Capítulo 5

Pedro terminaba de preparar la cena y lo llamó para que viniera a comer.

Javier apareció recién duchado… con una camiseta musculosa que resaltaba y dejaba ver más de lo que cubría y unos jeans tan apretados que marcaban su culo firme y redondo, sus formas delanteras y sus muslos, a la perfección… se veía precioso por todos lados… todo juventud, piel y músculos.

Pedro tragó saliva, respiró profundo y cerró los ojos dos segundos… sabía perfectamente lo que estaba haciendo Javier, a pesar de la cara de aparente indiferencia que ponía delante de él… lo había extrañado y pensado tanto durante la semana… luego, el miedo de lo que había pasado… diablos!!… debió haber supuesto que Javier no se lo iba a poner nada fácil.

Se sentaron a comer hablando de cualquier cosa… Javier se paró al menos cinco veces a buscar alguna cosa… agua… hielo… sal… cada vez pasó por su lado rozándolo… y tuvo buen cuidado de hacerle ver su precioso cuerpo entero… Pedro lo miraba… se lo comía con los ojos… su cuerpo delgado y sinuoso parecía un imán del cual no se podía despegar… apretaba fuertemente el tenedor entre sus dedos y seguía comiendo… el mismo había impuesto el castigo y ahora tenía que respetarlo. Masticaba en silencio y evitaba mirarlo demasiado. Lo deseaba. Su propio cuerpo lo traicionaba de la manera más cruel.

Dejaron todo ordenado y se fueron a la sala a ver una película. Javier se sentó muy cerca suyo… se acercó enroscando su cuerpo alrededor de él

-¿Puedo besarte, al menos?

No respondió… solo estiró sus brazos para recibirlo… no podía negarse…  lo amaba y lo había echado de menos, quería el contacto con su boca húmeda… con su piel caliente… pero tendría que irse con mucho cuidado si no quería caer en el juego de Javier… no quería ser cruel, solo quería enseñarle algo… algo que le doliera para que aprendiera que existía un control y un orden que respetar… sabía que este pequeño distanciamiento iba a ser muy difícil de soportar para Javier… también para él, pero era adulto y podía.. si, si podía… tenía que poder para que las cosas funcionaran entre ellos

Javier se entregó completamente para besarlo… cruzó sus brazos delgados tras su cuello y se abandonó en su boca… jugando con su lengua y su saliva… gimiendo de gusto y provocándole corrientes de placer… Pedro conocía esa forma en que Javi podía mover su cuerpo… rozándolo… encendiéndolo… rogaba para no dejarse vencer por la tentación… su niño era siempre tan hermoso y elástico, olía tan bien y era delicioso tocarlo… le ganaban sus caricias y sentía el fuego incendiando su sexo… se apegó a él hasta sentir plenamente sus formas, su olor, su calor… sus… huesos??… Pedro pasó su mano bajo la camiseta de Javier… sintió que ahora podía tocar claramente cada una de las costillas… recordó lo que había pasado… había dejado de comer por casi 5 días!!!   La pasión que comenzaba a sentir se esfumó por completo y dio paso a un sentimiento diferente… alivio inmenso de que siguiera vivo y sin daño, dolor por todo lo que había pasado… pena… ternura… miedo… lo apretó fuertemente estrujándolo… pronunciando su nombre una y otra vez… Pedro conocía tanto del dolor de las enfermedades… lo veía cada día en su trabajo… Javier había jugado con la muerte… con un posible daño permanente…

Respiro profundamente se tranquilizó del súbito temor que lo había invadido. Javi estaba vivo y bien… sano, a salvo al lado suyo. Lo separó despacio, le sonrió y volvió a besarlo en la frente con un beso largo y dulce… de puro alivio.

– Javi, dijiste que aceptarías el castigo que te diera…  demuéstrame que puedes hacerlo-  su voz no denotaba la inquietud que sentía.

Javier lo miro desconcertado. Se había dado cuenta que hasta hace unos minutos atrás estaba seduciendo a Pedro y de pronto… nada… había cambiado

– Pero…

Pedro lo miro como un padre que mira a su hijo desobediente. Javier calló y estiro su boca en un gesto de amurramiento

Pedro hizo un gran esfuerzo y desvió su vista a la televisión… mantuvo un brazo alrededor del cuerpo del chico… de reojo vio la cara de Javier… estuvo tentado de reírse… Dios!!Que cara tan mona y adorable… enfadado y frustrado…  sus planes de seducirlo completamente al tacho de la basura… eran lecciones que tenía que aprender para el futuro… ahora que estaba con él, le correspondía el deber de enseñarle y no iba a descuidar su papel de educador… sonrió de satisfacción… ahora podía educarlo en todo lo que quisiera.

