en que debería responderse a Jesús… la ansiedad me gana

-. Si. Es que tengo que salir justo a la hora… –  respondo urgido

Vuelvo a mirar el reloj con crecientes deseos de gritar por la frustración. Jamás falto al trabajo y nunca me retiro antes de tiempo. Siempre cumplo mis horas en silencio y con puntualidad… Sin embargo, justo ahora, cada minuto que me demore es un minuto menos de tiempo que tendré con Gerardo y mi tiempo con él siempre es escaso. Considero además que mi atraso lo pondría de mal genio aunque él me haya avisado con tan poco tiempo de antelación. Es muy exigente.

– Es un asunto personal – aclaro ante la mirada curiosa de Jesús

-. Yo te cubro – dice él con  tranquilidad – yo me encargo de ellos – indica a la pareja que come lentamente.

-. Pero… y Don Martín?

No quiero perder el trabajo. Lo necesito. Es el dinero con el que vivo cada mes y pago mis deudas desde hace un año.

-. Don Martin anda ocupado con Lukas.. ya sabes… están en la oficina – me responde guiñando un ojo y sonriendo – creo que Lukas encontró trabajo y vino a contárselo a Don Martín

Todos éramos testigos del cambio que se había producido en Don Martin desde que nos había presentado a su nueva pareja. El trataba de mantenerse serio cuando Lukas aparecía por La Confiserie pero no le resultaba mucho. Ese hombre lo tiene agarrado del corazón y es fácil verlo en su cara cuando Lukas llega a verlo… Don Martín es otra persona con él y nos alegra y causa risa verlo feliz.

-. Además, faltan… nueve minutos- me dice Jesús encogiéndose de hombros para restarle importancia al tiempo – no se va a dar cuenta. Ándate de una vez

Jesús no tiene ningún cargo en particular dentro de la Confiserie pero hay algo en él que nos hace mirarlo como líder natural, seguir sus instrucciones y consejos. Quizás es porque reconocemos que tiene más preparación y educación que la mayoría de nosotros, además de ser atractivo y seguro. Otra cosa importante es que él jamás da un mal consejo ni apoyas causas que no sean justas.

Le dedico una sonrisa agradecida y sin pensarlo dos veces, camino de prisa hacia los vestidores.  Exactamente 9 minutos después estoy en la calle caminando de prisa, casi corriendo, hacia el hotel donde he quedado con Gerardo.

Lo conozco desde hace cinco años. Gerardo fue la primera persona que me dio un trabajo. Bueno… reducir nuestra historia a decir que solo fue trabajo sería omitir gran parte de lo que sucede.

Nací y crecí en una familia de recursos muy escasos, con el serio agravante de tener una hermana menor con una enfermedad crónica. Cuando terminé la escuela, la situación económica de mi familia no daba para poder continuar con mi educación. Yo quería ser profesor y hacer cosas importantes, educar niños y enseñarles mucho más de lo que me habían enseñado a mi en la escuela, tratarlos con cariño y ayudarlos a crecer. Sentía que tenía una conexión especial con los menores y quería entregar todo lo que a mí me había faltado. No tenía ninguna base para afirmarlo pero pensaba que podía llegar a ser un buen maestro.   Escuchaba con tristeza y un poco de envidia, como algunos de mis compañeros iban a seguir estudiando y llegar a ser los profesionales que deseaban. Sus padres podían pagarles los estudios.  No era mi caso. Nosotros vivimos en un lugar muy pobre y yo soy el mayor de cinco hermanos. Rosita siempre está delicada de salud. Los médicos dicen que nació con un problema en los riñones.  Siempre supe que tendría que trabajar al terminar de estudiar. Nunca me enojé ni me rebelé. No está en mi personalidad protestar, maldecir o quejarme.  Lo asumí como parte de la suerte que me había tocado en esta vida sin rebelarme. En algún rincón de mi mente guardé la imposible esperanza de que quizás, más adelante, si trabajaba duro, lograría ahorrar lo suficiente como para poder estudiar… pero la ilusión queda cada vez más sepultada a medida que los años pasan. Mis padres son buenas personas pero sumamente humildes y simples. Ella es empleada doméstica de medio tiempo y mi padre trabaja en un taller. El mal trato y el trabajo duro los ha envejecido antes de tiempo y cada vez se apoyan más en mi.

Gerardo tenía un restaurant  cerca de mi barrio. Fue uno de los primeros lugares al  que me dirigí buscando trabajo con solo 18 años y nada de experiencia.  Más aún, mi aspecto físico siempre me ha hecho parecer menor de lo que soy; soy bajo, 1.68, delgado y mis huesos son pequeños; para peor tengo rostro de niño. Aunque hago ejercicios cada noche, antes de dormirme, mis músculos siguen negándose a crecer pero ya he llegado a aceptarlo. Gerardo dice que le gusto así… con aspecto de niña acinturada y delicada. Me he dejado crecer mi pelo negro solo para complacerlo y ya me llega más abajo de los hombros. Don Martín no tiene problemas en que usemos el pelo largo siempre y cuando esté limpio y bien presentado. A mis padres no les agrada y me da pena no poder complacerlos… pero a Gerardo le gusta enredar sus manos en mi pelo y sujetarlo con fuerzas mientras me folla…

Por fin llego al hotel. Siempre es el mismo lugar y el recepcionista me dirige una mirada aburrida. Ya me reconoce, sabe quiénes somos y a que venimos.

-. ¿Qué diablos te importa lo que piense el recepcionista? – me reñía Gerardo al principio cuando yo me quejaba de la vergüenza que sentía…

Y tiene razón. Como siempre.  Hace meses que ya no me importa. No es un hotel caro y elegante. Es, precisamente, un hotel parejero donde los cuartos se arriendan por horas.

Son muchas las cosas que aprendo con Gerardo. Siempre me enseña y corrige.

Lo primero que aprendí con él no fue nada agradable.

Se demoró dos meses en darme el empleó que le estaba pidiendo en su restaurant. Mis padres me apremiaban para que buscara trabajo en otro lugar pero yo había quedado encandilado con el dueño del lugar y no podía ver más allá. Era el hombre más hermoso que había visto en mi vida.

Gerardo tenía 32 años en aquel entonces. Era un hombre fuerte y enérgico. Me había impresionado profundamente.  Su pelo castaño lo usaba muy corto, casi estilo militar lo que hacía resaltar sus cejas arqueadas y sus grandes ojos celestes, nariz recta y labios gruesos.  Es  alto y aún tiene la misma constitución musculosa. Normalmente usaba jeans y camisetas ceñida lo que permite apreciar su bien proporcionado cuerpo…

Para mí, a mis 18 años y con cero experiencia en el mundo, más allá de mi barrio y mi escuela, Gerardo, con su estampa y su vozarrón, era la encarnación de un Dios Griego en la tierra.

Quería, impacientemente, trabajar allí para poder verlo todos los días, aunque tuviera que lavar loza y trapear pisos. No me atrevía a soñar con nada más que verlo y escucharlo.  Eso bastaba para llenar mis noches solitarias y mis sueños húmedos. Pensaba en él, en su cuerpo y en su voz, cuando mi mano me procuraba placer. Un pensamiento del todo prohibido pero delicioso.

Finalmente, cuando ya estaba a punto de perder las esperanzas, fui por última vez a preguntarle, más bien a rogarle. Esta vez estaba solo y me hizo pasar a la  bodega de alimentos para poder hablar tranquilos. Me sentía nervioso y asustado cada vez que me dirigía la palabra. No sabía qué hacer con mis manos ni mi cuerpo, adonde dirigir mi vista ni que hablar…

-. Voy a arriesgarme contigo, muchacho – me dijo muy serio, con esa voz dura que tiene – no tienes experiencia y eres casi un niño

-. Tengo dieciocho, señor

-. Pero pareces un mocoso… eres muy delgado y seguro no vas a aguantar nada

Me miró de arriba abajo demorándose en inspeccionarme. Sus ojos sobre mi me alteraban…

-. Lo haré bien, señor. No le fallaré – dije agradecido y prometiéndome a mí mismo que haría hasta lo imposible por agradarle.

No me imaginaba lo que me esperaba.

Comencé siendo el último peón del juego. En el restaurant siempre faltaba personal pero Don Gerardo decía que solo era flojera aunque todos estaban permanentemente ocupados. Todos los trabajos más desagradables caían en mis manos

-. Ricardo, lava los vasos!!

-. Ricardo, limpia aquí de prisa

-. Ricardo, mueve el culo y saca la basura!!

-. Ricardo, el baño se tapó de nuevo

No tenía un trabajo definido. Servía para todo lo que se presentara desde la mañana hasta la hora del cierre, ininterrumpidamente. Era siempre el último en salir del restaurant, cuando todo estaba limpio y dispuesto para el día siguiente. Don Gerardo siempre encontraba algo que pedirme a última hora lo que me obligaba a salir muy tarde. Él se quedaba conmigo pero no era igual: él había descansado gran parte de la mañana mientras yo había comenzado temprano haciendo el aseo del lugar.

Estábamos en el mismo lugar pero él mantenía una fría distancia conmigo. Estaba pendiente de todo lo que yo hacía y cualquier pequeño defecto daba pie a que me reprendiera con severidad.  Me exigía mucho más que al resto y era duro e hiriente cuando me equivocaba. Me humillaba todo el tiempo pero yo aguantaba porque no tenía donde más ir y las razones que Don Gerardo daba para regañarme parecían tan reales. Muchas veces, llegaba a mi casa muriendo del cansancio pero me derrumbaba a llorar. Me dolía que Don Gerardo dirigiera sus preciosos ojos claros sobre mí solo para buscar mis defectos y de sus labios únicamente salieran gritos y palabras hirientes…  trabajaba sin descanso pero tenía la impresión de ser un inútil.

La pena se compensaba con las pocas veces en que era amable conmigo. Atesoraba los recuerdos de sus gestos amables o de las escasas sonrisas.

Sucedía únicamente cuando estábamos solos

-. ¿Te gusta trabajar aquí, muchacho?

Generalmente, aparecía de la nada, asustándome, y se quedaba observándome fijamente

-. Si, señor

Era una verdad a medias. El trabajo era pesado y demasiado, pero seguía encandilado con su presencia y eso era como un premio.  Mientras más lo miraba, más perfecto me parecía. No importaba que quedara exhausto trabajando.

