Capítulo 3

El cambio fue más grande y radical.

En los días siguientes, ya de vuelta en el colegio, Juan Felipe perdía rápido la paciencia y se rebelaba como nunca antes… comenzó a responder a cada una de los gestos de hostilidad que le hacían; ya no soportaba las burlas ni las bromas pesadas… sentía que su sangre hervía al ser provocado. Al pasar los días se metió en todos los líos posibles… peleaba y atacaba sin recordar su tamaño ni su figura, tenía una fiereza interna que lo obligaba a responder a cualquier provocación con una violencia inesperada, algo caliente y denso dentro de su cuerpo, negro y agresivo… odio… ganas de matar si fuera posible.

Los chicos lo atacaron mucho al principio, sorprendidos ante este cambio de actitud, pero luego que dejara a un par de ellos, de mayor tamaño, sangrando y mal heridos a costa de su propia sangre, comenzaron a mantener las distancias y a tildarlo de loco y peligroso… no le importaba salir dañado con tal de herir… Fue aislado más aún.

Juanfe se hizo de una cortaplumas, de una mirada fiera y una actitud agresiva… vestía todos los días la misma ropa oscura… dejó de importarle su aspecto… estaba totalmente excluido del mundo y enrabiado con la gente. No había nadie en su mundo que se acercara a él. Entraba y salía de su casa a la hora que quería y su madre no sabía cómo lidiar con este adolescente extraño, que había cambiado de la noche a la mañana y que no guardaba semejanzas con su adorable hijo. Vagaba por las calles durante el día pero en cuanto oscurecía volvía a refugiarse en su cuarto, se encogía en posición fetal sobre su cama y sentía ganas de llorar… no sabía que quería… solo sentía mucho odio dentro de él.

Al pasar las semanas se encontró completamente solo… se dio cuenta que, de no ser por los profesores que le hablaban en el colegio, llevaría entonces, varios días sin hablar con nadie.

Se sintió ahogado en su propia piel.

Necesitaba hacer algo para escapar de sí mismo.

No le costó mucho ubicar el departamento de Cristián. Le abrió la puerta el mismo. Lo miró con sus ojos oscuros sin revelar la sorpresa que le producía encontrarlo de pie en su puerta y se hizo a un lado para dejarlo entrar.

– Quiero saber dónde puedo encontrarlo– pidió Juanfe desesperado.

Cristián, nuevamente, tenía libros y cuadernos desparramados sobre la mesa. Volvió a sentarse frente a ellos y los miró, aparentemente, sin prestar mucha atención a Juanfe

– ¿Por qué?… ¿quieres ir a cobrarte?- preguntó con una leve sonrisa de burla en su atractivo rostro

– Si… al menos herirlo si no puedo matarlo

– No tengo idea de dónde puedes encontrarlo- respondió tajante

Juanfe se sintió traicionado… Cristián era su única conexión con esa noche y esas personas… su única esperanza… se quedo quieto mirando a todos lados…

– Entonces lo esperaré a la salida de la disco… ¿Va siempre ahí?

Cristian se encogió de hombros…

– Va mucho… casi siempre está ahí

Pareció como que volvía a prestar su atención a los libros. En realidad, estaba intentando calmar al chico,  quitarle importancia a sus deseos de venganza. Conocía bien a Adrián y a sus amigos, sabía quiénes eran y los intocables que se alzaban. El chico jamás tendría una oportunidad con ellos.

Juanfe sintió que su enojo se disipaba un poco al ver la reacción de Cristian… reparó en los libros

– ¿Estás estudiando?

Cristián no respondió a lo demasiado obvio, pero aprovechó el momento para observarlo de nuevo. Le había gustado desde que lo vio… tan niño, bonito y perdido en aquel club… brillaba como un diamante entre tanta basura… recordó que aquella noche quiso acercarse pero el chico no lo había dejado… supo entonces que iba a ser presa de alguno de los mayores que daban siempre vueltas en el lugar intentando atrapar a los nuevos e incautos…  era demasiado bonito y no tenía idea de nada… un inocente que se destacaba como si tuviera luces de neón a su alrededor, en un lugar como aquel.

Lo había pensado mucho… no tenía claro porque Juanfe lo había impactado de manera especial… su llanto, su inocencia perdida… su mirada triste.  El no era de sentir lástima y compasión por los demás; había tenido su propia cuota de grandes dificultades en la vida y había salido adelante por su cuenta, así es que no estaba dispuesto a ablandarse cuando el resto se quejaba de las consecuencias de sus propias tonteras… pero algo en Juanfe había traspasado esas barreras… quizás debió advertirle… recordaba haberlo visto en la pista bailando con Adrián… debió haber insistido… pero tampoco sabía lo que iba a pasar… solo lo supo después… cuando lo vio hecho un despojo humano sobre la vereda.