Se despidieron con un breve beso en la boca… Pedro entró a su cuarto y aunque no cerró la puerta… definitivamente no lo invitó a entrar. Javier se quedó unos segundos mirándolo… esperando… sin terminar de convencerse que no iba a invitarlo a entrar… para luego dar media vuelta y entrar a la suya… el sí cerró la puerta… con bastante más fuerza que la necesaria.

Pedro sonrió resignado en su habitación al escuchar el portazo. Se ducharía con agua fría si era necesario… se masturbaría… pero no iba a ceder hasta que Javier entendiera el peligro al que se había expuesto.

Fueron tres días y tres noches. Javier reaccionó de todas las maneras posibles… incitante, agresivo, pidiéndole, gritándole, buscándolo, luciéndose, intentando seducirlo… sufría sabiendo que Pedro lo amaba y también lo deseaba pero era capaz de aguantarse mientras que él…  traicionado por su juventud y sus deseos locos de ser follado por su amante.

Al final del cuarto día Javier se acercó de manera diferente, por fin

– Pedro… – su voz era callada, su mirada baja y su actitud bastante más humilde que lo habitual

– Dime

– Ya pensé bastante…

– Y ¿Qué pensaste?

Dejó lo que estaba haciendo para prestarle toda su atención… se estaba comenzando a derretir por él nuevamente… esta actitud tranquila y casi humilde era diferente… Javi había recuperado el color, un poco de peso y de tanto mirarlo sin tocarlo, Pedro estaba constantemente excitado… quería hacerle el amor… sentirlo.

– No debí hacerlo… en verdad fue muy estúpido y los asusté mucho… en especial a ti… lo siento mucho, siento haberte hecho sufrir ¿me perdonas, por favor?

Lo miró directo a los ojos azules… quería saber si Javier hablaba desde el corazón… suaves… quietos, mansos… los preciosos ojos de Javi reflejaban tristeza y arrepentimiento.

– Ven aquí

Se refugió en su abrazo… se fundieron en un beso que comenzó tranquilo para derivar en un fuego sin control ni barreras… en una necesidad urgente…  esta vez fue Pedro quien comenzó a quitar la ropa de Javier… tocando con su boca y su lengua el cuello, la cara… bajando… sintiendo en sus labios el sabor de su niño… se derretía… lo  besaba y hundía su lengua en su pequeño ombligo… en todas partes… sus manos lo buscaban, lo sujetaban y lo acariciaban con un poco más de agresividad que antes… respiraba agitado… estaba desesperado por poseerlo y los gemidos de placer de Javier no ayudaban en nada para su control… lo dejó desnudo en la sala… se acuclilló frente a él para poder seguir besándolo en su zona íntima, le separó las piernas y lo sostenía de las nalgas redondas que tanto había mirado… chupando, lamiendo y besando en todas partes…

– Javi… te amo tanto

Javier sonreía y gemía en forma entrecortada… demasiado feliz y excitado para poder hacer otra cosa que no fuera sentirlo… intentando que sus pies se mantuvieran firmes sobre el suelo mientras disfrutaba de cada caricia sobre su piel… su boca abierta, su cabeza hacia atrás… su pelo oscuro caía suelto y desordenado… sus ojos azules cerrados… solo sentía… por fin sentía a Pedro entre sus piernas y en su sexo.