-. Estas aprendiendo bien – me decía sin sonreír – si sigues así podrás trabajar sirviendo mesas y te darán propinas.

Sus palabras amables eran capaces de transportarme a la más completa felicidad. Eran pequeñas pausas de paz que sucedían entre las muchas horas de trabajo y gritos. Me mantenía añorándolo y soñándolo…

-. Gracias. Lo intento, señor

-. ¿Y qué haces? además de trabajar aquí

-. Nada… no hago nada

Me avergonzaba no tener una respuesta ingeniosa que darle pero mi vida era absolutamente sosa y simple. El trabajo ocupaba casi todas mis horas disponibles y el resto lo usaba en ayudar en mi casa con mis hermanos menores o a mis padres. Teníamos demasiadas necesidades.  Soñar con él y dormir eran mis únicas distracciones diarias

-. ¿Y no tienes una novia? – preguntó un día

-. No. señor. No tengo novia – respondí sintiendo como me ardía la cara

Sin mediar explicación, su mirada y actitud cambiaba y se volvía hostil

-. Pues deberías buscarte una!!!

Se acababa la paz y el interés en mi vida…

Era una montaña rusa; en un momento me encontraba feliz porque me ponía atención pero al minuto siguiente estaba de muerte por la misma causa.

La situación se alargó por más de un año. Nunca sabía cómo iba a reaccionar así es que había optado por hacerme lo mas invisible cuando él y estaba cerca pero nunca me dejaba tranquilo.

El, a veces traía mujeres al restaurant y las atendía como reinas; se pavoneaba con ellas y le gustaba lucirlas. Siempre eran chicas muy arregladas, con vestidos cortos o ropas ajustadas que sonreían con facilidad ante lo que él hablaba.  Tendía a hacerme invisible aún cuando eso sucedía,  buscaba algo que hacer lejos del salón del local y me hundía en la cocina, el freezer o el patio trasero para no tener que verlo. Me daba rabia que estuviera con esas mujeres pero a la vez, me sentía un poco más estúpido que lo habitual… ¿Qué derecho o razón tenía para molestarme?

El resto de las personas en el restaurant eran amables conmigo pero ninguno era mi amigo. No tenía tiempo para cultivar una amistad ni sabía cómo… el trabajo era absorbente y extenuante.

De ser un chico común y con una vida simple pasé a ser una persona nerviosa, tímida y estresada. Don Gerardo seguía siendo un hombre atractivo que me fascinaba, pero me sentía ansioso e incómodo con él. Nunca sabía cómo iba a reaccionar ni entendía el porqué de sus cambios bruscos de humor.

Me tomó medio año más comenzar a entenderlo.

Era tarde en la noche y habíamos quedado solos, como tantas otras veces. Don Gerardo estaba extrañamente callado aparentemente ocupado en sumar cuentas detrás del mostrador. De vez en cuando me lanzaba una mirada como si estuviera molesto. Yo terminaba de limpiar y acomodar las mesas y sillas de prisa para que todo estuviera listo al día siguiente y lo hacía moviéndome lo más rápido posible. El solo me miraba… No sabía si estaba enojado porque tenía que esperar a que yo terminara…

-. Ya deja  de hacer eso! – Ordenó casi gritándome.

Salté de la impresión y no pude identificar que había hecho para enojarlo. Caminó enérgico hasta la puerta del restaurant, la cerró con llave, apagó las luces delanteras y, al pasar, me agarró fuertemente del brazo y tironeó de mí

-. Ven conmigo – gruñó entre dientes

Estaba asustado de muerte. Él me apretaba y tiraba con una fuerza descomunal y yo parecía un  juguete a su lado. Apagó el resto de las luces del restaurant y me empujó dentro de la bodega trasera.

¿Qué hice?.. ¿Qué fue lo que le molestó?…

Sentí que empequeñecía dentro de la  bodega… nunca lo había visto tan enojado. Seguro iba a perder mi trabajo y eso me angustiaba.

-. Lo haces a propósito ¿no es cierto?

De un empujón me aplastó contra la pared. Me dolió el golpe en la espalda y los ojos se me nublaron de lágrimas.  Juro por Dios que no sabía de qué hablaba

-. ¿Qué cosa hago?

-. Moverte así… exhibirte… provocarme…

-. No, señor… no hago nada…

-. Si lo haces… lo andas buscando desde que llegaste. Meneando el culo y suplicando que te follen

¿Qué?.. no.. NO!!

-. No señor… le juro que no..

-. Ustedes los maricas son todos unos putos

-. Don Gerardo… yo no…

-. Quítate la ropa! – ordenó tomando una varilla de madera de uno de los estantes y acercándose amenazante

-. No… no, Don Gerardo… yo no hice nada

-. Dije que te quites toda la ropa o lo haré yo mismo

Su voz y su aspecto eran terroríficos. Un hombre grande y fuerte embravecido, fuera de control…

Yo temblaba y lloraba mientras me desnudaba… perdía mi dignidad con cada pieza de ropa que removía de mi cuerpo…  mis brazos y piernas parecían de lana… sabía que Don Gerardo estaba hablando en serio y dispuesto a golpearme a la primera provocación de mi parte, no había nadie cerca así es que aunque gritara nadie vendría a ayudarme…  Estaba esperando a que todo fuera una pesadilla y despertara en cualquier momento… no podía estar pasándome esto de verdad… yo no había hecho nada para provocarlo… lo juro!!!   Me quedé desnudo, mas avergonzado que nunca en mi vida y apretando las ropas contra mi cuerpo en un intento de protegerme.

El había comenzado a golpear la varilla con fuerza contra su mano y el sonido que producía me asustaba más. De pronto el sonido ceso. Me miraba fijamente de arriba abajo

-. Deja tu ropa ahí

Indicó un estante. No la solté… era de lo único que podía aferrarme y estaba paralizado de miedo. Casi no respiraba por miedo a moverme

-. Obedece!! – gritó golpeando la pared a mi lado

Solté la ropa junto con un grito de miedo…

Estaba solo y desnudo frente a él, tiritando y llorando pero él no parecía darse cuenta de mi temor. Me recorría con los ojos… jugando con la varilla en su mano…

-. Eres muy delgado…

-. Don Gerardo… no…

-. Tienes cuerpo de niña…

-. Por favor… quiero irme…

-. Ahora quieres irte?… ahora que voy a darte lo que has andado pidiendo???

-. No señor… le juro que no he pedido nada.. yo no..

-. Cállate!!  – esta vez la varilla golpeó la pared a mi lado con gran estruendo… pensé que iba a desmayarme…  de pronto su mano estaba tirando mi cabello y levantando mi rostro…

-. Que conste que tú has rogado por esto…

-. No, yo no…

Tenía cara de loco… de haber perdido todo dominio sobre sus acciones… dejó la varilla a un lado y puso sus dos manos sobre mis hombros presionando hacia abajo violentamente…

-. Arrodíllate

-. Por favor… señor… por fa..

Caía al suelo de golpe… Don Gerardo abrió el botón de sus pantalones sin quitar sus ojos de mi… luego fue el turno de cierre y ya entonces tuve justo frente a mis ojos el pene más grueso y largo que había visto en mi vida…. Con una mano se lo sujetaba y con la otra agarró mi pelo para tirarlo hacia atrás

-. Abre la boca y ten cuidado con lo que haces

Abrí la boca para gritar y llorar de terror… pero el pedazo de carne caliente penetro con fuerza entre mis labios abiertos ocupando todo el espacio… no podía ser verdad lo que me estaba pasando… su mano me sostenía presionándome hacia adelante y su polla entraba y salía de mi boca con brutalidad.

-. Eso es, chico… eso es…

Arremetía contra mi boca abierta causándome dolor… me desesperé y sentí que me ahogaba cuando su miembro toco las paredes del fondo de mi garganta produciéndome arcadas, manotee en el aire intentando alejarme pero no se detuvo.

-. Si me vomitas te mato a golpes – amenazó obligándome a mirarlo y deteniendo sus movimientos – ¿entendido?

Yo no podía responder con la verga metida en mi boca, sofocándome y tampoco quería hacerlo… solo suplicaba que la pesadilla terminara rápido para poder correr de vuelta a mi casa, pero un fuerte tirón a mi cabello me forzó a asentir…

-. Ya deja de lloriquear como nena… andabas rogando porque te la metiera y aquí la tienes

NO! yo nunca le rogué por nada… lo prometo… no lo hice!!!

 -. Así me gusta mas… una putita obediente. Ahora toma aire y retenlo en tus pulmones

Por supuesto no le hice caso porque no estaba en condiciones de obedecer nada… el miedo me tenía paralizado

Su verga se internó lenta en mi boca… caliente e invasora…la saliva chorreaba por el costado de mis labios… pensé que iba a morir… se incrustaba en el fondo de mi garganta sin dejarme espacio para tomar aire, arcada tras arcada me sentía desfallecer…

-. No me estás haciendo caso.- dijo sacando parte de su polla –toma aire ahora

Había dejado de gritarme y su voz resultaba más tranquila y comprensible… Con paciencia esperó a que yo siguiera su instrucción y lo hice por miedo a su reacción si no obedecía. Estaba desnudo y en sus manos.  Tragué aire calmando mis sollozos. Don Gerardo sonrió complacido y aligeró el agarre en mi cabello

– Retén el aire en tus pulmones – y volvió a la carga solo que esta vez lo hizo con más lentitud y emitiendo un sonido parecido a un maullido. Las arcadas cesaron

-. Suelta el aire – dijo al retroceder su verga en mi boca – ¿ya estas entendiendo?

Traté de comprender…

Estuvo varios minutos follando mi boca hasta que en algún momento me calmé… el hombre era grande, violento pero seguía siendo hermoso.  Tenía su polla en mi boca y eso era mucho más de lo que había soñado

-. Sabía que te iba a gustar… eres una putilla muy cachonda… –su mirada se había vuelto vidriosa y había mayor urgencia en sus embestidas… – querías esto, si?.. verdad que querías que te follara? – me preguntaba sin cesar tironeándome nuevamente.