No por ello dejaba de sentir una tonta culpa que lo había dejado inquieto durante varias noches y todavía seguía atormentándolo.

Pero entonces Juanfe se había ido y no había vuelto en semanas. Pensó que ese era el fin… no lo vería más y de a poco, trataba de borrar el recuerdo de lo que había pasado. Mejor así. El tenía que concentrarse en sus estudios… no podía darse el lujo de sacar malas calificaciones… no le sobraba el dinero ni las oportunidades.  Vivía con lo justo y quería terminar pronto para labrarse su propio futuro.

Sin embargo, Juanfe había vuelto. Ahora estaba ahí, frente a él… pero era alguien diferente… no se parecía al chico anterior… no había rastros de la alegría dulce y despreocupada de la primera vez que lo vio… sus ojos despedían solo odio negro y profundo, rabia, agresividad… una actitud de confrontación que no le gustaba…  El chico aún no comenzaba ningún proceso de sanación sino que seguía hundiéndose más y más en el problema.

Se veía completamente perdido y solitario parado en el medio de su sala… pequeño… vulnerable.  Lo miró con sentimientos confusos…  Había vuelto a él en una notoria búsqueda de ayuda pero… mierda!! El no tenía tiempo extra para dedicarle a nadie y Juanfe representaba puros problemas…

Aún así… no pudo contra la atormentada imagen en el medio de su sala.  Dejó sus libros de lado con un pesado suspiro. Tenía un examen importante al día siguiente. No quiso preguntarse qué estaba haciendo porque sabía que no tenía respuesta lógica.

– Ven. Acompáñame 

No era él… él no hacía estas cosas… él nunca perdía tiempo cuando tenía exámenes.

Juanfe lo siguió en silencio. No tenía nada mejor que hacer ni tampoco otra persona con quien estar.

Salieron juntos del departamento. En el camino, Cristián compró algo de comer para ambos, otra cosa que tampoco hacía con su escaso dinero. Caminaron hasta llegar a un parque cercano y se sentaron a comer…

– ¿Tienes familia? – preguntó Cristián

-. Solo mi mamá

– ¿Le contaste?

– No

Comieron otro poco en silencio. Cristián entendía un poco más. El chico lo estaba pasando mal… pero no era su responsabilidad…  tenía una mamá!!!… a la cual no le había dicho nada… Mierda!!! el crio se estaba bancando todo el problema solo y se lo estaba comiendo vivo…

– Es intocable– afirmó de pronto

– ¿Adrian?

– Tiene mucho dinero y contactos. Es un peso pesado

– Entonces si lo conoces- respondió entusiasmado

– No podrás acercarte a dañarlo. Volverás peor que antes

– Puedo intentarlo

– No voy a ayudarte. No va a resultar

– No pedí tu ayuda

Terminaron de comer. Volvieron caminando lentamente al departamento. Cristian entró. Juanfe lo siguió. Lo miraba… esperando… sin saber qué hacer.

– Tengo que estudiar pero puedes ver tele o quedarte haraganeando un rato

Se dirigió a sus libros y se sentó frente a ellos… ¿qué demonios estaba haciendo?…

Juanfe respiró aliviado. Se sentía bien con Cristián. Quería estar ahí. Delante de él no tenía que fingir. No le hacía preguntas. Se tiró en el sillón. No prendió la tele ni nada. Solo se quedó en silencio con sus pensamientos. Al poco rato se durmió.

Cristián estudiaba concentrado. Jamás perdía de vista su objetivo de sacar las mejores notas, rendir al máximo. Necesitaba salir adelante… su ambición superaba cualquier otro sentimiento…  pero de vez en cuando sus ojos se distraían y observaba a Juanfe durmiendo… era lindo…  lástima que estuviera tan dañado. Se obligaba a quitar sus ojos de él y volver a los libros.

La presencia de Juanfe en casa de Cristián se volvió una costumbre en pocas semanas. Llegaba cada vez que tenía un rato libre o se escapaba. Siempre le abría la puerta y lo dejaba entrar sin preguntar.

Un día cualquiera, llegó con sus libros y se sentó frente a Cristian a estudiar. Había vuelto, lentamente, a interesarse en las materias y las calificaciones. Su agresividad estaba disminuyendo.

