Capítulo 4

Pasó más de media hora en el local, agazapado en la oscuridad, escondido entre la gente, vigilando el acceso, hasta que, finalmente, lo vio entrar. Adrian… buenmozo, bien vestido, arrogante… no perdía su sonrisa ni sus aires de conquistador… Sintió repulsión, nauseas y un violento deseo de golpearlo hasta darle muerte… hasta verlo sangrar… lo vivido aquella noche de terror revivía en su mente.  Se calmó lo suficiente para volver a mirarlo. Estaba con otras tres personas; pudo reconocer de inmediato a uno de ellos como otro de sus agresores… faltaba el tercero que no estaba ahí.  No sabía qué hacer… no tenía fuerzas para hacer nada… choqueado…  se quedó en la oscuridad observando sus movimientos… como reía, como bebía, como se acercaba y conquistaba a un chico muy jovencito… ¿iría a hacerle lo mismo que le había hecho a él?.

De pronto, tuvo que salir casi corriendo… empujando a las personas… no soportaba más.

El aire frío del exterior calmó un poco la violencia que sentía… volvió al cobijarse bajo el mismo árbol… se sentó entre sus raíces y se quedó esperando… pensando…  frustrado… dejando que su corazón se calmara y que las lágrimas dejaran de resbalar por sus mejillas… Se fijó en el automóvil de lujo estacionado un poco más abajo… recordaba cuando vio a Adrian por primera vez…

 – ¿Quieres una?

La pregunta lo sobresaltó. No lo escuchó acercarse hasta que casi tropezó con sus piernas… un chico joven, un poco más alto que él,  portaba un pack de cervezas en una mano… lo miraba al tiempo que le ofrecía una.

– ¿Quieres? – repitió

– No

Solo quería que lo dejara en paz… jamás volvería a aceptar nada de un extraño.

El chico se veía apenas mayor que Juanfe y al parecer ya llevaba varias de esas cervezas en el cuerpo.

Sin dudarlo ni un segundo, el recién llegado se sentó al lado de Juanfe, apoyándose en el tronco del árbol, muy cerca, como si fueran amigos de siempre, haciéndolo sentir incómodo… a la defensiva y dispuesto a golpearlo y descargar en él toda la rabia que sentía, si se atrevía a tocarlo siquiera. Busco su cortapluma en el bolsillo de la chaqueta y la mantuvo apretada en su mano.

– No me dejaron entrar- anunció el desconocido, mirando hacia la disco y abriendo una nueva lata de cerveza

– Estas bebido – respondió Juanfe cortante.

– Si… lo sé- El chico rió…

Juanfe lo miró detenidamente por primera vez. Tenía una sonrisa preciosa, el pelo claro y muy despeinado, unos ojos castaños, un aire ligeramente oriental y parecía inofensivo… vestía muy sencillo, jeans desgastados y una remera blanca sin marca alguna y zapatillas deportivas… Aún así, Juanfe mantuvo sus barreras en alto, atento a lo que podía pasar

– ¿Tampoco te dejaron entrar?- preguntó bebiendo de su lata.

No quería conversar… quería estar solo y pensar… descubrir de que manera dañaría a ese…

– No quiero entrar- respondió huraño

– ¿Qué haces aquí, entonces?

El chico no se daba cuenta de la actitud fría de Juanfe

– Nada, solo miro

– ¿Estás espiando a tu novia o algo así?

– No

El chico terminó la cerveza y comenzó a buscar otra del paquete…

“No deberías seguir bebiendo”… lo pensó y estuvo a punto de decirlo “no sabes a lo que te arriesgas”… pero ese desconocido no era su problema… Entonces recordó a Cristián… si Cristián hubiera decidido aquella noche que Juanfe no era su problema y lo hubiera dejado tirado en la calle…

– Ya no bebas más… estás bien pasado

El chico lo miró y sonrió con tristeza

–     Hoy no, amigo… hoy tengo una  buena razón  para beber…

Juanfe no preguntó pero el chico tenía ganas de hablar y le contó su historia. Sus padres se habían separado hoy día y él pensaba que todo era por su culpa… le describió las peleas, los gritos, los insultos… como el padre había abandonado la casa familiar esa misma mañana para no volver nunca más…

– Soy una mierda… ni mi propio padre me aguanta…

En serio no tenía interés alguno en involucrarse… solo estaba escuchando debido a que recordaba lo que Cristián había hecho por él… pero el chico comenzó a llorar. Juanfe habló

– Son adultos… ya saben lo que hacen… no puede ser tu culpa

– Lo es… en serio lo es… – se calmó un poco para poder hablar – él no me soporta… y mi mamá tuvo que elegir… – la lata volvía a quedar vacía… el chico miraba hacia el suelo y su actitud era de total desamparo…