Finalmente asentí para que se calmara y dejara de zarandearme… en realidad no lo había buscado, o al menos no me daba cuenta de que lo hubiera estado haciendo pero él decía que lo había notado …  seguía siendo doloroso e incómodo tener su polla metida en mi boca pero Válgame Dios!!! era su polla…  una gran paso… mejor que en cualquiera de mis sueños.

Cuando por fin empezaba a perder el miedo y a relajarme escuché su voz

-. Quiero tu culo ahora

Como si yo fuera una muñeca de trapo, me levantó y me giró empujándome de cara contra la fría pared.

-. NO.. NO.. – esta vez grité fuerte porque ya estaba más recuperado y el miedo volvía a apoderarse de mi

-. Por lo menos tienes un buen culo… – dijo al tiempo que una de sus manos agarraba mi nalga y la estrujaba hasta causarme dolor – no te asustes, estoy todo empapado de tu saliva y entrará fácil

Pero no fue así. El dolor fue brutal. Grité y lloré todo el camino que con lentitud hizo hasta que su verga estuvo completamente dentro de mi recto… el dolor era horrible y podía sentir como me rompía y desgarraba…  no sé cómo pude soportar aquella primera vez sin perder el conocimiento. Creo que fue porque sus manos me sostenían de pie contra la pared sin dejarme caer.  Me embistió unas cuantas veces para luego sacar su miembro con rapidez y arrojarme  al suelo. Sentí un gemido largo y ahogado… luego su semen caliente caía por mi cuerpo…

-. No ha estado mal para ser un marica… – dijo mientras se sacudía satisfecho. Guardó su polla entre los pantalones, acomodándose.

-. Ve al baño a limpiarte y te largas. Mañana debes trabajar temprano.

Yo era un montón de escoria  en el suelo… no podía ni mover un dedo sin que me doliera todo.

Don Gerardo me miró sin una pizca de lástima, me arrojó mis ropas encima y  salió de la bodega sin mirarme

-. Apúrate que estoy cansado y quiero irme- gritó cuando se alejaba

Solo ahora que todo había terminado para él y yo quedaba convertido en un despojo comencé a temblar y llorar incontrolablemente.   No fue un sueño sino una pesadilla de la peor clase de la que nunca desperté. Creo que el miedo de que pudiera volver a entrar a la bodega me hizo reaccionar y vestirme como pude. Había sangre chorreando por mis piernas pero no me importó. Solo quería salir de allí. El dolor me arrancaba lágrimas pero el terror de que volviera era peor.

Cuando estuve listo reuní fuerzas de no sé dónde y abrí la puerta de la bodega. Caminaba lento y encorvado, sufriendo con cada paso

-. Mañana a la misma hora, Ricardo. No creas que algo ha cambiado porque te di en el gusto- me dijo antes de alejarse hacia su camioneta.

Lloré todo el camino a mi casa y me pareció más largo que nunca. Agradecí que fuera de noche para que las personas ni pudieran ver mi sufrimiento.

No pensaba volver…   jamás… nunca…  Ya no quería volver a verlo.

Cuando por fin abrí la puerta de mi casa me sorprendió encontrar  las luces prendidas a esa hora y a mis padres sentados alrededor de la mesa, con las manos tomadas y evidentes gestos de sufrimiento. Me olvidé de mi mismo al verlos sufrir a ellos

-. ¿Por qué llegas tan tarde? –preguntó mamá sin mirarme mucho

-. ¿Qué pasa? – respondí yo evitando contestar su pregunta

Algo malo debía suceder para que estuvieran despiertos tan tarde

-. Es Rosita… el médico dice que necesita un trasplante

Rosita… no…

-. Mamá…

-. Dice que se pondrá bien después pero que es urgente operarla pronto… – la fortaleza se le acabó y me miró con desesperación – No sé de donde sacaremos dinero para hacerlo…

El ruego desesperado en la cara de mis padres fue suficiente para que me callara mi dolor

-. Pero… el programa del gobierno cubre los gastos de Rosita, no es así??.. si??.. mamá?

-. En ese caso podría tomar hasta dos años de espera… y entonces…- movió su cabeza para dar a entender lo que todos sabíamos podía suceder

Me senté con ellos en la mesa. El dolor de mi culo quedó relegado a un segundo plano… Mamá repitió todo lo que el médico había dicho. Rosita no sobreviviría si no reuníamos el dinero necesario.

-. ¿Puedes pedirle un préstamo a Don Gerardo? – preguntó mi mamá con cara de pena, cansancio y vergüenza.

-. Si. Le hablaré mañana – respondí mordiéndome todo el dolor y dispuesto a dejar que mi orgullo fuera pisoteado por ayudarlos.  No podía darme el lujo de dejar el trabajo y mañana tendría que suplicarle.

 

A duras penas llegué a trabajar en la mañana a la misma hora de siempre, con grandes círculos oscuros bajo los ojos y temblores en el cuerpo. Esperé a Don Gerardo hasta que apareció cerca del mediodía.

-. Crees que puedes chantajearme por andar de ofrecido anoche??!!

Don Gerardo estaba enojado conmigo una vez más.

-. No señor. Mi hermana necesita un trasplante. Es una urgencia… por favor, Don Gerardo

 – Yo nunca doy préstamos

-. Don Gerardo… por favor… se lo ruego.

-. Es mucho dinero

-. Si. Lo sé pero se trata de la vida la vida de mi hermana.  Haré lo que sea, trabajaré sin parar… lo que usted me diga – odiaba suplicarle pero no podía volver a casa sin la solución.

El hombre habló después de varios minutos de angustioso silencio

-. Trabajaras más que nunca y te voy a descontar cada mes.

Quise echarme a llorar… Estaba tan aliviado de que hubiera accedido que no me importaba lo que tuviera que hacer… lo haría sin chistar.  Sentí que podía besarle las manos de agradecimiento…

-. Me firmarás un documento reconociendo la deuda. Entiende que si no me pagas iras a la cárcel

-. Le pagaré señor.. hasta el último centavo.. trabajaré muchísimo

-. Harás horas extras… muchas horas extras…

No sé si fue por la forma de decirlo o de mirarme pero tan tonto yo no era… supe de inmediato en qué consistirían esas “horas extras”.

Me aguanté el escalofrío y bajé la cabeza

-. Si, Don Gerardo

Obtuve el importante préstamo y, con lo que mis padres juntaron, pudimos operar a Rosita.

Obtuve más horas de trabajo que ningún otro empleado

Obtuve una deuda que me esclavizaba al trabajo…

Obtuve un amante que jamás había creído posible… aunque no estaba seguro de que la palabra “amante” pudiera emplearla para referirme a él.

Se volvió una costumbre llegar tarde a mi casa casi todos los días. Don Gerardo entraba y salía del restaurant a diferentes horas, pero siempre estaba en la noche a la hora de cerrar “para recibir la caja” decía él explicando su repentino interés en las cuentas del local.

Nos quedábamos solos. Rápidamente comprendí que cuando cruzaba el salón para cerrar con llave la puerta tenía que irme derecho a la bodega a esperarlo.  Las primeras veces yo no podía dejar de temblar y eso lo enfadaba.

-. No sé que tanto tiemblas cuando te mueres de ganas

Creo que de tanto repetírmelo pasó a ser verdad y unas semanas después me di cuenta que ya no me resultaba desagradable ni doloroso como las primeras veces. Comencé a esperar ansioso el momento en que todos se iban y quedábamos solos.

Don Gerardo había acomodado la bodega y solo él tenía llave para abrirla. En un rincón había puesto un sillón sobre el cual resultaba más cómodo el sexo.   En mi mente pensaba que “hacíamos el amor” pero nunca me atreví a decírselo.  Él siempre decía que lo hacía porque yo lo incitaba con mis movimientos y miradas, que todo era mi culpa… pero yo sé que no siempre era así. A veces lo sorprendía mirándome con vivo deseo en sus ojos… otras veces, mientras me sujetaba contra el sillón y me embestía brutalmente se le escapaban palabras que después negaba pero yo ya las había escuchado… “tienes un culo muy rico”… “aprietas mejor que cualquier mujer”… “me traes caliente desde hace rato” “no sé que me haces…”

El sí me hacía de todo lo que inventaba en su imaginación  y el juego me gustaba cada día un poco más. Lo miraba durante el día, cuando era lejano y cortante conmigo, y pensaba que, aunque nadie lo viera ni creyera, ese hombre tan magnífico era mío durante un par de horas cada noche. Respiraba orgullosos y seguía fregando pisos y lavando vajilla.

También tenía momentos de felicidad cuando luego del sexo me abrazaba aunque fuera unos segundos o se quedaba conmigo tirado sobre el sillón sin decir nada pero me miraba de manera diferente… como si yo le gustara.  La primera vez que me besó fue meses después y para entonces yo ya estaba completamente rendido ante él. Mi mundo comenzaba y terminaba donde él marcaba los límites. Era generoso conmigo y solía agregar algún dinero extra en mi paga de fin de mes que ya era reducida debido al préstamo.   Fueron meses de felicidad escondida… no tenía ningún lugar ni nadie con quien compartirla pero la sentía bailoteando dentro de mi. Parecía como si la vida por fin se hubiera cansado de golpearme y me tocara el turno de la alegría…  Me estaba enamorando de Don Gerardo y alimentaba la secreta esperanza de que a él le pasara lo mismo…

Mi sueldo disminuyó drásticamente como resultado de las cuotas mensuales por el préstamo; teníamos menos comida en casa y ahorrábamos en todo lo que era posible ahorrar; la luz encendida era un lujo como también lo eran las duchas y la comida caliente. Pero Rosita estaba mejorando y todos nos sacrificábamos con gusto. La palidez cenicienta de su piel comenzaba a desparecer y a veces me quedaba dormido abrazándola y sentía que todo había valido la pena por ella… por verla bien.

No sé porque me sentía culpable de los momentos de felicidad que encontraba en la bodega con Don Gerardo. Quizás porque en casa todo era sacrificio…

 

Llevábamos casi dos años viéndonos a escondidas cuando Gerardo volvió a llevar una mujer al restaurant; esta era diferente no solo por la forma de vestir sino también porque no era llamativa ni chillona sino dulce y agradable.

