Capítulo 2

Esta mañana, otra vez desperté echando de menos el olor del campo y del sur. Han pasado 5 años y aún no puedo acostumbrarme al ruido y al olor de esta gran ciudad.

En cuanto sonó el despertador, puntualmente 6:30 como cada mañana, salí de la cama, entre a la ducha, me vestí rápidamente con los primeros jeans y camisas iguales que se amontonan en ordenadas pilas en mi closet. Roberto Schuster, 1,82, descendiente de alemanes pelo oscuro,  ojos cafés oscuro, musculoso por naturaleza y por una estricta rutina de ejercicios diarios, un chico simple de campo.

Tomo mi desayuno distraído y miro por la ventana del cuarto piso que comparto con mi hermana Erica y otro compañero de la universidad… creo que nunca me acostumbraré a los edificios amontonándose, casi devorándose unos a otros, mientras en el fondo, apenas se distingue borrosa de smog, la cordillera de los Andes. Como me habría gustado correr las cortinas y ver el paisaje que observo en la casa del sur, potreros verdes con animales y sembradíos, el bosque de fondo con su intenso aroma a pino y el sonido fresco y alegre del arroyo que corre cerca de la casa. Cuando estoy en casa me siento vivo, inyectado de energía y vitalidad. Esta ciudad me adormece, me roba la energía. Estoy acá para terminar mi carrera y una vez que reciba mi diploma podré volver al sur y trabajar como arquitecto y juntar suficiente dinero para comprar un campo como el de mis padres. Esa es la meta final.  No tengo grandes proyectos que construir, no quiero revolucionar la ciudad ni el país con ideas innovadoras. Quiero trabajar en algo que me gusta para poder cumplir mi verdadero objetivo que es el campo.

Mi hermana Erica aparece aun con el aun sueño pegado en sus ojos, me tira un beso al pasar y bosteza perezosamente mientras se prepara un enorme tazón de café.  Hoy no tiene clases hasta tarde, pero tenemos la costumbre familiar de levantarnos temprano y cumplir nuestras obligaciones sin dudar. Esto es algo que nuestro padre nos inculcó desde pequeños, la responsabilidad, el cumplimiento de los deberes, el respeto, etc.  No recuerdo alguna vez en que haya faltado gravemente a las normas y a lo que se espera de mi. Soy cumplidor y responsable porque me nace ser así.

Cuando estaba aún en el colegio, todos mis compañeros faltaban alguna vez a clases o hacían trampas en las pruebas… definitivamente no es mi estilo. No tengo que demostrárselo a nadie. Lo necesito para mí mismo. Siempre necesito saber que estoy haciendo lo correcto. Me gusta la sensación que siento dentro mío cuando eso sucede.

Tomo mi maletín lleno de proyectos y nuevos diseños y corro hacia el auto pensando que no volveré al departamento hasta muy tarde; tengo mi horario lleno de clases además de las horas que dedico al centro de alumnos, del cual soy presidente; estamos en plena actividad y he tenido que pasar muchas horas trabajando tanto con los alumnos como con los profesores y administrativos de la universidad, hasta he sido recibido por el decano en tres ocasiones en las últimas semanas me pidió dedicar especial atención a las actividades universitarias este año y mantenernos alejados de la política; pero no es nada fácil.

Son las 8:20 y ya estoy estacionando en el campus de la universidad, chequeo fugazmente en el teléfono mi horario para hoy día y en el estacionamiento contiguo veo el auto de Ángela. En esta ciudad poco amistosa y competitiva, Ángela es mi amiga y mi refugio; es una mujer muy hermosa, morena de grandes ojos oscuros y un cuerpo muy bien proporcionado. Creo que está un poco enamorada de mi. Debo ser un poco estúpido puesto que Ángela es muy atractiva y son muchos los que me envidian por tenerla tan cerca.  La mayoría de mis amigos están convencidos que somos pareja y nos tratan como tal, pero no… aún no me he decidido ni con ella ni con ninguna otra. He estado demasiado ocupado cumpliendo con mis responsabilidades y he dejado para más adelante este tema del amor y el compromiso. He tenido un par amigas especiales con las que aprendí sobre amor y sexo pero aún no he encontrado  esa mujer especial que se supone hará que me vuelva loco y voy a querer por el resto de mi vida.

Sonrío y me encamino hacia mis clases silbando despreocupado.

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