Capítulo 33

Me desperté muy temprano, asustado, sudando, con el corazón agitado como casi todos los días… con ganas de gritar y llorar, pero me quedo tranquilo, callado… reviso mentalmente mi cuerpo, ¿cómo saber si un hueso ya se unió definitivamente?…¿cuánto creció la piel de mi brazo durante la noche?…¡qué estupidez!… …… Nada tiene sentido… Roberto lleva ya dos días en mi casa… en mi dormitorio.. parece un mal chiste… y apoyado por mi familia…  No lo quiero aquí, su presencia me molesta… me incomoda tenerlo todo el día a mi lado… es tan injusto, no quiero ver sus ojos..no soportaría ver lástima en sus hermosos ojos.. Roberto…,  tienes que irte.. tienes que hacerlo. Pero no. Es el primero en entrar a  mi dormitorio temprano en la mañana. Se ve descansado y relajado, como si nada grave hubiera sucedido, como si nuestra relación fuera la misma de siempre… ¿no te vas a convencer nunca de que se acabó?  Ya no queda nada.. no tengo nada que darte..nada de nada.

– Buenos días, ¿cómo amaneciste?

Su voz… es la misma voz de siempre… la que me saludaba todas las mañanas mientras estuvimos juntos. Parece como si todo fuera normal. Abre las cortinas sabiendo que no quiero luz… – Te vez bien hoy – cierro los ojos, no quiero que me vea, no quiero verlo.. ¿Bien?… ¿me veo bien?  nunca voy a volver a estar bien

Es increíble Skylar, hay mucha tranquilidad en esta casa, a pesar de la cantidad de personas que viven aquí , me gusta tu casa cada vez más

Es verdad, yo solía pensar los mismo cuando recién me fui a la capital… echaba de menos la tranquilidad de mi ca…… ¡mierda!.. ¡no voy a caer en tu juego, idiota!

-¿Hasta cuando piensas quedarte?

Roberto se queda cerca de mi.. no lo miro… en serio no quiero ver sus ojos

– Hasta que me vuelvas a querer… hasta que me vuelvas a sonreir 

 

Mi mamá entra en ese momento. Está acostumbrada  a despertar temprano y ayudarme a llegar hasta el baño. Me espera fuera y luego me trae de vuelta a la cama. Es tan humillante… no quiero que Roberto vea todo esto… Se saludan cariñosos, me saluda a mi y …¡Dios! no puedo creer lo que está haciendo… le pregunta a Roberto si puede encargarse él de mi hoy día … le duele la espalda al hacer fuerzas para sujetarme pero no había querido decir nada.

– No te importa hijo, ¿verdad?

Debe ser una broma… antes de que tenga tiempo para contestar, sale de la habitación …

– Voy a pedir que  les traigan desayuno

Me quedo a merced de Roberto… ¡mierda! dependo de él para llegar hasta el maldito baño, quiero gritar de la rabia y la impotencia. No voy a hacer más escándalo.. voy a pretender que no me importa… en realidad puedo hacerlo… no me importa para nada.  Despacio, porque simplemente no puedo hacerlo rápido, intento sentarme en la cama. Roberto se apresura a mi lado. Extiendo mi mano para detenerlo

– No

Detiene su prisa pero se sigue acercando lentamente.

– Apóyate en mi… por favor

¡mierda! no puedo… no puedo hacerlo sin su ayuda… quiero llorar de rabia… pero no voy a darles en el gusto…despacio extiende sus brazos hacia mi… siento electricidad cuando me toca y pasa su brazo por detrás de mi espalda para ayudarme a levantarme. Puedo apoyar ambas piernas pero solo puedo hacer fuerza con una de ellas, en la otra, el yeso me cubre hasta más arriba de la rodilla. No lo miro, no le hablo… pretendo que es un extraño… pero siento el calor de su cuerpo, sus manos en mi brazo y en mis costillas… sujetándome con cuidado para no lastimarme.. su olor.. su maldito olor se mete por mis fosas nasales y trae a mi memoria los recuerdos de todos los momentos vividos.. imágenes claras de su cuerpo desnudo sobre el mío… del placer.. de su forma de tocarme… ¡Basta!… Giro mi cabeza hacia el lado contrario mientras intento llegar hasta el baño apoyado en él… ¿hace cuanto tiempo no me tocas?… ¿por qué mierda estoy pensando en eso?…Finalmente llegamos. Me detengo en la puerta para indicarle que me deje sólo.

– Te he visto de todas las formas posibles…no te voy a dejar solo- me dice sonriendo

 

– No voy a entrar contigo – le contesto tranquilo y absolutamente seguro.