En cuanto los vi juntos supe que había algo especial; la forma en que Gerardo se comportaba con ella… Se sentaron en una de las mesas cerca de la ventana y hablaron por horas. Se veían encantados. Los miraba sintiendo angustia… ¿Por qué había llevado a una mujer?… ¿para qué?…  tan concentrado estaba mirándolos desde la ventana al otro lado de la cocina que no me di cuenta del revoloteo que se producía a mi alrededor hasta cuando varios mozos y personal de la cocina estaban detrás de mi conversando

-. Por fin la trajo – dijo uno de ellos

-. Si. Ya estaba creyendo que la había inventado

-. Está bien linda. Harán una bonita pareja

Mis antenas comenzaron a elevarse junto a un creciente nerviosismo… ¿de qué estaban hablando?

-. Nunca pensé que vería Don Gerardo enamorado…

Me volví bruscamente y molesto para mirar a quien había dicho eso. El aludido me miró de vuelta sorprendido de mi reacción.

-. ¿No te gusta la novia de Don Gerardo? – me pregunto directamente, riéndose

Novia?.. no.. el no tenía novia. Estaban todos equivocados… NO ES SU NOVIA!! Quise gritar… debía ser una clienta.. o… … novia??

Yo los seguía mirando a ellos convencido hasta la médula de mis huesos que estaban todos equivocados y yo era el único que sabía la verdad… otra verdad diferente a la que contaban… otra verdad…

-. Se van a casar luego – dijo uno

-. No pueden esperar mucho – dijo otro riendo con burla y haciendo un gesto frente a su panza para indicar un embarazo – ya tiene tres meses

Lentamente me giré para volver a mirar a Gerardo… la verdad finalmente traspasó mi corteza cerebral… como un verdadero idiota me quedé observándolos hipnotizado y notando los gestos que no había querido ver… el roce de las manos, la sonrisa enamorada, los gestos coquetos de ambos… el cortejo de atracción entre un hombre y una mujer… una mujer embarazada de Gerardo… un hijo… con ella…

Despacio, sin hacer escándalo ni externalizar los gritos  desgarrados de mi interior, me di vuelta y salí caminando hacia el patio… con la sensación de no estar viviendo ese momento… de que todo era irreal…  me afirmé contra el muro de cemento y de a poco comencé a moverme hacia atrás y adelante… meciéndome…  mi cabeza chocaba contra el cemento… la sentía rebotar… cada vez más fuerte… dolía pero no importaba… seguí golpeando con más fuerza… el dolor por dentro era muchísimo peor… la única cosa irreal eran mis anhelos y mis sueños… todo lo que había pensado que podría vivir con Gerardo. Entendí ahora las explicaciones absurdas y todas las veces que me dijo que no podía quedarse porque tenía algo importante que hacer…

Detuve mis golpes contra la pared cuando el dolor externo supero al que me mordía por dentro… crucé el patio y llegue a la calle… continué caminando sin avisar nada a nadie. No podía permanecer en el restaurant… viendo como mis estúpidas ilusiones eran pisoteadas y destrozadas… yo creí que él y yo algún día… él nunca me dijo nada para alentarme pero yo pensé que… yo solo fui un pasatiempo… la mujer esperaba un hijo de él y yo estaba de sobra…

A mi papá lo habían despedido hacia unas semanas y no había vuelto a encontrar un trabajo estable así es que picoteaba en trabajos temporales y trataba por todos los medios de traer dinero a casa; mamá había conseguido otro empleo en las tardes y se sacrificaba mucho. Envejecía rápido pero mis hermanas aun eran niñas.

No pude permanecer en casa descansando más que un solo día… lloré mucho a escondidas pero debo de haberme visto triste porque todos en la casa creyeron que mi tristeza era por haberme quedado sin trabajo. Fue la explicación que di. Ahora sí que no iba a volver nunca más al restaurant de Gerardo. Estaba consciente de que tenía una deuda con el pero pensaba que después de dos años ya estaría saldada.

Tontamente, saltaba cada vez que alguien tocaba a la puerta de nuestra casa… deseaba que fuera él… que viniera por mi y me dijera que todo era un error y que en realidad me amaba… pero todo se quedó en eso, en un estúpido deseo que jamás sería real.  No volví a saber de Gerardo en un mes.

Encontrar trabajo siempre es complicado pero lo es doblemente para alguien sin estudios y con mi apariencia de 15 años. Llegué a La Confiserie sin ninguna esperanza de que en un lugar tan elegante fueran a contratarme pero ya había preguntado en tantas partes y recibido tantas negativas que una más no me haría daño. Lo primero que me llamó la atención fue la facilidad con que pude llegar donde el administrador; en todas partes siempre me pedían que volviera mas tarde o que pidiera una cita o que dejara un curriculum pero aquí, uno de los chicos me acompañó a la oficina y el administrador me recibió de inmediato ya que tenía tiempo. Le resumí mi historia en pocas palabras

-. Estas de suerte – me dijo – Ayer tuve que despedir a dos personas ¿has trabajado de mesero antes?-

-. Trabajé más de tres años en un restaurant – respondí eludiendo contestar directamente su pregunta pero no fue con mala intención. Yo sabía bien todo lo que había que hacer y no quería estropear esta única posibilidad. Necesitábamos dinero para vivir

-. Tienes que hablar con el dueño antes de la decisión final pero creo que voy a darte una oportunidad. Estarás a prueba un par de semanas y, si todo sale bien, te contrataremos.

No podía creer mi buena suerte por una vez en la vida…

Hablar con Don Paul fue fácil. Estaba nervioso y atemorizado pero el señor me hizo subir a su propia casa y amablemente me fue interrogando hasta que sin saber cómo me fui quebrando y contándole la verdad. No me costó mucho… estaba atorado de pena y encontré en él una persona generosa que me escuchó sin juzgarme

-. Es muy triste lo que te ocurrió

-. Ya está olvidado – aseguré

-. Entonces ¿estás buscando un trabajo permanente? No necesitamos personal que quiera irse al cabo de un mes

-. No señor. Necesito trabajar y nada mejor para mi que un trabajo permanente – pensé que era el momento de comenzar a rogarle para que me permitiera trabajar pero Don Paul me sorprendió

-. Confiaré en mis instintos y en la decisión de Martín. Comienzas mañana.

¿Así de simple?… lo miré esperando a que me dijera las condiciones especiales o qué me iba a costar… me miró con sus ojos limpios de bajezas, directos y sinceros. No había engaños.

Baje las escaleras volando… riéndome solo y desesperado por llegar a mi casa y abrazar a alguien.   Mis padres no habían escuchado hablar de ese restaurant pero cuando fueron a verlo por fuera se sintieron impresionados y orgullosos de que adentro estaba yo

Trabajé muy duro desde el primer día. Quería demostrarles que no se habían equivocado al darme una oportunidad. Me dieron las instrucciones básicas y me ordenaron preguntar cualquier duda. Anduve un poco lento el primer día mientras conocía todo pero ya a partir del segundo día me sentí bien y seguí el ritmo de los demás meseros sin equivocarme. Podía trabajar duro como cualquiera sin perder la calma ni la paciencia.

Cuando terminó el primer día, estaba preparándome para volver a casa y apareció uno de los otros chicos

-. Ve a buscar tu parte – me dijo señalando el salón del restaurant

-. ¿Parte de qué? – pregunté tímidamente

-. Tus propinas. Las repartimos todos los días

Temeroso volví al salón. Ahí estaba Don René, el jefe de camareros, entregando a cada chico una parte proporcional del fondo de propinas diarias. Me detuve mirándolos sin saber si me correspondía acercarme

-. Ricardo, tu parte – me llamó Don René y puso en mis manos una cantidad de dinero que recibí y apreté entre los dedos, sin contarla. Caminé despacio, temblando, hasta el baño aunque quería correr. Abrí la mano y conté los billetes… en mi mano había más dinero del que recibía por una semana de trabajo en el restaurant de Gerardo.

-. Señor – volví donde Don René que ya casi se retiraba – aquí hay mucho dinero – dije estirando la mano, seguro de que era un error. Don René contó los billetes. Me miró con lástima y cerró mis dedos en torno al dinero

-. Está correcto, chico. Es lo que te corresponde

Don René se fue y yo aún no podía despegar mis pies del suelo y dejar de apretar nerviosamente los dedos en torno al dinero mientras tragaba el nudo que se me había formado en la garganta.

En tan solo una semana de trabajo fui capaz de cambiar la situación en mi casa.  Estaba tan agradecido que a veces lloraba de miedo pensando en que podían no contratarme cuando terminaran las semanas de prueba. No me tomaba ni un minuto de descanso y en los raros momentos de tranquilidad en La Confiserie, me iba a la cocina y me inventaba que hacer para no estar esperando con los brazos cruzados y nada que hacer.

Los demás meseros eran amables conmigo y todos se conocían desde hacía tiempo; parecían una familia. No puedo decir que alguien fuera pesado o desagradable conmigo… era solo que yo no sabía de qué hablar con ellos ni cómo comportarme… las relaciones sociales me eran desconocidas y las bromas y juegos me ponían nervioso. Cumplía mi trabajo, acataba órdenes en silencio y con buena cara y hacía todo lo posible por ser útil y no estorbar.

Tan alegre estaba que no me alcanzaba el tiempo para pensar en Gerardo. A veces, en el silencio de la noche, pensaba en él y echaba de menos el sexo. Si. Él siempre tuvo la razón. Fue sexo, Nunca hicimos el amor… nunca me dijo palabras dulces ni me trató con cariño… yo solo le había servido para desahogarse… quizá era mi culpa por estar deseando tanto un poco de cariño…  ¿se había casado con esa mujer?… ¿tan poco le importaba yo que nunca volvió a buscarme?… Pensarlo era triste así es que trataba de no hacerlo… poco a poco fui relegando su recuerdo al olvido.

El día que firmé un contrato con Don Martín fue el mejor día de mi vida. Ese día conocí un sentimiento nuevo: estabilidad. Ya no tenía que temer lo que iba a suceder cada día y si tendríamos o no dinero suficiente para nuestras necesidades. Tenía claro que terreno pisaba y dependía de mi y de mi esfuerzo que fuera mejor.  Era un gran sentimiento. Mis padres me miraban con orgullo y yo me atrevía a sonreír de la nada

Hasta me atreví a pensar en mi sueño.. tal vez  más adelante podría estudiar de noche… aun quería ser profesor… ¿Por qué no?…

Comenzaba a sentirme seguro y a dejar atrás el pasado cuando Don Gerardo se presentó en La Confiserie pidiendo a gritos hablar conmigo.

