Capítulo 5

Cristián estaba haciendo un verdadero esfuerzo… el teléfono de Juanfe estaba sobre la mesa pequeña, al lado del chico, que se había quedado dormido mirando la tele… era un imán que lo atraía… solo tenía que levantarse, dar un par de pasos y tomar el teléfono para saber de una vez por todas el nombre de quien lo había llamado y le había dejado esa sonrisa estúpida en la cara…

Desde que Juanfe recibiera la llamada no había podido volver a concentrarse en lo que tenía que estudiar… y estaba enojado por eso… estaba molesto por todo… diablos!!… era su casa… era su terreno… sus dominios… haría lo que se le diera la gana…  si no le gustaba que tomara sus cosas y se mandara a cambiar…

Decidido, se levantó y sin importarle ni lo más mínimo que Juanfe pudiera despertarse, agarró el teléfono y buscó descaradamente…

Enrique…

Enrique???!!!

Quien mierda era Enrique??!!!

Hizo un último esfuerzo por dejar el teléfono suavemente sobre la mesa cuando en realidad quería arrojarlo por la ventana y que se hiciera mil pedazos… Volvió a su lugar frente a los libros…

Había estado pensando desde hacía rato… el tipo l que había llamado tenía que haberlo conocido anoche en la disco… era la única posibilidad…  en su mente volvía a ver a Juanfe sonriendo como la primera vez y aceptando los avances de Adrián… ¿lo había hecho de nuevo?… ¿es que este crío no aprendía nada de nada??!!! ¿no le bastaba acaso con lo que ya le había pasado?.. tenía que buscarse más líos??!!… Vaya a saber uno quién diablos era ese Enrique y qué quería de él…  Como era tan irresponsable!!!…  hervía… él que siempre era tan tranquilo y pausado… estaba hirviendo de rabia… A la mierda… no era su hermano ni mucho menos su hijo… no era su pariente.. no era nada!!!…  que se las arreglara solo…

Tuvo que ponerse de pie y comenzar a caminar… el departamento se volvía demasiado pequeño y la presencia de Juanfe parecía abarcarlo todo…  su olor estaba en todas partes y para donde mirara le parecía verlo…  tenía ganas de despertarlo y gritarle… de remecerlo y… ganas de…  suspiro profundamente mirándolo… de nada… no tenía ganas de nada.

Salió de su propio departamento en busca de aire, dando un fuerte portazo.  Caminaba rápido con las manos metidas dentro de la chaqueta y el ceño fruncido… solo avanzaba sin mirar a nadie…

Disminuyó el paso luego de un par de cuadras, cuando su mente se sentía un poco más fría… ¿Qué era lo que le molestaba tanto?… ya lo había dicho… no era su hermano ni su primo ni nada… solo era… se quedó pensando… la palabra debería haber sido “amigo”… pero le pareció que ese término no alcanzaba a abarcar todo lo que existían entre ellos… sabía que él era la única persona cercana a Juanfe y eso le agradaba mucho… más de lo que estaba dispuesto a reconocer… ahora lo estaba entendiendo… le gustaba ser el único en la vida del mocoso… ¿y entonces?… por qué estaba reaccionando así?… La palabra “celos” cruzó muy rápida por su mente pero la desechó de inmediato con una cínica sonrisa… no era eso, él estaba preocupado porque le tenía cariño… porque lo conocía y sabía lo inocente que era… alguien podría dañarlo… él no siempre iba a estar cerca para cuidarlo… no quería que nadie más se acercara a él para dañarlo… ¿cómo Juanfe no se daba cuenta de eso?… sobre todo alguien que había conocido en ese lugar… era un potencial peligro…  mierda!!! ¿Cómo iba a decírselo?.. tenía que decirle todo esto… tenía que advertirle que se alejara del peligro… pero… ¿cómo hacía eso?… él nunca se había metido tanto en la vida de nadie… ni siquiera en la de Juanfe…

Cristián estaba parado en la vereda… tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta que había dejado de caminar para poder analizar detenidamente todo lo que estaba pasando por su mente… sus gestos, su cuerpo, demostraba lo mucho que le disgustaba lo que estaba pasando… finalmente descargó su frustración con una fuerte patada contra un basurero de metal que cayó haciendo mucho ruido…

Nada… no había nada que pudiera hacer más que estar pendiente de lo que sucediera… y eso lo enfurecía…

La personalidad de Cristián era así… él dejaba que cada uno tomara sus propias decisiones y así también odiaba que alguien interviniera en su vida… había sido solitario e independiente desde niño… jamás le había aconsejado a Juanfe que hablara con su mamá, nunca le había dicho que dejara de ser agresivo e intentara buscar amistades entre sus compañeros… o que se acercara a sus profesores.. o nada… él no intervenía en las vidas de otros porque creía que cada uno sabía mejor que nadie lo que le convenía hacer… nadie estaba capacitado para ponerse en los zapatos de otro y decirle que hacer con su vida… Juanfe tampoco le había preguntado ni le había solicitado consejo… pero lo que le estaba pasando ahora era nuevo… y estaba sintiéndose frustrado… por primera vez en su vida se sentía frustrado, molesto y no sabía bien cómo manejarlo…

-. Mierda!!!

era tarde… se había dejado llevar por los sentimientos y dejó de lado sus estudios…  eso lo molestó aún más.