A fuerza de observarlo, Cristián comenzó a conocerle los gestos… cuando Juanfe no entendía algo… se movía inquieto, se pasaba los dedos peinando sus arqueadas cejas y buscaba con la vista la respuesta en el aire… sus ojos de miel no dejaban de moverse

– ¿Qué es lo que no entiendes? – suspiraba

Le quitaba su valioso tiempo… pero rayos!! no podía evitar preguntarle y enfrascarse en una explicación… ¿cómo diablos iba a salir adelante este mocoso si nadie lo ayudaba?? Ya había dejado de preguntarse por la madre de Juanfe. Había entendido que su hijo y ella vivían en una misma casa pero en diferentes dimensiones.

Otros días se quedaba en el dormitorio de Cristian, tirado sobre su cama viendo televisión. Llevaba su música en el celular y, con los audífonos puestos, pasaba las horas sin hacer nada más que respirar.

Nunca conversaban demasiado pero estaban muy cómodos en mutua compañía. Preparaban juntos algo de comer o miraban televisión.

La mayoría del tiempo Cristian se dedicaba a sus estudios y no le prestaba mucha atención, aunque siempre sabía dónde estaba y qué hacía. Lo dejaba vagabundear por su departamento.  A veces lo llevaba con él a su trabajo en una tienda pequeña donde reparaban computadores dañados y más de una vez, Juanfe lo había esperado en las afueras de la universidad para volverse juntos a la casa. Al lado de él, Juanfe volvía a ser una persona normal, sin necesidad de ser agresivo.  Solo se sentían bien juntos.

Cristián entendía que Juanfe se sentía seguro y a gusto en su departamento y en su compañía. Le había conversado de lo mal que se llevaba con otras personas y la falta de amigos.  Él no iba a quitarle la única seguridad que el chico tenía aunque le estaba ocasionando algunos problemas. Si hubiera sido cualquier otra persona no lo habría tolerado y lo habría despedido con viento fresco… que se las arreglaran como pudieran… pero a Juanfe no podía hacerle eso.

Soportaba en taimado silencio la distracción que su presencia en la casa significaba… los momentos en que se lo quedaba mirando y su cabeza comenzaba a preguntarse… a imaginar locos sueños. Luego se reprochaba. No  podía volver a concentrarse en sus estudios… lo perseguía la delicada silueta del chico… su forma de moverse y las contadas sonrisas que a veces le dirigía… o las veces en que llegaba a acostarse a su cama y sentía en la almohada el olor de Juanfe; hubo veces en que tuvo que quitar la funda para poder dormirse de una vez sin que su mente y su cuerpo se alborotaran… o la cara de felicidad de Juanfe cuando comían juntos algo que a él le gustaba y sus ojos brillaban tanto que le daban ganas de robarle un poco de esa luz… volvía a ser como un niño chico… parecía el chico dulce que había visto por primera vez

Cristián respiraba profundo, apretaba los puños y se deshacía de los pensamientos que se asomaban en su mente… no podía. Era un niño, estaba herido y él, de ninguna manera podía destinar parte de su tiempo a una hipotética relación. Además, los sentimientos de Juanfe hacía él no tenían ninguna connotación romántica. Era estúpido pensarlo.  Su tiempo se dividía entre sus estudios y su trabajo por horas.  Su vida estaba perfectamente planificada para lograr un objetivo. Juanfe era un desvío que no podía tomar…

Las semanas se convirtieron en meses… el frío del invierno no hizo que Juanfe desapareciera de su casa sino que llegaba aún más seguido. Con la lluvia y el frío no podía andar vagando por las calles así es que la casa de Cristián era su único paradero. Algunas veces se oscurecía muy temprano… alrededor de las 6 de la tarde ya se prendían las luces de la calle.  Cristián sabía del miedo que le producía la noche a Juanfe. El chico, a veces, se olvidaba de la hora, distraído en estudiar, en la música o una película, y cuando recordaba que tenía que irse, había una sombra de temor en sus ojos.  Lo más fácil habría sido decirle que se quedara a dormir en su casa… pero era a la vez lo más difícil.  Era jugar con fuego…

Cristián se ponía a su gruesa chaqueta y lo acompañaba hasta que llegaban a la más iluminada de las avenidas y allí, solo estaba a unos pasos de su casa. Nunca lo había acompañado hasta su casa. No quería saber más de él. No quería conocer su dormitorio ni ver sus cosas. Tampoco quería ponerle un rostro a su madre.  Ya sabía demasiado de Juanfe… no quería quemarse.