-. ¿Qué hace aquí? – pregunté temblando entre medio de las mesas del restaurant y deseando tener el valor de poder llevarlo hacia fuera para no molestar a los clientes ni arriesgar mi trabajo

-. ¿Qué demonios haces tú aquí? – me gritó de vuelta

-. Trabajo aquí ahora

-. Te despides ya mismo y te vuelves conmigo al restaurant –reforzó sus palabras agarrando mi brazo y tironeando de mi hacia la salida.

Yo no di cuenta del momento en que algunos de mis compañeros de trabajo se juntaron y estaban escuchando lo que hablábamos pero al intentar Gerardo tirar de mi y arrastrarme, Don René y Don Martín corrieron hacia nosotros

-. Señor. Suelte al joven – dijo Don Martín en un tono amenazante que nadie le había escuchado jamás. Don René se ubicó al otro lado de Gerardo y los otros meseros esperaban cerca. Ya no había caso. Era un escándalo de proporciones. Los clientes de alrededor se pusieron de pie para alejarse.

-. Este joven se va conmigo – respondió Gerardo molesto, casi perdiendo el control

-. Ricardo trabaja con nosotros. Solo se irá con usted si él quiere ir y no es así

-. ¿Y tú vas a impedírmelo??!! – preguntó Gerardo largándose a reír sin darse cuenta  que los otros chicos se habían acercado y lo rodeaban.  De pronto notó su presencia y se vio en desventaja.

-. Ricardo tiene cuentas pendientes conmigo. Usted no sabe la clase de persona que es este…

-. Si desea hablar con él puede pasar a mi oficina – ofreció Don Martín interrumpiéndolo para callarlo– pero nada de violencia o llamaré a la policía

Aprovechando el desconcierto de Gerardo me liberé de su agarre. Miré a los chicos que estaban a su alrededor dispuestos a defenderme y un nudo se formó en mi garganta. Era maravilloso. Nunca nadie me había apoyado en la vida… nunca… y ahí estaban ellos para mi… además, Don Martín me estaba defendiendo y eso no tenía precio.

Caminé hacia la oficina de Don Martín con Gerardo detrás de mi.

-. Recuerde. Si no se controla esto no va a terminar bien para usted – le recordó Don René

-. Estaremos aquí afuera, Ricardo – dijo otro de ellos antes de cerrar la puerta.

Quedamos solos

-.¿ Tienes un montón de cuidadores ahora? – Gerardo se arreglaba la ropa y me miraba molesto – ¿Con cuál de ellos te metiste? ¿O eres la puta de todos?

-. No.. yo no…

-. Ya esta bueno Ricardo. Se acabó el juego. Te vuelves conmigo al restaurant. Tienes tu trabajo esperando allá

Nuevamente hizo un gesto agresivo hacia mi pero lo esquivé y me pare detrás del escritorio de Don Martín

-. No voy a volver…- respondí bajito

-. Tienes que volver. Tienes una deuda conmigo y aún no la has pagado. Tengo un documento firmado por ti así es que si no vuelves seré yo quien llame a la policía y tu irás a la cárcel!!!

-. Pero yo le pague durante dos años!!!

Gerardo sonrió con autosuficiencia…

-. ¿Tienes los recibos de tus pagos? ¿Cómo vas a demostrar que me pagaste?

El mundo se desplomó a mis pies… toda la tranquilidad se evaporaba… Nunca me dio ningún recibo…  yo no se los pedí.. no sabía que había que hacerlo… confié en lo que él me decía…

-. Usted nunca me los dio

-. Entonces nunca me pagaste

– No puede hacerme esto… yo no quiero volver a trabajar allá… no quiero verlo nunca más… usted… usted… no puede…no…

Fue el temor el que me hizo quebrarme… ¿por qué Dios mío?…  tenía algo bueno por única vez en mi vida y tenía que estropearse… no.. no.. no quería… pero tampoco podía ir a la cárcel.. ¿Quién se encargaría de mi familia si yo no estaba?… no pude controlar el llanto…

-. No quiero volver…  – supliqué una vez más. Me miró sorprendido y su gesto cambió. Caminó hacia mi pero no me tocó

-. Escucha, Ricardo… esa mujer con la que me casé es solo una pantalla. Yo no la quiero… necesitaba hacerlo porque estaban comenzando a hablar mal de mi y no puedo soportarlo… mi prestigio… el negocio… tu entiendes, no?

– ¿Te casaste? – en medio de mi sorpresa no me di cuenta del momento en que dejé de tratarlo de usted…

-. Hace un mes… pero no significa nada… te lo aseguro.

Un mes… yo todavía pensaba que él aparecería a buscarme un mes atrás…

-. Eres un hombre casado y con un hijo en camino … – no lo dije para él.. estaba pensando en voz alta como todo había cambiado

-. Quiero… te necesito de vuelta, Ricardo. Han sido semanas de frustración… desde que te fuiste… por favor, vuelve conmigo – su voz era casi suplicante

-. No voy a volver – dije más firme – me gusta este trabajo y me tratan con respeto.

Creo que escucho la firmeza en mi voz porque se quedo callado mirándome con rabia

-. Entonces llevaré ese papel firmado por ti a la justicia y vas a perder todo

Escucharlo amenazarme sin gritar surtió mucho más efecto que cuando vociferaba

Fue mi turno de guardar silencio… estaba enloqueciendo por dentro… ¿cómo iba a volver a trabajar en ese lugar después de haber estado en La Confiseriel?… NO.. NO!!! Llegue a preguntarme cuanto tiempo tendría que pasar en la cárcel.. que sería de mi familia si yo desaparecía…  hasta que Gerardo cambió su discurso

-. Te extraño, Ricardo… quiero estar contigo – su voz era suave, su mano se poso en mi hombro y me acarició… me hizo recordar las veces en que nos amábamos sobre el sillón de la bodega… el placer que encontraba en sus abrazos… la forma en que a veces era dulce conmigo y lo feliz que me sentía…  Gerardo era la única persona con quien había compartido mi tiempo, mi cuerpo y mis sueños… no era de extrañar que lo echara de menos… representaba al amigo, el amante… toda mi vida social.

-. No volveré a trabajar en tu restaurant… – quitó la mano de mi hombro, pero yo aun no había terminado mi frase – pero podemos vernos de vez en cuando si quieres

Gerardo soltó un suspiro de alivio y me tiró bruscamente hacia su cuerpo estampando su boca sobre la mía y estrujándome tan fuerte que me cortaba la respiración

-. Ricardo, Ricardo… – repetía mi nombre y sus manos impacientes se metían bajo mi ropa y por mis pantalones… comencé a sonreír al sentirme deseado… Gerardo me había vuelto a buscar… si sentía algo por mi después de todo aunque se hubiera casado… Cuando terminamos de besarnos y sus manos se aquietaron volvimos a hablar

-. Quiero verte esta misma noche

Asentí… yo también quería su cariño de vuelta

-. ¿Qué pasará con mi deuda?

-. Ricardo, lo dije por desesperación… sabes que yo nunca haría nada contra ti

-. Entonces devuélveme el documento que firmé

-. Lo haré… por supuesto que lo haré cuando termines de pagarme

-. ¿Cuánto más te debo?

-. No debes preocuparte de eso… estás conmigo y yo cuidaré de ti

-. Puedo pagarte más dinero ahora. Quiero saldar esa deuda lo antes posible

Mis palabras no le gustaron…

-. Fue una suma importante, Ricardo. Te hice un favor porque eres especial. No quiero que tengas problemas por mi culpa así es que seguirás pagándome una cuota pequeña. No puedo quitarte todo tu dinero… eres mi chico especial y quiero cuidar de ti

Volví a sonreír cuando lo abracé… había venido por mi, necesitaba de mi… yo era su chico especial e iba a cuidar de mi.

Nuestro primer encuentro fue aquella misma noche. Gerardo eligió un hotel del centro que quedaba cerca de La Confiserie. Fue diferente a lo que hacíamos antes. Sobre la cama me dejó desnudo y estuvo largo rato mirándome y besándome por todas partes mientras me repetía lo mucho que le gustaba mi cuerpo y que me había echado de menos…  eso fue bonito…  a pesar del lubricante y el protector la penetración no fue agradable sino ruda y dolorosa

-.  No puedo aguantarme, Ricardo… son semanas sin verte y no he podido dejar de pensar en ti… es tu culpa por dejarme solo.

¿Qué podía decirle?.. me había extrañado y su deseo por mi no podía esperar… aguanté el dolor que calló besándome repetidas veces…

No fue un encuentro largo. Me explicó que el restaurant no funcionaba bien sin él. Además, ahora tenía una mujer esperándolo en casa. Intercambiamos números de teléfono. Nos separamos con la promesa de volver a juntarnos pronto.  Después que se fue me sentía extraño… por un lado feliz de volver a estar juntos pero por otro lado inseguro…

La violencia de nuestros encuentros comenzó a surgir luego del tercer encuentro.

-. ¿Sabes que eres como una maldición? – me gritó en cuando cerró la puerta del cuarto y me empujó sobre la cama… – ¿Qué es lo que me haces?… ¿por qué no te puedo sacar de mi cabeza?… no puedo tocarla a ella sin pensar en ti de inmediato…

Debían sonar como palabras lindas pero Gerardo estaba molesto de verdad…

-. Ella habla todo el día del bebé… es lo único que le interesa… se ha vuelto gorda y habla y habla…

Tiraba de mi cuerpo delgado y me acomodaba a su gusto para penetrarme de prisa…

-. Duele… – me quejé aferrándome a sus hombros

-. A mi me duele no tenerte cerca… me duele pensarte y desearte… me duele que estés enloqueciéndome todo el día dando vueltas en mi cabeza…

-. Gerardo…- pedí a punto de largarme a llorar…

-. Así sufrimos los dos… – dijo  embistiéndome y haciéndome gritar – es justo ¿no?

La violencia fue escalando cada vez más. Nunca me dejaba marcas visibles pero la furia que sentía por desearme tanto lo volvía peligroso.