Roberto accede de mala gana. Me suelta. Con mucho cuidado entro al baño, y cierro la puerta. Todas las mañanas es una maldita tortura intentar volver a ser independiente. Mi brazo y mano izquierda son prácticamente inútiles pues cualquier fuerza y movimiento que haga me duele mucho. Hoy día no me importa tanto el dolor. Pongo especial concentración en sujetarme bien mientras me lavo, cepillo mis dientes, etc.… no caerme.. ¡mierda!, debería hacer más ejercicios como me indica la kinesióloga, pero no he tenido ganas ni energía para hacerlo…. debería tener más fuerza .. no quiero caerme.. aparte del dolor moriría de la humillación si Roberto tuviera que levantarme… Me demoro mucho… He perdido la costumbre de mirarme en el espejo pero hoy lo hago después de mucho tiempo… me quedo paralizado frente a la imagen que me devuelve el cristal… este es mi rostro ahora.. pálido, delgado… sin brillo… me mentiste Roberto… dijiste que no estaba muerto… que seguía siendo el mismo y que estaba frente a ti… ¿Frente a ti?… no … no es cierto lo que dijiste, ya no puedes estar viendo al mismo Skylar… no tienes a ese Skylar frente a ti… no puedo evitar que un par de gruesas lágrimas rueden desde mis ojos… ¡Dios!.. Roberto..¿estás tú viendo algo que yo no puedo ver?…¿por qué me lo dijiste tan convencido… tan real?… quiero creerte, quiero creer que aún ves en mi a quien era antes.

Lavo mi cara otra vez y sujetándome de las barras instaladas especialmente para mi llego hasta la puerta. Algo me sucede que de pronto tengo miedo de abrirla… es Roberto… maldición… es Roberto el que está al otro lado de la puerta, cientos de imágenes de nosotros dos vuelven a pasar por mi mente… siento como dentro de mi algo se quiebra dejándome completamente vulnerable por unos instantes… Roberto… dejaste todo  botado por venir hasta mi… ¿pena?… ¿lástima?  o…… o de verdad tú… de verdad me…

– Skylar..¿estás bien? – su voz me devuelve a la realidad

– Si

Abro la puerta y lo encuentro frente a mi, preocupado, extendiendo ambos brazos para sostenerme

– ¿Qué pasa Skylar? – despacio… dulce, me pregunta muy cerca

– Nada…

Me sostiene con una de sus manos, la otra va a mi cara… pasa su mano por mi rostro mojado… lágrimas, no me di cuenta que había vuelto a llorar. No me dice nada… sólo seca mis lágrimas con mucha delicadeza y me vuelve a sujetar firmemente, como si fuera algo normal. Me siento estúpido. Cometo el error de mirarlo y me quedo pegado a sus ojos… queriendo…. No, no quiero. Desvío mi vista y vuelvo a mi cama apoyado en él sin volver a mirarlo. Sé que él se dio cuenta.

Tomamos desayuno juntos; yo en mi cama, él en la mesita. Lo miro de reojo… está tan… a gusto … parece que hubiera vivido aquí siempre… ¿cómo puede sentirse así a mi lado?. Me mira… sonríe… no confío en tu sonrisa… también me sonreíste antes cuando dijiste que te enfrentarías a todo.

– ¿Quieres algo más?

Niego con la cabeza, sin hablar. Se levanta y quita la bandeja. Sale del dormitorio con ella.  ¿En verdad te vas a hacer cargo de mi?… puedo hacerte las cosas muy difíciles… miro por las ventanas.. en realidad las flores y el verde del jardín es precioso… hace muchos días que no miraba el jardín.

Skylar… te propongo algo

Roberto está de vuelta. Se acerca decidido hasta mi cama y se sienta a mi lado… tan cerca que puedo sentir su olor nuevamente… me giro hacia la ventana y miro el jardín – Si haces una ronda completa de ejercicios, te preparo un Strudel de manzanas yo mismo– sus palabras logran sacarme una sonrisa… me muerdo los labios para no reír… sigo mirando el jardín… no sé si se habrá dado cuenta de que me hizo sonreír… ¿Qué me estas haciendo Roberto?

 

– No sabes cocinar – le respondo serio

– Pero puedo aprender…tus tías se han ofrecido a enseñarme-

Suena tan decidido… está tan cerca…  me giro despacio, desafiante… tengo miedo de lo que voy a ver en sus ojos… lo miro… ¿Qué quieres Roberto?… ¿qué es lo que en verdad buscas???… ¿liberarte de la culpa?? Pero… no hay rastro de compasión… ni de lástima, ni de pena… mi respiración se acelera, Roberto se da cuenta pero no se mueve ni un centímetro ni dice nada… solo sus ojos anclados en los míos, el contacto es intenso… por segunda vez en solo un par de horas me pierdo en su mirada… Roberto me está haciendo sentir emociones que… no quiero sentir. Desvío mi mirada hacia el jardín… ¿ejercicios?…

– Esta bien, pero lo vas a preparar tu… no ellas.

De reojo puedo ver la alegría que se pinta en su cara…

– Si… te lo prometo

Se emociona y su voz suena como la de un niño pequeño que ha ganado un premio.