Volvió caminando rápido a su casa… todo el rato pensando en Juanfe durmiendo sobre su sillón…

JUANFE

Se despertó asustado con el portazo… seguramente se habría sentido más perdido si hubiera despertado en su propia casa, pero en casa de Cristian se sentía más seguro que en ningún otro lugar… siempre estaban ellos dos solos por lo tanto… ¿era Cristián el que había salido?.. solo?… sin avisarle?… y el portazo?… enojado?… pensó en correr tras él pero.. Cristián a veces era extraño… un verdadero solitario y Juanfe, en más de una ocasión,  le parecía que él era una molestia… solo a veces… cuando Cristian lo miraba demasiado… como si quisiera decirle algo y luego se arrepentía… En algunas oportunidades, Juanfe se había preguntado si no estaría abusando de la confianza al sentirse tan cómodo en este hogar, al venir casi todos los días y comerse su comida, dormir en su cama, ocupar su tiempo cuando tenía que enseñarle… estar en su casa como si fuera la suya también…  llevaba tantos meses haciéndolo…  pero después, cuando Cristian siempre lo recibía bien al abrir la puerta, se le volvía a olvidar la preocupación y seguía sintiendo que no era un problema…   hasta que pasaban cosas como esta de ahora… y la pregunta rondaba en su mente de nuevo…  Un sentimiento de angustia le llegó de golpe… No sabría qué hacer si Cristian no fuera su amigo y no pudiera volver a esta casa… era su refugio… el único lugar donde podía quitarse todas las caretas y ser él mismo… le gustaba todo de este pequeño lugar… más que nada la presencia segura y tranquila de Cristian.. sólido como una roca… lo mantenía conectado a tierra solo con mirarlo… no necesitaba decirle mucho… ya conocía sus gestos… aunque a veces no lo entendiera totalmente…

Se levantó y ordenó lo que estaba fuera de lugar… a Cristián no le gustaba el desorden… si, es cierto que a veces lo olvidaba y dejaba todo desordenado… otra cosa más en la que abusaba de la paciencia de Cristian… Rápidamente ordenó el departamento hasta comprobar que nada estaba fuera de lugar, lavó lo que habían usado, lo secó y guardó… todo estaba perfectamente bien.  Cristián no estaba… y no le había dicho nada antes de irse… se sintió extrañamente solo… como si él tuviera que haberle dado alguna explicación… el único lugar al que Cristián iba a veces así.. de prisa y sin mucha explicación, era su trabajo…  tal vez era eso y no iba a volver hasta mucho después… Pensó esperarlo… cocinar algo simple?… cenar juntos y luego se iría?…  no supo qué, pero había algo extraño hoy día… Cristian estaba actuando raro desde que llegó y no dejaba de mirarlo

Tomó su mochila y se la echó al hombro… no tenía ganas de irse… aún era temprano… pero sintió que estaba demás… el sentimiento de angustia crecía… en serio no sabría qué hacer si no pudiera volver a este lugar y a Cristian…

Caminó despacio y cerró la puerta…

Al día siguiente, después que terminaron las clases,  Juanfe se dirigió de prisa hacia la plaza cercana… había quedado con Enrique de encontrarse en ese lugar. Esta entusiasmado… la idea de volver a ver a su nuevo amigo lo aceleraba al mismo tiempo que le producía nervios… solo se habían conocido durante un rato y Enrique estaba algo bebido…

Cuando llegó a la plaza Enrique ya lo esperaba… lo vio de lejos… tenía un aspecto muy parecido a la vez anterior.. jeans, remera simple y zapatillas caras… esta vez estaba peinado correctamente y lo miraba con una cálida sonrisa… a Juanfe le pareció que era muy atractivo… mucho.

– Hola

Se estrecharon la mano y se miraron sorprendidos… un incómodo silencio siguió

– ¿Cómo estás?… quiero decir… como estas de verdad?

Juanfe recordó el problema con su familia. Caminaban… sin rumbo a ninguna parte

Enrique se encogió de hombros en un gesto que pretendía disimular como lo afectaba el tema…

– Mmmhh… bien… mejor

– ¿Tu mamá?