– Hazme el amor, Pedro… ahora, por favor

Sin soltarse ni darse más tiempo para esperar cayeron enredados sobre la alfombra… besándose con ansiedad y repitiendo sus nombres… sus lenguas bailando al mismo ritmo… Javier abrió sus piernas atrapándolo entre ellas y estiró sus brazos reclamándolo… estaban completamente solos y sin límites de tiempo ni de lugares… nada… con toda la libertad para amarse como quisieran y donde quisieran…  era enloquecedor pensarlo y hacerlo… Pedro se quitaba la ropa de prisa, revelando su deseo de él… su necesidad de sentir a ese niño suyo… tener su precioso cuerpo de nuevo para hacerlo suyo… recordó lo que necesitaba de su pantalón… lo giró  de lado y metió sus dedos entre las nalgas, abriendo… buscando… respiro calmándose, ya estaba dentro de Javier… el chico se movía sinuoso hacia su mano y gemía su deseo y su propio placer…  provocándolo aún más… pidiéndole… con su otra mano lo pegó a su cuerpo… mordía su cuello y lamía la marca que dejaba…  su pene pidiendo a gritos atención… Javier se movió… lo buscaba para tocarlo pero Pedro tenía urgencia de Javier… de estar dentro de él…  directo a su entrada… con cuidado pero seguro… dentro…  muy lento y profundo… respirando en jadeos cortos… entrando y saliendo… sintiéndose apretado y placentero…  su niño… su delicioso niño al fin suyo… acelerando el ritmo…  abrazándolo, sosteniéndolo tan pegado a él, jadeaban… se sujetaban arañándose y marcándose… Pedro envolvía en su mano el miembro de Javier y frotaba al mismo tiempo que lo embestía con  fuerza… lo necesitaba tanto…  quería sentirse envuelto y aprisionado en Javier…  el chico respiraba agitado… de sus labios abiertos se escapaba el nombre de Pedro una y otra vez…  se sentía tan bien tenerlo dentro, duro y caliente… exigente… era maravilloso poder gozar el uno del otro al fin sin ninguna restricción. Javier gimió con ganas cuando el orgasmo lo sacudió dejándolo sin fuerzas, sudado y derrumbado sobre el cuerpo de Pedro… podía gritar que lo amaba si se le daba la gana… sonreía…  había sido fantástico!!… el mejor… intentaba respirar con normalidad… Pedro aún estaba dentro suyo aunque se había corrido hacía unos segundos…

– Quédate en mi para siempre- le dijo Javier sujetándolo

– Con gusto, mi pequeño amor

Para siempre… el podría, feliz, vivir para siempre en Javier, pegado a su piel húmeda y dulce…  mirando sus ojos azules… no había mejor lugar en todo el ancho mucho en el que él quisiera estar.

La vida juntos de ahí en adelante fue un sueño hecho realidad para ambos; Javier volvió a lo que siempre había conocido; su pueblo, su colegio, sus compañeros y Pedro… Las primeras semanas juntos se vieron envueltos en la locura de tenerse cada vez que querían… parecían insaciables… podían pasarse largas horas o un fin de semana completo acariciándose y amándose… diciéndose las más bellas frases de amor y ternura… y sonriéndose con tranquilidad mientras se miraban a los ojos… solo el hambre lograba separarlos y hacerlos moverse de la cama.  Dentro de los límites de la parcela funcionaban como una pareja normal; se tocaban y mimaban con completa libertad… siempre habían tenido una relación estrecha y ahora solo estaban cada día más cerca… ambos ponían lo mejor de cada uno para hacerse la vida agradable y sin problemas… el resto del tiempo y frente a cualquier otra persona, eran el hijo y su padrastro.

Todos en el pueblo comentaron durante mucho tiempo lo cariñoso que era el doctor por haberse quedado con su hijastro, aunque la mujer lo hubiera abandonado por otro. Pedro no respondía a esos comentarios.

El tiempo pasaba de prisa… su vida se sentía tan plena y realizada que ninguno de los dos se daba cuenta de lo rápido que avanzaba.  Javier cumplió 16 años. Evitaba en lo posible visitar a Sofía y su marido. Su vida era lo que lo rodeaba y lo hacía feliz… Pedro, la casa que compartían, la parcela, el colegio, los compañeros y las cosas que hacían juntos todos los días… pequeños placeres que sumados formaban lo mejor que existía y lo único que querían.