La cosa fue peor cuando nació su hijo. Tenía menos tiempo para estar conmigo porque su mujer lo necesitaba y eso lo enojaba. Se sentía atado y obligado. Yo intentaba calmarlo pero era para peor

-. Claro! A ti no te importa porque te da espacio para enredarte con los maricas de tu trabajo

-. No, Gerardo. No salgo con nadie

-. Mas te vale – dijo apretándome bruscamente el cuello con sus dos manos y locura en los ojos – si te llego a ver con alguien, te mato

-. No. Te lo juro…- murmuré apenas cuando soltó mi cuello varios segundos después.

Pero era inútil… no me escuchaba. Solo creía lo que se le ponía en la mente. Opté por hablar poco y volverme más complaciente. Nada lo calmaba. Si hablaba sobre mi trabajo se enfurecía, si llegaba unos minutos tarde a nuestros encuentros se enfurecía, si le preguntaba por su familia se enfurecía… cuando en un momento de debilidad le hablé de mi sueño de ser profesor no solo se enfureció sino que me dijo que mejor aterrizara… se necesitaba mucho dinero e inteligencia para hacer eso. Fue una de las cosas que más me dolió escucharle. No volví a hablarle de ello ni tampoco a pensarlo. Supongo que nunca iba a tener tanto dinero para estudiar y … la inteligencia… bueno.. a lo mejor no era tan inteligente después de todo…

Llevaba meses tratando de encontrar el momento adecuado para saber sobre  la deuda y un día en que estaba más tranquilo me atreví a hacerlo… hablándole con calma pregunté por la deuda y el documento firmado…  se rió con cara de loco…

-. Eres mío ¿no lo entiendes?… jamás voy a devolverte ese papel… si intentas dejarme o me traicionas voy a mandarte preso…no puedes dejarme!!!

La declaración fue acompañada de golpes de puños sobre mis costillas porque creía que quería dejarlo y un encuentro de posesión que me dejó adolorido durante varios días… pero lo peor fueron nuevamente sus manos sobre mi garganta…  Había agarrado la costumbre de asfixiarme porque sabía que me aterrorizaba… a veces me faltaba el aire por demasiado tiempo y caía inconsciente… despertaba más adolorido aún ya que me golpeaba porque lo enojaba que me desmayara y lo asustara. Aprendí a controlar mi respiración y soportar más sin caer inconsciente.

Llevo dos años corriendo a los encuentros con él, tratando de no llegar nunca tarde. Ya no me satisfacen como antes… los momentos de cariño son tan escasos. Pero estoy en un círculo del que no puedo escapar… si no lo complazco arruinará mi vida, perderé el empleo y mi familia pagará las consecuencias… Como dice Gerardo, me tiene agarrado del culo y si me suelta será para mandarme a la cárcel donde mi culo pertenecerá a todos los reos. Odio cada vez que lo escucho decir eso.

 

Corro por las calles para llegar a tiempo. Los nueve minutos que me regaló Jesús me sirven bien y golpeo la puerta del cuarto de hotel justo a la hora.

-. Al fin llegas!!!

Me sujeta bruscamente y su boca se apodera de la mía… me retiene contra la pared y sus manos me van quitando la ropa

-. Quiero que vuelvas a mi restaurant… quiero tenerte cerca de mi todo el día… – me pide entre jadeos, ocupado en mirar mi cuerpo desnudo

Me hielo al escucharlo… he aprendido a temerle y sé que una negativa de mi parte lo va a enfurecer

-. Pero tu mujer está en el restaurant todo el día – respondo intentando salvarme

-. No me lo recuerdes… la maldita bruja se ha apoderado de todo… no sé en qué pensaba cuando me fijé en ella… no la soporto – se distrae levantándome ya desnudo y me tira sobre la cama

– Me calientas tanto – dice quitándose la ropa atropelladamente

Conozco esa expresión. Me anticipa que la penetración será rápida y urgente. No habrá besos ni caricias esta vez.

Luego de que Gerardo logra su satisfacción intento acercarme a él para que me abrace, necesitado de cariño…

-. Quiero verte mañana más temprano – me ordena

-. Pero no puedo salir antes del trabajo. Hoy me ayudó Jesús para que pudiera llegar a tiempo

-. ¿Jesús? ¿Quién es Jesús? – se sienta en la cama y me mira con los ojos brillantes. Oh no. cometí un error al mencionarlo

-. Es solo un compañero de trabajo – el miedo se nota en mi voz

-. ¿Por qué te ayuda? ¿Qué quiere contigo? ¿te pidió algo a cambio?

-. No. No!! Jesús lo hace solo porque es buena persona y amable

Puedo sentir como el cuerpo de Gerardo se pone tenso

-. ¿Y tú le meneas el culo a todos los que son amables contigo? ¿Qué’? ¿Qué es  lo que le haces para que sean amables contigo? ¿Se la chupas? ¿Es por eso que te ayuda?

Gerardo me está gritando y yo, por primera vez, me estoy enojando… no tolero que le falte el respeto a quienes solo me han dado amistad y me tratan bien… ¿por qué no puede entenderlo?

-. No se puede hablar contigo, Gerardo – respondo cabreado girándome hacia el otro lado de la cama con intención de levantarme, vestirme e irme.

No lo vi venir…

Sus manos se cierran con fuerza en torno a mi cuello… escucho el sonido de algo que cruje al mismo tiempo que uno de sus pies se estampa furioso en mis costillas…

-.  Quien te crees que eres para responderme así??.. a mi me tratas con respeto, malagradecido!!!

Me zarandea sobre la cama sin soltar mi cuello.. los golpes de sus pies y todo su cuerpo caen con fuerza sobre mi

-. Eres un puto marica!! Ofreciéndote a cualquiera cuando no te vigilo!!

Quiero gritarle que no… que no hay nadie más pero no puedo hablar ni respirar y muy pronto tampoco puedo moverme… me duele el pecho, los pulmones, el cuerpo, la garganta.. me asfixia… todo se oscurece en un bendito silencio…

Cuando vuelvo a abrir los ojos, Gerardo está completamente vestido y con cara de pesar sentado a mi lado en la misma cama

-. Ricardo.. al fin despiertas

Mejor no hubiera despertado. Respirar es un martirio… apenas puedo hacerlo y cuando trato de sentarme el dolor en todo el cuerpo me lo impide. La habitación da vueltas y grito angustiado

-. Tomate estas… dos de estas cada seis horas…

En sus manos sostiene un paquete de medicinas y me explica que corrió a comprarlas aquí cerca cuando vio lo que me había sucedido. Saca dos y me las empuja en la boca junto a un vaso de agua que bebo con lentitud… todo duele

-. Se te va a pasar con eso…

Lo miro con rabia.. con dolor… ¿cómo pudo golpearme así?…

El me devuelve la mirada y por solo una fracción de segundo me parece ver culpabilidad pero desaparece de inmediato

-. ¿Por qué me golpeaste? – pregunto sin poder evitar las lágrimas

-. Porque te necesito demasiado y tú me hablas de otros hombres… me vuelvo loco de celos por tu culpa…¿por qué lo haces?… no quiero que nadie más te mire ni te toque… no lo soporto

-. Pero yo no veo a nadie más…- sollozo a pesar de lo mucho que me duele hacerlo

-. Escucha… no volveré a hacerlo… No soportaría que te fueras… entiendes?.. tu solo eres mío.. nadie puede tocarte, Ricardo, nadie… me entiendes??

Asiento muy lentamente temiendo por mi vida… Gerardo habla de prisa y sus ojos parecen amenazarme

-. Me quedaré contigo hasta que se te pase el dolor.. soy bueno contigo y te cuidare… no importa lo que cueste el hotel… aquí estoy, Ricardo

Se acomoda a mi lado sobre la cama… su brazo pasa detrás de mi cuello y me acerca hacia él… me reclino sobre su pecho… estoy tan adolorido que acepto cualquier cosa.

De a poco las medicinas hacen efecto y luego de un rato largo ya no me duele tanto aunque estoy mareado y mi corazón late de prisa. Se lo explico a Gerardo

-. Eso es bueno… bien.. ya podemos irnos

Con dificultad me ayuda a vestir y a caminar. Bajamos en el ascensor. Me sostiene todo el tiempo.

-. Toma.. es para un taxi. No quiero que camines hasta tu casa.

Acepto. No estoy en condiciones de discutir nada. Apenas puedo moverme y respirar. Cuando el taxi se detiene, Gerardo pone la medicina en mis manos

-. Dos pastillas hacen mejor efecto. Cada vez que te duela

Recibo la caja y la guardo en mi ropa. Me acomodo en el vehículo luego de darle la dirección. El chofer me despierta cuando estoy frente a mi casa. Desciendo con dificultad. Es muy tarde y paso directo a mi cama casi llorando de dolor. Al amanecer, el dolor me vuelve a despertar. Recuerdo las medicinas. Pongo dos pastillas en mi mano  y me levanto al baño a buscar un vaso con agua para poder tomarlas. Casi grito de impresión al verme en el espejo… las manos grandes de Gerardo están marcadas en morado en la base de mi cuello y el resto de mi torso es una oda a los moretones; están por todas partes y en colores que van del purpura intenso al azuloso… Con razón me duele tanto, pienso tomando las pastillas y regresando a mi cama con lágrimas en los ojos…

Levantarme temprano fue una nueva pesadilla pero nada me impediría llegar al trabajo. Dos pastillas más, una bufanda en el cuello para evitar mostrar las marcas y un esfuerzo sobrehumano para enfrentar este día.

Al llegar pasé directo al cuarto de vestir, me tomó mucho rato ponerme el uniforme pero lo logré sin ayuda y mucho sudor… mantengo la bufanda en mi cuello… me tiemblan las manos y el mareo es casi permanente. Tendré que moverme con cuidado

-. ¿Estás bien?

Jesús entra de improviso al cuarto y se fija en mi penosa apariencia

Recuerdo a Gerardo. No le gusta que nadie me hable ni me mire…

-. Si. Gracias – ahogo un gemido angustioso al ponerme de pie y salgo caminando lento, respirando corto y apurado.