– Triste… llora cuando no la miro… lo disimula frente a mí para no hacerme sentir culpable

Enrique no le había contado esto a nadie más… en su colegio, los amigos de toda la vida no tenían idea del drama que estaba viviendo… no tenía una explicación, pero resultaba más fácil conversarlo con un completo extraño como lo era Juanfe que con sus propios amigos… tal vez era porque Enrique, Quique, era considerado un chico popular, bonito, deportista aunque sus calificaciones no eran de las mejores, pero su simpatía y atractivo natural compensaba todo lo demás… los profesores le tenían buena y atraía fácilmente a las chicas… ante todos Quique era un éxito… No podía hablarlo con ellos…

– Lo siento… debe ser difícil para los dos

Enrique se tomó un largo silencio antes de responder

– Si. Bueno.. la vida a veces es una mierda– volvió a encoger sus hombros… Juanfe pensó que el aire de tristeza en sus ojos lo hacía verse más hermoso aún…

– Sé qué extraña a mi papá… tal vez el que debió irse era yo…

– No… no digas eso.. es tu mamá y no puedes dejarla sola

– Lo sé… no lo haré

Hablaron de sus familias. Enrique preguntó y Juanfe le contó de su madre y la nula existencia de un padre… luego preguntó él y Enrique respondió… hablaban con confianza y sinceridad… sin tener una razón especial, ambos chicos confiaban en el otro.

Volvieron al silencio pero ya no era un silencio incómodo.  De pronto Enrique se animó… pareció sacudirse la tristeza

– ¿Y tú?… ¿ya decidiste cómo vas a hacerlo?

– ¿Qué.. qué cosa?

Enrique estalló en risa..

– ¿Cómo vas a matarlo? – pregunto despacio

Juanfe rió ante la pregunta… un poco intimidado. Resultaba extraño hablar de este tema con tanta frivolidad

– No.. todavía no…

Siguieron caminando hasta llegar al otro extremo de la  plaza.  Unos chicos de su edad pasaron delante de ellos en skates. La plaza tenía desniveles que la hacían especialmente apropiada para la práctica del deporte.

– Has practicado alguna vez? – dijo indicándole a los chicos

Juanfe pensó en las miles de cosas que le hubiera gustado hacer en su vida si no estuviera tan solo o si su madre se  lo hubiera permitido…

– No. No sé cómo

– Yo te enseño

Enrique ya corría disparado hacia la caseta donde los arrendaban.  Cuando Juanfe llegó a su lado, él ya tenía dos tablas en las manos. Le entregó una y se montó sobre la suya…

– Vamos…

Curiosamente, Enrique puso todo su empeño y paciencia en conseguir que  Juanfe aprendiera hasta que logró hacerlo avanzar unos cuantos metros sin caerse. No era difícil… solo había que balancearse adecuadamente… Juanfe lo estaba disfrutando mucho a pesar de un par de caídas sin ninguna consecuencia. Al cabo de una hora, ambos se deslizaban por la plaza a toda velocidad… esquivando a las personas y riendo como niños pequeños. Se gritaban tonteras  y Enrique imitaban sirenas para abrirse paso… Enrique era un loco… pero era entretenido estar con él.  Juanfe no recordaba otro momento tan divertido como este…

Cuando se cansaron, se tiraron sobre el pasto… reían y tenían el espíritu liviano

– ¿Tienes novia?..- preguntó Enrique sin mirarlo

– No

Quique se apoyó sobre un codo y levantó su cuerpo para mirarlo

– Novio?

Juanfe sintió que enrojecía… desvió su vista…

– No

– Que bien

Enrique se volvió a tirar sobre el pasto, a su lado, con una gigantesca sonrisa en su cara y un brillo travieso en los ojos.

Cuando la tarde terminaba y las suaves sombras del atardecer comenzaban a oscurecer la ciudad, los chicos se despidieron… cansados de divertirse y llenos de comida chatarra que Enrique había comprado para ambos y que comieron entre risas y juegos.

– ¿Te veo mañana?   

Le gustaba Juanfe… se sentía cautivado por su aire de tristeza e inocencia en esa cara tan bonita y con ese cuerpo de ensueño… le gustaba mucho.

– Claro!!!

Le gustaba su nuevo amigo… lo había pasado muy bien… quizás para otros fuera una tarde normal… pero para él había sido diversión total, por primera vez.