El año terminó sin darse cuenta, entre tantos besos y felicidad. Los días se les hacían cortos… Dormían juntos todas las noches… no se cansaban de tocarse y su amor crecía sin límites de entrega y pasión… Habían aprendido a conocerse al revés y al derecho…  a complacerse de mil maneras… no solo en el terreno sexual,  donde se volvían expertos en darse placer el uno al otro, a reír juntos… a respirar al unísono y a tocarse en los lugares precisos y de la forma perfecta… sino también en los pequeños detalles… en conocerse los gestos y el genio… en compartir una comida rica… respetar el tiempo para descansar… los programas de televisión… deportes… el sillón favorito de cada uno… las sorpresas que se preparaban… eran inmensamente felices. Javier se comportaba cada vez más como un pequeño adulto y dejaba de lado sus actitudes de niño… maduraba bajo la atenta mirada de Pedro que siempre pedía lo mejor de él.  Pedro era con él una mezcla perfecta de padre y amante…

Durante el siguiente periodo de vacaciones Sofía exigió que Javier pasara un tiempo con ellos. No pudieron negarse… no tenían una excusa válida. Casi había pasado un año sin verla.  Javier se quedó de mala gana con su madre cuando Pedro fue a dejarlo. Le prometió que no haría ninguna tontera y lo cumplió a cabalidad. La lección de Pedro negándole su atención había calado hondo en Javier… sabía cuál era el límite ahora y nunca lo traspasaba. Su antigua rebeldía desaparecía, no la necesitaba cuando estaba con Pedro.

Pedro aprovechó la ausencia de Javier para viajar fuera del país. No podía sacar al chico a otro lugar sin el permiso de Sofía y ni soñar con que ella se lo diera. Sofía sentía cada vez un poco más de rabia contra Pedro por “quitarle” a su hijo… se acumulaba una pequeña carga de rabia y molestia… no tenía idea ni sospechaba hasta que punto llegaba la relación entre ellos.

Pedro fue a un seminario al extranjero y se distrajo lo suficiente como para no echarlo tanto de menos ni preocuparse demasiado por la posibilidad de que Javier se fijara en alguien más… otro hombre más joven… un chico de su misma edad… siempre temía a esa posibilidad… sabia que Javier lo amaba… pero era tan hermoso… siempre cabía la posibilidad de que alguien más se le acercara.

Javier volvió de las vacaciones con sus padres completamente cansado de ellos y desesperado por verlo. Había sido un viaje precioso a un lugar de ensueño… solo le había faltado Pedro para poder disfrutarlo. Nada estaba bien cuando él no estaba.

No quiso que Pedro fuera a buscarlo. Llegó de sorpresa a la parcela un día antes de lo esperado. Ya no se aguantaba más las ganas de verlo. Pedro estaba leyendo en la cama cuando escuchó el ruido de la puerta al abrirse y se quedó mudo… supo de inmediato que era Javier… caminó con urgencia hacia la entrada… Cielos!! ¿Qué le habían hecho esas tres semanas de separación a su niño??… ¿cómo era posible que estuviera tan bonito? Se miraron a unos pocos pasos de distancia… aguantándose la respiración… los ojos de ambos llenos de ilusión y tanto amor…

– Te extrañé… mucho- Pedro cerró la distancia entre ellos fundiéndose en un abrazo

– Y yo a ti…-  estaban casi del mismo porte… Javier miraba a Pedro directamente a sus ojos. Reían… recuperaban los besos y las caricias que no se habían dado durante tantos días… Javier estaba de su porte… tan grande, tan tostado y hermoso.

Pasaron un día completo, desnudos en la cama… Pedro no fue a trabajar… Javier no lo soltaba…  él tampoco quería que lo soltara…  habían sido tres largas semanas de separación que habían puesto a prueba su cariño…  pero nada había cambiado, ambos habían conocido otras personas… hombres y mujeres que podían haberles interesado… pero,  seguían sintiendo más amor aún por el otro, si eso fuera posible… solo el cuerpo de Javier se había alargado un poco más y se desarrollaba precioso… su piel se había tostado bajo el sol y su pelo crecía hasta un poco más abajo de los hombros… de a poco perdía ese aspecto de niño y comenzaba a volverse más hombre. Pedro alucinaba mirándolo y tocándolo… recorría con su lengua cada nuevo centímetro de piel… Javier se daba cuenta y se aprovechaba… lo seducía cada vez que podía… encantado de poder manejar un poco la situación a su favor…

Sofía hizo el intento de querer llevarse a Javier de vuelta con ella para el siguiente y último año escolar. Esta vez la negativa de ambos fue rotunda. Javier había desarrollado suficiente madurez y personalidad como para oponerse sin gritos ni escándalos, pero tan firmemente que Sofía no insistió. Solo consiguió la promesa de que su hijo la visitaría de vez en cuando.