– ¿Cómo te llamas? – preguntó en un intento por distraerlo. Tal vez resultó ya que el chico se tranquilizó y levanto los ojos para mirarlo…

– Enrique… hola- fue gracioso que a esa altura estirara su mano para saludarlo… Juanfe sonrió por primera vez en la noche y devolvió el saludo. Se quedó escuchándolo… de reojo vigilaba la puerta de salida…

Enrique le contó como su padre no había tolerado que su único hijo fuera homosexual… Había destruido el perfecto matrimonio de sus padres. Su mamá lo había apoyado defendiéndolo de los constantes ataques y desprecios de su padre, evitando que terminara en un hospital siquiátrico bajo el tratamiento de médicos o curas homofóbicos… sus padres nunca pudieron volver a reencontrarse… su hijo gay siempre iba a ser un problema entre ellos… hasta que la paz familiar terminó completamente rota y la vida juntos se volvió imposible…

– Se fue… hoy en la mañana tomó sus cosas y se fue… ni siquiera me miró…- Enrique volvía a estar triste – le doy asco…

– Lo siento… yo no conozco a mi padre… nunca lo he visto

No supo porqué estaba hablándole de su historia familiar… quizás la pena de Enrique estaba llegándole más profundamente de lo que creía. El chico siguió hablando

Llevaban conversando por mucho rato… comenzaba a hacer frío. Juanfe pensó que era hora de volver a su casa…  el infeliz de Adrian seguía adentro de la disco… y él aún no tenía idea de que iba a hacer… tenía que pensarlo mejor… volvería con un plan.

– ¿A quién estas esperando?- preguntó Enrique bastante más sobrio ahora.

Era estúpido negarlo… había estado pendiente de la puerta toda la noche y Enrique se había dado cuenta de ello.

– A un malnacido…- respondió con rabia, apretando los dientes

– ¿Vas a golpearlo?- Enrique pareció divertido con la situación. Sus ojos brillaron entusiasmados.

– Ojalá pudiera…

– ¿Qué?… ¿es muy grande?

– Si… bastante…

– Bueno hombre… eso es un problema… yo tampoco te sirvo de mucho, no?

Lo miró sorprendido… ¿este chico extraño le estaba ofreciendo su ayuda… sin siquiera conocerlo?…

– ¿Qué tan grande es?- volvió a insistir mostrando sus puños y agitándolos en el aire…

– ¿ni entre los dos somos capaces?

– No… no quiero golpearlo

– ¿Entonces..?

– Quiero matarlo…- la decisión en su voz indicaba que no estaba exagerando ni mintiendo.

Enrique calló… Juanfe seguía mirando hacia la puerta…

-. ¿Vas a matarlo ahora?

– No… ahora mismo no

– ¿Quién es?… ¿Qué te hizo?

Eso… no estaba dispuesto a contarlo… ni a Enrique ni a nadie

– Es un tipo de mucho dinero… – fue todo lo que respondió – ¿ves ese auto?… es el suyo

Le señaló el deportivo rojo estacionado casi al fin de la cuadra

– ¿Ese rojo?!!… Pero hombre!!!… haberlo dicho antes…

Enrique se levantó de un salto y metiendo las manos en los bolsillos comenzó a caminar a toda  prisa, casi corriendo, hasta llegar al automóvil…   Juanfe se levantó y corrió tras él, pero no se atrevió a acercarse al vehículo… solo lo miró desde el otro lado de la calle… vio como Enrique se paseaba muy lentamente cerca del auto y escuchaba un ligero sonido metálico… volvía a caminar muy lento cerca del vehículo una y otra ves… de pronto las vio… unas líneas blanquecinas y curvas… comenzaban antes de la puerta del piloto y se extendían hasta casi el fin del vehículo…

– Diablos!!!…

La adrenalina salió en flujos, disparada a chorros, corriendo por su cuerpo… su auto… su maldito auto estaba todo rayado y Enrique ni siquiera tenía cara de estar haciendo algo malo… solo caminaba tranquilo y sonreía con maldad mirándolo a él… Juanfe miró la puerta de salida de la disco detenidamente deseando con todas sus fuerzas que no fuera a salir justamente ahora…

De pronto Enrique cruzó la calle hacia él

– Vamos… camina rápido

Guardó una cortaplumas más grande que la suya en el bolsillo y tirándolo del brazo comenzó a caminar alejándose calle arriba… Juanfe miró atrás una vez más… cinco profundas rayas, muy marcadas, adornaban el deportivo… la última era un horrible zigzag… sonrió feliz, nervioso, asustado y siguió a Enrique de prisa. No se detuvieron hasta que se habían alejado lo suficiente… varias cuadras más allá.

– ¿Cómo…?.. ¿Por qué…?