No soy capaz de moverme mucho. Mis movimientos son lentos y forzados hoy día. Otros compañeros se han dado cuenta que estoy diferente y me preguntan pero evado su escrutinio respondiendo “bien” a todo y alejándome cuando siento sus miradas sobre mi.  Han pasado solo un par de horas y las pastillas comienzan a perder su efecto… ¿podré tomar dos más?…

-. Aquí tienes, Ricardo

El pedido de la mesa dos está listo. Sostengo la bandeja con cuidado para alzarla. Hoy pesa como si fuera plomo aunque solo llevo un par de cosas… avanzo lento… la habitación me da vueltas y no puedo respirar… el suelo culebrea bajo mis pies… el estruendo que hacen las tazas y platos al caer es la primera señal de que algo no está bien… segundos después soy yo quien grita de dolor al chocar contra el suelo…

 

-. Ricardo… Ricardo!!

-. No reacciona…

-. Llama a Tanner… está en el piso de arriba con Don Laurent… es enfermero

 -. Ayúdenme a levantarlo…

-. No. Mejor no lo muevas…

-. Aflojémos la ropa entonces…ayúdame!!!

El silencio es total…

-. Oh por Dios… ¿quien le hizo esto?

 

 

Abro los ojos y la luz me hiere…

Es un cuarto elegante… ventanas amplias, las cortinas ondean… hay flores grandes, rosadas y blancas…

Mi pecho esta rígido… comprimido por vendas o algo parecido

Quiero tragar saliva… no tengo… mi boca está seca…

-. ¿Ricardo?

Reconozco la voz. Instintivamente intento alzarme en la cama pero la mano firme de Don Paul me lo impide

-. No te muevas. Tienes dos costillas rotas, muchos golpes y hematomas

-. ¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?

-. Estas en mi casa…te desmayaste hace horas atrás. Te atendió un médico y ahora debes reposar. Ya avisé a tus padres

Huesos rotos?… ¿Gerardo me rompió los huesos?…

-. Esa medicina que estabas tomando… pudiste haber muerto si hubieras ingerido más

Miro a Don Paul sin saber que decirle… ¿Gerardo sabía eso cuando me la dio?

-. ¿Cómo te sientes?

-. Estoy bien. Ya puedo irme – la vergüenza me consume

-. Nada de eso. Te quedaras aquí hasta que te repongas y podamos hablar con calma

-. ¿Hablar?.. ¿De qué vamos a hablar?

Don Paul me mira con sus ojos sabios…

-. De la persona que te causó daño. De eso vamos a hablar cuando estés listo

No puedo. Si le cuento algo tendré que decirle que le debo dinero y que tiene un papel que me puede enviar a la cárcel… que soy el amante de un hombre casado y con un hijo… que soy una mala persona… un pecador… y él va a despedirme… perderé todo… Gerardo me enviará a la cárcel… mi vida dejará de tener sentido….

-. Tiene miedo 

Escucho una voz profunda que habla desde el otro lado de la habitación. En la parte sombría del cuarto esta Tanner. Es un chico nuevo, Ecuatoriano, que llegó con su hermano a trabajar hace un par de semanas. Tiene conocimientos de enfermería y medicina. Sé que cuida a don Laurent…  Tanner es fuerte y musculoso. Tiene rasgos nativos y habla solo lo justo y necesario. No es amistoso con nadie, excepto con Laurent.

-. ¿De qué tienes miedo? – me pregunta nuevamente Don Paul –  ¿Le temes a esa persona que te golpeó?

-. No… yo no… nadie me golpeó

Don Paul me mira varios minutos… Sabe muy bien que estoy mintiendo

-. Hablaremos más tarde… Tanner te ayudará con el dolor

Abandona la habitación. Cierro los ojos aunque sé que no estoy solo en el cuarto pero no soporto la angustia… no sé qué hacer… todo estaba bien hace unas horas atrás y de pronto mi vida se desmorona sin vuelta atrás… estoy en un lío grande… Gerardo se pondrá furioso cuando sepa… El dolor vuelve a atacarme cuando hago un esfuerzo para retener las lágrimas

-. Déjalo ir

Tanner es como un espíritu silencioso. Uno no alcanza a darse cuenta de cuando viene y cuando se va. Se mueve sigilosamente y de la nada está a mi lado. Es imponente.

-. Yo voy a quitártelo ahora, pero tienes que dejarlo ir para que no vuelva

Antes que pueda entender de qué habla, Tanner pone sus manos sobre mi pecho, sin tocarlo, cierra los ojos y el calor me inunda… sus manos se ven normales pero despiden un calor abrasador… al principio me asusta y lo miro confundido pero segundos después el mismo calor parece llevarse todo mi dolor y mis problemas… es inquietante y maravilloso a la vez… mi dolor desaparece… el nerviosismo y la inquietud son reemplazados por una sensación de paz que no sentía hace mucho tiempo…  Las manos de Tanner tiemblan luego de unos minutos, respira muy agitado mientras yo vuelvo a respirar inflando mis pulmones como si no tuviera nada malo ni ninguna preocupación… es asombroso.. la paz que me ha devuelto…  Lo miro boquiabierto sin atreverme ni a pestañear.  El retira sus manos y me mira asintiendo con su cabeza

-. Ya está. Pero no va a durar si vuelves a dejarlo entrar

-. Dejar entrar qué? Dónde? – pregunto con mi voz normal de siempre… sin señales de esfuerzo… anonadado… ¿Qué es? Un brujo… ¿tiene magia?

-. Te haces daño tú mismo

-. No. Yo no me quebré las costillas… – protesto sin sentido

-. No es eso. El daño que te haces es peor que esos huesos rotos

No entiendo sus palabras pero no me atrevo a rebatirle… me ha impresionado mucho…

Los golpes en la puerta anuncian la llegada de Jesús. Sonríé al verme. Trae una bandeja con té y algunos alimentos suaves y apetitosos

-. ¿Cómo estás?- pone la bandeja cerca de mí y me mira con ternura. No sé porque me emociona verlo… a él, a Don Paul y a Tanner…  Están preocupados por mi…

-. No – interrumpe Tanner muy serio y levantando su dedo índice – no oscurezcas la luz

-. ¿La luz? ¿Qué luz? – pregunta Jesús mirando la ampolleta apagada en el techo

-. Esta luz

Tanner mueve su mano alrededor de mi cabeza y mi corazón

-. Cada vez que piensas oscureces la luz

Jesús y yo nos miramos sin comprender. Ambos volvemos hacia Tanner esperando más explicaciones. El nos observa detenidamente… como si estuviera viendo esas luces de las que habla pero no dice nada sino que camina hacia la puerta

-. Volveré cuando te duela – dice antes de dejarnos

-. Es un tipo extraño pero buena persona – dice Jesús tomando la bandeja y poniéndola frente a mi – tienes que comer. Mira lo que te traje – me guiña un ojo mostrándome los alimentos deliciosos que hay en la bandeja… vienen del restaurant – recién preparados para ti 

-. Abre la boca

Toma un trozo en la cuchara y me la acerca como si fuera un niño

-. Puedo comer solo – avergonzado bajo la cabeza pero el ánimo de Jesús no tiene límites

-. Sé que puedes pero te voy a consentir hoy día

Su mirada es linda… no esconde nada… Jesús es como un libro abierto que uno puede leer sin preocuparse. Insiste moviendo la cuchara frente a mi y yo cedo. Abro la boca y dejo que Jesús me alimente. Al poco rato estamos sonriendo los dos.

 

Don Paul volvió a verme más tarde. Dictaminó que no podía abandonar su casa antes de estar sano así es que era mejor que me pusiera cómodo.

-. No te llevé a un hospital porque habrías tenido que explicar los moretones de ahora y las señales de los golpes anteriores.

No puedo sostener su mirada… agacho la cabeza en silencio… él no me presiona. Ya me había dicho que hablaríamos después pero yo quiero posponer el momento de hacerlo. Me da mucha pena pensar en despedirme de lo mejor que me ha pasado en la vida.

Jesús no solo me alimentó ese día sino también los dos días siguientes. Sube a verme cada vez que puede y se ha hecho cargo de traer mis alimentos y vigilar que me los coma. Otros compañeros también vinieron a interesarse en mi estado y hacerme compañía.  Lo agradezco mucho pero con el único que me estoy comenzando a sentir cómodo es con Jesús.  Si él está en el cuarto yo puedo cerrar los ojos tranquilo sabiendo que no tendré pesadillas en las que Gerardo vuelve a amenazarme y golpearme

Tanner aparece cada vez que el dolor aumenta. No sé como lo adivina pero en cuanto respirar y mover mi torso comienza a volverse insoportable ahí esta él para poner sus manos sobre mi y llevarse el dolor con su magia que no me explica.

-. Estas aprendiendo – me dice al segundo día cuando solo tuvo que venir dos veces.

Duermo muchas horas. De mi familia no me preocupo porque Don Martin fue a hablar con ellos y están informados y tranquilos. No saben toda la verdad pero al menos saben que estoy bien y curándome de una caída que sufrí en el restaurant.

Pienso en Gerardo… Me duele algo indefinido dentro del pecho y la cabeza cuando me acuerdo de lo que me hizo… ¿no se supone que me quiere aunque sea un poquito?… me da vueltas en la mente… comienzo a tomar conciencia de que pude haber muerto.

A veces despierto y Jesús está sentado en el dormitorio acompañándome. Me estoy acostumbrando a verlo y a sentirme tranquilo con él. No espera nada de mi ni me pide nada tampoco. No lo veo como se mira a una pareja sino como algo que me está pareciendo mucho más valioso… algo que es una novedad… un amigo. Jesús me habla de lo que estudia, de las cosas divertidas que pasan en el restaurant, del tiempo afuera en la calle… de cualquier cosa que se le ocurre. Es chistoso y las cosas más simples las transforma en una historia entretenida, se mueve y gesticula al hablar pero es gracioso.  Un par de veces lo sorprendo mirando las marcas oscuras en mi cuello. Sé que Jesús quiere preguntar pero no lo hace…  nuestras miradas se cruzan y veo la curiosidad y el enojo en ellas… no le gusta lo que me pasó… pero creo que él ve miedo en mis ojos y es por eso que calla y respeta mi silencio.