El nuevo año escolar se inició y desarrolló sin problemas. A pesar de la extraña situación, la vida de ambos era tranquila y agradable; Pedro tenía su trabajo en su consulta privada y en el hospital, sus amigos y mucha gente que lo estimaba. Siempre acomodaba sus horarios para estar el mayor tiempo posible con Javier… compartir sus horas con él era siempre una prioridad y le encantaba todo lo que hacían juntos… desde los detalles simples como comprar las cosas del supermercado o practicar algún deporte hasta las muy complicadas como celebrar navidad solo ellos dos muy juntos o inventar una nueva manera de complacerlo… cada vez más atrevida. Ahora que Javier ya no era tan niño se atrevían a más cosas y las disfrutaban enormemente.

Javier maduraba con relativa normalidad. Tenía ahora 17 años y se había acostumbrado tanto a su vida y su amor por Pedro que no podía ya imaginarse la vida sin él… era su todo… el enamoramiento y locura juvenil del principio habían dado paso a un amor mucho más profundo y serio… un sentimiento que lo abarcaba todo,  sabía que Pedro iba a ser siempre la persona más importante en su vida.  Entendía que le quedaba mucho por vivir y por hacer, tenía claro lo que quería en la vida y cómo esperaba lograrlo. También sabía que quería que todo eso pasara con Pedro a su lado… no le cabía en la cabeza la idea de llegar a separarse jamás.

Siguió esforzándose por ser un buen estudiante y para cuando terminaba el año obtenía las mejores notas.  Pedro estaba absolutamente orgulloso de él… agradecía que la relación de amor completo que tenían no hubiera afectado negativamente a Javier… estaba enamorado a morir… tenía su trabajo y varias otras actividades pero no había nada ni nadie que fuera más importante que ese adolescente de ojos azules, y pelo oscuro que lo miraba con sus ojos llenos de amor… se sentía tan afortunado… tan maravillado de ser él el objeto del amor de Javier…

Habían celebrado el término del colegio de manera especial… una cena íntima en la terraza con muchas velas, besos y caricias…

-. Muy bien… ahora debes decidir qué quieres hacer con tu vida-  habían terminado de cenar y estaban ambos compartiendo el mismo sillón… las piernas enredadas y los brazos acariciándose descuidadamente… el cielo de verano, tachonado de estrellas, sobre ellos

– Lo sé hace tiempo… tengo claro lo que quiero ser

Pedro lo miró curioso… nunca le había dicho nada. Pasó su mano por la cara de Javi, quitando el pelo que caía en sus ojos… ya no lucía como un niño, estaba volviéndose un hombre…  se sentía tan feliz de estar con él, de amarlo… ya no era su niño pero seguía siendo el amor de su vida

– Voy a estudiar medicina

Se quedó mirándolo con la emoción atorada en la garganta…

– Mi pequeño amor…

Seguía llamándolo con ese nombre que a Javier le encantaba, pero de pequeño ya no tenía nada. Javier tenía su misma altura y aunque su contextura era más delicada, era un hombre. Se miraban con otros ojos… de hombre a hombre… se comían con los ojos… el deseo y la atracción era un poderoso imán entre ellos… el amor les llenaba el alma.

 Siempre he admirado lo que haces. Quiero ser como tú- Javier se montó sobre sus piernas… seguro y decidido comenzó a besarlo… sonreía entre beso y beso

– Voy a ser un doctor…- dejaba más besos en su cuello y bajaba por su pecho – trabajaremos juntos…- mordía y lamía su piel… abría el broche y bajaba el cierre de sus pantalones…

Pedro se dejaba seducir… excitado con este cambio de actitud de Javier… imaginando lo que escuchaba… ¿juntos para siempre?? ¿Podría ser cierto?  Se perdieron en besos y caricias, enredando sus cuerpos y haciéndose el amor bajo las estrellas. Pedro estaba orgulloso de Javier, del hombre en el que se estaba convirtiendo y se lo demostró con creces aquella noche.

EPILOGO.

Fueron varios años en la universidad. Javier viajaba todos los días… aprovechaba ese rato para estudiar o descansar… no podría haber sido de otra manera… el viaje no significaba nada… estar con Pedro cada noche, significaba todo.