De tanto repetirlos con la kinesióloga ya sé de memoria la rutina de ejercicios, tanto mi brazo como mi pierna requieren de terapia y ejercicios. Roberto está a mi lado en todo momento y me ayuda. Me resulta más difícil.. sus manos me tocan, su cuerpo está a mi lado… mi estúpido cuerpo reacciona.. siente… no fue una buena idea después de todo

– Ya es suficiente – no puedo seguir sintiéndolo tan cerca. Estiro mi brazo para que me ayude a levantarme…

– ¿Estas cansado?

 

– No

– Acompáñame al jardín entonces

Su boca está al lado de mi oreja… siento su aliento cálido en mi cuello, su cuerpo me sostiene…¡mierda! llevo casi un mes sin tocarlo ni que me toque

 

– Sólo un paseo corto…¿por favor?

Creo que se ha dado cuenta de lo que me está provocando y lo está disfrutando.  De pronto me gusta la idea de un poco de aire fresco en mi rostro, he pasado demasiado días encerrado en mi dormitorio… además, necesito un poco de distancia con Roberto.

– Sólo para que dejes de molestarme – le contesto, pero lo conozco tan bien… Sé que está feliz por que decidí acompañarlo pero pretende que no le importa.

Mi mamá y todas se sorprendieron de verme salir al jardín.

En mi dormitorio hay un par de muletas que hasta ahora me había negado a usar… tengo que aprender a moverme con ellas, no quiero depender más de nadie.

Poco a poco fueron llegando mis hermanas, primas y tías. a la pérgola del patio… sólo entonces me di cuenta que ya era más de mediodía y llevaba un par de horas afuera, escuchando conversar y disfrutando… ¡si!, mierda.. estaba disfrutando de la compañía de mi familia aunque me mantenía en un terco silencio.

– ¿Quieres almorzar aquí hijo? – la idea de volver a encerrarme en el dormitorio me pareció triste y penosa

 Esta bien – le contesto a mi mamá como si la idea fuera una obligación. Roberto me mira y vuelve a intentar disimular su alegría… idiota!!! , tú no estás consiguiendo nada, yo sólo estoy decidiendo lo que quiero hacer!.

Hace rato está intentando entender la forma de preparar el strudel que me prometió y mis tías intentan enseñarle, se ofrecieron a prepararlo ellas mismas pero ese no fue el trato… tengo claro que Roberto no sabe cocinar así es que esto va a ser bien difícil para él.

Almorzamos todos afuera. Cuando estábamos terminando Claudia le pregunta algo extraño a Roberto

– ¿Ya no has vuelto a salir en la tele?

Roberto me mira un poco nervioso… de inmediato me doy cuenta que están hablando de algo que no sé.

– No.. ya no más

 

– ¿Y qué ha pasado con el juicio?

 

Hay un extraño intercambio de miradas entre mi mamá y Roberto

– Aún está pendiente

Mi mamá desvía la conversación rápidamente hacia Roberto y la preparación del strudel en la tarde.. se ha convertido en toda una atracción para ellas ver a un hombre inexperto metido en la cocina

– ¿Es para ti? – me pregunta una de mis hermanas

– Si… es para él – contesta Roberto rápido antes de darme tiempo a decir algo – más vale que me quede bueno sino creo que voy a morir hoy mismo…

Y me mira como si fuera el futuro culpable…todas ríen… ¿estás haciendo bromas con mi familia??  A costa mía?… ¿en qué momento te volviste tan… tan… confiado, seguro, tranquilo??

– Quiero ir a mi pieza

Ya terminé de almorzar, estoy algo confundido y un poco cansado. Roberto se pone de pie y se acerca a mi. Sus brazos me sujetan firmes…  nadie más mueve un dedo… tranquilamente todas han dado por supuesto que dependo de él.

– ¿Qué juicio pendiente? – le pregunto cuando ya estamos llegando a mi cama.

– Ya sabía que me ibas a preguntar…- me deja en la cama y me ayuda a subir la pierna enyesada. Se sienta a mi lado

– Skylar… voy a contártelo todo más adelante pero por ahora no vale la pena que te preocupes

Lo único que ha hecho con sus palabras es preocuparme e interesarme aún más en el tema

– ¿Tiene que ver conmigo?

Roberto suspira buscando las palabras y la forma de contestarme. Me pregunta,

– ¿Confías en mi?

Me quedo en silencio mirando sus ojos… ¿si confío en ti?… intento buscar razones para responderle que no, que no confío en él, pero se me desvanecen todas… Finalmente opto por quedarme callado. NO voy a darle en el gusto.

Roberto alza las cejas lentamente en señal de sorpresa… su expresión es de incredulidad y… pena, su mirada intenta pedirme una explicación, sin embargo me dice

Vas a tener que confiar y creerme ahora… te lo contaré cuando sea oportuno

Despacio, como si  tuviera una carga nueva sobre los hombros, se levanta y sale de mi habitación.  Lo escucho entrar en la habitación del lado y cerrar la puerta. ¿Qué hice?… ¿por qué tengo estas ganas estúpidas de llorar y de que Roberto me abrace fuerte…?

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