Al tercer día ya estoy mucho mejor. Tanner no ha venido ninguna vez hoy día y eso es una buena señal, supongo.  Cerca del mediodía mis ojos se cierran y me duermo. Gerardo aparece en mis sueños… está furioso porque no me puede ver, me grita y zarandea, me dice que soy muy tonto… me atrapa por la espalda y de repente siento sus manos en mi cuello, apretando lento pero consistentemente… escuchó cómo me grita que soy basura… comienzo a sudar y no puedo respirar… me desespero… me está asfixiando… pataleo y me remuevo inquieto… grito fuerte y es el mismo sonido de mi propio grito el que me despierta de la horrible pesadilla

-. Ricardo, despierta!!! Es un mal sueño. No es real

Jesús deja de lado la bandeja y sus brazos me rodean para calmar mi miedo… me mece suavemente sin apartarse… acaricia mi pelo para tranquilizarme. No hay nada sexual en su contacto sino solo protección y ternura. Mi llanto de terror se calma… pero la lágrimas no dejan de salir… algo más profundo se ha roto dentro de mi… no sé qué quiebre se produce en mi corazón pero ahora he dado paso a otro tipo diferente de lágrimas… quizás es la seguridad que siento con la compañía de Jesús, el apoyo de Don Paul… o tal vez es resultado de la pesadilla… del cansancio que me produce tener miedo todo el tiempo…

Una vez que comienzo no puedo detenerme… tengo las emociones atoradas en la garganta, las palabras me ahogan y necesito sacarlas de mi y soltarlas… escupirlas… botarlas fuera…

Reclinado sobre el hombro de Jesús comienzo a hablar muy bajito …

-. Se llama Gerardo. Tenía dieciocho años cuando lo conocí y me violó por primera vez…

Jesús se da cuenta de lo que está pasando pero sigue sosteniéndome y meciéndome, escuchándome en silencio…

Hablo y hablo… como si al dejar salir mi historia mi cuerpo se fuera limpiando de algo tóxico… lloro y sollozo… pero necesito hacerlo…deshacerme de todo…

No sé cuánto tiempo ha pasado. Tengo el costado de mi cuerpo algo acalambrado por la posición… sigo estando apoyado en Jesús quien no se ha movido ni un milímetro y me ha escuchado todo el rato en silencio… no puedo ver sus ojos ni las expresiones de su cara… pero sé que está atento porque cada vez que contaba algo incómodo su abrazo se volvía más fuerte… como si quisiera protegerme…

No omito ningún detalle hasta llegar al momento en que escuché como mis huesos crujían bajo el peso de sus patadas en aquel hotel que odio con toda mi alma… me resulta curioso darme cuenta ahora de eso. Nunca me gustó el hotel ni el recepcionista que me miraba feo… hubo tantas cosas que nunca me gustaron pero acepté callado…

Cuando ya no tengo nada más que decir me alejo de Jesús para reclinarme sobre la cama… agotado pero con una sensación de tranquilidad diferente.  Solo entonces nos miramos. Sus ojos son más dulces que nunca y están llenos de lágrimas, igual que los míos

-. Debiste hablarme antes, Ricardo – Toma mi mano y la aprieta fuerte – No sabes cuánto me arrepiento de no haberte ayudado

-. ¿Cómo me ibas a ayudar si no sabías? – respondo alzando los hombros

-. Sabía que tenías problemas… siempre estabas triste y nervioso, trabajando demasiado. Huías de nosotros cuando intentábamos conversar contigo. Lamento no haberte prestado más atención – Jesús aprieta mi mano mas fuerte con cariño. Luego se limpia los ojos y cambia su semblante

-. Hay asuntos que resolver – dice decidido

-. ¿Qué asuntos? – pregunto yo preocupado

-. Lo primero es que sepas que cuentas conmigo. No estás solo, Ricardo. Voy a ayudarte. Todos vamos a ayudarte

-. ¿Ayudarme a que..?? ¿No me escuchaste? Voy a  ir a la cárcel ahora y Don Paul va a despedirme y…

-. SShhhh… nada de eso va a pasar. Te voy a explicar pero antes debo traer a alguien que está esperando para ayudarte. ¿Puedes confiar en él si te lo pido?

Jesús es muy convincente… tal vez es por la sinceridad que trasluce en sus ojos y la forma en que toda su persona transmite confianza.

-. Si – respondo vencido por su ofrecimiento. De todo lo que Jesús me ha dicho hay una sola cosa que me parece más importante que cualquier otra…  “no estás solo, cuentas conmigo”…

Segundos después Jesús vuelve con Don Paul. El hombre mayor se sienta a mi lado en la cama

-. Ahora Ricardo, ¿dime cómo puedo ayudarte? – me pregunta poniendo su mano sobre mi antebrazo para hacerme saber que también puedo contar con él. Un aura de poder y señorío emana de él…

Mi rostro se vuelve una mueca de llanto… la emoción me sobrepasa…

Jesús me mira y asiente desde el otro lado de la cama, animándome a hablar

Tanner entra en ese momento. Alza la cabeza y su rostro se ilumina como si descubriera algo nuevo en mi

-. Tu luz esta brillando– murmura sorprendido

 

 

6 MESES MAS TARDE

Gerardo está en la cárcel bajo el cargo de abuso, agresión y violencia en mi contra. No es por un periodo muy largo ya que todo sucedió siendo yo adulto y supuestamente habiendo consentido a tener una relación con él; pero nunca accedí a la violencia y eso fue lo que el juez castigó.   Hay una orden que no le permitirá acercarse a mi luego de que termine su periodo tras las rejas.

Aquel día en que conté todo y liberé mi alma, Don Paul llamó a un abogado amigo suyo y él me explicó en detalle todas las mentiras y abusos que Gerardo había cometido. El documento firmado no era válido. Se requiere firmar ante un notario para validar ese tipo de acuerdos. Era solo un papel sin valor ninguno.

No fui yo quien lo enfrentó sino los abogados y la policía. Llegaron a buscarlo al restaurant. Se defendió violentamente diciendo que yo había accedido a todo y me llamó ladrón, pero Jesús tuvo la paciencia de sumar todas las cuotas que le había pagado a Gerardo y resultó que había devuelto el préstamo más de dos veces y media; no solo se aprovechó de mi sino también me engañó para que le pagara más dinero del que correspondía. Cada nueva cosa que descubría y entendía sobre lo que Gerardo había hecho conmigo me lastimaba un poco más… sentí pena de mí mismo… de ser tan tímido e ignorante.. de no haber sabido defenderme y haber estado cegado tantos años…

Hace unos días el abogado me entregó un cheque en el que la mujer de Gerardo me devolvía el dinero extra que le había pagado. Ella se hizo cargo de todo incluyendo los negocios de él. Dijo que no iba a separarse de él pero iba a enseñarle que con ella y su hijo no se juega. Está esperando a que salga de la cárcel para hacerle la vida imposible y él tendrá que aguantarla si no quiere perderlo todo. Cuando me acuerdo como Gerardo la odia me dan ganas de reír… sé que no le gustará tener que vivir con ella.

 

 

 

-. Vamos… no tengas miedo. Yo también estudio aquí… vamos

Jesús tironea de mi muñeca y me obliga a seguir caminando cuando me baja el miedo y el arrepentimiento

-. Señorita. El se viene a matricular. Quiere ser profesor

-. Bienvenido – dice ella con una sonrisa amable ofreciéndome la silla frente a su escritorio para llenar los formularios

-. Entonces ¿tomará clases vespertinas?

Miro a Jesús una última vez antes de asentir…

-. Si. Clases vespertinas  – respondo orgulloso de pronunciar esas palabras

El sonríe y me hace un gesto alzando el pulgar de su mano. Vendré a la misma universidad que estudia él aunque Jesús va más adelantado. Me ha prometido que viajaremos juntos en su auto y se encargará de orientarme y ayudarme hasta que conozca gente y tenga amigos.  Me reí de sus palabras al pensar en mi hablando con otras personas pero tal vez deba replanteármelo…  Hizo un gran trabajo al convencerme de que puedo ser lo que quiera ser.. Jesús se ha convertido en mi mejor amigo, en la persona que confío y que se preocupa por mi sin esperar nada a cambio. Se alegra cuando me hace reír y esta a mi lado cuando, a ratos, me da pena recordar todo lo que me pasó y el desastre que hice con mi vida.

Don Martín está de acuerdo con que estudie y me ha dado un horario especial de trabajo.  No sé como agradecer todo lo que ellos han hecho por mi. No me condenaron por lo que hice en el pasado. Me abrieron las puertas de su amistad y comprensión. He conversado con ellos. Muchos tienen historias de vida tan tristes o peores que las mía pero juntos podemos apoyarnos y salir adelante.  Lentamente he comenzado a compartir con ellos. entiendo sus bromas y acepto las invitaciones cuando vamos juntos al cine o alguna otra parte.  Nunca pertenecí a ninguna parte… pero aquí entre este grupo de personas he encontrado refugio, cariño y el apoyo necesario para comenzar a aprender que no soy una mala persona y que tal vez con el tiempo podría gustarme, perdonarme y hasta sentir aprecio por mí mismo.

Gerardo fue una pesadilla desde el principio pero en mi ignorancia confundí su interés sexual en mi con cariño y aprecio. Siempre estuve necesitado de afecto. Mis padres no son malas personas pero están tan ocupados en que nuestra familia sobreviva que no tienen tiempo para procurarnos abrazos o amor. Creo más bien que son ellos quienes necesitan ser abrazados y así he comenzado a hacerlo cuando los veo llegar agotados.

Gerardo y mi vida anterior quedan atrás y su recuerdo se nubla rápidamente. No es necesario recordar lo malo que fue todo aquello y las secuelas que me dejó. Pero estoy mejorando. Prueba de ello es que cuando Tanner pasa por mi lado me mira fijo y me dice

-. Sigues brillando, Ricardo

Él es un misterio para mi pero sé que a pesar de su aspecto intimidante, es pura bondad y le tengo cariño.

 

 

Suspiro cuando la señorita me dice que todo está listo y solo debo firmar para ser oficialmente un estudiante universitario. Tomo el lápiz y tiembla en mi mano… firmar para inscribirme en la universidad… es un paso gigante… Jesús   me alienta a hacerlo con la mirada y, ocultando la emoción, escribo mi nombre al final de la página.  Ya es oficial. Comienzo a estudiar la próxima semana. Serán seis años de preparación pero saldré adelante.

Voy a aprender a conocer mejor a las personas y a no cerrarme por miedo al recuerdo que me dejó un hombre nefasto.

No todas las personas son malas.

He decidido que voy a ser profesor y voy a quererme para ser feliz.

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