Su relación de amor pasó por distintas etapas… hubo épocas de celos, de cansancio extremo cuando Javier estaba en época de exámenes… Pedro mezclaba sus roles de padre y amante a la perfección… conocía el estado de ánimo de Javier con tan solo mirarlo y se adaptaba a lo que necesitara su niño en ese momento. Estuvo a su lado en forma incondicional siendo quien Javier necesitara que fuera… su amante, su compañero, su guía… pero más que nada, el hombre que le proporcionaba toda la felicidad.

Muchas veces Javier pidió revelar su relación… quería que todo el mundo supiera de ellos y dejaran de amarse a escondidas. Se sentía fuerte y preparado para enfrentar lo que fuera. Ahora era mayor de edad y no había impedimento alguno para estar juntos más que la condena social que a él no le importaba. Estaba cansado de esconderse y ocultar su amor.

Pedro lo veía de manera diferente; pensaba en todo el daño que Javi podría sufrir … los amigos y compañeros que se alejarían, La gente del pueblo que los miraría con reproche. Él podía soportar lo que fuera… excepto que dañaran a Javier… eso no lo toleraría… sabía que las cosas se le volverían más difíciles a su niño y quería evitárselo a toda costa. Además… estaba Sofía… y el padre de Javier.

El problema lo resolvió Javier a su manera… como siempre.

Fue el día en que recibió su título de Médico, con honores. Tenía 24 años y era un hombre hermoso. Ese día estaba vestido elegantemente. Pedro lo acompañaba y se sentía reventar de orgullo al verlo recibiendo el título por el cual había luchado tanto. Ahora era un médico, un adulto pleno… tan hermoso y seguro… tan dulce y…  era todo suyo.

No pudieron evitar la presencia de Sofía y su marido. Ella había insistido en querer estar presente cuando su hijo recibiera su título.  Javier no los quería pero tuvo que aceptarlo. Se saludaron con educación y se sentaron lado a lado a mirar la ceremonia. Javier recibió su título y sus ojos emocionados se cruzaron con los de Pedro… sonrió de esa forma tan especial… ambos cómplices, ambos dueños del mundo de ahora en adelante… dos hombre adultos, en pleno derecho… pensando en todo lo que podían hacer ahora, juntos.   El mundo no tenía límites para ellos.

Javier caminó hasta ellos. Primero fue Sofía.  Recibió sus emocionadas felicitaciones. Ella lloraba y le decía lo orgullosa que se sentía. Javier aceptó con educación. Luego aceptó recibir el saludo de José, serio, sin sonreír.

Entonces caminó hasta Pedro. Se plantó frente a él… se miraban serios… ojos anclados…

Pedro lo abrazó de manera paternal al tiempo que lo felicitaba y le decía lo orgulloso que estaba. A Javier no le gustó aquello… ahora quería algo diferente.  Alejó su rostro unos centímetros y sonrió con malicia… había férrea decisión en sus ojos.

Pedro supo lo que iba a hacer…

– Javi, no- rogó despacio

– Es mi regalo de graduación– le respondió con total seguridad sin abandonar la deliciosa sonrisa maliciosa

Frente a todos, lo sujeto con fuerzas de los hombros y lo besó en la boca… un beso largo e intenso… con los ojos cerrados y con las manos que lentamente fueron subiendo hasta el rostro de Pedro.  Un beso de enamorados que no dejaba ninguna duda de su relación.

Primero fue un silencio total y luego el grito de horror de Sofía y su marido.

Pedro lo miró cuando se separaron… estaba molesto con Javier por lo que había hecho y se sentía algo violentado…  pero al ver el rostro de su niño, tan sonriente y lleno de orgullo se largó a reír lleno de amor…  él siempre se salía con la suya. Javier era así y no había nada que lo hiciera cambiar… cuando se proponía alguna cosa… lograba hacerla como diera lugar. Era un guerrero nato y lo reflejaba en la cara de victoria con que lo miraba en ese instante

– Te amo…- terminó diciéndole en vez de reclamarle

– Lo sé… yo también te amo

Sofía gritó como loca durante varias semanas. El shock resultó fuerte e increíble. Sofía y José amenazaron a Pedro con todo lo que se les ocurrió, denuncias, la cárcel… golpes y hasta asesinarlo con sus propias manos… pero entonces Javier intervino gritando aun más fuerte que ellos.  Se plantó en el medio de la sala de la casa de sus padres y les gritó que era un adulto y estaba en su derecho amar a quien quisiera y amaba a Pedro. Siempre lo había amado. Reconoció abiertamente que había sido él quien había insistido y acosado a Pedro hasta conseguirlo. Lo amaba con locura y nadie iba a separarlos, así es que ya estaba bueno de gritos y escándalo.