Estaba pasado de revoluciones al pensar que este recién conocido había estropeado el auto de Adrian… agitado de caminar tan rápido por tanto rato… eufórico… feliz.. nervioso… Se detuvieron en un portal y se sentaron… la calle estaba casi vacía y pasaban pocos vehículos. Los dos se miraron y rieron…  Enrique se encogió de hombros…

– Mientras piensas como matarlo…

– Gracias…

– No tiene importancia… tú me escuchaste…

Se miraron con complicidad… sintiendo que algo los unía ahora… era extraño…

– Será mejor que nos vayamos… puede que no tarde en salir y no querrás que nos encuentre.  Se va a volver loco de rabia!!!

– Si…

A Juanfe le costaba ponerse de pie y simplemente alejarse… De pronto, Enrique le parecía alguien con quien podía congeniar y no quería desaparecer así nada más… pero no se atrevió a hacer nada… había perdido la costumbre de acercarse a la gente… Juanfe siempre tenía miedo de las personas… no era capaz…

– Adiós

Una última sonrisa y comenzó a caminar… quizás alguna vez lo volvería a ver…

Sintió alivio cuando la mano de Enrique sujetó su brazo

– Oye… no lo tomes a mal pero… ¿me das tu teléfono?

Sonrió agradado…  Enrique también había sentido esa conexión especial

– Claro

Le dictó el número que Enrique anotó en su celular

– Te voy a llamar… – se alejaban en sentidos opuestos – pensaremos juntos como matarlo

 Le gritaba desde cierta distancia… Juanfe reía… no sabía si le estaba hablando en serio… posiblemente si…

Siguió caminando de prisa hasta el paradero del bus. No le gustaba estar solo ni en la oscuridad de la noche… pero a pesar de todo, se sentía feliz… acelerado… Recordaba las rayas del auto y sonreía… ¿cómo no se le había ocurrido a él?… Enrique estaba loco… completamente loco!!!… (sonreía alegremente)  pero él también estaba volviéndose loco, no?… posiblemente se llevarían muy bien… entre locos se entenderían.

El bus llegó muy pronto para alivio de Juanfe. Se subió y se relajó de inmediato. Al cabo de unos 20 minutos entraba en su casa. Sano y salvo.

CRISTIAN

Aguantó poco más de media hora en la casa antes de tomar su chaqueta y salir dando un portazo y despotricando en contra de  Juanfe por haberlo involucrado… Maldiciéndose a sí mismo por no poder seguir indiferente…

Estaba furioso… por sobre la furia, estaba preocupado por Juanfe… desesperado por verlo.

Llegó a la disco casi una hora después que Juanfe hubiera entrado y salido.  Con calma se situó frente a la barra y pidió un trago. No le costó mucho ubicar a Adrian… en la pista de baile, el desgraciado se movía junto a un muchachito joven… no era un novato el chico, él mismo lo había visto aquí en otras ocasiones… A quien no veía era a Juanfe.  Con el vaso en la mano, comenzó a caminar, buscándolo. Dio varias vueltas por todo el lugar… no estaba… ¿se habría arrepentido a último momento?  Se cercioró bien de que no estuviera dentro… buscó en los rincones oscuros, en los baños, en todas partes sospechosas y camufladas. No estaba Juanfe. Volvió al sector principal con su vaso vacío.

– ¿Quieres otro?

Alguien hablaba tras él…. muy cerca. Reconoció la voz. Una mezcla de entusiasmo y excitación lo recorrió.

– Claro… si tu invistas- respondió sin volverse… sonriendo.

– Para ti?…Siempre…

El hombre pidió dos tragos al barman. Cristián lo miró… la expresión de su rostro cambiaba… estaba encantado de encontrarse con él.

Nano y él se habían conocido en este mismo lugar hacía poco más de dos años. Siempre se encontraban en forma casual y la mayoría de las veces terminaban compartiendo la noche juntos en el departamento de Nano que estaba a solo un par de cuadras. Era un hombre un poco mayor, tenía 34, aunque su rostro y cuerpo eran casi de adolescente, ejecutivo de una empresa, no tenía pareja estable y disfrutaba mucho de la compañía de Cristian… Se entendían bien en la cama… el sexo era fantástico entre ellos y ninguno de los dos buscaba algo más que una relación casual. A sus 34, Fernando estaba en plena forma, era muy agradable de mirar… y tocar… delicado, educado… encantador.