– Quiero ir a la disco- anunció Juanfe una tarde, mirándolo nervioso… esperando una respuesta.

Cristián sintió una patada en el estómago… ¿estaba loco?… ¿cómo se le ocurría?… ¿todavía tenía esa tonta idea de vengarse?… … un momento!!!… ¿Qué diablos le importaba a él?… si quería ir era asunto suyo.

– Es cosa tuya

Desvió la vista y volvió a concentrarse en su sándwich

– ¿No… te importa?- preguntó Juanfe dejando de comer

– Me da igual. Ya te dije. Haz lo que quieras

Cristián se encogió de hombros fingiendo indiferencia. Se levanto de la mesa y se fue a la cocina. Ya no quería comer más. No podía tragar. Quería golpear y remecer a Juanfe… estaba aguantándose las ganas de abofetearlo… y repitiéndose muchas veces que no era asunto suyo lo que le pasara. Ya hacía mucho por él. No debía involucrarse más. Ni un poquito más.

Juanfe esperó en silencio. Deseaba que Cristián lo acompañara. Quería volver. Ya no era el mismo estúpido inocente. Necesitaba ver de nuevo la cara de ese infeliz… tenía que cobrárselo de alguna manera, sino… jamás iba a volver a levantar la cabeza para mirar al mundo. Lo habían ultrajado de la peor manera… drogado, engañado, violado.  Quería recuperar su orgullo.

En el centro de su alma, sentía que al devolver el daño, recuperaba su dignidad.

No sabía cómo… pero esperaba que se le ocurriera algo.  Sabía que estaba solo en esto. Su mamá era, en ese momento, tan lejana como la luna.  Apenas si se hablaban y seguía sin saber nada de él… y Cristián… bueno. Había pensado que quizás… podría contar con él… pero… ya no creía eso. Cristian era diferente. Tan seguro y tan decidido. Nunca le pasaban cosas estúpidas como a él porque Cristián sabía y se cuidaba… ya le había dicho que no contara con su ayuda. Al menos era directo. Juanfe tenía claro que Cristián jamás lo engañaría. Si algo no le gustaba lo decía y punto.

– No… no quieres… ir conmigo?- pregunto muy bajito, temeroso de escuchar la respuesta.

– No- se alejó de él. Dejó su plato limpio en la cocina y se fue al dormitorio.

Juanfe terminó de comer muy callado y preocupado.  ¿Por qué Cristián no podía entenderlo?…  ¿no se daba cuenta lo importante que era? siempre lo entendía para todo el resto… era su mejor amigo… el único y el mejor…

Cristián escucho el ruido cuando se cerró la puerta. Cerró los ojos y apretó los puños… maldito crío!!

– No es mi responsabilidad… no lo es– repitió en voz alta.

Viernes en la noche, 11:30 pm.

Sabía cómo llegar a la disco y como volverse hasta su casa. Ya nunca más iba a ser el niño estúpido de antes. Estaba en el mismo lugar en que esperaba meses atrás… temblaba… costaba creer que solo habían pasado meses. Parecía una vida entera.

Miraba atentamente lo que sucedía en la entrada de la disco. Los chicos entraban y salían en grupos o solos. Mucho movimiento y se escuchaba la música, las risas y los gritos.  Su vista recorrió los vehículos estacionados en la calle… buscaba un deportivo lujoso. No había ninguno.

Juntó valor. Sacudió la cabeza para eliminar de su mente los recuerdos de él mismo tirado en la calle mientras sentía que moría… podía haber muerto… ese maldito infeliz lo había empujado fuera de la disco sin siquiera preocuparse de si estaba vivo o no… como a un perro… peor que a un perro.

Llegó hasta la puerta. El portero lo miró y con un gesto le indicó que podía entrar. Recordó la vez anterior. Sus ropas alegres y decoradas, la alegría y las ganas, los nervios de principiante… toda la alegría que el maldito ese le había arrebatado… el odio volvía con fuerzas.  Ahora era una figura oscura con una actitud violenta. Algunas hombres le dirigieron una mirada que él devolvió con ferocidad… nadie le dijo los piropos de la vez anterior… no hubo llamados de princesa ni invitaciones obscenas mientras avanzaba por el pasillo, entre las parejas o los voyeurs.  Estaba nervioso pero no se detuvo.  Llegó a la sala principal e inmediatamente dobló hacia uno de los costados oscuros. Quería ser solo una sombra de lo más invisible. No había ido con la intención de bailar ni conocer a nadie. Estaba buscando a alguien y no precisamente con buenas intenciones.

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