La relación con su madre se rompió en ese instante… la relación con su padre nunca había existido ni le importaba.

Hubo miles de comentarios en el pueblo cuando volvieron y decidieron mostrarse tal como eran y muchas personas se alejaron de ellos entre alegatos de escándalo e incesto… pero curiosamente,  cuando empezaron a trabajar juntos, la gente comenzó a volver… los buscaban porque… okay, de acuerdo, eran gays y tenían toda una historia extraña en su pasado de padrastro e hijo… pero eran muy buenos profesionales y eso es lo que contaba al final de cuentas, no?… el doctor Pedro llevaba tantos años en el pueblo y conocía sus historias, sanaba sus enfermedades y era tan buena persona… ¿cómo iban a dejarlo ahora?… y el doctorcito joven… tan buenmozo el chico… y tan amable para atender…

Dejaron de ocultarse y la vida cambió para ellos. Algunas personas se alejaron pero no fueron suficientes para amargar sus vidas.  Nuevas personas llegaron.

Era tan bueno poder pasearse por todas partes de la mano y mirarse a los ojos en el instante que quisieran para expresarse su cariño, viajar juntos, conocer otras cosas.

Javier ya no era un niño. Era todo un adulto al igual que Pedro. Asumía su cuota de responsabilidades y era un profesional muy bueno y correcto. Se amaban con un amor de hombres, sincero y directo… honesto y arrebatador.  De a poco fue cambiando la forma en que se demostraban amor… de la suavidad y la ternura que necesitaba Javi cuando era un niño y adolescente, pasaron a necesitarse con más ganas y algo de violencia; Javier en especial,  se volvía absolutamente pasional y arrastraba a Pedro a estas demostraciones que los dejaban a ambos agotados y satisfechos…  sonriendo tontamente a pesar de la edad…

Pasaron muchos años antes de que Javier volviera a reencontrarse con Sofía y José. Ella misma fue la que llamó a Pedro por teléfono. Esta vez sin gritos ni amenazas. Quería saber de su hijo. Accedieron a encontrarse pero Javier puso como condición la asistencia de Pedro y le negó todo derecho a su padre biológico de opinar cualquier cosa. Aceptaron.  Se encontraron en un lugar neutro una tarde de primavera. Madre e hijo lloraron y reconocieron sus cuotas de culpa y dolor. Muy lentamente se volvía a tejer la tela de cariño entre ellos.

Sofía y Pedro no sabían que decirse…  solo se miraban recordando lo que alguna vez había sido.

– ¿Es feliz contigo?–  preguntó ella

– Si. Somos felices. Lo siento Sofía… nunca supe como decírtelo…- reconoció Pedro.

Ella no dijo nada más pero su mirada ya no tenía odio ni rencor. Cuando se despidieron volvieron a darse la mano. Comenzaban el proceso del perdón. Fue lento y muy gradual pero Javier y Sofía pudieron recuperar el cariño que alguna vez se tuvieron y actuar como madre e hijo.  Ella finalmente aprendió a aceptar a Pedro como el amor de su hijo. Siempre fue difícil pero hacía un esfuerzo cada vez. Todo valía la pena por estar cerca de Javier, su hijo, que se convertía cada vez en un mejor doctor y una persona feliz.

Pedro lo miraba siempre con tanto orgullo. El niño que una vez fue su hijo, había crecido, madurado y era un hombre de bien… contento con la vida que tenía… se había salido con la suya cada vez que fue importante en la vida de ambos… cuando lo besó por primera vez… cuando quiso tener una relación con él… cuando hicieron el amor… cuando no dejó que los separaran… al revelar su relación a todos… Javi siempre fue un chico y luego un hombre que llevaba a cabo lo que se proponía, de cualquier forma posible.

Cuando ya eran mayores y recordaban su pasado… Pedro siempre le decía lo orgulloso que se sintió cada vez que Javier peleó con garras y dientes para lograr lo que quería.  En el fondo… muy en el fondo de su ser… Pedro siempre admiró a este niño voluntarioso y porfiado que amó y atesoró hasta el fin de sus días.

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