– ¿Qué haces aquí?- preguntó Nano entregándole su vaso y rozando su mano

– Ya sabes… dando una vuelta…

Mintió Cristián, súbitamente interesado en la compañía de Nano… hacía tiempo… demasiado tiempo que estaba pensando en Juanfe y necesitaba desahogarse… nada mejor podría haber pasado esta noche que no encontrar a Juanfe en peligro y encontrar a Nano…

Se entretuvieron conversando mientras bebían uno y luego, otros más. Cristián mantuvo a Adrian en su radar… no lo perdió de vista durante todo el tiempo que compartió con Nano… si sabía dónde estaba Adrían, no había forma de que pudiera perder a Juanfe, si aparecía.

Las horas pasaron… bailaron… se acariciaron como adolescentes, se excitaron y Nano le insistió en que ya se fueran, unas cuantas veces… lo deseaba, quería ir con él… pero no antes que Adrian.

Pronto, lo vio abandonar la disco de la mano del jovencito, seguido por un par de amigos.

– Vamos- le susurró a Nano y juntos salieron del local, unos minutos después que Adrian.

Había mucho escándalo en la calle… Los amigos le gritaban a los porteros, estos respondían con más gritos… Adrian llamaba a la policía… todos estaban enojados…

– Juanfe…- pensó preocupado Cristián mientras caminaba rápido a ver de qué se trataba todo el lío.

Varias personas miraban el vehículo… Adrian vociferaba en el teléfono intentando localizar al dueño de la disco…

Cristian sonrió callado al tiempo que movía su cabeza…  no le cupo duda de quién había estado detrás de esto…  no lo habría creído capaz… ¿había sido él mismo?… vaya… estaba sorprendido… ¿sería suficiente con eso para Juanfe?… no pudo imaginarlo haciendo esto…

– Vamos…

Fernando tiró de su mano apurándolo y Cristián se dejó llevar… estaba agitado… quería sexo rápidamente…

Al día siguiente, Cristián llegó a su casa pasado el mediodía… cansado, trasnochado pero sintiéndose muy bien. Comió, descansó, luego se puso a estudiar…

Intentaba concentrarse pero cada cierto rato observaba el reloj de la pared…  Nunca sabía a qué hora iba a aparecer Juanfe… Solo aparecía y ya.

Malhumorado, volvió a sus libros.  Cuando el timbre del departamento sonó, un rato después, lo hizo saltar de la silla… se tomó un momento para tranquilizarse antes de abrir.  Juanfe se había ido molesto el día anterior…

– Hola…

El chico entró a su departamento como siempre… como si viviera allí y el espacio le perteneciera. Se sentía muy a gusto en la casa de Cristián…

– ¿Estudiando?  

Cristián no respondió. Estaba tranquilo al verlo bien.

Juanfe sacó sus propios libros de la mochila y los puso en la mesa frente a los de Cristian.

Quince minutos más tarde Cristian supo con certeza que algo le pasaba a Juanfe… estaba diferente… no podía decir con exactitud que era… intentaba descubrirlo en sus gestos que eran nuevos…  había algo diferente… algo que lo estaba volviendo loco… no lo dejaba concentrarse… lo miraba cada diez segundos intentando encontrar una respuesta pero el chico no estaba haciendo nada anormal… ¿Qué diablos estaba sucediendo?… no había movimientos extraños ni miradas raras… Juanfe no estaba haciendo nada diferente a los días anteriores… sin embargo… tenía un aire diferente… se movía más liviano… ¿más alegre quizás?… pasaba las hojas del libro demasiado rápido… su cabeza se inclinaba de manera más graciosa… ¿Qué le pasaba???!!!

– ¿Por qué me miras tanto?

– ¿Qué te pasa?

Responder con otra pregunta era la especialidad de Cristián y Juanfe había comenzado a entender que era su forma de responder…

– ¿A mí?… nada

“Nada mi abuela!!” pensó Cristian ahora más intrigado

– ¿Cómo te fue anoche?

Se había dicho mil veces que no iba a preguntarle nada… pero no pudo evitarlo…

– Bien  fue la escueta respuesta de Juanfe.

– Bien

¿No quería hablarle?… ¿no iba a decirle nada de lo que pasó la noche anterior? … bien!! Muy bien!!! pues él no iba a preguntarle más. Volvió a sus libros y se concentró en las letras y en los ejercicios… no volvió a mirarlo.

El ruido de la llamada telefónica los distrajo a ambos… se miraron sorprendidos… era tan extraño que el teléfono de alguno de los dos sonara… más extraño aún si era el teléfono de Juanfe.

El chico saltó de la silla, miró la pantalla para identificar la llamada… sonrió levemente apretando los labios para contener una sonrisa y respondió…

– Hola…

Comenzó a caminar hacia el dormitorio de Cristian y cerró la puerta.

Si un pterodáctilo rosado con lunares azules hubiera entrado volando por la ventana del departamento no habría conseguido la misma cara de sorpresa que tenía Cristián ahora mirando la puerta cerrada de SU propio dormitorio.

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