Llegó a su casa cuando ya del sol no quedaba nada. Se sentía alegre… liviano y seguía sonriendo. Incluso saludo a su madre con un beso antes de subir corriendo a encerrarse en su dormitorio.  Luego de ducharse se quedó tendido sobre la cama con los audífonos puestos reventando sus tímpanos…  Cristian… no sabía nada de él… estaba preocupado… tampoco  esperaba que lo llamara o lo fuera a buscar… era él quien siempre se acercaba a Cristian… lo echaba de menos… se había divertido mucho con Quique… pero no podía dejar de pensar en Cristián y en lo extraño que había actuado el día anterior… ¿Qué estaría haciendo Cristian?. Por un segundo pensó en llamarlo pero… no… ellos no hacían eso… nunca se habían llamado… guardó el teléfono sintiéndose raro… pensando y dándose cuenta que era él quien siempre se acercaba a Cristian… nunca había sido de otra manera excepto la vez aquella en que lo ayudó… ¿Por qué estaba pensando estas cosas?… ¿Por qué tenía pena al darse cuenta que solo él buscaba a Cristian?…

CRISTIAN.

Luego del estudio la segunda prioridad de Cristian era su trabajo, necesitaba el dinero. La empresa donde trabajaba era pequeña y estaba ubicada en un lugar apartado… muchas veces Cristian se había preguntado como sobrevivía el dueño con este negocio tan chico y con el estilo de vida que llevaba… tal vez eran las atenciones a domicilio que hacía con alguno de los otros ayudantes… tenía tres personas trabajando para él, además de un administrador y siempre pagaba puntualmente… no parecía un negocio que diera para tanto, pero Cristian no hacía preguntas.

Ese día fue especial. El dueño y él estaban solos… los otros chicos trabajaban por turnos y dos de ellos no habían asistido por diferentes razones y el administrador estaba fuera de la ciudad.  El dueño recibió una llamada que claramente lo complicó… intentó inútilmente ubicar a alguno de los otros chicos o a su administrador… pero fue inútil. Entonces, cuando la desesperación le llegaba a su punto máximo y se acercaba la hora del cierre, recurrió a Cristian quien arreglaba un problema de virus en un pequeño PC.

– Tengo un trabajo importante– comentó todo aproblemado. Cristián lo miró preguntando…

– Es un cliente importante… – lo miró fijamente – ¿sabes mantener la boca cerrada, chico?

Cristian siempre hablaba poco así es que la pregunta era idiota

– Si – respondió escuetamente

– Bien… Ven conmigo…

Cristian le indico lo que reparaba pero con un gesto el dueño desechó ese trabajo

Se subieron a la furgoneta y partieron. El dueño iba inquieto. Cristian pensaba en Juanfe… ¿habría ido a buscarlo al departamento?…

– Solo vas a reparar lo que este mal… no hagas preguntas ni te metas en ninguna cosa, ¿Esta claro?

– Si señor

Los pensamientos de Cristián se desviaron hacia su jefe y el misterio que lo rodeaba… intentaba sacar conclusiones… ¿Qué tipo de trabajos a domicilio hacían el jefe y el administrador? ¿En qué lío lo iba a meter?… mientras le pagara lo que correspondía le daba lo mismo… Cristian  no se preguntó más.

Llegaron a un edificio elegante en un buen barrio comercial. Entraron por la parte de atrás. Alguien que conocía a su jefe los esperaba. Subieron al quinto piso. Las oficinas ocupaban parte del piso y ahora estaban vacías.  Le indicaron  a Cristian que era lo que tenía que revisar.  Luego de un largo rato de inspección Cristian detectó el problema en el data center. Tomaría algo de tiempo repararlo.

– Arréglalo ahora. El jefe está esperando y no tiene paciencia– dijo el hombre que los había recibido sacando un grueso fajo de billetes y poniendo unos cuantos en la mano de su jefe. El hombre se volvió hacia Cristián

– ¿Qué necesitas para arreglarlo? – pregunto serio al tiempo que metía unos cuantos de esos billetes en la mano de Cristian.

Sorprendido le indicó los materiales que necesitaba. El jefe desapareció en busca de ellos. Se quedó a solas con el hombre aquel… metido entre las piezas del data center. Llegó hasta donde pudo sin los materiales y luego solo quedaba esperar a que volviera su jefe. La sala estaba fría así es que salió al pasillo.

– ¿Tienes café? – preguntó derechamente. Tenía frío y hambre… era tarde y le esperaba mucho trabajo aún.  De mala gana el hombre le enseño un pasillo.

– Al final a la derecha

Había oscurecido. El pasillo estaba apenas iluminado. Miró las paredes… “AA” se leía en todas partes… era el nombre de la pequeña empresa. Cristián se preparó un café y, con el tazón en la mano, salió nuevamente al pasillo.

Una puerta se abrió bruscamente un poco más adelante… Adrián Araneda salió enojado gritando…

– ¿Cuándo mierda va a estar de vuelta el servicio??!!!

Cristián se quedó inmóvil con el café a medio levantar mirando cómo Adrian le gritaba al otro hombre… “AA”… Adrian Araneda… el mismo Adrian… Diablos!!!  Estaba en su empresa… y tenía el sistema de computación del bastardo en sus manos…

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